El miedo es la principal derrota

Un nuevo atentado. En Manchester, Inglaterra. 22 muertos y medio centenar de heridos entre el público que asistía a un concierto de Ariana Grande, ídolo juvenil, provocadora cantante estadounidense. Por eso, el auditorio se componía de niños y jóvenes. Y de nuevo la tentación, cumplida, de extender el miedo. Ya nadie está a salvo, no hay padres que protejan de ese peligro que existe y por múltiples causas. Llenaremos de nuevo las pantallas de televisión, las radios, Internet, de expertos para explicar el terrorismo, aunque no se aporten todos los datos que cuentan. Trump acaba de hacer negocios multimillonarios con Arabia Saudí, España mismo se emplea con fruición en la misma tarea. Son negocios. Pese a que Arabia Saudí es un importante foco de apoyo al extremismo.

Dudo que alguien nos diga que el miedo es la principal derrota. No podemos sembrar en los niños el temor al atentado para que coaccione sus vidas. Es uno de los muchos riesgos de vivir, el más irracional quizás, pero los seres humanos han de estar preparados para afrontar cuantos se inscriben en su camino. La seguridad absoluta no existe y el miedo solo brinda la absoluta seguridad de una capitulación previa. Repliega las alas, corta los caminos. La prudencia es imprescindible, el miedo no. Hay que armar la prudencia hasta para combatir los temores que nos inculcan.

No es casual que un inmaduro de libro como Donald Trump esté impulsando la idea de armarse hasta los dientes. Son negocios. Además. Y hay un tipo de puerilidad que se siente más segura tras una pistola. Y nada puede hacer ante una bomba. Pero la violencia genera más violencia.

Vivimos de nuevo tiempos en los que se fomenta el miedo más allá de las razones. Todo es temible. Una elección política que se salga de la estabilidad que dicen aporta la corrupción, la injusticia y la desigualdad. Son negocios. También.  Y será mucho más probable que nos afecten sus consecuencias más intensas que un atentado. El desamparo de la infancia va en aumento. En Ceuta, noticia de hoy,  aumenta de forma desorbitada el número de menores emigrantes no acompañados.  Pero la distribución de los pánicos es muy selectiva. “Por su propia seguridad, tenga miedo” decía una histórica viñeta de El Roto. Son rachas. Coinciden con el recorte de libertades.

No asusten a sus hijos, no se asusten ustedes tampoco. Denles instrumentos para afrontar la vida, sus excelencias y sus riesgos. Fortalezcan sus recursos, su criterio, extremen la cautela, si quieren, la sensatez, la cordura pero no mueran en vida antes de tiempo. Nada ata más que el miedo, nada crece más que el miedo que no se combate.

La cultura según Susana Díaz

El Museo de Málaga, un viaje en el tiempo desde el Paleolítico al siglo XX
Imagen de archivo: Susana Díaz, en un acto en el El Museo de Málaga. EFE

La campaña de primarias del PSOE ha contado con una invitada no prevista, no a ese punto: la propuesta cultural de Susana Díaz. El formidable equipo que la apoya –en el partido y en los medios– no ha dicho ni media palabra, lo que añade alarma. Ese ingrediente fundamental está ahí. Con todas sus evidencias. Hay que leerlo para creerlo.

La “propuesta de futuro” en cultura de la aspirante a la Secretaría General del PSOE consta de 5 breves párrafos, en los que se centra en… la economía. Al punto que no cesa de hablar de turistas, en realidad. El desarrollo económico que propugna con –una lejana percha en la cultura– viene vinculado fundamentalmente al turismo. Y por un curioso razonamiento: “La mayor creación de clases medias se está produciendo en Asia. Asia tiene excelentes playas por lo que los turistas asiáticos que vienen a España y Europa buscan cultura”. La redacción es de este cariz de principio a fin. Digna de un ejercicio de “vuelta al cole” tras el verano, en Primaria.

Susana Díaz además hace suya la Marca España, seña de identidad del PP. Quiere mejorarla. El resto de las actividades culturales están en la tarea, “haciendo más atractivo (en singular en el texto) la llegada de turistas y nutren de contenidos la estancia de los turistas”. Ese espíritu monetarista se reflejaba en otra de sus propuestas: dar créditos a los jóvenes para estudiar en la universidad o establecerse como autónomos. A devolver. Como en Estados Unidos donde existen amplias referencias de la práctica: el drama de universitarios obligados a dedicar su vida a una actividad que, vocacional o no, les permita pagar sus deudas.

Propuesta de cultura del programa de Susana Díaz
Propuesta de cultura del programa de Susana Díaz

Pedro Sánchez desarrolla, con mucha mayor amplitud ( dos páginas), sus propuestas culturales. Alguien se tomó la molestia en el equipo de hacer un programa. El concepto básico plantea “la cultura, como eje del país, derecho fundamental y motor de desarrollo”. Para el candidato, “la educación es la clave del futuro”. Propugna extender las becas y bajar las tasas universitarias.

Patxi López habla de la cultura en tres breves apartados para afirmar que “la cultura es ante todo un derecho de los ciudadanos y sin creación cultural no hay cultura”. Añade que “la igualdad en el acceso a la cultura es y debe ser una seña de identidad de la política de los socialistas”. No detalla.

Es cierto que el mal de Susana Díaz está muy extendido en la política y la sociedad: la cultura no importa, es algo accesorio en el mejor de los casos. Pero ella alcanza un diagnóstico de máxima gravedad.  Y tiene todo el aparato y  los medios entregados al sistema detrás. Se afianza la idea de que solo es eficiente el beneficio económico. El exministro (de Cultura) José Ignacio Wert era otro entusiasta de la tendencia. Rajoy, sin duda. El PP arrasó hasta la Filosofía –que estructura el pensamiento–, extremo que ahora parece querer enmendar someramente.

Y ocurre al revés, un pueblo sin cultura se queda inerme para afrontar los retos de la vida. Es como un nacer sin referencias, sin contar con la experiencia y reflexiones de otros, con la creatividad que nos diferencia de otras especies animales. Privarse de segmentos imprescindibles de la belleza. Una aspiración humana innata de todos los pueblos, ir a más, desarrollarse, expresarse. Desde las cavernas prehistóricas lo hicieron cuando la supervivencia era más ardua. Ahora se afanan en igualar en la burricie.

Con consecuencias. Una sociedad vulnerable que traga todos los cuentos, bulos, manipulaciones, contra su propio bienestar incluso. Desde algunos que afectan a su salud a cuestiones trascendentales que implican su futuro y el de la colectividad.

Más aún, hay un nuevo “elitismo”: el de quienes desde la ignorancia promueven la ignorancia, y reivindican la falta de criterio como un valor. Los disidentes son perseguidos. No se le ocurra a usted mentar en España la palabra intelectual. No es como en otras épocas por falta de oportunidades. El desconocimiento carece de justificación en un país y un tiempo en los que se ha tenido y se tiene acceso a la cultura y la educación. Los medios existen.

Se está imponiendo el reinado de quienes sienten una aversión insuperable por el saber y la cultura. Volcados en sucedáneos de folclore y pachanga, contemplan la literatura de calidad, el arte o la música culta como una purga a engullir. De verse obligados a padecer alguna muestra, la sienten como una colonoscopia. A veces se llevan sorpresas: “Pues esto de la cultura no es tan rollo como me habían dicho”, comentó una concejala del sector al salir de un concierto de órgano en una catedral románica. Pertenecía al gremio de quienes fabrican la Marca España.

Cuando alguien de esa hornada llega al poder es un arma de destrucción masiva. Ahí tenemos a Donald Trump en la Casa Blanca para que consolide el elogio de la estulticia. Su universo estético anda entre oros y oropeles y citas de películas. La última de Una rubia muy legal: “Hay que aprovechar la oportunidad de ser un extraño”. Y ante un periodista de The Economist se atribuyó la autoría de una frase que tiene casi un siglo a sus espaldas.

España es de los pocos países en los que desde tiempo atrás se presume de la ignorancia. En el fondo, es origen fundamental de nuestros problemas. Ha sido un país pródigo en dirigentes de manifiesta mediocridad cuando no tarugos de marca. Marca España, naturalmente.

Francia por el contrario estima que la cultura es un signo de identidad de su país y un bien a proteger. De sus políticos se destaca que leen filosofía –como Macron–, o escriben novelas como el nuevo primer ministro, Édouard Philippe . Aquí nos cuentan las preferencias deportivas de los candidatos. Todavía debe tener Francia sin penalizar con IVA su industria cultural como hizo el PP desde que llegó al poder. Los países nórdicos también la protegen. Portugal, esquilmado hasta hace poco, salvó los libros de su descomunal IVA.

“La cultura es la mejor revolución. Seguramente por eso a los Gobiernos mediocres y dictatoriales les espanta la posibilidad de un pueblo educado, culto, con preparación, con criterio”, “hemos aceptado sin reservas que los líderes políticos transmitan ignorancia”, escribía el periodista Javier Pérez de Albeniz en Reacciona (Aguilar, 2011) en uno de los mejores diagnósticos que he leído. Ha ido a peor. A la incultura manifiesta se une una nula curiosidad intelectual. Al punto de presentar una propuesta “cultural” como la de Susana Díaz.

Las clases medias crecen en Asia. Asia tiene excelentes playas. Los turistas asiáticos que vienen a España y Europa buscan cultura. Con estos políticos, el futuro se presenta como un erial.

El Efecto Susana, el Efecto Patxi y la verdad tozuda

Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, antes del debate de primarias del PSOE.
Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, antes del debate de primarias del PSOE. MARTA JARA.

Cada vez que se da un hecho político de cierta trascendencia en España asistimos a una cascada de opiniones literal. Más que clarificar se diría que empujan en una dirección, arrollan y anegan. Lunes, 15M de la nueva era, los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE se enfrentan buscando el apoyo de la mayoría. Leyendo entre líneas, oyendo entre ruidos, parece claro que –en la confrontación– Susana Díaz no ha respondido a lo esperado. A lo esperado por quienes la promueven. De ahí que hayan pasado a ensalzar la figura de Patxi López que para algo estaba allí. Pedro Sánchez es, de nuevo, el enemigo a abatir.

Por supuesto que la presidenta andaluza recibe múltiples parabienes, con el vasco en la recámara por si acaso. Pesos pesados mediáticos mantienen que Díaz fue la ganadora del debate, con esa salvedad. Siempre nos quedará Patxi. El diario El País entra en la desesperación prodigando artículos y editoriales con idéntico mensaje. Saca a sus espadachines toreros para llamar poco menos que llorica a Sánchez, retuerce posverdades.

El culmen llega con el editorial Pasado frente a futuro, que otorga a Sánchez el pasado y el futuro a los otros candidatos. Según el diario de PRISA, “tanto Susana Díaz como Patxi López pusieron en evidencia la inconsistencia de las tesis sostenidas por Pedro Sánchez”. Para ellos quedó demostrado, demostrado, que la abstención del PSOE que hizo posible el Gobierno de Rajoy fue obligada por los malos resultados electorales. Tal como dijo Susana Díaz. Demostrado con la prueba del algodón. Más aún,”tanto Susana Díaz como Patxi López demostraron querer mirar hacia delante e incluso poder trabajar juntos el día después”, concluye. Sí, ahí está el quid: trabajar juntos.

De repente, muchos descubren a Patxi López, un peso pesado del PSOE, sin duda. Presidente del Congreso en la breve legislatura con Pedro Sánchez que luego votaría abstención. Porque son directrices del partido aunque no las comparta. El que fue lendakari con el PP. El que lideró, según contaba Ignacio Escolar, la revuelta que empujó el paso atrás de Carme Chacón en favor de Rubalcaba. Es el espíritu del PSOE, dicen con lágrimas en los ojos desde Victoria Prego a Iñaki Gabilondo y muchos otros. Con una puesta en escena de colega, moderado y conciliador, ha sido visto como la solución. Sobre todo para alejar a Sánchez.

Fue López quien más dijo saber lo que estaba ocurriendo en el socialismo europeo para, paradójicamente, reclamar seguir en lo mismo. El otro futuro, Susana Díaz, apuesta por hacer reformas manteniéndose en el 100% PSOE de toda la vida que dice representar. Algo no cuadra en la línea argumental.

Los alemanes daban, casi al mismo tiempo, otra prueba palmaria de hacia dónde va la socialdemocracia que colabora con la derecha. Y los “efectos” que se inflan hasta creerlos ciertos y se pinchan en contacto con la realidad. El “efecto Schultz” llegaba a una vergonzante derrota en  Renania del Norte-Westfalia. Es el Estado alemán con mayor población, donde ha gobernado –con una breve interrupción– durante los últimos 50 años. El SPD bajó 8 puntos, mientras subía 6 el partido de Angela Merkel y entraba… la ultraderecha. Es otro efecto de las políticas actuales.

Meses atrás ocurrió en Holanda con el partido de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo. Y en Francia el socialismo ha entrado en barrena con Manuel Valls. No se ha privado ni de certificar que “ha muerto”, tras contribuir a ello desde el gobierno hasta hace poco. Su peregrinaje para obtener un puesto en las filas de Macron tiene a los franceses atónitos.

Lo que ocurre con el socialismo europeo es esto. La única vía positiva, y muy positiva, la ofrece António Costa en Portugal, presidiendo un gobierno de coalición de izquierdas, cuyos integrantes apuestan por salir del caos precedente y por el bienestar de los ciudadanos. Hiere escuchar voces en el PSOE pensando en beneficios diferentes, a modo de acusación. Sánchez beneficia a Podemos, dice Elena Valenciano –y otros–, pasando por alto con cuanta abundancia la abstención del PSOE “beneficia” al PP. Y apoya sus desmanes, que no es punto intrascendente.

España siempre parece ser una excepción. Un país donde gobierna un partido enfangado en corrupción, donde la Fiscalía es un agravio permanente, y medios potentes hacen política y más, sin el menor pudor. Pero, Europa, el mundo incluso, demuestran que por este camino no hay salida. Pedro Sánchez, su equipo, aportan al menos un cambio de tendencia, aún con algunos hándicaps de su líder. Giros de opinión o de estrategia y errores pasados producen menos intranquilidad que algunas certezas de sus contrincantes.

Hay que señalar que no quedó demostrado en absoluto que fueran los malos resultados electorales quienes motivaron la abstención del PSOE dirigido por la Gestora. No hay relación causa-efecto. El PSOE que realmente perdió apoyos, 4,3 millones de votos, fue el de Rubalcaba que sigue sentando cátedra. No dejaba de ser la tendencia europea ya, con un PASOK griego hundido, y por las mismas causas. Es cuestionable también ese “pasado de división y rencor” atribuido a cuatro columnas, que de estar más vivo y presente entra en la sala a morder también a los candidatos. Y ese “aferrarse a la abstención”, que sus detractores mediáticos afean a Sánchez, es actualidad plena y sigue dando su fruto: el PP está en el Gobierno ahora mismo.

Susana Díaz acusó a Sánchez de haber perdido apoyos en el partido, de ser él mismo su principal problema. “Hasta a Felipe González engañaste”, dijo. No es que el expresidente goce de su momento de mayor prestigio precisamente. Antonio Hernando, otro que dejó en la estacada a Sánchez, tampoco. Pasó del no es no al sí es sí y todo lo que haga falta, sin pestañear. Como otros tantos. Amores que matan, desamores que depuran y revitalizan.

Nunca se ha visto un debate político más sincero. Susana Díaz y Pedro Sánchez se tiraron a la yugular del contrario, con verdades y mentiras no repartidas por igual. Patxi López cumplía su papel con más retranca de la que muchos de mis colegas vieron. El partido socialista ha llegado a un estado lamentable. El PSOE que el viento se llevó, se lo llevó; lo echaron. Y, como decía el cantor, el tiempo que va pasando como la vida no vuelve más.

En la excepción española, columnistas sólidos siguen contemplando a pesar de todo al PSOE como alternativa de gobierno porque “Podemos ha tocado techo”. Entierros prematuros al margen, lo único cierto hoy por hoy es que ni uno ni otro cuentan con la posibilidad de formar gobierno como no sea con un acuerdo como en Portugal. Con Susana y Patxi no sucederá, con Pedro no se sabe, pero es más factible.

Quienes tumbaron a Pedro Sánchez de la Secretaría General con las armas que todos vimos difícilmente consentirán readmitirlo en el mando. España se juega pues mantener un futuro con el PP, con este PP que abochorna. Un gran apoyo trabaja para que nada cambie: buena parte de la prensa. Contra el tiempo y la realidad.

*Quisiera acabar con un recuerdo a otro periodista asesinado en México: Javier Valdez Cárdenas. Otro más. Su muerte, acribillado a tiros, ha causado hondo dolor en su país tan acostumbrado a estos desmanes que apenas se difunden, ni reciben condenas internacionales. En su Twitter había colgado un artículo escrito apenas 5 horas antes de salir la noticia de su muerte. Numerosos periodistas como él, arriesgan su vida –algunos la pierden– por informar incluso en localidades pequeñas. No cambian el mundo, aspiran a que sus conciudadanos sepan la verdad que les atañe. La verdad, no la posverdad. Merece la pena que recordemos que estos periodistas, este periodismo existe, frente a tantos individuos que denigran nuestra profesión a diario, incluso desde atalayas que no merecen. A los ciudadanos les cabe elegir. Para elegir con cordura, hace falta saber.

Trama, mafia o Heidi en las montañas suizas

rajoy.congreso.captura

El circo de tres pistas en el que han convertido nuestro país se supera cada día. El más difícil todavía se ha convertido en marca de la empresa. Hoy sale a escena Alberto Ruiz-Gallardón, exalcalde, exministro, extodo cargo del PP, vigente defensor de falangistas familiares a ritmo del Cara al sol . “Alberto” y la operación para “comprar una sociedad que no valía ni treinta millones por 100”. Colombia, Panáma, Banco Mundial. El Canal de Isabel II, siempre el canal.  Está grabado en la voz de su colega Ignacio González. 

Y Moix, siempre Moix. Ahora fiscal Anticorrupción, en su día de la Comunidad de Madrid. Época en la que el acusado en otra trama –Aneri, por estafa de 17 millones de fondos para parados–, declaró al juez que logró “ un maravilloso acuerdo” con la Fiscalía de Madrid para salir de prisión a cambio de no acusar al Gobierno regional y “echar mierda” a cargos de la patronal y la Cámara de Comercio. Moix lo niega, niega todo lo que le implica, aunque haya pruebas atestiguando que miente. Como cuando dijo que no intentó echar a las fiscales del Caso Lezo.

Volviendo a la pista 1, tenemos al exdirector del Canal de Isabel II intentando destruir documentos. Y a Edmundo Rodríguez Sobrino, expresidente de Inassa, testaferro de Ignacio González y consejero de la empresa editora de La Razón. Sí, el mismo a quien consolaban Marhuenda y Casals, altos ejecutivos de la publicación. Sí, va a hacer falta una guía. Un hombre muy ocurrente Casals. De él fue la idea de inventarse una encuesta que emocionaba al director de La Razón: “Me gustaría ser tan listo. Joder, se le ocurrió ayer”. El objetivo estaba conseguido: “Le hemos hecho una putada a ‘Cifu’ poniéndola por delante de Soraya. La matarán las otras” contaba Marhuenda. En sus horas libres entre tertulia y tertulia. A las que sigue acudiendo contra toda lógica y en síntoma muy preocupante.

Cifuentes, presidenta hoy de la Comunidad de Madrid. Vicepresidenta en los días que firmó un contrato investigado en La Púnica. Ahí aparece Arturo Fernández,  expresidente de la patronal madrileña, condenado por corrupción. Y con él, la contrata para el servicio de comedor de la Asamblea de Madrid, y la presunta financiación ilegal del PP.  Agiten y listo.

Y casi se queda sin relevancia en el espectáculo la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, por un asunto en relación a Mercamadrid donde se paga por la cesión de unos terrenos en lugar de cobrar. Se paga aún, y hasta 2032. Ya ha sido imputada.

No es un circo, en realidad. Tampoco una serie del Chicago años 20. Es la vida cotidiana en España. La actuación se enriquece con Cajas B, y casi el abecedario entero para designar las tramas de corrupción. Con gestiones que ocasionan daños a personas inocentes, solo culpables de convivir con estos políticos y con muchos otros cómplices.

Y ante todo esto, las cabezas más señaladas son llamadas a explicarse en el Congreso y resulta que no ha pasado nada. Nada ven irregular ni Moix, ni su y nuestro fiscal en jefe, José Manuel Maza, ni Catalá, el ministro de Justicia. Ni el de Interior y sus subalternos de alto rango con reuniones inapropiadas. Con chivatazos de ida y vuelta.

Ni Rajoy, por supuesto. El jefe del PP nunca sabe nada, salvo que todo lo que hace es lo correcto. “Moix funciona muy bien”, asegura el presidente del Gobierno en el Congreso. Mientras idea cómo declarar en el juzgado por Cajas B y sobres, vía plasma. Mientras, el portavoz Hernando reprime con esfuerzo la carcajada. El ministro de Exteriores bosteza, y su predecesor, García Margallo, expone su idea para que no se celebre una consulta en Catalunya: quemar las urnas.

Los colegas de Marhuenda se reparten entre tanto por los medios, tratando todos ellos de disuadir las acusaciones judiciales, las evidencias. Siempre encuentran explicación o modo de sembrar la duda. TVE titula, desde que despunta el alba y en semejante día, que “Rajoy acusa a Iglesias de querer controlar a jueces y fiscales” y ya no nos queda espacio para más estupefacción.

Esta caricatura de país tenemos. Goya la hubiera plasmado como nadie, en su negrura tenebrosa, en sus muecas y risotadas. Lo curioso es la arrogancia con la que despachan las acusaciones y  las preguntas molestas. Se comportan con la seguridad, la certeza, de la impunidad. A otros les ocurrió antes, también lo hacía el propio Ignacio González por no ir más allá de país y de época.

Ocurre que para mantener este tinglado hacen falta varias manos y de las que tocan teclas clave. No hay explicación, excusa, ni causa admisible en decencia y hasta en democracia para haber dado a este PP la mayoría que no tenía y necesitaba. Protestas para la galería y la autocomplacencia aparte. Y es atronador el servicio mediático a la causa. Factores que lo cambian todo.

Se dan intensos síntomas de atrincherar el bipartidismo que ya solo responde a la mitad del electorado, por encima de cualquier consideración. PP y PSOE pactaron desde la renovación del Tribunal Constitucional, a la presidencia de las Comisiones de investigación del Congreso esta misma semana. Las de investigación precisamente. Crisis bancaria y financiación ilegal del PP. Pensar en abandonar el apoyo, vía abstención, al gobierno del PP es ciencia ficción.

Los ciudadanos disponen de más capacidad de la que creen. ¿De verdad se tragan votantes y espectadores que lo que pasa en España es normal? ¿Y que los actores y soportes de esta tragedia hacen lo posible para enmendarla? ¿De verdad hay millones de españoles cayéndose del guindo o saltando por las montañas suizas con Heidi y su abuelito sin ver las cuentas bancarias de tantos corruptos? ¿De verdad convivimos con decenas de miles de personas de la misma especie que todos estos?

El País se pregunta si lo de Fátima fueron apariciones o visiones

pais.apariciones.fátima

Ha reparado en el titular mi querida colega Cristina Fallarás. Está en lugar destacado de la web de El País en la tarde de este 13 de abril, pero se va perdiendo la costumbre de consultar el periódico por sus creativas versiones de la realidad. Lo de hoy, es un claro ejemplo.

El Papa Francisco ha viajado hasta la localidad portuguesa donde hace un siglo tres pastorcillos dijeron ver a un ángel tres veces y después a la mismísima Virgen en 6 ocasiones. Como en otras presuntas apariciones, la Virgen les habría dejado mensajes para la posteridad. De no gran relevancia en este caso, otros visitados por María fueron agraciados con anuncios de mayor enjundia.

Nos cuenta el artículo de El País que Francisco es el cuarto Papá que acude al lugar. El primero fue Pablo VI, en los 60. Juan Pablo II, que era muy entregado para estas cosas, viajó 3 veces a Fátima. Y, una, Benedicto XVI, el hoy Pontífice retirado que, mira por dónde, fue muy crítico.

En un largo y puntilloso texto, hay tirones de orejas para la pastorcilla Lucía —que moriría en 2005—, para los otros dos niños, ahora santos, y también para Juan Pablo II. En su texto, el entonces cardenal Ratzinger nunca habla de “apariciones”, sino siempre de “visiones” y de “fenómeno”, dice el artículo.

El autor, un buen periodista, corresponsal en Lisboa, viene a sembrar la duda que apuntaba Benedicto XVI, pero el titular nos sume en las tinieblas.

Con ese tono de sentirse permanente agraviado, entregaban esta semana los premios de la editora. pais.premios.verdad

Debemos pues entender que cabe la posibilidad de que los tres niños de Fátima asistieran al descenso a la tierra mortal de un ángel tres veces y de la mismísima Virgen María, madre de Jesús y de Dios por tanto, en seis ocasiones. Y que conversaran con ellos. Profesionales del periodismo tan puntillosos -como debe ser- con el desprestigio de la verdad, con la impúdica relativización de los hechos veraces que se está produciendo en este momento no plantearían la duda de si fueron apariciones o visiones, de no ser alguna prueba o  pensar que es verosímil que tal cosa sucediera.

En estos tiempos de leyes mordaza y ofensa de sentimientos religiosos a la mínima -ni por los más remoto a los laícos-, igual el periódico ha preferido ser prudente, incluso timorato. Ayer mismo envíaron quienes gestionan una cuenta de Twitter  en homenaje a “El gran Perich”, una de sus viñetas de Franquismo y Transición.

perich.rejas

Será eso, no puede ser otra cosa. O sí: Que seguimos yendo hacia atrás. Sin pudor.

 

 

 

 

Macron y la orquesta del Titanic

Macron quiere "pasar página de los últimos 20 años" en Francia
Emmanuel Macron, en una imagen de archivo. EFE

No han entendido nada. El triunfo de Macron en Francia es, sin duda, un alivio. Ningún demócrata cabal facilitaría el acceso al poder del fascismo. Pero los problemas estructurales de nuestra sociedad permanecen y puede agravarse. Tomar a Macron como la última esperanza es peligroso, si fracasa. Marine Le Pen ha logrado para la extrema derecha un récord histórico de votos. Y la abstención no gobierna. El mayor problema puede centrarse en las inamovibles posiciones de los causantes de la crisis.

Como la orquesta del Titanic, continúan tocando aunque el barco se hunde. No por altruismo como aquellos, sino porque se niegan a ver la realidad. “Si era un barco imposible de hundir, si surcaba el mar sin problemas y las fiestas se celebraban cada noche”, se dicen. Aguardando, sin hacer nada, que se achique el agua y todo vuelva a ser como antes. Allí siguen empecinados en permanecer en un mundo que ya no existe. Y no existe por su nefasta labor, por fomentar la injusticia y la desigualdad, a menudo la trampa. Por su soberbia ingobernable.

Habrá que insistir en una obviedad concluyente. En la segunda vuelta de las elecciones se vota entre dos candidatos, los que han quedado, lo que no implica necesariamente el apoyo a todas sus políticas. Una encuesta de IPSOS cifra en un 43% los electores que votaron a Macron por rechazo a Le Pen.  A la candidata ultraderechista le dieron su confianza obreros, personas con ingresos bajos y problemas para llegar a fin de mes, de medio rural y baja instrucción, como detallaba Iñigo Sáenz de Ugarte. Igual que en todos los países en los que la ultraderecha ya está en el poder.

Son los que no cuentan para el sistema. Y en la cuarta cubierta del Titanic siguen sin verlos. O, a lo sumo, pensando que se volatilizarán o que declaraciones incendiarias, editoriales, portadas y  tuits los harán volver al redil. Es muy preocupante el uso del lenguaje político y mediático en España. Insisten en llamar populismo o radicalismo a lo que es fascismo, con una clara intención política local. Termina siendo trabajar por lo que formalmente rechazan.

Como el “populismo” –la demagogia para ser precisos–, no dudan ni en mentir ni en sacar conclusiones basadas en errores. A Macron le han votado más simpatizantes de Mélenchon que de Fillon pero nada cambiará el discurso que creen sirve a sus propósitos. Con enorme torpeza: desconocen ese hartazgo feroz del que ya ni les cree, ni espera nada de ellos. Mientras, el agua inunda la sala de máquinas del Titanic.

Macron sube enteros populares y dudas al aflorar informaciones. De su currículo lo más cierto es su admiración por Maquiavelo, su portentosa habilidad para las relaciones públicas y el saber estar con las personas adecuadas en el momento preciso. Le apoya lo más granado del poder económico y afamados mentores del partido socialista en el pasado. Tuvo la inmensa suerte de que la corrupción desbancara al conservador Fillon como favorito. “Macron ha demostrado poseer todas las cualidades y todos los recursos, desde los más brillantes a los más turbios”, relata Enric González, periodista de absoluta solvencia, en El Mundo.

Candidato de diseño, preparado e inteligente, puede que sepa también moverse en las altas cumbres de su nuevo cometido y termine redundando en algún beneficio para los ciudadanos, aunque no es lo más probable. Por delante, varios escollos de entidad. Las legislativas son entre el 11 y el 18 de este junio. Macron, sin partido, busca aún candidatos, que no le faltarán de cuantos se apresuran a correr en socorro del triunfador. El movimiento que fundó, ahora llamado La République en Marche, cuenta ya con grandes expectativas de voto pero no con mayoría, lo que le complicaría la gestión.

Macron dispone de muy poco tiempo inicial para demostrar su eficacia. Lo hará por decretosde ley urgentes. Varios para moralizar la vida pública y una nueva Ley del Trabajo, más agresiva que aquella que levantó a los franceses en huelgas y manifestaciones. Prácticamente silenciadas en los medios españoles, por cierto. Ya se perdieron empleos con la anterior y con las liberalizaciones varias de su etapa de ministro. A Hollande y Valls les costó caro. Otra de las prioridades del nuevo presidente de Francia es recortar el presupuesto social. Lo que llaman “gasto”. Francia le dedica el 57% de las cuentas del Estado, la cifra más alta de Europa junto con Finlandia. La media es 47%. España, por cierto, se ha quedado en un 42%.

De imparable triunfo del centro liberal, nada. Pero hoy todos quieren ser Macron. Hasta en Latinoamerica se reparten parecidos entre los líderes. En España, Ciudadanos se siente el hermano natural del nuevo presidente de la República francesa pese a las diferencias que les separan. Y olvida la inocencia perdida que le conferían algunos, con su apoyo incondicional a Rajoy y al PP de todas las corrupciones.

Manuel Valls, expresidente socialista francés, se ha ofrecido a entrar en la formación de Macron, al  grito de “El Partido Socialista ha muerto”. Con su inestimable ayuda. Hace una semana se publicó que Macron ofertaba un puesto a su antiguo jefe de gabinete. No es el único que pasará a las filas del ganador. Macron lanza un torpedo preciso a un partido muy dañado. Como el conservador. La corrupción de Fillon y Sarkozy le ha pasado factura. Una gran diferencia con España. En el barco que zozobra insisten en ignorar la pérdida de apoyos electorales. Y el agua ya corre por los pasillos y camarotes. Allí y aquí. Algunos, como Valls, eso sí, han salido nadando a toda prisa.

El candidato de Europa, la UE reforzada, dicen. Si la austeridad y los recortes han puesto entredicho la dirección de Bruselas, más austeridad y más recortes ¿la salvarán? Altamente improbable, más aún, sería paradójico. Pero Macron sí tiene ideas para reformar la UE. Retoma la vieja aspiración progresista de recortar los privilegios de los que disfruta Alemania desde los inicios. Insiste en los “eurobonos” para evitar los abusos con la deuda que lastran a los países del sur. Merkel ya dijo en su día que tal cosa no sucedería mientras ella viviera. Alemania pues rechaza las pretensiones de Macron. Está por ver el desarrollo.

Intenciones espurias al margen, asusta la frivolidad y falta de criterio con las que se están abordando los problemas de la sociedad global. Los partidos tradicionales se encuentran en un momento crítico, tras su fracaso. Por sus errores en buena medida. Persistir en ellos, los agrava. La facilidad con la que se engañan a sí mismos alcanza al punto de creer en efectos que se desvanecen en contacto con los hechos. Como el que iba a catapultar a la socialdemocracia alemana de la mano de Schulz.  No ha sido así. 

Todo el tiempo ningunean a las víctimas de sus políticas. Siguen ahí. Engrosando su número. Con sus trabajos precarios. Con su abandono. Proclamas y editoriales no les darán de comer, ni estimularán su optimismo.

La orquesta sigue tocando con el agua al cuello, con los músicos aguardando a ver si se evapora. De momento los ciudadanos miran, algunos toman fotos y selfies. Los hay que aplauden al final de las piezas si lo manda el regidor del estudio en la sociedad del espectáculo. Los mayores agredidos por las políticas de la desigualdad ya convierten sus señales en gritos. Un escenario trágico que se impone cambiar, por supervivencia. Urge tocar un himno a alegría, con efectividad y en suelo firme.

Lo esencial y lo urgente

reloj.estacion.pensilvania

Escribía José Luis Sampedro en La senda del Drago (Plaza&Janes, 2006) acerca de una hora y un tiempo entre tinieblas y luz, en los que su personaje vislumbra mejor “lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente”. Lo recuerdo a menudo, cuando aparco temas o corto párrafos enteros de un texto para guardarlos en un archivo de retales. La actualidad nos obliga a los periodistas a actuar como bomberos apagafuegos,  en todo momento hay noticias acuciantes que atender. Lo urgente. Lo que Sampedro nos dijo escondía lo realmente importante.

Hoy también hay, seguro, un político que ha metido la pata, o la mano en una caja de dinero público. Navajazos en las pasarelas del poder. Nuevas revelaciones de las tramas corruptas. Intereses cruzados cada vez más visibles. Algún opinador haciendo el ridículo. Los republicanos de EEUU demostrando que Trump no fue una casualidad. Y los franceses nos deciden si le dan el mando al fascismo y crujen Europa sin cabida a la regeneración que precisa.

Pero hoy voy a dar paso a lo que no suele parecer tan urgente, ni con un gran gancho popular. No desde luego, como los llamados “zascas” y “rifirrafes” de la sociedad del espectáculo o la disyuntiva transcendental sobre si es mejor futbolista Messi o Cristiano Ronaldo.

En la rueda sin fin de los días pasan ciudadanos que luchan por un hospital, aquí y allá. Un jefe de la UCI pediátrica, con 30 años de trabajo a sus espaldas, dimite harto de reclamar soluciones a la falta de camas. Millones de jóvenes se van, ya se han ido, y les va quedando poco sitio para permanecer en esta Europa insolidaria. Las victimas del machismo endémico que suenan –poco– cuando han sido asesinadas y no cuando se encaminaban a la violencia que decreta la permanencia de la plaga en las costumbres. El paro de larga duración que, bajando la edad, ha llegado a los trabajadores de 45 años con lo que implica de difícil salida.

Estacioné en los descartes hasta a un anciano al que se dejaron olvidado, muerto, en un banco del jardín de una residencia. Fue en Alcorcón, Madrid. Resultaron imputadas la jefa de planta y una auxiliar del turno de noche, ese trabajo tan sacrificado. Leí que hubo con anterioridad protestas por una abrumadora falta de personal y medios. En horario nocturno corresponde atender 80 residentes a cada auxiliar. Ahora resulta que varias residencias privadas, con plazas concertadas, cancelan los acuerdos porque les pagan menos y ya “no les sale rentable”. De modo que cientos de ancianos andan de traslado en Madrid adonde sí proporcionen ganancias.

Por cualquier lado que miremos encontraremos hechos similares. Tenemos el caso de una pareja que robó comida caducada de un supermercado en Alicante. El establecimiento no denunció, pero la Fiscalía pide cárcel para ellos. Habían forzado el candado de la puerta.

Cualquiera pensaría que lo esencial para buena parte del género humano es tener garantizados salud, educación, empleo, sustento y casa, como mínimo. Y, sin embargo, muchos no se comportan dando pasos para lograrlos. Los dan, para perderlos.

Lo esencial es lo que marca la diferencia entre lo indispensable y lo superfluo. Lo esencial es lo que intentarías hacer el último día de tu vida. De conocer la fecha, no sería la búsqueda de dinero el principal objetivo. Perderían relevancia las diatribas que se llevan horas y días. Ojos y oídos, puertas del cerebro, se agudizarían para detectar lo que importa y rechazar lo irrelevante. Quizás en lo esencial están los porqués de cuanto nos sucede, el hilo conductor.

Priorizando lo esencial, se adquieren nuevas certezas y se disipan muchas dudas. Que no se puede considerar un trabajo en condiciones gran parte de los empleos que se crean en España. Que aceptar un empleo precario es precarizar el resto, pan para hoy y hambre para mañana y para muchos. Que no es obligatorio mentir en periodismo por seguir los intereses de la empresa o la dirección. Que mentir no es opción en ninguna circunstancia, particularmente en trabajos de trascendencia social. Que las otras personas tienen derechos. Por citar algunas obvias que, sin embargo, se olvidan. Caerían ante nuestros ojos muchas caretas y gestos. Se verían con más nitidez culpas y causas.

Desnudos de prejuicios ante lo esencial ¿seguirían todos manteniendo que la corrupción en el PP son casos aislados? ¿Y que hubo alguna razón lógica para que volviera a gobernar sin tener la mayoría necesaria? ¿Y que la candidatura que apoyan con fruición los medios convencionales es la mejor para un partido socialista? ¿Y que lo que pasó y pasa en el PSOE es normal? ¿Y que las nuevas formas en políticas son realmente nuevas? ¿Y que lo peor que ha pasado en las  vidas de algunos es Pablo Iglesias? ¿Y que las declaraciones y luchas por el poder merecen ocupar tanto tiempo de información?

Una mujer llama esta semana a Radio Nacional de España. A un espacio, en la tarde, destinado a personas felices.

—”Era autónoma pero no me salieron las cuentas y lo perdí todo. Ahora tengo el 90% de probabilidades de conseguir un trabajo de barrendera y soy muy feliz, soy una persona feliz”, explica.

El conductor del programa le responde que, “según han contado los barrenderos, no es un trabajo tan desagradable como puede parecer. Están al aire libre”.

En verano y en invierto, ciertamente.

De la vida cotidiana a las grandes convulsiones. Al presente que pesa y el futuro que se angosta si no se vislumbran vías de apertura. Cuando el mundo se vuelve tan desesperanzador, se recurre a cosas tan poco urgentes como un árbol, el horizonte, el eterno ritmo del mar, una fotografía del viejo reloj de Pensilvania, de cualquier reloj, de ningún reloj. A los sabores, a los acentos, y por encima de todo a las personas que importan.

Imagino al personaje de José Luis Sampedro, a él, en esa hora en la que las tinieblas empiezan a clarear y lo verdaderamente urgente es buscar lo esencial.

*Publicado en eldiario.es

Caso Marhuenda, visto para tertulias… y para analizar seriamente

El País ha revelado nuevos fragmentos de conversaciones, dentro del caso Lezo, entre Mauricio Casals, Francisco Marhuenda y Edmundo Rodríguez, altos cargos del diario La Razón todos ellos, y, el último, Rodriguez Sobrino, testaferro de Ignacio González en Latinoamérica y detenido como él, en prisión sin fianza.
 La causa contra Casals y Marhuenda por coacción a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes , fue archivada, por la declaración de la aludida que aseguró en sede judicial que no se sintió coaccionada. El contenido de lo hablado por estos dirigentes de La Razón  deja lugar a dudas a pocas dudas, sin embargo. “Las pasará putas esta señora”, dice Casals, mientras Francisco Marhuenda afirma que “hay que asustar” a Cifuentes. Se trataba de que retirase un informe incriminatorio que había presentado, algo que no hizo.
Marhuenda declaró que lo grabado por la policía  eran mentiras piadosas a un amigo que lo estaba pasando mal y así lo entendió el juez Velasco que sobreseyó la causa. Cualquiera puede comprobar lo que se habló  y en qué tono en esta transcripción. 
A destacar:
F. M. : Hay una cosa que le va a asustar. Le voy a decir: mira ten en cuenta que cuanto más tiempo mantengas vivo este tema, más te puede perjudicar, porque tú eres la sucesora de… Que tú no eres de otro partido, ¿sabes? Y vete con cuidado porque al final pueden entrar a tocar los cojones los de la Asamblea… Y empiezan a tocar los huevinis y entonces. Hay que asustarla, tanto de grupo como de, decir, oye Pepe Creuheras (presidente de Atresmedia) está cabreado con el tema, Mauricio está cabreado con el tema y yo estoy cabreado con el tema. Estamos todos cabreados con el tema.
Casals: Somos más peligrosos en el boca-oreja nosotros que en el periódico.
 – F. M. : Bueno eso me ha contado ella, en confianza me ha dicho. Te lo cuento como amigo… Yo le he dicho que para nosotros tú eres fundamental, que eras el dueño del 30 por ciento… y que eres intocable. Entonces ella me ha dicho, oye entonces me has de decir porque oye yo no tengo ningún interés en que haya lío con esto porque a mí me perjudica…
Marhuenda presume de haber endurecido un editorial contra Cifuentes, pero hay un cambio de actitud, a la que él aludió tras declarar ante el juez. El País lo relaciona con que Atresmedia quiere las universidades de Cifuentes:

De otras conversaciones intervenidas durante la investigación se deduce que hubo una negativa por parte del Consejo de Administración de La Razón a publicar informaciones contra Cifuentes. Y que este cambio de actitud estuvo relacionado con el interés del grupo Planeta, máximo dueño de La Razón y del grupo Atresmedia, en ser adjudicatario de una de las dos nuevas universidades que el Gobierno de Cifuentes proyecta.

El 21 de Abril, cuando surgió el caso, publiqué un artículo en eldiario.es del que hoy mantengo el título: Caso Marhuenda, visto para tertulia. Como vemos, los manejos van mucho más allá, pero son visibles a poco que se preste atención. 
El PSOE exige la "revocación inmediata" de Marhuenda como comisario honorario
El director de La Razón, Francisco Marhuenda. EFE

La marea disuasoria ya ha llegado. Francisco Mahuenda, director del diario La Razón, vuelve a sentarse en las tertulias, como si una imputación judicial en un grave caso de corrupción fuera una gresca más de la sociedad del espectáculo. Marhuenda y Mauricio Casals, presidente de esta publicación, han declarado ante el juez por un delito de coacciones a la presidenta de la Comunidad de Madrid y su equipo.

Existen conversaciones grabadas por orden judicial que ambos reconocen como reales. En ellas hablan con Edmundo Rodríguez Sobrino, directivo del Canal en Latinoamérica y consejero de la empresa editora de La Razón. Pero Marhuenda le quita importancia porque considera que estaban ayudando a un amigo, es una forma de hablar, y con pedir disculpas por llamar “zorra” a Marisa González, la jefa de gabinete de Cifuentes, es bastante. Turno para otro, pasemos a otra cosa.

En su ayuda ha acudido la propia Cristina Cifuentes, que insiste en hacerse “la rubia” y se muestra ante el juez  más comprensiva con las presiones mal llamadas periodísticas.

Lo que asusta es esa concepción del periodismo. No se trata siquiera de si “nunca, nunca, nunca” Marhuenda coaccionó, sino de a qué se dedica. El trabajo es informar de asuntos que afectan esencialmente a los ciudadanos no ver cómo libra a un amigo, sobre el que pesan graves imputaciones, de responsabilidades judiciales. Para Edmundo Rodríguez Sobrino la Fiscalía Anticorrupción ha pedido prisión incondicional. Marhuenda es, como Casals, un alto cargo de un periódico y el juez Velasco habrá sopesado las pruebas. No son titiriteros o un rapero al que le pierden las palabras por la Ley Mordaza.

La hemeroteca, que invoca Marhuenda, está llena de portadas, editoriales y artículos insidiosos contra rivales del PP. El editorial del 19, el mismo día que se conocería su imputación, lo titulaba: “No es justicia, es política”. Y estaba plagado de las “verdades” de Marhuenda. Entre otras, que “Rajoy testificará, aunque no debería hacerlo”, “lo hará por una deriva política ajena a que la verdad sobre Gürtel se conozca”. O “mal que les pese a los inquisidores”, en referencia a los jueces que convocan a Rajoy como testigo y a la oposición política. Al periodismo, Marhuenda no se dedica.

Puede que el director de La Razón no sepa ya qué es periodismo, si alguna vez lo supo. Lo temible es que no lo sepan o no lo quieran saber quienes le convocan a las incontables tertulias en las que participa. A él y a los que comparten su peculiar sucedáneo del periodismo. Aquí reside el auténtico problema. El que puede confundir a los ciudadanos y afectar su derecho a la información. Estas actuaciones de parte terminan por convertir los delitos, la corrupción política, también en discusión de tertulia.

La pregunta insistente estos días es ¿cómo pudo pasar todo esto? ¿Cómo puede llegar un país a estos niveles de inmundicia? A añadir tramas sin fin al pozo de la escandalosa corrupción española. A ver cada poco a un político más, acusado de dirigir una red criminal para enriquecerse y vivir como un Marajá. A un Fiscal Jefe Anticorrupción que provoca un motín de los fiscales bajo el amparo de un artículo pensado para circunstancias extremas. Moix prohibió, por escrito, un registro de la operación y los fiscales no acataron la orden. Obligados a negociar con su jefe, aceptaron que los detenidos no lo fueran por “ pertenencia a organización criminal“, aunque sí figura en el sumario. A un ministro de Justicia como Catalá. A magistradas “de la casa” que avisan a los investigados. A alguien del Gobierno como se ha sugerido que también alertó a Ignacio González.

La justicia independiente es piedra angular de un Estado de Derecho. Y está demostrando que en gran parte funciona aunque no sin esfuerzo. A pesar de las interferencias. Pero hablamos de un país en el que ya cuesta discernir quién está limpio en las alturas. La detención de Javier López Madrid, yerno del empresario clave Villar Mir, amigo de los reyes a niveles de sonrojantes mensajes, relacionado con la trama Púnica también, nos habla de unas élites impropias.

Son cuestiones esenciales, a las que muchos ciudadanos empiezan a añadir con preocupación la responsabilidad de los medios. La información veraz es tan imprescindible como la justicia.

No se puede saldar la imputación de Francisco Marhuenda en una tertulia. En una, tras otra. Lo hará el juez. Pero periodísticamente no es sostenible. Los grupos de comunicación deberían ser exquisitos con esto. Y los ciudadanos también. No vale todo para distraerse, ni hacerse el distraído.

Tampoco es admisible el estado en el que se encuentra RTVE. De hecho, ha arreciado en sus prácticas manipuladoras desde que se llegó al acuerdo de que, algún día, se volverá a elegir a sus dirigentes por méritos profesionales y no por su servicio al PP.

En todos los casos, los ciudadanos están obligados a discernir cuándo les ocultan informaciones y cuándo les dan Venezuela por liebre o intereses empresariales por columnas de opinión. Ser responsables por el bien común.

Las andanzas de Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, han sido publicadas desde hace una década. Con su férrea resistencia, dado que le sobraba dinero para denunciar y pleitear contra periodistas. Espléndida la columna de Manuel Rico en Infolibre hablando, por cierto, de cuántos han salido a la palestra por “detener” a Ignacio González. Marca España.

Cada vez cuesta más tragar los apoyos del Gobierno a un PP en esta tesitura. Y creer que personas decentes duden de si la corrupción es cierta, a pesar de las abrumadoras evidencias y de los intentos por confundirles. Y sigue siendo irrenunciable que el periodismo informe de la verdad honestamente. Igual así, la corrupción pasa la factura que requiere y deja de ser la crónica de un olvido anunciado. A todos sus proveedores. La gente está que trina.

Fascismo no, nunca, bajo ninguna excusa

Le Pen se hace fotos en Amiens con los trabajadores de una fábrica en huelga.
Le Pen se hace fotos en Amiens con los trabajadores de una fábrica en huelga.

Vuelta a empezar. A estas alturas de la historia todavía hay que explicar que el fascismo es un punto y aparte en la democracia. De no bastar las imágenes de la Europa desolada que dejó en el siglo XX, disponemos de miles de libros y análisis. El fascismo es una ideología totalitaria. Alemania, Italia y España fueron sus ejemplos prácticos. Aquí se quedó 40 años, con propina. De haberse impuesto y mantenido igual en toda Europa, el mundo sería aún peor. Lo intenta de nuevo. Es increíble que tenga que evidenciarse con cuanto sucedió.

Está documentado cómo surgen los fascismos, por qué, sus maniobras y hechos, pero nos encontramos ante una ciudanía básicamente desactivada por los medios y mensajes de la distracción masiva. Sin olvidar su propia indolencia. Los alemanes que eligieron en las urnas a Hitler si no lo vieron venir, fueron testigos silenciosos de su evolución y optaron por mirar para otro lado. Lo irritante ahora es la inconsciencia con la que embarcan a Le Pen hacia al triunfo desde una presunta progresía.

“Cuanto peor, mejor” no es regla lógica. El “peor” del siglo XX se saldó con guerra, destrucción y millones de muertos. La memoria breve vuelve a reedificar la tolerancia a lo intolerable.

El foco ahora está en Francia. Las encuestas acortan ligeramente las distancias entre los candidatos fijados en la primera vuelta: Macron y Le Pen. Les separan aún 18 puntos –un mundo- pero faltan 4 días para las votaciones y se sigue escribiendo con fruición la crónica de una profecía autocumplida. Escasean los diques para no entrar al trapo de las provocaciones y mentiras que Le Pen despliega sin el menor escrúpulo.

Por supuesto que Emmanuelle Macron es candidato de la banca, las financias, el Mercado, como dice su rival. Ella también. Son mayoría en todos los países. El grave problema es estar dónde estamos. Se libra una batalla decisiva por el control del poder. Mundial. En España, cuece junto a la corrupción que nos anega como elemento doblemente desestabilizador, pero es casi la misma pugna.  De momento, en la mesa, todo es derecha. Extrema o ultraliberal. Con el importante matiz diferenciador del talante democrático. Lo tiene Macron, carece por completo de él Le Pen. Pasó en Estados Unidos. La elección se sitúa entre el mal o el mucho peor. Y allí ganó lo pésimo: Trump.

El contexto es esencial. Los franceses están hartos de los políticos que les llevaron al desastre. Como tantos otros.  Han infligido un varapalo histórico a los dos partidos tradicionales. Juntos, no suman un 25% de los votos. El castigo demoledor fue para el Partido Socialista Francés. Más aún, el desencanto, la ira, por la gestión de Hollande –que tantas esperanzas despertó en su día- es lo que ha precipitado este escenario.  Bernié Hamon recogió su herencia y obtuvo un 6,4% de votos.

  Con Macron podría ocurrir algo similar. Ultraliberal. Como Trump. De los que creen aún en el mito, nunca demostrado -y va ya por casi tres siglos desde que lo formulara Adam Smith (1723-1790)-, de que el mercado se regula solo. Los que no leyeron a Karl Polanyi, por ejemplo, explicando por qué no funciona. Los que, en consecuencia, mantienen que la libertad (de mercado) produce riqueza general, ya no hace falta pagar impuestos –sobre todo los ricos como pueden atestiguar los estadounidenses a los que ama Trump- y las perdices de la felicidad llueven del cielo a la mesa. Bien es cierto que a sus predicadores sí les va bien y no suelen mirar las víctimas que dejan en la orilla.

 Socioliberal, calificado por eso de “centrista”, Macron cree en mecanismos de compensación con políticas sociales. Aunque es el autor de las drásticas medidas económicas que derrotaron a Hollande ante sus votantes.

Marine Le Pen, ampliamente detestada, gana apoyos con una campaña descarada en demagogia. Abrazando a los obreros maltratados por el sistema, por la política tradicional, de los que se aprovechará como ya hace Trump. Marine Le Pen no es en absoluto una incógnita

 La dureza de la confrontación aumenta. Se juegan mucho, no solo los candidatos. La figura de Macron, que venía de príncipe azul, se resiente algo. Un libro le comparaba con Napoleón Bonaparte por su arrojo, es joven, tiene una historia de amor inusual, fue banquero, y ministro socialista. Ganó porque aparecía como la esperanza limpia en todo el caos de la política de siempre. Ahora le afean cada una de sus hasta ahora virtudes.

Lo cierto es que se trata de una persona cultivada. Estudió filosofía y “lee asiduamente a autores clásicos como Hegel o Maquiavelo y a pensadores políticos contemporáneos como Cornelius Castoriadis o Claude Lefort”, nos contaba este excelente perfil de Enric Bonet en Ctxt.es. Nada que ver, por tanto, con Albert Rivera con quién le quieren comparar, incluido Rivera. Seria entretenido verles conversar sobre Kant.

La guerra desatada incluye en los medios a Jean-Luc Melenchón, como si de un tercer candidato se tratase. Nieto de españoles audaces, es presentado en su caricatura. No se parece a Le Pen en absoluto. Como dice Ramón Lobo, “ es lo opuesto: un ex socialista desencantado con su ex partido. Su pro europeísmo es tan profundo que defiende otra Europa, la de los ciudadanos”. Y de ambigüedad, nada. Ha dicho taxativamente a sus seguidores que votar a Le Pen sería un “terrible error”.  Habrán observado que esto no lo destacan medios españoles, aquí se libra la misma batalla. Su Francia Insumisa en cambio se ha decantado -en un porcentaje mínimo- por la abstención o el voto en blanco. 158.000 personas, de los 440.000 inscritos y  de 7 millones de votos que recibió el candidato.

 La apuesta es por el negocio más que por la sociedad o por cumplir a rajatabla los estándares democráticos, por muy fuerte que pueda parecer. Quienes se benefician de la insostenible situación que vivimos no quieren que cambie nada sustancialmente. La corrupción ha creado grandes clientelismos. Visibles, prestando una mínima atención.

El mundo ha tomado una peligrosa deriva. En su inmenso alejamiento de la realidad creían que humillar y potenciar la desigualdad, no pasaría factura. Y lo ha hecho. Lo predecible augura males mayores. Confiemos en que el mal menor venza a Le Pen. Que la filosofía marque a Macron el camino de la lógica. Pendiente queda la batalla por la justicia y la equidad, la que inexorablemente habrá de llegar, salvo que se imponga la barbarie plena del fascismo.

Moción de censura, urgente exigencia ética

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones en el Congreso de los Diputados.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados. MARTA JARA

La fosa séptica de la corrupción del PP ha saltado por los aires. Por saturación de contenidos, y por el valor de los profesionales que se han empeñado en limpiarla a pesar de las zancadillas. La justicia sirve a la sociedad, a veces lo olvidamos. Tras una semana de “calvario mediático”, como la califica un colega, Unidos Podemos anuncia la presentación de una moción de censura. Si lo aprueban en consulta las bases, añaden este viernes. Con el candidato que prefiera el conjunto de los apoyos, de PSOE o Ciudadanos incluso.

Y el foco mediático cambia. Políticos y medios se lanzan a la crítica, con enorme virulencia. Como si estuvieran aguardando la ocasión para poner, de nuevo, parches de polietileno de alta densidad a la fosa de los detritus y tratar de contener el desparrame. Son muy respetuosos con la ética, la democracia, la pulcritud de las instituciones, pero la reacción desmesurada conduce a equívocos. Esas declaraciones airadas, esas portadas acusatorias, esos editoriales, otra vez. Contra Podemos, no contra la corrupción.

Con lo que estamos viendo, con provocaciones incluso de tutores del pillaje, que no sea un clamor que este PP debe dejar el gobierno resulta demasiado turbio. En la calle hay alarma social. En la que no anda entretenida, por supuesto, con los “juadores”, el equipo A, el Master Chef, Sálvame, o las adicciones partidistas. Abochorna la democracia que sean más duras las críticas a Unidos Podemos por plantear que no puede seguir este Gobierno, que a la corrupción del PP.

Echar al Gobierno que preside Rajoy es una exigencia ética, sin duda. No hay mal peor para una democracia, para una sociedad, que tener incrustado en el país un foco de putrefacción. Cada detalle que se conoce añade gravedad al conjunto. Lo último por ahora, la estrategia de Moix para someter a la fiscalía Anticorrupción que preside. Ser el único que hable con periodistas o controlar cada papel.

Las grabaciones judiciales a los protagonistas de la corrupción hieren los espíritus más curtidos, no así al parecer a políticos y medios. Nos tragamos el saqueo impenitente, los volquetes de putas de la Púnica de Granados, jueces enviados “a tomar por culo” de González, los hilos que se mueven para intentar que así sea, con mayor dureza en el caso de los fiscales: es demasiado, insoportable. No hay presunción de inocencia que tape la necesidad de una regeneración política, mientras la justicia sigue su curso.

Pero quien puede hacerlo no está por la labor. Es evidente. Al PSOE no le viene bien una moción de censura, descabezado ahora como está por su propia voluntad. Aunque la política es una actividad dedicada a trabajar por lo que le viene bien a la ciudadanía. Y este Partido Popular suma incesantes puntos contraproducentes para la salud social.

A la corrupción, como una losa que desprende toda su mugre sobre nuestras vidas, se añade la involución. El PP la intensifica, al ritmo que lo hace la sociedad sobre la que ejerce influencia. Llevamos unas semanas con unos brotes ultraderechistas, franquistas incluso, realmente significativos. Y el PP gobierna. Gracias a la abstención del PSOE y el sí de Ciudadanos. Y ahí sigue como un estigma a la credibilidad de estos partidos. Si la objeción fueran las formas de Unidos Podemos, presentarían su propia moción de censura. Y eso no va a ocurrir ni en sueños. Pedir dimisiones a secundarios, dejando al mando a quien nombra a todos es maniobra de distracción.

El PSOE no tiene ninguna posibilidad de gobernar en el estado en el que se encuentra. Los errores le lastran, como a sus colegas franceses. Los de Hollande, naturalmente. Tan vapuleado, que ni pudo presentarse a la reelección presidencial.  Valls, su jefe de gobierno, quedó aparcado por Benoît Hamon, el exministro, al que no echaron pero se fue en desacuerdo con las políticas de austeridad de su partido. Resulta patético que el PSOE salido del golpe contra Pedro Sánchez culpe a Hamon de su vergonzante 6,4% de votos.

La elección del PSOE está hecha desde hace tiempo: el PP. Para eso ató corto a Sánchez y le echó después. Por ideología y porque demuestra que no le incomoda seriamente la corrupción del PP. No secundará la moción de censura de Podemos. Y lo pagará probablemente. Si fuera por esta cúpula, los gobiernos del PP estarían garantizados sine die.

Ciudadanos tampoco. Es obvio. Dice preferir la estabilidad. La estabilidad de la corrupción, en la práctica. PP, PSOE y C’s han rechazado también la propuesta de celebrar un pleno monográfico en el Congreso para que Rajoy dé explicaciones por la corrupción. Como una piña. De ahí que se vea claro qué les incomoda más.

Recordamos estos días la moción de censura en 1980 de Felipe González a Adolfo Suárez, el presidente en minoría de UCD. El que reivindican ahora y añoran con lágrimas en los ojos como el mejor de la democracia. No vivíamos una situación de corrupción como la de ahora ni por lo más remoto. Se aprovechó la debilidad de Suárez ante las pirañas de su partido, muchos de ellos hoy en el PP. Sabiendo que no saldría adelante. Le fue muy útil a Felipe González. Poco después ganó y por aplastante mayoría absoluta, lo cuenta con detalle Sindo Lafuente. Las circunstancias son muy distintas en este momento. La prensa era muy distinta, los “ochenta” fueron los años de oro del periodismo en España. Y muchos siguen aquí. Evolucionados unos, involucionados otros.

Una moción de censura ahora, al PP, está mucho más justificada. Se trata de constatar al menos la situación abyecta que vivimos. Y definir los apoyos y las complicidades. No será fácil que los ciudadanos menos exigentes superen la barrera de a quienes les mandan detestar masivamente, pero al menos algo se oirá de los detalles que se ocultan (véase TVE entre otros medios). Sí, es una exigencia ética urgente llevar el debate sobre la corrupción al Parlamento.

Si el tactismo se admite en aquel y otros casos, pensar que es solo lo que mueve a Unidos Podemos a presentar una moción de censura, es la ley del embudo. Y que Podemos quiere “interferir” en las primarias del PSOE, que se basta y se sobra para interferirse solo, da idea del nivel que tienen los establecidos en España. Los establecidos, los que no pisan la calle o lo hacen con tapones en los oídos y antifaz de dormir. Siguen sin querer darse cuenta de lo ocurrido, de lo que desde las alturas provocaron, de las sombras mortales que se expanden sobre la ciudadanía en muchos lugares del mundo ya, por los años de políticas de la desigualdad, la injusticia y el saqueo.

En España, la única solución es un gobierno de concentración que, como escribía aquí Carlos Hérnandez, limpie a fondo la mierda. Superando crisis, rivalidades y rencillas. Porque conviene a la sociedad y no a intereses partidistas y empresariales. No va a ocurrir. Aunque la historia camina contra el bipartidismo corrupto, sus errores y manipulaciones. Y la salida en otros países está siendo caer en los híbridos del fascismo y los negocios, con vocación belicista y de recorte de libertades.

A todos los niveles, la ética empieza a ser una urgente exigencia.

A %d blogueros les gusta esto: