El Régimen del 78 se atrinchera

Sobre el escenario, el Régimen del 78. Protagonistas vivos, herederos, periodistas y estrellas. Parada militar para conmemorar la Fiesta Nacional de España. 12 de Octubre. Día de la Hispanidad. Aniversario del Descubrimiento de América. El Rey aparece durante el desfile con rostro serio, ofendido, enfadado incluso, y así seguirá –según muestran las fotos- en la recepción en el Palacio Real. No ha faltado más que la muerte de un joven piloto que acabó estrellado con el Eurofighter con el que participó en el desfile. Su mujer contemplando la tragedia. Rajoy y Cospedal se van al lugar del accidente. No sin antes pasar por el besamanos o saludo personalizado. Rajoy con el dedo inhiesto que ahora usa mucho. De autoridad.

La Reina Letizia luce “un estilismo de los años 50”, muy apropiado al momento que vivimos. Compartido por otras principales como Cospedal. El de la Reina es de tweed, o sea, lana. Con 30 grados a la sombra en Madrid. Soraya Sáenz de Santamaría, “la supervicepresidenta”, “con esa melena juvenil que le sienta maravillosamente”, dicen las crónicas. Otras, le ven parecido con Jackie Kennedy, los 50 de nuevo. Cifuentes abandona el paraguas con la bandera de España del año pasado para, dado que no llueve, usar una cartera de mano también rojigualda. En cambio, Manuela Carmena, “vestida siempre de ama de llaves de un stately home[casa señorial] a lo Downton Abbey, no lució esa sonrisa que muchos dicen “de barracuda”, continúan las plumas palaciegas.

Estaban todos. En un evento que parecía haberse convertido en acto de desagravio al rey por querer partir España, la España de todos ellos preferentemente. Casi un pleno de presidentes autonómicos. Hubo llamadas para que nadie que importa faltara. No acudió Puigdemont, claro, pero este año ni se reseñó la ausencia presidencial catalana. Felipe González con gafas de sol. Guerra con la mandíbula apretada. Pedro Sánchez entra con José Luis Rodríguez Zapatero. Se han reconciliado. Sánchez se ha reconciliado hasta con Mariano Rajoy. Ha explicado en distintas entrevistas que “ha normalizado” mucho su relación con Rajoy. “Aquí estamos, echando una mano al presidente del Gobierno”.

Este muchacho que cada poco dice una cosa, iba a pedir la dimisión de Rajoy como primera medida al volver a la secretaría general del PSOE, ahora ha descubierto las bondades del líder del PP que deben ser muchas y ocultas dado el magnetismo que produce sobre los notables del país. Mientras el alcalde Valladolid por el PSOE echa abajo una calle dedicada a la premio Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú por haber criticado la represión policial en Barcelona.

Nos relatan que Sánchez camina entre admiraciones del selecto grupo reunido en el Palacio Real.  Ha destronado a Susana Díaz que el año pasado era quien acaparaba los focos. Ahora ya sabe el personal que también tiene “un gran sentido de Estado” al apoyar a Rajoy. Borrell recibe múltiples parabienes, tras su aparición estelar en la Plaza Urquinaona, con García Albiol y Vargas Llosa, defendiendo la unidad de España ante el reto separatista catalán.

Políticos como Trillo o Gallardón, hasta Aguirre estaba. El clero, el Cardenal Rouco Varela a quien Felipe VI le dedicó un especial saludo. Todo el plantel de periodistas conservadores. Lo más relumbrún de la nobleza y los empresarios. 1.500 personas que cuentan. Bipartidismo con un soporte por la derecha, si cabe más a la derecha. Con Albert Rivera que ya actúa de tercer partido en los medios, aunque no lo sea. Con Arrimadas en Barcelona. “Una mujer-bandera, una política-bandera”. “Inés, como María Pineda, tiene empaque de heroína lorquiana y está dispuesta a bordar su vida en la bandera de la Constitución”, leo. Ese rigor, esa implacable dureza gélida, esa insistencia en las elecciones. Todos ellos. Elecciones ya en Catalunya que viene el voto de cara. O no. Se ilegaliza algún partido independentista, por si acaso.  O se pasa. Ya vuelve a hablarse de un Gobierno de concentración con presidente que guste a las élites.

El sol brillaba inmisericorde este 12 de octubre. Un calor exagerado para la época. Parecía reflejarse en las banderas rojigualdas de ventanas y balcones. Más que nunca. Igual que los asistentes al desfile. Más que nunca. Un clamor por la unidad de España, siguen relatando las crónicas palaciegas. La afición a tomar la parte por el todo cuando conviene. Y al mismo tiempo en los medios el relato de la prosperidad presunta, las playas a rebosar, ocupación hotelera al completo. Un clamor en la arena. Todo felicidad. La mayoría silenciosa se reparte donde interese para la imagen. Ésa que unos perversos les quieren aguar.

En la recepción, nos dicen, faltaban Pablo Iglesias y Ada Colau. Pero, añaden, que de alguna manera sí estaban. En las lenguas de la refinada recepción, para despellejarles. ¿No hubo un periodista de la troupe que mandó en su día a la alcaldesa de Barcelona a fregar? Iglesias haría buen papel de mozo de caballerizas. Irene Montero, sin duda de asistenta de la vicepresidenta. Incluso puede contar con el asesoramiento del ama de llaves de casa bien, la magistrada Manuela Carmena. El Régimen del 78 no tolera advenedizos. Aunque nos tenga España hecha un exprimidor de servicios fundamentales que para algunos parecen valer menos que las banderas. Con los ultras desmandados.”Puigdemont, a prisión, Trapero, traidor” y loas a los Reyes Católicos, en Barcelona este 12 de Octubre. Y en este exquisito régimen de libertades, de renovados entendimientos bipartidistas,La mala reputación de George Brassens apenas sin mentarse en las redes por primera vez en décadas. Cualquiera se atreve.

Pero se les van abriendo brechas importantes. El Consejo de Europa se une a las condenas por la violencia policial desplegada por el Gobierno de Rajoy el 1 de Octubre en Barcelona. Algunos medios extranjeros no entienden que ni siquiera haya pedido disculpas, si es que eso resolviera algo.  Como muestra este editorial del británico The Guardian.

Y un mal paso inesperado que ha abierto muchos ojos. El despido del periodista y escritor John Carlin de El País por un artículo publicado en The Times, crítico con el Gobierno y el Rey y titulado “Independencia de Catalunya:  la arrogancia de Madrid  explica este caos”. En este casino, se juega. En España, hay medios que mienten y manipulan. Y censuran. No este, ya les dije. El País, prescindiendo de Carlin, ha hecho ver a periodistas e intelectuales foráneos más que cientos de artículos de denuncia pormenorizados. Incluso reparan en los que callan y otorgan entre sus compañeros. Al menos hasta el próximo despido.

El bipartidismo atrincherado. El que también llenó plazas para ser rechazado y decir con contundencia: no nos representan. Ya no es ni siquiera “la casta”, quizás es la Corte. Y esa vuelta a los 50´ de mano dura, punto en boca, racionamientos de libertades, marcadas clases sociales. Y el paso atrás como norma. La televisión encendida sin sonido, con personajes que actúan, gestos, movimientos, oropeles desplegados en el escenario político. Y, fuera, 46,5 millones de habitantes (repartan mayorías silenciosas y clamores). Con aspiraciones legítimas y derechos que desde las torres de marfil ni se intuyen.

 
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La unidad de España no es el principal problema

Imaginen la escena: la organización ultraderechista y ultracatólica “Hazte oír” monta una perfomance, dice, en las inmediaciones de La Moncloa, sede del Gobierno español, con personas vestidas de gallinas repartiendo huevos. La escena quería llamar gallina, cobarde, al ejecutivo de Rajoy por no aplicar ya el artículo 155 de la Constitución a Catalunya. Lo ha explicado una redactora de la web vinculada a “Hazte Oír”, autorizada al selectivo uso de la palabra en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. El portavoz, Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, Barón de España, ha aprovechado la pregunta para explicar algunos postulados del Gobierno. España. Cuarta potencia europea. Año 2017. Siglo XXI. Ahora ya podemos empezar a analizar el momento que vive nuestro país.

Como en los oráculos de Delfos de la Grecia antigua, el gobierno suelta frases para ser interpretadas. Sugiere, por primera vez, “ sellar la fractura en el Parlament”, siempre que se renuncie a la declaración unilateral de independencia. Al presidente Puigdemont también le piden repensar la decisión miembros de su partido, de la antigua Convergencia que, como Artur Mas, nunca fue independentista. En este escenario ya puede ocurrir cualquier cosa. Solo que las graves heridas en la convivencia son reales. Las amenazas pendientes también. Y ha emergido una vieja España, muy preocupante, que hoy ha sido autorizada a sentarse con los periodistas y repartir huevos en los aledaños del palacio presidencial llamando “gallina” al Gobierno.

El delegado del gobierno en Aragón ya le había puesto nombre al movimiento: “Los sediciosos han despertado al toro español”, ha dicho. Según este político del PP, el toro “representa las esencias de un pueblo forjado durante siglos en el crisol de la historia”. El crisol no suele aglutinar historia, sino razas o culturas, pero ese toro español va de todo lo contrario. Los ultras que acorralaron impunemente a varios cargos electos hace unas fechas en Zaragoza, han logrado ahora, al parecer, una nueva victoria con una campaña masiva para que Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, no fuera a recoger este sábado una medalla concedida por el Ayuntamiento. Lo último que se ha dicho es que no aparecerá en público.  Solamente por su procedencia e ideología tan contraria a la de ellos. Si esto sigue, es de temer dónde acabaremos.

El anticatalanismo está adquiriendo caracteres de xenofobia sin paliativos. A todo un pueblo. Lo detestan pero lo quieren rendido y atado. Estamos en el siglo XXI y no lo parece. Con políticos que llaman a obispos de mediadores, como hicieron PP y ERC. Ellos, con más criterio, rechazaron la oferta.

El lunes, cuando mayor era la tensión, llegó Felipe VI. Su discurso fue implacable, no dejó el menor resquicio al diálogo. Los sectores más conservadores de la política española le dieron un cerrado aplauso. Si la pareja real pasea estilismos por el mundo, incluso en la pérfida Albión, Felipe VI lanzó un mensaje ante el conflicto que ningún otro monarca europeo hubiera hecho y menos tan afín a los postulados del Gobierno. Con las diferencias de matiz en los casos que se quiera, la Reina Isabel II se declaró y mantuvo neutral en el referéndum para la salida de Escocia del Reino Unido. Londres pidió su intervención y se reafirmó en que era “un asunto del pueblo escocés”. Isabel II se comportó de igual forma con el referéndum para el Brexit que, aprobado, refrendaría con su firma. El simbolismo de Felipe de Borbón al colocar detrás y con bastón de mando a Carlos III -que prohibió que se enseñara catalán en las escuelas y la edición de libros en catalán- le retrató a él. Imágenes nada favorecedoras, en resumen. Carlos III fue un monarca que nació hace 300 años. Así de lejos estaba ya el nacionalismo catalán como conflicto.

Las llamadas al diálogo son ya apremiantes. El influyente semanario británico The Economist, otra de las grandes “biblias neoliberales” conmina a Rajoy a negociar en un durísimo editorial, con conocimiento de causa. Reclama un acuerdo que incluya un referéndum de independencia con todas las garantías. El presidente español “no está impidiendo la ruptura de España, sino acelerándola”, dice The Economist.

A Catalunya le están haciendo ya un Brexit fulminante y sin negociar -tampoco- las condiciones. Grandes firmas comienzan a marcharse de la comunidad. El Gobierno les facilita el traslado con un decreto ley, aprobado “a petición de varias empresas”. Grave irresponsabilidad por cuanto puede desestabilizar una fuga masiva, siquiera nominalmente. Apostar por hundir un territorio del país que gobiernas, lleno de ciudadanos, no puede tener sino un efecto boomerang. El PSOE no se opone. Ciudadanos, por supuesto, lo apoya. Las empresas se van adónde ven beneficio a veces con poco escrúpulo en la explotación de trabajadores.

La biofarmacéutica Oryzon registró grandes subidas en la Bolsa de valores al cambiar su sede central a Madrid el martes (aunque ahora baja). La ministra de Empleo, Fátima Báñez,  se congratuló de ello. A estos esperpentos estamos llegando. La de Empleo.

La última en desertar Caixabank, la Caixa, la gran Caja que muchos catalanes sentían suya. Se va a Valencia. El jueves anunció su traslado el Banco Sabadell, esa afortunada entidad a quien el Banco de España de 2011 (Gobierno Zapatero) adjudicó la CAM, Caja Mediterráneo –de las quebradas por gestión PP- por 1 euro. Y tras inyectarle 5.249 millones de euros de dinero público. Se dijo que era el mayor rescate bancario dado en España. Luego llegaría, con el PP, Bankia, haciendo saltar los récords. Estos se van a Alicante que tiene su lógica. Han seguido Gas Natural y otras hacen ya las maletas para cambio de dirección social y fiscal,  el empresariado catalán se ha convertido en actor preferente del drama. 

De cualquier modo, Marruecos o Bangladesh son centros de trabajo de empresas españolas, que se han deslocalizado para abaratar costes sin que se rompiera España ni nada. La economía se está viendo afectada, claro que sí. Y más que se verá de seguir por este camino. Esperen, si llegara a producirse, con un ejército aplastando sedición y rebelión por las calles. No será España al completo un lugar favorito para invertir, ni para viajar en vacaciones. Los próceres patriotas tendrán, entonces, que marcharse a ubicar sus sedes en Fráncfort o en las Islas Caimán  OffShore donde ya tienen muchos delegaciones.

Sería imprescindible que quienes se cuelgan de banderas con sana intención valoraran todos estos patriotismos. El caso es que aquí estamos. Plenos de tensión. En un clima bélico, según resaltan los medios audiovisuales. Enfrentados ciudadanos con ciudadanos, fuerzas de seguridad con unos y otros. Policía y guardia civiles son cuerpos disciplinados, cumplían órdenes con seguridad el domingo trágico del referéndum que no olvidará el mundo. Se les ha puesto en el disparadero. Las víctimas han reaccionado airadamente. Pero ha sido el Gobierno. El presidente Rajoy, el ministro Zoido, y la vicepresidenta Sáenz de Santa María. Forman parte, con Puigdemont, de políticos quemados en el envite.

Si el PP no se ocupó en absoluto de diseñar un modelo económico de país,  se dotó de todos los medios legales de represión como si se blindara a la contestación a sus medidas. Todo previsto. Un Tribunal Constitucional sancionador, y las Leyes y Códigos Mordaza. Faltaba la Ley Torquemada para censurar Internet a niveles de China o Turquía. Marta Peirano contó los detalles de este otro hito represor, mucho menos conocido.

Vean lo que avalan, pues. El conjunto completo. De ese depauperado Régimen del 78 que reúne a poco más de la mitad de los votantes y que quiere mantenerse y reforzarse apelando a reacciones muy primarias. Sobre todo del núcleo conservador. Van en el mismo barco, cuando caigan lo harán todos. De ahí la virulencia.

Las turbas anti Piqué dan una medida de la España a desterrar, de la que se deja impávida robar sus derechos y se moviliza por el anticatalanismo o cualquier espoleta visceral. La “mayoría silenciosa”, como tituló inicialmente El País, que grita el elaborado argumento del himno futbolero  “yo soy español, español”.  La España que no deja crecer a la que viene sembrada de futuro. Una y otra vez en nuestra historia.

España puede enorgullecerse de muchas más cosas que del toro y los crisoles o los tópicos de Campofrío, pasión de Ciudadanos. Se ama España no robando del dinero público, no votando a corruptos, defendiendo el bien común, fomentando los potenciales de todos, conservando los valores que merece la pena conservar y tratando de dejar ya en el desván lo que nos lastra. Apostar por leer a nuestros autores, embeberse de la cultura y la ciencia que hemos producido. Basarnos en la creatividad, en la imaginación, en el entusiasmo, que nos define.

Frente a todo esto, tenemos el bastón de mando y la mano dura, los golpes, la irracionalidad, la siembra del odio y del miedo. La irresponsabilidad que ha puesto en juego lo peor hasta lograr un esplendoroso desastre. Las imágenes deldesagravio rojigualda el domingo en Barcelona van a volver a dar la vuelta al mundo.

El despertar del “toro español” hibernado que nunca dormido, la vociferante mayoría silenciosa, la alianza del capital sin patria, derecha política y derecha mediática. La que prefiere aplastar a dialogar.  España unida o en partes ya no es el principal problema. Es España en sí, una cierta España.

Nuevo curso: el futuro no siempre es lo que parece

Con tozuda tenacidad, España comienza curso político cuajado de anomalías. Las que arrastra, agravadas. Con un Gobierno en minoría que actúa como si dispusiera de mayoría absoluta y para largo tiempo. Con una prensa oficial entregada a sus tesis, cuarto poder para servirle. Pese a la corrupción, el autoritarismo, la involución o los agujeros profundos de una gestión económica que tapan cifras macroeconómicas cogidas con pinzas. Con el horizonte inmediato del referéndum catalán que muchos usan a su conveniencia y que no oculta los defectos de base. Con repetitivas consignas políticas que saben a huecas.

Nadie hubiera dado un euro por la continuidad de Rajoy como presidente y del PP como gobierno tras los SMS al tesorero Bárcenas en la cárcel, la precarización estructural del empleo, la Ley Mordaza, el destrozo de la Justicia, el escándalo constante de RTVE, o el desprecio con el que tratan a la oposición. Para muestra la última comparecencia de Rajoy que ni mencionó la palabra corrupción por la que declaraba. Y ahí le tienen, les tenemos, sembrando la sensación de que es otra cadena perpetua de la que los españoles no pueden librarse.

Les propongo mirar un poco más allá, a lo que muestran otros datos menos tenidos en cuenta.

Rajoy es presidente del Gobierno habiendo logrado 7.906.185 votos, el 33,00 % de los emitidos, que le proporcionaron 137 diputados. Precisó los recibidos por Ciudadanos –cuyo presidente Albert Rivera había declarado con insistencia que jamás le prestaría tal ayuda-, Coalición Canaria y la abstención de los diputados del PSOE, excepto 15 que votaron en contra. Para aprobar los presupuestos Rajoy ha logrado los apoyos que necesitaba, a cambio de diferentes concesiones del presupuesto general.

Hemos de recordar una vez más que el PSOE consumó un auténtico golpe interno expulsando de la secretaria general a Pedro Sánchez. Y éste dio paso a la inmediata abstención que otorgó el Gobierno a Rajoy. En contra de sus 5.424.709 electores que habían acudido a las urnas convencidos de que su papeleta no serviría para que el presidente del PP siguiera en la Moncloa. El PSOE hoy cuenta con los mismos diputados, 85, Sánchez de nuevo como secretario general y Rajoy continúa al frente del gobierno. Seguro y muy crecido.

En el mismo tono humillante que empleó con todos sus oponentes en el Congreso, quiso tener una deferencia paternalista hacia el PSOE, representado por su portavoz Margarita Robles. La acusó con falsedades pero, en aras del quien bien te quiere te hará sufrir, explicó: “ Lo hago para favorecerla. Para mí el PSOE es el principal partido de la oposición, si no le parece bien, me puedo dirigir al señor Rivera… ”.  Como broche final, retó a la oposición a que le presentara otra moción de censura.  Una provocación arrogante de alto significado. Rajoy parece saber que no lo harán. Nunca es el momento. Por prepotentes que sean sus desafíos. Los ministros del PP se distraían con móviles mientras hablaba Rivera y tampoco se molestó.

Nunca es un futuro demasiado largo.

Los análisis de los resultados electorales demuestran que más de 5 millones de los votos obtenidos por el PP corresponden a mayores de 45 años. Sobre todo mayores de 65, cantera de la que obtiene 3 millones largos. Los mismos segmentos que votan mayoritariamente al PSOE. Similar porcentaje, menos votos. Son, por ejemplo, más de 1.400.000 los mayores de 65 que depositan su confianza en el PSOE. En las últimas elecciones para que no siguiera Rajoy, conviene insistir. De no captar votos en tramos más jóvenes, ambos partidos van camino de perder clientela esencial.

Por el contrario, Unidos Podemos superó en votos a sus competidores entre los menores de 45 años. La mitad de los 5 millones de votos recibidos fueron de personas entre 25 y 45 años. Los principales resultados de Ciudadanos están en el segmento de 35 a 54 años. Un tercio de los 3 millones de votos que recibió.

España es un país muy envejecido, los mayores de 65 son casi el 19% de la población. Mientras disminuye el número de jóvenes que apenas llegan al 15%, ni aun extendiendo el tramo, desde los 15, hasta los 30 años. Consecuencia de la precariedad que impuso lo que llamaron crisis, muchos jóvenes han emigrado. Encima, encuentran dificultades para ejercer su derecho en las eleciones por el voto rogado. Tenemos ya en España un crecimiento vegetativo negativo. Esta composición demográfica  es letal para poder mantener los mínimos de la sociedad del bienestar.

Pedro Sánchez apuesta, dice, por hacer una oposición de Estado, que viene a ser más bien lo que se entendería como una colaboración de Estado en asuntos como la independencia de Cataluña y algunos otros. Apuesta por ser la alternativa a Rajoy, lo mismo que él, y ambos por el bipartidismo.

El Barómetro del CIS de julio, el último por ahora, opta, como los medios convencionales, por ese bipartidismo irreal. Pregunta por el Gobierno y su presidente y por la oposición y su líder. Solo están el PP y el PSOE, es decir  poco más de 13 millones de votos de los más de 24 millones emitidos.  Reciben calificaciones muy severas. Solo al 10% le parece buena la actuación del Gobierno y superan la mitad quienes la estiman mala o muy mala. Más repartida la nota del PSOE como oposición entre el regular y el muy mal, solo el 6,4% considera que es buena su actuación. Rajoy inspira poca o ninguna confianza al 80% de los encuestados. Y Sánchez al 78,5%

La mayoría de los sondeos hablan de una remontada espectacular del PSOE con Pedro Sánchez. Los sociólogos llaman a ese ascenso transitorio por un cambio de liderazgo reciente “Efecto luna de miel”. Luego está el Efecto Sánchez en sí cuyo recorrido ya conoció en su primera etapa.  Y que podría repetir camino por la indefinición en asuntos clave. Porque la oposición o colaboración de Estado, las comisiones de estudio, dan escaso fruto cuando se precisa un auténtico zafarrancho de limpieza en esta porqueriza.  Todo puede ser, sin embargo. En breve, en Alemania, comprobaremos en qué quedó el Efecto Schultz, tan promocionado. El socialdemócrata de íntima colaboración con los neoliberales de la UE viene desinflado desde hace meses.

Todavía es mayor el abismo cultural y tecnológico entre los extremos de la población española. Los jóvenes a quienes se corta el futuro ya no leen los periódicos del sistema que defiende el bipartidismo, ni oyen sus radios, ni ven su televisión. Se gestionan información y ocio por sí mismos, en contenidos y horarios, a un nivel que gran parte de los mayores no acierta ni a comprender. No atienden tampoco, por tanto, a sus mensajes y dogmas. Van a votar con ojos nuevos, evidenciando que lo que hay no les gusta. Obvian los ataques a sus opciones políticas. Más aún, reaccionan, reafirmados, cuando arremeten contra su ideología o las salidas a su incierto futuro. Saben de qué forma la precariedad merma el Estado del Bienestar, los servicios. Ni en sueños piensan que llegarán a cobrar una pensión por este camino. No les creen. Y, difícilmente olvidarán todos, algunos sí, cuando vayan envejeciendo su propio calvario.

El nuevo curso -y cuantos vengan- encontrará a políticos con futuros cortos, erráticos afrontando los retos, centrados en la endogamia, si no son capaces de ver la sociedad a la que representan. La primera lección del curso es aprender a mirar y a escuchar las evidencias. La segunda saber entender que el tiempo avanza inexorable, con sus sumas y abandonos. En definitiva, que el futuro suele ir hacia adelante.

Se cambia una May, un Trump, un Rajoy por políticos racionales

El jueves los británicos mueven pieza en el tablero de una partida global. Cada vez son más parecidos los problemas y las soluciones en los no tan distintos países. Hablar de Theresa May es, en cierto sentido, hablar de Trump o de Rajoy. La alternativas no son tan similares, lo positivo es que las hay.

Theresa May cumplirá 61 años en octubre pero, en esa tijera que tienen por cabeza los conservadores de hoy, no se le ocurrió otra cosa que añadir a última hora en su programa un copago sanitario a los jubilados. Y no uno cualquiera: se trataba de que costeasen sus enfermedades incluso vendiendo su piso, caso de tenerlo. Pretende además gravar con más intensidad las dolencias crónicas, sobre todo artritis y demencia senil. De ahí que se le haya bautizado con el nombre de “impuesto a la demencia”. Lo corrigió en parte por la auténtica escandalera que se formó entre jubilados, pobres y ricos. Solo en parte.

Fue el 17 de Mayo y May, la primera ministra que no fue directamente elegida en las urnas, cayó en picado en las encuestas. 23 puntos, mientras su rival el laborista Corbyn ganaba 11. El atentado maldito del sábado en Londres ha servido para dejar al descubierto también su gestión como ministra del Interior desde 2010 a 2016. Su drástico recorte de medios y la supresión de 20.000 policías. Lo peor es que ha culpado a la política antiterrorista de los atentados (dos en poco tiempo), como si no tuviera ninguna relación con ella en lugar de haber sido su principal responsable.

Como dicta el manual, May aplicaría recorte de derechos a la población. Más aún, acaba de declarar que “está preparada para debilitar las leyes de protección de los Derechos Humanos para luchar contra el extremismo”.  Pero desde luego seguiría el doble juego de apoyar tácitamente a Arabia Saudí. Al punto de silenciar, como ha hecho, un informe sobre la financiación de los grupos yihadistas en el Reino Unido que apunta directamente a la poderosa autocracia de la Península arábiga, con tan hipócritas relaciones en Occidente. Lo contaba muy bien Iñigo Sáenz de Ugarte. No se pierdan el último número, de intereses y propaganda, de la monarquía saudí y sus vecinos Emiratos, Bahréin y Egipto rompiendo relaciones con Qatar “porque apoya el terrorismo”. Trump acaba de firmar con Arabia Saudí un contrato de venta de armas por valor de 100.000 millones de dólares. Y otros acuerdos que triplican con creces esa cantidad.

Son tan parecidos los dirigentes de este modelo.

Por muchas razones, por su inconsistencia de la que ha dado sobradas pruebas en la campaña, por su ideología fuertemente conservadora, May es la Trump británica. La diferencia más notoria es que ella no hace muecas infantiles de continuo, ni “pucheros” cuando se enfada, ni se pelea con cuantos se encuentra a su paso como el presidente estadounidense. Tampoco juega May en Twitter tanto como Trump. En ese sentido se parece más a Rajoy, huyendo de los periodistas y de debates que la comprometan. Le ha restado simpatías, en el Reino Unido esa actitud importa.

El capitalismo ha ido demasiado lejos. En su crisis y en sus soluciones. Y ha desembocado en el alumbramiento de estos especímenes políticos tan escasamente presentables. Hay más. Pásense por Hungría, por Polonia… Voces de peso en el laborismo piensan que esta situación ha llegado al límite y se van a producir cambios. Las políticas seguidas han traído aumento de la desigualdad y el ascenso de la extrema derecha e incluso el fascismo. “ Todo el mundo sabe que el barco se hunde“… “y vamos a ver la luz”, dice la escritora y columnista de The Guardian, Michele Hanson.

Jeremy Corbyn, el líder laborista más a la izquierda en décadas, al que ni su partido valoraba demasiado, crece ante el descenso de May. Que la canción superventas en el Reino Unido sea ‘Liar, liar’ llamando mentirosa a la candidata tory no es una anécdota. Muchos británicos empiezan a atar cabos y ven la diferencia entre las promesas de los conservadores y los estragos que han causado. Por ejemplo en el Sistema Nacional de Salud al que Cameron dejó exhausto y hoy se considera prácticamente desahuciado.

Y ahora el copago extra. No faltaba más que, después de pagar impuestos toda una vida, los “trastos inútiles” que no producen ya, los jubilados, las personas de la edad de Theresa May en adelante, tuvieran que deshacerse hasta de su casa para pagar las enfermedades que acometen con los años. ¿Unirán los británicos hechos con consecuencias? Los españoles mayores de 65 años parece que no. Han quedado con el egoísmo al aire ante el CIS. Es el tramo de edad en el menos preocupa la corrupción, que ha registrado una meteórica subida de más de 12 puntos en un mes. Solo al 13%, frente al 25% de quienes tienen entre 35 y 44 años. Más o menos, al revés que las pensiones. Más drástico, el 0,9% en los más jóvenes, 25,7% los mayores. De ganar May, los jubilados van a aprender una dura lección.

Y puede ir a más. El ultraliberalismo ataca de antiguo en la calvinista Inglaterra. El dios católico era menos mercantilista antes de sus sucesivas interpretaciones. Desde los años 80, desde Thatcher, se empezó a hablar de restringir tratamientos de la salud pública. Primero fumadores y obesos. A Thatcher por cierto la derribó un impuesto arbitrario: el Poll Tax. No saben ustedes dónde dejaron la flema los británicos para luchar contra la irracionalidad que expurgaba sus bolsillos. Los británicos y todos los demás ciudadanos deben saber, saben ya muchos, que volverán a la carga hasta el despoje final si así lo estiman.

Corbyn ha pedido la dimisión de May, ¿dimisión como candidata? Ella habla de la seguridad que nunca podrá garantizar y mucho menos usando la tijera de los recortes. Pero es cierto que, en estas circunstancias extremas, el Reino Unido podría dar un giro no previsto antes de que May empezara a patinar. No es lo que se prevé, se dilucida en los votos de la Inglaterra profunda, aunque se espera un fuerte aumento del voto joven. Está en el aire.

El giro que sí dio Portugal, gracias quizás a la mano izquierda de los socios de gobierno. El que se esperaba en España y no ha logrado aún ser más fuerte que la poderosa maquinaria de intereses y corrupción que se aferra a que nada cambie. La que ve cómo se desbordan las Cloacas del Estado –y esta semana ya llegan a marear tantos vapores fétidos– y sigue apoyando al PP.

Imaginen nuevos vientos en Europa. Los británicos tienen ahora la palabra.

Moción de censura, urgente exigencia ética

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones en el Congreso de los Diputados.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados. MARTA JARA

La fosa séptica de la corrupción del PP ha saltado por los aires. Por saturación de contenidos, y por el valor de los profesionales que se han empeñado en limpiarla a pesar de las zancadillas. La justicia sirve a la sociedad, a veces lo olvidamos. Tras una semana de “calvario mediático”, como la califica un colega, Unidos Podemos anuncia la presentación de una moción de censura. Si lo aprueban en consulta las bases, añaden este viernes. Con el candidato que prefiera el conjunto de los apoyos, de PSOE o Ciudadanos incluso.

Y el foco mediático cambia. Políticos y medios se lanzan a la crítica, con enorme virulencia. Como si estuvieran aguardando la ocasión para poner, de nuevo, parches de polietileno de alta densidad a la fosa de los detritus y tratar de contener el desparrame. Son muy respetuosos con la ética, la democracia, la pulcritud de las instituciones, pero la reacción desmesurada conduce a equívocos. Esas declaraciones airadas, esas portadas acusatorias, esos editoriales, otra vez. Contra Podemos, no contra la corrupción.

Con lo que estamos viendo, con provocaciones incluso de tutores del pillaje, que no sea un clamor que este PP debe dejar el gobierno resulta demasiado turbio. En la calle hay alarma social. En la que no anda entretenida, por supuesto, con los “juadores”, el equipo A, el Master Chef, Sálvame, o las adicciones partidistas. Abochorna la democracia que sean más duras las críticas a Unidos Podemos por plantear que no puede seguir este Gobierno, que a la corrupción del PP.

Echar al Gobierno que preside Rajoy es una exigencia ética, sin duda. No hay mal peor para una democracia, para una sociedad, que tener incrustado en el país un foco de putrefacción. Cada detalle que se conoce añade gravedad al conjunto. Lo último por ahora, la estrategia de Moix para someter a la fiscalía Anticorrupción que preside. Ser el único que hable con periodistas o controlar cada papel.

Las grabaciones judiciales a los protagonistas de la corrupción hieren los espíritus más curtidos, no así al parecer a políticos y medios. Nos tragamos el saqueo impenitente, los volquetes de putas de la Púnica de Granados, jueces enviados “a tomar por culo” de González, los hilos que se mueven para intentar que así sea, con mayor dureza en el caso de los fiscales: es demasiado, insoportable. No hay presunción de inocencia que tape la necesidad de una regeneración política, mientras la justicia sigue su curso.

Pero quien puede hacerlo no está por la labor. Es evidente. Al PSOE no le viene bien una moción de censura, descabezado ahora como está por su propia voluntad. Aunque la política es una actividad dedicada a trabajar por lo que le viene bien a la ciudadanía. Y este Partido Popular suma incesantes puntos contraproducentes para la salud social.

A la corrupción, como una losa que desprende toda su mugre sobre nuestras vidas, se añade la involución. El PP la intensifica, al ritmo que lo hace la sociedad sobre la que ejerce influencia. Llevamos unas semanas con unos brotes ultraderechistas, franquistas incluso, realmente significativos. Y el PP gobierna. Gracias a la abstención del PSOE y el sí de Ciudadanos. Y ahí sigue como un estigma a la credibilidad de estos partidos. Si la objeción fueran las formas de Unidos Podemos, presentarían su propia moción de censura. Y eso no va a ocurrir ni en sueños. Pedir dimisiones a secundarios, dejando al mando a quien nombra a todos es maniobra de distracción.

El PSOE no tiene ninguna posibilidad de gobernar en el estado en el que se encuentra. Los errores le lastran, como a sus colegas franceses. Los de Hollande, naturalmente. Tan vapuleado, que ni pudo presentarse a la reelección presidencial.  Valls, su jefe de gobierno, quedó aparcado por Benoît Hamon, el exministro, al que no echaron pero se fue en desacuerdo con las políticas de austeridad de su partido. Resulta patético que el PSOE salido del golpe contra Pedro Sánchez culpe a Hamon de su vergonzante 6,4% de votos.

La elección del PSOE está hecha desde hace tiempo: el PP. Para eso ató corto a Sánchez y le echó después. Por ideología y porque demuestra que no le incomoda seriamente la corrupción del PP. No secundará la moción de censura de Podemos. Y lo pagará probablemente. Si fuera por esta cúpula, los gobiernos del PP estarían garantizados sine die.

Ciudadanos tampoco. Es obvio. Dice preferir la estabilidad. La estabilidad de la corrupción, en la práctica. PP, PSOE y C’s han rechazado también la propuesta de celebrar un pleno monográfico en el Congreso para que Rajoy dé explicaciones por la corrupción. Como una piña. De ahí que se vea claro qué les incomoda más.

Recordamos estos días la moción de censura en 1980 de Felipe González a Adolfo Suárez, el presidente en minoría de UCD. El que reivindican ahora y añoran con lágrimas en los ojos como el mejor de la democracia. No vivíamos una situación de corrupción como la de ahora ni por lo más remoto. Se aprovechó la debilidad de Suárez ante las pirañas de su partido, muchos de ellos hoy en el PP. Sabiendo que no saldría adelante. Le fue muy útil a Felipe González. Poco después ganó y por aplastante mayoría absoluta, lo cuenta con detalle Sindo Lafuente. Las circunstancias son muy distintas en este momento. La prensa era muy distinta, los “ochenta” fueron los años de oro del periodismo en España. Y muchos siguen aquí. Evolucionados unos, involucionados otros.

Una moción de censura ahora, al PP, está mucho más justificada. Se trata de constatar al menos la situación abyecta que vivimos. Y definir los apoyos y las complicidades. No será fácil que los ciudadanos menos exigentes superen la barrera de a quienes les mandan detestar masivamente, pero al menos algo se oirá de los detalles que se ocultan (véase TVE entre otros medios). Sí, es una exigencia ética urgente llevar el debate sobre la corrupción al Parlamento.

Si el tactismo se admite en aquel y otros casos, pensar que es solo lo que mueve a Unidos Podemos a presentar una moción de censura, es la ley del embudo. Y que Podemos quiere “interferir” en las primarias del PSOE, que se basta y se sobra para interferirse solo, da idea del nivel que tienen los establecidos en España. Los establecidos, los que no pisan la calle o lo hacen con tapones en los oídos y antifaz de dormir. Siguen sin querer darse cuenta de lo ocurrido, de lo que desde las alturas provocaron, de las sombras mortales que se expanden sobre la ciudadanía en muchos lugares del mundo ya, por los años de políticas de la desigualdad, la injusticia y el saqueo.

En España, la única solución es un gobierno de concentración que, como escribía aquí Carlos Hérnandez, limpie a fondo la mierda. Superando crisis, rivalidades y rencillas. Porque conviene a la sociedad y no a intereses partidistas y empresariales. No va a ocurrir. Aunque la historia camina contra el bipartidismo corrupto, sus errores y manipulaciones. Y la salida en otros países está siendo caer en los híbridos del fascismo y los negocios, con vocación belicista y de recorte de libertades.

A todos los niveles, la ética empieza a ser una urgente exigencia.

Un país al que llamaremos H

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Hay un país en el que viven numerosos políticos y periodistas consolidados, incluso jóvenes aspirantes a entrar en el paraíso de sus mayores. En ese país la economía funciona y crece como hierba en campo fértil. Sus gestores se sienten muy orgullosos de su obra y se dan parabienes de continuo. Aseguran que cualquier cambio de rumbo supondría un experimento condenado al fracaso, un disparate. Siempre cuentan con periodistas que aplauden sus políticas y rebaten hasta el mareo de la audiencia los datos que contradicen la euforia. Y con medios que les contratan al efecto.

Es un país en el que ha aumentado la pobreza, con especial incidencia en la infantil. Un exhaustivo informe de la OCDE señala al empleo precario, la temporalidad y los sueldos bajos como causantes. Es decir, los efectos buscados por la Reforma Laboral que así troceaba y repartía los puestos de trabajo que no se llevó la crisis, aquello, esto, nunca atribuible como culpa a los ciudadanos. Son vidas de personas que no quitan el sueño a los altos mandos del clan, los ven como simples anotaciones contables. De hecho, otra noticia alerta del grave costo de la depresión en la Unión Europea: 92.000 millones al año. No de la brutal extensión de la traumatizante enfermedad, sino de lo que cuesta a las arcas de sus empleadores. Pero esos dramas ocurren fuera del ámbito de felicidad que rodea a los que mandan.

Porque ese país, el suyo, es sin lugar a dudas un Estado de Derecho donde el imperio de la Ley se cumple a rajatabla. Sin excepciones. Todos son iguales ante los sagrados mandamientos que de la forma más ecuánime se promulgan, gracias a la iniciativa del Gobierno, con la aprobación de las Cortes legislativas y el riguroso cumplimiento de los tribunales de justicia, algunos nombrados por el propio Gobierno o sus socios. Su único objetivo: lograr el bien común y el respeto a todos y cada uno de los ciudadanos, sin discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Lo de una vivienda digna para todos, sanidad y educación sin restricciones y algunos otros derechos se ha dejado un poco de lado porque cuesta dinero y hay otras prioridades a atender: sea rescatar bancos o autopistas que, con su buen hacer, terminan sosteniendo a la nación o a los que saben qué hacer con ella. Sea dar subvenciones, publicidad institucional, o meter la mano en la caja si la carne es débil y la cara muy dura. Ellos se organizan. Es de sentido común. La mayor parte de la sociedad lo entiende porque vivimos tan bien y nos compramos tantos aparatos electrónicos en cuanto aparecen en el mercado que compensa carencias, como las que cuenta la OCDE. De algunos de hecho, no de todos. Así que tampoco es mayor problema.

Una democracia consolidada en definitiva, que se respeta con pulcritud desde los más altos estamentos del Estado. Escrupulosamente sensibles al menor deseo de los ciudadanos, incluso cuando se expresa en críticas.

Tal es la armonía que los partidos que saben de esto, de su democracia, y los periodistas y medios de su círculo no tienen más remedio que plantar cara a quien llega en sus quejas al punto de querer cambiar algo. Se cogen las noticias, editoriales y lo que haga falta y se ataca y se venera, estratégicamente, para mantener el tinglado. Es ley de vida, el mal menor, siempre certero, hagamos el Sistema grande otra vez, faltaría más.

En ese país muchas personas siguen sin poder encender la luz o el fuego para cocer lo poco que brinda su despensa. A los niños los tienen masificados en el colegio, sin clases de apoyo, pagando algunos la maldad parental de insistir en llevarlos a la enseñanza pública. Algunas personas han ido suspendiendo sus tratamientos de enfermedades graves, cardíacas, desde que impusieron el copago para ahorrar. En vidas. Pero no los ven, estos se ven poco en los altos despachos y en las redacciones de élite.

En ese país se está deteniendo, encarcelando, llevando a juicio y condenando a muchas personas por protestar. O por sacar las urnas a la calle y preguntar. O por escribir tuits y cantar textos inconvenientes, o hacer teatro con marionetas. Son malos, escoria del sistema. Sí, algunos le llaman Sistema a esto.

Tampoco se trata de ser exhaustivos. No vaya a ser que no alcancemos el Nirvana, lugar en el que por lo visto se disfruta de gran confort. Claro que, en ese país, una anciana se planta ante el nigeriano emigrante que pide a la puerta del supermercado y le cuenta, pues lo normal, sus enfermedades. Y otra se va a la peluquería del chino, de esas que han puesto tantas y que peina estupendamente por 7 euros, y enebra monólogo:

— Pues yo trabajaba en el Instituto Nacional de Previsión, sabe usted.

— ….

— Oiga, le digo que si sabe usted qué era el Instituto Nacional de Previsión.

— Sí, le responde el peluquero, en una de las pocas palabras que conoce en nuestro idioma.

— Estaba en Conde de Peñalver. ¿Sabe usted dónde está Conde de Peñalver?

— Sí.

Y no le saca de ahí. Espitas de soledades y frustraciones. Siempre mejor que el anciano que aporrea el techo del coche que le ha cedido el turno en el paso de cebra, porque algo no fue de su gusto. O el joven sentado en el metro en un tintineo constante de piernas, pies y dientes. No pertenecen al club de los satisfechos aunque quizás votan para mantenerlos.

Ese país que vuelve a apalizar homosexuales porque es vital saber con quién se mete cada uno en la cama y prohibir y condenar. Ese país que sigue matando y cada vez más a las mujeres. Con saña, por derecho autoconcedido del ancestral machismo.  Ese país que lucha por volver tanto al pasado que hasta obliga a cambiar la Plaza de la Igualdad por su antiguo nombre de Divisiones azules de apoyos nazis y por ende franquistas. Ese país en el que la ultraderecha ya vuelve a respirar fuerte en clima amigo.

Ese país está en Europa, en la Unión Europea, que aprueba normas, hace reuniones, muchas reuniones, emite comunicados, insta a diferentes cosas. Y deja que la alcaldesa de Calais, Francia, del partido de Los Republicanos, el de Sarkozy y Fillon, en un estado gobernado por los socialistas de Hollande, condene, a muerte quizás, a miles de personas, dado que ha prohibido bajo sanción que nadie lleve comida a los refugiados. Como ese otro país, Hungría, que cobra 1.200 euros a los refugiados para cambiar de un campo de concentración miserable a otro algo menos miserable. Ese continente, que les deja vagar solos, sin atención, sin protección, que les deja morir solos, que les empuja a morir. Y que nos tiene en vilo no vaya a ser que nos coloque en Holanda a otro fascista.

Pues a esto le llaman Sistema, como digo. El país en el que viven los aposentados y la mayoría desconoce. O Casta o Trama, según las versiones, que es algo que enfada mucho a los que disfrutan del Sistema precisamente, y les lanza a escribir fieros artículo, de esos cargados de “presuntos” y “según ellos”.

Igual a ese país hay que llamarlo H. Mudo, sin función, a lo sumo marco para el suspiro, para el lamento. Ése que a base de aspirar en quejido da forma a la jota, la más rotunda de las letras.

*Publicado en eldiarioes

La propina

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Escribir una leyenda

Un enrejado metálico sustentado por torres separa la zona pública y la privada del Parque de Chamberí en Madrid. Llegarse hasta esa tela entretejida que detiene el paso, permite visualizar una historia que en el fondo es la eterna relación entre los señoritos y el pueblo llano. Eterna, en España sobre todo. Una trama de desequilibrios que se repite. Por su gestación, ni siquiera por los usuarios. No falta ni un ingrediente.

Quiso el guión que fuese por entonces hasta marquesa consorte la protagonista principal. Esperanza Aguirre, convertida en presidenta de la Comunidad de Madrid gracias al “Tamazayo” en 2004, inaugura en 2007 por primera vez –hubo más– el que dice ser un complejo deportivo y de ocio en lugar privilegiado de la capital. Ha modificado el plan de Alberto Ruíz-Gallardón –que también puso una primera piedra– para construir un parque de 120.000 metros cuadrados sobre el tercer depósito del Canal de Isabel II, ubicado en un barrio, Chamberí, con 150.000 vecinos. Aguirre le va a comer un buen pedazo para destinarlo a un Campo de Golf privado. Y, claro, entre que las pelotas se salen y cualquier persona puede entrar sin pagar, le levantan el vallado. En aquella inauguración, entre gritos a favor y en contra, Aguirre se dio unos pases de fútbol con Florentino Pérez, a la sazón presidente de la empresa constructora y un par de futbolistas famosos.

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Siempre me ha parecido una propina de parque. Los usuarios habituales se han acostumbrado sin duda, pero produce cierto impacto verles disfrutar del trozo que les quedó en los bordes, frente a ese campo casi vacío por lo general. Caminar, jugar al fútbol, subir a las instalaciones del parque infantil, o sentarse, con esa vista.

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La asociación vecinal es potente y ha luchado durante una década por tener un parque completo para el barrio, escaso de zonas verdes. El empeño dio su fruto, con la ayuda del cúmulo de irregularidades que jalonaron el proyecto de Aguirre. Hasta que la justicia lo tumba por considerarlo ilegal, en doble sentencia. Vean aquí un resumen de la peripecia.

Y de nuevo la España perenne resucita. La sentencia habla de restablecer la parcela al estado físico previo a la ilegalidad, lo que implica para los vecinos quedarse también sin la propina que les dejó el PP de Madrid a través de sus sucesivos presidentes: Aguirre y González. Y, como por milagro, irrumpe un afamado tertuliano especializado en estas labores y cuenta al vecindario que todo es culpa… de Podemos y un sector díscolo del PSOE. Ante hechos ocurridos, como siempre, mucho antes de nacer. El sector díscolo del PSOE, desde luego el de Podemos. Disculpen que no enlace su cosa para no contribuir a las visitas de la publicación.

¿Y los vecinos? Las dos actitudes del manual. De un lado los que nunca se movieron y ahora culpan a los que sí lo hicieron de quedarse sin el algo es más que nada. Niños llorosos que no van a poder jugar al fútbol llegaron en protesta por alguna parte, ancianos que tampoco van a poder bajar a pasear. Del otro, el mayoritario, un cúmulo de propuestas para mantener las instalaciones existentes y añadir nuevas en el terreno ganado. Y, sin duda, tirar el separador de tela metálica. Parece que las instituciones implicadas, Comunidad de Madrid, Ayuntamiento, Canal, tienen buena disposición al arreglo. Si no se cruzan otros intereses.

Lo llamativo es la aceptación de la propina en lugar de los derechos. El ataque al mediador. El dardo envenenado convertido en noticia, tan oportuno. De esta forma, la parábola del parque propina ayuda a ver una realidad bastante más general de lo que se cree.

Empleos, como propinas del sistema. Porque aunque es cierto que las propinas valoran servicios, a veces se convierten en versiones modernas y dulcificadas de la limosna. Con los saques que de vez en cuando da la patronal pidiendo, por ejemplo, pagar por debajo del salario mínimo a los menores de 25 años. O contando como trabajo emplearse a tiempo muy parcial. “En 2016, se firmaron 176.400 contratos de un día de duración”, contaba el economista Eduardo Garzón entre otros datos igual de impactantes.

La salud y la vida incluso como propina, si nos portamos bien. En 10 años el Estado ha pagado a la sanidad privada de Madrid 1.500 millones de euros, según denuncia CATMadrid, la Coordinadora antiprivatización. La factura anual es un buen pellizco mientras se deteriora la pública niveles hasta de derrumbe físico. Y pásense por otras muchas comunidades: Andalucía, Cataluña, y la mayoría que quiera usted mirar. En junio publicaba Raúl Rejón en eldiario.es otra sustanciosa historia de enriquecimiento en la sanidad a costa de dinero público. Nada raro si tenemos en cuenta que la inversión en sanidad pública ha descendido en Madrid, desde Aguirre precisamente, un 77%, según informe de CCOO.

La luz que ilumina, la electricidad llave que calienta, cuece o conserva, es otro lujo que se entrega graciosamente a los mortales. El ministro de Energía dice que hay que “acostumbrarse” a precios de la luz más altos, en momentos en los que su cuantía ha alcanzado la alarma social.

En los medios también se huele la propina de la que debe dotarse a puestos de cierta relevancia. De otra forma no se entenderían actitudes tan dóciles al mando, o a los deseos del mando.

En política, se acuerda un salario mínimo de 800 euros y luego se firma uno de 700 como un logro. Entibiar exigencias descabalga objetivos. Devaluar los sueños los convierte en propinas. El alpiste en el comedero, frente al banquete en el que otros se atiborran con el dinero de todos.

Estamos llegando a un punto en el que hasta la democracia se está convirtiendo en una propina. Su principal característica es la discrecionalidad con la que se otorga, impredecible en su cuantía y momento. Generalmente para agradecer dadivosamente un servicio. Mucho reconocimiento deben, sin duda, a la paciencia y templanza de esta ciudadanía, pero no a base de paguitas de marqués a vasallo.

En sentido estricto, los trabajos, los servicios, requieren una compensación formal y adulta. Contractual. Y las propinas sobran. De otra forma, es lo primero que se quita. Textualmente ya. Harrods, la potente cadena de grandes almacenes británica, sorprendió a los trabajadores de sus restaurantes hace unas semanas requiriéndoles el 75% de las propinas que recibían de los clientes, según denunciaron los sindicatos. Difícilmente se puede llegar a mayor mezquindad y a mayor sumisión de los afectados. La degradación de los derechos, por necesidad en el caso de los empleos, es arma de doble filo. En esto, el primero que acepta marca tendencia. También recuperar terreno y derribar vallas. Porque hay veces que se baja tanto la cabeza que ya no se puede volver a levantarla.

*Publicado en eldiarioes

2016, el año del desconcierto

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Dicen y escriben que 2016 ha sido el año que no vieron venir. Suele ocurrir cuando se vive en los cenáculos del poder y las personas se convierten en números estadísticos o un fastidio si osan hacer patente su malestar. Con claridad, 2016 ha sido el año de las mil definiciones que se resumen en una: desconcierto. El año que acaba ha confirmado el absoluto divorcio entre las élites y el resto de la población. El triunfo del No que lo caracteriza es a lo que todos ellos representan, a lo establecido, aunque los erráticos caminos de la banalidad programada, no hagan sino consolidarlo. Porque en 2016, la verdad, los límites de lo admisible, han saltado por los aires. El año en el que se volvió atrás para reedificar los más terribles monstruos de nuestro pasado, con el fascismo en ciernes a la cabeza. Se ha desencadenado lo que, desde hace no menos de un quinquenio, incluso casi un decenio, veíamos venir y escribimos. Basta tener los pies en el suelo y mirar qué sucede alrededor.

El rey en el palacio del ayer. La cuerda para el nudo. La risotada. El dolor. El consumible. La manta de la que tirar. Una espectacular ciénaga. Barra libre para robar. Para imponer. Para mentir. La pobreza invisible. Necesidades inaplazables. Impunidad. Crónicas cortesanas. Al servicio del poder. Periodismo. Al servicio de la gente. El año que fuimos “populistas” o el de las etiquetas. Aquél en el que la corrupción parece haber sido legalizada tácitamente. La invasión aplastante de los mediocres.

Maniobras para la continuidad del PP y las políticas de siempre

En España fuimos repitiendo elecciones generales hasta que -con un golpe de mano chapucero y evidente-, se formó el gobierno que conviene al poder, al que vive en camarillas y no ve venir otra cosa que las bandejas de canapés. O los peligros que acechan a sus privilegios. La decencia se ha resentido en gran medida del devastador impacto. Hasta provocar destrozos desestabilizadores. El “atado y bien atado” que anuda desde antaño los caminos de futuro de los españoles volvió a echarnos otra lazada más.

Repasar la mascarada política y mediática de estos doce meses deja sabor a inmensa tomadura de pelo. Es ver quiénes movían los hilos de la operación, cómo se desechaban las piezas inservibles, las encuestas-puñal, la maquinaria de la intoxicación a pleno rendimiento. Cuando en el Congreso entraron las personas que cada día vemos en la calle, los aposentados dieron un fuerte respingo. De ahí que se blindaran para luchar contra la pura alergia física a la realidad y a la posibilidad de algún cambio que alterara su estatus.

Por 2016 pasaron ministros, como José Manuel Soria, tan preocupado por los beneficios de las empresas energéticas y por orillar adversarios políticos, que terminó apeado por un offshore negado a ritmo de sainete. Y llegaron repuestos como la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en pura añoranza de aquel pasado de Beneficencia en el que la gente no se quejaba no fuera a ser que, encima, le cayera un buen palo. Conocimos al Hernando mutante de un partido llamado PSOE, las migas asturianas al PP, y a la reina en el sur pendiente de una Operación Triunfo, con los vientos favorables de los dioses del socialismo versión cachirulo. A la explosión de las tensiones, de la presión, en un proyecto interesante  que pesa más que las personas que no estén a la altura. A la evaporación de Ciudadanos mientras se desdecía, prácticamente, de cuanto dijo.

Corrupción fangosa

Vimos los grandes desfiles por los juzgados de un buen número de saqueadores de lo público, nivel presunto. Cuesta recordar la serie de mangancias, cohechos y cohechitos, prevaricaciones y transgresiones varias que este sufrido pueblo ha soportado. Menos mal que cada día llegan refuerzos para recordar que en cualquier otro país, incluso en algunos bananeros, la corrupción pasa factura. Y declaraciones como las de Francisco Correa, mediador de la Gürtel, hubieran hecho saltar gobiernos por los aires. Nos han dejado ahogados de cinismo y desvergüenza. A las personas decentes, se entiende.

Añadamos el temor a la impunidad que se materializa en la imagen de una Infanta de España que, a tenor de sus declaraciones: “Qué ganas tengo de que esto acabe para no volver a pisar este país”,  parece dar por hecho –como tantos otros- que saldrá exonerada de los delitos contra la Hacienda Pública por los que se le juzgó. El amor lo excusa todo cuando se posee sangre azul en particular. Azul realeza o azul ideológico. Mientras en España muchas personas siguen viviendo sin luz, mueren sin luz.

No hay sector susceptible de lucrarse en el que algunos de nuestros próceres no hayan metido mano. Todo es magro para la rapiña: infraestructuras, servicios, hasta colegios y hospitales. Visto los destrozos en la sanidad, incluso vidas humanas. 2016 nos deja la impresión de que en España operan varias mafias y que una parte de las pistas que sigue la justicia proviene de algún tipo de ajuste de cuentas entre bandas o facciones rivales. Algunas, como afirman las pesquisas judiciales de Ausbanc, chantajeando a bancos y empresas de lo más relevante del país durante 20 años sin que nadie dijera ni pío. En cambio todo español debe estar al corriente ya hasta del primer borrón, real o supuesto, de cualquier miembro de Podemos en sus años de parvulario y, sin duda, del color de su ropa interior.

La prensa cortesana

“Puigdemont promete romper España”, leímos en un titular entre los muchos irrisorios con los que nos obsequian a diario. “Insensato sin escrúpulos” llamaba un editorial al candidato del PSOE que acabaría defenestrado. La prensa oficial participando de parte en política. Hasta obvió noticias. Una bien reciente: la investigación por homicidio a dos altos cargos de la sanidad pública gallega al posponer la medicación eficaz para la hepatitis C no ha llegado a las portadas de los principales medios de la comunidad. Una más alejada en el tiempo, un juez grabado proponiendo a un imputado fabricar indicios contra su predecesora, Victoria Rosell, sin que tenga grandes repercusiones, ni mediáticas. La denuncia del ex Ministro Soria contra ella,   por supuesto cohecho, retraso malicioso y prevaricación, relacionado con el caso, archivada por la justicia con similar eco. Y nunca hemos sabido tanto de Venezuela y tan poco de Huesca, Cáceres o León, por poner el caso.

Multitud de personas en España, no se enteran de asuntos esenciales que les afectan. Cuesta creer que las graves noticias difundidas sobre la atención pediátrica en la Comunidad de Madrid no levanten auténticas ampollas. Hablamos de niños. Absolutamente imperdonable que las denuncias de carencias o deficiencias se estén saldando con despidos, ante el silencio cómplice de los apoyos políticos, de los medios y los propios usuarios. Vistas las consecuencias, seguramente muchos lo dicen solo en voz baja, aunque lo dicen.

2016, el año en el que las políticas pudieron cambiar y el pasado se atrincheró, dejando una ciudadanía anestesiada o frustrada. La España sucia ha ganado de nuevo la batalla, un respiro más. Un estertor quizás.

El Rey en su palacio

Descorazonador escuchar el remate del Rey Felipe VI, en un mensaje de Navidad conservador y banal por mucho que lo alabe la gran coalición de poder. Sorprende que una persona de su edad y preparación, con contactos en la vida real (de realidad) opte por ese camino.  El  discurso menos visto de la historia, y sigue hablando, con paternalismo, de un país que la mayoría desconoce.

Crece la ultraderecha

2016 se vio venir. El desvarío electo, la peste fascista. La hegemonía de los inanes convertidos en sujeto. Los nuevos rumbos mundiales sí traen significativas variaciones: la ultraderecha, la sinrazón, avanzan a grandes zancadas, mientras los medios y la propia sociedad vuelven a equivocar el foco. Los  emigrantes pobres no son los culpables. Y no hay nada -ni los dolorosísimos atentados terroristas-, más desestabilizador que la extrema derecha por su capacidad de llegar al poder en varios países, algunos muy decisivos. Europa entretanto no mueve un dedo. 2016 acrecienta el profundo deterioro del proyecto común. El año que… siguió muriendo la UE.

La involución ha animado a salir del armario posiciones ultraconsevadoras. El machismo se ha rearmado con fiereza. Con ese reguero de muertes incomprensibles, y la exaltación verbal de sus defensores. La homofobia también ha repuntado hasta apalear a varias víctimas.

El año que… sabe a injusticia y egoísmo llegado a la crueldad. En el que ya ni se mira a los miles de refugiados que se traga el mar -5.000 en 2016 como mínimo- o a los que se abandona llegados a tierra. Manos pequeñas que abrazan el llanto inconmensurable del padre. Niños que ya no lloran. Un año que apesta a cerrazón y torpeza. A mordaza, la forma que el poder autoritario tiene que dialogar con sus inferiores. A trampa, fraude, plagio, mentira y manipulación. El año en el que fue estruendoso el silencio de las buenas personas, de muchas que creen serlo.

Amanece cada día

Pero la vida no sería soportable sin las luces que alumbran la marcha y nos hacen levantarnos cada día con ganas de emprender la jornada. Asideros que cada uno reconoce como suyos. Sin manida autoayuda. Mi propia retina se llena de mujeres que se alzan con muchos pesos a cuestas para luchar por los demás, mientras den de sí las fuerzas. O jóvenes generosos volcados en una idea sin otro afán que contribuir a un mundo mejor. O un general, al que el gobierno del PP cesó con deshonor por su opción política, leyendo un libro, solo en una silla, en medio de un tumulto de personas, focos y cámaras.

Y, frente a esa prensa, radio y televisión cortesanas tan dañinas para la sociedad, he vuelto a ratificar, a conocer y reconocer a periodistas insobornables, empujados a contar lo que precisan saber los ciudadanos, cueste lo que cueste. Como un mandato irremediable que impele a revelar lo que el poder no quiere que se sepa. A pesar de las represalias o de no llegar a los afectados, tan distraídos en otros menesteres.

El año de las voces que ya no se callan para lograr detener la pezuña mortal de los machistas y las lenguas viperinas de su coro de soportes, colaboradores necesarios. Violencia y más violencia. Y, enfrente, coraje, fuerza, honestidad, razón.

He visto, ustedes también, a artistas, actores, a la cultura que persiste y vuela sobre las dificultades. A los científicos que se multiplican por encima de la tijera para investigar y buscar soluciones. A personas que, desde cualquier ámbito, siguen intentando lo mejor para su familia y para ellos incluso en terrenos hostiles.

La muerte y la vida

Es cierto que la muerte se nos ha llevado mucho en 2016: personas y utopías. Lo primero es lógico, lo segundo no, aunque lo diga aquel concejal mastuerzo de Pamplona. El mundo que resucita la irracionalidad y la violencia da miedo, pero podría caer en su propia emboscada. Otras muertes significativas, deberían tomarse, como insistía José Luis Sampedro, en algo que forma parte de la vida. Me quedo, si me lo permiten, con las viñetas feministas de la pionera Nuria Pompeia, fallecida este mismo martes. Ese compendio de valores que constituye “Matar un ruiseñor” que nos dejó en herencia perpetua Harper Lee. Carrie Fisher, la Princesa Leia de Star War por ser mito de una generación a la que demostró que una mujer puede encabezar una rebelión y que no hace falta ser perfecta. Con el entusiasmo del solista del Coro del Ejército Rojo al cantar la jota de La Dolores muerto, según se ha publicado, al estrellarte el avión en el que viajaba con sus compañeros en Navidad.  Con el propio grupo que hace muchos años nos descubrió los Ojos Negros de Rusia. Con la creatividad de Bowie y Prince, con la prodigiosa voz de George Michel y con Leonard Cohen que nos acompañó en un buen tramo del trayecto, en caídas y empeños. A muchos.

Con los caminos que recorrimos juntos, las fronteras que traspasamos, los muros que derribamos. Las jaulas que, más que abrir, rompimos. Las sendas cotidianas. En los pasos que buscan la belleza, la dignidad y la justicia. No hay otra, excepto si no ves venir nada que no sea tu propio interés. Los años no son sino tramos de tiempo a convenir. Pero, atentos, porque ése al que llamaremos 2017 se ve venir. Y viene fino. El nombre por el que será conocido aún está por escribir.

*Publicado en eldiarioes

Pierde Renzi, gana Austria… y Europa

Esta Europa que camina a trompicones ha tenido el domingo dos hitos importantes en su trayectoria. Italia celebraba un referéndum para reformar la Constitución promovido por su primer ministro Matteo Renzi y Austria repetía elecciones para las presidenciales que habían dado en Mayo un resultado impugnado por lo ajustado del escrutinio. Renzi ha perdido, Austria ha ganado porque ha echado a la ultraderecha.

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Matteo Renzi

Para quien no conozca a Renzi, Ettore Siniscalchi aporta datos significativos en CTXT.es.

Matteo Renzi tiene 40 años recién cumplidos. En un país decididamente gerontocrático como Italia, esto ya constituye una base programática del renzismo. Es joven, pero no “el joven líder socialdemócrata italiano”. Porque ni él ni el Partido Democrático (PD) son socialdemócratas. En la práctica asistimos a un fenómeno de usurpación del espacio político -que se corresponde con un vacío de representación-; la izquierda, en Italia, está representada por un partido que ya no se identifica con la izquierda. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Walter Veltroni asombró a todos cuando, entrevistado en 2008 por El País, dijo: “El PD no es de izquierdas”. Para entender a Renzi hay que empezar por el fin del PCI -Partido Comunista Italiano-, el PD de Veltroni y los veinte años de berlusconismo, a los cuales él pertenece por completo, aunque sólo fuera por edad. Es un hijo de esa época”.

Un hombre, Renzi, apoyado por la prensa del establishment y por Bruselas, dado que aplicó políticas de austeridad. Y así anticipaba Siniscalchi…

No es el único derrape a la derecha de las políticas del gobierno. Todo el jobs act recorta garantías y abarata el despido frente a los contratos a tiempo indefinido. Con las nuevas partidas del IVA triplica los impuestos para las rentas bajas (el ejército de falsas profesiones liberales que esconden trabajo por cuenta ajena sin derechos). ¿Va a crear trabajo? No se sabe pero de momento ha cambiado los equilibrios de poder en las relaciones laborales. En otros derechos, Italia no sale bien parada; aparece a la cola en libertad de prensa dentro de Europa y Renzi ha permitido la quiebra del diario L’Unitá, un referente para la izquierda, fundado por Antonio Gramsci. Renzi no ama el debate”.

Pablo Ordaz,  solvente corresponsal de El País en Roma, aporta más claves:

Sobre todo porque, más allá de las reformas concretas y de una única pregunta enrevesada para modificar 47 artículos de la Constitución, lo que subyacía era un voto de confianza hacia Renzi. El joven exalcalde de Florencia había convertido la consulta en un plebiscito sobre su liderazgo. Y le salió mal. El no se adjudicó el 59,11% y el sí solo un 40,89%. La participación fue masiva, con el 68,2% de los electores. Sólo dos regiones dieron su apoyo a la reforma del primer ministro: en su Toscana natal y en Trentino. En el resto del país, el rechazo se impuso inexorablemente”.

(…)

Para resaltar la necesidad de su reforma, que ya aprobó el Senado en octubre de 2015 y la Cámara de Diputados en abril, Renzi solía recordar que su Gobierno era el número 63 en 70 años de democracia. Italia tendrá que buscar ahora a su jefe de Gobierno número 64 en solo siete décadas.

La  inestabilidad política de Italia es un hecho, pero las reformas de Renzi eran conservadoras, sospechosamente parecidas a las que el PP, el bipartidismo en realidad, plantea en España.

  • Pérdida de peso del Senado que ni siquiera tomaría parte en la aprobación de leyes, salvo algunas fundamentales.
  • Nueva ley electoral con doble vuelta y la famosa prima que regala votos, que pervierte el resultado de las urnas y favorece al partido más votado. Rajoy es un entusiasta de esta medida.
  • Tramitación más “ágil” de las leyes. Muchas de ellas aprobadas en Comisiones y con un límite de 85 días en cualquier caso. Otra medida que entusiasma al PP, sobre todo en la instrucción judicial.
  • Centralización del Estado que recuperaría poderes en temas sustanciales como fiscalidad, energía, transportes e infraestructuras y los amplía en Sanidad.
  • Culminar la supresión de las provincias y por tanto de las Diputaciones.

 

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En Austria, ante el peligro de dar el poder a un presidente ultraderechista, se ha movilizado el electorado. Sobre todo las mujeres: 2 de cada 3 han votado a Van der Bellen, ecologista de 68 años, ex portavoz de Los Verdes y hoy independiente. Se ha impuesto con el 53,3% de los votos  al 46,7% obtenido a Norbert Hofer.

Las mujeres, Frauen, parecen tener más memoria de un no tan lejano pasado que desmembró Europa y a sus ciudadanos. El fascismo es cosa seria.

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Se quejaban en Italia de su prensa, como vemos. En España andan empecinados en llamar populismo a todo lo que no sea el establishment que defienden con uñas y dientes. Hofer no es populista, es fascista, con todos sus ingredientes de xenofobia y derecha extrema. Un 46% de austriacos le apoya. Y ahí está ese peligrosísimo foco que se extiende por Europa. El proyecto europeo no peligra porque los italianos hayan votado no a la Reforma de Renzi y se queden tan divididos como estaban. El problema es mucho más amplio y gira en torno a otros ejes. El austericidio que decretó Merkel y siguieron con entusiasmo la mayor parte de los gobiernos de la Unión Europea, las mentiras mediáticas, su papel político en la defensa de sus intereses empresariales, la banalización de la sociedad como causas. El desenlace está por ver. De momento los austriacos han sentido la llamada de la responsabilidad y nos han hecho un favor a los demócratas.

 

 

Muere Fidel en la era de la posverdad

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Al leer la noticia sentí la sensación de lo inabarcable y de la tarea pendiente largamente aplazada que abruma abordar. 90 años de vida y 60 formando parte de la historia. Las redes mostraban preocupación por lo que dirían unos y otros, por lo que dirían:  Fidel Castro había muerto en la era de la posverdad. Y ésa era la principal disuasión. El maniqueísmo, el blanco y el negro, los prejuicios, el hablar de oídas o la pereza y la prisa para informarse con datos fidedignos de tan extensa trayectoria. Artículos inevitablemente “largos” para el lector que prefiere nutrirse de titulares. O de espectáculos con “zascas”, mucho más entretenidos.

 Así pues, al enterarme de que había muerto Fidel Castro, tuiteé la noticia, remití a la extraordinaria obra del fotoperiodista Enrique Meneses, a un reportaje de TVE de Vicente Botín de 1984 y me puse a Pablo Milanés: Los días de gloria se fueron volando (..)Los días de gloria cerraban esperas, abrían ventanas donde iban entrando dolores de antaño hacia el porvenir. (..)Los días de gloria los dejamos ir.

Lo explica como nadie Ramón Lobo en eldiarioes, porque llena de contenido las luces y sombras de las que los más eclécticos hablan: “El personaje que encarnó desde los albores de los años 50 sobrevivirá a los aciertos y errores de la revolución. El principal, incumplir dos de las promesas motoras del llamado Manifiesto de Sierra Maestra: regeneración democrática y libertad. En Cuba hay presos políticos, personas que pagan con la cárcel los delitos de opinión.

Es cierto que no existe malnutrición infantil, ni violencia callejera, ni crímenes de todo tipo, ni pobreza extrema. Tampoco existen los feminicidios como en México y Guatemala. Es vedad que las cifras de escolarización son ejemplares y que ocupa el puesto 68 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, dos por delante de Costa Rica, considerada un paraíso por Occidente.

Es cierto que la revolución no lo ha tenido fácil, con un enemigo tan poderoso como constante. EEUU cercenó con el embargo el desarrollo inicial de la revolución. Con el tiempo ha servido paradójicamente de excusa para justificar los errores del sistema.”

El libro que Enrique Meneses dejó escrito para publicarse cuando muriera Fidel, revela desde el primer capítulo que adelanta eldiarioes la portentosa habilidad de Castro para moverse en las circunstancias más comprometidas. Sembrando para el futuro en cada aprieto que se encontró.

“El periodista español Enrique Meneses, el primer extranjero en informar de los jóvenes barbudos desde Sierra Maestra, decía que aquel primer Fidel revolucionario era cristiano y que llevaba una cruz al cuello”, relata Ramón Lobo. “Años después, Meneses cenó en Cairo con Ernesto Che Guevara. (..) El Che le informó de que Fidel le quería “dar paredón” porque había escrito que había comunistas en Sierra Maestra, algo que les restó apoyos en EEUU. Ahora podrán conversar en paz. Meneses se defendió: “Tu lo eres, y lo es Raúl”. “Ya, pero no nos convenía”, replicó el Che. Meneses, periodista de los pies a la cabeza, hizo lo que tenía que hacer, sin atender a conveniencias.

Lobo explica los errores que los adversarios de la Cuba de Castro cometieron. Empezando por  Eisenhower quien “no supo leer las posibilidades que le ofrecía la llegada de Fidel Castro al poder y terminó empujándolo en brazos de la URSS”, cita. Todo pudo ser distinto, pero no lo fue.

La densa historia tiene sus hitos y sus porqués. No puede resumirse en las proclamas interesadas que, por ejemplo, traen las portadas de la prensa convencional española hoy, por poner un ejemplo bien gráfico. Y menos cuando la censura y la represión de las tiranías están a la orden del día, aunque ya deberíamos olvidarnos de los “y tú más” que forman parte del juego de la farsa. Lo peor es que la verdad apenas importa en el magma de intereses que se cuecen. Mientras, la ciudadanía víctima se distrae de salto en salto mediático sin advertir cómo le saquean la casa y mucho más que la casa. Incluso portando estandartes que equivocan el bando. Incapaces de ver alcances de daños reales y motivaciones.

Mirar atrás solo sirve para entender el presente y cimentar el futuro. Es imprescindible recordar los despertares de esperanza en la justicia y la equidad que fueron cayendo a golpe de guadaña en aquella América Latina que se pobló de golpes de Estado y consecuentes dictaduras en los años 70 del siglo XX. Cayó Salvador Allende en Chile a manos de un Pinochet que lo sembró de muerte. Videla en Argentina hizo lo propio sobre los restos del Peronismo.

Bolivia cerraba esperanzas con Hugo Banzer, militar llegado trabajosamente a Coronel. Brasil se deslizaba de dictadura en dictadura. México se encontraba inmerso en los 60 años consecutivos de mandato del PRI, mientras se descomponía el Estado tomado por las mafias. En Nicaragua reinaba el dictador Somoza, que junto con Batista, gobernando en Cuba gracias a un golpe de Estado, o la Venezuela de los oligarcas hacían las mejores migas con del vecino del norte.

La Cuba de Fidel era una notable excepción. Alentadora, entonces. Y trajo en jaque a los países más poderosos, a extremos inauditos. Ningún otro país de su entorno fue tan tenido en cuenta.  Enemigo a abatir como lo fueron otros de Estados Unidos y muestran informes desclasificados que detalla Íñigo Sáenz de Ugarte: La CIA, Fidel Castro y Bahía de Cochinos.   Era como un David contra los Goliat, lo que acrecentaba su mito, para bien y para mal.

Los días de gloria los hemos ido perdiendo y no parece fácil recuperar el rumbo en un camino que se empecinan en borrar. Ahora tocan los Trump y los Rajoy, los Rajoy también. Con sus Cortes y voceros. Los payasos, los sicarios, los trepas útiles, los fachas ortodoxos y sus embriones clonados, los posibilistas, los sembradores de bulos y discordia, los vendedores de todo, la disuasión organizada del pensamiento. Y suena con toda intensidad la fanfarria, los platillos, el bombo, el ruido. La orquesta de la posverdad para amplificar la mentira y desarmar a los inocentes.

*Publicado en eldiarioes

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