El cordón sanitario al fascismo ¿se debilita?

La reacción de Angela Merkel fue inmediata y contundente: en apenas 24 horas el recién elegido presidente del land alemán de Turingia se vio obligado a dimitir. El liberal Thomas Kemmerich (FDP) aceptó los votos de la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) que sumó a los de la CDU de Merkel. La canciller no lo ha consentido. Era la primera vez que se rompía el cordón sanitario impuesto a los neonazis en el país que mejor los conoce. Supuso tal conmoción que miles de personas protestaron en las calles desde Hamburgo a Munich. Fue “un mal día para la democracia”, “imperdonable” dijo Merkel en Sudáfrica, donde se encontraba. Y desde allí solventó con energía el asunto. Un día después, la prestigiosa revista Spiegel habla de un golpe que ha afectado a la credibilidad del sistema democrático. “Incluso si el fantasma ha terminado por el momento, el daño sigue siendo inmenso”, dice.

Alemania ha superado el primer ataque. El cordón sanitario al fascismo parece debilitarse, pero a la vez refuerza su defensa como reacción. Otros países como España, lejos de combatirlo, le abren la puerta de par en par. Urge reconocer los síntomas de esta enfermedad invasora. Hay males, tanto en la salud humana como en el cuerpo social, que han de ser encapsulados o erradicados para evitar su expansión. El fascismo es uno de los más peligrosos. La propaganda de los emisores y la ignorancia o mala fe de los receptores lo intentan dulcificar minimizando sus daños, más aún: contando supuestas bondades.

Llámenle con el nombre que quieran, ultraderecha, fascismo nuevo o del de siempre, pero es la única ideología que propugna la desigualdad, la superioridad de unos seres humanos sobre otros en razón de su raza, sexo, procedencia, nivel económico o creencias. Es decir, combate cuanto representan los Derechos Humanos -según su Declaración Universal- y las Constituciones democráticas. Como ya ocurriera con el nazismo en la Alemania de Hitler, se vale de mentiras para subvertir la democracia en un período inicial y pasar a medidas más drásticas una vez implantado.

Vuelve a ser hora apremiante, por tanto, de romper presuntas analogías interesadas. De recordar una vez más que otros sistemas han podido desarrollarse con errores, pero ninguno ataca los cimientos fundamentales de la convivencia. No es lo mismo propugnar la igualdad que la desigualdad, partiendo ya del primer estadio ideológico. El fascismo desató la II Guerra Mundial. Vencido, por fortuna, mucho esfuerzo y mucha sangre, por los países aliados. Fue el ejército soviético quien liberó los campos de la muerte y la ignominia. Angela Merkel, la canciller criada en la Alemania comunista, con toda amplitud de conocimiento, teme y rechaza el fascismo en este sistema único que se está despeñando a la derecha.

La ultraderecha española, tanto como la derecha de toda la vida, es hija del franquismo y cuenta con las mismas anomalías antidemocráticas. Por supuesto que, dentro del Partido Popular, hay demócratas que bien caro pagaron en ocasiones esta apuesta, por eso cuesta creer que acepten la deriva impuesta al PP por Pablo Casado, pupilo fabricado por un Aznar reconcomido en la soberbia y el odio. Viene de lejos, sin duda. El PP está tiznado por fuertes cargas de la basura de la corrupción y el cinismo, pero la democracia debe ser más exigente. Lo que Merkel, su correligionaria sobre el papel, ha rechazado con la mayor contundencia es lo que el PP ha aprobado y sostiene en Andalucía, Madrid o Murcia. Ciudadanos, apéndice sin gas del PP, es ya la irrelevancia.

PP y Cs, desde el ayuntamiento de Zaragoza, aquejado del mismo mal, ha ordenado impedir la presentación del libro de Miguel Urban, europarlamentario de Podemos, “La emergencia de Vox”. Según cuenta el periodista Eduardo Bayona, lo encuentran “discriminatorio para el partido ultraderechista al que han convertido en su socio de referencia”.

En España, el fascismo-franquismo fue un cáncer expandido en metástasis que mantiene graves secuelas en la sociedad. Llámenle como quieran, ya digo; derecha antidemocrática y corrupta, si prefieren. Abarca pilares fundamentales del Estado, desde la justicia a los medios de comunicación. Las batallas individuales que vemos son muy meritorias, pero la decisiva para vencer este tipo de enfermedades degenerativas se libra en la lucha de las células sanas contra las malignas. Y el éxito precisa de medios racionales de ataque y voluntad de curación.

La libertad de expresión o de acción, no puede incluir la libertad de extorsión y de infección. Se precisarían filtros democráticos para evitar anomalías tan graves como presenta la ultraderecha. Si han enraizado ya, exige actuar sobre las piezas afectadas. No son tolerables tramas policiales –y políticas, en consecuencia- como las cloacas del Estado que impulsó el PP para tapar su sucia caja B. Ni retorcimientos judiciales como todavía se dan ahora mismo. Con Catalunya en el punto de mira, el caso del abogado Gonzalo Boye es de primero de venganza y abuso de poder, como voz para acallar por cualquier método. Sigue siendo imprescindible atajar la desinformación con información. Desde los medios públicos y revisando subvenciones encubiertas como las que se dan a la Conferencia Episcopal para defender cada día a la ultraderecha incluso y faltando a la verdad.

Imprescindible que el Gobierno no se amilane por la guerra turbia. Ni Torra, ni Catalunya, ni el feminismo, ni Venezuela son los problemas de la sociedad española. No lo es este Ejecutivo en sí. No pidan perdón. “Este Gobierno no necesita recibir un certificado de buena conducta de la ultraderecha, la patronal y el episcopado…” escribía hace unos días el periodista de toda solvencia Javier Valenzuela.

El cordón sanitario se ha roto en varios países, si alguna vez lo establecieron. Los Estados Unidos de Trump están ya invadidos. Se ríe el encausado de las tragaderas de su partido, el Republicano, en el impeachment. Y de la torpeza manifiesta de los Demócratas en su primera selección electoral en Iowa. Bolsonaro ya destruye la democracia, la cultura con listas de libros “inadecuados“, y cuanta razón encuentra a su paso en Brasil. Atentos, si quieren Venezuela, al pastel que Trump y toda la derecha insisten en preparar con Guaidó.

Por el contrario otros países lo mantienen o lo implantan de alguna manera. Suecia  estuvo 5 meses sin gobierno en 2018  antes que pactar con la ultraderecha. Aquí, por primera vez en mucho tiempo, el gobierno de España parece contar con el deseo y el poder para atajar algunos de nuestros males más perniciosos. Lo ha querido así la mayoría de los españoles, contra los vendavales del odio y el daño. Y lo ha hecho a través de su mayoría parlamentaria no permitiendo que Vox presida ninguna comisión, ni que sus diputados formen parte siquiera de ellas. 132 cargos quedan fuera de su alcance por acuerdos legítimos entre demócratas. Le ha aplicado el cordón sanitario. El PP quería negociar con Vox vicepresidencias pero, según se quejan, sus socios prefieren sacar rédito electoral de su “aislamiento”. Los demócratas también tomarán nota de la medida sanitaria en futuras elecciones.

No es fácil. Hay que resistir, luchar y cambiar. Hacer ver a la buena gente la necesidad de un cordón sanitario siquiera en su mente. Decenas de ejemplos, libros y películas nos muestran con hechos reales la profunda degradación a la que puede llegar una sociedad tomada por el fascismo. El estadio final de una barbarie que se va tejiendo con las cazas de brujas de todos los tiempos. Con injustas persecuciones toleradas. Con todas sus luces y sombras -no probadas-, Kirk Douglas rescató del injusto castigo de silencio al guionista Dalton Trumbo. Para escribir y ser Espartaco. La voz del esclavo rebelde, de cuantos gritaron con él, pervive.

Para no llegar a extremos indeseados, es mejor prevenir. El cordón sanitario preventivo puede, evitando la extensión de males devastadores, lograr una sociedad que viva en salud. Es arriesgado bajar la guardia.

El PP, la Monarquía, los medios y los vicios añadidos

Los problemas cuya solución no se aborda, se enquistan. Más aún, crean moho, nuevos vicios. Entramos en la semana conociendo, confirmando, que el PP de Rajoy utilizó 500.000 euros de los fondos reservados, fondos de dinero público, no solo para sus fines privados sino para encubrir su caja B. Ha sido al abrir los cajones del Ministerio del Interior. Jorge Fernández Díaz destinó esa cantidad entre 2013 y 2015 a la llamada “policía política”, para espiar a Bárcenas, asaltar su domicilio, y destruir pruebas que comprometieran al PP. Esa cloaca que también se utilizó para fabricar dossieres falsos contra quienes el PP consideraba sus enemigos. La información, acreditada en el ministerio, pone los pelos de punta de no ser porque la gente decente los tiene ya como escarpias por cuanto se conoce de esta pocilga que ha venido enturbiando el Estado de Derecho.

Conocido esto, ¿cabe imaginar que sean éstas las portadas del día?

Portadas del inicio de legislatura
Portadas del inicio de legislatura

¿Y que por la noche TVE ofreciera lo que llamó una entrevista al líder del PP, Pablo Casado, dentro del Telediario y en prime time sin hacer la mínima alusión al tema? Ni a ése ni a ninguno que comprometiera al Partido Popular, que volvió a hacer un paseo triunfal de la mano de Carlos Franganillo. Todos los asuntos en los que el PP se siente cómodo, todas las promociones de su programa, todas las falsedades demostrables de su gestión de gobierno, todas las acusaciones sin pruebas no merecieron ni una repregunta. Ni el Alfredo Urdaci de TVE –antes fue otra cosa- lo hubiera hecho más de su gusto.

Lo preocupante es que se ha dado por bueno, sin siquiera llamar la atención. Una parte de la sociedad ha entrado ya al trapo de cómo la educan cuando se deja. A modo tertulia, a modo espectáculo. Salta “el otro” con verdad o con las mentiras del manual. Tenemos un grave problema con estos vicios adquiridos. “Al otro”, a Pedro Sánchez, al menos le preguntaron –si me refiero a la entrevista de TVE en similar formato- por la idoneidad de la ministra Dolores Delgado para el puesto de Fiscal General. Claro que en la mesa estaba también Ana Blanco en aquel caso.

El periodismo no es fútbol. Cada entrevista es un reto per se y en interés de la audiencia. Debe buscar las respuestas a los temas candentes que interesa conocer a la sociedad y no el lucimiento del entrevistado en lo que le interesa contar. Y si un buen número de los medios tradicionales tienen esa tendencia a ser portavocías del PP –cuando no de la extrema derecha oficial- la televisión pública debería marcar la diferencia a favor del rigor en la información. Por el bien de la sociedad.

El mal es más profundo de lo que parece. Ya no es siquiera la diatriba partidista –por cierto, que ya no es bipartidista precisamente-, hemos entrado en una banalidad realmente dañina. La sesión que abría la legislatura nos aportó otra evidencia de los vicios adquiridos. Ya no sé cuántas veces aplaudieron los diputados al rey, pero debieron ser 10, 20, 30 o 40 las que no lo hicieron algunos. Las contradicciones se resaltan de forma significativamente selectiva pero, por encima de todo, priorizar el aplaudímetro y el saludómetro al inicio de una legislatura que, además, por primera vez en décadas, cuenta con un gobierno de coalición y progresista es desviar demasiado el interés.

Los Reyes presiden el inicio de la legislatura
Los Reyes presiden el inicio de la legislatura

Felipe de Borbón, Jefe del Estado español, rey por herencia, no puede ser tratado como un monarca medieval y menos aún como una deidad griega en función de gestos. Dejemos ya, por cierto, los pódiums en altura. Es el jefe de un Estado social y democrático del siglo XXI, trátenlo como tal.

El desbarre llegó al límite cuando múltiples medios, no solo uno, afearon a Pablo Echenique que no aplaudiera o no estrechara la mano a la Familia Real o de alguno de sus miembros. No puede. Las limitaciones de su minusvalía física se lo impiden, desee o no aplaudir y saludar de esa forma. Dados sus elogios al discurso del rey, no parece se hubiera negado, de contar con esa capacidad. A ver si es posible que la presencia destacada de Echenique en el Congreso ayude a visibilizar los problemas a los que se enfrenten miles de personas con hándicaps físicos -o mentales si fuera el caso- en su vida cotidiana.

Todas estas anomalías -en aumento- desplazan el foco informativo, el foco de la vida social. Tergiversan hechos para configurar una realidad distorsionada. La entrevista a Pablo Casado en TVE haría creer a mucha gente que los problemas de España se resumen en su irreal uniformidad y los presuntos socios de un gobierno sobre el que se vierten graves acusaciones indemostradas. A Pablo Casado y al resto de la derecha le interesa demonizar a los partidos nacionalistas que prestaron su voto a la investidura de Sánchez, cuando el PP ha configurado gobiernos locales gracias, imprescindiblemente, a la ultraderecha. Y practican políticas inspiradas por Vox. De repente se acuerdan de vetos parentales o del feminismo a pisotear. Cada cual elija su escala de valores.

Los 500.000 euros de dinero público usados por el PP para tapar de su caja B. Su propia caja B. La Junta Electoral Central, convertida últimamente en la máxima autoridad judicial del Estado español y de Europa a tenor de los hechos, que no sanciona al PP por mandar “millones de SMS” en campaña electoral, cuando ha logrado condenar a Quim Torra por no quitar una pancarta con un lazo amarillo. El secretario general de Vox jugando a matar terroristas con un fusil de asalto auténtico en una instalación militar. Las tramas financieras, comisario Villarejo de por medio, con las que convive este país sin inmutarse. Elijan la importancia de los hechos para la vida de cada uno y de la propia sociedad. Porque tiene trascendencia esa opción.

Personalmente, empieza a preocuparme que la crítica –necesaria, imprescindible- a estos vicios tan altamente contaminantes sean tomadas como una enmienda a la totalidad. Del periodismo y de la política. Y ya está sucediendo en esa educación para el espectáculo del todo o nada, los tuyos y los míos. Los héroes y villanos, los villanos solo ya con los que tiñen a todo el periodismo y a toda la política. Tomar el rábano por las hojas desmantela las evidencias razonadas. Hay un abismo de rigor entre las crónicas cortesanas de la sesión de apertura de la legislatura, y publicar los SMS por los que supimos del compi-yogui real tan afectado por trapicheos de enorme entidad. O la colección de regalos que se reciben en Palacio a los que hay que mirar el diente, en otro gran trabajo de Raquel Ejerique, como los hay de tantos y tantos periodistas y políticos.

Esperemos que los vicios adquiridos no sepulten el rigor y la honestidad que en el fondo es lo que más importa.

 

 

*Publicado en eldiarioes

Carta de amor al Reino Unido

Hubo un tiempo en el que Europa era otro mundo diferente al nuestro. España se había consagrado –por imposición de sus dirigentes– en una, grande, sometida, cautiva, aislada, católica, machista, represora, pobre de mente y de bienes bien repartidos. Aunque había otra, siempre la hubo, la hay y la habrá. Para la mayoría de la población –que apenas viajaba como ahora– fue la televisión la que nos abrió la ventana a otros lugares. No era una caja tonta, aunque así la llamaran, todo lo contrario. La televisión nos hizo ver, verlo, casi tocarlo –Internet estaba en el limbo– otras culturas y paisajes, otras forma de vivir. Por supuesto que ya habían llegado a España “las suecas” a abrir ojos y deseos. Los emigrantes españoles iban y volvían y contaban. Y definitivamente la libertad demostró ser, una vez más, un motor irrefrenable.

Algo supimos de los franceses que anduvieron buscando la imaginación bajo los adoquines del aburrimiento. La música italiana entró en cuña entre los pasodobles, las coplas y el Dúo Dinámico, en el imaginario popular al menos. Pero lo más moderno era la música anglosajona y el modo de vivir en Inglaterra. Algunos nos enamoramos del Londres que rompía moldes. Cuatro melenudos de Liverpool –melenudos porque les llegaba el pelo apenas por debajo de las orejas– revolucionaron la música pop. Avanzábamos por los días cantando las canciones de los Beatles, los Rolling Stones nos lanzaron a bailar con ganas y sin ellas, get o no get satisfaction y junto a todos los demás –los Kinks, Spencer David Group, los Who, Pink Floyd, Queen– nos internacionalizaron en la música para siempre. Muchos jóvenes de los 70 en España éramos british de corazón, sin dejar de adorar algunos las vanguardias francesas. La Inglaterra toda heredera del Oliver Twist de Dickens y también de Guillermo el Travieso con sus múltiples aventuras que narraba la escritora Richmal Crompton; Las cumbres borrascosas y la Jane Eyre de las hermanas Emily y Charlotte Brontë llenas de alma de mujer. La anticipatoria y crítica aportación de las novelas distópicas de Adouls Huxley y George Orwell.

Y el cine, y las series. Es inabarcable la espléndida aportación británica al séptimo arte. Desde las Women in Love de Ken Russell, de exhibición impensable en España entonces a un universo plagado de ideas. De mitos como El tercer hombre de Graham Greene, La huella de Mankiewicz, Lawrence de Arabia de David Lean, Barry Lindon, la Naranja mecánica y toda la obra de Kubrick, la que Hitchcock realizó en su país, la de Ken Loach, por situar tres hitos de un arco de brillantez espectacular. Los Arriba y abajo de las clases sociales. Series como Yo Claudio. Las películas históricas, diseccionando la raíces de la vieja Inglaterra. Personajes como el James Bond de Ian Fleming o Sherlock Holmes o Harry Potter. La base literaria de sus guiones en múltiples ocasiones. Su forma de lograr desde la tópica flema británica, describir las emociones en el cine como pocos. O dando geniales éxitos de taquilla como aquel rompedor Full Monty de los desempleados que buscan medios con un striptease irrepetible. O La Vida de Bryan con los Monty Phyton. O Love actually para sonreír cada navidad. Punto y aparte los documentales que en buena medida ha venido produciendo la BBC.

Londres 1973 archivo personal Rosa María Artal
Londres 1973 archivo Rosa María Artal

Londres termina por abrirse paso contra la rienda corta de los padres, como viaje iniciático, y enseña a tomar decisiones de calado sin teléfono móvil al que consultar, a perseguir horizontes –los de la mente sobre todo– en una búsqueda que no se cerraría nunca. Numerosos españoles trabajando de “au pair” –niñera bajo el eufemismo de sirvienta para todo–, Kellys o camareros para pagar manutención y estudios. Las mujeres, por supuesto, abrazamos la minifalda que inventó Mary Quant, la moda liberadora que, entonces, empujaba con fuerza desde Londres. Miramos a la izquierda antes que a la derecha para cruzar las calles, comprobamos que eran reales las cabinas rojas de teléfonos, los autobuses de dos pisos y los enormes taxis negros. Los chelines y los peniques. El té, los quesos, las mermeladas. Adoptamos los pantagruélicos desayunos para poder caminar largas horas en busca del Big Ben y el Támesis, las Casas del Parlamento, los Museos y Galerías, el mercadillo mítico de Portobello, las calles de casas bajas, Hyde Park y todos los parques, los pubs de luz tenue y música, siempre música.

Los pubs donde alguna vez, más de una, decir que eras española equivalía a recibir alguna imprecación despreciativa por llevar soportado cuarenta años a un dictador. Encima, bronca. Tanto era así, que el Reino Unido sí pertenecía al club europeo y España no, no le darían acceso hasta 1986. Con Portugal, hermana hasta en eso.

Lo cierto es que el Reino Unido había entrado en el precedente de la UE en 1973, tras 17 años de dar largas. Siempre hubo fricciones. Hasta en el decisorio Maastricht marcaron su impronta. Ahora ellos, el Reino Unido, se van de la Unión Europea. Son distintos y siempre han querido serlo, insulares natos, sin dejar de aportar su impresionante e impagable cultura a lo europeo. Aunque creo les han influido para el Brexit otras variables menos idílicas: nacionalismo populista, mentiras, exageraciones. Mucho más homogéneas con el mundo que rechazan, y no con su mejor parte. Pero hay que aceptar que cada cual acierta o se equivoca como le parece, y tiene derecho a decidir. Y revisar la deriva de la Unión Europa que ve marcharse a su primer miembro por los agujeros del barco común.

Este adiós oficial, la firma de la separación, revive recuerdos profundos de los buenos tiempos. Desde aquel primer viaje que tanto cambió mi percepción de la vida que quería cuando todos los caminos son posibles, hasta los encuentros en distintas situaciones. Como periodista, testigo de la historia una vez más, vi desmoronarse algunos logros sociales que atesoraba Gran Bretaña. Un Servicio Nacional de Salud envidiable que se fue desangrando o la desintegración de los poderosos Trade Unions, los sindicatos. Margaret Thatcher, la mano de hierro de los destrozos neoliberales –tan aplaudidos cuando accedió al cargo–, está en el origen de grandes descontentos que no lograron superar. Varios reportajes, palpados en la calle, muy de cerca, marcaron el reinado, caída y fin estrepitoso –según pude apreciar– de la Thatcher, que no de su huella ideológica. El descontento desinformado no pone el foco en quienes lo enturbian.

Paso por la corresponsalía de TVE más adelante para tratar los temas grandes y pequeños y vivir el trasiego cotidiano. Los barrios pobres, los barrios ricos. Los coletazos de una historia que, como todas las que se enfangan en sangre, cuesta superar, aunque se logra; sí, se logra. Lo profundo y lo frívolo. El papel de Londres en la política internacional. Las subastas donde se vende a buen precio una tostada mordida por John Lennon. 1.200 libras (unas 220.000 pesetas de 1991, 1.300 euros) por un pan seco con mitomanía. Las ardillas en los parques. La pasión por las antigüedades. La pompa y circunstancia alternando con la ropa de segunda mano y la vida de estreno.

Emocionalmente, Londres duele si se aleja, como el lugar que fue impulso donde crecer y ver brotar las alas: el escenario casual a través del tiempo de quebrantos y renacimientos personales. El destino a mostrar al hijo apenas entrado en la adolescencia al que fascinan los monumentos que ya ha visto cien veces en la televisión, pero no los ha pisado y tocado. El Museo de Ciencias Naturales. La tienda de juguetes más grande el mundo, dicen, Hamleys, como el culmen de los deseos de esa edad. Los escenarios que más tarde recorrerá también por sí mismo.

Cambió mucho. Inglaterra, Londres. Se llenó de emigrantes en trasiego por ese mundo que nos prometen sin fronteras y las tiene. Y les sacudió el odio, como en tantos otros lugares. La barra de pan no alcanza para todos, si unos pocos se llevan en una tajada la mitad. La BBC, el mito de la independencia y la calidad en televisión pública, en televisión, está en el punto de mira del gobierno conservador. De este y los anteriores. Y veo que el número 1 en las listas de éxitos es una espantosa canción de Eminem, llamada Godzilla. Nunca fue lo mismo la música y el top ten, bien es verdad. Sus series y su cine siguen siendo punteros. Hasta desmenuzar, por elegir una película, al Wiston Churchill que, de solución indeseada, termina estando a la altura de las circunstancias ante la guerra desatada por el fascismo. “Nunca vamos a rendirnos”. Cuánto que aprender en estos momentos.

En Hyde Park Corner era costumbre ver a oradores improvisados, los domingos por la mañana. Parque con vocación universal, un 30 de julio de 1991 acogió un concierto de Luciano Pavarotti al aire libre y gratis para quien quisiera ir. Lo rodamos desde la corresponsalía para Informe Semanal de TVE. A pie de escenario y andando entre un auditorio casi inabarcable. Un programa de éxito asegurado, con la TraviataNabucco, canciones populares napolitanas como Oh, sole mío. Con sonrisa italiana, un Pavarotti pletórico le dedica a Lady Di Donna non vidi mai. Está lloviendo y al poco diluvia. Nadie se mueve y el concierto acaba con el aria favorita de los ingleses, según cuentan los medios, Nessum Dorma de Turandot, de Puccini. Una multitud silenciosa hasta entonces hacía los coros, al alba vinceró. Para muchos, era su primera aproximación a ópera en directo; otros, acostumbrados a oropeles, bajaron al césped de Hyde Park ahogado de lluvia y emoción.

Recuerdos preciosos –en su más puro sentido– del país que se va pero sigue estando. Como nosotros que llegamos más tarde a Europa. Nos hemos tejido juntos. Nunca lo olvidaremos.

 

Publicado en eldiarioes

El dedo roto de la información

Siempre me ha resultado muy descriptiva la metáfora del dedo roto. Toca el hombro y siente dolor, toca la pierna e igual, cuanto toca le duele porque es el dedo el origen. Gran parte de nuestras incertidumbres proceden del dedo roto de la información que ha tronchado a esa parte de la sociedad que suele dejarse llevar sin dar ni media vuelta a lo que le insuflan. En el mundo cambiante de hoy -vigilados, espiados, controlados casi imperceptiblemente- adquiere proporciones inquietantes. La buena noticia es que los dedos fracturados curan, la desinformación puede revertirse con información y la idiocia social, con compromiso por el bien común.

Estos días están trazando el círculo rotundo que lo muestra. Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros cobraron durante 8 meses sueldos de miembros del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, una organización considerada terrorista por EEUU hasta que se produjo un cierto cambio en las percepciones de la Casa Blanca, informa El País. Vox se fundó en 2013 ya con un millón de euros del CNRI, según la información que desde hace meses sigue este periódico. Le fueron ingresados el 17 de diciembre de ese año, el día que se inscribió en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior. Son informaciones documentadas y contrastadas. Y, sin embargo, los programas río de la mañana, tan atentos a la última hora para comentarla, centraban su interés en críticas al Gobierno, como Carlos Alsina (Onda Cero) o a Torra, Carlos Herrera (COPE). En papel, El Mundo seguía con su aquelarre contra Podemos y sus nunca probadas –por la justicia, incluido el Tribunal Supremo- financiaciones de Venezuela y Bolivia. Están en campaña, la que les funciona con una audiencia acrítica hasta el atontamiento. Si germina el “todos lo hacen”, aunque sea falso, en las conciencias laxas ya les sirve.

Las tertulias espumaban hiel con Venezuela, otra vez Venezuela, per se y obviando de nuevo la situación en Chile y el informe demoledor de la Misión canadiense de los DDHH en Chile. Tras 100 días de conflicto, “Ninguna recomendación de la ONU ha sido cumplida“. Con un sobrecogedor balance de víctimas: 2.000 heridos de bala y 158 querellas por violencia sexual. De Arabia Saudí u otros países “amigos” del poder ya ni hablamos. La UE no les sanciona y prohíbe la entrada ni siquiera cuando descuartizan a periodistas críticos.

Pues así es todo. Si son capaces de manipular temas tan evidentes y significativos, que no harán, hacen, con los asuntos aparentemente menores de cada día. Lo peor es que son los que terminan afectando a la salud, la educación, la prosperidad, la vida de las personas.

Millones de ciudadanos, a tenor de las audiencias de la radio y la televisión sobre todo, se tragan la desinformación que les sirven. Sin hacerse una mínima reflexión.

Titular equívoco del periódico La Razón
Titular equívoco del periódico La Razón

 Si lo quieren creer ya nada más les importa. Cuando La Razón de Francisco Marhuenda, el sempiterno tertuliano, abre portada diciendo “La número dos de Maduro será la interlocutora de Iglesias en la ONU” ¿no les resulta siquiera extraño que se encargue la Agenda 2030 a dos políticos sean cuales sean? La realidad es que la Agenda 2030 fue aprobada por todos los países, salvo el Vaticano, que forman parte de la ONU, por 193. Trabaja por 17 objetivos y 169 metas que se distribuyen entre todos los participantes.

Según el último barómetro del CIS casi la mitad de la población, el 44%, no tiene siquiera una cuenta en redes sociales. Imaginen de dónde se informan, en el caso de hacerlo. Es de suponer que por medios convencionales, partiendo de una curiosidad mínima o nula por los avances de la tecnología de la comunicación.

Y sin embargo hay quienes van por la vida sin herirse con el dedo roto de la información. El 75 aniversario de la liberación de Auschwitz nos ha vuelto a situar ante el espejo de hoy. El símbolo trágico de los campos de concentración fue levantado por el nazismo, variante del fascismo, de la ultraderecha extrema, que torturó y mató a millones de víctimas. Ya no se recuerda que lo liberó el ejército soviético, aliado entonces de las potencias occidentales que luchaban contra el genocidio lanzado por Hitler desde Alemania. La historia da todas las vueltas que se quiere, pero es como es. Y no debe olvidar quién inicia las guerras, la mundial y la de España, puestos a mirar. Es realmente soez que se equipare a la izquierda de hoy con la ultraderecha de hoy y de siempre. Más aún, que la musa política de la lengua suelta, Isabel Díaz Ayuso, anuncie males infinitos a través del gobierno progresista, cuando es presidenta de Madrid gracias a Vox.

En la Italia que lanzó el fascismo que pugna por volver a dirigir el país, ha habido una reacción que abre la esperanza. La región de Emilia-Romaña ha parado los pies a Matteo Salvini por 8 puntos. Lo ha hecho la gestión eficaz del gobierno regional de izquierda y el movimiento de las Sardinas, combatientes del fascismo que llenó las plazas cantando el Bella Ciao, tradicional canto de combate en Italia desde la Segunda Guerra mundial. No la canción de una serie estupenda como piensan los afectados por el dedo roto de la información. Salvini apostó por ese triunfo para propulsarse al gobierno de Roma. Fue de puerta en puerta pidiendo el voto, malmetiendo contra los emigrantes y cuanto combate la extrema derecha. Pero tuvo más peso la realidad y el antifascismo. Fue en Emila-Romaña donde nació Mussolini, donde Bertolucci rodó la película Novecento, como cuenta Enric Juliana en esta excelente columna. Allí saben de qué les hablan y qué se juegan.

En España también, tanto o más, porque a la guerra le siguieron cuarenta años de dictadura con propina e impunidad. Es casi una proeza tener un gobierno progresista que resiste a los feroces ataques de otra derecha extrema apoyada por sucias estrategias mediáticas. Lo tenemos, una mayoría suficiente lo apoyó. A veces parece que lo olvidamos.

Son batallas ganadas, a mantener. Como en Italia, como en otros lugares, la guerra se libra cada día. Cada persona decide cuando le duele un hombro, una pierna, el contenido de un bulo que le encabrita, los agravios que no analiza, y no repara en el dedo roto de la información que los señala. A veces la solución es tan sencilla como evitar darse golpes contra la desinformación.

 

}Publicado en eldiarioes

La ultraderecha marca y controla la agenda

Día intenso en noticias que me interesan. Un informe de la ONU afirma que la desigualdad creciente pone en riesgo la estabilidad política y el progreso global. Y otro de Oxfam Intermón demuestra que las mujeres se llevan la peor parte. La mayor amenaza para el progreso es la desigualdad, y de ello prácticamente no se habla. De hecho se airean mucho más las opiniones que disuaden de esa realidad.

La desigualdad tiene consecuencias concretas. En España, la mitad de los alumnos pobres repiten curso. El porcentaje ha subido casi diez puntos en 12 años (los famosos años de la siempre mentada crisis). A Díaz Ayuso, la presidenta de Madrid, lo que le preocupa es el currículo académico de Historia para incluir más contenidos sobre la cultura y el “legado” judío.

Hay carencias también en residencias geriátricas. Se denuncia que la ratio actual es de 4,21 por 100 mayores de 65, lejos de la ratio que marca la OMS y que España necesita crear 70.000 plazas en residencias para cubrir la demanda actual de personas mayores.

eldiario.es abría este viernes con una noticia de envergadura: “La investigación judicial a la policía política alcanza al Gobierno de Rajoy”. Es decir, las cloacas del Estado para ensuciar a sus rivales políticos y lavar sus delitos. La prensa convencional amanecía entregada a menesteres muy distintos de los mencionados.

Rosa María Artal

@rosamariaartal

La agenda mediática, tan lejos de la que preocupa a buena parte de los ciudadanos.

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Las noticias –o no noticias- que destacan buena parte de los medios grandes parecen dedicadas, como vemos, a aquellos a quien les importa más perseguir a Torra o Puigdemont, mantener la cruzada del “a por ellos” contra los desobedientes catalanes que la desigualdad que tantos males acarrea.

Pero la derecha y sus voceros tenían otro de sus platos fuertes clásicos. Han decretado, poco después, que el tema principal en la agenda era Venezuela. La visita del autoproclamado presidente –que encima ha fracasado en su intento aun abrazado a los EEUU de Trump y Pompeo- es una cuestión de Estado. Ultraconservador y ultracatólico, es el perfil que gusta al poder para América Latina. Pedro Sánchez y la UE le reconocieron. Una UE algo diferente en su composición a la que salió de las urnas en mayo de 2019. La anterior había sancionado a Venezuela en sintonía con EEUU y prohibió la entrada en nuestro espacio Schengen, entre otros, a Delcy Rodríguez, vicepresidenta del país. Recibirla o no en Madrid en un ámbito privado es otro escándalo para la derecha tan selectiva. Porque, entretanto, el saldo de tres meses de represión policial en Chile deja más de 2.000 heridos de bala y 158 querellas por violencia sexual. Y no dicen ni media palabra. El problema es que Chile no sirve a los intereses políticos de una derecha cada vez más ultra, en donde Vox y PP son ya indistinguibles, Ciudadanos se acerca cuanto puede desde ya su exigua fuerza, y es masivo el apoyo mediático de su cuerda. Felipe González se ha sumado al grupo para disparar fuego amigo contra Sánchez, todo lo contrario que Zapatero, que ha apoyado el presidente del Gobierno. Y ha explicado –y merece la pena oírle– su visión del tratamiento dado a Venezuela.

La derecha extrema marca la agenda y por tanto los contenidos y los tiempos. Establece las prioridades y desplaza lo que no le interesa que se vea y apenas cabe en el hueco que deja su preciso programa. Es el de ellos, no se confundan. Esa derecha señala desde los titulares de los medios hasta de qué se habla en las redes y en la calle, lo copa todo. La ultraderecha fue sacada de su aparente hibernación precisamente por los medios afines ideológicamente, por la codicia de los que priman los réditos que produce su espectáculo, y la impericia de aquellos que simplemente se dejan arrastrar por la corriente. Sin duda por los errores del sistema convencional que estallaron en la crisis de 2008 y la tibieza de una parte de la sociedad. Ahora ya está normalizada para gran parte de los medios. Si añadimos la sobreabundancia de noticias, mezcladas con chascarrillos y fake news, se dibuja un panorama preocupante.

En la manoseada teoría de “los dos bandos” o “los dos lados, del maniqueo y pueril blanco o negro, han logrado convencer a algunos ciudadanos de que todo es válido, especialmente lo que coincide con “los suyos”. Hagamos la salvedad de que los “dos lados” son cada vez más la verdad y la mentira, la educación y la ignorancia, la superficialidad y la profundidad, la decencia y la trampa. Y en modo alguno hablo de adscripciones políticas de nuevo maniqueas sino del debate real que se está produciendo. ¿Que las trampas coinciden con esa derecha que ha colonizado hasta el criterio de muchas personas? Sí. Por afinidades y por su masiva presencia en los medios.

Las ya tres ultraderechas han logrado copar la actualidad con su PIN censor. Cargado de mentiras hasta niveles de no creer que personas inteligentes hayan entrado al trapo. Aquí también hay dos bandos: el del PIN y el del SMI ninguneado éste por los medios grandes cuando no criticado. Y no es tan difícil informarse de la realidad.

Cada día la amplia derecha elige sus prioridades en la agenda. Distraen, encabritan y quitan tiempo para ocuparse de lo importante que suele coincidir con lo real. Si volvemos a las portadas citadas más arriba, veremos que trabajan en bloque con los telediarios y gran parte de las tertulias, dañinas en su composición y objetivos. Aun así siguen acaparando la atención de quien las elige como diversión, para ver qué “equipo” gana.

Los bulos y noticias falsas han infectado las Redes. Vuelan por WhatsApp y rompen el diálogo en Twitter. Atacan como ejércitos organizados, por vocación o cobrando, a veces con bots programados. También eligen a personas a quien atacar. Con particular incidencia a las mujeres y más aún si son progresistas. A mano siempre, el armario con tuits viejos y a menudo manipulados. Se usan cuestiones personales o accesorias, cotilleos. A esta tribu no la verán criticando errores de envergadura, ni por supuesto el latrocinio de sus políticos. Todo les sirve. No me hablen, si se respetan a sí mismos, de que todos son iguales y compiten dos bandos con igual credibilidad. Denle un par de vueltas si van de buena fe.

La agresividad a la que están llegando merece respuesta judicial. El europarlamentario de Vox y antiguo periodista Hermann Tertsch pidió “una inevitable” intervención de las Fuerzas Armadas ante el “proceso golpista” de Sánchez“. IU y Podemos lo han denunciado por si ha cometido delitos de odio, provocación para la rebelión armada y amenazas al Gobierno de la nación. Seguramente deberían intervenir otras instancias judiciales de oficio ante cuanto estamos viendo.

Prioridad fija en la agenda de la derecha y asimilados, Catalunya. Por encima hasta de tener un Banco Central del Estado al que le preocupa se pongan topes del alquiler, cuando la vivienda se ha convertido en un crudo problema para muchos ciudadanos. Lean lo que cuesta tener un techo y lo que dice el Banco de España.

Catalunya y para atacar al Gobierno de coalición, por descontado. La justicia europea no cesa de evidenciar la diferente percepción que tiene con la española en este caso. El abogado Gonzalo Boye, defensor de algunos de los políticos independentistas, lo resumía así en este artículo: “Lo que está quedando en evidencia es una clara disfunción entre el ordenamiento jurídico nacional y el de la Unión (…) una visión del derecho contraria a la europea y una manera de aplicar la ley que repugna a las democracias consolidadas”. Esta situación hay que solucionarla. Para hoy y para el futuro.

Y puede ser cierto que el Gobierno de Pedro Sánchez quiera modificar el Código Penal, contradiciendo anteriores declaraciones, por facilitar los acuerdos con los partidos catalanistas, pero no desvirtúen la necesidad de las reformas. Los delitos de rebelión y sedición son de la España de los Tercios de Flandes y de la derecha voxerizada. Y el contencioso con Catalunya mandando a la caballería como gustaría a estos políticos, no tiene lugar en este tiempo. Las leyes las cambia el Congreso si cuenta con mayoría, no el Gobierno. Los socios de Sánchez son Unidas Podemos, no la larga lista que atribuyen los medios conservadores, varios de los cuales apoyaron con su voto la investidura tanto de gobernantes del PP como del PSOE. Pero no es solo eso, Europa –visto que ahora tiene interlocutor válido en el Gobierno español- llama a reparar los daños a nuestros derechos que nos infirió el PP. Comenzando por la Ley Mordaza.

Si no sacamos a la ultraderecha de marcar la agenda española, vamos a acabar como Polonia que ya cuenta con unas 80 ciudades “libres” –ay- de la “ideología” LGTB, dicen. Y que ataca con similar furor al feminismo. Sus correligionarios aquí están en la misma batalla. Con sus censuras, sus bulos, sus ataques a las mujeres que osan hablar de sexualidad, mientras no cesa el goteo de asesinadas y agredidas por la violencia machista. Otra mujer hoy, en Casetas, Zaragoza, se ha salvado por poco, tras estar encerrada dos días por su pareja. ¿Cómo tienen el valor de negarlo?

El fascismo empieza así, o se muestra ya avanzado así. Y sigue por ningunear las noticias que marcan las huellas las políticas neoliberales sobre la desigualdad, a distraer visceralmente de lo importante. Y aquí igual sí que hay dos bandos clásicos. Frente a la única ideología que no los respeta y aún los combate, yo estoy en el bando de aquellos a quienes importa la democracia y los Derechos Humanos. Todos.

 

*Publicado en eldiarioes

La muerte enseña a vivir

Estos días he aprendido muchas cosas o recordado que tenía que aprenderlas. A pesar de mi profesión y de mi edad, no he asistido a demasiadas muertes en directo, aunque bien pensado siempre parece la primera. Estos días, el sábado 18 de enero en concreto, sí, y corroboré que morir en el fondo no es sino un sueño del que ya no se despierta; sin más dolor, ni gozo. No es ese tránsito igual para todos. Se dan grados en la intensidad o la extensión en el tiempo, en la consciencia del momento. Las hay desde inevitables como término de ciclo, a injustamente provocadas por las zarpas de la injusticia. Pero el final es siempre el mismo: un letargo profundo irreversible donde ya no se está. No se puede aspirar a mejor morir que hacerlo en calma rodeado del amor de aquel y aquellos que elegiste para vivir.

La muerte es para los que se quedan en el roto que deja la ausencia. Lloramos por nosotros. Y somos nosotros quienes precisamos racionalizarlo. La tierra no será leve, ni dejará de serlo. No habrá una ventana en un lugar determinado del cielo para que nuestro ser querido se asome. Pero sí la presencia de la huella que se ha dejado. La vida que, si produce ese vacío, es porque realmente nos llenó tanto que no sabemos qué hacer con él. De ahí las reacciones tan diversas de los seres humanos ante este hecho natural.

La muerte de las personas que consideramos valiosas lo que nos enseña es a seguir aprendiendo a vivir. El funeral de la periodista Alicia Gómez Montano, a cuya muerte me estoy refiriendo con estas reflexiones, fue como ella en toda su rotunda esplendidez. Con lágrimas y risas. Reencuentros. Abrazos. Abrazos con ganas o rompiendo barreras de papel. Necesidad de compartir el dolor, tanto como se hizo con la alegría. Para salir curiosamente reconfortados por ese calor vivido en compañía.

Para seguir aprendiendo a vivir incluso en la lección que aportan los detalles. Desde el bolso de mano sin el que no podíamos ir a parte alguna fuera de casa que se queda a un lado. Qué no pasará pues con tantas cosas que nos parecen trascendentales. Cuánto tiempo y energía perdemos en tareas inútiles. Vivos ante la muerte ajena pero cercana, se relativizan los exabruptos de los intolerantes, se ven con otra mirada los manejos. Casi no se mira dónde quedan los mezquinos o la importancia dada a las ausencias. Nunca somos más verdad que ante la muerte. En ese shock de los esquemas sale la verdad de las emociones y hasta se desnuda el rostro del fingimiento.

Y, desde luego, la certeza de un final invita a abrazarse a la vida, a la risa, al amor, a los afectos, saltando por encima de escollos que se vuelven insignificantes a la luz de lo que de verdad se quiere. Se enmarca en claridad que solo se vive una vez y cada momento es único e irrepetible. Para decir o poner en práctica lo que no debe quedar dentro.

También se aprende a morir y creo que no viene mal para ese empeño amar apasionadamente la vida. El miedo que nos inspira la muerte propia puede racionalizarse. No con libros de autoayuda, por supuesto. Mejor contemplándola con naturalidad, aunque cueste, que cuesta y de hecho eludimos hasta hablar de esto. La “Antología de Spoon River”, poema casi satírico, real, irreverente, poema al fin, de Edgar Lee Masters, que se sigue atesorando más de un siglo después de ser publicada, la desdramatiza en su cotidianeidad. En uno de los epitafios que recoge, remite a Séneca para precisar que es básicamente “la anticipación” lo que desasosiega: “la memoria despierta en nosotros la angustia del temor y la previsión, la anticipa”. Porque, en sí, es un momento. Y, entretanto, hay que seguir exprimiendo el jugo de la apasionante aventura de la vida. Sin duda, poniendo los medios para prolongarla en salud en cuanto quepa.

Que no nos ocurra como a George Grey, que sintió su vida tan marmorizada como la piedra donde escribió su propio epitafio, según Masters: “He estudiado muchas veces el mármol que me han esculpido: un barco con velas arriadas anclado en puerto. En verdad no expresa mi destino sino mi vida. Pues se me ofreció el amor y temí su desengaño; el dolor llamó a mi puerta, mas tuve miedo; la ambición me reclamó y me asustó el riesgo. Anhelaba, sin embargo, darle un sentido a mi vida. Ahora sé que debemos desplegar las velas y encarar los vientos del destino dondequiera que nos lleven”.

Aprender a vivir es a entender, a elegir, a priorizar, a valorar lo importante, a ser tan selectivo con el agujero por el que quieren entrar y anidar los odios a los que no les damos apenas cabida. A abrir los ojos para ver lo que tenemos al lado y más allá. Lo que vale la pena. Lo que queda por hacer… hasta dormir.

 

*Publicado en eldiarioes

Un fascismo impregnado de franquismo y estulticia

No hay duda ya ni en la primera semana: el mayor obstáculo para el Gobierno es un bloque granítico que suma las fuerzas conservadoras del país, se hayan presentado o no ante las urnas. Su peso es impropio de una democracia consolidada porque no se corresponde con las preferencias políticas de la mayoría. Así, vemos que las derechas no han ganado en ninguna de las últimas y múltiples convocatorias electorales pero están incrustadas con notable desproporción en órganos clave.

Los primeros pasos del Ejecutivo de coalición van renovando las cúpulas de las Fuerzas de Seguridad, se vive el acoso –más que el enfrentamiento en la terminología periodística- de la judicatura conservadora, la empresarial da “toques” y la política es un fiero desbarre, tanto o menos que la mediática a su servicio. La sociedad entre tanto vive preocupada por ese escenario y por el ascenso de la ultraderecha que está impregnándolo todo. ¿Hay motivos?

La “letra pequeña” del barómetro del CIS de diciembre nos dice que la mayor parte de los españoles se autoubican en el centro y el centro izquierda, hasta casi un 59%.  En 2011, se situaba a la derecha más del 50%, entre el 5 y 8 de la tabla. Otro aspecto es la subjetividad con la que se vive la propia adscripción ideológica. Ahora, prácticamente solo los votantes de Vox se sienten de derecha máxima. Y no se pierdan a cerca de un 10% que no saben de qué son.

Gráfico de recuerdo de voto en el último CIS
Gráfico de recuerdo de voto en el último CIS

El 85% de los encuestados por el CIS consideran que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”, frente al 5% que optaría por un gobierno autoritario en determinadas circunstancias. El desglose es curioso. El 21% de Vox, 750.000 de sus más de 3.600.000 votantes; el resto, al parecer, no es consciente del ideario de su partido. Hay un rescoldo por todo el espectro político.

Lo cierto es que el ruido de una derecha extrema se extiende sobre una ciudadanía que elige posiciones más templadas. El mundo entero esta sobrecogido por esta epidemia intencionada. De ahí que surjan numerosos análisis para enfrentarla. Su poder vírico es mayor que su realidad. Todavía. Múltiples análisis describen características comunes en los nuevos fascismos –a los que eufemísticamente llaman ultraderecha e incluso, en medios españoles, centro derecha-.

En España, es esencial enfrentar el problema. Aquí se agrava porque este fascismo de hoy convive con el franquismo, impune aún varias décadas después de su término oficial, y con una especial estulticia que entra casi en el terreno de los terraplanistas.

Todos los fascismos tienen en común apelar a un pasado mítico, el espíritu de Nación y la unidad de la Patria, según cita, por ejemplo, Jason Stanley, profesor de filosofía en Yale, EEUU, en su libro superventas “Facha”. Otros le llamarían disfunción patriótica exacerbada. Vemos a Vox como genuino representante, incluso glorificando los Tercios de Flandes, pero Pablo Casado apeló, recién nombrado, al descubrimiento de América. Llegó a declarar que “la Hispanidad es la etapa más brillante del hombre junto al Imperio romano”. Desde Trump a Bolsonaro, desde Orban a Le Pen, todos invocan esa misma grandeza idealizada.

El anti intelectualismo une a esta pléyade de ultras. Estorba la cultura, el mismo hecho de pensar. Jair Bolsonaro ha comenzado el año diciendo que a partir de 2021, los libros de texto distribuidos a las escuelas tendrán la bandera brasileña en la portada  y un estilo “más suave”, porque hay “mucha escritura” en las publicaciones actuales. En Missouri, EEUU, han propuesto una ley para que los padres puedan censurar los libros de las bibliotecas públicas y mandar al bibliotecario a la cárcel si la incumple, según cuenta la periodista y docente Azahara Palomeque. En Arizona ya censuraron los libros que hablaban de la cultura mexicana, dice.

En la misma línea, Vox ha conseguido el apoyo del PP y Ciudadanos para introducir la ‘censura parental’ en Murcia que suprime contenidos a los escolares. Sobre feminismo y LGTBi de momento.  El gobierno lo va a recurrir. Pero, como vemos en otros países, hay una tendencia a criar niños “fachas” e ignorantes a imagen de sus progenitores y dirigentes

Porque el machismo como identidad en una lucha de sexos que impone la primacía del hombre y, en diversos grados, está en todo fascismo del siglo XXI. Múltiples ejemplos lo avalan. Por el Orden Público tienen obsesión como toda ideología autoritaria. Le dedicarían el grueso de los impuestos que paga el contribuyente, dado que desmantelar el Estado del Bienestar es otro de sus objetivos, algo más disfrazado en una presunta “libertad” de economía ultraliberal.

La propaganda, los bulos, las Fake News constituyen elementos fundamentales de la expansión ultraderechista. Algunos, como Rocío Monasterio, los llevan a la práctica.  Según El País, la factótum de Vox tramitó planos de obra con visados falseados hasta 2016, noticia que se une a las numerosas irregularidades detectadas en sus trabajos de arquitectura con su marido, Iván Espinosa de los Monteros.

El fascismo se refuerza en España con el franquismo impune, empapando soportes fundamentales del Estado. Seguimos conociendo datos espeluznantes de la represión que ejerció sobre los disidentes políticos. Esta exclusiva sobre el comisario Roberto Conesa, cuyas primeras víctimas fueron Las 13 rosas, es una muestra más del aparato nunca encausado.

 Y, además, la estulticia. Esa generación de políticos inauditos, diciendo una estupidez tras otra y que, como Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, abordan el cargo como un juego y hasta una pugna de triunfos que machaque al “enemigo” de su propio país. Un peligro público del que no es la única exponente y tanto como quienes ponen en manos de tales incompetentes asuntos esenciales de la vida de las personas.

Fascismo, franquismo y estulticia impregnan élites decisivas con notable desproporción sobre la realidad del país. Mienten, manipulan declaraciones y cargan sobre cuantos entorpecen su camino de abusos. A veces las cloacas se desbordan en actos que esta sociedad tolera mirando para otro lado como los asaltos a despachos de abogados incómodos o dilatan los procesos de figuras relevantes en tramas de alta alcurnia. Todo esto es lo que hay que limpiar y enfrentar.

A quienes creen solo lo que quieren creer, incluso lo mas absurdo, y ni la verdad consigue que varíen su opinión, aconsejan los expertos tratarles con cariño para que no se alteren más. No lo comparto. La seguridad del poder que han adquirido, unido a la falta de criterio, no hará sino acrecentarlo.

Para desmontar el grueso de la operación, con toda la batería ideológica cargada de mentiras, parece funcionar la técnica del bocadillo. Se expone la realidad, en medio el bulo tal como lo digan, y de nuevo la realidad demostrada.

El Estado del Bienestar debería defenderse por sí mismo. Y definir con ejemplos lo que realmente es la libertad. Amplia, de elegir, de pensar, de comer, de tener, de ser.

La España real es el país que vive en su tiempo, labrado con los logros del pasado y reconocido sus errores a erradicar. Una sociedad del siglo XXI, ha de vivir su presente. Limpio, con proyección hacia el futuro, trabajando por el bienestar de los ciudadanos que lo habitan. Y son esos mismos ciudadanos los que deben implicarse en los objetivos esenciales del país en el que quieren vivir. Y hoy por hoy no son -todavía- de la pesada derecha fascista, franquista y no muy espabilada. Todavía.

Sin poner la otra mejilla

Hablaron de trabajar al servicio de los ciudadanos. De repartir mejor los ingresos y pensar más en los que menos tienen. La toma de posesión de los miembros del nuevo Gobierno de coalición iba dejando en los objetivos ideas como equilibrio, participación, igualdad, pensar, ilusión, lucha colectiva, proyecto vital, cuidar, observar la realidad para saber entender las prioridades. Y dejarse la piel. Y poner la vida en el centro.

Enfrente seguían rugiendo las cavernas de todos los estamentos que temen ver disminuidos los privilegios de los que han gozado en algunos casos de forma secular. Redoblando insultos, mentiras y gritos, graznan anunciando querellas y todos los males del averno que tan bien conocen por su propia gestión. Y era un choque brutal, como para despertar al más engullido por la abducción que la derecha española promueve.

Isabel Díaz Ayuso se iba a blanquear al régimen autoritario de Arabia Saudí –bien es cierto que no es la primera- haciéndole mohínes a un príncipe local al borde del colapso para presumir de verdadero feminismo. Mientras, el Gobierno sumaba al equipo del Ministerio de Igualdad a mujeres como Beatriz Gimeno o Boti García Rodrigo, a quienes hemos visto luchando por los derechos en todos los escenarios durante décadas. Y no es lo mismo.

“Un Gobierno de acción, que haga política efectiva, política útil”, ha dicho Pedro Sánchez en su primera rueda de prensa como presidente. Con un tono moderado y conciliador que no excluye la energía. Más le vale contar con ella. Es solo un gobierno moderadamente progresista pero la España ultra se propone hundirlo desde antes de empezar a andar. Sin tregua. Son muchos años de práctica, saldada en general con éxito, gracias fundamentalmente a la impunidad. La batalla es ardua y precisa del criterio de la propia ciudadanía que se atreva a quitarse las gafas de madera de no ver. Se necesita sobre todo un gobierno fuerte al que no le tiemble la mano.

Por los agujeros de la corrupción institucionalizada se nos fue yendo la democracia. Y puede que sea la última oportunidad de recuperarla. No hay otra salida, lo siguiente si esto fracasa es una derecha absolutamente cerril y voxerizada. El Gobierno parece ser consciente de esto y del tratamiento a aplicar. Con todas las buenas formas que se quiera, hay que dejar de poner la otra mejilla, generosa honestidad sin contrapartida al otro lado.

Se debe enfrentar la mentira con la verdad. Los ataques con la defensa legal a todos los niveles. Derogar leyes autoritarias y promulgar limpieza. Desmontar las mentiras sin entrar en batallas estériles que desgasten.

El nombramiento de la exministra Dolores Delgado como fiscal general del Estado es la primera batalla que ha prendido en “toda la prensa” como he leído. “Casa mal con el discurso de imparcialidad”, escribía Ignacio Escolar, director de eldiarioes. La realidad es como es. “Hay mundos mejores, donde la Fiscalía no depende del Gobierno. Pero vivimos en este. El nuevo Gobierno ha decidido responder a la derecha con sus mismas armas”. Se trata de una medida defensiva y ofensiva. Tras décadas de politizar y usar la justicia en su provecho, ver preocuparse a esa derecha española por la independencia judicial es casi una broma macabra. La labor ha de ser pues, en primer lugar, despolitizar la justicia. Con mano firme, de nuevo. Pedro Sánchez ha citado como tarea prioritaria renovar los órganos de gobierno de la justicia.

Toda esa derecha política, mediática, eclesiástica, judicial, militar, sociológica, que hoy ruge contra el nuevo Gobierno tragó sin oponer crítica al latrocinio y desvergüenza que hemos venido sufriendo. Sirva de ejemplo por todas sus extensiones un caso que ocupa mucho menos espacio mediático que las corbatas de los ministros. La gran prensa convencional apenas ha informado de los 5,5 millones de euros que Esperanza Aguirre pagó a Indra por un software que nunca desarrolló y que la Comunidad actual ha aumentado con otros 8 millones. Mientras,al entonces presidente de Indra, Javier Monzón, le ha archivado la causa el juez de la Púnica con la oposición de la Fiscalía Anticorrupción. Hoy, Monzón es Presidente de PRISA. La oposición mediática no para de hablar del gasto en ministerios del nuevo Gobierno.

Si se quiere regenerar en serio, es imprescindible contar con información veraz. No se puede seguir regalando subvenciones públicas para lograr aplausos o evitar críticas. Y hay que primar la información rigurosa en los medios públicos. La información enfermó de gravedad el día en el que se decidió contentar a todos los partidos por cupos. El periodismo es contar noticias, no ser portavoces políticos de un signo u otro.

A pesar de la profusa extensión de los ventiladores mediáticos, el PSOE de Pedro Sánchez no está implicado en las corrupciones de sus antecesores, ni en los nepotismos de algunos de sus barones regionales. En absoluto lo está Podemos. De ahí el interés obsesivo en pringarles por ese lado para retomar el “todos lo hacen” de su eterno salvoconducto para trincar. Y en algunos casos, en muchos, les funciona.

A Pablo Casado le regalaron un máster, según las conclusiones de la jueza instructora, por ser quien era: alguien válido para los intereses que persigue el Partido Popular al parecer. La noticia que está circulando ahora por las redes pone la voz en grito de algunos periodistas: “es vieja”, argumentan. Sí, de agosto de 2018, pero Pablo Casado no ha empleado precisamente este año y medio en estudiar y aprobar su máster. Y, oh, casualidad, esa prensa peculiar a quien desprecia es a un vicepresidente con dos carreras auténticas, un doctorado y un máster.

La honestidad no vende en ciertos sectores. A menudo al bueno le llaman tonto. La información sí puede desmantelar leyendas. Como la del PP como mejor gestor. El de Rajoy llegó a perder el peso tradicional que España tenía en Europa. Hasta última hora, cuando colocó a Luis de Guindos en el Banco Central Europeo (BCE), más bien por lo que el antiguo presidente ibérico de Lehman Brothers representa en contactos; solo tenía una comisaría que ocupaba Miguel Arias Cañete, la de clima y energía.

La verdad de la gestión del PP tiene un nefasto plantel de medallas. Lo que llamaron crisis y la reforma laboral expulsó a millones de españoles a la emigración, sobre todo jóvenes. El PP fue el autor del medicamentazo y del copago farmacéutico. De la bajada de las pensiones, al cambiar el baremo para revalorizarlas.  De un sinfín de recortes que, sin embargo, lejos de equilibrar las cuentas del Estado aumentaron la deuda pública a niveles de récord, de récord histórico absoluto. Y que aún debemos. Creció la pobreza infantil. La ciencia y la investigación sufrieron drásticamente la feroz tijera del PP. Contaba Javier Lopez Facal en ReaccionaDos (Aguilar) cómo Rajoy recortó un 26.38% el presupuesto de 2012 y otro 6.23% en 2013, para decir ante las elecciones de 2014 que lo subía un 3,26%. Así funcionan. Ver la apuesta de este Gobierno por los avances científicos y tecnológicos es un alivio.

La del gobierno del PP de Mariano Rajoy ha sido la década en la que los ricos se hicieron más ricos y los pobres, más pobres. A partir de 2012, se puso España en venta. Fondos de inversión, fondos buitre, grupos organizados norteamericanos, chinos, rusos y venezolanos (ricos), encontraron en España el Edén para llegar, comprar y marchar. Para más información, preguntar a Ana Botella y familia, y al equipo de gobierno del PP. Hoy los fondos buitre reinan en España. Ante el mercado, cierto mercado, sucumbe el patriotismo. El Gobierno de coalición proyecta tomar medidas en vivienda precisamente, que en principio parecen alentadoras.

La labor más eficaz de la derecha española ha sido y es fomentar la desmemoria con el impagable apoyo de una gran mayoría de medios y comunicadores de sus mensajes. Los periodistas estábamos aquí, los que ejercemos como tales, y tenemos memoria y datos. El PP de Rajoy y sus sucursales en las entidades locales fueron muy precisos con los medios. Rajoy inauguró, no solo los sucedáneos de ruedas de prensa (sin preguntas) sino la comunicación vía plasma -por suerte conectado- con unos dóciles periodistas tomando notas ante un televisor teniendo al susodicho en la sala de al lado.

Pero el demoledor aviso a navegantes estalló con el cese de los directores de tres importantes medios en un breve espacio, 2014, así como por casualidad. José Antich en La Vanguardia, después de 13 años. El Mundo se deshace de Pedro J. Ramírez, quien ahora anda recogiendo algunas migajas hasta en TVE y el de Jesús Ceberio en El País, sustituido por Antonio Caño. Fue la época de los ERES drásticos, como el del diario de PRISA, que expulsó a una generación extraordinaria de periodistas. Tanto Caño como Juan Luis Cebrián salieron también después.

Es necesario recordar con datos y aprender del pasado. Porque así sigue esa derecha dirigida por la ultraderechista Vox, gastando el dinero en banderas, luces o estatuas de agresivos guerreros. Y, lo que es peor, haciendo desde el primer momento una guerra sucia donde las haya al nuevo Gobierno. La izquierda no es un sacerdocio religioso, lo último es ofrecer la otra mejilla a quien golpea con tal injusticia y saña. Mano firme e inflexible a todo atropello por la sociedad que lo espera. Porque hay una ciudadanía ilusionada y limpia que merece acción, política efectiva y útil, equilibrio, participación, igualdad, ilusión, lucha colectiva, ver cumplidos sus proyectos vitales, cuidados. Y un gobierno que se deje la piel y ponga la vida en el centro.

 

*Publicado en eldiarioes

“Lo que sabemos” del acoso que sufrirá el gobierno

Nunca hubo más capacidad de informarse que ahora, y nunca resultó tan difícil. Muchas son las causas que han propiciado esta era del periodismo pero la más nefasta de sus consecuencias es la inseguridad de que sean ciertas las noticias que se distribuyen. Las fake news están destrozando a una sociedad que pisa en falso en terrenos fundamentales de su vida y no es ni el mayor problema: lo es el sesgo subjetivo e interesado que se imprime a las auténticas para dejar de serlo. En el momento que vive España, esta doble desinformación puede alterar el proyecto democrático. Hay muchos trabajando para que no salga adelante. La trayectoria de quienes formarán el Gobierno prevé logros notables pero se van enfrentar con el escollo de una oposición turbia que viste un disfraz de periodismo.

Los titulares solían hacer una síntesis del contenido de las noticias, no dejarlos en ambiguo como un anzuelo para clicar. Este “lo que sabemos” que prolifera parece apelar a una complicidad en el cotilleo sin exigir el menor esfuerzo de pensar al lector. Utiliza la frivolidad como vehículo de sus mensajes. Pero el cotilleo y la dialéctica de la tertulia a modo de partido de fútbol han impregnado, infectado, la información. Y el cotilleo no es información y la mayoría de las tertulias no son debates, sino espectáculo y con intereses concretos. Grave gato por liebre para la audiencia, casi inerme ante estas formas. Ahora se precisa más que nunca un esfuerzo del lector que acuda a medios fiables y confíe en periodistas rigurosos. Contraste y se informe, en definitiva.

Con el presidente Sánchez investido, las especulaciones se dirigen al Gobierno y a las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos. La intención de dinamitarlas es más que evidente. Desde afuera, desde luego. Procuren no contagiarse dentro. Varios medios afirman que las cuatro vicepresidencias son para devaluar la de Pablo Iglesias. La exclusividad parece ser imprescindible en ese alto cargo, porque otros ven debilitada a Nadia Calviño. Es vicepresidenta y tendrá –que se anticipe- todas las competencias en la dirección económica, como Pablo Iglesias en Asuntos Sociales, pero que haya otros al mismo nivel se ve como una merma. Carmen Calvo sería quien más competencias hubiera perdido y no se menciona. Las cuatro vicepresidencias es un tema que llevará horas y días de discusión mediática, por encima de los contenidos.

Este Gobierno suscita enormes preocupaciones entre quienes se afanan en preservar los privilegios de quienes siempre los han tenido y que comparten algunas de las víctimas de ese desequilibrio. Ocurre por esa rara solidaridad que encuentran en los sumisos, en algunos. Ofende a la lógica calificar a este gobierno de comunista y bolivariano, teniendo de vicepresidenta precisamente a Nadia Calviño en economía y otros nombramientos de su área como José Luis Escrivá, exjefe de estudios de BBVA, para Seguridad Social. Si las competencias son como se van avanzando supondrá, sin embargo, una suma interesante de progreso, sin alharacas. Mayor a la que estamos acostumbrados. La máxima que nos podemos permitir en este estado del país.

Una información rigurosa no puede basarse en las declaraciones yuxtapuestas de lo que dicen los políticos sin ningún contexto, como hacen muchos medios y en particular, dramáticamente, RTVE. No se pueden soltar a saco sus verdades y mentiras a una audiencia cada vez más desvalida si no se toma el esfuerzo de informarse de verdad para tener criterio. Abrir el grifo a la cadena de falsedades que sueltan por su boca los miembros de Vox y gran parte del PP y Ciudadanos no es objetividad, es –en el mejor de los casos- impericia. Tampoco es objetividad ni información, el este dice y el otro dice ¿Recuerdan aquel dicho?: “Si una persona dice que llueve y otra dice que no, tu trabajo como periodista NO es darle voz a ambas. Es abrir la puta ventana y ver si está lloviendo”. Y cada vez hay menos ventanas para asomarse y contarlo. Es irritante oír el sembrado del “dicen” ante hechos confirmados y obvios. Dan ganas de decirles algunos comunicadores: ¿Y a ti qué te parece? ¿Has buscado los datos reales para saber si lo “dicen” con razón o sin ella?

Miente Vox prácticamente en cuanto habla. Miente Pablo Casado cuando dice que los partidos que votaron ‘no’ a Sánchez sumaron “un millón y pico más de votantes” más que los que votaron ‘sí’ y miente y miente sin cesar. Miente, desde la ya irrelevancia política, Inés Arrimadas al lanzar sus odios contra quienes “dieron un golpe de Estado en Cataluña”, porque ni la justicia española siquiera, que ya es decir, le ha aplicado tal figura penal.

Por cierto, en un país serio y maduro tendría un exhaustivo tratamiento el escándalo de los tribunales españoles en el caso de Oriol Junqueras y otros independentistas catalanes. Por cómo siguen el criterio de un órgano administrativo, altamente politizado y contraviniendo el dictamen del Tribunal de Justicia Europeo. Ese pulso tan obcecado chirría. Desde luego precisaría mucho más espacio informativo que el número de vicepresidencias.

Es duro competir con las tendencias que diluyen lo que de verdad afecta a los ciudadanos. Con la sobreabundancia que termina sepultando lo importante bajo una pila en la que hay de todo, primando cada vez más lo accesorio, la anécdota, la frivolidad, la mala intención y los intereses también. Hay otro periodismo. En mi opinión, aquí, en eldiario.es y otros medios desde luego, se consigue. Pero las trombas que entran por las teles son arrolladoras.

La deriva es mayor si cabe en la militancia de medios, programas, y comunicadores –no llamo periodistas a quienes no lo ejercen- en este momento decisivo de la sociedad española. El tercer grado de acoso al que sometió Ana Rosa Quintana a Tomás Guitarte se inscribe en toda la campaña contra Teruel Existe por apoyar la investidura de Pedro Sánchez. Sonroja. Insisto en que tuvo que ser escondido y protegido por la Seguridad del Estado en la víspera de la votación, y eso no ocurre en los países democráticos. La Caverna mediática y política una vez que agarra presa ya no la suelta. Y en esa cueva de inmundicia hay un amplio pelaje, amparado por otros poderes. En varios casos también subvencionados con nuestros impuestos.

El machismo feroz se ceba en Irene Montero, la política que no debe ser ministra, dicen, por compartir su vida con Pablo Iglesias. Liderando la cacería un locutor de la COPE, la cadena de los obispos que a diario ensalza a la ultraderecha e insulta a la izquierda. De esos obispos que viven, por cierto, por mitad del siglo pasado en las telarañas franquistas y pontifican sobre el sexo tan fuera del tiempo y la realidad que asusta. Y que organizan, como el obispo de Castelló, cursos para hacer frente a las políticas del nuevo Gobierno.

Están las bombas incendiarias de los capataces de las cloacas informativas. En perfecto equipo, el PP presenta pregunta al Gobierno sobre “la financiación boliviariana de Podemos”. Esto parte de Eduardo Inda y su OK Diario. Ejemplo claro de cómo la cloaca propaga sus excrementos al punto entrar en la cadena de alimentación informativa. Tras haber rechazado la justicia toda la anterior porquería vertida, no dejan de intentarlo. Y, a fuerza de insistir en promocionarles, hay quien se degrada al punto de prestarles atención.

Y las portadas que abochornan al periodismo, y las declaraciones en silla de plató cargadas de mentiras e insidias. No, la información no son las especulaciones, los chismes, los zascas, las ventas de lo que mande la empresa o la dirección al margen del periodismo.

El mayor peligro para los ciudadanos es que no les cuenten lo que saben les afecta de verdad sino lo que colocan en la “agenda informativa” para que lo consuman. El giro desinformativo del periodismo tiene consecuencias. Hay que reescribir los titulares y los sumarios. Complementar, dar contexto.

Si leemos: Aznar critica el Gobierno de coalición: “¿Qué futuro espera a una nación que pone su destino en quien la quiere destruir?”. Retitulamos: Aznar ataca al Gobierno de coalición. Y colocamos de sumario: El ex presidente del PP, de ideolología ultraconservadora, tiene en su haber la firma de las Azores, las mentiras del 11M, la burbuja inmobiliaria o la privatización de las empresas consideradas cinco joyas de la corona.

Miremos los efectos de la desinformación en el terreno internacional, para saber lo que nos afecta de cerca aunque parezca estar lejos. Veamos los variados sesgos que adquiere el actual litigio entre Trump e Irán y toda su área de influencia. Las culturas diferentes crean prejuicios pero cabe poca duda que asesinar al General Soleimani ha sido un terrible error que ha desestabilizado la zona y anulado años de búsqueda de acuerdo. Hasta John Kerry, antiguo Secretario Estado de Obama, dice que Trump ha destruido todo el trabajo diplomático que ellos hicieron en Irán. Da argumentos sólidos pero no puede evitar arrimar el ascua a la sardina demócrata, ni de algún modo entender la ejecución, sin mediar guerra declarada, de un hombre clave en Irán porque no convenía a sus intereses. De aquí puede desencadenarse una guerra. Con armas nucleares. Los fans de Trump y la América Grande están encantados sin ver más allá. Algunos viven en un campo de juego, y mueren en la realidad de la miseria.

Arranca un gobierno más o menos progresista contra los huracanes de la manipulación. Y va a tener que afrontar los objetivos de gestión con el viento en contra de todas esas insidias, que no es el mejor escenario para trabajar. El ciudadano de a pie sigue teniendo una palabra decisiva tanto al elegir como al seleccionar con criterio. Lo que sé de la información y la democracia me indica que ese es un camino acertado.

 

Derrotadas las técnicas mafiosas de la derecha golpista

Ha sido una larga y angustiosa travesía que ha sacado a plena luz lo peor y lo mejor de España. Pero, al fin, España va a tener un gobierno de coalición progresista, superando la enorme presión de una derecha empeñada en derrotar por la trampa el resultado de las urnas. Días de intensas tensiones que culminaban en una noche de cuchillos largos que el Estado democrático ha impedido desenvainar. Con un diputado, Tomás Guitarte, de Teruel Existe, durmiendo en paradero desconocido para sus atacantes, y otros tan presionados que acabarán denunciando el acoso sufrido. Lo que este esforzado camino al gobierno ha demostrado es que España ha resucitado a su peor derecha y que los progresistas han sabido aguantar y vencer.

Se demuestra, por tanto, que la derecha –en toda su extensión- no estaba haciendo política sino su negocio habitual que disfraza de patriotismo. La que va desde el Señorito Iván de Miguel Delibes, pisoteando a sus santos inocentes, a la que estas navidades insólitas insultaba y obstaculizaba desde el Congreso la formación de un gobierno legítimo. Hace falta mucha convicción democrática para enfrentar sus técnicas que –hasta con un diputado escondido y protegido por Interior- no difieren de la mafia. Algo muy grave ocurre en este país cuando votar “en conciencia” se considera un acto de valentía. El PSOE de Pedro Sánchez, Unidas Podemos con Pablo Iglesias al frente, y todos cuantos han colaborado con su apoyo o abstención positiva se han mantenido firmes.

No quedaba otro camino. La derecha más extrema ha ido ganando terreno, con la ayuda eficaz de poderes al margen, desde los mediáticos a los económicos que en algunos casos vienen a ser lo mismo. Con el ruido de fusiles, de sotanas, y de togas que ya sabemos. Era formar gobierno o dejar que esa lacra siguiera creciendo. Y así lo han entendido los políticos que han hecho posible esta investidura y sobre todo los ciudadanos que una y otra vez han votado a quienes querían que les gobernasen. Para la mayoría -que es lo que cuenta- no era esa derecha salida de las catacumbas.

    No es posible emplear una falsa equidistancia, la objetividad hoy es señalar el peligro de esa derecha que no duda en utilizar procedimientos impropios para lograr sus propósitos. Ésos que solo los ingenuos creen son los de la ciudadanía. No hay derecho al sinvivir que han hecho sufrir a tanta gente. El miedo a sus reconocidos métodos que han llenado de pronunciamientos militares, intentos de golpes de Estado y Golpes consumados los dos últimos siglos.

Esto no parará aquí, pero no es lo mismo afrontar las trampas desde el poder que desde la inestabilidad. Los que temen la basura que expande esta derecha deben buscar su propio criterio, mirar y deducir. Anuncian un apocalipsis económico que no lo será ni siquiera para los protegidos de su sistema. Es un programa socialdemócrata, lo mínimo exigible en un Estado que quiera responder a lo que ya en la Constitución se dice que somos: un Estado social. Se van poner en marcha medidas para proteger a las mujeres y a sus hijos frente al machismo y la violencia de género, especialmente necesario tras el aumento de las asesinadas que coincide con el negacionismo de la ultraderecha. Lo peor son las zancadillas, la maledicencia, los acosos que rozan lo delictivo. El surtido de basura expelido no es propio de un país democrático.

Hemos asistido al matonismo de numerosos diputados, a la patética postura –de espaldas- de Adolfo Suárez Illana, diputado del partido amparado por personas que hicieron la vida imposible a su padre por cambiar el Movimiento dictatorial franquista -al que pertenecía- por una ley para la Democracia. A políticas desencajadas insistiendo en ver golpes de Estado donde no los hay, precisamente. Ni para el sentido común democrático en España –el gobierno de progreso- ni en Catalunya, dado que ni siquiera la justicia española se ha atrevido a sentenciarlo así. Las hemos visto desmoronarse camino de la nada como Inés Arrimadas, o camino de la furia y la venganza como Álvarez de Toledo. Desde los vertederos mediáticos y al más alto nivel en el escalafón se ha insultado con rabia renacida. Había dicho Pedro Sanchez: “Pueden hacer dos cosas, seguir con el berrinche o aceptar el resultado”. Y parecen haber optado por el berrinche. Columnas calificando al Gobierno de CoProfagia progre o las lágrimas de Pablo Iglesias “en directo”, al verse vicedpresidente de un gobierno progresista tras años de insultos y cloacas destinados a tumbar su imagen.

Lo del diputado Tomas Guitarte de Teruel Existe es inaceptable. Ha tenido que ser protegido por la Seguridad del Estado y ha de seguir conviviendo con sus acosadores. Teruel necesitaba que alguien luchara por él.   Sus caciques y beneficiarios clientelares la han tenido abandonada durante décadas. Gobernado tradicionalmente por la derecha, les cuadraba una vieja jota de La Bullonera: “Son los amos de mi tierra como el perro del hortelano, ni se atreven a salvarla ni nos dejan defenderla”.

   Un tema a no desdeñar es el uso que la cada vez más extrema derecha hace de la monarquía. Han coincidido en expresar una grandilocuente defensa del rey, cuando la institución de la jefatura del Estado puede ser criticada como otras instituciones, tal como recordaba Aitor Esteban del PNV.    “Si quieren defender a la monarquía, eviten que la monarquía sea identificada con ustedes. Quizás se hayan convertido ustedes en la mayor amenaza para la monarquía en España”, les había dicho Pablo Iglesias poco antes. El político vasco, por cierto, en la misma línea de argumentación, concluyó: “El rey ha propuesto la investidura del felón Sánchez, según su lógica, qué irresponsabilidad la del monarca”. Cuando decimos que en España no hay una derecha civilizada y homologable a sus similares en Europa, nos referimos a los partidos nacionales. El PNV es esa derecha civilizada y homologable. Y desde luego esta sociedad precisa tener partidos conservadores que no den vergüenza.

Rosa María Artal

@rosamariaartal

El uso que la triple ultraderecha hace del Rey se explica en estas fotos.

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La utilización de la figura del rey venía avalada por estas imágenes tensas de la Pascua Militar de la víspera. La monarquía habrá de cuidarse de quienes le adulan y asocian con la triple derecha y aún más de quienes podrían estar invocando su nombre en esas noches de cuchillos largos.

Se ha marcado de nuevo la brutal diferencia entre las dos Españas. Las de Antonio Machado, obligado “en conciencia”, este sí, a exiliarse a Francia, donde murió. “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”. Tal cual ha vuelto a ocurrir.

En el nuevo gobierno suenan muchos nombres a trabajo, prestigio y decencia. A firmeza habrá de ser también, porque un país con las trampas y amenazas sufridas y las que están por venir, es invivible. Cuando, en efecto, ya hay muchos españoles del siglo XXI, sin telarañas ni brillantina, felices por haber abierto esta ventana de esperanza. Muchos han esperado décadas.

 

*Publicado en eldiario.es

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