El Robert Redford que nos perteneció

    Robert Redford anuncia que se retira de la interpretación, cuando -en breve- concluya algunos proyectos en marcha. El inexorable paso del tiempo marca sus ritmos. El 18 de agosto cumple 82 años y ya ha hecho cuanto debía hacer por el cine y algo más. El adiós de Robert Redford bien merece una pausa en el discurrir cotidiano, conflictos y gozos incluidos. Por cuánto vivimos juntos. Por su inmenso atractivo y su sólida personalidad. Por su arte y por su compromiso social.

Con él fuimos Descalzos por el parque en los exultantemente jóvenes y hermosos años 60. Para seguir una senda de éxitos e impactos estéticos durante 6 décadas, o el espacio en el que se haya coincidido. Estéticos y emocionales.

Robert Redford en Tal como éramos
Robert Redford en Tal como éramos

Se parecía a la tierra en la que había nacido, todo le era fácil, decía una Barbra Streisand rendida a su talento sobre todas las cosas en Tal como éramos, dirigida por Sydney Pollack en 1973.  El escritor brillante y la activista tenaz hormiga obrera, empeñada en compaginar lo que no puede aunarse por mucho tiempo. Cómo no hacerlo ante un Redford maravilloso, de uniforme blanco, en un reencuentro del que él apenas se entera.  “Eres demasiado intensa”, le explica cuando aún están a tiempo. Y ahora es ella la que no lo comprende.

Seguramente muchas mujeres de mi generación quisimos poner las zapatillas al Denys Finch Hatton de Memorias de África al que interpretaba. Quisimos sobrevolar la sabana en su avioneta por supuesto, pero también verle sentado en el hogar de manera más estable. Como la propia Merry Streep, que daba vida a la danesa Karen Blixen y su peripecia en Kenia con el ruido de fondo de la I Guerra Mundial.  Sidney Pollack de nuevo exploraba ese tipo de alma femenina, tan frecuente, proclive a forzar amores imposibles. Por pura morfología química.

Siempre he mantenido que apagado su vuelo, Redford hubiera acabado cogiendo setas en familia, pero se estrelló en aquella avioneta para mejor gloria de la ficción. En aquella avioneta en la que tantas y tantos flotamos con él. Ellos también, sí, los que se dicen independientes vocacionales. Lo más cierto es que “No nos perteneció”. Ni a Karen, ni a nadie. Denys, claro está. La pista más clara la dio la propia Karen: “Cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras súplicas”. Y, en esta ocasión, no las atendieron.

Hay quien se identifica más (buena parte de los hombres aunque no sólo ellos) con el Robert Redford que encarnó las aventuras y las desventuras de Jeremías Johnson. Otra película Pollack para él y de él para Pollack. La búsqueda de uno mismo por las montañas rocosas de Utah, por la cultura india sin prejuicios, por la senda de la autenticidad.

Robert Redford y Paul Newman protagonizaron juntos varias películas míticas
Robert Redford y Paul Newman protagonizaron juntos varias películas míticas

Dos hombres y un destino. Desde los inicios, Robert Redford y Paul Newman compitieron en los atributos que convierten a un actor en mito: rotundamente sugestivos, intérpretes singulares, con alma que traspasa la pantalla. Atracadores del lejano oeste, protagonizan, con Katharine Ross, recién escapada de los brazos de El graduado, una de esas huidas históricas hacia lo no convencional. El golpe(1973) reunió de nuevo  a Newman y Redford dando vida a otra inolvidable pareja de estafadores en su peripecia para vengar la muerte de un amigo a manos de un gánster. David contra Goliat en la eterna epopeya de la literatura.

El Gran Gatsby, sobre la obra maestra de F. Scott Fitzgerald, otra enorme leyenda de la ficción. Años veinte del incipiente sueño americano. Un gran embaucador, un gran aparentador, y el joven que, atrapado, lo descubre en un juego fatal.  La selección de las películas de Redford no ha sido casual. Política y periodismo le han interesado siempre como los grandes pilares que son para hacer y deshacer. El candidato, en 1972, traía ya una crítica mordaz a la propaganda política.

Todos los hombres del presidente. El Watergate.
Todos los hombres del presidente. El Watergate.

Todos los hombres del presidente, nos devolvía a la utopía épica que por esta vez fue cierta, esta sí, para narrar el gran hito que añoramos de continuo los periodistas. Cuando dos colegas, Bob Woodward y Carl Bernstein, lograron desde el Washington Post, desenmascarar el Watergate de Richard Nixon, obligándole a dimitir como presidente de Estados Unidos pese a todas sus trampas. Los tres días del cóndor, espionaje al límite, otra vez bajo la dirección de Pollack . Íntimo y personal en el periodismo y el amor generoso. A Michelle Pfeiffer sí le perteneció.

Como director Robert Redford también ha venido seleccionando con precisión sus temas:   Gente corriente, La leyenda de Bagger Vance, El hombre que susurraba a los caballos, Quiz Show (El dilema) Un  lugar llamado milagro muestran preocupaciones serias del mundo actual y, de alguna forma del mundo de siempre. Los dramas familiares, las reivindicaciones, las trampas de la televisión o del hipnotismo embaucador, las proezas, las soluciones lógicas, tratados de forma crítica y con una especial sensibilidad.  El río de la vida que siempre nos recuerda dónde empezó lo importante.

Redford, director, Brad Pitt, actor, en el Río de la vida.
Redford, director, Brad Pitt, actor, en el Río de la vida.

Creó el Sundance Film Festival, un programa del Sundance Institute, para estimular el trabajo de los creadores de cine independiente. Una organización sin ánimo de lucro. Es ecologista, apoya los derechos de los nativos americanos y a los colectivos LGTB.  Muy discreto en su vida privada, las dos mujeres con las que ha compartido su vida no han tenido nada que ver con el  cine. Su primera esposa fue la historiadora Lola Van Wagenen,  y la segunda la pintora Sibylle Szaggars. Sufrió grandes contratiempos. La muerte, súbita, de su primer hijo a los 5 meses le marcó para siempre. Da la sensación de que se perdió y se encontró y se fue sosegando con los años. El cine no notó sus zozobras.

Sus muchos premios no llegan a la intensidad de lo que Robert Redford nos lega que es la gran esencia del cine. La capacidad de contar historias, de luchar con ellas por los derechos y los sueños y por encima de todo de emocionarnos. En los complicados momentos que vivimos, la pausa con el cine de verdad es, si se sabe elegir, una cita con  nosotros mismos para tomar impulso. Para valorar lo que merece la pena y no se encuentra en las mezquindades hambrientas de poder, ni en la vaciedad que nos empequeñece. Robert Redford ha sido todo eso en el cine. En el fondo es que sí nos perteneció. Como protagonista imprescindible de la cultura que nos llena.

 
 
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La mano que mece la publicidad institucional

Producen auténtica estupefacción las evoluciones del Partido Popular para sustituir la figura de su presidencia, sin cambiar nada. El PP ha apostado por la continuidad, intensificando su derechización. Las mismas o mayores mentiras, la cara de aquí no pasa nada con la corrupción que les echó de La Moncloa o el descomunal inflado de militantes.  Los candidatos han tenido el descaro de presentar como avales de triunfo hasta a exministros reprobados o tocados al máximo como José Manuel Soria, en el caso de Pablo Casado.

Más aún, los discursos al inicio de su Congreso han mostrado un PP profundamente airado y soberbio. El ideario común ofrece un Partido Popular que considera ilegitimo el voto de millones de personas a partidos democráticos cuyo ideario no comparte. El poder les pertenece por derecho y se lo han robado.  Cospedal, la secretaria general saliente, ha llegado a calificar de “felonía”, traición, la moción de censura de Pedro Sánchez “destructiva”. Todo es ETA ya. Hasta Sáenz de Santamaría para Pablo Casado.

Les han echado de La Moncloa pero no de todo el poder. Cualquier ciudadano que use su cabeza deducirá que los grados de corrupción de las instituciones a los que ha llegado España hubieran sido imposibles sin complicidades de peso. Desde luego un periodismo vigilante  -que masivamente cumpliera su función-  lo hubiera denunciado con contudencia.

Bien caro nos costó. El PP usó profusamente el dinero de nuestros impuestos para beneficiar, de forma desproporcionada y arbitraria, a medios que defienden su modelo. Corrupción incluida, se diría. La publicidad institucional repartida por la actual presidenta del Congreso Ana Pastor cuando era titular de Fomento, da buena prueba de ello. Benefició en particular a Losantos, La Razón, ABC y El Mundo. Y de la actitud: han tenido que revelar los datos a petición de eldiario.es y forzados por sentencia judicial.

Y ahí andamos porque para buena parte de los medios convencionales los auténticos enemigos son quienes quieren limpiar la putrefacción que nos anega. No hay parangón entre la virulencia que despliegan contra todo lo que no sea derecha o bipartidismo clásico que contra los corruptos incluso.

No es solo cuestión de ayudar a la subsistencia de los amigos, las contrapartidas a estas subvenciones tienen una decisiva influencia sobre la sociedad.  Hurtar  o manipular noticias priva a los ciudadanos del derecho a la información y fomenta creencias erróneas.

El trabajo de muchos periodistas ha ido descubriendo datos de esta prebenda en forma de la llamada eufemísticamente “publicidad institucional”. Es una larga cadena que incluye la administración central con todos sus ministerios, organismos y ramificaciones, se expande por autonomías, ayuntamientos y todo tipo de corporaciones locales y también internacionales. Por supuesto, no ha sido solo el PP quien ha incurrido en esta práctica. Es un capítulo a revisar profundamente.

En un trabajo anterior, hace dos años, vimos las distintas regalías de Ana Botella o Esperanza Aguirre en Madrid –comprueben el tratamiento recibido por ellas y el dispensando a Manuela Carmena-. Y de otras autonomías y ministerios. Ana Mato, condenada expresamente en Gürtel, favoreció a medios afines de forma desorbitada  al frente de Sanidad, Igualdad y Asuntos Sociales. La Gaceta de Intereconomía (que llegó a cerrar por falta de ventas) y La Razón, el periódico menos leído de los nacionales, obtuvieron hasta 27 veces más publicidad que 20 Minutos y El País, que eran entonces los de mayor tirada.

Portada de La Razón

ABC y La Razón han venido presentado a Rajoy como un aguerrido líder, mientras atacaban ponzoñosamente a sus rivales políticos. La prensa no debería tener rivales políticos, pero en España los tiene dada su implicación.

2013, apoyando a Ignacio González
2013, apoyando a Ignacio González

La hemeroteca guarda portadas especialmente hirientes. Como la de ABC en la que nos vendían las excelencias del equipo ejemplar del PP de Madrid. Si habrán cambiado poco las cosas que Casado nos ofertó otro Team bien similar.

Las televisiones y radios de los grandes consorcios se han comportado de forma similar. Marcando a quién odiar, y a quién salvar. A menudo, en contra de los intereses de los ciudadanos que, sin embargo, “compran” dolorosamente los mensajes como vienen y los difunden.

La pública, RTVE, ha sido en manos del PP de Rajoy, sigue siendo hoy aún, una fábrica de esconder información y manipularla. Cientos de denuncias de los consejos de informativos lo certifican. “El Telediario de TVE ha contado, transcurridos 10 minutos desde su inicio, que el PP ha sido encausado por la destrucción de los ordenadores de Bárcenas, aunque no contenían información relevante”. 1 de Diciembre de 2017, escribí, una vez más. De esta forma, más de dos millones de televidentes de cada edición se hacían una idea completamente distinta a la real.

El PP está roto, derechizado, furioso, infectado… vivo. Como demuestra el camino mediático surcado estos días. Está vigoroso todo el engranaje. La Audiencia Nacional va a investigar, nos dicen, las grabaciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein al Rey Juan Carlos I, anterior Jefe del Estado.  Algo que produce –a mí al menos- una sensación ambivalente. De un lado la necesidad de indagar si existen responsabilidades por un uso fraudulento de nuestro dinero, si lo hubiere. Por este sistema que termina creando redes de impunidad en la que todos actúan de testaferros. Del otro (por así decirlo), el origen mediático de la filtración que la tizna gravemente. La cautela ante lo que no termina de cambiar.

La cuerda floja, entre aciertos y errores, puede romperse en cualquier dirección. O no, si se sustituye por un soporte sólido.

*Publicado en eldiarioes 20/07/2018 – 

El periodista blanco inmaculado

Son días extraños. De nuevo las matemáticas se retuercen para convencer a lectores, oyentes y televidentes que 166 diputados son más que 177. Y  que el pacto de 166 es óptimo y, por el contrario, el que reúne a una mayoría de diputados, golpista y usurpador.  Todavía más impactante es la búsqueda del periodista blanco inmaculado para cargo de responsabilidad, un espécimen de laboratorio. Y las sorprendentes clasificaciones que van colocando al osado u osada candidata en un tablero que sitúa el centro político a la altura del 8. El 5 viene a ser ya extrema izquierda. El 4 se hunde en un abismo insondable de “izquierdidad”

Durante 6 años, RTVE ha manipulado a unos niveles insostenibles… salvo en España. El PP ha hundido la televisión pública en un pozo de indignidad. Sus dirigentes no han cedido a ninguna crítica: aumentaban sus tropelías cuanta mayor era la desesperación de algunos de sus trabajadores y de espectadores críticos. El presidente estaba en los papeles de Bárcenas y lo confirmó con todo descaro, como un reto. La vida dentro de la empresa se ha convertido en un infierno según  demostraban estos datos.  Acabar con esa situación era, es, una exigencia ética. Y el Decreto Ley la única vía posible cuando el PP mantiene sus trampas y Ciudadanos le secunda. Limpiar mientras se sigue manchando no suele funcionar.

RTVE es una empresa pública, sus dueños son los españoles. De todas las ideologías. Conservadores también por supuesto, pero conservador no puede ser sinónimo de corrupto  y manipulador. Al PP no se le echa por su ideología sino por lo que ha hecho.  Nadie ha tomado RTVE, está en vías de ser rescatada por la mayoría parlamentaria que es lo que cuenta en una democracia representativa.

Pero esa trama tan bien trabada no lo tolera. El peaje que exigen pagar a cualquiera al que atribuyan una ubicación a partir de 7 en su tablero es indigno de un país democrático. Y se asume porque parece que funciona una especie de Omertá.  Se pide hasta resignación altruista. Y el nivel de los insultos va en crescendo. La parodia de las vidas de sus víctimas, parece encargada a la mujer que recreó en Ecce Homo el Cristo de Borja. Toda la trayectoria queda resumida a una caricatura grotesca. Dicen que todo el mundo sabe las bocas sucias que paren estas astracanadas, pero no es cierto, las familias lo sufren especialmente, la buena gente sin armadura también. Lo principal es que el matonismo y las Fake News son un obús cuando caminan juntos. Cada andana es ya letal, necrosa donde impacta.

Las personas de izquierdas a quienes la jauría hinca el diente sin soltar la presa han de sufrirlo en silencio, en elegancia, gajes del oficio. Aunque cada vez se degrade el conjunto del periodismo. No entra dentro de ninguna normalidad aceptar estas tácticas.  Cuando se asiste a una agresión, no se puede mirar para otro lado sin tiznarse.

Una manera de contribuir a parar esta perniciosa deriva puede ser una televisión pública rigurosa, independiente, al servicio de los ciudadanos. Que rescate el viejo lema de los medios: informar, formar y entretener, convertido en dar noticias con elementos de juicio, distraer sin embrutecer y cautivar por sus contenidos creativos. Que se olvide del llamado periodismo de declaraciones. Noticia es lo que tiene interés. Los periodistas no somos oficinas de prensa de los partidos. De ninguno. Servimos a la sociedad.

Es dramático que profesionales del periodismo consideren de “extrema izquierda” contar la verdad. Se ha convivido tanto con el servicio a un partido que igual algunos pierden la perspectiva. Un periodista serio no se puede permitir descalificar por tendencioso a diarios que sirven información, sacan exclusivas decisivas y producen cambios. No se puede permitir no leerlo, no informarse. Cuando, para mayor contraste, tienen en sus mesas de cabecera panfletos, huecos de información, de tendenciosidad máxima.

Revisen criterios. El periodista blanco inmaculado no existe. El periodismo es compromiso. Con la verdad. Con la sociedad, repito. Y en la calle, en la injusticia y el dolor, los periodistas se manchan hasta de lágrimas. En los despachos del poder no existe ese riesgo. Cuando Kapuscinski asegura que para ser periodista hay que ser buena persona, no yerra. Así que cuenten cuantos sobran en el cómputo.

La televisión generalista convive hoy con plataformas bajo demanda, la oferta se amplia y cambian las costumbres. Pero  TVE mantiene plena vigencia como servicio público.  Y exige respuestas. Su historia es la historia de nuestra vida, de la de varias generaciones, cuando fue una caja mucho menos tonta de lo que decían.  Fuerte y con credibilidad es una competencia temible. Y atacan perdiendo los papeles.

Están intentando destruir carreras y prestigios de profesionales excelentes, por el temor a perder privilegios inmerecidos y mal ganados. Las mismas personas que no han sacado ni portadas ni han esgrimido enlutadas quejas por corrupciones inconmensurables. Lo auténticamente escandalosos es que solo sean considerados partidistas los cercanos a una cierta formación o simplemente los independientes, desde claras filias y fobias partidistas. Hay más “redacciones tomadas” por varios partidos que no se citan y por intereses diversos que filiaciones en un Consejo profesional.  ¿Desde qué ideología creen que se trabaja en esas portadas, artículos y peroratas de espanto impropias del periodismo de un país desarrollado?

No son buenos los prejuicios en esta profesión, hay que mirar, tocar, sentir, saber y contar.  Y leer. Leer lo que han escrito periodistas como la copa de una secuoya antes de soltar la tinta de calamar que embadurna sus tentáculos. ¿Sabrán leer 20 líneas seguidas quienes lo hacen? A veces me lo pregunto.

El retrato del Ecce Homo borjano se rompe con la periodista argentina que atesoraba los Informe Semanal españoles mientras estudiaba en Buenos Aires en los 90 y, cuando ahora los busca en Google para repasarlos, solo le salen Indas con sus insidias. Aunque no hay que caer en ese estadio ínfimo para toparse con cargas de profundidad. Los ataques no logran empañar esos “suerte, porque tu suerte es la nuestra”, la alegría sincera, el sentir que estás en el gran grupo social de quienes te consideran como “una de los nuestros”. Que se ha articulado un mecanismo para que sea posible poder.

Esto es un tránsito. Ojalá hacia un buen término. Sin mochilas, sin ataduras.  ¿Saben que se llegó a escribir sobre el afán de gran despacho de un candidato que después se apearía tapándole la boca, si es que alguien lo vio? Bastaba mirarle a los ojos, y sobre todo leer lo que escribe. Prueben, el gran poder de la información es que rompe prejuicios. Puede que al punto de animarse a estudiar matemáticas para andar por la democracia. Para no escorar los tableros. Para ser de todos los ciudadanos. Hasta de los que odian por haber sido abandonados y usados.

Rosa María Artal es una de las  nuevas consejeras de RTVE elegidas por el Congreso el pasado 4 de julio. 

 
 

Rajoy… Y al final fue despegado

  Rajoy se va. Ha dejado el acta de diputado. Ha estado con nosotros toda una vida. Cierto día, en el preludio de Eldiario.es, cuando solo funcionaba Zona Crítica, escribí sobre su estrategia: la del percebe. Tópico usado después con cierto éxito. Rajoy ha basado su vida en la constancia, en aferrarse a lo que consigue contra viento y marea. Su máxima, inspirada en otro gallego Camilo José Cela: “En este país, el que resiste, gana”, se convirtió en un mito. Que se niega a sí mismo, porque como diría también cualquier gallego, gana a veces y a veces no. A Rajoy le ha funcionado, hasta el día que ha entendido ganada la partida.

Hijo del que fuera presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra, el joven Mariano estudió Derecho como él y, ya desde el último año de carrera, preparó oposiciones a registrador de la propiedad. Las aprobó para convertirse a los 24 años en el titular de ese cargo más joven de España. Siempre se citó este hito en la derecha mediática como muestra de sus virtudes. Múltiples sospechas llegaron de otra banda. La derecha a veces tiene atajos en esto de los estudios y los títulos, como hemos podido ver.

 Un viejo  amigo, ingeniero, resaltaba que la de registrador no es una profesión para pensar y deducir sino para dejar constancia escrita de títulos. Exige perseverancia, no brillantez. De antiguo goza de privilegios impensables en el resto de Europa. España es el único país en el que cobran directamente al ciudadano que quiere inscribir algo. Fuera es un servicio público, gratuito, que llevan a cabo funcionarios.

 Mariano Rajoy se ha dedicado a la política durante más de 35 años. Pero mientras pudo mantuvo su plaza de registrador en Santa Pola (Alicante). Otro profesional de Elche colaboraba con él, hacía el trabajo. Una larga vida política llegó después. En la que ha logrado cargos muy relevantes en los que no destacó. Casi por descartes, se ve aupado a candidato a la presidencia por el PP, tras ser designado por Aznar. Sufre dos derrotas electorales. Nadie apuesta por él. Salvo una Comunidad Valenciana que hoy sabemos, ya por sentencia judicial, que dopó el apoyo a su elección.

La revuelta marea de la crisis le da aire y lo catapulta a la Moncloa cuando las calles están llenas de protestas por lo que su partido representa. Y logra, además, la mayoría absoluta, a pesar de contar solo con los votos del 30,37% del electorado, por los azares de nuestra también peculiar ley electoral. Zapatero no la consiguió con un 32,18% en 2008, ni con el 31,89% del 2004 y más papeletas a su favor que el PP en 2011 en ambas ocasiones.

  Durante años gozó de una sorprendente benevolencia de la prensa, en general, no solo consevadora. El señor de los hilillos, el de los lugares comunes, el gris gestor, despertaba una cierta compasión. Ya presidente, se subió en muchas ocasiones a una prepotencia inaudita que tampoco se le afeó.

  Sin piedad alguna, fue mermando los pilares del Estado del Bienestar. Cree -y ejerce- en la superioridad de unas clases sobre otras, como cuando, joven, escribió sobre la bondad por la estirpe que da la cuna. Ha mentido como ningún otro dirigente, si descontamos a miembros destacados de su partido. Las hemerotecas están desbordadas de sus frases y promesas falsas, de sus guiños que anticipaban inexactitudes. Avivó el conflicto con Catalunya por su intransigencia y búsqueda de votos. Destrozó RTVE como nadie hizo antes, ni siquiera José María Aznar. El Rajoy resiste en su esplendor.  Los medios han salido tocados. Los periodistas que se plegaron a tomar notas ante un plasma. Las instituciones se han visto seriamente resentidas. La involución y el recorte de libertades nos ha devuelto a negras noches del pasado.

Dice su gente del PP que ha sido el mejor presidente de la historia de España. Así la escriben.

   La corrupción ha tumbado a Rajoy.  Se ha podido comprobar la poderosa organización de la que forma parte el PP, el Sistema, el Régimen del 78. Precisa todo el entramado tal regeneración, que sería deseable una renovación más amplia, que Rajoy fuera ese punto de partida.

Es de valorar su acierto al reconocer que la batalla estaba perdida. Ojalá hubiera sido antes. Resistió. Ojalá se pueda recomponer el daño. En aquel artículo de 2012 concluí que, en muchos casos, los mariscadores terminan por hallar un resorte que desprenda al percebe de la roca a la que con tanto ahínco se sujeta contra todo pronóstico y toda lógica. El mar y la tierra son de todos, no solo del percebe.  Pero Rajoy se va con la frente alta y entre continuos aplausos, de forma que casi no parece que la mayoría del  Congreso le ha despedido. Fue despegado de la roca, y parece que se soltó para seguir nadando a su aire.

Al rescate de los refugiados y de la democracia

Cada vez que se produce un episodio con refugiados atrapados en el mar se desencadenan las mismas diatribas. Y con los mismos falaces argumentos por parte de la derecha xenófoba que engloba a muchos más de los que se cree.  Lo que está en cuestión es la confrontación entre ser humanos o inhumanos.  Y, una vez tras otra, se demuestra la proporción que nutre cada lado.  Es una batalla crucial. Con posturas irreconciliables y excluyentes. La diferencia es que una de ellas ataca los cimientos de la convivencia democrática.

En las leyes internacionales, por muy contradictorias que sean sus competencias, prevalece, como máxima prioridad, la atención a las personas cuyas vidas están en peligro. Más aún, la omisión de socorro a náufragos es un delito. Cierto que se viola impunemente mientras, desde la Unión Europea a sus ciudadanos, miran para otro lado. Están dejando pasar atropellos intolerables, impensables en la condición humana al menos en períodos menos siniestros que los actuales.

Hemos visto pasar en este último tiempo no solo numerosas víctimas mortales sino rostros atravesados de espanto de niños y adultos. De dolor, de impotencia. Los hemos visto caminando en el barro, durmiendo en el suelo, con lluvia y nieve, tras barrotes con los que premiaron su llegada a la Europa prometida, bajo las miradas de botas militares. Y  nuestra vida ha seguido su curso, ignorándolo. La UE pagó nada menos que al presidente turco Erdogan para desembarazarse de ellos. Países miembros  de la Unión cerraron sus fronteras.

Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas
Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas

¿Quieren abordar a fondo el problema?  Pues lo primero es revisar la  venta de armas a países en conflicto –como mínimo-. Y ya les aseguro que eso no va a ocurrir. Hay demasiada gente ganando cantidades obscenas de dinero con ese negocio. Otro punto esencial a examinar nos sitúa ante los intereses estratégicos y económicos de Occidente en países de procedencia de los refugiados. Su papel incluso en provocar conflictos. Ardua tarea. Con ese lastre de partida habrá que ir a buscar soluciones a las derivas de esta sociedad.  Quizás en el fondo es el quid de la cuestión.

Xenófobos y neofascistas consiguen mayorías ya en algunos países europeos. Personas aparentemente normales han colocado con sus votos a dirigentes de extrema derecha en los gobiernos. Por alguna incomprensible causa, esos seres obtusos y despiadados se creen superiores a los migrantes.  Es al contrario, el auténtico peligro para la convivencia son ellos.

Hemos de analizar qué ha podido llevar a una parte de la sociedad  a permanecer impasible ante tanta inhumanidad, a callar, a menospreciar el dolor exacerbando su egoísmo. Entre los rescatados por Médicos Sin Fronteras y acogidos en el Aquarius, hay siete mujeres embarazadas y 123 menores que viajan solos. Los hombres han dormido a la intemperie, las mujeres y los niños a cubierto, cuentan los periodistas que viajan con ellos. Escasea la comida.  Ayuda a entender ponerse en el lugar del otro, imaginarlo por un momento.  Verse en una situación crítica, con peligro vital, y que salvo unos pocos nadie mueva un dedo. Y el mundo entero siga con sus charlas incluso sobre ti. Experimentar la sensación de sentirse tan abandonado. Temer el después. Niños y adultos vagando, usados, prostituidos. ¿No lo han pensado?

Lo asombroso es que no se vea la sociedad que se está creando y la ceguera con la que comienza a abrazar el fascismo creyéndolo solución. No lo es. Por el contrario, hoy es nuestra principal amenaza.

A tener un ministro del Interior como Matteo Salvini no se llega ni en un día ni por casualidad. Y de hecho en esa senda hay numerosos países en este momento, por distintas vías. La de Italia pasa por la corrupción mafiosa incrustada en las instituciones y en una parte de la sociedad. Por la falta de respuestas políticas a la precariedad. Por las reacciones de una ciudadanía educada en la frivolidad y la idiotización televisa. Problemas que reconocemos bien como propios. El caos italiano ha llevado al poder a una coalición entre el movimiento -antisistema pero menos-  5 Estrellas y la ultraderechista Liga, llamada ahora así, sin apellidos. Tan singular que su  propio líder, Matteo Salvini, fue elegido por Calabria, situado abajo, justo en la punta de la bota de Italia, tras haber combatido en sus discursos al Sur perezoso. La Calabria, trufada de mafia, que paga 25 euros por 12 horas de trabajo a los emigrantes y en la que, no por casualidad, acaba de morir asesinado un jornalero de Malí de 29 años.

La ultraderecha, los Salvini de turno, los Albiol, hace crecer el odio sin aportar soluciones. Sus falaces discurso calan sin embargo en mentes proclives. Les podemos garantizar que no han sido los emigrantes los que han precarizado su vida, han sido las políticas del abuso y fomento de la desigualdad que precisamente ellos practican. Ese capitalismo salvaje cuyos excesos han vuelto a embarcarnos en el ascenso del fascismo. Puede afirmarse  también, con rotundidad, que el fascismo no soluciona problemas. Los acrecienta.

Es cierto que Italia se ha comido la mayor parte de la crisis migratoria. El problema no es solo suyo, es de todos. Hay que tomar medidas, estudiar soluciones conjuntas dentro de la Unión Europea.  Eficaces y urgentes. La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de traer a España a los refugiados a los que el gobierno italiano cerró los puertos es un paso importante que les conmina a ello.  No se acaba el gran cisma sin embargo entre los demócratas y la chusma inhumana con la que convivimos y se destapa a la menor oportunidad.

No me digan, como andan por los medios los “expertos” de turno, que aprueban por humanidad y por mandato de la legalidad internacional la decisión del gobierno español pero que si las mafias, que si el efecto llamada y la maldad de las soluciones particulares.  ¿Qué es pues lo que aprueban? ¿Qué mueran las personas rescatadas en el Aquarius, como han muerto ya miles, mientras volvemos a aplazar las salidas?

Van “creciendo” en las referencias  los miles de refugiados que han llegado a Italia o Europa en su conjunto. Al final, se diría que toda África y toda Asia residen entre nosotros. Cualquier demócrata preferiría, si lo piensa bien, tener a su lado a esos miles de seres humanos tan valientes como para arriesgar su vida por vivir realmente que a los millones que votan ultraderecha xenófoba, aunque se autojustifiquen llamándola incluso centro-derecha. Y no digamos ya, en España, a ladrones que nos han expoliado. Con lo que nos han robado podíamos vivir decentemente, nosotros y los miles de miles de migrantes.

Los españoles, algunos,  empezamos a ver un punto de luz entre tanta tiniebla que nos apagaba. Gestos si se quiere, pero algo en otra dirección. Mucho por hacer.  Y a fondo. Quizás, de ese sector de la sociedad que no cree en la democracia, que la combate y le pone zancadillas, habrá una parte rescatable entre los tibios, al menos.

El fascismo se combate leyendo y reflexionando. Abriendo la mirada. Porque ya está aquí.  Uno de los pensadores que más se está empeñando en denunciarlo y combatirlo es el filósofo holandés Rob Riemen.  Aconseja llamar al fascismo por su nombre. No es “populismo” como se desliza por los medios, en busca a veces de réditos electorales. Ese populismo es la demagogia de toda la vida, Y el fascismo es el fascismo. Y llega, advierte Riemen,  cuando se pierden los valores. Pasó en los años treinta. No puedo estar más de acuerdo.  Propone como solución centrarse, regresar, a un Humanismo europeo. Salvar vidas humanas es el primero capítulo.

Cultura para abrir los ojos, decencia como motor, empatía con los otros seres humanos. Y proa directa a los que no lo son.  A la ultraderecha xenófoba, al fascismo, a quienes les apoyan y escuchan. Ahí tenemos a los verdaderos enemigos de la democracia. Y son tantos ya los que la secuestran que se precisa también rescatarla.

Gobierno Sánchez: Del júbilo a la cautela

Ha sido una jugada maestra. Pedro Sánchez ha aprovechado los cauces que abre la sociedad actual, sensible a los golpes de efecto, a ilusionarse y desanimarse sin pensarlo dos veces. Lo ha hecho en el momento perfecto, cuando La Moncloa, el Parlamento, las instituciones supuraban corrupción insostenible. Incluso algo más tarde, con la podredumbre ahogando a las personas decentes hasta la impotencia. Tan larga impotencia.  Para los partidos con un mínimo de sensibilidad por el bien común resultaba imperioso apoyar la salida del PP. Expulsar al PP del gobierno era una exigencia ética. Ha quedado demostrado que sí se podía… bajo determinadas condiciones.

Una sociedad -y más la española- no puede pasar de llenar sus calles de procesiones con ministros que cantan El Novio de la muerte a un gobierno de izquierdas. Pero sí podía saltar, de la involución en todas sus manifestaciones, a romper ciertos moldes. Este gobierno con mayoría de mujeres ha dejado boquiabierto al mundo. Con un astronauta, dicen, en realidad un apasionado de la ciencia y la lógica frente a la promoción de la homeopatía.

Cambiar del PP a un gobierno presentable era fácil. Si se sabía hacer, como en todo. Pasar de mediados del siglo XX -adonde nos había devuelto el PP-  a esta modernidad no podía más que ser un éxito. Apenas esbozado, no lo olvidemos. Solo ha pasado una semana desde que Pedro Sánchez quedó proclamado presidente del Gobierno español. Y hemos recuperado el interés por la política, por la información. En muchos casos, la esperanza. En particular, hemos sentido alivio. Sin la tenaza al cuello es más fácil respirar.

Soñemos primero pero sin separar los pies del suelo. Está todo tan medido, tan pensado, que, por pura racionalidad, se impone mantenerse atento. Los abundantes relatos sobre Pedro Sánchez y el desarrollo de la operación, van desde la épica a la tragedia. Estos últimos, los menos, dado que gran parte de la derecha está encantada con este gobierno. Avancemos que una sociedad ilusionada como está, no tolera ahora agoreros ni plañideras. Agoreras y plañideros, si prefieren. Quiere disfrutar. Que ya toca. Quiere “darle una oportunidad a Sánchez”. Sobrevolando los condicionantes de quiénes en la práctica otorgan las oportunidades.

Pocos políticos, salvo los de izquierdas, han sido vapuleados por la prensa como Pedro Sánchez. Y no solo por la prensa. En el PSOE hicieron con él una carnicería. Hasta con aquel innoble fusilamiento un 1 de Octubre, fecha de grandes hitos en este país. Su saco de los agravios debe estar a rebosar. Y, sin embargo, habla de diálogo y humildad. Parece haber modelado su carácter de forma extraordinaria. El hombre que eligiera a César Luena y Antonio Hernando en su primera andadura, nos ha llenado el gobierno de profesionales de gran solidez. Salvo alguna cosa.

De los relatos de la peripecia, llama la atención la coincidencia en que Sánchez llamó a Grande-Marlaska, su fichaje más polémico precisamente, hace meses. No ha sido ninguna improvisación. Preocupa su trayectoria y más para el ministerio del Interior. Como Borrell frente al independentismo catalán. Ha previsto, señalan, equilibrios con otros miembros del gabinete. Y está claro que Máxim Huerta está ahí para hacer de sparring y señuelo que se lleve los golpes de atención.

La maniobra se pensó al detalle. Durante meses. Nombres claves entraron en escena. Sobre todo Iván Redondo, nombrado hoy director del Gabinete de la Presidencia. Experto asesor que trabajó para Garcia-Albiol en su campaña de “limpiando Badalona”, para Monago, PP, Extremadura, o Basagoiti, PP vasco.  Una labor profesional, eficaz. No son tiempos para la lírica.

Se trataba de escuchar el sonido de la sociedad. No de hacer encuestas telefónicas como el partido de Albert Rivera. De escuchar a las mujeres, las demandas sociales, la incomodidad con la corrupción. Y al mismo tiempo a Cataluña y a sus detractores, parciales y totales. A quienes demandan “Orden” y a quienes se quejan de las mordazas.

El gobierno de Pedro Sánchez es sobre todo un cartel electoral. Aprovechando la coyuntura que obligaba a tumbar al PP. Para decir: estos somos, esto hemos hecho, si quieres más, vótanos. Para señalar a quien interfiera. Al nuevo gobierno le llueven las peticiones.  Se ha abierto la puerta de un mausoleo cerrado a cal y canto. Y es un gobierno que suena bien, sin apartarse de la línea que previamente mantenía Pedro Sánchez. Aprobará medidas de efecto, difíciles  de rebatir salvo quedar tocado. Habrá gestos en temas conflictivos. Como el levantamiento del control previo de las finanzas de Catalunya de este primer consejo de gobierno. Pero es más complejo. No debe abusar, como el PP, del Decreto Ley. Algunos apoyos le van a costar. Las zancadillas son seguras.

Pedro Sánchez  tumbó al Partido Popular  y, a la vez, a Ciudadanos, como ya señalé. Aún ha sido más rotundo en esta semana trepidante. Cada medida deja más noqueado al partido de Rivera. El tuit de Garicano, que parece una de las cabezas de más entidad, fue demoledor:  “Esto es parte del cambio que hemos querido traer”. Ellos, Ciudadanos. El gobierno de Sánchez ofrece además mujeres y hombres con unas carreras espectaculares que empequeñecen a los modelos de diseño de Ciudadanos.

No se debe olvidar quiénes mandan en España desde hace décadas, por no decir siglos. La alternancia del bipartidismo. La hábil maniobra tiende a reforzarlo.

Unidos Podemos debe reflexionar, a fondo y con sagacidad, sobre su estrategia. Lamentarse porque Sánchez les ha desplazado –como se preveía- no es táctica que funcione ahora. Esa parte de la ciudadanía que vive un cuento de hadas está en lo alto del suflé.  No quieren aguafiestas. También existen quienes aspiran a medidas profundas de cambio. Incluso a la lírica de la política.

La sociedad se ha transformado. Le gusta oír que las deferencias son “guiños”. Que la igualdad de oportunidades puede llevar al espacio a un chico de San Blas con enorme coraje. Y también que se triunfa por ser parte de la cultura… del espectáculo. Todos debemos saberlo. Ser conscientes de los votos que hay tras las pantallas, tras la frivolidad, tras las estrategias, para usarlo o cambiarlo. De las herramientas que existen. De las prioridades, siempre.

Confirmarnos que sí, se podía. Y es la base para seguir pudiendo.

Suerte y acierto para las buenas intenciones. Soñar y mantenerse alerta. Tener la cabeza en las nubes, sin separar  los pies del suelo.  Hace años descubrí que era la forma de ser alta. Esa altura que permite mirar con la amplitud de los ojos de águila.

La España real vence a la trama Frankenstein

Hemos contenido la respiración hasta que a las 11.30 del viernes 1 de junio, 180 votos a favor de Pedro Sánchez le convertían en presidente del gobierno de España. Cómo habrá penetrado la corrupción en las entrañas del Estado que millones de personas temían ver surgir un “tamayazo” que desbaratase la elección del secretario general del PSOE.  El propio Mariano Rajoy se encargó  de dejar en evidencia a quienes de alguna forma le amparan. Acribillado su partido por la corrupción, le faltaba dar la nota final: el desprecio al Congreso de los Diputados, depositario de la soberanía popular con una espantada intolerable.

No cabe despedida más infame que agarrar la cartera, salir del hemiciclo sin que la presidenta hubiera  suspendido hasta la tarde la sesión, y “recluirse” – como titulaba RTVE-  en un restaurante cercano 8 horas, mientras caían hasta cuatro botellas de whisky. Con ministros entrando y saliendo, a un kilómetro de un Congreso que  debatía su moción de censura. Y salir apimplado, ya de noche.

Cualquiera hubiera pensado que la prensa generalista se volcaría en la necesidad ineludible de apartar a semejante presidente de las tareas de gobierno. Pero no. Su preocupación máxima era que Pedro Sánchez iba a sustituir a Rajoy en La Moncloa. Los medios internacionales titulan con los hechos: el presidente del gobierno español ha sido depuesto por corrupción. Los españoles siguen con su campaña de presiones para mantener su modelo.

Ya no pueden defender a Rajoy, pero sí a lo que representa. Las críticas al presidente censurado se alternan con durísimos ataques a Sánchez. Como objetivo: elecciones inmediatas que, en la confusión del momento, elijan la continuidad. No cabe peor solución ahora. Los tenebrosos augurios que plantean no tienen otro fin que dejar todo igual, esta vez con Albert Rivera al frente. U otro candidato del PP que sume fuerzas con Ciudadanos.

El Pedro Sánchez que dimitió incluso de diputado es acusado de “ambiciones monclovitas”. Le culpan de “recitar todos los desgastados comodines del lenguaje político: consenso, estabilidad, diálogo”. De demoler al PP. Aún apelaban en los diarios del viernes al “sentido de Estado” de un Mariano Rajoy que se pasó la tarde del jueves de larga sobremesa, recibiendo visitas de ministros y altos cargos interesados por su futuro. Estremecidos, temen su gobierno “inviable” y “temerario”. El que llaman “Gobierno Frankenstein”. El gobierno de Sánchez se vería, dicen, “tiranizado por los requisitos del PNV -Partido Oportunista Vasco-“. Esto último es de El País que un día fue un periódico serio.

Este viernes el escenario es distinto a hace dos días siquiera. La moción de censura ha tumbado al PP y ha señalado a la trama corrupta que ha invadido las entrañas de este país. La que ha  sembrado  de focos infecciosos las instituciones y los pilares fundamentales. Pase lo que pase, es ya así.

El otro notable resultado de la moción ha sido la bajada del suflé Albert Rivera, lastrado por su no a la moción, de alivio al PP. El líder de Ciudadanos  llegó a decir a los nacionalistas catalanes: Aprovechen estos meses de gobierno Frankenstein para violar derechos y libertades, para acosar, señalar  y que no se pueda defender la libertad y la unión. ¿Qué vendrá después? ¿Los tanques? Rivera y sus soflamas extremas dan cada vez más miedo.

España es un país al que los defensores del sistema corrompido no conocen. Porque ni siquiera la miran. No conocen a su sociedad y cómo vive y siente hoy. Todo lo que no sea su modelo es ETA, separatistas, podemitas y populistas. Mientras ellos se ven a sí mismos ejemplares y dignos de imitar.

Su modelo, a tenor de sus ataques, es un Estado centralista, uniforme, manejable, obediente, disciplinado. Blanco si pudieran, de superioridad masculina, si pudieran que ya no. De personas que hablen español, cumplan las normas protocolarias en el atuendo, y sueñen -si es el caso- sin estridencias. Uno, grande y atado.

Para esa sociedad que no existe hacen planes desde los despachos, los palcos o las cenas exquisitas para estómagos estragados. No escuchan sus acentos. No los admiten. Les repugnan. Desprecian cuanto se aleje de su prototipo altamente estereotipado. Y los señalan como si todos los ciudadanos compartieran el asco que ellos sienten por los que ven diferentes.

Los Frankestein son ellos. El PP, sus medios, sus tertulianos casposos, sus jueces, sus policías. Los que desde la llegada de Rajoy al poder aumentaron la desigualdad, el autoritarismo, las mentiras como norma de funcionamiento, la inseguridad en el futuro. Los que con su intransigencia incrementaron el independentismo catalán del que tanto se aprovechan con fines electorales.

El Dr. Victor Frankenstein fue el malvado que construyó un ser bueno aun hecho de retazos inservibles. que ni siquiera tenía nombre. No al revés. El pueblo inculto acudió en masa al castillo a destruirlo. Por ser deforme y distinto. Una metáfora completa. Lean el libro que escribió Mary Shelley en 1818.  Y dejen de poner rótulos fuera de sus propias cabezas.

No sabemos cómo nos irá con Pedro Sánchez  pero de entrada puede afirmarse que infinitamente mejor que con Rajoy o cuantos se le parecen. Sánchez ha sorprendido por su audacia y tenacidad. Y su iniciativa ha cuajado en un momento de hartazgo insuperable que los causantes no llegaban a ver, o pensaban iba a ser sofocado una vez más. Gente muy diversa se ha unido, es cierto, la real, la que puebla las calles de España con el mismo derecho que esas élites endiosadas. Las que han quedado desnudas y caducas, súbitamente, de nuevo. Aunque hay que estar atentos a sus coletazos y descalificaciones.

Lo difícil y “complejo” es gobernar con sus zancadillas.  Con sus medios ferozmente en contra. El aplauso tras ganar la moción, con personas que jamás pensaron votar al PSOE felices en la tarea común, con diputados de Unidos Podemos coreando ¡Sí, se puede!  Es inédito en España. E ilusionante. En Portugal lo han logrado. Se precisa “mano izquierda”, en todos los sentidos. Habrá que aprender las nuevas dinámicas hasta para enjuiciar este gobierno, ejercido por el PSOE y sustentado por una suma de minorías que precisan unas de otras y han de saber su lugar.

De Pedro Sánchez y esta etapa se espera que no defraude las esperanzas que han nacido con este cambio. Han de ser contenidas, pragmáticas. Aprendiendo de los errores pasados, propios y ajenos.  Basta ese primer paso. Con cautela y fuerza. Orillando reproches  como hará de continúo la oposición. El PP y Ciudadanos son ya la oposición ¿pueden creerlo?

Prioritario: Atajar la corrupción del PP y la de sus cómplices

La sentencia de la Gürtel ha tenido consecuencias políticas. El PSOE ha cumplido lo que era ya un deber ineludible y ha estado a la altura de las circunstancias presentando una moción de censura a Mariano Rajoy. Bien encauzada, al proponer un  gobierno de Pedro Sánchez que repare algunas graves fracturas sociales, para, después, convocar elecciones. Unidos Podemos le ha ofrecido “apoyo incondicional”. Los números están muy justos y obligan, en los diferentes bandos, a la flexibilidad. Es esencial extremar la atención porque el problema de la corrupción no acaba en el PP como partido.

Tenemos el país que tenemos, la sociedad que tenemos profundamente afectada por tantos años de corrupción y de mirar para otro lado. Hay infección y contagio. Muchas rémoras se arrastran y no se ve un horizonte idílico, pero  cualquier opción es mejor que vivir en este estado que ha corrompido hasta la vida diaria. Es indispensable saber que la trama viene actuando desde diversos flancos y que nuestra única esperanza es la decencia. Nada menos. Y, por tanto, desactivar la engrasada maquinaria corrupta que acompaña al PP, con información, con denuncias, apelando a la ética, a la honestidad.

La corrupción del PP no hubiera sido posible sin todos aquellos que la apoyan. Los corruptores empresariales, los cómplices mediáticos y la propia sociedad que sustenta estas prácticas delictivas con su silencio e incluso sus votos. La sentencia de la Gürtel está sirviendo de catalizador para detectarlos con toda nitidez. Es uno de los aspectos nada secundario que acarrea la decisión judicial. Y no tienen más que ver las portadas de los diarios tradicionales para saberlo. La postura de Rajoy, sus tenebrosas amenazas, su desprecio a Pedro Sánchez priman de tal forma que la condena por corrupción parece algo irrelevante.  Una temible crisis institucional  nos  golpea y es por la moción de censura.

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Rosa María Artal💜@rosamariaartal

El Mundo, ABC, La Razón y El País. Cualquiera diría que este ejército mediático sale en defensa de Rajoy y la corrupción del PP.

El PP ha reaccionado con las técnicas habituales. Las conocemos. Acaba de pasar por el proceso Cristina Cifuentes como antes lo hiciera José Manuel Soria, salvando las distancias. Es un protocolo reglado. Minimizar la acusación (en este caso la sentencia), mentir sin freno, agarrarse a  presuntos eximentes: “casi no es una condena” –lo dijo Hernando- y al voto particular de un magistrado. A continuación,  esparcir basura, atacar y despreciar a los oponentes políticos que les critican,  para seguir encandilando a los del “todos lo hacen”.  Creer este cuento a estas alturas, tras toda una vida de corrupción institucionalizada -desde 1989 ha sido acreditada judicialmente-, no cuela. No existe gente tan estúpida, tan corrupta en su permisividad, sí.

El protocolo debe incluir ocuparse de nombramientos judiciales. En 9 años de instrucción han sufrido los rigores del PP en el poder policías, fiscales y jueces. El magistrado del voto particular, el juez Ángel Hurtado, defendió que estuvieran en el tribunal con él los constantes Enrique López y Concepción Espejel, se opuso a que fueran apartados por su vinculación al PP,  intentó sin éxito que Rajoy no fuera citado como testigo y retrasó la publicación de la sentencia hasta, casualmente, la aprobación en el Congreso de los presupuestos.

Los más destacados lavanderos del PP que operan en los medios quedan en evidencia al leer la sentencia. Hay que saber que existen y valorar su papel, son tentáculos del propio Partido Popular. La sentencia habla de “corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública”. Del procedimiento: “Mediante el inflado de precios que se cobraban de las distintas administraciones públicas afectadas”. De la finalidad “la obtención ilícita de importantes beneficios económicos a costa del erario público”. Del alcance “La sentencia acumula 28 delitos de prevaricación, 24 de cohecho, 26 de blanqueo, 36 de malversación de fondos públicos y 20 contra la Hacienda pública”. Es solo una parte de lo que extrae como  hitos probados, el director de eldiario.es Ignacio Escolar.

El periodista Carlos Hernández sintetiza las coordenadas del PP: “Rajoy ha mentido en sede judicial, en sede parlamentaria y en los medios de comunicación”. “El PP ha hecho de la mentira su único medio de supervivencia.” “El PP usó su caja B para pagar a periodistas mercenarios”. Acreditado el caso de la empresa de Jimenez Losantos, la ultraderechista Libertad Digital, ¿cuánto más habrá por lo que vemos con solo abrir los ojos? Rajoy  siempre estuvo ahí. Hay un M.Rajoy que cobró. La Caja B esconde muchas mordidas en forma de sobre.

Ahí siguen agitando sus puñitos los seguidores de esa pléyade de periodistas y tertulianos, contratados para echar colonia sobre la basura del PP y distraer de la verdad una y otra vez. Para hacer dudar al menos a los que quieren creer, no saber.  Hacen caja y las empresas que los llaman hacen caja con ellos. Es uno de los principales daños que estamos sufriendo. Cuando la opinión no es tal sino una venta de un producto defectuoso.

Tenemos un buen surtido en pocas horas. Consignas del PP, tal cual, sin cambiar ni una coma,  y las de cosecha propia. El Tribunal se ha excedido. A ver si lo arregla el Supremo. La recuperación económica del PP, que también es mala suerte recién publicado el informe del Banco de España que señala graves lagunas.   Luego siempre ganan las elecciones, sin mencionar el dopaje de la corrupción. Penas durísimas, mayores que por violaciones o asesinatos.  Es falso. Y llama la atención que se atrevan a decir eso por un micrófono. La corrupción mata, viola, daña. Las opiniones decentes deben hacer ver esa relación o al menos no disuadirla. Los recortes en sanidad, matan. Los copagos farmacéuticos para quienes no pueden costearlos, también. El frío también. La precariedad, la angustia por el permanente temor a perder el empleo. Es repugnante que se desligue la corrupción de sus consecuencias.

El Portavoz del PP Martínez Maíllo y el propio  presidente Rajoy han insistido mucho en que esta moción debilita a España. Las páginas de los medios internacionales están llenas de la condena sin precedentes a un partido político en el gobierno por sus sucias prácticas. Y deben sentirse atónitos de ver las tragaderas morales de buena parte de la sociedad española y algunos de sus políticos y periodistas.

Con aires de superioridad,  ambos dirigentes del PP se han referido a la mochila con la que cargaría Pedro Sánchez: los independentistas y Podemos. Los dos cocos para asustar a los españolistas que traguen bien el robo del dinero de todos. Nada deslegitima más a un partido que la corrupción, aprovecharse de los cargos públicos para robar a los ciudadanos. Y de esos tienen unos cuantos en el PP, además de su condena explícita como partido.

A Pedro Sánchez le han caído todas las iras. El PP se ha mostrado irritado con su decisión. Cambia de opinión. Como Rajoy o  Albert Rivera, en modo extremo. Como Pablo Iglesias o Irene Montero.  Pero el ojo mediático derecho solo ve incoherencias en la izquierda. No ve, parece, ni los daños sociales de la corrupción.  Quizás porque forma parte de ella.

Ciudadanos ha quedado descolocado. No apoyará la moción de censura del PSOE. Le vienen mejor elecciones aunque en Madrid no tomara esa postura. Un gobierno, más o menos progresista, que corte el grifo a tanta corrupción, a tanta arbitrariedad,  tanta potenciación de la desigualdad, que devuelva la libertad de expresión al menos a RTVE, dejaría muy en evidencia el mensaje único de Ciudadanos del “ay, se rompe España”, común al PP.

Parece un sueño. Igual se queda en eso. Vistas las reacciones del clan dominante, lo van a poner muy difícil. De momento, disponemos de una rara oportunidad para limpiar las cloacas y desalojar a una derecha que nos ha llenado de inmundicia la España que tanto dicen amar. Inconvenientes habrá, los lavanderos mediáticos harán horas extra para presentar un PP aceptable. Las armas electorales sucias ya se han visto desde el primer minuto. La maquinaria trabaja a todo gas.

Para que la Moción triunfe y se consolide, todos deberán aprender de errores pasados. Y sumar, porque lo básico es salir del pozo. Quién sabe si con aires más limpios, se recupera la dignidad y la decencia que no toda la sociedad atesora. Muchos deberían hacerse ese favor, hacérnoslo a todos.

Federico Mayor Zaragoza: Recuerdos para el porvenir

Fue como encontrar la brújula guardada en un cajón y recordar dónde está el norte. Y, naturalmente, el sur, el este y el oeste. Agobiada por la deriva que está adoptando nuestra sociedad, un acto, un libro, una persona -y cuantas van con ella-  abrieron una ventana. Federico Mayor Zaragoza acaba de presentar  “Recuerdos para el porvenir”, referentes y valores para el siglo XXI. En un momento el que los Derechos Humanos están siendo seriamente vapuleados –y lo que es peor, obviados, ignorados-  es incluso saludable escuchar a quien ha hecho de su defensa razón de vida.

Federico Mayor Zaragoza es uno de esos escasos compatriotas contemporáneos que han dotado a la Marca España de auténtico prestigio y dignidad. En la cumbre de la madurez,  ha cuajado un libro en el que escribe de personas que “le han dejado una huella indeleble”. Habla de referentes y de valores, de ética, dignidad, humanidad, confraternización… Un discurso radicalmente opuesto a la mediocridad reinante, a la pérdida del norte y la brújula que caracteriza este tiempo. Un discurso profundamente constructivo e inspirador.

La sociedad no debería quedarse inerme en manos de estos forajidos que nos colonizan. Políticos que olvidan hasta los trazados de la democracia en aras de su propio interés y de aquellas élites a las que representan. Gobernantes saqueadores de lo público gracias a su cargo. Estafadores de todo principio de honestidad. Periodistas manufactureros de carroña al servicio del poder. Ciudadanos tibios, inconscientes del mal que causan. Hay otros, menos visibles a lo mejor, que trabajan seriamente cada día sin producir esa otra insufrible repugnancia.

Lejos de un tópico y frío relato de vidas ejemplares, Mayor Zaragoza evidencia que en todo tiempo ha habido y hay personas que han hecho realidad las utopías.  En el grado que sea. Y creo que es una luz para retomar el camino.

Aprender de Nelson Mandela el valor de la reconciliación.  De Mijail Gorbachov, la imaginación.  De Rigoberta Menchú o M´Bow, la existencia y defensa de los Derechos Humanos Universales. De Mario Soares, la visión global. De Arafat, Simon Peres e Isaac Rabin que la paz es posible. De José Luis Sampedro y Stéphane Hessel, la implicación, el compromiso. El mismo que tiene Mayor Zaragoza. Una de las pocas voces que clama contra las atrocidades que está cometiendo ahora mismo Israel con los palestinos y critica el silencio de la Unión Europea y de nuestro gobierno.

Permanente defensor de los derechos de la mujer. En constante denuncia de la pobreza y el gasto en armamento. Una vida intensa en la que Mayor Zaragoza ha estado con nombre propio en escenarios esenciales y que le ha permitido conocer de primera mano a quien importa, grande o pequeño. Para aprender y compartir lo aprendido. Siempre le he visto, en todos los actos, tomando notas en un pequeño cuadernillo.

“Los que no bajan a la calle y se funden con la sangre de su pueblo, con el barro de su tierra, con las manos de sus gentes… de displicencia mueren “,  le escribió a Indira Gandhi.

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su procedencia o su religión. El odio se aprende, y si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar”, decía Nelson Mandela,  de quien repasa múltiples vivencias compartidas.

Federico Mayor Zaragoza es un referente para mí. Lúcido, valiente, comprometido, nunca falsamente neutral, positivo.  Forma parte de un hecho importante en mi vida, además, que tuvo trascendencia. Surgió en una manifestación contra la pobreza en la que ambos leíamos un manifiesto. Hablamos mucho en las pausas de las paradas. De aquel libro de Hessel, Indignáos, que recién publicado arrasaba en Francia. España precisa muchas más indignaciones y a todas las edades, pensé. Y de ahí surgiría más adelante la idea de Reacciona, el libro español de no ficción más vendido en 2011. Con Sampedro y Mayor Zaragoza, y otros autores rotundos. “En un momento en el que los seres humanos comenzaban a inquietar a los poderosos”, escribe Federico Mayor.

“Tendréis que cambiar de rumbo y de nave”, destaca de José Luis Sampedro, otro enorme ejemplo y afecto esencial.  Y muchas de sus grandes ideas, guías  permanentes: “Tapona tus oídos contra toda sirena, átate al duro mástil de tu barca y, obediente a tu brújula secreta, pon rumbo a la aventura irrenunciable: el viaje hacia ti mismo”.

Regresar a la actualidad soez, de gritos y mezquindades,  es un duro choque. Aunque más fácil con pautas para sobrevolarlo, para ver el profundo error de dejarse succionar por esa mugre.  Con los pies hundidos en el chapapote es arduo andar, no digamos ya, volar. Bien distinto sería si al menos media docena de ideas de entidad, de reflexiones, de valores, ocuparan lugar destacado diariamente entre el adocenamiento mediático, político y, como consecuencia, social.

Es posible. Una y otra vez recuerda el que fuera Director General de la UNESCO el peligro mayúsculo de los fascismos. Una y otra vez, brinda como llave el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando nos remite a no tener miedo.

Rigoberta Menchú saluda sus mañanas diciendo: “Perdona, amanecer, por no haberte recibido como mereces”. Mayor Zaragoza con ese recopilatorio que se hace al abrir los ojos, pensando en los instrumentos y pautas disponibles. Para “cada mañana, abordar la hoja de ruta del milagro de la vida”, dice.

“Los ojos se habitúan a lo tenue, la espalda, a estar sin alas”, cita de Mario Benedetti en la introducción. Limitaciones que coartan hasta cierto punto cuando se sabe volar.

Yo me agarré a una frase suelta en el aire cuando Mayor Zaragoza hablaba de la poderosa creatividad del ser humano, de sus logros cuando se lo propone:

“Lo inesperado es nuestra esperanza. Ojalá surja algo”.  Otra vez. Porque así ha sido a lo largo de la historia. Y ni todos los camiones de inmundicia han logrado parar el mundo. Darle una buena sacudida, sí. Y así estamos ahora. En un momento crítico en el que peligran pilares fundamentales. Una larga trayectoria permite ver, sin embargo, como dice Mayor Zaragoza, que “los “imposibles” hoy pueden ser realidades mañana”.

Cifuentes y el laberinto de la indecencia

Hasta este 25 de Abril no ha dimitido Cifuentes de la presidencia de Madrid. No ha sido por las múltiples razones que lo aconsejaban, sino por un vídeo cuya difusión huele a cloacas del Estado. Sucio sobre sucio.

Aún llama más la atención lo que publiqué solo el día 17, hace una semana. Y no es que no se viniera venir.

Cifuentes es una mala noticia. Y lo será hasta que quede fuera de la vida política, en la que no merece estar. Lo peor es que el PP es una mala noticia. Y son tantos sus cómplices o colaboradores que España viene siendo una mala noticia. Queda, por supuesto, el periodismo que vigila el poder sin ataduras como es su obligación. La buena gente de toda profesión y circunstancias. La que lucha cada día por su proyecto vital imbricado en un mundo mejor. Pero poco se puede hacer –aun siendo ciclópeo el esfuerzo – con esa losa inmunda de mentiras, trampas, estafas y, en definitiva, corrupción.

Palabras desnudas, duras, reales, sin embargo. Una sociedad merece ser gestionada por personas eficaces y en las que se pueda confiar. Podría aceptarse incluso que, transitoriamente, cometieran algún error en la administración, pero entregar todo lo tuyo a quienes demuestran ser nada fiables por mentirosos y rastreros es inconcebible en una sociedad sana. O una sociedad libre. Quizás el secuestro de la decencia y de la valentía para defenderla explique lo que está pasando.

Está pasando desde hace tanto tiempo, en tantos frentes, que los españoles parecemos prisioneros en un laberinto en el que giramos sin encontrar la salida. La presidenta de la Comunidad de Madrid elige ahora la versión de “renunciar” a un máster que no hizo culpando a la Universidad. Y ya estamos otra vez en “la espiral”, que dicen, de opiniones a favor y en contra, algunas de ellas con un tufo a clan que apesta. No es una espiral, son círculos cerrados y concéntricos que nos atrapan sin salida. La tiene, cuando rompamos el cerco. Todos o en cantidad suficiente porque muchos somos conscientes del problema, pero hay demasiada gente taponando las puertas de evacuación.

Una ciudadanía decente –o libre, ya digo – hubiera exigido responsabilidades tajantes por lo ocurrido. Que no es solo un título, es una forma de ser y actuar. Un clan. Por eso, los más cercanos, los suyos, “aplauden la estafa”, como decía Ruth Toledano. Y la aplauden una y otra vez. Y medios o periodistas aplauden buscando disculpas, o puntos de vista que alivien la culpa. No exijan que pidan perdón, somos personas adultas y esto es un país, no un colegio ni una familia. Ni siquiera somos nosotros de esa familia tan bien avenida para sus fines. Despierten los ciudadanos. El viento que despiden los aplausos no avienta mentiras y delitos, son bofetadas a mano abierta en la cara de las personas decentes.

Siempre dando vueltas en el laberinto cerrado. El PP esparciendo basura prefabricada ajena porque sabe que hay gente que les aguarda con toda la boca de par en par para creerlo. Los socios buscando su propio interés. Es tan claro. Suban, tomen altura, miren. Es una tragedia. Una ópera bufa en realidad, con víctimas reales.

Nos sale muy caro como país. Esta laxitud en la decencia es un lastre que nos frena. La afición por la trampa, la comprensión con la trampa en distintos grados.

Olvídense de la Picaresca -quienes aun la invocan-  y avancen de una vez, al menos, hasta el Siglo de las luces. ¿Saben a quién se ha traído el presidente de la República portuguesa en su visita oficial a Madrid? A l rector de la Universidad de Coimbra y a la presidenta de la Fundación Gulbenkian. Aquí andamos sobrados de zotes con ínfulas, en el poder y entre quienes los encumbran.

Pensaba escribir hoy de las graves medidas económicas destinadas a ahogar a los que tengan menores capacidades para sobrevivir, pero otra vez hay que hablar de Cifuentes, el PP, sus colaboradores, el sistema completo. Y no sin causa porque es el magma en el que nos asentamos. Ese sustrato podrido en el que se tambalean los cimientos.

“No se hará nada. Puede hasta seguir Cifuentes. No se exigirán responsabilidades” . No les falta razón a quienes se lamentan así derrotados, porque estamos viendo un doble rasero chirriante. Con casuales coincidencias en postulados ideológicos. Conservadores. Y escasamente diáfanos. Y vuelve el mareo de las opiniones en buena parte interesadas, de Cruzada, de combate. Todavía más visible y desproporcionado en el otro gran tema de la actualidad: Catalunya.

Los jueces del Supremo desprecian los argumentos del tribunal alemán sobre Puigdemont. Entre atajos y valoraciones emocionales, dando la nota pazguata.

Una falla inmensa nos aqueja como país cuando se argumenta, por ejemplo, que el Juez Llarena merecería serias críticas por sus actuaciones en el proceso independentista pero que no se puede presentar una querella porque “ninguna instancia en este país va a atender las quejas por este atropello”. Lo escribió aquí Elisa Beni. Y no le falta razón en la realidad de los hechos. Pero entonces el problema real alcanza proporciones desorbitadas.

El catedrático Javier Pérez Royo creía imprescindible esa querella. Viene siendo muy crítico con las actuaciones políticas y judiciales en el caso, en conjunto y por partes. “Llarena – adujo en concreto– , “no identifica ni una sola norma jurídica en la que descanse su decisión de no permitir que Jordi Sànchez acuda a la sesión de investidura. Repito: ni una sola norma jurídica”.

Son realidades que conviven y que nos dejan un panorama desolador, extensible a múltiples problemas que nos afligen. Va a resultar que el laberinto del que les hablo, encima tiene los muros pétreos y, por eso, Elisa Beni, nos explicó que “las querellas no son una buena idea como no suele serlo darse cabezazos contra las piedras”.

Cautivos, vencidos y con sensación de impotencia. Y encima con la orquesta alrededor de banderas y trascendentales cuestiones cívicas como el cambio de los rótulos de las calles. Carceleros con un pie dentro, verdugos y víctimas.

No todo está perdido, por supuesto. Asombra ver lo fácil que sería salir de esta situación. Hay jueces, periodistas, políticos, ciudadanos que hacen su trabajo, entienden la honestidad, la decencia, la ética, como lemas de vida y aspiran a respirar un aire limpio. A tener gobernantes en los que confiar, periodistas a los que creer, conciudadanos libres de los que sentirse orgullosos como parte de un todo.

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