Mientras atendías al himno…

España vive un nuevo apasionado debate por sus esencias y sus patrias. Ahora con música, ministros de cultura y cultura de ministros, presidentes de partidos de derechas en función de gobierno y los coros habituales de apoyo a la moción y palo al disidente. Entretanto, hay movimientos decisivos -mucho menos entretenidos para el gran deporte nacional del chismorreo-, que cualquier ciudadano sensato debería tener en cuenta.

Luis de Guindos será vicepresidente del BCE. A los expertos les preocupaba que “los próximos altos cargos del BCE (…)  serán quienes lidien con la próxima gran crisis (…) los líderes europeos deberían elegir a los mejores”. Lo Explicaba Paul de Grauwe, de la London School of Economics, a Claudi Pérez en El País. La “próxima gran crisis”, anoten. La van anunciando. El sistema corrompido en el que vivimos se alimenta de esos movimientos. Cruje, y unos ganan y otros pierden. Sin importar las víctimas que orillan.

Los intereses han inclinado la balanza a favor De Guindos. En contra de la opinión del Europarlamento que prefería al candidato irlandés, Philip Lane. Doctor en economía por la Universidad de Harvard, profesor adjunto en la cátedra de Economía y Asuntos Internacionales de la Universidad de Columbia y actual gobernador del Banco de Irlanda. De Guindos es licenciado en economía por el Instituto de Estudios Financieros, CUNEF, en Madrid y Doctor por la Complutense.

El ministro del gobierno español carga en su maleta de marca haber sido el director para España y Portugal (y asesor para Europa) de Lehman Brothers, en el momento justo en el que quebró para ser históricamente la espoleta de la crisis que padecemos. Su gestión en España se saldó con recortes y mentiras. Los ciudadanos no íbamos a pagar nada del rescate y lo pagamos casi todo. El Banco de España dio por perdidos no menos de  60.000 millones del dinero públicoentregado para sanear el sistema bancario.

Así nos dirigimos a la “próxima gran crisis”.

Así y con una cadena de datos en España tan contundentes como indicadores de seria alarma.

Estamos con los bolsillos vacíos. Como país –amarillo y rojo y no pido perdón- con la Deuda Pública más alta de la historia y saqueando la hucha de las pensiones. La Deuda la han triplicado durante la “crisis”. La de la Seguridad Social creció más en 2017 que en los 22 años anteriores juntos.

 Como sociedad, con la tasa de ahorro bordeando el mínimo de su historia. El colchón se desinfla. Solo se ahorra un 6% de los ingresos, como media. Pero un 38% de los ciudadanos no puede afrontar ningún gasto extra. Los que ni les cabe encender la calefacción, ni hacer las tres comidas al día, parecen ya descontados.Y hay quien nada en la abundancia. La media se saca con todos ellos.

Los ingresos del Estado, vía recaudatoria, flaquean también y con manifiesta injusticia. En los impuestos han ejecutado una auténtica revolución en las últimas décadas. En este  recorrido que analiza Joaquín Estefanía vemos que desde los años noventa, ha habido un “desplazamiento de la carga tributaria desde las rentas del capital hacia las del trabajo”. Añadamos el consumo, con la espectacular subida del IVA. Los ciudadanos sostenemos el tinglado, con cada menos servicios a cambio. La evasión de capitales a paraísos fiscales goza, entretanto, de una salud envidiable.

Un panorama que afrontamos como país con sueldos cada vez más precarios. El asalariado medio español ha perdido, al menos,  347 euros de poder adquisitivodesde 2015. Y eso que al auténtico tajo se arrastra desde 2012, año en el que el PP implantó su Reforma laboral, aquella que, precisamente Luis De Guindo anticipó, satisfecho y haciendo méritos, en la UE como “ extraordinariamente agresiva“. Esto sí lo cumplieron. Ha arrojado un 26% de temporalidad y un 32% de asalariados cobrando el salario mínimo, entre otras pérdidas de derechos. Visto en millones, los contratos temporales han pasado de 12,8 millones en 2012 a 18 millones en 2017. Las mujeres y los jóvenes son quienes más lo sufren.  Casi la mitad de los contratos formativos actuales son de peones, camareros y dependientes, según CCOO.

Y, mientras, vuelven a inflar la burbuja del ladrillo. Los pisos para vivir se siguen diseñando como objeto de especulación y no como una necesidad social. Con algún matiz añadido.  La construcción de  vivienda de protección oficial se ha reducido un 93% entre 2007 y 2016. Los alquileres están por las nubes, sobre todo por su potenciación como uso turístico, caiga quien caiga. Los alquileres son mas caros que las hipotecas, dicen en las inmobiliarias. Pero las hipotecas exigen un compromiso de pago -so pena de desahucio-, que requiere un trabajo o unos ingresos fijos que, hoy por hoy, no se pueden asegurar. Ahora asistimos al boom de los autónomos, a los que aún se lo ponen peor en este punto.

Al mismo tiempo, no solo restan, sino que expolian servicios esenciales. La escuela pública ha vuelto a las  cifras de inversión de los años 80, como detallaba Antón Losada. “Tras sobrevivir a los recortes y a la precarización de los docentes, la escuela pública soporta una nueva oleada de acoso y abuso por parte de la vieja y la nueva derecha”, destacó Losada. Y ya ni se esconden.  Defendemos la educación concertada, claro que sí -de pago,  y subvencionada-  declara Cifuentes presidenta de la Comunidad de Madrid.

España ha perdido 12.000 científicos desde 2010 por los brutales recortes a la ciencia bajo la excusa de la crisis. Algunos por completo, se dedican a otra cosa.  Las empresas españolas, entretanto, invierten la mitad que la media europea en investigación.

Mientras atendías al himno, rojo y amarillo, para emocionarte o abochornarte, supimos por eldiario.es que la ministra Tejerina  frena en Europa una bajada de tóxicos en los fertilizantes. Fue alta directiva de Fertiberia, el mayor productor español de fertilizantes, que pertenece al grupo Villar Mir. El Gobierno se opone a que la nueva regulación introduzca límites de cadmio estrictos: “Nos sacaría del mercado”, dice un documento interno de Agricultura. Ni con la salud, se conmueven, no como con el himno de la exiliada fiscal en Miami Marta Sánchez.

Ese punto hemos de tenerlo claro. El negocio de la salud es un bocado muy apetecible para el sistema que nos gobierna y aplican políticas que lo favorecen como tal. La sanidad privada crece imparable a costa del deterioro del sistema público. La inversión en la sanidad pública cae 4.000 millones en 5 años. La sanidad privada ingresa 5.000 millones más. Entre 2009 y 2015.

 En el diario de la corrupción, tenemos hoy la declaración en juicio de uno de los grandes conseguidores de la Gürtel. ‘ El Bigotes’ apunta al marido de Cospedal y dice: “Venía a soltar ‘el mondongo’ y no le he visto en ningún banquillo”. Los espectadores del Telediario de TVE han recibido una versión muy recortada de la realidad, el marido de la ministra de Defensa no existe para la tele pública. En nivel presunto, surge  la número dos del PP de Málaga pagándose un máster y cenas de lujo con dinero público.

Los próceres del PP, inquietos por el ascenso en las encuestas de Ciudadanos, se dieron un buen homenaje hasta con carabineros y jamón de bellota en una comida, al tiempo que el PP pedía ahorrar para la educación de hijos y nietos y  para la pensión. Desde jóvenes incluso propugnan en un anuncio que los jóvenes empiecen ahorrar. Porque ya no se esconden. Es ideológico. Calculan que los jubilados perderán 350 euros al mes, a la larga, por las últimas reformas de pensiones.

La cultura oficial la tenemos en listón Marta Sánchez.

Ricos sí somos ahora, en recortes de derechos y demagogia. El Supremo acaba de confirmar la pena de tres años y medio de cárcel para el rapero Valtonyc, al que considera culpable de injuriar al rey Juan Carlos en sus letras. Lo que lleva a plantearse lo impropio de tal sentencia en un país democrático.

Todo esto y más pasaba mientras mirabas lo que se cotillea del himno. Los medios lo han ido contando, pero sin obtener el potente foco mediático y político del que disfrutan los temas viscerales. Aguanta Marta Sánchez. Sube puntos Anna Gabriel. Puigdemont es pieza fija.

Es para estar amarillo de ira y rojo de vergüenza.

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Nos estaban dilapidando el Estado… y ahora nos reducen la dieta a la mitad

La noticia es de hoy y habla del dinero de todos.

El Gobierno impone un límite del 50% del gasto a los ministerios hasta que haya presupuestos.

Los criterios de la prórroga de los presupuestos para 2018 incluyen una cláusula para que los distintos departamentos no puedan comprometer la mitad de lo presupuestado el año pasado. Los gastos adicionales tendrán que contar con el visto bueno del Ministerio de Hacienda. El Ejecutivo aumenta así el control del gasto respecto a otras prórrogas presupuestarias.

Esto quiere decir que Montoro reduce a la mitad el exiguo “gasto” público español, a pesar de todas las advertencias. Debe preferir forzar a sus socios políticos para demostrar quién manda.

A costa de lo que sea. La limitación del presupuesto afectará , entre otras, a las inversiones, ayudas a la dependencia y políticas de género.

Esta misma semana publiqué en el diario.es este artículo. Grandes ahorros ha hecho con nosotros el PP, solo que las cuentas no nos cuadran, pero nada. Ahora la mitad.

Decía Rajoy en 2012, su primer año de mandato, que planeaba lograr “ el Estado más barato de Europa Occidental” y, desde luego, se ha dedicado con fruición a la tarea. Alguien como él, tan aficionado  a los dichos y refranes, debería saber que lo barato es caro. Y no solo para el bien público sino para la pura marcha económica. De ahí que grandes soportes del poder financiero y mediático estén empezando a advertirle que por ese camino están agostando el futuro de nuestro país y nuestra sociedad.  Así lo decía el editorial de El País del lunes, aun con toda su mirada neoliberal. Hablan de medidas de ajuste equivocadas, cuando no fue tanto “la crisis” –eterna excusa – como la decidida voluntad de recortar lo público. Causas distintas para un diagnóstico que comparto: Están dejando el Estado bajo mínimos y es peligroso. El paciente puede morir de inanición.

El Banco de España vuelve a reflejar que el descenso continuo de la inversión pública en España situó a 2017 en el mínimo de los últimos 50 años. Ha sido el 1,9% del PIB, la más baja proporción desde 1970 y la menor de toda Europa. Salvo Portugal que –con un gobierno de izquierdas – anda reponiéndose con sus propias recetas y con éxito. Aquí, Rajoy sigue encantado de su labor. Dando una versión desbordadamente triunfalista de su gestión. El PP ha reducido en un 60% la inversión en infraestructuras. Un 50% las educativas y un 37% las sanitarias.  Abultado porcentaje, aún descontando la previsible corrupción de aquellas obras. IVIV, la Fundación del BBVA, también alerta de los riesgos de tan enorme recorte.

El caos de la nevada, ejemplo del recorte en servicios públicos

El escándalo desatado por la nevada del día de Reyes guarda estrecha relación con haber minimizado el Estado. Con las privatizaciones. Muchos ciudadanos que no siguen la actualidad se habrán enterado de que depende de por dónde circulen para que el Estado se responsabilice de su seguridad.

Hemos llegado a la alucinante situación de ver al Director General de Tráfico culpar a los conductores de haberse quedado por miles – tirados en la nieve durante horas, hasta 18 horas. En carreteras a su cargo y en una autopista, la AP-6, Villalba-Adanero, abierta, no cerrada en su acceso, que se cortaba en un punto, abandonando a los viajeros a su suerte.  La diatriba entre a quién correspondía activar los quitanieves y distintos recursos quedará probablemente en nada o en poco. No puede decirse que el PP apriete a las concesionarias de autopistas que rescató con nuestro dinero. Obligados por los dadivosos contratos que suscribieron previamente sus administraciones.

La España tabernia y cuñada lo tiene claro: los conductores son culpables…  porque lo dice la autoridad ante la que solo cabe sumisión. En el siglo XXI existen medios para no tener que quedarse en casa a esperar que escampe, como en el XIX, si se van a utilizar carreteras nacionales.

El caos de la nevada es el ejemplo más gráfico de lo que está sucediendo en todos los sectores a los que el PP ha venido aplicando el rigor de su tijera cuando no su guadaña. Porque hay más. La inversión en carreteras ha caído a niveles de los años ochenta. Se preguntan por qué ha vuelto a crecer el número de víctimas de accidentes de tráfico. El deterioro de la red viaria influye decisivamente. Y la antigüedad del parque automovilístico que ha alcanzado la peligrosa media de 14 años. Solo el 35% tiene menos de 10 años que es lo aconsejable. El “pese a la recuperación” les queda muy lejos a buena parte de la sociedad. Abrir los ojos a mucha más.

Sanidad y educación, los otros dos grandes paganos

Hablamos también de recortes drásticos en las infraestructuras de Sanidad. No tienen más que ver el estado en el que se encuentran las  urgencias del Hospital de La Paz de Madrid que era un centro de referencia. Como ejemplo de muchos otros. Y el descenso en las valoraciones internacionales de nuestro Sistema Público de Salud considerado, hasta la llegada del PP, uno de los más eficientes del mundo. O en educación.

Recordemos que el recorte del monto global de estos ministerios fue el primer gran decreto del PP junto con la reforma laboral. Tres grandes pilares, tres grandes bocados. Los dejó temblando. Pero, oiga, si es usted un buen ultraliberal, ahorrando se puede pagar en EEUU  un tratamiento , por ejemplo, para evitar la ceguera por degeneración de la retina. Quién no tiene a mano 850.000 dólares para dedicarlos a ese fin. Además, el laboratorio lo vende a plazos.

Invertir en deseducación

Se preocupan de cómo afectará la falta de inversión en infraestructuras en nuestro futuro. Aún más nos dañará como sociedad la implacable apuesta por la deseducación, cuando no por un puro fomento de la burricie. Ha encontrado un campo fértil. Les salen cuatro charlatanes en la tele salpicando datos en una pizarra y hablando de lo malo y antiguo que es Papá Estado y lo compran. No cuentan entretanto que a Papá Estado lo tenemos a cuerpo de rey con nuestros impuestos y Papá Estado nos devuelve migajas. Pagamos más dinero por menos servicios y encima quienes pagamos, porque también hay privilegiados para el ministerio de Montoro.

Deuda pública en máximos

El gobierno de Rajoy ha logrado unos niveles de inversión en los ciudadanos mínimos y, paradójicamente, tiene la Deuda Pública en máximos. Más de dos tercios de la deuda pública española procede de gestores del PP, municipales, autonómicos y estatales. Medio billón de euros de los 753.000 millones que ha crecido el endeudamiento institucional en la última década. Los presupuestos de 2017 asignaron casi un 10% del total (un 9,4%) a pagar los intereses.  32.171 millones, solo en intereses, además de la amortización.

Pero no son temas que, como otros, colonicen los medios. Presumir de esta gestión y que se la aplaudan es un buen índice de la España de hoy.  El FMI acaba de alertar al gobierno del peligro que representa la descomunal deuda de España. Les recomiendo ver los  gráficos de su evolución comparada y así podrán admirar el garbo de esa flecha casi vertical al techo desde que manda Rajoy.

Crear un agujero en el sistema de pensiones de 100.000 millones de euros –no es un error: 100.000 millones de euros- es otro de los grandes logros de la gestión de este PP que ha llevado la inversión pública en España a mínimos.  Zapatero dejó la hucha con superávit:  de  66.815 millones de euros.

¿Por qué intentan imponer que no es sostenible ya el Estado del Bienestar?

Ignacio Escolar escribía en Actúa, uno de los libros que compartimos: “Si la Europa arruinada de la posguerra fue capaz de construir el Estado del bienestar, ¿por qué la Europa próspera del siglo XXI va a ser incapaz de mantenerlo?”.  Es hora de responder que porque volvió a cruzarse en nuestro camino la codicia de unos pocos, la desinformación, y el miedo y credulidad de una mayoría suficiente de ciudadanos.

Anticorrupción tiene bajo su foco a los cuatro políticos del PP que han presidido la Comunidad de Madrid: Gallardón, Aguirre, González y Cifuentes. Solo este dato, enorme, aunque gota de agua en el océano de la corrupción en España, da idea de lo que para las arcas del Estado supone el saqueo al que vienen siendo sometidas. No hay pan para tanto chorizo. No lo había, y sigue sin haberlo. Pero cada vez parece haber, también, menos ciudadanos hambrientos de dignidad. Y alguna trápala más se cuece en la sombra cuando contemplamos el silencio y la colaboración de partidos y personas en teoría progresistas.  De quien comparte al 100% la ideología del PP poco hay que esperar.

Se está aplicando con tan sistemática eficacia la destrucción del Estado que apenas  va a quedar ya remedio.  Con grandes complicidades.  Nunca pagamos tanto a cambio de tan poco. ¿Para qué sirven ahora nuestros impuestos? Se diría que, básicamente, para mantener los gobiernos varios, las oposiciones varias, la Monarquía y las fuerzas de seguridad. Recordemos que en este momento de inversión mínima en gasto social, el ministerio de Defensa se ha comprometido con la OTAN a aumentar el gasto militar en un 80% hasta 2024.

El recorte en educación, se paga. El PP y sus socios han sabido encumbrar a la España oscura que tiene su razón de ser solo en símbolos y tradiciones inamovibles. Esta etapa ha potenciado la caspa, la ha hecho emerger en sectores que ya la escondían por pudor. Lo cual es una condena para el conjunto si no adopta una actitud activa. Algo incumbe a la propia sociedad, dado que no toda ni mucho menos muestra carencias cognitivas y éticas que cada vez se airean más y con mayor orgullo. Se la culpa se quedarse atrancada en la nieve desoyendo que no hay gobierno serio que la ampare. Pero todavía es más grave que lo acepte y que dóciles colaboracionistas lo aplaudan.

Lo más grave es esta sociedad que se está dejando quitar las bases de un Estado social a cambio de nada, porque se ha dejado convencer de que este estatus de corrupción e ineficacia es a lo mejor que puede aspirar.

España, camino del “subdesarrollo” humano

España desciende estrepitosamente con Rajoy en los índices de desarrollo humano.

En 2008 publiqué “España, ombligo del mundo” y en él incluí los datos del Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora la ONU.  Otros organismos como el World Economic Forum, o Foro de Davos, también realizan su clasificación. La idea es que para hablar de Desarrollo hay que tener en cuenta otras variables, no solo las anotaciones contables macroeconómicas.

Y es que la economía de los ciudadanos ha de tener más ingredientes que las grandes cifras, éstas han de repercutir más en quienes viven y trabajan para sostenerla. La economía de la salud, ciencia que se imparte -o impartía, ya no sé en estos tiempos-  en las Universidades, habla de otras cosas: la riqueza humana, la riqueza en educación y en sanidad, en servicios. Un país no es verdaderamente rico si sus habitantes no gozan de estas prestaciones a un nivel adecuado. Al mismo del Estado.

Esas son las variables que valora la Organización de Naciones Unidas, en su Índice de Desarrollo Humano, estudiado con abrumadora amplitud de medios. Pues bien, en 2008, bajo el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, habamos ascendido al puesto número 13.  Partiendo del 19 en el que quedó con el Gobierno de Aznar.  En 2008, incluso Alemania, Italia y el Reino Unido estaban por debajo de nosotros, la eficiencia del Sistema de Salud y menor paro, influían sin duda. Finlandia y Noruega eran los países en donde mejor se vivía -y se sigue viviendo-  del mundo. En general en los países nórdicos residen “ciudadanos”, esos entes que se preocupan del bien común.

Después vendría la Troika con la rebaja, a la que Zapatero sucumbió.

Pues bien, España ha pasado a estar en el puesto 27, en ese mismo índice, de la ONU. En 2014.

Nos llega también el índice del World Economic Forum, Human Capital Index, mucho más orientado al mercado. Ahí estamos ya en el puesto 41. Así se resmía en esta publicación:

El índice mundial de capital humano coloca a España en un pésimo puesto, 41, para poder competir globalmente

  • El World Economic Forum publicó ayer su Human Capital Index, segmentado por edades, en donde se aprecia la gran penalización de España por el desempleo
  • El hecho de que en los estratos de edades jóvenes, España destaca por la gran facilidad para captar gente capacitada, es esperanzador
  • Estados Unidos y Alemania están lejos de las primeras posiciones, que encabezan Finlandia, Noruega, Suiza, Canadá y Japón.

Y aquí para quien quiera bucear en la fuente original. Y en cabeza de nuevo los países que cuentan con mayoría de “ciudadanos”, de personas que piensan y no se dejan manejar tanto. Que piensan sobre todo en lo mejor para el conjunto.

Y es cierto, la España del PP ha recortado en los valores que forman el bienestar de los ciudadanos. Insistiré en que en otro índice, el Bloomberg, el Sistema Nacional de Salud ha pasado de ser el 5º más eficiente del mundo (eficiente por el empleo de sus recursos) al 14, en 2014.  Es de imaginar cómo está ya en 2015 y cómo estará si seguimos por este camino.

Íbamos a mejor, mucho mejor, la España de Rajoy va al abismo… ciudadano. Al subdesarrollo humano. Unos cuantos se están enriqueciendo como en los mejores tiempos, a costa de la mayoría. Qué casualidad que hoy mismo, “Bruselas” pida más “moderación” salarial.

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Mientras escribía esto, llega la noticia en la que tanto insisto: ha vuelto a crecer la deuda pública. Rajoy, su Soraya y su De Guindos, sus Montoros y Cospedales, al frente, nos han endeudado en 303.000 millones más en esta legislatura, hasta sobrepasar el billón de euros y casi el 100% del PIB. Esto es impagable. Nos ata.

El triunfador camina hacia la meta. Apoyado por personas y medios de fines poco limpios. Por Ciudadanos barbilampiños que vienen a apuntar el sistema neoliberal. A él, a ellos, les esperan mullidos colchones, engrasadas puertas giratorias, y cuentas aquí (o en Suiza algunos). A los demás, ya se sabe. Pero aún así hay quienes se empecinan en seguirle así nos estrellemos todos.

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Ejercicio de texto: Vender un país endeudado hasta las pestañas como si fuera un éxito

Abierta la campaña de coacción al votante

La convocatoria de elecciones en Grecia y la proximidad de todo un año electoral en España han desatado una campaña de coacciones a los votantes que rayan el matonismo. Asistimos estupefactos a que bancos, periódicos, altas instancias de la política europea se lancen ya sin pudor alguno a una campaña para sembrar el terror y evitar el resultado que no les convenga. A ellos. ¿Alguien con dos dedos de frente puede creer que semejante empecinamiento busca el bien de la sociedad?

El recién nombrado presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se ha permitido decir a los griegos que “ no voten mal” relatando los problemas que, en su opinión, afrontarían si eligieran a Syriza como anticipan los sondeos. Se trata de una persona involucrada directamente -como presidente de Luxemburgo-, en el turbio asunto de la evasión de impuestos de grandes empresas conocido como LuxLeaks. Sin pagar su factura política por esa responsabilidad, se inmiscuye para decidir qué es votar mal. ¿Cabe peor que quienes optaron por él tanto en su país como en la UE?

 No es la primera vez que se presiona a los griegos. La memoria frágil que tanto se empeñan en diluir, quizás ha olvidado el periplo vivido por los griegos. En 2011, la UE, su Merkel, su Troika y la santísima madre de todos ellos, destituyeron a Georgios Papandreus al pretender hacer un referéndum sobre los durísimos (nuevos) recortes que les decretaban. De un plumazo. Arguyeron que había provocado convulsiones en los mercados. Designaron como sustituto a Lukás Papademos que provenía de la vicepresidencia del Banco Central Europeo. Todo muy democrático. Es que Grecia estaba en bancarrota. Poco se ha contado cómo, al tiempo que recibía el primer rescate, compraba material de defensa a algunos de los privilegiados socios del cotarro. Por entonces, Merkozy (es decir, Alemania y Francia ) y EEUU.

 Todos los representantes del neoliberalismo en la Tierra emprendieron una campaña feroz (aunque parece que ésta va a ser peor aún) para que no ganara las elecciones Syriza al año siguiente. Y no ganó. Por poco. Los griegos así han tragado nuevos recortes de los partidos que provocaron su ruina (trágicos algunos como el drástico recorte de la sanidad pública), se han empobrecido todavía más, ha aumentado su quiebra, y han visto ascender de forma dramática el neofascismo de Amanecer Dorado. Sobre esto, la UE alerta poco. Nada.

 Los males de esa élite para la que se gobierna se han recrudecido al surgir Podemos en España, el Sur de Europa se les está subiendo a las barbas. El periódico El País, tras dar la batalla a diario contra ellos, concluía el editorial de este domingo, No cometer deslices, con esta peligrosa frase: “ Caiga la ira ciudadana sobre quien acaricie un desastre de ese género”. ¿Cómo? Convendría aclararlo. Venía precedida de esta argumentación: “La experiencia indica que cuando los mercados se crispan generan efectos manada sobre los protagonistas más débiles o menos fiables, el pánico financiero y la ruina”. ¿Y eso es normal y democrático?

 El día anterior El País había apostado en cabecera de portada por una entrevista con el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, para afirmar que Podemos amenaza la economía y que peligran los ahorros de los ciudadanos. Lo dice, pues, el Banco Central Alemán, tan influyente en aquel Tratado de Maastricht que marcaría el predominio de su país en la UE o la función del BCE –que no da crédito directo a los países sino a los bancos privados para que nos lo presten… con intereses-. Con el sistema que defienden no peligran nada nuestros ahorros, al parecer, vivimos todos en la abundancia.

 Se pongan como se pongan, una deuda de un billón de euros como la que ha terminado de engrosar a lo grande, precisamente, Mariano Rajoy, el austero, no hay quien la pague. No, en varias vidas de españoles. Una y otra vez hay que ver con ejemplos la necesidad de auditar qué se debe y qué no. Uno muy gráfico: el contrato de las basuras de Toledo –ya con varios imputados- se elevó en 11 millones de euros coincidiendo en el tiempo con un donativo de la empresa adjudicataria al PP de Cospedal de 200.000 euros, cuyo recibí firmó el tesorero aunque ellos digan que no hay nada. Mientras lo dilucida la justicia, digamos que fue casualidad. Pero a ver qué falta hacía aumentar en 11 millones de euros el servicio.

 El ejército al servicio de estos poderes es numeroso y disciplinado, y cada día intenta sumar miembros incluso entre los tontos útiles. Los que escudriñan unos programas sí y otros no –de tenerlos o de cumplirlos- pero sobre todo a los que asoman la cabeza. Cualquiera que se relacione con Podemos será sometido no solo a tres scanners y dos resonancias magnéticas, también a las armas de la mentira y la maledicencia. Hay que tener mucho temple para arriesgarse a estas técnicas. Ahora bien, quizás así se curten para luchar con alguna posibilidad de éxito en guerra tan desigual.

 En 1982 las amenazas a España venían del PSOE que también les iba a quitar el jamón y las gambitas, quién lo diría. Tienen una larga tradición de amedrentamiento, bien expeditivo a veces. Antaño maldecían con la ira de Dios, ahora parece que cuentan con la gente aunque en plan oclocracia. De votos mejor no hablar, si se vota… mal.

 Casi cinco millones y medio de parados, tres de ellos sin ninguna prestación, ni esperanzas de trabajo que no sea temporal y a tiempo parcial. Rebajados los sueldos y los derechos laborales. En aumento los desahucios. Niños con carencias alimenticias, insultados por prebostes del PP que los compara con obesos para no abrir los comedores escolares en navidad. ONGs que llaman a mandar potitos y comida en lugar de juguetes (imagen desoladora donde las haya). Pobreza energética, de aguantar a pelo el frío. Truncado el futuro por los recortes a la ciencia, a la educación y la cultura. Expoliados de parte de la sanidad pública para dar negocio privado con nuestra salud. ¿Las pensiones? Corren infinitamente mayor peligro con el PP y sus correligionarios que con nadie que piense en la sociedad en lugar de en el lucro desorbitado de unos pocos. Liderando todos los índices de aumento de la desigualdad y la pobreza mundial. Y además, amordazados por ley, espiados por decreto, manipulados con la propaganda que airean los medios como noticia, engañados hasta en informes oficiales, con la justicia cada vez menos libre, sobre todo cuando toca lo que no debe tocar.

Pues todo esto es lo que defienden los Juncker, los Bundesbanks, y sus portavoces, lo que sería una tragedia corregir. Y con tal ahínco, que si se intenta siquiera paliar la estafa, se nos dice desde importante tribuna: “Caiga la ira ciudadana sobre quien acaricie un desastre de ese género”.

 Llegados a este punto, es de temer de lo que serán capaces. El abanico es amplio, nada sucio queda fuera. Y, sin embargo, hay un poder ciudadano que crece. Lo saben, por eso luchan de esa forma. ¿De verdad hay alguien que piense que lo hacen por nosotros?

 Yo ya lo he dicho: prefiero a Atila que seguir así.

Ya debemos un billón de euros: 270 mil millones más que en 2011

La deuda pública española se ha disparado en manos de Rajoy, sobrepasa ya el billón de euros. Su gestión nos ha ocasionado  endeudarnos en 269.913 millones de euros, un récord histórico. Mes tras mes, la deuda crece de forma vertiginosa. Solo en Julio nos alarmábamos –algunos- porque estábamos a 3.000 millones de euros de esa cifra diabólica que hoy alcanzamos. Entre mentira y mentira, el PP de Rajoy ha llegado a ella tan campante.

Es cierto que lo que llamaron crisis y cada vez aparece más claramente como una estafa, un cambio de paradigma, también incrementó la cifra notablemente durante el gobierno de Zapatero. No en su primera legislatura en la que incluso rebajó la deuda pública (ved), sino a partir del inicio oficial de la crisis con la caída de Lehman Brothers cuando las economías cayeron como un castillo de naipes. Sin embargo, España la contuvo más que otros países en nuestra situación, hasta el 68,5% en 2011, ajustado a final de 2011 en cifras definitivas en un 70,50%.

Grecia estaba en el  142%, Italia en el 120%, Irlanda, Bélgica, Francia y, curiosamente, Alemania, sobrepasaban el 80%. EEUU, el 100% del PIB. (Datos de mi libro La Energía Liberada, 2011).

Era el mazazo de la crisis. Se tomaron medidas, muy “dolorosas” dicen, recortes sin cuento. Nos han vendido recuperación ahora. De hecho las grandes fortunas se han “recuperado” muchísimo. ¿Por qué pues seguimos pidiendo dinero a este ritmo de escándalo?

El gobierno y sus medios (cómo duele calificar así al periodismo) apenas dan importancia a deber un billón de euros. Se comen las palabras de hace un tiempo de De Guindos achacando este aumento a distintos eufemismos:

Los déficit públicos acumulados, las medidas específicas como el pago a proveedores o el Fondo de Liquidez Autonómico, que facilita fondos a las regiones pagar sus deudas”, es decir que están gastando lo que no está en los escritos y que si fuera para invertir en la sociedad aún sería admisible, pero es que el endeudamiento ocurre cuando nos han restado servicios e incrementado impuestos. El Ministro de Economía aludió también como causa a “cuestiones como el programa de asistencia financiera para los bancos españoles”, vamos que seguimos rescatando bancos o regalándoles dinero.

Un aumento tan brutal de la deuda pública (ya en el 98,4% del PIB) exigiría un debate parlamentario de urgencia, una reacción de los medios y de la sociedad. El nuevo PSOE no deja de atacar a Podemos porque cuestiona el pago de la deuda. Ellos, al parecer, ven normal lo que está haciendo Rajoy, o al menos no piensan cuestionar los porqués de este incremento.

Los medios están destacando más el frenazo en la zona euro, aunque sin mencionar prácticamente los datos que aportaba anoche The Guardian: la producción industrial está cayendo en la zona euro, una media de 0,3% y preocupa que España está tirando para abajo con su descenso del 0,8%. Frente a ese dato, los medios españoles cuentan que “el negocio” industrial creció en junio. No es lo mismo.

Este jueves, en la SER, en Hoy por Hoy, el economista José Carlos Díaz apuntaba que la recesión es seria porque, además de Europa, han decrecido EEUU y Japón. Añadía que España lo tiene peor por las cifras de paro (cada día descubrimos el engaño que escondían los datos de creación de empleo con una temporalidad que los invalida) y la deuda pública cuyo escalofriante ascenso aún no se conocía.

Pero estamos en el puente de Agosto, Ferragosto que dicen los italianos, el gobierno de vacaciones y la mayoría sin ganas de pensar en grandes cosas. Aplacemos pues responder a un par de preguntas: 

¿Quiénes y cómo vamos a pagar un billón de euros que debemos a los prestamistas con sus correspondientes intereses?

¿Se puede seguir consintiendo el endeudamiento diario al que nos está llevando Mariano Rajoy?

Actualización:

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Compareció este jueves Rajoy con su séquito, presumió de sus presuntos éxitos y no dijo ni media palabra de la deuda, ni hubo periodista al parecer que le conminara a hablar de ello, quizás ni se lo preguntaron.

Hace 5 años, con la deuda en el 54% y por tanto prácticamente la mitad de las abultadas cifras que hoy manejamos, el hoy presidente decía esto:

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La deuda pública en el 97%, ya debemos 21.400 euros por español

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El gobierno de Rajoy ha vuelto a elevar la deuda pública. Ya la tenemos en el 97%, sin que los medios a su servicio le den mayor importancia. El gobierno pide prestados 160 millones al día y ya cada español debe 21.400 euros.

Mariano Rajoy sigue batiendo récords. En el de cinismo no tendría rival al decir que esto va como la seda y que tenemos un Estado del bienestar que para sí lo quisieran en toda Europa, pero en el endeudamiento también se ha lucido. Mirad en estos gráficos oficiales la evolución de la deuda. Con un ligero repunte en 2010, en los días que el conciliábulo neoliberal sometió a Zapatero, cuando realmente se ha disparado ha sido con el PP de Rajoy. La tomó en el 68,5, el 70,3 al terminar 2011. Insisto que ahora ya la ha disparado al 97%. Nadie había logrado tal hazaña antes. Comprobad la línea, va como un tiro, vertical, lo malo es que será a nosotros a quien nos caiga en la cabeza. Como contaba el otro día Ignacio Escolar, Rajoy en cuestión de dinero no tiene ningún problema. 

Recordemos que este endeudamiento sin precedentes se ha hecho rebajando los salarios, subiendo impuestos, con brutales recortes de servicios y con repagos. Es asombroso que una buena parte de la sociedad siga nadando en el plato de la sopa tan tranquilo. Y, tanto o más, que Rajoy, los miembros de su gobierno y su partido saquen pecho como si esto no fuera con ellos. Recuerdo que esos préstamos hay que devolverlos y con intereses.

 

 

 

¿Cuántos botones estamos dispuestos a apretar?

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El español era hasta hace muy poco el quinto sistema de salud más eficiente del mundo, pero las noticias sobre su profundo deterioro son cada día más alarmantes. Sobre todo se aprecia un profundo cambio de concepción: hay que guiarse por criterios de rentabilidad y no todos los ciudadanos merecen el gasto de curarles. Lo incomprensible sigue siendo por qué lo acepta la sociedad.

Fuentes médicas alertan de instrucciones en el Hospital de Toledo para no ingresar a los mayores de 80 años, dos ancianos murieron en pasillos en ese mismo centro en diciembre. Crecen las denuncias por el aumento de las listas de espera, por el traslado de enfermos a la sanidad privada, por la privatización encubierta. Hasta por trampas como la de ofrecer el adelanto de una operación pagando más de 9.000 euros. Podrán marear los datos pero uno elige los que presentan mayor verosimilitud y proceden de fuente fiable y rechaza la propaganda. Desde el poder están hundiendo la sanidad pública.

Los profesionales libran una dura batalla. Saldada con éxito espectacular en Madrid al lograr detener la privatización de 6 hospitales. La maquinaria arrasadora continúa, sin embargo. Al punto de que algunos médicos, metidos a gestores, se están dejando influir en toda España por la política del recorte. Ya afinan presupuestos y deciden que los tratamientos caros no se pueden malgastar en ciertos pacientes. Ya dicen que no llegan los recursos para proporcionar a todos lo que precisan. Parece que no se preguntan qué viene después, qué vida les espera.

Se empieza con los ancianos y débiles, se sigue por los malos pacientes que no tienen un estilo sano de vida frente a los buenos que se cuidan, se pasa a distinguir entre enfermedades caras y baratas, y se continúa –se está llegando ya- con los pobres, con los que no pueden pagar y repagar. El neoliberalismo ha abierto una especie de cámara de gas para las víctimas del sistema. Los sanos y ricos –clase que consideran superior- se libran de ella.

De alguna manera, la mayor parte de la sociedad está aceptando que la tijera ha venido para quedarse y anda “ahorrando”. Sin preguntarse qué ha cambiado en realidad a partir de aquél día que nos contaron que una financiera norteamericana, Lehman Brothers, quebraba. Desde una comunidad de vecinos a lo vital como es la salud, todos recortando gastos… o inversiones en los seres humanos. El gasto se pierde, la inversión en salud o educación por ejemplo es una ganancia de presente y futuro.

¿Crisis? Esto es un plan perfectamente diseñado para que unos pocos se enriquezcan obscenamente a costa de la mayoría de la población. En eso y nada más se basa el sistema. A eso y nada más se encaminan todas las reformas y se entregan nuestros derechos. Los recortes en prestaciones esenciales se van a pagar esa deuda pública, por ejemplo, que Mariano Rajoy ha aumentado del 68.5% al 94% en un tiempo récord. Nadie en la historia logró semejante récord, y ahí está él y están sus voceros diciendo que España va como un tiro.

La gente sabe y siente que su vida ha empeorado y mucho. Descerebrados que atribuyan a Zapatero esta bancarrota, posterior incluso en dos años a su gestión, ya van quedando pocos. Y así  llegamos una y otra vez al mismo punto: ¿por qué se acepta? ¿Por qué se acepta si nos va la vida en ello?

Habrá que recurrir a la psicología, más allá de todos los condicionantes que nos marcan históricamente.  A aquel experimento revelador de Stanley Milgram, publicado en 1963, en los tiempos en los que indagar en estos comportamientos importaba. Un estudio con voluntarios en los que el maestro –que es en realidad el sujeto analizado- llega a infligir insoportables dolores alalumno que yerra. Escuchando sus gritos, alguno quiere parar, pero le ordenan que siga y continúa apretando el botón de las descargas eléctricas. El 65% de los participantes llegaron a aplicar 450 voltios a sus víctimas aunque se sintieran incómodos al hacerlo, aunque los vieran fingiendo –eran actores- estertores. Ni uno solo de los convocados exigió detener el estudio. La autoridad le mandaba seguir. Y lo hacía. Como lo habían hecho los alemanes ante el nazismo.

Y como explicación complementaria alguna variante de la indefensión aprendida, aquellos perros que otro psicólogo, Martin Seligman, demostró incapaces de saltar una pequeña valla que les libraba de descargas eléctricas arbitrarias.  La pasividad, el sentimiento de impotencia, subjetivo,  ante los atropellos que uno cree no puede cambiar. Esas personas que aceptan cuanto castigo tengan a bien inferirles como está ocurriendo ahora. También aprietan botones de dolor y muerte. No solo para sí mismos, para otros.

Todo el que hoy se inhibe está dejando sin cama a los mayores que acuden al hospital de Toledo, está dejando morir a ancianos en los pasillos, prolongando las listas de espera, matando a los que vayan quedando fuera del círculo de los buenos pacientes para el neoliberalismo. O los buenos estudiantes dóciles. O los niños de buena familia. O los corruptos cum laude autores del diseño.

¿Dónde para esta deriva? ¿Cuántos botones más estamos dispuestos a apretar?

*Publicado en eldiario.es

Y añadiría este estudio que acaba de salir publicado. 

La mitad de los españoles cree que sus condiciones laborales en prestaciones sociales, servicio médico y vacaciones empeorarán en el futuro. Que “habrá que trabajar más horas, ganando lo mismo”.

El 57,1% de los entrevistados tiene problemas para hacer frente al pago de las cuotas de la tarjeta de crédito y a la devolución de otros préstamos no hipotecarios. El  80,6% reconoce problemas para el pago de facturas y compromisos similares y un 76,4% sufre porque no se considera independiente financieramente. Las dosis de estrés que revela el estudio de una compañía aseguradora, Genworth,  son muy notables, pero…

De qué nos quejamos

Le sorprenden a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, las protestas de estos días en España porque “no casan” con la recuperación. El conciliábulo neoliberal de alto rango se ha puesto de acuerdo para corroborarlo, desde el acomodaticio Obama a Lagarde. Se hace ineludible, por tanto, explicarles de qué nos quejamos.

Hemos entendido que, si hubieran existido más Gamonales, se habría evitado el pozo sin fondo de las inversiones públicas ruinosas que nos han hipotecado más allá de lo tolerable. No hace falta buscar mucho: la Comunidad Valenciana, por ejemplo, está llena. Desde la Ciudad de las Arts al circuito de Fórmula 1, pasando por el puerto deportivo, parques temáticos o donaciones deportivas. ¿Hablamos de la Ciudad de la Cultura gallega? ¿De las exposiciones universales? ¿De los aeropuertos inútiles que ni siquiera han visto pasar aviones? ¿De las radiales que ahora también hemos de rescatar? Si la sociedad hubiera protestado como en Burgos, nos habríamos ahorrado un buen pico.

Nos quejamos porque nos hemos encontrado con que nuestros derechos constitucionales están supeditados al pago de una deuda que, lejos de disminuir, ha crecido a niveles récords en la historia. Si hace un año ya hablábamos de que era la mayor que se había registrado jamás, comprobamos que sigue aumentando con el mismo vigor. Añade unos 10.000 millones de euros cada mes. Aún con los insufribles recortes estamos así, ¿cómo esperan, y con qué, paguemos semejante agujero?

El déficit lleva parejo camino. Porque mientras se merman sanidad y servicios esenciales, crecen los asesores como esporas. Porque el pozo bancario y una pésima gestión mantienen las arcas vacías. Añadamos la imprevisión continua de este Gobierno que le lleva lo mismo a vaciar la hucha de las pensiones como a gravar hasta los vales de comida con los que algunas empresas retribuyen a sus empleados. Recaudar, aunque se cause un perjuicio mayor.

Estamos hartos también –y mucho– de los cuentos sobre el empleo. El Gobierno de Rajoy ha elevado el paro desde el 22,85% que se encontró en 2011 al 26%. Ha destruido casi un millón de puestos de trabajo. Ésa es la verdad de los datos, y muchos lo sabemos. Que está lejos siquiera volver al número de parados con los que el PP inició su mandato. Eso sí, el objetivo se ha cumplido. Se trataba de abaratar todo el empleo en España para ser más “competitivos”. Aunque fuera a costa de una gran precarización y del descomunal aumento de las desigualdades sociales. Mucha gente es consciente, sin embargo, de que hasta llegar a trabajar por un cuenco de arroz y un catre hay mucho camino donde mejorar la “productividad”. Y ése es su único “modelo” de país. ¿Tienen otro? ¿Cuál? No lo vemos.

Es sencillamente flagrante que se atrevan a hablar de recuperación con unos seis millones de parados reales, según la EPA. Sobre todo habiendo destruido a una generación de jóvenes. A finales de 2011 nos angustiábamos porque el 48,95% de ellos no tuvieran trabajo. Ahora el paro juvenil alcanza casi el 58% y tienen el cuajo de decir que esto es el país de las maravillas.

Los ERE y despidos ya de mayores de tan sólo 45 años. El contrato temporal y por horas como gran hallazgo, lo mejor para labrarse un porvenir estable. Por eso los ciudadanos se van como nunca. La emigración ha causado una caída de la población española sin precedentes. Otro récord. Ni en la gran oleada del franquismo se registró tan elevado número. Y encima, a quienes tienen el coraje de iniciar la aventura de buscar trabajo fuera de su país les van a quitar la tarjeta sanitaria a los 90 días. Aunque no lo encuentren. Empieza a ser más que evidente lo que han hecho con una sanidad universal que sí podía pagarse.

Nos quejamos de la corrupción. Muchos ciudadanos han entendido ¡por fin! esa obviedad: es imposible edificar nada sano en semejante sustrato de podredumbre. A todos los niveles. Perplejos de ver pasar sobres, comisiones, sueldos y sobresueldos, estamos asistiendo a espectáculos que “casan mal” –en este caso sí–, pero con la democracia. No percibimos la separación de poderes, sino todo lo contrario. Y organismos solventes internacionales nos dan la razón, impelidos a intervenir por lo que están viendo.

El Grupo Anticorrupción del Consejo de Europa, el prestigioso GRECO, urge a las autoridades españolas a restablecer la confianza en las instituciones políticas y judiciales, como si hablara con una república bananera. Dedica un especial apartado a la Fiscalía General del Estado, a los fiscales. Si nosotros estamos estupefactos de los manejos que estamos viendo con la infanta Cristina, o con Miguel Blesa, este organismo internacional, también. Por eso, por primera vez en la historia, llama a “reforzar la imparcialidad” de la Fiscalía. Y a nadie se le ha caído la cara ni de vergüenza.

Nos quejamos de ver cómo dan millones de dinero público a los bancos, en una factura que no deja de crecer mientras osan hablar de recuperación. Luego los venden de saldo. El Banco de Valencia, por un euro, perdiendo 5.449 millones; Novagalicia tirando a la basura otros 8.000 millones; el Banco Gallego, por otro euro. Éste nos salió más barato: sólo habíamos metido en él 245 millones. Ahora preparan dar negocio privado con el apenas apañado –gracias a nuestro dinero, nuestra sanidad o nuestra investigación– gran pufo de Bankia. Para seguir rebuscando por las esquinas algo con lo que paliar el fiasco que nos han montado.

Nos quejamos –todavía no suficiente– de la venta de España por parcelas a fondos buitre, cuya misión no es precisamente la inversión productiva. ¿Cómo no va a ser atractivo acudir a las suculentas rebajas con las que se están desprendiendo de todo cuanto era nuestro? ¿Y quién compondrá después el destrozo que no dejan de causar? En algunos casos es ya irreparable.

Nos quejamos del enorme retroceso que en sólo dos años de gobierno han perpetrado contra los derechos y libertades civiles. De su ley del aborto alabada tan sólo por la ultraderecha francesa. De cuanto pergeña Wert en educación. De las leyes represoras de Fernández Díaz y Gallardón. De la destrucción de nuestra sanidad pública, que era una de las mejores del mundo. De sus mentiras, de que nos tomen el pelo. De sus momios y prebendas, de su autoritarismo. De su política de comunicación sectaria y manipuladora, de sus mamporreros, que están privando de la información imprescindible a los ciudadanos.

¿Empiezan a ver que algo “sí casan” las protestas? Muchos intuyen que sólo los “Gamonales” podrán detener el podrido pastel de bodas que aún nos reservan.

*Publicado en eldiario.es

Viendo crecer las nuevas burbujas españolas

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Como mentir les sale gratis, Cospedal andaba el otro día anunciando crecimientos espectaculares de dos puntos “de un año para otro”. La venta de España como un saldo con el paseo triunfal de los fondos buitre por nuestro suelo (interesante burbuja en expansión), está creando el espejismo de que ya ha terminado la crisis. Pero los datos reales son, por el contrario, muy preocupantes.

Acaba de salir la estadística del Banco de España en el que vemos que ha descendido el crédito a niveles nunca conocidos en la serie histórica, más de 18 años. El préstamo a las familias ha retrocedido en Octubre otro 4,7%. A las empresas aún más: un 10%, otro mínimo récord.

Según informe del Bundesbank que publicó Infolibre, 300.000 millones de euros ha invertido la –rescatada con nuestro dinero- banca española en deuda pública. Curiosamente se han volcado en esta adquisición desde que gobierna el PP. Las fechas lo evidencian como si hubieran obrado con precisión matemática: entre noviembre de 2011 y hasta septiembre de 2013 (último dato recogido). En ese período han subido un 81%, las compras de los bancos de deuda pública española. Ésa que crece y crece (del 68,5% al 93% en dos años). Dice el PP que es porque pagaron facturas guardadas en cajones ¿Cuáles teníamos? ¿Las de la Guerra de Filipinas y Cuba? ¿Las de la Segunda Guerra Mundial endosadas? Esa bomba de relojería hemos metido ahora en nuestro debe. La banca española está empezando a ser calificada de Agujero negro.

Explicaba, entre otras cosas, el excelente y muy documentado artículo de Infolibre:

“Las principales entidades han ganado un 80% más en los nueve primeros meses (8.000 millones) y reclaman el derecho a proclamar a los cuatro vientos que han capeado el temporal y que lo peor de la crisis, aunque con algunas sombras como la morosidad (12%) ha quedado atrás.

Sin embargo, tras la fachada, hay otra realidad. La banca renquea apoyada en muletas públicas. El viernes, sin ir más lejos, el Gobierno aprobó la conversión en capital de 30.000 millones de los llamados activos fiscales diferidos. Son impuestos que las entidades no pagarán en años sucesivos, una especie de descuentos legalmente autorizados por pérdidas sufridas en ejercicios anteriores y que los bancos anotan como activos”.

La confianza en la recuperación ha subido un poco, hay quien compra la moto del PP. Lo más dramático es que esa moto viene con complementos. Por ejemplo la mordaza a la libertad de expresión, con la nueva ley de “Seguridad” ciudadana. La burbuja del involucionismo también está creciendo. Será interesante ver qué peta primero. Y a quién le caen los despojos. Hasta ahora siempre ha sido sobre los mismos.

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