Aguirre no acaba el problema, el problema es el PP

Cospedal llama a recuperar para el PP la unidad del centro-derecha español
María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy, en una de las votaciones del congreso del PP. EFE

Lo que parecía, era. Se repite como una mala serie negra. Ahora es el ministro de Justicia el que manda SMS de apoyo a Ignacio González como hizo con Bárcenas todo un presidente de gobierno, Mariano Rajoy. Y el de Interior confiesa que también habló con el detenido. Por teléfono. El escándalo de la corrupción va mucho más allá de los nombres propios, hoy en el pico del tablero. El problema es el PP. Ya producen vergüenza ajena sus portavoces hablando de casos aislados, salvo para adeptos impenitentes. A diario se nos desparraman encima los detalles de una insostenible depravación de la gestión pública. Una forma de ser y actuar que, ni mucho menos, acaba con la nueva dimisión de Esperanza Aguirre.

¿En qué Sodoma y Gomorra de la corrupción convirtieron Madrid y España numerosos altos cargos del PP? ¿Quiénes filtraron información secreta a los imputados? ¿A qué se dedican los pilares de la Justicia como la Fiscalía o el propio ministro? ¿Qué trasiego es éste de presuntos periodistas al servicio de la trama que hasta cambian de destino, como esa “una periodista” que desde La Razón colocaron en RTVE? ¿Qué credibilidad tienen los medios y dirigentes que lo propician?

Tenemos desde los grandes desfalcos a los detalles que marcan el carácter de una gente que denigra los cargos que ocupa. ¿Se puede llegar a mayor mezquindad que a triplicar el costo de las coronas a los muertos del 11M como cuenta un testigo que hizo el gobierno de Aguirre? Los detenidos, juzgados y sentenciados ya en algunos casos, han traficado con colegios, ayuda al desarrollo, niños discapacitados, desde la Púnica de Granados a la Gürtel valenciana o mallorquina.

¿Qué más resta por oír? ¿Qué el presidente de Madrid le diga al empresario Enrique Cerezo “ Aquí qué queda, ¿pegarle dos tiros al Juez?” y Cerezo llame al afamado comisario Villarejo. Pues así figura en las transcripciones por el caso del ático de Marbella. Recordemos que, con anterioridad, Fernández Díaz había cesado a la cúpula policial “por investigar el caso del ático”, según reconoció. ¿Qué país soporta este lastre y por tantos años?

Nueva en el ruedo, Concepción Dancausa, delegada del Gobierno del PP en Madrid. La que resultó agraciada con la presidencia de la Asamblea en aquel Tamayazo del 2003 que entronizó a Aguirre. Aún buscaba el PSOE a sus desaparecidos en el hemiciclo y ya soltaba Dancausa su discurso, preparado, sacándolo de su bolsillo. Mano derecha de Ana Botella en el ayuntamiento, la fiscalía la denuncia por un delito societario en una controvertida operación de Mercadrid. A instancias de la nueva corporación de Carmena que aportó los datos. Se ha constatado que la corporación del PP pagó por ceder unos terrenos a una empresa, en lugar de cobrarles. Y que se comprometió a seguir ingresándoles la cuota hasta 2032.

Es un dato relevante. Signo de una forma de actuar. Ana Botella practicó con fruición esas largas ataduras que han causado muchos estragos. Por ejemplo en la limpieza de Madrid. En la Operación Canalejas –adjudicado a la constructora OHL de Villar Mir– también se cruzó un contrato hasta 2027 con la concesionaria anterior del parking que nos iba a costar 21 millones de euros. Y la pretensión de establecer otro por 40 años. El consistorio actual operó cambios drásticos en el proyecto.

Y así por múltiples lugares donde escarbes, sin siquiera hablar de delitos sino de gestión. Los acuerdos firmados con constructoras concesionarias de autopistas se inscriben en la misma filosofía. La que llevó a indemnizar a Florentino Pérez por la fallida Operación Castor.

Ese aroma turbio que se intuye desde lejos. Reitero el extraño caso de un edificio en lugar privilegiado de Madrid que se fue dejando caer y terminó declarado en ruina en 2014, pero que había sido ofertado como nuevo hotel un año antes. En 2013. Por el grupo Ayre Hoteles (El Corte Inglés y a Abel Matutes) aunque ha borrado ya el texto, no así la signatura. Ya funciona. Solo el concejal de UPyD pidió investigar el caso.

Las subvenciones camufladas a los medios afines que han practicado números dirigentes del PP –véase aquí Aguirre o Botella aunque es práctica extensa compartida por muchos otros–, también lo pagamos en especie. En esos remedos de información que varios de ellos sirven. Tienen consecuencias.

Bastaría preguntarse, a la vista de lo que está saliendo a flote, por qué se armó el PP con leyes y códigos Mordaza en un país que no mostraba especial conflictividad social. Asombrosamente, para lo mucho que se ha maltratado a la sociedad. Lo hicimos desde la prensa: no hubo respuesta.

Y quedaría por indagar el apoyo, incondicional hasta ahora, del PSOE de la gestora al Gobierno del Partido Popular. O de Ciudadanos. A salvo del paripé para la galería que el cónclave práctica.  La medida efectiva es pedir una depuración real de responsabilidades, incluso retirar la confianza. No se entiende otra actitud.

En cabeza de la palabrería el propio PP, empeñado en declarar que son un partido ejemplar, honesto donde los haya, digno de enorgullecerse de él. Eso sí, con una ingenuidad infantil, incapaz de advertir cuándo se les llena la casa de corruptos, malversadores, ladrones sin escrúpulos, capaces de lucrarse –para tener dos, tres, cuatro casas– hasta con el dolor de los más débiles. Con el abuso de la ciudadanía en general a la que representan.

Urge saber y derivar responsabilidades de las filtraciones a los detenidos e imputados. Expurgar las malas hierbas que confunden  la separación de poderes. Aclarar el trapicheo en la prensa. Dejar de mirar para otro lado. De hacerse el idiota y de tomarnos por ídem.

Democracia para zombis

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Francia vota este domingo, 23 de Abril, primera vuelta de presidenciales, en medio de una gran incertidumbre

 

Una de las últimas ha sido Turquía, siguiendo la estela. Se ha permitido dar un puntapié a la democracia, por muchos que sean los atenuantes. Lo que lleva a los guardianes de las esencias a cuestionarse la propia naturaleza del sistema en el que el pueblo decide. A las urnas las carga el diablo, dicen. Vive el mundo momentos precarios en las libertades. Y todo avisó con antelación.

Llamar democracia a lo que regentaba Erdogan en Turquía es un eufemismo pero algunos preferían pensar que cumplía las formas. Al punto de convocar un referéndum para convertirse oficialmente en una autocracia. Ganado de antemano, por supuesto. Lo curioso es que un nutrido sector de turcos ha avalado y potenciado a un dirigente que ya carga a su espalda el encarcelamiento de cien mil personas con la excusa del presunto y oportuno golpe de Estado que sufrió. Intelectuales, periodistas independientes, jueces, profesores, militares demócratas, son los principales objetivos de su cruzada. Muchos han sufrido torturas.

Ahora, el Erdogan que ostenta todos los poderes, podrá legalizar la pena de muerte y ejecutar disidentes como hizo otro colega admitido sin problemas por Occidente, el dictador golpista de Egipto, Al Sisi. Sujeto al que Trump recibió ya con todos los parabienes. 

Sean mayoría o no, millones de turcos han llegado a la conclusión de que necesitan un tirano para tiempos difíciles. O, los norteamericanos, un esperpento millonario sin escrúpulos, a quien ahora adorna el juego de la guerra –con daños reales– para acrecentar el mito. El presidente de Estados Unidos se ha apresurado a felicitar a su “homólogo” turco –titulan con precisión–. Y ha mostrado sus preferencias por la ultraderechista Marine Le Pen en Francia. Son los líderes idóneos para estos tiempos de confusión en los que unos pocos tienen mucho que ganar y millones de personas tanto que perder.

La democracia no está en cuestión, sino quienes la pervierten. A veces imagino a esa pléyade de votantes de “lo inconveniente” plantados en un bancal como el que plasmó José Luis Cuerda en Amanece que no es poco. Cada mañana, los encargados del jardín, les riegan con mimo y siembran nuevos esquejes. Ahora han colocado a sus líderes en el poder, con indiferencia vegetal. Dispuestos a lanzarse al abismo, llevándonos a todos de la mano.

Los cultivadores son los mismos que a lo largo del día criticarán las deficiencias del desorden que apuntalan. Esos que, cubiertos por el agua y a punto de ahogarse, seguirían tecleando con las dos manos libres contra los enemigos de sus trampas y privilegios. Esa gota malaya, ese ejército dispuesto a segar cualquier idea de progreso.

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Millones de personas son incapaces de relacionar que las políticas de la desigualdad tienen consecuencias. Que matan tanto o más que las bombas y camiones de los fanáticos. Muchos turcos declaran las buenaventuras que esperan del nuevo régimen: trabajo, riqueza, una vida mejor. La mayoría de los votantes de Trump lo creen también. Pero así se sembró y alimentó. Con las mentiras, la banalidad y la infantilización de la sociedad, sobre un sustrato de profunda injusticia social. Y de abandono de los más vulnerables.

Francia, el país que cambió el signo de la historia con la Revolución del  XVIII, podría llevar a la presidencia a una mujer ultraderechista acérrima. Los establecidos temen más a Jean-Luc Mélenchon que a Marine Le Pen. El antiguo primer ministro Lionel Jospin ha venido a demostrar que al partido socialista francés se le fueron antes las figuras de la izquierda que los votantes. Ahora aterra su “extrema izquierda”. 65 años, curado de muchos espantos, harto de muchos desvaríos, se ha lanzado a la arena con su imagen más provocadora. ¿Seguro que no se lo explican? El tinglado que se montaron los partidos que nos llevaron a la crisis de todos los valores ya no funciona, por mucho que se empeñen. Cómo será que los medios franceses no paran de hablar de Venezuela. Aunque cueste creerlo: Venezuela también en Francia.

Como en España. “Así empieza lo malo”, leo, con… el autobús de Podemos. Ah, ¿no había empezado ya? Por la insistencia se diría que con las primeras papillas. Pero, en definitiva, otro spot de la sociedad del espectáculo. No mayor que la perfomance continua de la derecha. Será que los ciudadanos ya no entienden otra cosa. “Lo malo”, lo peor, es la prioridad de las iras del sistema que no demuestra sino su propia degradación.

Tras el trance de la Semana Santa, exaltado este año a conciencia, nos caímos de bruces sobre la realidad. Tenemos a 120 empresas disfrutando del trabajo casi esclavo de presos.  A la sanidad pública descuartizada y utilizada. En Madrid no se cobran servicios a la privada, con la jefa entretenida en hacerse la rubia. La peste creada por Aguirre, la rubia por antonomasia, con sus contratos y dispendios, da cada día nuevos signos de putrefacción.

¿Y las autopistas quebradas? Nos van a costar no menos de 5.500 millones de euros y ahora el ministro del ramo avanza su venta porque igual, sin deudas, ya son rentables. Para sus nuevos dueños. O no. Porque las previsiones con las que se construyeron fueron erróneas y siempre está nuestro dinero para sufragarlo. Y esto se vota una y otra vez.

¿Y Rato? ¿Cabe más escandalosa trayectoria? “Rato se comportó en el poder como un cleptócrata profesional, como el vicepresidente de una república bananera, con el descaro y la impunidad de quien se sabe por encima del bien y del mal”, escribe Ignacio Escolar. Sello de la casa PP, con bañador rubio.

Rajoy va testificar ante la Audiencia Nacional por la Gürtel. Con todo el aparato que apoyó a la infanta Cristina en su juicio a su favor. Y nos damos por contentos con una declaración, como testigo, del presidente del PP de la Gürtel. Y reconociendo que es un hito en el sistema, además. La reacción visceral del PP, acusando  al PSOE a través de un comunicado de estar detrás de la llamada judicial, da idea del comatoso estado de la Justicia en España o de la concepción del PP sobre su funcionamiento.

No faltó más que la detención e ingreso en prisión incondicional del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, como presunto jefe de otra red criminal que involucra a varias empresas y destacados miembros de este remedo de democracia que vivimos. El Canal de Isabel II como epicentro y muchas otras ramificaciones. La Operación Lezo le ha estallado también al PP y siguen mirando para otro lado. Cinismo flagrante. Y hay gente, con un cerebro presumiblemente, que les cree. O quiere hacer como que les cree. Democracia para zombis.

En la operación también está involucrado un viejo conocido, ahora en libertad bajo fianza.  López Madrid, yerno del empresario Villar Mir, amigo de los reyes, compi yogui de la reina por más señas, con Granados, relacionado también con la Púnica y la dulcemente llamada policía “patriótica”. Sonroja enumerarlo y aquí no pasa nada. Realmente, en España, también se votó a un partido que había implementado la Ley Mordaza. Y otros partidos sensatos y moderados, constitucionalistas, se dicen, le dieron la mayoría que les faltaba para seguir gobernando. Y ahí están.

Francamente, el autobús de Podemos, la madre de todas las andalucías y las apuestas mediáticas por el candidato que vaya a llevar al desastre al PSOE como a sus colegas en Francia es casi ya lo de menos. La propia impotencia de la denuncia, de escribir como la página que se lanza a un agujero negro a abrirse paso con desigual fortuna. Cuanto se anunció, se cumple y en sus peores escenarios. Y ahí siguen sus autores empecinados en lo mismo.

“Si supiera que el mundo termina mañana, yo, todavía hoy, plantaría un árbol”, escribió el líder negro Martin Luther King, asesinado en 1968. A pesar de todo. Por dignidad, siquiera. Ideas que sobrevivan, no bancales de excluidos útiles.

*Publicado en eldiario.es esta misma semana y actualizado al ritmo de los acontecimientos que no dejan de producirse.

Siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar

La Semana Santa de Zamora vive su momento culmen con el Miserere del Yacente
Semana Santa española 2017, de norte a sur. Zamora y el Miserere del Yacente EFE

De todo, esa es la constante: “siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar”. Lo escribió Antonio Machado. Ese señor, poeta grande, cuyos restos aún reposan -desde 1939- en Colliure, de la vecina Francia. Machado había sido evacuado de España tras el golpe de estado. La alianza de intelectuales y artistas lo sacó del país para que, visto lo visto, no acabara en esas cunetas de las que se ríen portavoces jóvenes y maduros del PP, hoy en el gobierno. Siempre por desenclavar.

Amanece en Viernes Santo y aniversario de la proclamación de la República. En involución aguda y sueños ingenuos de utopía. Y en gris nube en el centro del país, “aquí” en Madrid. Y en soledad agosteña fuera de temporada. No corren por las calles las plantas enredadas del desierto porque todavía no hace tanto calor. No tanto. Casi. Si te quedas un rato en la ventana, ves pasar el autobús. Hay vida. La del conductor y los posibles viajeros. Y muchos otros que no pueden o no quieren salir de vacaciones por más que sean ignorados. En Twitter cuentan que ha vencido no sé quién en no sé qué número de Gran Hermano. El de los González y Vázquez, no el de Orwell. El mundo, pues, sigue en pie. Este.

Lo cierto es que la soledad va por barrios. Unos vacíos, otros llenos. Más de cuatro millones de personas en España se encuentran en riesgo extremo por el paro o la precariedad laboral. Según un estudio de FEDEA y Accenture, que no son precisamente lo más rojo del lugar. No como UNICEF, organización de la ONU, empeñada en decir que la España de Rajoy es la tercera en pobreza infantil de Europa. Y que se ha agudizado precisamente desde que manda su PP. Y, claro, si no te llega ni para tener dos pares de horas el cocido en la lumbre  cómo te vas a ir de vacaciones igual que “todo el mundo”.

Porque, eso sí, las televisiones plantan ante el espejo una imagen a la que no todos pueden acceder, ni muchos asumen sin complejos. Ahí está todo el paquete. La playa, las toallas y sombrillas pegadas las unas a las otras, la grasa en la piel, el “pues se está muy bien”,  la alta ocupación hotelera, el buen tiempo, el sol. Y del otro lado, la pobreza como estigma inducido, precisamente por quienes la causan o la amparan. Cuesta resistirse a la presión. Hasta el sol está perezoso contra todo pronóstico.

Trump ha mandado lanzar a “sus militares” –así los llama- ‘la madre de todas las bombas’, que EEUU ensayó en ‘la madre de todas las batallas’ allá por 2003 en otra invasión ilegal al ser decidida unilateralmente. La de Irak, con nuestro Aznar en una esquina de la foto. A la flota la tiene camino de Corea del Norte, en donde otro fanático egocéntrico, Kim Jong-Un, anda de amenazas nucleares. Y a la Primera Hija de EEUU, Ivanka, a hacer las maletas para irse a una reunión de mujeres en Berlín. ABC, el diario patrio, está feliz. “Trump lanza el tercer aviso a los enemigos de Occidente”, titula a toda portada. Siempre con sangre en las manos.

La televisión pública española, TVE, lava y cocina afirmando en el telediario que son “bombardeos de la coalición internacional sobre Siria”. Es mentira, son de Trump por su cuenta. Aunque muchos lo aplauden. Para algún periódico global, nada, ni ‘la madre de todas las bombas’, desplaza a su querida Venezuela de lugar prominente en portada.

España, con la bandera a media asta en los cuarteles en señal de luto por la muerte de Cristo hace, según dicen, 21 siglos. La ministra Cospedal ha dado la orden, mientras vive su propia Semana Santa con gran religiosidad y multiplicando su pía actividad allá donde es requerida. Ha recibido, por ejemplo, el nombramiento de Hermana de Honor de la Defensión, una hermandad castrense.

En los tumultos, este año gamberrismo, estampidas e histeria. Con heridos, detenidos y un hombre en la UCI en Sevilla. Desde allí, un informador decía en el telediario de TVE: “La Madrugá es mucha Madrugá para que la empañen unos gamberros”.

Es la Semana Santa española. Púrpuras, morados (de los buenos), capirotes, cilicios, coronas de espinas, calvarios, latigazos, piedad, fervor, pies descalzos, penitencia… Las televisiones alternan los cuerpos desnudos sobre la arena con las imágenes de Cristos ensangrentados. Sangre y arena, tan españolas. De personas vivas que se flagelan a conciencia, a toda espalda y pantalla. Miren las expresiones en trance. Dios me libre de llamar a eso sadomasoquismo o necrofilia que, en el puritanismo y cautela reinante, son palabras de mal gusto. Palabras. Siempre por desenclavar.

Ya nos tienen donde querían, de donde nunca salieron en la impermeabilidad de sus cerebros. El PP aprieta en involución, más aún que cuando tenía mayoría absoluta. Hasta Manel Fontdevila se preguntaba por este milagro. ¿Cómo se puede llamar políticamente hablando? Está claro: apoyos, contraprestaciones, ideología compartida. Susana Díaz ya no sale de procesión con el torero de verborrea desatada Fran Rivera Ordoñez,  pero estas pasiones no se olvida ni por conveniencia.

La Semana Santa del Franquismo se rompía del todo en la Hora Nona del viernes, a su término, a las tres de la tarde, en silencio sobrecogedor. Pero en la medianoche del sábado, despertaba la Gloria. Los tres días de rigor precisos para la Resurrección sufrían un drástico acortamiento a menos de la mitad, incluso en aquellos piadosos tiempos de recogimiento religioso y condenas a muerte a la disidencia. Pregunté e insistí mucho en saber por qué y nunca hallé respuesta convincente. Necesidades del guion. Mucho no ver para creer. Demasiadas lagunas para saber.

‘Cantar del pueblo andaluz’, y de casi todos convertidos en piel de incienso, D. Antonio Machado, esto va cada vez peor.  Siempre por desenclavar. Siempre con sangre en las manos.

Carme Chacón y la hipocresía española

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A Carme Chacón le hubiera gustado saber cuánto la querían. Sobre todo mucha gente anónima que supo apreciarla. Su valentía y su empeño merecían conocer que su entrega obtuvo resultados. Fueron tantas las zancadillas que sufrió que, al menos, debió quedarle ese reconocimiento. Porque han vuelto a hacerlo. Hay una querencia en España por la parafernalia de la muerte que unida a la hipocresía, o viceversa, resulta escandalosa. Constatemos un hecho: Chacón no estaba en las primeras filas de la política ahora, la habían apartado.

Comparto la valoración que sitúa a Carme Chacón como una política capaz, honesta, luchadora, feminista, de convicciones socialistas reales, y con un deseo sincero de renovar y reconstruir el PSOE. Desde la moderación. “ Chacón fue una política coherente y comprometida con sus ideales, pero no una revolucionaria“, escribe Ignacio Escolar en un artículo que aporta muchas claves. De los cambios que impulsó, de su pensamiento y de su enorme discreción. Laica ejerciente, contraria a dar el indulto al banquero Alfredo Sáenz, partidaria de investigar el fiasco de Bankia. Tropezó con el “desahucio exprés” que le salió por la culata al terminar siendo aplicado a los impagos de hipotecas que no formaba parte del diseño. Esto demuestra, por cierto, que no hay ley inocente en manos culpables.

Pues bien, no la dejaron seguir. 25 de Mayo de 2011. Las plazas de España llenas de 15M, dejando claro el “No nos representan” del hartazgo máximo. Chacón prepara incluso su equipo renovador. Y la echan atrás. Aparece, llorosa, para retirar su candidatura a las primarias por el bien del partido y de Zapatero. La intrahistoria la cuenta también el director de eldiario.es: “Una serie de barones, con Patxi López a la cabeza, amenazaron con tumbar a Zapatero si no apoyaba la designación de Alfredro Pérez Rubalcaba como candidato sin primarias”. Chacón era consciente de lo que ocurría en España, el aparato no.

Y la historia se repite en el Congreso de Sevilla de 2012 cuando Carme Chacón lo vuelve a intentar. Hasta Madrid llegaban los ecos de las presiones y zancadillas. Perdió por 22 votos en jornada maratoniana de intercambio de apoyos y favores. “La vencieron los dueños del partido, una alianza de la vieja guardia: Felipe, Guerra, Bono, Chaves… Tras perder, guardó silencio y dejó liderar a Rubalcaba”, sigue escribiendo Ignacio Escolar. Alguno más hubo, los de siempre en realidad. Tenían el PSOE, perdían apoyo electoral. “ Venció el cambio tranquilo y la experiencia“, explicaron en prensa. Poco después renunció a su acta de diputada y pasó a la actividad privada. Su carrera política declinó.

Una amiga que me sirve de barómetro popular sentencia que los compañeros que lloran a Chacón lamentan su muerte aunque la hubieran apartado de su vocación. Faltaría más. Pero lo que cuentan son los hechos. Y producen bastante impacto algunos rostros compungidos. Otros han demostrado que realmente la valoraban y querían, mucho más de lo que probablemente ella pensaba.

Sin duda el PSOE hubiera sido distinto dirigido por Carme Chacón, que pudo ser también la primera presidenta de España. Pero es lo más rancio del aparato quien lleva las riendas en defensa de “valores tradicionales”. Del PSOE, dicen. Jesús Cintora cuenta en su nuevo libro cómo Rubalcaba intentó impedir que Pedro Sánchez formara gobierno: “Si Rajoy no da el paso, no des el paso tú”. Basado en lo que, a su entender suponía, “la peligrosa compañía de Podemos y de los nacionalistas”. No hay problema en darle el gobierno a Rajoy, no constituye ningún peligro. Para ellos.

La senda emprendida por el PSOE es un puro dislate, con el golpe interno para echar al secretario general elegido en primarias, y cuanto ha sucedido después actuando como si nada hubiera ocurrido. Susana Díaz encarna esta tosca etapa de aparato y conservadurismo, por más que Chacón la apoyara frente a sus dos competidores.

No trataron bien a Carme Chacón. La prensa tampoco, en particular la conservadora, como es habitual siendo mujer y de izquierdas. Pero España reedita con ella esa pasión por llorar y ensalzar a los muertos, en particular cuando peor se ha portado con ellos.

El domingo de Ramos –como lo llamaba la portavocía mediática del PP en RTVE en estos tiempos de santerío redivivo–,  El País publicaba otra de sus encuestas de Metrocospia. Esta vez para concluir que los españoles optan por Adolfo Suárez como el presidente que querrían tener. Paradójico. Desde dentro, la derecha hoy recogida en el PP le dinamitó el partido. El PSOE de Felipe González le presentó una moción de censura y una cuestión de confianza. Le hicieron la vida imposible y sufrió por ello. Mucho.

Hemos sabido recientemente, por casualidad, que Suárez no quiso convocar un referéndum sobre la monarquía porque iba a perderlo. Se lo dijo a la periodista Victoria Prego que calló durante décadas. No se puede decir que, justa o injustamente, nadie le agradeciera el favor a Suárez. Ahora lo tenemos en los altares. Si existe alguna parte de lógica en el hecho será que les parece peor lo que vino después.

Esa exacerbación española de la muerte huele a procesión, incienso y rito, a humo. A hipocresía suma. Es ese sentimentalismo con dolor placentero, de escenario, butaca y kleenex. Y de igual modo enmascara la verdad. En la política que posterga a los ciudadanos y ejerce, con cara de póker, el todo vale para el fin último. En los medios y sectores que juegan la misma partida. Carme Chacón era del sector limpio de la política que también existe y su camino no fue de rosas.

Un consejo: la próxima vez que quieran a alguien como la querían a ella, demuéstrenselo en vida. Y déjenle volar libre.

¿Quiénes son los responsables?

Un hombre lleva a una niña herida en el ataque con armas químicas en un hospital de Jan Shijún, Siria.
Imagen sobrecogedora consecuencia del ataque con armas químicas en Siria AP

La imagen es de las que perturban el sueño. Y abundan similares. Quizás por eso las ha aprovechado Donald Trump para lanzar más de medio centenar de misiles contra una base militar del gobierno sirio, a quien culpa de haber desatado un ataque con gases químicos contra la población. Ni se ha molestado en esperar autorización de la ONU. Apenas dos meses y medio después de su llegada a la presidencia de los Estados Unidos, Trump emprende la tarea prevista de “hacer grande América otra vez”, unilateralmente, por las bravas, autoproclamándose gendarme del mundo.

Putin, desde Rusia, denuncia “agresión contra un miembro de la ONU”. Bashar Al Assad al mando, no es precisamente un gobernante modélico. Rige en Siria, en presidencia hereditaria, habiendo llevado a una cruenta guerra y miles de desplazados las protestas de aquella primavera árabe de 2011 que, literalmente, machacó. Luego llegó la degeneración. La comunidad internacional, en conjunto y por partes, le apoya y le ataca, según intereses. Añadamos los coros de las primeras filas, las retransmisiones. Hemos entrado ya, por supuesto, en la guerra de opiniones que disuaden la reflexión. Lo que se puede afirmar es que hoy no estamos más seguros, ni se ha parado conflicto alguno, sino todo lo contrario. Que esas atrocidades han de acabar, pero no lo harán a bombazos.

La imagen es abrumadora. El cuerpecillo inerte y desmayado de la niña. El hombre –muy probablemente su padre- que expresa dolor, rabia y desolación a partes iguales. Los sanitarios, derrota. Intensa y larga. Hemos visto ya esas miradas y esos rostros. En los campos de refugiados, de quienes huyen de Siria sin ir más lejos. Niños vivos que consuelan a sus progenitores. Niños que lloran o que ya no lloran siquiera. Bebés, sin vida, arrojados en las playas. A Aylan –cuya intolerable muerte iba a cambiarlo todo-  le ha salido tanta competencia por el favor de los medios y de la audiencia que ya nada conmueve más allá de unos días o unas horas.

Ya no se trata de si la mano ejecutora ha sido la del autócrata sirio o las de los rebeldes. Ambas, probablemente. Y quien colabora en la distancia, de una forma u otra. Trump no es inocente y menos con su ataque interesado. Ni Putin por supuesto. Ni la inoperante UE que, para una vez que se moja, lo hace entendiendoel bombardeo y el papel asumido por Trump. Ni cada uno de sus países. El gobierno español, por ejemplo con sus parabienes. Luego nos hemos enterado de que los barcos que han participado en el ataque tienen su base en España, en Rota, Cádiz, como parte del  escudo antimisiles de la OTAN. Otra vez,  colaborando en una acción ofensiva sin el paraguas de la ONU. 

 Comprensión tibia con la democracia y que no atisba el peligro potencial para la ciudadanía de Trump despidiendo su alocución con un “ Dios bendiga a América y al mundo entero“, siendo el primer presidente que extiende al mundo esa invocación.

Del tinglado forman parte importante los que comercian con la vida de las personas. O con el miedo y la presunta seguridad. ¿Quién te libra de un ataque químico? ¿Los misiles de Trump? ¿No sería más efectivo, racional, prudente, seguro, humano, acabar con el mal en origen? Las armas químicas son consideradas de destrucción masiva –estas sí- y están prohibidas por el derecho internacional y todas las convenciones. Ah, calla, que es la maldad humana, apuntan quienes se lavan las manos ayudando a que todo siga igual. Por más que la seguridad total no existe, no es posible bombardear camiones para que no atenten en nuestras ciudades como acaba de suceder en Estocolmo.

Es hora de señalar que son muchos más quienes llevan muerte, hambre, injusticia, dolor, a todos los conflictos, los cruentos y los incruentos. Aquel experimento que demostró en los 90 cuántos ciudadanos apretarían el botón destructor -para lograr un beneficio personal- si las víctimas estuvieran lejos, no las vieran y no les acarreara responsabilidades es de plena vigencia. Se hace a diario. Textualmente.

Hay múltiples acciones que conducen a esta degradación en la que tenemos situado al mundo. No es independiente apoyar políticas que priman la codicia sobre la justicia, con el aumento de la desigualdad. Es como abrir un grifo cuando el depósito está lleno. No se puede tolerar la corrupción, las trampas y la mentira y pensar que no tiene consecuencias. Directas son.

Cada paso torcido en el camino de la justicia, de la política, del bien común, de la verdad, nos acerca a las insufribles debacles. Y se aceptan los rostros de desolación como efectos tolerables.

Cada sapo que se traga en aras del bienestar propio, o de la complacencia con el poder indigno, o del total esto no se notará, de la autoexculpación en definitiva, lleva a ese universo de injusticia que produce tantos desmanes.

Cada titular que se afina, cada manipulación que se asume en obediencia conveniente, contribuye a la desinformación, y ésta a rumbos equivocados. Cada intoxicador que se alienta para disuadir la verdad en aras del espectáculo, va en el mismo sentido. Hay entretenimientos menos dañinos para la colectividad.

Considerar normal que el 1% de la humanidad acumule un patrimonio equivalente al que posee el 99% restante, no es inocente. Pero ha habido una senda, un contexto, que lo ha hecho posible. La ignorancia no exime de responsabilidad, y menos la buscada.

Y están quienes se inventan palabras, como “buenismo”, para justificar la barbarie e intentar convencer de que la barbarie no tiene solución. Quienes, desde posiciones interesadas, enfangan la crítica para sembrar confusión.

Los que aplauden al sheriff de América y a todos aquellos que ya ponen y pondrán sus botas sobre las sociedades de distintos puntos del mundo, aprietan botones que propulsan daños.

Se puede hacer algo, mucho, para borrar el dolor y la impotencia de los rostros y el corazón en Siria, en el Mediterráneo, en la América grande y la pequeña. En España, en Madrid, en Jaén, en Santiago, en La Palma, dondequiera que mires los encontrarás.

Lo realmente difícil de entender es que cuele un mundo basado en el salvajismo. Y que la estafa masiva a la que llamaron crisis haya alumbrado tal cosecha de fanáticos sin escrúpulos, barra la libre para todas las vilezas. Pueden que sea porque cuentan con un ejército disciplinado de colaboradores, que se apuntan sin siquiera saberlo, y no saben ver más allá de un palmo.

*Publicado en el diarioes 

Tiempos de derecha, tiempos de gasto militar

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Dolores de Cospedal pasa revista a las tropas como ministra de Defensa.

Imaginen a un padre de familia, abogado de formación, toledano, 51 años, sentado en el salón de su casa ante esta reflexión: “¿Y si alguien quisiera ponerle a mi hija un burka, qué haría? Enviarle a las Fuerzas Armadas”. ¿Como escudo humano y blindado para que no se le acercaran los hombres que colocan burkas por la calle a las mujeres con las que se cruzan? ¿Quiénes son esos hombres? Musulmanes, una comunidad de unos 1.200 millones de personas distribuidas por numerosos países del mundo. Pues así piensa Agustín Conde, el actual secretario de Estado de Defensa nombrado por la ministra Cospedal. Con esa mentalidad dispone de capacidad para, en efecto, hacer uso de aquello a lo que le impelen sus creencias. Y el Gobierno del que forma parte acaba de dotar a su Ministerio con un 32% más de presupuesto.

Conde es uno de los numerosos prototipos de la derecha más extrema que gobierna España por medio del PP. Sus exponentes son múltiples. Mariano Rajoy los ha situado en ministerios clave: Interior, defensa, justicia, empleo, educación y sanidad en algunos momentos, y bastantes perlas sueltas en otros puestos. Nos detendremos hoy solo en Defensa, premiada con un plus en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado.

A Agustín Conde lo encontramos ya en 2005, durante una intervención en el Senado, cuando se mostró partidario de que las parejas homosexuales no adoptaran hijos. Sin el menor rubor, ni base que es mucho peor, expuso los graves problemas que, en su opinión, aquejaban a esas criaturas que conviven con gays. Aseguró que sufren un enorme riesgo de ser violados por sus progenitores, cuantificado en el 29%, mientras en el caso de los heterosexuales el porcentaje se reduce al 0,6 %. Siempre en su línea, acusó –en un tuit, vaya por dios– a Yolanda Álvarez, entonces corresponsal de TVE en Oriente Medio, de ser “activista de Hamás”. Sin cortarse. Álvarez fue devuelta a Madrid. Añádanle unas puertas giratorias, una empresa energética no declarada o la defensa jurídica del Banco de Santander en casos de hipotecas impagadas.

Alférez de Fragata del Cuerpo General de la Armada en la Reserva Voluntaria, Conde declaró que ser secretario de Estado era “el cénit de su carrera profesional”. Y que María Dolores de Cospedal es quizás la persona por la que siente mayor admiración y respeto intelectual. “Como político”, concepto que incluso incluye a mujeres.

Cospedal, la ministra que tan sobradas muestras ha dado, en diferido, de su capacidad intelectual, es la gran gestora de ese desorbitado aumento del presupuesto de Defensa, un 32% sobre 2016. Es cierto que se ha visto obligada a aflorar, por mandato del Tribunal Constitucional, una herencia de su predecesor, Pedro Morenés, que utilizaba créditos extraordinarios aprobados por Real Decreto para comprar armamento. El programa que él aprobó asciende, por cierto, a 30.000 millones de euros de los que restan por pagar 20.000 millones. Aun así el presupuesto real aumenta y en algunas partidas de forma desorbitada, hasta un 442%.

Cospedal es la ministra idónea para los nuevos tiempos. Ha nombrado además un nuevo jefe del Estado Mayor del Aire que, según declara, “procura tener a Dios presente en todas sus decisiones”. Ha destinado precisamente a Morenés, exministro y vinculado a empresas de armamento, como embajador en Washington aunque no pertenece a la carrera diplomática. La misma ciudad donde reside Donald Trump. La también secretaria general del PP es la persona que definió perfectamente su ideología al declarar: “Lo primero que necesita un país es seguridad. Si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad, da igual tener garantizado el subsidio de desempleo, la sanidad pública o la mejor educación“.

Lo mismo practica la actual administración estadounidense. El ya mayor presupuesto militar del mundo va a experimentar  un aumento del 10%, 54.000 millones de dólares que el magnate llegado a presidente detraerá de partidas sociales. Trump quiere “volver a ganar guerras”, dice. Trump quiere potenciar la muy lucrativa industria de la guerra. De hecho Trump pidió al PP aumentar también el gasto en defensa, y el PP lo hace. Por cumplir con el ultraconservador mandatario y, como él, por vocación.

Algo cambió cuando los Ministerios de la Guerra pasaron a llamarse Ministerios de Defensa: los eufemismos de la neolengua. Y de la propaganda y siembra de miedo que prende en los ciudadanos más indefensos mental o emocionalmente. Hasta hacerles temer más un hipotético atentado que la precariedad que mata todos los días. Los daños que ocasiona la pobreza y la injusticia son infinitamente superiores a los que causa la acción terrorista de los fanáticos. E incalculables los efectos nocivos de la demagogia. Pero la jugada actual es ésta. Algo huele inmensamente a podrido cuando se confirma la reunión para propiciar un canal secreto de contacto entre Trump y Putin y es el fundador de Blackwater quien la dirige. La empresa de mercenarios, contratada profusamente por George W. Bush, y que fue condenada por asesinato deliberado de civiles en Irak en 2007. ¿De qué seguridad y para quiénes hablan?

Conviene, pues, contrarrestar con información la propaganda de las portavocías mediáticas del PP cuando destacan un aumento del gasto social en estos presupuestos. Al margen de que sería una inversión, no un gasto. La mayor partida se la llevan las pensiones. Por el compromiso ineludible que se contrae al  pagar impuestos durante la vida laboral para disponer de un retiro. Al margen de las trampas –muy propias del personal que nos ocupa– para enmascarar que los presupuestos bajan, haciendo parecer que suben, la distribución de los fondos responde a la filosofía genuina de esta derecha.

Echen un vistazo al dinero que se dedica en verdad a educación, sanidad, cultura, ciencia, a la dependencia o la pobreza infantil y vean cuánto de sociales son los presupuestos del PP. Pagar los intereses de la Deuda Pública, incrementada a nivel de récord por Rajoy, se lleva más del 9% de los presupuestos: 32.447,7 millones. Es uno de las principales apartados y verán que no se destaca en los medios. Para la Hucha de las Pensiones (que el PP ha dejado en telarañas) van a emitir Deuda Pública. A devolver con intereses, ya saben. La pirámide fatal del endeudamiento. Y eso que Rajoy “nos ha sacado de la indigencia”.

Unos presupuestos absolutamente ideologizados, de derecha aguda y extrema. Para completar el dibujo van cero euros para la aplicación de la Ley de Memoria histórica, y un aumento de 43.000 en el presupuesto directo de la Casa del Rey, que la pobre llevaba algunos años congelada.

Y los presupuestos saldrán adelante con la colaboración de políticos tan conservadores y mercantilistas como el PP. Y  Rajoy seguirá mandado con ese equipo dotado de singular mesura, razón y capacidad intelectual. Y la corte mediática les hará la ola.

Cada vez son más los excluidos de su mundo, sin embargo. En ese limbo que no se quiere ver hay amplios sectores en los que abunda el suicidio, la droga y la muerte temprana, como contaba la economista Ann Pettifor sucede en Estados Unidos. Ocurre en lugares mucho más cercanos y va a más. Esta vez muchos votaron a Trump y similares. ¿A quién buscarán después? ¿Qué harán después

*Publicado en eldiarioes

Susana Díaz y el regreso a la España del 92

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Como si de un Fernando VII redivivo se tratase, hemos sido testigos de la peripecia que ha convertido a Susana Díaz, presidenta de Andalucía, en candidata al gobierno de España por el PSOE, si así se decidiera en primarias. De sus dudas o tiempos medidos, de las voces que corrían pregonando su advenimiento, de la entronización el domingo en Madrid haciendo gala de antiguas glorias del partido y de la unidad del aparato. Por fin, la deseada, se decidió, y la sala y la prensa oficial estalló en júbilo.

Y, sin embargo, cuesta entender dónde se encuentra el carisma de la política andaluza. Ni por su gestión, ni por los votos menguantes, ni por la enjundia de su discurso. Algunos elogios a su persona, como los de su colega aragonés Javier Lambán, le hacen un flaco favor, pero apenas logran explicar la causa de esa apuesta indubitativa por Díaz, como la salvadora del PSOE.

Susana Díaz es, sin duda, la imagen que la derecha y todo el establishment tienen de lo que debe ser el socialismo del siglo XXI. Conservadora, católica y sentimental, y colaboradora con el sistema por muchas que sean sus injusticias. El mal menor, el eterno mal menor que ha hundido a la socialdemocracia en toda Europa. No hay más que ver los resultados de Holanda, en donde –tras apoyar al gobierno de derechas– han pasado de 38 escaños a 9. El que llamaron “efecto Schulz” en Alemania, también ha enfriado las expectativas por el momento.

Lo que sí se observa es una empecinada confusión entre deseo y realidad. En todos los casos. Ignorando o queriendo ignorar los dramáticos resultados de esa ofuscación –para la sociedad, naturalmente– y sobre todo su papel en la gestación del desastre mundial que tiene a la ultraderecha en franca escalada. Un papel estelar compartido con los conservadores.

El PSOE llevaba varios años huyendo hacia adelante y ahora ha decidido huir hacia atrás. El Susanato se ha presentado como si creyera que es posible recuperar los esplendores –hoy cuestionados– de la España de 1992, simbolizada en esa Fila 0 de la proclamación. Hubo avances, desde luego, pero sin faltar esa eterna característica patria de emporcar cualquier logro.

En la España del 92 siempre parecía verano. Sevilla inauguraba la Exposición Universal como evento de proyección que traería un progreso, riqueza y empleo que no llegaron. Una espléndida fiesta lúdica en la que se invirtió cuantioso dinero público, se saldó con pérdidas, y dejó languidecer sus restos por desatención. Cuando creímos que Felipe González era socialista y los Borbones una familia moderna y feliz. Susana Díaz era, entonces, una joven adolescente que ingresaba en las filas de las Juventudes Socialistas para desarrollar toda su carrera profesional en el PSOE.

Siempre parecía verano. Como en las Olimpiadas de Barcelona, el estallido de luces en el que el clan Pujol vio la oportunidad de asentar su ingente fortuna, amasada entre comisiones y maletines viajeros. Cuánto se nos ha robado en España desde entonces. Cuánto se ha engañado a la sociedad.

Fue un año, bisiesto, en el que se conmemoraba el quinto centenario del descubrimiento de América. Entró en vigor el Tratado de Maastricht, de esta Unión Europea a la que se le escapan los países y la democracia. Desaparecida la URSS, Rusia vivía un golpe de Estado del efímero Boris Yeltsin. E Italia veía caer abatidos por las balas al juez Falcone y al fiscal anticorrupción Paolo Borsellino, en atentados perpetrados por la Mafia, la italiana.

Nosotros nos distraíamos con la consola Super Nintendo y prometíamos ser Amigos para siempre. Mientras se preparaba la  Macarena de Los del Río que fue éxito mundial al año siguiente. La España de la fiesta y el deporte estaba de moda.

En febrero, las protestas por la reconversión industrial llegaron en Murcia a la Asamblea Regional a la que, literalmente, prendieron fuego los manifestantes, pero de eso apenas nos enteramos. Al tiempo, se inauguraba el AVE –en el trayecto Madrid-Córdoba–, que ha convertido a nuestro país en el segundo del mundo en implantación, tras China.

El Papa Juan Pablo II beatificaba al español José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, e inspirador de la ley Wert de educación que este mismo martes de 2017 defendía su autor en el Congreso desplazado desde París, ciudad en la que le tenemos becado por la gracia del PP.

Los huracanes Andrew e Iniki causaban enormes daños, hoy sopla el Debbie y el presidente estadounidense Donald Trump desmantela los programas medioambientales contra el cambio climático. Son muchos los dirigentes, los países que van hacia atrás.

La España del 92 no es la de ahora, el mundo tampoco. Por mucho que así lo sueñe el bipartidismo y sus soportes. La codicia desencadenó una crisis que pagan los más débiles. A un alto precio en muchos casos. La corrupción enmaraña nuestro presente como pesadilla interminable. Susana Díaz y sus seguidores creen que todavía se puede decir, sin rubor, que es “ respetar la democracia” hacer posible el gobierno del partido más corrupto de la democracia. Demasiadas concomitancias en los oscuros sótanos. O hacer creer que no sucedió la expulsión y linchamiento del secretario general elegido en primarias, Pedro Sánchez, porque se oponía a sus planes. O que se puede seguir confundiendo el bien de la sociedad con el beneficio propio.

Desde las altas torres no llegan a saber el malestar de una gran parte de la sociedad, su desencanto, la agresividad palpable ya fruto de la impotencia, las expectativas que van cayendo. Esa España insalubre y desvergonzada que se ha ido gestando parece una condena a cadena perpetua que aplasta cuanto crece. Seguir engrasando las cerraduras parece la peor opción.

*Publicado en eldiarioes

Un país al que llamaremos H

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Hay un país en el que viven numerosos políticos y periodistas consolidados, incluso jóvenes aspirantes a entrar en el paraíso de sus mayores. En ese país la economía funciona y crece como hierba en campo fértil. Sus gestores se sienten muy orgullosos de su obra y se dan parabienes de continuo. Aseguran que cualquier cambio de rumbo supondría un experimento condenado al fracaso, un disparate. Siempre cuentan con periodistas que aplauden sus políticas y rebaten hasta el mareo de la audiencia los datos que contradicen la euforia. Y con medios que les contratan al efecto.

Es un país en el que ha aumentado la pobreza, con especial incidencia en la infantil. Un exhaustivo informe de la OCDE señala al empleo precario, la temporalidad y los sueldos bajos como causantes. Es decir, los efectos buscados por la Reforma Laboral que así troceaba y repartía los puestos de trabajo que no se llevó la crisis, aquello, esto, nunca atribuible como culpa a los ciudadanos. Son vidas de personas que no quitan el sueño a los altos mandos del clan, los ven como simples anotaciones contables. De hecho, otra noticia alerta del grave costo de la depresión en la Unión Europea: 92.000 millones al año. No de la brutal extensión de la traumatizante enfermedad, sino de lo que cuesta a las arcas de sus empleadores. Pero esos dramas ocurren fuera del ámbito de felicidad que rodea a los que mandan.

Porque ese país, el suyo, es sin lugar a dudas un Estado de Derecho donde el imperio de la Ley se cumple a rajatabla. Sin excepciones. Todos son iguales ante los sagrados mandamientos que de la forma más ecuánime se promulgan, gracias a la iniciativa del Gobierno, con la aprobación de las Cortes legislativas y el riguroso cumplimiento de los tribunales de justicia, algunos nombrados por el propio Gobierno o sus socios. Su único objetivo: lograr el bien común y el respeto a todos y cada uno de los ciudadanos, sin discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Lo de una vivienda digna para todos, sanidad y educación sin restricciones y algunos otros derechos se ha dejado un poco de lado porque cuesta dinero y hay otras prioridades a atender: sea rescatar bancos o autopistas que, con su buen hacer, terminan sosteniendo a la nación o a los que saben qué hacer con ella. Sea dar subvenciones, publicidad institucional, o meter la mano en la caja si la carne es débil y la cara muy dura. Ellos se organizan. Es de sentido común. La mayor parte de la sociedad lo entiende porque vivimos tan bien y nos compramos tantos aparatos electrónicos en cuanto aparecen en el mercado que compensa carencias, como las que cuenta la OCDE. De algunos de hecho, no de todos. Así que tampoco es mayor problema.

Una democracia consolidada en definitiva, que se respeta con pulcritud desde los más altos estamentos del Estado. Escrupulosamente sensibles al menor deseo de los ciudadanos, incluso cuando se expresa en críticas.

Tal es la armonía que los partidos que saben de esto, de su democracia, y los periodistas y medios de su círculo no tienen más remedio que plantar cara a quien llega en sus quejas al punto de querer cambiar algo. Se cogen las noticias, editoriales y lo que haga falta y se ataca y se venera, estratégicamente, para mantener el tinglado. Es ley de vida, el mal menor, siempre certero, hagamos el Sistema grande otra vez, faltaría más.

En ese país muchas personas siguen sin poder encender la luz o el fuego para cocer lo poco que brinda su despensa. A los niños los tienen masificados en el colegio, sin clases de apoyo, pagando algunos la maldad parental de insistir en llevarlos a la enseñanza pública. Algunas personas han ido suspendiendo sus tratamientos de enfermedades graves, cardíacas, desde que impusieron el copago para ahorrar. En vidas. Pero no los ven, estos se ven poco en los altos despachos y en las redacciones de élite.

En ese país se está deteniendo, encarcelando, llevando a juicio y condenando a muchas personas por protestar. O por sacar las urnas a la calle y preguntar. O por escribir tuits y cantar textos inconvenientes, o hacer teatro con marionetas. Son malos, escoria del sistema. Sí, algunos le llaman Sistema a esto.

Tampoco se trata de ser exhaustivos. No vaya a ser que no alcancemos el Nirvana, lugar en el que por lo visto se disfruta de gran confort. Claro que, en ese país, una anciana se planta ante el nigeriano emigrante que pide a la puerta del supermercado y le cuenta, pues lo normal, sus enfermedades. Y otra se va a la peluquería del chino, de esas que han puesto tantas y que peina estupendamente por 7 euros, y enebra monólogo:

— Pues yo trabajaba en el Instituto Nacional de Previsión, sabe usted.

— ….

— Oiga, le digo que si sabe usted qué era el Instituto Nacional de Previsión.

— Sí, le responde el peluquero, en una de las pocas palabras que conoce en nuestro idioma.

— Estaba en Conde de Peñalver. ¿Sabe usted dónde está Conde de Peñalver?

— Sí.

Y no le saca de ahí. Espitas de soledades y frustraciones. Siempre mejor que el anciano que aporrea el techo del coche que le ha cedido el turno en el paso de cebra, porque algo no fue de su gusto. O el joven sentado en el metro en un tintineo constante de piernas, pies y dientes. No pertenecen al club de los satisfechos aunque quizás votan para mantenerlos.

Ese país que vuelve a apalizar homosexuales porque es vital saber con quién se mete cada uno en la cama y prohibir y condenar. Ese país que sigue matando y cada vez más a las mujeres. Con saña, por derecho autoconcedido del ancestral machismo.  Ese país que lucha por volver tanto al pasado que hasta obliga a cambiar la Plaza de la Igualdad por su antiguo nombre de Divisiones azules de apoyos nazis y por ende franquistas. Ese país en el que la ultraderecha ya vuelve a respirar fuerte en clima amigo.

Ese país está en Europa, en la Unión Europea, que aprueba normas, hace reuniones, muchas reuniones, emite comunicados, insta a diferentes cosas. Y deja que la alcaldesa de Calais, Francia, del partido de Los Republicanos, el de Sarkozy y Fillon, en un estado gobernado por los socialistas de Hollande, condene, a muerte quizás, a miles de personas, dado que ha prohibido bajo sanción que nadie lleve comida a los refugiados. Como ese otro país, Hungría, que cobra 1.200 euros a los refugiados para cambiar de un campo de concentración miserable a otro algo menos miserable. Ese continente, que les deja vagar solos, sin atención, sin protección, que les deja morir solos, que les empuja a morir. Y que nos tiene en vilo no vaya a ser que nos coloque en Holanda a otro fascista.

Pues a esto le llaman Sistema, como digo. El país en el que viven los aposentados y la mayoría desconoce. O Casta o Trama, según las versiones, que es algo que enfada mucho a los que disfrutan del Sistema precisamente, y les lanza a escribir fieros artículo, de esos cargados de “presuntos” y “según ellos”.

Igual a ese país hay que llamarlo H. Mudo, sin función, a lo sumo marco para el suspiro, para el lamento. Ése que a base de aspirar en quejido da forma a la jota, la más rotunda de las letras.

*Publicado en eldiarioes

¿Y la responsabilidad de los periodistas?

La condena radical de la APM al que dio por sentado como un acoso de Podemos a los periodistas ha suscitado un apasionado debate entre los profesionales. Una especie de terapia de grupo pública con una descripción de nuestra profesión que tiene a gran parte del auditorio atónito. En algunos casos confirma sus peores presentimientos. Supimos que “la APM” –que encabeza su comunicado calificando de   “totalmente incompatible con el sistema democrático” la actitud de Podemos– se limitó en la práctica a la presidenta Victoria Prego y su mano derecha, el vicepresidente Nemesio Rodriguez López, que se basó en las acusaciones sin pruebas concretas de una decena de informadores, de los cuales no dieron nombres, y sin preguntar siquiera a los denunciados de Podemos.

 La “carnaza” estaba servida, como a propósito. A partir de ahí, volvieron a desatarse las portadas, editoriales, páginas y páginas, voces y voces, de alarmados notables. Periodistas y columnistas que se han comido con cucharón las graves presiones a muchos de sus propios compañeros en los medios, los despidos y las manipulaciones, saltan ofendidos como si hubieran nacido esa misma mañana libres de todo error. “Sin pecado original” en la gráfica versión de la Biblia.

Como a propósito. Basta contrastar la condena a Podemos, con la versallesca petición de una televisión pública independiente y profesionalizada, sin mencionar las reiteradas denuncias de manipulación, con redacciones paralelas al efecto,  constatables y verificadas, en respuesta a la petición de “medidas urgentes” requeridas por 2.225 trabajadores de RTVE. Arréglense ustedes –les instamos–. Para la APM no es “totalmente incompatible con el sistema democrático” hacer creer cada día a más de dos millones de seres que siguen los telediarios que viven en la arcadia feliz y apartar precisamente a profesionales independientes que darían una información más ajustada a la realidad.

Otros periodistas, los menos, se muestran escandalizados y destacan –en la Zona Crítica de este diario tienen numerosos y muy razonados ejemplos– la doble vara de medir que han empleado la Asociación de la Prensa de Madrid y sus palmeros en lo que es una trayectoria infame de acoso efectivo a periodistas. Iñigo Sáenz de Ugarte hizo un buen repaso de los últimos tiempos. En el pasado hubo también sus presiones, pasillos, traslados y humillaciones. Y, sin duda, quienes se plantaron a las llamadas de políticos. Jefes incluidos. Recuerdo el caso de Ramón Colom en Informe Semanal de TVE ante el Ministerio de Educación del PSOE, en una larga huelga de la Universidad, que daría para un tan lamentable como jocoso relato.

Todas estas reflexiones han aparecido estos días, lo que cuesta encontrar es una mención a la responsabilidad de los periodistas sobre lo que firman, sobre lo que firmamos. Se diría que nuestra profesión es la única que no admite crítica. Se da por hecho que las acusaciones de la APM son ciertas cuando no goza de especial prestigio. Y, por lo que voy leyendo y oyendo, se dibuja a esos “redactores de base” poco más que como un apéndice del teclado del ordenador o un disco mecánico que compone la voz para la noticia. De ser cierto ese papel, no hubieran expulsado a valiosos periodistas de El País, a Jesús Cintora de Cuatro, devuelto a Madrid a la que llamaron “polémica” corresponsal en Oriente Medio de TVE, Yolanda Álvarez, y a tantos recordados estos días que afrontaron sus informaciones.

Tienen razón quienes dicen que “ en ningún trabajo, va en el sueldo de un currante que le traten mal“. Cierto. La violencia es intolerable. Y hay relaciones que pueden llegar a rozar hasta la puerilidad por ambas partes como lo de “mirar con cara de odio” como ha dicho alguno de los denunciantes de Podemos. Pero no se puede olvidar que algunos trabajos acarrean especial responsabilidad. Y los hacemos y los avalamos al estampar la firma.

A nadie se le escapa que ha habido –y hay– artículos y titulares que mezclan información y opinión (cuando es regla del periodismo hacer una nítida diferencia). Acusaciones a miembros de Podemos que resultaron falsas. Titulares y artículos altamente sesgados. No solo contra Podemos y, dentro de la formación contra Pablo Iglesias en particular, Pedro Sánchez también sufrió durísimos rigores antes de ser defenestrado de la Secretaría General del PSOE, sin que los autores del golpe interno recibieran ni el mismo tratamiento, ni prácticamente críticas. Reparemos en las fotos editoriales de los líderes que quieren dejar en mal lugar, publicadas en sus peores tomas. Algunas veces rozan el esperpento. Esas expresiones agrias, desmejoradas. Hasta canas despeinadas pusieron a Iglesias en una portada. Pero es que ¿hace falta demostrar la deriva de buena parte de la prensa, radio y televisión en España? ¿No vemos sus manipulaciones y en definitiva su servicio al poder sin reparar en métodos? Las hemerotecas están llenas.

La firma es importante. Rubrica lo que hacemos. En los contratos mercantiles, tiene consecuencias. Hasta penales en incumplimientos. Cómo será que la propia Victoria Prego dijo en Los desayunos de RTVE que no hacía falta otro nombre que el suyo para demostrar la veracidad de los hechos. Decir Victoria Prego era suficiente. Con una encomiable autoestima para su bienestar personal, que olvida pasajes bien negros de su trayectoria. Aquel silencio en la conspiranoia emprendida por Pedro J. Ramirez en el 11M que hoy se conmemora. La propia publicación de su entrevista a Rajoy en aquella jornada de reflexión con sus “convicciones morales” sobre la autoría de ETA. O el episodio de Suárez y el referéndum a la Monarquía por citar solo algunos de los más relevantes.

Indudablemente vivimos tiempos en los que la precariedad condiciona voluntades. Esta penosa circunstancia no es ajena a haber falseado u ocultado datos que la sociedad precisaba para tomar decisiones. Ni a la banalización de los contenidos. Pero cuando firmamos algo, cuando ponemos nuestra cara, voz y palabras, estamos contando a la audiencia lo que honestamente hemos visto, lo que necesita saber. No cabe la obediencia debida. Se observa una tendencia a exonerar al periodista de los contenidos que firma, como si fuera algo al margen de las directrices de su medio y, en su  caso,  intereses políticos.

Comparémoslo con otras profesiones. Medicina, ingeniería, conducción, lo que quieran. Y apliquen el método. Por ejemplo, si vender comida adulterada ocasiona problemas, imaginen lo que provoca  la información manipulada. Tiene consecuencias. Muchas más que una gastroenteritis. Los datos de la propia APM fueron categóricos: el 75% de los periodistas dijeron sucumbir a la presión de los jefes, y más del 75% se autocensura, es decir no informa de lo que en conciencia cree debería informar.  La audiencia no tiene la culpa.

En absoluto, digo sea el caso de los denunciantes dado que ni sabemos quiénes son, pero el hecho existe y es muy grave. ¿Estamos seguros, en esas condiciones, de que cumplen el servicio público a la sociedad que es nuestra misión? ¿La denuncia de la APM y de todos nosotros no debe ser la de saber y acabar con esa situación? ¿No es esto lo realmente “incompatible con el sistema democrático”? Nuestra vida puede ser muy triste, pero más lo es la de quienes sufren las consecuencias de una información con “verdades alternativas”. Es como poner los pies en un pantano cuando te han dicho que la explanada era de cemento.

*Publicado en eldiarioes

11M, aquella aguas turbulentas

Marzo de 2004. Cuatro días infinitos. Madrid es el corazón del mundo. Desde el último confín se sobrecogen con nuestra tragedia. A partir de la terrible madrugada del jueves 11, hemos estado pendientes de cada detalle. Sangre, muerte, dolor, llanto, gritos, solidaridad absoluta. Imágenes para saturar la emoción. Uno tapa al otro con una cazadora, el que puede andar arrastra a quien no logra hacerlo. Empezamos a ver duras escenas de orfandad tan densa y enorme que se convierte en universal. Los rostros inolvidables de quienes se quedan para soportar el vacío agudo de la ausencia sin retorno. Tras volcarse en ayudar sin miedo a nada, los ciudadanos han regresado a sus casas y la ciudad se sume en el silencio. Luego, el grito sordo de condena de más de 11 millones de personas en un viernes que llueve por toda la eternidad.

Portadas prensa internacional. De mi libro 11M-14M, onda expansiva (2004)

¿Quién ha sido? ¿Por qué tuvo que mezclarse la sospecha de la trampa en tan inmenso dolor, en tan firme resolución de condena? El domingo hay elecciones. Las encuestas dan ganador al Partido Popular que presenta a Mariano Rajoy. Perderá, frente a José Luis Rodríguez Zapatero. Por la ostentosa política de ocultación de la autoría de los atentados que ha desarrollado. Esa inusitada rapidez en atribuirlos a ETA descartando toda duda, ese empecinamiento. Por manipular hasta forzar condenas a ETA en la ONU de las que la ONU se arrepiente porque jamás había obrado con tal precipitación y sin pruebas contundentes. Lo dicen los medios extranjeros.

La portada de Libération al día siguiente de las elecciones no pudo ser más expresiva: “El precio de la mentira”, sobre Aznar votando. En Le Monde, el presidente saliente de España apareció dos veces con nariz de Pinocho.

New YorK Times escribe: “Al parecer, Al Qaeda ha conseguido derribar a su primer gobierno democrático. Por supuesto ha estado ayudado por la actitud furtiva, asustadiza e inepta con la que el gobierno de Aznar ha manejado la investigación de los atentados del pasado jueves. En el desesperado intento por mostrar que el terrorismo vasco de ETA era el responsable, ofendió a muchos votantes que se sintieron manipulados”.

El Financial Times británico tituló un artículo el 26 de Marzo: “Un día en la historia de la infamia”.  En él afirmaba que el Gobierno de Aznar puso en riesgo a Europa por retener información e insistir en la falsa autoría de ETA.

Nunca nos habíamos visto los españoles tan observados, tan analizadas nuestras actitudes. En un flujo de cuerpo único, España también irradiará hacia el resto de los países los matices y controversias del momento en que vivíamos. Reciente la invasión de Irak, políticas conservadoras, neoliberales y belicistas tras los atentados del 11S. Las extrapolaciones hacia Europa y EEUU de lo ocurrido en España no se cumplieron: nada se movió. En lo político no, pero el islamismo  terrorista sí golpearía Londres un año después.

Sobre los cadáveres y heridos del 11M, sobre el inmenso dolor de un pueblo, la eterna derecha española demostró que en su ideario solo figura gobernar o maniobrar para seguir gobernando. Es entonces cuando se inicia la etapa dura de la manipulación mediática llegada al extremo en nuestros días. Barra libre, todo vale. Un presidente de gobierno –José Mª Aznar- que cambia titulares de grandes y sólidos medios –como lo era entonces El País-. La ignominia de El Mundo inventando una conspiranoia como medio de influencia y lucro. Impunemente.  Una encarnizada batalla mediática sobre quién tiene la culpa… de la derrota del Partido Popular, según parece a la postre. Curiosamente, La Razón, sobria, todavía no ha entrado en el terreno del ridículo al que le ha llevado su director desde 2008. La SER –tan denostada por la propaganda conservadora- brinda informaciones esenciales. Contra los intentos de desactivarlas. Aquellos días se vivió una auténtica lucha por la información.

Es entonces también cuando al Cuarto Poder le sale un vástago que hoy crece vigoroso. Como en los viejos tiempos, hemos tenido que informarnos fuera de nuestras fronteras, pero dentro existe ya el periodismo de Internet. Un blog que he descubierto poco tiempo atrás –Escolar.net- está contando otra cosa diferente a los medios oficiales y enfoca lo que interesa. Y radiocable.com. Por allí también anda guerraeterna.com.  E Iblnews que, al contrario de los otros, no tardaría en perder el pulso.

La gente también ha tomado las riendas. Enorme coraje y sensatez en todo el convulso drama. Dimos ejemplo al mundo de valentía y solidaridad, como fue ampliamente resaltado. Gran pueblo cuando se le necesita y pierde la abulia y el miedo. Modélico, frente a la bajeza del gobierno y algunos medios.

Como cada semana, un periódico nacional ofrecía a sus lectores el domingo 14 de Marzo un compacto. Aquél, era el viejo disco de Simon & Garfunkel, “Puente sobre aguas turbulentas”. Su letra, escrita desde cualquier tiempo y lugar, nos confirma que, por mucha que sea la desolación, por mucho que encenaguen todos los presentes, siempre hay una vía para salir… un puente que se despliega, hasta con tintes de consuelo, abriendo el horizonte.

*Publicado en eldiario.es el 11 de Marzo de 2014

*También incluimos el capítulo de mi libro 11M-14M, onda expansiva, sobre la insólita jornada de reflexión del 13M. Me limité a ir anotando sin mayores aditamentos, es decir, una crónica. Creo que es muy revelador hoy.

*Este artículo lo publiqué en el blog el año pasado. Y cada año tiene su vigencia en la comparación del presente con cuanto nos ha sucedido.

 

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