Fascismo, la complicidad del silencio

Agosto se nos tiñó de nazi. Se desparramó el depósito que a duras penas lo contenía. Y se plasmó el sábado 12 de agosto en la ciudad universitaria de Charlottesville, en el Estado de Virginia que albergó la capital de los Confederados en la Guerra de Secesión norteamericana. Una nutrida representación, masculina, blanca, violenta, irracional, fascista, armada hasta con fusiles de asalto, sembró de odio y sangre las calles para hacer alarde de la superioridad que creen ostentar. Una mujer –Heather Heyer, 32 años– asesinada, una veintena de heridos, múltiples apaleados, una sociedad con una profunda brecha en el corazón. Las impactantes imágenes grabadas por HBO dejan poco lugar a la imaginación para saber la dimensión de lo qué está ocurriendo.

“Una injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes”, decía Martin Luther King, el líder de los derechos civiles que caería abatido por esta misma intolerancia en 1968. El despertar del nazismo latente en un país es una amenaza para todo el mundo libre, podríamos parafrasear. No es insignificante lugar los Estados Unidos de América, lo que le añade gravedad. Y no cabe tregua. El sábado en Charlottesville emergió cuanto se venía gestando, lo que llevó a Donald Trump al poder. El presidente que tardaría 48 horas en condenar la violencia de los partidarios de la supremacía blanca, obligado por una intensa condena a su reacción inicial. Cuando, hablando de “distintas fuentes”, enarboló la bandera de la falsa equidistancia siempre, siempre, culpable. Este martes recuperó la versión de “las dos partes”, culpables ambas y con buena gente ambas en su interior, y dijo que la prensa había tratado injustamente a los manifestantes neonazis a los que justificó. Trump no abandona a los suyos. Las felicitaciones más efusivas -dentro de un clima de desolación- han sido las de un par de líderes del KuKluxKlan  agradeciendo a Trump “la condena a los matones de izquierda que nos atacaron”. 

El brote estadounidense se produce en la sociedad de la confusión, donde voces insistentes tratarán de minimizar y establecer paralelismos con cualquier otra tendencia. No la hay. El fascismo destruye la sociedad. Basado en la idea de la supremacía, de la superioridad de la raza blanca sobre las demás, buscan imponer su dominio por la fuerza. Tras la raza superior van los hombres superiores sobre las mujeres inferiores, y todas las “perfecciones” que se atribuyen. Salen al calor de Trump, sin duda. Muchos lo han señalado. Los nazis precisan un líder y el tosco personaje que ocupa la Casa Blanca jugó todos los números para serlo.

Vean el equipo de Trump en la presidencia. La ultraderecha extrema, enmascarada como Alt-Right, con Steve Bannon y similares. Vean de quién se nutre y a quién sigue el twittero compulsivo que calló precisamente el sábado como señalaría la escritora J. K. Rowling. Un escueto número que copa su familia, sus colaboradores, sus empresas, líderes religiosos y Fox. Fox&Friends, el programa favorito del hoy presidente de EEUU que en la misma noche del sábado defendía la supremacía blanca. “ Trump era esto: el terrorismo nazi de Charlottesville“, escribía aquí Ruth Toledano, pues claro que sí.

La historia se repite. Una crisis económica por abusos del sistema financiero –no de los ciudadanos– desencadena precariedad para la mayoría. La derecha más radical, el fascismo en todas sus vertientes, la aprovecha a su favor. Cuantos callaron por su auge en los años 30 ofrecían como excusa el temor a caer en manos del comunismo que se había ido extendiendo desde la Revolución de 1917. Pensado que, tras utilizarlo, en último extremo lograrían contener al nazismo. Ahora cuentan como enemigos a ofrecer con Corea del Norte y Venezuela y a Trump como exaltado a moderar. Y cuela aún menos.

La gran diferencia hoy es la manipulación masiva y la deseducación que deja inermes a millones de ciudadanos, de todos los países. El abandono de grandes capas de la sociedad. El embrutecimiento que viene a recordar a los epsilones de Aldous Huxley creados en Un mundo feliz (1958) para ser usados en trabajos arduos. La casta inferior del sistema. De un sistema de castas explícitamente, en efecto. De la desigualdad como sistema. En donde los implicados la acatan encantados. “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”, advirtió Martin Luther King.

Estados Unidos se ha sobrecogido con la explosión de odio que vieron, ven y saben existe en las raíces de su historia. El periódico británico The Guardian recordaba en su editorial del lunes ( El fracaso moral que avergüenza a América) que, “escribiendo Mein Kampf en la década de 1920, Adolf Hitler elogió el racismo institucional de Estados Unidos como un modelo del que la Alemania nazi podía aprender”. El tiempo ha pasado, con avances de desarrollo, pero quedan raíces irreductibles que germinan en huecos seres susceptibles de interpretar en ese sentido el “América, grande otra vez”. No por casualidad como se ve en su propio inspirador, Donald Trump.

La preocupación es intensa en quienes son capaces de entender lo que hay tras esa explosión de odio y elogio de la desigualdad. Lo que se palpa en las calles de muchas ciudades y pueblos de Estados Unidos con su rechazo al extranjero, al diferente. Se nota en el ambiente. En miradas y en gestos, como cuentan los residentes. “En zonas donde tu color de piel y tu acento te delata como no bienvenido. En ataques racistas en los lugares más insospechados, como la cola de un supermercado”, relata entre otros muchos detalles de alta significación Diego E. Barros en Ctxt.es.  Allí están los votantes que encontraron en Trump el líder a medida que les llovió del cielo. El que dice las cosas como son.

Mayor peligro aún ofrecen quienes, en favor de los más espurios intereses, se apuntan a amparar el fascismo norteamericano y cuantos están floreciendo en Europa. España incluida. Las reacciones tibias a los terribles sucesos de Charlottesville han sido muy significativas en la prensa tradicional española. Incluso han compartido el “distintas fuentes” de Trump, y han hablado de altercados entre radicales de distinto signo. Fascistas y luchadores por la igualdad en el mismo plano. Delirante. Preocupante.

Y la complicidad con la profunda inclinación autoritaria exhibida por el PP. Su ideología que ya no se priva ni de abstenerse cuando Sada, donde se ubica el muy regalado Pazo de Meirás, declaró persona “Non grata” a la familia Franco. Realmente hay lugar a poca duda, hace años Mariano Rajoy proclamó por escrito en el Faro de Vigo su creencia en la superioridad por estirpe, que, al parecer él mismo personifica con su brillante inteligencia.

Fox News se reencarna en 13TV. Con más medios, sin duda. O en Intereconomía y la COPE. TVE se ha convertido en otra 13tv o Fox News, sin que una dirección que acabe con las prácticas manipuladoras termine de llegar como se prometió. Y se encuentra también en tertulianos que participan en los llamados debates de otras cadenas. Los que enarbolan más que nadie “la libertad de expresión” pero solo del discurso que les gusta, como dice esta columna de The New York Times. Cristina Cifuentes nació al estrellato político en 13TV y similares. En pareja línea ideológica, Albert Rivera o Begoña Villacís, también. Y no es difícil atragantarse en un zapping con la presencia de altos cargos del Gobierno e incluso el presidente en las cadenas de ultraderecha. Así se van sembrando los  Charlottesville.

Martin Luther King señaló en todos los tonos la enorme complicidad del silencio. En todos los conflictos. “Llega la hora en que el silencio es traición”, “al final, recordaremos no las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos” o “no nos parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”, “el estremecedor silencio de los bondadosos”.

Ahí estamos. El fascismo se ha plantado en nuestras caras en pleno agosto. Cuanto se veía venir llegó y con creces, por muchas risas que provocaran las advertencias. Va a más. Pero no es irremediable si se ponen los medios. Muchos están hablando hoy, muchos que no lo hacían en EEUU. La indignación y el valor han vencido al miedo y el silencio. Martin Luther King consciente de las dificultades dijo también: “Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano”. Y, no, podemos asegurar que no vivió en vano. Y que el fascismo se destierra con la justicia social, la verdad y la cordura.

 

2017, verano sobre un polvorín

Desde hace 6 años, el rito del verano se inicia en España con una comparecencia de Mariano Rajoy que evidencia lo desolador de nuestro destino. Presente, al menos. El presidente del gobierno se ha permitido volver a dar un concierto de autoalabanzas extremas a su gestión. Ninguna autocrítica, ningún dato comprometido. Un insulto a las víctimas de sus políticas, un recordatorio a quienes, como Ciudadanos, el PNV, CC, NC -o el PSOE con su abstención- consiguen que Rajoy se enorgullezca de manejarse tan bien “en circunstancias poco habituales”.

Leía un discurso a los asistentes a la rueda de prensa: “Señoras y señores”, reiteraba Rajoy en su mitin para informadores. Ni un requerimiento de aclaración al Viva Yo entonando por el presidente se le ha pedido. La abrumadora mayoría de las preguntas han sido en torno a Catalunya que debe ser el primer problema con el que se enfrentan los periodistas de toda España al despertarse. Apenas se ha abordado lo que realmente afecta a los ciudadanos cada día. Y cuando sí se le ha planteado la corrupción del PP, Rajoy ha utilizado la táctica de no nombrar lo que no quiere. La peor noticia es que nuestros problemas no se limitan a Rajoy.

El cuento del lobo nos enseñó, de niños, que no basta con cerrar los ojos para que la amenaza se evapore. El verano de 2017 nos sitúa en uno de los escenarios más complicados desde hace décadas. Vivimos en un polvorín que se ha ido armando por múltiples decisiones erráticas. Y no mejorará por inhibirse.

En EEUU tenemos a un presidente, Donald Trump, literalmente desatado. Alimentando una crisis con Rusia que los turbios contactos familiares se han encargado de acrecentar. Como los césares locos de Roma, sus caprichos y fobias personales están afectando gravemente la imagen de la presidencia. Ahora le ha tocado al Fiscal General y no hay más que ver sus caras. El nuevo favorito de Trump, Anthony Scaramucci,  se estrenó en el cargo llamando al jefe de Gabinete del presidente “ jodido paranoico esquizofrénico” y dijo de Bannon, cuyas acciones suben y bajan ante el financiero llegado a político: “Yo no intento mamármela como él”. Pocas horas después, Trump cesaba, por medio de Twitter, a su jefe de gabinete, Rince Priebus.

Más peligroso aún, si cabe, es que Trump pretende arrogarse el poder de perdonar delitos, incluso a él mismo y sus colaboradores. Un gravísimo atentado a la democracia, un total desatino como nos contaba la profesora Verónica del Carpio, que está pasando desapercibido en la frivolidad reinante.

Habrá que ver si la sensatez logra parar la deriva emprendida por Trump. De momento, el Senado ha tumbado de nuevo su ley para anular la reforma sanitaria de Obama y dejar sin seguro médico a 20 millones de personas. El senador McCain acudió a votar NO a la propuesta de Trump, desde el hospital y con una grave enfermedad. Pero los McCain no abundan.

A los focos habituales de preocupación, se unen otros. En Europa, Hungría y Polonia han ungido con el mando directamente a la ultraderecha. Bruselas critica en particular la reforma que lleva a cabo el partido Ley y Justicia, en el gobierno de Varsovia, que le aleja de la democracia. Masivas manifestaciones rechazan en la calle las medidas, pero como todo gobierno autoritario el de Polonia arguye que otros se quedan en casa. El presidente del país ha tumbado una parte de la ley cuestionada. La jefa del gobierno dice que no lo acatará. La mala noticia es cuánto se parece esa reforma antidemocrática a lo que rige en España de facto en la justicia. Elisa Beni, como es habitual,  dio cumplido detalle en este diario. 

Aquí al lado hemos de contar también a Turquía. Miles de encarcelados, torturados algunos, con la excusa del golpe a Erdogan, atestiguan la feroz purga que está llevando a cabo el presidente. Ya no se para ni ante organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional o Avaaz, ni ante periodistas. A pesar de todo esto, la Turquía de Erdogan insiste en entrar en la UE para cobrar el favor de recibir a refugiados que le sobran a Europa. Bruselas ha expresado a Turquía su “reproche”, tal cual,  reproche, por sus preocupantes tendencias. Acaba de confirmar que le mantiene el estatus de país candidato.

  En Francia, el presidente Macron no para tampoco con sus reformas. En la típica “una de cal y otra de arena” que en modo alguno compensa las medidas de involución. Va a distinguir entre migrantes económicos y refugiados, acogiendo únicamente a estos últimos. A ese fin se propone establecer controles de registro y selección, hot spots, en países africanos, comenzando por Libia. Su popularidad ha caído en picado, a niveles de récord. Solo Chirac sufrió ese despeñe en 3 meses. Lo peor es que también se ha apuntado a reformas de la justicia que suscitan intensas críticas. Sus detractores aseguran que recortan libertades.

Preocupadas por la idea del periodismo que compartimos, Olga Rodríguez y yo solemos comentar la importancia de la información internacional tan menospreciada en nuestro país, de lo que sucede fuera. Permite hasta explicar la deriva involucionista de la España del PP que recibe la ola mundial sin haberse movido apenas de ella. Se avecinan tiempos muy duros y es preferible saberlo y tomar alguna medida.

   En España tenemos a Rajoy, con su mitin-rueda de prensa fin de curso. Cuando aún está caliente la insolencia que desplegó en su declaración en la Audiencia Nacional. Sus mentiras o afirmaciones falsas, no admisibles penalmente en un testigo. La insólita actuación del presidente del Tribunal. Dónde sentaron a Rajoy para remarcar sus privilegios y abofetear con ellos al común de los ciudadanos. Y finalmente el cortejo mediático a su persona que se ha permitido hasta burlarse de la justicia y de los defensores de ella. En ABC y La Razón fue un aquelarre pero el resto de las antaño grandes cabeceras estuvo en un nivel muy próximo.

Con esta prensa -esa prensa, hay otra- no está garantizado el derecho a la información. Con esa prensa, radio y televisión apuntada a similares labores. Una prensa que se desangra a diario perdiendo lectores e ingresos pero que parece preferir su tarea de propaganda política mientras dure. El PP ha llegado al nivel de esperpento al comparar su gestión del paro con la llegada del hombre a la luna y la caída del Muro de Berlín, y su corifeo no ha dicho ni media palabra. Imaginen si lo hubieran hecho otros. El paro, la realidad también es otra. Sus voceros merecerían uno de esos contratos de una hora que se computan como empleo. La posverdad de los Trump tiene poco que envidiar al PP de Rajoy, sin un McCain que nos consuele.

 Toca que nos cuenten que mucha gente se va en viaje de vacaciones, olvidando que no toda puede. Pero no es un verano más. Cuecen distintos conflictos, pugnan intereses ciegos, la verdad y la justicia cada vez importan menos y han caído muchas caretas que mal disimulaban la complicidad en temible descaro. Toca, como alternativa inmediata, descanso si se puede para tomar fuerzas,  sentidos alerta, no dar cabida a estupideces varias y separar lo esencial de lo urgente como prioridad absoluta.

 

Rajoy, culpable

Hoy es día de hablar de la declaración de Rajoy, todo un presidente de gobierno, ante la Audiencia Nacional.  Un Rajoy que ha precisado ayuda legal y asesoría -a las que añadirá su acreditada desfachatez- para actuar tan solo como testigo en la trama que sacude a su partido. En una de ellas, la Gürtel.  El presidente de la Audiencia Nacional  tiene previsto – como contaba Elisa Beni – salir a recibir al testigo, abrirle la puerta del coche y acompañarlo hasta la sala de vistas. Bajo palio, mejor, sí, que suben las temperaturas. Tengamos en cuenta que al ciudadano Mariano Rajoy Brey, no al presidente del gobierno,  le “ obligó el Tribunal a declarar presencialmente”, como titulaba la prensa.

Es importante lo que el tribunal le pregunte y lo que Rajoy conteste. Un pequeño paso para la justicia y uno grande para aliviar la sensación de impunidad.  Pero raro será que se salga de su manual y no responda con un constante “esa corrupción de la que usted me habla”, alabe su propia gestión azote de corruptos y descargue culpas en otros. Arropado desde afuera por declaraciones exculpatorias de miembros del PP, portadas y artículos de apoyo, sin descartar alguna Venezuela, Catalunya, o escándalo sobrevenido para distraer la atención.

Ocurre, sin embargo, que España es un país, hoy por hoy, agobiantemente corrupto. Ese conglomerado que aglutina a los diversos poderes y que, como en un cesto con cebollas podridas, ha alcanzado unas cotas de putrefacción difícilmente superables en un país desarrollado. Pueden contar y cantar, disuadir, distraer pero la realidad se muestra cada día más tozuda. Y alguien tiene la culpa. No solo Rajoy, pero Rajoy, desde luego, por sus cargos y porque siempre ha estado ahí.

Resulta que el último detenido, Ángel María Villar, llevaba treinta años treinta, rebañando millones para sus bolsillos, según el auto judicial. Ya hemos arrinconado el caso de Luis Pineda y Ausbanc , con otros veinte años como mínimo extorsionando a empresas poderosísimas –lo más granado del país como BBVA y Santander entre otras- que pagaban y callaban ¿por qué? ¿De esto no se hablaba en los palcos de negocios de altos vuelos? ¿No se comentaba en otros cenáculos del poder?

De las tramas de corrupción “vinculadas al PP”, como se dice cortésmente, ya hemos perdido la cuenta. Las más gruesas parecen Gürtel, Púnica y Lezo, pero arrastramos una amplia soga de múltiples nudos que se extiende por toda España prácticamente.  No hay semana que no aflore de los sumideros un nuevo atraco al erario. Casos aislados, dicen. Vamos, anda.

Estos días andan declarando ante el juez –sin que merezca mayor atención informativa-,  investigados en la Operación Prisma, también conocida como Arpegio, parte de Púnica. Haría falta una guía detallada para seguir la corrupción española. Ésta es en la Comunidad de Madrid y se vincula a “ la voracidad de Granados por “un botín de 3.000 millones de euros”.  Según cabe deducir,  buena parte de quienes pasaban por el tema, pillaban. Como en el resto de las tramas, es el modus operandi. Casualidades de la vida, uno de los dossieres extraviados últimamente es de Arpegio y atañe al hoy numero 3 de Cifuentes, González Taboada.  Cifuentes gobierna gracias a Ciudadanos que ha tenido una contundente reacción:  Pide a Cifuentes que custodie mejor los documentos. 

Borrado de los discos duros de Bárcenas -35 veces, una tras otra-, asaltos a domicilios de fiscales, incluido al nuevo Fiscal Anticorrupción mientras tomaba posesión como marcando territorio, desaparición continuada ya de dossieres judiciales completos sobre casos de corrupción de miembros del PP,  implicados muertos en extrañas circunstancias ¿qué país se traga esto como normal? ¿Qué sociedad con todos sus estamentos desde el más alto al común de la gente es capaz de vivir en esta pocilga?

La otra gran pata de la corrupción atañe a la propia democracia. A estas alturas de la historia está documentada la existencia de una política “política” al servicio del PP para tratar de eludir sus imputaciones por corrupción y para atacar a sus enemigos políticos.  Hechos y personas que revelan una red impropia de un Estado de Derecho. Presuntos periodistas,  aún en ejercicio y estrellato, que difunden informes falsos. O, a modo de ejemplo simplemente de concomitancia, en una de las empresas privadas del Comisario Villarejo impartían clases dos altos cargos de Justicia: Moix y Maza, (minuto 41,56).

Los periodistas de Público Patricia López  y Carlos Enrique Bayo investigaron esta policía política del PP  hasta elaborar el documental “ Las cloacas de Interior”, lo que a su vez llevó a una comisión parlamentaria saldada de forma un tanto vergonzante.  Aunque con frutos, saber por ejemplo los premios con falsos destinos a agentes de Fernández-Díaz.

 El documental, concluido en 2016, empieza a tener amplia difusión a pesar del escaso interés mostrado por él en los medios. Su contenido alcanza tal nivel de escándalo que algún periodista de prestigio intachable llegó a preguntarse: “¡Es acojonante! ¿Cómo puede no ocurrir nada?”.  Pregunta retórica sin duda: Esto pasa porque el PP cuenta con numerosos y estratégicos cómplices.

El País sale de la parquedad para decir que “al gobierno deberían preocuparle las prácticas dañinas de Interior en la etapa de Fernández Díaz”. Un gobierno que preside Rajoy y que nombró a ese ministro al que reiteró su apoyo en toda controversia. Un ministro que en una de las conversaciones grabadas afirma queel presidente lo sabe pero es un hombre muy discreto.

La corrupción española acumula larga solera, es una forma de vivir y, en la etapa posterior a la Transición, nos ha ido invadiendo, colonizando, durante varias legislaturas y gobiernos. La muerte de Miguel Blesa ha vuelto a situarnos ante el “Aznarato”  y su asalto al poder. Uno de sus periodistas afines, descontento después, lo contaba en ABC.  Y nunca tiene repercusiones de entidad.

No las va a tener para Rajoy su declaración como testigo privilegiado.  Ni judicial, ni socialmente. Al margen de lo que añada a nuestro conocimiento del personaje.  Solo abundará en las causas profundas de nuestra situación y la atribución de responsabilidades.

Rajoy es culpable, solo y en compañía de otros. Son culpables de haber convertido España en un cenagal putrefacto e indigno. Del bochorno que sentimos muchos ciudadanos por tener semejantes linajes, aristocracia de la caspa, en el ejercicio del poder.  De la vergüenza ajena, tan honda y cercana en el caso de los medios, que enrojece como propia al ver impúdicas complicidades. De haber cultivado ese submundo de siervos manejables que se apunta hasta acallar el sentido común. De habernos hecho perder prácticamente la esperanza de una regeneración.  Así que lo que diga Rajoy e interpreten las crónicas monclovitas casi es lo de menos.

Las cloacas del periodismo

Empecemos ahondando en misterios insondables de la realidad española. La pensión media subirá 3 euros al año hasta 2022, al incrementarse el mínimo previsto por la reforma del PP que desvinculó las prestaciones al IPC. Lo calculó Airef, Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. Otros estudios estiman en 200 euros anuales lo que cada pensionista perderá en ese mismo periodo. La franja de edad en la que arrasa el PP en las elecciones es de 60 años en adelante. ¿Cómo es posible que prefieran esa opción que merma su poder adquisitivo? ¿Cómo, viendo que repercute en la ayuda que muchos ancianos prestan a sus hijos y nietos afectados por los recortes, bajos sueldos o directamente el paro atribuibles a las políticas seguidas? Porque creen que otros les dañarían más. Un amplio porcentaje está convencido de ello. Le han convencido de ello. Lo ven tan cierto como que existe el día y la noche.

Un gran número cierra los ojos, además, a la corrupción de su partido favorito. A los daños que causan sus políticas. “Personas de orden”, según se ven, tragan el desorden como quien bebe un refresco. Los valores de la derecha no pueden incluir, honestamente, semejantes desviaciones. Así vemos a religiosas llevar a votar a ancianos seniles con la papeleta cerrada. Son millones los conservadores que se apuntan a una moralidad de fachada, sepulcro blanqueado de nuestros tiempos. El golpe en el pecho y el incienso no pueden tapar el saqueo público. Quieren creer quizás, como les dicen algunos, que “todos lo hacen” aunque sea clamoroso lo que realmente sucede y aunque, en decencia, nunca es una excusa.

Lo cierto es que la labor de los medios de propaganda del PP y del sistema en general –que pasan por ser informativos– constituyen hoy pieza clave de la situación que atravesamos en España. El referéndum celebrado en Venezuela por la oposición a Maduro ha sido ejemplo paradigmático. Ningún país europeo compartió la febril pasión de la prensa oficial española en sus portadas. Ni siquiera en Latinoamérica registró la noticia tal unanimidad. País por país, algunos medios la traían y otros no. La prensa argentina fue la que más espacio le dedicó. Pero no mayoritariamente como aquí. Tiene que tener una explicación, la tiene y es obvia.

Son, de continuo, titulares valorativos, intepretativos, opinativos, editorializados. Una de las primeras reglas del periodismo era, es, que la separación entre información y opinión ha de permanecer nítida. Es la prensa escrita, y las radios en machacona impenitencia, las televisiones, las tertulias en la que no suele faltar el desaprensivo que osa, desde la más acreditada bajeza moral, llamar miserable a la ex magistrada Manuela Carmena, hoy alcaldesa de Madrid por una formación de izquierdas. Y ahí entramos ya en las otras batallas de esta prensa activa en objetivos políticos. Cierra el círculo dominante Catalunya para evidenciar cómo algunos ciudadanos son capaces de engullir que hay votaciones ilegales malas, en Catalunya, y votaciones ilegales ejemplares como en Venezuela.

Cualquier persona con unas mínimas exigencias intelectuales –y éticas– vería la maniobra que ya muestran sin pudor. A toda esa gente que nos “instruye” no les importan ni en lo más mínimo los venezolanos, ni los catalanes, ni –si me apuran– seriamente las víctimas del terrorismo. No tanto como sus réditos políticos.

Pero se encuentran enfrente con esa ciudadanía desactivada capaz de comprar sus discursos, con todas sus comas, entonaciones y frames completos. Bruselas pide más ajustes cuando es clamoroso que las políticas del PP se han ensañado con los españoles para cuadrar sus cifras y encima no lo han logrado. Lean a Claudi Pérez. Con dos dedos de frente en uso, se cotejaría el aumento de la riqueza de los ricos en el mismo tiempo. Hasta la compra de coches de lujo. Sí, somos campeones de la desigualdad.

Y sin embargo millones de personas son capaces de preferir ese paquete a un cambio. Les han hecho temerlo más. Escuchar insultos a la inteligencia como los que despliega Pablo Casado –entre otros– deberían ser una poderosa llamada de alarma. Pero si les funciona con el número suficiente de seres votantes, les basta.

Se observan movimientos de periodistas, activos garantes del sistema y sus corrupciones implícitas entre ellos, abriendo una alternativa al PP que pase por el PSOE y un Podemos moderado. La vieja doctrina del Mal Menor que tanto daño ha hecho a este país. Es evidente que, en el actual estado de la situación, con tales injerencias y dopajes, ese gobierno nominalmente progresista represente la posibilidad más viable.

Un gobierno PSOE/Unidos Podemos debería acometer con urgencia dos medidas esenciales: tratar de rehacer RTVE y replantear las subvenciones y regalías que el gobierno reparte entre su prensa afín con nuestro dinero. Es lo mínimo en aras del derecho a la información e incluso a la libre competencia.

Llama la atención, en cambio, el escaso respeto que siguen mostrando los dirigentes de RTVE a las decisiones del Congreso. Articulado ya que habrá una presidencia por consenso,  ni se han inmutado ante las críticas a la manipulación que despliegan y justifica la urgencia de la medida. Se diría que la han acrecentado. Ese descaro va más allá del “manipula mientras puedas”. No parece que exista el menor temor a perder la batuta. Si ya es difícil recuperar el prestigio demolido de RTVE, en estas condiciones sería su fin. Y el caso es que una radio y televisión públicas rigurosas ofrecerían una opción imprescindible a la ciudadanía.

Cribar las subvenciones para que dejen de ser instrumento político al servicio del que las otorga es medida ineludible para recuperar el derecho a la información. Sería interesante ver los nuevos babeos al surtidor del dinero.

Victoria Prego llamaba desde la Asociación de la Prensa de Madrid a resistir. Desde el servicio a la derecha, loas a distinguidos fiscales, ominosos silencios, hay quienes al parecer se sienten acorralados. No sé qué más pueden solicitar. Hasta el defenestrado director de El Mundo, Pedro Cuartango, dice que hay “ menos libertad de expresión que en la Transición“. Las denuncias de Patricia López de Público por la odisea que se ha visto obligada a padecer al investigar la cloacas del Estado deberían haber suscitado un escándalo. Por no hablar de las denuncias de otros profesionales de toda solvencia como Rosa María Calaf Olga Rodríguez. Esto demuestra, por cierto, que hay periodismo y periodistas que ejercen su labor, lo injusto de las críticas generalizadas y que quien quiera obtener información rigurosa la encuentra.

“La neutralidad, el silencio y el miedo no son las mejores opciones ni para el periodismo, ni para la vida”, dice el periodista de origen mexicano Jorge Ramos en una charla TED memorable Cuestionar y desafiar a los poderosos es regla para el periodismo. Lo que es azul es azul, pero “la neutralidad no me va a llevar a la verdad”, explica quien comenzó desafiando al poder con 24 años en México y se vio insultado y expulsado en su madurez en Estados Unidos por los guardaespaldas del racista Trump.

La dirección está clara. Y si no son capaces de enfrentar esos desafíos profesionales, al menos que no colaboren de parte. De parte del poder. Es exigible que la desinformación interesada deje de ser un problema para la sociedad española.

 

Morir entre el sol y el asfalto

A las víctimas hay que ponerles cara, hay que ponerles vida: la que tenían. Pues bien, se llamaba Rafael Luque, tenía 54 años, una esposa y dos hijos –un chico y una chica–. Muchos amigos y vecinos de Arahal, Sevilla, que hoy están desolados. Este miércoles falleció tras haber pasado el día en el tajo echando asfalto a la carretera A-406 en Morón de la Frontera, a 27 kilómetros de su casa. Llegaron a registrarse 45º  en la zona, que aumentan por efecto del calor del propio alquitrán caliente que se pone en 170º. Los compañeros del fallecido, cualquier persona con sentido común, dicen que “es inhumano trabajar con estas temperaturas”.

Los compañeros relatan a AionSur.com que entraron a trabajar a las 7,30 horas de la mañana, a las 18.00 pararon porque se les había terminado el agua y el propio Rafael se acercó al bar donde suelen comer a llenar unas garrafas. Tras reanudar el trabajo, empezó a sentirse mal y fue sobre las 20.00 horas de la tarde cuando notaron que Rafael evidenciaba problemas serios de salud y llamaron al 112 de Morón. Poco después, fallecía. Hagan un cálculo de horas de trabajo. La Consejería de Salud de la Junta de Andalucía confirma que Rafael Luque murió “por un golpe de calor”.

Un representante de la empresa, Construcciones Maygar S.L., declaró a Canal Sur que la obra era muy urgente. Amigos y vecinos insisten que, en ese caso, al menos deberían haber contratado dos turnos. Los sindicatos creen que se ha incumplido la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Maygar no cuenta con representación sindical.

Rafael es uno más en las estadísticas de los accidentes laborales. Todos tenían una vida, y hay que decirlo así aunque parezca una obviedad. Para él y tantos otros no rige la pueril cantinela del verano que se redobla más cuando aprieta en ola de calor. Ésa que nos recomienda ir por la sombra, beber líquidos y no hacer deporte. También es mala suerte.

Rafael no era famoso, ni llenará otras páginas que las de múltiples días de dolor para sus allegados. Sí es ejemplo de cuánto debemos hablar del estado del trabajo en España, que lleva a aceptar condiciones intolerables por la precariedad. Por la amenaza de despido explícita o latente. Excesiva competencia ante tanto desempleo. Concretamente, Andalucía, con Extremadura y Canarias, Ceuta y Melilla, se encuentran entre las 10 regiones con más paro de la Unión Europea, según un estudio de Eurostat.

Pero hay mucho más aún. En el país de la falsa recuperación que vende el Gobierno y su largo brazo mediático se da la paradoja que resumía Belén Carreño: es una recuperación sin empleo, que deja atrás millones de parados. ¿Cómo es posible que se firmen dos millones de contratos como ocurrió en junio y el paro baje en 100.000 personas? Porque el 92% de los “empleos” son a tiempo parcial, muy parcial, y temporales, muy temporales. En el mercado laboral español, casi tres millones de ciudadanos (2,8) trabajan por horas y la mayoría lo aceptan así porque no hay otra cosa. Según el Banco de España, esta anomalía enmascara las cifras del paro que sugiere estarían, de contabilizarse con rigor, en torno al 30%. Certifica sobre todo que con empleos tan cortos y escasos no se puede vivir.

Y mal pagados en muchos casos, no en todos. Hemos llegado a tener salarios que no dan para cubrir las necesidades. Los sueldos en España han bajado con “la crisis”, la crisis de la decencia seguramente.

Rafael murió en su puesto de trabajo. Era su labor diaria, como es la de sus compañeros que siguen ahí echando asfalto, sintiendo el mismo calor y olor. No es una actividad fácil, ni mucho menos. Y encima les añaden dificultades. Son demasiados los trabajos que se están degradando. Cada día se palpa el estrés de quienes han de multiplicarse por dos o por tres para cubrir las necesidades que se les requieren en el puesto. Y con la inseguridad permanente de cuánto durará su empleo. Solo en la mañana de este viernes, he visto a empleados de una operadora de telefonía observando, con estoicismo, la larga fila de clientes que aguardaban la apertura de puertas e irrumpían en algún caso con exigencias. Era como para salir corriendo. Poco después he encontrado a una periodista de cajera en un supermercado. “Pagan tan mal en todas partes”, me explicaba. Se ahorra a costa del bienestar de los asalariados.

Desde luego, se ha perdido en gran medida lo que siempre fue un privilegio y ahora parece una rareza: trabajar en lo que a uno le gusta. Acudir con ilusión, salir satisfechos de lo realizado. Hasta en trabajos vocacionales, duros de por sí, se padece la frustración e impotencia de la tijera que limita. La sanidad pública, la gran pagana de las ambiciones privatizadoras del PP y similares, por ejemplo. España es el país de la OCDE (salvo Grecia) que más ha reducido su presupuesto sanitario. Y no hay justificación alguna. Explicación, sí. Fácilmente deducible.

Lo que está ocurriendo en España compagina mal con carrozas y vestidos y la exultante e insultante frivolidad de los medios. Con la permanente distracción de lo esencial. Porque se puede tener un trabajo que llene aun con todos los contratiempos que puedan aparecer. Un trabajo que satisfaga incluso si la autoexigencia es alta. Se lo digo por experiencia. Y se nota porque el trabajo es una parte esencial de nuestra vida. De tenerlo, su carencia involuntaria es otro drama.

No creo que Rafael eligiera entre todos el trabajo que tenía, aunque llevaba muchos años en obras de carretera. Ni que el horizonte idóneo al despertar sea ir a echar asfalto durante horas a pleno sol, sol feroz, sin apelaciones. Ni ir a pelear con las limitaciones, ni el sobrecargo de trabajo. Todo es necesario para que el engranaje social funcione, pero no hay derecho a tantas trabas. En condiciones tan injustas que obligan a pagar precios irreversibles.

Sube uso de las víctimas del terrorismo, se mantiene Venezuela

Es como un termómetro que permite en España detectar el volumen de pufos del poder a tapar. Hoy, la utilización de las víctimas del terrorismo se mantiene en máximos, baja algo Venezuela y sube Catalunya. Tema eterno que proporciona exaltación y votos con un mínimo esfuerzo. En realidad, los tres, en su conveniente dosis y combinación, les dan mucho mucho juego.

Ahora el filón del terrorismo, de sus víctimas, se abre de nuevo. Y alguien debería explicar qué es diferente hoy a hace 10 años, en el primer gran aniversario. El PP –que utilizó el nombre de Miguel Ángel Blanco para financiarse ilegalmente con la Gürtel, según la policía– pasa lista de adhesiones a la figura del concejal de su partido asesinado por ETA en 1997. Se atreve a cargar de gruesos insultos a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, porque pretendía organizar un acto conjunto con las víctimas del terrorismo, sin hacer distinciones. Al final cedió, parcialmente, en la pancarta que le exigían, le tienen bien pillado el punto. Pero eso no le ha evitado abucheos de las huestes aleccionadas. Cifuentes, presidenta de Madrid, la primera en azuzarlas, hoy los rechaza. El PP no tiene el menor escrúpulo en seguir utilizando lo más venerable para sus fines. Y su largo brazo mediático machaca de la mañana a la noche con el mensaje.

El PP ha dispuesto de 20 años para hacer homenajes a Miguel Ángel Blanco y pedir declaraciones institucionales del Congreso, pero da la impresión de que es hoy cuando tiene perfectamente estructurado el dispositivo de control y propaganda. En aquellos días de julio, millones de personas sosteníamos a Miguel Ángel Blanco deteniendo las pistolas con pasión… y nos lo mataron. Fue desolador. Aquella unidad pareció el principio de algo distinto en España, no fue así.

Hace 10 años, el recuerdo fue limitado, muy limitado. La AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) colocó un gran mural en la plaza de Colón de Madrid y hablaron la hermana de Miguel Ángel Blanco, el entonces alcalde Ruiz Gallardón y Ángel Acebes, éste de ETA, siempre de ETA, solo de ETA. El Rey Juan Carlos y Mariano Rajoy hicieron declaraciones en sendos actos en los que participaban sin relación con el hecho. Poco más.

Rajoy cargó duramente contra “ la política antiterrorista de Zapatero” como solía ser su costumbre, incluso de forma presencial en manifestaciones de protesta. Rajoy consideró “milagroso” que, “en medio de la confusión generada, la Guardia Civil y la Policía Nacional conserven su capacidad operativa”, dijo. Dando puntadas hacia sus objetivos cada vez que coge aguja e hilo. Hoy, imputados de su partido critican duramente a la Guardia Civil por investigar sus corrupciones.

En Informe Semanal de TVE hicimos un reportaje sobre el terreno. Ermua resultó ser un pueblo plagado de gente en las calles disfrutando de la vida, tantas como pocas veces he visto en España. Lo angosto del enclave, encajonado en la montaña, acentuaba la sensación. Todavía los políticos que entrevisté llevaban escolta por estar amenazados por ETA, literal o tácitamente. Se lamentaban de lo efímero que fue el espíritu de Ermua. La sensación de que la pesadilla terrorista nunca acabaría se notaba como una losa que parecía desbaratar toda salida. Los vecinos decían que Ermua no era un pueblo conflictivo y no sentían sensación de peligro. “Otra cosa son los políticos”, comentaban.

ETA dejó de matar, gracias precisamente “a la política antiterrorista de Zapatero”, y el País Vasco –también “los políticos”– disfruta de una manera de normalidad de la que careció en décadas. Con las gruesas huellas del dolor, sin duda.

No hay derecho a la campaña del PP y sus colaboradores mediáticos, que no periodistas en ejercicio. Ni a esta campaña ni a la que vuelve a copar las cabeceras de los informativos desde que el opositor al gobierno de Maduro en Venezuela Leopoldo López haya salido de la cárcel para quedar en arresto domiciliario.

Los textos de sociología, ciencia política y periodismo estudiarán en su día el descomunal montaje que las élites españolas han hecho con Venezuela y Podemos. Las élites tan poco ejemplares, por cierto. Un éxito, ya no hay vuelta atrás. Millones de personas, poco exigentes con el hábito de reflexionar, reaccionan al reclamo de Venezuela como el perro de Pavlov para asociarla a Podemos. Para asociar los desmanes que allí suceden ahora, atribuidos todos a Maduro aunque la aclamada oposición haya incluso quemado chavistas vivos. Un éxito la campaña de Venezuela, sí. Con la colaboración entusiasta de ciudadanos incapaces de percibir cómo por la misma vía y sonda les meten lo que quieran.

Es intolerable la frivolidad con la que se aborda el tema. Los disturbios, el número de muertos y heridos de ambos bandos, merecían rigor informativo. Contemplar la trayectoria real de un país al que el petróleo y numerosos dirigentes probadamente corruptos fueron sumiendo en el caos. Poco se informaba de ello. El problema surgió cuando el chavismo alteró algunos negocios. Las crónicas del golpe contra Chávez muestran asesorías de altura y que no suelen mencionarse. De verdadera potencia. Ahí quedan, con todas las reservas obligadas al hablar de Venezuela, pero no deja de ser curioso el silencio en torno a aquellos hechos. Se precisaría un filtro considerable para obtener información sin contaminar. De cualquier modo pocos dirigentes parecen santos canonizables en los altares de la más estricta democracia, y la desmesura de la derecha opositora –tan apoyada desde el exterior– augura días tenebrosos.

La desvergüenza española ha quedado más descarada, si cabe, por las noticias de estos días. Mosul, la segunda ciudad de Irak, ha sido oficialmente liberada de ISIS, aunque será muy costosa la recuperación de una sociedad acribillada por los contendientes. TurquÍa asistía a una multitudinaria protesta contra “el gobierno autoritario de Erdogan” tras una marcha por la justicia que se inició en Ankara hace un mes. Con la excusa del presunto golpe de Estado que sufrió, Erdogan ha detenido o purgado a decenas de miles de funcionarios, profesores, juristas, periodistas, escritores, intelectuales. Lo último había sido la detención de la presidenta de Amnistía Internacional en Turquía y otros siete trabajadores por los Derechos Humanos. Hacía falta mucho valor para salir así a la calle, y lo han pagado con más detenciones.

Ni se ha informado de estos hechos y otros similares con la entidad que merecen, ni los hipócritas habituales han expresado críticas y condenas como hacen con Venezuela. Ahí andan los Rivera y los González y las portavocías del PP. Hasta Gallardón. Volvemos a encontrar al antiguo alcalde de Madrid, investigado por sobrecostes en la M30. “Si alguien quiere saber qué significaría un Gobierno de Podemos sólo tiene que mirar a Venezuela”, declara por si alguien no había pillado la indirecta de sus colegas. Se da el caso de que el opositor López lo ha elegido como abogado. Al Gallardón que hace nada enterró a su suegro rodeado de brazos fascistas en alto y cantando el Cara al sol.

No se informa del destrozo de la sanidad pública que prevé nuevos recortes en el plan de estabilidad al que los socios políticos del PP prestan apoyo. Ni de la política real de Rajoy –desempleo, paro, prestaciones, pensiones, impuestos, gasto social–. Aconsejo leer el análisis del periodista Joaquín Estefanía con datos demoledores. En su lugar se vender una recuperación y una normalidad democrática que queda desdibujada frente a la realidad. Ni la corrupción, ni las leyes represoras, ni la manipulación, son anécdotas.

Un día tendremos que hablar a fondo de las “buenas personas” que sustentan este tinglado. Pero lo que está llegando a extremos extraordinarios es el papel de los medios que actúan de soporte. Llega un momento en el que resultan sospechosas cada una de las noticias de los telediarios y múltiples titulares. Es como si se vieran las cuerdas que los mueven. No digamos ya de las tertulias con intervinientes tocados o tiznados por completo. Y tiene consecuencias.

“Sostiene Pereira”, en la memorable novela histórica de Antonio Tabucchi, ambientada en la Lisboa de 1938, que llega un momento en el que la tibieza y el conformismo incomodan y hay que publicar la verdad que en su barbarie nos salpica. Siquiera para no terminar escribiendo una única necrológica posible –la especialidad de Pereira–: la necrológica de los valores.

Haz América mínima como nunca

La idea de Trump era “Hacer América grande otra vez” y así logró convencer a millones de estadounidenses para que le votaran. Los meses transcurridos desde que el multimillonario accedió a la Casa Blanca demuestran que está logrando todo lo contrario. Es inaudito ver lo que el mandatario hace sin que nadie reaccione de una forma efectiva. Sus niveles de popularidad son inusualmente bajos para el poco tiempo que lleva en el cargo, ocho meses, pero en el Partido Republicano cuenta con un 80% de apoyo. El presidente espectáculo debe brindarles algunos réditos inmediatos, otra cosa será lo que ocurra después. Llama la atención que gente de peso calle ante las hazañas de Trump.

En Hamburgo llegó a su límite máximo por el momento. No se le ocurrió otra cosa que enviar a su hija Ivanka a reuniones del G20 a las que él no acudió, sin dar explicaciones. Y allí se plantó la plastificada “Primera hija” a calentar la silla de papá y tratar de ocuparse de los intereses de papá, que ha confundido con los intereses de América, más grande o más pequeña. Probablemente Donald prepara a Ivanka para el futuro -parece claro que es la lista de la familia-, pero Trump ha demostrado de qué manera desprecia el papel de la presidencia de un país de la entidad de Estados Unidos. De estar indispuesto, inapetente o dedicado a sus distracciones, quien debe representarle es el vicepresidente, no la hija.

El resto de los mandatarios se la tragaron. Con leves y educadas protestas porque no debe ser políticamente correcto hacer escenas. Algunas marcadas, para que las recojan los medios: el ligero desplante de Macron en el saludo o que Merkel lo colocara en la foto de familia en un extremo, aunque en primera fila. Parece que no rige en esos ambientes que el respeto se le otorga a quien lo merece.

Los norteamericanos se han encontrado con una monarquía económica hereditaria, con una familia muy centrada en su promoción y negocios, en lugar de con un presidente que es lo que siempre habían elegido en los más de doscientos años de historia del país. El encumbramiento de Ivanka ha sido lo más simbólico pero las gestiones del Primer hijo y del yerno han entrado de lleno en el terreno de la gravedad. Mientras Trump sigue insistiendo en la injerencia rusa a favor de Hillary Clinton, el escándalo que acaba de destapar The New York Times habla de relaciones seriamente peligrosas entre los hombres Trump y Rusia para perjudicar a la candidata demócrata y obrar en favor del hoy presidente. Es insólito que tal revelación no tenga consecuencias jurídicas drásticas.

Si el contenido es un puro escándalo, los extremos del incidente lo sitúan en una mascarada difícil de igualar, ni en el más burdo guion cinematográfico. Una abogada rusa contacta, por correo electrónico, con Donald Trump Jr. y le dice que dispone de información tóxica sobre Hillary Clinton. Aclara que la información procede del Kremlin y que forma parte del apoyo que Rusia quiere dar a Trump. El Primer hijo, que evidencia tener las mismas luces que su progenitor,  responde “Me encanta”, no se corta y acepta la ayuda de una potencia extranjera. Nada menos que de Rusia, el ogro con el que han atemorizado a los norteamericanos durante décadas. Donald Trump Jr. ha confirmado la autenticidad de los emails. Además de tres fuentes distintas del periódico.

La reunión se celebra cinco meses antes de las elecciones en la propia Torre Trump. Acuden, Donald Jr., el yerno Jared Kushner –conocido por su escasa locuacidad–, y el entonces jefe de campaña, Paul Manafort. La cita la organiza un agente musical británico llamado Rob Goldstone. Trump Jr. le conoce del concurso de Miss Universo de 2013 que organizaba su padre. Hay otro cantante de por medio, con un padre que patrocinaba esos concursos de belleza, el constructor Aras Agalarov. Y que casualmente forma parte del círculo de Vladimir Putin.

El encuentro duró unos 30 minutos. Los Trump dicen que hablaron de niños rusos y que la lobista no le ofreció nada relevante. A estas alturas del vodevil sería ya lo de menos. El presidente ya ha soltado sus tuits exculpatorios, el niño lo ha hecho todo bien y él “no es la primera persona en recibir información de un oponente”. De Rusia, del Kremlin, en reunión secreta, mandando a los chicos Trump. Un puro dislate.

Sí, los líderes occidentales le están haciendo un cierto boicot a Trump, y por tanto a su gobierno en EEUU. El periodista Pascual Serrano daba exhaustivos detalles en eldiario.es. Con evidentes consecuencias sobre la “grandeza” a recuperar. Ocurre también que el propio Trump aparta a Estados Unidos de los que fueron sus aliados y sus objetivos por sus planteamientos. Encuentra entusiasta partidarios, sin embargo, que satisfagan su ego. Los dirigentes ultras de Polonia le dieron un apasionado recibimiento por ser el país elegido para desembarcar en Europa. La mujer del presidente hizo otro leve desplante, postergó darle la mano. El recibimiento de Trump en Varsovia hay que verlo, hiela la sangre por la forma en la que evoca tiempos pasados. Por un momento fue como ver el ‘Tomorrow belongs to me’ de Cabaret (Bob Fosse, 1972).

A este escenario se llega tras mucho trabajo para labrarlo. La deseducación prolongada, la frivolidad inducida y el abandono real de grandes capas de la sociedad norteamericana han terminado por encumbrar a la presidencia al héroe que pueden admirar o envidiar. Por su dinero y por su falta de escrúpulos y arrogancia. La dinastía Trump es una pesadilla pero ahí está. Haciendo cada vez más mínima América, más aislada y grotesca. Algo que no tendría por qué ser negativo salvo por sus repercusiones en el mundo global.

Muchos se preguntan qué habrá después de Trump, si aún puede hablarse entonces de un después más o menos entero. La salud del planeta y de los ciudadanos, y hasta la lucidez, la verdad y la ética se están viendo seriamente afectados ya. La respuesta es desoladora. Lo peor es que gran parte del mundo se afana en la misma dirección –la banalidad, el embrutecimiento, la ignorancia, el abandono– y las pruebas son clamorosas. No hace falta subir a lejanas montañas para verlo.

Las máquinas sexuales, Zoido y la empatía

Dicen que el ser humano se aplicó pronto a buscar la ficción como forma de evadirse de la realidad o buscando la creatividad que la engrandeciera o ambas cosas. Ahora, una nueva vuelta de tuerca, apuesta por vivirla en sus estadios más prosaicos. Apremian a la mujer para que alquile su útero a quien pueda pagar el que le geste y alumbre un hijo. Apremian a fondo, de la mañana a la noche. La mujer probeta del mercantilismo comparte portada estos días con las robots para el sexo y el afecto, según leemos, oímos y vemos también sin cesar. Las “Loves dolls”, nos dicen, son capaces de ejecutar hasta 50 posturas sexuales y dar la sensación de respuesta que evoque sentimientos. Las robots. No hablan de penes vibradores con extensión corpórea capaces de abrazar como un oso, que es una de las aptitudes más cautivadoras de la pareja. Para estas cosas del placer y el uso siempre suele empezarse por la mujer. Aunque haya “Lover dolls” no exclusivamente femeninas y adultas.

Argumentan que servirán –como las hinchables– para tímidos y para ancianos. Así lo he escuchado. Y para desfogar conductas sexuales ilegales, lo que abre espeluznantes figuras a la imaginación. Y a modo de muñecas afectivas, con la de seres vivos que traen los sentimientos incorporados de serie. Y, hasta que lleguen a fabricarlas los chinos si es el caso, para usuarios de alto poder adquisitivo: cuestan entre 5.000 y 15.000 dólares. Sucedáneos en cualquier caso, con la mirada eternamente perdida, con emociones de silicona, con abrazos mecánicos. Un juguete descorazonado como todos, pero probablemente más descorazonador.

El avance de la robótica viene prestando grandes servicios al progreso. Faltaba avanzar en la idea, obvia, de su empleo idealizado para el placer sexual y la ilusión del amor. De hecho la promoción prioriza el “placer sentimental” al sexual. La idea es recurrente en la literatura y el cine. Lubitsch filmó The Doll ya en 1919, basada en el Ballet Coppélia de Lèo Delibes (SXIX). El español Luis García Berlanga lo abordó en Tamaño natural, de 1973. Pero es quizás Blade Runner (1982) de Ridley Scott la que  sitúa el tema en su más inquietante dimensión al mostrar a replicantes capaces de más empatía y menos hipocresía que los humanos. El director británico iba más allá que el autor del cuento original en el que se inspiró, ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’, el estadounidense Philip K. Dick. Concretamente ahondaba en esa potencialidad de sentir, más probable en los androides de Blade Runner. Nada que ver con las muñecas para el sexo en pleno lanzamiento.

La empatía es la característica humana definitoria. Pero los humanos de Blade Runner no se conmovían con el dolor ajeno, como les ocurre a millones de individuos de hoy. Ven cómo sufren y mueren miles de personas en la pobreza de los días, en el mar y en la tierra de la huida, y mucha gente prefiere mirar a las figuras que en, distintas pantallas, desvirtúan los gritos de la realidad. Tragando un anzuelo tras otro, el mayor el de su propia tibieza y egoísmo. Son legión. ACNUR denuncia que barcos mercantes y militares apagan el radar en zonas críticas del Mediterráneo para evitar verse obligados a atender las llamadas de socorro de los emigrantes.

¿Es Zoido, ministro del interior, un humano o un replicante? Si la principal diferencia teórica es la empatía, no podríamos asegurar que la albergue en su ser. En concreto el ministro no la siente por las personas que arriesgan su vida en el Mediterráneo ni por quienes luchan por salvarles. Durante este año han muerto 1 de cada 45 personas que han intentado cruzar ese mar que fue de la esperanza. Culpar a las ONG de llamarles y contravenir los planes del Gobierno es no tener un latido de afecto o consideración por ellos.

Zoido, Báñez, Catalá, Saénz de Santamaría, De Guindos, Cospedal, Rajoy,  Casado, Rivera, Girauta, todos aquellos responsables directos de la situación que vivimos… ¿Se mueven por empatía? Si se les observa detenidamente en sus gestos y en sus hechos, no demuestran sentirla por el género humano sino por la tribu de sus propios intereses. Como más arriba y más abajo en todas esas dimensiones del poder incapaces de mover un músculo sinceramente por sus congéneres, que más ricos o más pobres nacimos y morimos como todos los demás.

Esos 900.000 niños que pasan los días viendo a todos los adultos en casa, sin salir a trabajar, existen para todas las conciencias. Los que, por el contrario, regresan solos al hogar porque sus padres han de multiplicar los contratos para traer dinero a casa. Los que no cobran ni salario, ni subsidio a pesar de la feria del empleo emprendida por la propaganda. El presidente de la patronal –otro con la empatía bajo el callo del metatarso– avanza generosamente a estas alturas de la tijera que no se puede llegar a final de mes con 800 euros de sueldo. Pues los hay que se quedan en 300 euros al mes (el 22%, 1 de cada 5), y pensiones que siguen sin sobrepasar gran cosa los 300 al mes. ¿Humanos o replicantes quienes así gestionan?

¿Qué sentimiento hacia los demás, hacia sus víctimas, puede albergar quien roba el dinero de todos aprovechándose de su cargo público? ¿Y quienes obstaculizan la justicia? ¿Y quienes apoyan el repulsivo manto de corrupción y forman parte de él manipulando la verdad? ¿Y quienes, no solo no miran, sino que votan para que sean humanos de corazón piedra pómez quienes dirijan los destinos de todos? A la postre, mantener a tantos miserable en puestos de poder se debe siempre el estruendoso silencio de las “buenas personas”.

Nadie sueña ya con ovejas eléctricas, quizás con ficciones que enmascaren su realidad. Buscando salidas hasta con la muñeca de mirada ausente y silencio eterno que se deja hacer. Con vivir al abrigo de cuantos se dejan hacer. Si el mundo sigue adelante no es por ellos. Es porque también hay gente que salva a otros, que abraza al desvalido, que lo ve. Gente que se pone en el lugar del otro. Voluntarios, ONGs, periodistas freelance incluso, que se desesperan en impotencia ante lo que contemplan. Personas que se afanan en luchar por el bien común.  Personas que se rebelan ante la injusticia. Incorruptibles.

Vivimos, sin embargo, entre demasiados sucedáneos. Sucedáneos de la política, de la información, de la decencia. Quizás la posmentira está llegando demasiado lejos si ya no estamos seguros que sean verdad la justicia o los derechos. Que no sea cierta la humanidad y no sea verdad ni el amor. Veo cosas que no creeríais.

El dedo señala al “procés” mientras peligra la democracia

Cuesta creer que haya personas en España que se levanten por la mañana angustiadas porque Catalunya quiera hacer un referéndum. De independencia o no. Incluso que la unidad de España afecte sus vidas mucho más que los grandes atropellos que se suceden en ella. Ni las políticas que los provocan. Las encuestas del CIS no reflejan en absoluto esa inquietud: en el último Barómetro publicado, de mayo, citan la independencia de Cataluña como problema el 0,9% de los encuestados. Menos aún de lo habitual. Todos ellos deben tener un puesto en alguna tertulia en el o staff directivo de un medio.

El ‘procés’ pasará a la historia como uno de los más grandes errores de la intransigencia de Rajoy y la huida hacia delante de Artur Mas. Alguien algún día habrá de buscar cauces a la realidad, fuera de intereses, como aconsejan hasta desde el New York Times. Por citar a algún medio que contrarreste a la cerrilCaverna española.

Lo realmente preocupante es la sistemática y acelerada cruzada contra la Democracia que se observa en el mundo desarrollado. Donald Trump tiene a la Democracia como un calzoncillo sucio que es imagen adecuada al interfecto. Tal como avisó, podría  plantarse en la Quinta Avenida disparando a la gente que no le pasaría factura. Es inaudito que se tolere lo que está haciendo y en el Partido Republicano, el auténtico cáncer ultra, su gestión es aprobada por el 80%. El astrofísico Stephen Hawking afirma que Trump puede hacer un daño irreversible a la Tierra: “Convertirla en Venus con temperaturas de 250º y lluvia de ácido sulfúrico”. La mirada corta, estúpida y sin escrúpulos es lo que tiene.

La deriva en suelo patrio también es alarmante. El consejero Jordi Baiget es expulsado del Govern por dudar del referéndum. Homs, su compañero del PDeCat, se manifiesta harto hasta donde los hombres como él sitúan el nivel de hartazgo: más o menos por la mitad del cuerpo, vista frontal. Y los medios nos lo cuentan sin descanso. Como las cada vez más esperpénticas metáforas que asemejan el procés a un globo pinchado que –oh, maravilla– conserva el poder de “golpear cosas”. Rajoy crea estilo en el PP.

Punto y aparte merece la invocación al ejército de Cospedal, al frente de Defensa, emulando a Margaret Thatcher en ese desestabilizador retorno al involucionismo. O las censuras, menos guerreras sin duda, como la que expresó el Ministro Íñigo Méndez de Vigo. Porque, veamos, los independentistas catalanes se proponen redactar una Constitución que, en la versión de El País para la edición nacional, es “bolivariana”, y “asamblearia” en la dedicada a Catalunya. Terrible para ellos, en cualquier caso. El ministro de Educación, Cultura y Deportes dice que tal procedimiento es propio de “otras latitudes”, señalando con el ojo oculto a Latinoamérica. A la de Maduro, no a la Temer en Brasil, como suelen hacer nuestros clásicos.

La aversión por la Democracia se está extendiendo. Recojo a menudo manifestaciones que evidencian rechazo a las urnas por lo que traen de incertidumbre a los negocios que tantos de nuestros políticos y medios representan. Estemos alerta a lo que prepara Macron en Francia porque apunta a una Tecnocracia de nuevo cuño. El  mensaje general que se está mandando es que sobre la democracia directa hay una “aristocracia” que sabe más que nosotros, los implicados.

Méndez de Vigo, por su cargo actual y sus puestos anteriores en Europa, debería saber que Islandia elaboró su nueva Constitución de forma asamblearia. Es cierto que son “otras latitudes”, al norte y de Europa. Esa zona que suele gustarnos tanto. Y lo hicieron al convertirse en la primera víctima de la estafa neoliberal que llamaron “Crisis del 2008”. El fraude y la corrupción de sus gestores –que suelen venir unidos– les dejaron en completa bancarrota. Y con deudas a pagar a sus bancos –como nosotros, los españoles– y además a sus acreedores británicos.

Pasaron de ser el país número 1 en Índice de Desarrollo Humano a perderlo todo. No podían vivir dentro y su dinero no servía fuera, suspendida su cotización. Dicho para desmemoriados. Se negaron a pagar los fiascos de sus bancos, lo negociaron, los encausaron. Juzgaron también a sus políticos. Por eso su Constitución es resultado de un movimiento asambleario, hubieron de tomar las riendas. Y aun así tienen que quitarse de vez en cuando a presidentes pringados en Paraísos Fiscales.

A los españoles no se les ocurre citar la independencia de Catalunya como problema pero muchos son sensible a las directrices de los jefes de pista en el circo mediático. A las alharacas por el empleo récord que se crea y se alaba la propia ministra Fátima Báñez. A “la economía” que tapa la corrupción, aunque las facciones del PP estén ya a navajazos ante nuestros ojos. Pero no mire, no escuche. O sí.

Es una cantinela constante desde que despunta el día a la noche. La mañana de este martes me ha deparado esta pesca textual radiofónica: Puigdemont, como un burro amarrado en la puerta del baile, deporte sí pero tomando Flexium, Montoro investiga a los tertulianos, ahora y en la hora de nuestra muerte amén, la Generalitat y muchos otros cargos de la Generalitat, todavía hay mucho humo me están diciendo mis compañeros porque tengo que estar aquí y no lo veo, así se lo hizo saber al club merengue, llama al 902, quiéreteme, quién se resiste a un 40% de descuento, Puigdemont, Homs, Baiget, Manuel Benítez, el cordobés, era un torero viva la vida, Manolete era un torero viva la muerte.

Trump, los Republicanos, los votantes de Trump. El PP, sus socios, los votantes del PP y de sus socios. Los corruptos, sus voceros, sus tramposos. La convivencia social supeditada a intereses empresariales. La política ejecutiva, la justicia ilícita. La censura, la pérdida de derechos y libertades. La moral desaprensiva. La mirada corta y estúpida.

Gracias a la Democracia, están destruyendo la democracia y no tienen derecho a hacernos esto a los demás. Ustedes verán.

El anquilosado aniversario de las elecciones del 77

Sinceramente, Groucho Marx, Elvis Presley, María Callas o Charles Chaplin, fallecidos en 1977, están más vivos hoy que el espejo que el Parlamento ha mostrado para conmemorar las primeras elecciones generales tras la dictadura de Franco. El gran acontecimiento que España vivió aquel mismo año ha determinado sin duda nuestra historia, pero sufriendo una curiosa evolución. El propio festejo, hierático y con aires trasnochados, no se parece, ni en lo más remoto, al empuje que caracterizó aquella época. Cuando hubo que reconstruir todo lo que los franquistas destruyeron, el macabro legado que desde hace tiempo quieren dulcificar.

Echen un vistazo a la celebración del aniversario. A la encorsetada presidencia, a los discursos, a cuanto la rodeó, a la realidad que vivimos, y vean en qué se asemeja a aquella tarea que emprendimos con la ilusión del que va hacia adelante.

Sí fue una fecha decisiva. A partir del 15 de junio de 1977  hubo que reedificar el Estado de Derecho desde los cimientos. Restablecer todos los derechos civiles: libertad de expresión, de reunión, de asociación. Suprimir la censura. Legalizar los partidos políticos y sindicatos, hacer andar un Parlamento elegido por los ciudadanos con las leyes que rigen en los países democráticos y elaborar –en tiempo récord y con consenso– una Constitución.

Hubo que restituir a la mujer su condición de ciudadana adulta. Aunque hasta 1978 no se abolió el delito de adulterio que las castigaba en particular. La píldora anticonceptiva tardó en ser de libre venta en las farmacias otro año más, el 79. El divorcio, derecho de hombres y mujeres, se alcanzó en 1981 con la férrea oposición de los conservadores, precedentes del PP. Su exigua representación en las Cortes hizo inútiles sus esfuerzos.

Hubo que ajustar a la realidad una economía tramposa, lo que implicó grandes sacrificios y mermas. Y todo ello en un clima de tensión casi insoportable. Hay que admitir que se logró mucho más de lo que cabe predecir negociando bajo la égida de los franquistas. Las circunstancias, se dijo, no permitían el borrón y cuenta nueva, y eso es lo que pagamos. Unas figuras se engrandecieron –Adolfo Suárez– mientras otras empequeñecían. Hemos visto a un padre de la Constitución defendiendo la inocencia por amor de una infanta de España en un caso de corrupción de altos vuelos y bajos instintos.

Pero que nadie se confunda. Escucho dar las gracias por lo conseguido y no hay nada que agradecer, no es una concesión: lo normal es vivir en libertad y con derechos.

La estampa de esta semana en el Congreso demuestra cómo las élites se encuentran fuera del tiempo, de la realidad que viven la mayoría de los ciudadanos. El Rey Felipe VI se refiere a la dictadura como dictadura, 40 años después de terminada. El gran avance del aniversario. Poco a poco, vamos siendo adultos para oír ciertas cosas. Llama la atención que unas personas de la edad y preparación de los Reyes mantengan ese discurso paternalista, aunque en realidad es el que de antiguo se dirige a súbditos, no a ciudadanos.

Como el esfuerzo por una equidistancia imposible que equipare a los tiranos con las víctimas. Comparto el magistral artículo de Olga Rodríguez, absolutamente documentado. Demuestra que el franquismo persiguió casa por casa acabada la guerra. Y que las heridas que no se cierran desembocan en estados de podredumbre como el que denunciaba el New York Times en 2014: “Hoy en día, la política, los negocios y la ley en España están salpicados de personas con vínculos directos o indirectos con Franco”. Colaboradores de sus actos por tanto. Y evidenciando que lo edificado en terreno cenagoso, se tuerce. Ayer, hoy y siempre. Para la colectividad, por supuesto.

La fiesta de los 40 años nos brindó la oportunidad de ver la Infinita insolencia de un Martín Villa que se cree superior a quienes le exigen responsabilidades. Está tranquilo  el hombre “viendo a quienes le acusan”. No le llegan a la suela del zapato a quien, tras la dictadura, siguió ocupando cargos de relevancia en el sistema: desde la presidencia de ENDESA, o la SOGECABLE de los Polanco y PRISA, a una Consejería en el SAREB que le dio De Guindos. A Martín Villa se le considera corresponsable de la matanza de 5 trabajadores en Vitoria en 1976. Las grabaciones de la policía confirmando la masacre –que entonces corrían clandestinamente y que volvimos a escuchar gracias al periodista Iker Armentia– muestran un episodio difícil de obviar.  Y esta semana Martín Villa ha recibido una medilla del Rey en el Congreso. El Parlament de Catalunya al día siguiente anulaba los juicios sumarísimos del franquismo contra 64.000 represaliados. La primera ley en el Estado español que lo hace y por unanimidad. Una sensible diferencia.

Rígidos, envarados, tiesos como palos, vestidos como para una boda, con más de un gesto momificado en la tribuna presidencial, era diáfano lo poco que se parecen estas élites a la sociedad a la que representan por ley. Menos mal que ha entrado algo más de la normalidad de la calle en las Cámaras en las recientes elecciones, por mucho que les moleste a los establecidos.

Los Reyes en el centro. Diría que la nueva generación de la monarquía inglesa con su pompa y circunstancia tiene más frescura y naturalidad que la española. Lo diría, a salvo de las leyes Mordaza que se encargaron de preservar la Institución hasta de las críticas. Lo que no parece una medida acorde con los tiempos. El temor no llama al afecto.

Han pasado 40 años y, de hecho, la España de hoy ha reeditado la censura con las leyes restrictivas del PP que siguen en pie, tras meses de un Parlamento más plural y de numerosas protestas nacionales e internacionales. O la economía tramposa que vende como recuperación las cifras macro que favorecen a unos pocos. El récord histórico de Deuda Pública o el saqueo de la Hucha de las Pensiones, son grandes evidencias. Y puede que la mayor diferencia se dé en los medios. Hace 40 años fue la explosión del periodismo, en número y fiabilidad, se iba a los quioscos con avidez. Ahora buena parte de ellos son apéndices del poder, de los que venden precisamente sus realidades paralelas.

Se seguirá hablando durante días de por qué no invitaron a Juan Carlos I al homenaje. Tuvo un papel importante, debía haber estado. Pero a estas alturas no es difícil intuir el argumento. El rey de la Transición fue demasiado lejos en sus devaneos sexuales y, sobre todo, en las consecuencias que de ellos se derivaron. La caída en Botsuana marcó el “ya no va más”. Peligraba la institución y abdicó. Renació la armonía en los nuevos monarcas, tras tiempos tensos. Ahora, se consolida la ausencia del rey anterior. Juan Carlos I queda para cumpleaños y bodas. Y no le gusta ese papel. Con lo que él ha sido y verse relegado “hasta por las nietas de la Pasionaria”, como ha dicho. O por Martín Villa, como no ha dicho.

Lo que nos hace levantar cada mañana y emprender la vida con ilusión no ese tedioso escenario de lo oficial, que solo parece mostrar pasión por entregarse a la obsolescencia. Lo apasionante es que siguen existiendo hallazgos y sorpresas, hechos y afectos a mantener y universos por descubrir.

Una de las ideas más sugerentes de los últimos tiempos es la que ha desarrollado el historiador y escritor Yuval Noah Harari: ¿Por qué los humanos gobiernan la Tierra? Por la capacidad de imaginar. Eso es lo que nos hizo vencer a otras especies. Cuando miro los fastos de la España oficial siento que buena parte de sus actores, que nos venden el pasado remozado, no son capaces ni de imaginar el futuro. El desarrollo camina contra las rémoras.

1977 fue el año de La Guerra de las Galaxias y hace décadas que conocemos la identidad de Darth Vader . El mundo ha dado demasiadas vueltas para mantener esta querencia por las formas de una realidad tan lejana a la que se vive a diario.

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