Un fascismo impregnado de franquismo y estulticia

No hay duda ya ni en la primera semana: el mayor obstáculo para el Gobierno es un bloque granítico que suma las fuerzas conservadoras del país, se hayan presentado o no ante las urnas. Su peso es impropio de una democracia consolidada porque no se corresponde con las preferencias políticas de la mayoría. Así, vemos que las derechas no han ganado en ninguna de las últimas y múltiples convocatorias electorales pero están incrustadas con notable desproporción en órganos clave.

Los primeros pasos del Ejecutivo de coalición van renovando las cúpulas de las Fuerzas de Seguridad, se vive el acoso –más que el enfrentamiento en la terminología periodística- de la judicatura conservadora, la empresarial da “toques” y la política es un fiero desbarre, tanto o menos que la mediática a su servicio. La sociedad entre tanto vive preocupada por ese escenario y por el ascenso de la ultraderecha que está impregnándolo todo. ¿Hay motivos?

La “letra pequeña” del barómetro del CIS de diciembre nos dice que la mayor parte de los españoles se autoubican en el centro y el centro izquierda, hasta casi un 59%.  En 2011, se situaba a la derecha más del 50%, entre el 5 y 8 de la tabla. Otro aspecto es la subjetividad con la que se vive la propia adscripción ideológica. Ahora, prácticamente solo los votantes de Vox se sienten de derecha máxima. Y no se pierdan a cerca de un 10% que no saben de qué son.

Gráfico de recuerdo de voto en el último CIS
Gráfico de recuerdo de voto en el último CIS

El 85% de los encuestados por el CIS consideran que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”, frente al 5% que optaría por un gobierno autoritario en determinadas circunstancias. El desglose es curioso. El 21% de Vox, 750.000 de sus más de 3.600.000 votantes; el resto, al parecer, no es consciente del ideario de su partido. Hay un rescoldo por todo el espectro político.

Lo cierto es que el ruido de una derecha extrema se extiende sobre una ciudadanía que elige posiciones más templadas. El mundo entero esta sobrecogido por esta epidemia intencionada. De ahí que surjan numerosos análisis para enfrentarla. Su poder vírico es mayor que su realidad. Todavía. Múltiples análisis describen características comunes en los nuevos fascismos –a los que eufemísticamente llaman ultraderecha e incluso, en medios españoles, centro derecha-.

En España, es esencial enfrentar el problema. Aquí se agrava porque este fascismo de hoy convive con el franquismo, impune aún varias décadas después de su término oficial, y con una especial estulticia que entra casi en el terreno de los terraplanistas.

Todos los fascismos tienen en común apelar a un pasado mítico, el espíritu de Nación y la unidad de la Patria, según cita, por ejemplo, Jason Stanley, profesor de filosofía en Yale, EEUU, en su libro superventas “Facha”. Otros le llamarían disfunción patriótica exacerbada. Vemos a Vox como genuino representante, incluso glorificando los Tercios de Flandes, pero Pablo Casado apeló, recién nombrado, al descubrimiento de América. Llegó a declarar que “la Hispanidad es la etapa más brillante del hombre junto al Imperio romano”. Desde Trump a Bolsonaro, desde Orban a Le Pen, todos invocan esa misma grandeza idealizada.

El anti intelectualismo une a esta pléyade de ultras. Estorba la cultura, el mismo hecho de pensar. Jair Bolsonaro ha comenzado el año diciendo que a partir de 2021, los libros de texto distribuidos a las escuelas tendrán la bandera brasileña en la portada  y un estilo “más suave”, porque hay “mucha escritura” en las publicaciones actuales. En Missouri, EEUU, han propuesto una ley para que los padres puedan censurar los libros de las bibliotecas públicas y mandar al bibliotecario a la cárcel si la incumple, según cuenta la periodista y docente Azahara Palomeque. En Arizona ya censuraron los libros que hablaban de la cultura mexicana, dice.

En la misma línea, Vox ha conseguido el apoyo del PP y Ciudadanos para introducir la ‘censura parental’ en Murcia que suprime contenidos a los escolares. Sobre feminismo y LGTBi de momento.  El gobierno lo va a recurrir. Pero, como vemos en otros países, hay una tendencia a criar niños “fachas” e ignorantes a imagen de sus progenitores y dirigentes

Porque el machismo como identidad en una lucha de sexos que impone la primacía del hombre y, en diversos grados, está en todo fascismo del siglo XXI. Múltiples ejemplos lo avalan. Por el Orden Público tienen obsesión como toda ideología autoritaria. Le dedicarían el grueso de los impuestos que paga el contribuyente, dado que desmantelar el Estado del Bienestar es otro de sus objetivos, algo más disfrazado en una presunta “libertad” de economía ultraliberal.

La propaganda, los bulos, las Fake News constituyen elementos fundamentales de la expansión ultraderechista. Algunos, como Rocío Monasterio, los llevan a la práctica.  Según El País, la factótum de Vox tramitó planos de obra con visados falseados hasta 2016, noticia que se une a las numerosas irregularidades detectadas en sus trabajos de arquitectura con su marido, Iván Espinosa de los Monteros.

El fascismo se refuerza en España con el franquismo impune, empapando soportes fundamentales del Estado. Seguimos conociendo datos espeluznantes de la represión que ejerció sobre los disidentes políticos. Esta exclusiva sobre el comisario Roberto Conesa, cuyas primeras víctimas fueron Las 13 rosas, es una muestra más del aparato nunca encausado.

 Y, además, la estulticia. Esa generación de políticos inauditos, diciendo una estupidez tras otra y que, como Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, abordan el cargo como un juego y hasta una pugna de triunfos que machaque al “enemigo” de su propio país. Un peligro público del que no es la única exponente y tanto como quienes ponen en manos de tales incompetentes asuntos esenciales de la vida de las personas.

Fascismo, franquismo y estulticia impregnan élites decisivas con notable desproporción sobre la realidad del país. Mienten, manipulan declaraciones y cargan sobre cuantos entorpecen su camino de abusos. A veces las cloacas se desbordan en actos que esta sociedad tolera mirando para otro lado como los asaltos a despachos de abogados incómodos o dilatan los procesos de figuras relevantes en tramas de alta alcurnia. Todo esto es lo que hay que limpiar y enfrentar.

A quienes creen solo lo que quieren creer, incluso lo mas absurdo, y ni la verdad consigue que varíen su opinión, aconsejan los expertos tratarles con cariño para que no se alteren más. No lo comparto. La seguridad del poder que han adquirido, unido a la falta de criterio, no hará sino acrecentarlo.

Para desmontar el grueso de la operación, con toda la batería ideológica cargada de mentiras, parece funcionar la técnica del bocadillo. Se expone la realidad, en medio el bulo tal como lo digan, y de nuevo la realidad demostrada.

El Estado del Bienestar debería defenderse por sí mismo. Y definir con ejemplos lo que realmente es la libertad. Amplia, de elegir, de pensar, de comer, de tener, de ser.

La España real es el país que vive en su tiempo, labrado con los logros del pasado y reconocido sus errores a erradicar. Una sociedad del siglo XXI, ha de vivir su presente. Limpio, con proyección hacia el futuro, trabajando por el bienestar de los ciudadanos que lo habitan. Y son esos mismos ciudadanos los que deben implicarse en los objetivos esenciales del país en el que quieren vivir. Y hoy por hoy no son -todavía- de la pesada derecha fascista, franquista y no muy espabilada. Todavía.

Sin poner la otra mejilla

Hablaron de trabajar al servicio de los ciudadanos. De repartir mejor los ingresos y pensar más en los que menos tienen. La toma de posesión de los miembros del nuevo Gobierno de coalición iba dejando en los objetivos ideas como equilibrio, participación, igualdad, pensar, ilusión, lucha colectiva, proyecto vital, cuidar, observar la realidad para saber entender las prioridades. Y dejarse la piel. Y poner la vida en el centro.

Enfrente seguían rugiendo las cavernas de todos los estamentos que temen ver disminuidos los privilegios de los que han gozado en algunos casos de forma secular. Redoblando insultos, mentiras y gritos, graznan anunciando querellas y todos los males del averno que tan bien conocen por su propia gestión. Y era un choque brutal, como para despertar al más engullido por la abducción que la derecha española promueve.

Isabel Díaz Ayuso se iba a blanquear al régimen autoritario de Arabia Saudí –bien es cierto que no es la primera- haciéndole mohínes a un príncipe local al borde del colapso para presumir de verdadero feminismo. Mientras, el Gobierno sumaba al equipo del Ministerio de Igualdad a mujeres como Beatriz Gimeno o Boti García Rodrigo, a quienes hemos visto luchando por los derechos en todos los escenarios durante décadas. Y no es lo mismo.

“Un Gobierno de acción, que haga política efectiva, política útil”, ha dicho Pedro Sánchez en su primera rueda de prensa como presidente. Con un tono moderado y conciliador que no excluye la energía. Más le vale contar con ella. Es solo un gobierno moderadamente progresista pero la España ultra se propone hundirlo desde antes de empezar a andar. Sin tregua. Son muchos años de práctica, saldada en general con éxito, gracias fundamentalmente a la impunidad. La batalla es ardua y precisa del criterio de la propia ciudadanía que se atreva a quitarse las gafas de madera de no ver. Se necesita sobre todo un gobierno fuerte al que no le tiemble la mano.

Por los agujeros de la corrupción institucionalizada se nos fue yendo la democracia. Y puede que sea la última oportunidad de recuperarla. No hay otra salida, lo siguiente si esto fracasa es una derecha absolutamente cerril y voxerizada. El Gobierno parece ser consciente de esto y del tratamiento a aplicar. Con todas las buenas formas que se quiera, hay que dejar de poner la otra mejilla, generosa honestidad sin contrapartida al otro lado.

Se debe enfrentar la mentira con la verdad. Los ataques con la defensa legal a todos los niveles. Derogar leyes autoritarias y promulgar limpieza. Desmontar las mentiras sin entrar en batallas estériles que desgasten.

El nombramiento de la exministra Dolores Delgado como fiscal general del Estado es la primera batalla que ha prendido en “toda la prensa” como he leído. “Casa mal con el discurso de imparcialidad”, escribía Ignacio Escolar, director de eldiarioes. La realidad es como es. “Hay mundos mejores, donde la Fiscalía no depende del Gobierno. Pero vivimos en este. El nuevo Gobierno ha decidido responder a la derecha con sus mismas armas”. Se trata de una medida defensiva y ofensiva. Tras décadas de politizar y usar la justicia en su provecho, ver preocuparse a esa derecha española por la independencia judicial es casi una broma macabra. La labor ha de ser pues, en primer lugar, despolitizar la justicia. Con mano firme, de nuevo. Pedro Sánchez ha citado como tarea prioritaria renovar los órganos de gobierno de la justicia.

Toda esa derecha política, mediática, eclesiástica, judicial, militar, sociológica, que hoy ruge contra el nuevo Gobierno tragó sin oponer crítica al latrocinio y desvergüenza que hemos venido sufriendo. Sirva de ejemplo por todas sus extensiones un caso que ocupa mucho menos espacio mediático que las corbatas de los ministros. La gran prensa convencional apenas ha informado de los 5,5 millones de euros que Esperanza Aguirre pagó a Indra por un software que nunca desarrolló y que la Comunidad actual ha aumentado con otros 8 millones. Mientras,al entonces presidente de Indra, Javier Monzón, le ha archivado la causa el juez de la Púnica con la oposición de la Fiscalía Anticorrupción. Hoy, Monzón es Presidente de PRISA. La oposición mediática no para de hablar del gasto en ministerios del nuevo Gobierno.

Si se quiere regenerar en serio, es imprescindible contar con información veraz. No se puede seguir regalando subvenciones públicas para lograr aplausos o evitar críticas. Y hay que primar la información rigurosa en los medios públicos. La información enfermó de gravedad el día en el que se decidió contentar a todos los partidos por cupos. El periodismo es contar noticias, no ser portavoces políticos de un signo u otro.

A pesar de la profusa extensión de los ventiladores mediáticos, el PSOE de Pedro Sánchez no está implicado en las corrupciones de sus antecesores, ni en los nepotismos de algunos de sus barones regionales. En absoluto lo está Podemos. De ahí el interés obsesivo en pringarles por ese lado para retomar el “todos lo hacen” de su eterno salvoconducto para trincar. Y en algunos casos, en muchos, les funciona.

A Pablo Casado le regalaron un máster, según las conclusiones de la jueza instructora, por ser quien era: alguien válido para los intereses que persigue el Partido Popular al parecer. La noticia que está circulando ahora por las redes pone la voz en grito de algunos periodistas: “es vieja”, argumentan. Sí, de agosto de 2018, pero Pablo Casado no ha empleado precisamente este año y medio en estudiar y aprobar su máster. Y, oh, casualidad, esa prensa peculiar a quien desprecia es a un vicepresidente con dos carreras auténticas, un doctorado y un máster.

La honestidad no vende en ciertos sectores. A menudo al bueno le llaman tonto. La información sí puede desmantelar leyendas. Como la del PP como mejor gestor. El de Rajoy llegó a perder el peso tradicional que España tenía en Europa. Hasta última hora, cuando colocó a Luis de Guindos en el Banco Central Europeo (BCE), más bien por lo que el antiguo presidente ibérico de Lehman Brothers representa en contactos; solo tenía una comisaría que ocupaba Miguel Arias Cañete, la de clima y energía.

La verdad de la gestión del PP tiene un nefasto plantel de medallas. Lo que llamaron crisis y la reforma laboral expulsó a millones de españoles a la emigración, sobre todo jóvenes. El PP fue el autor del medicamentazo y del copago farmacéutico. De la bajada de las pensiones, al cambiar el baremo para revalorizarlas.  De un sinfín de recortes que, sin embargo, lejos de equilibrar las cuentas del Estado aumentaron la deuda pública a niveles de récord, de récord histórico absoluto. Y que aún debemos. Creció la pobreza infantil. La ciencia y la investigación sufrieron drásticamente la feroz tijera del PP. Contaba Javier Lopez Facal en ReaccionaDos (Aguilar) cómo Rajoy recortó un 26.38% el presupuesto de 2012 y otro 6.23% en 2013, para decir ante las elecciones de 2014 que lo subía un 3,26%. Así funcionan. Ver la apuesta de este Gobierno por los avances científicos y tecnológicos es un alivio.

La del gobierno del PP de Mariano Rajoy ha sido la década en la que los ricos se hicieron más ricos y los pobres, más pobres. A partir de 2012, se puso España en venta. Fondos de inversión, fondos buitre, grupos organizados norteamericanos, chinos, rusos y venezolanos (ricos), encontraron en España el Edén para llegar, comprar y marchar. Para más información, preguntar a Ana Botella y familia, y al equipo de gobierno del PP. Hoy los fondos buitre reinan en España. Ante el mercado, cierto mercado, sucumbe el patriotismo. El Gobierno de coalición proyecta tomar medidas en vivienda precisamente, que en principio parecen alentadoras.

La labor más eficaz de la derecha española ha sido y es fomentar la desmemoria con el impagable apoyo de una gran mayoría de medios y comunicadores de sus mensajes. Los periodistas estábamos aquí, los que ejercemos como tales, y tenemos memoria y datos. El PP de Rajoy y sus sucursales en las entidades locales fueron muy precisos con los medios. Rajoy inauguró, no solo los sucedáneos de ruedas de prensa (sin preguntas) sino la comunicación vía plasma -por suerte conectado- con unos dóciles periodistas tomando notas ante un televisor teniendo al susodicho en la sala de al lado.

Pero el demoledor aviso a navegantes estalló con el cese de los directores de tres importantes medios en un breve espacio, 2014, así como por casualidad. José Antich en La Vanguardia, después de 13 años. El Mundo se deshace de Pedro J. Ramírez, quien ahora anda recogiendo algunas migajas hasta en TVE y el de Jesús Ceberio en El País, sustituido por Antonio Caño. Fue la época de los ERES drásticos, como el del diario de PRISA, que expulsó a una generación extraordinaria de periodistas. Tanto Caño como Juan Luis Cebrián salieron también después.

Es necesario recordar con datos y aprender del pasado. Porque así sigue esa derecha dirigida por la ultraderechista Vox, gastando el dinero en banderas, luces o estatuas de agresivos guerreros. Y, lo que es peor, haciendo desde el primer momento una guerra sucia donde las haya al nuevo Gobierno. La izquierda no es un sacerdocio religioso, lo último es ofrecer la otra mejilla a quien golpea con tal injusticia y saña. Mano firme e inflexible a todo atropello por la sociedad que lo espera. Porque hay una ciudadanía ilusionada y limpia que merece acción, política efectiva y útil, equilibrio, participación, igualdad, ilusión, lucha colectiva, ver cumplidos sus proyectos vitales, cuidados. Y un gobierno que se deje la piel y ponga la vida en el centro.

 

*Publicado en eldiarioes

“Lo que sabemos” del acoso que sufrirá el gobierno

Nunca hubo más capacidad de informarse que ahora, y nunca resultó tan difícil. Muchas son las causas que han propiciado esta era del periodismo pero la más nefasta de sus consecuencias es la inseguridad de que sean ciertas las noticias que se distribuyen. Las fake news están destrozando a una sociedad que pisa en falso en terrenos fundamentales de su vida y no es ni el mayor problema: lo es el sesgo subjetivo e interesado que se imprime a las auténticas para dejar de serlo. En el momento que vive España, esta doble desinformación puede alterar el proyecto democrático. Hay muchos trabajando para que no salga adelante. La trayectoria de quienes formarán el Gobierno prevé logros notables pero se van enfrentar con el escollo de una oposición turbia que viste un disfraz de periodismo.

Los titulares solían hacer una síntesis del contenido de las noticias, no dejarlos en ambiguo como un anzuelo para clicar. Este “lo que sabemos” que prolifera parece apelar a una complicidad en el cotilleo sin exigir el menor esfuerzo de pensar al lector. Utiliza la frivolidad como vehículo de sus mensajes. Pero el cotilleo y la dialéctica de la tertulia a modo de partido de fútbol han impregnado, infectado, la información. Y el cotilleo no es información y la mayoría de las tertulias no son debates, sino espectáculo y con intereses concretos. Grave gato por liebre para la audiencia, casi inerme ante estas formas. Ahora se precisa más que nunca un esfuerzo del lector que acuda a medios fiables y confíe en periodistas rigurosos. Contraste y se informe, en definitiva.

Con el presidente Sánchez investido, las especulaciones se dirigen al Gobierno y a las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos. La intención de dinamitarlas es más que evidente. Desde afuera, desde luego. Procuren no contagiarse dentro. Varios medios afirman que las cuatro vicepresidencias son para devaluar la de Pablo Iglesias. La exclusividad parece ser imprescindible en ese alto cargo, porque otros ven debilitada a Nadia Calviño. Es vicepresidenta y tendrá –que se anticipe- todas las competencias en la dirección económica, como Pablo Iglesias en Asuntos Sociales, pero que haya otros al mismo nivel se ve como una merma. Carmen Calvo sería quien más competencias hubiera perdido y no se menciona. Las cuatro vicepresidencias es un tema que llevará horas y días de discusión mediática, por encima de los contenidos.

Este Gobierno suscita enormes preocupaciones entre quienes se afanan en preservar los privilegios de quienes siempre los han tenido y que comparten algunas de las víctimas de ese desequilibrio. Ocurre por esa rara solidaridad que encuentran en los sumisos, en algunos. Ofende a la lógica calificar a este gobierno de comunista y bolivariano, teniendo de vicepresidenta precisamente a Nadia Calviño en economía y otros nombramientos de su área como José Luis Escrivá, exjefe de estudios de BBVA, para Seguridad Social. Si las competencias son como se van avanzando supondrá, sin embargo, una suma interesante de progreso, sin alharacas. Mayor a la que estamos acostumbrados. La máxima que nos podemos permitir en este estado del país.

Una información rigurosa no puede basarse en las declaraciones yuxtapuestas de lo que dicen los políticos sin ningún contexto, como hacen muchos medios y en particular, dramáticamente, RTVE. No se pueden soltar a saco sus verdades y mentiras a una audiencia cada vez más desvalida si no se toma el esfuerzo de informarse de verdad para tener criterio. Abrir el grifo a la cadena de falsedades que sueltan por su boca los miembros de Vox y gran parte del PP y Ciudadanos no es objetividad, es –en el mejor de los casos- impericia. Tampoco es objetividad ni información, el este dice y el otro dice ¿Recuerdan aquel dicho?: “Si una persona dice que llueve y otra dice que no, tu trabajo como periodista NO es darle voz a ambas. Es abrir la puta ventana y ver si está lloviendo”. Y cada vez hay menos ventanas para asomarse y contarlo. Es irritante oír el sembrado del “dicen” ante hechos confirmados y obvios. Dan ganas de decirles algunos comunicadores: ¿Y a ti qué te parece? ¿Has buscado los datos reales para saber si lo “dicen” con razón o sin ella?

Miente Vox prácticamente en cuanto habla. Miente Pablo Casado cuando dice que los partidos que votaron ‘no’ a Sánchez sumaron “un millón y pico más de votantes” más que los que votaron ‘sí’ y miente y miente sin cesar. Miente, desde la ya irrelevancia política, Inés Arrimadas al lanzar sus odios contra quienes “dieron un golpe de Estado en Cataluña”, porque ni la justicia española siquiera, que ya es decir, le ha aplicado tal figura penal.

Por cierto, en un país serio y maduro tendría un exhaustivo tratamiento el escándalo de los tribunales españoles en el caso de Oriol Junqueras y otros independentistas catalanes. Por cómo siguen el criterio de un órgano administrativo, altamente politizado y contraviniendo el dictamen del Tribunal de Justicia Europeo. Ese pulso tan obcecado chirría. Desde luego precisaría mucho más espacio informativo que el número de vicepresidencias.

Es duro competir con las tendencias que diluyen lo que de verdad afecta a los ciudadanos. Con la sobreabundancia que termina sepultando lo importante bajo una pila en la que hay de todo, primando cada vez más lo accesorio, la anécdota, la frivolidad, la mala intención y los intereses también. Hay otro periodismo. En mi opinión, aquí, en eldiario.es y otros medios desde luego, se consigue. Pero las trombas que entran por las teles son arrolladoras.

La deriva es mayor si cabe en la militancia de medios, programas, y comunicadores –no llamo periodistas a quienes no lo ejercen- en este momento decisivo de la sociedad española. El tercer grado de acoso al que sometió Ana Rosa Quintana a Tomás Guitarte se inscribe en toda la campaña contra Teruel Existe por apoyar la investidura de Pedro Sánchez. Sonroja. Insisto en que tuvo que ser escondido y protegido por la Seguridad del Estado en la víspera de la votación, y eso no ocurre en los países democráticos. La Caverna mediática y política una vez que agarra presa ya no la suelta. Y en esa cueva de inmundicia hay un amplio pelaje, amparado por otros poderes. En varios casos también subvencionados con nuestros impuestos.

El machismo feroz se ceba en Irene Montero, la política que no debe ser ministra, dicen, por compartir su vida con Pablo Iglesias. Liderando la cacería un locutor de la COPE, la cadena de los obispos que a diario ensalza a la ultraderecha e insulta a la izquierda. De esos obispos que viven, por cierto, por mitad del siglo pasado en las telarañas franquistas y pontifican sobre el sexo tan fuera del tiempo y la realidad que asusta. Y que organizan, como el obispo de Castelló, cursos para hacer frente a las políticas del nuevo Gobierno.

Están las bombas incendiarias de los capataces de las cloacas informativas. En perfecto equipo, el PP presenta pregunta al Gobierno sobre “la financiación boliviariana de Podemos”. Esto parte de Eduardo Inda y su OK Diario. Ejemplo claro de cómo la cloaca propaga sus excrementos al punto entrar en la cadena de alimentación informativa. Tras haber rechazado la justicia toda la anterior porquería vertida, no dejan de intentarlo. Y, a fuerza de insistir en promocionarles, hay quien se degrada al punto de prestarles atención.

Y las portadas que abochornan al periodismo, y las declaraciones en silla de plató cargadas de mentiras e insidias. No, la información no son las especulaciones, los chismes, los zascas, las ventas de lo que mande la empresa o la dirección al margen del periodismo.

El mayor peligro para los ciudadanos es que no les cuenten lo que saben les afecta de verdad sino lo que colocan en la “agenda informativa” para que lo consuman. El giro desinformativo del periodismo tiene consecuencias. Hay que reescribir los titulares y los sumarios. Complementar, dar contexto.

Si leemos: Aznar critica el Gobierno de coalición: “¿Qué futuro espera a una nación que pone su destino en quien la quiere destruir?”. Retitulamos: Aznar ataca al Gobierno de coalición. Y colocamos de sumario: El ex presidente del PP, de ideolología ultraconservadora, tiene en su haber la firma de las Azores, las mentiras del 11M, la burbuja inmobiliaria o la privatización de las empresas consideradas cinco joyas de la corona.

Miremos los efectos de la desinformación en el terreno internacional, para saber lo que nos afecta de cerca aunque parezca estar lejos. Veamos los variados sesgos que adquiere el actual litigio entre Trump e Irán y toda su área de influencia. Las culturas diferentes crean prejuicios pero cabe poca duda que asesinar al General Soleimani ha sido un terrible error que ha desestabilizado la zona y anulado años de búsqueda de acuerdo. Hasta John Kerry, antiguo Secretario Estado de Obama, dice que Trump ha destruido todo el trabajo diplomático que ellos hicieron en Irán. Da argumentos sólidos pero no puede evitar arrimar el ascua a la sardina demócrata, ni de algún modo entender la ejecución, sin mediar guerra declarada, de un hombre clave en Irán porque no convenía a sus intereses. De aquí puede desencadenarse una guerra. Con armas nucleares. Los fans de Trump y la América Grande están encantados sin ver más allá. Algunos viven en un campo de juego, y mueren en la realidad de la miseria.

Arranca un gobierno más o menos progresista contra los huracanes de la manipulación. Y va a tener que afrontar los objetivos de gestión con el viento en contra de todas esas insidias, que no es el mejor escenario para trabajar. El ciudadano de a pie sigue teniendo una palabra decisiva tanto al elegir como al seleccionar con criterio. Lo que sé de la información y la democracia me indica que ese es un camino acertado.

 

Derrotadas las técnicas mafiosas de la derecha golpista

Ha sido una larga y angustiosa travesía que ha sacado a plena luz lo peor y lo mejor de España. Pero, al fin, España va a tener un gobierno de coalición progresista, superando la enorme presión de una derecha empeñada en derrotar por la trampa el resultado de las urnas. Días de intensas tensiones que culminaban en una noche de cuchillos largos que el Estado democrático ha impedido desenvainar. Con un diputado, Tomás Guitarte, de Teruel Existe, durmiendo en paradero desconocido para sus atacantes, y otros tan presionados que acabarán denunciando el acoso sufrido. Lo que este esforzado camino al gobierno ha demostrado es que España ha resucitado a su peor derecha y que los progresistas han sabido aguantar y vencer.

Se demuestra, por tanto, que la derecha –en toda su extensión- no estaba haciendo política sino su negocio habitual que disfraza de patriotismo. La que va desde el Señorito Iván de Miguel Delibes, pisoteando a sus santos inocentes, a la que estas navidades insólitas insultaba y obstaculizaba desde el Congreso la formación de un gobierno legítimo. Hace falta mucha convicción democrática para enfrentar sus técnicas que –hasta con un diputado escondido y protegido por Interior- no difieren de la mafia. Algo muy grave ocurre en este país cuando votar “en conciencia” se considera un acto de valentía. El PSOE de Pedro Sánchez, Unidas Podemos con Pablo Iglesias al frente, y todos cuantos han colaborado con su apoyo o abstención positiva se han mantenido firmes.

No quedaba otro camino. La derecha más extrema ha ido ganando terreno, con la ayuda eficaz de poderes al margen, desde los mediáticos a los económicos que en algunos casos vienen a ser lo mismo. Con el ruido de fusiles, de sotanas, y de togas que ya sabemos. Era formar gobierno o dejar que esa lacra siguiera creciendo. Y así lo han entendido los políticos que han hecho posible esta investidura y sobre todo los ciudadanos que una y otra vez han votado a quienes querían que les gobernasen. Para la mayoría -que es lo que cuenta- no era esa derecha salida de las catacumbas.

    No es posible emplear una falsa equidistancia, la objetividad hoy es señalar el peligro de esa derecha que no duda en utilizar procedimientos impropios para lograr sus propósitos. Ésos que solo los ingenuos creen son los de la ciudadanía. No hay derecho al sinvivir que han hecho sufrir a tanta gente. El miedo a sus reconocidos métodos que han llenado de pronunciamientos militares, intentos de golpes de Estado y Golpes consumados los dos últimos siglos.

Esto no parará aquí, pero no es lo mismo afrontar las trampas desde el poder que desde la inestabilidad. Los que temen la basura que expande esta derecha deben buscar su propio criterio, mirar y deducir. Anuncian un apocalipsis económico que no lo será ni siquiera para los protegidos de su sistema. Es un programa socialdemócrata, lo mínimo exigible en un Estado que quiera responder a lo que ya en la Constitución se dice que somos: un Estado social. Se van poner en marcha medidas para proteger a las mujeres y a sus hijos frente al machismo y la violencia de género, especialmente necesario tras el aumento de las asesinadas que coincide con el negacionismo de la ultraderecha. Lo peor son las zancadillas, la maledicencia, los acosos que rozan lo delictivo. El surtido de basura expelido no es propio de un país democrático.

Hemos asistido al matonismo de numerosos diputados, a la patética postura –de espaldas- de Adolfo Suárez Illana, diputado del partido amparado por personas que hicieron la vida imposible a su padre por cambiar el Movimiento dictatorial franquista -al que pertenecía- por una ley para la Democracia. A políticas desencajadas insistiendo en ver golpes de Estado donde no los hay, precisamente. Ni para el sentido común democrático en España –el gobierno de progreso- ni en Catalunya, dado que ni siquiera la justicia española se ha atrevido a sentenciarlo así. Las hemos visto desmoronarse camino de la nada como Inés Arrimadas, o camino de la furia y la venganza como Álvarez de Toledo. Desde los vertederos mediáticos y al más alto nivel en el escalafón se ha insultado con rabia renacida. Había dicho Pedro Sanchez: “Pueden hacer dos cosas, seguir con el berrinche o aceptar el resultado”. Y parecen haber optado por el berrinche. Columnas calificando al Gobierno de CoProfagia progre o las lágrimas de Pablo Iglesias “en directo”, al verse vicedpresidente de un gobierno progresista tras años de insultos y cloacas destinados a tumbar su imagen.

Lo del diputado Tomas Guitarte de Teruel Existe es inaceptable. Ha tenido que ser protegido por la Seguridad del Estado y ha de seguir conviviendo con sus acosadores. Teruel necesitaba que alguien luchara por él.   Sus caciques y beneficiarios clientelares la han tenido abandonada durante décadas. Gobernado tradicionalmente por la derecha, les cuadraba una vieja jota de La Bullonera: “Son los amos de mi tierra como el perro del hortelano, ni se atreven a salvarla ni nos dejan defenderla”.

   Un tema a no desdeñar es el uso que la cada vez más extrema derecha hace de la monarquía. Han coincidido en expresar una grandilocuente defensa del rey, cuando la institución de la jefatura del Estado puede ser criticada como otras instituciones, tal como recordaba Aitor Esteban del PNV.    “Si quieren defender a la monarquía, eviten que la monarquía sea identificada con ustedes. Quizás se hayan convertido ustedes en la mayor amenaza para la monarquía en España”, les había dicho Pablo Iglesias poco antes. El político vasco, por cierto, en la misma línea de argumentación, concluyó: “El rey ha propuesto la investidura del felón Sánchez, según su lógica, qué irresponsabilidad la del monarca”. Cuando decimos que en España no hay una derecha civilizada y homologable a sus similares en Europa, nos referimos a los partidos nacionales. El PNV es esa derecha civilizada y homologable. Y desde luego esta sociedad precisa tener partidos conservadores que no den vergüenza.

Rosa María Artal

@rosamariaartal

El uso que la triple ultraderecha hace del Rey se explica en estas fotos.

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La utilización de la figura del rey venía avalada por estas imágenes tensas de la Pascua Militar de la víspera. La monarquía habrá de cuidarse de quienes le adulan y asocian con la triple derecha y aún más de quienes podrían estar invocando su nombre en esas noches de cuchillos largos.

Se ha marcado de nuevo la brutal diferencia entre las dos Españas. Las de Antonio Machado, obligado “en conciencia”, este sí, a exiliarse a Francia, donde murió. “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”. Tal cual ha vuelto a ocurrir.

En el nuevo gobierno suenan muchos nombres a trabajo, prestigio y decencia. A firmeza habrá de ser también, porque un país con las trampas y amenazas sufridas y las que están por venir, es invivible. Cuando, en efecto, ya hay muchos españoles del siglo XXI, sin telarañas ni brillantina, felices por haber abierto esta ventana de esperanza. Muchos han esperado décadas.

 

*Publicado en eldiario.es

Pensar con la bandera y la cartera

Disculpen la licencia de resumir en un título una idea más compleja. El verbo sin duda alguna no es pensar, sino sentir, y obrar también. Una serie de dirigentes políticos han nacido el año 2020 ya en conflicto, y en algunos casos de proporciones mayúsculas. En la España que apura los días para formar gobierno rodeado de una oposición bélica y en el mundo con el ataque del ejército de Donald Trump buscando y logrando la muerte del general iraní Qassim Suleimani, la figura militar más relevante en Oriente Medio. Además de otros destacados miembros del propio Irán y de Irak. Se reactiva un avispero que afecta a la zona.

No hace falta salvar las distancias de ámbitos tan diferentes como España y ese mundo de intereses que estalla por la ofensiva de Trump, hay un punto esencial en común: los políticos que toman decisiones trascendentales y el carácter de sus votantes. Lo que define a unos sirve casi idéntico para otros.

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El presidente republicano de EEUU, Donald Trump, ha saludado el asesinato selectivo del general Qassim Suleimani, ordenado por él, con un tuit que solo contenía la bandera norteamericana. Algún seguidor ha dicho: “bien, para que sepan quién manda”, pero ¿saben de verdad quién manda, por qué y para qué? La otra pata de este tipo de ofensivas se da en la propaganda. Al general iraní se le endosa basura y así parece merecer ese linchamiento. Cuentan de otro lado, en cambio, que Suleimani era el azote del ISIS o Daesh, del terrorismo yihadista en resumen. ¿Imaginan que Irán hubiera asesinado al jefe del Pentágono estadounidense?

Desde luego otras poderosas razones están en el tablero: el impeachment de Trump –a pesar de que sus correligionarios en el Senado le salvarán con casi total seguridad- y la lucha de poder entre Estados Unidos e Irán. Hasta ahora el Imperio persa, Irán, nunca ha sido invadido, como contaba el periodista Ramón Lobo desgranando la génesis de este largo enfrentamiento. Hace meses ya que sonaban intensamente los tambores de guerra y crisis.

El Pentágono dice que buscaba “disuadir” futuros planes de Irán. Y, como era de esperar y ellos mismos saben, está ocurriendo al contrario: numerosas reacciones de protesta de mandatarios en la zona, manifestaciones masivas en Teherán, alerta máxima en Israel, llamadas a la prudencia en varios países. Estados Unidos ha mandado evacuar a su personal civil y se dispone a enviar a la zona “miles de soldados”, hasta 3.500 de inmediato. Trump ya tiene su guerra de envergadura.  Aunque el Congreso se divida ante la alocada acción del presidente que promete ser dramática en consecuencias.

Trump es un ser ególatra y vanidoso, inculto, con escasos escrúpulos, aparentemente incapacitado para el cargo, que salió elegido por millones de personas gracias a su populismo y las fake news como arma. Rodeado de voces del ultraconservadurismo republicano, de los dioses del dinero y de las armas, incluso de los aires del cristianismo evangelista talibán. ¿Qué podía salir mal? ¿Qué puede salir mal con escenarios similares en otros lugares como España? Hoy no se puede alegar desconocimiento. “En la era de la información, la ignorancia es una elección”, como tituló una exposición el artista visual californiano Donny Miller. Quien opta por la ignorancia es absolutamente responsable de lo que desencadena en el bien común.

Es evidente que millones de personas han logrado estar representadas por políticos incapaces para el puesto, ignorantes, fatuos, con escasos escrúpulos capaces de desencadenar conflictos de consecuencias incalculables. Se diría que sus votantes obran por emociones más que razonando y aparcando las consecuencias de un futuro absolutamente previsible. Es donde hay que actuar, con todas las fuerzas de la razón, la ciudadanía responsable está a la intemperie ante esta plaga.

Vamos en España hacia la investidura de un gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos a la que no cabe poner más trabas. En ese sentido puede interpretarse la decisión de la muy polítizada Junta Electoral Central de inhabilitar al President de la Generalitat, Quim Torra, por poner unos lazos amarillos fuera de la campaña, por 7 votos a 6, sin esperar al recurso en el Tribunal Supremo ni a que la sentencia sea firme. No contentos con semejante medida, se han lanzado a contravenir la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE y han  inhabilitado como eurodiputado a Junqueras. Sin siquiera esperar a que se pronuncie el Supremo, que fue quien le condenó, tome una decisión. Es evidente que España necesita un gobierno que afronte los gravísimos problemas que la pesada losa de una derecha que no pasa por ser de lo más homologable con las europeas de su corte.

Ese gobierno precisa del apoyo o abstención de otras fuerzas. Como vemos, la derecha y ultraderecha política, mediática y judicial, los poderes económicos, el talibalismo católico representado por el modelo cardenal Cañizares, andan con las armas en alto para evitarlo. Aunque no hayan ganado las elecciones como en el caso de sus partidos, o no se hayan presentado a las urnas, sino a través de “testaferros”, algunos comprados a bajo precio. Ese compacto bloque hace ver que el triunfo es suyo y que le asiste la razón. No es así. Pero gran parte de sus seguidores piensan con la bandera para ayudarles a que ellos lo hagan primordialmente con la cartera. El anticatalanismo, en particular, obra prodigios en esas cabezas que prefieren alianzas la ultraderecha.

Un día la mayoría de los gobiernos pueden estar en manos de dirigentes como Díaz Ayuso, actual presidenta de Madrid. O como el alcalde, Martínez-Almeida. Como Inés Arrimadas o Pablo Casado. O Teodoro García Egea. O Albert Rivera. Desde hace un tiempo ya significativo, el nivel de un nutrido grupo de políticos españoles asusta. En realidad es el final de una escalada que se inició con una serie de políticos relevantes por su frivolidad. O con más precisión: un rellano en ese ascenso al poder de la inanidad con regustos torvos. Como ya ocurre en Estados Unidos con Donald Trump, en Brasil con Bolsonaro, o Bolivia con otra iluminada que se autoproclamó presidenta sin más miramientos. ¿No se han parado a pensar qué ocurrirá ese día en el que las decisiones sobre salud, educación, servicios, economía… supervivencia, como vemos, estén en manos de dirigentes de ese perfil? Spoiler: en algunos lugares ya lo están.

Detengámonos en Isabel Díaz Ayuso como paradigma. Afirmó que “nadie había muerto por contaminación” causando tal rechazo que la presidenta madrileña ha sido rebatida hasta por el Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero avisó desde el primer día. Su historial de declaraciones insólitas van desde considerar al “concebido no nacido un miembro de la familia” sin saber si cobraría o no en el caso de malograrse, a elogiar los atascos y el humo de los coches en Madrid o los empleos basura. Y todo ello no fue obstáculo para que la votaran directamente 714.718 personas y otras 625.039 que, inclinándose por Aguado de Ciudadanos, la eligieron a ella; más los de Vox como punto y aparte. La extuitera de Pecas, el perro de su antecesora Esperanza Aguirre, ha sobrepasado en sus ataques políticos toda ética calificando de etarras a posibles ministros. Doblemente espeluznante en un partido con su historial de corrupción. Lo peor es que a ese nivel están la mayoría de sus correligionarios.

Perdonen que insista ¿han pensado que ocurrirá si un día la mayoría de los dirigentes son de ese perfil? El resto del complejo, las filiales mediáticas, los ejércitos tuiteros y de WhatsAPP harán el resto de la faena. Un gobierno que siquiera se aleje de ese modelo y que de hecho se esfuerce en combatir, democráticamente, sus consecuencias es ya una exigencia vital. Todos hoy son responsables de lo que suceda y aquí seguimos expectantes esperando.

Horas de vísperas, de negociaciones, peticiones en las que unos cargan con la desmesura y otros la cardan, y el panal de avispas atacando. De rumores de “tamayazo”. Más allá, Donald Trump alardea de bandera y su secretario de Estado Pompeo se deleita pensando que ya vio “algo evangélico apocalíptico, un éxtasis en el fondo” montando un conflicto con el imbatido y poderoso Irán. Veremos cómo acaba este estado de máxima tensión. Para quienes se sientan a decidir, bien, ya se lo anticipo.

Ayer me topé con un viejo libro de Milan Kundera y una frase que le dedicó otro escritor, Ítalo Calvino: “Esta novela demuestra que todo lo que elegimos por su levedad no tarda en revelar su propio peso insoportable”. Tenemos que hablar mucho más de todo esto, pero sin duda pocas definiciones se ajustan mejor al signo de los tiempos que, por supervivencia, habría de ser revertido.

 

*Publicado en eldiarioes

Ruge la Caverna

Arremete la derecha política de todos los colores, los poderes económicos y mediáticos que no concurren a las urnas también, contra el gobierno progresista. Un ataque generalizado y a unos niveles de virulencia que rozan en más de un caso el terreno del golpismo. Es intolerable porque hay algo obvio que quieren disfrazar: la derecha no ganó las elecciones del 10N, no gozó de la confianza de los ciudadanos, ni siquiera con la batería de mentiras y apoyos lanzados desde sus filas y su ejército mediático.

No ganaron, pero una vez más se comportan como si lo hubieran hecho. Ahora, ante la proximidad de la investidura de Pedro Sánchez, se lanzan a una feroz campaña de oposición que no se parará ante nada, y decir “ante nada” es ante nada. Ocurre que la mayor parte de los grandes medios apoyan a la derecha, sin escatimar recursos tampoco. Solo una ciudadanía responsable puede detener semejante acoso.

La coalición del PSOE y Unidas Podemos ha presentado, finalmente, un programa de gobierno socialdemócrata, como proyectan sus homólogos alemanes para detener la caída electoral y como intentó, tarde, Jeremy Corbyn en el Reino Unido. No hay otro camino para frenar la deriva ultraderechista irracional, muy programada, que se está apoderando de la política y que prende en una ciudadanía vapuleada por la crisis y la falta de respuestas. Atrapada en esa banalidad que se ha apoderado de la sociedad que huye del pensamiento como de la peste. Es una parte de la sociedad, no la mayoría, de ahí los resultados electorales en España.

En la más pura lógica, la sociedad en general debería sentirse esperanzada con las medidas propuestas. Las más ambiciosas que pueden darse en el estado actual de nuestro país. Con cumplir tres cuartas partes de ellas ya sería un gran avance. Subir los impuestos, 2 puntos, a quienes ingresan 130.000 euros al año que son el 0,8% de los contribuyentes no debería incomodar a sus beneficiarios pero algunos se dejan cegar por la propaganda de quienes defienden precisamente a ese 0,8% nada más.  Por supuesto que había que derogar la Reforma Laboral del PP que convirtió en pobres a muchos trabajadores y que dotó de inseguridad al conjunto del mercado laboral. Y regular el precio de los alquileres que se ha disparado en los últimos años en un insostenible proceso especulativo. Estudiar un Ingreso Mínimo Vital, cuando existen colectivos que ni tienen, ni tendrán trabajo, es obrar con sensatez por la ciudadanía.

Pensar la política en clave feminista para paliar los desequilibrios existentes. Ver de poner freno a la violencia machista. Dar un no rotundo a los Vientres de alquiler. Intentar políticas ambientales que frenen el abrumador peligro que conlleva el cambio climático. Todas ellas y varias otras, son medidas imprescindibles. Merece la pena leer el programa completo para comprobar si hay motivo para tanta alarma y comprobar que la derecha española sigue sin estar por la labor de compartir ni un gramo de sus privilegios. Produce hasta un cierto estupor  leer medidas que soliviantan a ABC por ejemplo, porque las ve “puramente ideológicas”, entre ellas ir contra Franco, dice. Se ve que los partidos ganan las elecciones para aplicar el programa del contrario. O con mayor precisión: el de la derecha, siempre el de la derecha.

Conviene recordar lo que perpetró José Ignacio Wert con la LOMCE que el próximo gobierno quiere derogar. Además de los aspectos de la enseñanza que la devaluaron, el ministro del PP le aplicó leyes fuertemente inspiradas por el ultracatolicismo que representa el Opus Dei del que es valedor.

El origien divino del Cosmos, en el BOE por ley del PP
El origen divino del Cosmos, en el BOE por ley del PP

Colegios segregados por sexo y financiados contra viento y marea, a pesar de sentencia en contra del Supremo. Si hay que cambiar la ley, se cambia, dijo, y ahí están. Las creencias religiosas fueron consagradas en el BOE de un Estado aconfesional como España en donde inscribió: “El alumno reconoce con asombro y se esfuerza por comprender el origen divino del cosmos”.

La educación y la información son la base que crea ciudadanos responsables. Siglos en los que la enseñanza ha estado impregnada de ese catolicismo de misas y rosarios que ignora la justicia y a menudo hasta la caridad han formateado a una parte de la sociedad. Esta información que padecemos en defensa de un porcentaje mínimo de la población, y con fines ideológicos muy definidos, nos ha hecho mucho daño como país. Y en varios casos está subvencionada con nuestros impuestos.

La derecha cada vez más extrema arrecia en titulares en los que como Luis XIV viene a decir: “El Estado soy yo”. El Estado, la Constitución y la Biblia. Casado, Álvarez de Toledo, Marcos de Quinto y todo el vocerío facha mediático, ven golpes de Estado por todas partes. A sus privilegios y de forma tan mínima que sonroja ver tan poca vergüenza. La España que reivindican ya la padecimos algunos, y jóvenes y  adultos del siglo XXI deberían huir de ese peligro. Los valores no están en una bandera, ni en un territorio, están en las personas, en la dignidad, la decencia, la valentía para acometer todo el resto de los retos.

Un gobierno progresista debe potenciar la educación y los cauces para una información rigurosa e independiente. Necesitamos ciudadanos a los que importe la ética, la decencia, que no les dé igual que los políticos que han elegido roben y prostituyan la verdad. Educar en valores que paradójicamente es lo que ha faltado en un país con tantas influencias torcidas. En el mundo actual, hablar de valores remite a provecho, beneficio, utilidad, bonos, acciones, títulos. Pero las sociedades serían más justas y felices basadas en la equidad, la justicia, la libertad, la ética, los derechos humanos, los derechos civiles, los que ayudan a disfrutar de la vida en salud, el compromiso social, la generosidad, y la justicia en lugar de la caridad. Elegir entre una y otra vertiente se enseña con el ejemplo en casa… y en el colegio. Solo esa ciudadanía honesta y con criterio puede rechazar los terribles cantos de sirena de “la caverna”.

Parece que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias –y sus colaboradores– han aprendido la lección. Se han pertrechado de sólidos escudos y se diría que hasta han tomado algunas clases de esgrima. A Sánchez lo echaron sus propios compañeros, Iglesias soportó y soporta virulentos ataques de las cloacas, e internos en su día. Ambos parecen ser conscientes de que solo marcando la diferencia y luchando por el bien común, puede salir el proyecto pese a todas las invectivas. Portugal es un ejemplo, aunque nunca nada sea perfecto.

Es la España de intentar el progreso, el más elemental, o el que nos remite a aquella España franquista que describió el poeta Rafael Alberti: “Dura España terrible, temible, aborrecible, rostro desapacible, obstinada, infalible, irascible, insufrible. España inamovible, imposible, impasible, locura inextinguible”.

Para ser imposible lleva décadas lastrando este. Y está empeñada en seguir, a toda costa. Aventar la caspa no es revanchismo, es salud democrática. Pero es el bien común el que está en juego y, al paso que vamos, la democracia. Si nada se tuerce –y lo van a intentar con todas sus armas– será ya, como tarde, en los primeros días de este 2020 que comienza.

 

 

*Publicado en eldiario.es

Historia de un espejo

Por más que tratemos de resistirnos a los balances vitales de fin de año, mezclados con el almíbar y el acíbar de las Navidades, se terminan haciendo de alguna manera. Parece que algo abocara a ese repaso; doblemente ahora, porque cambiamos el dígito de la década. Yo lo he hecho motivada por un hecho simple aunque significativo. Déjenme que les cuente la historia de un espejo. A veces, en ellos se ve pasar la vida desde otro ángulo. Casi “dentro y fuera de la realidad“, como una exposición de divulgación científica que se ofrece en Barcelona.

En 2010, cuando comenzó esta década, escribí en mi blog –esas cosas de los blogs sobre un espejo con luces para maquillaje que había resultado ser un antídoto contra la chapuza, según titulé. Lo compré en Nueva York en 1990 durante unos meses en los que residí allí y seguía luciendo 20 años después con los mismos neones de origen. Pensé en cómo había escapado a la obsolescencia programada, desafiado a su propio destino consumible. Máxime al estar construido en simple material plástico. En el post había más disfunciones que siguen hoy su marcha tan lozanas como el primer día. Así, le pasó durante mucho tiempo a mi espejo neoyorquino.

Espejo Clairol True-to-Light
Espejo Clairol True-to-Light

Pocos años después, quizás cinco años, en esos cuartos de siglo rotundos, le falló el sistema central giratorio que permite alternar una lámina de aumento y otra con la imagen normal, algo puramente mecánico. Busqué otros, más modernos, pero no lucían, ni servían como él.  Y en un taller artesano me lo arreglaron tras haberlo rechazado –con cara de qué está diciendo esta mujer– en un par de tiendas al verme llegar con un espejo viejo para reparar. El tiempo ha ido deteriorando la estructura, no su iluminación. Estaba fabricado para durar Claire true-to-light, se llama, al punto que veo se vende como vintage de segundo mano en Estados Unidos.

Llevaba unos días achacoso: el interruptor no se quedaba fijo y se apagaba uno de los neones al poco de encenderlo, y unos días más tarde, los dos. Ni cuñas, ni esparadrapo lo apañaban. El miércoles, en pleno día de Navidad, en un leve movimiento se desmoronó por el soporte. Y yo, aunque soy poco dada a los trabajos manuales, pensé en practicarle una operación completa a la desesperada. Desatornillé, busqué el mecanismo del interruptor, no hubo nada qué hacer y al intentar ensamblarlo otra vez, toda la estructura fue cayendo. Los neones siguen iluminando. Después de 30 años largos y de que ya todo lo accesorio ha caído, salvo la luz y el espejo. Ha llegado su final cuando mantiene lo básico.

Se han reunido varios aparatos domésticos para dar avisos o fenecer también, cada vez finiquitan antes. No son señales, es la obsolescencia programada, que vence precisamente para el final de un año y un cambio de dígito en la década. Un año muy especial, en muchas cosas inolvidable. Una década a la que entramos en el apogeo de una crisis económica que se llevaba gestando desde muchos años atrás y que no remedió para bien la tijera decretada. Lucía sin cesar la corrupción, la imprevisión.  Nos falló Zapatero, encañonado desde la Troika y los EEUU de Obama. Nos falló Rajoy porque se trataba de no fallar a los que mandan y organizan. Y la corrupción y la imprevisión y el férreo aparataje que las sustentan se mantuvieron.

La mayoría, en 2010,  todavía no usaba las Redes. Yo me inscribí en octubre de 2009, a los pocos meses de establecerse en España. Aunque algunos usuarios utilizaban antes las matrices internacionales. Twitter brillaba esplendoroso. Noticias al punto, conversaciones ágiles, la creatividad a la que obligaban los 140 caracteres, los contactos, los FF de los viernes para recomendar a quién seguir, los nuevos amigos. Después vinieron las imágenes y hasta los anuncios. Y el uso fraudulento de los datos en todas las Redes a las que entregamos nuestra privacidad para ser utilizada en negocios comerciales y políticos.

Y llegaron las tribus de trollshaters, y hasta bots pagados para infectar de discordia y de fake news la Red a ver si acallan y echan a quienes siguen aportando contenidos, especialmente si son críticos con el poder más rastrero y a la propia sociedad. Hay otras Redes, nació WhatsAPP hija de Facebook para conectar y enturbiar casi a partes iguales, pero no alcanzan el nivel de las plagas de mosquito tigre en Twitter que logran ocultar el sol. Así la verdad no luce, le cuesta lucir. Y de eso se trata, es lo que buscan.

En esas coordenadas, al hilo de los orígenes en crisis y de lo que viene fluyendo por los ríos de las redes sociales se han ido produciendo cambios de enorme entidad. En la información, en la forma de relacionarnos, en la sociedad. En la economía que acrecienta las desigualdades y en la política que así lo guía, mientras muchos ciudadanos, aturdidos por luces tóxicas, ni se enteran.

Por ahí transita la multiplicidad de partidos a los que la sociedad llamó ante el fallo de la política que no le daba respuestas. La complejidad del momento presente. La información veraz y la interesada, con los interruptores adecuados que no terminan de encontrar numerosos usuarios. La suprema desfachatez de la corrupción política que luce y luce deslumbrando a los idiotas. No tienen un final programado porque se alimentan de todo el engranaje.

Los finales de año se prestan a los balances y a ponerles el punto del adiós; el cierre de carpeta, al menos. Si dañan, inmejorable, pero son precisamente los que más resisten como el mal virus. Mi espejo neoyorquino, en cambio, ha llegado a su final después de una trayectoria muy útil, hasta reconfortante, como símbolo de resistencia. Todavía mantienen la luz los neones, aunque se apagan por el fallo del interruptor viejo, y el espejo impoluto no conoce el azogue. He tirado incontables veces objetos deteriorados y no sé por qué, me cuesta hacerlo con él.

Navidad con los tópicos justos o menos

Hoy es una de las pocas fechas en las que parece pararse el mundo, aunque en modo alguno lo haga. Para muchos  será aún más patente la zozobra de todos los días ante la alegría decretada. Es una proclama de gozo universal, o casi. Como daño colateral logra que a algunos les haga sentirse más solos de lo que están. Ocurre, sin embargo, mientras no se ha sobrevolado y dejado atrás la intensa propaganda que convierte los ríos libres en canales para llega a destinos predeterminados.

Y es que, claro, la Navidad deja todos los tópicos en carne viva. Créanme, las Nochebuenas del pasado no fueron tan idílicas como recuerda. También disertaban imparables los cuñados. Mamá y las mujeres de la casa se cargaban con todo el trabajo. Y había lágrimas de nostalgia por los que se habían ido. La enfermedad se ha cruzado en los hogares sin respetar el calendario.  Muchos hemos cenado o comido solos alguna Navidad, dándole importancia o quitándosela por completo. Con luces y sin ellas. Hemos estado lejos y más lejos, o demasiado cerca. Hemos echado de menos y de más. Personas, cosas, logro de sueños si nos quedaba hueco en el mantra navideño.

Pero, eso sí, de celebrarla, se echaba la casa por la ventana en el menú, cada cual según “la casa” que tuviera que a veces no andaba boyante ni mucho menos. Al menos, el pollo sabía pollo. Y hubo tiempos en los que hasta las angulas llegaban pródigas a la mesa, porque no se pagaba el duro coste de su obtención y no se pensaba en extinciones de nada. Los más afortunados, cenábamos sin la televisión encendida porque todavía no había invadido los hogares. Y se conversaba, y se contaban chistes, y se discrepaba igualmente si venia el caso.

Este año la Navidad ha venido dura. Los cuñados de Ciudadanos se han vuelto de Vox y, diciendo las mismas incongruencias, se sienten doblemente orgullosos de sí mismos. El tiempo, o mejor, la deseducación, la propaganda, los problemas mal entendidos, les han dado la razón, creen. Y el monstruo de siete cabezas lleva además coleta: los demonios saben mejor que nadie cómo meter miedo a los niños de todas las edades, desde los bebés hasta la ancianidad. En las calderas de Pedro Botero nada puede ofender más que la diferencia a la cuadrícula de las tradiciones hecha norma. Tal es así que a los cuñados se les habrá atragantado hasta la propia cabeza de las gambas, obstruyendo momentáneamente el precario riego que llega a las suyas. Lo peor es que esta Nochebuena también se habrán visto platos casi vacíos y temores por el futuro más esencial que no se contemplan en la religión de los tópicos.

“Nunca toca, pero hay que mantener la ilusión”, dicen invariablemente para iniciar el día 22, con la lotería, las celebraciones. Mantener la ilusión a expensas del azar puro y duro. Se diría que muchas personas se comportan con ese rigor en asuntos cruciales de su vida, a tenor de lo que comprobamos. Para lograr objetivos es mucho más efectivo poner los medios que comprar un billete de lotería a ver si toca. “Sueña de forma pragmática”, dicen que dijo Aldous Huxley, el autor inolvidable de “Un mundo feliz”.  Una medida aconsejable si se intenta convertir los sueños en realidad.

Por eso, no cabe ilusionarse con que se imponga la paz en el mundo y se erradique el hambre y la injusticia –no va a suceder-, pero sí en establecer caminos eficaces para avanzar algo en su logro. Ni siquiera, si no se quiere, hay obligación de estar alegre porque toque hacerlo en unas fechas concretas y menos no creyendo en que se vaya a conseguir algo. Ahora bien, la ilusión viene a ser como las alas y con ellas rotas es imposible volar.

Así que, siquiera por compensar lo de estos días, o porque son estados fijos cuando no se decae, mantengo algunas ilusiones que quiero compartir con ustedes, mejor que el prosaico turrón envuelto en un Feliz Navidad.

Para empezar que los ciudadanos miren y que, al mirar, vean. A los demás, a los que no mira nadie en particular, a uno mismo y las preguntas que tenga sin responder. Que las evaluaciones vengan de observar la realidad sin prejuicios. Que lean mucho más allá de las memorias inventadas y recortadas de un ex presidente convertidas en best sellers. Para informarse, documentarse, o lanzarse sin cortapisas a las emociones literarias que enriquecen. Que miren y sigan mirando sin dejarse engañar. Que oigan y que, al oír, escuchen.

Sueño, espero, que haya el gobierno progresista que este país tan lastrado de fallos estructurales se puede permitir antes de profundizar más. Que cubra los objetivos imprescindiblemente necesarios. Destrabando nudos y celdas de barrotes oxidados. Y que las políticas sociales que benefician a la ciudadanía tengan más valor que las soflamas de falso patriotismo (la patria está en las personas). Que corten de raíz los ruidos de sables, sotanas, togas y cuentas sepias, aplicando la pertinente respuesta que prevé la democracia. Pidamos que la más alta jerarquía del Estado, por mor de la Constitución, hable con franqueza y hable para todos. Y, a ser posible, que erradique precisamente los tópicos, profusos en su discurso de Navidad. Los tópicos siempre transportan una cierta oquedad.

Sueño con las mujeres sentadas a la mesa de la igualdad y el respeto. Con detener, por completo, la doble violación de las víctimas atacadas por el machismo salvaje con el que cerramos este año en el que, precisamente, crecimos las mujeres en la masiva seguridad de nuestros derechos. Exijo, absolutamente, terminar con el abandono mortal de los desplazados.

Aguardo, quiero, que, como venimos diciendo unos cuantos, se animen a derribar el muro del miedo porque, tras él, caen todos los demás. Que abran la mente, que dejen que entre lo nuevo. Y que vuelen los tópicos, que se vayan como esos papeles que salen por la ventana y desaparecen volando sin ruido, en caída libre.

Con alas para ayudarnos, elevemos los sueños más alto y busquémoslos más cerca del corazón. La Navidad emociona en los abrazos del regreso temporal de los seres queridos que tuvieron que irse lejos por falta de oportunidades. Evitemos que quienes las cercenan sigan haciendo daño. Rompamos la cadena de hipnosis venenosa de sus ojos, apartando la vista. Brindemos por las emociones, si es el amor quien las guía; derrotemos el odio. Completamente no es posible siquiera, pero aislarlo, sí.

Abracen las realidades que les ilusionan. Y los sueños que las películas buenas nos acercan como posibles, dado que alguna vez ocurren. Eso ya echando las alas a volar por las ventanas, ahora de las ilusiones menos vinculadas a las certezas que al azar.  Si no está ya, soñemos con ver llegar una noche por las calles de Lisboa, o de cualquier otro lugar, a quien se espera con la emoción temblando, sin temor a expresar los sentimientos ante una multitud. Porque a veces lo que realmente hace la Navidad de todos los días es el tú de cada uno.  O el uno mismo. Con o sin almíbar. La ilusión viene a ser, ya les digo, como las alas y con ellas rotas es imposible volar. Con las alas en forma es algo más fácil alcanzar los sueños.

 

*Publicado en eldiarioes

Poner en los Pirineos la puerta de Europa (otra vez)

Hubo un tiempo, largo tiempo, en el que se dijo que Europa comenzaba en los Pirineos o que África terminaba en esa cordillera. La frase, con tintes xenófobos sin duda, respondía en origen a las drásticas diferencias entre la Europa democrática y la que vivía bajo el Régimen dictatorial franquista. Las actitudes de la derecha española –ya apenas indistinguible en sus gradaciones de extremo a extremo- parecen añorar aquella época, a la que se diría nos quieren retornar.

El Tribunal de Justicia de la UE acaba de dar un tremendo varapalo a la justicia española al confirmar la inmunidad de Oriol Junqueras como eurodiputado. La astucia y tenacidad del equipo jurídico que ha asistido a los independentistas catalanes procesados, ha logrado imponer la lógica que emana de la pura democracia que tiene sus procedimientos. Vemos interpretaciones en varios sentidos. Vivimos tiempos en los que surgen los expertos en derecho, titulados en Facultades Universitarias y en las “academias” de las creencias, las tertulias y el WhatsApp.

Lo cierto es que los tribunales españoles han dado la impresión de obrar más por emociones y venganzas que por los estrictos trámites jurídicos. “Esta sentencia del TJUE profundiza en el refuerzo de garantías, derechos y valores democráticos. Ante dicha resolución no valen falsos patriotismos irracionales”, escribe el magistrado Joaquim Bosch, uno de los expertos que pueden encontrar apostando por la racionalidad en este tema.

El problema es la justicia española, inscrita en parte dentro de esa misma derecha con  fondo más retrógrado que conservador. Por espíritu, mecanismo de elección de los cargos decisivos o la falta de renovación que se viene arrastrando. Afortunadamente, hay muchos otros juristas con mentes más abiertas que deberán llegar a órganos ejecutivos y regenerar la justicia, o, si lo quieren, la confianza de los ciudadanos en la Justicia.

Las reacciones a la sentencia del TJUE de los dirigentes de los tres partidos conservadores están siendo el más claro ejemplo de lo que define a un ultranacionalismo de derecha extrema. Nada que envidiar a Salvini, Orban o Le Pen; al contrario, oído lo que declaran, parecen dispuestos a resucitar los Tercios de Flandes. Dicen en el Vox que les impregna que es una humillación para España y un ataque a la soberanía nacional. García Egea, PP, afirma que Junqueras ha de seguir en la cárcel “lo diga quien lo diga”. Porque además -añade- un tribunal “belga” no puede enmendar la plana a un tribunal español. Y no ha sido un tribunal belga el que ha sentenciado el caso, sino el Tribunal de Justicia de la UE del que forma parte España.

Ése es el problema, que la derecha española más obtusa y reaccionaria ve a Europa como “el extranjero” y rivalizan con ella como queriendo imponer sus humores. En Vox ya les han increpado varias veces en un patetismo sin medida, pero que debe calar en algunas cabezas ilusionadas con doblegar tanto  a los “malvados catalanes” como a los foráneos que no entiendan la grandeza de su concepto de España. El Mundo lanza una portada incendiaria. Y los servicios informativos de Onda Cero, una encuesta con esta pregunta: ¿Cree que la decisión de la justicia europea sobre Junqueras debilita al Estado español? Lógicamente, con semejante planteamiento, la mayoría dice que sí, que se debilita nada menos que el Estado español.

Incluso se está intentando lanzar la amenaza de un Spexit, una salida de la UE, más con apoyo mediático que real. Regresar a un país gobernado, por supuesto, por los nuevos héroes de las cruzadas de la España grande, una sin la menor fisura y tan libre como disponga esa derecha. La misma que anda denunciando a profesores por hablar de violencia de género, por mostrar en un documental a Ana Orantes, asesinada por su marido en 1997 tras denunciar en televisión que era víctima de malos tratos durante años. Ésa es la España que les gusta, sin injerencias de la  Europa a la que pertenecemos.

Repetir elecciones fue una decisión nefasta, tal como no dejamos de advertir algunos. Esta derecha se creció y se añadieron dificultades al proyecto de un gobierno progresista. Todo tipo de influencias y presiones se sientan en las mesas de la negociación. La derecha atiza con toda su carga, hasta la iniquidad como Díaz Ayuso la presidenta de Madrid -gracias a Ciudadanos y Vox- que se ha atrevido -ella sí- a hacer terrorismo ideológico al soltar que “el próximo ministro de Hacienda puede ser un etarra”. No tienen medida. Verborreas de mala vid que no hacen sino evidenciar lo lejos que está la derecha española de las homólogas en Europa, a excepción de los nuevos fascismos a los que aventaja en franquismo y en, si cabe, menor cordura.

Pablo Casado, el dirigente de las carreras y máster exprés, dice que “nada ha cambiado jurídicamente” con Junqueras y Puigdemont.  Mientras el Parlamento europeo les ha reconocido ya como eurodiputados y les ha entregado la acreditación como tales.

El presidente de la Eurocámara David Sassoli “ruega a las autoridades españolas competentes a que cumplan la sentencia”. Su antecesor, Tajani, confundador de Forza Italia con Berlusconi y premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2017, tuvo en cambio una actitud beligerante contra los independentistas catalanes. En la justicia a la carta, la Fiscalía española pide al Supremo que inhabilite a Junqueras como europarlamentario y que no lo excarcele. Propone solucionar así el problema creado.

Y el mismo día de la sentencia del Tribunal de la UE, el TSJC , de Catalunya, condena a Torra a año y medio de inhabilitación por desobedecer a la Junta Electoral y no retirar unos lazos amarillos. Repito: un presidente de un Gobierno autónomo es inhabilitado 18 meses por no retirar unos lazos amarillos en campaña electoral. Sí, está pasando. En España.

Los procedimientos del Tribunal Europeo son algo más laboriosos y templados de lo que han demostrado en la práctica los españoles. Menos mal que estamos en la UE. En estos casos sigue siendo un alivio. Porque esta España que busca la derecha en todos sus campos de influencia no tiene un valor de especial aplauso por ser bravucona e irracional, sentar sus reales embistiendo y creerse mejor que nadie. Todos los pueblos lo hacen. Bien mirado, quizás España es meritoria por haber sobrevivido durante decenios con dignidad y no pocos logros a esta derecha castradora. Catalanes incluidos, por supuesto.

 

*Publicado en eldiarioes

 

Crueldad

Son, dice, “sin raza reconocible, viejos, enfermos, potencialmente peligrosos”. Julio Calvo, veterinario de profesión, concejal del Ayuntamiento de Zaragoza por el partido ultraderechista Vox, propone matarlos porque sale cara su manutención estando vivos. De momento, habla de los perros de la perrera  “inadoptables“. De momento. Sacrificio humanitario, añade. Se propone revertir la normativa que regía en anteriores corporaciones progresistas porque ellos son más de gastar el dinero en banderas, promoción de la tauromaquia –tan humanitaria también- o luces de navidad. Es el sentido utilitarista de la vida que se ha enseñoreado de la sociedad, lo que no sirve se desecha. Pero no solo: indica una personalidad potencialmente peligrosa.

Discúlpenme por la dura escena que voy a describir. Han pasado ya más de 15 días y no consigo olvidar a Alma, una perra que acababa de parir seis cachorros. Su dueño le disparó, la apaleó y arrastró anudada con una cuerda por el cuello, causándole la muerte tras unos días de sufrimiento. Ocurrió en Chantada, Lugo. Unos ciudadanos lo vieron, grabaron la escena y denunciaron al individuo ante la Guardia Civil. Cada poco vemos a otros indeseables ensañarse de similar forma con sus mascotas o animales a su cargo. No es ninguna enfermedad, como no sea social, de la sociedad que lo tolera. Es puro sadismo, disfrutar causando daño a otros seres vivos. No hay excusas. Mucho más allá de frustraciones personales que lleven a la ira irracional, pagarlo con víctimas débiles e indefensas es de una bajeza sin límites. Y nada lo justifica. Nada. El tipo contestó a los vecinos que le vieron: “Yo disparo a quien me sale de los cojones”. A su perra, de momento. En estos casos se añade al sadismo el derecho de posesión que este tipo de seres creen tener sobre otros. Con lo suyo hacen lo que les viene en gana.

En la clara involución que sobrecoge al mundo, se están normalizando características humanas absolutamente detestables, hasta la crueldad. Matar animales para que no gasten o porque son “suyos” y hacen con ellos lo que les place es, por supuesto, extensible a los humanos más pronto o más tarde. Los renacidos fascismos no están muy lejos de quitarse de en medio cuanto señala el concejal de Vox en Zaragoza: sin raza (valorada por ellos), viejos, enfermos, potencialmente peligrosos (para sus privilegios), y añadan género “inferior” (según su criterio) o cualquier factor fuera del patrón oro que se atribuyen a sí mismos.

Acaba de suceder en Pozo Alcón, Jaén. Un hombre de 31 años fue depositado en el centro de salud, ya cadáver. Era un inmigrante marroquí que se desplomó en una finca olivarera mientras recogía aceituna sin contrato. Supuestamente fue el dueño de la instalación quién lo dejó en una camilla del centro médico y se fue. El individuo ha sido ya detenido.

De ahí, de la creciente inhumanidad, que se siga viendo admisible que tres hombres adultos, o cuatro o cinco o los que sean, actúen en manada para violar a una mujer, a una niña de 15 años incluso. O que salgan a defender a los condenados, vejando a la víctima, decenas de personas en su pueblo. O que se difundan vídeos y detalles personales de la agredida, incluidos un par de ejemplares mediáticos que denigran el periodismo, como Cristina Seguí y Alfonso Ussía. O que tantos justifiquen la violación, como hace cualquier talibán de cualquier fanatismo. O que, como un diputado de Murcia, de Vox también, menosprecie en el siglo XXI a los hijos de mujeres solteras llamándoles “conejos“.

Lo doblemente preocupante es que dispongan de altavoz mediático, que estos temas vayan a las tertulias y debates de televisión por puro espectáculo y búsqueda de audiencia en el morbo. Que se pretenda debatir con opiniones a favor y en contra la pertinencia de que sea un derecho violentar a una mujer o degradarla, si “les sale de los genitales” de su cerebro. Que “expertos” en derecho vía Google, creencias y prejuicios, se monten sus juicios paralelos. Pónganse siempre en el lugar de otros ¿imaginan que se juzgara popularmente con igual rasero a todo tipo de delincuentes, asesinos, ladrones, y, en particular, a hombres agredidos sexualmente? ¿Que fuera analizado si dio o no la víctima su consentimiento a que le atracaran o si se negó con la suficiente contundencia?

Estos sujetos han existido siempre, lo que no se daba es la tolerancia o el apoyo explícito. Sí en la práctica, no en vano violentar a mujeres suele ser botín de guerra, y hasta se capturan para convertirlas en regalos al vencedor. Hablan ahora mismo de reparar ese atropello con las surcoreanas secuestradas en su día para disfrute del ejército japonés.

Estamos asimilando que un ser como Rocío Monasterio, con su expresión de iluminada en trance, cargue contra los menores emigrantes sembrando un odio que germina en torvas mentes proclives. Seres como ella y los ultraderechistas de su ralea han establecido ya las fronteras humanas que separan a las personas según procedencia, raza, religión, edad o sexo. Sin la menor empatía humana, siquiera un mínimo de humanidad del que carecen al situar en el punto de mira incluso a niños y adolescentes.

Cuando Aylan quedó varado en una playa mediterránea pareció el final de la historia, pero fue el principio como he dicho otras veces. La sociedad hipócrita cumplió con él su cuota de lágrimas de cocodrilo y miró para otro lado. Desde la muerte de Aylan Kurdi en 2015 han perdido la vida igual centenares de niños y adultos. Y otros han sido encerrados tras barrotes por la Europa inhumana que se desentiende de ellos. No creímos que llegara a suceder, pero hasta ese punto han llegado. También son, al parecer, “inadoptables”, “inatendibles”, costosa su manutención. Las Rocío Monasterio y toda su cordada de sonrisas huecas y mal de alma tienen esa misión.

Y siguen siendo entrevistados en los medios y siguen saliendo en las televisiones y hasta se vuelve a discutir la basura que propagan. Ni esta tierra ni otras son suyas. Seres agujereados como los quesos de Gruyere por cuyos huecos huyó la empatía, una emoción que se creía primordialmente humana. Es la base de la vida social, pero esta gente solo se entiende entre aquellos con quienes comparte coordenadas como la supuesta superioridad, la posesión, el egoísmo, el utilitarismo que desecha cuanto no le sirva.

Hay ya millones de votantes que les han encargado los asuntos de todos. Porque o son increíblemente ignorantes o participan de su doctrina y culpa. Y están los allegados, los que pactan con ellos, los que engañan y roban basados en su cargo, echando al viento el daño que causan. Se apuntan a su corte individuos perdidos, sin otra vida social que las redes virtuales, donde expulsan su malestar desde que apunta el alba. Hacer daño por hacer daño, repetir campañas sucias puestas en marcha por quienes más que políticos o medios parecen formar parte de una delincuencia organizada para que nada cambie en sus privilegios.

El cáncer de esta sociedad es ya la falta de empatía, de solidaridad, la apuesta por la crueldad sin el menor escrúpulo. Y que va desde disparar a la perra recién parida porque les sale de los cojones, a señalar a los emigrantes como peligro, a robar de las arcas públicas, a dejar sin empleo a quienes enferman, a manipular para defender los intereses de su empresa mediática, a difamar para recoger el pago en un plato de lentejas, a cuestionar que no sea condenable violar a una mujer y menos “si se lo ha buscado”. Todo ese universo de excusas para no mirar a los otros, a todos, como iguales en dignidad y derechos. Salvo a aquellos que perdieron el alma en la ambición, e incluso a esos.

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Niño en un campo de refugiados. 2015. Fotomovimiento.org

Días de Navidad, de felicidad, amor y consumo programados. El Portal de Belén volverá a ser en muchos lugares del planeta, una caja de cartón sobre el suelo mojado por la lluvia. Como el de aquel otro niño refugiado que nos miró a los ojos en 2015 cuando se abrió por completo la mano a la inhumanidad en la Unión Europea y más allá. Esta criatura debería haber añadido, por tanto, otros cuatro años a su vida. Y comer e ir al colegio y tener techo y cerca a su familia. ¿Dónde estará? ¿estará?

Los que matan perros, secan vidas, señalan dianas o dan altavoz a todos los miserables son quienes ponen trabas en su camino y en el de muchos otros, en realidad a la especie humana en su conjunto, trabas a veces insuperables. Crueldad es también ignorarlo deliberadamente, ser cómplices sin asumir la responsabilidad, no aislar la barbarie. La empatía es saberlo, contarlo y hacer cuanto sea posible por ponerle remedio.

 

*Publicado en eldiarioes

 

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