González, Cebrián y la monarquía tailandesa

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Cebrián, González y García-Margallo a su llegada al foro ‘Venezuela: una reflexión sobre el presente’, en junio de este año. FLICKR CASA DE AMÉRICA

Acaba de morir el Rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, tras 70 años en el trono. Tenía 88. Se han decretado 12 meses de luto y a quien no llora adecuadamente por él  le obligan incluso a golpes y arrastrado en público escarnio ante la multitud. Desde mayo de 2014 la figura fuerte en el gobierno del país es el general Prayuth Chan-ocha, autor de un golpe de Estado contra la entonces primera ministra Yingluck Shinawatra. A partir de entonces gobierna una junta militar. El objetivo, se dijo, era incrementar el poder de la monarquía.

Al cumplirse un año del golpe, Chan-ocha reunió a la prensa local y a los corresponsales extranjeros, unos 200 periodistas, para darles un cursillo sobre cómo hacer preguntas que no le ofendieran. No nos facilitaron detalles del temario. La población también recibió directrices. Fue creado el Consejo Nacional para la Paz y el Orden destinado a lograr la felicidad de los tailandeses. Por las buenas o por las malas. El propio Chan-ocha compuso una balada titulada  “Devolviendo la felicidad a Tailandia”. Más les valía cantar y dar saltos de alegría, el descontento sería castigado con los llamados “ajustes de actitud”. Numerosos críticos, académicos y prensa entre ellos habían sufrido sus rigores: arrestos y represión por esas desviaciones que no gustaban a la Junta.

Los tailandeses, por tanto, están obligados a ser felices por decreto y también a sentir enorme dolor por la muerte de su monarca. Un sinvivir.

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Chan.ocha se postra ante el Rey ahora fallecido

Indudablemente, los guardianes de las esencias de un país, una sociedad, cuanto viven y quieren, su felicidad, su tristeza, creen estar en posesión de la verdad. No hay nada como sentirse un ser excepcional para indicar, imponer si se da el caso, las conductas correctas.  La realidad a veces les contradice. De forma flagrante incluso.

Se levanta España sobrecogida a golpe de periódico, prensa y radio, porque este miércoles un grupo de 200 estudiantes, alborotadores, o lo que fuera, protestaron en la Universidad Autónoma de Madrid ante el expresidente del gobierno y del PSOE, Felipe González, y el presidente del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián. Iban a dar una conferencia y los manifestantes se lo impidieron.

Ya estamos de nuevo con portadas, editoriales, escritos desde la “efervescencia” –ahora les cuento esto-, en donde se compara la protesta de la Universidad con el 23F y, sobre todo, se culpa de la revuelta… a Podemos. Decían lo mismo que Pablo Iglesias en el Parlamento, argumentan. Hablaban de cal viva y eso no se toca, ni se desentierra. La cal viva existió y algún día este país deberá enfrentarse a ello, hay asuntos que por su desmesura se empeñan en sacar la mano de la tierra que los sepulta. De hecho, hasta José María Aznar se lo refregó a González en 2004, con lo que él tiene que callar.

Por supuesto que no es la mejor actitud obligar a suspender una conferencia. Tampoco situar en la precariedad y falta de futuro a los jóvenes –y no tan jóvenes- por las políticas que estas dos personas se empeñan en avalar en la práctica. La violencia tiene muchos caminos y matices, pero, categóricamente, no es lo mismo una protesta en una Facultad universitaria que estas portadas y artículos señalando dianas.

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Dicen que hay que atar corto a las redes sociales, ¿A la sociedad? ¿A los desacuerdos? ¿A las justas reivindicaciones de esta ominosa época? Desde los púlpitos mediáticos, nos dan clases como en Tailandia. Algunos las llevan bien aprendidas de casa.  Chirría escuchar a periodistas censurando la crítica que es consustancial a nuestra profesión. Y escandaliza este salto a la primera fila del  lavado de ofensas cuando tanto se ha callado y acallado.

El papel de Felipe González y de Cebrián en el motín dentro del PSOE es visible. Les hemos oído y leído. Son ya numerosas las voces que no dan crédito a lo que, especialmente, El País, un diario de referencia, está haciendo. Y el giro en el PSOE Supone un cambio drástico en las expectativas para un cambio de políticas. Tampoco ha sido nada airosa la forma. La maldita casualidad hizo que el mismo día de la protesta en la Autónoma, Infolibre publicara la carta que el director de El País, Antonio Caño, ha enviado a los suscriptores que se han dado de baja, disconformes con la línea editorial del periódico. Caño atribuye los editoriales incendiarios y cargados de insultos a la “efervescencia” que se produce en algunos momentos en este tiempo en que “los ánimos están exaltados”. La dirección de un medio puede perder los papeles, soltar exabruptos, pero no unos jóvenes muy enfadados y con razón.

Este jueves la prensa y en particular El País vienen sobrados de burbujas. Con espadachines varios, siempre dispuestos a salir valedores del sol que más calienta. Mientras no languidezca, que deben venir bien duras cuando Caño manda cartas para ver de salvar los muebles anegados.

En los palacios de oro no dan crédito a la osadía de los estudiantes. ¿Ha podido ocurrir algo en España más grave que una protesta contra dos personalidades tan relevantes que, además, han acreditado de tal forma su prestigio con el tiempo? ¿Gurtel y todas las corrupciones? ¿El ascenso a la troposfera de la Deuda Pública?  ¿El vaciado de la Hucha de las pensiones? ¿El incremento del número de pobres? No, desde el 23F, no ha habido nada similar a la protesta en la Autonóma contra González y Cebrián. Desde la Batalla de las Termópilas probablemente. Y hay que pronunciarse. Pasan lista de fidelidades y de “desajustes de actitud”. Se estudian castigos. De entrada, el señalamiento público arbitrario.

Jóvenes descarriados –no solo un poco, mucho- beben en las fuentes que les mandan desde Podemos. Igual que una parte del PSOE díscolo, antes oficial.  Huecas sus cabezas, se dejan dirigir por cantos de sirena con coletas. Eso dicen. En primera fila, el portavoz de la Junta, perdón, de la Gestora, que un día se ve redimiendo al PP de sus culpas y otro acusa sin pruebas.  Son las caras del Susanato, del tiempo que viene. La teoría -que la prensa conservadora y periodistas aposentados comparten- da idea de su concepto de la información y de la propaganda. Igual llega el día en el que los periodistas no complacientes con el poder nos veamos obligados a recibir clases de trato a los que mandan.

Son momentos difíciles que pagarán los de siempre, porque los de siempre así lo han organizado. Hoy no es día de ser felices por decreto. Hoy es día de llorar y rendir pleitesía a los próceres agraviados y de mandar a galeras a esos poderosos, sibilinos e inmundos seres que se introducen en mentes endebles, no cómo otros que no lo logran del todo aunque lo intenten profusamente. La felicidad ya llegará con el futuro gobierno que aglutina voluntades en pensamiento único de trono tan longevo. Ése que va a proporcionar tanto alivio a los que saben lo que nos conviene a todos.

*Publicado en ctxt.es

¡Feliz lo que resta de enero and so on!

1. LAS BUENAS INTENCIONES

Hoy quiero desearos amor y paz, mucho amor y mucha paz. ¿Ya tenéis todo listo para esta noche? ¿Con quién la vais a pasar? ¿Habéis llamado ya a vuestras amistades para conocer sus planes de hoy? ¿Y para desearles mucho amor y mucha paz?

¿Cuántos sms habéis recibido y mandado? “Que el mes de enero, y el de febrero, y todos los demás hasta enero de 2012 –que renuevo el deseo- te sean propicios”. “Feliz lo que resta de Enero, etecé”.

Mi menú, os cuento, incluye carabineros que no probé en Navidad. Resulta que entonces estaban a 72 euros el kilo y ahora a 32. Y los compré sin ninguna aglomeración. Ya tengo cava en el frigorífico y hace un frío de temblar el monario como debe ser.

En tanto llega la hora de la celebración, saldré a la calle. Lo estoy deseando porque resulta adorable ver esa expresión de felicidad en todos los rostros, esos buenos deseos y propósitos. “A ver si las cosas cambian”, “hay que disfrutar”, “Este año será mejor, lo siento así”, “a ver si es verdad”, “es que peor ya no puede ser”, “¡a pasar buena noche!”…

Me falta aún comprar algunos regalos, menuda suerte, ahora están de rebajas. ¿Y en la tele qué pondrán? ¿Estará Mota? ¿Y “las Berlusconi girls”? Perdon, “las Vasile girls”. A ver qué opinan todos mañana sobre la programación. Y la cena. Y la compañía.

Buen viaje si os vais al otro extremo del mundo, como marcan los cánones. Cuidado con los controladores, esos asalariados privilegiados a los que odiamos.

Venga, contadme ¿os han llamado ya todos vuestros familiares y amigos? ¿Tenéis todos los ingredientes para la cena? Que no falte de nada, que sobre, que sobre a espuertas, empapuzaos sin tino. ¡Los niños! ¿Están preparados sus regalos? Pobrecitos míos que llevan ya 15 días por lo menos sin recibir ninguno. Es tan bonito ver su cara de ilusión.

Mis mejores deseos para el resto de enero, y febrero y marzo y abril and so on.

¡Mucho amor, mucha paz y mucha felicidad! ¡A pasar buena noche!

2.  LOS PREPARATIVOS

He estado en varias tiendas para concluir los preparativos de la cena hasta que, al final, he recalado en El Corte Inglés de Castellana (Madrid). Sí, lo sé :(. Calculo que los precios han subido en torno al 25%. El salmón ahumado que costaba 3 euros, ahora ronda los 4 y pico e incluso 5 y 5 y algo. Y una pechuga de pavo limpia de 800 gramos salía por unos 9 euros (en este caso sí es un precio similar al navideño que ya les vale).

La tienda rezumaba ofertas y ¡superofertas!  tan irresistibles como ésta, prestad mucha atención:

Cuando se acerca la hora de comer es temerario encontrarse en un supermercado. Así que mis ojos (espejo del estómago) se han abalanzado a la sección de platos preparados. He pedido una ración de ensaladilla rusa y otra de ensalada westafalia (que he pronunciado como es, en alemán: “vestafalia” y no “uesfalia” en inglés, lo que ha ocasionado que la dependienta me mirara de reojo con una leve sonrisa no precisamente de admiración por mi don de lenguas que sospecho no ha apreciado en absoluto). Eran las más baratas. Un cartel rezaba: 2,40 ración de 200 gramos. Algunas de sus vecinas triplicaban el precio.

Al tomar el paquete, veo que sube a 8,99 euros. Lo dudo ¿me lo quedo? ¿No me lo quedo? (en este país la mayoría lo hubiera tirado en cualquier rincón antes de pasar por caja) y se lo devuelvo diciendo:

-Mire, no me lo llevo, me parece muy caro.

Una selecta clienta y una selecta dependienta han iniciado la crítica mientras yo me iba:

-Bien claros están los precios, antes de pedir las cosas se miran.

-Es querer y no poder.

Tras un titubeo –quien me manda a mí educar al personal- he regresado:

-Mire Vd. yo no sé lo que pesa una ración de ensaladilla cocinada. Si Vds marcan 2,40 se sobreentiende que es una cantidad razonable para comer. Por tanto, están jugando al equívoco.

-200 gramos es una cucharada y un poco- responde la selecta dependienta- y yo le he puesto casi 400 en cada recipiente.

– Entonces deberían escribir: ración de 400 gr. 4,80. Y no, no me avergüenzo de devolver algo por caro y menos cuando percibo intención manifiesta de engañar-. Ahí he solicitado ayuda visual a un señor que tenía sus ojos puestos en mí, pero me ha devuelto una gélida desaprobación.

El caso es que toda la mañana pensaba sonriendo qué diría la gente si le dedicara un sentido:

-A pasar buena noche…

Por un momento, me ha pasado por la cabeza decirlo… Lo confieso, no me he atrevido. He temido que llamaran a seguridad :).

Pero no me arredro ¡Mucho amor, mucha paz y mucha felicidad para todos! ¡Y una noche maravillosa!

Costa Rica, el país más feliz de la tierra

Situado en Centroamérica, muy cerca de los países más pobres de la tierra. Cuatro millones y medio de habitantes. De habla hispana. Tal vez la democracia más consolidada de la América que se expresa en nuestro idioma: 125 años, nunca interrumpidos por -los tan habituales en la zona- golpes de Estado. Desde 1948, y recogido en su Constitución, carece de ejército. Fue abolido. Dedicó y dedica recursos preferentes a la educación. Su Universidad realiza el 70% de las investigaciones centroamericanas. ¿Será casualidad que también sea un país longevo, con un notable desarrollo de los cuidados médicos? ¿Y será casualidad que sea un país que ha optado por el desarrollo sostenible?, se preguntaban en este blog.

Como sucede en el área, también de cuando en cuando erupciona un volcán o similares. Pero Costa Rica ocupa el primer lugar en la clasificación del índice de competitividad turística de toda Latinoamérica , y el 42 en el mundo. Su índice de desarrollo humano, es el sexto mejor de su región.

Pues eso, es el país más feliz de la tierra.

De Madrid al cielo

Fuertes destellos en los ojos a comienzos del verano, me llevaron al consultorio oftalmológico. Bastante tiempo atrás me había sucedido, muy esporádicamente, y había sido atribuido a una variante de jaqueca. Esta vez, una joven doctora, plantea un sombrío panorama: se puede desprender la retina. No puedo viajar ni apenas moverme hasta que vuelva a revisión en 15 días. Incómodas gotas dilatadoras de nuevo. Nada ha variado. Me voy de vacaciones pero como una inválida. Cada bache en el camino parece anunciar el cataclismo de la ceguera. Mis amigos padecen mis temores que yo creo justificados.

  Para finales de agosto, consigo por fin hora con la oftalmóloga que me ha visto en otras ocasiones. El protocolo recomienda esas precauciones en casos como el mío, porque hay un 8% de pacientes en los que sucede. No parece que vaya a ocurrirme a mí, en ojos básicamente sanos. Va a ser jaqueca. Desaparecen las chiribitas, sólo con oírlo.

Para entonces ya me he mercado un par de trancazos, fruto de la explosiva mezcla entre calor agobiante y aire acondicionado para subsistir. Me son prescritos en ambas ocasiones antibióticos. A primeros de septiembre, me despierto una mañana con los párpados inflamados. Acudo a un centro oftalmológico cercano. Pomada como tratamiento. Al día siguiente, enrojezco como una colegiala. Mi médico de cabecera habitual está de vacaciones. Acudo a otro de la lista. Va a ser sinusitis y alergia. Una radiografía le aporta las pruebas: la sinusitis es “de caballo”. Posponemos el tratamiento de la alergia, hay que tratar el mal que me corroe con antibióticos… “de caballo”. Tercera tanda. El nuevo doctor me advierte que, diga lo que diga el prospecto, tome dos capsulas durante ¡diez días! Las compro en una farmacia con receta. Vienen tres pastillas, a tomar una cada día, pero una advertencia clara dice que esta dosis es orientativa y la adecuada la conoce mi médico. Necesito por tanto 9 envases. Lo encuentro raro. No lo tomo. Unas horas después me buscan de la farmacia a través de mi número de la Seguridad Social: han equivocado el medicamento. Es otro… que puede producir alergia específicamente. Me decanto por el viejo conocido: el clamoxil.

Cada vez me siento peor y esta vez me dirijo a un otorrino: no tengo sinusitis alguna en la misma radiografía que aparecía aquella “de caballo”. Pero ese enrojecimiento es sospechoso. Cojo hora para un alergólogo y un internista, por su recomendación. Ambos me dan la cita para muchos días más tarde.

En la antigua clínica de referencia de Madrid, una sala abarrotada tose. Una señora se ha llevado el ganchillo, otra un libro, la que está a mi lado solo tiene ganas de hablar. Tose mucho, y yo no sé si es gripe A, tan alarmante por aquellos días. Una hora y tres cuartos después me recibe el especialista:

-¿Cómo está? Me pregunta y yo le explico. Mira la ficha.

-Yo le hice pruebas a Vd. hace 8 años y no tenía alergia. No puedo ayudarle.

-¿Entonces qué puede ser? Pregunto desolada.

-No lo sé, no es de mi especialidad.

-Por cierto ¿Vd. qué tal está ya que me lo ha preguntado a mí? Mucho trabajo parece, ha tardado casi dos horas en recibirme.

-Cada vez me meten más pacientes y yo no llego a todo-, dice con expresión tensa.

A un viejo amigo, pocos despachos más allá le sucede lo mismo. Médico vocacional, altamente cualificado y acreditado, humanista y cálido como ser humano, lo han arrinconado en un exilio frío de pintura fresca. Paso a verle, pero ni le pregunto. En la sanidad especulativa de Madrid, los profesionales son piezas intercambiables, y sospecho que algunos empiezan a entrar en depresión.

Veo finalmente al internista. Aunque agobiado como todos, es un médico como los de antes que inspira confianza por su exploración y preguntas. Pero las pruebas tardan en llegar, y la nueva cita para llevarlas y obtener un diagnóstico también.

Faringitis en su transcurso. Con fuerte dolor en la tráquea. No puedo esperar a los médicos en los que confío que tienen consulta por la tarde. Acudo a urgencias a primera hora de la mañana. Tras cuatro horas de espera, certifican la faringitis y que ha de verme un otorrino. Pero como es la hora de comer, ya no está. Habré de volver por la tarde. Nueva tanda de antibióticos, la cuarta.

Por lo que dice el internista, seré algo así como la muerta más sana del cementerio. Vivir en Madrid y fumar –por este orden- crea inevitables afecciones de garganta y respiratorias. Pasajeras, por el momento. Vivir en Madrid, con los altos niveles de contaminación que semana sí, semana no, denuncian los ecologistas, tras medir los niveles, por supuesto.

La faringitis sigue imperturbable, vigorosa, el dolor en la tráquea va y viene. Regreso al otorrino. Me contempla como a un miura. No parece saber qué hacer conmigo. Yo tampoco sé qué hacer conmigo.

-¿Y no será algún hongo? apunto yo.

-¡Qué buena idea ha tenido! Va a ser eso. Con seguridad-, contesta alborozado.

Habré de hacerme una prueba para determinar si hay hongos o no. Pero entretanto, me dice, ya puedo ir tomando un antimicótico, que en todo caso es inofensivo. Apunta el doctor que con tanta medicina resulta muy probable lo del hongo.

Mientras aparcaba antes de subir,  me ha llamado una amiga. Padece exactamente las mismas faringitis recalcitrantes. ¡Ah!, pero su origen se encontraba en una afección de estómago -o eso creen-, así que le han hecho tan ricamente una endoscopia y pronto tendrá resultados. Se lo comento al otorrino antes de salir.

-También podría ser, desde luego-, comenta, mientras escribe una receta en la que me envía al especialista de digestivo.

Le vi ayer. Tras una hora en la sala de espera y en no más de 5 minutos, concluyó que tampoco era de su especialidad. Ahora habría de ir al neumólogo, o regresar al otorrino. Pero… entretanto puedo probar con omeprazol –un protector del estómago-. Si desaparecen mis males, entonces sí es de su especialidad, y habré de volver a él para practicarme una endoscopia gástrica. El análisis ha salido también: no tengo hongos.

En el camino, encuentro a otro médico sin prisas que, tras repasar mi abrumador historial, remite al diagnóstico sensato: los órganos fundamentales están perfectos. Debo dejar de fumar. Y, aunque no se atreve a verbalizarlo, dejar de ir al médico.

Los españoles somos los europeos que más acudimos al médico, hasta un 40% más que el resto. En un reportaje por el que recibí un importante premio, resumí las claves de la salud. Sí, todas esas que sabemos de la vida sana, alimentación adecuada, ejercicio, no fumar… y una más: la felicidad. El bienestar al menos.

Apenas se disipa esta mañana el baile del omeprazol en mi organismo, ya sé que contra todo pronóstico porque el personal lo toma como el agua. Y siguen todos los síntomas.

Un problema más interfirió en todo este proceso. Afectaba a zonas muy preciadas de mi cuerpo, pero con síntomas absolutamente superficiales y muy leves,  aunque también tienen su historia propia de calvario médico. Una insolidaria amiga lloraba literalmente de risa cuando se lo pormenoricé. El Dr. Ruíz Chica –a quien no tenía el disgusto previo de conocer- me apremió a que cesara el inicio de mi relato diciendo que no podía mirarlo sin hacer una exploración completa y prescribir las pruebas habituales de la ginecología. Le había llevado esas pruebas e informes recientes, sólo pretendía su opinión puntual y un triste medicamento. Contestó que no, mientras la enfermera me hacía sacar la tarjeta de ASISA en este caso y firmar la consulta para cobrarla. Estuve dos minutos en la consulta, justo para que el doctor recibiera sus honorarios por no hacer nada.

En la impoluta clínica, junto al ascensor, figura una placa: Ha sido inaugurada por el excelentísimo señor Juan José Guemes. El “excelentísimo” que insulta a mujeres y gays, el que intercambia MSMs con Belén Esteban.  Esas “excelencias” nos gastamos en Madrid. Güemes es uno de los responsables de este estado de la sanidad madrileña.

Creo que si no quiero pasar “De Madrid”… a ese Cielo en el que algunos creen, habré de mudarme. O no volver al médico. O recurrir exclusivamente a los grandes profesionales a los que aún no ha castrado la política sanitaria de esta comunidad. O ver si es la felicidad lo que falla. Aunque ciertamente con náuseas, dolor de cabeza y de garganta, no resulta muy fácil experimentarla. Y roja. ¡Vuelvo a estar roja!

El tiempo de la felicidad

28

  Un hombre solo. Nubes. ¿Imagen de la felicidad o de la desolación? Ambas cosas pueden ser. Depende de nosotros.

  Regreso a casa tras una salida por calles casi vacías, cómodas al fin. Al menos por la zona en la que resido se ha producido la gran desbandada de Agosto, cuando España se paraliza. Creo que no debería ser así, los países tienen que funcionar todos los días y, para ello, sería bueno alternar las vacaciones, pero hoy, y a esta hora, no me importa. Sólo analizo lo que ocurre. En agosto, la crisis, los miedos, se aparcan. O así lo parece. Hasta las noticias escasean. No porque no se produzcan sino porque apenas hay nadie para elaborarlas. Sólo asistiremos a las de mayor impacto. Pero lo cierto es que nada cambia. Y que apenas falta un mes para que vuelvan deprimidos a encontrarse con la realidad que dejaron. Los paréntesis son saludables, sin embargo. Casi todo en la vida puede esperar.

Siempre me ha gustado el concepto de la felicidad. Incluso conseguí hacer un reportaje cuando casi nadie hablaba de ello. La felicidad parece ser una búsqueda constante de una meta que se aleja. Todas las escuelas del pensamiento han tratado de encontrar la clave por diversas y aún opuestas teorías. Siempre se interpone algo: justo la antítesis del camino a seguir. Así están en lucha la virtud y los placeres del cuerpo. El más allá y el más acá. El valle de lágrimas y la tierra conseguida. La razón y el corazón. Lo individual y lo colectivo. Cada tendencia da un sentido negativo a su antagónico. El ser humano -en medio- indaga su propia vía. Y quizás debe saber que la felicidad son gotas, no océanos, que sin embargo pueden llenar una vida.

Vivimos hoy un nuevo hedonismo que busca la felicidad urgente. Muchos creen que se la dará el dinero y todo lo que compra, pero dicen los expertos y multitud de estudios que su placer es efímero, que siempre pide más creando insatisfacción y que nunca resuelve todo lo esperado.

Sin embargo. la economía sí se ha fijado en la felicidad. Sus investigadores tienen ya un par de premios Nobel. Uno de ellos Gary Becker, que agria un poco la cuestión al cuantificar hasta los comportamientos y las relaciones humanas, pero representa otro enfoque.  Daniel Kahneman, por su parte,  psicólogo y economista de la Universidad norteamericana de Princeton, consiguió el Nobel por su análisis de “la toma de decisiones bajo incertidumbre”, que parece bastante útil. El caso es que se está estudiando desde hace tiempo cómo convertir la felicidad en un valor económico. Le llaman Felicidad Nacional Bruta -qué horror-, y quieren incluirlo en el PNB, el Producto Nacional Bruto. Tampoco es una utopía. Un país no va bien sólo porque les salgan las cuentas. Y todos debemos luchar porque los gobiernos busquen los medios para hacernos un poco más felices. O más saludables. O menos intranquilos.

El nuevo indicador económico no olvida al ser humano, claro que no, en realidad es su objetivo. Divide su día en actividades satisfactorias y negativas. Y así sabe que hacer el amor, compartir actividades con los amigos, ver la tele… o comprar en el caso de las mujeres –qué le vamos a hacer-, proporcionan los momentos más felices. Por el contrario, restan bienestar los largos desplazamientos del domicilio al trabajo, las tareas del hogar y los jefes. ¿Felicidad? Mejor llamarle bienestar, para mí, al menos, la Felicidad sigue siendo una explosión, que no me vendría nada mal volver a experimentar.

Hoy se mide la felicidad de los ciudadanos con encuestas. En ellas los españoles nos otorgamos un notable, pero lo cierto es que el consumo de ansiolíticos y antidepresivos crece de forma exponencial. Se venden masivamente libros de autoayuda, poco valorados por los expertos, sacaperras para incautos y desesperados en realidad, pero prima lo negativo: se publican al año 82.000 títulos sobre ansiedad y depresión y poco más de dos mil sobre la felicidad.

Me contaba el filósofo Salvador Pániker que lo que no se debe hacer con la felicidad es buscarla. “Yo creo que la mayoría de la gente es infeliz por los esfuerzos que hace para ser feliz, la felicidad es un producto que surge espontáneamente de una plenitud, de una serie de coincidencias que son físicas, mentales, libres, creativas, sociales y entonces surge… y si mirásemos a fondo nos dariamos cuenta de que somos felices ya”, concluía.

Filósofos, sociólogos, psiquiatras y psicólogos concluyen que se es más feliz en los países con mayor calidad de vida. Que son esenciales la democracia, la libertad y la capacidad efectiva de elegir. Pese a ello, un estudio situó a nigerianos y sudamericanos como los más felices del mundo. Las nuevas orientaciones de la psicología indican que es la autoestima, el amor, la actitud ante la vida lo que induce a ser más feliz. Y que la felicidad se puede y se debe aprender desde el colegio.

Otro filósofo, José Antonio Marina, lo resumía así: “Una persona envidiosa, resentida, triste de temperamento o con muchos miedos lo tiene muy difícil. Todo lo que podamos hacer para fomentar en los niños la capacidad de disfrutar de las cosas, la resistencia ante las situaciones difíciles, el ánimo para enfrentarse con los problemas, debemos hacerlo porque le estamos haciendo un gran favor”.

Parece haber una felicidad íntima, personal e intransferible, personas positivas por convencimiento y hasta por genética, y otra externa que depende del entorno, aunque como siempre las teorías discrepen. Dicen que ayudan más los afectos que el dinero. El querer lo que se tiene -de los prácticos- más que el hacer lo que se quiere, o proponerse metas e intentar conseguirlas ahuyentando frustraciones. Poco podemos hacer ante la enfermedad y el dolor propio o ajeno, o quizás sí. La felicidad es una actitud ante la vida.

Agosto demuestra que se pueden dejar los problemas y la negatividad en el trastero. Lo básico es conocer lo relativo que es todo. Que tan mentira o verdad es Agosto como Septiembre. Que el frío y el calor se llevan dentro para irradiarlos sobre las situaciones. El tiempo de la felicidad es la propia vida, el camino a Ittaca, no la meta, sino la senda. Con gotas que estallan y te inundan, eso sí. Que no falten.

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