Por qué millones de personas votan contra sus intereses

Han llegado 52 de ellos al Congreso, dos al Senado y pueblan, con marcada influencia, destacadas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos como en Andalucía y Madrid. Son unos pintorescos ejemplares que han sabido unirse en la corriente ultraderechista que, en España, bebe del franquismo y de un nacionalismo carpetovetónico en su mejor definición. Una España profunda enfrentada a todo influjo foráneo, según la RAE.

Tres millones y medio de personas les han votado en las elecciones generales. A la ultraderecha nata. Y otros seis millones y medio a PP y Cs. El excelente estudio de datos cruzados de Raúl Sánchez en eldiario.es permite constatar reveladores hechos. Vox subió en los vecindarios situados en el 10% más pobre de España (y a costa de PP y Ciudadanos). Los ricos tienen mucho más claro quiénes defienden sus intereses. El 1% más rico de España vota masivamente (75%) a la derecha. “A más pobreza, mayor abstención. A menor nivel educativo, mayor abstención. A más desinformación, mayor abstención”. De ahí la estrategia de la derecha: la crispación. Así lo resumía, aquí, Ignacio Escolar.

¿Por qué hay tantas personas que votan en contra de sus intereses? Es algo que me pregunto desde hace muchos años. Y recientemente, todavía más, si no prevén siquiera qué futuro les espera por ese camino. Permítanme que empiece por aquí. Por este muchacho mexicano que ha cosechado enorme éxito en las redes. Basado en hechos exactos o no, felicita a un pobre anciano que reparte comida en Distrito Federal para UberEats. Es mayor, se pierde y tarda en llegar, pero es amable y muy meritorio… trabajando en tan precarias condiciones a su edad.

el GuillenBichi@GuillenEtAl

El señor Francisco es un repartidor de UberEats que hace sus entregas a pie, se pierde un poco entre las calles pero de que llega llega, tengan paciencia y sean generosos con su propina, es mayor y tiene la necesidad de trabajar. Muy amable el señor lo hace con toda la actitud 👏

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A tener en cuenta la actitud del chaval, porque la comparten gran número de jóvenes abducidos por derechas ultraliberales –otro contrasentido, por cierto-. Vox está prendiendo en los jóvenes españoles con fuerza. ¿Han pensado ocupar en el futuro el lugar del Sr. Francisco o de todos los Sres. Franciscos que surjan por esta vía?

El acuerdo de gobierno entre PSOE y Unidas Podemos ha encabritado a la ultraderecha (y asimilados) cuando pensaban seguir su paseo triunfal. Hablan de “fraude electoral” y hasta se permiten citar “nuestra democracia”, en la que ni creen, ni entienden. En “nuestra democracia”, en la nuestra, las mayorías mandan. En Madrid, con potentes dirigentes ultras, la presidenta de la Comunidad, Díaz Ayuso (PP intenso), discute con Monasterio (Vox). Y surge una voz de las cavernas franquistas, de la pata doblada y en casa, una castrada y castradora nata, fruto de aquella educación. “Yo pondría como asignatura obligatoria costura. Empodera mucho coser un botón“, dice Alicia Rubio, diputada de la Comunidad de Madrid. No quiere educar en igualdad, contempla el feminismo como “un cáncer” y le preocupa lo que llama “lesboterrorismo” y el “pornofeminismo”. Años de progreso pasaron por su cabeza como la luz por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Y sus correligionarios sienten algo parecido. Y le han votado, incluso mujeres.

¿Qué futuro esperan para las mujeres esa gente? ¿Creen posible coser botones para subsistir en el mundo actual y en el que están forjando? Quizás en las fábricas de la miseria en la que trabajaran sus votantes pobres para que se vistan sus votantes ricos. Hay que decirlo así de gráfico para que lo entiendan.

Porque es un ejemplo que se extiende a todo el programa –me cuesta llamarlo ideario-. Votan desigualdad, machismo, intolerancia, supremacía blanca y masculina, disminución del Estado del Bienestar, incultura, violencia, pero incluso dicen no saberlo. Solo se han subido a un carro, o ni siquiera, a lo mejor solo tiran de él.

Miremos otro poco afuera. En los Estados Unidos de Trump, Walmart, los famosos almacenes donde compran muchos de sus votantes, están registrando grandes beneficios tras superar un preocupante periodo a la baja.Trump los cita como ejemplo de la “strong economía” de la que presume. Aunque igual esa economía fuerte tiene sus lagunas. Compran con tarjeta. Un plástico que no necesita historial crediticio, ni de ingresos mínimos, ni siquiera de comprobantes de ingresos. Walmart, eso sí, cobra un 67% anual de intereses, uno de los más altos. El parecido con las hipotecas “sub prime” es tal, que igual debemos empezar a hablar de la burbuja “shop prime” en ciernes. Los Sres Francisco y las Sras Francisco se están formando hoy.

Insistamos en el profundo desencanto con la política neoliberal que no da respuestas, como causa de este delirio que invade a la sociedad desarrollada. La insatisfacción está dominando la sociedad. Se suceden las protestas. La salida más irreflexiva es optar por la ultraderecha. Es el camino que lleva a un futuro todavía peor. Reflexionen sus votantes, si son capaces, sobre adónde conducen las propuestas. Aunque no crean en la democracia –que ya les vale-, crean en la lógica.

La rebeldía bruta por insatisfacción es una de las causas de este votar contra los propios intereses, pero no la única, ni quizás la mayoritaria. Es la evidencia más citada como distintivo en la mayoría de los estudios sobre la ignorancia. Lo hacen, sin siquiera darse cuenta. En España influyen los largos períodos en los que se ha educado en la sumisión, el paternalismo y el miedo cuando los “salvapatrias” deciden por todos. Como pretende hacer ahora la ultraderecha. Esa educación, como nos muestra la empoderadora del botón, se prolonga en algunas familias durante generaciones.

Los medios influyen también para nublar el juicio al punto de obrar en contra de los propios intereses. Dejaron de informar, formar y entretener para pasar muchos a distraer con el fin de vender: objetos o ideología. Los apocalipsis económicos que anuncian están muy manipulados. Por ejemplo, cuando destacan la caída de las bolsas por el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. Suele ocurrir, lo ha hecho en otras elecciones, “el dinero” huye de incertidumbres, y luego se recupera. Todo se olvida, sin embargo, si se calienta su fobia anticatalanista y se enciende en un “a por ellos”. Hay una gran masa humana que pasa del sálvame de los chismes a los sálvame políticos en toda su gradación y diversidad de matices. De ahí se salta a engullir bulos, a las fake que se propagan como el agua. A la maledicencia que vuelve a generarse en la ignorancia osada y torva.

Han convencido hasta el tuétano de que la izquierda que se preocupa y trabaja por sus intereses es un demonio que les empobrecerá. Quienes así les aconsejan y dirigen no piensan en absoluto en el bien de los ciudadanos sino en el suyo propio. Incluyan ahí a dirigentes que dicen sentirse “huérfanos” de partido, tras haber dejado ellos huérfano al socialismo. O a viejos conservadores añorantes de “gobiernos de salvación nacional”, como ese ministro de Exteriores del PP que parece andar pidiendo a gritos su ingreso en Vox. Basta un poco de información, de cultura y dos dedos de frente, para ver la realidad, pero son muchos los que todavía hacen dejación de sus facultades. Son un peligro para sí mismos y para los demás. Porque, a la postre, quien mete el voto en la urna no es tal o cual cadena de televisión o tal o cual político, lo hacemos cada uno de nosotros. Adultos todos.

La insatisfacción con el momento presente, real, se palia con respuestas reales. Y hay que buscarlas. Un gobierno progresista ayuda, y todavía más un gobierno honesto. Es más importante para el futuro lograr una ciudadanía responsable y madura que ninguna otra cosa. Porque ella será la que disponga y sepa elegir quién mejor se encargue de la gestión. Si el Sr. Francisco lo hubiera sabido, igual estaba descansando en su casa. Ya no tiene remedio, pero sí para quienes cerrando los ojos a la cordura se abocan, abocan a la sociedad, a un futuro muy similar.

*Publicado en Eldiarioes

Prever las amenazas al gobierno progresista

Rosa María Artal

Es el final de un largo y trabajoso camino, el comienzo de otro mucho más ilusionante. Repetir elecciones fue una decisión trágica y el escenario, mucho peor este noviembre que en abril, dejaba toda la iniciativa a la derecha. Ésa que no admite que en España hay votantes de izquierdas, preocupados por los temas sociales, por la educación o la cultura. El terrible impasse que hemos sufrido desde las anteriores elecciones sin embargo, ha acrecentado males endémicos de este país. En alto grado, la irracionalidad, los odios, se han ido propagando. Además del desencanto y la desesperanza en los mejor intencionados. No había otra oportunidad, la cuerda no daba más de sí. Y ésta es la única forma de plantar cara al peligro fascista.

Un gobierno progresista, con una coalición de izquierda, por primera vez en la vida de la inmensa mayoría de nosotros aunque tengamos muchos años, es una noticia esperanzadora. Pero hay que estar especialmente atentos a las trabas que les interpondrán en el camino. Atentos sin más temores, porque se pueden prever y afrontar.

Lo más grave, gravísimo, es que se ha abierto la caja de Pandora, con una ultraderecha envalentonada que pugna con demócratas, con algún medio calificando la disputa de algo entre “las dos partes“. Lo que cabía esperar y más. Este viene a ser el compendio de lo que ocurre. Es imprescindible abordar este tiempo que se abre con mucho más realismo, con todo el realismo. Ser conscientes de los problemas y de intentar las soluciones que se puedan llevar a cabo. ¿Funcionará esta vez? Sería un suicidio malograrlo.

Renació el Pedro Sánchez osado y práctico y se encontró al Pablo Iglesias tenaz y prudente. Habrá de verse si dura así -a pesar de las dudas que plantea la experiencia pasada- y quiénes más han aprendido la lección. El caótico papel de algunos dirigentes aconsejan soltar lastre. Con Carmen Calvo y otros, José Luis Ábalos este lunes por ejemplo, llegó a extremos inauditos al interpelar a un periodista, Daniel Basteiro (de El Español) que planteaba cuestiones cruciales. El secretario de Organización del PSOE afirmó irritado que sí se había frenado a la ultraderecha, dejándonos boquiabiertos.

El nuevo gobierno que presida Sánchez debe apuntar más a la eficacia y la templanza que a la confrontación, si quiere abordar con realismo el futuro que se nos viene. Porque la oposición va a ser terrible, férrea. La oficial –la política- y la oficiosa – la de los medios de la caverna y no tan caverna-. Ya andan echando toda suerte de espumarajos por sus bocas. Lo deseable es que el normal juego democrático no se vea interferido con trampas. Si es una entelequia pensarlo, al menos hay que estar preparado.

Será una dura tarea disolver la propaganda sembrada contra Podemos desde “las cloacas” que ha prendido en personas fácilmente manipulables. Pueden destrozar la reputación de una persona si se lo proponen. El odio esparcido no ayuda en absoluto, cunde hasta entre personas afines a los propios partidos firmantes. Pero la mejor arma contra la leyenda es el ejemplo del trabajo bien hecho, y eso vale también para Unidas Podemos y el PSOE y el gobierno que se forme.

Sí es imprescindible, en aras de la realidad de los hechos, hablar de los tratamientos inferidos –creo que es el verbo exacto-. Este mismo lunes El Mundo se marcaba una presunta noticia que sacaba de unas presuntas exigencias de Unidas Podemos. Era una deducción –con datos mal trabados además- del ser que lo escribió y el periódico que lo publicó. Durante la campaña, algunos medios tacharon a UP de sus informaciones. Vean aquí. Y aquí, por ejemplo. Informar con rigor es una tarea democrática. Y resulta preocupante pensar que a buena parte de la prensa española le inquieta a este punto la izquierda, y no al parecer la ultraderecha. El apoyo del que ha gozado Vox no tiene precedentes en países serios. Y el que goza ahora mismo debería hacerles meditar su papel.

Porque es serio el problema. Se nos ha infectado de extrema derecha franquista el Congreso y había que reaccionar, ceder, acordar, para enfrentarlo. Con generosidad y pragmatismo. En el análisis hay que incluir datos como los que aporta Ignacio Escolar, director de eldiarioes. No hay más votantes de derechas, han perdido el pudor de antaño para mostrarse en toda su crudeza apoyando a Vox y presumiendo de ello. La ultraderecha oficial ha pasado de 24 escaños a 52, lo que le posibilita – a partir de 50 es- una gran capacidad de maniobra. Y es aterrador que personas aparentemente normales hayan hecho esta apuesta. Para todos.

Ay, mi Vox”, con 20 años. La Murcia votante de Vox –por supuesto que hay otra que la sufre-, venía de dar mayoría tras mayoría al PP. Es la Murcia que tiene el Mar Menor hecho un estercolero o la que levantó edificios de burbuja, desmoronados algunos con los temblores de tierra. Ahora vota ¡en clave catalana! Faltan las palabras. En clave catalana. Y contra la emigración que necesitan, contra las mujeres, por el uso de la violencia, armas, contra lo que no les gusta. Contra sus propios hijos, como contaban aquí. Porque es un ejemplo de esa España nuestra que ha votado ultraderecha. Y a mucha honra, claman insultando en Twitter.

El uso de las redes ha vuelto a ser decisivo. Esas trampas del PP que pasó por alto la Junta Electoral. O el uso que han sabido hacer de ella los de Vox. “La formación de Abascal ha conseguido colocar 353 mensajes (uno de cada tres) en la lista de los 1.000 tuits más exitosos”, analiza el periodista Pedro de Alzaga.

El uso de las redes de uno se contrarresta con el uso de las redes… de todos. Y la España visceral, antidemocrática, sin escrúpulos éticos –porque al punto de ser conscientes de ello, llegan-, la que solo come mensajes simples, se palia con educación, cultura y una mayor honestidad en las voces mediáticas que manipulan a sus miembros, apelando a emociones en exceso primarias.

Por lo demás, un cierto sector de los medios y de la sociedad llora la marcha de Albert Rivera. Quizás es la típica necrofilia española, ahora en su vertiente política. Rivera nunca fue centrista, ni “nueva” política. De cambiantes demostraciones ideológicas según las encuestas, ha sido el artífice de los gobiernos ultras de Andalucía y Madrid por partido doble. Ojalá acertaran en la sustitución del liderazgo con alguien de centro real.

Resulta irracional hablar, precisamente ahora, de las presuntas glorias del capitalismo. Hay un descontento mundial por la falta de respuestas a los problemas de la sociedad. Que salta en América Latina a golpe de violencia y hasta renueva la tradición de los golpes de Estado. En Hong Kong la policía ya intenta acallar las protestas con fuego real. En Irak han muerto al menos 250 personas en solo un mes que reclamaban medidas sociales, sin que siquiera se publique por aquí. El capitalismo triunfante produce honda insatisfacción en sus víctimas. Hasta en las aturdidas que buscan consuelo en los fascismos.

Esta España nuestra no ha vuelto a la casilla de salida con las nuevas elecciones: se fue mucho más allá. Ojalá se salven los escollos que entorpecen las soluciones posibles. El primer paso es un gobierno progresista, con cerebro y buena voluntad, sin hooligans. Y, créanme, sí se puede. Ahora, sí.

 

Regreso al Berlín que derribó el Muro

Treinta años han pasado desde la caída del Muro de Berlín. Un aniversario redondo pero no tanto como para que despierte el interés que está suscitando de nuevo. Se diría que muchos miran a aquel hito que cambió el rumbo de la historia, tal vez para encontrar un punto de partida al delicado momento que vivimos. Es mi caso, seguramente porque tuve el privilegio de ver cómo se abría la puerta del paso fronterizo en el puente de Bornholmer de Berlín Este. Los miembros del equipo de ‘Informe Semanal’ de TVE habíamos llegado apenas 20 horas antes para cubrir el estallido social que se estaba produciendo en la RDA, como en otros países de la órbita soviética.

Allí fue donde primero se franqueó la entrada, como atestigua una placa conmemorativa. Una cadena de malentendidos y oportunas casualidades nos hizo estar en el lugar adecuado. Toda la peripecia tiene grandes tintes novelescos porque la vida los sirve si queremos y nos atrevemos a verlos. Un embajador, todo un Álvarez de Toledo, descendiente directo del Duque de Alba, que quiere contar lo que está viendo con un gran sentido de la realidad y nos invita a su residencia para comentar la apasionante jornada. El puente al lado de su casa. Y un oficial al mando, Harald Jagger, que ve allí a medio centenar de alemanes y un equipo de televisión occidental que no hace caso a sus órdenes de apagar focos y micrófonos y marcharse. Y que llama a pedir instrucciones y no encuentra a nadie –recuerden que no había móviles en 1989-. Así que decidió dar la orden: “Pueden pasar”. Y pasamos. Todos. Lo previsto era dar una nota de prensa al día siguiente para contar los detalles de la nueva ley de viajes. Y esto es solo parte de la historia.

A partir de ahí el derribo del muro fue imparable. Porque acudieron de todas partes miles de personas a trepar y a picar con sus propias manos. El muro había caído, menos de dos años después se disolvió la Unión Soviética, y con ella la Guerra fría. El sistema basado en dos bloques que funcionaban en contrapeso el uno del otro había acabado y quedó el capitalismo como sistema hegemónico y sin control alguno.

Como periodista había sido testigo de la Historia, de esa que se escribe con grandes caracteres. Ya apenas ocurre así, atados los periodistas a una mesa y sobre todo a la precariedad de medios y al cambio de objetivos de la comunicación. Muchas cosas han cambiado desde aquel 9 de noviembre en el que cayó el Muro de Berlín. Por eso, como otros, he vuelto a mirar a Berlín para seguir preguntando qué pasó desde entonces, que nos ha traído a este momento turbador en el que vemos renacer al fascismo y sentarse en las instituciones como avanzadilla de un futuro inquietante. Con recortes de libertades y el abismo entre pobreza y riqueza. Hay que seguir contando la historia, informando de los extremos que la componen, analizando los porqués.

Puede que quien mejor lo explicara en su día fuera José Luis Sampedro en Los mongoles en Bagdad (Destino, 2003). Aquel fin de los equilibrios entre los bloques, llevó a consagrar que “el dinero, es la medida de todas las cosas”, escribió Sampedro, argumentando que las cosas habían pasado a estimarse y computarse, “según su precio y no según su valor”, hasta los Derechos Humanos. Algo que es bien constatable en el muro líquido del Mediterráneo.

En la caída del Muro de Berlín está, en buena parte, el origen de los problemas que hoy padecemos. Pudo hacerse de otra forma, ahondar en el Estado del Bienestar que la socialdemocracia había creado en Europa, en lugar de subirse al carro de los aires neoliberales. Y, probablemente, volviendo a poner al ser humano “como medida de todas las cosas”, que alguna vez lo fue, encontráramos los caminos perdidos. Porque hoy, la enorme frustración de mucha gente por la falta de respuestas de la política a los problemas, la escuela de la banalidad, y una relajación de los principios éticos, están aupando los fascismos.

Invitada por la televisión pública Deutsche Welle, regreso a Berlín y al puente de Bornholmer que no guarda ni una huella de aquella puerta que impedía el paso y que aquella noche histórica se abrió. Pero en un recorrido inesperadamente emotivo es fácil comprobar que el muro sigue estando presente en la vida de los alemanes. Les ha marcado profundamente y no llegan a fundirse los dos modos de vida tan diferentes en los que crecieron. También están prendidos de insatisfacción y desencanto como un gran número de ciudadanos de cualquier parte y temen el aumento de la extrema derecha que ya es la segunda fuerza más votada en algunos de los lander, especialmente germanorientales, como la respuesta más caótica a los problemas. El rígido paso del Checkpoint Charlie, por el que entramos a punto de iniciarse el 9 de noviembre de 1989 de noche y con niebla, es hoy un reclamo de atrezo para turistas que se hacen selfies. Nunca pareció tan pequeño. Pero en Berlín la cultura resiste y sigue siendo argamasa y estrella de toda celebración como la de este 30 aniversario.

Este viernes, en el puente de Vorhalt.
Este viernes, en el puente de Bornholmer. ROSA MARÍA ARTAL.

Hemos levantado muchos más muros físicos (los 15 de 1989 han pasado a ser más de 70) y hemos erigido fuertes murallas mentales. Lo contamos en un libro colectivo que vuelve a mirar al Muro de Berlín para saber cómo se derrumban los muros de la vergüenza (todos los que separan a las persona son de la vergüenza). Y cómo se tienden puentes. Las mujeres se han levantado, hay un salto espectacular desde 1989, aunque quede mucho por hacer. Nos preocupamos por fin de que solo tenemos un planeta Tierra y hasta algunos descubrieron que respirar es un ejercicio bastante necesario. Con toda la complejidad de los intereses que lo invaden, Internet es una revolución en las comunicaciones que nos acerca a todos y a compartir objetivos. Hay que mirarlo bien. Usarlo bien.

Por supuesto que la involución dominante quiere frenar los logros, con especial énfasis al feminismo, pero los puentes están ya tendidos. Los peores muros son los que no se ven. El muro que impide ver, el que tapa lo que no conviene a los intereses dominantes, el del silencio, el del miedo, sobre todo este. Dice Javier Pérez de Albéniz en nuestro libro que “Berlín debía elegir un material para su reconstrucción, si realmente aspiraba a superar el pasado gris y convertirse en una ciudad luminosa, estable, eterna. Se decantó por un material sólido, por un futuro consistente: apostó por la cultura. El mejor remedio para cerrar la cicatriz de cemento que la había partido en dos”. Nada que ver con los adoquines arrojadizos y esos son los que ahora dominan. Lo mejor es que lo hizo con la solidaridad que ahora añoran los viejos germanorientales y compartiendo, con la alegría que sintieron a ambos lados. Enseñan los caminos que funcionan.

Berlín también necesita aprender de sus lecciones. La desigualdad entre el Este y el Oeste persiste treinta años después, pero en este 2019 vuelve a mirar intensamente en las raíces, como hacemos o debemos hacer todos con las nuestras. Porque sin duda hay muchos muros que derribar y muchos puentes que tender. Hoy ya sabemos que tumbando el muro del miedo caen prácticamente todos los demás.

Rosa María Artal es la coordinadora del libro colectivo Derribar los muros, que relata las claves de lo ocurrido desde la caída del Muro de Berlín, escrito junto a Violeta Assiego, Pablo Bustinduy, Pedro de Alzaga, Lourdes Lucía, Àngels Martínez Castells, Javier Pérez de Albéniz, José Antonio Pérez Tapias, Javier Valenzuela, Carmen Madorrán. La obra, editada por Roca Editorial y prologada por Federico Mayor Zaragoza

 

*Publicado en eldiarioes 9/11/2019

Cuando no se tiene más que el voto

Pensaba que solo somos personas, unos cuantos millones de personas eso sí, aspirando a cubrir nuestras necesidades, lograr nuestros objetivos, hasta el de ser felices entre ellos. Reunidos en una comunidad a la que llamamos país y que lleva por nombre España, disponemos de unos gestores a los que elegimos para regular y propiciar ese cometido. Pero, hoy más que nunca, pareciera que somos en realidad una mercancía, aquella mercancía, en disputa para lograr sus intereses. Les vemos pelear por ella, como si ni siquiera estuviéramos presentes en la lonja.

Les votábamos cada cuatro años; ahora, cada dos por tres. Se diría que repetimos y repetimos porque deben solventar sus problemas, no los nuestros. La limpieza de propósitos, que existe, aparece ensombrecida por la lucha de poder, incluso por ejercicios de incompetencia. En una mesa de juego, en una pelea en el barro, en un escaparate comercial, se nos ve tan lejos, tan carnaza, que solo nos queda el voto para tomar las riendas de nuestro destino. Un voto tan extremadamente condicionado por esa misma rueda de intereses que se precisa mucha lucidez y sensatez colectiva para darle la utilidad que tiene, el valor que tiene. La soberanía reside en la sociedad –en el pueblo, dice la Constitución-, los políticos son nuestros representantes. Y no digamos ya que son los corifeos alrededor de ese engranaje de poder.

Las nuevas elecciones, la campaña sin fin, el debate a cinco y toda su parafernalia han acrecentado la desoladora sensación de ser un producto y no los copropietarios en esa comunidad llamada España. El debate ha sido la última imagen por el momento – queda el plato fuerte de las elecciones, el domingo 10N- de un ser que nos refleja con realismo, en toda su crudeza. De una historia que viene con muchos cimientos torcidos desde antiguo y a la que le revientan las costuras de problemas enquistados. Ofrecer como solución el germen de los daños es de una irresponsabilidad total y aceptarlo por parte de la sociedad, un suicidio.

En estas circunstancias el debate, con cinco hombres y ni una mujer, ya solo sirve para interpretar lo sucedido y servirlo como realidad o como un nuevo motivo de propaganda. Pueden hacerte creer que veas lo que no has visto y oigas lo que no has escuchado. Cuando dicen, por ejemplo, que el debate lo ganó Pedro Sánchez, afirmado en algún caso por expertos –no nos dicen en qué-, sabemos que es objetivamente incierto pero algunos pueden llegar a dudarlo. Y, desde luego, te das de bruces con el país en el que vives. Han convencido a mucha gente de que todo es relativo, cuando hay verdades tan irrefutables como la tierra y el agua. Y luego están las mentiras y datos erróneos a sabiendas o no que sueltan por su boca los candidatos. Aquí tienen un resumen. En el caso de Abascal y el resto de la derecha son gruesas. Los medios ya han de arbitrar espacios para desmentir las falsedades de los políticos. Se ha preguntado usted que si le mienten así para conseguir su voto, ¿qué no hacen con capacidad ejecutiva?

Se confirma que fue una trágica decisión convocar nuevas elecciones habiendo ganado las anteriores y dejando al opositor, el Partido Popular, en 66 escaños y cuajado de deudas. Ahora no está claro qué pretendía y pretende Sánchez. Tal como se mostró en el debate del lunes, corrobora que descarta un acuerdo con Unidas Podemos. Como siempre hizo, por más que sus entusiastas quieran sentir otra cosa. Pedro Sánchez rechazó todas las manos que le tendió Pablo Iglesias. Va a volver a la casilla de abril, y eso con mucha suerte, a la que ha tentado en exceso. Porque la nueva convocatoria electoral –que le competía solo a él como presidente por más que lo adornen- ha beneficiado extraordinariamente a Pablo Casado y, lo que es mucho peor, a Santiago Abascal y su partido ultraderechista neto, sin complejo alguno.

Abascal, Vox, en la Academia de Televisión
Abascal, Vox, en la Academia de Televisión

Crecido ya, normalizado, nos han hecho engullir a un partido ultra, machista, xenófobo, radicalmente antidemocrático como si fuera lo más natural. Como para dar un mitin en “prime time”. Ese tosco y primario ser que caracteriza a Vox en su conjunto es hijo del franquismo que dejó impune la política democrática, y de un sector de la sociedad educado en la banalidad y en la falta de escrúpulos éticos. No es un partido más, y avergüenza la sonrisa con la que fue recibido en la Academia de la Televisión.

Catalunya, en uso y abuso, por encima de todas las cuestiones que atañen a la vida de los ciudadanos, como caladero de votos de los “a por ellos”. Subastaron todo tipo de medidas de fuerza, solo Pablo Iglesias habló de diálogo. Y con un conflicto enquistado durante décadas, lo más inteligente y democrático, lo más práctico, es hablar. El rey se fue con la Familia Real a la entrega de los premios Princesa de Girona, la princesa Leonor, en plena semana de elecciones, custodiados por un ingente número de policías debido a las protestas con las que fueron recibidos. Y a hacer un discurso político, como ya ocurriera el famoso 3-O. Quien no vea que esto se aleja mucho de lo normal, tiene un problema y nos lo crea al resto.

El escenario hoy es mucho más dramático que el de abril. La derecha se ha fortalecido y extremado. Y Sánchez hace una decidida apuesta por “el centro”, dicen, con socioliberalismo económico (la apuesta por Nadia Calviño como vicepresidenta económica anticipada en el debate no deja lugar a dudas- y mano dura para los conflictos. Le ha dejado toda la izquierda a Pablo Iglesias, aunque esa posición será filtrada por los medios. No se comprende qué espacio busca Sánchez en realidad pero las consecuencias las vamos a pagar todos. El temido mal menor, lo va a ser a conciencia. Y veremos si no nos cae el mayor.

Los memes políticos y mediáticos seguirán hablando de bloqueo. Bloqueo es el que hace un candidato ganador cuando no quiere gobernar con un partido de izquierda, con más votos de los que reunió su acuerdo con Ciudadanos. Y debemos estar alerta para no tragar soluciones mágicas de atajos para dotar a la lista más votada con votos que no ha tenido.

Pero no nos equivoquemos, tenemos el país que tenemos y el que nos hemos, o han, dejado hacer. Ahora con una crispación y una agresividad, una equivocación de enemigos a abatir, que no tiene perdón haber generado. A otros nos deja una especie de poso de melancolía. Los administradores deben trabajar para los ciudadanos en comunidad y no al revés.

Con amargura de bilis por la culminación en Debate a 5 de nuestra realidad, me desperté este martes con la melodía en el recuerdo de una canción de Jacques Brel:

“Cuando no se tiene más que el amor”. “Cuando solo tenemos el amor para trazar un camino y forzar el destino en cada encrucijada. Cuando solo tenemos el amor para hablar con los cañones y nada más que una canción para convencer a un tambor. Sin tener nada, tendremos en nuestras manos, amigos, todo el mundo”. Y he venido en pensar que igual así, entraba mejor la idea que a golpes, mentiras y trampas. Cuando no se tiene más que el voto, solo y nada menos.

Elecciones, mochilas, banderas y principios básicos

Metan en la coctelera y agiten. Sobre todo agiten. Aunque será preferible ver el resultado, después, remansada la mezcla. Comienza España su cuarta campaña electoral en menos de cuatro años, en la que estaremos más atentos a los zascas que a los contenidos. Zancadillas e incongruencias están aseguradas sin que causen especial alarma. Promesas al viento del quizás sí, quizás no. Declaraciones magnificadas o sobreseídas al vuelo. Tópicos, bulos, trampas, tapando ideas. El PP, hasta por boca de su crispadora en jefa Cayetana Álvarez de Toledo, hablaría de entendimiento con el PSOE, mientras emprende una gravísima campaña. Con la sospecha de que no tendrá consecuencias. Como casi nada que atente seriamente principios básicos.

En España, en la España guiada sobre todo, las alarmas por hechos flagrantes son muy selectivas. Es el caso de la sentencia del Tribunal Constitucional que ha avalado el despedido por absentismo laboral, aunque las ausencias del trabajo estén justificadas por bajas médicas. Tiemblen los enfermos crónicos, y los propios derechos humanos. Lo ha hecho posible la Reforma Laboral del PP –de Fátima Báñez de la Virgen del Rocío–. Esa que el PSOE viene prometiendo derogar –en sus aspectos más lesivos, dice– desde hace cuatro convocatorias a las urnas.

Existen graves motivos de preocupación, no solo en España, por la vuelta de tuerca del capitalismo feroz que reacciona a su nueva crisis y a las protestas sociales apretando más a los ciudadanos. Es un clásico ya. Temerario incluso en este momento preciso cuando muchas sociedades arden de indignación –como ya comentamos hace días– y crecen los fascismos irracionales que cierran el círculo nacido de la falta de respuestas de la política tradicional.

Los signos son evidentes, abrumadores. “Arde Chile por la desigualdad, Ecuador por la eliminación de los subsidios a los combustibles, Haití por la escasez de gasolina y alimentos”, resume acertadamente la BBC. Mientras The Guardian recuerda –a los que quieran oír– cómo el modelo económico de Pinochet llevó a la crisis actual que envuelve a Chile.

El Chile de Pinochet, el gran laboratorio neoliberal de la Escuela de Chicago. Completo: con su autoritarismo y represión. De ahí viene, justo tras la Caída del Muro de Berlín, el Consenso de Washington que desde hace treinta años rige el mundo occidental. Con sus privatizaciones de servicios esenciales y lucrativos, bajadas de impuestos a las grandes fortunas, desregulación financiera y esa corte de medidas que se siguen produciendo y aun incrementando ahora.

Cuesta creer que el FMI en su reunión de esta semana haya entonado otro “mea culpa” –como hizo la UE con Grecia– precisamente por aquel acuerdo de 1989. Dicen que el Consenso de Washington “generó enormes desigualdades dentro de las economías avanzadas y desequilibrios entre países”. Incluso la ministra española, Nadia Calviño, resaltó las similitudes de los estallidos sociales en distintas partes del mundo. Esa mezcla letal de injusticias varias implantadas con mano dura. “Las escenas de violencia en Barcelona me recuerdan a las protestas de los ‘chalecos amarillos’ en París. Denotan una rabia y una tensión subyacentes que no son propias de una sola zona del mundo”, dijo Calviño.

Aquí, en España, la Ministra de Economía en funciones habla en cambio de la “mochila austriaca”. Esa que cuenta entre sus opciones que el trabajador se pague su jubilación hasta donde le llegue. Lo miren por donde lo miren. Tampoco ha tenido gran repercusión. Incluso hay quien ha comentado que así Austria es un país próspero. Por la mochila precisamente. Con la mental se carga en demasía. Y nos lastra a todos.

Las pensiones. Caballo de batalla, de Troya. La voracidad del lucro desmedido anda rompiendo el consenso social. El sistema de pensiones de Chile, modelo de privatización para muchos, se desmorona, escribe el New York Times. Ah, las pensiones en el malestar de los chilenos. Y la salud, el transporte público, la privatización del agua, la educación y el ascensor social. Y añadan: la corrupción.

El exministro del PSOE, Carlos Solchaga, afirma que los pensionistas “no tienen razón”: “Ninguno ha pagado ni la mitad de lo que percibe”. Si se trataba de un sálvese quien pueda neoliberal igual podíamos haber invertido esos ingresos de otra forma. Como hicieron en Noruega por ejemplo. Su fondo de pensiones –el mayor fondo soberano del mundo– ha superado su récord: invierte ya casi tanto como el PIB de España. Fue creado en 1996 para invertir en el exterior los ingresos procedentes del gas y el petróleo. Noruega solía tener –ahora se viene complicando también– gobiernos socialdemócratas auténticos. “Es que en Noruega tienen petróleo”, oponen los de las mochilas mentales. Arabia Saudí también, respondes.

El recrudecimiento neoliberal avanza con una sociedad distraída en parte. Las banderas, las de Trump y China fundamentalmente, están produciendo una nueva crisis sistémica del capitalismo. La nueva gerente del FMI lo advierte con contundencia, en Europa se le quita importancia. No hay crisis, es el lema, hasta que llega al cuello.

La intensificación de la doctrina ultraliberal está aquí, al margen de las declaraciones. Ucrania se apunta, va a acometer lo que llamaban “un ambicioso plan de privatizaciones”, masivas. España se dispone -y también ha pasado desapercibido- a “liberalizar” el tren.  Por supuesto en las líneas rentables: lean. Ya, en 2020. Y a pesar de la experiencia que hundió los ferrocarriles británicos y que el 75% de sus ciudadanos quiere revertir.

La Junta de Andalucía prepara la venta millonaria del monopolio de las ITV, valorado en un mínimo de 200 millones. Es tan bonito vender las gallinas de los huevos de oro. Así podrán compensar la bajada de impuestos a los ricos, o la promoción de la tauromaquia y todo el ideario que expanden.

Cuestión de prioridades. Como aquel tratamiento contra el cáncer que PP y Ciudadanos vetaron en la Sanidad Pública madrileña. Costaba 21 millones. Los dirigentes conservadores prefieren por ejemplo soterrar la A5, en obras de lucrativo cemento. Y nadie les preguntará por su opinión sobre el cáncer y las formas de acometerlo.

Es un mal extendido, a Tasuku Honjo, le dieron el Nobel por descubrir la inmunoterapia para tratar precisamente esta grave enfermedad. Ahora se siente timado por una farmacéutica que comercializó su tratamiento sin darle a él apenas beneficio. Lo venden entre 50.000 y 100.000 euros por paciente, nada asequible precio. El investigador piensa que su fármaco debería ser más barato pero cree, sin embargo, que con una farmacéutica pública sería peor. Carga con esa mochila.

Hay hechos que marcan la distancia entre la vida y la muerte. Los más extremos. Más amplios, los que separan la precariedad de la opulencia. El capitalismo feroz se recrudece ante una sociedad que no distingue lo que haya detrás de las banderas y no siente el peso de las mochilas que va llenando con piedras. Miren a ver si les caben los zascas y las trampas, las sentencias por sufrir enfermedades caras, el hambre de algunos, los palos a otros por protestar, el futuro que el egoísmo cerril dibuja.

 

*Publicado en eldiarioes

Crónica sobre la presentación de Derribar los Muros. “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos”

La periodista Rosa María Artal estaba en el puente de Bornholmer, en Berlín del Este, cuando en 1989 se abrió el muro. Recuerda la lluvia y el frío, y que sintió que el mundo sería diferente a partir de entonces. 30 años después, ha presentado este lunes un libro en el que relata, junto a otros autores, las claves de lo que ha ocurrido en estas tres décadas. Derribar los muros, de Roca Editorial, analiza “los nuevos muros levantados”: “Es un libro que habla del presente, pero hay que saber cómo hemos llegado hasta aquí y los caminos que se escriben ahora para saber adónde iremos”.

“Yo estuve ahí, era la única periodista con un equipo de Informe Semanal, de Televisión Española”, ha recordado Artal, que es colaboradora de eldiario.es. La coordinadora de la publicación ha compartido un panel con algunos de los autores de la obra este lunes en Fnac Callao, en Madrid, ante unas 80 personas.

La editora Blanca Rosa Roca ha presentado la publicación, que cuenta con textos de Violeta Assiego, Pablo Bustinduy, Pedro de Alzaga, Lourdes Lucía, Àngels Martínez Castells, Javier Pérez de Albéniz, José Antonio Pérez Tapias, Javier Valenzuela y Carmen Madorrán, y con prólogo de Federico Mayor Zaragoza, analiza los cambios más significativos de las últimas tres década. “Drásticos, buena parte de ellos; algunos vertiginosos; otros, impensables”, afirma en el primer capítulo Artal. 30 años después describe una sociedad con “desencanto y apatía”: “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos”.

Portada del libro 'Derribar los muros', de Roca Editorial
Portada del libro ‘Derribar los muros’, de Roca Editorial

“Había más libertad en los años 80, en España y en el mundo, que ahora. Si aceptamos recortes de derechos y libertados, creamos el terreno para los fascismos 2.0, que vienen a decir lo mismo que los de años 30”, ha reflexionado Javier Valenzuela, que en esos años era corresponsal de El País en Oriente Próximo. Para el autor, lo que triunfó en 1989 fueron “el capitalismo salvaje y el neoliberalismo”. “Hoy tenemos un mundo en el que si eres pobre es por tu culpa”, ha destacado y señalado: “Somos pocos divididos, ellos son muchos y unidos. Tenemos que ser listos y empezar a tejer nuestras redes de resistencia”.

El periodista Pedro de Alzaga ha recordado en su intervención que en aquellos años comenzaba a existir la web, “la herramienta más poderosa, un monstruo maravilloso”. “Los medios estaban bastante bien. Pero justo en ese noviembre del 89 había un ingeniero informático en un laboratorio de suiza que estaba creando la web. Nacía esa plataforma y empezaban a producirse una serie de cambios que nos han traídos hasta aquí”, ha explicado de Alzaga.

“En 1989 había 15 muros”, ha apuntado la abogada y editora Lourdes Lucía. “Ahora hay 70”, ha incidido. “El peor muro es el muro de la xenofobia, del igual, del que viene afuera y crees que te puede quitar el puesto de trabajo”, ha explicado. “Creo que la esperanza puede vencer al medio. Esto es una muestra de que algo está cambiando”, ha dicho y señalado al panel, compuesto en su mayoría por mujeres.

“La conquista de derechos que hemos tenido las mujeres en estas tres décadas no se hubiera podido producir sin la lucha de las mujeres que vinieron de todas las partes del mundo”, ha destacado la abogada Violeta Assiego. “De todas las mujeres: pobres, académicas, transexuales, bolleras”, ha precisado. La autora, sin embargo, ha advertido: “El debate sobre nuestros cuerpos y decisiones, con quien queremos tener hijos, si los queremos tener, sigue levantando muros. Es una de las armas usadas por las derechas y fundamentalismos ideológicos y religiosos para dividirnos”. Assiego ha expuesto un desafío para el presente: “Hay que pasar del feminismo a los feminismos. Tenemos que tener en cuenta que la consecución es muy desigual”.

Es uno de los “puentes” que se han tendido más allá de los muros, según ha señalado Artal. Otro tiene que ver con la “conciencia” ante la emergencia climática. Carmen Madorra, que nació después de la caída del muro de Berlín, ha puesto el foco allí. “Sería miope no preguntarse qué ha pasado en estos 30 años para que ahora estemos hablando de emergencia climática”, ha reflexionado. “Algo pasa con el planeta y tiene mucho que ver con nosotros. Hay que buscar formas de modificar nuestra presencia en el planeta. Tenemos que cambiarlo prácticamente todo”, ha zanjado.

El libro, de 232 páginas, se presentará próximamente en Barcelona y Zaragoza, los días 28 y 29 de octubre, respectivamente. Antes de terminar Artal ha leído la dedicatoria del libro: “Para quienes creen que otro mundo es posible, porque este así se va a pique”.

Elecciones al límite del riesgo con exhumación incluida

Por supuesto que había que sacar los restos del dictador del mausoleo en el que nunca debió estar. Conforme avanzaba la ceremonia se me confirmaron, sin embargo, las dudas sobre la oportunidad del momento. Y la satisfacción por ver a Franco fuera del Valle de los Caídos se fue enfriando. Ya no era tiempo de brindar con champagne  -que así se llamaba entonces,- después de 44 años está avinagrado y, aun así, la exhumación del caudillo franquista nos sirvió la esencia de sus posos.

No comparto en absoluto que hemos asistido a los últimos vestigios del franquismo. Es como cuando dicen que ya no hay nazismo porque Hitler murió. El franquismo fue un fascismo a la española, chaparrudo y tosco, tramposo con lo peor de todas las dictaduras de su signo. Represión, venganza, trampa, hasta niños robados (no le faltó detalle). Y muerte: ejecutó disidentes hasta septiembre de 1975. Una férrea involución autoritaria que anuló a las mujeres, que echó a las cunetas o de España valentía y pensamiento crítico. Ha evolucionado, claro. Pero está el alma de la ultraderecha española actual, la que ha impregnado a las tres de ámbito nacional. Y goza de un gran predicamento en muchos medios que la han lavado y perfumado a conciencia.

Esa esencia de franquismo sigue en reductos de algunas instituciones, y en la forma de comportarse la sociedad de la alta y baja trampa. Las evidencias son diarias. No deja de ser relevante que la exhumación coincidiera, por ejemplo, con la cacería del abogado incómodo Gonzalo Boye que relataba en todos sus extremos aquí Elisa Beni. Un registro “con los periodistas pertinentemente avisados en la puerta”. Y una certeza inquietante: “No hay nada que dé más miedo que la capacidad incontrolada de determinados individuos con poder institucional de destruir a un ciudadano sin la más mínima consecuencia”.

Nos pasamos la mañana del día de la santa exhumación haciendo zapping por los medios. Con banderas que llamaban ambiguamente preconstitucionales, siendo exponentes de una dictadura, fuera cual fuera su origen previo. Oyendo voces sensatas y franquistas apenas reciclados. Vimos al golpista Tejero vitoreado por trasnochados ejemplares añorantes de la dictadura, fascistas de ayer y de hoy, pero lo peor era saber cuántos más temibles hay detrás. En los silencios y medias palabras de los partidos de la derecha española, por ejemplo, y del conjunto social.

Y vimos salir el féretro enterrado hace 44 años a hombros de familiares, con un Borbón, biznieto de Franco también, en primer lugar, al lado del nieto al que exonera la justicia tras haber encañonado –alguien en su coche al menos- a dos guardias civiles. La sobria presencia del Gobierno, sí, presencia al fin y al cabo. Y todo profusamente televisado. Una familia con desmedidos privilegios que no tendría en ningún país tras haber protagonizado su patriarca un alzamiento militar contra el orden constitucional, una guerra de tres años y otros 40 más de dictadura. Cuarenta, que se dice pronto, oxidando las raíces de una sociedad.

Y luego a Pedro Sánchez dando un discurso a la hora del telediario y yendo a poner flores a las 13 rosas con cámaras que lo contaran. Loable reivindicación, aunque quizás mejor menos personalizada. Y, más allá, la mezcla de emociones de los ciudadanos; los insultos, si se tercia, a quien no siente como ellos tras haber pensado a la vez. Y el todo o nada, blanco o negro, de una gran parte de la ciudadanía educada en el pueril maniqueísmo.

Y que sube Vox en las encuestas, y el PP de Casado que debe andar pensando de qué material le hará a Pedro Sánchez un monumento por la impagable oportunidad que le ha dado al repetir elecciones, en el fondo y forma que se ha hecho. Y el propio Sánchez ante la mesa del Casino, ¿rojo o negro?

Por supuesto que había que sacar al dictador del lugar de honor donde nunca debió estar. Tuvieron 44 años para hacerlo. 22 el propio PSOE, de hecho los primeros trámites los inició el presidente Zapatero. Pero cuestiono el momento, justo en campaña electoral. Con el conflicto en Catalunya en plena efervescencia. Cuatro días antes de que el PSC y el PSOE se unan a Casado y Rivera, Álvarez de Toledo, Arrimadas, -y veremos si no va Vox- en una manifestación en Barcelona de Societat Civil Catalana, españolista y conservadora a la que dicen “constitucionalista”. Constitucionalista de los artículos 2, 155, y 99 y, desde luego, del 135 y poco más. Realmente a Pedro Sánchez o a sus asesores, les gustan los riesgos.

La exhumación de los restos físicos de Franco –los otros siguen ahí en parte- es otro factor extra que, con la sentencia del procés, incide en la campaña electoral para el Parlamento y Gobierno de España. La exhumación, ahora, y no a partir del 11 de noviembre, si quieren, que están en funciones, apela a reacciones viscerales, con su dosis implícita de irrealidad que suele sosegar el tiempo.

Pedro Sánchez ha conseguido pasar a la Historia. Quedará en los libros que sacó a Franco del Valle de los Caídos. Esperemos que la historia no se complique demasiado por toda esa amalgama que hoy confluye. Elecciones al límite del riesgo. Estos días ando citando mucho a Zygmunt Bauman, el sociólogo y filósofo de los mundos líquidos. Decía: “la inseguridad está en proceso de ser convertida en el sujeto principal (quizás en la razón suprema) que moldea el actual ejercicio del poder”.  Y justo ha sido ahora, estos últimos días, cuando mejor he entendido esta idea.

*Publicado en eldiarioes 25/10/2019

Surge una nueva ola de indignación social

El poder instalado en su pedestal nunca entiende lo que ocurre más abajo. No ve, porque no mira. Y ni mucho menos siente y empatiza con los problemas que en muchos casos genera. De repente, el mundo se ha vuelto loco atacado del virus de la protesta. Ahora, con brotes de violencia. Algunos de una agresividad como nunca vieron, dicen. Brotes, no violencia generalizada –y me refiero aquí al caso concreto de Catalunya- como dan a entender cuando sitúan el foco sobre los altercados, sin abrir el plano donde miles de personas protestan pacíficamente. Porque es un derecho amparado en muchas Constituciones y hasta en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La libertad de expresión y la de manifestación incluyen la crítica, por supuesto. Limite usted su arrogancia y su mano dura, y deje tranquilos los derechos democráticos.

Protestan en Catalunya y, en solidaridad en otros lugares de España, por una sentencia con duras penas de cárcel a los dirigentes independentistas que consideran injusta. Chile ahora, Argentina y Ecuador hace poco, arden en protestas altamente airadas, en estos casos, por medidas que suponen recortes de lo poco que tienen. Bolivia también salta disconforme por dudas en el proceso electoral. Nicaragua es un polvorín desde hace tiempo. Hay muertos en las manifestaciones. Hong Kong sigue presionando a pesar de haber logrado, en teoría, sus reivindicaciones. Algunos gobiernos están cediendo, sí. Tarde. Lo hizo en parte Francia con los chalecos amarillos, uno de los movimientos de protesta más agresivos que se han visto en tiempos. ¿De verdad hay quien cree que no está pasando nada excepcional y podrán controlarlo con sus métodos?

Lo grave es que ni se enteran de que esta vez parece algo diferente: hartazgo máximo. El 15M y las primaveras árabes fueron la Revolución de los Claveles de la indignación, lo de ahora puede llegar a parecerse a la Toma de la Bastilla y veremos qué viene después. Desde cómodas y bien pagadas e influyentes poltronas, aconsejan cesar las protestas y pararse a negociar primero las reivindicaciones con unos gobiernos que como el de Piñera en Chile llegó a declararse en guerra contra los manifestantes. Siéntense, tómense unos pasteles y ya, en la sobremesa del ágape, hablamos. No, esto no funciona así. La gente no protesta por entretener su ocio, no protesta por nada.

Busquen antecedentes. Llevan mucho tiempo estirando de una cuerda que no da más de sí. Al romperse, golpea a veces, solo a veces. Son muchos los abusos. “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos“, destacaba en titular la crónica de Constanza Lambertucci en Eldiario.es sobre las tres últimas décadas que nos han traído hasta aquí. Vividas con desigual fortuna por otros muchos pueblos. Es la forma más irracional de reaccionar, otra es la indignación que se hace protesta, otra el acatamiento, pero hasta ése se acaba algún día cuando el agua llega al cuello. El lucro desmedido de unos condena a otros a la pobreza. ¿Saben aquel que dice que el número de millonarios se ha quintuplicado en España en los últimos nueve años, según Credit Suisse? Pues no es una broma. Ya son casi un millón de millonarios, los recortes en sanidad, educación, etc… han valido la pena, como dice Antón Losada. Claro que es de entender que para un buen número de españoles es mucho más importante que los condenados en el procés cumplan íntegras sus penas, y no digamos ya que arda un contenedor. En Catalunya, naturalmente.

La Primavera Árabe de 2010 y 11 nació -como germen desencadenante- de un incremento del precio del pan. Un clásico. De todos los factores que confluyen en la precariedad, el alza especulativa de los precios de productos básicos es la más controlable. Hay una primera subida en 2008, casualmente previa al derrumbe financiero que llamaron crisis. En Túnez y en Egipto, el pan subió un 50% y no podían comprarlo. Y comenzaron la protestas. En 2010 subió el pan otra vez. Y la revolución se disparó. El resto ya lo conocen.

En el estallido social de 2011, convivieron las primaveras árabes, con el 15M español, Occupy Wall Street, protestas en Wisconsin, Islandia, Grecia, Portugal, Chile, China, Indonesia, Rusia, Tailandia, Azerbaiyán, Israel, la India. Apagarlo sin soluciones, enquista el descontento.

Ningún problema previo de quienes protestan ahora se ha resuelto, se han agravado por el contrario. El malestar no se disuelve si no desaparecen los agravios. Los criterios no se imponen a palos. Suele funcionar, piensan. Hasta que deja de hacerlo.

Sea cual sea el motivo de las quejas que lanzan a una ciudadanía a la calle, la represión y las cargas policiales violentas son gasolina para el fuego de la ira. Penas de cárcel desmesuradas, violencia institucional. Por no añadir las puercas trampas de la cloacas. Si te revientan un ojo por protestar hasta pacíficamente, si te encarcelan y denigran con condenas equivalentes a haber cometido asesinato ¿qué más queda?

Tenemos en la España ordenada nuevo motivo de alarma: Torrent, el president del Parlament, tramita la resolución sobre autodeterminación de JxCat, ERC y CUP, pese a la advertencia de que puede incurrir en un delito de desobediencia. La resolución rechaza la sentencia, propone volver a reprobar al rey Felipe VI y avala la autodeterminación. ¿Creían, en serio, que iban a hacer otra cosa impresionados por el castigo? No les conocen. Lo mismo que Oriol Junqueras. Ha dicho respecto a un eventual indulto: “Se lo pueden meter por donde les quepa”.

Ver al presidente del Gobierno en funciones ir a Barcelona a visitar solo a los agentes heridos, y no a las ciudadanos también hospitalizados en el mismo centro donde estuvo, en ese balance que parece de una guerra (unos 600 heridos y 200 detenidos en una semana), es una declaración de principios. Contemplar a un escolta en el coche del presidente con un subfusil de asalto, corrobora amargamente la impresión. Y rechazar cuatro llamadas de Torra -que será como sea pero es el presidente del Govern- e irse de Barcelona sin tener una reunión con él, es otra bofetada más de la serie. Hay que gobernar, no echar pulsos.

En serio, conviene en ciertos puestos de responsabilidad, salir a la calle y oler las necesidades de las personas. Enterarse del dolor y la rabia que les producen. Claro que toda la violencia es indeseable, apáguenla con la razón no a gritos. Con soluciones, no con desplantes. Por el bien de todos, gobiernen, hagan algo por los ciudadanos que les han elegido. Aquí, en Francia, o en media Latinoamérica. Y esperen a que despierte por completo el África agraviada. La indignación está cambiando y podrán detenerla algún tiempo pero no parece que eternamente sin solucionar las demandas.

 

*Publicado en eldiarioes

La sentencia del procés nos condena a la España eterna

No por esperada, la sentencia del procés a los políticos independentistas catalanes es menos demoledora. En varios sentidos. Hay uno general que nos cae como una losa a todos, de punta a punta del país: saber que en las decisiones de poder, España siempre derrapa por el mismo sesgo, o siempre carga del mismo pie. Es una mezcla de autoritarismo, involución y torpeza que no mejora con el tiempo y el desarrollo. Pedro Sánchez y su gobierno vinieron a demostrarlo este lunes, cuando a las 8 de la mañana, empezaron a tuitear una campaña, en varios idiomas, contando que España es una democracia consolidada. ¿Se imaginan algo igual en cualquier parte del mundo civilizado? ¿Les cabe en la cabeza que Francia, Alemania, el Reino Unido, Portugal… hicieran esa proclamación que nadie les pide? La pluma del complejo asomaba con sonrojante desmaña. Y el martes le dan otra vuelta de tuerca contando lo felices que son los extranjeros en España. Aunque no incluyen a los que trepan por las vallas con púas de Ceuta y Melilla.

La Sala de lo Penal del Supremo se puso a opinar sobre sus decisiones, lo que parece fuera de lugar en su cometido, al decir de algunos expertos. Pero lo que sí dijo sobrecoge. Los líderes independentistas hicieron “un simulacro” que engañó a los ciudadanos. Un simulacro. Y eso está penado con entre 9 y 13 años de cárcel. A Carme Forcadell, como presidenta del Parlament, la sentencian a 11 años y medio de cárcel porque tuvo la responsabilidad principal a la hora de aprobar “el cuadro normativo” inconstitucional que creó una legalidad paralela e hizo posible todo lo demás. Primer caso en la historia democrática de condena por presidir la aprobación que un tribunal penal considera anticonstitucional. Cuesta seguirlo. Los ‘Jordis’ “alentaron a ocupar los colegios” y a “impedir la actuación policial” el 1-O con sus tuits y declaraciones. Con sus tuits. Personas especialmente pacíficas como valora la propia sentencia. Parece una pesadilla pero es cierto. No hubo ni violencia organizada, ni rebelión, ni secesión, ni golpe de Estado. El Supremo aplica la sedición, como explica Ignacio Escolar, una figura penal de origen autoritario y que no aparece como tal en buena parte de las legislaciones europeas.

El Supremo, además, nos obsequia con una teoría sobre la desobediencia civil que convierte en sedición cualquier protesta. Lejos de derogar las leyes y códigos mordaza con un gobierno declarado progresista, se da un recorte a las libertades civiles francamente preocupante.

La España eterna bulle en este marco. No deja de ser curioso repetir innecesariamente –en apariencia- elecciones justo cuando se esperaba la sentencia del Supremo y en los duros términos que ha sido rubricada. Se preveían las consecuencias que iba a provocar.  Fue una sentencia tan anunciada que todos tomaron posiciones. Para sacar provecho en varias de ellas. Pablo Casado confirma la afirmación de, entre otros, Oriol Junqueras: No es justicia, es venganza. Ofende oír al presidente del Partido Popular decir que “quien la hace, la paga”, conociendo la historia de corrupciones e impunidades de su partido. Y pedir un cambio en la  tipificación de los delitos para que se ajusten a su voluntad.  Por la misma línea andan sus correligionarios.  La afición de la derecha –desde el centro derecha a la extrema derecha- a legislar según sus apetencias parece ser endémica.

Las reacciones han sido las esperadas. Disturbios, represión policial, heridos, tensión. Con una amplia cobertura mediática, con retransmisiones dramatizadas en directo, culpabilizaciones al gusto. A protestar no salen solo los independentistas sino los agraviados por unas “sentencias despiadadas“, según las calificó textualmente el periódico francés Liberation. “Encarcelamientos draconianos” que “avergüenzan España”, según el editorial de The Guardian. Lo son.

No olvidemos que la violencia la vimos en la represión de octubre de hace dos años. Los españoles con los ojos abiertos y el mundo entero escandalizado por mucho que la vistan de no se sabe qué modernidad en campañas de lavado. Es como reacciona la vieja España, la que no arranca al progreso pasen los años que pasen.

Luego están los que se atrincheran en odios y rencores, ideas preconcebidas,  y ese destructor “A por ellos” con el que se llenan las tripas muchos de quienes tienen el cerebro vacío. Un sector de la sociedad que no cree en la democracia, hemos de ser conscientes de ello, de esa gravísima realidad en la que vivimos.

Como aragonesa, descendiente de la Corona que compartimos en la Edad Media nada menos, sé desde niña que “el problema” catalán no nació ayer. La identidad catalana es una aspiración muy arraigada; abochorna ver cómo la simplifican. Fue el rey Borbón Felipe V quien, vencedor en la Guerra de Sucesión contra la Casa de los Austrias, suprimió en los Decretos de Nueva Planta leyes e instituciones de varios territorios, fundamentalmente los que componían el reino de Aragón (entre 1707 y 1716). Como harían Casado, Rivera y Abascal ahora mismo, y quién sabe si alguno más. Y es esa pugna lo que alimenta votos. En ciertas personalidades, las dignidades y patriotismos auténticos no dejan de ser una presunción.

En esa progresión del uso de los sentimientos de muchos catalanes, Rajoy se aplicó a fondo y logró que el independentismo catalán se triplicara con creces pasando del 15% al 48% en una década. Más poder para aquello que hagan cuando están en los gobiernos. Artur Mas también lo utilizó, creyendo que los miles que salían en la Diada lo hacían por él. Unos más, otros menos. Ahora, a toda máquina con nuevas elecciones a la vista.

Una cuestión, discrepancia, aspiración, llámenle como quieran, que sin duda habría que resolver de una vez por cauces políticos. Es un tema muy dificil, de ahí, los años, los siglos que lleva sin resolverse. Lo piden jueces progresistas, cualquiera con dos dedos de frente y todos los de las dos manos de demócrata. Por supuesto que no se puede declarar la independencia sin más. Para eso era necesario un referéndum con todas las garantías. Con luz y cámaras, que los taquígrafos son ya de los siglos de los que no nos dejan salir. Con libertad. Negociando. Pero había que sacar tajada. Y hay que seguir en esa tarea que da beneficios. No precisamente de los más limpios.

La sentencia, con todas las dudas que ofrece, ha ahondado las heridas en multitud de catalanes. “Casi la mitad no quieren seguir en España. Más de dos tercios de ellos quieren votar. Una mayoría absoluta –superior al movimiento independentista– cree que el juicio no ha sido justo y que los presos deberían estar en libertad”, informa el artículo del director de Eldiario.es.

El caso es vivimos en una Europa, organizada en Unión, que cierra los ojos hasta a genocidios. O en una España que viene usando las poltronas de gobierno para intereses particulares, incluidos los saqueos de las arcas públicas. Una que soporta la degeneración de instancias esenciales para la democracia, amiguismos, privilegios, trapicheos sin fin. Con una parte de la sociedad que se ciega como si le pusieran la bandera por capote –como hacen algunos especímenes en su delirio-.

Todo eso y más pasa. Incluyan la estupefacción, el dolor de ver que, de las dos Españas, casi siempre lleva las riendas la misma. Así pasen los días, los meses, los años, las décadas, las centurias. Y en ese marco, unos políticos van a estar años encarcelados por hechos que en nada se parecen a los auténticos destrozos de la convivencia. Nos dicen, en la típica trampa española, que pronto saldrán con permisos, que hasta podrían ser indultados por las leyes catalanas -que por cierto los políticos de la amplia ala ultra querrían cambiar también-. Pero no, la justicia exonera. Sus familias merecen esa justicia. Entre rejas y con estigma de condenado sin haber usado –que lo vimos-  la violencia que la injusticia insoportable aplica. Siempre que los Tribunales superiores, europeos, no le pongan remedio. Que por algo se hacen “promos” en idiomas foráneos. O que la política de verdad, limpia y abierta, se decida de una vez a buscar una solución.

 

*Publicado en eldiario.es 15/10/2019

Banderas de cordura

Nos llega el 12 de Octubre -Fiesta Nacional de España oficialmente- en un momento caldeado al máximo. La tradición de este día marca exaltar los símbolos patrios y abuchear a todo progresista que se acerque al evento. Sobre este día planean además dos grandes temas: la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco -enterrado con honores desde hace 44 años- y la sentencia del procés que enaltece con particular fervor al ultranacionalismo español. Y solo es el marco de un momento político denso y explosivo. Uno envuelto de banderas que -a veces y a algunos- impiden ver más allá.

Pedro Sánchez metió en la coctelera estos ingredientes previstos y los que se han ido añadiendo para repetir elecciones, jugando a la ruleta rusa con sus resultados de abril que le dieron mayoría relativa. La campaña se nos ha llenado de España, más España, Más país, más bandera, más derecha, más ganas de serla o parecerla, más apariencia, menos fondo. Más desvergüenza en algunos casos enjuiciando la realidad.

El monstruo crece entretanto en este caldo de cultivo. El franquismo, el fascismo por tanto, la ultraderecha, vive días de gloria en España. Con un prior atrincherado en su delirio amarrado a la tumba del dictador, saltándose las leyes que le obligan. Con líderes de una ideología antidemocrática, xenófoba, machista, irracional, torpe, paseándose por los medios y hasta haciendo gracietas y encontrando el sonrojante apoyo de los equidistantes en apariencia. Este año y con el traslado de Franco justo en medio, la fiesta de este 12 de octubre va ser especialmente sonada.

Añadamos la resurrección mediática del terrible ministro de las cloacas de Rajoy, Fernández Díaz, impune y redivivo para seguir dictando su doctrina y sus tintas de calamar. Con el jefe Mariano de charla con el jefe Felipe aconsejando pactos “incómodos”.

Y el procés, cuya sentencia está al caer. Como una losa –por lo que vienen avisando sin pudor de entresijos judiciales- sobre esta maltrecha democracia. No habrá rebelión, advierten, pero sí sedición que entrega a muchos de los líderes independentistas a una vida en la cárcel, por convocar un referéndum o declarar lo que no se llevó a cabo.

Buitres leonados buscan carroña y beneficio. Con largo gaznate para albergar todo el odio o tic: nervioso izquierda, derecha, ni rojo, ni azul. O púlpitos de campaña o tertulias o lo que sea. Extensa y laxa conciencia moral.

Nos dicen que los niños ya no quieren ser bomberos sino votantes de Vox y que algunas niñas han vuelto a desear ser princesas rubias de ojos azules. Ahora lo provocador es salir de la caverna troglodita con el “cierra España” que hasta el Santiago le sobra. Y si de paso cae algún negocio inmobiliario fraudulento, qué más dará.

La bandera que envuelve hasta tapar la vista y cualquier horizonte de sensatez es la banalidad a la que se abraza gran parte de esta sociedad. La del clic, y el titular por toda información. La que se motiva por un “lo que sabemos de tal cosa” más por curiosidad que por interés y no tiene empacho en dar audiencias millonarias a un ultra para cotillear lo que diga.

Mascarilla capilar de nueces de macadamia. Precaución: no ingerir
Mascarilla capilar de nueces de macadamia. Precaución: no ingerir

La que precisa que le adviertan que una mascarilla para el pelo con nueces de Macadamia no se puede ingerir. Porque los cretinos compran también. Y acuden a las urnas desinformados. A Trump que ha conseguido, con los votos de clase media y desahuciados del sistema, que los ricos paguen menos impuestos que ellos.

Donald Trump, sí. También llegó con Más América, mucho América, grande América, más bandera, más engaños, más irracionalidad. Y resulta que en su guerra comercial ha dispuesto aranceles a multitud de productos europeos, entre ellos algunos básicos de la economía española: aceite, vino, conservas, quesos, frutas, jamón, embutidos, mariscos, entre otros. Y, no solo eso con ser mucho, está a punto de provocar una recesión económica mundial, ralentizando el 90% de los países, que afectará a toda una generación, ha advertido la nueva titular del FMI, Kristalina Gueorguieva.

Oír a Pablo Casado, representante genuino de la ideología conservadora que ha propiciado este desastre, echar la culpa ya de la nueva crisis al gobierno de Pedro Sánchez, desborda todas las expectativas de la cordura. Entendámonos, los liberales han rechazado siempre el proteccionismo pero ahora callan ante las políticas de Trump. Dedicar horas, días, páginas y páginas a las fascistadas de políticos antediluvianos con este panorama real que tenemos encima es francamente -francamente, sí- de una irresponsabilidad cósmica. Por mucha que sea la querencia ultra de muchos divulgadores mediáticos.

La ola que votó Trump llega en tsunami a Europa y al resto del mundo. Y hay una regla de tres que, salvo los que se comen las mascarillas para el pelo, entenderán: lo de Más América y Más España a la vez casan mal. Ir cada uno a la suyo no suele funcionar. Y andamos en tiempo de involución económica que suele acarrear la ideológica. Con todos los tambores de guerras interesados que ya suenan desde el Mar Rojo a los negocios de sangre del Erdogan turco, con decenas de victimas mortales.

Lo peor del momento que vivimos es ver desactivada en la banalidad a la ciudadanía que debe afrontar problemas vitales. La cortedad de miras de esa sociedad a la que dirigen malamente quienes solo quieren usarla en su provecho. Sin ver mucho más allá tampoco.

Menos de un mes ya para las elecciones. Necesitamos menos oropeles y distracciones. Y, de enarbolar banderas, que sean de cordura, responsabilidad, criterio, verdad, valentía, conciencia.

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