Dan miedo

La imagen de furgones de la Guardia Civil, de noche, conduciendo a la cárcel a miembros de un Gobierno elegido democráticamente dio la perfecta dimensión de dónde nos encontramos. Sin juicio y sin condena, solamente por la acusación, y decretando prisión incondicional sin fianza. No por esperada, fue menos impactante. Hubo oportunidad de soluciones menos drásticas, pero se optó por la confrontación. Enseguida -y porque el periodismo funciona, la justicia tiene unas normas, y hay ciudadanos responsables-, nos enteramos de preocupantes entresijos. Quienes se molesten en buscarlos, porque los medios oficiales en general han operado en dirección contraria. Apostando por la Cruzada y ocultando información. Dura contienda por la verdad, de temibles consecuencias que ya vamos viendo.

Fue el (reprobado) fiscal general del Estado, José Manuel Maza, quién nos mostró en toda su crudeza en qué manos estamos en sus respuestas a Hora 25 de la Cadena SER. El vengativo “Más dura será la caída”, con el que tituló el archivo de la querella contra los independentistas, era la tónica mental de Maza, no un desliz. Así que fue desgranando que “bastante paciencia ha tenido el Estado de derecho”. Paciencias, en la justicia. O usó criterios morales como medio de decidir algún alivio de condena: “A lo mejor alguna cosa hubiera cambiado”.

Lo más demoledor, sin embargo, fue esta afirmación: “Los que han criticado que planteemos la rebelión deben recordar que una querella no es un escrito de acusación. No se hila tan fino. Incluye todos los posibles delitos. No afirmamos que haya rebelión sino que es posible”. Es decir, se echa a la bolsa todo lo que quepa y luego el juez decide. En armoniosa coincidencia con Maza, la de la Audiencia Nacional Carmen Lamela. No así el titular del Supremo. Todo esto y más lo analiza Íñigo Sáenz de Ugarte en este imprescindible artículo.  “Lamela les está diciendo a los imputados: vais a pagar por lo que habéis hecho y por el viaje de Puigdemont a Bruselas”, escribe el subdirector de eldiario.es sobre la postura de la jueza. Venganza, por justicia.

Que se trata de un “ Derecho Penal de autor”, como lo define Ignacio Escolar, se evidencia en varios datos más.  Se ha vulnerado “el derecho al juez natural”, recogido en la Declaración de los Derechos Humanos y también en nuestra Constitución. “Es el derecho de cualquier acusado a que le juzgue el juez que le toque por ley, no el que le convenga al Gobierno o al fiscal”, explica el director de eldiario.es.  Y todavía se han detectado más irregularidades.

Frente a hechos que deberían ser del dominio público y sin contaminar con la presunta obligación de decir “algo malo del otro”, nos encontramos con una auténtica campaña visceral, no exenta de elementos más prosaicos e inconfesables como los beneficios de poder y económicos. Marhuenda, tiznada voz del PP, condena, sin juicio, en La Razón: “Prisión por rebelión”. Precisamente por la cuestionada acusación de rebelión que Maza metió en el saco con calzador, por más que se llenen de ella los medios. Se creía que la jueza no lo incluiría en la petición de búsqueda y captura para Puigdemont y sus cuatro consejeros que se encuentran fuera de España, pero finalmente ha optado por pedir para ellos todo el paquete que manejan. Rebelión, sedición, malversación de fondos públicos, todo.

La ofensiva viene de la tecla y de la pluma, de las voces y los gestos. De la más absoluta y rotunda intransigencia. Portadas como las de ABC, aunque ya indistinguibles de las restantes en papel, con esa levadura ultraderechista que les comentaba se les ha colado en el suflé a los españolistas. Un importante número de notables arenga a las masas decididas a ser muchedumbre o plaga justiciera. Sin que quepa otorgarles el mínimo atenuante dado que cada cual es dueño de sus actos. Dan miedo. Seres nacidos humanos acudiendo a insultar a estaciones de tren y aeropuertos a políticos llamados a declarar. Televisiones marcando la cuenta atrás de las comparecencias en un cronometro real expuesto en recuadro, que en definitiva marca los ingresos por audiencia exaltada. Aterra tanta sinrazón, tal inmadurez. Cómo se está imponiendo la ignorancia bruta. Linchamientos que no se depararon a delincuentes de peso, atracadores de lo público. Linchamientos virtuales, de momento.  Da pavor.

Aparecen de buena mañana en radios y televisiones como si hubieran sido motivados por el oficial de tropa para la batalla. Ofreciendo las edificantes declaraciones de políticos en campaña: mano dura y cargo, cargo y yo no fui, estoy por encima del bien y del mal y me lo permiten. No es difícil tampoco imaginar, a tenor de lo que publican, las salas de terapia de algunas redacciones distribuyendo el alivio a las obsesiones compulsivas.  Titulares y artículos delirantes. ¿Pueden imaginar al jefe de opinión de un diario que fue esencial insultando al colaborador londinense de prestigio al que censuró y expulsó? Está pasando.

La sociedad, los medios… y los políticos. Estamos llegando a niveles de desfachatez tan insultantes para la inteligencia como quejarse del ingreso en prisión de miembros del Govern depuesto, tras haber impulsado esa medida. Algunas personas muy sesudas y adultas todavía no entienden al parecer que los actos acarrean consecuencias. Pero ahí siguen, contribuyendo a la causa.

El partido conservador PPCs, bicéfalo ya, opera al unísono con García Albiol y Arrimadas, en el ala ultraderecha, ofreciendo a la implacable líder de Ciudadanos en Catalunya la presidencia de la Generalitat en un hipotético futuro de triunfos soñados. Con el PSOE y el PSC, e Iceta deslizándose por el alambre, un político valioso al que esta sin razón está quemando. Gumersindo Lafuente nos contaba los problemas de esa operación que ya fue ensayada para sofocar el nacionalismo vasco.  La inyección al independentismo que se está dando podría desbaratarles la jugada. Albiol ya ha aportado la solución: “ Si ganan, otro 155“. Esto se está sustentando. Y crecen los rumores sobre ilegalizacion de partidos que ya anticipara Pablo Casado.

Dan miedo. Cuantos se dedican a perturbar la convivencia que cabe esperar en un estado democrático. Y es un bloque decisivo. Soy de quienes creen que Rajoy no es Erdogan y España no es Turquía porque no ha pasado el tiempo suficiente. El líder turco también comenzó más pausado. Las leyes mordaza, el nombramiento de tribunales muy precisos, el mantener en puestos decisivos a profesionales con tan poco crédito como Maza o Catalá y el resto de los reprobados, evidencia inclinaciones peligrosas. Y algunas se están confirmando.

Partidos y políticos que apoyan sin pudor este tinglado son altamente responsables de cuanto ocurre. Sí, el Govern depuesto cometió errores, todo pudo ser diferente y la mayoría la pifió, pero eso no justifica el alarmante retroceso en derechos y libertades que lleva camino de instalarse. Algunos jamás podrán reconducir la imagen que se han forjado. El problema es hasta dónde piensan llegar.

E igual y en nivel similar cabe situar a los medios embarcados en la misma operación de conveniencias. El Banco de España anuncia cataclismos económicos, dicen. Por el procés. La violencia de las cargas policiales que dieron la vuelta al mundo, la intervención de la autonomía catalana y el encarcelamiento de sus miembros electos no debe influir. Raro, si eran las “soluciones”.  Por no hablar del fomento de la huida de las empresas que, en efecto, va a afectar a toda España. Pero son así de inconscientes.

Y la sociedad como elemento esencial. Apoyando castigos impropios del siglo XXI por acciones políticas, mientras amparan la involución democrática, la corrupción y los recortes para su vida y la de sus hijos. La sociedad del “a por ellos”, de los insultos, del embestir y no razonar. La que ha descubierto en sus vísceras un fondo de violencia y xenofobia. Hay una ciudadanía, seguramente más numerosa y más positiva para el conjunto pero se retrae. No completamente consciente del peligro que nos acecha a todos.

 Tiene una cierta lógica, humana. Los agitadores y maniobreros dan miedo. Porque es lo que buscan. No solo miedo, preocupación, tristeza,  desconfianza, espanto… vergüenza. Nos levantamos y nos acostamos con esa losa, cuando sabemos que hay gente que sigue luchando por futuros más limpios y razonables. La pugna existe pero no es la que más se ve, y no deja de crecer. Copan el escenario. Y dan miedo, angustia, desaliento. Y, por encima de todo, francamente, dan asco.

Anuncios

El triunfo de los “A por ellos”

Ninguno de los dos convoyes frenó, aceleraron. Desde el Parlament se aprueba declarar la República Independiente catalana. Por solo 70 votos a favor. Con los huecos dejados en el hemiciclo por el bloque españolista y en un proceso dramáticamente agónico, sin posibilidad de salvación. Los medios se quedan sin habla. Se han atrevido. Aunque fuera un tirarse por la ventana, al río ya, de perdidos. La escenografía del Parlament, de las votaciones, el hecho insólito, impacta. Se enmudece menos al ver el otro bólido que parte desde la Cámara Baja de las Cortes: se lanza el artículo 155 en duro. Los senadores del PP aplauden como si hubieran ganado la guerra. Un minuto y veinte segundos de júbilo y reconocimiento a su caudillo.  La sangre vertida en la contienda, la que está por venir y el estiércol podrido del campo escenario no es sustento de vida.

Todos se mantienen en pie todavía. Muy lejos de rendirse, en realidad. Con las posturas cada vez más enfrentadas, más enconadas. Catalunya esgrime los dos millones de ciudadanos que pedían derecho a decidir y no van a evaporarse. A quienes quieren independencia total y a quienes no la desean ni en sueños. Rajoy, como presidente de la Generalitat de facto, ha anunciado elecciones inmediatas y la disolución del Parlament en consecuencia. “He decidido”, “he disuelto”, ha dicho. Serán el 21 de Diciembre. El presidente ha comparecido tras el consejo de ministros que ha cesado a Puigdemont, todo el Govern, el Mayor de los Mossos  y el director general de la policía autonómica entre otros cargos.  Después ha delegado en la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría el control y dirección del gobierno catalán.

Rajoy atribuye todas las culpas a Puigdemont. Como los grandes medios y periodistas. Dice que “estamos ante una violación palmaria de las leyes, y esto tiene consecuencias”. No políticas y veremos si judiciales para un partido imputado por corrupción con acusaciones tan graves de la fiscal como que “está plena y abrumadoramente” probado que el PP se financió con una caja B procedente de la corrupción de Gürtel. Quienes creen que no toca hablar de esto, se equivocan: toca, está relacionado. El presidente afirma también que “este proceso ha servido para desenmascarar mentiras” y en eso no se puede estar más de acuerdo. Cayeron todas las caretas y todos los disfraces, para mostrarnos la descarnada verdad que vivimos.

La irracionalidad e irresponsabilidad abordando conflictos reales y serios. Se han elegido las peores armas: la fuerza, embestir, aplastar. Pocos países más dados al enfrentamiento entre compatriotas, lo recordaba un comentario en otro artículo anterior. Grandes dosis de desarrollo se han perdido por esta causa. No hay más, se ha dicho todo. Cada cual ha elegido bando y arma. Compañeros de viaje, ataques y defensas. Vendas para las heridas o para tapar los ojos. La razón sigue en la retaguardia en buena parte.

Es curioso cómo acude a la mente el lenguaje bélico al abordar el tema catalán y los problemas de mayor envergadura aún –sí-  que se están enmascarando. Las pasiones están haciendo perder significado a palabras rotundas que ya no pueden albergar lo que sentimos. Todo es fascismo y su contenido se devalúa. Golpismo también se usa a discreción y no en sus acepciones correctas. Verdad y mentira son otras señaladas víctimas de este procedimiento. Todo depende de la óptica con la que se mira.

El reparto de responsabilidades no es simétrico, igual nunca lo es a pesar de cómo se piden a gritos equidistancias. Están ganando los “A por ellos”, probablemente por su número muy superior, por su cohesión ensamblada en diferentes intereses o presiones, por sus apoyos poderosos. Lo hemos llamado de varias formas. En mi caso, el Régimen del 78 atrincherado, los que se autodenominan constitucionalistas a pesar de aquello del 135. Coincidimos en la composición: bipartidismo extendido, con la Corona, los poderes económicos, parte de la judicatura y empresas de comunicación convencionales. Frente a ellos más que independentismo, incluso en Catalunya, es lo que se opone a su poder hermético y resistente al mínimo cambio o evolución. Otros han querido ver la guerra contra aquella sociedad indignada que emergió el 15M.

Y en su lugar tenemos ese resurgir de un nacionalismo español que, como todos, no puede ser más simbólico, banderas ondeantes, sentimientos de aglutinación per se. Como todos. Europa se fue al traste,  el mundo, por otro período de parapetarse en fronteras y soñar con expansionismos imperiales que culminaría en la II Guerra Mundial. Los “oe”, previamente abandonados, andan aupando ahora gobiernos de ultraderecha populista, demagoga para entendernos, en la UE y ya tienen colocado a su Trump en Estados Unidos. Se desgañitan destacados republicanos por los niveles de degradación y mal gusto a los que el presidente ha llevado a la Casa Blanca. Una encuesta entre oficiales del ejército, del ejército, repito, considera que es desfavorable a los intereses norteamericanos. Pero gran parte de sus votantes le siguen ciegos todavía y, por su Trump, “matan”. La realidad no importa ya, ha sido sustituida por lo que se siente o se cree.

Resaltaba Ignacio Escolar que los partidarios de la mano dura, los “a por ellos” españoles, son votantes del PP, de Ciudadanos, y también en parte del PSOE. De ahí su apoyo al “indecente” Rajoy  como le llamó Pedro Sánchez. Algo ven también en Podemos, según opinaba el director de eldiarioes, que se ha reflejado en comentarios de Bescansa o Espinar  sobre la idea de España. El triunfo de este sector, tan visceral, de la sociedad lleva a reflexiones preocupantes.  Su concepto de patria es muy particular.

Según el equidistante Aristóteles la oclocracia es la degeneración de la democracia. Y estamos hablando ahora de oclocracia. Basada en xenofobia, además. Los catalanes despiertan un odio desmedido y furibundo en numerosos ciudadanos del resto de España. Solo quieren victoria sobre ellos con humillación, de ahí los aplausos de sus representantes más precisos: los senadores del PP.  Ése no es sustrato democrático para que crezca nada. Sano.

Los datos del futuro inmediato condicionan un presente demoledor. Catalunya intervenida. Rajoy, dotado de poder absoluto, triunfante bajo el amparo de la legalidad de la Gürtel. Con su abandono de los desfavorecidos. El PSOE dándole apoyo imprescindible en su andadura, su autoritarismo incluido. Rajoy ha hundido al PSOE de Pedro Sánchez dicen hasta informadores progresistas. A cierta edad, más allá de 16 años, las responsabilidades de los actos son plenas. Nadie ha obligado a Sánchez a cargar con este conglomerado. Hace tiempo que está muy clara su ubicación y sus intereses, por mucho que le duela a la izquierda nostálgica. Ciudadanos nació para eso. Unidos Podemos anda un tanto desmarcado y desdibujado en un momento crucial.

Lo cierto es que poco queda por hacer. Son errores históricos que nos van a diezmar a todos. Peor que lo malo visto, es lo pésimo por llegar. Varios voceros del grupo reivindican ese nacionalismo español de Manolo Escobar, su carro y su romería, y el cantar de vivas que siempre se oye así pasen los años como si fuera El Mesías de Händel. Tenían que plantar cara a La Estaca de Llach, con un desconocimiento abyecto de nuestra historia y cultura.

La intervención de Cataluyna sí es volver 40 años atrás, o más. El desprestigio que se han labrado los ejecutores intensifica la impresión. El triunfo de los embestidores nos involuciona a todos. No sueñen con gobiernos de izquierda, ni de centro izquierda. Piensen más en libertades constreñidas. Y en riesgos para ejercerlas. Pudo ser de otra manera y no fue. Por intereses. Puede ser de otra manera y parece que no lo será. Al menos hasta que los jóvenes con trabajos precarios o emigrados, los descartados de cualquier edad, o los ancianos de pensiones menguantes, miren la realidad bajo los discursos caducos.

Bajémonos del carro y la peineta de una vez, y busquemos los caminos en los que durante décadas, siglos, se perdieron las buenas intenciones, conquistados una y otra vez por los demonios. Los del poeta Gil de Biedma por ejemplo. Si siempre, de todas las historias de la historia, la de España acaba mal es, porque extenuado de luchar contra ellos, el pueblo termina encargándoles el gobierno y la administración de su pobreza. O acudan a otro poeta, Salvador Espriu, el que siempre se quiso ir a nortes  mucho más arriba y más racionales. Superadas las recriminaciones de los hermanos de la congregación, se quedó, porque al final nos tira esto.

Acudan a quien sea, pero no a manipuladores y aprovechados, mediocres de medio pelo. A quien eleve algo el espíritu y nos haga creer en futuros mejores que esta desolación de hoy.

*Publicado en eldiarioes

Un país de carceleros y censores

Vivo en un país en el que miles, millones de personas optan por el golpe y la mordaza en la resolución de conflictos. O cierran los ojos para no verlo.  Un país de carceleros y censores para castigar a ciudadanos como ellos, más pacíficos, solo por no compartir sus ideas. El aplastamiento como medida de diálogo. La mirada de embudo como norma. Porque no cuela esgrimir la ley como argumento cuando se vive en un país en el que miles, millones de personas, votan corrupto y apoyan corrupto, o siguen mirando para otro lado cuando la corrupción les sube hasta la boca.

Todos los argumentos parecen sobrar ya, todos se han dicho, y cada cuál escoge el que quiere creer. Incluso el que le sirve para justificarse. Solo queda apelar a la razón de los sentimientos y a la razón de los valores. Las heridas abiertas no se van a curar en mucho tiempo, si lo hacen. Brechas profundas que duelen. Tenemos el corazón roto. No como quienes sacan partido del mayor de los quebrantos. Los que “no querían hacer”, pero han hecho. Los que tiran la piedra, esconden la mano, y ponen expresión de correctos. Un dolor que alcanza a todo sufrimiento, a los temores extendidos en una población indefensa que teme al futuro.

La torpeza de la sinrazón. En la economía también. Quienes alientan la marcha de empresas de Catalunya, deberían saber que afecta a España entera. Y que los grandes patriotas de la priorización del dinero se irán a otro país si vienen mal dadas. Quedarán aquí sosteniendo el bastión quienes se muestran incapaces de sacar conclusiones de los hechos que se muestran diáfanos. En una secuencia clara y rotunda.

El artículo 155 aprobado por el Gobierno y consensuado con PSOE y Ciudadanos, ofrece dudas jurídicas suficientes como para ser tenidas en cuenta. Un buen resumen es el de Joaquín Urías, ex-letrado del Tribunal Constitucional, que cuestiona las principales medidas que se prevén.  Considera que la opción adoptada por Rajoy puede ser “una carta blanca para usurpar las competencias de cualquier comunidad autónoma con la que discrepe”. De hecho ya llegan nada sutiles amenazas al País Vasco, por las críticas del presidente Urkullu. A Castilla-La Mancha y a Navarra.

Sumemos la comisión del Senado que concretará las medidas. Con personajes tan ejemplares como Arenas, García Albiol, Imbroda o el propio García-Escudero mentado en los Papeles de Bárcenas y declarante como testigo en la Gürtel.  El Gobierno, además, trata de evitar que las medidas más duras se debatan en el Congreso donde tiene oposición molesta. De acuerdo con el PSOE,  han prescindido en el debate de los presidentes autonómicos.  El ministro portavoz Méndez de Vigo no excluye la aplicación de la violencia para imponer lo acordado, mientras reedita la  Formación del Espíritu Nacional en los colegios.  El de Exteriores, Dastis, tras hacer el ridículo en la BBC, emprende gira internacional para convencer de la versión del Gobierno. El reprobado fiscal del Estado piensa en detener a Puigdemont, y el reprobado ministro de Justicia, dice que ya no basta con convocar elecciones desde Catalunya. El 155 ha partido ya. El esperpento también.

Todo lo secunda el PSOE. Sin su participación no se otorgaría Rajoy poder absolutoen Catalunya. Ahora es un sí a Rajoy, y se apoya  al “no decente”. Hemerotecas llenas de cambios de opinión del secretario general del PSOE para terminar siendo cooperador de medidas tan extremadamente autoritarias, este es el punto que más chirría. El PSOE tiene una responsabilidad histórica en los hechos, y algunos socialistas se lo plantean. Inés Arrimadas, de Ciudadanos entretanto, se postula para presidenta de un Gobierno de concentración por el artículo duodeno, en este caso.

El bloque del 155 cuenta con el apoyo de Europa. La UE que mantiene a Grecia sometida y expoliada por los ominosos sucesos de 2015, cómo va a aplaudir que se abra el melón de las independencias. Con Antonio Tajani a quien se trajeron para recibir el inmerecido Premio Princesa de Asturias de la Concordia a esa UE que deja morir a cientos de refugiados, y para politizar el acto. El cofundador de Forza Italia con Berlusconi sabe de cambiar y usar las leyes, no cabe duda.

Y los medios.  Gonzalo Boye explicaba que la toma de la radio y televisión catalanas solo responde al autoritarismo de Rajoy, no figura en el artículo 155. La toma de las comunicaciones figura en otros manuales, de hecho. Y es una pura obscenidad que los autores de la descomposición de RTVE argumenten que, en sus manos, darán rigor y veracidad a los medios públicos catalanes.

Silencio de las asociaciones de la prensa, de múltiples periodistas que muestran sus retratos completos en las galerías de este desastre, con sus comprensiones y parabienes. Las heridas, insisto, no se curarán en mucho tiempo, puede que nunca.  Y, a la par, las pirañas mediáticas haciendo caja con sus más vomitivos montajes y obsesiones. Vivo en un país en el que decenas, cientos, de ciudadanos se las tragan y las expanden en memes.

Solo la somera enumeración de estos hechos fundamentales da idea de qué se está dilucidando en España. Cuáles son los peligros, cuál la relación entre este recorte de derechos y libertades y las deficiencias que nos atenazan. Corrupción y gestión de abusos. La Fiscalía en sus conclusiones asegura que Gürtel creó “un sistema” para delinquir con ayuda de cargos del PP. Y no pasa nada.  La luz dispara su precio y logra en el inicio de semana el récord del año. A pagar por ricos y pobres. Y la economía “va tan bien” que llegan generaciones perdidas, con pensiones mermadas y trabajos precarios, como explicaba Joaquín Estefanía. Todo cabe bajo la bandera. Todo compensa si se castiga al catalán. Hasta por decir “adeu” y no adiós, exponiendo el torpe y reducido mundo de su ignorancia.

Negros nubarrones en el futuro. Como escribía Suso de ToroEl Estado guiado por el partido de Rajoy y sus dos partidos lacayos. Con un penetrante olor a franquismo, a inmoralidad, a intereses espurios. Todos en el mismo barco, con el Rey que -a diferencia del  jefe del Estado portugués, electo, por ejemplo-, poco parece tener de cercano, dialogante y solidario.  La izquierda tiene reservado el derecho de admisión. Cualquier discrepancia, por el camino que vamos.

Blanes, Girona
Blanes, Girona

“Y si te toca llorar, es mejor frente al mar” cantaba Joan Manuel Serrat en uno de los cortes de su mítico álbum Mediterráneo, de 1971. Inmenso manto de calma para una zozobra que se extiende sin ver el límite. En un montículo de Blanes, Girona, ondea una señera. Algunos ciudadanos suben a mirar más alto. No sé si logran el objetivo. Vivo en un país en el que miles, millones de personas,  prefieren ser utilizados y optan por quienes les quitan el futuro a sus hijos, una vida digna en medios o sus pensiones. Claro que también vivo en un país en el que miles, millones de personas, no valoran seriamente la democracia. Ese lastre secular con el que cargan los demócratas españoles.

El egoísmo como motor de vida se ha exacerbado estos días de incertidumbres y miedos. Vivo en un país con miles, millones de egoísmos unidos por esa bandera de patria. Aunque tantos lo hayan olvidado, aquella canción de Serrat concluía con la sentencia más certera: “ Los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”.

El Régimen del 78 se atrinchera

Sobre el escenario, el Régimen del 78. Protagonistas vivos, herederos, periodistas y estrellas. Parada militar para conmemorar la Fiesta Nacional de España. 12 de Octubre. Día de la Hispanidad. Aniversario del Descubrimiento de América. El Rey aparece durante el desfile con rostro serio, ofendido, enfadado incluso, y así seguirá –según muestran las fotos- en la recepción en el Palacio Real. No ha faltado más que la muerte de un joven piloto que acabó estrellado con el Eurofighter con el que participó en el desfile. Su mujer contemplando la tragedia. Rajoy y Cospedal se van al lugar del accidente. No sin antes pasar por el besamanos o saludo personalizado. Rajoy con el dedo inhiesto que ahora usa mucho. De autoridad.

La Reina Letizia luce “un estilismo de los años 50”, muy apropiado al momento que vivimos. Compartido por otras principales como Cospedal. El de la Reina es de tweed, o sea, lana. Con 30 grados a la sombra en Madrid. Soraya Sáenz de Santamaría, “la supervicepresidenta”, “con esa melena juvenil que le sienta maravillosamente”, dicen las crónicas. Otras, le ven parecido con Jackie Kennedy, los 50 de nuevo. Cifuentes abandona el paraguas con la bandera de España del año pasado para, dado que no llueve, usar una cartera de mano también rojigualda. En cambio, Manuela Carmena, “vestida siempre de ama de llaves de un stately home[casa señorial] a lo Downton Abbey, no lució esa sonrisa que muchos dicen “de barracuda”, continúan las plumas palaciegas.

Estaban todos. En un evento que parecía haberse convertido en acto de desagravio al rey por querer partir España, la España de todos ellos preferentemente. Casi un pleno de presidentes autonómicos. Hubo llamadas para que nadie que importa faltara. No acudió Puigdemont, claro, pero este año ni se reseñó la ausencia presidencial catalana. Felipe González con gafas de sol. Guerra con la mandíbula apretada. Pedro Sánchez entra con José Luis Rodríguez Zapatero. Se han reconciliado. Sánchez se ha reconciliado hasta con Mariano Rajoy. Ha explicado en distintas entrevistas que “ha normalizado” mucho su relación con Rajoy. “Aquí estamos, echando una mano al presidente del Gobierno”.

Este muchacho que cada poco dice una cosa, iba a pedir la dimisión de Rajoy como primera medida al volver a la secretaría general del PSOE, ahora ha descubierto las bondades del líder del PP que deben ser muchas y ocultas dado el magnetismo que produce sobre los notables del país. Mientras el alcalde Valladolid por el PSOE echa abajo una calle dedicada a la premio Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú por haber criticado la represión policial en Barcelona.

Nos relatan que Sánchez camina entre admiraciones del selecto grupo reunido en el Palacio Real.  Ha destronado a Susana Díaz que el año pasado era quien acaparaba los focos. Ahora ya sabe el personal que también tiene “un gran sentido de Estado” al apoyar a Rajoy. Borrell recibe múltiples parabienes, tras su aparición estelar en la Plaza Urquinaona, con García Albiol y Vargas Llosa, defendiendo la unidad de España ante el reto separatista catalán.

Políticos como Trillo o Gallardón, hasta Aguirre estaba. El clero, el Cardenal Rouco Varela a quien Felipe VI le dedicó un especial saludo. Todo el plantel de periodistas conservadores. Lo más relumbrún de la nobleza y los empresarios. 1.500 personas que cuentan. Bipartidismo con un soporte por la derecha, si cabe más a la derecha. Con Albert Rivera que ya actúa de tercer partido en los medios, aunque no lo sea. Con Arrimadas en Barcelona. “Una mujer-bandera, una política-bandera”. “Inés, como María Pineda, tiene empaque de heroína lorquiana y está dispuesta a bordar su vida en la bandera de la Constitución”, leo. Ese rigor, esa implacable dureza gélida, esa insistencia en las elecciones. Todos ellos. Elecciones ya en Catalunya que viene el voto de cara. O no. Se ilegaliza algún partido independentista, por si acaso.  O se pasa. Ya vuelve a hablarse de un Gobierno de concentración con presidente que guste a las élites.

El sol brillaba inmisericorde este 12 de octubre. Un calor exagerado para la época. Parecía reflejarse en las banderas rojigualdas de ventanas y balcones. Más que nunca. Igual que los asistentes al desfile. Más que nunca. Un clamor por la unidad de España, siguen relatando las crónicas palaciegas. La afición a tomar la parte por el todo cuando conviene. Y al mismo tiempo en los medios el relato de la prosperidad presunta, las playas a rebosar, ocupación hotelera al completo. Un clamor en la arena. Todo felicidad. La mayoría silenciosa se reparte donde interese para la imagen. Ésa que unos perversos les quieren aguar.

En la recepción, nos dicen, faltaban Pablo Iglesias y Ada Colau. Pero, añaden, que de alguna manera sí estaban. En las lenguas de la refinada recepción, para despellejarles. ¿No hubo un periodista de la troupe que mandó en su día a la alcaldesa de Barcelona a fregar? Iglesias haría buen papel de mozo de caballerizas. Irene Montero, sin duda de asistenta de la vicepresidenta. Incluso puede contar con el asesoramiento del ama de llaves de casa bien, la magistrada Manuela Carmena. El Régimen del 78 no tolera advenedizos. Aunque nos tenga España hecha un exprimidor de servicios fundamentales que para algunos parecen valer menos que las banderas. Con los ultras desmandados.”Puigdemont, a prisión, Trapero, traidor” y loas a los Reyes Católicos, en Barcelona este 12 de Octubre. Y en este exquisito régimen de libertades, de renovados entendimientos bipartidistas,La mala reputación de George Brassens apenas sin mentarse en las redes por primera vez en décadas. Cualquiera se atreve.

Pero se les van abriendo brechas importantes. El Consejo de Europa se une a las condenas por la violencia policial desplegada por el Gobierno de Rajoy el 1 de Octubre en Barcelona. Algunos medios extranjeros no entienden que ni siquiera haya pedido disculpas, si es que eso resolviera algo.  Como muestra este editorial del británico The Guardian.

Y un mal paso inesperado que ha abierto muchos ojos. El despido del periodista y escritor John Carlin de El País por un artículo publicado en The Times, crítico con el Gobierno y el Rey y titulado “Independencia de Catalunya:  la arrogancia de Madrid  explica este caos”. En este casino, se juega. En España, hay medios que mienten y manipulan. Y censuran. No este, ya les dije. El País, prescindiendo de Carlin, ha hecho ver a periodistas e intelectuales foráneos más que cientos de artículos de denuncia pormenorizados. Incluso reparan en los que callan y otorgan entre sus compañeros. Al menos hasta el próximo despido.

El bipartidismo atrincherado. El que también llenó plazas para ser rechazado y decir con contundencia: no nos representan. Ya no es ni siquiera “la casta”, quizás es la Corte. Y esa vuelta a los 50´ de mano dura, punto en boca, racionamientos de libertades, marcadas clases sociales. Y el paso atrás como norma. La televisión encendida sin sonido, con personajes que actúan, gestos, movimientos, oropeles desplegados en el escenario político. Y, fuera, 46,5 millones de habitantes (repartan mayorías silenciosas y clamores). Con aspiraciones legítimas y derechos que desde las torres de marfil ni se intuyen.

 

1-O: sube la apuesta por la crispación

Faltan 19 días para el 1 de octubre, fecha en la que el Gobierno catalán se propone celebrar un referéndum de independencia contra todas las trabas que pueda oponerle el Gobierno central. Aún 19 días. Asusta pensar qué nos queda por ver, visto lo sucedido hasta ahora. A estas alturas de la contienda, será difícil encontrar quién no tenga su propia opinión formada o formateada. Lo grave es la escalada de tensión a la que se ha llegado, los niveles de ridículo incluso alcanzados, y lo que cabe deducir de las menos explícitas motivaciones de la refriega.

Si notable es la falta de previsión con la que desde la Generalitat se han plantado a las puertas del 1-O, la imagen de urnas requisadas que ordena la Fiscalía es un dislate de gran impacto, local e internacional. Por no hablar de los políticos –de distintos partidos- que apostaron por romperlas, quien sabe si a martillazos. Alarmante en alto grado la supresión por orden del juez de un acto a favor del derecho a decidir en Madrid tras un recurso presentado por el PP. Son signos llamativos, no únicos, de una campaña que ha perdido el horizonte en fondo y formas.

En el imaginario costumbrista de la derecha se encuentra muy arraigada la unidad de España. Lo que no quita para que -española y catalana, vasca y canaria-, la derecha sepa organizar sus prioridades en terrenos de puro pragmatismo. Vean ustedes lo bien que se llevan para mantener en el gobierno a Mariano Rajoy, ha recibido apoyos de todos ellos. Uno de los jóvenes valores del PP, Antonio Casado, nos ha explicado que este grupo son “los buenos”. En el caso de la derecha catalana son “los buenos” en España pero “los malos” en su propio territorio, según se deduce de la elaborada tesis intelectual de este destacado portavoz de los populares.

A la unidad de España se adhieren muchos otros ciudadanos de toda ideología por un atávico sentido de pertenencia. La tierra suele tirar del alma. En naciones completas y por partes. Patrias y banderas han sido la gran coartada para las más cruentas conflagraciones de la historia. Pero que nadie se confunda, el amor a un país, el amor en general, tiene mucho más de entrega, diálogo y compromiso que la guerra a la que estamos asistiendo. Ataques, emboscadas, campos de minas, más que amor sería un mal divorcio, un deseo de amarrar o soltarse por los santos reaños y, por encima de todo, asegurar el reparto de bienes.

Ciertamente, “los buenos” alojan en sus armarios tramas de corrupción como Gürtel, Púnica, Lezo, Acuamed, Nóos, Palma Arena, Baltar, Bárcenas, Brugal –esta era muy vistosa con osos saltando por las basuras-, Emarsa y así hasta 60 por parte del PP. Aquí tienen una reseña bastante rigurosa. Sin olvidar los ERES de Andalucía por parte del PSOE. Los malos de Cataluña, buenos de España, también cuentan con sus casos: Pujol, Liceo, Prenafeta, Palau, ITVs, Madre Superiora, Espías, Novias dicharacheras. Pueden consultar la reseña, algo más somera dada la extensión del territorio.  Por haber ha habido hasta muertos oportunos. En las buenas familias, las familias de “los buenos”, ya saben que resulta poco elegante sacar estos trapos sucios.

Y consecuencias. Políticas para la desigualdad, desprestigio de las instituciones, trampas y dobles varas de medir que anegan los papeles de la legalidad.

Todo estaba perfectamente organizado, lo está, y saltaron los sentimientos nacionalistas arraigados –se quiera o  no-, los agravios que tantos independentistas han forjado, y cambió el escenario.  Soy de quienes piensan que debía haberse celebrado un referéndum como lo hizo Escocia y más a menudo Quebec. Con garantías. Y que habrá de hacerse alguna vez. Pero con Rajoy y esta derecha es imposible. En principio a Artur Mas no le convenía -pensar que es independentista  resulta dudoso- pero la bola había comenzado a rodar.

Ahora la guerra oculta, la de siempre, la de los intereses, la de sentar las gónadas, va en serio.  Ha llegado el momento de las definiciones e indefiniciones significativas. Ante una conflagración de estas características caben dos posturas esenciales: espíritu crítico o la confortable comodidad de estar con “los buenos”.

Se invoca la violencia bajo la sombra de la profecía autocumplida. Desde Juan Luis Cebrián a Victoria Prego. La Caverna mediática oficial les enlaza entusiasmada. “La mirada del mundo no puede ser piadosa ante esa Catalunya de tan dudosa calidad democrática” escribe el director de El País en Catalunya. Rosa Díez invoca las espadas porque las togas solo no sirven. También está en el lado de “los buenos”.  Albert Rivera divulga el discurso de la ultraderecha revisionista para recurrir al bulo del inexistente Golpe del 34 que justificaría para sus adeptos el golpe militar de Franco, los tres años de guerra y los 40 de dictadura. También es de “los buenos”. La crispación crea grandes fervores emocionales en las gradas.

Caminamos sorteando minas por el campo mediático. TV3, la televisión catalana, ha venido emitiendo sin cesar el spot del referéndum que nadie más quiere distribuir. El TSJC le  enviaba al director un extraño comunicado este martes con la resolución del Constitucional  en el que prohíbe al Govern  informar de cuanto pueda posibilitar el referéndum.  Del otro lado, la campaña es masiva. En la refriega general, Forcadell, la presidenta del Parlament, aparece como una maestra con voz de pajarillo que inspira pena. Se resucita a los catalanes como problema. La versión rajoyana del Los catalanes hacen cosas, ahora es hacen cosas raras. Y es que se trata de preservar El legado de Rajoy, como titulaba inicialmente El País. El legado bueno del jefe de “los buenos”.

Y de nuevo este 11 de septiembre centenares de miles de personas salieron a la calle en Barcelona a festejar la Diada. Lo que estos ciudadanos quieren, lo quieren en serio. “Los buenos” andan midiendo el tamaño de la muestra para felicitarse si se desinfla. La sensatez aconsejaría no ponérselos enfrente, pero la racionalidad se lleva poco.

El campo de batalla tras el 1 de octubre va a dejar víctimas varias y prestigios hechos jirones. Y quedan más de dos semanas de fuego masivo.

Otro 11 de Septiembre

Otro 11 de Septiembre. Es la tercera entrada del blog con el mismo título y casi idéntico texto. Lo escribí en 2010. Después de grandes cambios personales como lo fue el ERE de TVE en donde trabajaba y muy a gusto. Antes de la indignación, de querer y lograr reinventarme y empezar otra vez. Antes de los libros que ahí siguen como cimientos, antes de Eldiario.es, neófita entonces en un Twitter más confortable. Antes de tocar el cambio con la mano, de ayudar en el empeño, antes también del desencanto.  Pero mi 11 de septiembre -y al final parece que somos muchos quienes tenemos el nuestro- era y es así, como lo publiqué la primera vez en 2010:

Uno atraviesa los años deteniéndose apenas en el día en el que nació y en los que lo hicieron los seres queridos, o en los que aquellos murieron. Encuentros, despedidas, compromisos señalados. Y pasan los años sin saber cuál será la fecha en la que otros te recordarán porque te fuiste. Un día cualquiera para ti hasta entonces, por el que pasaste decenas de veces sin reparar en él. Uno atraviesa los días sin saber que algunos se fijarán de forma indeleble.

Probablemente el 11 de Septiembre sea para mí un signo imborrable en el calendario. El primero fue el de Chile en 1973. Amanecía un futuro a estrenar con grandes destellos de promesas. Los libros de la Universidad me detuvieron en el caos que padecía América Latina. Bolivia, Panamá, Uruguay, Argentina en ciernes, Cuba siempre, vivían en dictaduras, igual que España. En el resto, la democracia era muy precaria. Había preguntado un día en clase de COU sobre el diferente destino de los conquistados del norte y del sur del continente. “A los del norte los mataron a todos”, comprendí. A los del sur les robamos y les dejamos genes, cultura y escala de valores. Chile era la esperanza: el socialista Salvador Allende y sus reformas… imposibles. Duele amanecer con la esperanza rota por los tiros que cercenan los sueños. Un botarate –como suelen serlo todos los golpistas- acabó con ellos. Vivimos apasionadamente la peripecia, el final de toda confianza en una solución. Los muertos, los torturados, los despojados, los desaparecidos. Las manos cortadas del asesinado Víctor Jara solo porque cantaba con candente ingenuidad. Al amor explotado de Amanda, contra el vecino dictador de Guatemala, Rios Montt, por la paradoja mil y ciento repetida: “Mi padre fue peón de hacienda, y yo un revolucionario, mis hijos pusieron tienda, y mi nieto es funcionario”. El dolor mortal de Pablo Neruda que me había descubierto que cualquier noche se pueden escribir… los versos más tristes. Como querer fuera del amor.

Un 11 de Septiembre, Cataluña comenzó a volver a celebrar su Diada nacional.  Y recordé que los aragoneses lo veíamos como un agravio comparativo. Los sentimientos nacionalistas son muy atávicos. Todos. Para mí ya no, en un mundo global. De hecho la Europa sin fronteras, no deja de levantarlas como cerrojos y los siento en el alma. Esto es lo que más ha cambiado 7 años después. En 2013, añadí cómo los catalanes se disponían a celebrar una Diada decisiva con el independentismo por bandera y con el nacionalismo español enfrente. Se han mezclado tantos intereses, tan burda guerra sucia, que se ha creado un callejón sin salida. La política y la lógica se desdibujan a la sombra de dineros y poder.  Ojalá logren festejarlo los catalanes sin zancadillas.

Otro 11 de Septiembre, en 2001, presenciamos en directo por televisión como las dos torres del país líder mundial se derrumbaban como si fueran de arena, como en un sueño. Habíamos contemplado, desde su restaurante en la cumbre, el Empire State, maravillados por el esplendoroso Nueva York que se abría a los pies,  osada y vibrante línea del cielo, paisaje urbano del siglo XX. Y de las enhiestas torres soberanas ya no quedaba nada. Ni los muertos que nunca vimos. Y algunos supimos que venían malos tiempos. Ceguera fanática usada como excusa para un cambio social. Merma de derechos civiles, militarismo, ascensión y desborde del capitalismo, la guerra, la tortura, las invasiones que no encuentran lo que dicen buscar porque no es lo que nos cuentan lo que buscan, la trampa financiera que nos ahoga. A mi padre le quedaban exactamente 5 días de vida y ni siquiera llegó a enterarse del acontecimiento que tanto hubiéramos comentado. Desapareció su imprescindible presencia, demostrando que la vida sigue de todos modos.

Un 11 de Septiembre, en 1984, la que murió fue mi madre. Tan pronto. Y, un día, mucho después, conocí sus secretos anhelos, su dolor, sus esperanzas y sus sueños, apenas en signos, a través de unos recortes de periódicos guardados en primorosa carpeta, que hilvanaron mejor los recuerdos. Instalando la certeza de cuánto más debió hablarse. No fuimos tan distintas.

Múltiples sinrazones tiñen este nuevo 11 de Septiembre, dije y digo. El mundo es aún peor. La inacción permite avanzar insanas mareas y campar a sus anchas. Pero el calendario es un convencionalismo. El futuro se llena de doces, treces, catorces y mucho más días, más onces, incluso. Lo vivido sólo sirve para poner el pie, si es en sólido, y utilizarlo de impulso. Para saber desbrozar del camino lo útil de lo fútil.  A través de los 11 de Septiembre componiendo de continuo la Ítaca eterna. Sorber de la vida la felicidad mientras se abre a nuestros pasos, sobre las grandes frustraciones y los dolorosos desgarros. No queda más. Ni menos. La melodía continúa.  Ésta es la que escucho los 11 de Septiembre. “Dame un beso para construir un sueño”.

España, una, disoluta, corrupta y en venta

La tragedia se consumó. Artur Mas, el presidente catalán, firmó su desafío soberanista. Y no solo eso, deja el destino de Cataluña en manos de la movilización callejera, una Lluita de Carrer, emparentada, quién sabe, con la Kale Borroka. Se rompe España, la hora de activar el Estado de Derecho para tumbar al agresor de la unidad patria. El nacionalismo español salta en todo su apogeo. Con las luces del alba del día posterior a la firma del decreto catalán, Rajoy nombra centinela de la bandera nacional, para su custodia y respeto, a Soraya Sáenz de Santamaría.  La vicepresidenta del gobierno lo había dicho bien claro: Todos estamos sujetos a la ley, sin ley no hay democracia. Por eso activamos tan a menudo la máquina de fabricarlas. El PSOE apoya al PP porque, como ya declaró Pedro Sánchez, la deriva soberanista catalana es el principal problema de España. Consejo de ministros extraordinario. Rajoy comparece y cita 16 veces la palabra “ley”. El Tribunal Constitucional suspende la consulta por unanimidad en apenas hora y media. Tras tardar años en otras resoluciones, su politización aguda actual le presta inusitados bríos para dictaminar con la máxima celeridad.

Una España sin fisuras. Una democracia modélica. Un Estado de Derecho para enmarcar. Lo curioso es que acabamos de saber que la prostitución, el juego y las drogas han elevado el PIB español en más de 26.000 millones de euros. No es que se haya producido un súbito aumento de la actividad, sino que el gobierno los ha sacado del armario. Les ha aplicado una amnistía moral, para entendernos. Por necesidades contables.  El Instituto Nacional de Estadística (INE) los computa desde ahora como actividad económica. Se incluyen aquí, por supuesto, el contrabando de drogas, juego ilegal, trata de personas para su explotación sexual, coacciones y lo que haga falta, sexo a cambio de dinero, tal cual.

 Prostitución, juego y drogas, no parece que sea precisamente como los mazapanes y yemas que tan dulcemente elaboran las monjas del Monasterio de Santa Clara. Son actividades en su mayoría ilegales. Todavía. Siempre se puede dictar una ley para limpiarlos, dado que ya se les ha exonerado de culpas en la economía. Tal es así, que los catalanes que se sienten agraviados cuando el feroz ultranacionalismo español les llama hijos de puta, deben pensar que en realidad es un elogio. Y quien dice los catalanes, los antisistema, homosexuales, feminazis o periodistas que odian -de forma sectorial o simultánea- al PP, al PSOE y a los ultraliberales. Están hablando de uno de los sostenes –dicho sin doble intención- del país. Económico, insisto. Menudo dilema tienen ahora jueces y policías: detener a un proxeneta atenta contra el PIB.

 Y luego está “lo otro”. Las cajas B de dinero procedente de donativos de empresas que luego suscriben contratos públicos y la interminable cadena de mangancias que vemos a diario hasta anestesiar a buena parte de los españoles. Todos sujetos a la ley, sin ley no hay democracia. Perocuando recusan al juez que inicia la causa de la Gürtel (Baltasar Garzón) que, casualmente, va a dar con sus huesos fuera de la Audiencia Nacional, es porque les tiene manía. Y borrar los discos duros de los ordenadores de Bárcenas, un puro afán de colaboración con la justicia que no tenga que molestarse en analizarlos.

 Está España tan pringada de corrupción –véase también la Andalucía de los EREs- que los pobres próceres nuestros ya no se aclaran. Oigo a Artur Mas – el enemigo de la unidad de España, precisamente, sí-  decir que él cree no ser corrupto, aunque uno nunca sabe si comete algún error. La mayor parte de los humanos sí notaríamos si le estábamos robando a alguien la cartera, pidiendo comisiones a las empresas a las que por ello favoreceríamos en las contrataciones, evadiendo dinero a los paraísos del ídem y minucias de ese calibre.  Hombre, Artur, estas cosas se notan. Siempre que uno no esté muy ocupado rompiendo España, igual es eso.

 España, una, disoluta, corrupta… y en venta. No, no es un ataque a las esencias patrias, es todo lo contrario: una exaltación de sus nuevos valores. El PP se está puliendo, también, todo nuestro patrimonio público con una presteza que ya querríamos para crear empleo. Todo ha caído bajo la mano demoledora de esta empresa, el PP, tanto en su sede central como en las delegaciones territoriales. Prácticamente todo lo rentable se ha entregado o se quiere entregar a manos privadas, desde piezas fundamentales de la sanidad a RENFE o AENA. Los edificios y patrimonio artístico de valor los venden de saldo. Constatable. Se apea “la bandera de España que ha ocupado un lugar preminente y de máximo honor” en el edificio y se hace caja.

  Fondos de inversión, fondos buitre, grupos organizados norteamericanos, chinos, rusos y venezolanos, han encontrado en España el Edén para llegar, comprar y marchar. Poco patriotismo aquí, la unidad de España se desparrama bien lejos. Y no en las manos más limpias.

 El roto hecho en algunos ayuntamientos es irreparable. La Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, vendió en 2013  1.860 viviendas sociales a Blackstone, un fondo norteamericano. Salían a 51.000 euros, precio que no facilitó a los inquilinos. Ahora, amenazan con desahuciarlos. El urbanismo en la capital ha sido el sigiloso teatro de actuaciones ultraliberales de Botella, saltándose cuanto haya que saltarse. Y no andarán muy lejos otras ciudades en esta España sin ley, pero con tantas normas.

Y, pese a habernos vendido hasta las joyas de la abuela, el PP de Rajoy nos tiene con un billón de euros de deuda pública, en récord histórico absoluto. A devolver a los acreedores. Con intereses.

Este es el modelo de país. Prostitución, juego, drogas, corrupción, pirateo de lo público (por cierto, ¿los obispos no han dicho nada de todo esto?). Y luego la devaluación del trabajo y los derechos de los ciudadanos para intentar cuadrar la caja que pese a todo tiene un agujero inabarcable. La investigación y desarrollo no lo es. En realidad se les combate, dados los recortes que les ha practicado el PP.

 Pero lo importante es la unidad del territorio. A la derecha española y catalana les ha venido a ver un santo con esto de sus nacionalismos. Es tan sensible y manipulable la gente que no piensa o se deja desbordar por las pasiones. Recordemos que todo se generó -uno de los principios de la historia al menos- cuando Artur Mas fue a ver a Rajoy a pedirle un pacto fiscal. A Mariano se le arqueó el ojo del tick, henchido de emoción, y dijo No. Y ambos siguieron engordando la madeja.  ¿Movilización callejera? Decenas de miles de ciudadanos catalanes se manifestaron al margen de los políticos. Una y otra vez. No fueron manipulados, tanto como ahora quieren utilizarlos.

¿Caerá todo el peso de la ley que toque por decir que miles de personas necesitamos independizarnos de toda esta basura? «Cuanto más corrupto es el Estado, más numerosas son las leyes», decía el gran historiador Tácito de la Antigua Roma.

Manifiesto del ultranacionalismo español

España es hoy un Estado a la defensiva y en sus élites prevalecen el tacticismo y la resignación”. Este texto pertenece a un manifiesto firmado por un grupo que se autodenomina “Libres e iguales” y que los medios dicen compuesto por intelectuales, periodistas y políticos y ex políticos. “España vive un momento crítico” se titula.

¿De qué hablan? ¿De los recortes y repagos sufridos por la sociedad española? ¿Del aumento brutal de las desigualdades? ¿De la desnutrición infantil? ¿Del éxodo de jóvenes y mayores porque aquí no encuentran trabajo? ¿De la Reforma Laboral perpetrada por el PP que ha convertido la mano de obra española en un saldo competitivo con la del explotado Tercer Mundo? ¿De los desahucios? ¿De la cultura cercenada y pisoteada? ¿De la investigación desmantelada? ¿De la ley mordaza y todas las que están cortando las libertades de los españoles? ¿De la corrupción que enfanga a este país arruinando su futuro?

No, ni mucho menos. Veamos, dicen que “Hasta ahora el desafío secesionista no ha recibido la respuesta que merece”. Y la que merece es la mano duro del gobierno. “Reclamamos al Estado que aplique toda la ley y advierta con claridad de las consecuencias de violarla. Ninguna infracción debe quedar impune y ninguna sentencia puede ser desacatada”.  Manda narices (por no hablar de otras partes de la anatomía menos publicables) los “intelectuales”.

Las razones de su irritación las explican muy bien:

El nacionalismo antepone la identidad a la ciudadanía, los derechos míticos de un territorio a los derechos fundamentales de las personas, el egoísmo a la solidaridad. Desprecia el pluralismo social y político, y cuando trata de establecer fronteras interiores arrincona como extranjeros en su propio país a un abrumador número de ciudadanos”.

Sí, se puede aplicar perfectamente y muy en particular al nacionalismo español, mil veces triunfante en esta desgraciada tierra. El que impuso, también a la fuerza (que los catalanes lo que quieren es un referéndum), el “Una, grande y libre”. Los “libres e iguales”parecen haber recordado aquellas bonitas palabras para elegir nombre.

Y ahí tenemos al peruano de nacimiento Mario Vargas Llosa que no consiguió la presidencia de su país y está muy empeñado en imponer sus tesis donde pueda, cada vez con expresión más avinagrada. Al hijo de Suárez que no encuentra su lugar, el pobre no puede ser ni político ni duque, ni parecerse a papá. Leguina que tampoco. A Fidalgo, ya poco le queda por probar, meterse en un coro de lagarteranas (de derechas, por supuesto).  Y los Boadella, Garci y demás, pues ya se sabe cómo son.

Merece la pena detenerse en la lista, no tiene desperdicio. En el conjunto, auténticas joyas de la ultraderecha, con otros cuya firma me ha sorprendido. El País cuenta que al final llegó corriendo Irene Lozano -la que pasa por ser una UPyD  algo más presentable que sus colegas- para hacerse también la foto y posar con tan brillante compañía. Pero se ve que no se enteró a tiempo para firmar y no le dejaron. Las “intelectualas” del grupo son pocas. Encabeza una destacada miembro de FAES.

Cayetana Álvarez de Toledo, historiadora • Ramón Arcusa, músico • Eduardo Arroyo, pintor • Aurelio Arteta, filósofo • Isabel Azcárate, abogada • Félix de Azúa, escritor • Carlos Belmonte, neurocientífico •  Isabel Benjumea, empresaria • Roberto Blanco Valdés, jurista • Albert Boadella, dramaturgo • Juan Bonilla, escritor • Jorge Bustos, periodista • Dolors Caminal, pintora • Jacobo Elosua, economista • Arcadi Espada, periodista • Carlos Falcó, empresario • José María Fidalgo, médico • Alfonso Galindo, filósofo • José Luis Garci, cineasta • Ricardo García Cárcel, historiador • Pedro García Montalvo, escritor • Daniel Gascón, escritor • David Gistau, periodista • Ramón González Ferriz, ensayista • Andrés González López, economista • Santiago González, periodista • Carlos Herrera, periodista • Felipe Hernández Cava, guionista •  Carmen Iglesias, historiadora • Federico Jiménez Losantos, periodista • Jon Juaristi, escritor • Carmen Ladrón de Guevara, abogada • José María Larrea, empresario • Joaquín Leguina, economista • Teodoro León Gross, filósofo y periodista • Abelardo Linares, poeta y editor • José María Martín Patino, sacerdote • Jorge Martínez Reverte, escritor • Rocío Orsi Portalo, filósofa • Félix Ovejero, economista • Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo • Xavier Pericay, escritor• Miguel Ángel Quintana Paz, filósofo • Nicolás Redondo Terreros, jurista • Javier Reverte, escritor • Ramón Rodríguez, filósofo • Javier Rupérez, diplomático • Óscar Sánchez Alonso, periodista •Fernando Sánchez Dragó, escritor • Eloy Sánchez Rosillo, poeta • Fernando Santiago, periodista • Fernando Savater, filósofo • Felipe Serrano, economista • Juan José Solozábal, jurista • Adolfo Suárez Illana, abogado • Hermann Tertsch, periodista • Gabriel Tortella, historiador y economista • Andrés Trapiello, escritor • Enrique Ujaldón, filósofo • Mario Vargas Llosa, escritor.

Como personas informadas –se les supone a algunos al menos- saben lo poco que le interesa a Artur Mas la independencia. Grandes empresas catalanas se oponen a ella y eso es palabra de rey para un partido como el de los convergentes. Todo esto viene -conviene recordarlo- por un pique entre los dos presidentes al poco de llegar el PP a la Moncloa. Más quería Pacto Fiscal, Rajoy dijo que no, y será muy probable que al final se quede en eso: en un Pacto Fiscal.

Rajoy se ha beneficiado electoralmente de la trifulca que en gran medida provocó, porque ultranacionalistas españoles hay unos cuantos. Mas ha perdido, en cambio, apoyos a favor de ERC. Los medios oficiales han gastado buena tinta alimentando el invento y algún euro habrán ganado que no palia su ruina. Lástima de los sentimientos reales de muchos catalanes. La última palabra no está escrita, ni puede que la escriban los políticos. Salvo que hagan caso a esta tropa y les manden la Brunete. Su lenguaje amenazador  es lo opuesto a la conciliación. Ay, si se emplearan con esa contundencia ante los atropellos que está sufriendo la sociedad. Pero es que no los ven. Afirman, por el contrario,  al final que al parecer ésta es «la época más justa y fértil de la historia de España».

A mí los nacionalismos me parecen un tanto pazguatos en general y sin duda muy limitantes pero es una opinión muy personal y entiendo que haya otras. Además tengo la manía de no odiar al diferente, hasta siento debilidad por la diferencia, por la diversidad. y ésa suele ser condición indispensable para ser nacionalista de pro. Pero si son tan peligrosos, la experiencia nos demuestra que el español, el nacionalismo ultra español, es de echarse a temblar.  Ya sabéis: Una, grande y libre. Impuesta a sangre si lo consideran preciso.

 

Firmantes del manifiesto pidiendo mano dura contra el nacionalismo catalán

Firmantes del manifiesto pidiendo mano dura contra el nacionalismo catalán

Ciudadanos en la cazuela, pollos en microondas

Cataluña acaba de vivir la Diada más apasionada de su historia. La manifestación en Barcelona más masiva también, con una afluencia superior incluso a las contrarias a la guerra de Irak que ostentaban hasta ahora el récord. Una suma de factores ha confluido para el estallido de un hartazgo supremo. Y que lleva visos de acrecentarse por la ceguera redoblada que se obstina en sus múltiples errores. Solo Rajoy podía decir que no estábamos para “líos” en la víspera de la Diada, y solo la derecha española enfocar lo sucedido en Barcelona como lo está haciendo.

Cataluña lleva treinta años –dicen sus informes- pagando a las arcas del Estado más de lo que recibe. Concretamente en el último año estudiado (2009), aportó el 19,4% de los ingresos de la Administración central (incluyendo la Seguridad Social), y recibió, de media, el 14%. Estima la Generalitat que el desfase fiscal es de 16.409 millones de euros. Han pedido al Estado un rescate de 5.000.

Sin duda, vivir en comunidad con otras regiones españolas, aporta más y diferentes beneficios no cuantificados. Como les sucede a todas, por cierto. Pero el independentismo tiene en esa diferencia fiscal un buen gancho. Otro fundamental el exacerbado anticatalanismo de buena parte del resto de España. Es el colmo pretender mantener esa idílica “unidad de España” a base de insultar reiteradamente a una de sus partes.

Ahora bien, en ese saco ha pescado a discreción la coalición gobernante en Cataluña, Convergencia i Unió (CiU). Los recortes aplicados en sanidad, por ejemplo, del que podéis encontrar amplísimo testimonio en el blog de Àngels Martinez Castells, no son nada inocentes. Existen denuncias de cómo benefician a empresas privadas –con grave detrimento de la salud de los catalanes-, y las vinculaciones profesionales, incluso de consejeros, que no se consideran incompatibilidades, hieden. No hablemos ya de su hipocresía al votar a favor en el Congreso español, al lado de lo más casposo del  “Estado opresor”.

La CiU de Artur Mas y del inefable Duran i Lleida aplica una política neoliberal de manual y, como en España toda, está llevando a la ruina a la sociedad a la que –aunque lo olvide- representa. Y sin embargo CiU va a ser la gran beneficiada de la indignación, de los errores reiterados del PP de Rajoy y de todos sus predecesores. Del españolismo mediático y social.

Holanda vota hoy. Con el mismo espíritu de pensar que las uniones con otros pueblos les sobran si tienen que pagar más. Imprescindible este artículo de Ramón Lobo para saber qué ingredientes hierven en la amplia cazuela en la que se cuece también nuestro terruño.

Una Europa en crisis, una España en crisis, con un presunto periodismo que lleva (entre otros) a la televisión pública, RTVE, a incluir en quinto lugar la masiva manifestación de Barcelona y a no dar digamos información hasta el minuto 20. Coincidió con ABC que la situó en séptimo lugar en su web. Era portada en el mundo entero. Una Cataluña inflamada de pasión… a la que dan ganas de emigrar en cuanto solventen el problemilla de CiU, lo que no lleva trazas de suceder sino todo lo contrario.

 El PP y CiU siguen dando el tajo aquí y allá, con una prepotencia inigualable. Con derivas antidemocráticas como no dejan de mostrar Cospedal o Aguirre. Ésta última quiere cargarse las autonomías para mantener solo, al parecer, la capacidad de manejo de cuentas y decisiones para sus fines y las fuerzas de orden público para imponerlas, si hubiera contestación.

¿Las autonomías han causado nuestros males? Ha habido muchos errores subsanables y pocos pueden tirar la primera piedra –Cospedal y Aguirre, no hablemos ya de Camps, desde luego que no-. Pero en manos de ineptos en el gobierno central, controlados por la UE neoliberal, muchas cosas se resuelven mejor desde cerca. “Islandia no puede ser un ejemplo porque solo son 300.000 personas”, dicen. Igual, en España, las autonomías son el camino, despojadas de quien no trabaja para la sociedad. Ésa que, como la catalana ayer, se hizo oír por ella misma. Y saltó de la cazuela.

En definitiva todos somos pollos, y, desplumados, iguales. Incluyo una genial viñeta a pesar de sus faltas de ortografía porque no puede ser más gráfica.

Cataluña aspira la caspa

Manel Fontdevila en Público

 

 Como con el fútbol, sobre las corridas de toros, todos tenemos opinión. Son asuntos que exigen poco esfuerzo de conocimiento y que provocan pasión, cóctel mágico que nos hace sentirnos vivos. Dado que todavía no he visto a un defensa colgado por los pies, ni a un portero banderilleado, ni el balón –hoy llamado “pelota”- suele dejar sin algún ojo a los espectadores, estimo que hay razones objetivas en el asunto de prohibir los toros.   

Siento una profunda envidia de Cataluña. Allí es posible que el Parlamento debata leyes promovidas por la iniciativa ciudadana. Y se oyen argumentos a favor y en contra –en lugar de insultos en busca de adeptos-, y los partidos dan libertad de voto a sus diputados. Cierto que seguramente lo consideran un tema menor, pero ver a los políticos evadirse de la férrea disciplina de partido  y utilizar su propio criterio me parece un avance. Un ejemplo a seguir. En Madrid, la “fiesta” ha sido declarada de interés público manu militari. Y aquél que se cantea sin babear al jefe (o a la jefa) –que le colocará o mantendrá en el puesto- termina por dejar su dignidad debajo de la cama.   

Sucede que yo quiero sentirme orgullosa de España. Es un sentimiento atávico e incomprensible que te liga a la tierra donde has nacido.  A veces lo hago. Pero quiero más. Si me ha alegrado profundamente la decisión de Cataluña es porque me avergüenzo de un pueblo que disfruta con la tortura a un animal. Conozco todos los argumentos que alaban el espectáculo, la estética, la muerte digna, el negocio, las dehesas, el arte, nada justifica gozar con el sufrimiento de un ser vivo. El día que los mataderos de vacas, corderos, pollos… pongan gradas para asistir a una lenta ceremonia de despiece y desangrado, agonía y muerte, consideraré que es lo mismo torear en una plaza que comer carne.   

Y desde luego me niego a aceptar que las corridas de toros sean “la fiesta nacional”. Las siguen un 30% de la población, quizás el mismo de siempre. La tortura y la sangre, el macho que doblega, no pueden ser la fiesta por antonomasia de un país europeo del Siglo XXI. Y no lo es. Porque lo conozco bien –me despedí prácticamente de Informe Semanal con un reportaje sobre el toro a mi iniciativa-, constato que todo el mediterráneo vivió en la antigüedad esa terrible mezcla de amor, odio, envidia, dominación… al toro, y que el desarrollo les llevó a suprimir algunas “tradiciones”, como ésa. También fue “tradición” la tortura de los seres humanos o las peleas de gladiadores en el Coliseo de Roma.   

La caspa se ha revuelto sin embargo. Los díscolos catalanes atacan sus cimientos. El mismo PP que promovió la prohibición en Canarias –porque allí les importaban un pito los toros-, se rasga las vestiduras. El hecho más grave desde la transición. No prohibamos los toros, sino los derechos de las mujeres. Mezclemos –todos- churras con merinas.   

Al pobre bravo toro de lidia, ni le dejan copular con las vacas, para que llegue virgen al sacrificio y nada le altere, ni un recuerdo. Así me lo aseguraron los hermanos Miura, nada menos. Es uno de los animales más obtusos y cortos que se conocen. Un hombre le tortura en la plaza vitoreado por la muchedumbre. Se juega la vida. Por el arte. Por dinero.  ¿Ése es nuestro símbolo? Bien de interés cultural en Madrid, la patria de los castizos, Saturno goyesco que se alimenta de sí mismo y no deja crecer ideas nuevas.   

   

Visto en este blog

A %d blogueros les gusta esto: