Últimas anotaciones para la Carta a los Reyes Magos

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Las tres semanas españolas de la Navidad tocan a su fin. Muchos españoles apuran las últimas horas entregados a la tarea de comprar con encomiable entusiasmo. Los grandes parques temáticos de centros comerciales llenos desde primera hora de la mañana. Pasillos y tiendas en alegre festejo. Apenas nadie tiene, como nosotros, doble visita de forasteros obsequiosos que entran de noche por las ventanas a traer regalos. Uno, procedente del norte; tres, de Oriente. Como en España no se vive en ninguna parte repetirán algunos.

Las librerías registran una inusual actividad, auténtica aglomeración. Es fácil comprobar la presencia de neófitos que no distinguen entre las cajas de pagar y los pupitres de información. Loado sea el espíritu que los introduce en los templos del saber –y del merchandising, todo hay que decirlo- piensas por un momento, solo un momento. Dos tendencias sobresalen entre los libros: los de autoayuda y los de cocina.

Cualquiera cara conocida por salir en una pantalla cocinando ha debido sacar su libro. Y así encontramos Cocina para familias o personas solas, vegetariana, verde, sana y de fritos y tapas. Innovadora y tradicional o casera, rápida y de baja –y lenta – cocción, para adelgazar –comiendo -, para aumentar la longevidad o para Peter Pan que todavía deben ser los hombres que se resisten a crecer. Probablemente con un rico surtido de papillas o platos de pasta. Rizando el rizo es posible aunar las dos preferencias de moda y adquirir libros de cocina para vivir mejor.

Se unirá así a toda la suerte de consejos en formato libro, cartel, taza, cepillo de dientes o adorno en donde recuerdes que tú puedes con todo, has de perseguir tus sueños –éste se lleva mucho -, y seguir andando aunque no puedas más porque es lo que te diferencia de otros. Que rendirse no es una opción, que saldrás de está, que esto también pasará, que cada día cuenta contigo y que en definitiva tienes que ser feliz. No deja de ser curioso en un país que registra cifras récord en consumo de ansiolíticos y antidepresivos. Quizás piensen que tomando el desayuno con esa frase positiva no será necesario el tranquimazín o el orfidal. Uno ponía Not, no en inglés, que explica muchas cosas.

La España de Campofrío en su apogeo, la maniquea, la que hace las delicias de esa simpleza fanfarrona y persistente que ha dado en llamarse “cuñadismo”. Lo peor es que muchos niños participan de la ceremonia con similar júbilo. Papa Noel o Santa Claus han caducado por este año como el yogur y esperan ya a Melchor, Gaspar y Baltasar. Y los caramelos que se cogen con paraguas del revés para que los otros no pillen ni uno.

Pobres de nosotros. Quienes viven así y quienes sufren sus decisiones. Porque mirar la deriva de esta sociedad lleva a preguntarse si estamos preparados para afrontar lo que se nos viene encima.

Nos encontramos en uno de los momentos más preocupantes de nuestras vidas. Todas las piezas del caos construidas a conciencia están a punto de ensamblarse. No quisieron evitarlo antes y ahora tampoco. Se están afrontando los alarmantes cambios con la habitual despreocupación, con insensata irresponsabilidad.

Estados Unidos y Rusia reactivan la guerra fría. Reactivan sus negocios para ser más precisos. Disponiendo ya material de defensa ante amenazas, cuando precisamente confluirán en la cabeza de ambos países dos personas con muchos puntos en común y gran afinidad y simpatía el uno por el otro. Trump, el inminente presidente norteamericano, defendió a Putin, frente a Obama. El mundo en estas manos vive en un polvorín. Y las empresas empiezan a tomar partido. Por el poder. La automovilística Ford ha cancelado una inversión millonaria en México por las amenazas de Trump.

Pero aún habría que añadir a Theresa May en el Reino Unido del Brexit que no pasa por ser la más razonable, ni progresista. Varios más aguardan la salida. Sin olvidar a unos cuantos sátiros diseminados por puntos neurálgicos, como Al Asad en Siria o Erdogan en Turquía que está encarcelando a medio país con la excusa del presunto golpe de Estado que sufrió. Y sin duda los atentados terroristas que -sean fruto de asesinos solitarios u organizados por ISIS que los reivindica todos-, crean una gran alarma social. Añadan la siembra permanente del miedo. Seguridad es la palabra del inicio de 2017, la que cuentan proporcionan los controles y las armas.

Entretanto, muchos ciudadanos, en su nube. Vistas las tendencias de consumo de estos días, igual piden, en la carta a los Reyes Magos, una máquina de croquetas para comer la cuarta parte de proteínas envueltas en harina. Con la ventaja añadida de que son blandas y fáciles de pasar. Y varias tazas de pensar en positivo.

Pero convendría más demandar que sus hijos no lleguen a saber cómo, entre las decisiones de unos y otros, les va a ser más difícil estudiar y conseguir un trabajo bien remunerado. Y que emigrar empieza a no ser una salida cuando se levantan las fronteras y en el Reino Unido, o en los Estados Unidos de Trump, solo quieren a los nacionales. Tenemos tanto que contarles. Imagínense a quienes ni siquiera les alcanza muchas veces para croquetas.

Prueben a pedir a a los reyes magos justo lo contrario: saber lo que está sociedad está haciendo y por qué. Han de estar preparados. Una reflexión acerca de lo bien que se traga la corrupción del PP. El constante olor a trampa de muchas de sus decisiones. El sabor a impunidad llegada al culmen en el caso de las responsabilidades por el accidente del Yak 42, con 62 militares muertos, que hubiera sido evitable.

Los privilegios de unos sobre otros. Los apaños para no pagar impuestos. El “cerebro financiero” de la Gürtel se lo amañó a Supermercados Alcampo, según su propia confesión. Los indultos del gobierno del PP, como a ese “promotor inmobiliario” que estafó a numerosas familias vendiendo casas que nunca construyó. Imaginen que la corrupción organizada fuera de un partido de izquierdas. Piensen qué pasaría y qué dirían usted, sus conocidos y los medios. Reflexionen sobre cómo está sociedad engulle la corrupción letal y se atraganta con fantasmas de odios inducidos.

Recapaciten sobre qué hay de verdad en toda esta patraña, en quién se beneficia. Cómo el mundo ha llegado a las puertas de Trump, y de Putin, y todos los demás de una larga lista. A un segundo gobierno de Rajoy y a una Gestora del PSOE que da el gobierno a Rajoy. Cómo se lo han contado o cómo no se lo han contado. Y por qué. Calibren esa influencia sobre los hechos. Y, sobre todo, piensen qué van a hacer ustedes.

Para empezar, todos los niños -y mayores- del mundo harían bien en pedir a los Reyes Magos que les saquen de debajo de la cama al lobo ComeCaperucitasyPeterPanes. Es lo primero para ser autónomo. Aunque mucho mejor será que lo saquemos nosotros mismos.

*Publicado en eldiarioes

Yak 42, símbolo de ignominia


Federico Trillo, entonces Ministro de Defensa,  en el lugar del accidente bajo paragüas

Federico Trillo, entonces Ministro de Defensa, en el lugar del accidente bajo paragüas

Partía el corazón ver el desconsuelo y la rabia de familiares de las víctimas del Yak 42 aquel final de mayo de 2003. El día 26, un avión ucraniano de la UM Airlines se había estrellado en Turquía con 75 personas a bordo, entre ellas todo el pasaje: 62 militares españoles. Regresaban a casa tras una misión en Afganistán y Kirguistán de 4 meses y medio.Y habían advertido reiteradamente a sus allegados de las lamentables condiciones en las que viajaban. El comandante José Manuel Ripollés remitió a un amigo un correo electrónico 4 días antes del accidente mostrando su preocupación: “Son aviones alquilados a un grupo de piratas aéreos, que trabajan en condiciones límite (…) la verdad es que sólo con ver las ruedas y la ropa tirada por la cabina te empieza a dar taquicardia”. Ripollés era hermano de una compañera de TVE, que sería incansable en la exigencia de responsabilidades.

El relato era similar en los distintos escenarios. Familias compungidas en las que nos colamos los periodistas, esta vez para saber las quejas previas de las víctimas y la impotencia de sus seres queridos. Velatorios sin el fallecido, o aquel entierro en Valencia en el que un padre roto empujó el féretro de su hijo en el nicho con una expresión difícil de olvidar. Ocurre que las víctimas se ven de forma distinta cuando se asiste a su tragedia, a la vida que dejan, a la sensación de la fatalidad eludible y es algo que deberíamos saber comunicar.

Llegó después el funeral de Estado en Torrejón de Ardoz. A toda prisa. Con presencia de los reyes y el príncipe de Asturias, y retransmitido en directo por las cadenas de televisión de ámbito nacional. Se declaró luto oficial, con sus banderas a media asta. Y se entregó a las familias unos ataúdes con los restos que no siempre correspondían a sus parientes. La chapuza de las identificaciones, para llegar a tiempo al solemne funeral, ha quedado inscrita en los anales de la ignominia patria.

Y comenzó un lío jurídico –no es exagerado emplear ese término- en el que el ministro de Defensa en ese momento, Federico Trillo, quedó absolutamente exonerado. Incluso revalidado. Mariano Rajoy le defendió reiteradamente, Trillo fue diputado por Alicante, y comentó que las urnas le habían avalado.

Ahora se ha conocido el dictamen del Consejo de Estado aprobado el 20 de octubre. El 3 de enero, desde el 20 de octubre. Por unanimidad de la Comisión Permanente reconocen oficialmente -por primera vez y después de 13 años- la responsabilidad del Ministerio de Defensa en los hechos. Afirman que “el accidente pudo haberse evitado si estos (los responsables de Defensa) hubieran cumplido con su deber de velar por las condiciones en que viajaban los soldados”, según informa El País. Diario que ha adelantado la noticia, la ha relegado después por alguna minucia de Podemos y no es fácil encontrarla en el resto de los medios.

Salomónicamente, según suele decirse, el Consejo de Estado admite la responsabilidad pero no la inculpación, tampoco ahora hay delito. Murieron 62 personas, que podrían seguir vivas de cumplirse las normas. Por cierto, nadie nos explicó por qué se contrataban esos aviones deplorables, disponiendo el ejército español de aparatos adecuados. Las consecuencias de tamañas irregularidades han quedado muy difusas.

La demanda económica contra la compañía ucraniana sí prosperó estipulando indemnizaciones. Las penales no. En 2012 se declaró el sobreseimiento de los seis altos mandos militares imputados. La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ratificó el archivo de la causa. No había delito, sentenció.

En el proceso por las identificaciones, resultó condenado a tres años de prisión el general médico Vicente Navarro y a 18 meses los comandantes sanitarios José Ramón Ramírez y Miguel Ángel Sáez. Por un delito de falsedad en documento oficial al haber adulterado las identificaciones de 30 de los 62 militares fallecidos. El general murió antes de cumplir condena y los comandantes fueron indultados por Rajoy de su inhabilitación que implicaba la salida del ejército. Tampoco ingresaron en prisión, al ser pena inferior a dos años. Pagaron la multa de 900 euros.

Federico Trillo sigue de Embajador de España en Londres.

*Publicado en eldiarioes

2016, el año del desconcierto

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Dicen y escriben que 2016 ha sido el año que no vieron venir. Suele ocurrir cuando se vive en los cenáculos del poder y las personas se convierten en números estadísticos o un fastidio si osan hacer patente su malestar. Con claridad, 2016 ha sido el año de las mil definiciones que se resumen en una: desconcierto. El año que acaba ha confirmado el absoluto divorcio entre las élites y el resto de la población. El triunfo del No que lo caracteriza es a lo que todos ellos representan, a lo establecido, aunque los erráticos caminos de la banalidad programada, no hagan sino consolidarlo. Porque en 2016, la verdad, los límites de lo admisible, han saltado por los aires. El año en el que se volvió atrás para reedificar los más terribles monstruos de nuestro pasado, con el fascismo en ciernes a la cabeza. Se ha desencadenado lo que, desde hace no menos de un quinquenio, incluso casi un decenio, veíamos venir y escribimos. Basta tener los pies en el suelo y mirar qué sucede alrededor.

El rey en el palacio del ayer. La cuerda para el nudo. La risotada. El dolor. El consumible. La manta de la que tirar. Una espectacular ciénaga. Barra libre para robar. Para imponer. Para mentir. La pobreza invisible. Necesidades inaplazables. Impunidad. Crónicas cortesanas. Al servicio del poder. Periodismo. Al servicio de la gente. El año que fuimos “populistas” o el de las etiquetas. Aquél en el que la corrupción parece haber sido legalizada tácitamente. La invasión aplastante de los mediocres.

Maniobras para la continuidad del PP y las políticas de siempre

En España fuimos repitiendo elecciones generales hasta que -con un golpe de mano chapucero y evidente-, se formó el gobierno que conviene al poder, al que vive en camarillas y no ve venir otra cosa que las bandejas de canapés. O los peligros que acechan a sus privilegios. La decencia se ha resentido en gran medida del devastador impacto. Hasta provocar destrozos desestabilizadores. El “atado y bien atado” que anuda desde antaño los caminos de futuro de los españoles volvió a echarnos otra lazada más.

Repasar la mascarada política y mediática de estos doce meses deja sabor a inmensa tomadura de pelo. Es ver quiénes movían los hilos de la operación, cómo se desechaban las piezas inservibles, las encuestas-puñal, la maquinaria de la intoxicación a pleno rendimiento. Cuando en el Congreso entraron las personas que cada día vemos en la calle, los aposentados dieron un fuerte respingo. De ahí que se blindaran para luchar contra la pura alergia física a la realidad y a la posibilidad de algún cambio que alterara su estatus.

Por 2016 pasaron ministros, como José Manuel Soria, tan preocupado por los beneficios de las empresas energéticas y por orillar adversarios políticos, que terminó apeado por un offshore negado a ritmo de sainete. Y llegaron repuestos como la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en pura añoranza de aquel pasado de Beneficencia en el que la gente no se quejaba no fuera a ser que, encima, le cayera un buen palo. Conocimos al Hernando mutante de un partido llamado PSOE, las migas asturianas al PP, y a la reina en el sur pendiente de una Operación Triunfo, con los vientos favorables de los dioses del socialismo versión cachirulo. A la explosión de las tensiones, de la presión, en un proyecto interesante  que pesa más que las personas que no estén a la altura. A la evaporación de Ciudadanos mientras se desdecía, prácticamente, de cuanto dijo.

Corrupción fangosa

Vimos los grandes desfiles por los juzgados de un buen número de saqueadores de lo público, nivel presunto. Cuesta recordar la serie de mangancias, cohechos y cohechitos, prevaricaciones y transgresiones varias que este sufrido pueblo ha soportado. Menos mal que cada día llegan refuerzos para recordar que en cualquier otro país, incluso en algunos bananeros, la corrupción pasa factura. Y declaraciones como las de Francisco Correa, mediador de la Gürtel, hubieran hecho saltar gobiernos por los aires. Nos han dejado ahogados de cinismo y desvergüenza. A las personas decentes, se entiende.

Añadamos el temor a la impunidad que se materializa en la imagen de una Infanta de España que, a tenor de sus declaraciones: “Qué ganas tengo de que esto acabe para no volver a pisar este país”,  parece dar por hecho –como tantos otros- que saldrá exonerada de los delitos contra la Hacienda Pública por los que se le juzgó. El amor lo excusa todo cuando se posee sangre azul en particular. Azul realeza o azul ideológico. Mientras en España muchas personas siguen viviendo sin luz, mueren sin luz.

No hay sector susceptible de lucrarse en el que algunos de nuestros próceres no hayan metido mano. Todo es magro para la rapiña: infraestructuras, servicios, hasta colegios y hospitales. Visto los destrozos en la sanidad, incluso vidas humanas. 2016 nos deja la impresión de que en España operan varias mafias y que una parte de las pistas que sigue la justicia proviene de algún tipo de ajuste de cuentas entre bandas o facciones rivales. Algunas, como afirman las pesquisas judiciales de Ausbanc, chantajeando a bancos y empresas de lo más relevante del país durante 20 años sin que nadie dijera ni pío. En cambio todo español debe estar al corriente ya hasta del primer borrón, real o supuesto, de cualquier miembro de Podemos en sus años de parvulario y, sin duda, del color de su ropa interior.

La prensa cortesana

“Puigdemont promete romper España”, leímos en un titular entre los muchos irrisorios con los que nos obsequian a diario. “Insensato sin escrúpulos” llamaba un editorial al candidato del PSOE que acabaría defenestrado. La prensa oficial participando de parte en política. Hasta obvió noticias. Una bien reciente: la investigación por homicidio a dos altos cargos de la sanidad pública gallega al posponer la medicación eficaz para la hepatitis C no ha llegado a las portadas de los principales medios de la comunidad. Una más alejada en el tiempo, un juez grabado proponiendo a un imputado fabricar indicios contra su predecesora, Victoria Rosell, sin que tenga grandes repercusiones, ni mediáticas. La denuncia del ex Ministro Soria contra ella,   por supuesto cohecho, retraso malicioso y prevaricación, relacionado con el caso, archivada por la justicia con similar eco. Y nunca hemos sabido tanto de Venezuela y tan poco de Huesca, Cáceres o León, por poner el caso.

Multitud de personas en España, no se enteran de asuntos esenciales que les afectan. Cuesta creer que las graves noticias difundidas sobre la atención pediátrica en la Comunidad de Madrid no levanten auténticas ampollas. Hablamos de niños. Absolutamente imperdonable que las denuncias de carencias o deficiencias se estén saldando con despidos, ante el silencio cómplice de los apoyos políticos, de los medios y los propios usuarios. Vistas las consecuencias, seguramente muchos lo dicen solo en voz baja, aunque lo dicen.

2016, el año en el que las políticas pudieron cambiar y el pasado se atrincheró, dejando una ciudadanía anestesiada o frustrada. La España sucia ha ganado de nuevo la batalla, un respiro más. Un estertor quizás.

El Rey en su palacio

Descorazonador escuchar el remate del Rey Felipe VI, en un mensaje de Navidad conservador y banal por mucho que lo alabe la gran coalición de poder. Sorprende que una persona de su edad y preparación, con contactos en la vida real (de realidad) opte por ese camino.  El  discurso menos visto de la historia, y sigue hablando, con paternalismo, de un país que la mayoría desconoce.

Crece la ultraderecha

2016 se vio venir. El desvarío electo, la peste fascista. La hegemonía de los inanes convertidos en sujeto. Los nuevos rumbos mundiales sí traen significativas variaciones: la ultraderecha, la sinrazón, avanzan a grandes zancadas, mientras los medios y la propia sociedad vuelven a equivocar el foco. Los  emigrantes pobres no son los culpables. Y no hay nada -ni los dolorosísimos atentados terroristas-, más desestabilizador que la extrema derecha por su capacidad de llegar al poder en varios países, algunos muy decisivos. Europa entretanto no mueve un dedo. 2016 acrecienta el profundo deterioro del proyecto común. El año que… siguió muriendo la UE.

La involución ha animado a salir del armario posiciones ultraconsevadoras. El machismo se ha rearmado con fiereza. Con ese reguero de muertes incomprensibles, y la exaltación verbal de sus defensores. La homofobia también ha repuntado hasta apalear a varias víctimas.

El año que… sabe a injusticia y egoísmo llegado a la crueldad. En el que ya ni se mira a los miles de refugiados que se traga el mar -5.000 en 2016 como mínimo- o a los que se abandona llegados a tierra. Manos pequeñas que abrazan el llanto inconmensurable del padre. Niños que ya no lloran. Un año que apesta a cerrazón y torpeza. A mordaza, la forma que el poder autoritario tiene que dialogar con sus inferiores. A trampa, fraude, plagio, mentira y manipulación. El año en el que fue estruendoso el silencio de las buenas personas, de muchas que creen serlo.

Amanece cada día

Pero la vida no sería soportable sin las luces que alumbran la marcha y nos hacen levantarnos cada día con ganas de emprender la jornada. Asideros que cada uno reconoce como suyos. Sin manida autoayuda. Mi propia retina se llena de mujeres que se alzan con muchos pesos a cuestas para luchar por los demás, mientras den de sí las fuerzas. O jóvenes generosos volcados en una idea sin otro afán que contribuir a un mundo mejor. O un general, al que el gobierno del PP cesó con deshonor por su opción política, leyendo un libro, solo en una silla, en medio de un tumulto de personas, focos y cámaras.

Y, frente a esa prensa, radio y televisión cortesanas tan dañinas para la sociedad, he vuelto a ratificar, a conocer y reconocer a periodistas insobornables, empujados a contar lo que precisan saber los ciudadanos, cueste lo que cueste. Como un mandato irremediable que impele a revelar lo que el poder no quiere que se sepa. A pesar de las represalias o de no llegar a los afectados, tan distraídos en otros menesteres.

El año de las voces que ya no se callan para lograr detener la pezuña mortal de los machistas y las lenguas viperinas de su coro de soportes, colaboradores necesarios. Violencia y más violencia. Y, enfrente, coraje, fuerza, honestidad, razón.

He visto, ustedes también, a artistas, actores, a la cultura que persiste y vuela sobre las dificultades. A los científicos que se multiplican por encima de la tijera para investigar y buscar soluciones. A personas que, desde cualquier ámbito, siguen intentando lo mejor para su familia y para ellos incluso en terrenos hostiles.

La muerte y la vida

Es cierto que la muerte se nos ha llevado mucho en 2016: personas y utopías. Lo primero es lógico, lo segundo no, aunque lo diga aquel concejal mastuerzo de Pamplona. El mundo que resucita la irracionalidad y la violencia da miedo, pero podría caer en su propia emboscada. Otras muertes significativas, deberían tomarse, como insistía José Luis Sampedro, en algo que forma parte de la vida. Me quedo, si me lo permiten, con las viñetas feministas de la pionera Nuria Pompeia, fallecida este mismo martes. Ese compendio de valores que constituye “Matar un ruiseñor” que nos dejó en herencia perpetua Harper Lee. Carrie Fisher, la Princesa Leia de Star War por ser mito de una generación a la que demostró que una mujer puede encabezar una rebelión y que no hace falta ser perfecta. Con el entusiasmo del solista del Coro del Ejército Rojo al cantar la jota de La Dolores muerto, según se ha publicado, al estrellarte el avión en el que viajaba con sus compañeros en Navidad.  Con el propio grupo que hace muchos años nos descubrió los Ojos Negros de Rusia. Con la creatividad de Bowie y Prince, con la prodigiosa voz de George Michel y con Leonard Cohen que nos acompañó en un buen tramo del trayecto, en caídas y empeños. A muchos.

Con los caminos que recorrimos juntos, las fronteras que traspasamos, los muros que derribamos. Las jaulas que, más que abrir, rompimos. Las sendas cotidianas. En los pasos que buscan la belleza, la dignidad y la justicia. No hay otra, excepto si no ves venir nada que no sea tu propio interés. Los años no son sino tramos de tiempo a convenir. Pero, atentos, porque ése al que llamaremos 2017 se ve venir. Y viene fino. El nombre por el que será conocido aún está por escribir.

*Publicado en eldiarioes

Una Europa blanca, de supremacía masculina, con nazis dentro, sin emigrantes y mucha seguridad

"No son muertas son asesinadas" / Foto: Cristina Armunia

Imagen de archivo: “No son muertas son asesinadas” / Foto: Cristina Armunia

Hay días en los que cuesta ordenar los impactos en esta madeja sin sentido. Llevábamos tres mujeres asesinadas en pocas horas por hombres con los que mantuvieron una relación sentimental, cuando cayó la cuarta. Empecemos por aquí y en España.

La más aireada por los medios fue la chica de 25 años acribillada a puñaladas en el portal de su casa de Vigo. Ha sido detenido como presunto autor un compañero de trabajo, de 40, con el que había salido de vez en cuando. Ambos asistieron a una cena navideña de empresa. Hemos tenido que oír que si las 6 de la mañana no eran horas de regresar sola a su casa una mujer y los habituales eximentes de ese calibre.

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Los vecinos de Elena la despiden en Santiago

En Galicia también, en Santiago de Compostela, otra mujer de 30 años, muy conocida y querida en su barrio, recibió una sarta de cuchilladas y palos de su expareja presuntamente. Ambos rumanos destacan, para minimizarlo. No es ni el caso, pero Elena vivía en España desde niña. Falleció a las pocas horas.

La tercera, de 44 y residente de la Pobla de Mafumet, Tarragona, fue asesinada por su marido, según reconoció él mismo ante los Mossos d’Esquadra. Los titulares siguen sus costumbres y relatan cómo 3 mujeres “pierden la vida” apenas tropezadas con hombres del género…  machista y violento.

La cuarta fue “la mujer de” el periodista Alfons Quintá. Se llamaba Victoria Bertrán, según nos ha costado saber. 57 años, doctora en medicina, se había separado de su marido de 73. La madre de la fallecida dijo al escritor Quim Monzó hace 10 años que temía por su hija. Quintá fue un profesional relevante y controvertido. Había montado la delegación del diario El País en Catalunya. Azote de los escándalos en Banca Catalana de Jordi Pujol, acabó dirigiendo precisamente TV3. Hace unos meses escribió unas “sentida” columna en la que fantaseaba con morir de la mano de su amada como ideal. Y el tipo lo cumplió este lunes. Por los indicios recogidos por la policía, se suicidó, tras disparar contra Victoria sin tener en cuenta la opinión de la afectada que ya había puesto tierra de por medio. A este nivel de desquicie hemos llegado.

La mujer, ciudadana de segunda en este mundo en profunda involución. Con machistas que se crecen a diario, marcando tendencia. Como el portavoz de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, volcado en imagen de intimidación, sobre una periodista de La Sexta porque osó preguntar sobre un tuit intolerable. Las críticas al partido se meten por el mismo lugar que los supositorios, había escrito y descrito, ilustrándolo con un gráfico. Girauta sigue en el cargo y como representante de la soberanía popular en el Congreso. Sin que le pase factura ni mediática. La derecha y el machismo parecen tener bula.

Se está produciendo un preocupante aumento de la violencia, la intolerancia y la confusión. El lunes  iba a revelarse como un día especialmente funesto. A primera hora de la tarde era asesinado a tiros el embajador ruso en Turquía. El autor resultó ser un policía que invocaba Alepo y Siria y que fue abatido por las fuerzas de seguridad. Algún desnortado  community manager de medios españoles, Jot Down, frivolizaba con el tema entretanto. A ese nivel estamos llegando también.

Y después el camión que irrumpe en el mercadillo navideño de la céntrica Breitscheidplatz de Berlín, frente a la derruida Iglesia Memorial Kaiser Guillermo. 12 muertos y 48 heridos deja la tragedia. Y una gran desazón. La policía ha indicado que pudo tratarse de un atropello premeditado. Lo hace en la mañana del martes. En los primeros momentos pidió prudencia y evitar los bulos. Y, evidentemente, no se consiguió, no en España.

El Partido Popular lanza a sus primeros espadas para, como es habitual, dar por hecha la autoría islamista. La joven puntal Andrea Levy habla de “choque de civilizaciones” para “imponer su escala de valores con la violencia y el terror”. Es decir, de confirmarse la filiación yihadista del individuo que conducía el camión, se trata de meter en un saco a más de 1.500 millones de personas, distribuidas por varios continentes, que se enfrentarían a los buenos, guardianes de las esencias, como Levy, González Pons, o la ministra de Defensa Dolores De Cospedal que ha aumentado el presupuesto de su departamento un 30%, “para defender a España de regímenes totalitarios y populistas”, según avanzó en su día.

Faltaba un tertuliano con el que me topo en un zapping lanzando frase contundente: “No olvidemos que esto empezó matando un hermano a otro con la quijada de un burro”. Le asombraba que alguien imaginara un arma en algo como un hueso… en la ficción de un libro religioso. Y, eso, en un tiempo, éste, en el que hay palabras que actúan como bombas incendiarias. No debió ser el único, por el enfebrecido tono reinante.

Como siempre, se unen noticias sobre refugiados con el atropello en Berlín, muy probable atentado. La maquinaria juega bien a inducir asociaciones. Con la seguridad: Europa ya no está segura. Cuando el homicida es un ultraderechista, como Anders Behring Breivik en Utoya, Noruega, que mató a 84 personas, o el que asesinó este verano a la diputada laborista Jo Cox, nadie habla de choque de civilizaciones, ni de “integrar” a los nazis. Ni siquiera se les presenta como sujetos a temer cuando su ideología fanática se están metiendo en las arterias de la sociedad. Hoy por hoy es la mayor amenaza que padecemos: el fascismo.

La seguridad. La máxima certeza es que es imposible garantizarla por completo. Y entre vender explosivos en las plazas y poner un policía detrás de cada ciudadano existe un punto medio racional. La tendencia se dirige a seguir levantando barreras cada vez más altas para dotar de “seguridad” a Europa. A esa Europa que distribuye injusticias e insolidaridad. Tanta irracionalidad en beneficio de unos pocos. El terrorismo siempre encuentra resquicios, reflexionen si encerrarse es la única solución, si es la solución.

Van a por un continente blanco, con sus nazis dentro, sin emigrantes, ni pobres, igual que los Estados Unidos de Trump. Con hombres superiores a las mujeres como mandan los cánones “de toda la vida”. Con hombres que matan a las mujeres en España y otros muchos lugares, porque son suyas, no toleran abandonos y hasta gustan de materializar sus fantasías descerrajándoles una escopeta. Con asesinadas de primera, segunda y tercera, incluso. Con la ley del embudo como norma general.

Cuando en Nochebuena o en cualquier momento hayan de enfrentarse a peroratas de loros, acumuladores de tópicos, al yo no soy machista pero, yo no soy racista pero, es que hay culturas que lo llevan en la sangre… háganles pensar, a ver si no se les rompe la cabeza del esfuerzo.

Los días aciagos tienen un antes y un después. Poco por hacer con el previo, salvo aprender de él; pero el mañana depende de nosotros.

*Publicado en eldiarioes

Los cabizbajos

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Se está convirtiendo en la imagen que definirá a los seres humanos de esta época: los cabizbajos. La testa marcando un ángulo con el tronco de 45º, idéntico al del toro para el descabello. Cualquier lugar de espera, las filas, los semáforos, las calles, si se tercia mientras se camina, los transportes públicos, se pueblan de ellos. Miran el móvil, la Tablet, el ordenador, absortos. Con la variante en largos recorridos de quienes, vencidos por el sueño, se tumban a dormir tronzados hacia adelante para apoyarse en los brazos sobre la mesa. Algunos, en trenes, se tapan la cabeza con el abrigo. La costumbre de la cabezada situaba la columna con la espalda alineada al respaldo, no plegada como una camiseta.

Un modelo estético tan rotundo no es casual. Responde, como casi todos, a hábitos que van cambiando, a necesidades, aspiraciones, incluso a la actitud ante la vida. La reacción a factores externos cuenta y mucho en los cambios morfológicos de cualquier especie también. No es descubrir nada nuevo, los humanos se pusieron de pie porque les venía mejor que andar a cuatro patas como muchos de sus colegas mamíferos. Disponer de las extremidades superiores para múltiples usos o poder otear el horizonte desde mayor altura condicionaron, entre otros factores, esa evolución. Y fue un gran avance. Resultó que las manos servían para acarrear objetos, para fabricar y modelar, para estampar la creatividad o, como capacidad sublime, para acariciar.

Cada época tiene su prototipo. Por poner un ejemplo, aquellos años en los que ser realista consistía en pedir imposibles o surgía El País para consagrarse como un periódico excelente y progresista, el modelo definitorio era sensual e ingenuo, antibelicista y en busca del amor y la justicia. Los cambios se rigen a menudo por el mecanismo del acordeón.

Nos encontramos pues en los primeros estadios del Homo Cabizbajo. La inclinación descendente de la testuz la asocia el diccionario a abatimiento, tristeza o preocupación como causa. Y esos son sus principales sinónimos, además de alicaído que le encaja gráficamente a la perfección.

En realidad, la posición obedece solo al uso de estos instrumentos tecnológicos, a su mayor comodidad. Y produce aislamiento del entorno sin duda, abstracción, ensimismamiento. Por mucho que se wasapeé a distancia. O al lado mismo, en grupos, tecleando en lugar de hablar. Es cierto que para leer libros o periódicos también se pierde la verticalidad, aunque en ángulos menos forzados y pocas veces se ha visto a multitudes, de la mañana a la noche, en todas partes,  ensimismados, al unísono como se está ante las pantallas.

La postura hace la actitud en gran medida. Y no deja de ser curioso que, así, esta humanidad concentrada en la mirada hacia abajo esté alcanzando unos niveles de sometimiento y sumisión incompatibles con la dignidad. Acepta quebrantos en sus condiciones de vida, sus derechos, sus perspectivas de futuro, recortes que matan y privilegios que envilecen, como no harían los seres conscientes, racionales, las personas. Admitir que se impida una subida de pensiones de tan solo un 1,2% (por decisión de PP y Ciudadanos en el Congreso) el mismo día que el Gobierno anuncia el rescate de autopistas por 5.500 millones de euros, escapa a la lógica.

Y no exigir la derogación inmediata de La Ley Mordaza y  la reforma del Código Penal, como hizo la ONU hace ya tiempo, es estimar en muy poco la condición de ciudadano libre. Para sí y para los demás. Se diría que en la práctica han convertido en delito lo que es libertad de expresión, más o menos afortunada. Hay actitudes que podemos no compartir, como romper fotos del Rey o insultar a la Reina entre otras muchas, pero detenciones y cárcel por ello no ocurría hasta ahora en los países democráticos. Se está convirtiendo en delirante la persecución judicial de tuits mientras campan a sus anchas auténticos facinerosos.

Y no acaba ahí. El nivel de insensibilidad colectiva hacia el daño ajeno se sitúa ya a niveles de barbarie. Nunca imaginamos que se dejara morir a tanta gente, niños, adultos, en el agua o en la tierra. Que se les abandonara hasta condenarles a vagar en total desprotección, que se les encerrara incluso sin haber cometido delito alguno. Que fueran utilizados a extremos que cuesta definir por su crudeza. Es que la sociedad hoy mira a su ombligo haciendo creer que lo hace a una pantalla.

El Homo Cabizbajo mira para otro lado básicamente en las cuestiones fundamentales que escapan a su egoísmo. Se aísla de los problemas de otros. Hasta de los suyos, según se demuestra empíricamente. Engulle lo que le echen y canibaliza su propia decencia al aceptar la corrupción, condena de propios y extraños. Estamos hartos de “irregularidades”, “casos aislados” y subterfugios, del latrocinio asfixiante. Cada día, dentelladas a nuestra entidad como pueblo, si hablamos de esa parte sistémica de una España pervertida en robos, soborno, cohecho, mentiras, manipulaciones, prepotencia e infinita desvergüenza, suciedad inconmensurable.

Pegarse a pantallas en dirección descendente y oblicua no implica lógicamente ser ese tipo de persona. Es una figura útil para señalar el repliegue y la derrota. Su logo. La imagen de esas masas de humanos con la cabeza vencida sí la están convirtiendo en el  símbolo de nuestro tiempo. El ser humano se levantó para ver más alto y más lejos y ahora se encoge e inclina de nuevo hacia el suelo.

*Publicado en eldiarioes

Los políticos y los periodistas que no escuchan a los ciudadanos

Austria y en buena medida Italia acaban de dar una lección de cordura ante la deriva general. Austria por cerrar el paso a la ultraderecha hacia la presidencia del país e Italia porque el marasmo de Reformas Renzi era muy conservador y con demasiados atajos a la democracia representativa. Aunque se habla de un voto más emocional que razonado a la propuesta, la prima en escaños a regalar al partido más votado no se corresponde con la voluntad de la ciudadanía por más que sea medida que adora la política del establishment. Y no era la única de ese cariz. Auparse a la presidencia por maniobras palaciegas tampoco le favoreció.

No hay que confiarse, sin embargo. Francia prepara los candidatos más a la derecha que ha podido encontrar cada partido. Junto a la ultra Marine Le Pen, Los Republicanos presentan a un conservador sin complejos, François Fillon, y Manuel Valls intenta hacerse con la candidatura de los socialistas. Aquél que aprobara por decreto la mayor y más protestada reforma laboral de la legislatura. Un remedo de la española, por cierto, firmada por el PP. Ofrecer modelos tan similares es no haberse enterado de nada.

Los políticos tradicionales ya no escuchan a los ciudadanos. La prensa dominante tampoco, aún menos quizás. Empecinados en aferrarse al paraíso en el que vivieron y que, de existir, fue concienzudamente desmantelado por el austericidio, la arbitrariedad, la desigualdad y en muchos casos –como España– por el autoritarismo y la corrupción. Ése es su sueño dorado, el que quieren imponer contra la realidad.

De repente la directriz internacional, como una sola voz, recicla el concepto “Populismo” como un saco en el que meter a todo cuanto se oponga a los poderes dominantes, a ese Edén que expulsa a la inmensa mayoría de la población. Y ahí disfrazan, con toda falacia y grave responsabilidad, al fascismo o a la ultraderecha vestida de marketing y tupé naranja. Conservar el asiento para sus posaderas es la prioridad.

Si estarán tapiados los oídos del mando europeo que, con todo lo ocurrido, Alemania y el Eurogrupo –sus jefes de facto– acaban de rechazar los estímulos fiscales que tímidamente proponía la Comisión como alivio. Persisten en la tijera que hiere de muerte a Europa.

Políticos y medios, en fatídica hermandad, andan quejosos como el niño destronado con la llegada de un bebé a la familia. No consiguen entender que fue su fracaso el que alumbró el éxito de otras fuerzas políticas y no al revés. Ni se esfuerzan siquiera en comprenderlo. Atrincherados frente a los ciudadanos a los que representan y deben su puesto, hasta en el Día de la Constitución invocan el inmovilismo porque “los referendos los carga el diablo”.

En ese anclaje en el pasado, ven el miura más amenazador en las redes sociales. Al menos el que creen pueden controlar y silenciar con mayor facilidad en uso y abuso de su poder. De ahí que el Gobierno del PP prepare como una de sus primeras medidas el control de Internet. “Están absolutamente desprotegidos”, argumentó la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Leyes suficientes hay, pero precisan una nueva Mordaza, según todos los indicios.

Sin duda en Twitter y Facebook existen huestes que operan con bastante impunidad, muchas veces en favor –pagado incluso– de la política tradicional. De sus males artes para ser precisos. También se da rienda suelta a furibundas reacciones. Nada comparable sin embargo con el papel letal que el periodismo o su degradación han tenido y tienen en la situación que atravesamos.

Reciente y considerado como una anécdota, el fraude en torno a Nadia, la niña aquejada de una enfermedad rara, en el que cayeron numerosos periodistas interesados en el sensacionalismo que vende. El engaño es mucho más difícil cuando el periodista realiza su trabajo. El rigor exige comprobaciones y no hay excusa para obviarlas. La Cueva en Afganistán era pista sobrada como resaltaba Íñigo Sáenz de Ugarte. Por no hablar de los tres agujeros en la nuca como tratamiento.

La mala noticia es que por el mismo procedimiento carente de rigor nos llenan de fábulas en temas de gran trascendencia social. Por falta de exigencia profesional en unos casos pero sobre todo de forma más intencionada en defensa de unos intereses que no son los de la ciudadanía y el bien común. Difícilmente se hubiera producido la gran estafa económica y este estado de inmundicia que nos acoge con un periodismo que masivamente realizara su labor.

En estos días una mujer de nacionalidad rumana murió ahogada en el curso del temporal en Málaga. Se encontraba en el club de alterne en el que había trabajado toda la noche y no pudo salir cuando llegó la inundación porque la puerta estaba atrancada, o cerrada con llave, según se investiga. Un hombre de 40 años murió, solo, en una calle de San Feliú de Llobregat (Barcelona) apoyado en la pared en la que pedía desde hacía tiempo, visiblemente enfermo. Y una mujer de 41 tuvo que irse a dormir al parque de O Castro en Vigo tras salir de una operación en la muñeca.  Pero quien realmente acaparó la atención fue la desnortada concejala de Madrid, Esperanza Aguirre, con uno de sus números habituales contra Manuela Carmena.

Un concejal del Partido Popular en Cabanes, Castellón, ha sido detenido junto a su pareja por estafar 160.000 euros a una anciana, en medio de la indiferencia de los medios. De los mismos que son capaces de llenar días de la mañana a la noche durante semanas con cualquier incidente de alguien de Podemos. Los que permitieron la cacería, real, no “virtual”, de la jueza canaria Victoria Rosell y ocultan el desenlace que desenmascara las trampas de muy grueso calibre.  Las prioridades de esta prensa, radio y televisión, abruman.

Noticias de fraudes que se silencian, como las del Football Leaks. Querellas y amenazas por noticias sobre intocables del poder mediático. Manipulación sostenida en apoyo perenne del PP en TVE y muchos otros medios. Esa anomalía que incrusta a un ser como Eduardo Inda dictando doctrinas, con el bagaje que arrastra y ni siquiera se limita al embargo judicial por no pagar la manutención de sus hijos. Con el uso de la ley del embudo como regla que le ampara. Con la opinión, en buena parte tendenciosa, sustituyendo a la información. Con el espectáculo desfigurando la realidad. Con la obsesión dañina de numerosos políticos por participar en ese ruido.

El inmenso poder de toda esta maquinaria destructora hace difícil la salida. Y sin embargo las mujeres austriacas, votando 2 de cada 3 al candidato ecologista contra el de la ultraderecha, han demostrado una gran dosis de responsabilidad. Los italianos, como todos los demás a quienes se intentan imponer resultados “convenientes”, se han rebelado. El divorcio de las élites políticas y mediáticas con la ciudadanía se solventa a palos y mordazas, como prefieren, o bajando al suelo y oyendo a las personas.

Los políticos y periodistas que no escuchan a los ciudadanos deberían apaciguar el estruendo de sus intereses personales.

*Publicado en eldiarioes el 6/12/2016

Pierde Renzi, gana Austria… y Europa

Esta Europa que camina a trompicones ha tenido el domingo dos hitos importantes en su trayectoria. Italia celebraba un referéndum para reformar la Constitución promovido por su primer ministro Matteo Renzi y Austria repetía elecciones para las presidenciales que habían dado en Mayo un resultado impugnado por lo ajustado del escrutinio. Renzi ha perdido, Austria ha ganado porque ha echado a la ultraderecha.

renzi

Matteo Renzi

Para quien no conozca a Renzi, Ettore Siniscalchi aporta datos significativos en CTXT.es.

Matteo Renzi tiene 40 años recién cumplidos. En un país decididamente gerontocrático como Italia, esto ya constituye una base programática del renzismo. Es joven, pero no “el joven líder socialdemócrata italiano”. Porque ni él ni el Partido Democrático (PD) son socialdemócratas. En la práctica asistimos a un fenómeno de usurpación del espacio político -que se corresponde con un vacío de representación-; la izquierda, en Italia, está representada por un partido que ya no se identifica con la izquierda. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Walter Veltroni asombró a todos cuando, entrevistado en 2008 por El País, dijo: “El PD no es de izquierdas”. Para entender a Renzi hay que empezar por el fin del PCI -Partido Comunista Italiano-, el PD de Veltroni y los veinte años de berlusconismo, a los cuales él pertenece por completo, aunque sólo fuera por edad. Es un hijo de esa época”.

Un hombre, Renzi, apoyado por la prensa del establishment y por Bruselas, dado que aplicó políticas de austeridad. Y así anticipaba Siniscalchi…

No es el único derrape a la derecha de las políticas del gobierno. Todo el jobs act recorta garantías y abarata el despido frente a los contratos a tiempo indefinido. Con las nuevas partidas del IVA triplica los impuestos para las rentas bajas (el ejército de falsas profesiones liberales que esconden trabajo por cuenta ajena sin derechos). ¿Va a crear trabajo? No se sabe pero de momento ha cambiado los equilibrios de poder en las relaciones laborales. En otros derechos, Italia no sale bien parada; aparece a la cola en libertad de prensa dentro de Europa y Renzi ha permitido la quiebra del diario L’Unitá, un referente para la izquierda, fundado por Antonio Gramsci. Renzi no ama el debate”.

Pablo Ordaz,  solvente corresponsal de El País en Roma, aporta más claves:

Sobre todo porque, más allá de las reformas concretas y de una única pregunta enrevesada para modificar 47 artículos de la Constitución, lo que subyacía era un voto de confianza hacia Renzi. El joven exalcalde de Florencia había convertido la consulta en un plebiscito sobre su liderazgo. Y le salió mal. El no se adjudicó el 59,11% y el sí solo un 40,89%. La participación fue masiva, con el 68,2% de los electores. Sólo dos regiones dieron su apoyo a la reforma del primer ministro: en su Toscana natal y en Trentino. En el resto del país, el rechazo se impuso inexorablemente”.

(…)

Para resaltar la necesidad de su reforma, que ya aprobó el Senado en octubre de 2015 y la Cámara de Diputados en abril, Renzi solía recordar que su Gobierno era el número 63 en 70 años de democracia. Italia tendrá que buscar ahora a su jefe de Gobierno número 64 en solo siete décadas.

La  inestabilidad política de Italia es un hecho, pero las reformas de Renzi eran conservadoras, sospechosamente parecidas a las que el PP, el bipartidismo en realidad, plantea en España.

  • Pérdida de peso del Senado que ni siquiera tomaría parte en la aprobación de leyes, salvo algunas fundamentales.
  • Nueva ley electoral con doble vuelta y la famosa prima que regala votos, que pervierte el resultado de las urnas y favorece al partido más votado. Rajoy es un entusiasta de esta medida.
  • Tramitación más “ágil” de las leyes. Muchas de ellas aprobadas en Comisiones y con un límite de 85 días en cualquier caso. Otra medida que entusiasma al PP, sobre todo en la instrucción judicial.
  • Centralización del Estado que recuperaría poderes en temas sustanciales como fiscalidad, energía, transportes e infraestructuras y los amplía en Sanidad.
  • Culminar la supresión de las provincias y por tanto de las Diputaciones.

 

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En Austria, ante el peligro de dar el poder a un presidente ultraderechista, se ha movilizado el electorado. Sobre todo las mujeres: 2 de cada 3 han votado a Van der Bellen, ecologista de 68 años, ex portavoz de Los Verdes y hoy independiente. Se ha impuesto con el 53,3% de los votos  al 46,7% obtenido a Norbert Hofer.

Las mujeres, Frauen, parecen tener más memoria de un no tan lejano pasado que desmembró Europa y a sus ciudadanos. El fascismo es cosa seria.

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Se quejaban en Italia de su prensa, como vemos. En España andan empecinados en llamar populismo a todo lo que no sea el establishment que defienden con uñas y dientes. Hofer no es populista, es fascista, con todos sus ingredientes de xenofobia y derecha extrema. Un 46% de austriacos le apoya. Y ahí está ese peligrosísimo foco que se extiende por Europa. El proyecto europeo no peligra porque los italianos hayan votado no a la Reforma de Renzi y se queden tan divididos como estaban. El problema es mucho más amplio y gira en torno a otros ejes. El austericidio que decretó Merkel y siguieron con entusiasmo la mayor parte de los gobiernos de la Unión Europea, las mentiras mediáticas, su papel político en la defensa de sus intereses empresariales, la banalización de la sociedad como causas. El desenlace está por ver. De momento los austriacos han sentido la llamada de la responsabilidad y nos han hecho un favor a los demócratas.

 

 

Mundo S.A.

Trump dice que acabará con el Estado Islámico, pero con pocas tropas

La empresa Mundo S.A. anda revuelta estos días con la llegada a la dirección estratégica de un visionario (que es como se llama a los perturbados con éxito). Las normas van a cambiar con el fin de lograr el objetivo de siempre, aunque ya sin tapujos ni cortapisa alguna: el máximo beneficio para las arcas de las personas convenientes. Todo vale a ese fin.

Una cementera mexicana se ha ofrecido a construir el muro que prometió Donald Trump en la campaña que le ha llevado a la presidencia de Estados Unidos. El Grupo Cementos Chihuahua (GCC) se ha tragado las humillaciones que el magnate ha dedicado a su pueblo y a su país -con ellos dentro- y prioriza  “la oportunidad para su negocio” que supone levantar esa obra de separación. Dan ideas incluso. Entrevistados por Reuters, avanzaron que  el muro debería de ser alto  y ancho, dado que son especialistas precisamente en morteros y cemento de alta resistencia. “No podemos ser selectivos”, explicó un directivo. El dinero a ganar es lo primero. Pan para hoy, mañana ya se verá y patetismo para todos los días.

La OCDE -que ha difundido pavorosas cifras de la desigualdad que vivimos- piensa que Trump impulsará el crecimiento. Con la llave del poder, se le ve con mejores ojos. El pequeño inconveniente es que prometió excluir a varios millones de personas “ilegales”, que se propone acrecentar la desigualdad por la vía de la bajada de impuestos y que, como muy escrupuloso con la limpieza de los negocios no es, nos puede embarcar en un fiasco de proporciones extremas.

Probablemente, use el sistema vigente que tan buenos resultados está dando en Argentina, según avanzan las noticias de la prensa neoliberal. España conoce bien ese mecanismo. Se trata de recortar hasta la extenuación a la mayoría de los ciudadanos para que aumenten las cifras de los grandes patrimonios y consorcios. Ya lo dijo el Nobel Josep Stiglitz: “la desigualdad ha sido una opción, no un resultado económico inesperado y lamentable”.  El dinero, como la energía no se destruye: lo que quitan a unos engrosa a otros.  Ni siquiera se redistribuye, se lo traga la codicia y la trampa.

Esa lista de la OCDE, por cierto, ratifica los niveles récord de desigualdad que ha alcanzado la España de Rajoy y todo el staff –otros partidos, medios a su servicio-. Lo que llamaron crisis ha convertido a nuestro país en el más antisocial de los  34 que componen el organismo, los más desarrollados. Con beneficios empresariales y sueldos en retroceso. Con rentas estancadas y el mayor aumento del número de trabajadores pobres. Son ya 3 millones que cobran menos de 9.615 euros anuales. Tienen un empleo pero no les llega para vivir. Añadan a los casi 4 millones de parados que seguimos teniendo.  Pero España presume de recuperación y nos han contado (en gota malaya) que este gobierno es el que da estabilidad. A este estado de cosas, se entiende. La gran desigualdad se produce, nos dicen, “pese a” la recuperación.  A esa recuperación.

El negocio es lo primero. También aquí. Andan algunos medios destacando sin descanso que con el fin de los atentados de ETA han perdido su trabajo 4.000 escoltas. No sabemos qué reflexión esperan provocar. Hay oficios que tienen fecha de caducidad o que precisan reconversión. Es evidente que es preferible vivir sin amenazas terroristas. Y que son personas que pueden emplearse en la Seguridad Ciudadana, en la protección de mujeres maltratadas por ejemplo.

¿Qué haría España sin Mercadona? Se dicen también medios conservadores en referencia al último programa de Salvados en “La Sexta”. Porque hay quien tiene “la sensación de que las empresas siempre pierden con “Evole”. Hombre, y es que si dan trabajo y la gente compra contenta, mejor dejarles tranquilos con lo que gusten hacer ¿Verdad?

Propugnan en general una manga ancha notable, hasta en procesos de corrupción, que viene a ser como la ley de la ventaja en el fútbol. Aunque con el árbitro parcial. El caso de Rita Barberá se inscribe en similar filosofía. El ministro de Justicia, nada menos, considera que las urnas han lavado la corrupción del PP. El de Justicia.

“Lo importante es tener trabajo”, le anima Pablo Casado (PP) a la gobernanta de hotel que le espeta el sueldo de las camareras de piso: cobran dos euros por habitación. Menos mal que existen también  directores de hotel como el de AC que llama a la explotación, explotación. Pero no abundan.

¿Y las relaciones internacionales? Albert Rivera (C´s) se opone a que vaya el Rey Juan Carlos al entierro de Fidel Castro. Jamás ha dicho una palabra sobre los viajes de nuestros monarcas y próceres varios a las dictaduras del petrodólar como Arabia Saudí. Ni él, ni nadie. Son negocios.

El beneficio económico por encima de la salud y la vida si se tercia. El fraude de los automóviles contaminantes que se inició con Volkswagen resultó ser un amplio problema del sector. Habían trucado el motor para que falseara la cifra en los test. ¿Y cómo se resolvió? La propia UE permitirá hasta el doble de emisiones de gases perniciosos.   La España del ministro offshore José Manuel Soria fue una de las primeras en solicitarlo. Siempre tan sensible con los balances de las industrias poderosas Respirar está sobrevalorado, si las empresas se forran.

La lista es ingente. Destrozar la verdad y manipular a conveniencia por el dinero inmediato. Embarcarse en pedir cementerios nucleares, sin pensar en el mañana… de varias generaciones. Trabajo para hoy. Y ya está. Mundo S.A. se muestra muy excitado con los aires que vienen, mucho más permisivos con los métodos de lucrarse a saco. Ungidos en ese altar donde sucumben dignidades, lógica, derechos, y lo que se ponga sobre la mesa. Algunos, cada vez con más intensidad y en mayor número, trabajan para cavarse su propia fosa. Textual.

Los actuales dirigentes pasarán, seguramente dejando un recuento de daños considerables. El más dañino, la alteración de la escala de valores, de los valores y derechos humanos.

Entre la gerontocracia y la gerontofobia

Hoy que el gobierno ha vetado la subida del 1,2% de las pensiones, 1,2%, que le pedía la oposición, es buen momento para recuperar este artículo que todavía no había enlazado en el blog.

 Dos mujeres. De un lado tenemos a Carmina,  una maestra jubilada del idílico municipio asturiano de Villaviciosa que comete un pequeño error de percepción al escuchar el soniquete de la lotería de Navidad. Su familia y amigos, el pueblo entero, en lugar de decirle: oye, que la tele hablaba del sorteo del año pasado, deciden engrandecer la equivocación y engañar a  la pobre mujer.  Del otro a una actriz de 81 años. Nuria Espert. Todavía resuenan –un tanto sepultadas por numerosos impactos noticiables-  sus palabras al recibir hace unas semanas el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2016.  Tan dispares las situaciones y hablan de lo mismo. De la consideración de la mujer mayor que apenas mejora con los años. Al tiempo que se acrecientan barreras de incomprensión entre viejos y jóvenes en general. Hay matices a tener en cuenta.

Nuria Espert conmocionó a buena parte del auditorio y la audiencia al recitar un monólogo de “Doña Rosita, la soltera” de García Lorca, en sus palabras de aceptación. Traía un discurso necesario sobre un problema latente del que no se habla en profundidad. Aun siendo decisivo. “ Muchachos y muchachas me dejan atrás, porque me canso”, “ya soy vieja”, “¿es que no tiene derecho una mujer a respirar en libertad?”, se lamentaba Doña Rosita, viva y vibrante en la voz de Nuria Espert.

A partir de los 30 o 35 años como máximo, la mujer es “mayor”, la obligan a ser mayor si se deja. Cada década que pasa añora la cifra pérdida. Ay, si tuviera por los menos 40, 50…   Lo han convertido en un problema específico de las mujeres. Añadido, porque hay otro común con los hombres: la edad, la vejez, con todos sus eufemismos, algunos francamente estragantes: Tercera, ancianidad, “mayores”, “nuestros mayores” (ay), o simplemente “de”, “de edad” están llegando a decir. Como para no ofender. No ofender desde luego a un colectivo numeroso, con capacidad adquisitiva –aunque no por igual distribuida ni mucho menos- y derecho a voto, lógicamente que les convierte en muy decisivos en las urnas.

No es un grupo homogéneo en modo alguno, pero al hablar de él se unifica en dos conceptos simultáneos: la gerontocracia que supuestamente practican, y la gerontofobia que provocan.  Para algunas personas de simpleza superlativa, los seres humanos se vuelven idiotas según cumplen años. Es como si al soplar las velas de la tarta se nos fueran detrás unos miles de neuronas. Salvo que sean ricos y poderosos. El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene 70 años y no es la característica que más preocupe en él. De hecho es que no parece que su peculiar forma de ser haya aparecido recientemente, venía de serie como en tantos otros.

No deja de ser curioso que en la parte gerontócrata no se mencionen las aptitudes, como sí ocurre con los viejos sin poder. Se rigen por distinto baremo. No nos han contado jamás las enfermedades o mermas del Marqués de Villar Mir, 85 años, por poner un caso. Si algún día una noticia de la tele le induce a confusión. Nadie vituperó a Emilio Botín por llegar hasta los 80 años dirigiendo un banco todopoderoso. La gerontocracia, la elevada edad de quienes en España dirigen las principales empresas, es un hecho, aunque haya asistido a algunos relevos. Nadie asegura, por cierto, que los sucesores de 50 no vengan con los mismos defectos y virtudes. Unos cuantos ya se han visto.

Muchos políticos son mayores: Teófila Martínez, 69. Celia Villalobos, 67. García Margallo, el compungido exministro de Exteriores, tiene 72 años. Como la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Por los 66 anda Jorge Fernández Díaz cuyas conversaciones con Dios y con su ángel Marcelo datan ya de bastante tiempo atrás.  Su gran amigo, el poderoso Isidró Fainé, ha cumplido 74 este verano, fecha en la que dejó la presidencia de La Caixa, nominalmente, si bien conserva la de otras influyentes entidades.

En cuanto a los gerontócratas de moda, Felipe González va por los 74 y Juan Luis Cebrián cumplió 72, el 30 de Octubre. Precisamente al día siguiente de que España tuviera el  gobierno por el que tanto había trabajado: el del PP de Mariano Rajoy, con la ayuda de Ciudadanos y el PSOE. El decisivo y fulminante episodio ha demostrado que las malas artes no son patrimonio exclusivo de una edad, un género, o una latitud geográfica.  Y se practican en norte, centro y sur, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, cuando son múltiples los matices a tener en cuenta.

La imagen del anciano que juega al dominó con Rajoy o se deja achuchar por María Dolores de Cospedal, no se corresponde con todos los mayores de 60 años. Pero es cierto que de esta franja se nutren los votos tanto de PP como de PSOE. Deciden gobierno. Esta otra gerontocracia contribuye a incrementar la gerontofobia.  El número, un gran número, es poder.

El dato es que se ha invertido la pirámide poblacional. 11,5 millones de electores cuentan con 60 o más años.  Es casi el 31,7% del censo que convoca a 36 millones de personas. Por el contrario, disminuye con fuerza el número de votantes menores de 30 años que no llegan a representar el 15%. España es el país más envejecido de una Europa envejecida, según algunos baremos.  PP, PSOE y Ciudadanos han votado ya en el Congreso para rechazar el voto a los 16 años  y para mantener el voto rogado que, debido a sus impedimentos, está privando de ejercer su derecho a miles de jóvenes emigrados por falta de oportunidades aquí. Esto es, por cierto, lo que siempre mantuve, antes de pasar por los rigores caudinos de los Goebbles de corrala y pandereta con su manipulación de tuits.

Cada poco, este martes en el Congreso, se despliega la Espada de Damocles sobre el futuro económico y de supervivencia que para millones de personas constituyen las pensiones. Y es como si la ministra Báñez hablara para un inmenso horizonte de Carminas con billetes de lotería por caducar. Según costumbre, asegura que no peligran las pensiones pero ha vaciado prácticamente la hucha. Quedan 16.000 millones de las 66.815 que recibió el PP del gobierno de Zapatero en 2011. Se han utilizado para pagar otros apartados, como la deuda pública que crece en gran parte por culpa del rescate al sector bancario. Un corazón neoliberal lo que le pide es suprimir o reducir este gasto. No lo harán de forma drástica, nadie, ningún partido, por lo que se juegan en votos. De entrada. El PP ya busca nuevas argucias.

Encandilados con esas pensiones en permanente objetivo de la tijera, los viajes del Imserso y la adulación, la realidad no ofrece tantas venturas. Ha regresado a España el tercermundista “colchón familiar”. El 40% de los pensionistas mantiene a su familia, hijos y nietos, y otro 40% más les presta algún tipo de ayuda. Muchos se ocupan de los niños mientras los padres trabajan que no deja de ser un esfuerzo aunque se haga con gusto. La mitad de las pensiones en España están por debajo del umbral de la pobreza, no llegan a percibir 667 euros al mes, el límite que marca la exclusión social. Lo que muchos saqueadores de las arcas públicas se gastan en un fin de semana, lo que cobran en una o dos tertulias de un par de horas quienes intentan llenarles la cabeza de insidias.

Los ancianos de hoy se nutren de generaciones que tuvieron que luchar mucho para salir adelante. A través de la dictadura franquista y la Transición, además; épocas que marcan. Algunos viven como dádivas del gobierno lo que son derechos que se labraron. No es entendible que prime el miedo a fantasmas imbuidos cuando es el tiempo de las últimas oportunidades para afrontar los retos. El ahora o ya nunca. El tiempo de hacer lo que viene en gana, sin miedo. Es un contrasentido votar a quien suprime los cuidados cuando más se necesitan.  A quien siembra pantanos a los pies de los jóvenes y diezma a los trabajadores en activo que son quienes mantienen las pensiones por el método establecido (existen otros). Y hay algo seguro por este camino: los que difícilmente cobrarán pensión serán los jóvenes de hoy que tantos escollos tienen para trabajar por el presente de sus vidas.  Se precisa una reflexión para restaurar el contrato social que permita el bien de todos, el bien común.

Y queda la mujer, la mujer mayor.  “ A ésa ya no hay quien le clave el diente. Y yo lo oigo,  y me digo: adelante, con la boca llena de veneno y unas ganas de dormir y descansar… Me acuesto y me levanto con el más terrible de los sentimientos que es el de tener la esperanza muerta“, escribió Federico García Lorca en la España de 1935. Su última obra de teatro, antes de ser asesinado por los fascistas. Nuria Espert la lanzó como un grito en el Teatro Campoamor de Oviedo ante miradas que se conmovían, sabiendo, y miradas cortas que no entendían nada. La mujer añade con los años, fealdad, al parecer, y se utiliza su aspecto físico para insultarla a la mínima controversia. Aquí, en el reparto de la peor parte, hermanan a Carminas y Nurias, a cualquiera, a todas siempre que ellas lo permitan.

La vejez es uno de los grandes tabúes de la sociedad de la ignorancia. Convive la incomprensión y el halago interesado. Ay, el “nuestros mayores” que impele a estampanar a los repulidos seres que lo dicen. Aquellos tiempos del respeto a la experiencia, pasaron. En esta sociedad, se desprecia la vejez. Se la criminaliza, aludiendo a pastillas y geriátricos. Vejez  no es sinónimo de senilidad, por más que se empeñen. Ni  llegan a coincidir necesariamente. Miren en el escenario a Mick Jagger (73) o Bruce Springsteen (67) y dígannos quiénes necesitan “la pastilla” y un asilo. La actriz británica Angela Landsbury acaba de subirse de nuevo al escenario recién cumplidos los 91 años. Ha estrenado en Broadway,  ‘The chalk garden ‘ una obra que siempre quiso hacer. Hay quien no se deja cortar las alas. 

Ilógico tirar piedras a la casa, a la etapa de la vida, en la que todos terminamos. De no fenecer en el intento. Injusto, jubilar proyectos y esperanzas por mandato del calendario. Errático, cortar caminos a los jóvenes, refugiados en el egoísmo que caracteriza esta época. Mantener la curiosidad intelectual es básico para estar vivo con todas las consecuencias.  El compromiso con los demás, indispensable para ser persona. Y de personas hablamos.

*Publicado en eldiarioes

Muere Fidel en la era de la posverdad

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Al leer la noticia sentí la sensación de lo inabarcable y de la tarea pendiente largamente aplazada que abruma abordar. 90 años de vida y 60 formando parte de la historia. Las redes mostraban preocupación por lo que dirían unos y otros, por lo que dirían:  Fidel Castro había muerto en la era de la posverdad. Y ésa era la principal disuasión. El maniqueísmo, el blanco y el negro, los prejuicios, el hablar de oídas o la pereza y la prisa para informarse con datos fidedignos de tan extensa trayectoria. Artículos inevitablemente “largos” para el lector que prefiere nutrirse de titulares. O de espectáculos con “zascas”, mucho más entretenidos.

 Así pues, al enterarme de que había muerto Fidel Castro, tuiteé la noticia, remití a la extraordinaria obra del fotoperiodista Enrique Meneses, a un reportaje de TVE de Vicente Botín de 1984 y me puse a Pablo Milanés: Los días de gloria se fueron volando (..)Los días de gloria cerraban esperas, abrían ventanas donde iban entrando dolores de antaño hacia el porvenir. (..)Los días de gloria los dejamos ir.

Lo explica como nadie Ramón Lobo en eldiarioes, porque llena de contenido las luces y sombras de las que los más eclécticos hablan: “El personaje que encarnó desde los albores de los años 50 sobrevivirá a los aciertos y errores de la revolución. El principal, incumplir dos de las promesas motoras del llamado Manifiesto de Sierra Maestra: regeneración democrática y libertad. En Cuba hay presos políticos, personas que pagan con la cárcel los delitos de opinión.

Es cierto que no existe malnutrición infantil, ni violencia callejera, ni crímenes de todo tipo, ni pobreza extrema. Tampoco existen los feminicidios como en México y Guatemala. Es vedad que las cifras de escolarización son ejemplares y que ocupa el puesto 68 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, dos por delante de Costa Rica, considerada un paraíso por Occidente.

Es cierto que la revolución no lo ha tenido fácil, con un enemigo tan poderoso como constante. EEUU cercenó con el embargo el desarrollo inicial de la revolución. Con el tiempo ha servido paradójicamente de excusa para justificar los errores del sistema.”

El libro que Enrique Meneses dejó escrito para publicarse cuando muriera Fidel, revela desde el primer capítulo que adelanta eldiarioes la portentosa habilidad de Castro para moverse en las circunstancias más comprometidas. Sembrando para el futuro en cada aprieto que se encontró.

“El periodista español Enrique Meneses, el primer extranjero en informar de los jóvenes barbudos desde Sierra Maestra, decía que aquel primer Fidel revolucionario era cristiano y que llevaba una cruz al cuello”, relata Ramón Lobo. “Años después, Meneses cenó en Cairo con Ernesto Che Guevara. (..) El Che le informó de que Fidel le quería “dar paredón” porque había escrito que había comunistas en Sierra Maestra, algo que les restó apoyos en EEUU. Ahora podrán conversar en paz. Meneses se defendió: “Tu lo eres, y lo es Raúl”. “Ya, pero no nos convenía”, replicó el Che. Meneses, periodista de los pies a la cabeza, hizo lo que tenía que hacer, sin atender a conveniencias.

Lobo explica los errores que los adversarios de la Cuba de Castro cometieron. Empezando por  Eisenhower quien “no supo leer las posibilidades que le ofrecía la llegada de Fidel Castro al poder y terminó empujándolo en brazos de la URSS”, cita. Todo pudo ser distinto, pero no lo fue.

La densa historia tiene sus hitos y sus porqués. No puede resumirse en las proclamas interesadas que, por ejemplo, traen las portadas de la prensa convencional española hoy, por poner un ejemplo bien gráfico. Y menos cuando la censura y la represión de las tiranías están a la orden del día, aunque ya deberíamos olvidarnos de los “y tú más” que forman parte del juego de la farsa. Lo peor es que la verdad apenas importa en el magma de intereses que se cuecen. Mientras, la ciudadanía víctima se distrae de salto en salto mediático sin advertir cómo le saquean la casa y mucho más que la casa. Incluso portando estandartes que equivocan el bando. Incapaces de ver alcances de daños reales y motivaciones.

Mirar atrás solo sirve para entender el presente y cimentar el futuro. Es imprescindible recordar los despertares de esperanza en la justicia y la equidad que fueron cayendo a golpe de guadaña en aquella América Latina que se pobló de golpes de Estado y consecuentes dictaduras en los años 70 del siglo XX. Cayó Salvador Allende en Chile a manos de un Pinochet que lo sembró de muerte. Videla en Argentina hizo lo propio sobre los restos del Peronismo.

Bolivia cerraba esperanzas con Hugo Banzer, militar llegado trabajosamente a Coronel. Brasil se deslizaba de dictadura en dictadura. México se encontraba inmerso en los 60 años consecutivos de mandato del PRI, mientras se descomponía el Estado tomado por las mafias. En Nicaragua reinaba el dictador Somoza, que junto con Batista, gobernando en Cuba gracias a un golpe de Estado, o la Venezuela de los oligarcas hacían las mejores migas con del vecino del norte.

La Cuba de Fidel era una notable excepción. Alentadora, entonces. Y trajo en jaque a los países más poderosos, a extremos inauditos. Ningún otro país de su entorno fue tan tenido en cuenta.  Enemigo a abatir como lo fueron otros de Estados Unidos y muestran informes desclasificados que detalla Íñigo Sáenz de Ugarte: La CIA, Fidel Castro y Bahía de Cochinos.   Era como un David contra los Goliat, lo que acrecentaba su mito, para bien y para mal.

Los días de gloria los hemos ido perdiendo y no parece fácil recuperar el rumbo en un camino que se empecinan en borrar. Ahora tocan los Trump y los Rajoy, los Rajoy también. Con sus Cortes y voceros. Los payasos, los sicarios, los trepas útiles, los fachas ortodoxos y sus embriones clonados, los posibilistas, los sembradores de bulos y discordia, los vendedores de todo, la disuasión organizada del pensamiento. Y suena con toda intensidad la fanfarria, los platillos, el bombo, el ruido. La orquesta de la posverdad para amplificar la mentira y desarmar a los inocentes.

*Publicado en eldiarioes

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