Déjenme que les cuente algo importante sobre los Reyes Magos

Les confieso que tengo buena mano con los Reyes Magos. Aposté por ellos desde la lógica y eso los seres de ficción lo agradecen doblemente. Ese día en el que –ya en el colegio- el rumor se hace insistente y asegura que “los reyes magos son los padres”, opuse que yo creía que no. Mi argumento fundamental era que no había dinero en casa para tal gasto año tras año, incluso para traerme regalos que ni siquiera había pedido. Así que unas navidades mis progenitores terminaron confesando. Una de las primeras sorpresas poco agradables de la vida.

Ni sé cómo logran ahora los niños engullir tanta cabalgata diferente y simultánea, tanta imagen en la tele de mayores comprando juguetes, sin hacer la mínima deducción. La mayoría vienen muy espabilados. Sin contar la afición de esta serie de señores –desde Santa Claus a Melchor, Gaspar y Baltasar, más sus pajes- a entrar por las ventanas de las casas en plena noche tal como están las cosas. Y para dejar regalos, no para saquearlas. No me negarán que estos contrasentidos chirrían mucho. Igual viene de ahí la tolerancia al robo de lo público en España, eclipsado por los envoltorios de colores de unos presentes que en realidad han sido pagados por los obsequiados.

La fiesta del 6 de enero viene siendo un campo de batalla desde que en algunos ayuntamientos se impusieran mayorías progresistas. Hubo unos cuantos millones de ciudadanos que quisieron probar gestores diferentes a los que lo hacían siempre. En Madrid, eligieron a Manuela Carmena, un cambio drástico respecto a Ana Botella, la que vendió viviendas sociales a fondos buitre y se gastó un pastizal en intentar que los deportistas olímpicos viniesen, básicamente, a tomar una relaxing cup of coffee en la Plaza Mayor, por no entrar en más detalles. A Carmena ya se lo dijeron: “no se lo perdonarían jamás”. ¿Los trajes de la cabalgata? No, cualquier cosa que hiciera.

Mi experiencia, como la de muchos de ustedes, constata que los Reyes Magos son poco exactos al cumplir los pedidos que reciben: eligen algunos de la lista y añaden otros que igual estaban de oferta. Sea como sea, conviene ser precisos y razonables en describir lo que se quiere. Para entendernos: “la paz del mundo” no se puede pedir. Se trata de buscar cimientos o caminos que conduzcan a nuestros objetivos. Lo de enseñar a pescar en lugar de dar un par de peces, que era bien sensato. Vean que me estoy aproximando a las tradiciones tan de moda en esta España del siglo XXI que no lo parece. Precisamente, sería deseable que –repartiendo el presupuesto- hubiera dos cabalgatas. Una, con Reyes Magos vestidos de turcos medievales, hombres los tres, uno de ellos negro aunque pintado con betún, acompañados de personajes bíblicos como Darth Vader y Bob Esponja. Y otra cabalgata para personas normales que les preocupen problemas reales a los que buscan soluciones reales y  una felicidad, siquiera bienestar, no basada en aplastar a alguien. Ya tenemos pues una petición. Seguirían armando gresca, pero al menos se verían más claras sus motivaciones.

El procedimiento podría ser útil para aislar a los reyes del trinque, los magos de la estulticia, la mentira y la manipulación. Aislar, evidenciar, dejar al desnudo cómo son, a ver si alguno recapacita y los abducidos espabilan. Porque con ellos viene todo un paquete añorante de un tiempo que nos succiona hacia atrás. Basta ya de mordazas, autoritarismos, telediarios, radios y periódicos llenos de promos y estómagos agradecidos. Los logros son como las cerezas de mi tierra que, según dicen,  si tiras de una, salen todas ellas.

No puedo evitar, por tanto, aunque engrose la lista, requerir trabajo, casa, comida, sanidad, escuela, luz, calor para el frío, varios de ellos son derechos constitucionales.  Pedir justicia, decencia, cordura, solidaridad; cuidado especial para los vulnerables, para los niños, los ancianos, las mujeres solas, los hombres solos.

Pido que saquen a los niños de las cocinas de la competición y los metan en el juego de preparar platos con sus padres. Y en el de crecer con fundamento. Pido que se preocupen de su futuro que lo tiene fastidiado, que les enseñen, les estimulen, les quieran, les digan la verdad y les faciliten el derecho a la fantasía.

Inaplazable, acabar con la aberración aceptada que nos coloca a las mujeres como ciudadanas de segunda. Para uso y abuso. Hay un día en el que te enteras de qué implica ser mujer, de tu lugar en las coordenadas del mundo y entiendes que no te ha tocado la parte más favorable. Pero, superadas algunas dificultades, llega otro día en que el ser mujer te llena del máximo orgullo y te aporta una fuerza poderosa. No es una conquista consolidada y obligará a seguir luchando para mantenerla y extenderla, pero sientes que vale la pena. Logremos que no nos lo pongan tan duro.

Hay que pedir que los políticos en, larga ya, prisión preventiva por hacer política, salgan a la calle y regresen a su casa. Que quienes insisten en amarrarles los grilletes desde León, Alpedrete o Huelva, por poner un caso, reflexionen sobre los delitos que se les imputan. No deja de sorprenderme esa pasión por la unidad de España, cuando Mallorca es prácticamente alemana sin que nadie diga nada. Indica que tienen un patriotismo de territorio, no de personas. Nuevos tiempos, nuevas fórmulas, reformas legales y constitucionales. Es lo que hace falta.

Nuestra vida presente y futura cambiaría notablemente si Rajoy y su PP no estuvieran en el gobierno. A ver si conseguimos que Melchor, Gaspar, Baltasar, Pedro siquiera o cualquier otro, cuenten por qué partidos que se dicen progresistas siguen manteniendo a este presidente en el cargo. Canta mucho y no precisamente la Traviata.

Ruego que dejen de darnos recetas de comidas con ajo y más ajo o de emplatados con una serpentina de color verde o marrón a los lados. Que dejen de hablar de la teta de Sabrina y de los ejércitos de tuiteros. De establecer las bases del futuro comprando lotería. Un amigo me pide que añada la caspa, que se lleven la caspa. Y una amiga que nos traigan volquetes de inteligencia.  Mis interlocutores más jóvenes solo piden a los Reyes que abdiquen. Pero eso, en este caso, que estoy ya a punto de contarles, no puede ser. 

Que no me falte la música ni los colores del verde en parques y campos ni el mar. Ni el mar, ni el mar. Las personas que logran hacer la vida mejor. Los afectos sinceros se presuponen, a salvo de sorpresas.

Vendrían bien, siempre que se precise, recambios para las piezas averiadas del cuerpo, y en ello se afana la investigación si no le siguen aplicando recortes. Y aguardar con esperanza que otros dolores no sean tan intensos que nos rompan. Se cumple aniversario de Albert Camus, premio nobel de Literatura de cuando eso importaba. “Bendito el corazón que se puede doblar porque nunca se romperá”, escribió. Pues eso, pero mejor que no lo tuerzan demasiado. No estaría de más pedir a los reyes magos que los corazones duros y secos se caigan por su peso y sus dueños se retiren a buscar los pedazos por el suelo. Indefinidamente.

A los Reyes Magos se les escriben cartas. Yo escribo dos por semana aquí, en la Zona Crítica de eldiario.es, y mando abundantes telegramas en Twitter, algo menos en Facebook. Y sé que son recibidos y leídos pero con una eficacia necesariamente limitada. Porque todavía hay muchos ciudadanos que discuten de las Cabalgatas a brazo partido en un país con el 40% de paro juvenil, el 90% de los nuevos contratos, temporales y parciales y copando el récord europeo en desigualdad. Porque aún hay muchas personas que se empeñan en creer en entelequias y fantasías. En venerables ancianos que entran por las ventanas de noche o en gobernantes mezquinos que cumplen lo que prometen. Es hora de entender que los Reyes Magos somos nosotros. Sin ser ni reyes, ni magos, ni hombres inexcusablemente, sabemos -como hicieron mis padres  e hicimos nosotros con nuestros hijos- llenar de ilusión la mañana del 6 de enero y muchas más. Aunque haya que quitar recursos de otro agujero por tapar o exprimir al máximo la imaginación. Por eso no podemos dimitir. Sería dimitir de nosotros mismos, como han hecho tantos ciudadanos.

Nos faltan más manos, mayor convencimiento y coraje. Solo con que piensen en qué creen los amantes de las tradiciones excluyentes encontrarán las razones para defender los logros posibles.

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Cataluña y el regreso de Ovidio

Las elecciones catalanas eran trascendentales hasta que las ganaron los soberanistas. Todavía están colgados en la red los titulares que acariciaban, textualmente, el triunfo de los unionistas y el portazo al independentismo. La nueva variante de la posverdad es la vieja costumbre española de confundir los deseos con la realidad y desfondarse cuando se desbaratan sus sueños sin base. Al final, la cita con las urnas en Catalunya, pese a los intolerables condicionantes con los que se celebró, ha aflorado algunas revelaciones que podrían servir de cimiento para construir un futuro diferente. Es un punto y seguido con resortes a los que sujetarse.

Verán, he seguido esta fase del proceso con una noticia guardada para una mejor ocasión. Cuando la actualidad no obligara a salir zumbando con el coche de bomberos y las sirenas atronando, como ocurre siempre. Roma acaba de revocar el exilio del poeta Ovidio, 2.000 años después de que lo decretara el emperador Augusto. Uno de los más grandes creadores de la historia,  el autor de laMetamorfosis –obra capital de enorme influencia durante siglos-  y del primer tratado sobre El Arte de Amar.  Fue confinado por el emperador en una ciudad remota del Mar Negro y no cedió por más que le suplicó el poeta. La tierra tira mucho a numerosas personas, ya saben. Alguien se preocupó a través del tiempo de compensar esta injusticia. Ovidio, en su creatividad máxima, en el elogio del placer y la libertad, elaboró un tratado de la seducción que es pura racionalidad. Es lo que hoy y aquí nos falta y habrá que buscarla.

El viernes después del jueves los creadores de opinión siguen mirando al marcador para arrojarlo al otro. El independentismo no representa a toda la sociedad catalana, en efecto; el españolismo tampoco. Y es ya demasiado el tiempo de estar encallado en esa realidad sin buscarle salidas efectivas. No es cierto que los catalanes hayan votado República, como dijo el gran triunfador contra pronóstico: Carles Puigdemont. No lo han hecho todos. Y no es  verdad que Ciudadanos haya frenado la mayoría del bloque independentista como titula a todas las columnas la portada de El País. Han logrado 96.000 votos más.

Como en las fases del duelo, la negación da paso al enfado, la ira y el dolor. Como es habitual, aquí se saltan la “negociación” con los hechos. La prensa concertada habla de melancolía solo aliviada por el gran triunfo de Ciudadanos, véase el editorial de El Mundo. Si quiere, no lo enlazo.

El triunfo más evidente es el del pueblo catalán que no se ha dejado amedrentar ni por los palos de la policía que les mandó “Rajoy y el Partido Popular”, ni por las vergonzosas coacciones a las que ha sido sometido para que votara “batacazo al independentismo”.  Aún estaba en las portadas que “El Constitucional aplaza su decisión sobre  el recurso contra el 155 hasta después de las elecciones” (para no interferir), cuando la Guardia Civil -dependiente del ministerio del Interior del Gobierno del PP- manda al juez en plena jornada electoral un gran número de imputaciones. Considerar que la Diada, la fiesta oficial de Catalunya, incita al odio es entrar en un terreno que una democracia no se puede permitir. El magistrado del Supremo, Pablo Llarena, ha decidido este viernes ampliar la nómina  de investigados por rebelión a varias figuras destacadas del soberanismo. Sigue la confrontación. No sabemos si también la inspira, como dijo Soraya Sáenz de Santamaría, “Mariano Rajoy y el Partido Popular”.

García Albiol se queda en 3 diputados (4 tras contabilizar el voto exterior). Un fracaso rotundo del PP, de Rajoy y de su estrategia. Del 155. Lo ha pagado también el PSC que da la impresión de no conocer a sus votantes. El PP -que de tal forma ha alterado la vida de los catalanes- es la opción electoral de un 4,24% de votantes. Es otra de las grandes evidencias de la jornada.

Como el gran triunfo de Inés Arrimadas, con un porcentaje del 25,37% que la sitúa como la más votada . Gran o menos. Porque el éxito de Arrimadas ha sido de ella, sin duda, pero con ayudas. El suyo es también el triunfo de los medios concertados que llegaron a colocarla, como ABC, en portada hasta en jornada de reflexión. Con una insistencia diaria sin precedentes. Y de los bancos, el Ibex, y el dinero en general. Ese que este viernes demostrará en Bolsa cómo le han caído los resultados. Las previsibles caídas serán pasajeras. Pero semejante inversión, también en dinero gastado en campaña, no ha logrado la rentabilidad esperada. De momento, al menos, Arrimadas no será presidenta de la Generalitat. Pero habrá que esperar a sus réditos en el campo nacional.

En puro balance económico, la campaña de marketing, Ciudadanos ha cubierto gastos. No así el PP que recibirá  de subvenciones vinculadas a resultados solo 130.000 euros de los 1,8 millones presupuestados .  Ni la CUP (275.000 euros menos) y el PSC (174.000 en negativo) tampoco cubrirán gastos con las ayudas, según informa la Fundación CIVIO. 

“Tanto amor y no poder nada contra la muerte”. Recurro ahora al poeta César Vallejo. El mandato ahora es dejar morir al procés ¿ven? Olor a agua estancada. “Algunos” ganan, pero todos perdemos. Victoria moral y mayoría inmoral. ¡Inmoral! ¿Elecciones para esto?, son algunas de las columnas de opinión desesperada. Pura democracia en vena. “Pero el cadáver siguió muriendo”, insistía Vallejo.

Dos mil años han pasado para que Roma resuelva el exilio de Ovidio. Con calma y, probablemente, desinterés. De alguna forma hay conflictos tan enquistados como este en nuestro país. Tan injustos también, porque no se puede privar a una ciudadanía de lo que piensa y siente. Tanto odio y no poder contra la valentía y la dignidad.

Si al PP y a sus socios les interesa de verdad solucionar el tema de Catalunya, comiencen por arriar los tambores de guerra y aparcar por una vez sus propios intereses. Al PP le ha salido el tiro por la culata. Al PSC/PSOE también, a pesar de haber conseguido un escaño más. Son los que pilotan la batalla en España. Con Ciudadanos, que debería ser consciente de las circunstancias en las que se ha votado. Podemos debe espabilar.

Los caminos están claros. Déjense de judicializar hasta el aire que respiramos. Deshagan los entuertos que han formado, obren de una vez con inteligencia. Saquen de la cárcel a los politicos que hacen política, que si fuera por hacerla mal no habría calabozos suficientes. Abran vías de solución constitucionales que bien lo hacen cuando aprietan otros intereses. Aprenda la prensa al borde de un ataque de nervios que, de momento y al menos nominalmente, esto es una democracia y cada uno vota, piensa y siente lo que quiere.

Nos queda ver a quién echará el rapapolvo el Rey si decide hacerlo así, de nuevo, en su mensaje navideño. Y cómo reaccionará la sociedadd el odio visceral a los catalanes, no le vendría mal reflexionar porque algunos ejemplos notables están dando.

En una palabra, traigan a Ovidio a casa a tiempo, a la razón, a la cordura.

*Publicado en eldiarioes. 22/12/2017 – 

 

Un gobierno sin Rajoy

El esperpento está llegando a niveles inauditos. Cada día, revelaciones que tumbarían a cualquier gobierno… y ahí les tienen. Desolador presente y sombrío futuro que diagnóstica cualquier persona decente y mínimamente informada. Y, sin embargo, está situación no es una condena a cadena perpetua y en régimen de aislamiento. Tiene remedio, pero no quieren resolverlo. No quieren, pero habrán de querer.

Cuesta creer que no se reaccione. A la batalla política de Cristóbal Montoro con la Hacienda Pública como instrumento, al punto de coaccionar a las comunidades para firmar contratos que favorecen a las farmacéuticas. A los sobrecostes multimillonarios, pongamos el de la  carretera M-45  de Madrid o la M-30.  A la política de cortijo como forma de vida. A la pérdida de libertades o al flagrante doble rasero para lo que llaman delitos de odio. Al  desprecio por la cultura y comerciar con todo, incluso malvendiendo, como han hecho con el yacimiento del Paleolítico de Lugo. Al  desprecio por la ciencia que nos ha llevado a un colapso a pesar del esfuerzo de los investigadores. A la resistencia a facilitar los datos de lo que se diría es subvencionar a la prensa afín, eufemísticamente llamada “publicidad institucional”. A la hipocresía que llora la violencia machista mientras recorta el presupuesto para combatirla.

La sociedad está paralizada por el maltrato y la descomunal desfachatez que se le infiere. Impotente, descorazonada. Una parte, con miedo a pronunciarse, dado que ve a todo un ministro persiguiendo tweets, mientras se aplaza la entrada en prisión de Urdangarín o de los ultraderechistas condenados por el asalto a Blanquerna, alguno de los cuales es pariente de un par de ministros más. O mientras una semana después de conocer las amenazas y elogios del nazismo vertidos en un chat por policías municipales de Madrid no sabemos otra cosa que se ha retirado a tres la pistola y la placa. Y que van tras el agente que les denunció.

La ciudadanía en estas restrictivas condiciones puede hacer algo: exigir a sus representantes, exigir a sus políticos. Los políticos tienen en su mano acabar con esta situación, sus decisiones pueden producir ese efecto. No entra en la lógica que siga de presidente del gobierno un presunto “M.Rajoy”. El es responsable último de todos los desmanes que se están produciendo.

La última coartada de Pedro Sánchez para mantener a Rajoy en el cargo fue que iban a reformar la Constitución. Pero, ante los requerimientos del líder del PSOE,  el presidente cierra el asunto comentando a Pedro Piqueras en Telecinco que el compromiso era de “hablar”. “Mi pacto con Sánchez es para hablar, no para reformar la Constitución” dijo. Compromiso de envergadura, ni el Tratado de Yalta. Día sí, día no, las humillaciones a sus socios producen sonrojo.

La prensa cortesana habla de Rajoy como si fuera un presidente normal –palabra que tanto gusta a su hombre en Catalunya –. Aún le hace más desplantes a Albert Rivera, dicen, que a los cargos del PSOE, en el fondo sus preferidos por tantos años de añorado bipartidismo. Y les trata así.  Como si diera a entender que les tiene sujetos por temas inconfesables, de esos que se afinan mejor desde el poder.  Imaginemos que haya algo de eso. Incluso así, existen soluciones.

Portugal está consiguiendo una recuperación admirable con su gobierno de izquierdas. Presidido por el socialista Antonio Costa, en minoría, cuenta con el apoyo del Bloco de Esquerda, el Partido Comunista Portugués y el Partido Ecologista Os Verdes.  Presentan a los dos años de mandato un balance espectacular: reducción del paro al 9,4%, alza de sueldos que alcanzará hasta el 25%, regreso de emigrantes y subida de pensiones. Tienen un crecimiento anual del 3%, han aumentado las exportaciones, han reactivado el sector público -sobre todo en sanidad cuyo aprovechamiento para el lucro privado es el bocado más apetecido por los neoliberales-  y han implementado un programa para paliar la llamada pobreza energética.  El gobierno de izquierdas portugués ha reducido el déficit fiscal y apenas cuenta en su contra más que con una elevada deuda pública. Rajoy la ha disparado, como sabemos, a niveles de récord. Y ha dejado sin fondos, al punto de pedir créditos para pagar las extras de las pensiones, la caja de la Seguridad Social que se encontró con 67.000 millones de superávit. Anuncia que vamos a repagar con más impuestos. Todos. Menos los que tan alegremente eluden su contribución al erario en estos tiempos.

De momento los responsables políticos con algún afán constructivo harían bien en jubilar a todas las viejas glorias que les dicen: “hay que aguantar, cualquier cosa sería peor que este PP”. Esos dinosaurios de riñones bien cubiertos en su mayoría por la cartera repleta  parecen estar coartando sus pasos. ¿Qué puede haber peor que este PP?  Poco, si se reflexiona seriamente, sin la ética o el cerebro abducidos.

A Pedro Sánchez en concreto no le tragan los episcopados del Jurásico. Los mediáticos no dejan de evidenciarlo. El País carga a diario contra él como si temiera algún rebrote de sus giros tácticos. Con editoriales o columnas tan sonrojantes como este Zurdos que podría leerse en las páginas de Periodista Digital o Es Diario, incluso el OK, que son ahora -sin eufemismos- medios de referencia para elogiar la opinión coincidente del periódico de PRISA.

Imaginen por un momento otro presidente de gobierno que no sea Rajoy, ni ninguno de este PP copartícipe de los atropellos. Otro ministro de Hacienda  en lugar de Montoro, o de Justicia diferente a Catalá, o de Interior en las antípodas de Zoido. Un nuevo gobierno ¿no sería capaz de encontrar a alguien mejor para gestionar el empleo que Fátima Báñez? ¿Y la Defensa con más acierto que Cospedal, la representación Exterior que Dastis o la economía que el ex presidente de Lehman Brothers para España y Portugal cuando les petó el sistema financiero mundial y nació “la Crisis”? ¿No habría en el planeta Tierra una persona que gestionara mejor todos los entuertos a su cargo que la vicepresidenta Saénz de Santamaría? ¿No pudo hacerse otra política territorial sin tan flagrantes errores como los que han potenciado el conflicto en Catalunya?

Imaginen un gobierno que no pareciera trabajar presuntamente para los bancos o las eléctricas y petroleras, las grandes corporaciones, las constructoras, las farmacéuticas y multinacionales de la salud, en la hipotética supuesta conjetura de que sea así. Un gobierno que dejase de untar o favorecer a algunos medios que ya no pintarían la imagen de normalidad que están dado de este PP y que habrían de adaptarse al cierre del grifo o al cambio de llave. Imaginen de entrada una RTVE rigurosa, al servicio de los ciudadanos, con la que cotejar y diversificar las informaciones de otros medios, el ocio inteligente. No es tan difícil, alguna vez nos aproximamos.

Imaginen una Fiscalía general del Estado independiente, un poder judicial independiente. Sin lagunas. Mandando al banquillo y a la cárcel a quienes delinquen contra la sociedad. Imaginen que no se producen esos estratégicos cambios de jueces que libran del banquillo al PP por su Caja B, como acaba de ocurrir en la Audiencia Nacional. Una contabilidad paralela acreditada en otras instancias.  Aquello que dice siempre Ignacio Escolar: “Cuando al PP le va mal en un caso no cambia de abogado, cambia de Juez”. Presuntamente.

La campaña electoral catalana amenaza con volver a hastiarnos de lugares comunes y ostensibles intereses personales. De no estar tan condicionada podría ser una oportunidad para dar un aldabonazo. La ciudadanía también ha de despertar y exigir por los cauces que le dejen.

Se trata de decidir, más pronto que tarde, entre un país de dirigentes tan normales como Albiol o la obrera Cifuentes, tan fiables como Rajoy y su equipo, el cuñadismo de diseño envuelto en banderas por toda enjundia, y otros gobernantes que intenten caminos alternativos. Los portugueses han logrado que la UE no solo les tolere, sino que les aplauda. La UE con su mando neoliberal, la socialdemocracia rendida al capitalismo y la extrema derecha creciente. Porque la Europa actual no es la que tanto amamos, también habría de cambiar, también se vota eso.

En definitiva se trata de poner los medios para ser un país de ciudadanos libres y responsables, de primar la decencia y dejar de engullir tanta corrupción, de pensar en el bien común, en el futuro de todos. Si los políticos actuales buscan de verdad estos objetivos, han de obrar ya.  Si quieren, pueden. La sociedad también puede, a veces lo olvida.

¿Qué más tiene que ocurrir para  dejar de sostener un gobierno de Rajoy?

*Publicado en eldiarioes 28/11/2017 – 

Dan miedo

La imagen de furgones de la Guardia Civil, de noche, conduciendo a la cárcel a miembros de un Gobierno elegido democráticamente dio la perfecta dimensión de dónde nos encontramos. Sin juicio y sin condena, solamente por la acusación, y decretando prisión incondicional sin fianza. No por esperada, fue menos impactante. Hubo oportunidad de soluciones menos drásticas, pero se optó por la confrontación. Enseguida -y porque el periodismo funciona, la justicia tiene unas normas, y hay ciudadanos responsables-, nos enteramos de preocupantes entresijos. Quienes se molesten en buscarlos, porque los medios oficiales en general han operado en dirección contraria. Apostando por la Cruzada y ocultando información. Dura contienda por la verdad, de temibles consecuencias que ya vamos viendo.

Fue el (reprobado) fiscal general del Estado, José Manuel Maza, quién nos mostró en toda su crudeza en qué manos estamos en sus respuestas a Hora 25 de la Cadena SER. El vengativo “Más dura será la caída”, con el que tituló el archivo de la querella contra los independentistas, era la tónica mental de Maza, no un desliz. Así que fue desgranando que “bastante paciencia ha tenido el Estado de derecho”. Paciencias, en la justicia. O usó criterios morales como medio de decidir algún alivio de condena: “A lo mejor alguna cosa hubiera cambiado”.

Lo más demoledor, sin embargo, fue esta afirmación: “Los que han criticado que planteemos la rebelión deben recordar que una querella no es un escrito de acusación. No se hila tan fino. Incluye todos los posibles delitos. No afirmamos que haya rebelión sino que es posible”. Es decir, se echa a la bolsa todo lo que quepa y luego el juez decide. En armoniosa coincidencia con Maza, la de la Audiencia Nacional Carmen Lamela. No así el titular del Supremo. Todo esto y más lo analiza Íñigo Sáenz de Ugarte en este imprescindible artículo.  “Lamela les está diciendo a los imputados: vais a pagar por lo que habéis hecho y por el viaje de Puigdemont a Bruselas”, escribe el subdirector de eldiario.es sobre la postura de la jueza. Venganza, por justicia.

Que se trata de un “ Derecho Penal de autor”, como lo define Ignacio Escolar, se evidencia en varios datos más.  Se ha vulnerado “el derecho al juez natural”, recogido en la Declaración de los Derechos Humanos y también en nuestra Constitución. “Es el derecho de cualquier acusado a que le juzgue el juez que le toque por ley, no el que le convenga al Gobierno o al fiscal”, explica el director de eldiario.es.  Y todavía se han detectado más irregularidades.

Frente a hechos que deberían ser del dominio público y sin contaminar con la presunta obligación de decir “algo malo del otro”, nos encontramos con una auténtica campaña visceral, no exenta de elementos más prosaicos e inconfesables como los beneficios de poder y económicos. Marhuenda, tiznada voz del PP, condena, sin juicio, en La Razón: “Prisión por rebelión”. Precisamente por la cuestionada acusación de rebelión que Maza metió en el saco con calzador, por más que se llenen de ella los medios. Se creía que la jueza no lo incluiría en la petición de búsqueda y captura para Puigdemont y sus cuatro consejeros que se encuentran fuera de España, pero finalmente ha optado por pedir para ellos todo el paquete que manejan. Rebelión, sedición, malversación de fondos públicos, todo.

La ofensiva viene de la tecla y de la pluma, de las voces y los gestos. De la más absoluta y rotunda intransigencia. Portadas como las de ABC, aunque ya indistinguibles de las restantes en papel, con esa levadura ultraderechista que les comentaba se les ha colado en el suflé a los españolistas. Un importante número de notables arenga a las masas decididas a ser muchedumbre o plaga justiciera. Sin que quepa otorgarles el mínimo atenuante dado que cada cual es dueño de sus actos. Dan miedo. Seres nacidos humanos acudiendo a insultar a estaciones de tren y aeropuertos a políticos llamados a declarar. Televisiones marcando la cuenta atrás de las comparecencias en un cronometro real expuesto en recuadro, que en definitiva marca los ingresos por audiencia exaltada. Aterra tanta sinrazón, tal inmadurez. Cómo se está imponiendo la ignorancia bruta. Linchamientos que no se depararon a delincuentes de peso, atracadores de lo público. Linchamientos virtuales, de momento.  Da pavor.

Aparecen de buena mañana en radios y televisiones como si hubieran sido motivados por el oficial de tropa para la batalla. Ofreciendo las edificantes declaraciones de políticos en campaña: mano dura y cargo, cargo y yo no fui, estoy por encima del bien y del mal y me lo permiten. No es difícil tampoco imaginar, a tenor de lo que publican, las salas de terapia de algunas redacciones distribuyendo el alivio a las obsesiones compulsivas.  Titulares y artículos delirantes. ¿Pueden imaginar al jefe de opinión de un diario que fue esencial insultando al colaborador londinense de prestigio al que censuró y expulsó? Está pasando.

La sociedad, los medios… y los políticos. Estamos llegando a niveles de desfachatez tan insultantes para la inteligencia como quejarse del ingreso en prisión de miembros del Govern depuesto, tras haber impulsado esa medida. Algunas personas muy sesudas y adultas todavía no entienden al parecer que los actos acarrean consecuencias. Pero ahí siguen, contribuyendo a la causa.

El partido conservador PPCs, bicéfalo ya, opera al unísono con García Albiol y Arrimadas, en el ala ultraderecha, ofreciendo a la implacable líder de Ciudadanos en Catalunya la presidencia de la Generalitat en un hipotético futuro de triunfos soñados. Con el PSOE y el PSC, e Iceta deslizándose por el alambre, un político valioso al que esta sin razón está quemando. Gumersindo Lafuente nos contaba los problemas de esa operación que ya fue ensayada para sofocar el nacionalismo vasco.  La inyección al independentismo que se está dando podría desbaratarles la jugada. Albiol ya ha aportado la solución: “ Si ganan, otro 155“. Esto se está sustentando. Y crecen los rumores sobre ilegalizacion de partidos que ya anticipara Pablo Casado.

Dan miedo. Cuantos se dedican a perturbar la convivencia que cabe esperar en un estado democrático. Y es un bloque decisivo. Soy de quienes creen que Rajoy no es Erdogan y España no es Turquía porque no ha pasado el tiempo suficiente. El líder turco también comenzó más pausado. Las leyes mordaza, el nombramiento de tribunales muy precisos, el mantener en puestos decisivos a profesionales con tan poco crédito como Maza o Catalá y el resto de los reprobados, evidencia inclinaciones peligrosas. Y algunas se están confirmando.

Partidos y políticos que apoyan sin pudor este tinglado son altamente responsables de cuanto ocurre. Sí, el Govern depuesto cometió errores, todo pudo ser diferente y la mayoría la pifió, pero eso no justifica el alarmante retroceso en derechos y libertades que lleva camino de instalarse. Algunos jamás podrán reconducir la imagen que se han forjado. El problema es hasta dónde piensan llegar.

E igual y en nivel similar cabe situar a los medios embarcados en la misma operación de conveniencias. El Banco de España anuncia cataclismos económicos, dicen. Por el procés. La violencia de las cargas policiales que dieron la vuelta al mundo, la intervención de la autonomía catalana y el encarcelamiento de sus miembros electos no debe influir. Raro, si eran las “soluciones”.  Por no hablar del fomento de la huida de las empresas que, en efecto, va a afectar a toda España. Pero son así de inconscientes.

Y la sociedad como elemento esencial. Apoyando castigos impropios del siglo XXI por acciones políticas, mientras amparan la involución democrática, la corrupción y los recortes para su vida y la de sus hijos. La sociedad del “a por ellos”, de los insultos, del embestir y no razonar. La que ha descubierto en sus vísceras un fondo de violencia y xenofobia. Hay una ciudadanía, seguramente más numerosa y más positiva para el conjunto pero se retrae. No completamente consciente del peligro que nos acecha a todos.

 Tiene una cierta lógica, humana. Los agitadores y maniobreros dan miedo. Porque es lo que buscan. No solo miedo, preocupación, tristeza,  desconfianza, espanto… vergüenza. Nos levantamos y nos acostamos con esa losa, cuando sabemos que hay gente que sigue luchando por futuros más limpios y razonables. La pugna existe pero no es la que más se ve, y no deja de crecer. Copan el escenario. Y dan miedo, angustia, desaliento. Y, por encima de todo, francamente, dan asco.

Las columnistas

Desde este miércoles se está celebrando en León un congreso de columnistas, planteado inicialmente con polémica. Todos los ponentes eran en un principio hombres. Ante las protestas y dado que lo organizan con una subvención de 11.000 euros del Ayuntamiento, además de otros patrocinios,  han incluido a 5 mujeres de muestra.  Y en la proporción profesional e ideológica del conjunto.

El programa se inicia con Jorge Bustos, recién nombrado jefe de opinión de El Mundo. Se apresuró a defender al organizador, su joven amigo Garabito, que habría sido “objeto de un escrache por no guardar la debida reverencia a la perspectiva de género”. Bustos emplea expresiones como “el despreciable espécimen del feminista predador”, no nos podemos llamar a engaño. El congreso cuenta, a pesar de todo, con columnistas interesantes. Manuel Vicent y Ángel Sánchez-Harguindey, de El País, lo son de forma incuestionable. Lo mismo que Raúl del Pozo y Lucía Méndez, de El Mundo. Y, sin duda, con algunos otros. Pero quizás sea oportuno aprovechar la ocasión para hablar del columnismo en España. Y de lo que implica que  se relegue la opinión de las mujeres.

Por supuesto, la opinión es opinable, pero tiene unas reglas. Debe estar fundamentada, es periodismo, y ha de separar los hechos del juicio que le merecen a quien escribe. El profesor Ignacio Sánchez-Cuenca firmó uno de los mejores análisis que se han formulado sobre los columnistas en España. El declive de las “grandes firmas” llega cuando la crisis exigía conectar con los problemas cotidianos y salir del “tema nacional” que les priva. Viejas glorias sobre todo, y nuevas, con ideas superficiales y frívolas, escritas en tono rotundo y prepotente. La obsesión por confundir su moral privadísima con la moral pública . Se documentan poco, a diferencia de los grandes columnistas internacionales, y aportan perspectivas estrechas. La desfachatez intelectual, llamó a su estudio Sánchez-Cuenca, que desde luego no se puede resumir en cuatro frases.

En el crítico momento que vivimos, se incrementan columnas a modo de saco de entrenamiento para boxeo. Esa desesperación de múltiples opinadores que golpean y golpean al enemigo -político generalmente- hasta quedar exhaustos. Siempre a los mismos sujetos de sus obsesiones, reyes que los destronaron, culpables de todos los males. Quien se anime a ello podría hacer una tesis doctoral. 

Y la mujer casi ausente. Un 5% de firmas femeninas fijas detecté en El País en sus tiempos de mejor periodismo. No se ha cambiado mucho. Ni en el resto de los medios. La presencia de la mujer en las columnas siempre es notablemente menor a la del hombre. Y lo mismo ocurre en las tertulias de televisión donde solo son “la muestra” también, en la mayoría de los casos. Con suerte. A pesar de reiteradas críticas, hay veces que la mesa de debate está compuesta solo por hombres. Especialmente si han de abordarse “asuntos serios”.

No hace tantos años que, hasta para cantar las bondades de una lavadora, utilizaban una voz masculina. No en la famosa escena del sofá de los primeros anuncios, sino en las locuciones mucho más tarde. El hombre como voz de confianza. Poner voces femeninas -incluso en lo que aún llaman algunos trogloditas “labores propias de nuestro sexo”- hubo de hacerse con mucha prudencia y poco a poco, explicaban los publicistas.

A la mujer se la considera experta en “sus cosas”. Solo. Si se trata de buscar una información fiable en reportajes, entre una catedrática y un catedrático, una científica y un científico, se suele elegir al hombre a quién se le supone más autoridad o conocimiento. Varios estudios detallados cifran la proporción en tres hombres por cada mujer, y eso desde hace apenas un par de décadas, antes era raro, prácticamente no existían.

Tiene consecuencias no contar con suficientes mujeres entre los creadores de opinión, aunque lo apropiado es decir en generadores de reflexión. Así debería ser. Relegar a la mujer influye en los cambios, en la involución social. Se da por hecho que tenemos un papel secundario, se priva a la sociedad de voces cualificadas y se consolida la discriminación que, como todas, es injusta. Se marca un modelo, ese modelo.

Este congreso de columnismo, ya el segundo que celebran, cuenta con el patrocinio de la Fundación Francisco Umbral. Y eso explica todavía más su inspiración. Umbral era un columnista brillante y un hombre tortuoso. Un machista eminente. Abro comillas:  Rubia y concienzuda, con buen cuerpo y mala voz, puntual e indiferente, guapa y sin mensaje. Rosa María Artal es la nueva locutora del último telediario. Así como con Rosa María Mateo y Victoria Prego se ensayó la mujer/mensaje, la noticia caliente, la cosa con Rosa María Artal (pecho caído, hermosura tranquila, ancha paz) parece que va a ensayarse la hembra como medio sin mensaje”. Y así seguía durante toda la columna y otras columnas. “Virgen de noticias, patrona de los desinformados”. Paradójico, realmente paradójico, pensé. Dado el renombre de Umbral, durante unos meses, años, en todas las entrevistas me preguntaban: “¿es usted fría?”

El colofón fue cuando su esposa, la fotógrafa María España, y la periodista Pilar Eyre, me hicieron un reportaje con una foto rompedora que me aconsejaron. En medio del Paseo de la Castellana, en la línea divisoria entre los dos sentidos. Sola ante el peligro, con una entrevista comentada en tono jocoso a la pobre tonta, moza aguerrida, gacela de no sé, con la que “les ponían los cuernos un poco cada noche sus maridos”. La entrevista es otro manual de machismo, del hecho por mujeres. La gacela, cazada.

Así crecí, que diría Labordeta. Y crecimos. Siempre obligadas a un doble esfuerzo por ser mujeres. Para muchas de nosotras es la historia de nuestra vida, en cualquier actividad. Hoy como ayer. La memoria vuelve a los orígenes de tantos males, de tantos falsos mitos, de tantos renglones torcidos, al saber del peculiar congreso. 

Ahora, aunque en número desproporcionado e insuficiente, somos muchas más las columnistas. Sin causar rechazo más que en machistas recalcitrantes. Qué bien es verdad  se han soltado el bozal al hilo de las impunidades. Es vital persistir. Más en la senda de la marcha atrás que se ha impuesto en todos los campos y que habrá de revertirse imperiosamente. Las mujeres no podemos consentir quedarnos fuera. La sociedad no debería permitírselo a sí misma.

 

EspañaLand

Son días de fuego. De distinta estructura y la misma huella devastadora. Apenas amainan, hasta la próxima ocasión, los que encendieron Galicia y Asturias al unisono. Las llamas como amenaza incontrolable. El humo, el penetrante olor a quemado, en tristeza que anega los pulmones. La tierra quemada como balance. Es la vida real, una parte de la vida real de esta España que se basta a sí misma para definirse, o para aportar datos que la concreten.

Las redes sociales también “arden”, siempre lo hacen en el decir de los ajenos. Y las calles y los teléfonos y los inefables e infalibles en lo suyo WhatsApp. Buscando culpables. Los hay. Prevención y medios no pueden escasear ante problemas de tan graves consecuencias. La reforma de la Ley de Montes igual no influye directamente pero no se cambió con la mejor de las intenciones sociales. Pero luego la imaginación se desata. Brigadas en moto prendiendo árboles con combustible y cerillas. ¿Será un sabotaje? ¿Un atentado? Hay quienes han especulado incluso con yihadistas recorriendo las escarpadas vías del norte para encender fuegos en lugares estratégicos. La impotencia produce monstruos.

Donde sí campan los pirómanos es en la España que mira a Catalunya. La que la mira mal. La que no la traga. Déjenme que comience con las reacciones del populacho que también “arde” enardecido presentando armas allí donde se requiera su opinión. Hasta algunas pizzas de Mercadona sufren condena por estar elaboradas en Catalunya. Gentes que no han movido ni el meñique de un pie por defender sus derechos propios, los de sus hijos, los de sus conciudadanos, se dejarían la vida por castigar al osado rebelde al que hace tanto le tienen ganas.

El palco huele la sangre y en particular los aplausos que se traduzcan en votos. Y así, en la larga senda de la confrontación, la Audiencia Nacional actúa contra los líderes independentistas de ANC y Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart  y los manda a prisión incondicional sin fianza. Acusados de un delito de sedición. Y en el número y día que se comentó en los corrillos de la recepción en el Palacio Real el día 12. Lean el artículo de la abogada Isabel Elbal para calibrar en qué ámbito de excepcionalidad se está moviendo la justicia. Y reparen en los medios.  “Encarcelados los promotores de la revuelta separatista en Catalunya” sentencia -tal cual- El País entre otros. La calificación de “presuntos” ha quedado para las tropelías financieras de los notables.

El ingreso en prisión a los líderes independentistas ha producido un  impacto demoledor. En la sociedad catalana que lo manifiesta con estupor, paros y caceroladas. El Ayuntamiento de Barcelona ha suspendido dos días la actividad institucional en señal de protesta. Todos los partidos, salvo PP y Ciudadanos, lo han condenado. Incluso el PSC de Miquel Iceta que parece ignorar las consecuencias de apoyar la estrategia del PP. Albert Rivera actúa de gendarme  y exige  al PSOE de Pedro Sánchez retirar esa condena. Sánchez sigue decidido a colaborar con Rajoy.  Hasta ha liberado sine die a Soraya Sáenz de Santamaría  de pedir su reprobación. “No tendrán más remedio” que restar libertades a los catalanes. El fantasma de José Bono delira en los platós.

Se mueren por aplicar el 155, como mínimo. Hemos entrado ya en la subasta y reparto. Hasta de terrenos y empresas. Un ser como García Albiol que el PP ha puesto para representarle en Catalunya se ha pedido la educación -un puro oxímoron- y los Mossos. Albert Rivera e Inés Arrimadas quieren la presidencia. Elecciones, elecciones, repiten en su recorrido por los medios. Él anda en dura competencia y se le arruga el gesto, la ambición gélida de Arrimadas le supera. Toda esa derecha está  por ilegalizar ideas independentistas. Las elecciones quedarían adhoc.

Y así Mariano Rajoy recupera el Imperio y se dispone a colocar un virrey en Catalunya. Contaba el periodista de La Vanguardia Enric Juliana que Rajoy está desbordado por la derecha -quién lo diría- por Ciudadanos, Vox, “la prensa capitalina y algunos canales de televisión”. Las gradas, enardecidas, piden cabezas, concluye. No olvidemos a los empresarios, al dinero, añado. Y qué mejor forma de tomar drásticas decisiones de gobierno que con la concreta inspiración de esas camarillas. De los aristócratas de la oclocracia.

Lo que más desazón produce, si cabe, es lo que suelta mucha gente por su boca y su tecla. La obtusa ceguera con la que enfrentan estos aniquiladores fuegos que nos cercan, agitando rencores e intolerancia en niebla densa hasta no ver más allá de un palmo. Ni una bandera ha salido a ventanas y balcones para condenar los recortes, el exilio de los jóvenes, la precariedad inducida de miles de personas, las leyes mordazas, el recorte de libertades. Sometan al orgulloso catalán y coman del placer de verlo y ahorren para la pensión, que les hará falta

En otros tiempos, los intelectuales españoles hicieron una labor crítica a los desajustes de España que nos lastran.  Desde los escritores del Siglo de Oro a los regeneracionistas que no eran precisamente de izquierdas. Ahora, muchos de los cronistas oficiales son los principales valedores del Gobierno que ha propiciado nuevos deficiencias  y que enfrenta los diversos incendios con bidones de gasolina. Crean opinión, la refuerzan. El vaso medio lleno de quienes lo tienen a rebosar de privilegios, el vaso medio vacío de quien repara en los recipientes casi secos de los abandonados.

Despliegan sus ingenios para influir decisiones y caldear a la grada. La Cup y sus mariachis españoles y extranjeros, dicen. Sí, porque lo más templados admiten que la violencia policial el 1 de Octubre hizo mucho daño al gobierno de España y que Catalunya “gana la batalla de la imagen”. Veremos qué sensación causa la detención de líderes políticos como en Turquía. Rufian y Tardá, dúo de caricatos, continúan. Son los que “junto a Puigdemont y Junqueras, Forcadell y Anna Gabriel (en pareado), Romeva y Turull y Mas “despiertan un nacionalismo peligroso que llevaba  décadas adormecido”. Allí, impune, en su letargo consentido. No es nacionalismo, es otra cosa. Algunos de ellos son los mismos que no encuentran espacio en sus columnas para hablar del despido por censura de compañeros su periódico.

Nos explican, suscitando entusiasmos, que vivimos en una de esas “democracias ajenas al totalitarismo”. Pueden contárselo a Hungría y Polonia, con gobiernos de ultraderecha. A la Austria en la que un joven conservador de solo 31 años optará, seguramente, por la extrema derecha para formar gobierno. A la Italia de Matteo Renzi, otro moderado izquierdista de centro que ha preparado una reforma electoral a pachas con Berlusconi para que no gane el Movimiento 5 estrellas como pronostican las encuestas. Una pura filigrana. Prevén alianza y si tampoco les llegan los votos no harán ascos tampoco a alianzas hasta con los neofascistas. Algunos columnistas deberían leer su propio periódico. Las noticias.

Vean este  mapa del ascenso de la ultraderecha en Europa y sigan creyendo que vivimos en “democracias ajenas al totalitarismo”, y que hasta en Budapest o Florencia el dúo cómico catalán con la CUP y sus mariachis son quienes han despertado eso que no se atreven a llamar fascismo.  Fascismo banal lo califica con datos en El Periódico Martínez-Celorrio. Los ultraderechistas que en un 80% votan al PP.  O a todos aquellos embestidores que hacen subir al Ciudadanos más radical en las encuestas.

¡Ay¡, esta España tan estupenda. Cómo podemos quejarnos de su generosidad cuando elige “ una película hablada en catalán para representar a España en los Oscar”.  La España que intenta apagar el brillo del círculo cromático bajo el rojo y el gualda. La que esconde bajo las banderas la vida real. Esa vida real que arde y sufre y lucha, se esfuerza y goza. Como en la película de Hollywood que evocamos en los títulos: La España que pudo ser –la que llegamos a ver y nos encandiló- y no es.

*Publicado en eldiarioes

El PP actúa como si tuviera un seguro de impunidad

Dejas unos pocos días sin meter un artículo sobre corrupción y le cae encima unas cuantas paletadas inmensas que parecen tapar todo lo anterior, que lo envejecen al menos. Hoy tenemos un escandaloso episodio vinculado a las Cloacas del Estado, concretamente a las de Interior en la época de Fernández Díaz.

La doctora Pinto reconoce al comisario Villarejo como el hombre que la apuñaló

Así lo cuenta Público que ha padecido en sus carnes esa oscura policía que llamaron polítca:

La doctora le ha reconocido “sin ningún género de dudas” nada más entrar a la sala donde se ha celebrado esta diligencia judicial. Acusa a Villarejo de ser el autor de uno de los dos apuñalamientos que sufrió, en concreto el del 10 de abril de 2014. Ha costado tres años llegar siquiera a esa rueda de identificación. Ha sido dentro de la causa que investiga al empresario Javier López Madrid por acoso sexual, amenazas y agresión contra la dermatóloga. El empresario, yerno de Villar Mir, investigado en tramas de corrupción del PP y al que la Reina Letizia envió un SMS  de apoyo llamándole “Compi-Yogui”.

Ahora ya podemos entrar en materia de cuanto representa lo que está sucediendo en España.  Hace 4 días estábamos con esto.

rajoy.congreso.capturaice el ex fiscal jefe de Anticorrupción, Manuel Moix, obligado a dimitir por su insostenible situación, que “se ha inmolado para proteger a su familia y a la Fiscalía”. La Razón, el diario de director y consejeros dudosos, lleva esta sentida declaración a portada. Maza, el fiscal general del Estado, declara: “Sería de justicia que Moix siguiese ejerciendo el cargo”. Lo dice en una comparecencia en la que, como describía detalladamente Ignacio Escolar, era difícil mentir más. El ministro Catalá vuelve a ponerse de perfil  invocando exquisitas independencias y, ahora, censurando la empresa offshore de Moix. Rajoy califica estos escándalos de “chismes” que dificultan su alta misión, y diversos cargos intermedios sacuden aquí y allá para distraer. Por favor, un poco de pudor siquiera, que les oyen personas adultas e incluso decentes.

Semejante dolo no impide al PP ver cómo va a hacerse cargo de varias de las causas judiciales en las que están inmersos justo el juez favorito de Ignacio González y del PP en definitiva. Hay que sustituir al juez Velasco que deja el delicado puesto, vía ascenso. “Si se confirma el regreso a la Audiencia Nacional de Manuel García Castellón, unos cuantos en el PP de Madrid dormirán mucho mejor“, explicaba también el director de eldiario.es. Muchos nombres de peso en el partido se encuentran en esta circunstancia. Algunos pierden el sueño. O los nervios, como Cifuentes y el PP de Madrid. En el caso de García Castellón renunciaría a un destino más cómodo y mejor pagado. Otro gran sacrificado.

Nos faltan palabras para expresar el desgarro que ocasiona el deterioro ético al que ha llegado la España del PP. Ningún argumento por sí solo explica cómo se sostienen sus niveles de desfachatez. Y sin que ni siquiera afecte al Gobierno de Rajoy, el primer presidente que habrá de testificar en un caso de corrupción. Hay una respuesta clara: porque pueden. Y pueden porque hay muchos colaborando en la empresa. Y en el PP lo saben. Están sufriendo más incomodidades que en otras épocas pero la seguridad con la que despliegan una y otra vez sus ardides evidencia que no sienten ninguna intranquilidad. Lo que bien pensado es lo que más intranquiliza. No temen cambios. Existe como un seguro de impunidad. ¿Han visto el respeto que infunden las críticas en RTVE?, siguen en su tónica como si nada ocurriera. Por citar un ejemplo.

Se aprecia una labor conjunta de los medios conservadores, que son casi todos. Muy visible en televisión y prensa se complementa en la radio como una auténtica gota malaya. Un ejército compacto: se apoyan unos a otros, citan sus artículos y frases, se emplean entre sí. Un rastreo por las distintas emisoras, por la mañana en particular, ofrece una machacona rueda de ideas base para afianzar las posiciones del PP y el descrédito de sus rivales. La consigna actual es que lo sucedido con la Fiscalía es una treta de los fiscales díscolos que quieren ir por libre. Difunden sin cesar la versión de Moix como un mártir que se ha inmolado por el acoso “de la oposición”. Y hay quien se lo cree o se lo quiere creer. Lo enlazan, invariablemente, con la bondad de haber aprobado los presupuestos del PP. Un veterano periodista decía: “Hoy hemos dado una lección al mundo de estabilidad, responsabilidad y credibilidad”. Precisamente. En la orla de la transparencia y la ética mundial estamos.

El PP sabe que sus escándalos se tapan con otros nuevos, gracias a esta ayuda indispensable. Con la gente que se niega a saber que apenas queda resquicio en el que políticos corruptos no se hayan enriquecido metiendo la mano en el dinero de todos. ¿Se han enterado de lo de ADIF? Pues también se mojó,  defraudó a Hacienda casi 5 millones de euros. Es como una orgía de latrocinio en la que se mezclan nombres y tramas. ¿Que hay gente decente en todos los sectores afectados? Por supuesto.

La caja fuerte del erario público ha dado mucha publicidad y muy precisa a algunas empresas de comunicación. El dinero negro de las Cajas B les aportó medios de promoción superiores al resto de los partidos para encarar las elecciones.  Trampas que alteran resultados.

Falta la política. Con la caja fuerte de nuestros impuestos el PP ha compensado a nacionalistas vascos y canarios el voto a su política, a la del PP, a sus recortes y el estado de putrefacción que nos envuelve. Los desequilibrios que pueden existir, que sin duda existen, se solucionan por la vía recta preferiblemente. Con un gobierno decente que se ocupe del bienestar de todos, sin privilegios a cambio del voto. Eso no es política, es una transacción. Y el “aprovéchate” que tanto se oye en los mercadillos de saldos contribuye a la Marca España más nefasta.

El PP de Rajoy gobierna y desgobierna, corta, manipula y teje las redes que le convienen, sin grandes escrúpulos, porque puede y le dejan. Porque le apoyan Ciudadanos, nacionalistas y el PSOE con su abstención. Albert Rivera y sus Ciudadanos han hecho trizas su credibilidad, por más que se lleven a Rivera al Club Bilderberg, Cebrián, Ana Patricia Botín y De Guindos. El PSOE que ha cercenado la investigación parlamentaria de las Cloacas de Interior no tiene excusa. Y si la tiene debería aportarla.  Igual debe negociar con el núcleo duro que le echó por tener tan clara como tenía su postura hacia Rajoy. Pero el tiempo pasa y el problema hoy en el PP no son ramas podridas, es el árbol el que está enfermo.

¿Alguien conoce alguna razón presentable que justifique el apoyo al PP?

*Publicado en eldiarioes   02/06/2017 – 20:26h

Raimon: Quien ha sentido la libertad tiene más fuerzas para vivir

Verán, probablemente habría que hablar de un fiscal jefe Anticorrupción que añade a su pesado baúl una sociedad en el paraíso libre de impuestos de Panamá. De Rajoy, obligado a ir a declarar en persona a la Audiencia Nacional por la Gürtel y cuantas previsiones suscita. De la estabilidad que la amplia derecha dice sentir al ver bendecidos los presupuestos del PP. Del aterrador saqueo e injusticia que se esconde tras esa palabra, estabilidad, que solo contenta a los beneficiarios del sistema. Del oxígeno que se brinda a la anomalía que nos gobierna. De la compraventa de favores personales y de partido a los que llaman política. De los atajos ideológicos para lograr un botín que no es un derecho. De las trampas, eso es una constante. Hay tiempo. O formas. Porque la historia se puede contemplar desde otra atalaya: la que es y la que pudo ser.

Imaginen el salón de actos de una Facultad, la de Medicina en la Universidad de Zaragoza. Aquel edificio flanqueado por un maestro de la lógica, el turolense Andrés Piquer, o por un portento de la ciencia que fue el oscense Miguel Servet. Dentro, en vida de Franco, una multitud de jóvenes nos disponíamos a escuchar a un cantautor valenciano: Raimon, puntal de la Nova Canço catalana. No había resquicio ni para sentarse, ni para andar. Repartieron hojas multicopiadas con las canciones traducidas. Y, no sé cómo, terminamos todos coreando en un grito liberador: “No, jo dic no, diguem no. Nosaltres no som d’eixe món”. Porque, en efecto, habíamos visto el miedo y la sangre ser ley del mundo; y el hambre, el pan de los trabajadores. Y sentíamos que había llegado la hora de situarse ante un país que no habíamos hecho pero ante un tiempo que sería nuestro, para cantar las esperanzas y llorar la poca fe.

Creo recordar que los organizadores –en cabeza Plácido Serrano, de la combativa emisora entonces de la COPE en Zaragoza–, acabaron en el cuartelillo, pero aquella semilla había prendido. Tiempo después Raimon recordaría otro recital –no se llamaban entonces conciertos– en Madrid que reprodujo aquella sensación, 18 de mayo a la Villa : “Por unas cuantas horas nos sentimos libres y, quien ha sentido la libertad, tiene más fuerzas para vivir”. Sobre todo tiene más querencia por ella y más afán por no perderla.

Aprendí a entender catalán con las letras de Raimon, aprendí sus canciones de memoria. Ahí siguen intactas frase a frase. Sin problemas de inexistentes fronteras, ni físicas, ni lingüísticas. Barcelona, donde residía Raimon y casi todos los compañeros de la Nova Canço, era entonces un prodigio de modernidad, un foco cultural de primer orden, una capital de la Europa que se nos vedaba por tragar al maldito dictador. Los nacionalismos, todos, no digamos los grandes de tierra extensa y prieta, suelen ser reductores. Y aquella etapa mágica se diluyó en parte.

Pero hemos llegado al esperpento con el montaje actual que quiere convertir en el problema mayor de España que Catalunya haga un referéndum para opinar sobre su futuro. Órdagos secesionistas, Desafíos soberanistas, gruesas expresiones pueblan una prensa que parece haber vuelto al monocorde blanco y negro. Es como asistir a una partida de tute, ese juego tan español. Una escenificación para la galería.

La vicepresidenta del Gobierno del PP –del nacionalismo español, para entendernos–, dice que “Puigdemont quiere hacer un referéndum en lugar de escuchar a los catalanes”. Sin inmutarse. Solo el 1,4% cita en los barómetros del CIS, la independencia de Catalunya como problema, con ligeras oscilaciones por mucho que lo pregunten mes tras mes, año tras año. He llegado a la conclusión de que están todos en los partidos y medios conservadores y ultraconservadores, de otro modo no se comprende la bulla que meten.

Un gran tipo Raimon. Hombre discreto, tenaz y valiente, nos fue acompañando a lo largo de la vida. Levantándonos en vilo por su autenticidad en los tiempos de las esperanzas y los ideales compartidos. Aquel chico que dejó a su madre en Xàtiva, en el carrer Blanc, y a hermanos y amigos que, como su madre, esperaban que él volviera como siempre, eligió su camino. Raimon sintió que debía salir a contar palabras y hechos que nos hacen ser hombres entre los hombres. Humanos entre los humanos en la lucha contra todas las miserias, morales sobre todo, que nos lo impiden.

“Le he conocido siempre igual”, como él cantaba de otras personas con peso, sobre el escenario y fuera de él. Se retira después de 50 años en la brecha. Es de justicia decirle cuánto significó para una generación que soñaba con la libertad y descubrió que era posible tenerla. Y que entendió que tampoco es una utopía aspirar siquiera a los elementos de la justicia básica, el pan, el respeto, los derechos, la cura del dolor, la educación, la cultura. La decencia.

Para volver ahora a esta barbarie. A la corrupción y el fango, las mentiras, los intereses, por miserables pagos, platos de lentejas podridas. Escribiendo de Raimon, de aquel proyecto, de aquel empeño, actitud esencial que nació bajo el palio del dictador, y no terminamos de erradicar, se habla y se explica lo que ocurre ahora mismo. PP y Ciudadanos, la derecha española más rancia con su esqueje nacido para apoyarle, el PSOE que no encuentra su norte, quieren dar carpetazo a la investigación parlamentaria de la policía política con solo dos comparecencias. ¿Política? Están avalando las cloacas de interior. Las cloacas del Estado que hoy revientan de escándalo en Justicia. Esto sí que es un órdago y un desafío a la democracia. Todo estaba allí y los que nunca se enteran de nada ayudan a que permanezca.

Hay otras formas de vivir. Las esperanzas perdidas fueron muchas, son, a pesar de los logros, de no sentir vergüenza por la trayectoria como deben, tienen que, sentir otros. “A golpes se hace la vida, a golpes de fe perdida”. Lo que pasó, dolió, y no era nada. La luz que alumbra las metas permanece aunque a veces se ensombrezca. La amplitud de miras se quedó para siempre.

Muchas personas han comentado también cuánto les influyó Raimon. Y basta retomar las ideas, los sueños, para saber que era lo que había que hacer. Volver a oír las palabras que nos hermanan para reconocernos en la distancia y seguir diciendo que para esta basura que han montado no, no cuenten con nosotros. Pero sigue habiendo un mundo mejor por hacer.

Tiene Raimon una frase en su primer disco que fue como el carpe diem local: “Vivir como si nada fuera eterno, nada más este momento –la tarde, el cielo– quizás esto sea la vida”. No es mal consejo, momento tras momento se hace cada uno y la historia de los pueblos.

José Luis Sampedro, antídoto contra el ruido

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Cuatro años hace ya, este 8 de Abril, que nos dejó José Luis Sampedro.  Tras cerrar un largo y fecundo ciclo vital. Este 2017 hubiera cumplido 100 años, se quedó en 96 sin perder facultades esenciales. Con esfuerzo y mucho amor, se le recuerda ahora en los actos de su centenario. En uno de ellos, en la Biblioteca Nacional, en el mismo lugar que se celebró el primero tras su muerte, retomé la sensación de que José Luis Sampedro era, es, un antídoto contra el ruido. Y siempre estará ahí para servirlo y demostrarlo.

De nuevo, José Luis congregaba a familiares, amigos, admiradores espontáneos, trozos de su vida y compromiso como los trabajadores de SINTEL a quienes acompañó, con Olga Lucas, su mujer, en su acampada reivindicativa. Siempre es así, amor del bueno, suma de matices diversos.

Guardé dos textos de los que fueron recordados.

El primero lo leyó una de sus grandes colaboradoras, Gloria Palacios. Antecesora de Amaya Delgado que hoy preside la Asociación Amigos de José Luis Sampedro. Es un fragmento de “Monte Sinaí”, publicado en 1998, cuando el autor tenía 81 años. Narraba en él, su estancia en el afamado hospital neoyorquino, donde hubo de ingresar de urgencia por una grave dolencia cardíaca. El médico que le atendió era otro español: Valentín Fuster que dirigía el servicio.  José Luis hizo en este libro una profunda reflexión sobre el sentido de la vida.

“¿Para qué vivir? es una buena pregunta y mi respuesta es vivir para hacerse, pues hacerse es vivirse y no solo estar vivo ni, menos aún, vegetar. Pero aún importa más otra pregunta: ¿Para quién vivir? pues ni se hace uno solo ni se vive a solas. Quienes contribuyeron a hacernos, dándonos vida con ello, lo hicieron y hacen para ellos, pero también para mí. Siempre a solas nadie llegaría a ser humano y todos, ellos y yo, somos juntos lo que somos.

El abrazo del náufrago me reveló que la maga me necesita tanto como yo a ella (…) tan pronto me sentí despierto y consciente de mi estado enmendé mi pasividad (…) y me uní a mis salvadores. Pensé en quienes me han querido y me quieren y me querrán aunque me vean abatido, herido por el rayo, quizás ciego y necesitado de ojos y manos ajenas para todo. Me necesitan para quererme…

El otro texto que pedí para guardar, con las anotaciones personales, fue el que leyó el periodista Fernando Olmeda y pertenece al libro “La senda del drago”. Publicado en 2006. Sampedro nos remite a un buque imaginario en un mar nutrido de tendencias en el que el protagonista va constatando… el ocaso de la civilización. Pero de nuevo es la palabra que ahuyenta el ruido, la de ese momento en el que apenas amanece y se ve mejor la realidad más honda.

“Se desmorona la noche. Empieza la tiniebla a diluirse. Asoman promesas de luz. (…)  Renazco cada día, subiendo al alba, para vivir este intervalo augural, entre dos tiempos, el ayer y el hoy. En esa división, vislumbro mejor lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente.  Recibo a la luz naciente, que llega lenta, imponiéndose al fin en las alturas, pisando las movedizas nubes. Ya no me extraña ver, sobre mi cabeza, cordajes colgantes de un truncado mastín cruzado por una verga rota: ya me han dado la explicación de este viejo residuo de impensable coexistencia con la rítmica trepidación de la poderosa máquina en marcha bajo las planchas metálicas que piso. Lo que abajo me corroe, y a ratos me atosiga, se hace aquí insignificante, entre la infinidad celeste y el abismo marino. Entre esos dos polos y en la cesura del tiempo soy serenidad expectante”.

Antídoto contra el ruido, ya digo. Para ver lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente. Cuánto le echamos de menos. Aunque siempre estará en sus libros. Y en nuestros recuerdos.

 

 

 

 

“Limones negros” de Javier Valenzuela

El periodista Javier Valenzuela ha sacado nuevo libro, su segunda novela. Limones negros, Anantes, 2017. Se desarrolla, como la primera, en Tánger, Marruecos. Ciudad cítrica,  nos dice, por los limones, naranjas y mandarinas que ya forman parte de su obra literaria. Doy fe de lo que cuesta escribir una trama de ficción o remedo de ficción: la técnica es distinta al ensayo. Lo que hace Javier es conocer como su casa y su tierra esta ciudad y situarnos en ella con naturalidad, de una forma casi gráfica. Escenarios reales en los que van apareciendo personas reales que hablan como la mayoría de nosotros.

Siento un gran cariño por Javier Valenzuela. Lo encontré de casualidad cuando andaba desconcertada por el ERE de TVE que me había puesto en la calle y me echó un cable. El cable, para que escribiera y siguiera haciendo periodismo de alguna manera. Por camaradería. Lo que se dice un tío legal. Después fue él quien se quedó sin empleo, cuando El País hizo su ERE de grandísimos periodistas. Javier Valenzuela trabajó allí 30 años. Fue director adjunto, director adjunto de opinión, y corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington.

Por eso quiero hablaros de su libro, ya, poco después de empezar con el texto. Simplemente de lo que voy leyendo. Es una novela negra, naturalmente. Valenzuela es un especialista en el género, como lector.  El eje central es la corrupción. La española que busca nuevos horizontes y cruza el Estrecho. Con sus interrogantes, desde luego.

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De momento me he encontrado con el pobre Sepúlveda y su trauma de haber dejado de fumar. Vista mi propia experiencia, el trauma es realmente haber fumado y las consecuencias de dejarlo. Así que no es difícil ponerse en su piel, si bien empieza siendo un tanto tibio en compromisos sociales. Intuyo que no le durará mucho, porque toparse con la realidad, la suciedad, suele cambiar actitudes en la buena gente. Entre las mujeres, veremos. De entrada, Leila es con la que menos me identifico.

Pero lo apasionante es ser un lector informado, que sabe más que los personajes -una de las técnicas de la novela-. Sé que hay varios asesinatos, pero no a quiénes les va a tocar.  Ni cómo se desarrollarán los acontecimientos.

Ahí estoy pues. Llena de curiosidad y deseando mucha suerte con su nuevo libro a Javier Valenzuela.

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