“Crónicas del gran timo”, un libro imprescindible

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Es un libro imprescindible para estar bien informado. Un libro que coloca numerosos eslabones que nos faltan para conocer lo que está ocurriendo en España. Ayuda a encajar piezas.  España es uno de los países más afectados por la doble devastación -económica y de calidad democrática- que se produjo tras el estallido, en 2008, de la crisis que se venía gestando por los abusos del capitalismo. Ambas vertientes se han profundizado notablemente aquí con el Gobierno de Mariano Rajoy. Igual que Sarkozy puso voz a la alarma para decir que, como solución, iban a refundar el capitalismo y fue al revés, el PP nos ha refundado a los españoles de arriba abajo.

“Crónicas del gran timo” es un libro que forma parte de la revista satírica Mongolia, de sus “Reality News”, la sección informativa. Y que tiene detrás a Pere Rusiñol, un periodista nato y riguroso, ex de El País y de Público entre otros cometidos. Hay una frase clave en el texto que aúna los tres grandes pilares relacionados en los que se asienta el tinglado: “política, negocio y periodismo”. Y el libro lo cuenta con capítulos cortos e intensos. Con cuadros explicativos o de resumen. Muy bien estructurado.

En España manda una gran familia, con sus amores y diatribas, aunque unida en objetivos comunes, según va documentando el libro. En la cúspide el Opus Dei y la Gran Banca con un poder inmenso en la economía. La Gran Banca en la prensa, dado que ya se sienta en los Consejos de Administración de varios grandes medios que tuvieron problemas  financieros. De ahí, que quien es perezoso para buscar noticias y argumentos tenga una información tan sesgada, con ese dibujo idílico de la recuperación que soslaya puntos fundamentales del daño causado a gran parte de la población. Fuertes pilares de la estirpe serían además los burócratas. Gozan de un gran poder en España el cuerpo de Abogados del Estado de la mano de Soraya Sáenz de Santamaría, y el Cuerpo de técnicos de la Administración, en dónde es posible encontrar a esa serie de nombres que se repiten y que ocupan puestos decisivos.  “La sala de máquinas, escribe Pere Rusiñol, la supervisan el ex jefe de Lehman Brothers para España, Luis de Guindos, y el jefe jurídico del Banco Santander Jaime Pérez Renovales”.

Están los temas fundamentales. Los primeros en el bloque de Estampas de la crisis.  La austeridad. Las puertas giratorias. Los paraísos fiscales. El relevo generacional o cómo los hijos de quienes alimentaron la burbuja y nuestra ruina se están forrando con sus consecuencias. Los niños de Aznar, Aguirre, Botín, Zaplana/Pujol, Vidal-Quadras. Empresarios poderosísimos y peculiares, como Alierta, ejemplo del “Capitalismo cañí”. “La maldición de Lehman brothes aun golpea España”, que detalla cómo llegaron a implantarse aquí antiguos directivos, cuando en el resto del mundo se escondieron discretamente y cómo siguen mandando que es todavía más asombroso.

Detengamos en La tecnocracia. Los grandes beneficiarios de este cambio de paradigma piensan que “la gente no sabe lo que le conviene”. Y así como a griegos e italianos les colocaron un presidente tecnócrata a este fin, aquí optaron por hacer Comités de sabios para justificar decisiones de gran calado en temas fundamentales, de las que definen el modelo económico y social. Sobre todo estos tres: universidad, pensiones, fiscalidad. Y, mira por dónde, los sabios son, casualmente, en un 90% hombres y relacionados con la banca en un alto porcentaje. Como en todos los temas, hay un listado completo. Y allí aparecen los nombres de viejos y nuevos conocidos como José Ignacio Wert o Luis Garicano.

Tremendo el capítulo dedicado a los negocios que han hecho con la muerte. Con los entierros y funerarias.  En Madrid y Barcelona en cabeza con la privatización del servicio, total o parcial. ·”En 1998 el coste medio, en Barcelona, de un funeral eran 830 euros, ahora 6.400”. Tras diversos vericuetos, la Funeraria catalana acaba en manos de inversores de Londres que se queda a través de un fondo que se queda un 85%. Se lo vende un ayuntamiento socialista de Barcelona que lo cuela porque le da a la nueva estructura pátina catalana, introduciendo socios de la burguesía local.

La de Madrid la vendieron por 100 pesetas, 0,60 euros, cuando valía 7,4 millones de euros.  Los dueños  ganaron en dos décadas 64 millones de euros. Todos los datos están documentados. De los juicios incluso, porque aquí se han exigido responsabilidades. No nos faltó más que, al llegar Rajoy, subiera el IVA de los entierros del 8% al 21%. Argumentan que en estos trances, la gente, dolida, paga lo que sea. Edificante.

Interesante cómo “Crónicas del gran timo” muestra artículos a favor de estas funerarias privadas, algunos de gran extensión en periódicos de gran tirada. Lo digo porque hoy tenemos a “periodistas” la Caverna diciendo que, remunicipalizada. la funeraria de Madrid será un desastre.

Razones de Estado

En el segundo bloque. En donde vemos a la monarquía, rodeada de corrupción y siempre impoluta. Y sobre todo las amistades peligrosas de los reyes.

Ejemplificadores los capítulos dedicados a la rivalidad Madrid/Barcelona o Cataluña/España. Existe sin duda pero, con rotunda claridad, es también el teatrillo de la Unidad y el se rompe España, del que se sirven para fidelizar a sus respectivos públicos, a un lado y a otro, mientras hacen negocios conjuntos sin problema alguno. Los directores de la obra lo cuelan bien, demostrando que, para quien tiene como única patria el dinero, lo importante es “la pela”. Y que hay gente que se deja llevar por donde le indican, muy bien mandada.

A mí me ha descubierto cosas estge libro, me ha llenado huecos con eslabones. No sabía el tremendo poder de Jorge Fernández Díaz, paseando con Fainé, el presidente de la Caixa, tras la misa diaria. Ambos son miembros del Opus Dei. Y a Fernández Díaz con Francisco Marhuenda. Saber cuánto le debe Fainé en su ascensión a presidente a Artur Mas. Y Artur Mas a Fainé.  Etcétera.

Acongojante “El sueño de la Stasi revive en España”, aunque esto es más conocido porque muchos datos ya se publicaron en diarios digitales. Enorme. Hay un millón de teléfonos intervenidos en España, según estas informaciones, pero luego no tienen personal para escuchar y transcribir las grabaciones, son miles de datos y de páginas. De ahí que van soltando lo que llaman la “minería de datos”. Y es lugar donde pesca algún desaprensivo periodista con contactos bajo mano con la policía. Un mercado negro de la información.  Con agencias privadas de espionaje de por medio. Y lo terrible es que sucede desde hace años. En 1995 escribió ya de ello Ernesto Ekaizer.

Una gran familia, con muchos fiambres y mucha pestilencia en el armario. Asombra cómo se repiten los nombres. Habla de López del Hierro, marido de Cospedal, y van apareciendo empresas y de repente: Cotino, el valenciano Cotino, que debe tener muchos hermanos.  Así sucede con múltiples nombres. De la Serna, hoy imputado, es otro de ellos. Y muchos más, se repiten, siempre son los mismos.

Decía que es un libro de imprescindible lectura, un trabajo serio y documentado que solo se hace desde la más profunda vocación periodística porque solo trae problemas. Muy valiente. El abogado Gonzalo Boye respondió a las preguntas que no ha tenido demandas porque está todo comprobado y no entran en la ilegalidad los datos que se publican. Su objetivo es informar a la ciudadanía que lo precisa. Por eso, para que este libro se compre y se difunda, no daré muchas más pistas. Por ejemplo, del capítulo dedicado a Francisco Marhuenda, director del diario La Razón, que desmonta por completo al personaje. Uno de  hitos fue publicar las fotos del DNI, al que no tiene acceso cualquier mortal, de Magistrados a los que consideraban simpatizantes de convocar un referéndum. Con todo el riesgo que conllevaba ante fanáticos.

Porque la prensa ocupa el bloque final del libro. Están las andanzas de otro famoso tertuliano, Eduardo Inda, sus “exclusivas”, procedencia y fines. El turbio “periodismo de investigación a la española” que también queda retratado. La apuesta del PP por Libertad Digital de Losantos. Y no pueden faltar desde luego Cebrián y el grupo PRISA o el antiguo Público. Como para hacer amigos.

La prensa de nuestros dolores queda muy mal parada. Esa prensa convencional que vive de subvenciones por publicidad institucional, publicidad del IBEX y la banca. Convinimos en la presentación de este jueves entre el autor Pere Rusiñol, Ignacio Escolar y yo que se precisa matizar el hecho cierto de que en estos medios hay grandes profesionales que luchan por sacar adelante un periodismo decente. Corren muy malos tiempos para la profesión. Ahora bien hay, también, que dejar de considerar periodistas a quienes hacen otra función como algunos de los citados. Y fiscalizarlos como se fiscaliza al poder que es labor del periodismo. La lucha sin embargo es muy desigual.

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La presentación en Madrid en la Librería Méndez de la calle Mayor

¿Tiene remedio esto? Me pregunto.  Encima hay que avanzar muchas veces entre las fanatizadas victimas que tienen a su servicio para que nada cambie. Si nos callamos es peor. Algo se ha conseguido además. Es como si en estos momentos la política corrupta –en el más amplio sentido que incluye todo tipo de traiciones a la sociedad- apareciera en proceso de desintegración por su propia podredumbre. Solo queda renovarse o desaparecer en su caso. ¿Pero quién vive sobre esta pocilga? Haberlo hecho tantos años tiene las consecuencias que vemos.

“Crónicas del gran timo”, Reality news, lo muestra de forma diáfana. No ocupará portadas ni abrirá telediarios, con lo necesario que sería lo hicieran sus contenidos. pero contiene información esencial. Es un libro para leer y contar, para regalar, para guardar. Para conocer la realidad. Es una gota en un océano no muy limpio de “política, negocios y periodismo” que nos inunda, pero es de oro puro.

 

 

La ley del silencio

Hay una España oficial que tiene como escribanos a los grandes medios y otra real a la que le escasean los notarios. Así, cualquiera puede despertarse con los gritos de Mariano Rajoy exigiendo al PSOE “que no sea irresponsable” y le dé el gobierno de una vez. Y seguir todo el día con la misma cantinela, para amanecer cada mañana con similares versiones de la coacción. Es tener “sentido de Estado” apoyar que el PP siga mandando, y por eso Albert Rivera, cara más visible de Ciudadanos, se desdice de lo que prometió con la misma impudicia que los representantes del partido al que quería limpiar y regenerar. “Más claro no puede decir…”, una cosa y su contraria.Declaraciones como ésta sonrojarían a cualquiera. Se han comido sus palabras, como avanzaba Girauta, y aún lo hacen parecer algunos como un gran servicio a la nación, ésa en la que la derecha y algunos antiguos socialistas viven. El departamento de maquillaje mediático hace maravillas con los sapos crudos.

Firmado en un pispás, el “acuerdo con 150 reformas para transformar este país, dicen, tiene un sabor a teatro y continuismo de la peor calidad. Cuajado de un cinismo que, ése sí, es digno de un Oscar. El apartado de la corrupción es un puro sainete, aunque con víctimas auténticas propias de una novela negra. Ahora toca continuar apretando al Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, y si acaso buscar fisuras entre algunas baronías de dudosa firmeza progresista, o a quien se quiera apuntar a lo que reparten.

En el transcurso,  se ha vuelto a amañar la Mesa del Congreso para dar a Ciudadanos más representatividad de la que le corresponde por los votos obtenidos. Y 5 puestos en las primeras filas del Hemiciclo para que les pillen bien de lleno los tiros de cámara –eso que hoy importa más que lo esencial–. Baste decir que con 32 diputados les han dado 5 sillones a Ciudadanos, mientras a Podemos les han asignado 3 con 71 y al PSOE 7 con 85. Ciudadanos, la niña de los ojos del Poder, ante el que gana puntos con sus servicios a la misma velocidad que los pierde en las urnas. De los acuerdos de investidura llama la atención que se hayan apresurado a querer modificar la ley electoral, pero para cumplir el viejo deseo de Rajoy de hacer alcalde al candidato más votado aunque no tenga mayoría en el consistorio. Añadirle una prima, probablemente, contraviniendo la voluntad popular expresada. Unas veces los pactos de gobierno son un horror, otras una bendición.

¿Y qué cuenta entretanto la prensa oficial? ¿Y las radios? ¿Y las televisiones? ¿Y las tertulias de las televisiones? Lo suficiente como para que parezca casi normal que Mariano Rajoy vuelva a ser presidente. El propio líder del PP se ha atrevido a mentar los peligros que corre la economía y hasta “la vida de personas” si él no está al mando. Tras elevar la deuda pública a niveles desconocidos en un siglo, saquear la hucha de las pensiones y la seguridad social, dar un palo mortal a la sanidad o a la ayuda a la dependencia, poner trabas considerables a la educación y la ciencia o menospreciar a la cultura; tras crear una generación de trabajadores pobres, y tras expulsar del país a miles de jóvenes. Presidiendo un partido paradigma de corrupción. Y después de haber hecho de su legislatura una continuada mentira, tarea en la que ahora da la impresión de haber encontrado un gran soporte y colaborador.

A este medio, CTXT, le han negado las acreditaciones para la sesión de investidura. Desde el Congreso explican que van a ser más restrictivos con esas autorizaciones. Algunos periodistas corroboran que cada vez cuesta más entrar en la sala en la que nos representan los diputados. Hay muchos medios, en efecto. Lo grave es que en el periodismo español son tantas las voces de su amo que parecemos estar en una cueva llena de ecos. Es curioso que se vete la presencia de un medio crítico, cuando escasean. Y más aun conociendo a quienes integran CTXT: periodistas y otros profesionales de absoluto prestigio. Viendo los esperpentos a los que se rinde lisonja, resulta aún más inverosímil. O más verosímil, precisamente.

El periodismo ha tragado mucho con Rajoy. Y son múltiples los ejemplos. La docilidad con la que asumieron tomar notas ante el plasma en el que comparecía para eludir las preguntas. O su huida por los pasillos del Senado. O el tono prepotente e insultante, que emplea cada vez con mayor asiduidad. Recuérdense los dos casos más recientes, cuando ante preguntas especialmente oportunas, se atrevió a negar que había dicho lo que sí había dicho, y zanjó de intolerable forma una pregunta sobre la corrupción. No se levantó nadie. Se es muy ‘selectivo’ en esas escasas reacciones.

La gente explica que tienen que comer, que al parecer comen mejor los que se desparraman en titulares editoriales tanto a favor de ‘los suyos’ como contra los adversarios políticos de aquellos a quienes defiende su medio o ellos. ¿Releemos el párrafo? ¿Qué tiene esto que ver con el periodismo, con la información, con la verdad, con el derecho a la información de los ciudadanos?

Y es que sí ha habido bajas, todavía han pasado más cosas. Hemos visto echar de su trabajo, realizado con total dignidad, a periodistas como Jesús Cintora, que se encuentra con una tronzante zancadilla en la plenitud de su carrera profesional. Ya empezó el PP con Ana Pastor, a la que Cospedal apercibió en los Desayunos de TVE y que se quedó sin programa nada más llegar el PP a la Moncloa. Las cadenas privadas tienen esa potestad, que en algunos casos está siendo muy reveladora. Periodistas a los y las que se retira el contrato del dorado Edén de las tertulias por haber firmado informaciones inconvenientes al poder. O asombrosamente coincidentes en el tiempo con esa circunstancia. Cuentas los tejemanejes del Ministerio del Interior y te suprimen la colaboración, como le pasó a Patricia López, del diario Público, con Espejo Público de Antena3. Y en todos los casos ha habido compañeros que se han sentado en la silla caliente. Y estos son solo los casos más visibles. También para el periodismo, la era Rajoy ha sido trágica. En muchos sentidos, basta ver en lo que han convertido a RTVE. Y se ha callado demasiado ante la censura y las restricciones a la información veraz.

Ese silencio pasa factura. Ya se está viendo en esta España enferma a la que le venden un gobierno inaceptable con gestaciones que producen vergüenza ajena. Y que, de llegar a término como con tanto ahínco se empeñan, dará los resultados que cabe esperar a tenor de la experiencia. Los problemas que no se solucionan, se enquistan. Piensan en Ctxt.es que el artículo El AVE que conecta a Cánovas del Castillo y Ana Pastor: un poder con 150 años de historia ha podido influir en la decisión de la hoy presidenta del Congreso. Tan servicial ella con los deseos de Rajoy, se apunta a quitarle de encima periodistas molestos. A ver si no incomodan a su jefe, a ella misma, o a las élites que representan. Aquí, justo en ese artículo, está la historia de la derecha española, sus lucros y sus trampas. Siempre ganan los mismos, y a costa de los mismos. A través de los años, los lustros, las décadas, los siglos… Con un balance real de víctimas. Y la ley del silencio cómplice lo ampara. En una huida hacia adelante que dejará a muchos más en la cuneta.

*Publicado en Ctxt.es

º Tras intensa reivindicación, el Congreso ha facilitado esta tarde la acreditación a CTXT para asistir al acto de investidura.

Buscando al asesino del periodismo ¿Será la tecnología?

Así lo aseguraba hace unos días un artículo muy celebrado. No se refería al periodismo, sino a la verdad… que cuenta el periodismo. Encausada pues la tecnología, muchos, periodistas incluso, se sintieron tranquilos. Tenemos ya la foto en la mesa de la responsable, desarticulada.

Pienso escribir en el regreso a la actividad de esto, siquiera tangencialmente. Pero estos días que volvemos a vivir el vuelo rasante de las encuestas igual hay que hacer un anticipo. Esos sondeos de los antaño grandes periódicos cada día más famélicos que preguntan solo sobre dos opciones: ¿Prefiere un gobierno del PP o nuevas elecciones y encima en Navidad? O que enardecidos desgajan una pieza para afirmar: El 33% de los españoles culparía al PSOE de no haber gobierno.. Pocos son para la matraca unánime y diaria de esa prensa… radio y televisión.

Tenemos pues detenidos de un lado al PSOE de Sánchez (no al de sus baronías porque hay uno, en Aragón por más señas, que declaró a Sánchez patriota que no eludirá sus responsabilidades (de facilitar el gobierno del PP, se entiende) y del otro a la tecnología como mal mayor del periodismo y la Verdad.

Hace 4 veranos -qué recuerdos, qué nostalgia- dirigí en Torres, Jaén, con Baltasar Garzón, un curso de la Universidad  que incluía reflexionar sobre la responsabilidad de la información en la crisis. Mesa de lujo con (de izquierda a derecha), Soledad Gállego-Diaz, quien esto escribe, Ignacio Escolar y Rosa María Calaf.  Lo que se dijo lejos de perder vigencia se ha agravado. Es solo un fragmento pero yo creo que de interés. Prestad atención al minuto 10,30 por cierto, en donde Calaf lee un texto sobre peligrosas tecnologías

El escandaloso silencio de las buenas personas

Vivimos tiempos de tinieblas y crueldad, como cada vez que la codicia encuentra vía para expandirse. Ni el hambre, ni la guerra y su destrucción detuvo a sus actores definitivamente, cuando ven oportunidad se rearman y actúan sin importar qué dejan a su paso. La tormenta lleva mucho tiempo gestándose y ya ha descargado muerte y barbarie por doquier. Avisar no ha servido de mucho porque millones de víctimas siguen prestas a colaborar con los verdugos. Una de las principales causas es la que planteó Martin Luther King y recogía José Luis Sampedro: “No nos parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”. De las buenas, o no tan buenas. Porque lo cierto es que, a todos los niveles, vivimos un profundo deterioro de la condición humana. Se percibe desde los detalles intrascendentes a los de mayor calado.

Aylan no fue el final, fue el principio. De la impunidad. De la deshumanización. Aquel cuerpecito del niño sirio ahogado en la playa pudo ser el símbolo que marcaba un giro en el rumbo. Fue a peor. Ha habido miles de Aylan abatidos en todos los campos de la justicia. El drama de los refugiados lejos de solucionarse se ha apartado de la actualidad. De repente en un suelto de una página perdida vemos que han aparecido otros 41 ahogados en otra arena. Que el mar se traga vidas sin alterar ni un segundo el discurrir cotidiano. Especialmente de quienes tienen poder para solucionar o estancar los problemas.

 La UE en concreto entregó los refugiados errantes, previo pago, a la Turquía de Erdogan. Por eso mira para otro lado ante el flagrante triturado de los Derechos Humanos que allí se está perpetrando. Lo último ha sido el cierre de más de un centenar de medios informativos. Tras detener a periodistas, jueces y fiscales, profesores, funcionarios, militares, miembros de ONGs. Amnistía Internacional dice que se está torturando y violando en las cárceles. Y no hay plenos parlamentarios, editoriales, artículos, pronunciamientos, notas siquiera, evidenciando una vez más la inmensa hipocresía en la que se mueve esta sociedad.

Enfebrecidos dirigentes, con el apoyo de unos medios al servicio del mismo plan, buscan yihadismos en brutales matanzas. Sin mirar en el pozo de la injusticia y la desesperación que alimentan sus políticas. ¿Cree alguien que por este camino vamos a algún puerto seguro? ¿No ven de verdad lo que está pasando?

Esa mezcla de egoísmo, idiocia e ira que se ha adueñado de la sociedad tiene como candidato a ocupar la silla de la Casa Blanca con todos sus botones de poder a un energúmeno del calibre de Donald Trump. En Europa, el húngaro Viktor Orbán saluda su posible llegada con alborozo, según declaró. Esa ultraderecha que se ha colado en los Parlamentos está de nuevo vigorosa, como sucedió en los años 30 del siglo XX. Y a pocos parece importarles. La historia no viene por capítulos de fácil consumo.

La evidencia está demostrando que a millones de personas no les incomoda la corrupción o la tiranía, la pérdida de la democracia, los ataques a los derechos humanos. Les basta enchufarse el soma de distintas distracciones. Obviando lo que siembran con esa actitud.

El espectáculo de la formación de gobierno en España se inscribe en los mismos parámetros. En un país serio el PP de Rajoy no estaría en la disyuntiva de formar gobierno, sin depurarse a fondo. El PP en sí, con todas las aquiescencias de sus miembros. No sería un planteamiento, no sería de partida una opción electoral para votantes laxos. Y ahí anda con sus apoyos.  Este jueves nos brindaba un nuevo sainete con la aceptación o no de ir a la investidura. Sembrando la admiración al parecer cuando es bien fácil seguir su táctica: hay que aferrarse al cargo, contar con asideros bien precisos en espacios fundamentales, no ser demasiado exigente con los escrúpulos y trabajarse exclusivamente la piña: la Estrategia del Percebe como escribí en los primeros días de eldiario.es. La urgencia de los editoriales mediáticos dolidos de perder unos euros en la demora de lo que llaman indefinición, volverá a ayudarle.

Las noticias diarias del saqueo al que miembros del PP nos han sometido, las arbitrariedades continuas, las escuchas, el espionaje y publicación de comunicaciones privadas,  la fabricación de pruebas falsas entre Interior con la colaboración de algunos difusores de bulos, lo que no quiere ver la Fiscalía nombrada por el Gobierno. ¿Alguien cree seriamente que todo esto es inocuo y no tiene consecuencias?

La vergüenza de unos medios al servicio del poder con ejemplos que sonrojan cada día y cada hora parecen ser un objeto de consumo más. ¿De qué brillante gestión económica nos hablan con cifras récord de deuda, déficit, desigualdad y…  desfachatez? Hay un grupo, nutrido, de pobrecitos ciudadanos que están muy cansados para pensar y además tienen miedo de perder… su remo en la barca de la inmundicia. “Todos son iguales”, según aseguran. No deja de resultar llamativo que en el opaco pozo de la economía sumergida del servicio doméstico solo haya encontrado el “periodismo de investigación” un fallo en Pablo Echenique, secretario de organización de Podemos. Solo en él. Toda selección implica intenciones. Aquejado de una minusvalía física que no merma la voluntad de su carácter, el tiempo informativo dedicado al “caso Echequique” como ya se le llama es todo un símbolo de la sociedad en la que nos movemos. La que se deja mover por unos hilos que le maniatan sin oponer resistencia. Incapaz de elegir sus batallas o distinguir a sus enemigos.

O con decidida voluntad de participar en cacerías, con fundamento o sin él. Un excelente trabajo de la periodista Myrian Redondo detalla la propaganda política encubierta de la comunicación nacional e internacional, con el uso de Bots y trolsen las redes sociales. Se puede seguir el rastro de cómo actúan. Su objetivo: la desinformación. Idéntica a la de los presuntos debates a los que concurren, para distraer, mercenarios del mismo ejército aunque con carné de prensa. En la escala ínfima de la cruzada, ahí están en Twitter, cobrando o no, auténticas plagas de ratas rabiosas con el odio irracional como guía. En esos rastros de sordidez que deja su bilis, se aprecia la misma irracionalidad que está llevando a este mundo a la deriva. A la Europa que se desintegra sobre todo. A una España que apuesta por perpetuar sus más graves errores.

Hablar de esto en el tránsito “vacacional” entre Julio y Agosto es casi inútil. Cualquier día si se mira, a la vista de los resultados. Aunque la realidad se impone. Y con ella los locos, fanáticos, asesinos de bomba y cuchillo en ristre o mando en firma. Los encarcelados, violados y torturados en cárceles en la puerta de Europa, sufragada y contratada por la UE para arrinconar responsabilidades. Los que nunca pensaron verse nadando literalmente para buscarse la vida y encontrarse nuevas barreras. Las personas y las familias que a diario arroja este sistema corrupto al arcén de la pobreza.

¿Cuánto tiempo más van a estar creyendo que bastará seguir cerrando los ojos para que no les llegue? ¿Cuánto tiempo más van a continuar tantas buenas personas arruinando la vida al resto?

*Publicado en eldiario.es

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Gracias, Pastora Gallardo por este montaje gráfico.

Miguel de la Quadra-Salcedo, el reportero que siempre quisimos ser

migueldelaQuadraMiguel de la Quadra-Salcedo fue el reportero que siempre quisimos ser. Pocas definiciones mejores que la de Juantxo Vidal, del programa de RTVE Crónicas, cuando le hizo este reportaje imprescindible. Porque es así. Inolvidable con un traje blanco y paraguas en 1972, en Argentina, el día que regresó Perón tras 17 años de exilio. Llovía intensamente en un ambiente muy caldeado por la presencia de decenas de simpatizantes. Un militar responde al periodista: “No estamos para reprimir, estamos para encauzar” y, por supuesto, los “encauzaron” a palos. Llegado el expresidente argentino, De la Quadra-Salcedo se acercó tranquilamente a preguntarle por sus impresiones.  Así era entonces el periodismo de los auténticos reporteros, sin barreras, sin miedo, con la seguridad de la labor que se ejerce, y Miguel de la Quadra-Salcedo lo fue como pocos.

Impresionante en su probablemente metro noventa de estatura, empezó como otros pioneros, como Enrique Meneses por ejemplo, por buscar primero la vida y comprarse ellos mismos una cámara y lanzarse al mundo a mirar, ver y contar. Y luego colocarlo en un medio para su difusión lo que, entonces, evidentemente era más fácil.

Nace en Madrid en 1932 de ascendencia vasca.  Y, mientras estudia la carrera de perito agrícola, se hace experto en lanzamiento de jabalina. Después decide tirarla mucho más lejos, subirse a ella para recorrer el mundo.  Cuatro años estuvo en la selva del Amazonas. Trabajó como etnógrafo y también como buscador de oro o ballenero, y así pudo comprarse esa cámara de cine. Es memorable la escena de la anaconda que llegó a rodearle el cuello en el agua.

Su primer reportaje para TVE le lleva al Congo. Es decir, él se entera de que han sido asesinadas cuatro misioneras españolas y se va a cubrirlo. Una carnicería se encuentra. Y llega a ser condenado a muerte por rodar, también, el fusilamiento de unos 300 prisioneros.  Ese fue su estreno en la profesión.

La historia de Miguel de la Quadra-Salcedo es inabarcable. Selvas y ciudades, todos los conflictos. La Siria eternamente convulsa. Etiopía, Nigeria, Biafra, la ruta africana del hambre y la injusticia. “Millones de niños que esperan con un plato vacío en la mano”, dice sobre Biafra al final de su abortada independencia de Nigeria. En Bangladesh, se añaden tifones devastadores.

Miguel, con otro inolvidable, el cámara Juan Verdugo, fallecido en 2009, con José Luis Márquez de ayudante entonces, eran los primeros en entrar en cualquier conflicto. Cargando un equipo que pesaba 60 kilos. Nos situaban en el lugar de los hechos para ver la Cuba que se rebelaba, la muerte del Che Guevara, la entrevista con Fidel Castro en la montaña. Líbano. La guerra de Vietnam, en donde estuvieron dos semanas viajando con un comando del ejército de EEUU, explicando con sobrecogedor detalle la guerra. “Qué momento tan terrible cuando se van y nos quedamos solos”, le comentó a Juantxo Vidal al referirse a ese helicóptero que te lleva a un conflicto. A ese empezar desde el suelo y echar a andar.

O el golpe de Estado de Pînochet en Chile en 1973. En el reportaje deCrónicas que aludo, en torno al minuto 30, tenemos un documento único. Miguel llega a asomarse a la plaza de toros donde el régimen ha confinado a los detenidos. Le dicen que son unos 10.000. En el exterior una mujer, llorando, le cuenta que dentro está su hijo. El periodista le pregunta directamente a Pinochet por él. Rodó el interrogatorio al chico que le obliga a abjurar de sus “delitos”. No, no es de izquierdas. Al salir a la calle, se entera de que… le han quemado los testículos. Minuto 30, repito. Ése era el Chile de Pinochet que hoy minimiza el expresidente socialista español Felipe González por sus nuevos rumbos políticos. Por eso es tan esencial disponer de testimonios directos.  Para que no borren la historia, ni la memoria.

Los reporteros como Miguel de la Quadra-Salcedo, sin apenas medios, ni efectos de rodaje, cogían el micrófono y desde el lugar de los hechos informaban tal como lo veían. Al gozar de absoluta credibilidad, no dudábamos en ponernos en su lugar, en sus ojos y su entendimiento.  Sin temor o falsos respetos, se acercaban a los presidentes a un Papa como hizo él con Pablo VI para pedirle unas palabras sobre España. Al Dalai Lama. Contaba que una foto con él le sirvió de salvoconducto para viajar por la zona.

Este 20 de mayo, Miguel de la Quadra-Salcedo ha muerto, en paz, a los 84 años. Después de haber vivido, lo que no todos pueden afirmar. Como un símbolo.  Soy una más de cuantos quisimos ser reporteros como Miguel de la Quadra-Salcedo. A ratos se consigue. Lo peor es que está acabando una etapa. Vivimos un momento de absoluto deterioro del periodismo oficial que le está llevando a ser hasta rastrero. Algunos han recordado que Miguel también puso en marcha “La ruta BBVA”. Fue, la “Ruta Quetzal” para iniciar a jóvenes en la aventura que hubo de buscar patrocinador. Le han colocado en su intervención en un programa de humor.  De toda su trayectoria, el programa de humor.  Estuvo en el Circo, miren, que igual tienen alguna imagen subido en un elefante.

Son años de una degradación difícil de regenerar.  Hace tiempo que reflexiono sobre cómo han convertido hasta este periodismo genuino en otro espectáculo más de consumo. Los Rambos son preferidos a la autenticidad. Y eso con suerte, todavía nutren a la sociedad de peores ejemplos. Y ella se deja, lo permite.  Perdiendo valores esenciales

Se definió como “curioso”, base insustituible de un periodista. Y le dijo al reportero de Crónicas que nunca hubiera ido a la Luna porque allí no hay personas.  Otra de las grandes motivaciones para echarse a la calle y contar lo que pasa.  Esas vías que, a través de la información, hacen ver el mundo como es y crean conciencia social, si se tiene previamente conciencia.

 

*Publicado en ctxt.es

Los verbos que acabaron con el periodismo, la corrupción que mató un país

La noticia es de extrema gravedad. Un juez, Salvador Alba, es grabado proponiendo a un imputado fabricar indicios contra su predecesora, la jueza Victoria Rosell. Quiere acabar con la carrera política de la que ha sido diputada de Podemos en la reciente legislatura, cuenta. El Tribunal Supremo, previamente, ha admitido a trámite la denuncia del ex ministro offshore José Manuel Soria, en contra de la opinión de la Fiscalía. Rosell y su pareja, el periodista Carlos Sosa, resultan incómodos a los poderes locales. Pero el montaje en el que es cazado Alba sobrepasa todo lo admisible en un Estado de Derecho. Es como  si un médico hiciera planes para matar a sus pacientes. Como si un periodista engañara a sus lectores. Solo que con más profundo significado: la Justicia es uno de los pilares de la Democracia.

 La noticia era de las que “paran las máquinas”, y no ocurrió así.  Las principales cadenas de televisión no abrieron con ella, ni la mencionaron siquiera. Las  grandes cabeceras de prensa escritas, tampoco. El Mundo la colocó al final de su página web y titulando con la denuncia de la Jueza Rosell al conocer el contenido de la grabación. Hay un verbo que está acabando con el periodismo oficial: suprimir; suprimir noticias, no contarlas. Y así viene sucediendo cada vez más para sumirnos en la estupefacción. Destacados nombres pillados con cuentas en Panamá como Miguel Blesa o la segunda mujer de Felipe González no merecieron ni una línea en algunos medios. Otros han desaparecido como por encanto. Este jueves se podía hablar ya de auténtico “apagón informativo” respecto al caso Alba/Rosell. Otro más.

Es de reseñar que la prensa oficial parece tener especial sensibilidad con la jueza de Podemos. Muchos han llevado a portada, a sus informativos de televisión (Antena 3 por ejemplo), hasta una discusión en el control del aeropuerto de Las Palmas. Culpándola a ella, por cierto, cuando una grabación evidenciaba un curso muy diferente de la situación. Medios que sí informan del caso lo siembran depresuntos como si la voz grabada fuera de un ventrílocuo. Prudencia que llama la atención, dado el poco uso “presuntos” que dedican a otros a quienes presentan prácticamente como reos, en acusaciones incluso inventadas.

Hay más. La Cadena SER informa de cómo la Embajada francesa alertó a la española del riesgo de atentado de Kabul, Afganistán, 8 horas antes de que se produjera, causando la muerte a 8 personas: dos policías españoles, cuatro agentes afganos y dos empleados locales.  También es difícil encontrar la noticia en otros medios. Quizás porque evidencia, de nuevo, la caótica gestión del PP, también con los militares desplazados al extranjero. Relevante es la noticia.

Un criterio periodístico riguroso no comparte apenas la selección y prioridad de noticias que se están ofreciendo. Este jueves las declaraciones sobre actitudes personales de Anna Gabriel de la CUP ocupaban lugar destacado, cuando no figuraban los temas fundamentales. Los dos reseñados y varios más de envergadura.

Los verbos con intención calificadora han ido minando a ese periodismo de cámara, cortesano. El favorito es “desafiar”, palabra de querencia en la actual etapa de El País (basta teclearla en google) y adoptada por varios de sus colegas. Cada paso de posiciones de izquierda es un desafío, tanto en España como en Europa y cualquier parte del mundo. Pero hay muchos más verbos todavía.

Sobrevivir. “El PSOE tratará de sobrevivir a la pinza entre Podemos y el Partido Popular”, encabeza. sin un rubor y firmado por tres periodistas, El País. Es el diario que inventa el término “superficie lucrativa” –en este caso adjetivo- para criticar el recorte de esa parte precisamente practicado por el Ayuntamiento de Carmena en la Operación Chamartín.

Entregar. Este verbo se lo debemos a El Mundo: “Garzón entrega IU a Iglesias a cambio de ocho escaños”, bajo foto que bautiza el pacto como “el de los botellines”.

Provocar. El Mundo también para calificar actitudes: “Iglesias provoca a Sánchez para ir juntos al Senado”. Igual que La Razón que parece referirse al Coloso de Rodas cuando habla del líder de Podemos: “Iglesias levanta a los barones contra Sánchez: Puig y Lamban sí negociarán con Podemos”.  Una potencia de la que gozan también las confluencias porque, como titula La Voz de Galicia, llegan al extremo de forzar voluntades: “Marea fuerza a PP y PSOE a votar juntos para salvar su aportación al presupuesto”. Pobriños.

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Recuperar, colar y amarrar. El Mundo este jueves. “Sánchez recupera a Borrell”, pero “Iglesias cuela al exJEMAD –sin nombre- por Almería para amarrar su escaño”.

Entretanto, pasa desapercibida la portada de ABC con entrevista a Albert Rivera en la que el líder de Ciudadanos declara para explicar el fallido pacto de investidura con Sánchez: “No queríamos que Podemos asaltara el poder”.  Asaltar. Ellos, acceden al poder, lo facilitan, pero la izquierda “asalta” -con sus votos- los gobiernos, porque la expresión “asaltar el cielo” utilizada por Iglesias es demasiado sutil para no ser manoseada al gusto.  El “no queríamos” en plural de Rivera puede no incluir a Sánchez pero sería raro que no conociera las intenciones de su socio y el resultado de su Pacto a la naranja. Seguir con las continuas acusaciones a Podemos de ser el causante de repetir elecciones es quedar muy en evidencia. Pero para eso la audiencia ha de saber el conjunto de datos y no está ocurriendo. Ése es el problema.

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Sin información rigurosa no hay democracia. Uno no puede ir a votar ignorando el montaje contra Rossell o predispuesto en contra de cualquier paso que dé Podemos, por su desafiar, colar, amarrar, etc…  No se puede emitir un voto justo y real si el ciudadano no conoce todos los extremos de la gestión del PP, desde el brutal aumento de la Deuda Pública a sus desastres varios, como el de Kabul. Si no está al tanto de las intenciones de Rivera al pactar con el PSOE y del fundamento que tienen las acusaciones de éste. Y así un sinfín de cuestiones que le afectan.

Las palabras vienen cargadas de metralla. Y los verbos parecen tener más fuerza que los adjetivos porque implican acción.  El léxico deportivo se impone. El equipo propio no gana partidos, vence, aplasta. El rival, sucumbe.  Pero estamos ante una sociedad de seres humanos, su convivencia, su presente y su futuro.  Preocupantes en alto grado. Porque al salto cualitativo del juez Alba, se suma un rosario de hechos muy graves.  De repente conocemos que Ausbanc  y Manos Limpias llevan más de 20 años extorsionando  a bancos y empresas bajo la amenaza de publicar informaciones que les perjudiquen, falsas o no. Otro asunto de gravedad extrema por el hecho en sí, los implicados, el tiempo que se ha venido manteniendo esta práctica y por la inaudita circunstancia de que nadie dijera nada y nadie se enterara aparentemente.  A jueces y fiscales participando en actividades de estas empresas, en conferencias y otros cometidos.

Tenemos a los afamados jueces, López y Espejel, recusados por su vinculación demostrada con el PP, deambulando por diferentes procesos de corrupción que implican al partido a ver si caen en sus manos.  Son continuos los hallazgos –también por la acción de miembros de la  justicia- de nuevos latrocinios del dinero público. Lo que nos permite contemplar esas orgías de comisiones, rapiñas y evasiones, aderezadas con “volquetes de putas”,  a nuestra costa y las camarillas que se vislumbran atando y bien atando lo que no quieren que cambie.

 Son otros los verbos que dominan en este desgraciado país que tanto precisa sobreponerse a sus miserias. Robar, prevaricar, corromper, enviciar, ocultar, amañar, desinformar, manipular, conchabar, dominar, engañar…  Y, como consecuencia, sufrir, doler, padecer, descompensar, embobar,  aturdir, perder, empobrecer, morir.

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Cuadro: Pastora Gallardo

Los verbos están acabando con el periodismo oficial, mientras el  independiente se abre paso contra sus vientos y mareas en los que califican, con cierto tonillo, de “publicaciones digitales”.  La corrupción nos pudre como país, son demasiados los pilares afectados. Pero las personas – sobre todo las decentes- disponemos de otros verbos de uso y aspiración diaria: saber, luchar, limpiar, descubrir, prosperar, elegir, dignificar, descansar, disfrutar, amar, vivir. Con ellos habremos de edificar un tiempo distinto.

*Publicado en eldiario.es

Como en el fin del Imperio romano

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Se le llamaba Ciudadano Cebrián, recordando al Citizen Kane de Orson Welles. A media voz. Su poder y su soberbia eran inmensos en los tiempos de esplendor de El País. Pero, como escribe Gumersindo Lafuente (que dejó el rotativo por voluntad propia desde la dirección adjunta) la veda se levantó con el ERE en 2012. Nombres míticos que habían construido el prestigio del diario salieron o directamente o en la onda expansiva. Por citar solo algunos, varios ex corresponsales del periódico, alta cualificación en periodismo: Maruja Torres, Javier Valenzuela, Ramón Lobo, Miguel Mora, Enric González o José Yoldi, al que aún le ardía en las manos la exclusiva sobre  los viajes de placer, guardaespaldas incluido, de Carlos Dívar que tuvo que dimitir como presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial.

Luego llegaría la censura de un artículo del historiador Santos Juliá simplemente por mencionar a Enric González en el texto. Se lo borraron sin más y Juliá se fue enfadado, pero regresó. Hasta con la carga antiPodemos de rigor. Miguel Ángel Aguilar fue despedido por responder a The New York Times sobre la libertad de prensa en España. El propio New York Times vio suprimida su colaboración con El País, a raíz de su artículo.

Paulatinamente se fueron cancelando las columnas de opinión de colaboradores críticos. Más despidos en los medios de la empresa, desangrados por una mala gestión, algunos tras expresar protestas. Hasta llegar a la selección de Ignacio Escolar y eldiario.es como reo a sacrificar por la publicación de los Papeles de Panamá con vínculos a la segunda exesposa de Cebrián, Teresa Aranda. Y a prohibir a sus empleados asistir a los programas de La Sexta, porque forma parte del grupo que difunde la investigación de estos Paraísos Fiscales. Calígula desde el trono.

Todo esto se ha ido tragando, como se engullen los sapos crudos, y poniendo una vela a la virgen del que me quede como estoy para que el presidente –mucho más allá de sus atribuciones como tal- no repare en ninguno más, no en cada uno. En tiempos de precariedad y también de arbitrariedades sin fin, de corrupción galopante, es peligroso quedarse a la intemperie. Pero no olvidemos que implica elusión de responsabilidades.

Cebrián es el símbolo de esta época que se hunde en su degeneración, aunque sin duda toda ella dará coletazos hasta el final. La  foto con su amigo y socio hispanoiraní Zandi en El Confidencial es la imagen explícita de esa degradación. Pero también, con mayor significado, la que le une a Felipe González, el expresidente del gobierno del PSOE, en amistad, negocios, fiestas, sonrisas, yates, vanidad y ambición de poder.

En estos años, también se abrió la veda para la intocable familia real española -con tantos secretos familiares en sus baúles- hasta costarle el puesto a Juan Carlos I. No sirvió pedir perdón por sus cacerías y dudosas amigas entrañables. Pero ahí siguen, asombrándonos entre manos limpias y sucias, y defensas de la Fiscalía -el órgano que por definición se ocupa de los intereses de los españoles vulnerados por delincuentes-. Hasta llegar a la probable exoneración de la infanta Cristina de los presuntos delitos que acreditó la investigación judicial.

Se suceden de tal forma los atropellos, las evidencias, que una persona medianamente cuerda y honesta duda ya de todos los estamentos del Estado. Jueces y fiscales cobrando de Ausbanc, o del PP de Madrid a través del gobierno regional, por distintos servicios. La sima sin fondo del PP en su conjunto. La estirpe de los Pujol en Catalunya y la cortina que ocultó sus hazañas. Los pozos negros de la Comunidad valenciana. O de la Andalucía del PSOE. O de Canarias, donde el ministro offshore es aplaudido por los suyos, secretaria general del PP a su vera, mientras planta denuncias a la jueza Rosell –casualmente de Podemos- que son admitidas por el Supremo. Y tituladas en primera plana, por medios como El Mundo.

El Mundo es ese periódico que se dispone a echar a la calle a más de doscientos trabajadores –entre varias publicaciones de la editora-, empecinado desde los tiempos de Pedro J. Ramirez en contarnos las excelencias del empresario español para dirigir este país como si fuera un negocio. Igual es que sí lo es. Esos empresarios que eligieron como presidente a Díaz Ferrán – hoy en la cárcel por corrupto- nos dan lecciones, día sí, día no, sobre cómo debemos comportarnos en política. Apelando, por supuesto, a los partidos buenos y temerosos del IBEX y el lucro como dios supremo, que parecen ser PP, PSOE y Ciudadanos, lean. Y algo debe haber cuando Albert Rivera, el líder de este último, declaró hace mes y medio misión cumplida haber impedido un gobierno con Podemos. Y Pedro Sánchez le eligió por pareja en cabriola formalmente incomprensible.

Y así se nos lanza el Parlamento en su abrupto final de legislatura a un debate sobre Venezuela. Y lo apoyan desde la retaguardia el diario de Cebrián y Caño con un editorial titulado “Realismo Mágico Venezolano”. Ahí queda eso. Y desde El Mundo de David Jiménez con las graves carencias alimentarias de los venezolanos. Pásense por Burundi, Sierra Leona, Guinea Ecuatorial que nos cae bien cerca, Haití que anda por el continente de su Venezuela. Por Arabia Saudí, el amigo que ostenta hoy el récord de la venta de armas desde nuestro país y de ejecuciones de disidentes políticos. Pásense por España, por favor, que las políticas que apoyan  mantienen a más de dos millones de personas alimentándose en comedores sociales, un tercio de los niños en el umbral de la pobreza y la tijera en la sanidad produce hasta muertes. Pásense también por el mundo entero al que han tenido que emigrar miles de españoles, jóvenes sobre todo, y a los que encima ponen trabas para votar.

Pero no, es Venezuela, ese país al que estas mismas élites y gobernantes vendían armas y rendían pleitesía incluso con Chávez. La misma que ignoraban los medios  -también en los abusos anteriores de los gobernantes buenos y temerosos de sus mismos dioses- hasta que surgió Podemos. Va a llegar un punto que los escolares españoles van a pensar que Venezuela es una isla ubicada junto a Canarias, o en un lago al lado de Madrid.

Esta semblanza a grandes rasgos, tantas veces denunciada, compone el retrato de un régimen que se desmorona como lo hiciera el Imperio Romano. No le pongamos ni nombres, ni fechas como “el 78”. Es el de quienes han mandado en España durante siglos, al que se sumaron unos cuantos avispados sin muchos remilgos. Las bacanales, los rostros abotargados, los bufones para reírles las gracias, la guardia pretoriana, los mercenarios, el ejército, la mordaza en forma de leyes y códigos que aporta la parte más autoritaria del grupo, los yates, los palcos, las cenas, las luchas de poder, los vómitos de ira, el dedo martillo como final de fiesta. La condición humana sobre todas, cuando se infecta de egolatría.

Podría servir de guión al libro que definirá nuestra época. Muchos españoles colaboran con ellos, incluso sin ser conscientes que ya es ponerse una tupida venda sobre los ojos. Porque, como predijo uno de los escritores que nos precedieron en la trágica ciencia ficción de la realidad, George Orwell, han sucumbido a sus estrategias: “Os exprimiremos hasta la saciedad, y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”.

Ingrediente básico en el programa es correr tras el señuelo de los falsos motivos de debate, esa Venezuela que les sirve de coartada. O lo que gusten decidir. Odiar a quienes mandan odiar. Votar a los partidos sensatos que nos conducirán a todos al mismo lugar donde estamos, aunque cada vez algo más abajo. Convencerse de que los países son empresas, que las elecciones cuestan demasiado dinero, que la democracia cuesta demasiado dinero. Creer a los medios que ocultan las noticias inconvenientes a sus intereses. A los columnistas tan críticos con los que mandan sus jefes y tan silenciosos cuando el rayo de la arbitrariedad cae en casa.  Seguir encendiendo velas a la virgen a ver si la próxima vez tampoco les toca. Evitar pensar que a veces las circunstancias nos obligan a elegir, aunque maldigamos vernos en esa tesitura.

Los periodistas seguiremos aquí. Si consiguen tumbar a alguno, sale otro. Y otro. Porque este Imperio que se derrumba, arrasado ya por los Atilas de la codicia, puede ser hundido por la verdad. En las urnas. En la voluntad de los ciudadanos decentes, sobre todo. No es fácil, pero será inevitable. Recuerden, lo decía José Luis Sampedro: “La historia no admite vacíos, imparable la vida los llena”. Que sea la vida, no la mugre que hoy nos anega.

*Publicado en eldiario.es

De Pablo Iglesias y los secretos inconfesados a la responsabilidad de los periodistas

El secreto inconfesado de la prensa guarda más monstruos en su interior de los que se cree. Y es esencial tenerlo en cuenta cuando se convocan nuevas elecciones. De repente, un artículo adquiere una relevancia inesperada. Así ha ocurrido con el de Pablo Iglesias y la crisis del periodismo. Se trataba de una visión distinta a la postura oficial que atribuye al líder de Podemos enemistad y ánimo de control a los informadores. Hablar –en un contexto muy preciso como es la Universidad– del seguidismo a las políticas de la empresa editora y centrarlo en un redactor de El Mundo provocó una intensa erupción de corporativismo. Hasta han salido los aguerridos reporteros que paran balas con la boca, acusándole de ser un melindre por no aguantar las invectivas de la prensa como se hace en la arena de la política “de toda la vida”.

El artículo obtiene récords de visitas, se recomienda y se comenta. A plena luz. Pero también con más discreción en llamadas y mensajes. Entre las felicitaciones de compañeros se deslizan frases muy definitorias. “El miedo es libre”, la idea más impactante. Se da por hecho que, por miedo –a perder el empleo pero no solo eso– se exagera, deforma, amplifica, manipula, miente, acorde con las estrategias de la empresa. Estrategias, no hablamos de noticias.

Insisto en que desde siempre se han admitido líneas editoriales con sello ideológico, pero lo que está ocurriendo ahora va mucho más allá. Esos emporios en bancarrota saben perfectamente qué partidos convienen a los intereses de su accionariado y a los suyos propios. Cuantos menos cambios, mejor. Riesgos de levantar alfombras, ninguno. Ante esa intencionalidad, el periodismo se resiente. Desgraciadamente suele ser así, las influencias se dan por descontadas, pero no quizás a los extremos a los que estamos llegando ahora. Nunca se había hecho tan patente la sensación de peligro que parecen sentir quienes dirigen los hilos desde un olimpo alejado de los mortales. La reacción de ira y prepotencia en algunos casos.

Provocan, por ello, más miedo y preocupación. A la corrupción que se enseñoreaba de élites decisivas del Estado se le van añadiendo datos. Los Papeles de Panamá han caído como una tormenta de fango para llenar huecos y elevar el nivel. Nuevas cúpulas de control emergen y quedan al descubierto. Muchos han perdido la inocencia –que a toda costa querían mantener– al ver la foto del expresidente del Gobierno Felipe González y el presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, con sus empresas, sus socios, sus esposas de pasado o de futuro, alojadas en firmas offshore, según el Consorcio Internacional de Periodistas que acredita sus investigaciones. Sus tácticas, sus amistades, sus costumbres. Socialismo y periodismo de progreso quedan muy alejados de su imagen actual.

Como las de otros que fueron llamados, por ejemplo, a reflotar medios como El Mundo, y han acabado subsumidos por las magmas ultraconservadoras, descerebradas con orla. Y así la prensa oficial española dibuja un escenario preocupante: noticias que no se publican –socavones profundos sin señalizar en una carretera, como escribí–, obsesiones ideológicas (contra la izquierda), un acusar a otros de las propias carencias de sumir en la perplejidad. Como si hablaran de ellos mismos. Promociones sin pudor.

El paso adelante acaba de darlo Juan Luis Cebrián, al emitir una nota de prensa en la que afirma que PRISA (la empresa que él preside, una empresa de comunicación con varias publicaciones y negocios, accionistas varios) se querella contra algunos medios por una información que a él le molesta. Porque, dice, le vinculan con las cuentas offshore, al publicar la firma de su exmujer Teresa Aranda. Esa mujer de la que usted me está hablando estuvo un cuarto de siglo casada con Cebrián. Pero la demanda no se dirige a todos los medios que han difundido la noticia, sino a los dos que participan en la investigación –El Confidencial y La Sexta- y a Eldiario.es que dirige Ignacio Escolar. Medio sufragado por lectores como muchos digitales y sin el poderío económico del que goza la parte demandante. Elegido del cesto para castigo ejemplar.

Volvamos pues a los pobres periodistas, presuntamente agredidos por Pablo Iglesias. A los que tienen miedo de algunos de quienes dirigen sus empresas. Con razón, evidentemente. Silenciar noticias, exagerar o inventarse defectos del partido que molesta a sus jefes por sus propios intereses, inflar a sus favoritos, no tiene excusa. Humana, sí, “el miedo es libre”, me dicen. Y lo sabemos. Pero, profesionalmente, el periodismo tiene una responsabilidad de la que a lo mejor carece quien fabrica bolsas de papel, o pone palitos en el chupachups, sin desmerecer su trabajo. Los ciudadanos  precisan datos reales para saber a qué atenerse y decidir sobre sus vidas. El temor a perder el trabajo, el sueldo y cuanto conlleva, puede estar adulterando la realidad y afectar a toda la sociedad en su conjunto. Una enorme responsabilidad. Un cirujano no seguiría operando –creo– si supiera que no lo está haciendo debidamente. Sus temores afectan a todo el colectivo social. Cada día pero más ante elecciones en donde se dirime quién va a gobernar y legislar.

En la sociedad del espectáculo en la que vivimos, un periodista tiene más valor cuando se encuentra en peligro. Mejor, si es en una guerra cruenta y en efecto puede relatar cómo le silbaban las balas por las orejas hasta que se volvió y las detuvo con los dientes. Lo peor es que hay muchos más conflictos silenciosos de todos los días. Y también es un riesgo contarlo. Por cierto, los reporteros de guerra ya no están “de moda”. Les pagan 70 euros por reportaje y, como freelancers, han de costearse viajes, alojamiento y manutención. No hay dietas. Los primeros a quienes ISIS cortó la cabeza eran periodistas sin medio fijo detrás, sin nómina fija.

Esta sociedad, la de las profundas desigualdades, la mentira, la corrupción infecta, se mantiene por el miedo y la desidia. Alguna vez habrá que parar y operar acciones diferentes para lograr resultados diferentes. No ha servido de mucho tragar, cuando cada día es peor. No es de recibo que periodistas y políticos hayan de sufrir mayores riesgos de los usuales por oponerse a los mantos de silencio o de impunidad. Nadie puede exigir heroicidades a los periodistas desde el sofá de casa, y engullendo mensajes erróneos. Si se analiza con seriedad la desintegración de ese sistema que fue troncal en los últimos 40 años, vemos que ya no cabe más. La corrupción asciende como una planta invasora que todo lo enmaraña y nos hace dudar incluso de estamentos esenciales. La España de hoy sí que da miedo, produce auténtico terror. Y las víctimas no terminan de verlo con tanto embuste. Nos va tanto en ello que alguna vez habrá que levantarse y gritar “Yo soy Espartaco”.

*Publicado en ctxt.es

La cultura de la riqueza y el hombre que recogía calderilla al pie de la ladera

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Un taxista me condujo una vez de una ciudad a otra distante más de 70 kilómetros para tomar un tren al volante de un gran Mercedes. Durante el camino me contó con profusión de detalles y una cierta dosis de suspense su teoría sobre la Cultura de la Riqueza. Lo resumo. Él prefería juntarse con los ricos porque “cuando se caían por una pendiente” se soltaban monedas de sus bolsillos. “Los pobres no llevan nada, es mejor arrimarse a quien tiene”.  El chófer aspiraba pues a recoger la calderilla que los ricos perdían. Lo he recordado mucho estos días. Van a ver por qué.

Los papeles de Panamá han generado en algunos países un debate profundo. Por cuanto implican, por las reacciones que provocan y por el futuro que se vislumbra. En el Reino Unido, el diario conservador The Telegraph fue el primero que se lanzó a disculpar las veleidades fiscales de su presidente, David Cameron. “Se oye hablar a menudo de personas que están “atrapadas en la pobreza”, pero también es posible quedar “atrapado en la riqueza”. Este es el destino de David Cameron. Él no es un hombre codicioso financieramente, o un maloliente rico, pero proviene de un entorno en el que la riqueza hereditaria es la norma”, firmaba Charles Moore uno de sus principales comentaristas políticos. Qué iba a hacer el pobre David si su mamá –como debiéramos hacer todas las mamás-  le regaló a temprana edad por dos veces 100.000 libras esterlinas: uno se sabe rico y eso tiene unos privilegios y unas normas que guardar. Una pesada carga.

El artículo recibió una avalancha de críticas en las Redes sociales, en los periódicos, en otras columnas de prensa escritas en todos los tonos. Desde la ironíaa los análisis densos  se advierte la fuerza que ha llegado a tener esa élite que se otorga todos los derechos. Hasta el de no pagar su contribución a la comunidad como el resto. Hasta el de ser comprendidos. Hasta el de obviar que no hablamos solo de escamotear obligaciones fiscales. Los refugios offshore esconden en muchos casos dinero de procedencia ilícita o de uso ilícito. Eso explica las cuentas de reconocidos sátrapas reveladas en Panamá que no quieren tensar más la cuerda de sus sufridos pueblos, si lo pueden evitar.

Esta España nuestra, sumida en una corrupción escandalosa, ni siquiera ha abierto ese debate con seriedad. Los medios continúan “con sus cosas” y  entre los pocos que se animan a opinar encontramos sobre todo la disculpa a los evasores. El manual manda, primero, despreciar el periodismo de investigación, verle oscuras intenciones, y después sacar la lanza para defender, por ejemplo, a los Borbones en Panamá como hacen en ABC. “Fue ETA” , vaya por dios. Pero nadie manda no pagar en el país de residencia, del que se usan desde sus servicios a sus aceras que es imagen bien visual. Pilar de Borbón, hermana de Juan Carlos I, ha pagado por esa fortuna offshore 150 euros anuales durante 40 años. Pobrecilla. Debemos recordarlo estos días que los ciudadanos con minúscula hacemos la Declaración de la Renta.

La ola de comprensión se extiende. El ultraliberalismo en boga llega a hablar –y firmar- conceptos como “terrorismo fiscal” o “infierno fiscal”. Y esas gentes simpáticas del espectáculo inspiran una cierta piedad, siempre que sean de derechas, que esto ayuda. La piña se apoya entre sí, como las familias de sangre o dinero. Es curioso ver además lo fácilmente que algunos se dejan “atrapar en la cultura de la riqueza”. Borja Thyssen, uno de los implicados según la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas, se encontró de repente con una lluvia de millones por la boda de su madre. Y ni aun así parece tener suficiente. En la jaula de la riqueza se produce demasiada adicción a la codicia.

La opacidad de estas maniobras financieras no permite saber con exactitud cuánto dinero nos están restando al bien común: se habla del 20% del PIB mundial. Lo que sí se puede asegurar es que se trata de una cantidad  que podría resolver las necesidades de millones de personas. Propiciando una sociedad más equilibrada y más libre. Menos excusas. Los grandes evasores son gente dedicada a la ingeniería financiera preferentemente, no es un drama que se vayan. Nos quitan más que nos dan, dada su influencia offshore en la política por lo que vamos comprobando. De hecho no es hayamos de temer que se lleven el dinero, es que ya se lo han llevado.

La evasión fiscal es punible; la elusión, no. Puede ser legal pero a estos inmensos niveles no es ética, ni justa y debe ser sacada de la ley, como cada vez más voces decentes piden. Contra la élite de la mafia: tratemos a la riqueza offshore igual que al dinero del terrorismo llega a proponer en theguardian/eldiario.es Paul Mason, una de las voces potentes del periodismo progresista. Porque la desigualdad fiscal está en la base de la desigualdad en sí, la que ha crecido exponencialmente desde que se iniciara aquello que llamaron crisis en 2008. En la que está marcando con fiereza la distancia entre seres humanos “atrapados en la pobreza” y los que se aprovechan de su riqueza para aumentar sus prerrogativas. La que nos ofrece esas imágenes de pavorosa crueldad en esta Europa que tiene tantos pozos negros fiscales que limpiar.

Así murieron otras culturas, otros imperios. Para renacer, tras dejar mucho dolor atrás. La diferencia con anteriores momentos históricos es la reacción de las víctimas. En Islandia se echaron a la calle y en 24 horas tenían fuera a su primer ministro evasor. En España no. Esa sociedad capaz de salir a manifestarse por un equipo de fútbol o los concursantes de un programa banal de televisión permanece indiferente a cuanto nos está ocurriendo. A esa ristra de nombres que no han tributado como hacemos los demás. A los que han robado como si el dinero público fuera un saco sin fondo. A los que se burlan de todos con sus herencias, sus padres, hijos, hermanos, primos, secretarios… o con sus comisarios de guardia presumiblemente  interpuestos. A los que se emplean a fondo para que nada cambie hurtando datos. ¿ Qué más tiene que hacer el Ministro Soria, el PP, sus votantes y los partidos que le quieren en gobiernos para provocar una reacción?

Si el enorme esfuerzo de investigar, los riesgos varios que se corren cuando las informaciones afectan a poderosos, no encuentra respuesta en los afectados, se dejará de hacer. La apatía también trabaja a favor de los privilegiados. “Si una revelación no provoca indignación, y los delincuentes no son castigados, escribió Efimeros [Costas Efimeros, editor de una web de investigación griega] “entonces la constante revelación de escándalos provocan exactamente el efecto opuesto: derrotismo, sensación de vulnerabilidad, aceptación fatalista del gobierno de los poderosos”, recogía Mason.  Y, así, las hirientes corrupciones que nos sepultan llevan camino de perpetuarse, de crecer como no han dejado de hacerlo.

El hombre que aspiraba a recoger calderilla al pie de la ladera debería saber que los ricos no se caen por la montaña y ni mucho menos sueltan monedas. Si nos atenemos a los usuarios de Paraísos Fiscales, le quitarán las suyas a poco que se descuiden. La cartera completa. Pero sobre todo quienes opinan como él deben ser conscientes de que nos están haciendo rodar a todos con ellos. Con su insensibilidad, egoísmo e insensatez. Y esto en “la Cultura de la Riqueza” no pasa. Por eso van ganando.

viñeta.capitalismo.pesca

*Publicado en eldiario.es (sin viñetas que, con mi agradecimiento, utilizo en CC como es este blog)

Menos minutos de silencio y más atajar las causas

Imaginen que se despiertan y para tomar el desayuno conectan con un sedante documental de La 2 de título “Brasil: Paraíso Natural”. Amanecidos, tras un nuevo día de terror y cinismo absolutamente demoledor, desactivador. Sin sonido, las imágenes muestran agua serena, bosques, animales en su hábitat. Al subir el volumen una voz dice: “Como todas las cosas buenas, tiene que acabar”. ¿Cómo? La frase, contenida en un guion empeñado en resaltar todo el mal que ha podido encontrar en la belleza, cae como la sentencia definitiva. Aunque actúa de revulsivo, de reactivo.

Estamos viviendo momentos que, por la brutalidad de los atentados, ahuyentan la crítica. Pero callar no es sino seguir, in crescendo, la senda repetida. Cada vez que se produce un acto de barbarie terrorista, sabemos que a la imagen de la muerte, destrucción y sufrimiento, seguirá una parafernalia agobiante de presiones que precisa análisis y denuncia.  Nos duele, s in necesidad de ayudas políticas y mediáticas que lo incrementen. Siempre el mismo cinismo, la misma siembra de miedo y exacerbación de las pasiones, la misma utilización de la tragedia. Los únicos que son nuevos sucesivamente son los muertos, las familias rotas.

Por supuesto que son necesarios información, control y más eficacia. Enlutadas conciencias,hablan en cambio de guerra y soluciones militares, desoyendo datos clamorosos.  ¿Se bombardea la ciudad de Bruselas de donde eran esta vez los presuntos terroristas? ¿Para qué? ¿Para seguir con el próspero negocio? Europa vende armas a Arabia Saudí y otros países partidarios de fanatizar el Islam, en cifras récord. La Francia de Hollande hasta se permite condecorar al heredero de la dinastía con la Legión de Honor recién ejecutados más de 70 opositores. España sin ir más lejos también les ha vendido armamento como nunca. Juncker, presidente de la Comisión, es de los pocos que habla de “control de la venta de armas”, como uno más de sus planes contra el terrorismo. Se queja de que los gobiernos y los lobbies no hacen caso. Significativa actitud. No se puede tolerar más esa doble moral sin intentar al menos desenmascararla. Menos minutos de silencio, y más atajar las causas.

Ni es honesta la promoción del miedo y las asociaciones mal intencionadas que terminan vertiendo culpas a quien no las tiene. El 87% de los atentados yihadistas desde el año 2000 han sido en países de mayoría musulmana, como publicaba eldiario.es. Casi 9 de cada 10 atentados. Más de 72.000 personas fueron asesinadas, una brutal irracionalidad. Pero de ellas, 63.000 sucumbieron en países donde el Islam es la religión mayoritaria. Sentir más dolor por la proximidad de la víctima es humano pero absolutamente injusto por comparación. No valen más unos muertos que otros.

Impúdicas las lágrimas y condolencias de esa UE que firma sin pestañear graves violaciones de los Derechos Humanos. Y con la única finalidad de mantener el triunfo de la codicia de unos pocos y su “estilo de vida”. Porque es imposible que no calculen lo que sus políticas desencadenan. Piensen si nuestro estilo de vida es el de los sensatos políticos que hacen declaraciones o el que ve suicidarse a un hombre al que iban a desahuciar de su domicilio. El que encontró a una mujer que llevaba muerta en su casa dos años y medio en un pueblo de Madrid. O el que ha convertido Europa en frontera, sin humanidad, con una crueldad que hasta esforzadas organizaciones no gubernamentales se ven incapaces de asumir. Hay diferencia de “estilos de vida”.

Claro que el terrorismo produce miedo, miedo visceral por la sorpresa y la indiscriminación con la que se produce. Por lo inapelable e irreversible de sus consecuencias. Pero hay que contar con todos los datos del contexto y todos los factores para saber  dónde buscar soluciones. El autoritarismo, la ultraderecha y neofascismos, la irracionalidad nunca lo han sido. Miren a su alrededor, miren a Irak y sus falsas armas de destrucción masiva, al polvorín de Oriente Medio y reflexionen de qué sirvieron esas tácticas. Se diría que únicamente para dar votos y poder a los mismos.

 Alerta máxima pues a la utilización en provecho partidista de ese complejo paquete de miedos y mentiras. Mediten sobre la ideología, fortaleza y seguridad de los gobiernos en cuyos países se han venido produciendo los peores atentados terroristas. Si hay denominadores comunes o no. Y, de haberlos, cuáles son.

Los atentados, cada vez más frecuentes, nos caen encima a toda la sociedad como un manto de plomo que inmoviliza por todos estos factores. Por la suma de presiones que nos vemos incapaces de afrontar con las fuerzas propias, debilitados por el disgusto y el temor que suscitan los atentados. Es para cerrar la puerta y marcharse. A una playa perdida donde no habite ninguno de los causantes de esta infernal deriva. Ninguno. Ni el fanatismo terrorista, ni los compungidos políticos y otras especies que hasta pasan lista de golpes en el pecho. Son declaraciones, horas de programación exhaustiva repitiendo la historia y con escasas claves. Una Semana Santa rediviva en angustias y culpas. Parecen conminarnos aceptar que no hay otra escapatoria que su sistema de vida con sus daños colaterales: desigualdad, mentira y barbarie. Pose, formas, sin ir al fondo que trate de poner freno  a esta locura. Hasta un documental completamente ajeno sobre la selva amazónica remacha: “Como todas las cosas buenas, tiene que acabar”.  Qué más quisieran.

Millones de personas, de todas las razas tienen, tenemos, un caudal inmenso de humanidad y buen corazón que no se acaban, y que no merece la brutalidad terrorista, pero tampoco tanta ignominia, manipulación y chantaje. Imposible de arrebatar, sea cuál sea nuestro destino.

*Publicado en eldiario.es

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