Moción de censura, urgente exigencia ética

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones en el Congreso de los Diputados.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados. MARTA JARA

La fosa séptica de la corrupción del PP ha saltado por los aires. Por saturación de contenidos, y por el valor de los profesionales que se han empeñado en limpiarla a pesar de las zancadillas. La justicia sirve a la sociedad, a veces lo olvidamos. Tras una semana de “calvario mediático”, como la califica un colega, Unidos Podemos anuncia la presentación de una moción de censura. Si lo aprueban en consulta las bases, añaden este viernes. Con el candidato que prefiera el conjunto de los apoyos, de PSOE o Ciudadanos incluso.

Y el foco mediático cambia. Políticos y medios se lanzan a la crítica, con enorme virulencia. Como si estuvieran aguardando la ocasión para poner, de nuevo, parches de polietileno de alta densidad a la fosa de los detritus y tratar de contener el desparrame. Son muy respetuosos con la ética, la democracia, la pulcritud de las instituciones, pero la reacción desmesurada conduce a equívocos. Esas declaraciones airadas, esas portadas acusatorias, esos editoriales, otra vez. Contra Podemos, no contra la corrupción.

Con lo que estamos viendo, con provocaciones incluso de tutores del pillaje, que no sea un clamor que este PP debe dejar el gobierno resulta demasiado turbio. En la calle hay alarma social. En la que no anda entretenida, por supuesto, con los “juadores”, el equipo A, el Master Chef, Sálvame, o las adicciones partidistas. Abochorna la democracia que sean más duras las críticas a Unidos Podemos por plantear que no puede seguir este Gobierno, que a la corrupción del PP.

Echar al Gobierno que preside Rajoy es una exigencia ética, sin duda. No hay mal peor para una democracia, para una sociedad, que tener incrustado en el país un foco de putrefacción. Cada detalle que se conoce añade gravedad al conjunto. Lo último por ahora, la estrategia de Moix para someter a la fiscalía Anticorrupción que preside. Ser el único que hable con periodistas o controlar cada papel.

Las grabaciones judiciales a los protagonistas de la corrupción hieren los espíritus más curtidos, no así al parecer a políticos y medios. Nos tragamos el saqueo impenitente, los volquetes de putas de la Púnica de Granados, jueces enviados “a tomar por culo” de González, los hilos que se mueven para intentar que así sea, con mayor dureza en el caso de los fiscales: es demasiado, insoportable. No hay presunción de inocencia que tape la necesidad de una regeneración política, mientras la justicia sigue su curso.

Pero quien puede hacerlo no está por la labor. Es evidente. Al PSOE no le viene bien una moción de censura, descabezado ahora como está por su propia voluntad. Aunque la política es una actividad dedicada a trabajar por lo que le viene bien a la ciudadanía. Y este Partido Popular suma incesantes puntos contraproducentes para la salud social.

A la corrupción, como una losa que desprende toda su mugre sobre nuestras vidas, se añade la involución. El PP la intensifica, al ritmo que lo hace la sociedad sobre la que ejerce influencia. Llevamos unas semanas con unos brotes ultraderechistas, franquistas incluso, realmente significativos. Y el PP gobierna. Gracias a la abstención del PSOE y el sí de Ciudadanos. Y ahí sigue como un estigma a la credibilidad de estos partidos. Si la objeción fueran las formas de Unidos Podemos, presentarían su propia moción de censura. Y eso no va a ocurrir ni en sueños. Pedir dimisiones a secundarios, dejando al mando a quien nombra a todos es maniobra de distracción.

El PSOE no tiene ninguna posibilidad de gobernar en el estado en el que se encuentra. Los errores le lastran, como a sus colegas franceses. Los de Hollande, naturalmente. Tan vapuleado, que ni pudo presentarse a la reelección presidencial.  Valls, su jefe de gobierno, quedó aparcado por Benoît Hamon, el exministro, al que no echaron pero se fue en desacuerdo con las políticas de austeridad de su partido. Resulta patético que el PSOE salido del golpe contra Pedro Sánchez culpe a Hamon de su vergonzante 6,4% de votos.

La elección del PSOE está hecha desde hace tiempo: el PP. Para eso ató corto a Sánchez y le echó después. Por ideología y porque demuestra que no le incomoda seriamente la corrupción del PP. No secundará la moción de censura de Podemos. Y lo pagará probablemente. Si fuera por esta cúpula, los gobiernos del PP estarían garantizados sine die.

Ciudadanos tampoco. Es obvio. Dice preferir la estabilidad. La estabilidad de la corrupción, en la práctica. PP, PSOE y C’s han rechazado también la propuesta de celebrar un pleno monográfico en el Congreso para que Rajoy dé explicaciones por la corrupción. Como una piña. De ahí que se vea claro qué les incomoda más.

Recordamos estos días la moción de censura en 1980 de Felipe González a Adolfo Suárez, el presidente en minoría de UCD. El que reivindican ahora y añoran con lágrimas en los ojos como el mejor de la democracia. No vivíamos una situación de corrupción como la de ahora ni por lo más remoto. Se aprovechó la debilidad de Suárez ante las pirañas de su partido, muchos de ellos hoy en el PP. Sabiendo que no saldría adelante. Le fue muy útil a Felipe González. Poco después ganó y por aplastante mayoría absoluta, lo cuenta con detalle Sindo Lafuente. Las circunstancias son muy distintas en este momento. La prensa era muy distinta, los “ochenta” fueron los años de oro del periodismo en España. Y muchos siguen aquí. Evolucionados unos, involucionados otros.

Una moción de censura ahora, al PP, está mucho más justificada. Se trata de constatar al menos la situación abyecta que vivimos. Y definir los apoyos y las complicidades. No será fácil que los ciudadanos menos exigentes superen la barrera de a quienes les mandan detestar masivamente, pero al menos algo se oirá de los detalles que se ocultan (véase TVE entre otros medios). Sí, es una exigencia ética urgente llevar el debate sobre la corrupción al Parlamento.

Si el tactismo se admite en aquel y otros casos, pensar que es solo lo que mueve a Unidos Podemos a presentar una moción de censura, es la ley del embudo. Y que Podemos quiere “interferir” en las primarias del PSOE, que se basta y se sobra para interferirse solo, da idea del nivel que tienen los establecidos en España. Los establecidos, los que no pisan la calle o lo hacen con tapones en los oídos y antifaz de dormir. Siguen sin querer darse cuenta de lo ocurrido, de lo que desde las alturas provocaron, de las sombras mortales que se expanden sobre la ciudadanía en muchos lugares del mundo ya, por los años de políticas de la desigualdad, la injusticia y el saqueo.

En España, la única solución es un gobierno de concentración que, como escribía aquí Carlos Hérnandez, limpie a fondo la mierda. Superando crisis, rivalidades y rencillas. Porque conviene a la sociedad y no a intereses partidistas y empresariales. No va a ocurrir. Aunque la historia camina contra el bipartidismo corrupto, sus errores y manipulaciones. Y la salida en otros países está siendo caer en los híbridos del fascismo y los negocios, con vocación belicista y de recorte de libertades.

A todos los niveles, la ética empieza a ser una urgente exigencia.

Un país al que llamaremos H

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Hay un país en el que viven numerosos políticos y periodistas consolidados, incluso jóvenes aspirantes a entrar en el paraíso de sus mayores. En ese país la economía funciona y crece como hierba en campo fértil. Sus gestores se sienten muy orgullosos de su obra y se dan parabienes de continuo. Aseguran que cualquier cambio de rumbo supondría un experimento condenado al fracaso, un disparate. Siempre cuentan con periodistas que aplauden sus políticas y rebaten hasta el mareo de la audiencia los datos que contradicen la euforia. Y con medios que les contratan al efecto.

Es un país en el que ha aumentado la pobreza, con especial incidencia en la infantil. Un exhaustivo informe de la OCDE señala al empleo precario, la temporalidad y los sueldos bajos como causantes. Es decir, los efectos buscados por la Reforma Laboral que así troceaba y repartía los puestos de trabajo que no se llevó la crisis, aquello, esto, nunca atribuible como culpa a los ciudadanos. Son vidas de personas que no quitan el sueño a los altos mandos del clan, los ven como simples anotaciones contables. De hecho, otra noticia alerta del grave costo de la depresión en la Unión Europea: 92.000 millones al año. No de la brutal extensión de la traumatizante enfermedad, sino de lo que cuesta a las arcas de sus empleadores. Pero esos dramas ocurren fuera del ámbito de felicidad que rodea a los que mandan.

Porque ese país, el suyo, es sin lugar a dudas un Estado de Derecho donde el imperio de la Ley se cumple a rajatabla. Sin excepciones. Todos son iguales ante los sagrados mandamientos que de la forma más ecuánime se promulgan, gracias a la iniciativa del Gobierno, con la aprobación de las Cortes legislativas y el riguroso cumplimiento de los tribunales de justicia, algunos nombrados por el propio Gobierno o sus socios. Su único objetivo: lograr el bien común y el respeto a todos y cada uno de los ciudadanos, sin discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Lo de una vivienda digna para todos, sanidad y educación sin restricciones y algunos otros derechos se ha dejado un poco de lado porque cuesta dinero y hay otras prioridades a atender: sea rescatar bancos o autopistas que, con su buen hacer, terminan sosteniendo a la nación o a los que saben qué hacer con ella. Sea dar subvenciones, publicidad institucional, o meter la mano en la caja si la carne es débil y la cara muy dura. Ellos se organizan. Es de sentido común. La mayor parte de la sociedad lo entiende porque vivimos tan bien y nos compramos tantos aparatos electrónicos en cuanto aparecen en el mercado que compensa carencias, como las que cuenta la OCDE. De algunos de hecho, no de todos. Así que tampoco es mayor problema.

Una democracia consolidada en definitiva, que se respeta con pulcritud desde los más altos estamentos del Estado. Escrupulosamente sensibles al menor deseo de los ciudadanos, incluso cuando se expresa en críticas.

Tal es la armonía que los partidos que saben de esto, de su democracia, y los periodistas y medios de su círculo no tienen más remedio que plantar cara a quien llega en sus quejas al punto de querer cambiar algo. Se cogen las noticias, editoriales y lo que haga falta y se ataca y se venera, estratégicamente, para mantener el tinglado. Es ley de vida, el mal menor, siempre certero, hagamos el Sistema grande otra vez, faltaría más.

En ese país muchas personas siguen sin poder encender la luz o el fuego para cocer lo poco que brinda su despensa. A los niños los tienen masificados en el colegio, sin clases de apoyo, pagando algunos la maldad parental de insistir en llevarlos a la enseñanza pública. Algunas personas han ido suspendiendo sus tratamientos de enfermedades graves, cardíacas, desde que impusieron el copago para ahorrar. En vidas. Pero no los ven, estos se ven poco en los altos despachos y en las redacciones de élite.

En ese país se está deteniendo, encarcelando, llevando a juicio y condenando a muchas personas por protestar. O por sacar las urnas a la calle y preguntar. O por escribir tuits y cantar textos inconvenientes, o hacer teatro con marionetas. Son malos, escoria del sistema. Sí, algunos le llaman Sistema a esto.

Tampoco se trata de ser exhaustivos. No vaya a ser que no alcancemos el Nirvana, lugar en el que por lo visto se disfruta de gran confort. Claro que, en ese país, una anciana se planta ante el nigeriano emigrante que pide a la puerta del supermercado y le cuenta, pues lo normal, sus enfermedades. Y otra se va a la peluquería del chino, de esas que han puesto tantas y que peina estupendamente por 7 euros, y enebra monólogo:

— Pues yo trabajaba en el Instituto Nacional de Previsión, sabe usted.

— ….

— Oiga, le digo que si sabe usted qué era el Instituto Nacional de Previsión.

— Sí, le responde el peluquero, en una de las pocas palabras que conoce en nuestro idioma.

— Estaba en Conde de Peñalver. ¿Sabe usted dónde está Conde de Peñalver?

— Sí.

Y no le saca de ahí. Espitas de soledades y frustraciones. Siempre mejor que el anciano que aporrea el techo del coche que le ha cedido el turno en el paso de cebra, porque algo no fue de su gusto. O el joven sentado en el metro en un tintineo constante de piernas, pies y dientes. No pertenecen al club de los satisfechos aunque quizás votan para mantenerlos.

Ese país que vuelve a apalizar homosexuales porque es vital saber con quién se mete cada uno en la cama y prohibir y condenar. Ese país que sigue matando y cada vez más a las mujeres. Con saña, por derecho autoconcedido del ancestral machismo.  Ese país que lucha por volver tanto al pasado que hasta obliga a cambiar la Plaza de la Igualdad por su antiguo nombre de Divisiones azules de apoyos nazis y por ende franquistas. Ese país en el que la ultraderecha ya vuelve a respirar fuerte en clima amigo.

Ese país está en Europa, en la Unión Europea, que aprueba normas, hace reuniones, muchas reuniones, emite comunicados, insta a diferentes cosas. Y deja que la alcaldesa de Calais, Francia, del partido de Los Republicanos, el de Sarkozy y Fillon, en un estado gobernado por los socialistas de Hollande, condene, a muerte quizás, a miles de personas, dado que ha prohibido bajo sanción que nadie lleve comida a los refugiados. Como ese otro país, Hungría, que cobra 1.200 euros a los refugiados para cambiar de un campo de concentración miserable a otro algo menos miserable. Ese continente, que les deja vagar solos, sin atención, sin protección, que les deja morir solos, que les empuja a morir. Y que nos tiene en vilo no vaya a ser que nos coloque en Holanda a otro fascista.

Pues a esto le llaman Sistema, como digo. El país en el que viven los aposentados y la mayoría desconoce. O Casta o Trama, según las versiones, que es algo que enfada mucho a los que disfrutan del Sistema precisamente, y les lanza a escribir fieros artículo, de esos cargados de “presuntos” y “según ellos”.

Igual a ese país hay que llamarlo H. Mudo, sin función, a lo sumo marco para el suspiro, para el lamento. Ése que a base de aspirar en quejido da forma a la jota, la más rotunda de las letras.

*Publicado en eldiarioes

La propina

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Escribir una leyenda

Un enrejado metálico sustentado por torres separa la zona pública y la privada del Parque de Chamberí en Madrid. Llegarse hasta esa tela entretejida que detiene el paso, permite visualizar una historia que en el fondo es la eterna relación entre los señoritos y el pueblo llano. Eterna, en España sobre todo. Una trama de desequilibrios que se repite. Por su gestación, ni siquiera por los usuarios. No falta ni un ingrediente.

Quiso el guión que fuese por entonces hasta marquesa consorte la protagonista principal. Esperanza Aguirre, convertida en presidenta de la Comunidad de Madrid gracias al “Tamazayo” en 2004, inaugura en 2007 por primera vez –hubo más– el que dice ser un complejo deportivo y de ocio en lugar privilegiado de la capital. Ha modificado el plan de Alberto Ruíz-Gallardón –que también puso una primera piedra– para construir un parque de 120.000 metros cuadrados sobre el tercer depósito del Canal de Isabel II, ubicado en un barrio, Chamberí, con 150.000 vecinos. Aguirre le va a comer un buen pedazo para destinarlo a un Campo de Golf privado. Y, claro, entre que las pelotas se salen y cualquier persona puede entrar sin pagar, le levantan el vallado. En aquella inauguración, entre gritos a favor y en contra, Aguirre se dio unos pases de fútbol con Florentino Pérez, a la sazón presidente de la empresa constructora y un par de futbolistas famosos.

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Siempre me ha parecido una propina de parque. Los usuarios habituales se han acostumbrado sin duda, pero produce cierto impacto verles disfrutar del trozo que les quedó en los bordes, frente a ese campo casi vacío por lo general. Caminar, jugar al fútbol, subir a las instalaciones del parque infantil, o sentarse, con esa vista.

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La asociación vecinal es potente y ha luchado durante una década por tener un parque completo para el barrio, escaso de zonas verdes. El empeño dio su fruto, con la ayuda del cúmulo de irregularidades que jalonaron el proyecto de Aguirre. Hasta que la justicia lo tumba por considerarlo ilegal, en doble sentencia. Vean aquí un resumen de la peripecia.

Y de nuevo la España perenne resucita. La sentencia habla de restablecer la parcela al estado físico previo a la ilegalidad, lo que implica para los vecinos quedarse también sin la propina que les dejó el PP de Madrid a través de sus sucesivos presidentes: Aguirre y González. Y, como por milagro, irrumpe un afamado tertuliano especializado en estas labores y cuenta al vecindario que todo es culpa… de Podemos y un sector díscolo del PSOE. Ante hechos ocurridos, como siempre, mucho antes de nacer. El sector díscolo del PSOE, desde luego el de Podemos. Disculpen que no enlace su cosa para no contribuir a las visitas de la publicación.

¿Y los vecinos? Las dos actitudes del manual. De un lado los que nunca se movieron y ahora culpan a los que sí lo hicieron de quedarse sin el algo es más que nada. Niños llorosos que no van a poder jugar al fútbol llegaron en protesta por alguna parte, ancianos que tampoco van a poder bajar a pasear. Del otro, el mayoritario, un cúmulo de propuestas para mantener las instalaciones existentes y añadir nuevas en el terreno ganado. Y, sin duda, tirar el separador de tela metálica. Parece que las instituciones implicadas, Comunidad de Madrid, Ayuntamiento, Canal, tienen buena disposición al arreglo. Si no se cruzan otros intereses.

Lo llamativo es la aceptación de la propina en lugar de los derechos. El ataque al mediador. El dardo envenenado convertido en noticia, tan oportuno. De esta forma, la parábola del parque propina ayuda a ver una realidad bastante más general de lo que se cree.

Empleos, como propinas del sistema. Porque aunque es cierto que las propinas valoran servicios, a veces se convierten en versiones modernas y dulcificadas de la limosna. Con los saques que de vez en cuando da la patronal pidiendo, por ejemplo, pagar por debajo del salario mínimo a los menores de 25 años. O contando como trabajo emplearse a tiempo muy parcial. “En 2016, se firmaron 176.400 contratos de un día de duración”, contaba el economista Eduardo Garzón entre otros datos igual de impactantes.

La salud y la vida incluso como propina, si nos portamos bien. En 10 años el Estado ha pagado a la sanidad privada de Madrid 1.500 millones de euros, según denuncia CATMadrid, la Coordinadora antiprivatización. La factura anual es un buen pellizco mientras se deteriora la pública niveles hasta de derrumbe físico. Y pásense por otras muchas comunidades: Andalucía, Cataluña, y la mayoría que quiera usted mirar. En junio publicaba Raúl Rejón en eldiario.es otra sustanciosa historia de enriquecimiento en la sanidad a costa de dinero público. Nada raro si tenemos en cuenta que la inversión en sanidad pública ha descendido en Madrid, desde Aguirre precisamente, un 77%, según informe de CCOO.

La luz que ilumina, la electricidad llave que calienta, cuece o conserva, es otro lujo que se entrega graciosamente a los mortales. El ministro de Energía dice que hay que “acostumbrarse” a precios de la luz más altos, en momentos en los que su cuantía ha alcanzado la alarma social.

En los medios también se huele la propina de la que debe dotarse a puestos de cierta relevancia. De otra forma no se entenderían actitudes tan dóciles al mando, o a los deseos del mando.

En política, se acuerda un salario mínimo de 800 euros y luego se firma uno de 700 como un logro. Entibiar exigencias descabalga objetivos. Devaluar los sueños los convierte en propinas. El alpiste en el comedero, frente al banquete en el que otros se atiborran con el dinero de todos.

Estamos llegando a un punto en el que hasta la democracia se está convirtiendo en una propina. Su principal característica es la discrecionalidad con la que se otorga, impredecible en su cuantía y momento. Generalmente para agradecer dadivosamente un servicio. Mucho reconocimiento deben, sin duda, a la paciencia y templanza de esta ciudadanía, pero no a base de paguitas de marqués a vasallo.

En sentido estricto, los trabajos, los servicios, requieren una compensación formal y adulta. Contractual. Y las propinas sobran. De otra forma, es lo primero que se quita. Textualmente ya. Harrods, la potente cadena de grandes almacenes británica, sorprendió a los trabajadores de sus restaurantes hace unas semanas requiriéndoles el 75% de las propinas que recibían de los clientes, según denunciaron los sindicatos. Difícilmente se puede llegar a mayor mezquindad y a mayor sumisión de los afectados. La degradación de los derechos, por necesidad en el caso de los empleos, es arma de doble filo. En esto, el primero que acepta marca tendencia. También recuperar terreno y derribar vallas. Porque hay veces que se baja tanto la cabeza que ya no se puede volver a levantarla.

*Publicado en eldiarioes

2016, el año del desconcierto

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Dicen y escriben que 2016 ha sido el año que no vieron venir. Suele ocurrir cuando se vive en los cenáculos del poder y las personas se convierten en números estadísticos o un fastidio si osan hacer patente su malestar. Con claridad, 2016 ha sido el año de las mil definiciones que se resumen en una: desconcierto. El año que acaba ha confirmado el absoluto divorcio entre las élites y el resto de la población. El triunfo del No que lo caracteriza es a lo que todos ellos representan, a lo establecido, aunque los erráticos caminos de la banalidad programada, no hagan sino consolidarlo. Porque en 2016, la verdad, los límites de lo admisible, han saltado por los aires. El año en el que se volvió atrás para reedificar los más terribles monstruos de nuestro pasado, con el fascismo en ciernes a la cabeza. Se ha desencadenado lo que, desde hace no menos de un quinquenio, incluso casi un decenio, veíamos venir y escribimos. Basta tener los pies en el suelo y mirar qué sucede alrededor.

El rey en el palacio del ayer. La cuerda para el nudo. La risotada. El dolor. El consumible. La manta de la que tirar. Una espectacular ciénaga. Barra libre para robar. Para imponer. Para mentir. La pobreza invisible. Necesidades inaplazables. Impunidad. Crónicas cortesanas. Al servicio del poder. Periodismo. Al servicio de la gente. El año que fuimos “populistas” o el de las etiquetas. Aquél en el que la corrupción parece haber sido legalizada tácitamente. La invasión aplastante de los mediocres.

Maniobras para la continuidad del PP y las políticas de siempre

En España fuimos repitiendo elecciones generales hasta que -con un golpe de mano chapucero y evidente-, se formó el gobierno que conviene al poder, al que vive en camarillas y no ve venir otra cosa que las bandejas de canapés. O los peligros que acechan a sus privilegios. La decencia se ha resentido en gran medida del devastador impacto. Hasta provocar destrozos desestabilizadores. El “atado y bien atado” que anuda desde antaño los caminos de futuro de los españoles volvió a echarnos otra lazada más.

Repasar la mascarada política y mediática de estos doce meses deja sabor a inmensa tomadura de pelo. Es ver quiénes movían los hilos de la operación, cómo se desechaban las piezas inservibles, las encuestas-puñal, la maquinaria de la intoxicación a pleno rendimiento. Cuando en el Congreso entraron las personas que cada día vemos en la calle, los aposentados dieron un fuerte respingo. De ahí que se blindaran para luchar contra la pura alergia física a la realidad y a la posibilidad de algún cambio que alterara su estatus.

Por 2016 pasaron ministros, como José Manuel Soria, tan preocupado por los beneficios de las empresas energéticas y por orillar adversarios políticos, que terminó apeado por un offshore negado a ritmo de sainete. Y llegaron repuestos como la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en pura añoranza de aquel pasado de Beneficencia en el que la gente no se quejaba no fuera a ser que, encima, le cayera un buen palo. Conocimos al Hernando mutante de un partido llamado PSOE, las migas asturianas al PP, y a la reina en el sur pendiente de una Operación Triunfo, con los vientos favorables de los dioses del socialismo versión cachirulo. A la explosión de las tensiones, de la presión, en un proyecto interesante  que pesa más que las personas que no estén a la altura. A la evaporación de Ciudadanos mientras se desdecía, prácticamente, de cuanto dijo.

Corrupción fangosa

Vimos los grandes desfiles por los juzgados de un buen número de saqueadores de lo público, nivel presunto. Cuesta recordar la serie de mangancias, cohechos y cohechitos, prevaricaciones y transgresiones varias que este sufrido pueblo ha soportado. Menos mal que cada día llegan refuerzos para recordar que en cualquier otro país, incluso en algunos bananeros, la corrupción pasa factura. Y declaraciones como las de Francisco Correa, mediador de la Gürtel, hubieran hecho saltar gobiernos por los aires. Nos han dejado ahogados de cinismo y desvergüenza. A las personas decentes, se entiende.

Añadamos el temor a la impunidad que se materializa en la imagen de una Infanta de España que, a tenor de sus declaraciones: “Qué ganas tengo de que esto acabe para no volver a pisar este país”,  parece dar por hecho –como tantos otros- que saldrá exonerada de los delitos contra la Hacienda Pública por los que se le juzgó. El amor lo excusa todo cuando se posee sangre azul en particular. Azul realeza o azul ideológico. Mientras en España muchas personas siguen viviendo sin luz, mueren sin luz.

No hay sector susceptible de lucrarse en el que algunos de nuestros próceres no hayan metido mano. Todo es magro para la rapiña: infraestructuras, servicios, hasta colegios y hospitales. Visto los destrozos en la sanidad, incluso vidas humanas. 2016 nos deja la impresión de que en España operan varias mafias y que una parte de las pistas que sigue la justicia proviene de algún tipo de ajuste de cuentas entre bandas o facciones rivales. Algunas, como afirman las pesquisas judiciales de Ausbanc, chantajeando a bancos y empresas de lo más relevante del país durante 20 años sin que nadie dijera ni pío. En cambio todo español debe estar al corriente ya hasta del primer borrón, real o supuesto, de cualquier miembro de Podemos en sus años de parvulario y, sin duda, del color de su ropa interior.

La prensa cortesana

“Puigdemont promete romper España”, leímos en un titular entre los muchos irrisorios con los que nos obsequian a diario. “Insensato sin escrúpulos” llamaba un editorial al candidato del PSOE que acabaría defenestrado. La prensa oficial participando de parte en política. Hasta obvió noticias. Una bien reciente: la investigación por homicidio a dos altos cargos de la sanidad pública gallega al posponer la medicación eficaz para la hepatitis C no ha llegado a las portadas de los principales medios de la comunidad. Una más alejada en el tiempo, un juez grabado proponiendo a un imputado fabricar indicios contra su predecesora, Victoria Rosell, sin que tenga grandes repercusiones, ni mediáticas. La denuncia del ex Ministro Soria contra ella,   por supuesto cohecho, retraso malicioso y prevaricación, relacionado con el caso, archivada por la justicia con similar eco. Y nunca hemos sabido tanto de Venezuela y tan poco de Huesca, Cáceres o León, por poner el caso.

Multitud de personas en España, no se enteran de asuntos esenciales que les afectan. Cuesta creer que las graves noticias difundidas sobre la atención pediátrica en la Comunidad de Madrid no levanten auténticas ampollas. Hablamos de niños. Absolutamente imperdonable que las denuncias de carencias o deficiencias se estén saldando con despidos, ante el silencio cómplice de los apoyos políticos, de los medios y los propios usuarios. Vistas las consecuencias, seguramente muchos lo dicen solo en voz baja, aunque lo dicen.

2016, el año en el que las políticas pudieron cambiar y el pasado se atrincheró, dejando una ciudadanía anestesiada o frustrada. La España sucia ha ganado de nuevo la batalla, un respiro más. Un estertor quizás.

El Rey en su palacio

Descorazonador escuchar el remate del Rey Felipe VI, en un mensaje de Navidad conservador y banal por mucho que lo alabe la gran coalición de poder. Sorprende que una persona de su edad y preparación, con contactos en la vida real (de realidad) opte por ese camino.  El  discurso menos visto de la historia, y sigue hablando, con paternalismo, de un país que la mayoría desconoce.

Crece la ultraderecha

2016 se vio venir. El desvarío electo, la peste fascista. La hegemonía de los inanes convertidos en sujeto. Los nuevos rumbos mundiales sí traen significativas variaciones: la ultraderecha, la sinrazón, avanzan a grandes zancadas, mientras los medios y la propia sociedad vuelven a equivocar el foco. Los  emigrantes pobres no son los culpables. Y no hay nada -ni los dolorosísimos atentados terroristas-, más desestabilizador que la extrema derecha por su capacidad de llegar al poder en varios países, algunos muy decisivos. Europa entretanto no mueve un dedo. 2016 acrecienta el profundo deterioro del proyecto común. El año que… siguió muriendo la UE.

La involución ha animado a salir del armario posiciones ultraconsevadoras. El machismo se ha rearmado con fiereza. Con ese reguero de muertes incomprensibles, y la exaltación verbal de sus defensores. La homofobia también ha repuntado hasta apalear a varias víctimas.

El año que… sabe a injusticia y egoísmo llegado a la crueldad. En el que ya ni se mira a los miles de refugiados que se traga el mar -5.000 en 2016 como mínimo- o a los que se abandona llegados a tierra. Manos pequeñas que abrazan el llanto inconmensurable del padre. Niños que ya no lloran. Un año que apesta a cerrazón y torpeza. A mordaza, la forma que el poder autoritario tiene que dialogar con sus inferiores. A trampa, fraude, plagio, mentira y manipulación. El año en el que fue estruendoso el silencio de las buenas personas, de muchas que creen serlo.

Amanece cada día

Pero la vida no sería soportable sin las luces que alumbran la marcha y nos hacen levantarnos cada día con ganas de emprender la jornada. Asideros que cada uno reconoce como suyos. Sin manida autoayuda. Mi propia retina se llena de mujeres que se alzan con muchos pesos a cuestas para luchar por los demás, mientras den de sí las fuerzas. O jóvenes generosos volcados en una idea sin otro afán que contribuir a un mundo mejor. O un general, al que el gobierno del PP cesó con deshonor por su opción política, leyendo un libro, solo en una silla, en medio de un tumulto de personas, focos y cámaras.

Y, frente a esa prensa, radio y televisión cortesanas tan dañinas para la sociedad, he vuelto a ratificar, a conocer y reconocer a periodistas insobornables, empujados a contar lo que precisan saber los ciudadanos, cueste lo que cueste. Como un mandato irremediable que impele a revelar lo que el poder no quiere que se sepa. A pesar de las represalias o de no llegar a los afectados, tan distraídos en otros menesteres.

El año de las voces que ya no se callan para lograr detener la pezuña mortal de los machistas y las lenguas viperinas de su coro de soportes, colaboradores necesarios. Violencia y más violencia. Y, enfrente, coraje, fuerza, honestidad, razón.

He visto, ustedes también, a artistas, actores, a la cultura que persiste y vuela sobre las dificultades. A los científicos que se multiplican por encima de la tijera para investigar y buscar soluciones. A personas que, desde cualquier ámbito, siguen intentando lo mejor para su familia y para ellos incluso en terrenos hostiles.

La muerte y la vida

Es cierto que la muerte se nos ha llevado mucho en 2016: personas y utopías. Lo primero es lógico, lo segundo no, aunque lo diga aquel concejal mastuerzo de Pamplona. El mundo que resucita la irracionalidad y la violencia da miedo, pero podría caer en su propia emboscada. Otras muertes significativas, deberían tomarse, como insistía José Luis Sampedro, en algo que forma parte de la vida. Me quedo, si me lo permiten, con las viñetas feministas de la pionera Nuria Pompeia, fallecida este mismo martes. Ese compendio de valores que constituye “Matar un ruiseñor” que nos dejó en herencia perpetua Harper Lee. Carrie Fisher, la Princesa Leia de Star War por ser mito de una generación a la que demostró que una mujer puede encabezar una rebelión y que no hace falta ser perfecta. Con el entusiasmo del solista del Coro del Ejército Rojo al cantar la jota de La Dolores muerto, según se ha publicado, al estrellarte el avión en el que viajaba con sus compañeros en Navidad.  Con el propio grupo que hace muchos años nos descubrió los Ojos Negros de Rusia. Con la creatividad de Bowie y Prince, con la prodigiosa voz de George Michel y con Leonard Cohen que nos acompañó en un buen tramo del trayecto, en caídas y empeños. A muchos.

Con los caminos que recorrimos juntos, las fronteras que traspasamos, los muros que derribamos. Las jaulas que, más que abrir, rompimos. Las sendas cotidianas. En los pasos que buscan la belleza, la dignidad y la justicia. No hay otra, excepto si no ves venir nada que no sea tu propio interés. Los años no son sino tramos de tiempo a convenir. Pero, atentos, porque ése al que llamaremos 2017 se ve venir. Y viene fino. El nombre por el que será conocido aún está por escribir.

*Publicado en eldiarioes

Pierde Renzi, gana Austria… y Europa

Esta Europa que camina a trompicones ha tenido el domingo dos hitos importantes en su trayectoria. Italia celebraba un referéndum para reformar la Constitución promovido por su primer ministro Matteo Renzi y Austria repetía elecciones para las presidenciales que habían dado en Mayo un resultado impugnado por lo ajustado del escrutinio. Renzi ha perdido, Austria ha ganado porque ha echado a la ultraderecha.

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Matteo Renzi

Para quien no conozca a Renzi, Ettore Siniscalchi aporta datos significativos en CTXT.es.

Matteo Renzi tiene 40 años recién cumplidos. En un país decididamente gerontocrático como Italia, esto ya constituye una base programática del renzismo. Es joven, pero no “el joven líder socialdemócrata italiano”. Porque ni él ni el Partido Democrático (PD) son socialdemócratas. En la práctica asistimos a un fenómeno de usurpación del espacio político -que se corresponde con un vacío de representación-; la izquierda, en Italia, está representada por un partido que ya no se identifica con la izquierda. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Walter Veltroni asombró a todos cuando, entrevistado en 2008 por El País, dijo: “El PD no es de izquierdas”. Para entender a Renzi hay que empezar por el fin del PCI -Partido Comunista Italiano-, el PD de Veltroni y los veinte años de berlusconismo, a los cuales él pertenece por completo, aunque sólo fuera por edad. Es un hijo de esa época”.

Un hombre, Renzi, apoyado por la prensa del establishment y por Bruselas, dado que aplicó políticas de austeridad. Y así anticipaba Siniscalchi…

No es el único derrape a la derecha de las políticas del gobierno. Todo el jobs act recorta garantías y abarata el despido frente a los contratos a tiempo indefinido. Con las nuevas partidas del IVA triplica los impuestos para las rentas bajas (el ejército de falsas profesiones liberales que esconden trabajo por cuenta ajena sin derechos). ¿Va a crear trabajo? No se sabe pero de momento ha cambiado los equilibrios de poder en las relaciones laborales. En otros derechos, Italia no sale bien parada; aparece a la cola en libertad de prensa dentro de Europa y Renzi ha permitido la quiebra del diario L’Unitá, un referente para la izquierda, fundado por Antonio Gramsci. Renzi no ama el debate”.

Pablo Ordaz,  solvente corresponsal de El País en Roma, aporta más claves:

Sobre todo porque, más allá de las reformas concretas y de una única pregunta enrevesada para modificar 47 artículos de la Constitución, lo que subyacía era un voto de confianza hacia Renzi. El joven exalcalde de Florencia había convertido la consulta en un plebiscito sobre su liderazgo. Y le salió mal. El no se adjudicó el 59,11% y el sí solo un 40,89%. La participación fue masiva, con el 68,2% de los electores. Sólo dos regiones dieron su apoyo a la reforma del primer ministro: en su Toscana natal y en Trentino. En el resto del país, el rechazo se impuso inexorablemente”.

(…)

Para resaltar la necesidad de su reforma, que ya aprobó el Senado en octubre de 2015 y la Cámara de Diputados en abril, Renzi solía recordar que su Gobierno era el número 63 en 70 años de democracia. Italia tendrá que buscar ahora a su jefe de Gobierno número 64 en solo siete décadas.

La  inestabilidad política de Italia es un hecho, pero las reformas de Renzi eran conservadoras, sospechosamente parecidas a las que el PP, el bipartidismo en realidad, plantea en España.

  • Pérdida de peso del Senado que ni siquiera tomaría parte en la aprobación de leyes, salvo algunas fundamentales.
  • Nueva ley electoral con doble vuelta y la famosa prima que regala votos, que pervierte el resultado de las urnas y favorece al partido más votado. Rajoy es un entusiasta de esta medida.
  • Tramitación más “ágil” de las leyes. Muchas de ellas aprobadas en Comisiones y con un límite de 85 días en cualquier caso. Otra medida que entusiasma al PP, sobre todo en la instrucción judicial.
  • Centralización del Estado que recuperaría poderes en temas sustanciales como fiscalidad, energía, transportes e infraestructuras y los amplía en Sanidad.
  • Culminar la supresión de las provincias y por tanto de las Diputaciones.

 

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En Austria, ante el peligro de dar el poder a un presidente ultraderechista, se ha movilizado el electorado. Sobre todo las mujeres: 2 de cada 3 han votado a Van der Bellen, ecologista de 68 años, ex portavoz de Los Verdes y hoy independiente. Se ha impuesto con el 53,3% de los votos  al 46,7% obtenido a Norbert Hofer.

Las mujeres, Frauen, parecen tener más memoria de un no tan lejano pasado que desmembró Europa y a sus ciudadanos. El fascismo es cosa seria.

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Se quejaban en Italia de su prensa, como vemos. En España andan empecinados en llamar populismo a todo lo que no sea el establishment que defienden con uñas y dientes. Hofer no es populista, es fascista, con todos sus ingredientes de xenofobia y derecha extrema. Un 46% de austriacos le apoya. Y ahí está ese peligrosísimo foco que se extiende por Europa. El proyecto europeo no peligra porque los italianos hayan votado no a la Reforma de Renzi y se queden tan divididos como estaban. El problema es mucho más amplio y gira en torno a otros ejes. El austericidio que decretó Merkel y siguieron con entusiasmo la mayor parte de los gobiernos de la Unión Europea, las mentiras mediáticas, su papel político en la defensa de sus intereses empresariales, la banalización de la sociedad como causas. El desenlace está por ver. De momento los austriacos han sentido la llamada de la responsabilidad y nos han hecho un favor a los demócratas.

 

 

Muere Fidel en la era de la posverdad

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Al leer la noticia sentí la sensación de lo inabarcable y de la tarea pendiente largamente aplazada que abruma abordar. 90 años de vida y 60 formando parte de la historia. Las redes mostraban preocupación por lo que dirían unos y otros, por lo que dirían:  Fidel Castro había muerto en la era de la posverdad. Y ésa era la principal disuasión. El maniqueísmo, el blanco y el negro, los prejuicios, el hablar de oídas o la pereza y la prisa para informarse con datos fidedignos de tan extensa trayectoria. Artículos inevitablemente “largos” para el lector que prefiere nutrirse de titulares. O de espectáculos con “zascas”, mucho más entretenidos.

 Así pues, al enterarme de que había muerto Fidel Castro, tuiteé la noticia, remití a la extraordinaria obra del fotoperiodista Enrique Meneses, a un reportaje de TVE de Vicente Botín de 1984 y me puse a Pablo Milanés: Los días de gloria se fueron volando (..)Los días de gloria cerraban esperas, abrían ventanas donde iban entrando dolores de antaño hacia el porvenir. (..)Los días de gloria los dejamos ir.

Lo explica como nadie Ramón Lobo en eldiarioes, porque llena de contenido las luces y sombras de las que los más eclécticos hablan: “El personaje que encarnó desde los albores de los años 50 sobrevivirá a los aciertos y errores de la revolución. El principal, incumplir dos de las promesas motoras del llamado Manifiesto de Sierra Maestra: regeneración democrática y libertad. En Cuba hay presos políticos, personas que pagan con la cárcel los delitos de opinión.

Es cierto que no existe malnutrición infantil, ni violencia callejera, ni crímenes de todo tipo, ni pobreza extrema. Tampoco existen los feminicidios como en México y Guatemala. Es vedad que las cifras de escolarización son ejemplares y que ocupa el puesto 68 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, dos por delante de Costa Rica, considerada un paraíso por Occidente.

Es cierto que la revolución no lo ha tenido fácil, con un enemigo tan poderoso como constante. EEUU cercenó con el embargo el desarrollo inicial de la revolución. Con el tiempo ha servido paradójicamente de excusa para justificar los errores del sistema.”

El libro que Enrique Meneses dejó escrito para publicarse cuando muriera Fidel, revela desde el primer capítulo que adelanta eldiarioes la portentosa habilidad de Castro para moverse en las circunstancias más comprometidas. Sembrando para el futuro en cada aprieto que se encontró.

“El periodista español Enrique Meneses, el primer extranjero en informar de los jóvenes barbudos desde Sierra Maestra, decía que aquel primer Fidel revolucionario era cristiano y que llevaba una cruz al cuello”, relata Ramón Lobo. “Años después, Meneses cenó en Cairo con Ernesto Che Guevara. (..) El Che le informó de que Fidel le quería “dar paredón” porque había escrito que había comunistas en Sierra Maestra, algo que les restó apoyos en EEUU. Ahora podrán conversar en paz. Meneses se defendió: “Tu lo eres, y lo es Raúl”. “Ya, pero no nos convenía”, replicó el Che. Meneses, periodista de los pies a la cabeza, hizo lo que tenía que hacer, sin atender a conveniencias.

Lobo explica los errores que los adversarios de la Cuba de Castro cometieron. Empezando por  Eisenhower quien “no supo leer las posibilidades que le ofrecía la llegada de Fidel Castro al poder y terminó empujándolo en brazos de la URSS”, cita. Todo pudo ser distinto, pero no lo fue.

La densa historia tiene sus hitos y sus porqués. No puede resumirse en las proclamas interesadas que, por ejemplo, traen las portadas de la prensa convencional española hoy, por poner un ejemplo bien gráfico. Y menos cuando la censura y la represión de las tiranías están a la orden del día, aunque ya deberíamos olvidarnos de los “y tú más” que forman parte del juego de la farsa. Lo peor es que la verdad apenas importa en el magma de intereses que se cuecen. Mientras, la ciudadanía víctima se distrae de salto en salto mediático sin advertir cómo le saquean la casa y mucho más que la casa. Incluso portando estandartes que equivocan el bando. Incapaces de ver alcances de daños reales y motivaciones.

Mirar atrás solo sirve para entender el presente y cimentar el futuro. Es imprescindible recordar los despertares de esperanza en la justicia y la equidad que fueron cayendo a golpe de guadaña en aquella América Latina que se pobló de golpes de Estado y consecuentes dictaduras en los años 70 del siglo XX. Cayó Salvador Allende en Chile a manos de un Pinochet que lo sembró de muerte. Videla en Argentina hizo lo propio sobre los restos del Peronismo.

Bolivia cerraba esperanzas con Hugo Banzer, militar llegado trabajosamente a Coronel. Brasil se deslizaba de dictadura en dictadura. México se encontraba inmerso en los 60 años consecutivos de mandato del PRI, mientras se descomponía el Estado tomado por las mafias. En Nicaragua reinaba el dictador Somoza, que junto con Batista, gobernando en Cuba gracias a un golpe de Estado, o la Venezuela de los oligarcas hacían las mejores migas con del vecino del norte.

La Cuba de Fidel era una notable excepción. Alentadora, entonces. Y trajo en jaque a los países más poderosos, a extremos inauditos. Ningún otro país de su entorno fue tan tenido en cuenta.  Enemigo a abatir como lo fueron otros de Estados Unidos y muestran informes desclasificados que detalla Íñigo Sáenz de Ugarte: La CIA, Fidel Castro y Bahía de Cochinos.   Era como un David contra los Goliat, lo que acrecentaba su mito, para bien y para mal.

Los días de gloria los hemos ido perdiendo y no parece fácil recuperar el rumbo en un camino que se empecinan en borrar. Ahora tocan los Trump y los Rajoy, los Rajoy también. Con sus Cortes y voceros. Los payasos, los sicarios, los trepas útiles, los fachas ortodoxos y sus embriones clonados, los posibilistas, los sembradores de bulos y discordia, los vendedores de todo, la disuasión organizada del pensamiento. Y suena con toda intensidad la fanfarria, los platillos, el bombo, el ruido. La orquesta de la posverdad para amplificar la mentira y desarmar a los inocentes.

*Publicado en eldiarioes

¿Hablamos?

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Muchas voces, políticos implicados incluso, dicen: hablen ustedes, la voluntad de los electores ha sido que dialoguen y se entiendan. La idea de base no la comparto en absoluto: cada cual votó a quien creía que iba a defender mejor sus intereses o los de la colectividad. Y evidenció lo complejo y variopinto de la sociedad española. Cada uno pensó y sigue pensando que es su candidato quien debe prevalecer. No en el caso de Rajoy pero ésa es otra historia. Lo cierto es que probablemente sí hemos perdido como colectivo la capacidad de dialogar y que el hecho se sitúa como uno de los mayores problemas actuales. Raíz de muchos otros. No solo de nuestra sociedad.

Muchos experimentamos ya la sensación de hablar en el vacío o para un grupo de afines que, ni juntos, somos suficientes para hacernos oír. De calar la información, de reflexionar todos sobre lo que ocurre ¿estarían las cosas como están en España? La corrupción teñida ya de tintes mafiosos, emulando al Chicago de los años 30, con estamentos esenciales del Estado chantajeados o captados por la trama. Añadamos los manejos mediáticos. O, como Unión Europea, la barbarie perpetrada contra los refugiados y el crecimiento exponencial de la ultraderecha o fascismo. Cuesta creer que tantos padres se jueguen hasta el futuro de sus hijos, el suyo. O que la sociedad soporte lo intolerable. Quizás es que se producen demasiados soliloquios cruzados que no van a ninguna parte.

Una conversación tiene un mecanismo simple: hablar y escuchar, escuchar y hablar. Contenidos, por supuesto. Pero en España ha arraigado la técnica del tertuliano que consiste en monólogos sucesivos con cruces de acusaciones y preferentemente a voz en grito. Para ser precisos, se dan argumentos serios aunque a menudo quedan sepultados por la táctica del experto en grescas. Se limita a no dejar hablar al otro, interrumpirle, hasta agotarle para quedar con la última palabra y que permanezca su mensaje. Los espectadores se sientan, solos en muchos casos, a mirar, oír y, como mucho, volcar en las redes sociales críticas y opiniones. Pero sobre todo odios y amores como en los partidos de fútbol.

La técnica del tertuliano ha llegado a la calle, a la vida cotidiana. Es ya frecuente que incluso cuando te preguntan datos que necesitan saber en la más trivial de las conversaciones, sigan hablando sin dar espacio a la respuesta. No hay forma de meter baza y, al protestar, se opone la muletilla: Es que no me dejas hablar. Empieza a ser una tendencia. En lugar de escuchar, se aguarda con  impaciencia a que el otro acabe “su rollo” para intervenir. La atención hacia el interlocutor se apaga porque toca en breve soltar el discurso propio. Estudios norteamericanos (como suele suceder) señalan que nunca hemos estado tan polarizados. Tan aferrados a nuestros criterios y tan impermeables a ideas ajenas. Salvo las que, servidas profusamente por los medios como gotas malayas, coinciden con nuestros prejuicios. Incluso subconscientes.

En España ha arraigado la técnica del tertuliano que consiste en monólogos sucesivos con cruces de acusaciones y preferentemente a voz en grito

Estos vicios son los que numerosos políticos significativos –incluidos los que participan en tertulias bajo el eufemismo de periodista– han llevado a la máxima expresión. En público y en privado defienden sus intereses, sin oír al otro más que para contradecirle o anularle con el argumentario que traen de casa. Cuando esos intereses son tan distintos –basta ver sus hechos- no es fácil el acuerdo. Ni para formar gobierno, ni para gobernar. Lo hemos visto en la agónica post campaña.

No allanan el camino los exabruptos, las premisas previas, las mochilas -con piedras, cuchillos, cuentas y créditos pendientes-. Se han dicho cosas, en contenido y en tono, que más parecían la provocación para un duelo al amanecer que ganas de buscar acuerdos. Enmascarando algunos las intenciones reales de forma tan burda que solo los adictos no veían el truco. Por este camino no llegaremos a la meta que los ciudadanos precisan. Repugna tanta trampa. La política ha de ser otra cosa. Conversar, debatir, exponer la verdad al menos. El arte de la dialéctica no incluye mentir como rufianes. No, disparar porquería hasta que todo quede embadurnado. Deberían asumir a estas alturas que el descrédito de la política -que no deja de aumentar- viene de empecinarse en estos vicios. Y que siguen cavando su propia fosa.

Las voces de alarma remiten como fondo de la incomunicación a la soledad. Paradójica. Y es la que más debe preocuparnos. A la que crece de forma alarmante y se está imponiendo en esta sociedad que parece la más acompañada que haya existido. La que anda con un terminal en la mano para dar cuenta de  cualquier eventualidad. La que cruza absorta los semáforos en rojo gesticulando mientras parlotea en alta voz como si no pudiera hacer una cosa detrás de otra entregando a cada una dedicación completa. Al tecleo que se impone con comunicadores remotos mientras se está compartiendo mesa con alguien de carne y hueso que asiste en obligada ausencia. A Twitter en el que siempre hay alguien que lee y responde, pero que jamás sustituye al hablar y saber cómo está, cómo mira, qué siente, cuando escucha y habla. ¿Conversamos? No. Conversar es algo distinto.

“Si tu boca está abierta no estás aprendiendo” es frase certera que se atribuye a Buda. La escuché en una deliciosa charla de TED de la periodista de la Radio Pública norteamericana Celeste Headlee sobre la pérdida de la conversación. Y las reglas para recuperarla. La básica es escuchar al otro, tener interés por el interlocutor: “ Cada persona que llegues a encontrar sabrá algo que tú no conoces.Sal, háblale a la gente, escucha. Con la mente abierta para sorprenderte”.

Y es cierto, aunque, con el tiempo o la saturación por la futilidad aplastante, nos volvemos más selectivos y prestamos atención solo a quienes tengan algo qué decir. Algo. Serio, alegre, denso, jocoso, ingenioso, trivial, estimulante, emocionante, inquietante, enternecedor, apasionado. Algo. Se está más entrenado para ver en pocos síntomas si damos a la tecla mental de la desconexión. Pero, sin duda, los hallazgos existen cuando se aparcan los prejuicios y se camina con apertura de miras. Con tal universo de seres humanos, de ideas, de sensaciones alrededor, resulta estúpido perder el tiempo.

Hay demasiados invitados en esas mesas de las que se esperaba un gobierno. No aguardemos utópicos idealismos en quien solo aspira a llenarse la cartera o llenar la de las élites a las que realmente representa. Si la gente fuera capaz de repensar sus vidas y sus actitudes, algún cambio se lograría. Escuchar cuando oímos. Aislar el ruido. Reflexionar sobre cómo, por no conversar en el estricto sentido de la palabra, estamos dejando pasar y pudrirse asuntos esenciales. Encontrar interlocutores con quienes dialogar, aprender, e ilusionarse de nuevo. Hacer un curso conjunto para sacar castañas del fuego. Buscar otras vías que nos liberan de esta nociva e inmensamente aburrida, tediosa, repetitiva, falsa, desfasada, hueca, mediocre jaula de grillos. E ir al grano.

¿Hablamos? ¿En serio? Merece la pena. Tenemos un gobierno que elegir, volviendo a las urnas con gran probabilidad.

*Publicado en eldiarioes

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