Hay vida más allá

Hoteles nicho baratos y prácticos

Hay vida más allá del Alakrana aunque nos parezca mentira. Hay incluso potenciales noticias en ese mismo mar de los tormentos, con peces saqueados por la “globalización” a unos ciudadanos cuya esperanza de vida no alcanza más allá de los 48 años y el 98% de las mujeres -que paren hasta 7 hijos por cabeza- son analfabetas. Pero… “Es que son negros. Se siente”.

También hay mareas intensas bajo el gallinero político. Actitudes tan nauseabundas que desecho resaltar para no contaminarme -que hoy estoy de un humor excelente-. Solo que… escuchar esta mañana a los bufones circenses que mandan en Valencia, al presidente del PP -el oficial-, o a Pizarro recitando los 10 mandamientos de la Ley del dios católico para acabar con la corrupción, produce demasiada vergüenza ajena. Pero también distrae del fondo, de las piruletas agitadas atrapando la atención de los inmaduros y en busca de intereses muy nítidos. Y, enfrente, la piopilita Pajín, cuyo discurso ruboriza igualmente.

Y la prensa, las noticias que nos cuentan, siguen siendo una pura paradoja.

Arden en la calle agricultores y ganaderos cargados de razón. De sol a sol y día tras día en el tajo. Para ver que sus productos llegan al consumidor aumentados hasta en más del 2.000 por ciento –caso de los limones-. Cada poco nos lo cuentan. Que el kilo de patata se paga en el campo a 0,18 euros y en el supermercado cuesta –o costaba- 0,95, un 528% más. En el enlace más datos sobre la queja, y es antigua. Ha aumentado el problema. La tajada se la llevan las grandes superficies, los intermediarios, tierra sin ley. (Por cierto, la noticia estaba redacta por Colpisa, una agencia que está expulsando periodistas, como tantos otros medios; el periodismo se va a hacer ahora sin periodistas o así lo parece)

Ciertamente, y esto no nos lo cuentan los afectados -agricultores y ganaderos-, Bruselas les compensa con subsidios. Pero temen, con gran previsión, que les corten el grifo. Tampoco nos detallan qué pagan a sus asalariados. Viví una recogida de aceituna en Jaén. Con inmigrantes ilegales a quienes daban cuatro cuartos –si se los daban- y que se veían obligados a dormir a la intemperie con un frío de pelarse. Antes de la crisis, claro está. No todos los propietarios actuaban así. Sólo la mayoría.

Se van a reunir con Cospedal. Una excelente elección. El PP pertenece al grupo mayoritario en la Europa Azul. La misma que merma derechos y apoya a quienes mantienen –para sí- el sistema, y que pinta más que preocupante. A su tradicional anquilosamiento ha sumado ahora la elección de una cúpula con apariencia de dócil, mediocre sin duda alguna, dos típicos Sres. Cuesta, apoyados por europeos en puag. Europa cada vez más española, homologando a la baja, en la línea del jorobado de Notre Dame cuando pedía «igualdad, igualdad». En la merienda de blancos, Francia y Alemania se han dicho: consolidemos mando en plaza. En la práctica parece que el jefe será Sarkozy y la “Alta Comisionada” Merkel, que es menos y para eso ella es chica.

 Aguas revueltas también en lo que parece un tema menor: las loterías españolas. Somos uno de los paises que más gastan en este sector. El dinero fácil, la fortuna del azar. Con desmentidos y no, parece haber leyes aprobadas ya. Y, sobre todo, una filosofía: Extender el negocio. A los centros comerciales. En máquinas expendedoras. Incontenible, irresistible, oferta de gasto. Más desembolso ciudadano en entelequias. Los privilegiados loteros trinan también, cómo no.

Pronto viviremos –ya lo dije otro día- en los centros comerciales. Sí, esos que incrementan el precio de origen. Liberalizado todo, puede que incluso instalen hoteles nicho como en Japón para pernoctar. Y que venga el Presidente de la UE, Rampoy, a inducirnos al sueño con esos «Haikus» tan bonitos que compone. Salimos y tenemos limones, naranjas y patatas a precio de oro, compramos ropa que cosen en Taiwan explotados asalariados, entramos en un cine –dado que prácticamente ya solo existen salas de exhibición en las grandes superficies- y adquirimos lotería para escapar. O para comprar más.

Hay vida más allá del comercio y el consumismo. ¿O no? No sé por qué me temo que los próximos en sacar las guillotinas a la manera francesa, van a ser los africanos. Y no precisamente para establecer una sociedad justa e igualitaria.

Algo encontraremos ¿no? Hay vida más allá…

El 20N que algunos no olvidan

 La edición del ABC de Sevilla ha publicado hoy esquelas recordando la muerte de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera. Son «un grupo de españoles fieles a su memoria», a la del autor del golpe de Estado del 36 y los 40 años de dictadura. Y ABC les ha dado cobertura en lo que algunos llaman apología del fascismo. 34 años hace y aún seguimos así.

 Visto «el ojo del tuerto» y en Madrid progresista

Más lamentaciones por la muerte de fascistas en Diario Vasco.

En Alemania, estos periódicos serían expedientados o cerrados, y los contrantes de las esquelas enjuiciados.

El poeta Rafael Alberti también recordó en vida, y desde el exilio, a Franco.  En su poema «Consonancias y disonancias de España», dice:

«Cuádrate, necrófilo sitrviente,

Que el gran toro de España está impaciente,

Por enviarte fulminantemente

Al infierno delante de la gente.

Mas óyeme un momento atentamente:

¿Qué ves? El vacío.

Sobra y desvarío.

La sangre hasta el río.

Un sueño baldío.

Cuádrate, marrajo,

Triste renacuajo.

El Arriba España

Salió para Abajo.

Muere cabizbajo

Todo era mentira.

El Azul Imperio

Paró en cementerio

Que el turista admira.

Muere, cerradura,

Censura, captura,

Tortura, locura.”

“Con tu propia espada

De miedo orinada,

Te mando al infierno

Donde el fuego eterno

Quemará con saña

El sueño terrible

Del rostro de España

Más aborrecible”.

Lo escribió en los años 70…. Con santa ingenuidad, a la vista de dónde estamos. Con medios de comunación nostálgicos. Con un Mayor Oreja – nuestro político vas votado para representarnos en Europa-, calificando ese período como de «extraordinaria placidez» y oponiéndose a que la UE lo condene.

Nuevos cargos en la UE, el dinosaurio gris

Herman Van Rampoy, Presidente de la UE

               Con total improvisación, sin responder ni a programas, ni a estudios, ni otro criterio que los equilibros de poder entre países, sin participación directa de los ciudadanos, la UE ha alumbrado por fin a los nuevos cargos que ponen en marcha el Tratado de Lisboa. Los dos de perfil muy bajo, que es lo que se lleva cuando se habla de Europa.

El presidente permanente –durante dos años y medio- será el primer ministro belga, el conservador Herman Van Rompuy, que lleva un año en el cargo en Bélgica, y al que sólo conocen allí. En sus ratos libres compone haiku, poemas japoneses muy cortos y medidos.

Catherine Ashton, ministra exteriores UE

La Alta Representante para Política Exterior y seguridad (ministra de exteriores) la británica Catherin Ashton, porque es mujer y laborista, además de Baronesa.  Apenas tiene experiencia en Europa.

La euroescéptica Gran Bretaña –que se propone plantear problemas cuando llegue, que llegarán, los conservadores al Gobierno de su país-, tenía que tener cargo por obligación. Apeado Tony Blair –destacado miembro del cuartero de las Azores-, se conforman con tener en la cumbre a una compatriota, Asthon.

Tras postularse unos y otros, tras obviar a una figura con peso como Felipe González, el Consejo –que es quien manda en la UE- y que está compuesto por los presidentes de cada país, ha dado muestras del mal que aqueja a las Instituciones europeas, casi un amianto. Bochornoso espectáculo de no tener programado nada, de jugar a intereses que sólo tienen cuenta la fuerza de algunos países. Quizás la Europa azul –que fue roja hasta la caída del muro de Berlín-, la entregada al capitalismo engendrador de crisis, no sea ajena a ello. De cualquier forma, durante más de 30 años, la Comisión –presidida ahora, también, por el conservador y miembro de las Azores, Durao Barroso, a quien califican como el peor presidente que ha tenido la UE-, el Parlamento, el Consejo, y todas las instituciones adyacentes, dicen intentar “acercar Europa a los ciudadanos”. Con un conglomerado burocrático que ahuyenta al más entusiasta. Llevando a la Eurocámara a los políticos de quienes quiere deshacerse cada país. Pero, eso sí, gestionando un presupuesto absolutamente descomunal. Nadie paga mejor a los suyos. Y, en el oscuro mundo de las subvenciones públicas, nadie las da más cuantiosas, en ocasiones para estudiar asuntos inútiles.

Lo que ellos deciden afecta a nuestras vidas, pero no nos dejan siquiera participar en las votaciones. Cada país elige a sus representantes locales según anda el viento político del interior. Y así mandamos a un Mayor Oreja que ve el franquisimo como una época apacible, que vota contra la reprobación de la dictadura española en Estrasburgo, o que se manifiesta contra leyes constitucionales como la que regula el aborto, solo porque pertenece al PP.

Casi desde que tengo uso de razón me he sentido europea y he visto Europa como salida a nuestro secular atraso. Me he hartado de escribirlo y de promover iniciativas. Pero, al menos la Europa oficial, se ha convertido en un dinosaurio… inmensamente gris.

Lecturas recomendas:

Daniel Basteiro, corresponsal de Público en Bruselas, en su blog: «Desconocidos hasta en casa».

Via Daniel Basteiro también, la acogida de la prensa británica a los nombramientos: «Un payaso al mando de Europa».

De Madrid al cielo

Fuertes destellos en los ojos a comienzos del verano, me llevaron al consultorio oftalmológico. Bastante tiempo atrás me había sucedido, muy esporádicamente, y había sido atribuido a una variante de jaqueca. Esta vez, una joven doctora, plantea un sombrío panorama: se puede desprender la retina. No puedo viajar ni apenas moverme hasta que vuelva a revisión en 15 días. Incómodas gotas dilatadoras de nuevo. Nada ha variado. Me voy de vacaciones pero como una inválida. Cada bache en el camino parece anunciar el cataclismo de la ceguera. Mis amigos padecen mis temores que yo creo justificados.

  Para finales de agosto, consigo por fin hora con la oftalmóloga que me ha visto en otras ocasiones. El protocolo recomienda esas precauciones en casos como el mío, porque hay un 8% de pacientes en los que sucede. No parece que vaya a ocurrirme a mí, en ojos básicamente sanos. Va a ser jaqueca. Desaparecen las chiribitas, sólo con oírlo.

Para entonces ya me he mercado un par de trancazos, fruto de la explosiva mezcla entre calor agobiante y aire acondicionado para subsistir. Me son prescritos en ambas ocasiones antibióticos. A primeros de septiembre, me despierto una mañana con los párpados inflamados. Acudo a un centro oftalmológico cercano. Pomada como tratamiento. Al día siguiente, enrojezco como una colegiala. Mi médico de cabecera habitual está de vacaciones. Acudo a otro de la lista. Va a ser sinusitis y alergia. Una radiografía le aporta las pruebas: la sinusitis es “de caballo”. Posponemos el tratamiento de la alergia, hay que tratar el mal que me corroe con antibióticos… “de caballo”. Tercera tanda. El nuevo doctor me advierte que, diga lo que diga el prospecto, tome dos capsulas durante ¡diez días! Las compro en una farmacia con receta. Vienen tres pastillas, a tomar una cada día, pero una advertencia clara dice que esta dosis es orientativa y la adecuada la conoce mi médico. Necesito por tanto 9 envases. Lo encuentro raro. No lo tomo. Unas horas después me buscan de la farmacia a través de mi número de la Seguridad Social: han equivocado el medicamento. Es otro… que puede producir alergia específicamente. Me decanto por el viejo conocido: el clamoxil.

Cada vez me siento peor y esta vez me dirijo a un otorrino: no tengo sinusitis alguna en la misma radiografía que aparecía aquella “de caballo”. Pero ese enrojecimiento es sospechoso. Cojo hora para un alergólogo y un internista, por su recomendación. Ambos me dan la cita para muchos días más tarde.

En la antigua clínica de referencia de Madrid, una sala abarrotada tose. Una señora se ha llevado el ganchillo, otra un libro, la que está a mi lado solo tiene ganas de hablar. Tose mucho, y yo no sé si es gripe A, tan alarmante por aquellos días. Una hora y tres cuartos después me recibe el especialista:

-¿Cómo está? Me pregunta y yo le explico. Mira la ficha.

-Yo le hice pruebas a Vd. hace 8 años y no tenía alergia. No puedo ayudarle.

-¿Entonces qué puede ser? Pregunto desolada.

-No lo sé, no es de mi especialidad.

-Por cierto ¿Vd. qué tal está ya que me lo ha preguntado a mí? Mucho trabajo parece, ha tardado casi dos horas en recibirme.

-Cada vez me meten más pacientes y yo no llego a todo-, dice con expresión tensa.

A un viejo amigo, pocos despachos más allá le sucede lo mismo. Médico vocacional, altamente cualificado y acreditado, humanista y cálido como ser humano, lo han arrinconado en un exilio frío de pintura fresca. Paso a verle, pero ni le pregunto. En la sanidad especulativa de Madrid, los profesionales son piezas intercambiables, y sospecho que algunos empiezan a entrar en depresión.

Veo finalmente al internista. Aunque agobiado como todos, es un médico como los de antes que inspira confianza por su exploración y preguntas. Pero las pruebas tardan en llegar, y la nueva cita para llevarlas y obtener un diagnóstico también.

Faringitis en su transcurso. Con fuerte dolor en la tráquea. No puedo esperar a los médicos en los que confío que tienen consulta por la tarde. Acudo a urgencias a primera hora de la mañana. Tras cuatro horas de espera, certifican la faringitis y que ha de verme un otorrino. Pero como es la hora de comer, ya no está. Habré de volver por la tarde. Nueva tanda de antibióticos, la cuarta.

Por lo que dice el internista, seré algo así como la muerta más sana del cementerio. Vivir en Madrid y fumar –por este orden- crea inevitables afecciones de garganta y respiratorias. Pasajeras, por el momento. Vivir en Madrid, con los altos niveles de contaminación que semana sí, semana no, denuncian los ecologistas, tras medir los niveles, por supuesto.

La faringitis sigue imperturbable, vigorosa, el dolor en la tráquea va y viene. Regreso al otorrino. Me contempla como a un miura. No parece saber qué hacer conmigo. Yo tampoco sé qué hacer conmigo.

-¿Y no será algún hongo? apunto yo.

-¡Qué buena idea ha tenido! Va a ser eso. Con seguridad-, contesta alborozado.

Habré de hacerme una prueba para determinar si hay hongos o no. Pero entretanto, me dice, ya puedo ir tomando un antimicótico, que en todo caso es inofensivo. Apunta el doctor que con tanta medicina resulta muy probable lo del hongo.

Mientras aparcaba antes de subir,  me ha llamado una amiga. Padece exactamente las mismas faringitis recalcitrantes. ¡Ah!, pero su origen se encontraba en una afección de estómago -o eso creen-, así que le han hecho tan ricamente una endoscopia y pronto tendrá resultados. Se lo comento al otorrino antes de salir.

-También podría ser, desde luego-, comenta, mientras escribe una receta en la que me envía al especialista de digestivo.

Le vi ayer. Tras una hora en la sala de espera y en no más de 5 minutos, concluyó que tampoco era de su especialidad. Ahora habría de ir al neumólogo, o regresar al otorrino. Pero… entretanto puedo probar con omeprazol –un protector del estómago-. Si desaparecen mis males, entonces sí es de su especialidad, y habré de volver a él para practicarme una endoscopia gástrica. El análisis ha salido también: no tengo hongos.

En el camino, encuentro a otro médico sin prisas que, tras repasar mi abrumador historial, remite al diagnóstico sensato: los órganos fundamentales están perfectos. Debo dejar de fumar. Y, aunque no se atreve a verbalizarlo, dejar de ir al médico.

Los españoles somos los europeos que más acudimos al médico, hasta un 40% más que el resto. En un reportaje por el que recibí un importante premio, resumí las claves de la salud. Sí, todas esas que sabemos de la vida sana, alimentación adecuada, ejercicio, no fumar… y una más: la felicidad. El bienestar al menos.

Apenas se disipa esta mañana el baile del omeprazol en mi organismo, ya sé que contra todo pronóstico porque el personal lo toma como el agua. Y siguen todos los síntomas.

Un problema más interfirió en todo este proceso. Afectaba a zonas muy preciadas de mi cuerpo, pero con síntomas absolutamente superficiales y muy leves,  aunque también tienen su historia propia de calvario médico. Una insolidaria amiga lloraba literalmente de risa cuando se lo pormenoricé. El Dr. Ruíz Chica –a quien no tenía el disgusto previo de conocer- me apremió a que cesara el inicio de mi relato diciendo que no podía mirarlo sin hacer una exploración completa y prescribir las pruebas habituales de la ginecología. Le había llevado esas pruebas e informes recientes, sólo pretendía su opinión puntual y un triste medicamento. Contestó que no, mientras la enfermera me hacía sacar la tarjeta de ASISA en este caso y firmar la consulta para cobrarla. Estuve dos minutos en la consulta, justo para que el doctor recibiera sus honorarios por no hacer nada.

En la impoluta clínica, junto al ascensor, figura una placa: Ha sido inaugurada por el excelentísimo señor Juan José Guemes. El “excelentísimo” que insulta a mujeres y gays, el que intercambia MSMs con Belén Esteban.  Esas «excelencias» nos gastamos en Madrid. Güemes es uno de los responsables de este estado de la sanidad madrileña.

Creo que si no quiero pasar «De Madrid»… a ese Cielo en el que algunos creen, habré de mudarme. O no volver al médico. O recurrir exclusivamente a los grandes profesionales a los que aún no ha castrado la política sanitaria de esta comunidad. O ver si es la felicidad lo que falla. Aunque ciertamente con náuseas, dolor de cabeza y de garganta, no resulta muy fácil experimentarla. Y roja. ¡Vuelvo a estar roja!

De atunes y sardinas

Un intenso olor a atún putrefacto me rodea hasta producirme náuseas. Llega de millonarios despachos de abogados londinenses, de navieras que no pagan impuestos en el suelo al que reclaman asistencia, de humanas pero impresentables exigencias autoritarias para los riesgos del negocio privado, de sentar precedentes para los secuestros. Ha costado mucho dinero, muchos efectivos, solucionar el secuestro. A un montañero catalán le hicieron pagar los gastos de su rescate al haberse arriesgado imprudentemente. Y no buscaba un lucro personal. En el mismo mar del atún, nadan las sardinas con su ascua adjunta, sirviendo carnaza a la ciudadanía que ya tenemos reallity show nuevo. El señor de los hilillos habla de imprevisión en las catástrofes, sin el menor pudor, sin vergüenza propia o ajena. Una lectora escribe (para un tema cerrado) que ella no entiende nada de lo que lee y escucha y que es obligación de los informados sacarla de su ignorancia o dejar de quejarnos para que todo siga como está.

El colegio de médicos de Andalucía pide que se pueda objetar la ley de muerte digna, porque, cuando ellos no saben curarnos, lo que manda la tradición es que uno palme con dolor e indignidad humana. La Hacienda española despluma a quienes una funcionaria coge ojeriza, mientras uno ve todos los días a numerosos personajes públicos robar a manos llenas. John Paulson, el gestor neoyorquino de hedge funds, se ha embolsado 20.000 millones de dólares con la crisis (que contribuyó a provocar) en el periodo comprendido entre su estallido en el verano de 2007 y el suelo bursátil en la primavera de 2009 (vía “jmares”). La FAO se ha reunido en Roma. Llaman la atención sobre las alarmantes cifras del hambre. En tres años la población en peligro extremo ha pasado de 854 a 1.020 millones. 17.000 niños mueren diariamente porque no tienen qué comer durante días, clamaron en un grito. El G8 ni se molestó en asistir a la cumbre, ni ha pagado la ayuda a la que se comprometió. Y los 60 mandatarios que sí lo hicieron coparon los hoteles de lujo de la capital italiana.

Pues bien, muchos de esos hambrientos, la mayoría, están en África. Somalia lleva más de dos décadas sin gobierno efectivo. Los señores de la guerra campan a sus anchas, incluso ahuyentaron  y ridiculizaron al poderoso ejército de los EEUU y a los cascos azules de la ONU. Para quien quisiera verlo, que para todos se servía, en TVE mostrábamos –en el oscuro reducto del telediario internacional- cómo la ayuda humanitaria para la mayoría hambrienta caía de los aviones pero no podían cogerla. A veces pagaban con su vida el intento. Los señores de la guerra les disparaban, robaban los alimentos y especulaban con ellos. Les servía para afianzar su poder.

La esperanza de vida en Somalia es de 48 años. Las mujeres tienen una media de 7 hijos (que harían las delicias de la derecha española). El 97,8% de ellas son analfabetas, frente al 2,7% de los hombres. Y el islamismo radical –religión mayoritaria en el país- crece por momentos. Y para colmo de males llegaron los occidentales, les quitaron la pesca, sus recursos naturales. El libre mercado, la globalización, lo justifica.

Pero héteme aquí que un día también llegó la televisión. Me cuentan los más viajados, que no hay aldea por mísera que sea en toda África en la que al menos alguien no disponga de un aparato con su parabólica. Y ven cómo vivimos nosotros, o como contamos que vivimos. Los más honrados, los más valientes, se plantan en una patera, para –si  alcanzan puerto y consiguen quedarse- ser tratados como ciudadanos de segunda. O de tercera. ¿A alguien le extraña que los jóvenes somalíes opten por la piratería consentida? Hombre, que es cambiar la choza por coches de lujo ¿cuántos occidentales no lo harían en sus circunstancias?

Vuelvo a insistir en que África se está hartando. Con toda razón. Y numerosas pruebas lo atestiguan. Pero, nada, sigamos con los atunes, las sardinitas y los fuegos artificiales.

  Por cierto, en Somalia hay una rica tradición literaria. La poesía y los cuentos populares, los juegos de palabras, se constituyen en valiosa fuente de comunicación y socialización.  Uno de sus más afamados autores, Al-Hasan’s, con libros traducidos al inglés, concluye así un poema:

«Si no se hubieran convertido en ingratos, no me habría convertido en furioso con ellos.

Yo no he perdido la generosidad y el respeto por ellos.

Yo no les ocultó nada, si ellos desean la paz.

 Pero cuando actuaron con desprecio, la muerte se dirigió directamente a ellos».

Y aquí una mujer, disertando en la calle:

El triunfo de la mediocridad

En 1913, un médico, sociólogo y filósofo argentino, José Ingenieros, publicó un libro que tuvo gran influencia entre los jóvenes latinoamericanos: “El hombre mediocre”. Entre los modelos que definía, el que daba título a la publicación. “El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y se convierta en parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social”. (…) «En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos. Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición” (…) “A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí. «Cuando la mediocracia encuba pollipavos no tienen atmósfera los aguiluchos».

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Como salidos de un circo, los mandamases de Valencia no apuntan siquiera a esa mediocridad, sino a provocar vergüenza ajena. Es la mediocridad quien les encumbra. Pero sigamos mirando, en giro de casi 360º grados, el panorama político español y echémonos a llorar. ¿Y el mediático? Siguiendo en este caso la tendencia mundial, el periodismo no sabe qué hacer consigo mismo. Trivializar los mensajes a morir, para incitar a consumir a la ciudadanía aturdida, y consolidar más la mediocridad. Mantener el negocio contra viento y lógica. Reducir las plantillas, suprimir la experiencia, crear informadores inseguros con su futuro de pan y cuchara. Jubilados de lujo se ríen de las penas ajenas, porque, por el momento, disponen de un consolidado colchón. Comprometerse ni en sueños. Y la sociedad exhausta porque la tarea es demasiado ingente, “otros están peor”, y “nada se puede hacer”. El hombre mediocre de José Ingenieros ganó la partida en los albores del siglo XX, y mucho más –sí, mucho más- en los del XXI.

Pues bien, os preparan una reforma laboral que apenas ya nadie discute, y que sacraliza los beneficios de quienes nunca pierden a vuestra costa. No está nada claro que, nosotros, los apartados de la vida laboral, conservemos de por vida las pensiones. Al menos no os dejéis distraer con la zanahoria de lo que dicen los brillantes representantes del PP, del PSOE, de IU –que viene bueno-, y del resto de los partidos.

Todo se cuece más lejos. El valiente Obama les ha dicho a los chinos que no quiere meterse mucho en lo que hacen con los derechos humanos, que cada cuál se organiza como puede, pero que, vamos, podrían ser una pizca más rigurosos, si no les molesta que se lo diga,si les molesta, pues nada, que no ha dicho ni media. En la libertad de información y de expresión, por ejemplo, no ahondemos mucho más. Un mercado de 1.008.175.288 habitantes, según el último censo, sojuzgadas (salvo el Partido y su camarilla) es un inmenso campo para el negocio. Es lo que cuenta. Acaban de ser ejecutados nueve detenidos por las revueltas étnicas de Julio, porque osaron protestar. Y hace falta tener coraje para protestar contra la dictadura y el ejército rojo-sepia. Eran algunos de los que quedaron con vida en las manifestaciones reprimidas con saña y sangre. China y EEUU también, hacen fracasar la cumbre de Copenhague que trataba de frenar el cambio climático, grave amenaza de hoy del futuro. No es rentable ¡qué le vamos a hacer! Pues mirar las tetas de Pilar Rubio  -¿globos de silicona para un cuerpecillo deforme?- o darse una vueltecita por H&M y C&A que, por poco precio, satisface el mono consumista. A mí me deja como una seda. Comprar bufandas a 7 euros para este otoño de 21º. Después de una sesión matutina de tiendas, me digo «Bah ¿para qué escribir?», en serio. Ya lo decía José Ingenieros, hace casi un siglo: «Cuando la mediocracia encuba pollipavos no tienen atmósfera los aguiluchos».

Grano tras grano

Veo que nadie está libre. Desde políticos locales a los ubicados allende los mares. Con acento castizo o venezolano. En la judicatura, en el periodismo, en la Agencia Tributaria. En la cadena de mando de cualquier empresa a cualquier relación humana. Lees, oyes, ves, y notas la incomodidad de la quemazón en muchas personas que apenas alcanzan a reprimirla en público. Les entiendo bien. Razonablemente sana y con una alimentación rica en frutas y verduras, nada hacía presagiar una vida sembrada de granos. Aparecen sin previo aviso y algunos son especialmente recalcitrantes. Sufrí uno en el colegio, en forma de niña de ojos verdes felinos empecinada en contar sádicas historias de miedo, con 6 años. Y no han dejado de aparecer a lo largo de mi vida. Esporádicamente, por fortuna. Como a buena parte de los humanos por lo que observo. Algunos asisten a recidivas cuando ya no quedaba ni el recuerdo. Se extienden en contagios, formando sarpullidos. Furúnculos, bubones, pápulas, carúnculas, pupas, abones, granos en román paladino, Tiene el grano una curiosa personalidad: se obstina en su condición al punto de buscarse sus propios tumores con los que irritarse. Se diría que el grano siente al cuerpo al que habita como un inmenso divieso que le tortura. De ahí su carácter, su empecinamiento y su emponzoñamiento.

La génesis es siempre la misma. Irrumpe en tu apacible vida sin que le abras la puerta. Lo notas al principio como un cuerpo extraño. Como esa funda de muela mal colocada a la que continuamente se dirige la lengua queriendo -sin éxito- expulsarla. El grano es igual. Aunque te asista la certeza de no haber hecho nada erróneo –una comida demasiado picante o una avispa que pilla por sorpresa-, se planta allí inmisericorde complicándote la vida. Dependiendo de su ubicación, se aplasta contra el asiento, punza y se extiende en un picor molesto. O afea las partes visibles de tu epidermis –pensad en esos que se implantan en la punta de la nariz-. Porque el grano es una imperfección, antiestético, repulsivo, hasta rídiculo.

Hay momentos del día en el que tira especialmente. Cualquiera sabe por qué, un resorte encadenado del movimiento de los músculos, que presiona justo en el bulto advenedizo que se ha insertado bajo tu piel. Y llega un punto en el que pica, hiere, parece ensancharse, emponzoñarse. Ya no hablas con seres humanos. Aunque los tengas delante, te diriges al grano. El saludo ritual, los datos pormenorizados, van dedicados al grano. Y notas con toda precisión como, el grano, se hace purulento por segundos, presiona, hiende, quema. Es como si como si se burlase de ti y te tuviera acorralado. Uno se queja de nimiedades sin pensar que la vida puede ser mucho peor con un grano. El grano no quiere comer en realidad, persigue que tú no comas. Las luciérnagas no entran en la alimentación de los granos, pero brillan y hay que apagarlas, como dice una amiga. Las sombras que  tapan la propia efigie en el recorrrido tampoco: se impone borrarlas. Ni las otras especies como los vegetales o las piedras. pero el grano se empeña también en atacarlas. De hecho, envenenar, detener, es su objetivo, su razón de ser.

Las personas que te quieren, suelen aconsejarte que lo trates: una buena pomada con antibióticos y cortisona hace milagros, te dicen. No suele funcionar. Al contrario, en ocasiones el resultado ha sido adverso. El grano se irrita, se inyecta en sangre, agudiza sus picores, temiendo su final.

Por eso, balbuceando casi, un día te enfrentas con el grano tratando de dialogar. Y palideces. Y terminas por quedarte mudo. Pero reaccionas ¿Vas a dejarte vencer por un grano?… Hace años que encontré la solución. La condescendencia inclina a olvidarlo hasta que se consuma en su propia miseria. Pero hay hacerle tomar consciencia de su realidad: es una masa de células transformadas, con crecimiento y multiplicación anormales que, a menudo, cría pus. Si el método falla, existe uno muy expeditivo: bien aposentado en la silla, inclinas el peso de tu cuerpo sobre el lugar donde te aprisiona y aprietas con toda tu fuerza interior. Y el grano revienta. Suelta su baba y su putrefacción y queda reducido a la nada. Tu vida vuelve a la normalidad. Puede surgir en cualquier momento, estima estos útiles consejos, porque siempre hay que estar preparado para afrontar un grano.  Y, sobre todo, nunca les des demasiado importancia, nunca un grano duró eternamente.

San Cugat, la BBC española

San Cugat, el centro de TVE en Cataluña, siempre ha sido una isla en el conjunto de la empresa. Últimamente, están mostrando sus trabajos –imagino que no sin esfuerzo- más allá de su territorio. El documental sobre el consultorio de Elena Francis –que emitió Documentos TV- es una auténtica joya de imagen y contenido. Partieron de las miles de cartas –reales- enviadas a “Doña Elena” encontradas en un viejo edificio y trazaron el retrato de aquella España en la que el consejo para el maltrato machista e incluso el incesto era callar. Pero también de aquellos ciudadanos que buscaban respuestas a múltiples cuestiones que no les daba la educación vigente. La España que aún se escandaliza porque se imparta educación sexual por el precio por persona de un cóctel de la Comunidad de Madrid, que sigue sin conocer cuestiones elementales no brindadas aún en condiciones -por mojigatería- ni en colegios públicos ni concertados, es heredera de aquellos lodos.

  La serie que está emitiendo la 1 los jueves por la noche, «50 años de…» representa otra meritoria y brillante producción. En San Cugat, sin el concurso de productoras, han expurgado el rico archivo de TVE para seleccionar y elaborar un montaje nada convencional. Salvo un par de capítulos entregados al convencionalismo de aportar un famoso que lo cuente –cada documental trata un tema concreto-, el resto está siendo un gran hallazgo que congratula con la inteligencia. No hay puntada sin hilo en esta serie.

   El dedicado a “Civismo y buenas prácticas” de Silvia Quer nos situaba frente al espejo de lo poco que se ha conseguido en la educación de los españoles. Es enormemente revelador. Aconsejo pincharlo y verlo durante este fin de semana, por ejemplo. Dura 28 minutos y no encuentro como enlazarlo directamente.

    Lo mismo que este desengrasante repaso por las canciones de estos últimos 50 años, montadas también -sin texto- con toda intención e ironía. Desde el arranque patriotero a los subrayados en color y blanco y negro.  Suelo insistir en que la nostalgia es hacia algo terminado, la memoria sirve para aprender sobre nosotros mismos y sentar bases de presente y futuro.  Una gran diferencia.

Los periodistas somos «de letras»

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El innovador nuevo logotipo

Siempre se ha dicho eso, que los periodistas somos “de letras” y solemos cometer fallos garrafales con los números. Las anécdotas al respecto se cuentan por centenares.

Casi todos los medios, la propia TVE, nos vienen contando el liderazgo de audiencias de la cadena desde hace 3 años –cuando se libraron del lastre de 4.150 trabajadores mayores de 50 años-. Esa nueva televisión arrasadora, objetiva al punto de informarnos de lo que opinan los distintos políticos que es la mejor forma de que uno se sitúe ante la realidad, o de llevarlos a espacios de opinión –esta vez bajo ese epígrafe concreto- para que se explayen durante 59 segundos o sean preguntados por los ciudadanos, sin intervención de periodistas, y que haría palidecer de envidia a La Clave.

Pues resulta que algunos medios han aportado los datos irrefutables del liderazgo de audiencias de TVE:

Baste decir que cerró 2006 en un 18,3% de share o cuota de audiencia. Con la liquidación de la empresa anterior y su conversión en corporación, concluyó 2007 en un 17,2%. Aunque no lo pone, añado que 2008 tuvo un histórico 16,9%, y que ya anda este año por el 16,4%. Supera a las demás cadenas, eso es cierto, partiendo de un 23,4% a finales de 2003. En el mismo tiempo de ese impresionante despegue de TVE hace 3 años, La Sexta ha ido escalando desde su inició en 2006 con un 2,2% al actual 6,8%. Y Cuatro terminó 2005 con una media de 4,6%,  hasta llegar en 2008 al 8,6% que ha subido más este año hasta descender en octubre al 7,9%.

Esta manera de computar las cifras ocurre, sin duda, ya digo, porque los periodistas somos “de letras”, mentes dedicadas a la ensoñación, con poca memoria también porque es la formación matemática la que aporta mayor concreción y racionalidad. Hitos de la brillante gestión de los últimos tres años han sido –según afirmaron anoche en TVE- “Cuéntame como pasó” –que se lleva emitiendo desde 2001- y que ya no es «la serie más vista de la televisión», sino «la serie más vista de los jueves» o “Amar en tiempos revueltos” –en antena desde 2005-.

Gran Bretaña se toma muy en serio a su BBC que exporta al mundo entero sus reportajes. En Estados Unidos, la televisión pública es residual. Depende de qué modelo básico se quiere y cuánto se quiere primar la libertad.. de negocio. Si Zapatero afrontara los asuntos cruciales del país con el mismo ahínco que el diseño audiovisual de España, muchos de nuestros seculares problemas estarían resueltos. Pero igual es que nuestro presidente va a ser también “de letras”. Un sentimental. Por cierto, impresionante la rapidez del acuerdo con Rajoy para consensuar un candidato a nuevo presidente de la corporación. Pues mira, que también va a ser «de letras», giradas a corto plazo ¿las elecciones? Si es que cuando quieren de verdad, pueden. Todo depende del objetivo a conseguir. Y del delicado balance entre lo que se gana y se pierde. Que… no deja de ser un concepto basado en números.

Y aquí una lectura aconsejada sobre el tema del relevo en RTVE. Javier Pérez de Albéniz, el descodificador.

Y otra. Juan Varela.

Y otra. Enric González.

Paradojas

Alberto Oliart ha sido nombrado presidente de RTVE con el consenso de los partidos mayoritarios. Figura destacada de la transición, perteneció a UCD y a la època en la que mayor libertad de información se respiró en la casa. Tiene 81 años. Los mayores de 50 años hemos sido apartados de la empresa por un ERE, debido a nuestra edad.

El aborto es un asesinato, la mujer embarazada una familia que recibe ayudas y hasta vivienda en Valencia, pero la Comunidad de Madrid ha suprimido de sus presupuestos el cheque bebé a familias numerosas, madres en paro y progenitores discapacitados. ¿Se trata de proteger la “vida” únicamente en los úteros maternos?

La Comunidad de Madrid se gasta casi tres millones de euros en asuntos taurinos. Es casi un millón más de lo destinado para remodelar los centros de mayores y lo mismo que tendrán los municipios para deportes. Aguirre ha recortado también en Empleo, Cultura, e inmigración.

De los palacetes de Matas en Mallorca, a los trajes y bolsos de Valencia, comunidad donde hizo su agosto “el bigotes”. Del pillaje a gran escala del Palau a la bacanal de –presunta, claro está- corrupción urbanística en Cataluña. Entretanto nueve personas están presas en la cárcel de Zuera (Zaragoza) por ser atrapados infraganti vendiendo copias de discos y películas en el top manta.

La FAES de Aznar es la fundación política que más dinero recibe del Ministerio de Educación. «Gota a gota», la editorial de FAES edita, entre otros, títulos como «Planeta Azul (No verde)» o «Una mirada fría al calentamiento global», clamando contra la «nueva religión» del ecologismo. Todo el catálogo es igual de interesante.

José María Aznar nombrado  catedrático de ética de la Universidad católica de Murcia.

El Gobierno recorta un 15% el presupuesto para Ciencia e Investigación. El Estado pagará la mitad de la visita del Papa en 2011, unos 25 millones de euros. Las empresas patrocinadoras tendrán una bonificación fiscal del 80%.

Millón y medio de jóvenes menores de 30 años están en paro. PSOE y PP pactan en los presupuestos 250 millones para las constructoras. Lo más granado del sector como beneficiarios. Repararán las autovías más antiguas. ¿Irán los jóvenes a echar el alquitrán del pavimento por 600 euros mensuales?

El Ayuntamiento de Madrid debe 8.000 millones de euros, es el más endeudado de España. El Ayuntamiento de Madrid acaba de aprobar el -¿imprescindible e inaplazable?- plan parcial de la «Operación Chamartín».  Contará, entre otros edificios, con 20 iconos arquitectónicos en altura, de los cuales cuatro4 edificios serán de 60 plantas. La inversión será de 11.100 millones de euros. El proyecto incluye la remodelación de la M-30 en el norte de la ciudad, soterrando su trazado, por un costo de unos 1.400 millones de euros adicionales.

 Ceder a las exigencias de los etarras es un chantaje inadmisible. Si son somalíes una labor exigible con presiones y patriótica.

Varias profesiones profesiones o actividades están excluidas de las aseguradoras privadas: tripulaciones… aéreas, cuerpos seguridad, submarinistas, toreo, deporte profesional, circo y minería, que tiene su tela. E incluso quienes limpian ventanas exteriores de los edificios.  Proteger a los barcos que faenan en el mar Índico, con algunos españoles dentro -aunque muchos de ellos bajo bandera de paraiso fiscal para que sus dueños eludan impuestos- cuesta 75 millone de euros anuales del erario público.

Los inmigrantes son un asco que vienen a quitarnos nuestro trabajo y todo «lo nuestro»; si -explotados y abandonados-, piratean, unos salvajes.

El pirata desarrapado, presunto menor, dispone de un abogado de campanillas que acude a hacerse famoso -dentro de lo que permite su escasa audiencia- en Telemadrid. ¿Para abrir boca y seguir con otros medios? ¿Qué está pasando aquí?

Todo cuanto rodea a la piratería somalí huele a mafia internacional de altos vuelos. Todos los periódicos culpan ¡a Zapatero!, incluso con acusaciones contradictorias.

Ya lo decía el poeta «todo junto» se escribe separado y «separado» todo junto. ¿Hay mayor paradoja?