El Régimen del 78 se atrinchera

Sobre el escenario, el Régimen del 78. Protagonistas vivos, herederos, periodistas y estrellas. Parada militar para conmemorar la Fiesta Nacional de España. 12 de Octubre. Día de la Hispanidad. Aniversario del Descubrimiento de América. El Rey aparece durante el desfile con rostro serio, ofendido, enfadado incluso, y así seguirá –según muestran las fotos- en la recepción en el Palacio Real. No ha faltado más que la muerte de un joven piloto que acabó estrellado con el Eurofighter con el que participó en el desfile. Su mujer contemplando la tragedia. Rajoy y Cospedal se van al lugar del accidente. No sin antes pasar por el besamanos o saludo personalizado. Rajoy con el dedo inhiesto que ahora usa mucho. De autoridad.

La Reina Letizia luce “un estilismo de los años 50”, muy apropiado al momento que vivimos. Compartido por otras principales como Cospedal. El de la Reina es de tweed, o sea, lana. Con 30 grados a la sombra en Madrid. Soraya Sáenz de Santamaría, “la supervicepresidenta”, “con esa melena juvenil que le sienta maravillosamente”, dicen las crónicas. Otras, le ven parecido con Jackie Kennedy, los 50 de nuevo. Cifuentes abandona el paraguas con la bandera de España del año pasado para, dado que no llueve, usar una cartera de mano también rojigualda. En cambio, Manuela Carmena, “vestida siempre de ama de llaves de un stately home[casa señorial] a lo Downton Abbey, no lució esa sonrisa que muchos dicen “de barracuda”, continúan las plumas palaciegas.

Estaban todos. En un evento que parecía haberse convertido en acto de desagravio al rey por querer partir España, la España de todos ellos preferentemente. Casi un pleno de presidentes autonómicos. Hubo llamadas para que nadie que importa faltara. No acudió Puigdemont, claro, pero este año ni se reseñó la ausencia presidencial catalana. Felipe González con gafas de sol. Guerra con la mandíbula apretada. Pedro Sánchez entra con José Luis Rodríguez Zapatero. Se han reconciliado. Sánchez se ha reconciliado hasta con Mariano Rajoy. Ha explicado en distintas entrevistas que “ha normalizado” mucho su relación con Rajoy. “Aquí estamos, echando una mano al presidente del Gobierno”.

Este muchacho que cada poco dice una cosa, iba a pedir la dimisión de Rajoy como primera medida al volver a la secretaría general del PSOE, ahora ha descubierto las bondades del líder del PP que deben ser muchas y ocultas dado el magnetismo que produce sobre los notables del país. Mientras el alcalde Valladolid por el PSOE echa abajo una calle dedicada a la premio Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú por haber criticado la represión policial en Barcelona.

Nos relatan que Sánchez camina entre admiraciones del selecto grupo reunido en el Palacio Real.  Ha destronado a Susana Díaz que el año pasado era quien acaparaba los focos. Ahora ya sabe el personal que también tiene “un gran sentido de Estado” al apoyar a Rajoy. Borrell recibe múltiples parabienes, tras su aparición estelar en la Plaza Urquinaona, con García Albiol y Vargas Llosa, defendiendo la unidad de España ante el reto separatista catalán.

Políticos como Trillo o Gallardón, hasta Aguirre estaba. El clero, el Cardenal Rouco Varela a quien Felipe VI le dedicó un especial saludo. Todo el plantel de periodistas conservadores. Lo más relumbrún de la nobleza y los empresarios. 1.500 personas que cuentan. Bipartidismo con un soporte por la derecha, si cabe más a la derecha. Con Albert Rivera que ya actúa de tercer partido en los medios, aunque no lo sea. Con Arrimadas en Barcelona. “Una mujer-bandera, una política-bandera”. “Inés, como María Pineda, tiene empaque de heroína lorquiana y está dispuesta a bordar su vida en la bandera de la Constitución”, leo. Ese rigor, esa implacable dureza gélida, esa insistencia en las elecciones. Todos ellos. Elecciones ya en Catalunya que viene el voto de cara. O no. Se ilegaliza algún partido independentista, por si acaso.  O se pasa. Ya vuelve a hablarse de un Gobierno de concentración con presidente que guste a las élites.

El sol brillaba inmisericorde este 12 de octubre. Un calor exagerado para la época. Parecía reflejarse en las banderas rojigualdas de ventanas y balcones. Más que nunca. Igual que los asistentes al desfile. Más que nunca. Un clamor por la unidad de España, siguen relatando las crónicas palaciegas. La afición a tomar la parte por el todo cuando conviene. Y al mismo tiempo en los medios el relato de la prosperidad presunta, las playas a rebosar, ocupación hotelera al completo. Un clamor en la arena. Todo felicidad. La mayoría silenciosa se reparte donde interese para la imagen. Ésa que unos perversos les quieren aguar.

En la recepción, nos dicen, faltaban Pablo Iglesias y Ada Colau. Pero, añaden, que de alguna manera sí estaban. En las lenguas de la refinada recepción, para despellejarles. ¿No hubo un periodista de la troupe que mandó en su día a la alcaldesa de Barcelona a fregar? Iglesias haría buen papel de mozo de caballerizas. Irene Montero, sin duda de asistenta de la vicepresidenta. Incluso puede contar con el asesoramiento del ama de llaves de casa bien, la magistrada Manuela Carmena. El Régimen del 78 no tolera advenedizos. Aunque nos tenga España hecha un exprimidor de servicios fundamentales que para algunos parecen valer menos que las banderas. Con los ultras desmandados.”Puigdemont, a prisión, Trapero, traidor” y loas a los Reyes Católicos, en Barcelona este 12 de Octubre. Y en este exquisito régimen de libertades, de renovados entendimientos bipartidistas,La mala reputación de George Brassens apenas sin mentarse en las redes por primera vez en décadas. Cualquiera se atreve.

Pero se les van abriendo brechas importantes. El Consejo de Europa se une a las condenas por la violencia policial desplegada por el Gobierno de Rajoy el 1 de Octubre en Barcelona. Algunos medios extranjeros no entienden que ni siquiera haya pedido disculpas, si es que eso resolviera algo.  Como muestra este editorial del británico The Guardian.

Y un mal paso inesperado que ha abierto muchos ojos. El despido del periodista y escritor John Carlin de El País por un artículo publicado en The Times, crítico con el Gobierno y el Rey y titulado “Independencia de Catalunya:  la arrogancia de Madrid  explica este caos”. En este casino, se juega. En España, hay medios que mienten y manipulan. Y censuran. No este, ya les dije. El País, prescindiendo de Carlin, ha hecho ver a periodistas e intelectuales foráneos más que cientos de artículos de denuncia pormenorizados. Incluso reparan en los que callan y otorgan entre sus compañeros. Al menos hasta el próximo despido.

El bipartidismo atrincherado. El que también llenó plazas para ser rechazado y decir con contundencia: no nos representan. Ya no es ni siquiera “la casta”, quizás es la Corte. Y esa vuelta a los 50´ de mano dura, punto en boca, racionamientos de libertades, marcadas clases sociales. Y el paso atrás como norma. La televisión encendida sin sonido, con personajes que actúan, gestos, movimientos, oropeles desplegados en el escenario político. Y, fuera, 46,5 millones de habitantes (repartan mayorías silenciosas y clamores). Con aspiraciones legítimas y derechos que desde las torres de marfil ni se intuyen.

 
Anuncios

Una profunda desigualdad de fuerzas

“Pido que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república y que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia y se abra un dialogo y una negociación”. De esta forma Carles Puigdemont despejaba la incógnita que ha tenido pendiente a España y a medio mundo a través de numerosos medios de comunicación extranjeros que retransmitían la sesión en directo.  Largo suspense, en el que Puigdemont ha aprovechado para dar su versión al exterior -quizás también al interior si se le ha escuchado- de las vicisitudes del largo proceso.

Punto culminante -para Puigdemont y para todo conocedor- el Estatut de autonomía aprobado, siguiendo los mandatos de la Constitución, por una mayoría del 88% en el año 2005. Cómo vieron recortado su contenido por sentencia del Tribunal Constitucional, “compuesto por magistrados de los dos grandes partidos”, atendiendo al recurso del PP.  “Un texto irreconocible, doblemente recortado y no ratificado por los catalanes. Una humillación”. Ésa es la explicación dada para emprender el nuevo camino.

Puigdemont ha planteado, después, lo que se conoce mucho más, el 1-O: “Es la primera vez que en la Unión Europea se desarrolla una jornada electoral con la policía golpeando a los votantes”. Heridos, urnas rotas, violaciones de correspondencia, incautaciones, detenciones, ataques informáticos, no impidieron el voto, describía. Y ha recordado las graves penas que pesan sobre políticos catalanes por haber participado en el proceso. Ha apelado continuamente a la serenidad, al respeto, a tener en cuenta las opiniones de todos. “La Constitución es un marco democrático pero hay democracia fuera de la Constitución”, ha resaltado. Eso sí, optar por la moderación que le aconsejaban, ha producido decepción en quienes esperaban una declaración de independencia nítida. Es probable una crisis de gobierno.

La CUP, su socio de gobierno, no ha aplaudido. Y ha expresado su malestar.

Llegado al punto en el que nos encontrábamos, el Govern no podía hacer ya otra cosa que declarar algún tipo de independencia acorde con los planes que se derivaban del referéndum. No se iba a librar de seguir recibiendo el castigo implacable que se le había prescrito. El mayor error de Puigdemont y su equipo ha sido no calcular en toda su dimensión a quien se enfrentaban. Su petición de divorcio -ilegal, dicen, y así será-  ha sido penada ya con violencia y sanción económica, con advertencias de manual: Nos van a obligar a lo que no queremos hacer, no tendré más remedio, casi un me duele más a mí que a ti. España dijo no al derecho a decidir y siempre fue no. Con la ley en la mano, con la misma que tantas veces se pervierte en esta España con instituciones deterioradas por la corrupción.  Las heridas abiertas son traumáticas y lo peor es lo que queda por venir. ¿Qué país puede vivir así?

De momento, el Constitucional anulará este miércoles la declaración del Govern. Y seguirá el pulso. Es posible que, aunque no se declare la independencia plenamente, se le aplique el artículo 155 de la Constitución, interviniendo las instituciones catalanas.  El PP anuncia que tiene “medidas más elaboradas”. Otro artículo que acarician el gobierno y sus socios es el 116 previsto para acallar la contestación social a las restricciones anteriores y que regula los estados de alarma, excepción y sitio, en gradación ascendente de recorte de libertades civiles. El PSOE no prohibirá aplicar el 155, como ha pedido En Comú Podem en el Congreso.

El escenario a día de hoy es desolador, preocupante. Sobre todo por lo que ha aflorado esta crisis. Nunca se ha visto a más infractores enarbolar el Estado de Derecho.  Se ha hablado de legalidad no para resolver sino para herir. Hasta la ultraderecha, desplegada por distintas ciudades sin cortapisas, utiliza como argumento la Democracia.  Políticos y voces relevantes pidiendo palo duro y humillación. A Albert Rivera le falta clamar para que se aplique a la Catalunya que representa un recorte de derechos. A los del PP ni siquiera les basta. La amenaza de Pablo Casado a Puigdemont con el destino de Companys, el President que proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal española y que acabaría fusilado por el franquismo, fue sin duda fruto de la escasa preparación de sus discursos pero no oculta que exigía pena máxima. Algunos colegas del PP lo han refrendado.

El intento del Govern de independizarse de España ha despertado –ya no paran de confirmarlo- “el toro español” también llamado “la bestia dormida”. Ésa que tiene un inequívoco, pestilente y dañino olor a franquismo, siquiera a la vieja intolerancia autoritaria de tan amargo recuerdo en nuestra tierra. Hemos visto estos días a personas  arrancando de las manos a un vecino un cartel que pedía diálogo. Rasgar y descolgar otro cartel desplegado en el Ayuntamiento de Barcelona que solo decía, en catalán: Más democracia. Un odio furibundo. Como los distintos apaleamientos, oficiales y privados, saldados con notoria desproporción. Niños a quienes se enseña a gritar: “Puigdemont al paredón”, niños  que están precisando terapia en el colegio para entender por qué la policía les destrozó las instalaciones. No todos los catalanes sabían de la xenofobia que despiertan en la parte más fanática de los españoles.  Hoy su intento de ruptura los ha aglutinado.

Hemos visto a periodistas volcados, no en informar o analizar, sino en la defensa del bloque que se llama a sí mismo constitucionalista por más que -siempre lo digo-, no armó revuelo alguno cuando se cambió la Carta Magna en perjuicio de los ciudadanos. Algunos de estos ciudadanos se han llevado muchas sorpresas al oírles a cara descubierta, porque es cierto que han sido días –y serán- de retratarse sin afeites.

Incluso la manifestación españolista del domingo en Barcelona fue saludada sin apenas reflexión crítica. Los catalanes por la unidad de España, que nunca estuvieron silenciosos, venían de Cataluña y de distintos lugares de España, por avión, tren, coche o autobús. En el escenario imágenes imposibles de un líder xenófobo como García Albiol, un premio Nobel de Literatura  -que no precisamente de la paz, como dijo en su arrebolado posicionamiento TVE- y un intelectual serio como Josep Borrell, con un marcado anti-independentismo. Su intervención “ganó” el acto, nos dijeron, aunque no mencionara la represión policial.  Son tiempos de definirse y todo ha quedado muy nítido.

Los ultraderechistas de la Plaza Urquinaona, y de muchas otras plazas de España, no son unos jóvenes haciendo chiquilladas. Es mucho más serio. El silencio de los notables asusta y mucho. Hay quien comenta que habla en voz baja, no se vaya a molestar a alguien. Para algunos es como volver a la infancia, cuando las paredes oían.

Unida o desunida la España que queremos, la que no olvida sus derechos de todos los días, el futuro de sus hijos y de los hijos de todos los demás, se aleja envuelta en una pura involución. Avalando huesos duros de roer. No es posible que se sienta un triunfo humillar a un pueblo por el error o no error de sus dirigentes. Asfixiarle económicamente aunque ellos en primer lugar y toda España se resientan. Ver con indiferencia o gozo el reparto del pastel empresarial, siquiera sea nominalmente. Es un embestir que no comprende la gente cabal, el toro que despertó, dicen. La comunidad internacional está preocupada y con razón. Pudo hacerse de otra manera y no se hizo. Todavía hay tiempo ¿Se hará? Detrás de Catalunya, irían varios otros territorios y los poderes establecidos lo consideran un problema. Que no desaparece por la fuerza.

“No somos delincuentes, no estamos locos, no somos golpistas, ni abducidos, somos gente normal que pide poder votar. La relación con el resto del Estado no funciona y nada se ha hecho para revertir una situación que es insostenible”, ha dicho Puigdemont en esta sesión histórica.

Catalunya pide diálogo para irse o quedarse. Pero los daños son irreversibles, al menos si siguen al frente cuantos han ocasionado el desastre. De todos los partidos y fuerzas implicados. Todos los implicados. Una sociedad juiciosa lo demandaría. Y reflexionaría a conciencia sobre lo sucedido y lo que queda por llegar si no se impone la cordura.

 
 

La unidad de España no es el principal problema

Imaginen la escena: la organización ultraderechista y ultracatólica “Hazte oír” monta una perfomance, dice, en las inmediaciones de La Moncloa, sede del Gobierno español, con personas vestidas de gallinas repartiendo huevos. La escena quería llamar gallina, cobarde, al ejecutivo de Rajoy por no aplicar ya el artículo 155 de la Constitución a Catalunya. Lo ha explicado una redactora de la web vinculada a “Hazte Oír”, autorizada al selectivo uso de la palabra en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. El portavoz, Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, Barón de España, ha aprovechado la pregunta para explicar algunos postulados del Gobierno. España. Cuarta potencia europea. Año 2017. Siglo XXI. Ahora ya podemos empezar a analizar el momento que vive nuestro país.

Como en los oráculos de Delfos de la Grecia antigua, el gobierno suelta frases para ser interpretadas. Sugiere, por primera vez, “ sellar la fractura en el Parlament”, siempre que se renuncie a la declaración unilateral de independencia. Al presidente Puigdemont también le piden repensar la decisión miembros de su partido, de la antigua Convergencia que, como Artur Mas, nunca fue independentista. En este escenario ya puede ocurrir cualquier cosa. Solo que las graves heridas en la convivencia son reales. Las amenazas pendientes también. Y ha emergido una vieja España, muy preocupante, que hoy ha sido autorizada a sentarse con los periodistas y repartir huevos en los aledaños del palacio presidencial llamando “gallina” al Gobierno.

El delegado del gobierno en Aragón ya le había puesto nombre al movimiento: “Los sediciosos han despertado al toro español”, ha dicho. Según este político del PP, el toro “representa las esencias de un pueblo forjado durante siglos en el crisol de la historia”. El crisol no suele aglutinar historia, sino razas o culturas, pero ese toro español va de todo lo contrario. Los ultras que acorralaron impunemente a varios cargos electos hace unas fechas en Zaragoza, han logrado ahora, al parecer, una nueva victoria con una campaña masiva para que Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, no fuera a recoger este sábado una medalla concedida por el Ayuntamiento. Lo último que se ha dicho es que no aparecerá en público.  Solamente por su procedencia e ideología tan contraria a la de ellos. Si esto sigue, es de temer dónde acabaremos.

El anticatalanismo está adquiriendo caracteres de xenofobia sin paliativos. A todo un pueblo. Lo detestan pero lo quieren rendido y atado. Estamos en el siglo XXI y no lo parece. Con políticos que llaman a obispos de mediadores, como hicieron PP y ERC. Ellos, con más criterio, rechazaron la oferta.

El lunes, cuando mayor era la tensión, llegó Felipe VI. Su discurso fue implacable, no dejó el menor resquicio al diálogo. Los sectores más conservadores de la política española le dieron un cerrado aplauso. Si la pareja real pasea estilismos por el mundo, incluso en la pérfida Albión, Felipe VI lanzó un mensaje ante el conflicto que ningún otro monarca europeo hubiera hecho y menos tan afín a los postulados del Gobierno. Con las diferencias de matiz en los casos que se quiera, la Reina Isabel II se declaró y mantuvo neutral en el referéndum para la salida de Escocia del Reino Unido. Londres pidió su intervención y se reafirmó en que era “un asunto del pueblo escocés”. Isabel II se comportó de igual forma con el referéndum para el Brexit que, aprobado, refrendaría con su firma. El simbolismo de Felipe de Borbón al colocar detrás y con bastón de mando a Carlos III -que prohibió que se enseñara catalán en las escuelas y la edición de libros en catalán- le retrató a él. Imágenes nada favorecedoras, en resumen. Carlos III fue un monarca que nació hace 300 años. Así de lejos estaba ya el nacionalismo catalán como conflicto.

Las llamadas al diálogo son ya apremiantes. El influyente semanario británico The Economist, otra de las grandes “biblias neoliberales” conmina a Rajoy a negociar en un durísimo editorial, con conocimiento de causa. Reclama un acuerdo que incluya un referéndum de independencia con todas las garantías. El presidente español “no está impidiendo la ruptura de España, sino acelerándola”, dice The Economist.

A Catalunya le están haciendo ya un Brexit fulminante y sin negociar -tampoco- las condiciones. Grandes firmas comienzan a marcharse de la comunidad. El Gobierno les facilita el traslado con un decreto ley, aprobado “a petición de varias empresas”. Grave irresponsabilidad por cuanto puede desestabilizar una fuga masiva, siquiera nominalmente. Apostar por hundir un territorio del país que gobiernas, lleno de ciudadanos, no puede tener sino un efecto boomerang. El PSOE no se opone. Ciudadanos, por supuesto, lo apoya. Las empresas se van adónde ven beneficio a veces con poco escrúpulo en la explotación de trabajadores.

La biofarmacéutica Oryzon registró grandes subidas en la Bolsa de valores al cambiar su sede central a Madrid el martes (aunque ahora baja). La ministra de Empleo, Fátima Báñez,  se congratuló de ello. A estos esperpentos estamos llegando. La de Empleo.

La última en desertar Caixabank, la Caixa, la gran Caja que muchos catalanes sentían suya. Se va a Valencia. El jueves anunció su traslado el Banco Sabadell, esa afortunada entidad a quien el Banco de España de 2011 (Gobierno Zapatero) adjudicó la CAM, Caja Mediterráneo –de las quebradas por gestión PP- por 1 euro. Y tras inyectarle 5.249 millones de euros de dinero público. Se dijo que era el mayor rescate bancario dado en España. Luego llegaría, con el PP, Bankia, haciendo saltar los récords. Estos se van a Alicante que tiene su lógica. Han seguido Gas Natural y otras hacen ya las maletas para cambio de dirección social y fiscal,  el empresariado catalán se ha convertido en actor preferente del drama. 

De cualquier modo, Marruecos o Bangladesh son centros de trabajo de empresas españolas, que se han deslocalizado para abaratar costes sin que se rompiera España ni nada. La economía se está viendo afectada, claro que sí. Y más que se verá de seguir por este camino. Esperen, si llegara a producirse, con un ejército aplastando sedición y rebelión por las calles. No será España al completo un lugar favorito para invertir, ni para viajar en vacaciones. Los próceres patriotas tendrán, entonces, que marcharse a ubicar sus sedes en Fráncfort o en las Islas Caimán  OffShore donde ya tienen muchos delegaciones.

Sería imprescindible que quienes se cuelgan de banderas con sana intención valoraran todos estos patriotismos. El caso es que aquí estamos. Plenos de tensión. En un clima bélico, según resaltan los medios audiovisuales. Enfrentados ciudadanos con ciudadanos, fuerzas de seguridad con unos y otros. Policía y guardia civiles son cuerpos disciplinados, cumplían órdenes con seguridad el domingo trágico del referéndum que no olvidará el mundo. Se les ha puesto en el disparadero. Las víctimas han reaccionado airadamente. Pero ha sido el Gobierno. El presidente Rajoy, el ministro Zoido, y la vicepresidenta Sáenz de Santa María. Forman parte, con Puigdemont, de políticos quemados en el envite.

Si el PP no se ocupó en absoluto de diseñar un modelo económico de país,  se dotó de todos los medios legales de represión como si se blindara a la contestación a sus medidas. Todo previsto. Un Tribunal Constitucional sancionador, y las Leyes y Códigos Mordaza. Faltaba la Ley Torquemada para censurar Internet a niveles de China o Turquía. Marta Peirano contó los detalles de este otro hito represor, mucho menos conocido.

Vean lo que avalan, pues. El conjunto completo. De ese depauperado Régimen del 78 que reúne a poco más de la mitad de los votantes y que quiere mantenerse y reforzarse apelando a reacciones muy primarias. Sobre todo del núcleo conservador. Van en el mismo barco, cuando caigan lo harán todos. De ahí la virulencia.

Las turbas anti Piqué dan una medida de la España a desterrar, de la que se deja impávida robar sus derechos y se moviliza por el anticatalanismo o cualquier espoleta visceral. La “mayoría silenciosa”, como tituló inicialmente El País, que grita el elaborado argumento del himno futbolero  “yo soy español, español”.  La España que no deja crecer a la que viene sembrada de futuro. Una y otra vez en nuestra historia.

España puede enorgullecerse de muchas más cosas que del toro y los crisoles o los tópicos de Campofrío, pasión de Ciudadanos. Se ama España no robando del dinero público, no votando a corruptos, defendiendo el bien común, fomentando los potenciales de todos, conservando los valores que merece la pena conservar y tratando de dejar ya en el desván lo que nos lastra. Apostar por leer a nuestros autores, embeberse de la cultura y la ciencia que hemos producido. Basarnos en la creatividad, en la imaginación, en el entusiasmo, que nos define.

Frente a todo esto, tenemos el bastón de mando y la mano dura, los golpes, la irracionalidad, la siembra del odio y del miedo. La irresponsabilidad que ha puesto en juego lo peor hasta lograr un esplendoroso desastre. Las imágenes deldesagravio rojigualda el domingo en Barcelona van a volver a dar la vuelta al mundo.

El despertar del “toro español” hibernado que nunca dormido, la vociferante mayoría silenciosa, la alianza del capital sin patria, derecha política y derecha mediática. La que prefiere aplastar a dialogar.  España unida o en partes ya no es el principal problema. Es España en sí, una cierta España.

Un paso más en la tensión: justificar la represión violenta en Catalunya

Si realmente pensaron el Gobierno y sus aliados que con la represión del 1 de octubre se acababa el problema que mantienen con Catalunya, estaban muy equivocados y volvían a evidenciar la irresponsabilidad con la que se han venido comportando. Solo los espíritus timoratos ceden ante la desmedida violencia, ni proporcional, ni justificada. Suele provocar la reacción contraria, reafirma las posiciones. Era cierto que “no tenían miedo”. Y siguen sin tener miedo, o siguen venciendo el miedo. Este martes, con huelgas y manifestaciones y cada vez más indignados.

La prensa internacional quedó tan impresionada por la violencia desplegada en Catalunya como muchos ciudadanos españoles, catalanes incluidos. “La vergüenza de Europa” tituló CNN, “Fuerza bruta”, en Italia, “Triturados” decían desde Finlandia, “El día de la vergüenza”, desde Escocia. “La derrota de Mariano Rajoy”, sentenciaba duramente Libération, en Francia. Un desastre para la reputación española, concluían quienes se habían dejado guiar desde lejos por la imagen proyectada sin ahondar más.

Puede haber muchos aspectos discutibles en el referéndum catalán pero en la brutalidad empleada para desmontarlo no hay ninguno. Por mucho que se empeñen. El gran grupo dominante está trabajando a fondo para anular ese descomunal error. De un lado, soltó a diversos portavoces -políticos y mediáticos- a decir que todo es falso. No hemos visto lo que hemos visto, ni en España ni en Helsinki por poner un caso. Ilusiones ópticas, sangre de atrezzo. Ancianas por los suelos que imaginamos. Policías saltando en una escalera sobre personas sentadas, de ficción. Y cuando ya clama la evidencia, disparan el balance de las fuerzas de seguridad que pasaron de 9 a más de cuatrocientos en un abrir y cerrar de páginas internacionales. Han llegado a escribir que El Cara al Sol de la Plaza de Cibeles tampoco existió. No lo enlazo. No lo merece.Pero aquí tienen la prueba. Adolescentes y no adolescentes.

La segunda acción -tan encadenada que se diría fruto de una consigna- es justificar la violencia. Ya chirrió alarmantemente en la mañana del lunes el desinterés por la cifra de víctimas que quedó fijada entonces en 844 heridos. Primaban entre esas élites de notables las bromas sobre el resultado del referéndum -celebrado con todas las trabas posibles-,  y luego sobre la etiología de los daños sufridos por los afectados. Lipotimias o mareos, también, vaya. El mundo lo ha visto y se ha conmovido e indignado, los paniaguados españoles no. Diré más: ni 844, ni 10, ni 1. Eran ciudadanos que querían votar, “Grupos organizados con el total apoyo logístico y material de toda una Administración autonómica”, dice una aterradora columna de El País. Grupos o personas armadas con una papeleta, un bolígrafo y mucho valor.

“¿ Dónde está la desproporción?” titulan la columna. Y nos explican pedagógicamente que “La opinión pública debe asumir con madurez democrática cómo funciona el Estado, cualquier Estado, ante la desobediencia de las leyes”. Si eso fuera así los ladrones del dinero público español, los corruptos, deberían estar molidos a palos. Dirán que estas cosas apenas se leen ya en España salvo los muy adictos pero sí se leen fuera de España, y sí está corriendo por los WhatsApp. Como el resto del movimiento para legitimar la represión violenta de ciudadanos indefensos. Hay un interés extraordinario en la calle por el tema, se reviven los tiempos de las radios en los comercios y las conversaciones continuas. Mucha preocupación. Y en lugar de tranquilizar a la población, se la encrespa.

Contienes el aliento a ver qué nuevo personaje se apunta a la justificación de la violencia. Cada vez más. Otro periodista, jefe de investigación de La Sexta, pide en Twitter que se vote negativo en Tripadvisor (que mide la calidad) a los hoteles de Calella, Barcelona, que echaron a los policías alojados. Sin contar que habían bajado a la calle la noche anterior, fuera de servicio y de paisano, a pegar con porras a los manifestantes. Ahí prendió una mecha que se extiende ya por muchos municipios de Catalunya. Los medios han aprovechado el espectáculo y García Albiol del PP se ha presentado en Calella a arengar a las tropas.

La Razón había explicado el lunes la estrategia. Las portavocías oficiosas del PP aportan muchos datos. Se trataba de “responder con firmeza al Golpe”, de castigar a unos ciudadanos que no tenían la advertencia previa de la violencia que les preparaban. Su sorpresa y su indignación evidencian el profundo bache que se ha abierto.

Quien justifica la violencia ya no tiene que contarnos nada más, lo ha dicho todo, se ha definido de cuerpo entero, de alma. En ninguna parte y por ningún motivo.

La causa parece estar, según explican en las cátedras de la información investidas de tertulias, en que el PP trabaja para “su base electoral”. Un preboste del partido ya explicó que se trataba de “dar hostias como panes a los catalanes”. Lo cierto es que ha aflorado esa derecha añorante del franquismo que vota al PP y pide más mano dura. Es cierto, pero no menos alarmante, que se trabaja sobre sectores que aseguren las sillas del poder en lugar de obrar por el interés general de la sociedad para la que se gobierna. Esperemos que no le pida al PP “su base electoral” sacrificios humanos o la toma del Portugal impío si les place. Es hora de hablar de principios éticos y no de intereses de partido exclusivamente. Lo peor es que no es el único partido que se comporta así.

El régimen del 78 se juega mucho. De hecho está en los estertores y morir matando es un clásico de las sociedades en decadencia e incluso del fin de los imperios, especialmente cuando fallan algunos escrúpulos. Llegaron a despedir de forma sumaria al Rey Juan Carlos, por sus muchos errores, a ver si salvaban los muebles pero el mal es mucho más profundo. Este artículo de Andrés Gil aporta historia y claves. Se resisten a aceptar el fracaso que ellos mismos se fabricaron. Ha habido muchos síntomas, Catalunya es uno esencial, no quieren enterarse que ya se ha ido. Una buena parte de la sociedad así lo entiende. Y no han querido nunca ni siquiera hacer el esfuerzo de comprenderlo. Es el gran trasfondo de la situación.

La intransigencia ha creado una enorme tensión en Catalunya. No son las Fuerzas Armadas sino el Gobierno que las manda y las mantiene en situaciones de crispación. El presidente, el ministro y la vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, cuya reprobación como coordinadora del operativo va a pedir el PSOE, si le deja el ala derecha que ya se remueve por la idea. Unidos Podemos apoyará esta reprobación.

La reacción popular contra los medios es otro clásico, en aumento, que no distingue entre las directrices y los profesionales que informan. Y carga injustamente responsabilidades viscerales. Dado que la desinformación daña, es imprescindible en este caos, revisar criterios y no seguir echando gasolina a las hogueras encendidas. Hay gente que lo quiere, bajo intereses espurios.

La imposición por la fuerza no es el camino. Se necesitan en Catalunya vías políticas, sobre todo para armonizar las distintas sensibilidades y preservar sin duda también los derechos de quienes no quieren la independencia. Rajoy no puede hacerlo. Nadie en el PP que calla o no cesa de insultar la inteligencia de cualquier rincón de España negando las evidencias. Que no deja de amenazar. Y de provocar.

El mensaje excepcional del Rey Felipe VI, en la noche de este martes, ha culpado duramente y en exclusiva a las autoridades catalanes de la situación. Deslealtad inadmisible, al margen de la democracia, ha dicho,  y apoyo a los catalanes descontentos con sus autoridades.  Nula oferta de diálogo. Mensaje alineado con el PP.  Probable anticipo de la suspensión de la autonomía catalana. No contribuirá, precisamente, a calmar los ánimos.

Las cartas están claras y sobre la mesa. Ahora ya saben fuera qué gobierno tenemos aquí, qué jefatura del Estado, qué políticos, qué medios de comunicación. Espero que dentro también y se saquen conclusiones. Y habrán visto, como nosotros, lo que están demostrando miles de catalanes. Fuera de la extrema tensión creada, para mí están siendo un ejemplo de coraje y dignidad, como actitudes humanas al margen de cualquier bandera.  Oído el Rey, les proyectan días muy duros. Pero todo futuro está por escribir.

 *Publicado en eldiarioes

Los días en que cayeron las caretas

Últimas horas antes de la batalla –que así la contemplan muchos-. El Rey Felipe VI, nos dicen, “ha despejado su agenda para seguir la crisis desde Zarzuela”. Gran despliegue de medios atentos a los detalles en lucha por las audiencias. En este partido se juega mucho. En esta democracia, más. Despliegue policial, restricciones en el espacio aéreo, desmesura sin fin. La escalada de tensión sigue, ahora con la querella de la Generalitat contra el Fiscal General del Estado y se prevé seguirá

Las posiciones están claras, más claras que nunca. En los últimos días han caído múltiples caretas. Y ya es un resultado nada desdeñable de la ficha que se mueve en Catalunya. En un tablero que se quiere inamovible aunque sea remachando con clavos cada esquina y cada figura. Contranatura. Eppur si muove (y sin embargo se mueve) dicen que dijo Galileo Galiei ante la Santa Inquisición después de que le hicieran retractarse de que la Tierra y los planetas giran alrededor del sol y no al revés.

 El fotomatón se encuentra a pleno rendimiento. Se han retratado hasta quienes están de habitual al margen de todo compromiso. Fuera de ironías, muchas personas se han visto impelidas a significarse. Por lo que entiendan que se juegan. Políticos profesionales también. Albert Rivera, Inés Arrimadas, Ciudadanos y todos sus líderes, se han empleado a fondo en recoger apoyos a Rajoy, sin el menor disimulo. Algunos destacados miembros del PSOE, también.  Susana Díaz, desde Andalucía, no ha desperdiciado la ocasión de demostrar cuan cerca está del PP. Y lo feliz que le haría un gobierno de concentración como a varios de sus colegas.  La galería de ilustres del pasado se ha prodigado en declaraciones a juego, en la gama de 23F a Paz franquista.

El propio PP ha actualizado su foto, con su actitud represora y el striptease integral de su vídeo Hispanofobia. Un agrupamiento de declaraciones para fomentar el odio y el enfrentamiento con selección y omisión premeditadas. Sí, los independentistas también han ido a cara descubierta. Y los medios, en plan descarnado. Pura militancia en muchos casos. Entrar en algunos de ellos es como una inyección de adrenalina y violencia.

Todo un poderoso bloque que no entiende triunfo sin humillación. Los ciudadanos se han apuntado de igual modo, arengados por ellos o por propia iniciativa. Y así puedes encontrarte a viejos luchadores por los derechos y libertades dispuestos a infligir un severo castigo a Catalunya. No sé sabe si en todo o por partes.

Las noticias sobre incautaciones de material democrático, como urnas o papeletas, utilizan el mismo lenguaje que para los alijos de drogas. Se ha detenido a políticos, se ha llamado a testificar a casi 900 alcaldes, se podría llevar al calabozo hasta al presidente de Catalunya, Carles Puigdemont. Multas millonarias y hasta 600.000 euros por estar en una mesa electoral. La fiscalía pide vigilar a los niños, trazar sus perfiles, por si van a manifestaciones. Fichas y seguimiento policial y judicial desde niños. Y mucha gente lo ve normal. El poco aprecio por la democracia, por los propios derechos y libertades, es otra de las grandes fotos reveladas estos días.

Porque no nos engañemos, mucha gente en España detesta a los catalanes, hasta por su acento. Del mismo modo que a mucha otra no le caen bien los andaluces. Ni los vascos. Y cuelgan distintos carteles a los demás. Atribuyen a todos los defectos que les desagradan de unos pocos, el tópico hecho categoría. Es lo que tiene la España una, grande y libre en la que se empeñan.

En los permanentes puntos oscuros del conflicto está la legalidad o ilegalidad de la consulta y, en su caso, la hipotética independencia. El magistrado y miembro de Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch los resume aquí. Pero llama atención que quienes no han dejado de cambiar las leyes a su conveniencia desde el Estado hayan visto como problema insoluble introducir modificaciones para hacer esa consulta legal. Hablamos de los Constitucionalistas del 135 que, insistamos, metieron en nuestra Carta Magna la prioridad absoluta de los acreedores del Estado sobre las necesidades de los ciudadanos.

El PP se hizo con leyes que hoy le ayudan en su gestión: la ley Mordaza o la Reforma del Código Penal con su Pacto antiyihadista que permite castigar con penas elevadísimas a un cajón de sastre en el que caben hasta titiriteros, según en manos de quién caiga. Con consenso de PSOE y Ciudadanos. O el convertir al Tribunal Constitucional en un órgano sancionador que incluso le permite estar de guardia en fin de semana. Años en emitir sentencias y ahora trabaja en festivos. Y lo que más está llamando la atención en el exterior –por si nos sirve de algo- es la sin igual actuación de la Fiscalía.  Lean a José Precedo y decidan si es sostenible la permanencia de Maza en el cargo, y si puede estar en su mano manejar graves delitos como la sedición o la rebelión.

En el exterior, se empieza a contemplar con preocupación la desproporcionada actuación del gobierno del PP. Aunque también aquí se van retratando en opiniones diversas mandatarios extranjeros. Ni Trump en su foto con Rajoy se significó demasiado. El envío masivo de policía y Guardia Civil, los recortes de libertades, tienen importancia para algunos. Expertos de la ONU instan a España a respetar los Derechos Humanos.  Y son ya numerosas las voces que piden una solución negociada, el último por ahora, Tajani, el presidente del Parlamento Europeo. Un editorial de Financial Times, muy destacado en sus preámbulos sobre la ilegalidad de la consulta, pedía volver a los compromisos del Estatut que “pulió” el PSOE y contra el que luchó férreamente el PP. Siempre llegamos a la foto final: el PP. Pero no la misma: aquí le tienen defendiendo la consulta porque en aquellos días le venía mejor atacar al gobierno a Zapatero.

Los ciudadanos bien educados no dejan de pedir críticas “al otro” y hablan de bandos. Nunca los bandos tienen las fuerzas equilibradas, ni inician las hostilidades al mismo tiempo y con igual intensidad. Volvemos a equidistancias imposibles. Miles de páginas y voces dan la palabra y el abrazo al “bando” con más posibles y a lo que tapa del otro. La batalla de esos catalanes en la calle, de los estudiantes sin miedo, empieza a ser una lección. Dado el tratamiento aplicado a su voluntad de decidir.

Las caretas han caído. Y lo peor es que ha aflorado la España de las tinieblas. La que cuelga banderas de una sociedad a la que no defiende. Las despedidas las fuerzas de seguridad como si fueran a combatir en Afganistán, con discursos de jefes civiles y sus “A por ellos” de los espontáneos nos han hecho regresar a las catacumbas. La España que se arroga la representación de todos. Con esos ejemplares que apenas saben esbozar una idea coherente, ni siquiera expresarla. Dura España terrible, temible, aborrecible, irascible, insufrible, España inamovible, imposible, impasible, como escribió Alberti.

Demasiadas cortapisas para que el referéndum de Cataluña pueda celebrarse con garantías. Pero habrá que hablar después. Va a tener repercusiones incluso en la UE. Otros territorios quieren independizarse de sus países. Una Europa débil por sus errores, que se resquebraja en Brexit y desequilibrios, pretende aparentar que nada ocurre. Como aquí.

La foto final del domingo, 1 de Octubre, es decisiva. Todos los que han contribuido a elevar las tensiones al extremo, están tocados y deberían irse. El primero, Mariano Rajoy, por su intransigencia y siembra de conflictos. Por el ambiente bélico que ha creado. Es el principal culpable. De entrada no ocurrirá así, pero les va a pasar factura. Adelantan que hasta podrían sacar al Rey a tener su foto asimilando el 1-O con el 23F. Debería ser prudente.

Fuera las caretas, en los salones quedan retratos a lo Dorian Grey. La España de Rajoy y su larga corte, con Cataluña y en el mundo, podría plasmarse en la respuesta dada este viernes por el embajador español a un diputado finlandés, Mikko Kärnä, favorable al derecho a decidir en Catalunya: “Sí. Ok. Pero si un día Finlandia tiene problemas de seguridad y necesita la solidaridad de los socios de la UE, vaya a buscar la solidaridad a Cataluña”.  Un embajador.

Nada será igual. Se han dicho y hecho cosas terribles. Se han disparado miedos, ataques y crispaciones. Mucha visceralidad y escasa razón. Se han despertado ilusiones y reivindicado dignidades también. Se pueden ver más verdades y menos hipocresía. Las fotos están claras en el andén. Algunos de los protagonistas no saben que, pase lo que pase el domingo, ya han perdido el tren.

Cómo se fraguan los desastres

Entra la extrema derecha neonazi en el Parlamento alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Con fuerza: 88 diputados. Pierde escaños el bipartidismo, en particular los socialdemócratas de Schulz, que cosechan el mayor fracaso desde aquella aciaga fecha hace 80 años. ¿Cómo habrá podido suceder?, se preguntan los aposentados. Básicamente, con políticas de incremento de las desigualdades, desvirtuando la verdad y no queriendo ver las evidencias. La consecuencia es que se propicia lo que se dice combatir. Y así ocurre en gran parte de los temas trascendentales por no decir todos.

La rica Alemania ofrecía dos versiones en la prensa. Una crítica y otra que cantaba las maravillas de un país en el que todos eran felices y hasta, sobrados de pleno empleo, buscaban trabajadores para acogerlos en el idílico paraíso. La realidad se ha impuesto en los resultados electorales. Hay mucha gente descontenta, incluso desesperada.

Luego hay que entrar en detalles. Publicitaron el Efecto Schulz como la gran panacea. “ El ‘efecto Schulz’ pone contra las cuerdas a Merkel en los sondeos ”, titulaban  arrebolados vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.  La euforia reinaba en las filas socialdemócratas tras secundar durante años las políticas de Merkel con ligeros retoques. ¿Cómo se habrá despeñado en votos? El partido de Merkel también ha sufrido enorme pérdida, un millón.

El bipartidismo menguante y su tenaz prensa de apoyo creen que basta publicitar profusamente sus deseos para que se conviertan en realidad, en contra de la realidad. De forma que terminan propiciando un fiasco. Fomentando lo que les causa alarma. En este caso, que la extrema derecha entre en el Bundestag.

España es otro ejemplo. El Efecto Sánchez lleva el mismo camino que el Schultz como el PSOE no deje de ponerse de perfil en los asuntos cruciales. No es un camino de rosas lidiar con la potente y nutrida ala derecha del partido pero no sirve de excusa. Sánchez habla por fin para buscar la equidistancia imposible que en nada influye en los preocupantes hechos que se suceden. Rodríguez Ibarra pide a Sánchez que forme gobierno con el PP, sin complejos. Gobierno uno, grande y libre. Alemania, la última derrota en sus filas, no les sirve de ejemplo. Albert Rivera se apunta y se incluye en el pack. Son los “gobiernos de concentración” sin ideología dominante en apariencia. En la práctica, conservadores, ultraliberales en lo económico y autoritarios. El líder de Ciudadanos pide suspender libertades: limitar y cerrar  las redes y páginas sin intervención judicial en un hipotético estado de excepción. Sus prelaciones están claras. Siempre lo estuvieron. Y aún andan destacados socialistas repitiendo que Pedro no es presidente porque no quiso Pablo.

Un personaje como Rajoy, un partido como el PP actual, pone peliagudo el apoyo del que disfruta sin sacar los colores. Este miércoles todas las portadas de la prensa de Moncloa y Corte traerán la foto de Rajoy con Trump. El presidente más desprestigiado de la historia de los EEUU. Con grandes afinidades con el nuestro, sin embargo. A los ciudadanos nos costará caro en compra de armamento. Y hasta en imagen: Trump no da precisamente prestigio. La preocupación por Catalunya se desvanece para Rajoy al cruzar el océano para esa promoción personal. Nos cuentan que Rajoy le ha pedido a Trump, el mesurado, ayuda con el tema de Catalunya. Se suma a la historia de los peligrosos esperpentos que ya nos brindó otra afamada pareja: Bush&Aznar.

El domingo en Zaragoza ocurrió un hecho de enorme gravedad. Unos 300 ultraderechistas con banderas de España, aguiluchos y rancia agresividad cercaron una reunión de cargos electos en busca de un acuerdo político para Catalunya. Con alcaldes dentro, incluso el de la propia Zaragoza. Con la presidenta de las Cortes de Aragón a la que dieron un botellazo. Un grave delito en las leyes que se mercó el gobierno. Se ha sabido que al menos un dirigente del PP de Zaragoza participó en el asedio. Y que policías nacionales se convocaron por WhatsApp para comentar e insultar y que algunos participaron en el cerco.  Es inadmisible en un Estado democrático, son garantes de la seguridad de todos los españoles.

No ha tenido apenas repercusión, no la que merece una agresión de tal entidad. Los medios de apoyo le dieron un tratamiento menor y llegaron a calificar a los acosadores de “manifestantes” o “ manifestantes por la unidad de España“. No es política, la afectada es la democracia. No había policía suficiente para proteger a los reunidos, lo prioritario es que no se vote en Catalunya. Salieron entre insultos y escupitajos varias horas más tarde.

En la Alemania que va a sentar a los ultras en el Parlamento no gozaban de la tolerancia que tienen en España. Todo avisa. Intensamente, a veces. Y más cuando se siembran bidones de gasolina y cerillas.

Buena parte de los políticos de la asamblea celebrada en Zaragoza eran de Unidos Podemos o las Plataformas. Grupos que han mostrado una cierta tibieza con el proceso catalán y que ahora piden un acuerdo político. No deja de ser curioso. Los ultras no van contra los independentistas por mucha bandera que agiten, van contra la izquierda que pone en peligro el bipartidismo blindado, sus intereses. Todavía prensa y políticos culpan a Podemos del proceso independentista que ya es manipular la realidad. Su modelo está en crisis le den las vueltas que le den.

Miren a Alemania, a la que ha vuelto a meter en el Parlamento a la extrema derecha. A lo herederos de aquel genocida llamado Adolf cuyos pasos políticos fueron de estricta legalidad, por cierto. Hasta que dejaron de serlo. Dense una vuelta por Hungría y Polonia, paraísos ultras y  “ la oposición europea a Merkel“, según ABC.  Ambos gobiernos reprochan a Alemania que se les esté culpando por triturar el  Estado de Derecho. Echen un vistazo a la América de Trump. Son un mapa de futuro.

Analicen la España que pierde derechos a manos del PP. Ayudado por partidos que no ven hora de implicarse en serio en lo que nos estamos jugando. O por una pléyade de establecidos, notables en las prosapias de la divinidad culta. Avalar de facto la política incendiaria de Rajoy en Catalunya, del fiscal que nombró y reprobó el parlamento, es toda una declaración de principios. Menos mal que Pedro Sánchez le ha dicho al Fiscal Jefe Mena que sea prudente.

 Las despedidas a la Policía y Guardia Civil e n vario s municipios españoles como si fueran a la guerra contra los catalanes evidencian un problema serio .  El “ A por ellos” de Huelva en particular o el de Castellón son hijos del cerril y arcaico franquismo sociológico que se fomenta desde el pensamiento oficial. El líder del PP castellonense se apresuró a difundir la gesta. La subdelegada del gobierno en Huelva  se apuntó a la cruzada. Al delegado regional en Andalucía estas despedidas le emocionan.

Portada bélica de ABC
 

La portada de ABC del martes, bélica, entiende el diálogo como imposición y derrota, el triunfo como humillación.  “Trapero acata pero no se cuadra”. 2017. Siglo XXI. Pregúntense otra vez qué hacen los neonazis tomando decisiones en el Parlamento alemán.

Lo del “ya te avisé” no suele funcionar. Pero todo esto vino de mucho antes, se vio venir y se dijo. El futuro llega como una bala: vamos camino del desastre por esta senda. Aunque se hagan los sorprendidos una y otra vez los cómplices de la situación. Llega un día que en el que los agraviados, los perdedores de sus victorias, se hartan e incluso empiezan a ver a través de las banderas. Ellos son nuestra esperanza.

La equidistancia no existe

Los viejos amigos de Rosa Parks también lo éramos de Desmond Tutú, otro personaje que puede arder en los altares de la ira por hacer y decir cosas inconvenientes. O por ser mencionado, las sensibilidades andan a flor de piel. El arzobispo sudafricano, pacifista, beligerante contra el apartheid, osó decir: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Fue una de las personas que mejor definió que la equidistancia no existe. Su búsqueda sí, de ahí que la justicia lleve en su mano una balanza. Humanas aplicaciones, trampas sin fin en los países corruptos, defectos de fabricación, terminan por privar de la exactitud matemática al punto medio. Cuando no lanzan las posiciones al extremo. El peligro de mirar al horizonte torcido es que se equivoca el fin y el camino.

En la tarde de este martes, PP, PSOE y Ciudadanos han hecho una filigrana curiosa: el Congreso en pleno ha votado a favor de no vender armas a países donde haya represión interna y violen los derechos humanos pero los tres partidos han bloqueado que se vete a esos países. A Arabia Saudí e Irak que son bien principales. A estos que no se los toquen. Tras declarar secreto el acuerdo militar, ahora “bloquean el veto al rechazo”. ¿Me siguen? Equidistancia pura, cero grados, ni frío ni calor. Solo que las bombas seguirán cayendo y la persecución del disidente se seguirá ejerciendo. A sangre y dolor, aunque no lo vean. Se han situado al lado del opresor. Con suma elegancia, eso sí. Los grandes medios tampoco están para estas menudencias con lo caliente que se mantiene el asunto de Catalunya.

Rufían –dicho a la persona del mismo nombre-, franquismo, brujas malas, secesionismo, vanidad, banderas del aguilucho que traen la paz, irrelevantes, burdas tergiversaciones, posverdad, carteles señalando alcaldes, portadas señalando políticos, odio, excepción, 23F. Hay que entrar en las webs de los medios o conectar las televisiones tras tomarse dos tazas de tila. Algunos de sus firmantes se verán muy juiciosos y equilibrados, sin duda. Como los mil cultos que han firmado un manifiesto para invitar a no votar en el referéndum porque se ha hecho todo mal.  Toman partido explícitamente, unos pocos lo hicieron en varias causas necesarias, a otros nunca les vimos. Creían mantenerse en el confortable punto medio.

“Machista y fascista asqueroso”  le ha llamado a Ignacio Escolar un individuo al que pagamos con nuestros impuestos en TVE, Javier Cárdenas. No le gustó que criticara el sexismo de su programa Hora Punta. El ministerio de Cultura ya tiene candidato para heredar el Premio Nacional de Televisión de Pablo Motos, al que se le ha concedido este año. Si sigue este Gobierno, que seguirá por la exquisita equidistancia de quienes lo hacen posible. Los mismos siempre.

Como Google, que me ofrece desinteresadamente al conectarme en el móvil noticias del estercolero mediático. “Toni Cantó deja en evidencia al rastas de Podemos”, “Marhuenda estalla ante Javier Sardá”. Ese sórdido mundo que entra por las pantallas a invadir cerebros desvalidos para que lleguen a las manos en sus posturas enfrentadas respecto a Catalunya, mientras les roban su vida y su futuro. 5,4 millones de ciudadanos viven en España con menos de 6.000 euros al año. La cifra ha aumentado. “Al camarón que se duerme se lo lleva la corriente”, pregunten a Rajoy que de refranes sabe mucho. Y, su equipo, de adormideras.

La estridencia de la que hablamos esconde otras posiciones de similar violencia con etiquetas de equidistancia moderada. Y es que siempre se toma partido. Las gradas del que se juega en Catalunya están repletas y brillan al sol sus apuestas. ¿23F? por favor, tengan un respeto por las víctimas de nuestra historia, más aún por estar tan cargada de pronunciamientos. Los fusiles de asalto no se venden en las urnas. Igual más en los bloqueos de los vetos.

Empezó con un “este dice, el otro dice” para que el consumidor se surtiera de opiniones al gusto y no de datos. Y ya vale todo. Juana Rivas, la madre que no quería entregar a sus hijos a su exmarido maltratador, condenado por la justicia como tal,  fue otra víctima de la mal llamada equidistancia. Sus hijos más, ahora están con él. Cada día y cada hora.

Hace años bautizamos a esta degeneración de la equidistancia, como equidistania. En Escolar.net. Y en Equidistán, el país de los equidistanís, el maltratador estaba en el mismo plano que el maltratado, la víctima a la par que su verdugo. Peor, algo habría hecho para merecerlo. Los grandes atropellos en la consideración de las infracciones nimias en los juicios mediáticos. Siempre al lado del opresor.  La situación ha empeorado gravemente. Una política destacada como Inés Arrimadas, que sufre intolerable insulto en un tuit y recibe múltiples apoyos de todo signo, se permite decir a otra, Anna Gabriel, amenazada de muerte a través de pintadas en la puerta del edificio donde va a hablar ¿Qué esperaba?, tan concluyente de su personalidad y objetivos. Y no ocurre absolutamente nada. A mi se me heló la sangre en las venas, no soy nada equidistaní.

Cada acto de nuestras vidas implica una elección. Lo exigible es la honestidad y el equilibrio. Equidistán está dejando una niebla turbia que distorsiona el horizonte.

*Publicado en eldiario.es

eldiario.es, periodismo en tiempos difíciles

Los que hacemos posible eldiario.es en la redacción de Madrid

eldiario.es cumple 5 años en un momento especialmente intenso que invita a reflexionar sobre el periodismo y sobre la sociedad a la que sirve y en la que se desarrolla. De todo lo sucedido en este lustro, lo que parece más grave es la pérdida de referentes. Cómo se fue gestando la confusión para que haya dejado de ser rotundo el valor del propio periodismo, de la verdad, de la justicia, e incluso de la democracia. Los pilares existen aunque no del todo nítidos en esa nebulosa.

Cuando nació eldiario.es la España de la indignación había sido vencida por la que decidió darle mayoría absoluta al PP en elecciones municipales, generales y europeas. Todo el poder. Empezábamos a sufrir los drásticos tajos de la tijera en todo lo que sostiene el Estado del Bienestar, la peculiar forma de venderlo, un quitar que parece un dar. Estalló por desbordamiento la corrupción. Emergió de nuevo la protesta en otra forma de ejercer la política. Y al final el PP sigue mandando con una minoría que apenas se diferencia de la mayoría absoluta, sostenida por unos medios que cada día se alejan más de su razón de ser que en absoluto es convertirse en una extensión del poder. Añades banalidad y relajación del rigor y la suma da negativa.

El periodismo siguió su degradación. Pasó de las ruedas de prensa sin preguntas a las comparecencias por plasma del presidente del Gobierno. De verle huir de los periodistas por los pasillos del Senado, a ensalzar la soberbia que despliega actualmente en sus comparecencias parlamentarias. Los medios en crisis ya venían perdiendo audiencia y prestigio, se prodigaron despidos selectivos, cierres y EREs.  De sus víctimas surgieron periódicos de Internet con propósito de ser competitivos. Buscando las rendijas de la posibilidad como había anticipado el gran teórico John P. Barlow. Uno de los primeros, eldiario.es fundado por Ignacio Escolar tras ser despedido de la dirección de Público. Más de trescientos medios de Internet se pusieron en marcha en estos años, con mucho esfuerzo y desigual fortuna.  La oferta informativa, el periodismo, se ha transformado con ellos.

Asistí al nacimiento de eldiario.es desde el principio. A la sensatez, preparación y entusiasmo del equipo inicial. Formé parte hasta de la “precuela”: Zona Crítica se publicó a partir de Mayo de 2012, abriendo paso a eldiario.es que se estrenó el 18 de septiembre. “Aguirre se va retando a Rajoy” y “El oscuro rastro del sucesor, Ignacio González” fueron noticias del día. La viñeta de Manel Fontdevila lo completaba. La economía con “El banco malo comprará activos tóxicos casi a la mitad de su valor”. Reportaje destacado “La Alemania que no se ve”, la precariedad en el país que domina la UE y nos ponen de modelo. Parece que fue ayer. Y cuántas cosas han cambiado.

eldiario.es contenía desde el inicio focos poco usuales en los medios: Desalambre, el blog de los derechos humanos,  activismo y libertad de expresión. Con el tiempo se incorporaron otras secciones infrecuentes y que valoro como lectora: El Caballo de Nietzsche por los derechos de los animales, Retrones, visibilizando la discapacidad, por ejemplo. Y, poco a poco, se hizo apuesta clara por valores indispensables como la defensa del feminismo.

Las historias se trazan día a día y así han pasado cinco años completos. El propio Nacho Escolar destacaba las noticias exclusivas que cambiaron el rumbo diseñado de algunos atropellos. Con narices solemnes que se inflaron al ser descubiertas. Aunque falta mucho por hacer, muchas voces para informar sin coartadas. El periodismo independiente nunca fue fácil.  En algunos momentos se torna realmente complicado.

La apenas una decena de periodistas de los primeros tiempos se han convertido en 70 en la ahora amplia redacción y, en el doble, contando las ediciones locales. Una redacción joven, con ideas e ímpetu. Los socios son ya más de 21.000, con lo largo que parecía el camino hacia los 5.000 primeros. Compruebo, por los comentarios, que muchos se sienten realmente involucrados en el proyecto. Produce una cercanía estimulante. Se entendía bien que en el kiosco se pagan los periódicos de papel, pero no se compra ni papel ni pantalla, sino su contenido.

Si todo pudo ser menos difícil, en el periodismo he sido una auténtica privilegiada. Trabajar en Informe Semanal cuando era un gran programa de reportajes, comprometido y valiente como pocos. Colaborar en El País cuando suponía el cénit y enorgullecía hacerlo. O formar parte de eldiario.es, un medio renovador, el periodismo real en el siglo XXI, que se ha vuelto indispensable a través de estos cinco años de vida.

Resalta aún más si se mira alrededor. Cuando veo las peripecias que pasan otros periodistas, sus sonrojantes cesiones, pienso lo afortunada que soy por estar aquí. Otra vez. Escribo sobre el tema que elijo, lo que quiero, como quiero, según mi propio criterio. Reconozco que dada la escandalosa actualidad y los tiempos que corren, a veces son de temer reacciones. eldiario.es las afronta. Oigo a periodistas quejosos de las críticas a la peligrosa involución que sufrimos los ciudadanos en España, ellos halagan al poder con total libertad.  Publico en Zona Crítica con gente honesta, a través de opiniones diferentes que a veces no comparto y a veces me entusiasman. Me siento parte de lo que eldiario.es implica.

El periodismo es esencial en tiempos difíciles como estos.  No es opinable -por mucho que se grite- que estamos perdiendo derechos, es una realidad constatable. Los derechos se ganan todos los días y el derecho a la información veraz es básico porque termina siendo instrumento para llegar a los demás, para saber por qué mantenerlos. Seguir relativizando valores esenciales, la verdad, la democracia, la justicia, nos conduce al abismo. Hay que seguir andando en suelo firme, con bases sólidas. Considero necesario apoyar el periodismo honesto. Yendo al kiosco virtual, haciéndose socio. Gracias, si eligen el nuestro. Y gracias sobre todo a los que ya están ahí cada día.

*Publicado en eldiario.es

Un paso atrás en la reforma para una RTVE independiente

Roto el consenso en el Senado, la ley para la reforma de RTVE parece encaminarse a mantener hipotecada la televisión pública estatal.  El aumento de la manipulación en los informativos o los nombramientos unilaterales ya mostraban la escasa inquietud del PP por perder su hegemonía en el medio. Y este miércoles su estrategia dio la cara en el Senado. Y reveló qué otros partidos colaboran.

A instancias del PP, la elección del director de RTVE debe ser apoyada por dos tercios del Congreso en primera votación (234 diputados) o por tres quintos en la segunda (210). Y se ha suprimido del texto acordado por consenso en el Congreso que sea “imprescindible el apoyo de cuatro fuerzas parlamentarias”. El PSOE se abstuvo. Ciudadanos verbalizó lo que esto implica: que basta el acuerdo de PP y PSOE para el nombramiento.

El otro cambio significativo cifra en diez el número de miembros del Consejo de Administración. Paritarios, eso sí. En caso de empate, el voto de calidad del director prevalece. Es decir, se le dota de un poder añadido. El portavoz del PSOE, Oscar López, dijo que  la ley daba respuesta a la gubernamentalización de RTVE y lo logrado “no es la solución total, pero es un gran paso”.  Cabe preguntar por qué no es la  solución total, qué lo impide, cuando ya  había un acuerdo mejor en el Congreso. El PSOE niega que haya pactado con el PP e insta a revertir en la Cámara baja las modificaciones la próxima semana cuando se apruebe la ley, sin explicar sus diferentes posturas.

Es verdaderamente notable que los partidos que mantienen a Rajoy en la Moncloa y, como consecuencia, q ue son cómplices de que la radiotelevisión pública sea una vergüenza expresen quejas y resignaciones por lo que está en su mano cambiar. El PP tiene mayoría en el Senado pero no en el Congreso si estos partidos quieren. RTVE no vive una época normal, la tergiversación de los hechos y la servidumbre al PP  llenan páginas en la historia de la desinformación interesada. El Consejo de Informativos no deja de denunciarlas.

Los telediarios ocultan o desdibujan noticias que perjudican al PP, en particular las que les implican en corrupción, según estos informes documentados. Rajoy en la Audiencia Nacional respondiendo en el proceso de la Gürtel se situó detrás del bloque de internacional. Cuando compareció en el Congreso por la misma causa, abrió los informativos resaltando con gran despliegue sus palabras y su imagen sobre las de sus oponentes.  Contabilidad no oficial, llaman los telediarios a la caja B de dinero negro. Inflan las noticias económicas para resaltar la creativa versión del PP sobre el paro, las pensiones o el crecimiento económico, ocultando los factores negativos que cambian el contenido. Han llegado a emitir un ideario del PP –de los que se suelen distribuir para uso interno- como noticia.

Cifuentes declarando por la corrupción del PP en Madrid aparece bajo el rótulo “reafirma su compromiso con la honestidad”. Hacen campaña declarada contra los adversarios del PP, contra Unidos Podemos en particular siempre teñido de venezuelas o relegado en las rondas de opiniones. Las tertulias han agravado sus mensajes. Esta misma semana en “La noche en 24 horas” se sugirió con escaso eufemismo que la alarma por una furgoneta en la Sagrada Familia de Barcelona que emitieron los Mossos era un ardid de campaña por la independencia.

Cuando hay un informativo modélico, como es la 2 Noticias, destituyen al director. Acaba de ocurrir con José Luis Regalado. En el entretenimiento, nos brindan una “Hora Punta” en la que Javier Cárdenas promociona a todo friki investido de experto que encuentra. Esta semana uno aseguró que los huracanes los crea el hombre sembrando productos químicos en las nubes.

No tiene explicación alguna apuntalar al PP en su gestión de la televisión pública. Todo lo contrario, esta etapa maldita debería ser punible. En ella, además, se está ensombreciendo el trabajo de buenos profesionales que han de ejercer su labor en medio de dificultades inadmisibles. TVE desborda bruma desde las pantallas y muchos ciudadanos han dejado de verla. Desentendiéndose de que es suya. Si algunos practicamos a ratos ese esfuerzo, es para saber qué ven los entre 1.700.000 y 2.300.000 espectadores que siguen las distintas ediciones de los telediarios.  Gran parte de ellos no se enteran de hechos que les afectan. Han adquirido una visión distorsionada de la realidad. Con consecuencias. La desinformación está en la base de grandes disfunciones que se engullen.

La información y el ocio están cambiando a ritmo vertiginoso a través de Internet y de las plataformas de vídeo a demanda, pero hay millones de personas que prescinden de estas herramientas. Hace un año el CIS reiteraba que un 51% de los encuestados jamás usa Internet para informarse de política o sociedad. En cambio, el 65% atiende todos los días las noticias en radio o televisión.

RTVE ha tenido dos grandes períodos de independencia. Por consenso de todos los partidos con Fernando Castedo, e Iñaki Gabilondo en los informativos. Unos meses en 1981, agostados por el presidente Calvo Sotelo. Y en la etapa de Zapatero, en particular con la dirección de informativos de Fran Llorente. Por acuerdo de PP y PSOE que sumaban el 77% del electorado. En el resto, y con gobiernos socialistas y conservadores la manipulación fue también estandarte de la Casa, con mayor o menor intensidad.

Vivimos difíciles tiempos para el periodismo. Ostensibles intereses influyen en la información. Una televisión pública que ofrezca, en competencia, el servicio a los ciudadanos y mayor imparcialidad, no se puede conformar con “un paso”.  En la tierra del mal menor tenemos amarga experiencia de problemas enquistados. Es una peligrosa tentación postergar las soluciones necesarias por cuotas pírricas de poder.

1-O: sube la apuesta por la crispación

Faltan 19 días para el 1 de octubre, fecha en la que el Gobierno catalán se propone celebrar un referéndum de independencia contra todas las trabas que pueda oponerle el Gobierno central. Aún 19 días. Asusta pensar qué nos queda por ver, visto lo sucedido hasta ahora. A estas alturas de la contienda, será difícil encontrar quién no tenga su propia opinión formada o formateada. Lo grave es la escalada de tensión a la que se ha llegado, los niveles de ridículo incluso alcanzados, y lo que cabe deducir de las menos explícitas motivaciones de la refriega.

Si notable es la falta de previsión con la que desde la Generalitat se han plantado a las puertas del 1-O, la imagen de urnas requisadas que ordena la Fiscalía es un dislate de gran impacto, local e internacional. Por no hablar de los políticos –de distintos partidos- que apostaron por romperlas, quien sabe si a martillazos. Alarmante en alto grado la supresión por orden del juez de un acto a favor del derecho a decidir en Madrid tras un recurso presentado por el PP. Son signos llamativos, no únicos, de una campaña que ha perdido el horizonte en fondo y formas.

En el imaginario costumbrista de la derecha se encuentra muy arraigada la unidad de España. Lo que no quita para que -española y catalana, vasca y canaria-, la derecha sepa organizar sus prioridades en terrenos de puro pragmatismo. Vean ustedes lo bien que se llevan para mantener en el gobierno a Mariano Rajoy, ha recibido apoyos de todos ellos. Uno de los jóvenes valores del PP, Antonio Casado, nos ha explicado que este grupo son “los buenos”. En el caso de la derecha catalana son “los buenos” en España pero “los malos” en su propio territorio, según se deduce de la elaborada tesis intelectual de este destacado portavoz de los populares.

A la unidad de España se adhieren muchos otros ciudadanos de toda ideología por un atávico sentido de pertenencia. La tierra suele tirar del alma. En naciones completas y por partes. Patrias y banderas han sido la gran coartada para las más cruentas conflagraciones de la historia. Pero que nadie se confunda, el amor a un país, el amor en general, tiene mucho más de entrega, diálogo y compromiso que la guerra a la que estamos asistiendo. Ataques, emboscadas, campos de minas, más que amor sería un mal divorcio, un deseo de amarrar o soltarse por los santos reaños y, por encima de todo, asegurar el reparto de bienes.

Ciertamente, “los buenos” alojan en sus armarios tramas de corrupción como Gürtel, Púnica, Lezo, Acuamed, Nóos, Palma Arena, Baltar, Bárcenas, Brugal –esta era muy vistosa con osos saltando por las basuras-, Emarsa y así hasta 60 por parte del PP. Aquí tienen una reseña bastante rigurosa. Sin olvidar los ERES de Andalucía por parte del PSOE. Los malos de Cataluña, buenos de España, también cuentan con sus casos: Pujol, Liceo, Prenafeta, Palau, ITVs, Madre Superiora, Espías, Novias dicharacheras. Pueden consultar la reseña, algo más somera dada la extensión del territorio.  Por haber ha habido hasta muertos oportunos. En las buenas familias, las familias de “los buenos”, ya saben que resulta poco elegante sacar estos trapos sucios.

Y consecuencias. Políticas para la desigualdad, desprestigio de las instituciones, trampas y dobles varas de medir que anegan los papeles de la legalidad.

Todo estaba perfectamente organizado, lo está, y saltaron los sentimientos nacionalistas arraigados –se quiera o  no-, los agravios que tantos independentistas han forjado, y cambió el escenario.  Soy de quienes piensan que debía haberse celebrado un referéndum como lo hizo Escocia y más a menudo Quebec. Con garantías. Y que habrá de hacerse alguna vez. Pero con Rajoy y esta derecha es imposible. En principio a Artur Mas no le convenía -pensar que es independentista  resulta dudoso- pero la bola había comenzado a rodar.

Ahora la guerra oculta, la de siempre, la de los intereses, la de sentar las gónadas, va en serio.  Ha llegado el momento de las definiciones e indefiniciones significativas. Ante una conflagración de estas características caben dos posturas esenciales: espíritu crítico o la confortable comodidad de estar con “los buenos”.

Se invoca la violencia bajo la sombra de la profecía autocumplida. Desde Juan Luis Cebrián a Victoria Prego. La Caverna mediática oficial les enlaza entusiasmada. “La mirada del mundo no puede ser piadosa ante esa Catalunya de tan dudosa calidad democrática” escribe el director de El País en Catalunya. Rosa Díez invoca las espadas porque las togas solo no sirven. También está en el lado de “los buenos”.  Albert Rivera divulga el discurso de la ultraderecha revisionista para recurrir al bulo del inexistente Golpe del 34 que justificaría para sus adeptos el golpe militar de Franco, los tres años de guerra y los 40 de dictadura. También es de “los buenos”. La crispación crea grandes fervores emocionales en las gradas.

Caminamos sorteando minas por el campo mediático. TV3, la televisión catalana, ha venido emitiendo sin cesar el spot del referéndum que nadie más quiere distribuir. El TSJC le  enviaba al director un extraño comunicado este martes con la resolución del Constitucional  en el que prohíbe al Govern  informar de cuanto pueda posibilitar el referéndum.  Del otro lado, la campaña es masiva. En la refriega general, Forcadell, la presidenta del Parlament, aparece como una maestra con voz de pajarillo que inspira pena. Se resucita a los catalanes como problema. La versión rajoyana del Los catalanes hacen cosas, ahora es hacen cosas raras. Y es que se trata de preservar El legado de Rajoy, como titulaba inicialmente El País. El legado bueno del jefe de “los buenos”.

Y de nuevo este 11 de septiembre centenares de miles de personas salieron a la calle en Barcelona a festejar la Diada. Lo que estos ciudadanos quieren, lo quieren en serio. “Los buenos” andan midiendo el tamaño de la muestra para felicitarse si se desinfla. La sensatez aconsejaría no ponérselos enfrente, pero la racionalidad se lleva poco.

El campo de batalla tras el 1 de octubre va a dejar víctimas varias y prestigios hechos jirones. Y quedan más de dos semanas de fuego masivo.

A %d blogueros les gusta esto: