Hoy voy a escribir del tiempo

Hoy voy a escribir del tiempo. Se habla del tiempo cuando no se quiere decir nada, ni comprometerse en nada. Así lo dice la costumbre, pero no tiene por qué ser una regla fija. No hay tiempo más muerto en todo el año que la mitad de agosto, aunque esté igual de vivo. Y, sin embargo, el reloj hace como que se para en este punto crucial del crucial mes del verano. Las personas ociosas hablan del tiempo, de si hace calor o frío. Eso es clima, no tiempo propiamente dicho. A otras nos consume el tiempo que pasa sin resolverse problemas enquistados.

Más de 150 emigrantes siguen en el barco de la ONG española Open Arms, sin puerto donde atracar. La principal iniciativa ha sido que Bruselas “apela“. A la solidaridad. Esto debería funcionar en términos de justicia y derechos. Otros 356, rescatados en el mar, aguardan en el Ocean Viking de Médicos sin Fronteras (MSF) y SOS Mediterranée. Y el tiempo pasa sin soluciones.

Sorprende, eso sí, el poco tiempo transcurrido entre el día que Pedro Sánchez dijo: “haber salvado la vida a 630 personas me hace pensar que vale la pena dedicarse a la política” y el hoy que cierra puertos y sensibilidad a los actuales náufragos de la justicia varados en los barcos. Lo recuerda Angels Martínez Castells. 14 meses. No es tiempo suficiente para haber borrado el recuerdo de ese renuncio. Ni de otros drásticos cambios de opinión de Sánchez que, más que en tiempos diferentes, parecen haberse dado en estadios de física cuántica.

Hoy tocaría analizar la inexorable elección de Isabel Díaz-Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid. La triple ultraderecha –por sus hechos les conoceréis– sabe hacer una piña como nadie cuando median intereses muy precisos. Sesión de pantomima para darle la silla acordada y que todo siga igual –de mal– en Madrid. Ayuso promete lo que contradice el programa de ultraderecha que ha firmado con las otras dos ídem. Un clásico. Y hace guiños a Vox –guiños dicen las crónicas– para rechazar el machismo diciendo que ella “no quiere enfrentar a hombres y mujeres”. Hablar de la política sucia nos mancha. No perdamos la fuerza por la tecla que tiempo habrá de analizar las consecuencias de esta elección. Pero ¿han reparado en cómo el PP y sus socios acortan los plazos del pringue en sus candidatos? Ayuso viene tiznada de sospechas de corrupción, de evidencias palmarias como pueden leer aquí en detalle, antes siquiera de tomar posesión. Esa aceleración en el tiempo de los fiascos debería hacernos reflexionar hacia dónde nos lleva.

Un agosto atípico con ministros en funciones esparcidos por doquier haciendo declaraciones y proyectos como si fueran a gobernar toda la vida, sin tener cerrada la investidura. Hablando de asombros ante “propuestas irresistibles” que graciosamente dio el PSOE a quien en la moción de censura le ayudó a llegar al trampolín de La Moncloa. Tampoco ha pasado el tiempo mínimo para el olvido de los hechos pero sí para que se agiten en el turbo de las pasiones.

La piscina de pirañas de Twitter que les contaba se encuentra ahora como si los contendientes llevaran una semana sin comer y tuvieran que alimentarse del otro a dentelladas. Bien es verdad que, como vemos, algunos de sus políticos hacen lo mismo y les sirven de inspiración y acicate. Este tipo de política hiede de tal forma que aleja. Salvo a muchos de sus partidarios que acuden al cuadrilátero de las redes a discutir como si fuera un trabajo.

Rata, racista, mierda, delirio, son términos frecuentes. Entre los feroces haters del socio político imprescindible, al que detestan más que a nadie en el mundo. La bazofia mediática contribuye, a niveles inmundos, con vídeos trucados, titulares manipulados y un insultante apoyo a la ultraderecha. Inacción y mentira son fecundos campos de bacterias de la sinrazón. Así, también se han soltado los que llaman barcos negreros a los que salvan personas,y los que presumen de salvajismo y de no respetar ni los Derechos Humanos.

Mientras el tiempo pasa. Y llegará septiembre, y octubre y noviembre y, solo con suerte dejará las cosas igual en política. Eso dicen las encuestas. Es desolador.

Hablemos pues más a fondo del tiempo. La idea me la dio un artículo de mi gran amigo el periodista Juan Tortosa. Rescató la entrevista que hace tres años le hizo Pablo Iglesias a Iván Redondo, el hoy todopoderoso asesor de Pedro Sánchez. “El tiempo en política es lo más importante, porque todo el mundo acaba cadáver. Solo es cuestión de tiempo. El que controla el tiempo gana“, sentenció. ¿Diríamos que Sánchez controla el tiempo o es ya cadáver?

El tiempo. Pasa muy despacio cuando se espera y demasiado rápido en la felicidad. Se habla de minutos eternos cuando todos tienen 60 segundos. Es la pasión lo que lo condiciona. Se dice que el tiempo pone todo en su lugar, cuando queremos referirnos a la distancia. Y a veces la distancia tampoco aclara nada. La mirada de lejos, quizás. Para actuar con la razón descontaminada, cuando en determinadas ocasiones es el corazón el que acierta.

Pero el tiempo no hace nada por sí mismo, si no se llena de argumentos y hechos. Siquiera de relax. O de reflexión. A veces se gana, cuando parece que se pierde. El tiempo es vida, dijo José Luis Sampedro para responder al mercantilismo que hizo furor de “El tiempo es oro”.

El tiempo no deja de ser una muy pragmática magnitud física. Medirlo en los parámetros acordados e iguales, permite ordenar los acontecimientos y establecer un pasado y un futuro. En medio y fugaz está el conjunto de hechos que vivimos y al que llamamos presente. Por eso es tan estúpido perderlo en estupideces.

Estudiado por los filósofos como una de las primeras interrogantes, se suele convenir que el mundo está en permanente transformación y la medida del tiempo va fijando su camino. No se previó que los relojes marcharan hacia atrás y hay momentos en la historia en los que sí lo hacen. Como este. A lo visible aquí y allí, añadimos inquietantes noticias sobre misiles que explotan por error y lanzan radiaciones que habrán de competir con las culebrillas de verano.

Lo cierto es que el tiempo no vuelve, se desparrama ya inaccesible cuando se desperdicia. Habrá otro, si lo hay. MartaEme, la misma que escribe “si son dos días, que sean con quien nos hace sentir vivos (…). Es entonces cuando lo sabemos, aunque suene obvio y manido, que lo único real es el aquí y el ahora“.

Se sabe. Y que solo tenemos tiempo. Si lo tenemos. Y que los problemas esperan soluciones. Y las esperas, respuestas.

 

*Publicado en eldiarioes

“Tirar palante”, un concepto genuinamente español

Se asombra el diario francés Le Monde, en su editorial, de cómo “la extrema derecha española ha obtenido un peso político y una ventana mediática que supera con creces sus resultados electorales”. Y al ver que un PP bajo mínimos ha revivido en los pactos y un partido que venía de centrista, Ciudadanos, forme trío inquebrantable ultra. Y se extraña de que un PSOE que ganó con ventaja las elecciones de abril haya sido incapaz de formar mayoría de gobierno y se plantee mandar a los españoles a las urnas por cuarta vez en cuatro años. El anuncio de este viernes de aplazar la reunión con Unidas Podemos a “finales de agosto o principios de septiembre”, se inscribe en el mismo contexto. Todo esto puede tener una explicación aún poco definida.

España posee una inaudita capacidad de querer mantener vivo lo que está muerto. Y no por altruismo o coraje alguno, sino por el empecinamiento en no torcer su camino aunque sea erróneo. No es arrojo, es ofuscación. En la Castilla antigua le llamaban al fenómeno “sostenella y no enmendalla”, un nombre que no se puede mantener en tiempos de “relato” y demás simplificaciones de etiqueta. El apelativo que mejor le cuadra es “tirar palante”, título poco refinado pero el más adecuado a la obcecación tosca y cutre de seguir y seguir por la senda equivocada contra toda lógica. Llegar al extremo del “patadón parriba” del término futbolero igual es pasarse.

El concepto español de “tirar palante” debería estudiarse como fenómeno. Viene de lejos, ahí tenemos al Cid Campeador que -en el caso de haber existido realmente- se tiró un par de siglos cabalgando después de muerto. Y muchos más siglos en las mentes pegadas a los tópicos. O a la Santa Inquisición, otro de los inventos españoles más significativos, que se resiste a desaparecer. Traído ahora por esa triple derecha que tapa mentes y cuerpos, y amordaza voces e ideas.

Nos invadió Napoleón y los españoles no se dieron por enterados. Me dirán que sí, que Agustina de Aragón y los madrileños castizos lo supieron y combatieron. Pero España no, al punto de mandar traer al trono al Rey felón Fernando VII que abolió todas las libertades como ejemplo de adónde  conduce el sofisticado método de toma de decisiones de “tirar palante”.

El franquismo sigue muerto pero vivo en 2019, 44 años después de ser enterrado el titular. En honor y pompa, donde continúan también sus restos. Y su ideología fascista igual. Cuando los demás países, dando tumbos, acaban otra vez en esa fosa de la cordura, encuentran a la ultraderecha española como guardiana de sus  esencias. Por eso prende tan pronto aquí. Porque está en la ideología de los partidos conservadores capaces de volver azul el naranja.

“Tirar palante” después de muerto implica volverse zombi. Y volver zombis aspectos fundamentales de la vida española. No es mérito alguno. Refleja una grave incapacidad porque cuando las cosas no pueden ser, han terminado, seguir y seguir no lleva más que a la frustración y a la desesperación.

Estamos viviendo un viacrucis. Una elección tras otra, sin mayorías –lo que no es un problema en otros países nos  mete en un túnel sin final. Andas, parece que se ve la luz de la salida, pero no, la meta se aleja de nuevo, una y otra vez. Lo peor es el cansancio, el agotamiento al que someten a la ciudadanía, mientras los protagonistas andan a pleno desvarío en insultos y hasta en chistes.

El PSOE recibió votos de ex electores de sus propias siglas que regresaron, de Unidas Podemos en aras del voto útil y de quienes no solían ni acercarse a las urnas. El objetivo común superaba todas las diferencias: había que evitar el triunfo de la triple derecha. Se vio la noche electoral pero parece que Sánchez ha preferido olvidarlo. Ir a unas nuevas elecciones con candidatos muertos por incapacidad no tiene ningún sentido. En el estado anímico que tienen a los votantes progresistas, los resultados pueden ser iguales o peores. Si un camino está agotado, hay que probar otro. Diferente.

Catalunya es ejemplo exacto de ese “tirar palante sin resolver en años, en décadas, en siglos, un problema que la cordura debería haber solucionado hace mucho tiempo. Y  ahí sigue también enquistado en errores cada más graves.

Ufano anda Pablo Casado, “tirando palante” con su máster y carrera exprés bajo el brazo, que ya pasó a la historia de la atención mediática. Ayuso, en Madrid, pringada desde antes de llegar al cargo hasta las pestañas de esos ojos que reflejan la nada dentro. Como anduvo Esperanza Aguirre toda su carrera política y aún veremos qué pasa con su imputación.

Los Hernando reviven en Cayetanas Álvarez de Toledo, tan agotados sus cerebros como boyantes sus cinismos. Toda una caterva de zombis políticos para ciudadanos zombis. Unos sueltan carnaza, otros les escuchan y oyen, tragan y difunden aberraciones y bulos que no tienen cabida en mentes vitales.

Los científicos rectifican si la investigación registra errores. Los ratones o cualquier cobaya de laboratorio, cuando encuentran un camino cerrado, dan la vuelta y emprenden otro. Prueben a poner un obstáculo a una fila hormigas cargadas de comida: se girarán para evitarlo, en lugar de precipitarse todas encima. En cambio, un número significativo de españoles, como ya se dijo, se topan contra un muro y embisten. Lo peor es cuando son los dirigentes lo que nos llevan hasta él. Estamos ya exhaustos y doloridos.

No se trata de seguir en modo “palante” si no hay salida. Algo habrá qué cambiar  para dar con el camino.

*Publicado en eldiarioes

Juegos de burla y muerte

“Lo mejor es encontrar una solución antes de ir a elecciones”, dijo Felipe VI durante el posado veraniego de la familia real en el Palacio de Marivent, Mallorca. La prensa ha destacado cada detalle de las fotografías. Un rey, jefe de Estado hereditario, no debería entrar en esos comentarios, dado el papel que le atribuye la Constitución. A tenor de la ideología que manifiesta a través de numerosos detalles y en particular su famoso discurso del 3-O, el acuerdo que aconseja el monarca no será ni con los nacionalistas, ni con Unidas Podemos. Pero, palabra de rey, esa frase ha sido aprovechada por la política patria.

El PP se apresuró primero a pedir que Felipe VI designe a otro candidato. Esto en democracias parlamentarias no funciona exactamente así. Para nada, vamos. Y ya, en otro subidón, plantea que sea Pablo Casado el candidato con sus 66 diputados, el peor resultado en la historia del PP. Contarían, nos anuncian, con “los constitucionalistas” (selectivos, de un par de artículos) que ahora han quedado reducidos al propio PP y Ciudadanos. A los que pactan con Vox como si fuera lo más natural del mundo. Ni siquiera el PSOE es ya constitucionalista para esta triple ultraderecha tan rumbosa. Y le piden abstenerse, devolviendo la pelota.

Con amplia sonrisa, Pedro Sánchez responde al quite y dice: “el Gobierno tampoco quiere nuevas elecciones pero “habrá que ver si es factible“. Porque ya han anunciado que “el gobierno de coalición” (con Unidas Podemos) ha fracasado. ¿Cuándo? ¿Antes de empezar a andar? Lo factible es el gesto que piden al PP, la vicepresidenta Carmen Calvo sobre todo: que se abstenga y permite gobernar al PSOE.  Democracia a base de favores y no de mayorías.

Es un momento idóneo para que los Anticapitalistas cuestionen el liderazgo de Pablo Iglesias, dado por otra mayoría: la de los inscritos. El desgajado Íñigo Errejón, en su tercera entrevista en El País en 15 días -amén de las emitidas por otros medios-, suelta la frase certera: “Yo sí habría aceptado la oferta de Pedro Sánchez”. Y otra, en crítica a los estragos de la política “viril”. ¿Cómo?

Este simpático juego de intereses políticos se desarrolla ante millones de ciudadanos, españoles y extranjeros, con sus propios problemas, en algunos casos de necesidades esenciales. Y no hay derecho. Las víctimas se resienten. Victimas de todo tipo, de la banalidad también, del desamparo que produce ver algunas de las manos en las que estamos. No es un juego, ni da risa.

Hay que sobrevolar las redes sociales para comprobar las dimensiones de la irritación que se respira. Sobrevolar solo, poner la punta del pie siquiera es como meterlo en una piscina de pirañas.  Las tropas de adictos a los diferentes contendientes –algunos periodistas incluidos- hurgan en lo más recóndito de su vocabulario para buscar insultos. Ven defectos y agravios exclusivamente en los otros. Vuelan piedras con machos alfa,  caudillos  y “la collares” de antiguos fans del partido primigenio. No hay en el mundo gente más detestable que los “podemitas” o los simpatizantes del PSOE, según el bando.

Entretanto, la ultraderecha asiste a sus días de mayor gloria desde el franquismo. El sector azul y naranja lavan y lavan a sus socios de Vox. Una de las noticias más graves del año es ésta: “PP y Ciudadanos apoyan que Vox esté en la comisión de Secretos Oficiales del Congreso“. Los asuntos de tal envergadura que ocultan a la sociedad en manos de los neofascismos apenas remozados. Para su disfrute y uso. A meter en la bolsa de las mentiras continuas que desgranan varios de ellos y que difunden en bulos sus seguidores.  Si apoyas a la ultraderecha, compartes gobiernos y tareas, eres ultraderecha. Por eso hablo de tres ultraderechas.  Que no se ocultan en verdad. Dice Villegas que Ciudadanos quiere aplicar ya el 155 en Cataluña: “No hay que esperar al asesinato para detener al asesino”. “Justicia” preventiva. Asesinos. Tiras la piedra y escondes la mano.

Asesinos. 80 años después de su fusilamiento por el régimen golpista de Franco, recién terminada la guerra civil que provocaron, las 13 rosas han sido cuestionadas por esas hordas de descerebrados que fomenta la incorporación ultra a lo cotidiano. Lo merecían y un tribunal las condenó, dicen.

Las violaciones en grupo dependen para su catalogación de la nacionalidad de los agresores. Porcentaje y autoría no se rigen por los datos, sino por el “me lo creo” o “no me lo creo”. Y ya está. Se atribuyen delitos y se llegan a publicar fotografías de inocentes. Si la chusma lo cree, ya sirve.  Mientras, en el balance diario, 6 hombres violan a una chica de 18 años en Bilbao que termina en un hospital. Otro sujeto, en L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona,  mata a su ex pareja por lo que le venga en gana.  Y la junta de la triple derecha en Andalucía se merca un anuncio de modelos extranjeras, exultantes de felicidad, tipo Viva la vida, en una campaña contra los malos tratos a las mujeres. 

Estados Unidos se está viendo sacudido por  un peligroso terrorismo, el más tolerado, el de los supremacistas blancos, alias “casos aislados”.  Trump señaló las dianas del racismo.  Trump, el que insulta hasta el llanto de periodistas sosegados. El “loco” nuevo gendarme del mundo, en pelea económica ahora con China y de réditos electorales también con Venezuela.

No sé si en las playas pelean los veraneantes por el mínimo espacio para la toalla. No sé si trabajando con este asfixiante calor en las ciudades está justificado dejar en tierra a las 12 de la noche a una niña de 15 años en el autobús Madrid-Las Rozas porque no llevaba cambio y el conductor cumplía el reglamento al no dárselo de un billete de 20 euros, según responde la empresa de la Comunidad de Madrid.

Contamos con otras certezas rotundas, sin embargo. Aumenta el desencanto y la crispación. El dolor no se evapora haciendo daño, transfiriéndolo a quien está más cerca o más lejos: lo expande. Lo mismo la rabia que añade un efecto bumerán. Todavía la lucidez se mantiene a cargo de la situación en una serie de puntales. Sin gritos, ni brillos, igual es lo que logra que todo esto siga funcionando.

De la caverna de Platón a la España de las cavernas

Los líderes de las tres derechas han llegado a un acuerdo de gobierno en la Comunidad de Madrid. El 1 de agosto. Han elegido el día perfecto, la víspera de que la Fiscalía Anticorrupción pidiera imputar a dos de sus ex presidentas, Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, por la financiación irregular del PP de Madrid. Mientras España sestea en vacaciones. Los que disfrutan de ellas cuando quieren, los que solo tienen unas, los que ni a ésas llegan, verán pasar con sordina informativa que se ha consumado una tragedia: la entrega a la ultraderecha de la gestión de instituciones. Algunas tan potentes y decisivas como la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Tienen cuatro años para enterarse a fondo.

Era absolutamente previsible. El PP siempre ha sido una empresa más que un partido político. Una empresa con métodos laxos de negocio que tiene claras sus prioridades. 25 años en la Comunidad de Madrid, casi los mismos en el Ayuntamiento –con el lapso de Carmena-, han creado una estructura sólida que por nada del mundo se podía perder. Es el “régimen de Madrid” como lo definió este artículo de Ignacio Escolar. “Madrid es el epicentro de la Gürtel, de la Púnica, de la Lezo. Es la capital del Tamayazo, de la quiebra de Caja Madrid, de las tarjetas Black”.

La Comunidad de Madrid es la más rica de España y la que menos invierte en educación pública. La segunda que menos invierte en sanidad pública. Un paraíso fiscal para los más ricos. 373 multimillonarios viven en Madrid, con patrimonios por encima de los 30 millones cada uno, según los datos de Escolar. Y este gobierno, estos gobiernos, son “los que ha votado la gente”, dicen. “A disfrutar lo votado”, dicen.

Algunas personas, unos cuantos millones si lo vemos, acudieron a las urnas pensando que votaban a un partido centrista liberal al introducir su papeleta para Ciudadanos. Los hay así de ingenuos o distraídos. Pero tanto Aguado como Villacís rebosan felicidad por sus acuerdos con PP y Vox en Madrid. Y la apuesta de Albert Rivera es idéntica si no más radical aún.

Añadamos -punto decisivo- que algunos medios son muy selectivos en sus críticas y “olvidos”. Miren cómo jalea la COPE, emisora de la Conferencia Episcopal, que subvencionamos con nuestros impuestos, a un ultraderechista, condenado por no pagar las obras de su mansión. El alto cargo de Vox no quiere ni huelgas, ni sindicatos. Y ve a Errejón con manos menos duras que las de ellos. “Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”, escribía el gran pensador José Luis Sampedro, argumentándolo.

¿Libertad de expresión? Ya ni eso y, al paso que vamos, cada vez menos. El distrito de Aravaca, Madrid, ha prohibido esta semana una actuación del cantautor Luis Pastor con su hijo. PP y Ciudadanos vuelven a prohibir una actuación programada durante la gestión del anterior consistorio y lo hacen por unanimidad, con Vox.

Ignacio Aguado, Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso
Ignacio Aguado, Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso

Vox marca pauta ideológica en la triple derecha. Con su sarta de bulos e involución. Los acuerdos, en Madrid por ejemplo, incluyen bajar los impuestos, a pesar de la deuda de la Comunidad. Es la mayor de la historia de la región: 35.150 millones de euros cuando hace una década se situaba en los 11.380 millones.

“Lucharán” contra la inmigración y marcarán su impronta en la educación, aun cuando eufemísticamente dicen que no lo harán los poderes públicos. Violencia intrafamiliar, control de la “educación moral” y la “aportación de España a la civilización” son pilares del acuerdo “trifacha” en Murcia.

Almeida y Villacís revirtiendo una zona peatonal en Madrid. Foto publicada por el alcalde
Almeida y Villacís revirtiendo una zona peatonal en Madrid. Foto publicada por el alcalde

El Medio Ambiente es otra de las víctimas de las políticas ultras que han llegado a Madrid. La felicidad con la que Martínez-Almeida, alcalde PP, y Begoña Villacís, vicealcaldesa de Ciudadanos, levantaron setos para poner asfalto y coches da idea de lo que puebla estas cabezas.

Lo hacen, dicen, “Por España”. Es el emblema que figura en las carpetas de Vox. La frase que lleva permanentemente en la boca la ultraderecha titular, la azul y la naranja. El PP ha soltado a Cayetana Álvarez de Toledo, nueva “portacoz”, para decir que “ETA está detrás de la investidura de Chivite [candidata del PSOE] en Navarra”, Es una ignominia, absolutamente inadmisible. Ante la que el coro mediático calla. Por España, la banda y el plan, vienen Albert Rivera y los suyos.

Por España. ¿Qué España? Esta derecha se apropia de cuanto le place, hasta del nombre del país en el que vivimos todos. Su España es la del lejano Imperio y la Conquista y la Reconquista y las Cruzadas y, siguiendo para atrás, la de los “trogloditas” de Atapuerca. La España de la caspa, la mordaza, las clases, machista, aprovechada. La que alimenta “las manadas” depredadoras de mujeres, como la ocurrida este viernes en Bilbao. La franquista sobre todo. La caverna de Platón que solo alimenta lo oscuro, dejando el mundo de la razón a otros. Porque existe otra España luminosa y de progreso. De la que forman parte conservadores y progresistas.

Los de Ciudadanos, los más cínicos, protestan y acuden a la Fiscalía si les increpan en las manifestaciones en las que se plantan buscando votos, y no han dicho ni media palabra de los conciertos suspendidos con sus votos y de todos los recortes de libertades. La derecha extrema ha convertido libertad en una palabra de uso restringido: solo existe la libertad de mercado y la libertad de represión. Las de comer suficiente, tener un hogar, vivir o expresarse son secundarias.

Con este panorama –del que se pueden dar muchos más ejemplos-, España está sin nuevo gobierno. Y el PSOE se pasea por los medios con declaraciones que nos llenan de hastío. Por decir lo más suave.

Inolvidable verano el de 2019, para borrar si se pudiera. Poblado de constataciones lamentables. Y le seguirá el otoño y el invierno. El futuro se puede cambiar, si existe voluntad de hacerlo. Las prioridades para quienes disponen de esa capacidad deberían estar por encima de cualquier interés espurio.

*Publicado en eldiarioes 02/08/2019

La supervivencia del PSOE está a la izquierda

Objetivo: volver al bipartidismo. Desenterrarlo de entre los muertos. Con mayor énfasis en el PSOE y su área mediática de influencia, que en los conservadores. Para Sánchez parece un empeño personal. Acreditado ya el nulo interés por compartir el gobierno con Unidas Podemos, las llamadas a la derecha, sin embargo, han sido continuas. Sánchez apela de forma insistente a la responsabilidad del PP. Al mismo PP al que se desalojó de La Moncloa por sus casos de corrupción. Y a Ciudadanos, parte imprescindible del triángulo de derecha extrema.

El diario británico ‘Financial Times’ se ha sumado a la empresa y ha pedido a Cs que reconsidere su posición y forme un Gobierno de coalición con el PSOE. Da por hecha esa oferta y de coalición, nada menos. Por la negativa de Rivera, no ha tenido otro remedio el “Sr. Sánchez que entrar en conversaciones con la extrema izquierda Podemos”, dice. Extrema izquierda, dice. Como él, biblias y misales neoliberales, entran en política directamente defendiendo las posiciones del mercado.

En cambio, el influyente Süddeutschen Zeitung alemán, liberal progresista, se sorprendió al ver la actitud de Pedro Sánchez. De ser la esperanza de la izquierda de toda Europa, explica, no logró una alianza con Unidas Podemos, reanimando a la derecha. La derecha, en lugar de la izquierda. Es cierto, el PSOE fue el partido socialdemócrata más votado en las elecciones europeas, al punto de encargarle la gestión de la presidencia del Consejo, que por cierto no contentó a todos sus socios.

En España surgen artículos donde anticipan “El entierro de la ex ‘nueva política“. O editoriales en la misma línea críticos con la actuación de los dos grandes partidos que han conducido a que “el bipartidismo imperfecto sea más imperfecto todavía, pero no que deje de ser bipartidismo”.

Esta insistencia choca con los datos de la realidad. Pero de alguna manera es una apuesta firme para ver si se logra volver a los felices tiempos en los que todos ellos vivían muy bien a su sombra. Era tan cómodo. Ahora manda el PP, ahora el PSOE, y vuelta a empezar.

Los detractores de lo que llaman “nuevas políticas” olvidan de entrada el desigual tratamiento que han tenido Ciudadanos y Podemos. No ha habido en la historia un líder más amado por el establishment, sus medios y su demoscopia que Albert Rivera, en un favor extensible a su partido. Pablo Iglesias y Podemos les gustaron en principio. Daban audiencia y dinero en consecuencia. Cuando sacaron 5 millones de votos y, con el susto en el cuerpo como coincidían Esperanza Aguirre y Carmen Calvo por ejemplo, cambiaron de estrategia. Si, estos días aún, han llegado a usar para atacarla –en portada– a una prima tercera de Irene Montero. Mientras, por cierto, nada dicen de los pufos inmobiliarios de Begoña Villacís o Díaz Ayuso. Por situar el tratamiento en similar nivel.

Punto esencial. Hablan de las nuevas políticas como si un día, en un ataque de locura, hubieran surgido para fastidiarles la vida. Y no, no son causa, sino consecuencia. Podemos, no Ciudadanos nacido para lavar la cara a la corrupta derecha del PP –quién lo diría–. Insistamos, es resultado de los muchos desmanes cometidos por los gobiernos convencionales, en particular desde la crisis de 2008 que obligaron a pagar a los ciudadanos.

Porque lo esencial nos lleva a un análisis mucho más profundo y más necesario. En rigor, ni cabe ya hablar de capitalismo –ha sido sustituido por el gobierno de las corporaciones y las empresas–, ni de partidos socialdemócratas. Surgidos a partir del socialismo en el siglo XIX, tuvieron su mayor expresión en la segunda mitad del XX y, no por casualidad, solo en Europa. Porque se trataba de ganar la partida a las grandes bondades que presumían ofertaba –no sin cierto error en la práctica- el comunismo tras el Telón de acero–. Caído el Muro no había lugar para la socialdemocracia. O mejor, no había necesidad de ella. La “ideología” hegemónica ahora viene a ser el dinero, en ese gobierno de las corporaciones al que los partidos nominalmente socialistas han dejado campar a sus anchas, sin control.

De ahí que surjan “nuevas políticas” y no al revés. Calificar de extrema izquierda a Podemos ofende a la inteligencia de los destinatarios del falaz discurso. A este paso, las ideologías se van a despeñar de tan sesgadas al mismo lado.

El fin del bipartidismo es un hecho lo quieran o no. Por eso es tan osada la postura de Pedro Sánchez de intentar resucitarlo en lugar de reforzar la que se supone es su ideología con Unidas Podemos: la socialdemocracia. O lo era antes de plegarse al liberalismo. Ha “muerto” más la vieja política que la nueva. Por primera vez el grupo del Partido Popular Europeo no suma con el socialdemócrata mayoría absoluta. Los socialistas han sido barridos de Francia o de Italia. Registra un bajón histórico en Alemania. Hasta el bipartidismo ancestral del Reino Unido se ha resquebrajado. Las encuestas les dan pérdidas impensables de entre 14 y 20 puntos. La elección de Boris Johnson es consecuencia, causa, revulsivo feroz para ciudadanos que conserven su cordura. Se habla de futuras alianzas de gobierno entre laboristas y demócrataliberales.

Así quiere Sánchez revivir el bipartidismo con un PP que ha cosechado los peores resultados de su historia, perdiendo dos tercios de los diputados que tenía. El aparato mediático es muy selectivo al hablar de catástrofes electorales.

Por supuesto que la ideología es una opción libre y legítima pero conviene definirla por sus actos. El descalabro de la política tradicional, su alejamiento de la sociedad, su falta de respuesta a los problemas que ha causado, está teniendo consecuencias dramáticas. Otra vez el regreso de los fascismos. Ya los usaron una vez en su provecho hasta que fue demasiado tarde. Desde luego les incomodan menos que la izquierda.

No hay espacio para una socialdemocracia que no quiere molestar a las corporaciones y se limita a tibias políticas sociales, que no frena el recorte de libertades. Pero siguen estando ahí las necesidades de millones de personas, desde los parias de la tierra a los que cantan aún en La internacional, hasta ese vivir cotidiano en donde ni un trabajo cubre acceder a lo imprescindible. Como ejemplo simbólico y de hoy mismo, sabemos que los trabajadores de la cafetería de Facebook en San Francisco necesitan varios empleos para llegar a fin de mes. De la milmillonaria Facebook. De los parias de la tierra al rendibú al poder de las corporaciones hay un buen trecho.

Lo que importa es resolver los problemas de los ciudadanos, no la resistencia vital de los partidos. Pero, a estas alturas, al menos debe quedar claro algo: la supervivencia del PSOE no está en un bipartidismo muerto, la tienen… a la izquierda. Por justicia. Por decencia. Por coherencia.

 

*Publicado en eldiarioes 30/07/2019

Pedro Sánchez no oye desde su pedestal

El PSOE no escucha. Ni a la sociedad, ni siquiera a partidos que podían haber ayudado a la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Por si quedaba alguna duda, tras la lamentable sesión parlamentaria de estos días, la vicepresidenta Carmen Calvo ha descartado una coalición con Unidas Podemos: “Esa vía está cerrada”, ha dicho.

Seamos precisos. No es una “fractura entre el PSOE y Unidas Podemos”, como titulan, ni  “los  puentes están rotos” porque ambos contendientes hayan colocado explosivos en sus respectivas orillas. Se trata de una voladura ejecutada por Pedro Sánchez y su staff con todo tipo de metralla. Léase, mentiras, desprecios, soberbia, voluntad inequívoca de humillar, apoyo logístico de la prensa empotrada en sus filas contra el aliado necesario convertido en enemigo. Que las reacciones del asediado no fueron de la más afinada estrategia puede ser, pero olvidan que se trataba de formar un gobierno, siquiera de cooperación, entre escollos y ataques. Lo trágico, lo irresponsable, lo imperdonable, es el profundo daño que se ha inferido a las esperanzas de una sociedad que ha acabado asqueada y con ello al crédito de la política. La prensa internacional se hace eco de este rotundo fracaso. Y llegan a hablar de “negociación a garrotazos“, según recoge radiocable.com.  El influyente Süddeutschen Zeitung, en un duro artículo, dice que Sanchez ha caído en su propio ego. Y que, de ser la esperanza de la izquierda de toda Europa, no logró una alianza por vanidad y puede abrir paso a la derecha. 

Vivimos tiempos en los que un magnate sin escrúpulos, que llegó a adquirir la infecta fama que da la televisión del embrutecimiento, a este nivel, preside la primera potencia del mundo. Otro, con similares dotes de esperpento y de falta de escrúpulos y moralidad, ha sido elegido para comandar el Reino Unido de ancestrales tradiciones democráticas. España, entretanto, incorpora en tres meses como normal a la ultraderecha en las instituciones y en los tablaos mediáticos. Y no puede tragar, sin embargo, un partido de izquierda moderada que no otra cosa es, por más que insistan, Unidas Podemos.

Cuando Pedro Sánchez dijo con voz emocionada que “entre sus convicciones y las exigencias que ha planteado Iglesias, elegía sus convicciones” y el grupo del PSOE aplaudió a rabiar varios minutos puestos en pie en el hemiciclo, cualquiera pudo pensar que se refería precisamente a la ultraderecha que se sienta ya allí mismo. ¿A qué convicciones ataca, por cierto? Fue el comienzo de un nuevo desencuentro buscado. Pablo Iglesias llegó a descolocarse, al punto de plantear una salida para dar el sí a Sánchez allí mismo, si Unidas Podemos podía gestionar las políticas activas de empleo. Y encima invocando el consejo de “un socialista con peso“.

Carmen Calvo, la vicepresidenta, había filtrado a la prensa las peticiones de Unidas Podemos cambiando la palabra “Propuestas” por “Exigencias” como se ha probado. Y, no solo lo envió a la prensa y lo negó, lo hizo desde la vicepresidencia del Gobierno de España, como publicó eldiario.es, entre otros, pocos, medios. En la rueda de prensa de este viernes nadie le ha preguntado por este grave hecho. Podemos ha denunciado la “falsificación del documento“. Calvo insistió también en que “Podemos quería todo el Gobierno” como algunos de sus compañeros, lo que evidentemente es incierto.

Desde Sánchez a todo el staff y aparato mediático se han cansado de afirmar que “es la segunda vez que Iglesias impide un gobierno progresista“. Volvió a decirlo el candidato en Telecinco. Sin contar los acuerdos con Ciudadanos, la negativa de la ejecutiva del PSOE y sus propias declaraciones al periodista Jordi Évole, obvian que la única vez que Pedro Sánchez ha sido presidente fue por la moción de censura para echar a Rajoy y la corrupción del PP, en la que Unidas Podemos tuvo un papel decisivo . Falsear la verdad y ocultar una parte esencial no es el camino. Pero los mensajes calan y mucho. Impulsados por algunos medios y en ciudadanos especialmente entusiastas que se paren poco a reflexionar.

Hubo una espita de esperanza en la sesión que abrió la sensatez de los partidos nacionalistas –tan preteridos y menospreciados también por el pensamiento oficial españolista. Dieron una lección de madurez llamando a la concordia. Aitor Esteban, del PNV, aconsejó a Iglesias paciencia y rebajar las peticiones porque solo lleva cuatro años en política. Y pidió un esfuerzo al PSOE para llegar a acuerdos. O Gabriel Rufián que, de niño terrible se ha convertido en prudente negociador. “Señor Sánchez, fue un error el veto a Iglesias“, y creo que a estas alturas lo sabe. Lo único que ha hecho ha sido subir el precio”, le dijo a Sánchez que se arrepentirá de haber preferido la abstención de Casado y Rivera. Y a Pablo Iglesias que se arrepentirá de no haber aprovechado esta oportunidad.

Parecía tan fácil. Solo había que hacer un gesto en esa línea. Y entonces llegó Adriana Lastra, la portavoz del PSOE, para echar un jarro de agua fría. Leyendo un texto elaborado de antemano, reinició el debate, la humillación, la cerrazón. La bancada seguía aplaudiendo. Se olvida que no era una contienda, aunque lo parece, que se buscaban aliados. Hasta agradeció Lastra la colaboración de quienes habían apoyado al candidato. Un diputado, del partido de Revilla en Cantabria. Nadie más. Pero hay que contar con las versiones mediáticas:

La historia se repite: la izquierda fracasa y Podemos evita por segunda vez un Gobierno del PSOE“, tituló la Cadena SER. “Podemos tumba la investidura de Pedro Sánchez, TVE.

Entrevistado en Telecinco al final de la jornada de la investidura fallida, Sánchez no hace la menor autocrítica. Sigue culpando a Pablo Iglesias. Y dice que hablará con todos explorando nuevos caminos. Todos. El PP desde luego, como ha venido insistiendo. En el aire, la reforma de la Constitución. Para forzar el bipartidismo dopando a la lista más votada con votos que no ha recibido de los electores. Un atajo que han usado algunos países como Grecia en sus peores días. Porque en España hay una democracia parlamentaria, no presidencialista, que tiene otros mecanismos y equilibrios.

Albert Rivera sigue en el “rap de la banda”. En la primera frase “usted y su banda”. En la segunda, “el plan”. Y, en la tercera, “la banda no se ha puesto de acuerdo en repartirse el botín”. Y Pablo Casado hasta evidencia en su gesto la estupefacción de ver cómo la “izquierda” le pone en bandeja la presidencia del Gobierno, a gestionar con Rivera y Abascal, el inenarrable.

Cuando todos los signos son de desencuentro, y no llega señal alguna que indique otra dirección, es que se trata de… un desencuentro e intencionado. Torpe hasta la médula. Salvo esa reforma de la Constitución, poco avance logrará el PSOE en unas nuevas elecciones. Al contrario. Que la sociedad desista de intervenir ni con su voto en ese espectáculo que han montado y que descorazona a muchos ciudadanos. Y que suba la derecha.

Pese al enorme disgusto que esta situación produce, creo que se debe intentar formar ese gobierno encabezado por Pedro Sánchez. Probablemente hasta sin la participación directa de Unidas Podemos. A la manera de Portugal. Aunque en el caso nuestro el cheque en blanco a este PSOE sea un problema. En tiempos tan críticos es preferible obrar con la cabeza, no con las vísceras. Apelemos mejor entonces a la sensatez y la coherencia que pueden residir aún en algún lugar. A la moderación en todo caso por ambas partes. Más partes no hay disponibles. Pero la responsabilidad de formar gobierno es de Pedro Sánchez, él mismo se lo dijo a Rajoy.

Urge que el PSOE aclare sus posibilidades y su estrategia, comenzando por apearse del pedestal en el que se ha subido. Desterrar por completo los insultos y los tonos suficientes y despectivos. Apear, sin duda, de cualquier negociación a Carmen Calvo, que ha quedado invalidada para ese cometido. Revisar el papel de la portavoz. Y de otros destacados miembros que acreditan largos episodios de patinaje y que se sumaron a difundir los bulos de campaña. Hay gente muy válida en el PSOE de donde echar mano.

En definitiva, habría que afrontar el problema de frente, aprendiendo humildad y pensando en los ciudadanos en los que reside la soberanía nacional. Si todos los signos siguen indicando desencuentro y voluntad nula de solucionarlo, habrá que volver a las urnas y que cada cual quede en su lugar. Siempre que se eviten en lo posible las manipulaciones mediáticas, lo que no es nada fácil. Porque poder, sí se puede.

 

*Publicado en eldiarioes

Joan Baez, la voz de todas las causas justas

Nos dejamos melena como Joan Baez y Carole King, después. Larga, y morena sin duda. Rostros de adolescentes asombradas. Nos enamoramos de las canciones en inglés. Y de la arena imposible de los adoquines franceses, porque pedir lo imposible era precisamente ser realista. Supimos en la España constreñida, que el mundo era enorme y que abriríamos fronteras.

Eran los años 60, los 70, del siglo XX, cuando las canciones, algunas canciones, se llenaban de letras tan densas y apretadas que desbordaban la música. Joan Baez las cantaba en los Estados Unidos que poblaban las calles de protestas contra la guerra de Vietnam, contra toda injusticia y discriminación.

Joan Baez y Bob Dylan tuvieron un estreno mundial, por así decirlo, no literal, el 28 de agosto de 1963 en la Gran Marcha sobre  Washington que ha quedado para la historia como una de las mayores en la defensa de los Derechos Civiles. Frente al Lincoln Memorial, Martin Luther King  acababa de formular su I have aDream, el sueño de que todos los hombres nacen iguales y esa verdad acabará imponiéndose.  Joan Baez y Bob Dylan salieron a cantar en ese mismo escenario. We shall overcome.  Venceremos.

Cantante, compositora, activista de los Derechos Humanos, mujer de una voz cálida, clara y melancólica, Joan Baez nació en Staten Island, Nueva York, en 1941. De madre escocesa, de la que poco se sabe, y padre mejicano. Matemático y físico él, está considerado co-inventor del microscopio de rayos x.  Incorporado a la UNESCO, su trabajo llevó a la familia por numerosos países, España entre ellos, varios europeos más y Oriente Medio. En ese tránsito, en su mucho ver, Joan acabó involucrada en la defensa de múltiples causas sociales, en la no violencia y, también, la desobediencia civil. Y así ha seguido.

Una vida plena por la que pasó Bob Dylan de forma decisiva. Ella, ya famosa y con discos grabados, lo invitó al escenario como en las películas y lanzó su carrera. Juntos buscaron respuestas en el viento a muchas preguntas ¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza  y fingir que simplemente no ve?

En lo artístico su colaboración fue enormemente fructífera. En lo personal, dejó heridas. Tras el éxito desbordante  de Dylan, un día el escenario donde él cantaba se cerró para Joan,  la dama de ojos tristes de las tierras bajas, olvidando una partitura en un cajón que Baez robó, dice, y cantó “Amor es solo una palabra de cuatro letras“. Demasiado intensa quizás, como la Barbra Streisand de “Tal como éramos” para Robert Redford, Bob Dylan la dejó y reapareció casado con otra mujer de muy diferentes características. Su música dio el mismo giro. No volvió a ocuparse de los problemas sociales. Y siguió con la que sería una de las más brillantes carreras de la música.

Con un disco de oro tras otro, en casi todas sus grabaciones, Joan Baez continuó preocupada y ocupada en resolver problemas que la mala voluntad convierte en insolubles. De punta a punta del mundo, lucha contra los abusos y apoya diversas reivindicaciones. Ha estado detenida por ello. Contra la guerra de Vietnam y todas las guerras, contra los encarcelamientos injustos o los impuestos abusivos, contra las violaciones de los Derechos Humanos. Contra la pena de muerte, sin duda. A favor de las minorías, los colectivos LGTB, la lucha contra el deterioro humano del medio ambiente.

Como curiosidad, o no, Joan Baez ha cantado en euskera Txoria Txori, un poema escrito por Joxean Artze en 1957, al que puso música Mikel Laboa. Pájaro, pajarito.

Alas tiene también El Rossinyol de la canción tradicional catalana que quiere volar y vuela.

Joan Baez ha actuado esta semana en el Festival de Jazz de San Sebastian y en varios puntos de Catalunya con un éxito espectacular y lo hará este domingo en el Teatro Real de Madrid como término de su gira para despedirse de los escenarios.  Suiza, Bélgica, Alemania, Italia, Francia, España. Este viernes, visitó a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, encarcelada en prisión preventiva desde hace casi 500 días porque, dijo, siempre ha apoyado movimientos no violentos y cree que es el caso del independentismo catalán.

Sigue cantando el No nos moverán, himno contra todas las dictaduras.  Y Gracias a la vida, patrimonio común ya, con Violeta Parra, Mercedes Sosa y la propia Baez. Así de satisfecha se muestra de cómo ha sido hasta ahora su vida.

Joan Baez tiene 78 años y lleva 60 en los escenarios. Su madre vivió más de 100 y ella sigue teniendo un aspecto muy vital. Pelo corto y canoso sin tintes, aparece como una venerable y serena mujer madura. Se casó, se divorció, “estoy hecha para vivir sola”, dijo.  Varias generaciones considera a Joan Baez un mito, las nuevas apenas la conocen, y su  canción de más audiencia ahora contiene “Diamantes y óxido” para Bob Dylan aún, de Bob Dylan.

Ella cogió la guitarra, otras la máquina de escribir, otras cualquier camino para “cambiar el mundo”. Aprendimos, juntas y en la distancia, a abrir los ojos y a luchar por las causas perdidas. Pocas cosas tan inútiles, pero alguien tiene que hacerlo a ver si un día se logra ganar alguna. En el fondo, sí se consigue. Más de lo que parece.

Fue una suerte plena empezar a vivir en tiempos de esperanza y futuro que poco a poco irían segando quienes siempre lo hacen para conservar y aun aumentar sus privilegios. Un tiempo que nos enseñó, quizás a vivir con las alas dispuestas para usarlas ante cualquier eventualidad.  Un punto a favor sobre quienes nacen o se hacen aves de suelo, de corral.  Por voluntad o a la fuerza.

“Farewell, Angelina” fue su primer o uno de los primeros éxitos de Joan Baez.  “Adiós, Angelina, las campanas de la corona están siendo robadas por bandidos. Las ametralladoras rugen, los títeres levantan rocas. Los demonios clavan bombas de tiempo en las manos de los relojes. Adiós, Angelina, el cielo está en erupción, debo ir a donde esté tranquila”.

Buen viaje, Joan.

 

Buen viaje, Joan.

*Publicado en eldiario.es

Sánchez solo se juega la presidencia

En toda relación fallida quien más pone, más pierde. El insensible gana la batalla, aunque en la victoria pírrica puede quedarse también sin lo que tenía. En el caso de Pedro Sánchez, la presidencia del Gobierno. El problema es que Sánchez no se juega su silla en la cabecera del Consejo de Ministros, sino las esperanzas de millones de ciudadanos progresistas, siquiera sensatos. Porque, a tenor del escenario conservador que se afianza, el futuro que se dibuja es para ponerse a temblar. Vuelve a abrirse una solución de gobierno, cada vez más enturbiada. O no. Las versiones van de un extremo al otro. En cualquier caso no resolverá lo esencial.

Asistimos estupefactos a una sesión parlamentaria que dejó desnudas las intenciones del candidato. No quiere pactar con Unidas Podemos que podría ser poco práctico pero legítimo. Lo peor es que se sintió obligado a humillar al presunto socio en una actuación que será estudiada por los psicólogos, si queda en España algún reducto de cordura con capacidad de gestión en el tiempo que, de no poner remedio, se avecina. Muchos intereses en juego, mucho apesebrado para lavar la realidad.

Pedro Sánchez desgrana, durante casi dos horas, sus proyectos de gobierno sin mencionar a Unidas Podemos hasta el final, como si dispusiera de mayoría suficiente con 123 diputados. Sánchez pide a Pablo Casado y a Albert Rivera, reiteradamente, que se abstengan para facilitar su investidura. Por sentido de Estado, pero no dependen de los nacionalistas a los que desprecia como si ni siquiera estuvieran en el hemiciclo.

Por más que se negaran Casado y Rivera, Sánchez seguía requiriendo ese voto de abstención con una  sonrisa entre beatífica e irónica. Rivera estaba cada vez más fuera de sí, como ya es habitual. Casado reaccionó con más sensatez, alucinando de lo que ocurría. Sus posibles socios deben estar estupefactos porque no ha contado siquiera con quién quiere hacer el gobierno, le dijo. Luego la emprende con el romper España y los cambios climáticos que nos devuelven a la realidad de quién es.

Rivera dio un recital completó. Mezcló, teatro, perdices, trucos, los huesos de Franco y mucha España suya. Comparó las protestas recibidas en su empeño de sacar rédito político a sus provocaciones al colectivo LGTBI con ETA. Llamó “banda”, repetidamente, a los apoyos de Sánchez. Aitor Esteban (PNV) le ha respondido este martes: “Cuando le miro también veo una banda, pero de mariachis dando siempre la nota desde la tribuna”.

Llegado el turno de Unidas Podemos, Sánchez desplegó su estrategia: “Si al final no llegamos a un acuerdo, hay otras opciones”, como un pacto de investidura, apoyos puntuales. El gobierno conjunto en cualquier variedad se desvanecía tras semanas de aparentes negociaciones. Iglesias respondió con las ofertas del PSOE que calificó de un mero decorado y que detalló. Llegó invocar el candidato a los “periodistas” de la manifestación ultra de la Plaza de Colón como arma contra Pablo Iglesias. Tres meses para llegar a esto y así. Aquí un resumen.

No iba a recibir lecciones el PSOE “tras 140 años de historia”. “Muy amplia”, apostilló el líder de Podemos. “Si nuestro partido existe fue por sus errores. Sin sus errores, no estaríamos aquí”. La voladura de puentes se produjo cuando Pedro Sánchez dijo y repitió: “Piénsese mucho votar con la ultraderecha en contra de un gobierno socialista”. Y remató con una frase que entra en el terreno del hooliganismo propio, precisamente, de esa derecha: “Por cierto, Ciudadanos, PP, Vox y ustedes suman. Mayoría absoluta. Ale, pónganse de acuerdo”.  Todo un canto de amor y respeto. “Si usted no llega a un acuerdo de coalición con nosotros, temo que no será presidente de España nunca”, concluyó Iglesias entrando ya en el terreno de la irritación.

Las palabras que se dicen quedan ancladas; el intento de humillación, a la vista de todos, ¿quién recompone esto? Incluso en el burdo fango de la política de partido, cuesta. Pide el PNV más esfuerzo al PSOE. “Nosotros votamos la moción de censura gratis. Hoy están jugando a la ruleta rusa con darles una segunda oportunidad a Casado y a Abascal para llegar a La Moncloa”, le dice Gabriel Rufián de ERC. El dirigente republicano ha traído de lleno a Catalunya y a los políticos catalanes encarcelados al debate que quería obviarlos. Y ha dicho que “eso no va de políticos independentistas sino de derechos  y por este camino un día serían 11 sindicalistas, 11 periodistas críticos, etc…”.

Se espera un acuerdo in extremis para no repetir elecciones. O no. Esto es así ya desde hace un tiempo. Unidas Podemos sigue estando proclive, dice, y ahora el PSOE teme perder “el relato” y que les culpen a ellos de volver a las urnas. La maquinaria les liberará de esa carga para echarla toda sobre Pablo Iglesias. Pero no se resuelve nada. Ni mucho menos se garantiza un nuevo triunfo del PSOE, y menos todavía una mayoría absoluta que le permita gobernar solo como quiere. El posibilismo quiere abrirse paso sin afrontar grandes cuestiones pendientes. Entre ellas no es menor la actual versión del candidato a presidente.

“Muerto” una vez Pedro Sánchez a manos del ala derecha de su partido, revive y logra la escueta cifra de 84 diputados. Una moción de censura le llevará al gobierno así y a la promoción que tan excelentemente supo aprovechar. Pero vuelve a alguna casilla más atrás con el aura de su actividad internacional que igual con sus oropeles le aleja de la realidad. ¿Se ha preguntado qué le dirán en Europa de su trato al aliado necesario? A ver si lo entienden. Depende de qué Europa, claro.

La amenaza vuelve a ser la triple derecha de estreno oficial en la sesión de investidura. Pablo Casado que, de cadáver político, se ha consolidado en líder, por abandono de sus contrarios. Rivera perdido en la senda de sus broncas ultramontanas y Abascal que es como un tebeo de Roberto Alcázar.  Y es una amenaza seria y a alejar por encima de todo. Aunque precisamente Pedro Sánchez no lo cree así. Ha dicho en el Congreso que los votantes no se movilizaron por esta razón sino por el deseo de cambio que veían en el PSOE.

Quizás ingenieros emocionales, muy experimentados en estas lides, sepan cómo se recomponen los puentes rotos tras vapuleos difíciles de asumir. El problema es más complejo aún. Una nueva era está aquí. Partidos especializados en ganar elecciones, sin más. Candidatos impresentables –como Boris Johnson en el Reino Unido que con un historial disuasorio llegan a presidir el gobierno porque se han hecho famosos por sus tropelías. Todo se convierte en juego, en distracción, en artificio, mientras los problemas y los anhelos reales persisten. Una parte de la sociedad perdida y manipulada, oscila entre el click obsesivo con la abstracción  de la responsabilidad colectiva y el retorno del fascismo teñido de cerriles telarañas.

En este contexto, ¿forman parte Pedro Sánchez y sus tácticas de la solución? ¿Hay solución?

 

Aun con gobierno ¿cómo salir de este pozo?

Lo peor de una relación fallida es cuando se descubre que no hay tierra a la que volver, que se había ubicado en coordenadas erróneas. En una insólita escalada de declaraciones agresivas, Pedro Sánchez colocó una potente carga de dinamita en el puente de la negociación con Unidas Podemos para la formación de su gobierno. Entrevistado por Antonio García Ferreras en Al Rojo Vivo de la Sexta TV este jueves, situó a Pablo Iglesias como principal escollo para un acuerdo. Con Iglesias no. La falta de empatía -cuando no la animadversión- con el líder de Unidas Podemos es evidente, pero de ahí a los insultos de grueso calibre que profirió hay una distancia. Sánchez llegó a negar las convicciones democráticas de Pablo Iglesias. Varios factores más nos llevan a la sensación de haber caído en un pozo al que no se ve salida sin daños.

Solo tres días después de haber respondido a Aimar Bretos en la Cadena SER que Pablo Iglesias “nunca le había pedido expresamente ser vicepresidente“, Sánchez comunicaba a su ejecutiva que sí se lo había requerido lanzando el titular. Una de las dos veces, mintió. Y aunque la mentira es contemplada como un deporte que practican con soltura muchos políticos españoles, hemos de ser conscientes de que jamás nada sano se edifica sobre la falsedad. Jamás. Es lo que desplaza esas coordenadas que no permiten regresar. Estos titulares de vídeos recopilatorios -a los que podrían añadirse muchos más- demuestran las declaraciones contradictorias de Pedro Sánchez. Una y otra vez las suelta sin pestañear.

El candidato a la presidencia ve en Pablo Iglesias el obstáculo insalvable para un gobierno de coalición. Ahora, la excusa toca ser Catalunya. Necesita “un vicepresidente que crea en la democracia española, que existe una clara separación de poderes y que nadie es detenido por sus ideas”. Hace bien en poner apellido a la democracia: española, en su singularidad. Con el dictador Francisco Franco en mausoleo de honores y su herencia impune perpetuada en múltiples estamentos del Estado. Su desprestigio fundado es un hecho.

El propio Sánchez así lo creía en su discurso del 31 de Mayo de 2018, cuando -con el apoyo imprescindible de Unidas Podemos y de partidos nacionalistas-, dijo “esta moción nace de la evidencia de que no queda otro camino para defender el prestigio de instituciones gravemente dañadas”. Argumentó, con razón, que “la corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país. Disuelve la confianza de una sociedad en sus gobernantes y debilita en consecuencia a los poderes del Estado”. Ataca de raíz a la cohesión social, añadió, y “destruye la fe en las instituciones y, más aún, en la política, cuando no hay una reacción firme desde el terreno de la ejemplaridad”.

Algo han mejorado algunas instituciones: el gobierno, sin ir más lejos. Pero, en fin, podríamos hablar de cómo unos consejeros de la órbita PPrevocan una sentencia para librar a Ana Botella de pagar una cuantiosa multa por haber vendido pisos de protección oficial a fondos buitre en los que además trabajaba uno de sus hijos. O de las comisiones de investigación que se cierran. La suma de PP, PSOE y Cs s vetó que se abriera una sobre las graves acusaciones que vinculan al CNI con el Iman de Ripoll y los atentados de Barcelona y Cambrils. Es un asunto que merece explicación en el sentido que sea. Sigue en vigor una vergonzosa Ley Mordaza y la Reforma Laboral. Hay varias cosas más que no han devuelto la fe en las instituciones.

No fue Pablo Iglesias, precisamente, el más acérrimo defensor del procés catalán. Todo lo contrario. Mucho más apoyo mostró Iñigo Errejón a quien contemplan con simpatía en el PSOE. En estos días, Iglesias declaró que acataba por escrito lo que Sánchez decidiera al respecto como presidente del gobierno. Ni siquiera es ése el problema, cuando todo huele a excusa. Es como si precisara humillar al aliado y ganar con ello el aplauso de su grada. Porque está pasando.

Las aficiones de los contendientes –es lo que parecen- andan por los medios y las redes en un nivel de virulencia que asusta. Sin parangón al que les suscita nadie de la triple derecha, ni siquiera la ultraderecha declarada. Iglesias es el enemigo número uno y Unidas Podemos la cueva de la ignominia para ellos. Les niegan hasta su participación en la subida del salario mínimo o el aumento del permiso de paternidad. El síntoma más preocupante es esa visceralidad, ese odio sembrado al que se ve difícil terapia. En un presunto aliado, además. Habría que apelar a quienes dentro del PSOE no compartan esta táctica.

El gobierno de La Rioja es hoy piedra arrojadiza contra Pablo Iglesias. Directamente. Un ejemplo entre otros que parece el único. Podemos consuma su boicot a un Gobierno socialista en La Rioja, titulan. Una sola diputada, desmandada y en precario en su propio grupo, exige demasiado para dar su único voto y tumba en primera instancia un gobierno del PSOE tras años de derecha dura. Mal. Pero no tienen buena suerte en La Rioja. La aspirante… del partido de Pedro Sánchez, como se diría, califica en un argumentario a UPN (Unión del Pueblo Navarro) de partido independentista. Y casi nadie se ha querido enterar.

Firmamos un manifiesto una serie de personas pidiendo un gobierno de progreso porque nuevas elecciones traerían con gran probabilidad a esa triple derecha que ya campa en sus desafueros por diversos gobiernos municipales y autonómicos. Pero ¿cómo? ¿Se puede siquiera salir de este círculo de mentiras, traiciones, odios y sinrazón?

En buena parte, el freno a ese gobierno de progreso venía porque las encuestas pronostican éxitos y fracasos con mayorías más cómodas. Absoluta ninguna, que quede claro. No se puede jugar con las necesidades reales de la gente por cálculos interesados de poder. Y, mucho menos, apostar a la ruleta los resultados del 28A que hacían posible un gobierno socioliberal o socialdemócrata al menos. Hablar de radicalidades más allá de eso es mentir nuevamente. Y de forma interesada.

En el PSOE no parecen contemplar la posibilidad de no seguir en La Moncloa. La ministra de trabajo en funciones se lamentaba de no poder contar con Calviño si finalmente se coloca en el FMI. ¿Y si se van todos a la oposición? Asombra que no se lo planteen. Y es una posibilidad cierta porque los  votantes de esta derecha fichan, como dice el tópico, así les atoren la nariz los gases de la corrupción y el retroceso ideológico. Vemos lo que están haciendo ya allí donde gobierna esta alianza escorada, además, a la idiocia sin escrúpulos.

  Finalmente, Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos ha decidido apartarse. Acepta el veto de Sánchez y renuncia a formar parte del gobierno e impulsar negociaciones si no hay más vetos. Pero el daño ya está hecho y, visto lo visto, ni siquiera se descartan nuevas cortapisas. Máxime cuando la reacción de “fuentes del PSOE”, se diría que vuelve a ir en la línea de remarcar una supuesta derrota y claudicación: “No podía más que dar un paso atrás”, han dicho. Cuando seguidores de Iglesias – y no solo seguidores – han calificado su postura de generosa y valiente. Difícilmente hay un germen peor para colaborar en una tarea de enorme trascendencia que ese polvorín que todavía queda. 

Si algo fracasa aún y son capaces de entregar a esa triple derecha también el gobierno de España todo está perdido. Por mucho que jaleen los medios afines. La involución no se recupera en el mismo tiempo en el que trabaja su obra destructora. Pero ¿qué gobierno puede haber en estas condiciones? De coalición o en solitario. Pedro Sánchez ha quedado dañado con su actuación. Contradicciones, mentiras, virulentas declaraciones y actitudes no son avales que den seguridad. Más aún, como dijo el propio candidato del PSOE hace poco más de un año “destruye la fe en las instituciones y, más aún, en la política”.

¿Qué se puede hacer? ¿Cambiar de candidatos? ¿Buscar otras tierras? En los cuentos malos, al final resulta que todo fue un sueño, una pesadilla, y se vuelve a la historia posibilista. Lo peor es que esto ni siquiera es un cuento malo, ni siquiera es un cuento, es una preocupante realidad. Y dudo que, incluso con gobierno, haya respuestas a cómo salimos del pozo, al menos indemnes.

*Publicado en eldiarioes  el 19 de julio de 2019

Quién no confía en quién

Casi tres meses después de las elecciones generales seguimos sin nuevo gobierno y con este exasperante baile de declaraciones y cambios de opinión en las negociaciones. Aparentes. Cuando la voluntad es firme, las decisiones se adoptan de forma rápida, directa y clara. El patio público español es ya un gallinero de gritos, a favor y en contra de los contendientes. Eso parecen: adversarios, en lugar de dos partidos de izquierdas –dicen dispuestos a unirse para trabajar por los ciudadanos. Los que les han votado y los que no.

La responsabilidad no es la misma. Quien debe formar gobierno es el PSOE, aunque, por supuesto, el asunto sea cosa de dos. Pero el barro ha inundado la plaza y no se ve con claridad. Pedro Sánchez  irrumpe con un largo exabrupto en entrevista en la Cadena SER para anunciar que rompe con Pablo Iglesias. Y suelta la retahíla –que sabe inexacta– de cuando no le votó en 2016, de la mascarada que quiere rechazar su investidura o de que los malvados van a votar con la extrema derecha.  Los mantras habituales. En las gradas del PSOE y del  establishment  mediático la afición ruge y corea. Luego, Antonio García Ferreras entrevista a Pablo Iglesias en La Sexta y, a tenor de las repercusiones parece que haya habido dos conversaciones distintas. Las pasiones están enfrentadas y a flor de piel.

Confianza, decíamos. “Se constata que se deciden cosas en despachos que corresponderían a los ciudadanos”, le dijo el mismo Pedro Sánchez al periodista Jordi Évole cuando contó las presiones recibidas en 2016 para que no gobernara con Podemos y sí con Ciudadanos, aun sumando con estos un número corto e insuficiente de escaños. “Responsables empresariales trabajaron para que hubiera un gobierno conservador”, añadió. Habló incluso de amenazas.  ¿Qué Pedro Sánchez es el verdadero?

Abruma de vergüenza ajena leer que la corte de baronías y viejas y nuevas guardias del PSOE no confían ni en Pablo Iglesias ni en Unidas Podemos.  Ellos que frieron a Sánchez. En la misma reunión decidieron por unanimidad un gobierno monocolor de Sánchez, con distintas participaciones de UP, lo que ha sido menos destacado. A la liviana memoria se une la desfachatez que se apoya –no sin razón– en el seguidismo acrítico de muchos de sus partidarios. Aunque ése sea un mal extendido y bastante irracional dado el tema que nos ocupa.

¿Quién no confía en quién en España? Escaso anda el crédito por las alturas. Escuchen a los ciudadanos. Puede que sea una de nuestras mayores tragedias, teniendo en cuenta un dato que se olvida: la confianza es un cristal y se rompe solo una vez, sin posible componenda. En cualquier aspecto de la vida y cualquier relación humana. La picaresca (dicen con orgullo), la trampa, la mentira, es seña de identidad de españoles sin escrúpulos. Y, desde la dignidad, no se traga. Ni debería desde la prudencia y la lógica. Nada más arriesgado y absurdo que depositar  algo de valor en quien haya demostrado no ser fiable.

Hechos. 20 de Diciembre de 2015, elecciones generales convocadas por Mariano Rajoy a ver si cuela un triunfo entre los turrones de la despensa. Y no. Y, en vista de que ni intenta formar gobierno, se anima Pedro Sánchez  y firma ese pacto con Ciudadanos, tan de derechas ayer como hoy.

La Razón, portada enero 2016
La Razón, portada enero 2016

24 de enero de 2016.La Razón avanza en portada que Felipe González va a tomar las riendas: “Reunirá a la vieja guardia antes del Comité Federal para frenar a Sánchez”. La ejecutiva también le niega el pan progresista como declaró José Antonio Pérez Tapias. El País atiza fuerte. Llegará a llamar a Sánchez en editorial de portada “insensato sin escrúpulos”. Su demoscopia sigue ensalzando a Rivera, el líder político mejor valorado. No como “otros”. En ese contexto echan las culpas a Iglesias y Podemos de no haber votado a Sánchez.

En junio de 2016,  y tras una investidura de Rajoy fracasada por la firmeza de Sánchez, vamos de nuevo a elecciones. Demasiado para el cuerpo del PSOE. Llega el pavoroso septiembre. Cuatro días de asalto y derribo a Sánchez. Dimisiones para forzar su salida.  Verónica Pérez, secretaria general del partido en Andalucía,  se autoproclama “máxima autoridad del PSOE” ante la estupefacción de España entera. El País sigue en campaña y llega a decir que la salida de Pedro Sánchez será para salvar al PSOE. Es 1 de octubre de 2016. Y escribe: “se lanzó en tromba contra sus críticos, acusándoles —en la mejor tradición sectaria— de desviación ideológica y de trabajar para beneficiar al principal rival, el Partido Popular”.  Siguen lloros, gritos, puñaladas de acero, Sánchez salta. Y se va a resucitar campo adelante. Y lo consigue.

El PSOE se dividió e hizo posible el gobierno de Rajoy. Después vendría la moción de censura que le sirvió en bandeja Pablo Iglesias y Unidas Podemos, con la colaboración de nacionalistas varios de los que, ahora, el presidente candidato abomina. Alguna vez podían recordar que esta decisión fue la que condujo al PSOE  y a Sánchez a La Moncloa. La que le sirvió de campaña y trampolín de promoción. La tragedia es que quieran secar el agua bajo esa tabla. Y torciendo la verdad y exacerbando pasiones. Que también anda caldeado el ambiente en Unidas Podemos, sí, seguro.

Pedro Sánchez no es una marioneta, como comentan algunos. Lo demostró con un gesto tremendo al levantarse a hablar con el espontáneo que irrumpió gritando en el funeral de Rubalcaba. Y, antes, en esa trayectoria en la que no se dejó doblegar. Sabe lo que hace. Quienes  lo ignoramos somos los ciudadanos. ¿A qué viene todo esto? Tres semanas casi ya. Salidas de tono. ¿Quién y por qué influye?  Sin duda, la ideología del PSOE es muy difícil de definir. Socioliberal es la que mejor le cuadra. Se supone hay socialdemócratas bien intencionados pero contiene incluso ultraderecha en los Guerras y Leguinas furibundos y unos cuantos más. En todo este conjunto que incluye el contubernio con final de epopeya de 2016, el PSOE no es que sea precisamente de fiar.

A su lado, las ambiciones y los egos que han dañado Podemos parecen hasta infantiles.  Patéticos disidentes del Frente Nacional de Judea que se prestan a ser usados por los adversarios de la izquierda a cambio de un plato de focos. Otorgándose una autoridad que no avalan sus escasos éxitos o sus contradicciones, además. Más serio el errejonismo que declara al poco edificante jefe de opinión de El Mundo que “hay claramente un espacio para otra fuerza progresista no sectaria“. Qué feliz hubiera sido el establishment con un vicepresidente así, si no le hubiera cegado la prisa. ¿Se arregla con nuevas elecciones ignorando el enfado de  los votantes?  Casado ve en el “efecto Errejón” una posibilidad de asaltar él La Moncloa.

¿Quién es fiable en España? En el PP, bien protegido por su prensa empotrada, la guerra de facciones ha venido alcanzando cotas insuperables. Porque aquí se escribe, para más dolor, sobre la plantilla de negocios y corrupciones. Feroces y soterradas luchas. Soraya Sáenz de Santamaría y Cospedal. Aguirre y Rajoy. Aznar y cualquier demócrata. Cada vez que cae uno de los prebostes, asoma la mano del fuego amigo. Cifuentes que aguantó las graves revelaciones de su máster fraudulento, cayó cuando “alguien” filtró a medios de la familia el robo de unas cremas guardado en vídeo previsoramente.  Por no hablar de la mala salud de varios implicados o testigos de corrupción, que también es triste suerte.  Tramas  y cloacas del Estado impunes, en resumen. Con graves costos para la democracia.

Esta derecha española aguarda la indefinición de Pedro Sánchez para sentarse también en La Moncloa. Esta derecha, cada vez más reaccionaria,  distribuida en tres sensibilidades –la clásica, la pija y la ultramontana–  que tanto gusta a los poderes.  La que ha dado alas a que gente como el arzobispo de Burgos, que se permite pedir a las víctimas de violación “defender la castidad” hasta la muerte.

El 28 de abril una mayoría de electores votó contra un gobierno presidido por Pablo Casado, con Albert Rivera de vicepresidente y Abascal, ministro del Interior. Con listas de progresistas a perseguir. Comparen los “contendientes” la escena a ver si reflexionan de una vez y no esperan a verla en televisión desde su casa. Revertir de esta forma lo que han dicho las urnas es imperdonable. Agostar por cansancio y asco la voluntad de acudir a las urnas, supone una grave irresponsabilidad  a corto y largo plazo. Y olvidar a quiénes se deben los políticos honestos. Es intolerable, injustificable.

 

*Publicado en eldiarioes

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