La muerte enseña a vivir

Estos días he aprendido muchas cosas o recordado que tenía que aprenderlas. A pesar de mi profesión y de mi edad, no he asistido a demasiadas muertes en directo, aunque bien pensado siempre parece la primera. Estos días, el sábado 18 de enero en concreto, sí, y corroboré que morir en el fondo no es sino un sueño del que ya no se despierta; sin más dolor, ni gozo. No es ese tránsito igual para todos. Se dan grados en la intensidad o la extensión en el tiempo, en la consciencia del momento. Las hay desde inevitables como término de ciclo, a injustamente provocadas por las zarpas de la injusticia. Pero el final es siempre el mismo: un letargo profundo irreversible donde ya no se está. No se puede aspirar a mejor morir que hacerlo en calma rodeado del amor de aquel y aquellos que elegiste para vivir.

La muerte es para los que se quedan en el roto que deja la ausencia. Lloramos por nosotros. Y somos nosotros quienes precisamos racionalizarlo. La tierra no será leve, ni dejará de serlo. No habrá una ventana en un lugar determinado del cielo para que nuestro ser querido se asome. Pero sí la presencia de la huella que se ha dejado. La vida que, si produce ese vacío, es porque realmente nos llenó tanto que no sabemos qué hacer con él. De ahí las reacciones tan diversas de los seres humanos ante este hecho natural.

La muerte de las personas que consideramos valiosas lo que nos enseña es a seguir aprendiendo a vivir. El funeral de la periodista Alicia Gómez Montano, a cuya muerte me estoy refiriendo con estas reflexiones, fue como ella en toda su rotunda esplendidez. Con lágrimas y risas. Reencuentros. Abrazos. Abrazos con ganas o rompiendo barreras de papel. Necesidad de compartir el dolor, tanto como se hizo con la alegría. Para salir curiosamente reconfortados por ese calor vivido en compañía.

Para seguir aprendiendo a vivir incluso en la lección que aportan los detalles. Desde el bolso de mano sin el que no podíamos ir a parte alguna fuera de casa que se queda a un lado. Qué no pasará pues con tantas cosas que nos parecen trascendentales. Cuánto tiempo y energía perdemos en tareas inútiles. Vivos ante la muerte ajena pero cercana, se relativizan los exabruptos de los intolerantes, se ven con otra mirada los manejos. Casi no se mira dónde quedan los mezquinos o la importancia dada a las ausencias. Nunca somos más verdad que ante la muerte. En ese shock de los esquemas sale la verdad de las emociones y hasta se desnuda el rostro del fingimiento.

Y, desde luego, la certeza de un final invita a abrazarse a la vida, a la risa, al amor, a los afectos, saltando por encima de escollos que se vuelven insignificantes a la luz de lo que de verdad se quiere. Se enmarca en claridad que solo se vive una vez y cada momento es único e irrepetible. Para decir o poner en práctica lo que no debe quedar dentro.

También se aprende a morir y creo que no viene mal para ese empeño amar apasionadamente la vida. El miedo que nos inspira la muerte propia puede racionalizarse. No con libros de autoayuda, por supuesto. Mejor contemplándola con naturalidad, aunque cueste, que cuesta y de hecho eludimos hasta hablar de esto. La “Antología de Spoon River”, poema casi satírico, real, irreverente, poema al fin, de Edgar Lee Masters, que se sigue atesorando más de un siglo después de ser publicada, la desdramatiza en su cotidianeidad. En uno de los epitafios que recoge, remite a Séneca para precisar que es básicamente “la anticipación” lo que desasosiega: “la memoria despierta en nosotros la angustia del temor y la previsión, la anticipa”. Porque, en sí, es un momento. Y, entretanto, hay que seguir exprimiendo el jugo de la apasionante aventura de la vida. Sin duda, poniendo los medios para prolongarla en salud en cuanto quepa.

Que no nos ocurra como a George Grey, que sintió su vida tan marmorizada como la piedra donde escribió su propio epitafio, según Masters: “He estudiado muchas veces el mármol que me han esculpido: un barco con velas arriadas anclado en puerto. En verdad no expresa mi destino sino mi vida. Pues se me ofreció el amor y temí su desengaño; el dolor llamó a mi puerta, mas tuve miedo; la ambición me reclamó y me asustó el riesgo. Anhelaba, sin embargo, darle un sentido a mi vida. Ahora sé que debemos desplegar las velas y encarar los vientos del destino dondequiera que nos lleven”.

Aprender a vivir es a entender, a elegir, a priorizar, a valorar lo importante, a ser tan selectivo con el agujero por el que quieren entrar y anidar los odios a los que no les damos apenas cabida. A abrir los ojos para ver lo que tenemos al lado y más allá. Lo que vale la pena. Lo que queda por hacer… hasta dormir.

 

*Publicado en eldiarioes

From lost to the river

“From lost to the river” es una traducción, literal y sin sentido alguno, del refrán español “De perdidos, al río”. Despierta la hilaridad de los angloparlantes cuando se les explica. Y, sin embargo, se presenta casi como un símbolo de la preocupante realidad del mundo en el que vivimos. Lo ha confirmado el triunfo, previsible e ilógico, del conservador Boris Johnson en las elecciones del Reino Unido. Deja al desnudo las grandes fallas que han llevado a la degradación -cercana ya a la descomposición- del sistema. Los ciudadanos votan emocionalmente, con rabia incluso, con motivos para ella y sin la menor esperanza de construir. Demasiados factores ajenos al interés común marcan el tiempo de hoy.

En el Reino Unido han votado Brexit a un altísimo precio, pero Brexit de una vez. De perdidos, al río. Voto visceral, primario, que, de paso, evidencia el fracaso de la Unión Europea del que sus gestores siguen sin querer enterarse, de la política de hoy, de los ciudadanos inermes ante presiones externas y ante sí mismos. Ante los conciudadanos que embisten y nos llevan por delante. Demuestra las consecuencias del entontecimiento de la sociedad a través de los medios. Hasta la duda existencial de lanzar columnas de opinión que se perderán en un inmenso marasmo que exige voluntad para ser abordado. El giro experimentado por la escala de valores. De perdidos, al río.

Todo ese cúmulo no es atribuible por supuesto a Boris Johnson y sus votantes, pero sí aparece como el revulsivo final –o punto y seguido- de la situación actual. Los hechos concretos nos sitúan ante un presidente que ha logrado una mayoría absoluta de los conservadores británicos que no conocían desde Margaret Thatcher, lo cual es otro gran síntoma. Experiodista, provocador, pendenciero, con un punto de fantoche, se aupó por ser famoso gracias a esas características. Prometió un Brexit, una salida de la UE, a ciudadanos hartos y a los convencidos de la singularidad british. Los laboristas se han hundido, con su peor resultado en décadas: desde 1935. La indefinición de Jeremy Corbyn hasta su ya inútil reacción de última hora, el continuo plegarse de la presunta socialdemocracia al neoliberalismo, lo explican. Las campañas de los medios, como apuntaba la periodista Olga Rodriguez, como parte del problema. Los medios en sí, batuta de estos tiempos y no solo en el Reino Unido.

Olga Rodriguez

@olgarodriguezfr

No puede dejarse de lado el papel de muchos diarios británicos a la hora de analizar los resultados en . Titulares estigmatizando a Corbyn día tras día, infundiendo miedo o llamándolo antisemita día tras día, cuando ha luchado contra la discriminación toda su vida

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Los escoceses -que pueden celebrar referéndums de independencia sin problema alguno y hasta con los parabienes de la singular Reina Isabel- han votado en masa a nacionalistas escoceses (48 de 59 escaños). Escocia ya ha anunciado que va a solicitar otro formalmente. Porque quedarse en el Reino Unido para salir de Europa no era el trato. Recordemos que uno de los argumentos que se les dio fue el frío helador que hacía fuera de la UE. En Irlanda también han votado más católicos que protestantes unionistas (partidarios del Brexit) por primera vez desde la firma de la paz de 1998. Escocia e Irlanda quieren ser independientes de Londres y seguir en la UE. La convulsión es notable.

Boris Johnson, electo como presidente por primera vez tras suceder a May, ahondará en el recorte de servicios de sus predecesores, en particular al ya maltrecho sistema público de salud. Pero hay una mayoría de ciudadanos que así lo prefieren por sentimientos varios que poco tienen que ver con la razón.

Boris Johnson y Donald Trump. EFE
Boris Johnson y Donald Trump. EFE

Johnson se une así en la cúspide del poder a Donald Trump, sujeto de impeachment por los demócratas que, sin embargo, será exonerado con gran probabilidad por sus correligionarios en el Senado donde tienen mayoría. Trump puede hasta ser reelegido para desesperación de la lógica.

El tema crucial es la falta de respuestas a los problemas reales de la sociedad. La salida del Reino Unido de la Unión Europea es una vuelta atrás, al mundo que dibujó en Yalta el fin de la II Guerra Mundial, con fascismos sin derrotar. El capitalismo hegemónico desde la caída del Muro de Berlín con la socialdemocracia plegada a sus postulados, han hecho regresar a los fascismos. La banalización de la sociedad, impartida por los medios de masas, cierra el círculo. Así están llegando al poder una serie de dirigentes insólitos. Y la tendencia va a peor.

En España, en Madrid de forma marcada, tenemos un alcalde inenarrable en Martínez Almeida, que a diario obsequia con gruesos insultos a la inteligencia, y a una presidenta de la Comunidad, Díaz Ayuso, que también se cae del guindo cada poco con una nueva insensatez y siempre del mismo sesgo. Ayer aseguraba que “un día sabremos qué hay detrás de las ‘emergencias climáticas“. La investigación, la realidad, les sobra. Ambos gobiernos –como otros en España- están sustentados por la ultraderecha oficial. Y con el apoyo de los restos de Ciudadanos que, lejos de haber aprendido tras la debacle electoral, siguen en la misma línea. Inés Arrimadas cree que el rey puede proponer la combinación de gobierno que más le convenga. Ella le dio la opción hecha con PSOE, PP y Ciudadanos

De perdidos, al río; ha llegado la hora que empodera a los idiotas de “tornillo” retorcido. Saltan, orgullosos de sí mismos en las redes: empachados de bulos, sin enterarse ni de lo que leen, felices y esperanzados en sus odios y venganzas. Monasterio, la arquitecta por intuición, se graba vídeos con ignorancia flagrante. Contra la periodista Julia Otero, por ejemplo, que le responde y los medios titulan: “La discusión de Julia Otero y Rocío Monasterio por el cambio climático” y van detrás las huestes y aclaman. No, es el ataque indocumentado de Monasterio y la precisión de Otero. Por política, por adocenamiento. El cambio climático es la excusa. Sin embargo, toda esta ralea que viene, que ha llegado ya, se oponen “al cambio climático” y a cuanto sea razonable.

Han resucitado e instaurado la desigualdad, el racismo, la homofobia, el machismo. La sentencia por agresión sexual en grupo a una niña de 15 años a cargo de tres exjugadores de fútbol en Burgos, llevó a las televisiones hasta al abogado de “La manada” de Pamplona que dio origen a la lamentable popularización de los protagonismos en esta lacra. Mucho que aportar… para extender el morbo. Y para criminalizar al feminismo de nuevo.

La solución llega rectificando. La izquierda ha de hacer política de izquierdas y efectiva. Absolutamente distinguible de la derecha cómplice de las patrañas. La información es básica para intentar revertir esta deriva. No se puede seguir mintiendo, promocionando la bazofia, ni siquiera con el desinformador “periodismo” de declaraciones. Al menos en la televisión pública, deseable sería en todas y en todos los medios. Sueltan a los políticos uno tras otro, a Cayetana Álvarez de Toledo, insistiendo en que ahora es peor que cuando ETA mataba y que lo repite por hacer pedagogía. No se puede seguir con informaciones parciales, ni con tertulias casposas. Porque se está reviviendo todo lo atávico. Un mayor nivel de autoexigencia de ciudadanía es elemento crucial.

De perdidos, al río, los ciudadanos del Reino Unido han votado a Johnson, sus recortes y necedades, a cambio de una bandera, de salir de una UE que naufraga sin enterarse tampoco. Y han elegido a Trump, a Bolsonaro y a Orban, que anda despiezando todos los derechos. Y espera en la antesala Salvini que, como gane las elecciones en Italia, pondrá la rúbrica a la descomposición del sistema. Por un puñado de share, por una ideología que beneficia en primer lugar a sus difusores, nos han metido en las instituciones españolas a inenarrables cretinos. Vociferan sus seguidores. Los de las banderas, los comedores de trolas, los odiadores.

Y probablemente es tiempo de combatir como David contra Goliat. Un emigrante, Rachid Bouikou, ha ganado a Goldman Sachs en el Supremo con un abogado de oficio. El Supremo ha anula la venta de 3.000 viviendas sociales de la Comunidad de Madrid a un fondo buitre. Perpetrada esta vez por Ignacio Gonzalez (PP). Son luces que marcan una salida, aunque la tarea es tan ingente como necesaria e inaplazable. Porque, si seguimos tirándonos al río cuando estamos perdidos, no habrá otro horizonte que al agua fría, los pies que no tocan el suelo.

 

El PP, ETA y las zancadillas a los gobiernos progresistas

Cayetana Álvarez de Toledo, la lenguaraz portavoz del PP de Pablo Casado, ha irritado a un buen número de ciudadanos al opinar que “el momento político es más difícil que cuando ETA mataba”. Desde un intolerable desprecio a la gran herida que el terrorismo infligió a nuestro pueblo, al enorme esfuerzo hecho para lograr finalmente la paz, a las víctimas de su propia formación política, la voz en el Congreso del Partido Popular vuelve a usar el terrorismo para sus fines electorales. Es ya una larga historia con unos soportes potentes que tiene en ETA uno de los principales, aunque no el único. Lo que está pasando ahora, lo que pasará si la cordura de la sociedad no lo impide, ha ocurrido ya antes. Muchas veces. Y se apoya en la desmemoria de los votantes.

Se recuerdan a menudo, como evidencia del más puro cinismo, las negociaciones del propio PP con los etarras partiendo de José María Aznar a los que llamó “movimiento vasco de liberación“, pero han sido tantas las mentiras, los renuncios y los torpedos a las políticas progresistas que convendrá refrescar la memoria con algunos hechos puntuales, constatados y perfectamente documentados. En los anales de la más absoluta ignominia está el haber usado la Fundación Miguel Ángel Blanco para, en datos de la policía, financiarse con la Gürtel. Y hay más.

La derecha mediática publica este martes un artículo con este titular que atribuye a una víctima de ETA: «A Pedro Sánchez se le han olvidado todos los muertos de ETA por seguir en La Moncloa». Esto es, además de mentira, una auténtica vileza. Incluye declaraciones del alcalde Almeida en la misma línea o peor, con afirmaciones falsas de grueso calibre. Con un PP que anda metiendo a Vox y a Házte oir en las instituciones para completar ese mapa de ultraderecha e integrismo religioso que amenaza ya en varios países la estabilidad democrática.

El PP y sus extensiones solo entienden el poder si lo ostentan ellos. El 14 de Marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, candidato del PSOE, gana las elecciones generales frente a Mariano Rajoy. Solo han pasado cuatro días de los atentados de Atocha, Santa Eugenia y el Pozo con un aterrador balance de víctimas. La manipulación del gobierno de Aznar para desviar la atención de la autoría hacia ETA –que piensa puede favorecerle más electoralmente que la yihadista que ya conocen- le cuesta las elecciones.

Portadas de prensa internacional sobre los atentados del 11M.
Portadas de prensa internacional sobre los atentados del 11M.

La prensa internacional lo destaca ampliamente, aquí pasa algo más tapada, pero el dolor y la indignación provocan desafección ante el PP. A partir de ese momento, Zapatero es considerado por los populares un presidente ilegítimo, porque les ha salido mal la jugada.

La lista de insultos que Mariano Rajoy dedicó a Zapatero -hoy tan añorado por su presunta prudencia y señorío-, es toda una ya histórica letanía del oprobio. Le llamó acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio. En el Congreso le dijo: “traiciona a los muertos y ha revigorizado a una ETA moribunda”. Cuando fue con el gobierno de Zapatero cuando cesaron los atentados terroristas, a pesar de las trabas puestas por el PP.

En las manifestaciones contra el gobierno del PSOE gritaban al presidente: asesino, mentiroso, anticristo. Incluso querían mandarlo “con su abuelo”…. que fue ejecutado en el paredón franquista. La vieja guardia socialista también les apoyaba desde la banda. Uno me dice que elegir entre Zapatero y Rajoy es hacerlo entre despeñarse por un acantilado o tomarse una botella de cianuro. ¿Les va sonando el parecido?

ETA es una baza esencial para el PP. El 19 de abril, poco más de un mes después de los atentados, el Partido Popular presenta 215 preguntas al gobierno, basadas en la teoría de la conspiración urdida por el diario El Mundo dirigido por Pedro J. Ramírez y que sigue impune profesionalmente. El diputado Jaime Ignacio Del Burgo publica un libro titulado: “11M, demasiadas preguntas sin respuesta”. Cuando saben de sobra lo ocurrido. Rajoy a la cabeza, acude el PP a manifestaciones de la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) con el lema “queremos saber la verdad”. Todo ello acompañado de manifestaciones en la calle, con sus banderas y sus aguiluchos como es de rigor en la derecha española. Ultra, apenas hay otra. Con el rojigualda en gorros y gafas de sol. Cantando el “Cara al sol”. Vox ya estaba en el PP.

Unas veces protestan contra la política antiterrorista del PSOE y otras contra sus leyes, en algunos casos de la mano de la jerarquía católica. Desde 2004, se suceden no menos de 13 protestas masivas en la calle, fletando autobuses para traer a Madrid gente de fuera. Un clásico. Rajoy acude y cierra con discurso por ejemplo en las de AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) con el lema “queremos saber la verdad”. Tan despistado el hombre que nunca se entera de nada.

Rajoy y otros miembros del PP en una manifestación contra la política de Zapatero en 2007. EFE
Rajoy y otros miembros del PP en una manifestación contra la política de Zapatero en 2007. EFE

El PP sabe la verdad, pero eso no importa. Rajoy llega a pedir la anulación del juicio –y por tanto la puesta en libertad de los detenidos- según lo que lee en la prensa, y no precisamente en el Marca. En El Mundo, que sigue presionando con las dudas sobre la Mochila de Vallecas, táctica que tan graves consecuencias tuvo para el valiente comisario que con su actuación encauzó las investigaciones. Zaplana apuntó la posibilidad de desenterrar a los muertos para comprobar el tipo de explosivos utilizado. Francamente lo que se hizo aquellos días es uno de los más terribles atropellos que quepa imaginar en un país democrático, perpetrado además desde el partido que estaba en el gobierno cuando se produjeron los atentados. Con consecuencias desestabilizadoras porque mentes débiles u obtusas aún siguen manteniendo dudas que el PP no se molestó en disipar.

De ETA, a las guerras de la codicia y a las protestas positivas o despreciables según les convenga. José María Aznar, sobrevoló por las masivas manifestaciones del NO a la Guerra de Irak, a las que no hizo caso alguno, acusando al líder del PSOE de “pancartero”. Luego el PP le pilló gusto a echarse a la calle para protestar contra Zapatero, como hemos visto. En la táctica habitual, los populares quitaron importancia, después, a la Guerra de Irak porque “es algo del pasado”, aunque siguiera estallando la violencia todos los días.

Cuando el PP ve flaquear la baza del terrorismo, acude a la unidad de España. Por aquellos días –y ya andamos ante la segunda legislatura de Zapatero- se nos andaba rompiendo el idioma. De ahí que salga un manifiesto de intelectuales “por una lengua común”. Esto sucede ya cada poco ya. Y por cierto, Cayetana Álvarez de Toledo suele pasar por intelectual cuando va de la mano de Vargas Llosa, y encabeza esas listas del ultranacionalismo español. Desde las Argentina y el Perú de sus nacimientos, que no deja de ser curioso.

Para ir constatando la dimensión de las zancadillas del PP a toda política progresista, es imprescindible recordar algunas de sus abstenciones señaladas y recursos de inconstitucionalidad. Su precedente Alianza Popular se opuso a la Constitución, a la Ley de amnistía para los represaliados del franquismo, al divorcio –al igual que lo haría UCD que también nutrió las filas de los populares en su momento-. Por cierto, la destrucción del Memorial a las víctimas del franquismo en el cementerio de la Almudena por el Ayuntamiento de Almeida y Villacís, es equiparable a los que suelen llevar a cabo los talibanes en otros lugares del mundo.

El PP de Rajoy, por su parte, rechazó varias leyes progresistas del PSOE de Zapatero. La Ley de Igualdad y de Conciliación de la vida laboral, conocida también por algunos otros de sus apéndices. Se abstuvo en la votación y ya en vigor la recurrió al TC. También la Ley que reguló los matrimonios entre personas del mismo sexo, que fue una de las que echó a la calle a gritar contra Zapatero al PP y votantes del PP y a los fieles Obispos a los que jamás hemos visto manifestarse por la pobreza o la desigualdad, y siguen poniendo el “cepillo” a nuestros impuestos.

El PP de Rajoy hizo campaña y presentó recurso de inconstitucionalidad al Estatuto de Catalunya, y a la ley de Educación de Catalunya. Hechos que están el germen del conflicto actual, que, sin duda, el PP exacerbó. El TC avaló la ley de Educación y en líneas generales, con algún recorte, el Estatut.

El mayor traspiés de Zapatero fue aceptar el mandato de la conjura internacional –porque prácticamente fue eso- en Mayo de 2010 para que redujera el gasto público. Hasta Obama le llamó, además evidentemente de la Troika y media Europa. Aquí le dejaron solo. Había intentado ponernos al nivel de nuestros vecinos en la inversión en los ciudadanos (como ocurría en Alemania, Francia o los países nórdicos que llegaba al 30% del presupuesto total) y le hicieron echar marcha atrás, cuando las culpas fundamentales eran de los agujeros negros de la economía y las finanzas españolas. En pugna con su ministro de economía Pedro Solbes, el PP, y una legión de comentaristas que ya apoyaban “la austeridad”, Zapatero llegó incluso a excusarse: “sólo restan unas dos décimas al superávit actual del 1,8% del PIB” (…) “no van a costar ni un euro al bolsillo de los españoles”. Y esta vez era mucho más verdad que el rescate bancario que nos vendió Rajoy.

El PP le hacía campaña en contra del gobierno del PSOE en la UE. Pablo Casado se animó a seguir esa senda y, apenas nombrado presidente del PP, se fue a Bruselas, a colocarse al lado del entonces presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, mientras caminaba y soltarle que España era un desastre. A mí personalmente todavía me produce vergüenza ajena este episodio. Y pavor que este tipo de personas tengan en sus manos asuntos serios de los ciudadanos.

Nada nuevo pues. Un gobierno de PSOE y Unidas Podemos no se librará de esa lacra. Hay que estar prevenidos. El pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla, se dice desde antiguo porque es una verdad rotunda. Y hoy una batalla principal es, recordando al escritor checo Milan Kundera, la lucha de la memoria contra el olvido. Porque lo que está por llegar, se libra en ese terreno.

 

*Publicado en eldiarioes 10/12/2019

La elevada autoestima de los “constitucionalistas”

Día de trajes nuevos, sonrisas recién estrenadas y viejas retrancas en la sede del Congreso de los Diputados. Celebran 41 años de la Constitución de 1978 que puso fin, formalmente, a la extensa e intensa dictadura franquista. Es el día de las críticas y los tópicos, de los elogios y los vacíos. Una Constitución no debería servir solo para llenarse la boca sino como norma de obligados cumplimientos. Dudo que haya una en el mundo entero que lo haga. Hay algunos textos henchidos de ideales. Incluyen hasta la búsqueda de la felicidad. Nuestros compañeros de historia, los portugueses, apelaron en la suya (1976), tras la correspondiente dictadura, a bases de dignidad en el empeño de construir “una sociedad libre, justa y solidaria”.

Nuestra Constitución fue mucho más sobria. Invocó justicia, libertad y seguridad, le dio la forma de monarquía parlamentaria con el candidato a la jefatura del Estado que había designado el propio Franco y fue escrita solo por hombres, como solía pasar en aquellos tiempos. Sin duda, además, fue redactada bajo la presión de los vencedores de la guerra civil, la que habían desatado y de la que salieron por completo impunes. Pero, asombrosamente, al calor de los tiempos, al calor de las inmensas ganas de democracia que muchos españoles tenían, resultó un texto con medidas sociales mucho más progresistas de lo que ahora se incluirían. Desde hace años, desde la hegemonía, abusos y crisis del capitalismo la tendencia va a rebajar derechos. La involución es un hecho que en algunos países intenta revertir tímidamente el centro izquierda. Léase el Reino Unido, Portugal, España; hasta la socialdemocracia alemana se está poniendo las pilas para que no termine de engullirle la ola.

Recordaba este 6 de diciembre en las redes algunas ideas del periodista Ignacio Escolar, todavía sin nacer eldiario.es, en uno de los libros colectivos que escribimos: “Si la Europa arruinada de la posguerra fue capaz de construir el Estado del bienestar, ¿por qué la Europa próspera del siglo XXI va a ser incapaz de mantenerlo?” Y la constatación de que la redistribución de la riqueza que propugna la Constitución ya en 2012 parecía propia de peligrosos antisistema. Y la bola siguió creciendo y hoy nos vemos como nos vemos, con alguna esperanza que hay que trabajarse “para que pueda ser”, dicho sea remedando a Labordeta.

Ahora bien, de las peores trágalas del momento actual es escuchar que son “constitucionalistas” gentes que solo creen en menos de media docena de sus artículos. A saber: el 2, que afirma la “indisoluble unidad de la Patria”, los que se refieren a las fuerzas del orden para mantenerla, el 155 para coartar la libertad de los catalanes independentistas o no, y el 135, que fue el único que se modificó en este periodo –a salvo de una pequeña corrección en otro momento–. Para cortar derechos ya. En 2010, cuando, tras el derrumbe financiero, nos hicieron pagar sus platos rotos a los ciudadanos. Con aval constitucional, se estableció la prioridad del pago a los acreedores sobre cualquier necesidad de los ciudadanos. ¿Y no saben? Sí saben, la deuda, ya con Mariano Rajoy al frente del Gobierno, se disparó a niveles de récord histórico.

Mariano Rajoy es un gran “constitucionalista”. Ha vuelto dando lecciones y ha sido muy aplaudido por los desmemoriados. Aquí, en las nuevas evaluaciones del rescate bancario (66.577 millones de euros) que les dieron casi a fondo perdido encontrarán unos cuantos pilares más de los “constitucionalistas”.

El PP está lleno de ellos. De estos, del 2 y el 155 y el garrote, y del 135. De Argentina se vino su portavoz, Cayetana Alvárez de Toledo, que rezuma democracia en cada una de sus intervenciones. Y en Madrid nos plantaron a Martínez Almeida en el Ayuntamiento y a Díaz Ayuso en la Comunidad. Muy elogiada por medios como TVE en sus telediarios, por haber tosido a la ultraderechista Monasterio antes de no firmar, al igual que ella, una declaración de condena al lanzamiento de una granada contra el centro de menores migrantes de la calle Hortaleza en Madrid. De no firmarla.

Begoña Villacís e Inés Arrimadas van de airosas “constitucionalistas” por el escaso recorrido de la representación política en la que ha quedado su partido, Ciudadanos. Desde esa convicción patriótica, los votos reales no cuentan, se pisa fuerte y ya está. Se es “constitucionalista” de palo y recortes y no se hable más.

Se ha llegado a la osadía de llamar “constitucionalistas” a los miembros del partido ultraderechista Vox. Una formación que arrasa con numerosos preceptos constitucionales, partiendo de los que explicitan que no se admite “discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Hoy, su líder, Santiago Abascal, según nos cuentan, no ha estado en la recepción del Congreso porque se ha ido “a defender la Constitución” en una manifestación en Barcelona. Ahí los tienen, un ultra “constitucionalista”. Claro que quiere reformarla para suprimir las autonomías. Hoy en Barcelona han exhibido una pancarta pidiendo la derogación de la Ley de Violencia de Género. Su España y su “constitucionalismo” son así.

Pablo Casado en cambio no quiere ni tocar la Constitución. El precedente de su partido, Alianza Popular, votó en contra aquel 1978, pasados 40 años ya les gusta. Las constituciones se reforman para la convivencia, no para desecarlas como Vox. La Primera Enmienda de la norteamericana fue en 1791, a los 4 años de promulgarse.

Lo realmente espectacular es la elevada autoestima de la que alardean gran parte de quienes se autodenominan “constitucionalistas”. Con la soberbia que caracteriza esa sensación irreal de superioridad, creen que todos desprecian como ellos a cualquiera que valore el potencial perfeccionamiento o cambios en la Constitución. Incluso el texto completo con tanta literatura accesoria.

Gentes como Aznar y la mayoría de los citados se sienten elegidos por la gloria de lo que llaman ser “constitucionalistas” sin defender los valores que la norma básica incluye. De su aprecio por la Constitución, de su lucha por lograrlos, quedarían fuera más de un centenar de artículos de los 169 que tiene, siendo generosos con ese cómputo. Esperanza Aguirre, por ejemplo, cree que el PP debe hacer un esfuerzo, para evitar que “el Gobierno caiga en manos de independentistas y comunistas bolivarianos”. Ellos son mucho mejores.

Unidos a ese coro político, numerosos periodistas y medios de este camino perdido defienden ese peculiar “constitucionalismo”. Todo cuanto quede al margen de este estereotipo les parece condenable. Con ese plantel y su historial, pasado hasta por los tribunales, el hoy presidente del PP acusa a Pedro Sánchez de haber elegido “a los enemigos de la Constitución”. De lo que todos ellos interpretan es su Constitución, la que se deja fuera un buen número de derechos y servicios que afectan a la vida diaria de los ciudadanos.

Y así nos vemos con un Pablo Iglesias, consciente de que de nuevo van a por él y todos ellos, abrazado al Mal Menor y proclamando hasta la buena salud de la monarquía. Mucho parece pesar el rey que solo reina, sin gobernar, según dicen. El legítimo pragmatismo de lo que se puede hacer desde un gobierno progresista y el peligro de lo que, sin él, nos vendría encima, quizás no debería aparcar, al menos, los desajustes mostrados por esa institución.

Singular España y variopinta sociedad que celebra este puente, luchando por el clima, de vacaciones o abarrotando a niveles de colapso las tiendas, el símbolo de un descomunal contrasentido. La Constitución española y la Inmaculada Concepción de la Virgen elevada a fiesta nacional. No es de extrañar que los “constitucionalistas” del séptimo día se hagan notar tanto.

 

 

*Publicado en eldiarioes 

La España ultra vuelve a estallar en Colón

 Los cimientos  podridos de España vuelven a crujir. Los que nunca se resolvieron porque siempre se tapan.  La derecha española pretende estallar este domingo en la Plaza de Colón de Madrid. Haciendo lo que mejor sabe hacer: bombardear cualquier camino que no pase por su uso y abuso del poder.  Es una de las patas de este conflicto eterno de la España infecta. El principal pero no el único. No es nuevo, siglos llevan clamando los progresistas españoles por una regeneración que no llega y que, por enquistada, cada vez nos hunde más.

La excusa esta vez es Catalunya. La figura de un “relator”, mediador, para ver de solucionar el conflicto. A lo largo de los tiempos ha habido muchas otras polémicas:  ETA, la educación, los derechos de la mujer, el aborto, el matrimonio gay, hasta al divorcio se opusieron. Algunas las rescata el alocado presidente que se ha buscado el PP. Hace falta ser miserable para vincular aborto y pensiones, como han hecho Casado y su ejecutiva diabólica. El quid es otro.

 La derecha española no sabe hablar. La derecha española no quiere hablar. La derecha española no quiere resolver conflictos, quiere el poder. A cualquier precio. Y Pablo Casado lo está demostrando.  Ahora, con la ayuda de las otras dos alas similares que se fueron desgajando: Ciudadanos y Vox. Los tres indistinguibles en la ultraderecha. Y con un potente ejercito mediático que redobló su fuerza –no sin subvenciones de dinero público en eufemísticas entregas- durante el mandato de Rajoy.

   Todas las corrupciones que han sangrado a la sociedad española palidecen ante esa bandera grande y una, roja y gualda, que lo tapa todo. Vuelan los sobres, las facturas falsas, el saqueo de lo publico en especie y contante y sonante, pero lo importante es el “a por ellos” “a por los catalanes”. Hasta su añorado Rajoy se dopó con facturas falsas y todo tipo de trampas en falso para salir elegido en 2011, según la UCO. El nuevo  gobierno andaluz sitúa entre sus primeras medidas dar un buen tajo a la sanidad pública. La cultura la ha entregado a VOX como en un mal chiste provocador. Pero todo estará bien empleado si España no se rompe, su concepto de España, y así enardecen a sus descamisados de dignidad. Pero parece que solo una bandera –bien usada en manipulación- les arrastra.

   El complejo tema, del que tanto se ha hablado, podría resumirse en dos errores de base.  Las fuerzas políticas españolas todavía no han entendido que el principal  objetivo de las catalanas es Cataluña. Por mucho que parezca hasta una redundancia, no lo entienden. Lo mismo que los independentistas catalanes no calibraron con qué España se batían, lo cual es el origen de los descalabros sufridos pasados y presentes. Y ahí siguen. Se ha roto el diálogo, dicen, con su relator y todo. La derecha, ya salivando, mantiene por supuesto la manifestación del domingo.

  Por lo demás, todos los gobiernos han negociado en temas de calado. Todos han tenido mediadores y relatores o como les quieran llamar. Lo que no han tenido, tanto al menos, es un ataque tan feroz, antidemocrático y… desmemoriado. Así que los periodistas que patinan en la pista helada de la equidistancia deberían contemplar el paisaje completo.

   El añorado Mariano Rajoy y su PP entero pusieron la proa a  Rodriguez Zapatero desde el mismo 14 de Marzo de 2004 cuando ganó las elecciones. Consideraron su gobierno ilegítimo. Igual que los muchachos y muchachas de Casado y Rivera al de Pedro Sánchez.

Rajoy llamó a Zapatero acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio. Casado ha incorporado al acerbo “felón” que suena a vasallaje si es que tamaño inculto sabe su significado.

   Rajoy, los obispos y la ultraderecha, entonces menos visible, le montaron al gobierno Zapatero una docena de manifestaciones, le frieron a preguntas en el Congreso sobre la política antiterrorista, para dificultar su trabajo.  215 de una tacada, un 19 de abril ya del mismo 2004, basadas en la Teoría de la Conspiración inventada por El Mundo. Llenaron la Plaza de Colón de Madrid varias veces, con banderas y autobuses pagados -¿con el dinero de todos?-. Casado también invita, costeando el viaje a quien quiera venir a Madrid. Dinero no les falta.

  La lucha antiterrorista del PSOE dio frutos, pese a las algaradas del PP para evitarla. ETA está acabada. Pero en marzo de 2007, cuando los atentados son ya una excepción, el PP llega al paroxismo con su acoso y derribo a Zapatero.  La víspera de los atentados del 11M,  y sin que el hecho sea siquiera mencionado, el PP reúne en Madrid  a más de 2.500.000 personas, según ellos. Ha fletado 760 autobuses.  Entre vivas a España y el uso del himno de todos, Rajoy se clava un exaltado e inquietante discurso:  “En ese espíritu, convoco solemnemente a todos los españoles, a los que les importe España, a poner fin a esta situación”. Oigan aquí el tono.Las víctimas de las que hablan son de ETA, nada del 11M y añade el rosario de falacias habitual, el que esgrime el PP hoy.  Casado no es sino un alumno, altamente iletrado, de sus predecesores. Al que se le hunde el PP en expectativas de voto.

No se rían, en aquella manifestación cantaron a coro “la Estaca” de Lluis Llach.

  También se mencionó aquellos días el término  “Alta traición” en los medios adictos. El escritor Juan Manuel de Prada en ABC tituló así su columna para concluir: “llamemos a las cosas por su nombre: esto es alta traición. Cabría preguntarse si un gobierno que humilla el honor de un Estado no merece algún tipo de castigo. En épocas menos confusas esta pregunta habría obtenido una respuesta inmediata y severísima”. ¿Hay quien dé más? Sí Casado, Rivera y VOX. Y  sus medios.

  Lo lamentable es la presión del ala derecha del PSOE indistinguible de esta ultraderecha activa. Los reinos de taifas de las comunidades que no aprenden y que llevan el anticatalanismo pegado en las vísceras. Y los prebostes de un pasado que ha radiografiado sus miserias. Alfonso Guerra, ídolo de la derecha y ultraderecha. Y Felipe González, el que habló alarmado del  clima prebélico instalado en la España en 2007 desde la soleada Acacapulco.   Es un invento de los políticos para hacer una política desapegada de la ciudadanía, y empieza a calar en la sociedad, decía. Hoy enciende cerillas también contra Sánchez. Doce años dan para mucho.

   Los medios españoles parecen haber olvidado todo esto, y presentan la manifestación de este sábado en Colón como la hecatombe. En cierto modo lo es pero por el montaje que engloba a quienes buscan echar al gobierno a la fuerza, lo que tiene un nombre bien claro. Toda la ultraderecha, incluidos fascistas y neonazis organizados que también se apuntan.  PP y Ciudadanos rechazan, en un comunicado, la presencia de grupos que no defiendan “los valores democráticos y de convivencia” en su manifestación precisamente en contra del diálogo con Catalunya. A cuya autonomía, además, ellos quieren aplastar.

 Cuando algunos periodistas hablan del malestar creado por Sánchez y sus gestiones, como justificándolo,  aumenta la dimensión del problema programado para estallar el domingo. ABC  volcados en campaña para derribar al gobierno.  Y la COPE. Les oí casualmente el jueves. Llamando a acudir a la manifestación ultra del domingo en el programa de Carlos Herrera. Esperaban, dijeron, que acudan a Colón PP Ciudadanos y Vox “y toda la gente razonable”. Subvencionamos a la Iglesia Católica para que aliente el golpismo. Muy generosamente.

  Si la ruptura del diálogo con la Generalitat es una cesión a la derecha del gobierno central, supone un error. La bestia ultra se crecerá. La única salida frente a su ofensiva es justo la contraria. Pedro Sánchez y el PSOE que le queda, Unidos Podemos y toda la izquierda, deberían solucionar los problemas estructurales de España. Si a la mínima le montan este tinglado, será mejor ir a por todas. Y no hay quien construya nada en ese estercolero fangoso.

Moncloa anuncia que Pedro Sánchez visitará en breve la tumba de Antonio Machado en Coilluore, Francia, adonde le llevó el exilio de la España franquista. El mejor tributo sería luchar por aquellos españoles que él veía, los eternamente olvidados.  A veces imagino a Machado, volviendo a decir : “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”. Lo escribió hace más de un siglo. Y no hay uno, sino muchos españoles así.  Ocultos tras ese manto de caspa fétida que parece impregnarlo todo. E inmensamente hartos.

 
 

 

Me quedo contigo

Hay un fuerte contraste entre la bronca permanente, la siembra de odio, y la liberación de los sentimientos con toda naturalidad que estamos viendo estos días.  Se mostró rotunda en los Goya 2019. Cuando Jesús Vidal agradeció el premio al actor revelación que le entregaban por su papel en Campeones. Y cuando Rosalía cantó Me quedó contigo la mítica canción de los Chunguitos. Merece la pena detallarlo y buscar los porqués a esa reacción de entusiasmo que han despertado. La verdad de los sentimientos desarma. Antes habrá que hablar del contexto en el que se ha producido.

Vivimos un momento en el que las opiniones críticas y –lo que es peor- los hechos que las sustentan caen sobre los espacios públicos como un bocado de carne en una piscina de pirañas.  Los frustrados, los fracasados, los haters con causa y sin ella, los que odian a sueldo, se lanzan a dentelladas. Enturbian cualquier conversación. Están acabando con las Redes, con los debates serenos, con la luz. Lo han aprendido en la tele. Y la sinrazón política les ha dado la fuerza de la inconsciente ignorancia.

Porque en esta etapa oscura proliferan los surtidores de inquina. Con el tiempo, he llegado entender que hay personas incapaces de sentir empatía, compasión, generosidad, amor. Desde la frialdad, muchos se sirven de otros a quienes despiertan pasiones, básicamente de odio. El odio sí es un poderoso motor. Un eminente neurofisiólogo de la Universidad de Nueva York, Rodolfo Llinas, me confirmó hace años que, en efecto, existen distintos grados de experimentar emociones. Una amplia gama. Los que carecen de todas –y de conciencia- tienen un nombre: psicópatas. Y los hay en grandes puestos de decisión. Lo que ellos tienen es gusto por placeres varios.

Cayeron sobre una población que ansiaba gritar “a por ellos” y demostrarlo. Sobre el inmenso tedio y melancolía de los jubilados… de la vida. Los que siguen chillando en los parques y las mesas de cartas y las barras de los bares el repertorio completo: España, la unidad, Maduro, Venezuela, Podemos, Pedro.  Pedro también.

La Razón. Traslado VIP.
La Razón. Traslado VIP, titula abriendo portada

El traslado de los presos independentistas a Madrid para el juicio del procés registró otro episodio de infamia. Llevados en un furgón de celdas del tamaño escaso de un lavabo de avión, con un orificio alto por ventana, incomunicados y grabados permanentemente, mereció una portada de La Razón inhumana en su desprecio. A sus seguidores, aún les pareció excesivo el lujo.

Los dispensadores de inquina han reforzado la misoginia de larga tradición.  La violencia machista agrede o mata cada día. Viola, corta cuellos, hiende hachas, como un sarpullido de dolor e ignominia que se evapora de las noticias en horas. El machismo también odia, el feminismo ya no si alguna vez lo hizo. Y no masivamente.  Pueden ahorrarse sus improperios los cazadores de supuestas feminazis, pasamos.

Hoy tocaría hablar de todo esto. De los problemas enquistados y los que surgen a consecuencia de ellos. Más aún que siempre, más cada vez.  Abrumadores hasta el sonrojo ajeno. Ante esta ruina de cesiones, presiones, intereses, desfachatez mayúscula, mentiras, insultos, elogio de la psicopatía social…  se ve una cierta esperanza, una espita de alivio en quienes salen a hablar de sentimientos, cuando, por casualidad y no sin esfuerzo, han logrado un hueco con acceso a micrófono.

Jesús Vidal, León, 43 años, filólogo, actor, dramaturgo, máster en periodismo, con un 90% de discapacidad visual, emocionó a media España al recoger su premio.  Inclusión, diversidad, visibilidad, fueron directos a la audiencia hecha seres humanos.  Iba creciendo la emoción en sus agradecimientos. “Gracias porque me enseñaste a ver la vida con los ojos de la inteligencia del corazón”, le dijo a su madre, desbordada en lágrimas. Y, a su padre, recientemente fallecido, un “gracias por haber vivido, por luchar tanto por mí, y porque solo con una sonrisa cambiabas el mundo”.  Esa inteligencia, de la que tantos carecen, esa manera de cambiar el mundo, logra personas como Jesús y tantos otros. Me quedo con ellos, sin dudar.

Conozco de primera mano la frescura, espontaneidad y talento de los 10 actores discapacitados que hicieron posible Campeones, en palabras de Jesús. Así es mi sobrino Carlos, Carlos Artal. Montó el periódico de su asociación de Síndrome de Down, escribe y nunca fingirá una actitud. Sabe lo que quiere y lo busca. Y es tan claro como luminoso. Son una lección constante. Como todos quienes se sobreponen a las limitaciones mecánicas para impulsar sus sueños con una tenacidad que sonroja las propias debilidades. Algún político, odiado por sus ideas en las cloacas de pobres diablos, me viene a la memoria.

Y luego Rosalía. El éxito de esa canción que tiene mil años y que sirve como pocas para expresar algo muy sencillo: “Si me das a elegir, me quedo contigo. Entre tú y la gloria, entre tú y la riqueza, entre tú y ese cielo de vuelo libre, me quedo contigo”.  Mis prejuicios ante la abusiva campaña de promoción de la cantante, cayeron.  Rosalía cantaba la emoción de esa letra rotunda.

“Esa canción necesita desesperación para ser cantada”, me opuso un tuit. ¿Desesperación por haberse enamorado, estar a su lado y ser muy feliz? Ni una canción de amor se libró de la piscina de carpas voraces, no llegó en este caso a pirañas. Las preferencias en las versiones se expresan sin apelación. Yo me pongo la de Manu Chao por las mañanas para expandir la gloria, preferentemente. A toda hora si surgiera, los Chunguitos, el trío elegante y sabio de los años en los que, efectivamente, se creyó que el amor vencería a la guerra. Al menos, fue ilusionante y placentero. Y se puede pensar en  Rosalía para las noches cálidas antesala de días con parques para oxigenarse sin vomitar resentimiento. O alterar completamente el orden y añadir más voces. Lo que importa es esa válvula que se ha abierto para recordarnos que existen personas distintas a las que muerden y sueltan bilis remuneradas desde las pantallas. Y que, probablemente, son las que, sin hacer ruido,  consiguen que el mundo no se desmorone.

A menudo pienso si no será inútil la denuncia que no logra parar la cadena de destrucción constante. Se podría probar, otra vez, la ingenua tarea de impulsar los cambios por la vía de los sentimientos positivos. A la racionalidad le cuesta más calar.  Situemos lejos de la mirada,  aislados en sus jaulas ajenas de humanidad, a quienes no sirven sino a sus propios intereses, arrasen a quienes arrasen.

Démonos permiso para parar el mundo que gira a nuestro alrededor y sintamos como una respiración profunda. Seguro que así sabemos mucho mejor a quién, a quiénes, decir: Me quedo contigo.

De “la clase obrera” a “la gente”

Pablo Casado inicia gira por 50 plazas para tratar de recuperar el electorado perdido que se le ha escapado hacia Vox. Cincuenta actuaciones del Club del Esperpento en el que ha convertido sus comparecencias y que la actual concepción del periodismo de declaraciones recogerá tal como entren, una por una. Sobrepasa toda medida lo que el presidente del PP es capaz de decir sin atemperar su sonrisa y lo que son capaces de escuchar y aún aplaudir sus seguidores. Es como un ciclón de exabruptos sin base o con base remota que es la esencia de las medias verdades, mentiras completas. Lo peor es que este es el lenguaje de la nueva comunicación política, del gancho electoral en una sociedad que ha alterado radicalmente su escala de valores.

Seamos todo lo crudos que se precisa hoy para hablar claro. La “lucha de la clase obrera” ya solo conmueve a algunos nostálgicos. La mayoría, incluso afectados por la desigualdad, piensan en sí mismos como clase media. La clase media es la gran conquista de la propaganda. Taxistas y autónomos se ven más como empresarios que como trabajadores por grande que sea su precariedad. Y, en lo alto de la escala, los ricos de solemnidad se sienten satisfechos con las políticas que tanto les han favorecido y no miran atrás. Ahí tienen a los millonarios andaluces, ojo derecho del nuevo gobierno trifascito, votado en las urnas por personas de toda condición.

De hecho “la clase obrera” ha pasado a ser “la gente”, eufemismo polisémico de amplio espectro en el que sin duda se siente especialmente cómoda la clase media, precisamente. Real o asimilada. Está en las más variadas bocas.  La clase media de Ciudadanos, por ejemplo, es la que cobra 130.000 euros al año, pero seguro que son escuchados entre quienes cobran cinco o seis veces menos: e l salario medio fue de 23.000 euro anuales en 2018.  Brutos. Las mujeres 5.800 euros menos. Eso sí, “la gente” está de moda y la política en horas bajas. La modernez huye de ella como de la peste. Salir en televisión prima. Ejercer una profesión de relumbre y aparecer con frecuencia en “la tele”, constituyen pluses para ser candidato. Los conoce la gente.  Finalmente, hay que distinguir entre “la gente” y “esta gente”,  ya ha ido por delante que gente es una palabra polisémica.

Por encima de todo, especialmente en la derecha, lo que de verdad vende es el espectáculo. Las declaraciones histriónicas, mentir con soltura o sin ella. Mentir, insultar, herir. Tirarse al cuadrilátero, dar golpes bajos, pisar el cuello del oponente, como ha enseñado la televisión de los Inda y los panfletos de los Rojo, Marhuenda y Bieito. Es la escuela de Trump, capaz de mentir sin pestañear tantas veces le parezca. Detectar sus mentiras es un trabajo a tiempo completo, desde que asumió la presencia se le han registrado 7.645 “afirmaciones falsas o engañosas”.

A Pablo Casado se le ve como un político presa de la desesperación. Rivera y todos los portavoces de esa derecha de tres patas que nos está poseyendo andan en similar tesitura, pero Casado parece poseído. Como si su cabeza fuera un sonajero. Nuestro compañero  Isaac Rosa llegaba a sorprenderse con él. “ Dice Casado que Sánchez pronunció “tirano” “muy rápido”, para que no se le entendiese, y “sin convicción”. Hablaba de Pedro Sánchez, Maduro y Venezuela. El renacido mantra para ver si dan el golpe de gracia a la que se quiere autovoladura de Podemos. No hablaba de la inmensa hipocresía de la comunidad internacional, ciega para todo atropello que no contenga petróleo del que aprovecharse.

Por supuesto que hay personas responsables, con espíritu crítico y que prioriza los valores que fundamentan la convivencia y el progreso. Pero se corre el riesgo de verlos subsumidos por las nuevas corrientes.

La técnica para que cuelen las mentiras no es difícil de detectar. Lo esencial es aprender a contrarrestarlas. Las realidades paralelas, así llamadas por Trump para mentir desde el principio, precisan de una derecha política y una derecha mediática a su servicios, ambas sin escrúpulos. Y de uno tipo de ciudadano que ha dejado de serlo para convertirse en espectador hasta de su vida. En EEUU  estudiaron el ejemplo de los  jóvenes católicos que se burlaron de un venerable nativo de la tierra americana.  De gamberros desconsiderados han pasado a ser héroes de los sectores más conservadores.  Durante varios días no dejaron de aparecer en programas de televisión.

Aquí como allí,  ese mismo tipo de espectador se cree, porque quiere hacerlo, estadísticas falsas y aseveraciones que nada tienen que ver con la realidad. Y tiene consecuencias. Muy graves. Y por muchos años.  Nos dicen que  la ciencia está perdiendo la batalla contra los intereses políticos y ecomómicos de la Administración Trump.  Males evitables ya no lo serán o sufrirán retrocesos. En España han entregado la sanidad pública a gestores privados. Y mientras decae el sistema público por los recortes, se dispara la facturación de las cinco multinacionales que acaparan el negocio de la salud en España. Es el relleno de los caramelos que se reparten durante el espectáculo. La corrupción española ha podrido el esqueleto del Estado y ahí sigue esa derecha hasta con perspectivas de ganar como ha hecho en Andalucía ya.

Dicen que la izquierda necesita pedagogía. Y una se imagina a esos ciudadanos a los que aluden como niños indefensos a los que hay que advertir: No metas los dedos en el enchufe porque te puedes electrocutar. Lo cual es cierto, no hablar por hablar. La izquierda precisa hacer pedagogía, a la derecha le basta con mentir.

La mentira es un magma incontrolable, un pantano de arenas movedizas. Sobre esa base construyen muchos ahora sus vidas. Cuando las necesidades diarias son reales. Al paso que vamos un día nos venderán oxígeno en botella, olvido en pastillas. Ahora mismo, bastaría abrir los ojos y ver. La racionalidad todavía es un producto de libre acceso.

 

Publicado en eldiario.es 1/02/2019 – 

Ese molesto trámite llamado democracia

Lo sabían EEUU y la Unión Europea. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, 33 años, se iba a plantar en la calle y autoproclamarse presidente de Venezuela. La Administración Trump le mostró su apoyo en pocos minutos. Lo sabía de primera manera. Se confirma el rumor de que Guaidó viajó hace un mes a EEUU, Colombia y Brasil para, en secreto,  informar o acordar la operación.  La eufemísticamente llamada Comunidad Internacional reparte juego.Nicolás Maduro, te tocó, esta vez sí, parecen decir.  Tras algunos ajustes,España dice que plantea a la UE reconocer a Guaidó como presidente venezolano si Maduro no convoca elecciones inmediatas. La prensa toma partido. Se llega a escribir que “ Maduro se atrinchera en el poder con el apoyo de la cúpula militar“. Muchos parecen no recordar que -mal o bien- Maduro es el presidente electo de Venezuela y que lo normal en estos casos es que la “cúpula” militar, como todo ejército, esté bajo las órdenes del poder político. De momento se mantiene. Total, los golpistas -autoproclamados, si lo prefieren- “solo” se están saltando los trámites democráticos.

La derecha española se desnuda al límite y se echa a la calle a exigir el apoyo a Guaidó bajo las más desaforadas amenazas. La derecha del PP de Pablo Casado –con su corte de hooligans– y los Ciudadanos de Albert Rivera. Vox también. Y Aznar y Felipe González como si les fuera la vida en ello. Y con el apoyo mediático de costumbre todos ellos. Lo más terrible, sobrecogedor, de la máxima preocupación, es que los líderes de la derecha parecen considerar la democracia como un trámite, incómodo y prescindible. Y hace temer que de llegar al poder se quitarán de un plumazo las opciones políticas que no coincidan con la suya. Concretamente, Casado y Rivera ilegalizarían partidos independentistas. Lo han dicho. Corruptos, no, por supuesto. El gravísimo problema ahora es ese.

Imaginemos que Casado o Rivera se autoproclaman presidentes del Gobierno español. No es imposible: ambos consideran a Pedro Sánchez un okupa, dado que solo saben sumar escaños por la derecha. Saltándose trámites democráticos puede ocurrir.

Sin duda, la Venezuela de Maduro es un caos, pero denostar su Gobierno no implica aplaudir un golpe de Estado o un despoje a la brava, elijan si las definiciones precisas asustan. Por más que se haya impuesto el maniqueísmo primario, no es así. Por si las dudas, ni he simpatizado nunca con Maduro, ni lo hice con Hugo Chávez y así lo he manifestado en diversas ocasiones. Ahora bien, con la democracia, sí. De hecho, la defiendo con total decisión.

Venezuela es el ejemplo máximo de una gran hipocresía. Los intereses de quienes se manifiestan sobre esta cuestión son tan ostensibles que se ven las gruesas cuerdas que mueven los gestos. Se puede afirmar que sin petróleo un país está a salvo de ser perseguido por los desmanes de sus dirigentes. Y con petróleo -ubicado en manos generosas y precisos objetivos también, como en el caso de Arabia Saudí. La petromonarquía es uno de los países donde más se vulneran los derechos humanos, al punto de llegar a descuartizar a un periodista crítico. Y si es por la persecución de opositores, allí los ejecutan sin más miramientos.  Pero en ese tema se mira para otro lado.

A quien toca perseguir es a Nicolás Maduro. Cuántas oportunidades de negocio ha tronchado. No todas, pero más de las soportables para algunos. La Venezuela actual es hija de décadas de despropósitos y abusos. Como cualquier persona informada, conozco los detalles de la larga trayectoria que, ante nuestros ojos, llevó a Venezuela a esta situación.

Felipe González sabe mucho de amistades presidenciales venezolanas y de su dureza con las protestas. Tal como él mismo escribió, viajó a Españaen el avión presidencial de Carlos Andrés Pérez, el del “caracazo” que ocasionó decenas de muertos en su represión. Caracazo y algo más: fue expulsado de la presidencia, juzgado y condenado por malversación de fondos y se exilió a Estados Unidos. La historia de Venezuela es trágica y no lleva trazas de cambiar. Abrir la puerta hasta la cocina a EEUU, con todo su historial de injerencia en los países latinoamericanos, y además con Trump, debería avergonzar a quienes aplauden la hazaña de Guaidó. Sobrecoge ver a dirigentes españoles obviando semejante detalle, pero es que la democracia, insisto, se ha convertido en un trámite molesto.

Toda persona honesta debería preguntarse por qué Venezuela atrae tanta atención y no otros países en similares circunstancias. Este mismo viernes, la ONU publicó un informe sobre la crisis humanitaria de América Latina. “En los países centroamericanos ya hay más de 80 millones de personas que viven en pobreza extrema y donde la violencia es una constante. El Salvador y Guatemala exhiben las tasas de homicidios más altas del mundo”. A esto se suma el uso “desproporcionado e innecesario” de las fuerzas de seguridad para silenciar la disidencia de manifestantes, críticos o periodistas, según la ONU.

En otro informe de hace un mes, la ONU aseguraba que América Latina y El Caribe sigue siendo “la región más violenta del mundo para las mujeres, con la tasa más alta de violencia no conyugal y la segunda tasa más alta de violencia conyugal”.  Y que la situación de los Derechos Humanos en la zona es crítica.

El caso de Honduras

Si hay miles de venezolanos huyendo de su país, también hay miles de hondureños huyendo del suyo. Un caso interesante. En 2009 el Gobierno hondureño también fue depuesto por el presidente del Congreso. Ahora EEUU mantiene una base militar allí y lo considera un “socio preferente”. Lo que no quita para que Trump haya dicho textualmente: “Enviamos a Honduras cientos de millones de dólares y nos envían caravanas”. Con Honduras, Guatemala y El Salvador también se llevan lo suyo del presidente estadounidense. Es el trato humillante que espera a los protectorados de facto, salvo a sus élites.

Grandes negocios, menos democracia

No es solo Venezuela, Venezuela es la que tiene petróleo. Y muchos negocios con españoles, no con España. Y unos líderes hoy opositores que también hacen suculentas operaciones en nuestro país. La familia de Henrique Capriles opera en el Complejo Canalejas -un empeño personal de Ana Botella como alcadesa-,  el edificio del ático vendido por 10 millones de euros. También está detrás de varios complejos de viviendas de lujo de Madrid, copio y pego.

Los Casado, Rivera, González o Aznar -y sus predicadores en general- solo hablan de Venezuela y con un agresividad que augura días muy negros en nuestro propio país. Todo vale. A los jóvenes pupilos ya los vemos. Los expresidentes se manifiestan con claridad:  Felipe Gonzáles puso de ejemplo al Pinochet de las carnicerías humanas frente a Venezuela. ¿Cómo puede ser considerada objetiva su opinión? Aznar nunca ha creído en la democracia.  En un artículo -que publicó precisamente su entonces oponente Felipe González-  llegó a culpar a los chilenos de “las desventuras” que se hubieran evitado de “haber cumplido con su deber” de no votar a la izquierda de Allende. Pablo Casado lo ha rescatado como ideólogo del actual PP.

En esas están ahora. Con EEUU al que le vuelven a encargar ser “gendarme del mundo”. Con Bolsonaro en Brasil, que está usando ya la democracia que le llevo al poder para destruirla. El hijo de Bolsonaro contrató a la madre y a la mujer del sospechoso del asesinato de la concejala Marielle Franco. De su mismo partido, Jean Wyllys, el primer congresista abiertamente homosexual de Brasil dimite y abandona el país por amenazas de muerte. Y ante esto y mucho más los hipócritas de la derecha española no gritan fuera de sí en la calle, callan. La mayoría calla, bien es verdad.

Porque lo que nos jugamos es la democracia. Pensábamos que era un valor incuestionable, pero no lo es. Suprimirla en los trámites como un engorro implica otro orden político. Cuesta entender que no se den cuenta. Hay ya millones de seres en nuestro propio país que prefieren la razón de la violencia del más fuerte, olvidando a los vulnerable, olvidando la razón de la solidaridad, olvidando la razón.

2018, no digan que no avisó

2018 ha sido un año de confirmar pesadillas y alumbrar certezas más esperanzadoras. Un año decisivo que nos sitúa en una encrucijada en la que todo puede ser y dejar de ser. Los hechos destacados nos sitúan ante un cambio de gobierno en España, fuertes convulsiones políticas o la entrada de la ultraderecha en el Parlamento andaluz. Pero otra historia debajo nos recorre sembrando el camino de frutos y de malas hierbas, dispuestos a coexistir o destruirse. Un 2018 determinante que nos lleva a un 2019 todavía más trascendente.

Sobrevuelan en este final de año los Santos Inocentes más que ningún otro. Los de Miguel Delibes y Mario Camus. Los del señorito Iván y la milana bonita. Andalucía ha dado entrada en sus instituciones a la ultraderecha, a un Vox que manda y ya nada volverá a ser igual. Culpables sin inocencia, víctimas sin culpa.  Se avisó. Se avisó tanto. Las democracias otorgadas pueden desvanecerse de la noche a la mañana, recordábamos este 15 de mayo. Múltiples y muy claros síntomas apuntan a un camino que conduce al fascismo. La versión siglo XXI. Y a una creciente campaña para su normalización, decíamos.

El periodismo. El periodismo son antecedentes. Y gritan cada día mostrando los trazos que se van tejiendo. Uno descubre, otro lava.

Pedro Sánchez, redivivo secretario general del PSOE, se decide a presentar una moción de censura contra Rajoy. Y se convierte en presidente del gobierno en Junio. Expulsar al PP de la Moncloa era una exigencia ética. Es una organización que ha parasitado el país con ayuda de una red de apoyos mediáticos, jurídicos y empresariales apenas invisible. Y ha infectado a la sociedad que lo contempla sin gran inquietud. Todos saben lo que han hecho. Pero enseguida dejan de saberlo porque la tupida maquinaria disuelve la memoria.

Cristina Cifuentes dimitió como presidenta la Comunidad de Madrid
Cristina Cifuentes dimitió como presidenta la Comunidad de Madrid

El periodismo. El periodismo ha desenmascarado antes a Cristina Cifuentes y su máster imposible.  Se ve obligada a dimitir como presidenta de la Comunidad de Madrid en una de esas patéticas agonías que protagonizan algunos políticos empecinados en no ver ni su realidad. Siguiendo el protocolo PP, el protocolo España, la llenan de aplausos en Sevilla. Cospedal dice: “hay que defender lo nuestro y a los nuestros”. Por serlo. Ella también caerá. Como su encarnizada rival, Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo poder omnímodo y férreo se deshace como un terrón de azúcar con la salida de Rajoy. Las cloacas del Estado meten mano. Villarejo, los sicarios mediáticos. Y el periodismo que descubrió el pastel del Máster se ve enjuiciado por revelación de secretos a los periodistas Raquel Ejerique e Ignacio Escolar de eldiario.es. El mundo al revés.

La justicia.  Los tiras y aflojas, los tiros y yerros con el procés. El poder judicial político. El Tribunal Supremo que se enmienda a sí mismo en favor de los bancos en otra decisión históricamente bochornosa. Exime al comprador del impuesto de las hipotecas, se lo asigna al banco, y se desdice. El Supremo cotiza en Bolsa. La Justicia. España. A cuentagotas nos da un respiro. Ana Botella y siete cargos de su Gobierno, condenados a pagar 25 millones por vender pisos públicos con rebajas a fondos buitre. Por la tenacidad de sus denunciantes sin duda. La gente lo hizo.

El PP elige a Pablo Casado como su presidente. También tiene un historial académico de epatar. Su máster termina aderezado de un “posgrado en Harvard” que resulta ser un curso de cuatro días en Aravaca, Madrid, y con otro de la misma universidad y uno más de Georgetown. Tres en un solo verano, 2008. El caso Cifuentes, descubierto por eldiario.es, ha sido mucho más que una investigación periodística concreta, ha destapado un entramado de privilegios y trampas en titulaciones universitarias. Para marcar élite, casta. Y sin esfuerzo. Casado dice que no pasará nada. Él sabe. No pasa. Con él. Y ahí lo tenemos. Soltando por su boca y la de su equipo barbaridades del quince como huesos de aceituna. Y sus seguidores olvidan corrupciones y mentiras. No me digan que ellos mismos no avisaron. Décadas. Solo en la Comunitat valenciana, los años de  vino y rosas, de despilfarro y corrupción han acumulado una deuda de 46.000 millones de euros. Es impagable, el esfuerzo presupuestario solo puede llegar a abonar intereses.  Deberían estar bajo una mesa abochornados, pero sigue presumiendo.

En paralelo, tenemos a un político, con aspiraciones a presidir el gobierno, amado por medios y encuestas como nadie fue amado jamás. Solo ve españoles allá por donde camina. Muy precisos: ni rojos, ni azules; ni viejos, ni jóvenes; ni trabajadores, ni rentistas. Albert Rivera ha reeditado el discurso del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera. Lo lanzó en un acto que tuvo su momento culminante con Marta Sánchez y su versión del himno de España. No me digan que no avisaron.

PP y Ciudadanos forman gobierno en Andalucía, apoyados por Vox, sin pinza democrática en la nariz. Prensa, radio y televisión lavan y lavan. Ya les llaman centro derecha.

Miembros del gobierno de Pedro Sánchez, PSOE. EFE, Chema Moya
Miembros del gobierno de Pedro Sánchez, PSOE. EFE, Chema Moya

Gobierno de Sánchez. Espectacular entrada con un equipo de ministras en minoría y gentes sobradamente preparadas. Por algunas zonas van haciendo aguas con ayuda de la presión, discriminada, de la prensa conservadora. Pero lo cierto es que sigue vigente la ley Mordaza, el dictador Franco en su Mausoleo, la reforma laboral del PP, el rechazo a la Ley de Justicia Universal. Lo más contundente y efectivo, la subida del salario mínimo a 900 euros, o mejor dicho el cambio de tendencia para recuperar poder adquisitivo. No es suficiente pero supone un avance, absolutamente necesario. Lo propuso Unidos Podemos, una formación que pierde algo de gas, dicen medios, encuestas. Con la colaboración de la misma prensa, sin duda, y por sí misma. En momentos críticos como estos, se precisa algo más que medidas de gobierno parciales. Destacable la labor mediadora de Pablo Iglesias. Y el electorado que no abandona.

Se diría que los dirigentes, también del centro-izquierda, van entendiendo las reglas del juego. Quién mueve los hilos y para qué. Difícil remontar. Algunos lo hacen. Francia se echa en la calla en amarillo, como la Catalunya insumisa que, con independencia o no, prefiere no bajar la cabeza. Los a por ellos y los resentidos rabian. Mientras es más visible su poder, el que siempre han tenido.

Inmigrantes sudamericanos inspeccionados en EEUU
Inmigrantes sudamericanos inspeccionados en EEUU

Volvimos a ver en 2018 niños desolados entre uniformes que les arrancan de las manos de sus padres. En la América grande de Donald Trump no caben. La violación de las leyes internacionales que ya ni respetan la prioridad de las vidas en peligro en los mares de la escapada migratoria. La UE que mira para otro lado, los ciudadanos que miran para otro lado.

En los trazas de la realidad, la foto del rey emérito Juan Carlos I con el príncipe heredero saudí -vinculado al descuartizamiento del periodista crítico Jamal Khashoggi-  que se disuelve como tantas otras cosas de la institución. Los fastos para recibir a Xi Jinping, el presidente del país del dinero y el destrozo de los derechos humanos. El declive de la UE, comandado formalmente por un presidente beodo como metáfora de sí misma y por los intereses nacionales de sus miembros. La mujer de 65 años que se suicidó en Madrid cuando iba a ser desahuciada de su casa. De todos los que fueron echados de sus casas, y de cuantos resistieron.

El dolor convertido en espectáculo, una vez más. El niño Gabriel. La indescriptible desolación de los padres. Las cámaras, las conexiones, la catedral de Almería con pantallas gigantes en la explanada.  La maestra que corría hacía un reluciente infinito y cuya vida plena fue segada por un sátiro. Las decenas de asesinadas y maltratadas que se olvidan. A las que combate el machismo feroz manipulando a favor del fascismo.

Manifestación en Pamplona por la sentencia a La Manada. EFE/Villar López
Manifestación en Pamplona por la sentencia a La Manada. EFE/Villar López

Las mujeres. Fue un mazazo, no por esperado, menos traumático e indignante.  La Audiencia de Navarra dictó sentencia contra “la manada” exonerando a sus miembros del delito de violación.  Los detalles enervan.  Y se agravan con la interpretación de los magistrados. No se resistió. Se juzgaba a la víctima,  al parecer, a la mujer vejada, a la mujer. La sentencia dio la vuelta al mundo para nuestro escarnio, para una nueva evidencia de lo que es España hoy. The Washington Post, The Guardian o The New York Times destacaron que dos miembros de ‘la manada’ pertenecen a “cuerpos militares”. En España esto cuenta.   Mucho. De igual modo que se pena con cárcel un rap, y se dan por sobreseídas  las denuncias presentadas contra agresiones de la extrema derecha. El cerco en Zaragoza a 400 dirigentes de izquierda sin ir más lejos. No me digan que no avisaron.

El 8 de Marzo las mujeres salimos a la calle y hasta los oportunistas se tiñeron de violeta. Tampoco se habían enterado, pero la realidad se plantó en sus narices. Las mujeres españolas han parado el mundo, decía la prensa internacional. No lo activamos, lo revivimos. Y allí nos hemos quedado, organizadas, con distintos cometidos en turnos. Las periodistas tuvimos una atalaya privilegiada. Vimos crecer desde una reunión de apenas 50 mujeres de nuestra profesión a más de 7.000 firmantes de un manifiesto y a un grupo de Telegram que resultó ser una portentosa lección de realidad. Y comprobamos que lo mismo sucedía en multitud de sectores profesionales y casi en cada esquina y cada casa de España.  Culmen del hartazgo. Un potentísimo mensaje  de rabia mezclado con la alegría de la reafirmación. El futuro ya lo estamos haciendo. Y es imparable. Avisamos, seguimos avisando.

“La prensa está al servicio de los gobernados, no de los gobernantes”, afirmaba en su auto el Supremo estadounidense al enjuiciar el falso Informe McNamara (1971) que nos contó en enero de 2018  The Post, los papeles del Pentágono, de  Steven Spielberg.  Periodistas de medio mundo  nos emocionamos. Y, como en la película, nos dijimos: Cómo nos gustaba esto.  Nos gusta, a pesar de todo. Y ver a miles de ciudadanos estadounidenses a las puertas del Tribunal Supremo luchar por su derecho a la información y por la libertad de expresión. Puestos a volver atrás, a desandar el camino, mejor sería regresar a la reivindicación de los derechos. En lugar de aprestarse a destruirlos como se está haciendo ahora.  Con mayor impunidad. Con crecidas complicidades.

Nos jugamos la democracia. Y la memoria y la dignidad. Las tenemos. Milanas bonitas en vuelo, libres, a preservar.

Preocupante euforia por los escaños de Vox

Asistimos a una reacción inquietante por los resultados electorales en Andalucía: los 12 escaños de Vox parecen ya una mayoría simple de gobierno estatal, a completar con las derechas de PP y Ciudadanos radicalizadas. Partiendo de análisis parciales que minimizan u obvian elementos decisivos, empeñados en extrapolar a toda España lo ocurrido en los comicios andaluces. Con Vox hasta en el agua que sale por el grifo, es imprescindible racionalizar las especulaciones. Tarea ímproba en este maremágnum de voces en torre de babel. La formación ultraderechista filofascista –que lo es por más que la laven  – ha subido en votos sin duda.  Y en Andalucía. En todo lo demás abundan las teorías incompletas.

El factor fundamental para el resultado electoral andaluz ha sido la abstención. Relegar en las consideraciones que más del 41% de los electores no acudió a votar es dejar el análisis radicalmente incompleto. 400.000 votos ultras es un elevado número, 2.600.000 abstencionistas mucho mayor. Quienes faltaron a las urnas fueron votantes de izquierdas, englobando ahí a Susana Díaz lo cual es cuestionable.

Susana Díaz, además de su propia gestión, del cansancio por un gobierno del mismo partido durante 36, añadía haber sido la candidata que perdió frente a Pedro Sánchez. La que orquestó –entre otros– la defenestración del entonces secretario general en una cacería bochornosa y encima salió derrotada. ¿Cómo se puede obviar esto en los análisis?

Unidos Podemos –aun teniendo en Teresa Rodríguez una candidata con el aire de  la formación – pagó sin duda las marcas locales que desdibujan a UP nacional. Los evidentes cruces de protagonismos. Así parece sentirlo el electorado.

Es evidente que esta izquierda no responde en este momento a lo que piden los andaluces. Y por eso se quedaron en casa sus seguidores. En casa o en la calle. No en los colegios electorales para votar a otros.

Lo que ocurre en Catalunya también explica los resultados, pero no debe en modo alguno transferir culpas a lo que hacen los andaluces con su voto. Para el electorado de derechas que, según ha demostrado, prefiere esa imagen de la unidad española –tan folclórica y hueca en la campaña, a caballo y en vaca – a resolver sus problemas reales. Igual es que no los tienen.

Conocido el escrutinio, los 12 escaños de Vox parecen un triunfo colosal. Cuando lo es relativo. El PP, habiendo perdido votos, se ve reforzado en sus estrategias ultras. Y, en unión de Ciudadanos, que ha perdido toda etiqueta centrista, se diría están a punto de formar gobierno en Madrid. Y no es así.

Un poco de calma y de racionalidad. Una cosa es el interés informativo indudable y otra ponernos Vox en vena cada vez que se abre casi la totalidad de los medios informativos. Y los lavados y perfumados. Es tan abrumadora la reacción que hace saltar las alarmas. Como añorada agua de mayo ha caído ese éxito. Lo más granado del establishment reaccionario –presuntos progres incluidos – nos dicen el eslogan clásico del maltratador: algo habremos hecho. Ahí tienen al académico Arturo Pérez Reverte, escritor “con agallas” según proclama. “Somos nosotros quienes extraemos al lobo por nuestra propia estupidez”, dice textualmente. Cuando el grave problema español es que ha alimentado a la bestia franquista fascista criada en la impunidad.

Este lunes se cumplían 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nacida de una enorme congoja y de un intenso deseo de que la barbarie fascista no se repitiera más. Díganme qué tiene que ver Vox y las versiones de sus colegas de la derecha, con estos principios irrenunciables. Los ataca con virulencia. Atiendan a lo que les están vendiendo por noticia, porque en muchos son caramelos envenenados.

Y la manipuladora asimilación con Podemos. Así, miles de franquistas se sienten justificados. No, la ultraderecha no es democrática, la ideología que defiende Podemos sí. Todo el arco ideológico lo es -aunque no nos gusten algunas opciones-, salvo el fascismo que se sale de todas. Y acaban de meterlo en las instituciones.

Los resultados electorales en Andalucía no son extrapolables al resto de España y para diferentes comicios. No todavía. Aunque se nota cómo se está dibujando la táctica de la profecía autocumplida. Por frivolidad, por vender audiencias e intereses, o con objetivos desestabilizadores y de control de mayor alcance y peligro. Vox son los fachas de moda. Buena gente para políticos y periodistas afines. Su temerario programa electoral no pasa de cuatro niñerías para esta gente.

Y ya tenemos un nuevo elemento de controversia… y banalización. Catalunya perenne desplazando todo lo demás. Vía eslovena, con unos Balcanes crujidos de siglos de enfrentamiento, de heridas incurables que afectan casi a cada familia, con crímenes de lesa humanidad de por medio, no es comparable a Catalunya. La vía escocesa que pide Torrent, presidente del Parlament, se encuentra con el escollo de gobiernos que no son como el de Cameron, paradójicamente, ni como una Reina Isabel II británica que se mostró exquisitamente neutral en el referéndum.

La reacción “centrista” del gobierno Sánchez no es la solución si es lo que se busca. Torra no es el más diplomático de los presidentes, como Borrell no es el más diplomático de los diplomáticos en funciones de tales. Grandes tragedias ocurrieron en España sin movilizar efectivos de control de la envergadura prevista. Enviar de nuevo piolines a Catalunya se inscribe en la estrategia de aplacar a la ultraderecha crecida con pozales de carnaza que la alimenta.

Ya cuesta repetir lo que precisamos para ahuyentar el peligro. La inacción o las actuaciones equivocadas no dejan de agrandarlo. Desde la política sí pueden, con acciones efectivas, siquiera cumpliendo lo que se prometió. Desde el periodismo independiente también, brindando información veraz y sin cargas externas.

El problema es un ultracapitalismo que resuelve sus crisis con más abusos y que está dejando una Europa en demolición. Tendría que primar la negociación, no el enfrentamiento. Solo el diálogo puede salvarnos del futuro que viene por sí mismo o prefabricado.

Algo fuera de la lógica está ocurriendo. Con los pies firmemente apoyados en el suelo, no pierdan el horizonte.

 
 
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