Una profunda desigualdad de fuerzas

“Pido que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república y que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia y se abra un dialogo y una negociación”. De esta forma Carles Puigdemont despejaba la incógnita que ha tenido pendiente a España y a medio mundo a través de numerosos medios de comunicación extranjeros que retransmitían la sesión en directo.  Largo suspense, en el que Puigdemont ha aprovechado para dar su versión al exterior -quizás también al interior si se le ha escuchado- de las vicisitudes del largo proceso.

Punto culminante -para Puigdemont y para todo conocedor- el Estatut de autonomía aprobado, siguiendo los mandatos de la Constitución, por una mayoría del 88% en el año 2005. Cómo vieron recortado su contenido por sentencia del Tribunal Constitucional, “compuesto por magistrados de los dos grandes partidos”, atendiendo al recurso del PP.  “Un texto irreconocible, doblemente recortado y no ratificado por los catalanes. Una humillación”. Ésa es la explicación dada para emprender el nuevo camino.

Puigdemont ha planteado, después, lo que se conoce mucho más, el 1-O: “Es la primera vez que en la Unión Europea se desarrolla una jornada electoral con la policía golpeando a los votantes”. Heridos, urnas rotas, violaciones de correspondencia, incautaciones, detenciones, ataques informáticos, no impidieron el voto, describía. Y ha recordado las graves penas que pesan sobre políticos catalanes por haber participado en el proceso. Ha apelado continuamente a la serenidad, al respeto, a tener en cuenta las opiniones de todos. “La Constitución es un marco democrático pero hay democracia fuera de la Constitución”, ha resaltado. Eso sí, optar por la moderación que le aconsejaban, ha producido decepción en quienes esperaban una declaración de independencia nítida. Es probable una crisis de gobierno.

La CUP, su socio de gobierno, no ha aplaudido. Y ha expresado su malestar.

Llegado al punto en el que nos encontrábamos, el Govern no podía hacer ya otra cosa que declarar algún tipo de independencia acorde con los planes que se derivaban del referéndum. No se iba a librar de seguir recibiendo el castigo implacable que se le había prescrito. El mayor error de Puigdemont y su equipo ha sido no calcular en toda su dimensión a quien se enfrentaban. Su petición de divorcio -ilegal, dicen, y así será-  ha sido penada ya con violencia y sanción económica, con advertencias de manual: Nos van a obligar a lo que no queremos hacer, no tendré más remedio, casi un me duele más a mí que a ti. España dijo no al derecho a decidir y siempre fue no. Con la ley en la mano, con la misma que tantas veces se pervierte en esta España con instituciones deterioradas por la corrupción.  Las heridas abiertas son traumáticas y lo peor es lo que queda por venir. ¿Qué país puede vivir así?

De momento, el Constitucional anulará este miércoles la declaración del Govern. Y seguirá el pulso. Es posible que, aunque no se declare la independencia plenamente, se le aplique el artículo 155 de la Constitución, interviniendo las instituciones catalanas.  El PP anuncia que tiene “medidas más elaboradas”. Otro artículo que acarician el gobierno y sus socios es el 116 previsto para acallar la contestación social a las restricciones anteriores y que regula los estados de alarma, excepción y sitio, en gradación ascendente de recorte de libertades civiles. El PSOE no prohibirá aplicar el 155, como ha pedido En Comú Podem en el Congreso.

El escenario a día de hoy es desolador, preocupante. Sobre todo por lo que ha aflorado esta crisis. Nunca se ha visto a más infractores enarbolar el Estado de Derecho.  Se ha hablado de legalidad no para resolver sino para herir. Hasta la ultraderecha, desplegada por distintas ciudades sin cortapisas, utiliza como argumento la Democracia.  Políticos y voces relevantes pidiendo palo duro y humillación. A Albert Rivera le falta clamar para que se aplique a la Catalunya que representa un recorte de derechos. A los del PP ni siquiera les basta. La amenaza de Pablo Casado a Puigdemont con el destino de Companys, el President que proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal española y que acabaría fusilado por el franquismo, fue sin duda fruto de la escasa preparación de sus discursos pero no oculta que exigía pena máxima. Algunos colegas del PP lo han refrendado.

El intento del Govern de independizarse de España ha despertado –ya no paran de confirmarlo- “el toro español” también llamado “la bestia dormida”. Ésa que tiene un inequívoco, pestilente y dañino olor a franquismo, siquiera a la vieja intolerancia autoritaria de tan amargo recuerdo en nuestra tierra. Hemos visto estos días a personas  arrancando de las manos a un vecino un cartel que pedía diálogo. Rasgar y descolgar otro cartel desplegado en el Ayuntamiento de Barcelona que solo decía, en catalán: Más democracia. Un odio furibundo. Como los distintos apaleamientos, oficiales y privados, saldados con notoria desproporción. Niños a quienes se enseña a gritar: “Puigdemont al paredón”, niños  que están precisando terapia en el colegio para entender por qué la policía les destrozó las instalaciones. No todos los catalanes sabían de la xenofobia que despiertan en la parte más fanática de los españoles.  Hoy su intento de ruptura los ha aglutinado.

Hemos visto a periodistas volcados, no en informar o analizar, sino en la defensa del bloque que se llama a sí mismo constitucionalista por más que -siempre lo digo-, no armó revuelo alguno cuando se cambió la Carta Magna en perjuicio de los ciudadanos. Algunos de estos ciudadanos se han llevado muchas sorpresas al oírles a cara descubierta, porque es cierto que han sido días –y serán- de retratarse sin afeites.

Incluso la manifestación españolista del domingo en Barcelona fue saludada sin apenas reflexión crítica. Los catalanes por la unidad de España, que nunca estuvieron silenciosos, venían de Cataluña y de distintos lugares de España, por avión, tren, coche o autobús. En el escenario imágenes imposibles de un líder xenófobo como García Albiol, un premio Nobel de Literatura  -que no precisamente de la paz, como dijo en su arrebolado posicionamiento TVE- y un intelectual serio como Josep Borrell, con un marcado anti-independentismo. Su intervención “ganó” el acto, nos dijeron, aunque no mencionara la represión policial.  Son tiempos de definirse y todo ha quedado muy nítido.

Los ultraderechistas de la Plaza Urquinaona, y de muchas otras plazas de España, no son unos jóvenes haciendo chiquilladas. Es mucho más serio. El silencio de los notables asusta y mucho. Hay quien comenta que habla en voz baja, no se vaya a molestar a alguien. Para algunos es como volver a la infancia, cuando las paredes oían.

Unida o desunida la España que queremos, la que no olvida sus derechos de todos los días, el futuro de sus hijos y de los hijos de todos los demás, se aleja envuelta en una pura involución. Avalando huesos duros de roer. No es posible que se sienta un triunfo humillar a un pueblo por el error o no error de sus dirigentes. Asfixiarle económicamente aunque ellos en primer lugar y toda España se resientan. Ver con indiferencia o gozo el reparto del pastel empresarial, siquiera sea nominalmente. Es un embestir que no comprende la gente cabal, el toro que despertó, dicen. La comunidad internacional está preocupada y con razón. Pudo hacerse de otra manera y no se hizo. Todavía hay tiempo ¿Se hará? Detrás de Catalunya, irían varios otros territorios y los poderes establecidos lo consideran un problema. Que no desaparece por la fuerza.

“No somos delincuentes, no estamos locos, no somos golpistas, ni abducidos, somos gente normal que pide poder votar. La relación con el resto del Estado no funciona y nada se ha hecho para revertir una situación que es insostenible”, ha dicho Puigdemont en esta sesión histórica.

Catalunya pide diálogo para irse o quedarse. Pero los daños son irreversibles, al menos si siguen al frente cuantos han ocasionado el desastre. De todos los partidos y fuerzas implicados. Todos los implicados. Una sociedad juiciosa lo demandaría. Y reflexionaría a conciencia sobre lo sucedido y lo que queda por llegar si no se impone la cordura.

 
 
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Cómo se fraguan los desastres

Entra la extrema derecha neonazi en el Parlamento alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Con fuerza: 88 diputados. Pierde escaños el bipartidismo, en particular los socialdemócratas de Schulz, que cosechan el mayor fracaso desde aquella aciaga fecha hace 80 años. ¿Cómo habrá podido suceder?, se preguntan los aposentados. Básicamente, con políticas de incremento de las desigualdades, desvirtuando la verdad y no queriendo ver las evidencias. La consecuencia es que se propicia lo que se dice combatir. Y así ocurre en gran parte de los temas trascendentales por no decir todos.

La rica Alemania ofrecía dos versiones en la prensa. Una crítica y otra que cantaba las maravillas de un país en el que todos eran felices y hasta, sobrados de pleno empleo, buscaban trabajadores para acogerlos en el idílico paraíso. La realidad se ha impuesto en los resultados electorales. Hay mucha gente descontenta, incluso desesperada.

Luego hay que entrar en detalles. Publicitaron el Efecto Schulz como la gran panacea. “ El ‘efecto Schulz’ pone contra las cuerdas a Merkel en los sondeos ”, titulaban  arrebolados vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.  La euforia reinaba en las filas socialdemócratas tras secundar durante años las políticas de Merkel con ligeros retoques. ¿Cómo se habrá despeñado en votos? El partido de Merkel también ha sufrido enorme pérdida, un millón.

El bipartidismo menguante y su tenaz prensa de apoyo creen que basta publicitar profusamente sus deseos para que se conviertan en realidad, en contra de la realidad. De forma que terminan propiciando un fiasco. Fomentando lo que les causa alarma. En este caso, que la extrema derecha entre en el Bundestag.

España es otro ejemplo. El Efecto Sánchez lleva el mismo camino que el Schultz como el PSOE no deje de ponerse de perfil en los asuntos cruciales. No es un camino de rosas lidiar con la potente y nutrida ala derecha del partido pero no sirve de excusa. Sánchez habla por fin para buscar la equidistancia imposible que en nada influye en los preocupantes hechos que se suceden. Rodríguez Ibarra pide a Sánchez que forme gobierno con el PP, sin complejos. Gobierno uno, grande y libre. Alemania, la última derrota en sus filas, no les sirve de ejemplo. Albert Rivera se apunta y se incluye en el pack. Son los “gobiernos de concentración” sin ideología dominante en apariencia. En la práctica, conservadores, ultraliberales en lo económico y autoritarios. El líder de Ciudadanos pide suspender libertades: limitar y cerrar  las redes y páginas sin intervención judicial en un hipotético estado de excepción. Sus prelaciones están claras. Siempre lo estuvieron. Y aún andan destacados socialistas repitiendo que Pedro no es presidente porque no quiso Pablo.

Un personaje como Rajoy, un partido como el PP actual, pone peliagudo el apoyo del que disfruta sin sacar los colores. Este miércoles todas las portadas de la prensa de Moncloa y Corte traerán la foto de Rajoy con Trump. El presidente más desprestigiado de la historia de los EEUU. Con grandes afinidades con el nuestro, sin embargo. A los ciudadanos nos costará caro en compra de armamento. Y hasta en imagen: Trump no da precisamente prestigio. La preocupación por Catalunya se desvanece para Rajoy al cruzar el océano para esa promoción personal. Nos cuentan que Rajoy le ha pedido a Trump, el mesurado, ayuda con el tema de Catalunya. Se suma a la historia de los peligrosos esperpentos que ya nos brindó otra afamada pareja: Bush&Aznar.

El domingo en Zaragoza ocurrió un hecho de enorme gravedad. Unos 300 ultraderechistas con banderas de España, aguiluchos y rancia agresividad cercaron una reunión de cargos electos en busca de un acuerdo político para Catalunya. Con alcaldes dentro, incluso el de la propia Zaragoza. Con la presidenta de las Cortes de Aragón a la que dieron un botellazo. Un grave delito en las leyes que se mercó el gobierno. Se ha sabido que al menos un dirigente del PP de Zaragoza participó en el asedio. Y que policías nacionales se convocaron por WhatsApp para comentar e insultar y que algunos participaron en el cerco.  Es inadmisible en un Estado democrático, son garantes de la seguridad de todos los españoles.

No ha tenido apenas repercusión, no la que merece una agresión de tal entidad. Los medios de apoyo le dieron un tratamiento menor y llegaron a calificar a los acosadores de “manifestantes” o “ manifestantes por la unidad de España“. No es política, la afectada es la democracia. No había policía suficiente para proteger a los reunidos, lo prioritario es que no se vote en Catalunya. Salieron entre insultos y escupitajos varias horas más tarde.

En la Alemania que va a sentar a los ultras en el Parlamento no gozaban de la tolerancia que tienen en España. Todo avisa. Intensamente, a veces. Y más cuando se siembran bidones de gasolina y cerillas.

Buena parte de los políticos de la asamblea celebrada en Zaragoza eran de Unidos Podemos o las Plataformas. Grupos que han mostrado una cierta tibieza con el proceso catalán y que ahora piden un acuerdo político. No deja de ser curioso. Los ultras no van contra los independentistas por mucha bandera que agiten, van contra la izquierda que pone en peligro el bipartidismo blindado, sus intereses. Todavía prensa y políticos culpan a Podemos del proceso independentista que ya es manipular la realidad. Su modelo está en crisis le den las vueltas que le den.

Miren a Alemania, a la que ha vuelto a meter en el Parlamento a la extrema derecha. A lo herederos de aquel genocida llamado Adolf cuyos pasos políticos fueron de estricta legalidad, por cierto. Hasta que dejaron de serlo. Dense una vuelta por Hungría y Polonia, paraísos ultras y  “ la oposición europea a Merkel“, según ABC.  Ambos gobiernos reprochan a Alemania que se les esté culpando por triturar el  Estado de Derecho. Echen un vistazo a la América de Trump. Son un mapa de futuro.

Analicen la España que pierde derechos a manos del PP. Ayudado por partidos que no ven hora de implicarse en serio en lo que nos estamos jugando. O por una pléyade de establecidos, notables en las prosapias de la divinidad culta. Avalar de facto la política incendiaria de Rajoy en Catalunya, del fiscal que nombró y reprobó el parlamento, es toda una declaración de principios. Menos mal que Pedro Sánchez le ha dicho al Fiscal Jefe Mena que sea prudente.

 Las despedidas a la Policía y Guardia Civil e n vario s municipios españoles como si fueran a la guerra contra los catalanes evidencian un problema serio .  El “ A por ellos” de Huelva en particular o el de Castellón son hijos del cerril y arcaico franquismo sociológico que se fomenta desde el pensamiento oficial. El líder del PP castellonense se apresuró a difundir la gesta. La subdelegada del gobierno en Huelva  se apuntó a la cruzada. Al delegado regional en Andalucía estas despedidas le emocionan.

Portada bélica de ABC
 

La portada de ABC del martes, bélica, entiende el diálogo como imposición y derrota, el triunfo como humillación.  “Trapero acata pero no se cuadra”. 2017. Siglo XXI. Pregúntense otra vez qué hacen los neonazis tomando decisiones en el Parlamento alemán.

Lo del “ya te avisé” no suele funcionar. Pero todo esto vino de mucho antes, se vio venir y se dijo. El futuro llega como una bala: vamos camino del desastre por esta senda. Aunque se hagan los sorprendidos una y otra vez los cómplices de la situación. Llega un día que en el que los agraviados, los perdedores de sus victorias, se hartan e incluso empiezan a ver a través de las banderas. Ellos son nuestra esperanza.

2017, verano sobre un polvorín

Desde hace 6 años, el rito del verano se inicia en España con una comparecencia de Mariano Rajoy que evidencia lo desolador de nuestro destino. Presente, al menos. El presidente del gobierno se ha permitido volver a dar un concierto de autoalabanzas extremas a su gestión. Ninguna autocrítica, ningún dato comprometido. Un insulto a las víctimas de sus políticas, un recordatorio a quienes, como Ciudadanos, el PNV, CC, NC -o el PSOE con su abstención- consiguen que Rajoy se enorgullezca de manejarse tan bien “en circunstancias poco habituales”.

Leía un discurso a los asistentes a la rueda de prensa: “Señoras y señores”, reiteraba Rajoy en su mitin para informadores. Ni un requerimiento de aclaración al Viva Yo entonando por el presidente se le ha pedido. La abrumadora mayoría de las preguntas han sido en torno a Catalunya que debe ser el primer problema con el que se enfrentan los periodistas de toda España al despertarse. Apenas se ha abordado lo que realmente afecta a los ciudadanos cada día. Y cuando sí se le ha planteado la corrupción del PP, Rajoy ha utilizado la táctica de no nombrar lo que no quiere. La peor noticia es que nuestros problemas no se limitan a Rajoy.

El cuento del lobo nos enseñó, de niños, que no basta con cerrar los ojos para que la amenaza se evapore. El verano de 2017 nos sitúa en uno de los escenarios más complicados desde hace décadas. Vivimos en un polvorín que se ha ido armando por múltiples decisiones erráticas. Y no mejorará por inhibirse.

En EEUU tenemos a un presidente, Donald Trump, literalmente desatado. Alimentando una crisis con Rusia que los turbios contactos familiares se han encargado de acrecentar. Como los césares locos de Roma, sus caprichos y fobias personales están afectando gravemente la imagen de la presidencia. Ahora le ha tocado al Fiscal General y no hay más que ver sus caras. El nuevo favorito de Trump, Anthony Scaramucci,  se estrenó en el cargo llamando al jefe de Gabinete del presidente “ jodido paranoico esquizofrénico” y dijo de Bannon, cuyas acciones suben y bajan ante el financiero llegado a político: “Yo no intento mamármela como él”. Pocas horas después, Trump cesaba, por medio de Twitter, a su jefe de gabinete, Rince Priebus.

Más peligroso aún, si cabe, es que Trump pretende arrogarse el poder de perdonar delitos, incluso a él mismo y sus colaboradores. Un gravísimo atentado a la democracia, un total desatino como nos contaba la profesora Verónica del Carpio, que está pasando desapercibido en la frivolidad reinante.

Habrá que ver si la sensatez logra parar la deriva emprendida por Trump. De momento, el Senado ha tumbado de nuevo su ley para anular la reforma sanitaria de Obama y dejar sin seguro médico a 20 millones de personas. El senador McCain acudió a votar NO a la propuesta de Trump, desde el hospital y con una grave enfermedad. Pero los McCain no abundan.

A los focos habituales de preocupación, se unen otros. En Europa, Hungría y Polonia han ungido con el mando directamente a la ultraderecha. Bruselas critica en particular la reforma que lleva a cabo el partido Ley y Justicia, en el gobierno de Varsovia, que le aleja de la democracia. Masivas manifestaciones rechazan en la calle las medidas, pero como todo gobierno autoritario el de Polonia arguye que otros se quedan en casa. El presidente del país ha tumbado una parte de la ley cuestionada. La jefa del gobierno dice que no lo acatará. La mala noticia es cuánto se parece esa reforma antidemocrática a lo que rige en España de facto en la justicia. Elisa Beni, como es habitual,  dio cumplido detalle en este diario. 

Aquí al lado hemos de contar también a Turquía. Miles de encarcelados, torturados algunos, con la excusa del golpe a Erdogan, atestiguan la feroz purga que está llevando a cabo el presidente. Ya no se para ni ante organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional o Avaaz, ni ante periodistas. A pesar de todo esto, la Turquía de Erdogan insiste en entrar en la UE para cobrar el favor de recibir a refugiados que le sobran a Europa. Bruselas ha expresado a Turquía su “reproche”, tal cual,  reproche, por sus preocupantes tendencias. Acaba de confirmar que le mantiene el estatus de país candidato.

  En Francia, el presidente Macron no para tampoco con sus reformas. En la típica “una de cal y otra de arena” que en modo alguno compensa las medidas de involución. Va a distinguir entre migrantes económicos y refugiados, acogiendo únicamente a estos últimos. A ese fin se propone establecer controles de registro y selección, hot spots, en países africanos, comenzando por Libia. Su popularidad ha caído en picado, a niveles de récord. Solo Chirac sufrió ese despeñe en 3 meses. Lo peor es que también se ha apuntado a reformas de la justicia que suscitan intensas críticas. Sus detractores aseguran que recortan libertades.

Preocupadas por la idea del periodismo que compartimos, Olga Rodríguez y yo solemos comentar la importancia de la información internacional tan menospreciada en nuestro país, de lo que sucede fuera. Permite hasta explicar la deriva involucionista de la España del PP que recibe la ola mundial sin haberse movido apenas de ella. Se avecinan tiempos muy duros y es preferible saberlo y tomar alguna medida.

   En España tenemos a Rajoy, con su mitin-rueda de prensa fin de curso. Cuando aún está caliente la insolencia que desplegó en su declaración en la Audiencia Nacional. Sus mentiras o afirmaciones falsas, no admisibles penalmente en un testigo. La insólita actuación del presidente del Tribunal. Dónde sentaron a Rajoy para remarcar sus privilegios y abofetear con ellos al común de los ciudadanos. Y finalmente el cortejo mediático a su persona que se ha permitido hasta burlarse de la justicia y de los defensores de ella. En ABC y La Razón fue un aquelarre pero el resto de las antaño grandes cabeceras estuvo en un nivel muy próximo.

Con esta prensa -esa prensa, hay otra- no está garantizado el derecho a la información. Con esa prensa, radio y televisión apuntada a similares labores. Una prensa que se desangra a diario perdiendo lectores e ingresos pero que parece preferir su tarea de propaganda política mientras dure. El PP ha llegado al nivel de esperpento al comparar su gestión del paro con la llegada del hombre a la luna y la caída del Muro de Berlín, y su corifeo no ha dicho ni media palabra. Imaginen si lo hubieran hecho otros. El paro, la realidad también es otra. Sus voceros merecerían uno de esos contratos de una hora que se computan como empleo. La posverdad de los Trump tiene poco que envidiar al PP de Rajoy, sin un McCain que nos consuele.

 Toca que nos cuenten que mucha gente se va en viaje de vacaciones, olvidando que no toda puede. Pero no es un verano más. Cuecen distintos conflictos, pugnan intereses ciegos, la verdad y la justicia cada vez importan menos y han caído muchas caretas que mal disimulaban la complicidad en temible descaro. Toca, como alternativa inmediata, descanso si se puede para tomar fuerzas,  sentidos alerta, no dar cabida a estupideces varias y separar lo esencial de lo urgente como prioridad absoluta.

 

Sube uso de las víctimas del terrorismo, se mantiene Venezuela

Es como un termómetro que permite en España detectar el volumen de pufos del poder a tapar. Hoy, la utilización de las víctimas del terrorismo se mantiene en máximos, baja algo Venezuela y sube Catalunya. Tema eterno que proporciona exaltación y votos con un mínimo esfuerzo. En realidad, los tres, en su conveniente dosis y combinación, les dan mucho mucho juego.

Ahora el filón del terrorismo, de sus víctimas, se abre de nuevo. Y alguien debería explicar qué es diferente hoy a hace 10 años, en el primer gran aniversario. El PP –que utilizó el nombre de Miguel Ángel Blanco para financiarse ilegalmente con la Gürtel, según la policía– pasa lista de adhesiones a la figura del concejal de su partido asesinado por ETA en 1997. Se atreve a cargar de gruesos insultos a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, porque pretendía organizar un acto conjunto con las víctimas del terrorismo, sin hacer distinciones. Al final cedió, parcialmente, en la pancarta que le exigían, le tienen bien pillado el punto. Pero eso no le ha evitado abucheos de las huestes aleccionadas. Cifuentes, presidenta de Madrid, la primera en azuzarlas, hoy los rechaza. El PP no tiene el menor escrúpulo en seguir utilizando lo más venerable para sus fines. Y su largo brazo mediático machaca de la mañana a la noche con el mensaje.

El PP ha dispuesto de 20 años para hacer homenajes a Miguel Ángel Blanco y pedir declaraciones institucionales del Congreso, pero da la impresión de que es hoy cuando tiene perfectamente estructurado el dispositivo de control y propaganda. En aquellos días de julio, millones de personas sosteníamos a Miguel Ángel Blanco deteniendo las pistolas con pasión… y nos lo mataron. Fue desolador. Aquella unidad pareció el principio de algo distinto en España, no fue así.

Hace 10 años, el recuerdo fue limitado, muy limitado. La AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) colocó un gran mural en la plaza de Colón de Madrid y hablaron la hermana de Miguel Ángel Blanco, el entonces alcalde Ruiz Gallardón y Ángel Acebes, éste de ETA, siempre de ETA, solo de ETA. El Rey Juan Carlos y Mariano Rajoy hicieron declaraciones en sendos actos en los que participaban sin relación con el hecho. Poco más.

Rajoy cargó duramente contra “ la política antiterrorista de Zapatero” como solía ser su costumbre, incluso de forma presencial en manifestaciones de protesta. Rajoy consideró “milagroso” que, “en medio de la confusión generada, la Guardia Civil y la Policía Nacional conserven su capacidad operativa”, dijo. Dando puntadas hacia sus objetivos cada vez que coge aguja e hilo. Hoy, imputados de su partido critican duramente a la Guardia Civil por investigar sus corrupciones.

En Informe Semanal de TVE hicimos un reportaje sobre el terreno. Ermua resultó ser un pueblo plagado de gente en las calles disfrutando de la vida, tantas como pocas veces he visto en España. Lo angosto del enclave, encajonado en la montaña, acentuaba la sensación. Todavía los políticos que entrevisté llevaban escolta por estar amenazados por ETA, literal o tácitamente. Se lamentaban de lo efímero que fue el espíritu de Ermua. La sensación de que la pesadilla terrorista nunca acabaría se notaba como una losa que parecía desbaratar toda salida. Los vecinos decían que Ermua no era un pueblo conflictivo y no sentían sensación de peligro. “Otra cosa son los políticos”, comentaban.

ETA dejó de matar, gracias precisamente “a la política antiterrorista de Zapatero”, y el País Vasco –también “los políticos”– disfruta de una manera de normalidad de la que careció en décadas. Con las gruesas huellas del dolor, sin duda.

No hay derecho a la campaña del PP y sus colaboradores mediáticos, que no periodistas en ejercicio. Ni a esta campaña ni a la que vuelve a copar las cabeceras de los informativos desde que el opositor al gobierno de Maduro en Venezuela Leopoldo López haya salido de la cárcel para quedar en arresto domiciliario.

Los textos de sociología, ciencia política y periodismo estudiarán en su día el descomunal montaje que las élites españolas han hecho con Venezuela y Podemos. Las élites tan poco ejemplares, por cierto. Un éxito, ya no hay vuelta atrás. Millones de personas, poco exigentes con el hábito de reflexionar, reaccionan al reclamo de Venezuela como el perro de Pavlov para asociarla a Podemos. Para asociar los desmanes que allí suceden ahora, atribuidos todos a Maduro aunque la aclamada oposición haya incluso quemado chavistas vivos. Un éxito la campaña de Venezuela, sí. Con la colaboración entusiasta de ciudadanos incapaces de percibir cómo por la misma vía y sonda les meten lo que quieran.

Es intolerable la frivolidad con la que se aborda el tema. Los disturbios, el número de muertos y heridos de ambos bandos, merecían rigor informativo. Contemplar la trayectoria real de un país al que el petróleo y numerosos dirigentes probadamente corruptos fueron sumiendo en el caos. Poco se informaba de ello. El problema surgió cuando el chavismo alteró algunos negocios. Las crónicas del golpe contra Chávez muestran asesorías de altura y que no suelen mencionarse. De verdadera potencia. Ahí quedan, con todas las reservas obligadas al hablar de Venezuela, pero no deja de ser curioso el silencio en torno a aquellos hechos. Se precisaría un filtro considerable para obtener información sin contaminar. De cualquier modo pocos dirigentes parecen santos canonizables en los altares de la más estricta democracia, y la desmesura de la derecha opositora –tan apoyada desde el exterior– augura días tenebrosos.

La desvergüenza española ha quedado más descarada, si cabe, por las noticias de estos días. Mosul, la segunda ciudad de Irak, ha sido oficialmente liberada de ISIS, aunque será muy costosa la recuperación de una sociedad acribillada por los contendientes. TurquÍa asistía a una multitudinaria protesta contra “el gobierno autoritario de Erdogan” tras una marcha por la justicia que se inició en Ankara hace un mes. Con la excusa del presunto golpe de Estado que sufrió, Erdogan ha detenido o purgado a decenas de miles de funcionarios, profesores, juristas, periodistas, escritores, intelectuales. Lo último había sido la detención de la presidenta de Amnistía Internacional en Turquía y otros siete trabajadores por los Derechos Humanos. Hacía falta mucho valor para salir así a la calle, y lo han pagado con más detenciones.

Ni se ha informado de estos hechos y otros similares con la entidad que merecen, ni los hipócritas habituales han expresado críticas y condenas como hacen con Venezuela. Ahí andan los Rivera y los González y las portavocías del PP. Hasta Gallardón. Volvemos a encontrar al antiguo alcalde de Madrid, investigado por sobrecostes en la M30. “Si alguien quiere saber qué significaría un Gobierno de Podemos sólo tiene que mirar a Venezuela”, declara por si alguien no había pillado la indirecta de sus colegas. Se da el caso de que el opositor López lo ha elegido como abogado. Al Gallardón que hace nada enterró a su suegro rodeado de brazos fascistas en alto y cantando el Cara al sol.

No se informa del destrozo de la sanidad pública que prevé nuevos recortes en el plan de estabilidad al que los socios políticos del PP prestan apoyo. Ni de la política real de Rajoy –desempleo, paro, prestaciones, pensiones, impuestos, gasto social–. Aconsejo leer el análisis del periodista Joaquín Estefanía con datos demoledores. En su lugar se vender una recuperación y una normalidad democrática que queda desdibujada frente a la realidad. Ni la corrupción, ni las leyes represoras, ni la manipulación, son anécdotas.

Un día tendremos que hablar a fondo de las “buenas personas” que sustentan este tinglado. Pero lo que está llegando a extremos extraordinarios es el papel de los medios que actúan de soporte. Llega un momento en el que resultan sospechosas cada una de las noticias de los telediarios y múltiples titulares. Es como si se vieran las cuerdas que los mueven. No digamos ya de las tertulias con intervinientes tocados o tiznados por completo. Y tiene consecuencias.

“Sostiene Pereira”, en la memorable novela histórica de Antonio Tabucchi, ambientada en la Lisboa de 1938, que llega un momento en el que la tibieza y el conformismo incomodan y hay que publicar la verdad que en su barbarie nos salpica. Siquiera para no terminar escribiendo una única necrológica posible –la especialidad de Pereira–: la necrológica de los valores.

Democracia para zombis

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Francia vota este domingo, 23 de Abril, primera vuelta de presidenciales, en medio de una gran incertidumbre

 

Una de las últimas ha sido Turquía, siguiendo la estela. Se ha permitido dar un puntapié a la democracia, por muchos que sean los atenuantes. Lo que lleva a los guardianes de las esencias a cuestionarse la propia naturaleza del sistema en el que el pueblo decide. A las urnas las carga el diablo, dicen. Vive el mundo momentos precarios en las libertades. Y todo avisó con antelación.

Llamar democracia a lo que regentaba Erdogan en Turquía es un eufemismo pero algunos preferían pensar que cumplía las formas. Al punto de convocar un referéndum para convertirse oficialmente en una autocracia. Ganado de antemano, por supuesto. Lo curioso es que un nutrido sector de turcos ha avalado y potenciado a un dirigente que ya carga a su espalda el encarcelamiento de cien mil personas con la excusa del presunto y oportuno golpe de Estado que sufrió. Intelectuales, periodistas independientes, jueces, profesores, militares demócratas, son los principales objetivos de su cruzada. Muchos han sufrido torturas.

Ahora, el Erdogan que ostenta todos los poderes, podrá legalizar la pena de muerte y ejecutar disidentes como hizo otro colega admitido sin problemas por Occidente, el dictador golpista de Egipto, Al Sisi. Sujeto al que Trump recibió ya con todos los parabienes. 

Sean mayoría o no, millones de turcos han llegado a la conclusión de que necesitan un tirano para tiempos difíciles. O, los norteamericanos, un esperpento millonario sin escrúpulos, a quien ahora adorna el juego de la guerra –con daños reales– para acrecentar el mito. El presidente de Estados Unidos se ha apresurado a felicitar a su “homólogo” turco –titulan con precisión–. Y ha mostrado sus preferencias por la ultraderechista Marine Le Pen en Francia. Son los líderes idóneos para estos tiempos de confusión en los que unos pocos tienen mucho que ganar y millones de personas tanto que perder.

La democracia no está en cuestión, sino quienes la pervierten. A veces imagino a esa pléyade de votantes de “lo inconveniente” plantados en un bancal como el que plasmó José Luis Cuerda en Amanece que no es poco. Cada mañana, los encargados del jardín, les riegan con mimo y siembran nuevos esquejes. Ahora han colocado a sus líderes en el poder, con indiferencia vegetal. Dispuestos a lanzarse al abismo, llevándonos a todos de la mano.

Los cultivadores son los mismos que a lo largo del día criticarán las deficiencias del desorden que apuntalan. Esos que, cubiertos por el agua y a punto de ahogarse, seguirían tecleando con las dos manos libres contra los enemigos de sus trampas y privilegios. Esa gota malaya, ese ejército dispuesto a segar cualquier idea de progreso.

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Millones de personas son incapaces de relacionar que las políticas de la desigualdad tienen consecuencias. Que matan tanto o más que las bombas y camiones de los fanáticos. Muchos turcos declaran las buenaventuras que esperan del nuevo régimen: trabajo, riqueza, una vida mejor. La mayoría de los votantes de Trump lo creen también. Pero así se sembró y alimentó. Con las mentiras, la banalidad y la infantilización de la sociedad, sobre un sustrato de profunda injusticia social. Y de abandono de los más vulnerables.

Francia, el país que cambió el signo de la historia con la Revolución del  XVIII, podría llevar a la presidencia a una mujer ultraderechista acérrima. Los establecidos temen más a Jean-Luc Mélenchon que a Marine Le Pen. El antiguo primer ministro Lionel Jospin ha venido a demostrar que al partido socialista francés se le fueron antes las figuras de la izquierda que los votantes. Ahora aterra su “extrema izquierda”. 65 años, curado de muchos espantos, harto de muchos desvaríos, se ha lanzado a la arena con su imagen más provocadora. ¿Seguro que no se lo explican? El tinglado que se montaron los partidos que nos llevaron a la crisis de todos los valores ya no funciona, por mucho que se empeñen. Cómo será que los medios franceses no paran de hablar de Venezuela. Aunque cueste creerlo: Venezuela también en Francia.

Como en España. “Así empieza lo malo”, leo, con… el autobús de Podemos. Ah, ¿no había empezado ya? Por la insistencia se diría que con las primeras papillas. Pero, en definitiva, otro spot de la sociedad del espectáculo. No mayor que la perfomance continua de la derecha. Será que los ciudadanos ya no entienden otra cosa. “Lo malo”, lo peor, es la prioridad de las iras del sistema que no demuestra sino su propia degradación.

Tras el trance de la Semana Santa, exaltado este año a conciencia, nos caímos de bruces sobre la realidad. Tenemos a 120 empresas disfrutando del trabajo casi esclavo de presos.  A la sanidad pública descuartizada y utilizada. En Madrid no se cobran servicios a la privada, con la jefa entretenida en hacerse la rubia. La peste creada por Aguirre, la rubia por antonomasia, con sus contratos y dispendios, da cada día nuevos signos de putrefacción.

¿Y las autopistas quebradas? Nos van a costar no menos de 5.500 millones de euros y ahora el ministro del ramo avanza su venta porque igual, sin deudas, ya son rentables. Para sus nuevos dueños. O no. Porque las previsiones con las que se construyeron fueron erróneas y siempre está nuestro dinero para sufragarlo. Y esto se vota una y otra vez.

¿Y Rato? ¿Cabe más escandalosa trayectoria? “Rato se comportó en el poder como un cleptócrata profesional, como el vicepresidente de una república bananera, con el descaro y la impunidad de quien se sabe por encima del bien y del mal”, escribe Ignacio Escolar. Sello de la casa PP, con bañador rubio.

Rajoy va testificar ante la Audiencia Nacional por la Gürtel. Con todo el aparato que apoyó a la infanta Cristina en su juicio a su favor. Y nos damos por contentos con una declaración, como testigo, del presidente del PP de la Gürtel. Y reconociendo que es un hito en el sistema, además. La reacción visceral del PP, acusando  al PSOE a través de un comunicado de estar detrás de la llamada judicial, da idea del comatoso estado de la Justicia en España o de la concepción del PP sobre su funcionamiento.

No faltó más que la detención e ingreso en prisión incondicional del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, como presunto jefe de otra red criminal que involucra a varias empresas y destacados miembros de este remedo de democracia que vivimos. El Canal de Isabel II como epicentro y muchas otras ramificaciones. La Operación Lezo le ha estallado también al PP y siguen mirando para otro lado. Cinismo flagrante. Y hay gente, con un cerebro presumiblemente, que les cree. O quiere hacer como que les cree. Democracia para zombis.

En la operación también está involucrado un viejo conocido, ahora en libertad bajo fianza.  López Madrid, yerno del empresario Villar Mir, amigo de los reyes, compi yogui de la reina por más señas, con Granados, relacionado también con la Púnica y la dulcemente llamada policía “patriótica”. Sonroja enumerarlo y aquí no pasa nada. Realmente, en España, también se votó a un partido que había implementado la Ley Mordaza. Y otros partidos sensatos y moderados, constitucionalistas, se dicen, le dieron la mayoría que les faltaba para seguir gobernando. Y ahí están.

Francamente, el autobús de Podemos, la madre de todas las andalucías y las apuestas mediáticas por el candidato que vaya a llevar al desastre al PSOE como a sus colegas en Francia es casi ya lo de menos. La propia impotencia de la denuncia, de escribir como la página que se lanza a un agujero negro a abrirse paso con desigual fortuna. Cuanto se anunció, se cumple y en sus peores escenarios. Y ahí siguen sus autores empecinados en lo mismo.

“Si supiera que el mundo termina mañana, yo, todavía hoy, plantaría un árbol”, escribió el líder negro Martin Luther King, asesinado en 1968. A pesar de todo. Por dignidad, siquiera. Ideas que sobrevivan, no bancales de excluidos útiles.

*Publicado en eldiario.es esta misma semana y actualizado al ritmo de los acontecimientos que no dejan de producirse.

El gobierno de Rajoy y quienes nos escriben la historia

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Sánchez, defenestrado, denuncia presiones. Rajoy es presidente del gobierno gracias al PSOE.

El 20 de septiembre prácticamente todos los informativos españoles se volcaron en contar un intercambio de tweets entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, los principales dirigentes de Podemos. La mayoría, como la televisión pública estatal, TVE, abrieron con ellos su telediario o lo llevaron a sus portadas. Consideraron de trascendental importancia que dos líderes políticos mantuvieran públicamente una divergencia de estrategias en una red social en apenas media docena de frases.

El tratamiento mediático contrasta con el dispensado a la entrevista que, el domingo Jordi Évole realizó en su programa Salvados (La Sexta) a Pedro Sánchez, el exsecretario general del PSOE defenestrado por una mayoría del Comité Federal. La primera, tras entregar su acta de diputado. Sus declaraciones fueron de gran envergadura: acusó a los poderes financieros y al Grupo Prisa de haberle presionado para evitar un gobierno alternativo y para mantener a Rajoy. Los medios convencionales han optado por el ninguneo o por realzar la crítica del nuevo PSOE que se muestra indignadísimo con Sánchez Castejón. El País ha esperado hasta la noche del martes para lanzar su esperado editorial contra Sánchez.  Aquel “insensato sin escrúpulos” -que llegó a soliviantar a numerosos suscriptores- ha pasado a ser alguien con “ completa ausencia de cultura democrática”, a quien acusan de “querer torcer o manipular sus posiciones editoriales”, como se hace “en los regímenes autoritarios”.  Así se escribe la historia que se ha desarrollado ante nuestros ojos. 

La noticia que brindó Sánchez en la entrevista es de apertura, que a nadie le quepa duda. La presión de poderes que no se presentan a las elecciones para alterar su resultado, que Sánchez atribuye a nombres concretos, es de parar las rotativas y de activar la maquinaria de la Justicia. Aunque los sobradamente informados digan displicentes que es un secreto a voces, nada tiene de anécdota. Por primera vez un dirigente del PSOE –exdirigente cuando habla– denuncia injerencias de los poderes económicos y mediáticos.  Lo cierto es que el PSOE actual ha hecho exactamente lo que denuncia Sánchez que le pidieron a él: evitar un gobierno progresista y sentar de nuevo a Rajoy en la Moncloa. Y que Rajoy es el presidente de nuevo gracias a la abstención del PSOE resulta incuestionable. Está ahí. Por 4 años si se cumplen los plazos. Quienes mandan actualmente en el PSOE deberían preguntarse por qué sólo se comprenden entre ellos, y la derecha y los medios afines.

Ahora toca desactivar la grave denuncia del exsecretario general del PSOE y se multiplican los medios. Los errores de Sánchez no justificarían el hecho, por mucho que se empeñen. No son admisibles las presiones, sea quien sea el afectado. Ni se puede asumir como normal y sabido. Si fuera tan fácil denunciar coacciones ¿por qué han callado tantos? ¿Qué nos dicen los resultados? Que Rajoy es presidente del Gobierno, tras una estentórea cabriola en el PSOE. ¿Y los métodos? Quedan para la memoria declaraciones varias y editoriales como puñales desde que Sánchez empezó a desmandarse del mandato del Comité Federal en diciembre tras las primeras elecciones: Podemos y nacionalistas no. Al punto de ver al director de El País Antonio Caño enviando cartas a los subscriptores dados de baja por disconformidad con la línea editorial y que él atribuyó a su propia vehemencia. En el último editorial, han pasado a una fogosa virulencia.

Cuando este lunes Mariano Rajoy juró su cargo algún medio resaltó el alivio experimentado entre los presentes por haber concluido la larga interinidad. Todo eran parabienes. Se pasaba de dar la noticia de cualquiera de los múltiples latrocinios de miembros del PP en su paso por los tribunales a especular con las listas de ministrables. A otra cosa mariposa y aquí no ha pasado nada. Cuando ha pasado y mucho. Y lo que ha de llegar.

Rajoy ha vuelto a subir a los altares por sus supuestas habilidades personales.  Los medios ensalzan al gallego resistente que, sin hacer nada, sigue en el Gobierno mientras decaen sus oponentes. A veces bastan movimientos mínimos para que otros sacudan el dedo y el puño. A estas alturas no es ya que se aferre a la roca y “resista”, es cómo ha establecido las redes para que el engranaje funcione por sí solo. Esto también forma parte de la estrategia del percebe, que resultó premonitoria. Y de partidos y organizaciones volcadas en sus propios intereses sin reparar en métodos.

No es legendaria la resistencia de Rajoy. Lo realmente legendario, por comparación, son las ayudas de las que ha dispuesto. De pasar a la historia. A la real, no a la que cuentan sus hagiógrafos. Quién nos iba a decir que, pese a tantas alabanzas a su gestión, a la benevolencia con la que han sido tratados sus desmanes, Rajoy se quedaría sin mayoría para gobernar y surgiría al final la oportuna abstención del PSOE por el  chapucero método que se ha producido. Qué gran casualidad, ni al percebe le llegaba con más atino la comida a la boca.

¿Quién puede enfrentarse a esa poderosa maquinaria?

¿Qué está pasando en España para que el sinuoso Luis María Ansón publique una columna en El Mundo insinuando que el CNI tiene informes inculpatorios sobre Pablo Iglesias y que no se harán públicos si el líder de Podemos “se integra en el sistema”? ¿Son inculpatorios o es una coacción? ¿Es cierto o cosecha de Ansón a la que El Mundo da cancha?

La entrevista de Jordi Évole a Pedro Sánchez fue récord de audiencia superando incluso a banalidades de gran tirón con las que competía: tres millones y medio de personas lo vieron. Un 20% del share. Pero cada uno de esos telediarios que versionan a placer los hechos, cuenta con una media de dos millones y actúan a diario. El 70% de los ciudadanos dice informarse por televisión y es ahí donde reside el filón más amplio y sutil de influencia.

Durante muchos años la manipulación radicaba en contar solo una versión de los hechos, la que convenía al poder. Luego se pasó a dos para confrontar  puntos de vista, aparentemente. Le llamaban objetividad. El PP inventó el “Modelo Arenas”, que consistía en poner detrás de Zapatero al dirigente andaluz a rebatir cualquier cosa que el socialista dijera y quedar con la última palabra. La técnica de la manipulación se ha perfeccionado ahora con las tertulias. Aún con diferentes matices y nivel de daños, llenan la programación de la mañana a la noche.

Esas pantallas partidas en las que ves a un periodista a un lado y a un agitador vendiendo lo que siempre vende, o disparando contra lo que siempre dispara.  Para ver si consigue cambios de opinión ante noticias que afectan gravemente a la audiencia. Así se desactiva en lo posible, en lo que cada uno se deja, la conciencia crítica. La realidad interpretada por televisión, prensa y radio. Guionizada y dramatizada.

No ocurre únicamente en España, por supuesto, aunque aquí se añada la proverbial tolerancia de una parte de la sociedad a la corrupción. La periodista Soledad Gallego-Díaz escribía hace semanas de la política posverdad, sobre las mentiras impunes de los políticos. Concepto de moda, nacido en EEUU y que ha sido tomado desde distintos ángulos. Algo llamaba poderosamente la atención y no se ha destacado: “ The New York Times ha renunciado al famoso principio periodístico de dar dos versiones enfrentadas y equivalentes. Por primera vez, el diario tituló el otro día en primera página que Trump era un mentiroso”. El periodismo auténtico ha de empezar a contar quién miente, basándose en hechos y evidencias.

Quienes nos escriben la historia hablando de responsabilidad, seriedad, estabilidad, éxito, sistema… quienes eximen y cargan culpas y desdibujan la verdad, quienes señalan lo accesorio para provocar ofensa y reacción y atenúan lo verdaderamente importante verán el día el que a muchos millones más de los ya lo hacen, les dará por cotejar sus relatos con la verdad que viven. Aviados vamos en caso contrario.

*Publicado en eldiario.es

*Actualización.

Hoy le ha tocado a Ramón Espinar, portavoz de Podemos en el Senado. La desproporción se ha convertido en arma. Al punto de la portada de ABC. Todo forma parte del mismo paquete. La causa ya es accesoria y quien compra esto compra el pack completo. Aviados vamos si los ciudadanos no empiezan de una vez a usar brújula.

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¿En qué piensan los votantes del PP?

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Rajoy paseando con el imputado Baltar, presidente del PP de Orense,  en Avión.

Las encuestas preelectorales, aun con sus abrumadores errores de bulto en los más recientes comicios, siguen dando un notable porcentaje de votos al PP. En Galicia, una tercera mayoría absoluta. Cuesta entenderlo incluso con la apasionada contribución a la causa de gran parte de la prensa convencional. Esa fidelidad, dadas las circunstancias que concurren, siembra en numerosos ciudadanos reacciones que van desde estupefacción, alarma, irritación y escándalo a resignación y desencanto. Son muchos años, siglos incluso, bajo la égida de la derecha para sorprendernos. Y no la más presentable derecha. Hace trampas muy gruesas, visibles aunque se pongan gafas de cemento.

Como en la exitosa película protagonizada por Mel Gibson y Helen Hunt ¿En qué piensan las mujeres? Un accidente, muy grave, un atropello traumático del calibre de haber soportado el gobierno del PP en España cinco años ya y en numerosas comunidades autónomas más tiempo, nos permite hacernos una idea de cómo es su votante en la actualidad. Ni siquiera precisamos poderes extraordinarios: nos lo cuentan a diario sus protagonistas, en privado y en los medios a través de distintas portavocías. Lo peor es que hay más visceralidad que argumentos y éstos adolecen de abultadas lagunas.

A Rajoy, el fiasco de Soria para el Banco Mundial le ha supuesto un importante traspié, pero no lo suficiente para acomplejarle. Ni a él ni a sus seguidores, al parecer. Iniciamos semana con su apoyo expreso a Rita Barberá al nombrarla vocal en dos importantes comisiones del Senado: Constitucional y Economía. Encausada por el Supremo por blanqueo de capitales del PP de Valencia, la poderosa dirigente popular se bajó del tren que la conducía a Madrid y se dio la vuelta, mientras el PP le mantenía sus puestos en la Cámara Alta. Este miércoles protagonizarían todos ellos su dimisión parcial y con fórceps. Solo el PP, no el escaño. Supimos además que la mayor empresa de Sanidad Privada hace su agosto con nuestra sanidad pública, en especial la de Madrid. Y nos enteramos de que un comisario que ha prestado grandes servicios al ministro Fernández Díaz ficha por Prosegur, otra empresa privada gigante en este caso de la Seguridad. Es quien fue acusado de presionar a los investigadores del Caso Gürtel o de montajes contra Pablo Iglesias y Podemos.

El martes nos trajo también a Bárcenas retirando su denuncia contra el PP por el borrado de sus ordenadores. A Jaume Matas intentando pactar con la Justicia, según El Mundo, para no ir a la cárcel a cambio de contar la corrupción del PP, sus sobres y amaños. Un informe secreto de Agricultura que duplica el saqueo de Acuamed. Al denunciante de De la Serna contando a Moragas, jefe de Gabinete de Rajoy, sus comisiones en Argelia y Panamá, meses atrás. Rajoy lo incluyó en las listas del 20D sabiéndolo. Cada día así. Y a la espera de nuevos capítulos.

Apenas caben mayores abusos a la población y ahí siguen resistiendo varios millones de votantes del PP. Un periódico muestra la foto de niños entrando en barracones escolares en Murcia, y enseguida hay quien opone que en Andalucía hay 317 colegios así. El consabido consuelo del mal de muchos. Se está encontrando comprensión incluso para la medida que los gobiernos conservadores del Reino Unido quieren imponer: el Sistema Público de Salud retrasaría las operaciones de fumadores y obesos. La gente que “no se cuida” ha de ser castigada. Las afecciones de enfermos “culpables” han de pagarse al margen, por lo privado. No se expresa ni una queja a quienes hacen negocio con nuestra salud y “ahorran” en atendernos. A unos y a otros.

Precisamente, desde Londres avisan que su Sistema público de Salud. NHS, está dando los estertores. Es difícil sobrevivir a un cuarto de siglo de desangrarlo con las políticas ultraliberales que inició Thatcher y continuaron otros colegas Tories y los laboristas de Tercera Vía, los precursores de eso tan moderno que llaman socioliberalismo. Los británicos siguen votando esas medidas que les agreden, sin relacionarlas con el candidato que les gusta. En España, también ocurre el fenómeno. Tú rompes una botella llena y se derrama el líquido, pero para los fanáticos son fenómenos independientes.

Aquí, hay gente convencida de que Mariano Rajoy no es corrupto o de que la economía la gestiona mejor la derecha –la economía de todos, se entiende–.  Hay quien cree que Ciudadanos es de centro, incluso que es una “fuerza del cambio”.  Multitudes son ya los convencidos de que Pedro Sánchez tiene la culpa de que no haya gobierno, como antes les persuadieron de que el díscolo era Pablo Iglesias. O quien piensa que es informar el objetivo de los programas en los que se sienta un Noble con pocas luces, periodistas faltones, machistas o que, dedicados a intoxicar, se inventan directamente las noticias. O utilizan métodos fuera de la deontología profesional  para obtener sus pistas.

Hay personas capaces de mirar para otro lado cuando nos asegura el gobierno que no van a rescatar al sistema bancario, sino que le ayudan por nuestro bien. Y luego les entregan del dinero de todos 51.303 millones de euros, aseguran que el Estado recuperará todo, y al final apenas pillamos la pedrea del 5% (2.686 millones) del premio que siempre se llevan los mismos, y alguna promesa de que podría ser algunos millones más, ni de lejos todo. Asisten impertérritos a la venta de nuestro patrimonio o al destrozo de paraísos naturales como está ocurriendo ya en Doñana.

No necesitamos poderes para saber en qué piensan. Todos hemos vivido experiencias en las que escuchamos atónitos cómo vuelven las realidades del revés y aseguran, por ejemplo, que sin el PP ya no tendríamos sanidad pública o pensiones. Sin reflexionar en el proceso que ha ido canibalizando el Estado del Bienestar, mientras engordan las cuentas de los beneficiarios de ese destrozo. Cuál es el futuro que cabe esperar a tenor de la trayectoria. Llegan a declarar en televisión que los hijos han tenido que emigrar, que están tristes por no verlos, pero que seguirán votando al PP, “a ver si lo arregla”. Hasta el aumento de la mortalidad he escuchado defender “por lo bien que el PP trata a los ancianos” y alguna vez se tienen que morir. Ante los datos responden con firmeza que no se los creen, sin más. No ven manipulación sino serenidad en las tertulias de RTVE que se lleva a toda la Caverna junta a opinar. “No discuten, dejan hablar”, dicen. Claro, están todos de acuerdo.

Les parece muy bonito y muy español, torturar y matar animales para divertirse, se divierten de hecho con el sufrimiento de un ser vivo, cuando esos atavismos fueron abandonados hace siglos por otros pueblos que los practicaban. Llegan al punto de votar al PP porque, “a pesar de todo”, defiende los valores religiosos, cuando en conciencia apenas respeta ninguno, como no sea el de formas y decorados. Es imposible que no sepan que poca caridad cristiana tiene quien roba a sus semejantes en abuso de poder, o daña con sus recortes a tantos seres humanos.

Hay muchas personas –algunos millones de hecho– que aceptan las imposiciones, los errores, y hasta las traiciones, de su grupo político –y no solo en el PP– porque estiman más importante la fidelidad. O que no gane otro. Sobre todo eso. Las hay incluso que saltan con furia como si fueran abejas a quienes acaban de destruirles el panal contra un político del que solo saben que no les cae bien. O del que les han dicho una serie de aspectos que temen y que no se han molestado en consultar o reflexionar. Que perdonan los hechos y penalizan los supuestos. Hay incluso quien muerde la mano de quienes les quieren ayudar.

Muchos de ellos piensan que, en este país, “católico y decente”, con solo unas pocas trampas que “se han hecho toda la vida” y “todos hacen”, nos convertimos todos en emprendedores mil millonarios como Amancio Ortega. Y nuestros hijos y nietos –castigados con una ley de educación retrógrada–, sabrán jugar al fútbol y “nos sacarán de pobres”. Y, como seres cuidadosos y obedientes, las empresas que se lucran con nuestra salud, no nos castigarán. O nos tocará la lotería porque en ella residen nuestros sueños, como dice el anuncio pergeñado por la Administración del PP.

¿En qué piensan los votantes del PP? En ellos mismos de una forma extrema, desde luego. Categóricamente no en la justicia social o el bien común, ni en limpiar esta pocilga y reconstruir lo dañado como sí hacen otros. Una cosa es votar derecha y otra al PP. El PP no es solo un partido conservador, aun siendo  de derechas en alto grado. Son sus anomalías las que convierten su sostén, tal como está, en un problema.

Seguir apoyando a este PP, corrupto y agotado, supone degradar la vida de muchas personas, dificultar sus aspiraciones, convertir sus sueños en pesadillas. Muchos de sus votantes las padecen también y lo saben. Pasará factura. Tanto daño no puede ser inocuo. Se ha roto el Compromiso Social en asuntos fundamentales y lo lógico es que tenga consecuencias. Una juventud, muy vapuleada, que ya no lee sus periódicos, ni ve a sus oráculos en sus televisiones, y pasa de sus ritos, tomará las riendas consciente de que se les ha perjudicado mucho.

Harán bien todos en ir pensando que las cosas han cambiado, o van a cambiar. “Todo esto no es gratis, todo esto acabará creándole problemas”, decía este lunes Rajoy a voz en grito desde las pantallas de las televisiones en su permanente presión hacia el líder del PSOE Pedro Sánchez para que le dé el gobierno. Aplíquese el consejo. Los jóvenes no piensan precisamente en su PP. Muchas personas de todas las edades no piensan en su PP sino para dolerse. De hecho, en un Parlamento fragmentado, la mayoría de los españoles no quieren a su PP.

*Publicado en @eldiarioes

No se enteran de nada

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El día 24 de Junio –dos días antes de las elecciones españolas- nos despertamos con la noticia de que los ciudadanos del Reino Unido habían decidido irse de la Unión Europea. Nos acostamos con unos sondeos tranquilizadores: se quedaban. De lo sucedido con la consulta lo más llamativo que hemos ido sabiendo es la banalidad con la que se planteó. El signo de nuestra época, el origen de un desparrame de desafueros.

El cataclismo desencadenado ni siquiera ha llevado aún todo el tsunami a las playas. Escocia quiere permanecer, otros podrían plantear marcharse también. Mercados en zozobra hablan de nefastas consecuencias económicas. La UE se les cae a pedazos pero ahí tenemos a sus prebostes imperturbables. Cameron, el presidente conservador del Reino Unido y autor de ese referéndum sobre el Brexit tan alocadamente esbozado, se permite decir a Corbyn, el líder de los laboristas: “Por amor de Dios, váyase” desde su mundo paralelo.

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No es peor la hazaña del amigo Schäuble. El fiero ejecutor de Grecia sigue imperturbable al derrumbe de una UE que su gobierno y sus bancos propiciaron con su austericidio y su intransigencia.  Amenaza de nuevo a Portugal. El nuevo gobierno progresista se ha desmandado: ha aumentado el salario mínimo, revierte recortes salariales a los funcionarios, y recortes en general, reponen días festivos y, por si faltara poco, dan marcha atrás a las privatizaciones. El ministro de Finanzas alemán se revuelve ante cada nuevo desafío.  Por eso ha llegado la hora de volver a mencionar la palabra rescate. 

No se enteran de nada. Nunca se enteran de nada. Con la mayor crisis social desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, con miles de refugiados abandonados por las aguas y tierras de la Unión, muriendo a borbotones, con el ascenso de la ultraderecha que extiende todos los tonos del azul como un derrame tóxico por la piel de Europa, y Schäuble empecinado en la tijera, en amargar la vida de los ciudadanos para dar un poco más, mucho más, de ganancia a aquellos para quienes gobiernan.

Y aquí igual. Ahí andan quienes, al parecer, adquirieron la política en propiedad porque llegaron primero. Sus voceros se desgañitan esparciendo culpas, sus culpas. No faltaba ya más que oír que esos pobres jóvenes a los que sus angustiados progenitores despiden en los aeropuertos, o los ancianos que no pueden afrontar copagos y medicamentazos con miserables pensiones son culpa… de Podemos.  Todo, hasta las miserables pensiones.  No consiguen entender que los ciudadanos –con minúscula- se unieron, hartos de las políticas de cortijo y puertas cerradas. Que fue al revés de como lo plantean.

¿Y los que lo sabían todo antes de que sucediera el fiasco de… conseguir 5 millones de votos?  Salivan a ver si Unidos Podemos peta. Porque no hay otro partido, ni otro descenso de votos,  ni otro problema para los medios que Podemos.  Se empieza ya a valorar las grandes aptitudes de ese gran líder carismático que ha vuelto a ganar las elecciones. Y que con tanto ahínco y tantos han luchado por mantener.

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No les falta por decir nada más que aquello que no fue pero se convirtió en símbolo ¿Qué no tienen pan? Pues que coman pasteles.  Larga y tediosa travesía nos queda hasta que por algún lado de las costuras de Europa, de España, su arrogante ceguera y su escandalosamente injusto proceder reviente. Maria Antonieta aún no ha cerrado la boca de estupor que se le quedó.

España, camino del “subdesarrollo” humano

España desciende estrepitosamente con Rajoy en los índices de desarrollo humano.

En 2008 publiqué “España, ombligo del mundo” y en él incluí los datos del Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora la ONU.  Otros organismos como el World Economic Forum, o Foro de Davos, también realizan su clasificación. La idea es que para hablar de Desarrollo hay que tener en cuenta otras variables, no solo las anotaciones contables macroeconómicas.

Y es que la economía de los ciudadanos ha de tener más ingredientes que las grandes cifras, éstas han de repercutir más en quienes viven y trabajan para sostenerla. La economía de la salud, ciencia que se imparte -o impartía, ya no sé en estos tiempos-  en las Universidades, habla de otras cosas: la riqueza humana, la riqueza en educación y en sanidad, en servicios. Un país no es verdaderamente rico si sus habitantes no gozan de estas prestaciones a un nivel adecuado. Al mismo del Estado.

Esas son las variables que valora la Organización de Naciones Unidas, en su Índice de Desarrollo Humano, estudiado con abrumadora amplitud de medios. Pues bien, en 2008, bajo el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, habamos ascendido al puesto número 13.  Partiendo del 19 en el que quedó con el Gobierno de Aznar.  En 2008, incluso Alemania, Italia y el Reino Unido estaban por debajo de nosotros, la eficiencia del Sistema de Salud y menor paro, influían sin duda. Finlandia y Noruega eran los países en donde mejor se vivía -y se sigue viviendo-  del mundo. En general en los países nórdicos residen “ciudadanos”, esos entes que se preocupan del bien común.

Después vendría la Troika con la rebaja, a la que Zapatero sucumbió.

Pues bien, España ha pasado a estar en el puesto 27, en ese mismo índice, de la ONU. En 2014.

Nos llega también el índice del World Economic Forum, Human Capital Index, mucho más orientado al mercado. Ahí estamos ya en el puesto 41. Así se resmía en esta publicación:

El índice mundial de capital humano coloca a España en un pésimo puesto, 41, para poder competir globalmente

  • El World Economic Forum publicó ayer su Human Capital Index, segmentado por edades, en donde se aprecia la gran penalización de España por el desempleo
  • El hecho de que en los estratos de edades jóvenes, España destaca por la gran facilidad para captar gente capacitada, es esperanzador
  • Estados Unidos y Alemania están lejos de las primeras posiciones, que encabezan Finlandia, Noruega, Suiza, Canadá y Japón.

Y aquí para quien quiera bucear en la fuente original. Y en cabeza de nuevo los países que cuentan con mayoría de “ciudadanos”, de personas que piensan y no se dejan manejar tanto. Que piensan sobre todo en lo mejor para el conjunto.

Y es cierto, la España del PP ha recortado en los valores que forman el bienestar de los ciudadanos. Insistiré en que en otro índice, el Bloomberg, el Sistema Nacional de Salud ha pasado de ser el 5º más eficiente del mundo (eficiente por el empleo de sus recursos) al 14, en 2014.  Es de imaginar cómo está ya en 2015 y cómo estará si seguimos por este camino.

Íbamos a mejor, mucho mejor, la España de Rajoy va al abismo… ciudadano. Al subdesarrollo humano. Unos cuantos se están enriqueciendo como en los mejores tiempos, a costa de la mayoría. Qué casualidad que hoy mismo, “Bruselas” pida más “moderación” salarial.

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Mientras escribía esto, llega la noticia en la que tanto insisto: ha vuelto a crecer la deuda pública. Rajoy, su Soraya y su De Guindos, sus Montoros y Cospedales, al frente, nos han endeudado en 303.000 millones más en esta legislatura, hasta sobrepasar el billón de euros y casi el 100% del PIB. Esto es impagable. Nos ata.

El triunfador camina hacia la meta. Apoyado por personas y medios de fines poco limpios. Por Ciudadanos barbilampiños que vienen a apuntar el sistema neoliberal. A él, a ellos, les esperan mullidos colchones, engrasadas puertas giratorias, y cuentas aquí (o en Suiza algunos). A los demás, ya se sabe. Pero aún así hay quienes se empecinan en seguirle así nos estrellemos todos.

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Duelo de poderes en la arena griega

El Ministro griego Varoufakis y el Presidente del Eurogrupo Dijsselbloem

El Ministro griego Varoufakis y el Presidente del Eurogrupo Dijsselbloem

En solo una semana desde el triunfo de Syriza en las elecciones griegas, Bruselas se plantea disolver la troika, el triunvirato de la austeridad que forman el FMI, el BCE y el Ejecutivo de la propia UE. Una primera concesión a Grecia. Al plante que escenificó el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, ante el delegado del eurogrupo, no reconociendo como interlocutor a ese ente del que solo una de sus tres patas pasa por las urnas. Con astucia y pragmatismo, a continuación empieza a tranquilizar a los mercados y hasta sube la bolsa griega (recupera todo lo perdido en el primer momento). Alemania, en su línea, se opone enérgicamente a todo cambio. Francia e Italia apoyan la idea de negociar. Se libra una dura batalla, de fuerzas desiguales, en la que algunos buscan aplastar sin dejar ni prisionero.

“Sería necesario para la eurozona sacrificar Grecia para salvar España”. La conclusión del Wall Street Journal –no por casualidad considerado una de las Biblias neoliberales– no era tanto del diario como de lo que piensa el PP. Era a “Madrid” a quién atribuía la idea de dejar caer a Grecia para frenar a Podemos. En aras, eso sí, “de la recuperación” y de “los intereses de la eurozona”. Es como quien extirpa el bazo para salvar… la cartera.

Otros manuales sagrados del capitalismo –Financial Times o The Economist– mantienen muchas más dudas acerca de la eficacia de las políticas aplicadas hasta ahora y se muestran más proclives a dar aire a Grecia… o a España. La propia lógica de los hechos muestra los resultados sociales del tratamiento: una catástrofe. En Grecia sobre todo, aunque también en Portugal y España. Ni siquiera para cobrar funciona asfixiar a los países. Muerta la vaca, no da leche. Por no hablar de deudas condonadas en la historia, como la de la Alemania, casualmente. O de las desorbitadas cifras entregadas a los bancos –siempre los bancos en la ecuación– sin contrapartidas.

Voces como la del Nobel Paul Krugman insisten en aclarar (para tantos empecinados en no enterarse) que el rescate a Grecia no ha sido en realidad“para Grecia, sino para los bancos de los países acreedores”. Esa deuda brutal que, como en la España de Rajoy –añado–, se ha incrementado fuera de todo control. Krugman explica –desde la economía no neoliberal– que es posible llegar al crecimiento invirtiendo en las personas. Los errores han sido de los Gobiernos conservadores que han pedido prestadas cantidades ingentes de dinero –los de Grecia hasta ahora o el PP de Rajoy en España– y de los bancos que se lo dieron. Deberían apañarse entre ellos. Sería reparador verles discutir por los recortes en sus niveles de vida.

El castigo ejemplarizante que buscan no es propio de una comunidad de países democráticos y soberanos, dice Krugman. Y esa es la gran clave que cualquier mente no condicionada advierte. Es demasiado empecinamiento, demasiada intransigencia, arbitrariedad y demagogia, una atronadora defensa de bancos y especuladores varios en contra de las personas.

En el mundo feliz (para ellos) que se habían diseñado, ha surgido un inconveniente: las víctimas protestan. Exhaustas, no pueden más. Algo que, por cierto, podrían haber evitado de no desbordarse de tal forma su codicia. Durante muchos años lo hicieron. Y la mayoría miró para otro lado.

Es cierto que la rebeldía de Grecia y España van de la mano, aumentando el peligro que sienten al ver mermados sus exagerados privilegios. Y, así, de los autores del “dejemos caer a España, que ya la levantaremos nosotros”, llega el “sacrifiquemos a Grecia para salvar a España”. Salvar a España de lo que la ciudadanía decida, salvarla de aspirar a salir de la precariedad y la desigualdad galopante. Mantenerla en unos niveles de suciedad que asfixian a cualquier ser humano decente.

Han diseñado un plan de difícil escapatoria. Con un programa que incluye desde zancadillas a legislaciones mordaza o reclamar sumisiones. Un PSOE obsesionado en arrojarse al abismo en el que ya habita su colega el Pasok secunda esta deriva firmando acuerdos que dejan manos libres al PP para su cruzada de involución. Los ataques a Podemos que estamos viendo estos días exceden cualquier pugna partidista o necesaria crítica si se trata de periodismo. Y clama la desigualdad de trato. ¿Por qué no preguntan a Rajoy cómo piensa pagar la deuda pública en la que se ha metido de un billón de euros y qué más derechos y servicios piensa podar solo para afrontar los intereses? Al fin y al cabo, como presidente, es a quien compete el problema. Y ese sí es vital y de envergadura.

Syriza está cumpliendo lo que prometió. Ha salido a la arena a por los derechos de la ciudadanía herida y despojada. Un ser como Mariano Rajoy (en las posturas más duras de la UE) baja el pulgar de la condena para toda una sociedad de un país socio y para la suya propia. En defensa de sus intereses de grupo. Tiene que “salvar España”. Esa terrible frase que enarbola guadañas. Pero, al menos de momento, otros sectores piensan que lo más práctico es dar facilidades al deudor. Y ven una oportunidad de al menos suavizar la despiadada política de la austeridad impulsada por la canciller alemana, Angela Merkel. Ella misma se juega la autoridad que se otorgó.

Si la troika cae, será una victoria significativa. Se desgañitaron los portugueses (dentro de su moderación) con su “que se lixe a troika” (que se joda la troika) cada vez que los hombres de negro acudían a apretarles las clavijas con la colaboración de su Gobierno. Esa era la clave: los Gobiernos cómplices.

Cuando Pablo Iglesias aludió el domingo, en la Puerta del Sol, a los españoles que llevan en su ADN la valentía, la lucha y el afán de justicia social, pensé en cuantas veces los cercenaron a lo largo de la historia. En Grecia y en Portugal ocurrió algo bien parecido.

Como en la Grecia que trata de resucitar, corría en Sol un viento limpio y fresco. Profundamente harto, firme, compacto, lleno de coraje e ilusión. Ese espíritu alienta esperanzas de cambio, tome la dirección que tome. Igual resulta que acatar y engullir no es el camino.

*Publicado en eldiario.es 

Actualización:

El BCE corta el crédito a los bancos griegos para forzar otro rescate.

Cuando Draghi está dispuesto a inyectar 500.000 millones de euros a los Bancos Centrales para medidas de estímulo, aunque no a Grecia hasta el verano, porque, dice, que está inmersa en otro status que exige reformas.

Parece que triunfa la idea de “Sacrificar a Grecia para salvar a España”… de lo que decida la sociedad, para su bienestar. Hay que morir al palo del PP ahora con socio PSOE de Sánchez.

Esperemos la próxima jugada. Grecia podría buscar soluciones fuera de Europa. De la Europa de Merkel.

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