Sánchez, republicano, monárquico y de izquierdas

“Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad y, si nada es verdad, todo es espectáculo”. Interesado, añadiría de entrada. La cita procede de ‘Sobre la tiranía‘ del historiador estadounidense Timothy Snyder. Pedro Sánchez ha estado en Nueva York en la Asamblea General de Naciones Unidas y ha hecho allí varias declaraciones sobre España. Algunas tienen un difícil encaje con los hechos. Y no puede ser casualidad.

En entrevista con CNN, el presidente en funciones ha dicho que los valores de la II República se han recuperado “con la monarquía parlamentaria que representa el rey Felipe VI”. Algunos dirigentes españoles tienen la costumbre de creer que fuera de España no están informados sobre nuestro país, ni, al parecer, sobre conceptos básicos como república y monarquía. Aunque es significativo que insista en ese argumento que ya expresó aquí.

Otra de las afirmaciones muy relevantes de Pedro Sánchez fue: “La extrema izquierda en cuatro ocasiones rechazó la formación de un gobierno progresista”. Vayamos primero a refrescar la memoria de los hechos. Pedro Sánchez llegó a la secretaria general del PSOE en 2014. En sus primeras elecciones (diciembre 2015) cosecha uno de los peores resultados de la historia del PSOE: se queda con 90 diputados. Y casi empatado a votos con Podemos, ambos a más de 5 millones. Pero será a Ciudadanos y sus 40 diputados a quien Sánchez elegirá como socio para intentar una primera investidura de la que Mariano Rajoy se ha retraído (en otro patético momento de la política española). Ese acuerdo se firma y rubrica con un Albert Rivera tan conservador como hoy y ya la mayoría ha descubierto. 90 y 40 suman 130, no son suficientes y piden a Podemos sus votos. Y no se los dan, juzguen ustedes si con razón o no. Ahí tienen los dos primeros rechazos de los que habla Sánchez. En sesiones consecutivas como marca el reglamento.

En junio de 2016, cuando se repiten elecciones, todavía consigue el PSOE menos escaños: 85, que se quedarán en 84. Es entonces cuando, en uno de los sorprendentes giros de Sánchez, se niega a investir a Rajoy que tiene mayoría pero también insuficiente y el PSOE le monta la defenestración del 1 de octubre. Sánchez confesará al periodista Jordi Évole después que los poderes financieros y el grupo Prisa le presionaban para mantener a Rajoy.

Vuelve con aureola de remontada épica, coherencia y progresismo, las bases le aplauden y le aúpan. La condena de la Gürtel que incluye al Partido Popular marca un punto de inflexión decisivo. El PSOE presenta una moción de censura contra Rajoy. Pablo Iglesias la apoya y, con el concurso del PNV y otros grupos nacionalistas, saldrá triunfante. El papel de Iglesias es determinante, como se dice en el momento antes de los borrados de memoria. Sin todos los apoyos aglutinados, el líder del PSOE no hubiera sido presidente.

El Gobierno supone para Pedro Sánchez una plataforma de visibilidad inigualable, dentro y fuera de España. Las elecciones que adelanta para el 28 de abril, le dan ya 123 diputados. Siete menos de los que dispuso en su primer intento de investidura con Rivera, pero ahora cree haber obtenido algo así como la mayoría absoluta y con ella el derecho a gobernar. Puede ser el síndrome de la Moncloa, que altera algunas percepciones incluidas las matemáticas. Y, en una decisión que ha indignado a gran parte de la sociedad, convoca otras elecciones para el 10 de noviembre pidiendo a los votantes que hablen más claro. Ahí tienen los otros dos noes de los que presume Sánchez, eludiendo toda responsabilidad por la falta de acuerdo, si alguna vez existió tal intención.

Las relaciones de Sánchez e Iglesias pasaron por distintas fases. Y están muy relacionadas con los enfoques sobre decisiones sensibles. Aquel mismo 11 de octubre que Iglesias y Sánchez firmaban en la Moncloa el acuerdo presupuestario, el presidente del Gobierno se reunía en secreto con el embajador de la teocracia árabe. El contexto: la crisis por el asesinato del opositor Jamal Khashoggi y por la venta de un lote de misiles al reino saudí, que primero no se iba a autorizar, pero que “finalmente se llevó a cabo”, anotan Irene Castro y Aitor Riveiro en Eldiario.es entre divergencias.

Vayamos ahora a la ideología. Calificar de extrema izquierda a Unidas Podemos es una falacia. A menos que desde el lado derecho del tablero cualquier ideología que se aleje mínimamente de esa zona de confort en boga se sienta como un peligroso extremismo. Si se ve con buenos ojos a Ciudadanos, coaligado con un PP ultra y con Vox, está claro que todo lo que haya más allá se contempla como el borde del abismo izquierdista.

Lamentablemente apenas quedan partidos socialdemócratas en Europa –donde nacieron-, si exceptuamos al sueco, hoy en el gobierno. Camuflados en el término socioliberalismo se han plegado a los principales postulados de neocapitalismo. Esa es la gran factura que está pagando toda la sociedad. Muchos acusan a UP de excesiva comprensión con esta realidad. Pero todavía no es bastante. De hecho, Pedro Sánchez declaró también en rueda de prensa en Nueva York, como experto en tendencias de la izquierda, que Podemos es “el pasado” y Errejón, el impulsor de la recomposición de ese espacio.

En el debe del Gobierno de Sánchez quedan incumplimientos de promesas básicas como la derogación de la Reforma Laboral o de la Ley mordaza que entrarían, al menos, en lo que queda como distintivo de la socialdemocracia nominal con el liberalismo conservador de los actuales partidos de derechas. Y estos extraños sucesos que ocurren en España ahora, como los de tener a 7 personas encarceladas acusadas de terrorismo, pero cero víctimas, cero atentados y cero armas. Punto en el que coincido con nuestro compañero Arturo Puente. La ministra portavoz ha declarado que El ejecutivo no tiene nada que ver, que en España existe separación de poderes.

Seguía escribiendo Timothy Snyder que la verdad muere por “la hostilidad declarada a la realidad verificable”. O por “la aceptación descarada de las contradicciones”. O por “la fe que se deposita en quienes no la merecen”.

Me hubiera gustado escribir hoy de las imágenes captadas por la NASA en las que un agujero negro se traga una estrella del tamaño del Sol. Pero, no sé, creo que lo he hecho igualmente.

Hubo un día en el que vimos una tierra llamada libertad

La otra noche, el domingo, constaté que aquello no fue un sueño. Un programa en la 2 de TVE dedicado al cantautor, profesor, escritor y político aragonés José Antonio Labordeta, me permitió recordar que en aquella época decisiva fuimos valientes y luchamos por la democracia y la libertad. Y no es un sueño edulcorado: fue así, y de ahí que resulte tan incomprensible, como seres humanos simplemente, la pasividad y el acatamiento a la involución que estamos padeciendo.

La alabada y denostada Transición desde la dictadura tuvo pilares tan sólidos –aunque hayan pasado más desapercibidos para la historia– que por fuerza han de estar ahí para volver a ser soporte y levantarnos. Al menos como referentes. Ocurría que nos había ahogado la dictadura y nos importaba la democracia. ¿Qué ocurre ahora? ¿Que no se la ve peligrar o decaer a una calidad ínfima a pesar de los preocupantes síntomas? Es un asunto clave. Nada haremos saltando de rama en rama de los estímulos que oferta la confusión, si no nos asiste el convencimiento absoluto de querer y luchar por los valores fundamentales de la convivencia democrática, por la justicia y la honestidad irrenunciables.

En Aragón, un terreno casi despoblado con apenas 1.300.000 habitantes, mucha gente se apuntó a luchar por un futuro distinto, como estaban haciendo otras comunidades. José Antonio Labordeta fue el cantautor aragonés, de la tierra y las ideas. Raimon, desde la Nova Cançó catalana, nos ayudó a decir con voz alta y firme un NO rotundo. No al miedo, a la tiranía, a las injusticias. Lluís Llach explicaba que unidos, tirando unos de aquí y otros de allá, la estaca caería. Y, Raimon de nuevo, rememorando un 18 de Mayo en Madrid del mítico 1968, aportó una verdad concluyente: “El que ha sentido la libertad tiene más fuerzas para vivir”.

Quizás es lo que nos ocurrió a un gran número de españoles de aquella época. Tras padecer en el alma su ausencia, nos sentimos tan libres como para saber que eso es lo que verdaderamente importa. Les ha sucedido a muchos ciudadanos a lo largo de la historia. Y, desde luego, una vez que se sabe no sirven los remedos de libertad, ni la libertad tutelada, guionizada, encorsetada.

Vimos la tierra de Labordeta en la que ponía libertad, tuvimos ese privilegio ganado a pulso, bien es verdad. Con la fuerza de quererlo que ahora falta hasta para esfuerzos mínimos. El periodismo se abrió pasó desde antes que muriera el dictador. La revista Triunfo o Cuadernos para el diálogo y varios otros medios abrían ventanas que la dictadura cerraba. En Aragón fue el periódico Andalán. Con Labordeta también entre sus fundadores. Profesores, intelectuales –cuando pensar no estaba demonizado por la estulticia y la mediocridad–. No cobraban. Se solidarizaban en editoriales conjuntos, diciendo que lo habían escrito todos como en Fuenteovejuna, por si caía el secuestro y la condena. Eloy Fernández Clemente, su director, pasó por la cárcel. Comparen con el periodismo actual, amenazado también, más por la precariedad o por el miedo. Aunque no solo.

Y los políticos. Labordeta fundó con Emilio Gastón el PSA, el Partido Socialista de Aragón, que llevó un diputado al primer Congreso de la democracia. Al poeta Gastón. Para la campaña habían traído a Enrique Tierno Galván, a quien en 1977 llamaban ya “viejo profesor”, con 59 años. El que sería un alcalde (de Madrid) sabio, socialista, llano, auténtico, molde irrepetible. En la plaza de toros de Zaragoza proclamó la disposición de “servir al pueblo hasta la última gota de nuestra sangre”, dijo. Duro contraste con el momento político actual en donde vemos a líderes dispuestos a servir a sus intereses hasta la última gota de nuestra sangre, la de los ciudadanos.

Hay que ir por la vida muy ciego o atolondrado para no ver las gruesas cuerdas que mueven los intereses partidistas o personales. Las realidades y la propaganda. Las dianas y los pedestales. Esa fiesta que se apunta al follow the leader sin saber siquiera programas, financiación, ni equipos. A repetir elecciones porque casi cuatro millones de ciudadanos votaron mal –de izquierdas naturalmente, los demás están admitidos en el club–. La culpa la tienen cuatro millones de gilipollas (casi). Como escribe Jorge Armesto ¿A quién se le ocurre repetir elecciones tras ganarlas, para neutralizar a la izquierda desde presuntamente la izquierda? O a saquear las arcas públicas y la democracia, si se tercia, desde una triple derecha que trabaja para lo suyo. Y ¿cómo se asimilan las aparentes construcciones terroristas interesadas? Ver por uno mismo es esencial.

Decía Juana de Grandes, la sólida viuda de Labordeta, que las principales banderas rotas de José Antonio fueron el fracaso final del PSA y el cierre de Andalán. Pero, por el contrario, fueron un triunfo y un ejemplo. Como su paso por el Congreso para ser un diputado –esta vez por la Chunta Aragonesista– cercano, firme, infrecuente. Fueron aquellos años de la Transición muy difíciles. Baste decir que hubo más de 700 asesinados por la violencia política, de ETA, de la ultraderecha, de GRAPO, aunque la vicepresidenta Calvo, en una de sus versiones de la realidad, diga que, salvo ETA,  fue una balsa de aceite.  Hubo de abordarse además la tarea ingente de reconstruirlo todo. Y aun así –con todos sus defectos nacidos del tutelaje y alguna cosa más– echó a andar la democracia, y los derechos, el feminismo, el periodismo también, sí, hasta el de TVE, esencial en los cambios. Cierto que al final es el poder político, limpio o contaminado, quien decide en gran parte. No en toda. Quien pone o quita es el pueblo sobre todo cuando es sabio. No me hablen ahora de que se ahogan en un vaso de agua.

La batalla por la democracia nunca está ganada mientras existan intereses sin escrúpulos ajenos al bien común y no funcionen los diques de contención de sus abusos. Sin olvidar los que han de poner los ciudadanos afectados. Timoratos, constreñidos, resignados, vencidos sin resistencia, nada positivo cabe esperar. A pensar con criterio se aprende; a querer, no. Con rotundidad y desde el fondo de las entrañas, no. El convencimiento democrático no admite apellidos ni edulcorantes, atajos, posibilismos y males menores. Ese es el problema que no se entiende, que no se siente.

Esa tierra en la que ponía libertad, sí la vimos, limpiando parte del camino de siglos de destrozos contra ella. Y siempre ha habido, hay y habrá –esperemos– quien la empuje para que pueda ser. Pero para verla, como cantaba Labordeta, hay que levantar la vista; toda la cabeza, bien alta.

 

Cuando la política se convierte en problema

Durante muchos años, las sociedades confiaban en la política para afrontar sus grandes problemas. Por mucho que fuera el escepticismo, incluso el espíritu ácrata, sabíamos que ante una catástrofe estaban los gobiernos, las administraciones, para ocuparse de ello. La política se ha convertido ahora, por el contrario, en una losa con la que cargamos. En un avispero que nos vemos obligados a atender para calmar los ánimos y buscar salidas. Los llevamos en brazos, a la guardería incluso, en lugar de tenerlos como referentes para los problemas reales, algunos graves y urgentes de muchas personas. Ahora mismo, la política no es una solución, es un problema. Los barómetros del CIS lo reflejan textualmente.

Tras el espectáculo dado con las investiduras fallidas, la forma de abordarlas y las declaraciones adyacentes, volver a convocar elecciones para noviembre ha  indignado a la sociedad. Se lo diré con algo más de precisión. Las personas dicen estar, además de indignadas, desencantadas, tristes, abochornadas, ofendidas, airadas, pesimistas, cansadas, aisladas, hartas, asqueadas… sin poder dormir (casualmente). Algunos, todavía con la ilusión de luchar. Los calificativos los he recogido en Twitter y responden tanto o más a las hoy indispensables encuestas que surgen como setas en otoño. Y en la calle, al teléfono, al eco del viento.  Que dimitan, que se vayan todos, se oye insistentemente.

Estos estados de ánimo son un caladero para las ideas más involucionistas. Quienes los provocan están haciendo un peligroso ejercicio que no tiene que ver con la política, sino con su forma de llevarla a cabo. La política se definió ya en la Antigua Grecia para abordar cuanto se relaciona con los ciudadanos. Es la que dicta las normas generales. Es el trabajar por el bien común. Se ha escrito tanto de la política que igual hemos olvidado su esencia y su papel. Y, desde luego, los políticos que hacen mal su labor hacen mala política, o no hacen ni siquiera política.

España evidencia la falta de cultura política e incluso democrática. Actualmente, el franquismo pesa en las instituciones y la ultraderecha oficial se ha abierto paso con la facilidad del que hace un paseo triunfal por terreno amigo. Quizás éste sería el primer punto a resolver. Los países nórdicos se trabajan su democracia de forma cotidiana, y aun así les alcanza también el virus ultra. Menos.

No es de recibo que todo un ministro portavoz como José Luis Ábalos diga que siente que le han robado el voto y le han usurpado la victoria electoral. Un pensamiento que parece compartir el propio presidente en funciones, Pedro Sánchez. Eso equivale a decir que el PSOE robó el triunfo electoral de Rajoy con el acuerdo para la moción de censura. Eso induce a pensar que los altos mandos del PSOE desconocen u obvian el funcionamiento de la democracia parlamentaria. Porque así no funciona.

La entrevista al presidente saliente en La Sexta fue otro jarro de agua fría para quien esperara soluciones. “No podría dormir con un ministro de Economía o Energía de Podemos”, dijo Sánchez, ofendiendo a quienes padecen severos insomnios por problemas que los gobiernos, el suyo incluido, no resuelven. Tras De Guindos, Montoro o Rato en el puesto, hace falta tener el sueño muy selectivo.

Es el PSOE con estas salidas, la vicepresidenta Calvo en el grupo, y es el PP con Casado diciendo “tenemos que reclamar que se pueda ir por Barcelona sin que te acuchillen por la calle” desde su peculiar viaje al “centrismo” o Cayetana Álvarez de Toledo adherida a la altanería, la mentira y la ultraderecha como forma política. O la ocurrencia de Albert Rivera intentando tomar aire demoscópico con un apoyo a Sánchez a cambio de un 155 para Catalunya –antes de que se produzcan delitos- fuera de los cauces de la Constitución y de la democracia.  En ellas, la justicia “preventiva” no se contempla.

Una política ejercida, además, con trampas. Facebook y Twitter han detectado cientos de cuentos falsas “operadas por el PP” para manipular el debate político. Twitter ha confirmado ahora que se manejaba desde el partido, como denunció eldiario.es

La sociedad está teniendo la impresión de que solo van a lo suyo. Los votantes y medios afines al PSOE y, menos, de la derecha atribuyendo parecidas motivaciones a Unidas Podemos. Y en medio vuelve Íñigo Errejón diciendo que no va a concurrir pero que se lo piensan sectores de su partido, y los medios entran en ebullición.

Nos estamos resintiendo todos. El malestar se contagia, se mira cada palabra, se producen equívocos. Estado de hiperexcitación a causa del clima creado por unos políticos que en lugar de resolver nuestros problemas, crean otros añadidos.

Y ahora la travesía al centro en objetivo común de PSOE y PP, tras echar la corrupción y la moción de censura como pelillos al mar, en virajes ideológicos de quita y pon. Para regresar a aquel paraíso añorado que perdieron por su mala cabeza y sus muchos incumplimientos con la ciudadanía.

Esto solo se resuelve con una regeneración profunda y estamos muy lejos del camino que la trae. Han estirado demasiado la cuerda de la mala política, está ahogando demasiados valores esenciales. Esperemos que la lógica ciudadana busque salidas positivas. De exigencia, inexcusablemente.

 

 

*Publicado en eldiarioes

Nuevas elecciones, la carrera interminable

Exhaustos llegamos a la convocatoria de nuevas elecciones. Una decisión previsible a la vista de cómo transcurría el proceso, de la que hemos hablado tanto que ha exprimido hasta el tuétano los argumentos. Y las consecuencias que cabe esperar. Nos quedan los estados de ánimo y las realidades que subyacen. Un escenario donde, en servicio al establishment, se huye de la izquierda aunque lo manden los votos. Y en el que la principal característica de los líderes políticos -salvo escasas y relativas excepciones- es la mediocridad.

Verán, me dormí y me desperté de forma intuitiva con la imagen de la carrera por la playa en Carros de fuego, la mítica película de 1981 encumbrada a la gloria por la música de Vangelis. Pies desnudos sobre la arena y el agua, que siguen después por pistas regladas y salvan obstáculos y continúan corriendo. Con placer o con dolor. El esfuerzo y el talento, la pugna. Duelo épico y bélico. Hombres solos, como solía suceder. Los atletas británicos de Carros de fuego llevan varias décadas desplazándose al ritmo acelerado del salto de sus pies. Con una meta: el éxito, quizás la conquista. Forrest Gump, en cambio, echó a correr un día simplemente para huir, para olvidar. Sin rumbo. Sin tiempo.

Llevamos en España 5 meses corriendo, sin avanzar. Desde el 28 de abril. No, desde que empezó aquella carrera. No, desde que hubo un cambio de gobierno por procedimiento excepcional y absolutamente justificado. No, desde 2016. No, desde 2015. Con las navidades encima, los turrones en la mochila y un plumífero por si acaso. Hemos atravesado nieves, vientos, brumas, lluvias, calor sofocante, dulces primaveras y cálidos otoños. Alcanzamos una meta y se desmorona. Se impone volver a emprender la marcha, llegamos y se cae también. Y otra, pero se aleja conforme nos acercamos y hay que continuar corriendo. La carrera interminable, mientras se orillan los problemas de la gente común.

Algunos gritan. Apenas siquiera ya en queja. En protesta sí, que es distinto. Animando a sus equipos, zancadilleando a los rivales. Muchos chillan para no oírse. El ruido apaga el sonido de los pasos. Hay una meta, precisamos coronarla y empezar a trabajar. Las metas no son para ponerse medallas, ni subir a los escalones del podio. No solo, son para sentar algún tipo de principio o fundamento.

Es difícil orientarse. Decenas de estímulos pugnan por distraer la atención. En realidad, por captarla para entretener y despistar. Cambian colores, brillos, sonidos, aunque los mensajes sean los mismos. Esto es así y no hay más que hablar. Por su propio bien, asústese. Surgen palabras nuevas para viejos conceptos que estimulen al personal (relato, DANA). Corra hacia ninguna parte. Compre. Compre productos, ideas, odios, fervores, prioridades. Ya le diremos.

Contratos a dedo, nuevas tramas de corrupción, las salas de juicio sientan acusados, algunos colegios siguen abriendo en barracones, el sueldo no llega y los pisos son cada vez más un bien de lujo. ¿Saben que en los aledaños de la M30 de Madrid o en la Avenida de Camilo José Cela no mucho más lejos hay gente viviendo debajo de un puente? Seres humanos aguardan a ser “repartidos” -con suerte- porque un día decidieron correr sobre las aguas y no les aguardaban las fanfarrias del triunfo. Y el machismo continua matando, ahora ya de tres en tres, con los hijos delante, heridos de muerte de por vida. Mientras la política sucia, suaviza la etiqueta real. Algunos han dejado de correr. Algunas, sobre todo. Las han apartado del camino.

Y mientras aquí los políticos se mandan cartas en el tiempo de descuento, más allá se envían drones con explosivos y sube el precio del petróleo. Con cuanto conlleva. Pero lo importante es el torpe teatrillo. Lo que éste dice, lo que el otro propone, desfachatez sonrojante queriendo trucar la voluntad popular, hablar de Estado cuando quieres decir intereses personales, avistadas las encuestas y con la silla en la mente. O el sentar simplemente los reales. El votante es lo de menos. Y crear ambiente: “estuvieron hablando de”…, oyes en la calle. “Dicen”. “Yo creo”. “Son unos impresentables”. “¿Quiénes? Todos”. “No, éste”. “No, el otro”. Y esto da para mes y medio más como mínimo.

Y el palacio y la foto, uno por uno, el apretón de manos, la sonrisa. Las mil, dos mil, opiniones que escudriñan los gestos. ¿Siguen corriendo? ¿Hay meta? ¿Volante o de fin de etapa? ¿o fin de carrera?

Los sueños vuelan más alto. Mirando los trompicones, las caídas, los esfuerzos, el talento, las ganas, el cansancio. La torpeza, la empecinada vanidad. Los que llegan adonde siempre estuvieron, siempre los mismos. Mientras salen conejos de las chisteras. Para carreras patéticas, por cierto, las de los conejos tras una zanahoria. Si lo siguen haciendo, porque es probable que hasta los gazapos –y nunca mejor dicho el sinónimo- hayan aprendido.

Pensamientos para entretener las horas de un día que iba a depararnos… ¡Nuevas elecciones! Salió la fumata blanca. Hay que seguir corriendo, la meta se va más allá. Otra vez. Y aunque hubiera sido gobierno en precario, con espadas en alto, por la incomodidad del vencedor, o la hipoteca del apoyo de última hora. A correr toca de nuevo.

Cómo agota volver a la caseta de salida. Cada vez con peores humores. Políticos abrasados y, lo que es mucho peor para la sociedad, insoportable descrédito a la política. Intolerable. La carrera sin fin. Carros de fuego de un profeta que sube a ninguna parte o Forrest Gump corriendo absorto para no llegar ni a sí mismo. Inmenso tedio, a ratos indignación. Un banco de los de sentarse (los otros tienen acceso reservado). “Mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías”. Igual los hay por millones. Igual no. Se verá.

*Publicado en eldiarioes

La factura de una decisión equivocada

En todas las decisiones trascendentes hay que valorar los antecedentes y las consecuencias. Ninguna persona responsable se limita a reacciones viscerales sin tenerlos en cuenta. Pedro Sánchez, el candidato a la presidencia del Gobierno, volvió a dar un puntapié al pariente pobre que nunca aceptó a su mesa. La cadena de desprecios, tras vetarle -como él mismo no hubiera aceptado de nadie-, culminó este jueves con el rechazo a la última propuesta de Pablo Iglesias para la formación de gobierno en apenas minutos y ratificada este viernes por la portavoz… en funciones de partido. Los corifeos pueden vestirlo de seda y verosimilitud, pero no tiene soporte alguno si de lo que se trata es de formar un Ejecutivo progresista, tal como pidió la mayoría de los votantes.

¿Tenía otros planes Pedro Sánchez? ¿En qué día y a qué hora dados sus cambios de opinión? Los que por cierto se reparten por las hemerotecas y nunca ha explicado. El caso es que el PSOE no dispone de votos suficientes para gobernar, le faltan muy pocos y los que puede obtener no los quiere. Y se empieza a ver con buenos ojos, los corifeos también, una alianza entre PSOE y PP para después de las nuevas elecciones. El mismo PP al que echó la moción de censura por su insoportable corrupción. ¿Cabe más? En serio, ¿cabe más?

No se fían de Unidas Podemos, dicen, pero se fían del PP de Casado y sus máster y carreras exprés. De Ayuso y su gobierno de la provocación, del insultante reto a la cordura, escaparate orgulloso de la impunidad. El PP de Cayetana Álvarez de Toledo y todo lo que huela a ultra, trampa e involución. El PP con los peores resultados de toda su trayectoria vendría en un paquete con Ciudadanos y lo que quede de Vox. Con la ideología de Vox, que ha sacado del armario el corazón ultraderechista de esta derecha. Con un Albert Rivera que quiere emular el “Minority Report” de Spielberg para encarcelar a quién él decida, “sin esperar a que se cometan los delitos“: el sueño dorado de todo dictadorzuelo.

¿Es ése el proyecto de Pedro Sánchez? ¿Es lo que ven bien la CEOE y los bancos acreedores? ¿Qué pasa con las esperanzas y los derechos de la sociedad? Una sociedad que, en sus sectores decentes, está harta de corrupción y engaños.

El bipartidismo se ha hundido, cien veces hay que repetirlo porque las pruebas son concluyentes. Y se ha hundido por sus errores: sobre todo por el error de la socialdemocracia que se plegó al capitalismo, con apenas unos brochazos de políticas sociales distintivas. Si ése es el contexto profundo, los matices nos llevan a lo sucedido en otros países. Todas las complicidades y aún indefiniciones se han pagado. Bajón histórico en Alemania de ambos partidos, en particular los socialdemócratas. Barridos estos en Francia o en Italia. Por primera vez, no suman mayoría en el parlamento europeo.

El caso de Italia es el más citado en estos momentos. El Movimiento Cinco estrellas y el Partido Democrático formaron gobierno para echar al ultradererechista Salvini en tiempo récord. Dicen. Y no es exacto. Hay una historia detrás. Muy ilustrativa. Matteo Renzi era el Pedro Sánchez anterior. Adorado por la socialdemocracia europea –aunque él es más conservador- accedió a la presidencia de Italia en 2014, a los 39 años. La Revista Fortune le consideró la tercera persona más influyente del mundo menor de 40. Renzi, sin embargo, se empeñó en firmar un pacto, conocido como “pacto del Nazareno” entre su partido, el PD, y Forza Italia de Berlusconi. Nada menos. El fin era transformar el Senado y, sobre todo, practicar una reforma a la ley electoral italiana, dirigida fundamentalmente a poner trabas al M5S.

Renzi fracasó, se fue a negro su gobierno y su carrera en 2016. Y propició que 5 Estrellas pactara con Matteo Salvini en la que sería la proyección más espectacular que puede tener un neofascista desde el Ministerio del Interior. M5S y PD han superado este escollo, sin Renzi, y han formado gobierno. Pero Salvini está ahí, a manifestación diaria brazo en alto, y directo a conseguir el Gobierno. Renzi, echando valores fuera, sigue en sus trece: “Frente a la esquizofrenia vulgar de Salvini, el Cavaliere es un hombre tranquilizador de las instituciones”, acaba de decir.

Porque ¿qué viene después? ¿Qué viene después de los pactos entre derecha e izquierda nominales, después, sobre todo de defraudar a la ciudadanía? Lo estamos viendo en el crecimiento de la ultraderecha, de los neofascismos y fascismos netos, el racismo y la xenofobia de los ataques a los derechos a los colectivos vulnerables incluidas las mujeres que somos la mitad de la población.

Los píopíos de las gradas creen estar disputando un partido de fútbol pero esto es la vida y nos jugamos nuestro futuro. No es posible una irresponsabilidad del calibre de la que se avecina convocando nuevas elecciones por no llegar a un acuerdo fácil de gobierno.

La mayoría absoluta no se va a producir. Más aún, la indignación de los votantes progresistas puede dar resultados inesperados a los estrategas de la demoscopia.  La figura de Pedro Sánchez queda muy dañada en ese sector de la izquierda, y el otro no es que precisamente le aprecie. Es asombroso cómo Sánchez ha dilapidado la leyenda de su coraje frente al aparato del PSOE que le ejecutó y la formación de un gobierno que se presumía ejemplar por su composición. Varios de sus integrantes se han quemado en la gestión de cuanto concierte a las fallidas negociaciones.

Lo peor es el convencimiento de que las puertas giratorias se abren oportunas, cuando lo hacen, que tampoco es siempre, y que la factura abultada y dolorosa la paga la sociedad.

*Publicado en eldiarioes

Para mujeres sin complejos o próximas a superlos

La imagen resultó insoportable incluso para la España que la repite de año en año y que ve reverdecer el machismo. La foto de apertura del Año Judicial sin una sola mujer. Otra vez. Los 13 miembros de la Sala de Gobierno del Supremo con el Rey, todos hombres. Lo curioso es que hay 2.858 mujeres juezas (53%) y 2.519 hombres jueces (47%), según los datos oficiales del Consejo General de Poder Judicial a enero 2018. Y que ni si siquiera se explica con la habitual excusa de la edad. En esa fecha había 875 mujeres juezas y 972 hombres entre 51 y 60 años.

Una de esas mujeres juezas era Victoria Rosell, que sería víctima de una conspiración por parte de otro magistrado de su misma jurisdicción: Salvador Alba. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias acaba de condenarle a seis años y medio de prisión y 18 de inhabilitación, por los delitos de prevaricación, cohecho y falsedad en documento oficial.  Una trama que la apartó en su día de la carrera política que había emprendido como diputada de Podemos.

No es casual que mencione ambas noticias que confluyen en fechas. La discriminación de la mujer sigue siendo un hecho, no ha dejado de exigir un esfuerzo extraordinario remontarla pero con determinación y fuerza sí se puede. Elementos que ha evidenciado en su caso Vicky Rosell.

El tema traspasa lo casual para convertirse en preocupante. Una reunión del equipo de dirección y de opinión de eldiario.es ha revelado que la labor de zapa del machismo puede estar influyendo en algunas mujeres. Se animan menos a expresar sus opiniones por temor a que no les compense de las críticas que pueden recibir o porque –ciudadanas multitarea– no dispongan del tiempo suficiente para todo. Y aún habría muchos más matices.

Sin duda, el tema esbozado en la reunión de eldiario.es merece un análisis mucho más completo, pero parece un hecho que los nuevos papeles de mujeres y hombres  han causado más efectos de los inicialmente advertidos.

Las mujeres españolas han vuelto a reivindicarse como se hizo en e,l último cuarto del siglo XX, masivamente ahora en los #8M que han sido ejemplo internacional.  Pero han tenido un potente rechazo del machismo que se ha rearmado. El destacado portavoz de Vox  en el ayuntamiento de Madrid recrimina a sus socios y correligionarios de PP y Cs que impulsen políticas que, según él, “criminalizan” al hombre por serlo. Y afirma que “la violencia de género es una gran mentira, negar esto es como negar el día o la noche. La violencia es violencia, no tiene sexo”, desde su noche sin día porque en las mentes oscuras no entra la luz.

Lo dice el mismo día que la Fiscalía del Estado aporta datos terribles: las violaciones cometidas por menores aumentaron un 43% en 2018. Se denuncia más, pero no deja de ocurrir y con agravantes. Carne de porno desde muy temprana edad, desde la infancia, niños y jóvenes buscan vídeos de violaciones en grupo, con cifras récord de visualizaciones. El machismo en sí también ha aumentado en la adolescencia. Y aquí se puede hablar con toda contundencia de la relación causa efecto de las políticas que apoyan el machismo orgulloso de sí.

El machismo se ha crecido. Con consecuencias visibles. Y algunas mujeres, según nos dicen, se retraen en la práctica por las implicaciones que puede tener lo que digan. Se advierte una cierta inseguridad en ciertos casos. Y, desde luego, no es momento para tenerla. Estamos en uno decisivo. Tenemos que leer a mujeres, escuchar sus opiniones expertas, saber que se pueden equivocar o no, tanto como los hombres. Ya lo dijo alguien: “la igualdad llegará cuando haya tantas mujeres ineptas mandando como hombres ineptos”. Y en el camino de ese objetivo ya vamos.

Es constatable que las críticas, tanto en Twitter como en los comentarios de las columnas de opinión, son más agresivas hacia las mujeres que hacia los hombres –por línea general, salvo excepciones–. Con descalificaciones personales y calumnias. Y no es plato de gusto. Sin embargo, las columnas de eldiario.es por ejemplo tienen entre 30.000 y 200.000 lectores de media, aunque algunas llegan hasta el millón. En un centenar de comentarios, pongamos por caso, el porcentaje de los que insultan apenas llegan a 10, 20 como mucho. Irrisorio porcentaje que no indica otra cosa que la memez y mala uva de quien los profiere.

En Twitter tienen más repercusión, pueden llegar a dañar cuando tienen como objetivo claro menoscabar o destruir la trayectoria de la víctima. Luego se amplifican en las redes de los medios basura, y los que pasan por prestigiosos –comprobable, con sus firmas y todo–, pero ni siquiera eso alcanza al criterio de toda la población o de aquellas personas que lo tienen.

Siempre fue difícil. A las mujeres nos lo ponen cuesta arriba. Las primeras –de esta etapa, dado que ha habido muchas antes– llegamos a redacciones, a salas de juicio, a quirófanos, solo de hombres; a universidades con mayoría de ellos, hasta a las gradas de los estadios. Todo es ponerse. Y levantarse, si se cae o se agota una. Ahora que la partida está con más elementos a favor en el tablero, no caben los complejos. También es cuestión de carácter, tener más miramiento, menos osadía, quizás. Quizás, tampoco es regla general.

Nunca he considerado al hombre como tal, enemigo. Algunos lo han sido, de uno en uno. Otros todo lo contrario. Muchas mujeres lo vemos y sentimos así. Pero no se puede bajar la guardia de nuestros derechos. El logro a conquistar por tanto es creer que las mujeres podemos. Lo hemos demostrado en todos los terrenos, contra el olvido, el borrado, los frenos, las mentiras.

Hace un par de días, Manuel Rivas, un hombre, escribió un texto estimulante en El País. Un hombre sin complejos para mujeres sin complejos. Aludiendo al Génesis, la gran literatura, dice: “Y la protagonista es Eva, la mujer. Es ella la activista de la desobediencia, la que toma la palabra y la que se atreve a probar el fruto del árbol del bien y del mal. Ese acto de desobediencia inaugura la libertad”.

Así es, así somos.

*Publicado en eldiarioes

Camilo Sesto, el cantante al que quisimos sin confesarlo

 Le preguntaron en TVE por qué estaba mal visto decir: “Me gusta Camilo Sesto”, y apenas supo qué responder. Y lo cierto es que escuchábamos, incluso en secreto, sus canciones y todos los amores de nuestra vida tuvieron su momento para dejar que Camilo les dedicara su canto del desamor y la nostalgia. Hoy, en la muerte del músico -a los 72 años-, se constata que somos muchos quienes sentimos que fue importante en nuestras vidas al ponerles una parte de su banda sonora.

No revolucionó la música pero la interpretó magistralmente con una voz perfecta. Y sí se atrevió a afrontar la interpretación de la Ópera Rock, Jesucristo Superstar en una España con el dictador vivo, tan melindroso para estas cosas.  Y fue un hito. Montó y financió el muy costoso espectáculo que había visto en Londres. De gran calidad y fiel al original, se mantuvo cuatro meses en cartel. Con gran afluencia de público aunque no sin problemas. Porque un Jesucristo social y moderno – siquiera porque cantaba- , con dudas, llevado a los escenarios, fue demasiado para esa parte de nuestra sociedad que siempre intenta arrastrarnos hacia atrás.

Camilo Sesto era, además, un hombre hermoso cuyo error fue resistirse al hecho de envejecer y perder la tersura de la piel, embutiéndose agujas de un pasado inaprensible. Sus comienzos fueron duros, de trabajador todoterreno que se hace huecos en las orquestas que -en los años 60´- recorrían los pueblos para cantar en las fiestas. Canciones melódicas, de bailar agarrados, que se dejaban oír mejor que cuando ensordecen a decibelios y machacan a la vecindad con reguetones. Y luego en los grupos hasta alcanzar el estrellato de solista.  Pleno.

Un éxito atronador. Lleno de números 1 en las listas, cuando ya se empezaron a contar en ordinales, de discos de oro, conciertos, giras, premios.  Y un sitio en muchos corazones porque al final casi todos terminamos conociendo la experiencia de los amores que dejan el alma herida.

Por los sueños perdidos, por la inocencia, las costumbres, las voces quebradas, las realidades vividas, las ilusiones renacidas, el amor imperecedero al punto de volver a cantarlo una y otra vez como si fuera un hallazgo único. Algo muere y algo se queda, siempre se queda. Gracias, Camilo.

Con nuevas elecciones, habría de cambiar el candidato

El espectáculo que está ofreciendo la negociación de gobierno puede calificarse de bochornoso. Dejemos de dar vueltas a lo accesorio y vayamos al grano: si se convocan nuevas elecciones, sin razones objetivas de peso, es porque el candidato ha fracasado. Se precisa otro. Hastiados, con profunda irritación, muchos ciudadanos empiezan a esbozar esa posibilidad. La equidistancia reinante –nada que ver con la imparcialidad– pide siempre “al otro”. El otro también, sí, pero la responsabilidad máxima es de la persona que ha de constituir el gobierno. Pedro Sánchez, a la cabeza del PSOE, es a quien compete lograr un ejecutivo estable.

El conflicto es de dimensiones cósmicas y surgido prácticamente de la nada. A no ser que ahondemos en esos matices que se agrandan y se convierten en escollos insalvables. Supuestamente, PSOE y Unidas Podemos son dos partidos de izquierda. No debería haber mayor problema para llegar a acuerdos. Lo han hecho en ayuntamientos y comunidades autónomas. Unidas Podemos accedió en la primera parte del fiasco de las investiduras a descabalgar a su líder, Pablo Iglesias, porque no gusta al PSOE. Han llegado a decir que sería como tener al enemigo en casa. Al enemigo, que se dice pronto.

Punto primero: el PSOE no se ha enterado, tal como se manifiestan en sus filas, de que no tiene escaños suficientes para gobernar. Y pretende que Unidas Podemos le dé los votos suficientes, sin más. Ése es el camino en el que realmente está actuando. Las presiones, coacciones, al partido que dirige Pablo Iglesias sonrojan.

En política, se ha apuntado el PNV, cuya sensatez tanto apreciamos, rezando y todo para que haya un acuerdo que evite nuevos comicios. Ellos no bloquearán la investidura (¿no votarán en contra?) “si el programa es asumible”. Gabriel Rufián, por ERC, evolucionado al más prudente diputado de la Carrera de San Jerónimo, conmina a Unidas Podemos a no ser un obstáculo para el gobierno de Sánchez, después de haber tumbado los presupuestos que llevaron a Sánchez precisamente a la disolución de las Cortes.

Mediáticamente, no pueden decir más claro lo que ocurre: el PSOE “hace guiños” a Unidas Podemos incluyendo medidas sociales. Qué suerte, por favor, las medidas sociales son “guiños” y sirven para tener los votos de la izquierda. A mí me parece sonrojante, pero en las cómodas almenas en las que viven algunos, la realidad cotidiana de los ciudadanos de a pie no se contempla.

Y eso nos lleva a otro punto clave: ¿las medidas sociales serían “guiños” de investidura en un partido que realmente fuera de izquierdas?

Pedro Sánchez y su círculo quieren ir a elecciones. Cada vez son más las voces –y los indicios que así lo indican. Como en un juego que puede resultar el de la ruleta rusa. Con un objetivo claro: que el tiro mortal vaya para Unidas Podemos. Podría ser el reto. Los retos estimulan personalmente a ciertos caracteres. Es el famoso relato, esa frivolidad de tópico que nos tiene a muchos hasta más allá de donde alcanzan los brazos en alto. Prueben a subirlos, va bien para aliviar tensiones de cuello y espalda. El relato. Lo importante no es lo que es, sino cómo se cuenta. Y cuando se usan demasiados adornos el fondo se enturbia.

El intento de recobrar el añorado bipartidismo. Con un PP que –repitamos hasta que cale obtuvo en abril el peor resultado de su historia: 66 diputados en el Congreso, y la pérdida de 71, ¡3,6 millones de votos menos! y 145 sueldos públicos. De ahí que aumente las consejerías en la Comunidad de Madrid en ese laboratorio de la provocación y la impunidad que resume el gobierno de Casado/Díaz Ayuso.

Es el relato auténtico, compuesto de hechos. El que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa gracias a una moción de censura a Mariano Rajoy con la decisiva ayuda de Unidas Podemos y los nacionalistas. El puesto que le ha permitido viajar por medio mundo, recibir a mandatarios, y saborear las mieles y las hieles de gobierno. Apenas un año que puede cerrar con el camión de la mudanza en la Moncloa para recoger sus pertenencias. Y con el incomprensible balance de haber perdido el gobierno por una estrategia peligrosa.

El que puede sentar de nuevo al PP, aceptado rival bipartidista, en el gobierno de España. El de los discos de Bárcenas borrados 35 veces, rallados y machacados al que un juez no ve delito por falta de pruebas y por otros resquicios de la ley. De esa ley que aplican, los jueces que, en altas instancias, nombra el bipartidismo. El que pacta con Vox y Ciudadanos y su campaña ultra para competir en los espacios de ultraderecha. Con esa Cayetana Álvarez de Toledo a la que odiar e insultar en twitter para distraer y perder fuerza, pero hiela la sangre –desde su ser tan antidemocrático al decirle a alguien “que pierda toda esperanza“.

Casi parece dedicarlo al Pedro Sánchez que se ha dejado comer el terreno y acariciar los oídos. Casi a la sociedad expectante que creyó votar para que hubiera un gobierno progresista.

Abordemos medidas de alivio ante semejante panorama. Es evidente que el bipartidismo quiere revivir modificando el artículo 99 de la Constitución, para regalar escaños a la lista más votada aunque no se corresponde con la voluntad popular. Ese intento ya se ha mencionado. El propio Sánchez lo planteó y también, en su día, Pablo Casado. Se hace en otros países nos dicen. Pocos, otras medidas son más frecuentes.

Vemos en diferentes lugares en los Estados Unidos por ejemplo que tanto gustan que cuando un candidato fracasa, se va a su casa. Quizás, es una opción demasiado drástica para estos lares, pero como idea nos sirve para cotejarla con otras mucho más lesivas para la sociedad. Un ejercicio para ver las dimensiones de cada salida. El propio Pedro Sánchez debería ser el primero en mirarse en ese espejo.

¿Qué tal pues la propuesta? De no llegar a acuerdos de gobierno, sin mediar obstáculos de peso, exigir que no repitan los mismos candidatos que han sido incapaces de conseguirlo.

 

*Publicado en eldiario.es

 

Aguirrey Cifuentes, el virreinato de Madrid

Han pasado 16 años desde que, en junio de 2003, Esperanza Aguirre se convirtió en presidenta de la Comunidad de Madrid en una sorprendente sesión que nos dejó boquiabiertos. Dos diputados del PSOE, Tamayo y Sáenz, dejaron sus escaños vacíos para dar la mayoría a la candidata del PP. El ‘Tamayazo’, nunca aclarado oficialmente pero con sus tentáculos al aire, inauguró el virreinato de Madrid con el PP más corrupto de la historia al frente y una titular, Esperanza Aguirre, que lo formatearía a su gusto. Por aquellos tiempos, su antecesor, Alberto Ruiz-Gallardón, que ocupaba el “trono” desde 1995, pasaba por ser un progresista liberal de lo más moderno. En el gobierno de España, en ese período, José María Aznar.

En aquella histórica sesión de 2003 en Madrid, se propuso a Concepción Dancausa como Presidenta de la Asamblea y ella se levantó, sacó un papel del bolsillo y leyó cuanto estaba sucediendo e iba suceder. Dancausa ha sido nombrada viceconsejera de Vivienda en el gobierno de Isabel Díaz-Ayuso. Es la misma que fue condenada por el Tribunal de Cuentas por vender pisos municipales de protección oficial a Fondos Buitre. Luego sería exonerada, junto a Ana Botella, gracias al voto de dos consejeros vinculados al PP. El Partido Popular es una gran familia, especialmente el de Madrid.

Todos los presidentes de la Comunidad de Madrid, salvo Ángel Garrido y Pedro Rollán en sus breves mandatos, han sido imputados por la Justicia. A Gallardón en otra vertiente y ya fue sobreseído. A cambio, tenemos en la lista a Francisco Granados, vicepresidente con Aguirre, que entró a lo grande en la trama, al decir de la justicia. Desde lucrarse con colegios de niños, a cacerías y volquetes de putas. Casualmente, presidió la comisión que hizo como que investigaba el ‘Tamayazo’.

Esperanza Aguirre es, para el juez, la jefa de la trama. Caminaba impoluta en lo que ella misma denominó charca de ranas y resulta que todas croarían a su batuta. Ultraconservadora y rabiosamente liberal a un tiempo, censora, añorante franquista y aficionada a las mentiras históricas, hasta al 15M vio como una rebelión copiada de la para ella malsana revolución francesa que tumbo a los Luis XVI absolutistas de toda la Historia. ¿Pagará ahora?

Hoy ha sido imputada por el juez con Cifuentes y otros empresarios, entre ellos de forma destacada Indra. Por organización criminal, relacionada con la financiación ilegal del PP para adulterar las elecciones a su favor. Habría empezado, según el sumario, apenas llegada a la presidencia. Hoy pringan también con ella, en esta imputación, el hostelero Arturo Fernández, ex presidente de la patronal madrileña, cuñado de Gerardo Díaz Ferrán, aquel otro jefe de empresarios que dijo a Aguirre uno de los piropos más sentidos de su vida: “es cojonuda”.

Es difícil moverse sin árbol genealógico por la familia “pepera” de Madrid. Como se heredan las chanchullos de negocios entre todos, visto lo visto, a Cristina Cifuentes también le tocó lidiar con Arturo, el de los caterings de todo lo oficial. Y pasa lo que pasa. Cifuentes era otra moderna, otro verso suelto, que terminó insertada en ese gran poema épico y nada ético de su partido en Madrid. A Cifuentes, la tumbó de la presidencia el máster que no hizo y su empecinado empeño en negarlo para no ser ella la que palmara por lo que se diría es una extendida práctica en el PP. Y el fuego amigo del vídeo de las cremas. Y el juez cree que también la Púnica. En total, en esa trama van ya medio centenar de imputados.

La derecha, con sus ultras y todo, ha colocado ahora a Díaz Ayuso en Madrid, con sus líos de avales e impagos que se trae desde casa. Y ella ha formado un gobierno sin complejos. Ni uno: en esa banda de redimidos (porque para bravos con “che” ellos), se ha traído hasta al jefe de Seguridad del Madrid Arena en 2012. Un suceso en el que murieron cinco chicas jóvenes y causó enorme conmoción. Poco más cabe. Y bien repleto tiene Ayuso el plantel del ejecutivo de consejeros que pueden hacerle competencia en el título.

La imputación de Aguirre y Cifuentes es una noticia positiva para la justicia que debe imperar en un Estado de Derecho. Veremos en qué acaba. Cabe esperarlo todo de este país. Lo inaudito –por decir algo es que los cómplices de esta situación insostenible que se prolonga ya durante tantos años tengan la desfachatez de mirar para otro lado. Los Ciudadanos de Aguado y Rivera, desde luego. Madrid como epicentro de una derecha unida como una piña en un proyecto que sonroja y nos denigra como sociedad. Virreinato de prebendas de otra época y otro mundo. Tan pertinaz, desgraciadamente, en España.

Noticias bajo la espuma flotante

Cayetana, Arrimadas, Calvo. Mintieron, no mintieron. Sánchez, Iglesias. Le miró, no le miró. Ayuso y la banda de los redimidos. Porque lo valemos y nos sale del papel de fumar. ¿Qué pasa? Los periodistas desmemoriados. Las periodistas enfadaditas. Los secretos a voces. La nueva versión del “off the record”, ahora para políticos. La piscina de pirañas de Twitter. Rojos 10, Morados 2. Campo abierto para los fachas. ¡Venezuela!, otra vez. Rivera la trae de su retiro agosteño. Los clubs de fans. No puedo.

“En un solo día esta semana, el primer ministro indio Narendra Modi deshizo casi siete décadas de historia”, informan en The Washington Post. Ha despojado a Cachemira (la única región mayoritariamente musulmana), de su condición de Estado revocando una autonomía que había estado vigente desde la década de los 50. Hay protestas y más que se temen. Se habla de 3.000 detenidos, entre ellos niños de hasta 13 años.

Boris Johnson es un señor pelirrojo que se hizo famoso en el Reino Unido por sus excentricidades. Ese fue su principal valor, ser famoso, para que el Partido Conservador británico con cientos de años de historia lo eligiera como su líder. De ahí, y sin paso alguno por las urnas, ha llegado a la jefatura de Gobierno. Y desde ahí ha paralizado el Parlamento. El británico, que se dice pronto. Johnson quiere hacer un Brexit duro y la democracia resulta molesta para estas cosas. Miles de británicos se han echado a la calle, a la firma y a los juzgados. A ver cómo acaba el pulso.

No es el primer payaso presidiendo un gobierno. En Ucrania tienen uno que oficialmente lo es y presume de serlo: el cómico Volodimir Zelenski. Y éste es el que menos lo parece. Bolsonaro, el presidente de Brasil, en plena ola de aterradores incendios en la Amazonía, ha decidido recortar los fondos para su prevención. Y Donald Trump en EEUU se dispone a eliminar restricciones a la explotación forestal, minera y energética en una extensión que supone la mitad del Bosque Nacional Tongass de Alaska, el mayor bosque templado húmedo del mundo, según The Post, también.

Al neofascista Matteo Salvini en Italia le ha salido el tiro por la culata. Provocó la caída del Ejecutivo del que era ministro del Interior, y ahora los M5S formarán gobierno con el Partido Demócrata. Salvini afilará todas sus armas para volver por la puerta grande, si la cordura no lo remedia.

Aquí en España tenemos a Cayetana y a Arrimadas, a Casado y a Rivera, y a esos otros azules como la antracita al sol. Y a Sánchez y Calvo que miran o no miran. Y a redactores de sus estrategias. Y todo lo demás. No, no puedo.

El miércoles, ADF, filial de ISIS, secuestró a más de 200 personas en Boga, República Democrática del Congo, incluidos niños y niñas. Ya hay quien intenta rescatarlos, como sucede siempre, con riesgo de sus vidas. Como hay, en multitud de zonas de conflicto (bélico o de hambruna y abandono) médicos sin fronteras MSF que intentan atender a los enfermos con enormes dificultades y precariedad de medios. Españoles en ellos. Con familia y seres queridos preocupados por su suerte. Mezclados con voluntarios de otros lugares, porque para la solidaridad no existen colores, ni lenguas, ni fronteras. Hay gente que ayuda, en lugar de entorpecer.

Como tenemos a personas que se baten contra el creciente fascismo, la intolerancia y la maledicencia para salvar la vida de los más débiles en el mar. Y que son perseguidos y acosados por ello. Sin que flaqueen en su empeño. Òscar Camps, fundador del Open Arms, o Helena Maleno, que se define como Defensora de los DDHH en @walkingborders con cuanto implica, entre otros.

Cada día veo también, haciéndose un hueco en la piscina de pirañas de Twitter, a periodistas que están muy lejos de las sillas y el aire acondicionado, y sobre todo del influjo del poder, incluso del tedio adocenador. Javier Espinosa, por ejemplo. Y muchos otros. En Hong Kong también anda preocupante el panorama.

Javier Espinosa@javierespinosa2

Police to ban mass protest in citing risk and petrol bombshttps://www.scmp.com/news/hong-kong/politics/article/3024790/police-will-ban-mass-rally-and-march-saturday-call 

Police will ban mass rally and march on Saturday to call for universal suffrage on fifth annivers…

Planned action to call for universal suffrage was scheduled on fifth anniversary of failed electoral reform package being revealed and is first time an event has been totally vetoed.

scmp.com

Ver los otros Tweets de Javier Espinosa

¿Recuerdan cómo apoyamos la iniciativa de mujeres iraníes y de Arabia Saudí que se rebelaron contra la obligación de llevar velo? Han sido condenadas a duras penas de cárcel, hasta 16 años. Aquí tenemos a las de Irán. Hay que salvarlas. Sí o sí.

Amnistía Internacional España

@amnistiaespana

Yasaman, su madre y otras mujeres hicieron lo q ves en el vídeo: manifestar su desacuerdo con la obligación q tienen las mujeres en Irán d llevar el velo repartiendo flores en el metro. Por ello han sido condenadas a la cárcel, Yasaman a 16 años. LIBÉRALAS http://amn.st/6018E4znm

Video insertado

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Pero no tenemos un Albert Rivera, por ejemplo, que se ocupe de ellas. Ni de las perseguidas en El Salvador por interrumpir su embarazo, incluso accidentalmente. Ni de los guatemaltecos, hondureños, haitianos, víctimas de pobreza máxima y emigración. Ni de los nicaragüenses siquiera que, por el origen perdido en los tiempos de su gobierno, podrían dar beneficios electorales. Solo existe Venezuela. El país donde quieren que gobiernen algunos hoy opositores que se lucran de negocios inmobiliarios en España. De los pisos de lujo. Uno de los más florecientes: Madrid es la sexta ciudad del mundo donde más se incrementa el precio de este tipo de viviendas. Más que en París.

Volvemos a la mugre, que flota en la superficie como espuma flotante. A la desasistida hasta de una atención crítica que permitiera limar sus errores. Y al estancamiento de lo que ha de funcionar por el bien de todos. A ese mirarse el ombligo tan estéril y paralizante. Pero no es basura todo lo que reluce.

Hay gente que trabaja por los demás, a menudo calladamente. Capaz de conmoverse con las desgracias ajenas al punto de mover un dedo y la vida entera, por ayudar. Profesionales de todos los gremios, periodistas también, que cumplen con su cometido y más allá de él. Ciudadanos que se identifican con el dolor de un padre famoso, de una familia, por la pérdida de una niña maravillosa, hermanados en un sentimiento universal. Ciudadanos convencidos de que en un mundo con las prioridades lógicas de humanidad, lo primero es solucionar los conflictos, investigar para atajar causas y aportar soluciones. Lo llaman “pensar en positivo”, pero más bien es “hacer en positivo”. Porque hace falta, porque es imprescindible.

 

*Publicado en eldiario.es

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