Mundo S.A.

Trump dice que acabará con el Estado Islámico, pero con pocas tropas

La empresa Mundo S.A. anda revuelta estos días con la llegada a la dirección estratégica de un visionario (que es como se llama a los perturbados con éxito). Las normas van a cambiar con el fin de lograr el objetivo de siempre, aunque ya sin tapujos ni cortapisa alguna: el máximo beneficio para las arcas de las personas convenientes. Todo vale a ese fin.

Una cementera mexicana se ha ofrecido a construir el muro que prometió Donald Trump en la campaña que le ha llevado a la presidencia de Estados Unidos. El Grupo Cementos Chihuahua (GCC) se ha tragado las humillaciones que el magnate ha dedicado a su pueblo y a su país -con ellos dentro- y prioriza  “la oportunidad para su negocio” que supone levantar esa obra de separación. Dan ideas incluso. Entrevistados por Reuters, avanzaron que  el muro debería de ser alto  y ancho, dado que son especialistas precisamente en morteros y cemento de alta resistencia. “No podemos ser selectivos”, explicó un directivo. El dinero a ganar es lo primero. Pan para hoy, mañana ya se verá y patetismo para todos los días.

La OCDE -que ha difundido pavorosas cifras de la desigualdad que vivimos- piensa que Trump impulsará el crecimiento. Con la llave del poder, se le ve con mejores ojos. El pequeño inconveniente es que prometió excluir a varios millones de personas “ilegales”, que se propone acrecentar la desigualdad por la vía de la bajada de impuestos y que, como muy escrupuloso con la limpieza de los negocios no es, nos puede embarcar en un fiasco de proporciones extremas.

Probablemente, use el sistema vigente que tan buenos resultados está dando en Argentina, según avanzan las noticias de la prensa neoliberal. España conoce bien ese mecanismo. Se trata de recortar hasta la extenuación a la mayoría de los ciudadanos para que aumenten las cifras de los grandes patrimonios y consorcios. Ya lo dijo el Nobel Josep Stiglitz: “la desigualdad ha sido una opción, no un resultado económico inesperado y lamentable”.  El dinero, como la energía no se destruye: lo que quitan a unos engrosa a otros.  Ni siquiera se redistribuye, se lo traga la codicia y la trampa.

Esa lista de la OCDE, por cierto, ratifica los niveles récord de desigualdad que ha alcanzado la España de Rajoy y todo el staff –otros partidos, medios a su servicio-. Lo que llamaron crisis ha convertido a nuestro país en el más antisocial de los  34 que componen el organismo, los más desarrollados. Con beneficios empresariales y sueldos en retroceso. Con rentas estancadas y el mayor aumento del número de trabajadores pobres. Son ya 3 millones que cobran menos de 9.615 euros anuales. Tienen un empleo pero no les llega para vivir. Añadan a los casi 4 millones de parados que seguimos teniendo.  Pero España presume de recuperación y nos han contado (en gota malaya) que este gobierno es el que da estabilidad. A este estado de cosas, se entiende. La gran desigualdad se produce, nos dicen, “pese a” la recuperación.  A esa recuperación.

El negocio es lo primero. También aquí. Andan algunos medios destacando sin descanso que con el fin de los atentados de ETA han perdido su trabajo 4.000 escoltas. No sabemos qué reflexión esperan provocar. Hay oficios que tienen fecha de caducidad o que precisan reconversión. Es evidente que es preferible vivir sin amenazas terroristas. Y que son personas que pueden emplearse en la Seguridad Ciudadana, en la protección de mujeres maltratadas por ejemplo.

¿Qué haría España sin Mercadona? Se dicen también medios conservadores en referencia al último programa de Salvados en “La Sexta”. Porque hay quien tiene “la sensación de que las empresas siempre pierden con “Evole”. Hombre, y es que si dan trabajo y la gente compra contenta, mejor dejarles tranquilos con lo que gusten hacer ¿Verdad?

Propugnan en general una manga ancha notable, hasta en procesos de corrupción, que viene a ser como la ley de la ventaja en el fútbol. Aunque con el árbitro parcial. El caso de Rita Barberá se inscribe en similar filosofía. El ministro de Justicia, nada menos, considera que las urnas han lavado la corrupción del PP. El de Justicia.

“Lo importante es tener trabajo”, le anima Pablo Casado (PP) a la gobernanta de hotel que le espeta el sueldo de las camareras de piso: cobran dos euros por habitación. Menos mal que existen también  directores de hotel como el de AC que llama a la explotación, explotación. Pero no abundan.

¿Y las relaciones internacionales? Albert Rivera (C´s) se opone a que vaya el Rey Juan Carlos al entierro de Fidel Castro. Jamás ha dicho una palabra sobre los viajes de nuestros monarcas y próceres varios a las dictaduras del petrodólar como Arabia Saudí. Ni él, ni nadie. Son negocios.

El beneficio económico por encima de la salud y la vida si se tercia. El fraude de los automóviles contaminantes que se inició con Volkswagen resultó ser un amplio problema del sector. Habían trucado el motor para que falseara la cifra en los test. ¿Y cómo se resolvió? La propia UE permitirá hasta el doble de emisiones de gases perniciosos.   La España del ministro offshore José Manuel Soria fue una de las primeras en solicitarlo. Siempre tan sensible con los balances de las industrias poderosas Respirar está sobrevalorado, si las empresas se forran.

La lista es ingente. Destrozar la verdad y manipular a conveniencia por el dinero inmediato. Embarcarse en pedir cementerios nucleares, sin pensar en el mañana… de varias generaciones. Trabajo para hoy. Y ya está. Mundo S.A. se muestra muy excitado con los aires que vienen, mucho más permisivos con los métodos de lucrarse a saco. Ungidos en ese altar donde sucumben dignidades, lógica, derechos, y lo que se ponga sobre la mesa. Algunos, cada vez con más intensidad y en mayor número, trabajan para cavarse su propia fosa. Textual.

Los actuales dirigentes pasarán, seguramente dejando un recuento de daños considerables. El más dañino, la alteración de la escala de valores, de los valores y derechos humanos.

Entre la gerontocracia y la gerontofobia

Hoy que el gobierno ha vetado la subida del 1,2% de las pensiones, 1,2%, que le pedía la oposición, es buen momento para recuperar este artículo que todavía no había enlazado en el blog.

 Dos mujeres. De un lado tenemos a Carmina,  una maestra jubilada del idílico municipio asturiano de Villaviciosa que comete un pequeño error de percepción al escuchar el soniquete de la lotería de Navidad. Su familia y amigos, el pueblo entero, en lugar de decirle: oye, que la tele hablaba del sorteo del año pasado, deciden engrandecer la equivocación y engañar a  la pobre mujer.  Del otro a una actriz de 81 años. Nuria Espert. Todavía resuenan –un tanto sepultadas por numerosos impactos noticiables-  sus palabras al recibir hace unas semanas el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2016.  Tan dispares las situaciones y hablan de lo mismo. De la consideración de la mujer mayor que apenas mejora con los años. Al tiempo que se acrecientan barreras de incomprensión entre viejos y jóvenes en general. Hay matices a tener en cuenta.

Nuria Espert conmocionó a buena parte del auditorio y la audiencia al recitar un monólogo de “Doña Rosita, la soltera” de García Lorca, en sus palabras de aceptación. Traía un discurso necesario sobre un problema latente del que no se habla en profundidad. Aun siendo decisivo. “ Muchachos y muchachas me dejan atrás, porque me canso”, “ya soy vieja”, “¿es que no tiene derecho una mujer a respirar en libertad?”, se lamentaba Doña Rosita, viva y vibrante en la voz de Nuria Espert.

A partir de los 30 o 35 años como máximo, la mujer es “mayor”, la obligan a ser mayor si se deja. Cada década que pasa añora la cifra pérdida. Ay, si tuviera por los menos 40, 50…   Lo han convertido en un problema específico de las mujeres. Añadido, porque hay otro común con los hombres: la edad, la vejez, con todos sus eufemismos, algunos francamente estragantes: Tercera, ancianidad, “mayores”, “nuestros mayores” (ay), o simplemente “de”, “de edad” están llegando a decir. Como para no ofender. No ofender desde luego a un colectivo numeroso, con capacidad adquisitiva –aunque no por igual distribuida ni mucho menos- y derecho a voto, lógicamente que les convierte en muy decisivos en las urnas.

No es un grupo homogéneo en modo alguno, pero al hablar de él se unifica en dos conceptos simultáneos: la gerontocracia que supuestamente practican, y la gerontofobia que provocan.  Para algunas personas de simpleza superlativa, los seres humanos se vuelven idiotas según cumplen años. Es como si al soplar las velas de la tarta se nos fueran detrás unos miles de neuronas. Salvo que sean ricos y poderosos. El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene 70 años y no es la característica que más preocupe en él. De hecho es que no parece que su peculiar forma de ser haya aparecido recientemente, venía de serie como en tantos otros.

No deja de ser curioso que en la parte gerontócrata no se mencionen las aptitudes, como sí ocurre con los viejos sin poder. Se rigen por distinto baremo. No nos han contado jamás las enfermedades o mermas del Marqués de Villar Mir, 85 años, por poner un caso. Si algún día una noticia de la tele le induce a confusión. Nadie vituperó a Emilio Botín por llegar hasta los 80 años dirigiendo un banco todopoderoso. La gerontocracia, la elevada edad de quienes en España dirigen las principales empresas, es un hecho, aunque haya asistido a algunos relevos. Nadie asegura, por cierto, que los sucesores de 50 no vengan con los mismos defectos y virtudes. Unos cuantos ya se han visto.

Muchos políticos son mayores: Teófila Martínez, 69. Celia Villalobos, 67. García Margallo, el compungido exministro de Exteriores, tiene 72 años. Como la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Por los 66 anda Jorge Fernández Díaz cuyas conversaciones con Dios y con su ángel Marcelo datan ya de bastante tiempo atrás.  Su gran amigo, el poderoso Isidró Fainé, ha cumplido 74 este verano, fecha en la que dejó la presidencia de La Caixa, nominalmente, si bien conserva la de otras influyentes entidades.

En cuanto a los gerontócratas de moda, Felipe González va por los 74 y Juan Luis Cebrián cumplió 72, el 30 de Octubre. Precisamente al día siguiente de que España tuviera el  gobierno por el que tanto había trabajado: el del PP de Mariano Rajoy, con la ayuda de Ciudadanos y el PSOE. El decisivo y fulminante episodio ha demostrado que las malas artes no son patrimonio exclusivo de una edad, un género, o una latitud geográfica.  Y se practican en norte, centro y sur, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, cuando son múltiples los matices a tener en cuenta.

La imagen del anciano que juega al dominó con Rajoy o se deja achuchar por María Dolores de Cospedal, no se corresponde con todos los mayores de 60 años. Pero es cierto que de esta franja se nutren los votos tanto de PP como de PSOE. Deciden gobierno. Esta otra gerontocracia contribuye a incrementar la gerontofobia.  El número, un gran número, es poder.

El dato es que se ha invertido la pirámide poblacional. 11,5 millones de electores cuentan con 60 o más años.  Es casi el 31,7% del censo que convoca a 36 millones de personas. Por el contrario, disminuye con fuerza el número de votantes menores de 30 años que no llegan a representar el 15%. España es el país más envejecido de una Europa envejecida, según algunos baremos.  PP, PSOE y Ciudadanos han votado ya en el Congreso para rechazar el voto a los 16 años  y para mantener el voto rogado que, debido a sus impedimentos, está privando de ejercer su derecho a miles de jóvenes emigrados por falta de oportunidades aquí. Esto es, por cierto, lo que siempre mantuve, antes de pasar por los rigores caudinos de los Goebbles de corrala y pandereta con su manipulación de tuits.

Cada poco, este martes en el Congreso, se despliega la Espada de Damocles sobre el futuro económico y de supervivencia que para millones de personas constituyen las pensiones. Y es como si la ministra Báñez hablara para un inmenso horizonte de Carminas con billetes de lotería por caducar. Según costumbre, asegura que no peligran las pensiones pero ha vaciado prácticamente la hucha. Quedan 16.000 millones de las 66.815 que recibió el PP del gobierno de Zapatero en 2011. Se han utilizado para pagar otros apartados, como la deuda pública que crece en gran parte por culpa del rescate al sector bancario. Un corazón neoliberal lo que le pide es suprimir o reducir este gasto. No lo harán de forma drástica, nadie, ningún partido, por lo que se juegan en votos. De entrada. El PP ya busca nuevas argucias.

Encandilados con esas pensiones en permanente objetivo de la tijera, los viajes del Imserso y la adulación, la realidad no ofrece tantas venturas. Ha regresado a España el tercermundista “colchón familiar”. El 40% de los pensionistas mantiene a su familia, hijos y nietos, y otro 40% más les presta algún tipo de ayuda. Muchos se ocupan de los niños mientras los padres trabajan que no deja de ser un esfuerzo aunque se haga con gusto. La mitad de las pensiones en España están por debajo del umbral de la pobreza, no llegan a percibir 667 euros al mes, el límite que marca la exclusión social. Lo que muchos saqueadores de las arcas públicas se gastan en un fin de semana, lo que cobran en una o dos tertulias de un par de horas quienes intentan llenarles la cabeza de insidias.

Los ancianos de hoy se nutren de generaciones que tuvieron que luchar mucho para salir adelante. A través de la dictadura franquista y la Transición, además; épocas que marcan. Algunos viven como dádivas del gobierno lo que son derechos que se labraron. No es entendible que prime el miedo a fantasmas imbuidos cuando es el tiempo de las últimas oportunidades para afrontar los retos. El ahora o ya nunca. El tiempo de hacer lo que viene en gana, sin miedo. Es un contrasentido votar a quien suprime los cuidados cuando más se necesitan.  A quien siembra pantanos a los pies de los jóvenes y diezma a los trabajadores en activo que son quienes mantienen las pensiones por el método establecido (existen otros). Y hay algo seguro por este camino: los que difícilmente cobrarán pensión serán los jóvenes de hoy que tantos escollos tienen para trabajar por el presente de sus vidas.  Se precisa una reflexión para restaurar el contrato social que permita el bien de todos, el bien común.

Y queda la mujer, la mujer mayor.  “ A ésa ya no hay quien le clave el diente. Y yo lo oigo,  y me digo: adelante, con la boca llena de veneno y unas ganas de dormir y descansar… Me acuesto y me levanto con el más terrible de los sentimientos que es el de tener la esperanza muerta“, escribió Federico García Lorca en la España de 1935. Su última obra de teatro, antes de ser asesinado por los fascistas. Nuria Espert la lanzó como un grito en el Teatro Campoamor de Oviedo ante miradas que se conmovían, sabiendo, y miradas cortas que no entendían nada. La mujer añade con los años, fealdad, al parecer, y se utiliza su aspecto físico para insultarla a la mínima controversia. Aquí, en el reparto de la peor parte, hermanan a Carminas y Nurias, a cualquiera, a todas siempre que ellas lo permitan.

La vejez es uno de los grandes tabúes de la sociedad de la ignorancia. Convive la incomprensión y el halago interesado. Ay, el “nuestros mayores” que impele a estampanar a los repulidos seres que lo dicen. Aquellos tiempos del respeto a la experiencia, pasaron. En esta sociedad, se desprecia la vejez. Se la criminaliza, aludiendo a pastillas y geriátricos. Vejez  no es sinónimo de senilidad, por más que se empeñen. Ni  llegan a coincidir necesariamente. Miren en el escenario a Mick Jagger (73) o Bruce Springsteen (67) y dígannos quiénes necesitan “la pastilla” y un asilo. La actriz británica Angela Landsbury acaba de subirse de nuevo al escenario recién cumplidos los 91 años. Ha estrenado en Broadway,  ‘The chalk garden ‘ una obra que siempre quiso hacer. Hay quien no se deja cortar las alas. 

Ilógico tirar piedras a la casa, a la etapa de la vida, en la que todos terminamos. De no fenecer en el intento. Injusto, jubilar proyectos y esperanzas por mandato del calendario. Errático, cortar caminos a los jóvenes, refugiados en el egoísmo que caracteriza esta época. Mantener la curiosidad intelectual es básico para estar vivo con todas las consecuencias.  El compromiso con los demás, indispensable para ser persona. Y de personas hablamos.

*Publicado en eldiarioes

Muere Fidel en la era de la posverdad

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Al leer la noticia sentí la sensación de lo inabarcable y de la tarea pendiente largamente aplazada que abruma abordar. 90 años de vida y 60 formando parte de la historia. Las redes mostraban preocupación por lo que dirían unos y otros, por lo que dirían:  Fidel Castro había muerto en la era de la posverdad. Y ésa era la principal disuasión. El maniqueísmo, el blanco y el negro, los prejuicios, el hablar de oídas o la pereza y la prisa para informarse con datos fidedignos de tan extensa trayectoria. Artículos inevitablemente “largos” para el lector que prefiere nutrirse de titulares. O de espectáculos con “zascas”, mucho más entretenidos.

 Así pues, al enterarme de que había muerto Fidel Castro, tuiteé la noticia, remití a la extraordinaria obra del fotoperiodista Enrique Meneses, a un reportaje de TVE de Vicente Botín de 1984 y me puse a Pablo Milanés: Los días de gloria se fueron volando (..)Los días de gloria cerraban esperas, abrían ventanas donde iban entrando dolores de antaño hacia el porvenir. (..)Los días de gloria los dejamos ir.

Lo explica como nadie Ramón Lobo en eldiarioes, porque llena de contenido las luces y sombras de las que los más eclécticos hablan: “El personaje que encarnó desde los albores de los años 50 sobrevivirá a los aciertos y errores de la revolución. El principal, incumplir dos de las promesas motoras del llamado Manifiesto de Sierra Maestra: regeneración democrática y libertad. En Cuba hay presos políticos, personas que pagan con la cárcel los delitos de opinión.

Es cierto que no existe malnutrición infantil, ni violencia callejera, ni crímenes de todo tipo, ni pobreza extrema. Tampoco existen los feminicidios como en México y Guatemala. Es vedad que las cifras de escolarización son ejemplares y que ocupa el puesto 68 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, dos por delante de Costa Rica, considerada un paraíso por Occidente.

Es cierto que la revolución no lo ha tenido fácil, con un enemigo tan poderoso como constante. EEUU cercenó con el embargo el desarrollo inicial de la revolución. Con el tiempo ha servido paradójicamente de excusa para justificar los errores del sistema.”

El libro que Enrique Meneses dejó escrito para publicarse cuando muriera Fidel, revela desde el primer capítulo que adelanta eldiarioes la portentosa habilidad de Castro para moverse en las circunstancias más comprometidas. Sembrando para el futuro en cada aprieto que se encontró.

“El periodista español Enrique Meneses, el primer extranjero en informar de los jóvenes barbudos desde Sierra Maestra, decía que aquel primer Fidel revolucionario era cristiano y que llevaba una cruz al cuello”, relata Ramón Lobo. “Años después, Meneses cenó en Cairo con Ernesto Che Guevara. (..) El Che le informó de que Fidel le quería “dar paredón” porque había escrito que había comunistas en Sierra Maestra, algo que les restó apoyos en EEUU. Ahora podrán conversar en paz. Meneses se defendió: “Tu lo eres, y lo es Raúl”. “Ya, pero no nos convenía”, replicó el Che. Meneses, periodista de los pies a la cabeza, hizo lo que tenía que hacer, sin atender a conveniencias.

Lobo explica los errores que los adversarios de la Cuba de Castro cometieron. Empezando por  Eisenhower quien “no supo leer las posibilidades que le ofrecía la llegada de Fidel Castro al poder y terminó empujándolo en brazos de la URSS”, cita. Todo pudo ser distinto, pero no lo fue.

La densa historia tiene sus hitos y sus porqués. No puede resumirse en las proclamas interesadas que, por ejemplo, traen las portadas de la prensa convencional española hoy, por poner un ejemplo bien gráfico. Y menos cuando la censura y la represión de las tiranías están a la orden del día, aunque ya deberíamos olvidarnos de los “y tú más” que forman parte del juego de la farsa. Lo peor es que la verdad apenas importa en el magma de intereses que se cuecen. Mientras, la ciudadanía víctima se distrae de salto en salto mediático sin advertir cómo le saquean la casa y mucho más que la casa. Incluso portando estandartes que equivocan el bando. Incapaces de ver alcances de daños reales y motivaciones.

Mirar atrás solo sirve para entender el presente y cimentar el futuro. Es imprescindible recordar los despertares de esperanza en la justicia y la equidad que fueron cayendo a golpe de guadaña en aquella América Latina que se pobló de golpes de Estado y consecuentes dictaduras en los años 70 del siglo XX. Cayó Salvador Allende en Chile a manos de un Pinochet que lo sembró de muerte. Videla en Argentina hizo lo propio sobre los restos del Peronismo.

Bolivia cerraba esperanzas con Hugo Banzer, militar llegado trabajosamente a Coronel. Brasil se deslizaba de dictadura en dictadura. México se encontraba inmerso en los 60 años consecutivos de mandato del PRI, mientras se descomponía el Estado tomado por las mafias. En Nicaragua reinaba el dictador Somoza, que junto con Batista, gobernando en Cuba gracias a un golpe de Estado, o la Venezuela de los oligarcas hacían las mejores migas con del vecino del norte.

La Cuba de Fidel era una notable excepción. Alentadora, entonces. Y trajo en jaque a los países más poderosos, a extremos inauditos. Ningún otro país de su entorno fue tan tenido en cuenta.  Enemigo a abatir como lo fueron otros de Estados Unidos y muestran informes desclasificados que detalla Íñigo Sáenz de Ugarte: La CIA, Fidel Castro y Bahía de Cochinos.   Era como un David contra los Goliat, lo que acrecentaba su mito, para bien y para mal.

Los días de gloria los hemos ido perdiendo y no parece fácil recuperar el rumbo en un camino que se empecinan en borrar. Ahora tocan los Trump y los Rajoy, los Rajoy también. Con sus Cortes y voceros. Los payasos, los sicarios, los trepas útiles, los fachas ortodoxos y sus embriones clonados, los posibilistas, los sembradores de bulos y discordia, los vendedores de todo, la disuasión organizada del pensamiento. Y suena con toda intensidad la fanfarria, los platillos, el bombo, el ruido. La orquesta de la posverdad para amplificar la mentira y desarmar a los inocentes.

*Publicado en eldiarioes

La alcaldesa repudiada y el Antiguo Régimen en la trinchera

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González Pons, Carlos Fabra, Mariano Rajoy, Rita Barberá y Javier Arenas- PPCV

Probablemente Rita Barberá nunca entendió que su forma de gestión política fuera punible. En su concepción del poder local –y se apreciaba de forma nítida en sus declaraciones- era normal recibir regalos lujosos, confundir la caja del dinero de todos con la del partido o la personal, saltarse convencionalismos –es decir, reglas y trámites-. Una alcaldesa típica del antiguo régimen.  De amiguismos, nepotismos y conchabeos; de cortijo, en una palabra. Alma del PP valenciano que ya ha sido calificado como uno de los especímenes más corruptos que se conocen en Europa. A expensas siempre de dilucidad ese título con los populares de la Comunidad de Madrid.

Se le agradecen las grandes obras, muchas de ellas inútiles y un agujero negro para el erario, y hasta hemos oído lamentar que no consiguiera hundir El Cabanyal por la oposición ciudadana. Colegios en barracones, con frío, entre tanto. La sanidad que para qué vamos a contar si es el cénit del deterioro en toda España, más o menos. Y aquel accidente terrible del Metro, del recorte y la desatención, que terminó casi cubierto por las alfombras extendidas para recibir al Papa. Una institución, adorada por los suyos, influyente en el PP nacional que ayudó a crear, mano poderosa para decidir líderes.

Hasta que el emplasto estalla. Y se evaporan los días de vino y rosas, coches y veleros, fiestas y fiestas. Y llegan los juicios, y pierde la alcaldía lo que la sume en la desolación: aquél qué hostia, qué hostia lleno de incredulidad.  Y aún habría de llegarle el viacrucis habitual al que el PP, como organización, somete a quienes son cazados por la justicia. La negación, la expulsión, el vacío. Del todo, al nada. Patética una de sus últimas apariciones llamando a sus compañeros –aunque la hubieran expulsado del partido- para ir a comer, cuando antes se pegaban por estar con ella. La caída en desgracia de la política sucia es lo más despiadado a lo que se puede asistir.

Si alguien dice que con Rita Barberá se acaba una forma de hacer política, se equivoca. La reacción a la muerte de esta destacada dirigente española, nos demuestra que la piña se mantiene firme defendiendo posiciones. Hemos visto a la eterna derecha echando culpas fuera con absoluta desfachatez. Y, lo más preocupante, tal acopio de conservadurismo e hipocresía en las élites varias que chirría: no se corresponde a la composición de la sociedad española. De momento, se trabaja en ello intensamente.

Han despuntado numerosos Padres Priores y Madres Superioras ordenando modales, y cuchicheando sobre actitudes y formas en una especie de corrala de vecindad. Políticos de presunto diferente signo y periodistas, también. Cuando el dolor es sincero no se pasa lista de afligidos. Se llora y punto. Como está haciendo la familia de Rita Barberá que no quiere ver hipócritas y aprovechados en el entierro, y, por si acaso, va a celebrar las honras fúnebres en la intimidad.

Se ha dado la misma importancia a la muerte de Rita Barberá que al hecho de que Unidos Podemos se haya salido del hemiciclo para no dedicarle un minuto de silencio. Tampoco hubiera costado tanto quedarse, aunque la verdad es que los ritos sobran cuando la población sufre tantas disfunciones.

Prebostes del PP andan perdiendo los papeles para arengar fidelidades en el mundo de la posverdad.  Muy antiguo régimen también, apelando a privilegios adquiridos, a intromisiones de la justicia, al no sabe usted con quién está hablando. Aunque sea con el tamiz de las “nuevas” tecnologías como Celia Villalobos que directamente afirma que a Barberá la ha matado la prensa, partidos políticos y Twitter.  El portavoz Rafael Hernando dando clases de educación y modales. Como suena, sin un gramo de pudor. Varios populares como el ex presidente del Congreso, Jesús Posada, hablando de cacería organizada. El ministro de Justicia, de Justicia, Rafael Catalá, cargando sobre otras conciencias el daño que a Barberá le han hecho las críticas que él, ministro de Justicia, de Justicia, ve injustificadas. Antiguo régimen de libro. Las esenciales fueron de los jueces, y más que críticas, fundamentos. Los desayunos de TVE contando que Barberá había declarado en el Supremo por mil pesetas que se troceaban en dos de 500 para, según decían, lavar dinero negro. Una minucia. Como los bolsos o los trajes del otro. Muere de un infarto Ritá Barbera ¿por el acoso de medios de comunicación y políticos populistas?  titulan en Diario Balear. El master en hipocresía corresponde a El País que titula “Barberá, un “referente del PP” para ‘El País’ en castellano y “vinculada a la corrupción” en su edición en inglés.

El coro de voceros oficiosos del sector mediático, en fin, obsesionados con el no minuto de silencio de Unidos Podemos. Alguien ha dicho, con razón, que si la crítica y aún más la calumnia matasen, no quedaría nadie en pie de Podemos. Los puñales cercanos duelen mucho más y Rita Barberá conoció bien de cerca los que desenvainan los suyos.

Ahí están todos. Dando lecciones. Mandando callar que parece ser la labor que entiende fundamental la presidenta del Congreso Ana Pastor. Mandando llorar también. Aquí permanecen, en el intento de formatear a la sociedad, a toda la sociedad, a su modelo de ritos, disimulos, trampas y privilegios. El antiguo régimen se atrinchera, como si nada hubiera cambiado.

*Publicado en ctxt.es

 

Vivir y morir sin luz en la España que no cuenta

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Mujer con vela. Obra del pintor holandés Gerrit Dou, Siglo XVII. Siglo XVII.

Poco se sabe de Rosa, la anciana que murió en la madrugada del lunes, víctima de un incendio en Reus. Para sus vecinos era “la del 2º B” y nada más. Una vela prendió fuego en la noche y Rosa, de 81 años, se ahogó con el humo. Llevaba dos meses sin luz eléctrica. Se la había cortado Gas Natural Fenosa por impago. La indignación por el caso mueve a todos los estamentos implicados buscando responsabilidades, exigiéndolas, echándolas fuera, la diatriba habitual cuando una tragedia de estas características se hace pública. Lo cierto es que Rosa está muerta, un hecho irremediable.

Hay 5 millones de personas en parecida situación de carencia energética, personas que no pertenecen a la España de los De Guindos y las Bruselas, los Rajoy y su corte de cómplices, el PSOE copartícipe, las gestoras y los gestores. Ni de las disciplinas de voto, ni de los liderazgos excluyentes. Ni de la España de las solemnidades y el boato, ni de sus cronistas. Tampoco son llamados por la publicidad, ni por las loterías lacrimógenas y huecas, siquiera. Empiezan a formar parte de las estadísticas, eso sí. Con un número y sin historia. De las que ya señalan que se muere de pobreza en España y se vive malamente condenado a la precariedad.

Lo cuentan sin pudor. Algunas inmobiliarias, por ejemplo, en sus promociones de pisos. El resto  de los establecidos lo dan por hecho. Hay una España que funciona y otra no. A la que no, la apartan. Sobre todo que no la vean las visitas, ni los creadores de opinión manipulada.

Los datos de la gestión política de la energía como servicio público son alarmantes, escandalosos. Entre 2008 y 2014 la electricidad subió en España un 73% y un 67% el gas. Lo que llaman pobreza energética, la pobreza sin apellidos, ha incrementado su precio un 22% desde que gobierna Rajoy. El año 2014 las tres grandes eléctricas obtuvieron 7.100 millones de euros de beneficio neto, un 20,8% más que el año anterior.  Y así llevan varios años. Se calcula que durante la crisis se han llevado 56.000 millones de euros de ganancia. Se contaba en 2013 que las empresas españolas del sector duplicaban los ingresos de sus colegas en Europa

El ex ministro offshore José Manuel Soria fue una bendición para ellas. Y en consonancia  el PP se dedicó durante toda la legislatura a rechazar las iniciativas locales para proteger los servicios de las personas más vulnerables. Las que arbitraban medidas para que no se les cortara la luz, al menos durante el invierno, como sucede en otros países. Catalunya, precisamente, ha sido la más activa en tratar de evitar esta lacra. Una de sus leyes, el Decreto de Pobreza Energética del Govern,  la recurrió el gobierno y  fue anulada por el Tribunal Constitucional. La otra, surgida de una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) también fue echada abajo por el recurso del PP pero seguía en vigor la obligación de que las compañías avisen antes de cortar la luz. Gas Natural alega que la administración no le comunicó que esta persona carecía de recursos. Debió pensar que, como el resto de las más de 600.000 personas a las que se les ha cortado el suministro, se quedaban sin corriente eléctrica por amor a la aventura. Aunque no en realidad es que ni siquiera piensan en eso.

Apenas 10 días antes de la muerte de Rosa, UNESA, la patronal eléctrica demandó a la Generalitat, disconformes con las exigencias que se les requerían antes de cortar el suministro a las personas vulnerables.

Numerosos políticos han cruzado las puertas giratorias de este poderoso sector. Los expresidentes Aznar y Felipe González entre ellos. En su dorado limbo, González ha tenido a bien surgir de nuevo para menospreciar a Pedro Sánchez -por si las tentaciones- y acudir a sus clásicos, sus obsesivos ataques a Podemos. Alguien con un mínimo de sensibilidad hubiera tenido otra actitud, aunque sólo fuera por haber sido precisamente asesor remunerado de Gas Natural Fenosa.

Rosa debió sentir que entraba en un túnel negro al enfilar su vida sin corriente eléctrica.  Todos hemos experimentado qué representa cuando se produce un corte. Esto es permanente, de la mañana a la noche, día tras día. Quizás conviene recordarlo. No poder tomar nada caliente a no ser con algún tipo de cocina o infiernillo de gas. Las ONG que atienden a personas sin recursos piden desde hace años la donación de alimentos que no impliquen cocción porque muchos carecen de medios para costearlo. No poder conservar alimentos en un frigorífico. Lavarse en frío, de no disponer de agua caliente centralizada que no es lo más común. Vivir en frío. Restringir o suprimir el uso de aparatos eléctricos hasta para comunicarse con el mundo. No ver sino de día o a la luz de las velas. Despertarse en la noche y buscar a tientas la cerilla. Sin luz, sin calor. Una situación impropia de este siglo y  de un país con nuestro nivel de desarrollo.

Rosa no ha sido ni la primera ni la última víctima de la codicia consentida. Del mirar para otro lado. Hasta del dejar de ser noticia. Habrá que saber, en la búsqueda de soluciones, que fueron muchos quienes le cortaron el suministro. Quienes apagan las luces y las cocinas. No se puede apoyar o propiciar las políticas de la desigualdad, no se puede desinformar, y creerse inocentes. No se puede asistir a la injusticia sin sentido crítico, y creerse inocentes. Las lágrimas de cocodrilo resaltan la complicidad como una lupa.

*Publicado en ctxt

Trump y el fin de las utopías

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Trump y Farage. El británico propulsor del Brexit fue su primer contacto europeo

El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos“, le dice Ilsa Lund a Rick Blaine en la mítica película Casablanca, bajo el ruido de las tropas nazis que ya entraban en París. A lo largo de la historia las víctimas de todos los conflictos –bélicos o económicos– han sufrido mucho, como mínimo tanto como ahora. Sus reacciones son imprevisibles. En Estados Unidos ha primado el rencor de un sector decisivo de electores. Con motivos pero nada ingenuo: la mochila de Trump viene cargada hasta de algo que se parece al fascismo. El mundo que nunca ve lo que tiene alrededor se muestra atónito con el odio de los votantes que nos han clavado a alguien como Donald Trump en la presidencia del país más poderoso de la tierra. Y con los que en Europa siguen parecidas sendas. La diferencia crucial, ante el dolor, está en la actitud de los ciudadanos.

El triunfo en las urnas de Trump era el peor de los escenarios posibles y sin duda puede agravarse mucho más si el fenómeno se extiende por Europa. Lo aterrador es que los creadores de Trumps, los responsables de esta situación, no operan ni el menor cambio en sus estrategias y se mantienen atrincherados en las ensoñaciones de un tiempo que se les escapa para mal de todos. Ahí siguen definiendo populismos, atacando contrincantes de su estatus, invocando varitas mágicas que devuelvan las aguas al cauce. A veces de forma tan obsesiva y pueril que roza el patetismo. Olvidan a los ciudadanos y el cóctel maldito que se les ha aplicado: primero el abuso, y, parejo, el entontecimiento.

Quién nos iba a decir que, tras empobrecer a una gran parte de la población, truncar sus oportunidades y sus esperanzas, educarles en la ignorancia y embutirles basura adormecedora a través de la televisión y otros medios, iba a pasar lo que ha pasado. Ni la más tenebrosa pesadilla llegó a imaginar –alguna película sí– el ascenso al poder de un patán de las dimensiones de Donald Trump. Los indigentes intelectuales han encontrado a su líder. Se han reafirmado y presumen de ello. Es lo que lo cambia todo. En la COPE, cadena de emisoras de la Conferencia Episcopal española, un tertuliano del programa de Herrera dice que Trump ha derrotado a las dictaduras feminazis, medioambientales y “buenistas” que quieren proteger a las minorías. Las personas que “piensan diferente”, como él aclara,  se sienten muy reconfortadas con los nuevos tiempos.

Definía el español Ortega y Gasset en 1930 al Hombre Masa, satisfecho de su ignorancia. Unos años antes lo había hecho también el italiano argentino José Ingenieros al alumbrar su Hombre Mediocre. Ése es el modelo que hace furor ahora. A través del tiempo, había sido más habitual el espíritu de superación, la búsqueda de valores, la lucha por lograr un mundo mejor. De hecho, por eso no nos hemos extinguido. Siempre hubo quién lo intentó y logró avances. Enormes en el último siglo. Hoy, la búsqueda del dinero como objetivo máximo ocasiona Trumps. Cuando lo que sueñas son loterías, como nos manda la administración española, caemos en picado hacia las cavernas.

El pintoresco concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona dio la pauta estos días de la era que se abre. Su delirante discurso contra el compañero de Pamplona En común por querer ampliar el circuito del carril bici arrancaba de considerar las utopías un hecho deleznable. Ya no es que desbarrara en todo el hilo argumental, que lo hizo, es ese inquietante punto de partida. No se ha valorado la importancia de tamaño ensañamiento con el ideal de una sociedad más justa, perfecta incluso, concepto al que dio forma Tomás Moro en el siglo XVI. Fijarse objetivos más altos de lo posible, la utopía, ayuda a conseguir metas superiores a las que andan a ras de suelo. El conservador navarro no hacía sino marcar por dónde camina la nueva derecha, la derecha más cerril que se haya conocido.

A diario vemos ejemplos de una incultura que deja boquiabierto a cualquier ser humano con cierta sensibilidad. Y sin complejo alguno. Aquí tenemos, por ejemplo, la redefinición del Muro de Berlín que una adolescente se marcó en un programa de gran audiencia en España. Nadie dirá que no pueda emular en su día a Trump. Nuestro ministro de Deportes, Educación, Cultura y portavocía del Gobierno, no sabe –según evidenció esta semana– si los poemas de Leonard Cohen se cantan o se bailan.  Miles de anécdotas y una actitud común de rechazo a la cultura. Ni se nos ocurra usar en un texto o en la contraportada de un libro el término “intelectual”: provoca urticaria. El conocimiento vive una época crítica. Porque peor aún que no saber es que no querer saber. Sentirse orgulloso de ser un ignorante. Trump y sus electores han venido a reafirmales. A ambos lados del océano atlántico.

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Familia Trump en su apartamento, la foto es real y no un fake aunque cueste creerlo

El mundo feliz se impone a la utopía del mundo mejor. El mismo Mundo Feliz que Adouls Huxley escribiera en 1932. Con sus “epsilones”, el nivel más bajo de los empleados subalternos destinados a trabajos arduos. Con sus mujeres “neumáticas” y el “soma”, un narcótico que evade de la realidad. Las grandes novelas futuristas (ficción distópica) surgidas a raíz de las grandes convulsiones de los años 30 del siglo XX se están cumpliendo con terrible precisión. En todos sus extremos. La imagen se superpone con la realidad actual. Con esa estética hortera del nuevo presidente estadounidense, sus mujeres clónicas, su palacio de oro, y el estado de sus votantes. La manipulación, la neolengua y la permanente vigilancia que planteaba Orwell también se ha dado. Y aún podríamos terminar convertidos en personas-libro para salvar de la hoguera la literatura como aventuró en este caso Ray Bradbury en Fahrenheit 451. La era iletrada y sin escrúpulos ha llegado.

Lo peor está por venir si todo avanza por el cauce emprendido. Mientras oímos las quinielas sobre cuánto cumplirá Donald Trump de sus promesas electorales, conviene analizar los hechos. Mintió en su campaña y es lógico pensar que lo sigue haciendo ahora. Algunos dirigentes de nuestro país también mintieron y mienten. En estos casos hay que atender a lo que hacen.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, es un ultraderechista nato sustentado por el Tea Party. Extremadamente religioso y conservador, se opuso con firmeza a las políticas sociales de Obama. No “cree” sin embargo en el cambio climático. Contrario al aborto y a los derechos de los LGBT, en su página web como congresista se puede ver aún su deseo de “financiar de forma directa a estas instituciones que asisten a las personas que buscan cambiar su comportamiento sexual”. Como Trump, también se hizo popular por su participación en medios.

Los jueces que apoya el presidente para la Corte Suprema son del mismo perfil. Y además pro-armamentista y anti-regulación (el ultraliberalismo que acabaría ocasionando la crisis financiera de 2008). El nombramiento de Stephen Bannon como jefe de estrategia y principal asesor de la Casa Blanca no ofrece la menor duda: extrema derecha de manual, sin paliativos. Para educación Trump anda pensando en un creacionista. Es decir, los que están convencidos de que los seres vivos han surgido de un acto del creador y que, por tanto, no son fruto de la evolución. Y si alguien cree no hay peligros mayores, déjenle con el botón nuclear en un día tonto. Lo tendrá todos.

Es fácil deducir cómo quedará la sociedad tras el tratamiento que van a impartir estos dirigentes. En Estados Unidos y en España –dan muchas pistas los nombramientos de Rajoy–. Es cierto que quienes alientan a los Trump de América y Europa no representan a toda la ciudadanía. Y que siempre hubo quien salió adelante pese a todo. Hay quien habla también de una catarsis para regenerarse. Sería partiendo cada vez de más atrás. El problema es la apatía y desprecio al pensamiento que se está imponiendo. El patanismo amenaza con extenderse de forma incontrolable. Apoyado, de forma consciente o no, porque quienes son incapaces de ver lo que sucede de tanto mirarse el ombligo. Frenar esta deriva en objetivo común debería ser una prioridad. Ya que no lo hicieron en el largo proceso que ha derivado en esto, a pesar de todas las evidencias y todas las advertencias.

Para que no quede ninguna duda, recapitulemos. Ilsa Lund le dijo a Rick Blaine en circunstancias tan terribles como la invasión del primer nazismo y casi pidiendo disculpas por distraer un espacio a la lucha por derrotarlo: “El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos”. Ahora, le diría “El mundo se desmorona, vamos a ver qué dicen Inda y Marhuenda”.

*Publicado en eldiarioes

Crónica sentimental por Leonard Cohen

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Leonard Cohen en imagen reciente.

Seguramente su obra se imbricó en mi vida, como en la de tantos otros, que debe ser una de las grandes aspiraciones de todo artista. En las condolencias por la muerte de Leonard Cohen – fallecido este jueves 10 del 11 de 2016– es fácil advertir que nos ocurrió a muchos. Las canciones y poemas de Cohen irrumpieron en una época “confusa, densa, apática pero ¡con tantas flores en la entrada! Con tantas ilusiones marchitadas en el camino”… decía a poco de comenzar en los 60′. Para, así, ir surcando la misma montaña rusa de nuestras vidas sustentada en triunfos, esperanzas, caídas, decepciones y empuje, sin renunciar del todo nunca a volver a empezar.  Hasta que llega la hora.

Fue Leonard Cohen quien me llevó de la mano a su casa junto al río en una calurosa tarde de verano, inicio de rumbos vitales. Escala en Madrid, desde Zaragoza y hacia el Londres del primer crecimiento, Suzanne regó la tierra y las raíces de una trayectoria, aunque yo creía estar poniendo agua simplemente a unas macetas. Las canciones de Cohen evocan rostros, paisajes, sensaciones, deseos, empeños, ideales, sentimientos. Es un privilegio ser ese resorte para millones de personas.

Con Dylan en la cabeza y con Leonard Cohen, también en el corazón. Song of the room, Song of love and hate. Discos de vinilo que te compras por necesidad, con canciones que aprendes de memoria. En una habitación para amar y odiar, para amar siempre. El Cohen pícaro que sabe cuándo estará bien… por un momento, for a while ( Tonight will be fine). Y el que se rinde de amor para ofrecer ser el hombre que siempre soñamos, también por un tiempo. “Si quieres un amante, haré lo que me pidas. Y si quieres otro tipo de amor, usaré una máscara. Si quieres un compañero, toma mi mano, o pégame si te enojas. Aquí estoy, soy tu hombre” (I’m your man).

Bird on the wire se erigía como lema de vida. Intentar ser libre como un pájaro en el alambre, sin jaulas. Leonard siguió afirmado la libertad siendo  El partisano a quien, cuando ellos (los nazis) cruzaron la frontera, “pidieron que se rindiera y era cosa que no podía hacer”. Las fronteras eran su prisión; no los barrotes, las fronteras. Y de nuevo aquellos vientos que no cambiaban pero soplaban entre las tumbas trayendo sueños de libertad.Saldremos de las sombras”, lanzaba a lo alto en el pico bajo del ánimo.

Ese eterno peregrinar entre la lucha y el cansancio. “Nos sentenciaron a veinte años de aburrimiento. Por intentar cambiar el sistema desde dentro”, vamos a hacer algo. Manhattan ya lo tomamos, ahora vamos a por Berlín.

Y Leonard se va, justo cuando la involución se hace dueña de nuevo del corazón de Nueva York y los Estados Unidos, el mundo en realidad.

Y tras las Suzanne, llegaron las Marianne a quien amar y decir adiós con toda ternura. Con Marianne, su amor de los 60, se citó de alguna manera en el año de sus muertes, 2016, con una nota. “Es tiempo de que empecemos a reír, llorar y llorar y reírse de todo de nuevo”, le había dicho en su inmortal canción. Mientras se está vivo, siempre lo es.

Con Cohen viajamos también hasta el Chelsea Hotel. A hacer excepciones cuando la inmensa belleza del alma, el ingenio, la creatividad y el corazón, son el más poderoso reclamo erótico. Lo recordamos a él, a Janis Joplin que se montó tan prematuramente en el caballo de la huida, a todos nosotros buscando horizontes y topándonos con las realidades. El Chelsea hotel, obligada visita en el tour sentimental de Nueva York en el 222 de la Calle 23, que aún oferta sus servicios.

Lo dijo todo. En un susurro, sí, que calmaba y penetraba empapando hasta los huesos. “Creo que un pesimista es alguien que está esperando que llueva”, explicó. Si estás calado ya, evidentemente, constatarlo es ser realista.

Hace dos días, volví a ver –no sé por qué– el mítico concierto que Leonard Cohen dio en San Sebastián en 1988. Lo retransmitió TVE que era una caja mucho menos tonta de lo que se decía, infinitamente más sabia que ahora. Vivo y esplendoroso a los 54 años cantaba Tower of Song, con aquellas dos etéreas voces que le hacían coros. Era constatar el largo camino andado. Las desesperanzas cíclicas, la realidad. Tom Jones anda haciendo ahora una excelente versión de este canto a la aceptación del paso del tiempo. “Mis amigos se han ido y mi pelo es de color gris. Me duele en los lugares donde acostumbraba a jugar. Y estoy loco de amor, pero no funciona. Sólo estoy pagando mi alquiler de todos los días en la Torre de la Canción”. El desgaste y la muerte forman parte de la vida y ayuda entenderlo.

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Ya saben todos los discos y todos los premios que, justamente, mereció y recibió. Aquí nos consolamos hablando de otra cosa. El homenaje personal que miles de personas en el mundo le rendimos a Leonard Cohen es el camino que recorrimos juntos y que seguimos andando. Por las fronteras que aprisionan y las jaulas rotas. Por el conocimiento de las fuerzas y posibilidades que apenas alcanzan y la conciencia que impele a obrar con justicia y dignidad. Por la belleza sobre todo. Qué más se puede pedir que ir danzando hasta el final del amor. Hasta la belleza, con un violín ardiendo. A través del pánico hasta estar a salvo. Alzados como una rama de olivo que asienta la paloma de regreso. Porque el amor, todo el amor, “no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”. En tiempos oscuros es la principal palanca para volver a empezar. A  reír, llorar y llorar y reírse de todo de nuevo.

*Publicado en eldiario.es

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Los votantes de Trump

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No hay atenuante alguno que palíe el horror que Donald Trump representa en sí mismo. Todas las descalificaciones que en esta campaña ha recibido –vertidas también sobre sus votantes– se quedan cortas ante la magnitud de lo que este individuo representa. Y más al frente del país más poderoso de la tierra: Estados Unidos. Lo que no cuela es la sorpresa por un fenómeno que se gestó ante los ojos de todos. Y menos la escasa autocrítica que los “bienpensantes” con poder se dedican. Ese error de diagnóstico ahonda el problema y ahuyenta las soluciones. No se puede afrontar aquello que se ignora por voluntad propia.

Trump no ha propiciado la ruptura de la sociedad como se cansan de repetir desde los púlpitos mediáticos. La ruptura del pacto social, de la propia sociedad, es lo que ha hecho emerger a Trump. Y ese monstruo, ese desastre, ese fantoche, no ha sido creado por las redes sociales, sino por el sistema y sus medios que parecen no enterarse nunca de nada. Los púlpitos están demasiado lejos del suelo.

¿Cuándo se alejaron los periodistas con voz de tal forma de los ciudadanos? ¿Dónde estaban cuando se fueron perpetrando todas las estafas? Cuando tantas personas fueron perdiendo casas, trabajos, esperanza, futuro. Nada era más indeseable que un triunfo de Trump… y de tantos otros. Pero han errado al pensar que la desigualdad y la injusticia, la corrupción endémica, no pasa factura, siquiera sea a la larga. Peor si se enquista y pudre.

El mentiroso compulsivo, misógino, xenófobo, racista, tramposo, bravucón, patán, botarate, hortera, trastornado, peligro público, fue aupado por las televisiones y medios convencionales. Y muchos de ellos han seguido volcados en él durante la campaña. Los emails de Hillary Clinton salían como el pisito de Ramón Espinar –por poner un ejemplo cercano y visual– con desproporción que disparaba la mofa. La causa la confesó, Les Moonves, destacado directivo de CBS:  “Donald Trump quizás no sea bueno para los Estados Unidos pero es una bendición para las televisiones”, dijo.

La televisión explota a auténticos desaprensivos por la audiencia que llena sus cuentas corrientes. Y tenemos ejemplos bien próximos del gremio de los mentirosos, histriónicos y provocadores. Trump ha demostrado que no es inocuo. Fraguar monstruos, produce monstruos.

Hay diversos tipos humanos y  variadas razones entre los votantes de Trump. Como los hay en otros países. Los que mantuvieron a su gran precedente durante años en Italia: Silvio Berlusconi. Los que optan ahora por Marine Le Pen o esa temible saga ultraderechista del Este de Europa, que ya se extiende por el norte civilizado. O quienes decidieron hacerle un Brexit a la UE. Los votantes se comportan de una forma muy extraña desde que sufren y pagan la crisis que no provocaron. Para hacernos idea, solo en España este tiempo de pagar abultadas facturas ajenas ha restado 1,6 billones de euros del patrimonio de las familias, con cuanto implica. Al tiempo crecía obscenamente la riqueza de unos pocos.

Cuando Trump dice que los ricos –como él– se han beneficiado de las políticas neoliberales y que el 1% de los multimillonarios se han enriquecido a costa del común de la población, está en lo cierto. Otros lo denuncian desde hace tiempo pero no han dado con la tecla en la que sí acierta Trump. Es que previamente hay que infantilizar, idiotizar, adormilar, frustrar, atemorizar al personal, en las dosis que se dejen. Con ese cóctel maldito que sintetizaba el profesor y filósofo francés Jean Claude Michéa en La escuela de la ignorancia, otro de los libros míticos de 2011. A saber “Un entretenimiento zafio, basado en la satisfacción instantánea y el espectáculo, que busca acabar con la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía”, combinado con “una enseñanza espectáculo que, rompiendo con los valores cívicos, enaltece los valores creados por el capitalismo (el triunfo, el dinero, el egoísmo)”.

Hillary Clinton es el sistema con toda su podredumbre, sin duda. Pero al menos mantiene sus facultades mentales en estado de cordura. Su triunfo lo hubiera sido sobre un polvorín que ahí permanece si no se atajan las causas del enorme descontento. Lo mismo que en otros países, España también.

Hubo un momento en el que el sistema se agrietó por su propia degeneración y soberbia añadida, surgió la protesta y, lejos de verlo y propiciar su mejora, los poderes no hicieron ni la mínima concesión. Ni una sola. Pasó en España. Con el 15, con Podemos. Con Bernie Sanders, el candidato demócrata en EEUU, de alguna manera. El resto era en ambos bandos un erial y Hillary había comprendido y admitido sobradamente los deseos de los “bienpensantes”. Quienes perturban su torre de oro son sujetos a perseguir, a criminalizar, como intrusos que invaden su territorio, el que creen les pertenece en exclusiva. A confundir en un mismo saco. Y ahí tienen ya un Trump que se les desmandó con enorme éxito popular. El que dice va a gobernar con la gente, con un rascacielos a su nombre en Manhattan.

El discurso de Trump ha sido, es, el del odio sin fisuras. Desnudo. Y es el odio de los votantes el factor más ignorado por los comentaristas. El sistema ha expulsado ya a muchas personas. Allí, por ejemplo, los que van a trabajar a la gran cadena de supermercados y han de dormir en un albergue social. No cuentan para nada, ni las ven. Aquí tampoco. Y muchos de los excluidos empiezan a pensar que, si de todos modos son unos perdedores, mejor votar para que otros, culpables anónimos en particular, sufran también. Ese “ Yo estoy mal, pero tú lo vas a estar también. Y yo lo decido”. Con rabia, con rencor, con desquite.

Esa inhóspita senda marca el camino y conviene verlo. Es cierto que inmigrantes mexicanos votan a Trump o que en España vuelve a haber un Gobierno del PP contra toda lógica. Y que el odio cabalga sin mirar a quien azota. No todas las víctimas son buena gente, sufrida y generosa, responsable con el bien común, como tampoco lo son sus verdugos. No todos tragan y comprenden. Y un día se piensa en tirar por la calle de en medio. Los establecidos no se enteran aunque les tiemble la silla. Ven como causa lo que es consecuencia. Pero éste es hoy el menor de los problemas, ante la magnitud de tener a los mandos del poder en la Casa Blanca a alguien como Trump. Esperemos que al menos se aprenda la lección.

Trump es hijo de este tiempo. Dicen que de Internet y de dejar hablar a los idiotas. No, es hijo del sistema con cuanto ha fabricado y se resquebraja de puro abuso. Atarlo no funciona. Atrincherarse en el error tampoco. Los millones de votantes de todos los Trump del mundo siguen ahí, en fila. Sobran púlpitos y faltan respuestas.

La mujer es un problema para el machismo

La semana acaba revuelta con la información que atribuía al presidente de la CEOE, Juan Rosell, unas declaraciones controvertidas. La mujer es “un problema” para que haya trabajo para todos, dijo según el diario Levante que, ante la rectificación de la patronal empresarial, ha borrado completa la información. Parecía una noticia de otro siglo. Lo peor es que se corresponde con el machismo en alza que encuentra abono en cualquier manifestación de este sesgo.

En realidad sería sencillo para mentes poco evolucionadas. La mujer se queda en casa –no hace falta siquiera que con la pata atada a la silla y ni mucho menos quebrada para no hacer gasto a la Sanidad Pública– y ya se ocupará el varón de traer al hogar el sustento para la familia. Cada uno a lo suyo. A llorar por ejemplo. La mujer, naturalmente, y Pedro Sánchez. El Correo de Sevilla nos sorprendía estos días editorializando con la idea de que Sánchez no supo defender su cargo en el PSOE como haría un hombre. Aunque también ha suavizado el titular en el archivo, sí lo publicó. Entendámonos, a las mujeres cuando nos arrebatan algo, lloramos, como le afeó la madre del Rey Boabdil a su hijo en el siglo XV, al perder Granada. Los hombres en cambio, defienden sus posesiones sin derramar una lágrima. Y así se escribe la historia.

No llores como una mujer...
No llores como una mujer…

Parecía que la consideración de la mujer estaba cambiando algo pero el machismo, como virus resistente, demuestra que nunca se fue y ahora, en tiempos de involución general, reverdece con furia. Sin el menor pudor en manifestarse desde organizaciones decisivas y desde medios de comunicación. Arranca ya en la adolescencia, con esos críos empeñados en controlar el móvil de sus novias y marcarles cómo han de vestirse, muertos de celos, inseguridad e ignorancia. Y con esas chicas que lo aceptan como “prueba de amor”, sin relacionar que es síntoma de maltrato y adónde conduce esa renuncia.

Sin contar lo volubles que los hombres o el mercado son con el modelo estético. A las mujeres de los años 50′ no las miraban siquiera si estaban delgadas. Los anuncios aconsejaban engordar para gustarles.

Anuncio de los años 50´. Tocaba engordar para gustar a los hombres
Anuncio de los años 50′. Tocaba engordar para gustar a los hombres.

Los pasos atrás son tan difíciles de revertir como los que se dieron para avanzar. Si no más porque el machista nato ya conoce la estrategia. Cada cesión implica retrocesos generales que afectan a la consideración social de la mujer, a su trabajo, a su salud incluso, a su vida familiar de pareja o no, a su proyección, a su futuro.

En los años 70, los de encauzar las vías posibles de exigir derechos, se produjo en España la mayor revolución del siglo XX: la de la mujer. Fue tarea dura donde las haya. Los Parlamentos de la democracia poblados de hombres, apenas contaban con media docena de mujeres de muestra. Ellos hacían las leyes. Y se avanzó a pesar de todo.

Un libro que decía inscribirse en el feminismo. Año 1976
Tus reparaciones caseras, de 1976, dentro de la colección ‘La mujer y su vida’ del Círculo de lectores.

Y es curioso cómo surgieron publicaciones de consumo orientadas a captar ese mercado emergente. Aunque fuera para cobrar menos por el mismo trabajo. A desarrollar, sin embargo, en el ámbito de “la familia” por lo general. Conservo varias joyas al respecto. Tus reparaciones caseras, de 1976, dentro de la colección ‘La mujer y su vida’ del Círculo de lectores, daba instrucciones hasta de cómo optimizar el uso de electrodomésticos para quitar trabajo o prescindir “de la criada”. Algo liberador, venía a ser.

El objetivo del libro, muy laudable, era enseñar a las mujeres las pequeñas reparaciones caseras. Y no tenía reparo en resaltar, por ejemplo: “Todo funciona de una manera lógica: por tanto, estudia y analiza el trabajo antes de emprenderlo”. Seguramente las mujeres que llevaban y sustentaban desde sus hogares a cualquier otra actividad lo hacían por pura “intuición femenina” y con el duro esfuerzo propio de quien no tiene conocimientos: el ensayo y error.

Con espíritu constructivo, sin duda, no podía sustraerse del machismo vigente, aconsejando para arreglar una cisterna: “Destaparla, examinar las piezas y observar qué sucede”. Por lo visto había gente, mujeres desde luego, que pretendían solucionar el problema usando sus ojos como los Rayos X de Superman.

Una gran ayuda, por tanto, para aquellas mujeres decididas a no tener que casarse solo para disponer de un hombre que arregle las averías. A veces, esta solución resulta muy gravosa, sin contar con que tampoco todos los hombres nacen con habilidades en fontanería, electricidad, pintura o albañilería. Y, menos, al mismo tiempo. Y de cualquier forma, es mil veces preferible amar olvidando que se ha fundido una bombilla.

Los ejemplos de esta larga y tortuosa travesía son múltiples. Con dolos mucho mayores que cuelan precisamente porque primero entran sin dificultad las pequeñas cosas, como estas de la cisterna, allanando el camino. En realidad, van de avanzadilla para formar un arquetipo de mujer.

Resulta descorazonador ese andar y desandar el mismo camino que las mujeres hicimos entonces, cuando se levantaron, o levantamos, tantos yugos que habían atenazado a nuestras madres y abuelas. La batalla por la igualdad, por la dignidad, por la libertad sobre todo. Escalones que parecían ya conquistados vuelven a resquebrajarse forzando a echar el pie atrás. Las victorias de la mujer resultan decisivas para el conjunto de la sociedad, la desigualdad se erige como una de las peores lacras por cómo favorece el camino de unos y lastra el de otras. Las sociedades civilizadas aprovechan las capacidades de todos.

El problema para que haya trabajo, para defender los derechos o llorar por lo que sea, no somos las mujeres. El problema que impide a un país avanzar en cualquier terreno son las cabezas atrofiadas por atasco de prejuicios e inteligencia real.

*Publicado en eldiarioes

Un gobierno con desgana

 
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en la tribuna de oradores del Congreso. /EFE

 

Es como si Rajoy pretendiera dar a su Gobierno un carácter transitorio, como si lo hubiera abordado con la misma indolencia que imprime a todo lo que no sea el fútbol y algunos otros intereses. No ha presentado grandes novedades, ni propone un ápice de renovación. Equilibrios de poderes en el PP. Salen Jorge Fernández Díaz y García-Margallo, como aconsejaban a Rajoy algunos de sus diarios de apoyo a los que tanto debe. Deja en Hacienda a Montoro, sin atender a las mismas recomendaciones, y no hay cambios notables.

Entre las caras nuevas, el ministro de Exteriores, Alfonso María Dastis. 61 años. Diplomático de carrera, funcionario con gran experiencia, era hasta ahora el Embajador de España ante la UE. Uno de los más jovenes es Íñigo de la Serna, 45 años, actual alcalde de Santander. Tras diez años en el cargo, gobernaba ahora en minoría gracias a la postura de los concejales de Ciudadanos. El Supremo acaba de tumbar su plan urbanístico, considerado irreal en sus proporciones y con fuerte recalificación de suelo no urbanizable. Lo más apropiado para hacerse cargo de Fomento con todas sus obras.

Soraya Sáenz de Santamaría sigue siendo la mano derecha de Rajoy. Y en justo pago, mantiene la Vicepresidencia y añade Administraciones Territoriales. Puesto clave para controlar lo que llaman “la deriva catalanista” y la financiación autónomica. Hasta el último momento ha estado en pugna con María Dolores de Cospedal, nueva ministra de Defensa, estirando de la cuerda cada una de las dos rivales de poder, por el control del CNI. El Centro Nacional de Inteligencia parece haberse convertido en una codiciado instrumento. Lo mantiene la vicepresidenta; del mal, el menor.

Cospedal viene avalada por ser la más activa con la tijera en su etapa como presidenta de Castilla-La Mancha y ahora le toca gestionar el legado de Morenés con sus grandes compras de armamento. Por fin cumple su gran sueño de ser ministra y seguro que, dado su carácter de dureza inapelable, se sentirá cómoda en la función.

Interior le ha correspondido a su amigo Juan Ignacio Zoido, juez de profesión y sin ninguna experiencia en las labores que ahora se le encomiendan. Exalcalde de Sevilla, fue delegado del Gobierno en la comunidad manchega. Los indicios apuntan a que será un Fernández Díaz con acento andaluz; comparte con su predecesor el fervor religioso y una ideología fuertemente conservadora. Amigo también de la jueza Alaya entró por ello en algunas controversias, precisamente con el PSOE andaluz, el gran artífice de que Rajoy siga en el gobierno. Activo en Twitter y hasta discutidor, en este punto representa una cierta novedad respecto a sus colegas. Rafael Catalá se queda con Justicia donde ha prestado grandes servicios a la causa del PP.

La voz amable  de Íñigo Méndez de Vigo será la encargada de la Portavocía del Gobierno. Cargo que va a compatibilzar con Educación, Cultura y Deporte. Asuntos baladíes para el PP, se conoce, que no merecen ministerio individualizado. Méndez de Vigo fue, casualmente, el anterior Embajador ante la UE. Barón de Claret, de los de verdad, de la nobleza.

Mujeres pocas, las fieles escuderas de Rajoy como García Tejerina que repite en otro multiministerio: Agricultura, Pesca y Alimentación y Medio Ambiente. En cambio Fátima Báñez se queda solo con su Empleo y… Seguridad Social en lugar de Servicios Sociales. Su trágica Reforma Laboral es la prueba de cómo Rajoy siempre puede contar con ella.

Servicios Sociales e Igualdad han recaído en Dolors Montserrat, una abogada y diputada catalana perteneciente a una sólida saga del PP en la Comunidad. Y que, por cierto, debe un par de millones largos de euros a Hacienda. En esta lotería de intereses, le ha correspondido también Sanidad, nada menos. El modelo catalán de salud es a menudo más duro que el del resto del Estado, no es la mejor inspiración. Sanidad tampoco merece un Ministerio propio pese a su vital importancia. Transferida la gestión a las Comunidades Autónomas, precisa de directrices generales.

Luis de Guindos, que soñó con ser presidente del Eurogrupo, se queda en el gobierno. Bien servido, eso sí. Mantiene el Ministerio de Economía, sin Vicepresidencia. Y añade Industria que es un buen bocado. Álvaro Nadal, del clan de los “sorayos”, gran apoyo de Rajoy y hasta ahora jefe de la Oficina Económica del Gobierno, se ocupará de Energía, Turismo y Agenda Digital. Como se puede apreciar, tres sectores íntimamente relacionados de igual modo.

La desgana puede ser contagiosa, fundamentada. La ardua noticia fue ya que Rajoy volviera a formar gobierno en sí y  ésa ya la tragamos, aunque permanezca sin digerir. Parecía inconcebible que un partido encausado por corrupción y con sus tesoreros y múltiples miembros sentados también en el banquillo, continuara gobernando. Pero ocurren cosas en esta España nuestra como que el partido nominalmente socialista, PSOE, haya llegado a niveles de ruptura y escarnio por darle de nuevo el gobierno. De los regeneradores de Ciudadanos –que hasta han impedido una comisión para investigar al PP de Aznar en la Guerra de Irak– poco más se puede decir. El bloque ha levantado un muro de apoyo, defensa y exclusión de los enemigos. La apariencia de transitoriedad no implica que no vaya a durar 4 años más. O 5.

Insistir quizás en que no es cierta la consigna que repiten en los medios: Rajoy no tenía mayoría. No le votaron 16 millones de personas, algunos de esos millones (los de PSOE y Ciudadanos) votaron precisamente para que no gobernara.

No hay novedades. Las que siguen la línea del PP. Más recortes y subidas de impuestos. De algún lado han de salir los 5.500 millones que, nos dicen, “Bruselas exige”, como consecuencia de la gestión de Rajoy incumpliendo el déficit. La Deuda Pública sigue impagada y casi impagable tras el extraordinario aumento registrado en estos años. Las pensiones en el punto de mira. Los trabajos precarios no dan confianza alguna en su mantenimiento por esta vía. Y veremos qué pasa con la Ley Mordaza con un PSOE que multa y cesa con saña a sus miembros coherentes por negarse a hacer presidente a Rajoy.  Siquiera de forma testimonial.

Nada cambiará a mejor para los ciudadanos, para los jóvenes emigrantes que seguirán sin poder volver, o hacer planes de futuro en España. Para los trabajadores entrados en la pobreza, “pese” a la recuperación, como suelen decir. El 28% están en riesgo de exclusión social por la bajada de salarios, según Intermon Oxfam. Para el conjunto  de la sociedad en sí. Esto va de otro palo.

*Publicado en eldiarioes

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