Paraísos de impunidad

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Las noticias nos han llegado a través de las vías que el periodismo de investigación ha encontrado para desarrollarse tirando de un hilo que apunta al agujero negro. Un trabajo exhaustivo sobre 11,5 millones de documentos internos del despacho de abogados panameño Mossack Fonseca, realizado durante un año por un  equipo de más de 370 periodistas de un centenar de medios de 76 países. El Confidencial y La Sexta han sido en España los encargados de difundirlo. Ellos han puesto nombre a destacados defraudadores fiscales.
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Entre lo que califican de “personalidades”,  hay 140 políticos de 50 países, incluidos jefes de Estado actuales o pasados, varios de ellos dictadores. Y una serie de famosos por sus actividades profesionales como Leo Messi o los hermanos Almodóvar. La esposa del ex ministro y parlamentario europeo Arias Cañete, de la familia Domecq. La hermana del rey Juan Carlos, Pilar de Borbón, aparece como presidenta de una sociedad panameña durante 40 años. Ése es un dato relevante: la cantidad de familiares y amigos de otros grandes prebostes que figuran en los papeles de Panamá. Primos del dictador sirio Al Assad, hija del primer ministro chino, hijo del derrocado presidente egipcio Mubarak, amigos de la infancia de Putin, el padre del presidente británico David Cameron, el secretario del rey de Marruecos, entre otros. Como si las sociedades pantalla utilizaran también relaciones pantalla. Con toda su cara y su firma vemos también al primer ministro de Islandia, al nuevo presidente de Argentina, Mauricio Macri, o al que fuera de Ucrania. Al Rey de Arabia Saudí –tan amigo de las autoridades españolas– o al jeque catarí accionista de El Corte Inglés.

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Llama la atención el tratamiento dado por la prensa a tan inquietantes noticias. El quiosco español se ha empecinado en destacar ¡A Putin! y El País, además, a Venezuela, llegando ya a inspirar una patética ternura. Aparentemente es el único que ha reparado en que aparece ese país a través del que fuera jefe de Seguridad de Hugo Chávez. Pero es que La Nación de Buenos Aires no ha destacado hasta por la mañana el nombre del presidente del país, Mauricio Macri, dando mucha mayor relevancia en la información a un secretario de Kirchner, la anterior mandataria. La BBC no subraya tampoco a papá Cameron. La mítica televisión británica sufrió duros ajustes y controles con la llegada del actual presidente a lomos de la mayoría absoluta, habían sido independientes por encima de sus posibilidades.

Tenemos pues de un lado a quienes eluden o evaden impuestos y del otro la cobertura de alguna prensa demasiado implicada y entrampada que resta el derecho a la información a los ciudadanos. Pero lo básico es conocer qué implica la existencia de los Paraísos Fiscales y cómo funciona el mecanismo para calibrar sus consecuencias reales.

“La codicia alimenta las inversiones especulativas en detrimento de la economía productiva. Y para que el sistema funcione se han creado unas herramientas imprescindibles que permiten la fuga de capitales y favorecen el fraude, la corrupción y la evasión fiscal. Hablamos de los paraísos fiscales  —también llamados centros offshore o extraterritoriales—, zonas abiertas a recibir capitales de todo el mundo (sin que importe su procedencia) que no se someten a ninguna (o prácticamente ninguna) tributación. En ellos reina el secreto bancario y sirven tanto para albergar el dinero que procede del narcotráfico o del terrorismo como para camuflar malversaciones y otras actividades mafiosas, derivadas de lo que se ha dado en llamar “ingeniería financiera”. Acogen a sociedades instrumentales mediante testaferros, y su existencia se muestra imprescindible en los numerosos casos de corrupción que aparecen constantemente en la prensa”. Así lo explicaba Lourdes Lucía en Reacciona,el ensayo español más vendido en 2011 y que junto alIndignaos de Hessel tuvo enorme influencia en el 15M.

“Más de un quinto (23%) de todos los depósitos bancarios del mundo se halla en los paraísos fiscales”, añadía la economista Ángels Martínez Castells. “Entre 11 y 13 billones de dólares en capital extranjero y patrimonios de todo tipo están escondidos en islas como las Caimán, las Islas Vírgenes, las Cook, pero también la isla de Man, en las costas británicas. Casi el 50% de las transacciones financieras transfronterizas mundiales pasa por ellos (las Islas Caimán son el quinto centro bancario del mundo). De hecho, una estimación cautelosa calcula que las fugas de capitales a los paraísos fiscales suponen que los Estados dejen de ingresar entre 250.000 y 300.000 millones de dólares anuales. Es el gran robo organizado, a gran escala. Y consentido”, explicaba.

Ninguna alerta sirvió para frenar este negocio, consentido en efecto. La crisis de 2008 se les fue de las manos a quienes manejan los hilos del capitalismo. La quiebra de Lehman Brothers y, en cascada, de todo el sistema financiero, les obligó a decir que iban a tomar medidas. “Es el principio del fin de los paraísos fiscales”, repitieron, “vamos a refundar el capitalismo”, clamaban con energía. Lo cierto es que nos “refundaron” a los ciudadanos para que pagáramos sus excesos. La segunda cumbre del G20 (Londres, abril 2009) se puso a la tarea. En una semana lo hizo la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que agrupa al 70%  del mercado mundial. ¿Cómo? Quitó de la lista negra… a todos los países que albergaban paraísos fiscales. Y habilitó listas grises.  En la “gris oscura” colocó a 36 Estados, incluidos Uruguay, Costa Rica, Filipinas, Malasia Andorra, Gibraltar, Liechtenstein, Barbados, Liberia, Bahamas, Bahrein, Belice, Bermudas, Islas Caimán y ¡Panamá! En la “gris clara” situó a  Austria, Bélgica, Brunei, Chile, Guatemala, Luxemburgo, Singapur y Suiza, por ejemplo. Las listas de colores se comprometían a “intercambios de información suficientes como para situarse en la parte gris”. Y todos tan contentos.

Cualquier asalariado puede constatar que cada uno de sus movimientos bancarios es inmediatamente registrado. En cambio esto no ocurre con las grandes fortunas. Son múltiples los mecanismos de los que disponen, tanto de elusión como de evasión de sus capitales y obligaciones fiscales. Hay una parte legal en estas actividades, aunque moralmente reprobable. Tampoco es solo una cuestión ética, consagra la desigualdad y los privilegios. Cuanto dejan de pagar estos afamados compatriotas nos obliga al resto a restringir servicios esenciales. Una clave es preguntarse quiénes hacen o inspiran las leyes en este degradado sistema. A quién benefician: el famoso Cui Prodest de la justicia. Mossack Fonseca de Panamá es una de las principales firmas, pero no la única. Sociedades pantalla para poner distancia entre tu dinero y tú, para desvincular el dinero del inversor de los fines a los que se aplica. Los centros offshore no preguntan la procedencia, conviene insistir. Y la opacidad puede amparar desde el fomento del terrorismo al tráfico de armas y personas.

El primer ministro de Islandia, ese país que cae y se levanta, que yerra y castiga, es requerido para que dimita. En España no sabemos nada. “Mossack Fonseca ayudó a españoles a ocultar su patrimonio en paraísos fiscales. Al menos 1.200 sociedades, 558 accionistas, 166 clientes intermediarios y 89 beneficiarios con dirección postal española aparecen en los documentos secretos de la firma panameña”, informa El Confidencial. Arias Cañete, el español más votado para el Parlamento Europeo como candidato del PP, tiene mucho que contar acerca de las actividades empresariales familiares, altamente en entredicho desde hace tiempo.  ¿Y los Borbones? ¿Qué hacía la hermana del rey Juan Carlos con una sociedad pantalla?

Una sociedad víctima de la injusticia social contempla entre indignada y atónita los flecos que va conociendo de lo que llaman “el sistema”, y que otros menos correctos políticamente calificamos de gran estafa organizada y amparada. Si llega a saberlo con rigor, porque para eso se precisa información honesta de cuanto le atañe y afecta.  De nuevo ha sido el esforzado periodismo de investigación el que ha documentado esa ventana abierta a la que muchos no quieren ni mirar.

 

*Publicado en cxtx.es

La única Patria de la derecha neoliberal es el dinero

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Vivimos momentos que se dirían prebélicos, si nos atenemos a las dramáticas expresiones que arrojan los medios: desafío, reto, órdago, provocación, deslealtad, secesión, Golpe de Estado. Hay informativos que abren con declaraciones políticas de tal tenor que una persona distraída pensaría que acaba de desencadenarse la III Guerra mundial. No es que lo que está sucediendo en Catalunya y el resto del Estado no tenga su importancia, pero cuesta creer en la sinceridad de tantos dirigentes que venden a España por parcelas y a sus ciudadanos completos. Sus actos evidencian que su única Patria es el dinero.

Con plumeros como estandarte, han emprendido una de esas cruzadas habituales en nuestra historia. Como en la Edad Media, luchan por sus intereses con la financiación que aporta el populacho, en buena parte contento de seguir una bandera. Bajo ella se ocultan, sin barrer, recortes y atropellos. La paradoja hoy es que muchas personas se batirían tanto o más por los colores de su equipo de fútbol. Es necesario expresarlo con la crudeza del realismo.

Desde el principio, desde aquel día que –recién llegado Mariano Rajoy a la Moncloa- fue a verle su homónimo en Catalunya, Artur Mas, luciendo una amplia sonrisa, ha sido un duelo, una pugna de intereses y un intercambio de favores. Aquel día el President iba a por un Pacto Fiscal para presentar a sus electores y salió empapado de agua fría y sorprendido de ese trato del compañero de políticas, tan previsible por otro lado conociendo al PP. Sobre la mesa, ambos, han ido poniendo sus prendas y desnudeces y ahí siguen todos ellos: los principales responsables (Mas y Rajoy) y hasta los que pasaban algo más lejos y ven tajadas que llevarse de la bandeja y un hueco estable en la mesa.

Los réditos son claros porque hay gente a la que le enardecen estas visceralidades del presunto patriotismo. Muy útil también el temor y la ansiedad que produce el desorbitado tratamiento mediático: el miedo es el arma más poderosa de control a manos de poderes poco escrupulosos. La lucha por el voto y lo que consigue está clara.  El intercambio de favores también, parece un baile perfectamente orquestado. En este drama, o comedia, o tragedia, hasta un moribundo político como García Albiol, desahuciado por las urnas, camina con el gotero por los pasillos dando  voces. A Rajoy y Mas, también les ha revitalizado. Hablar con sensatez, parece que ni se contempla. Hasta el 20D hay tiempo. O nunca. De nuevo.

Soy de quienes preferirían que Catalunya se quedase en España, si es eso lo que quiere –que parece que sí por los votos de las últimas elecciones-. Más que nada por los muchos valores que nos aporta al conjunto.  Lo inaudito es que esas feroces hordas que odian e insultan a los catalanes quieran mantenerles en el Estado a toda costa. Es una actitud de libro inscrita en el viejo sadomasoquismo español.

Los ciudadanos de este país, de todo el Estado, sufrimos saqueo, recortes, autoritarismo, maltrato en definitiva, por parte de muchos de esos que se llenan la boca con el patriotismo. Nos están vendiendo todo nuestro patrimonio -en buena parte a dinero que tiene poco de Patria-, servicios fundamentales como la sanidad pública o la educación, la dignidad del trabajo, hasta derechos humanos se están vapuleando. Son amores muy hostiles y los exigen indisolubles. La unidad, la convivencia, no se mantiene a la fuerza.  Esgrimir la ley cuando se cambia, añade y utiliza hasta para reprimir la crítica, tampoco parece muy creíble. Cada vez que proclaman que todos somos iguales ante el imperio de la ley o invocan el Estado de Derecho, se muere una bandada de oscuras golondrinas.

En la despiadada selva de la codicia en la que vivimos, lo pragmático sería formar países grandes y fuertes para afrontar con más poder el camino. Es mejor unirse a Portugal que desmembrar España. El sur unido sería interlocutor más potente frente al norte que nos domina. Además se evitan las incomodidades, problemas y sectarismos de las fronteras. Pero, si Catalunya se fuera, seguirían estando ahí. No cortarían los límites territoriales con una motosierra y echarían la tierra andar, ni levantarían vallas para detener a los extranjeros… pobres. Casualmente es lo que está ocurriendo en varios países de Europa sin que moleste con efectividad al mando en Bruselas. Ese fascismo que se abre paso con fuerza y toda permisividad por las entrañas de este continente no genera Pactos de Estado, ni parece suponerle a la mayor parte de los medios desafíos, retos u órdagos. Con los estragos que causó en el pasado.

Pero reflexionemos un poco más sobre cuál es la Patria de los poderes económicos españoles. 34 de las empresas del IBEX35 mantienen la abultada cifra de  810 compañías filiales en paraísos fiscales, según el último informe de Oxfam-Intermon. El único fin de utilizar empresas fantasma alojadas en lugares muy permisivos con la fiscalidad es evadir impuestos en España. Con lo que ellos la quieren y lo patriotas que son y dejan de cotizar aquí 59.000 millones de euros anuales, en el cálculo de la prestigiosa ONG. 

Ahora andan también muy contentos con los “emprendedores” españoles que apuestan por colocar su sede fiscal -nada más que fiscal, las aceras nuestras las usan igual- en Delawere, EEUU. Un Estado que ofrece grandes ventajas de opacidad y que, por matar dos pájaros de un tiro, cumple los deseos de los fondos norteamericanos de tener a los clientes en territorio conocido. Bien pensado, tras la venta de Ana Botella en su etapa de alcaldesa de Madrid, de viviendas sociales a los buitres de esos fondos tampoco es que estuvieran muy faltos de cariño en nuestro suelo. 

Y si, con todo lo que está ocurriendo faltara algo por evidenciar, ahí tenemos a la UE demostrando para quién y para qué gobierna. Tras la bochornosa ejecución de Grecia en ejercicio de fuerza y constatación de cómo funciona el tinglado, se ha plegado a la codicia de las empresas despreciando la salud de las personas. Ha sido demasiado evidente aprobar que los coches diésel nos intoxiquen con el 110% más de dióxido de nitrógeno. Esta ha sido la forma de solucionar el fraude descubierto en Volkswagen y no ha pasado nada.  Ahora se añade que además emponzoñan el aire con dióxido de carbono. Algo harán las autoridades. Para tragarlo. Ya lo han insinuado: el sector emplea a muchas personas, total “solo” mueren unas 400.000 al año (16.000 en España) por la contaminación, según estimaciones ecologistas, y parece que también hemos respirado por encima de nuestras posibilidades. Reducir beneficios con motores menos perjudiciales para la salud, no es una opción. Retirar los diésel, menos. El ministro español José Manuel Soria fue uno de los primeros, si no el primero, en pedir que se tragara  ¿Por qué? ¿Y el escaso eco informativo de una noticia de tal gravedad para la salud?

Recapitulemos ¿Cuál es pues la Patria de toda esta gente?  ¿España unida? ¿La Europa de los valores y el progreso? ¿No es más cierto decir que su Patria es el dinero y el poder? Valore cada cual a quién sirve y qué defiende.

*Publicado en eldiario.es

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El populismo y otras realidades oficiales

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García Albiol y Rajoy. La “limpieza” de emigrantes puede esperar a después de las elecciones.

El populismo, como acusación, es el nuevo comodín político para distraer de errores y atropellos. Ni la Real Academia de la Lengua ha acertado aún a definirlo y sin embargo en cualquier parte encontraremos a quién nos diga qué es populismo y a quién se lo asigna. En España, la mayoría de los más dóciles adoctrinados dirá que es Podemos, las candidaturas ciudadanas o prometer lo que no se puede cumplir. Algo que –según aseguran- es lo que caracteriza a los mencionados. Dada la escasa experiencia aún en labores de gobierno de estas formaciones “populistas”, se coloca el calificativo prioritariamente a la Syriza de Tsipras. Y los peor intencionados meten en el mismo saco a la ultraderecha más reaccionaria y xenófoba. Todo es “extremo”, salvo ese centro… que nos ha asestado golpes radicalmente fuertes y no lleva visos de parar.

Lo cierto es que llaman “populismo” a la demagogia. Es decir, una degeneración de la democracia, en la que los políticos usan falsas promesas y apelan a los sentimientos más primarios de los ciudadanos para conseguir o mantener el poder. Puestos a mirar, no cabe mayor demagogia que la desplegada por el PP con su programa de chicle y vuelta y vuelta. Las medidas electoralistas –con dinero de todos– como el devolver a los funcionarios parte de la paga que les quitaron. Acusando a otros de corrupción como si descendieran límpidos del cielo. La propia repetición de las consignas, de su cinismo manifiesto, se rige por los manuales más acreditados de la manipulación política. Una mentira mil veces repetida termina siendo verdad para quien no reflexiona. Y parece que a sus laxos votantes les funciona. Y ya, como estrella de la fiesta populista, pasean al candidato catalán que ora hace gimnasia abierto de piernas, ora se fotografía con emigrantes de aquellos que prometió “limpiar”. El colmo de la desvergüenza.

Como lo es la carga ideológica y manipuladora de buena parte de los medios grandes en períodos electorales como éste. Con las continuas amenazas a los catalanes para condicionar su voto. La ejemplar clase empresarial ha salido este lunes en el Telediario de TVE contando que precisan estabilidad política para crecer. Y ya se sabe lo que ésta pide. Su campaña se ha extendido ya por la prensa con su mensaje catastrofista a evitar si ganan los buenos.

“Populismo”, para resumir, es “todo lo que no sea el bipartidismo defensor de la ideología neoliberal”, máxime si intenta algún cambio. Eso es lo que realmente quieren decir y ahí tenemos a quienes, hasta con buena intención, terminan por ser cómplices también de la trágala. Se ven, así, muy prudentes y objetivos. Los cambios desestabilizan y dan miedo. A otros, les da mucho más miedo que todo siga igual. Las inquisitivas preguntas, incluso de periodistas solventes, no se formulan a todos los actores y en su justa proporción. Grecia es un ejemplo paradigmático.

“No queremos que nos pase como a Grecia”, dicen y repiten, seguidos del coro que en la calle ha engullido la idea. Como la Grecia de Tsipras, se entiende. Porque “lo de la Grecia de Samarás y Papandreu” es el estado anterior, el origen, y ya lo hemos padecido. Ese camino de corrupción, despilfarro, mala gestión y luego recortes y privatizaciones, es idéntico al desarrollado en España por sus correligionarios, en mayor o menor medida.  ¿Han visto ustedes a algún periodista preguntar a Rajoy por las actividades, incumplimientos y responsabilidades de Samarás y los gobiernos de Nueva Democracia que fueron quienes ocasionaron la quiebra?  ¿Afearle que su colega –y él aquí, de paso- no cumplió lo que prometió? ¿Indagar en cómo llegó Grecia con ellos a una deuda pública que suponía el 158% del PIB en el primer rescate e interesarse por la que ha aumentado Rajoy aquí hasta el 98% por valor de más de un billón de euros? ¿Mencionarlo siquiera? Yo no. Quienes causaron la ruina de Grecia fueron los partidos tradicionales. Y pensaban seguir en ello, Samarás había firmado más recortes y más ventas del patrimonio público. Estos sí que son calcados. Y los medios se cuidan muy mucho de relacionarlos.

Esencial saber lo que entienden las realidades oficiales por prometer “lo que no se puede cumplir” y  por qué no se puede cumplir. ¿Hay alguna imposibilidad física en hacer una mejor distribución de las cargas y la riqueza? ¿En gobernar buscando el bien de las personas y no prioritariamente el propio sin hacer ascos a robar y ungirse de prebendas? ¿En dar un trato a los ciudadanos siquiera similar al de los bancos y sus problemas?

Tsipras cedió y no le permitieron ni coser el extremo de la herida. Más aún, ahondaron en ella, y él debió retirarse. Es imprescindible insistir en que se le dio un castigo moral y ejemplarizante endureciendo las condiciones por haber consultado a los griegos.  Ese día marcó un antes y un después en la historia de la UE, cuando todos callaron y firmaron ese escarmiento. Dejó al descubierto en qué Europa vivimos. Esta profunda anormalidad que ya constatamos a diario.

Entonces, la razón de defender lo que hay es porque “de toda la vida de dios ha habido ricos y pobres y el pez gordo come al chico”. Y así mil años más, como en la Edad Media. Algún día habrá que cambiar ese axioma. No ha funcionado nunca. Han sido esas políticas las que nos han traído hasta aquí, a todos. Y los oprimidos explotan ya de forma incontenible saltando sobre las conciencias, si se tienen. Lo malo conocido, las viejas fórmulas, solo funcionan para unos pocos. Sin duda para quienes se emplean –incluso desde los medios– en convencer a los votantes.  Mucho mejor quedarse como estamos, con esta gente tan seria y consecuente que cumple lo que promete. Y muchos, millones, lo creen o quieren creerlo.

El mundo es mucho peor hoy, transcurridos ya 7 años de la crisis. Otro de los puntos aún sin retorno fue consentir que el capitalismo solucionara sus juegos malabares refundándonos a los ciudadanos y haciéndonos pagar sus pérdidas. Y en la zozobra han cambiado los términos de convivencia.

El egoísmo, el desprecio de todo cuanto no sea uno mismo, el desprecio de todo cuando no sea dinero, pisotear los derechos humanos,  la ley de la selva en definitiva, desembocan en este virus que se está adueñando de Europa.  Y que de nuevo trae el germen del fascismo.  Los Viktor Orban avisan. Y de lejos. Los García Albiol también. Los Rajoy son ya libros abiertos. Los que asignan populismos, y ocultan la mitad de la verdad, de igual modo. Avisaron y ya están aquí. Lo próximo es tener sentada a Marine Le Pen en El Elíseo y en Bruselas, seguir con Cameron y con Rajoy –el mejor aliado de Orban fuera del Este–, ver cómo sigue creciendo la extrema derecha, la peste que ya nos costó muy cara en el siglo XX.

Hay veces en que lo prudente y moderado termina dando cobertura a uno de los períodos más terribles y trágicos de nuestra historia: el que estamos viviendo. Solo será superado por lo que vendrá, si no se varía el rumbo. Existen otros caminos y hay que andarlos: éste lleva al abismo.

*Publicado en eldiario.es

Europa: en qué manos estamos

Eurogrupo con Wolfgang Schaeuble, ministro alemán de finanzas en el centro

Eurogrupo con Wolfgang Schaeuble, ministro alemán de finanzas en el centro

Cuesta creer que pueda darse un cúmulo de mecanismos capaces de suscribir el escandaloso pacto de la UE con Grecia. Y que Europa, sus instituciones, medios y ciudadanos puedan seguir su marcha como si nada hubiera pasado. Cuando lo ocurrido lo cambia todo y nos sitúa en un escenario en el que sólidos valores se resquebrajan. El suelo de la democracia se hunde bajo nuestros pies. Y queda patente la ineficacia demostrada y la dudosa calidad de unos líderes a los que una persona sensata no dejaría ni al cuidado de una olla en el fuego.

El hecho definitivo es que Alemania propuso endurecer las condiciones del rescate a Grecia solo porque el gobierno de Tsipras había decidido consultar a sus ciudadanos sobre recortes que les afectaban y encima osaron votar No. Y que el resto de los países secundaron la voluntad alemana, pese a que nadie creía que la elegida fuera la solución. Y pasando por alto lo injusto de la medida.

La idea parte de Wolfgang Schäuble, el estricto ministro de finanzas democristiano alemán.  Cada vez se ve más claro que ofreció a Tsipras unas condiciones inasumibles para que se fuera del euro como defiende, pese a que ahora lo niegue. Dado que el club no prevé la expulsión de un socio, se le acribilla para que tome por sí mismo la decisión de irse. Es preciso insistir: los requisitos son mucho más duros que los rechazados por Syriza y no tiene lógica alguna, entra en otro terreno.

Los líderes europeos, de nuestros respectivos países, van y “toman la decisión por consenso” dice Schäuble. Y es cierto que fue así. De Guindos andaba presionando a ver qué había “de lo suyo” para presidir el Eurogrupo, incluso al Ministro de economía griego, recién estrenado y con un duro entuerto que resolver. Los demás llevaban muchas horas de reunión, había que acabar. Así se toman las decisiones sobre la vida de las personas en esta Unión Europea.  Estaban reduciendo las miserables pensiones de los jubilados griegos, elevando los precios al pasar el IVA del 13% al 23% en un país depauperado o agudizando la precariedad de sus servicios que –como en el caso de la sanidad-  tiene víctimas palpables. Mandando vender lo poco que ya queda del patrimonio griego. Pero eran muchas horas de reunión y lo que plantea Alemania es incuestionable. Desde su Olimpo, aprietan el botón y a casa.

Las diferencias evidenciadas entre Schäuble y Merkel pueden indicar la rebelión de un Ministro de Finanzas –en ascenso de popularidad entre los alemanes- que tomaba decisiones políticas cuando se le exigía un trabajo técnico. Y lo sigue haciendo al culpar –en diatriba con el Nobel Paul Krugman al que como todo prepotente neoliberal menosprecia- al actual gobierno griego de los problemas de su país. Se atreve a decir que “hace medio año Grecia se estaba preparando para salir a los mercados de capital, hoy está arruinada”. Olvida mencionar que su candidato, Samarás, se había comprometido a más recortes para la población. Si se destina la mayor parte de los recursos al pago a los bancos –ése es el fin- se sale a los mercados y a la plaza pública y a alta mar si se tercia. Es lo que está haciendo Rajoy, andamos en la primera fase: acumulación de deuda y recortes. Draghi entretanto realiza su papel –político- cortando el grifo a Grecia y apoyando a países como España en el mismo día.

A Tsipras lo acorralaron, no le permitían ni irse y tenía antes que aceptar el menú preparado por el cónclave. No debió hacerlo, bajo ningún concepto. Debió volver a salir a denunciar cómo se las gasta esta UE. En el Parlamento griego después, no fue el pueblo quien votó  aceptar la claudicación, el pueblo griego hacía dicho No a las duras condiciones de Bruselas ¿cómo iba a querer redoblarlas acompañadas de fuertes dosis de humillación y venganza… de irracionalidad como fondo? Es muy probable que Tsipras salga del gobierno más pronto que tarde. Pero nada cambiará para los griegos si no es a peor.

Lo terrible, pues, es cómo llegaron a esas decisiones y quiénes lo hicieron. Con qué soberbia y falta de humanidad. Con qué desconcierto y frivolidad. De nuevo nos situamos ante ese engendro que ha creado la UE. Se diría que a Juncker, como antes a Barroso, los tienen como representación y para gestionar sus cosas, pero la Comisión, el gobierno, no posee suficiente poder. Aún otorgan otra presidencia semestral por países. Luxemburgo la ostenta ahora, heredada de Letonia. No pintan nada pero queda muy decorativo y “plural”. Los que mandan son los jefes de Estado y de Gobierno, es decir el Consejo Europeo. Y no por igual, prima lo que dice Alemania y la jerarquía va en degradación hasta llegar a la irrelevancia de varios países –muy en precario ahora la de España-. En la práctica el trabajo lo elabora el Eurogrupo –los ministros de Economía y Finanzas-, un órgano “informal” de inaudito poder decisorio. Ahí Schäuble ha tomado el mando. Deberían explicitar que votar a Rajoy, por ejemplo, es votar a Schäuble y a Merkel. Votar a Rajoy… y a muchos otros.

Técnicos del FMI afirman que este nuevo rescate no funcionará. Cualquier economista o político sensato e independiente lo sabe y lo dice. Pero ya se ha creado la cortina de humo, lacra de nuestro tiempo, en el que editoriales y tertulias, periodistas llamados a crear opinión, defienden la bondad de este pacto ominoso. Ya se ha olvidado el disparatado endurecimiento de las condiciones, como castigo o listón a elevar para resultar intolerable. Es igual, hacen sus cábalas y pronósticos. Al margen de la realidad. En defensa de sus intereses políticos. No hay más que mirar los resultados: el yugo de la austeridad alemana no ha funcionado, cada día son mayores sus destrozos, hasta el norte europeo está tocado como explica Paul Krugman. Pero todo forma parte de lo mismo, hasta nuestros más diminutos asuntos locales están contaminados de esa inmundicia. Las personas reales no importan. No importa su dolor y frustración que es lo único que se va a sacar de esto, al margen de dar satisfacción a la soberbia alemana.

Creíamos pasados los tiempos de las aristocracias absolutistas, del poder omnímodo y arbitrario que ha dominado la humanidad durante siglos. Todos estos delegados –son eso- responden sin embargo a un principio democrático de  sufragio universal. No puede estar pasando lo que vemos y sufrimos. No podemos consentirlo. Es intolerable sentenciar y redoblar la pena por haber invocado la democracia. ¿Qué nos espera con esta gente, con toda ella en Europa y en nuestros países? ¿Qué más serán capaces de hacer? Millones de ciudadanos nos encontramos en estas manos  cuando menos irresponsables. Alguien de todos ellos debería salir y deshacer el fiasco. Y ya tarda.

*Publicado en eldiario.es

Urnas para los griegos, ansiolíticos para los Mercados

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Los griegos vuelven a las urnas y regresa también la feroz campaña del miedo para que no voten a Syriza, la coalición de izquierda que se quedó en puertas del triunfo en Junio de 2012. Fue un gran éxito del conciliábulo neoliberal: la Troika (BCE,UE, FMI), Merkel, todos los gobiernos afines, sus bancos, todos sus medios y asesores. La coacción fue abrumadora.

 A los griegos, además, les habían destituido a su jefe de gobierno Georgios Papandreus porque pretendió consultar en referéndum a la ciudadanía sobre los durísimos nuevos recortes que les decretaban.  Les colocaron, a dedo, a Lukás Papademos, vicepresidente del Banco Central Europeo, y decidieron quién tenía que ganar en los siguientes comicios: los que estaban, es decir, Nueva Democracia y el PASOK. Aquellos a quienes Goldman Sachs había ayudado a maquillar las cuentas del Estado para entrar en la UE. En estos momentos siguen apostando por los mismos: La Familia.

Desde 2010 estamos viendo sucumbir a los griegos.  Un país de instituciones corruptas y en el que muchos ciudadanos se apuntaban, siquiera con su comprensión, a las migajas de la fiesta. Como en España. Su máximo error fue, sin embargo, votar a quienes les llevaron a la bancarrota. Y se lo están haciendo pagar con sangre. Aquellos primeros 110.000 millones de euros de rescate (cuando a los bancos se le habían dado ya 1,6 billones declarados) les costaron la soberanía, prácticamente la democracia, y la vida en muchos casos. Los insostenibles recortes a la población para pagar la deuda han sumido a Grecia en la pobreza extrema. Sus ciudadanos fueron los primeros en salir a la calle para protestar, el gobierno (el democrático) llegó a gasearlos a niveles casi letales. Por eso se organizaron en política para concurrir a elecciones.

Vemos escenas griegas que parten el alma. Les han quitado todo. Educación, subsidios, pensiones, sus casas, sanidad. Tres millones de personas, más de la cuarta parte de la población,  se han quedado sin cobertura. Lloran, lamentándose de que después de cotizar durante  años, se van a morir en la calle. El cáncer solo se atiende ya en estado terminal. El tratamiento para la hepatitis C que racanea el gobierno español –con su secuela de muertes rotundas, sin eufemismos- es una anécdota frente al dolor de los griegos. Han tenido que organizarse entre ellos. Cooperativas de voluntarios que cuidan unos de otros, mientras su gobierno vela… por los intereses de los mercados. Con la Troika que, por ejemplo, pidió cerrar los ambulatorios de atención primaria. Con todos los asesores y voceros del mundo  que pontifican desde los medios, en España también, amenazando con el grave peligro que, en su opinión declarada, representaría la llegada al gobierno de Syriza.

 “Es que los mercados entran en pánico” escuchamos de continuo. Por eso precisamente se ha despeñado la bolsa griega y tiembla el resto. Son muy sensibles los  mercados, bipolares. Pasan de la euforia al miedo, por lo que interpretan como amenaza a su poder. Cuesta más entender cómo se nos pide mimo hacia “los mercados” sin exigir en absoluto la misma reciprocidad. A los poderes financieros no les importa en lo más mínimo lo que nos ocurre a los ciudadanos. Ni siquiera el daño que ellos mismos producen. Asombra que se admita esa posición dominante como lo más natural y que desde la UE, gobiernos varios u organismos internacionales como el FMI se defienda esa arbitrariedad.

 Llegados a este punto, hay que recomendar a los mercados que se traten con ansiolíticos. Bien es cierto que acuciados por la preocupación, se les despierta el pragmatismo y rebajan cuantías y extienden plazos como sucedió en Islandia, e igual pueden moderar la dosis terapéutica.  Si el nerviosismo es muy agudo y alguno de ellos entra en quiebra, pueden irse a vivir debajo de un puente como han mandado a tantos ciudadanos. Cuando, además, habían costeado sus errores por la generosidad de los gobiernos.  La jugada del 2008 les salió perfecta, aún deben estar riéndose de Sarkozy cuando dijo aquello tan jocoso de que había que refundar el capitalismo. Les refundamos sus balances con colmo y todo.

 Lo sucedido en Grecia nos da lecciones de enorme trascendencia. Son y serán aplicables en España que sigue los pasos calcados del vecino mediterráneo. La estabilidad de los mercados, su sosiego y felicidad, no pueden edificarse a costa del bienestar y de la vida de millones de personas. No puede ser ése el parámetro que rija para condicionar la democracia.  No se nos puede quitar todo para engrosar sus ingentes beneficios. Así funcionan quizás las empresas, no los países, no las sociedades compuestas de personas. Las que, para mayor escarnio, pagan este obsceno tinglado con sus impuestos y, según pretenden, a cambio de nada. No es nada personal, son negocios.

 De otro lado, vemos el derrumbe absoluto de la socialdemocracia. Ya no hace falta darles cancha. Y ahí, siguiendo los pasos de Blair y el Felipe González de hoy, del último Zapatero, de la actual cúpula del PSOE, tenemos al Mesías delsocioliberalismo –dicen que le llaman-, Manuel Valls, pregonando en turné  que la socialdemocracia está obsoleta, y abriendo la puerta de par en par a la ultraderecha. Ellos y toda su corte de economistas, asesores y periodistas. El PASOK paga coaliciones y tibiezas desapareciendo casi del mapa en los sondeos. Seguro que alguien protesta oponiendo que tienen buenas intenciones y precisan una oportunidad.

 Nos están obligando a tragar un único camino: el capitalismo… salvaje. El que arrasa con todo. Y se muestran fuertes en su posición. Haber colocado al Juncker de LuxLeaks al frente de la Comisión Europea es toda una declaración de intenciones. Es el primero, ya saben, que se permite recriminar a los que votan “mal”. O sea, a Syriza en Grecia, a Podemos, llegado el caso, en España.

 ¿Y así existe alguna posibilidad de salirse del carril decretado? ¿Qué conserva todo esto de Democracia? Por si les queda un resquicio de vergüenza, habrá que intentarlo. Hoy Grecia, la sociedad griega, está peor que estaba en todos sus parámetros. La tragedia de la mayoría de la población ha sido inútil, porque a “los mercados” nunca les basta. Como aquí. Aún han tenido, la UE, el FMI,  la desfachatez de admitir que quizás se equivocaron en las condiciones y previsiones del rescate. Pero no por eso rectifican. Total, solo pagaban los errores unos ciudadanos que no eran Mercados de alcurnia. Fueron sus cobayas e insisten en que lo sigan siendo. Así será si se dejan. Por si acaso, lo primero que ha hecho el contrito FMI es quitarles la ayuda hasta que haya nuevo gobierno. Nada inocente jugada.

 La economía financiera -que es básicamente a lo que se dedican- no da de comer más que a ellos. Opíparamente, por cierto. No es fácil, pero el único camino digno es intentar otra salida, un cambio. Por esta vía, ya tenemos la seguridad de que no funciona. Alguna vez ocurrirá que, en la vida real, millones de Davides ganen a Goliat.

Muro de Berlín: la Historia avisa

Centenares de personas en el Muro el 9 de Noviembre de 1989

Centenares de personas en el Muro el 9 de Noviembre de 1989

Un cuarto de siglo después de aquel 9 de noviembre –cuando cayó el Muro- llama la atención con cuánta intensidad avisa la historia y qué necesario es escucharla. Un breve resumen de los hechos nos sitúa ante una ciudad dividida en cuatro partes (dos en realidad), consecuencia de la derrota en la Segunda Guerra Mundial de la Alemania nazi. El bloque soviético controla el lado Este. Estados Unidos, Reino Unido y Francia, el occidental. El 13 de agosto de 1961, de noche, las autoridades germanorientales comienzan a levantar un Muro que caerá, también de noche, el 9 de noviembre de 1989. Separó dos mundos tan distintos que, en realidad, vivían de espaldas uno del otro, aunque contrarrestando y conteniendo su poder. A costa, sin duda, de numerosas víctimas de todo tipo.

En el verano de 1989 muchas cosas están cambiando. Checoslovaquia, Polonia y Hungría han abierto fronteras; en la RDA (República Democrática Alemana), cada vez más cerrada, hay un trasiego constante. Se cuentan por centenares los huidos a diario. La Iglesia de San Nicolás de Leipzig ha iniciado unas marchas reivindicativas que, del medio centenar del comienzo, han pasado a llevar hasta Berlín a medio millón de personas aquella primera semana de noviembre. Es una protesta de ejemplar ciudadanía e inapelable.

La presencia de Gorbachov en Moscú influye decisivamente en poner freno a las ansias de aplastar la disidencia. En realidad, ya no pueden, la firmeza de la gente les ha desbordado. Intentarán la vía de “las reformas”: apartan del poder a Erich Honecker y lo sustituyen por el más moderado Egon Krenz. El Muro se le vino encima y lo abrió. Y no por eso pudo eludir sus responsabilidades con la justicia. La Historia avisa.

Mi visado de entrada en Berlín Este en la víspera de la apertura del Muro

Mi visado de entrada en Berlín Este en la víspera de la apertura del Muro

Crónica del 9N de 1989 en primera persona

Faltaban pocos minutos para iniciar el jueves 9 de noviembre cuando los cuatro miembros del equipo de Informe Semanal de TVE llegamos al Checkpoint Charlie, el principal punto de acceso desde Berlín Oeste a Berlín Este. Noche, frío, niebla, imperturbables guardias uniformados en gris, los temibles vopos, una película de la guerra fría en vivo y en directo. Con la luz del día, la calle ofrece una ajustada imagen de la situación. El hartazgo popular era notable. Quejas contra la corrupción, la arbitrariedad del poder, “los de arriba”, pocas a una precariedad que resultaba evidente, y, por encima de todas, a la falta de libertad. Para viajar o expresarse. La eterna disyuntiva de si irse o quedarse a construir un nuevo país. Eventualidad que se veía muy remota con aquel régimen.

Las fruterías solo vendían coles. Las grandes avenidas, sin apenas tráfico, orillaban junto a las aceras el Traban –el coche oficial de cartón plastificado– por falta de repuestos. En las sobrias tiendas, la cultura, discos por ejemplo, se ofrecía a precios casi regalados. Día trepidante de corrillos en la calle y mítines improvisados. Entrevistas con opositores que apuestan por un futuro distinto al que no se ven cauces. Una rueda de prensa oficial surge de repente. Será decisiva.

Numerosos medios internacionales aguardamos las palabras del portavoz, Günter Schabowski. Tiene otra reforma que ofrecer: una nueva ley de viajes, no la apertura del Muro de Berlín de forma inminente como termina por decir. Sus compañeros del Politburó vuelven ya pacíficamente a sus hogares sin saber lo que se avecina.

Puente de Bornholmer. 1989. Aquí se abrió el Muro de Berlín

Puente de Bornholmer. 1989. Aquí se abrió el Muro de Berlín

Nadie lo sabe. No hay presidentes ni bandas de música (como en Hungría) en aquel Puente de Bornholmer en el que nos encontramos una hora después. Hemos bajado con el embajador de España en la RDA, Alonso Álvarez de Toledo. Nos ha invitado a su residencia para comentar el día. No está claro qué va a suceder pero apunta que, justo abajo, hay un paso fronterizo. Puede ser buena idea acercarse a ver qué pasa. Y, sí, hay como medio centenar de personas, y ningún periodista. Salvo nosotros.

Son las 9 de la noche. Mi compañero Laureano González enciende el foco de  la cámara e inicio entrevistas. Uno de los vopos nos pide que la apaguemos y nos vayamos. De forma ostensible. Él fue quien, en realidad, abrió el Muro. Harald Jagger, el oficial al mando, le contaría tiempo después a Álvarez Toledo que, ante la falta de instrucciones –salvo la de no disparar si no era en lo que entendieran como defensa propia- decidió dar la orden: Pueden pasar. Y pasamos. Todos. Berlineses del Este y del Oeste.

Acaban de abrir el Muro. Las expresiones de los germanorientales lo dicen todo.

Acaban de abrir el Muro. Las expresiones de los germanorientales lo dicen todo.

 No de inmediato la mayoría. Lo cierto es que la frontera volvió a cerrarse durante una hora. Pero en aquel mundo sin teléfonos móviles, ni redes sociales, ni WhatsApp por supuesto, miles y miles de personas acudieron al unísono al Muro de Berlín y comenzaron a trepar y a picar. A tomar el Muro. Aquello era ya irreversible.

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Un derrumbe que engrosó el capitalismo

No se ha resaltado lo suficiente la reacción occidental a la caída del Muro de Berlín que ansiaban con fervor, pero que ni en sus mejores sueños esperaban y menos con tal facilidad. Tenemos a Margaret Thatcher en Gran Bretaña, Helmut Kohl en Alemania, Felipe González en España, François Mitterrand en Francia, que a la vez ostenta la presidencia rotatoria de la UE con Jacques Delors en la del Consejo y George Bush senior que acaba de acceder a la presidencia de Estados Unidos. Esa época a la que denominan dorada, la de los grandes líderes.

Y actúan con sin igual presteza. No ha acabado noviembre, ese mismo mes de noviembre de 1989, cuando se firma el Consenso de Washington que será clave para el devenir de la historia. Pensado inicialmente para América Latina, se adapta por la vía de urgencia a la política global. Al cónclave para aprobarlo acuden políticos y altos funcionarios, la Reserva Federal, el Banco Mundial y el FMI. Sin perder el tiempo se firma también su homólogo: el Consenso de Bruselas para Europa que comienza a aplicarse a partir de 1990. Sus líneas básicas van a constituir el manual de actuación del neoliberalismo: recorte del gasto público, reforma fiscal para favorecer a los más ricos, liberalización del comercio internacional, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, privatizaciones o desregulación bancaria. Y en esa progresión llevamos 25 años de despojo.

El Telón de Acero era demasiado opaco para mirar. Las idealizaciones acerca de aquella potencia que tenía en Alemania del Este la joya de la Corona no se correspondían con la realidad. Durante los días posteriores a la caída del Muro y en nuevos viajes,  la evidencia de una economía inviable se hacía palpable, lo obsoleto de su afamada industria. Era cierto que todos los ciudadanos tenían trabajo, casa, alimento, sanidad, servicios, educación, cultura, deporte, siquiera en niveles básicos. Pero el país se hallaba en bancarrota.

Un año después, en aquel doloroso desmantelamiento que se ejecutó a través de la Agencia Estatal de Privatización de la RDA, se nos cuenta que las plantillas están sobredimensionadas y que la productividad del Este es la mitad que la occidental. A modo de ejemplo, Olivetti oferta un marco por una fábrica a condición de que reduzca su personal de 12.000 a 900 trabajadores. Y ya hay un millón de parados.

Los germanorientales abrazaron con fruición la sociedad de consumo, como suele ocurrir. Desde la primera semana les hacían ofertas irresistibles en Berlín Oeste con saldos rescatados de sus desvanes. Cuando apenas un año después las dos Alemanias se reunifican –o para ser más precisos la RFA se anexiona la RDA–, la frutería ofrece un vergel, coches japoneses transitan por las calles y proliferan las oficinas bancarias en el paisaje urbano. Máquinas expendedoras de caramelos adoctrinan a los niños en la sociedad de consumo. Precios del Oeste, sueldos del Este, un tercio inferiores. Ha nacido una nueva ambición: el dinero.

Hoy, en la próspera Alemania de Merkel, 13 millones de personas están al borde de la pobreza, la sexta parte del total. Los sufridos alemanes del Este, en general, lo que más añoran –dicen– es la solidaridad que había entre ellos. La relación que mantenían antes de que primara el egoísmo y los intereses particulares.

Ya no queda ni rastro de aquella lúgubre puerta de hace 25 años en Bornholmer. Hay un puente, como todos, por el que pasan transeúntes y vehículos. El Muro de Berlín existe como recuerdo pero no como separación. Se levantan en otros muchos lugares del mundo para diferenciar la riqueza y la pobreza. La capital alemana aprendió a recomponerse y abrazó con pasión el saber vivir. Es un ejemplo de modernidad y concordia.

Potentes signos de degradación se evidencian en la parte del Muro que quedó en pie, en el capitalismo que se desbocó feroz desde entonces. La corrupción del sistema pudre los cimientos y se estira al límite la desigualdad, cercenando la libertad de comer o desarrollarse. La Historia avisa, sí. Tras aquel Muro que simbolizó el telón de acero, el aparato se resistió y se revolvió hasta que no pudo más: fue desbordado. Grandes gritos de alarma suenan en este lado en el que vivimos con el agua al cuello. En el final, habrá –es de esperar– periodistas para contarlo.

Puente de Bornholmer, primer punto donde se abrió el Muro de Berlín. El paso estaba a la izquierda.

Puente de Bornholmer, primer punto donde se abrió el Muro de Berlín. El paso estaba a la izquierda.

Añorando el 1.900

Me descubro desde hace un tiempo mirando con envidia las series “de época”. Les veo moverse en amplitud de espacios, sin la masificación que padecemos ahora capaz de amargar el más apetecible de los disfrutes. Viajar en tren, con calma, haciendo amistades entre los pasajeros. Despedirse previamente de familiares y amigos diciendo: “ya te escribiré”. Oh, eso es una maravilla, nada de agobios con el teléfono, los emails, la disponibilidad absoluta y los requerimientos acuciantes. Sin televisión, sin radio… con libros, con música. Con charlas ante una taza de café, muchas veces en un precioso jardín. Sin ruido.

Cierto que la ficción sobre aquellos tiempos nos presenta esa vida placentera para las clases adineradas, había grandes desequilibrios sociales. Pero al fin y al cabo estamos regresando exactamente a eso, sin ninguna de sus ventajas aparentemente.

Leo que en 1912, hace exactamente un siglo, salió una marcha de sufragistas en Nueva York. El 6 de Mayo fue. Los juegos olímpicos se celebraron en Suecia. Escribían Kafka, Antonio Machado o George Bernad Shaw. Lenz hacía estudios sobre genética y Rutherford andaba descubriendo el núcleo del átomo. En noviembre un anarquista se cargó a otro presidente progresista español: José Canalejas. Un intelectual sólido en sus ratos libres.

La Belle Epoque fue una época de progreso. Tras un período tranquilo sin liarse a tiros, Europa vivió un período muy fructífero que favoreció los avances científicos, técnicos, sociales y económicos. El capitalismo de entonces mermó los privilegios de la aristocracia. La producción en serie que propiciaría el bueno de Henry Ford lanzando el Ford T, extendió el disfrute de algunos bienes, de hecho él pensaba que hacía un coche para que lo compraran sus empleados. Buena la armó.

Ambiciosos y optimistas, alumbraron el positivismo (defendiendo la ciencia) y el cientifismo (que proclama que la ciencia lo explica todo). En España se animaban a ahuecar la caspa a ver si se deshacían de ella los regeneracionistas. Y no me negaréis que un tiempo marcado en el arte por el Expresionismo y el Art Decó no merece la pena.

Seguro que no fue un tiempo ideal, pero imagino a nuestros ancestros plagados de ilusiones. Menos en España donde los involucionistas de siempre andarían viendo cómo cortaban las alas de todo lo que se moviera. Lo cierto es que no pintaban mal aquellos tiempos como punto de partida hacia algo mejor. Recuerdo haber visto un documental norteamericano estupendo donde hablaban de que poco después la mujer empezó a representar en el cine una heroína que unía a la belleza, la inteligencia y la rebeldía. La Gran Depresión (debida también a los excesos del capitalismo) cortó en seco ese camino. Es decir, que aquellas primeras puntadas del Siglo XX realmente torcieron la dirección emprendida. Y sin embargo fue ese siglo el de los grandes descubrimientos. No sé hasta qué punto de… el progreso. Creo que sí, que también, pero derivando la senda hasta el caos actual.

Porque… ¿Qué está pasando entonces con el Siglo XXI? El gran fiasco, acabo de leer. Regresamos en los derechos sociales al despido libre, la arbitrariedad de sueldos y horarios. Los enormes desequilibrios sociales. La sanidad y la educación vuelven a ser, a grandes zancadas, solo para los ricos. Para aquellos que se despedían diciendo “ya te escribiré” en los andenes de un tren que caminaba con parsimonia permitiendo contemplar el paisaje y los propios pensamientos. 

Me sorprendo a mí misma añorando aquel tiempo que no viví. ¿Decadente? ¿Hay algo más decadente que la civilización actual? Siempre he amado el progreso, no miro atrás para lamerme las heridas, quizás para afianzar algún pie inestable, pero creo que esto no era lo lógico en un camino hacia delante. La masificación, la prisa, el control, el consumismo insaciable, los grandes espectáculos de multitudes muy multitudinarias. El abandono de la razón por creencias y supersticiones de una gran parte de la sociedad desorientada. El ruido, el inmenso ruido que tapa todos los sonidos, incluso -de no estar atentos- los interiores. La desinformación por saturación. Pincho una web y aparece cargado de chirriantes mensajes que encima no me cuentan la verdad, o no toda la verdad. Y así los hay a millones. La ilusión de hace un siglo, las apuestas por la ciencia y el conocimiento ¿dónde están?

Haber llegado a la edad madura viendo el apogeo del Jazz, en un club neoyorquino, con un maligno cigarrillo que no sé si hace tanto daño como la sinrazón. Por cierto, lo haré pronto, pero permitidme que me conceda el pequeño lujo de decir: “ya os escribiré”.

Mujer y Homo Economicus

¿Ingenua? ¿utópica?…
¿Real? ¿eficaz?
Así ve ATTAC TV a las mujeres invisibles, hoy situadas ante el Homo Economicus.

Gracias @offthere

El lobo acecha debajo de la cama

Gran actividad en la calle al punto de la mañana, la cotidiana, pero hoy con una losa de preocupación. Así les sucedió a los griegos, avisados hace meses, y que hoy están pidiendo auxilio en manifestaciones airadas porque su país está prácticamente en venta. Les dijeron que “venía el lobo” y ya ha comenzado a devorarlos. Entre los muchos factores que les influyeron a ellos, a nosotros, y a todos los demás, nos encontramos con que hemos sido víctimas de políticas neoliberales deshumanizadas y que en el caso griego y español –tampoco en Portugal- no había base para sustentar grandes reacciones, ni se arbitró medida alguna compensatoria.

Ahora, el mercado nos ha elegido como paganos. Standar&Poor´s –que tiene guasa el nombre- ha decidido rebajar la calificación de la deuda española, lo que nos obliga a pagar más por ella. La griega ya va de “bono basura”. Junto a Moody´s y Fitch, decide premiar, castigar, calificar en definitiva, a países enteros (con personas dentro), como si de un colegio se tratase. ¿Alguien los eligió, los contrató, para tan decisiva misión? No. O sí: el mercado.

Un excepcional artículo de un periodista estupendo, Andrés Villena, a quien conocí buscando trabajo y que terminó recalando en Telecinco, avisaba, en Marzo, del peligro que nos acechaba y daba todas las claves. Señalo solo algunas: “Las agencias de ‘rating’ o de regulación son empresas privadas cuya función es analizar, en base a modelos matemáticos complejos, la rentabilidad y el riesgo de los instrumentos financieros que empresas, instituciones o Gobiernos pretenden llevar a los mercados para financiar sus actividades”. Entre estos instrumentos o productos nos encontramos con deuda pública soberana, pero también con lo que fuera la ‘última moda’ antes de la crisis: complejos paquetes financieros normalmente vinculados a hipotecas de dudoso cobro, también denominadas hipotecas ‘subprime’. Por estas agencias pasaron, de este modo, los letales virus de la crisis financiera y económica que vivimos en la actualidad con toda crudeza. Y no fueron eliminados, ni mucho menos.

¿Cómo pudieron dejarlas pasar? Muchos expertos han reflexionado sobre este fenómeno: “como decía Financial Times en mayo de 2007 -justo antes de la explosión de las hipotecas basura- “en muchas ocasiones, ejecutivos de S&P, Moody´s o Fitch acaban siendo fichados por Wall Street”. O “ la caída de Lehman marcó un hito en la historia del capitalismo financiero globalizado. No obstante, la crisis no parece haber afectado a las agencias de ‘rating’, cuyas estimaciones siguen siendo muy tenidas en cuenta por inversores y mercados: “Hacen que aumente el riesgo en épocas de bonanza y que las crisis sean más acentuadas. El sector público tiene algo que decir”.

Europa naufraga. Hace mucho tiempo. Llevan más de 30 años buscando “acercarse a los ciudadanos” porque tiene “un problema de comunicación”. Durante más de 3 décadas. El presupuesto para 2011, es de 142 600 millones de euros (copio y pego del email que me enviaron para no alterar las cifras) Y nos dicen que, con ellos, van a “impulsar la recuperación económica e invertir en la juventud europea y en las infraestructuras del mañana”. Nada nos especifican de cuánto se lleva su pesada e ineficaz burocracia. Y cuánto dinero dan ellos, y el resto de poderes públicos, por ejemplo, a asociaciones “sin ánimo de lucro” para que, ante 10 ó 15 personas, divaguen un rato sobre la UE, incluso sobre “cómo acercarla a los ciudadanos”, en el mejor de los casos. Lo cierto es que cada país se mira a sí mismo, vota en local, y procura sus intereses. Que ya ni siquiera somos interlocutores privilegiados, porque lo son EEUU y China –por eso no va a venir de momento Obama a Europa, suprimiendo una tradición-.

Y en medio nosotros, con nuestros políticos secuestrados –más o menos voluntariamente- por poderes que nadie ha elegido. Pero abocados a ser quienes más paguemos la crisis que ellos han fabricado o tolerado. Si cualquier ciudadano que quiera informarse, puede hacerlo ¿Ellos no? ¿Por qué no salen los políticos y explican lo que está sucediendo en realidad? ¿Por qué no lo afrontan? Al menos los portugueses han visto a gobierno y oposición unidos para parar el golpe de los grandes especuladores. Aquí, el PP babea aguardando su oportunidad, mientras ayuda a “los inversores” a que nos den un guantazo mayor. Todo sea por el poder. ¿Y hay alguien que, seriamente, crea que una persona como Rajoy lo hará mejor? ¿Más neoliberalismo solucionará el problema o lo agravará? El PP defiende a ultranza, precisamente, “el mercado“. Pero ¿qué están haciendo los socialistas, además de política neoliberal y dar palos de ciego?

Manden a paseo a el mercado,  y a sus agencias de calificación. A ése, insolidario, codicioso y tirano. Nacionalicen bancos –no todos, para que compitan en mejores productos para el ciudadano-, y creen empresas para ocupar a los ya casi 5 millones de parados en algo productivo para todos. Menos carreteras y estatuas, y más educación y elaboración de productos esenciales. Incluso algo imprescindible, especializado, que sirva de moneda de cambio para nuestras necesidades dependientes. Igual otros países acosados tomaban ejemplo. Porque, no, esto no se va a arreglar por este camino. Las voraces fauces de “el mercado” –todos ellos con nombres y apellidos, pero diluida su responsabilidad en sociedades “anónimas”, eludiendo muchos de ellos el pago de impuestos en paraísos fiscales- no paran aquí. Tienen la sartén por el mango. E igual hay que quemarse para arrebatársela. Es que, sí, ¡viene el lobo! está debajo de la cama.

La crisis no se produjo sola

Poco imaginaban los editores de la revista norteamericana Fortune que el prestigioso diseñador Chris Ware, les iba a jugar tan mala pasada. Ingenuo o definitivamente harto –“porque él lo puede”- les hizo esta portada para presentar la lista de las 500 empresas más poderosas de EEUU, y por ende, del mundo. Como en “El jardín de las delicias” de El Bosco, tan importante es el conjunto como los detalles. Aquí uno, con esa bolsa de explotación, en las cloacas de un mundo aplastado por los rascacielos:

La empresa más poderosa del mundo se dedica a vender cosas necesarias o superfluas. Son los grandes almacenes Wal-Mart Stores. La segunda, la petrolera Exxon Mobil, ésa a la que le gusta tan poco que hablen del cambio climático que hasta paga jornadas de conferencias para rechazarlo a las que va pero no va ¿quién? nuestro antiguo presidente José María Aznar –el mismo que asesora los periódicos de Murdoch, sin ir más lejos-. Otra petrolera Chevron es la tercera, y ya vienen los grandes emporios de servicios, fabricantes (automóviles, informática) y bancos, muchos bancos. Aquí, la lista completa, y sus beneficios. Con lo que suman podrían alimentarse muchos –quizás todos- los desnutridos del mundos (están acostumbrados a comer poco y barato). Y recuperar sus trabajos y su vida los millones de personas que lo han perdido, y a quienes aún se les piden sacrificios.

Hasta el puesto 39 no encontramos a Goldman Sachs, el llamado gran superviviente de la crisis. Como sabéis, la empresa –que no fabrica nada sino “aire”- está siendo investigada por el SEC, el regulador financiero estadounidense, acusada de fraude. Y así han sabido que su consejero delegado, Lloyd Blankfein, se jactó de las ganancias que hacían con el derrumbe del sector, en dos correos electrónicos cuyo contenido exacto no se ha revelado. El senador demócrata Carl Levin asegura que estos mensajes demuestan que “los bancos de inversión como Goldman Sachs eran los primeros interesados en promocionar el riesgo y complicar estructuras financieras que alimentaron la crisis”. Jugaban al monopoly pero con seres humanos. El broker Tetsuya Ishikama, 31 años, incluso ha escrito un libro con sus hazañas y un título explícito: Cómo causé el colapso del crédito. Responsables de bancos de inversión admiten que las prácticas de Goldman son habituales en el sector. La economía mundial no se cayó sola por el barranco. Unos cuantos la empujaron para enriquecerse.

La crisis es, evidentemente, para quien se la trabaja. La de los demás. El patrimonio de las 1000 personas más ricas del Reino Unido se ha incrementado un 30%. Ha sido el mayor ascenso desde que se comenzó a hacer la lista hace 21 años.

Os recuerdo que en España -la de los 5 millones de parados- pasó lo mismo. Las grandes fortunas ganaron el año pasado el 27% más que el anterior.

   Escucho de fondo el telediario. Los correligionarios de los “goldmansachs” del mundo critican la política económica de Zapatero, que, neoliberal también, tiene una pizca más de rostro humano. Lo que no puedo entender es la ceguera de una sociedad que confía aún en las soluciones de quienes les han sumido en la crisis -en España la causa principal fue la largamente inflada burbuja inmobiliaria- y se aferran a las sayas (o a los pantalones de trabilla italiana o a los modelos de alta costura femenina) de quienes se están riendo de ellos y de todos. También son responsables de nuestras penurias. Cuánta educación y ética hacen falta en este país… y en muchos otros.

Los hogares naufragando

  Ah, por supuesto, Fortune no ha publicado el diseño de Chris Ware, dice que ha elegido a otro diseñador. Sospecho que no ha sido una sorpresa para Chris.

La vieja y la nueva portada de Fortune

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