El cirujano de hierro

“Que nadie se crea nada, una vez demostrado que la política, en democracia, es un simple ejercicio de cara dura para mantenerse en el poder y rebañar lo que se pueda, resulta natural. Nuestra historia sugiere que cuando se llega a esto los españoles añoran –y casi siempre consiguen- un «cirujano de hierro», más o menos benévolo y paternal, que les libre por una temporada de la infección de los políticos”. Así termina un artículo que acaba de enviarme Fermín al contacto directo del blog. Lo firma en La Razón un sujeto llamado José María Marco. Busco su biografía: José María Marco colabora regularmente en La Razón, Libertad Digital, La Mañana (Cadena COPE). Escribe también en Revista de Occidente, Noticiero de las Ideas, FAES Cuadernos de Pensamiento Político, entre otros. Ha sido secretario de redacción de las revistas Dezine (1979-1981) y La Ilustración Liberal (1999-2000). También fue miembro del Consejo de Dirección de ABC y del Consejo Editorial de La Gaceta de los Negocios, así como miembro del Consejo Asesor de FAES. Durante el curso 2004-2005 fue Visiting Researcher en Georgetown University, Washington, D.C. (Sí, donde imparte sus cursos magistrales Aznar).

Marco alude en su artículo (publicado el día 15 de Febrero) a que en La Razón, editada por el Grupo Planeta, gestor también de Antena 3, ya han hablado en la misma línea otros artículos de compañeros de travesía. Un repaso a lo que él suele escribir nos sitúa ante esta defensa del puntazo (que no peineta, que la peineta exige dos punzones) de Aznar: “Quien más quien menos, muchos hemos compartido, más aún que apoyado la higa que Aznar dirigió a las crías fresquitas de fanáticos, que acabarían de terroristas si no fueran a colocarse de funcionarios: es lo que los pedagogos llaman socialización en valores de izquierdas”. Amen de otras perlas como “El «caso Gürtel» es irrelevante políticamente. El grado de corrupción que se conoce de él es el tolerable en cualquier democracia occidental”.

Pero nada comparado con “El cirujano de Hierro” al que hoy invoca.

Contaba ayer El País cómo los “ultras” han conquistado (también) la TDT, gracias a las generosas licencias concedidas fundamentalmente por Esperanza Aguirre. Es una barata «televisión de tertulias» dirigidas a expandir, con éxito, su mierda ideológica. “El pluralismo va de la ultraderecha a la derecha extrema», se queja IU. Y es que la proporción de comentaristas ultraconservadores y de izquierdas suele cifrarse en 5 a 1, siendo este último el muñeco de feria con los que los demás se divierten. Al margen claro está de que nunca se aclara nada en este tipo de tertulias, dado que todo queda en un “éste dice, el otro dice”, sin datos aportados por el moderador, y del que la audiencia se sirve con percepción selectiva (“cree” lo que coincide con su ideología y postulados previos).

Nos cuenta hoy Javier Pérez de Albéniz que en «Veo 7» (televisión de El Mundo que como en un chiste macabro se permite titular un programa como “Dinitrotolueno, el retorno”), se quejaron de ser considerados “ultras”. Preguntaron a su audiencia y concluyeron con rigor que no, que no eran “ultras”.

La escalada y grosor de esta basura amenaza con sepultarnos. Pero creo que con la columna del tal José María Marco ha llegado al límite de lo tolerable –por más que intolerable sea la intoxicación que pagamos con nuestros impuestos gracias al cinismo impune de ciertos dirigentes-. Repito la idea de Marco: “Los españoles añoran –y casi siempre consiguen- un «cirujano de hierro», más o menos benévolo y paternal, que les libre por una temporada de la infección de los políticos”. Esto es apología del golpismo y, desde luego, precisa de una indemorable cirugía democrática, a través de la Justicia.

(Gracias Fermín)

Actualización: Para que lo votes si te gusta http://www.meneame.net/story/el-cirujano-de-hierro

Árbol rojo, casa roja

Sleeping tree de Xavi Muñoz

La huelga contra el ruido que inicié hace unos días –lo avisé- me ha sentado bien, según creo. Sin chirridos mediáticos de alto voltaje resulta más fácil pensar. En mi retina este cuadro de Xavi Muñoz (San Feliu del Llobregat, Spain, 1975), poniendo a dormir a un árbol rojo, viene a titular el autor. Yo lo veo vigoroso emergiendo en cada amanecer. Lo descubrí en ARCO, en una de las dos «ferias de la banalidades” que coexisten los mismos días en Madrid. La otra es Cibeles y aún me compadezco de esta pobre –y pese a ello admirada- chica que quizás sería guapa si comiera. Y, aunque no lo creáis, pasó la criba que descartó a la anoréxicas. El brillo de los flashes abulta algo la realidad, porque este cuerpo -como los de la mayoría de las modelos- apenas deja espacio para el estómago. El esqueleto se adorna con hilillos sin carne en brazos y piernas. Un símbolo de las ramas del árbol de la abundancia que nos venden. La pobreza ofrece la misma imagen desnutrida, pero sin glamour.

Trastienda de Cibeles

Sin ruido se hilvanan mejor las ideas, se leen mejor los periódicos. Las rentas salariales caen el triple que las empresariales en 2009. La recaudación de impuestos ha bajado, algo que se apresura a solucionar el gobierno acentuando el afán recaudatorio de forma que ha suscitado la queja de los técnicos de Hacienda. Sí, el árbol rojo dormita. Y muchos ciudadanos enfocan mal el germen de sus males (nunca los afrontarán en busca de soluciones, por tanto).  Los directores de periódicos influyentes como el Financial Times, también, porque están más preocupados por lo que está sucediendo en España que en Grecia

  José Ignacio Torreblanca nos trae un fascinante y oportuno hallazgo en esta columna –y ya es difícil sorprender en estos tiempos-. Por estos derroteros va:

«Aficionado«, «peccadillo», «guerilla», «fiesta», «machismo«; la lista de palabras que nuestro idioma ha exportado al inglés da que pensar sobre el carácter nacional. Una que, sin embargo, tiene bastante relevancia estos días es «piñata». Así es como ha descrito recientemente James Rickards el modo de funcionamiento de los mercados financieros respecto a la deuda de Grecia. Es el deporte favorito de Wall Street, dice Rickards, que conoce de primera mano el sector: se trata de sacudir todos a una un país o empresa hasta que estalla. En este caso, los caramelos son las comisiones que se llevan los que sacuden furiosamente la piñata.

Frente a la idea de «capitalismo de casino» que se popularizara en los noventa, aquí no hay gente elegante en esmoquin ni hilo musical de fondo, sólo gestores cuyo negocio es la volatilidad: cuanta más inestabilidad en el mercado, más transacciones, y cuantas más transacciones, más comisiones. Y por medio, algoritmos, órdenes automatizadas de compra y venta y complejos productos financieros como los «derivados sintéticos» que muchos expertos confiesan en privado ser incapaces de seguir. Como hemos visto estos días, esta banca siempre gana: primero, trescientos millones de dólares (unos 220 millones de euros) de comisiones (banca alemana incluida) por colocar (incluso se dice, disfrazar) la deuda griega en los mercados; luego, otros tantos de millones por apostar contra ella”.

Ya lo advirtió Naomi Klein en uno de sus best seller americanos: “La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre” (2007). La autora de “No logo” (2001), había analizado mucho tiempo atrás lo que estaba ocurriendo con datos aplastantes. Klein mostraba el lema aplicado por el capitalismo actual, basado en el economista Milton Friedman: “sólo una crisis real o supuesta, puede producir un auténtico cambio» (en sus bolsillos por supuesto y para llenarlos).

Anoto otra idea para hilvanar al conjunto: El club de los multimillonarios mundiales (según la revista Forbes) se compone de 793 socios y poseen entre todos 2,4 billones de dólares. En un crucero –de esos que se ofertan en invierno- cabrían todos.

Xavi Muñoz presentaba otro cuadro interesante en ARCO: La casa roja, de sólidas, descomunales y ardientes raíces de árbol perenne.

Red House de Xavi Muñoz

La ultraderecha quiere poder

Nunca tuvieron muchos complejos, pero ahora parecen haberlos perdido todos, alentados por la ya experimentadas reacciones de la sociedad a una gran crisis económica. La extrema derecha quiere poder y empieza a verlo viable por métodos «aparentemente» inscritos en la democracia.

Le une el odio al «aparato» del Estado, una oposición radical al presidente, y una presunta defensa de los supuestos valores tradicionales. Salen de una profunda depresión (la sociedad parecía ir por otros derroteros), pero se han llenado de nueva energía que presagia «el triunfo de esta contrarrevolución«. A viejas y nuevas figuras de la política, se han incorporado a la misión demagogos periodistas con gran audiencia. Algunos lemas que les alientan: «la resistencia a los recaudadores de impuestos», «cómo salvar la libertad amenazada», «la guerra a la inmigración ilegal»…

En fin… estoy hablando de EEUU. Este fin de semana los ultras se reúnen en Washington en una conferencia que pretende imponer el control sobre el Partido Republicano y decidir la suerte de las próximas elecciones. El objetivo de esta conferencia es el de convertir lo que hasta ahora es un movimiento disperso en una fuerza cohesionada capaz de conseguir el poder. A sus miembros que ya lo ostentan en distintos Estados se les llama a seguir las consignas. El artículo lo firma Antonio Caño en El País.

Una diferencia significativa: la amenaza a su proyecto ideológico les viene a los ultras estadounidenses “de las élites culturales, los medios de comunicación, Hollywood, los inmigrantes y las influencias extranjeras”. Seguramente porque piensan que pueden crear opinión en una sociedad adormecida, mal informada y que no sabe distinguir, por ello, a los causantes de su situación. Una muy sensible diferencia.

El que avisa no es traidor. Ved este montaje que encuentro vía www.escolar.net o, más exactamente en el twitter @iescolar Hitler y el Cabañal, por Gong Duruo

Entre los Neandertales y el ruido

He apagado el insistente ruido que suena entremezclado y chirriante, en el que se reiteran sonidos como zapatero, rajoy, debate, economía y varias otras agrandadas según la ideología que marca al medio que las emite. Gritan las letras en el ordenador en similar onda. Y casi sólo llama mi atención el artículo sobre los neandertales en la excelente sección de ciencia en Público.

Lo creeréis o no pero me han interesado mucho estos homínidos toda mi vida. La evolución de especies sobre la tierra fue dejando muchas en el camino, hasta llegar a los homínidos que a su vez también fueron desapareciendo para dejar al mando al Homo Sapiens y sus descendientes: nosotros.

En prodigiosa tarea, las diferentes especies fueron aprendiendo a mantenerse en pie, a adquirir una visión frontal que facilitara su agudeza transformando incluso su morfología, a adaptarse al medio, a adquirir un comportamiento social, no solo para sobrevivir sino quizás para tratar de llevar una existencia placentera. Grandes proezas. Me fascina que la mayoría de los primates dispusieran de uñas planas en lugar de garras, porque eso prestó mayor sensibilidad a las yemas de sus dedos. Así, tocar cuanto les rodeaba, esencialmente a los otros, a sus crías, a sus compañeros sexuales, les enseñó probablemente a amar y cuidarse de los demás.

Pues bien, toda la vida menospreciando a los neandertales por toscos y obtusos -sobre todo en comparación con los cromagnones y en su día, sobre todo, con el Homo Sapiens-, y resulta que ahora sabemos que hablaban, se maquillaban, construyeron dormitorios separados de otras estancias, se llevaban restos de comida para tomar antes de dormir –lo que Público llama “tapas”-, realizaban oficios funerarios o enterraban a sus muertos con flores. Es decir, casi como actúan ahora muchos humanos, a excepción de comprar compulsivamente.

Ocurre que los neandertales desparecieron como poco hace 30.000 años, sin que nadie sepa por qué –se han esbozado distinta teorías-, pero lo que parece seguro es que su último reducto fue España. Me inquietaba que –aunque parece que no hubo cruce alguno con nuestra especie- el suelo patrio hubiera sido la última morada de unas bestias que habían aportado tan poco a la evolución a diferencia de otros colegas. Llegué a preguntarme qué restos de esa característica habían dejado en la imperecedera tierra que sigue dando frutos con los que alimentarnos.

Leo en Público también que The Guardian, el gran periódico inglés, llegó a publicar el mes pasado nada menos que un editorial pidiendo disculpas a los neandertales y no es ninguna broma. Porque también ellos habían usado la simbología neandertal para calificar a quienes consideraban retrógrados.

Conocer de la capacidad de los neandertales para organizarse, de su sensibilidad –con esas flores de despedida entristecida en la muerte- abre ciertas esperanzas. Igual hay que ahondar en el subsuelo para plantar lo que nos nutre.

Hace bien poco hablábamos aquí de que es la psicología humana y su forma de relacionarse con los otros casi lo único que no ha cambiado en la historia de la humanidad. Amamos y odiamos de la misma primitiva forma, para bien o para mal. Las piedras para lidiar afrentas o dominar al contrario han sido sustituidas por misiles y armas químicas, que supone precisamente una involución. Dudo incluso si no habremos perdido la sensación placentera del tacto, del gusto, del habla, aturdidos por tanto ruido, tanto ruido.

Dicen los investigadores que comemos lo mismo que nuestros antecesores obligados a un gran esfuerzo físico. El sedentarismo y la gula en consecuencia nos están matando. Nuestro lenguaje se acorta y empobrece, parecen hacerlo nuestras ideas y el afán por descubrir se limita a unos pocos que trabajan en ello para el resto que sestea. El ser humano se encorva de nuevo como muestra el difundido dibujo con el que ilustro este texto.

Inicio una huelga contra el ruido. Y dudo de si no será mejor volver a empezar desde una casa en paz y cómoda –aprovechando los avances de la civilización como muestra de inteligencia evolutiva-,  un barco en el mar, una parada en el desierto, para buscar el eslabón perdido del comportamiento humano. Hay esperanzas: la esencia neandertal aún debe andar bajo nuestros pies.

La infantilización de la sociedad

 

Esta mañana, me ha despertado con sobresalto, el susto, casi la indignación, con la que han acogido en la radio, este artículo publicado en El País. Dice en él, Santiago Niño, a la sazón catedrático de estructura económica, que “lo ocurrido desde 2008, en España y a escala mundial, es sólo la antesala de la crisis sistémica que estallará a partir del próximo verano. El crédito se restringirá, el consumo disminuirá y el paro subirá”. “¡Dios mío, qué catastrofismo!”, apuntaba una periodista. “Lo habrá leído en los pozos del café”, decía otro economista, como el autor del artículo. No le faltaba razón a este último, dado que  -según me avisa un comentarios del blog- Niño Becerra se dedica también a la patraña de la astrología, y concretamente impartió hace poco una conferencia sobre el erudito tema de «LAS GRANDES CRISIS SOCIOECONÓMICAS EN LA ERA DE PISCIS». Con ello enriquece, sin duda, el carácter adivinatorio de la economía. No sé si los políticos tienen autoridad moral para hacernos pagar el coste de la crisis, pero los economistas –como gremio- se han cubierto de gloria en todo este período. Es difícil discernir quién de todos ellos acierta en su diagnóstico y pronósticos, si es que hay alguno. Y eso que tengo la sensación de que cuentan con bastantes datos para trabajar con rigor. Los ciudadanos informados los tenemos. Claro, que no somos expertos, que es un grave impedimento. Ellos sí.

No me propongo hablar de economía. Me alarma cada vez más la infantilización de la sociedad, incluso de algunos que crean opinión informando. Parece mentira que conociendo a diario una serie de signos, los olviden de una vez para otra, no los recuerden y relacionen. Y en eso igual que los políticos. Y hasta los economistas. No digamos ya el ciudadano medio. Ya hemos hablado otras veces de la estupefacción que produce que nos aconsejen en invierno cómo protegernos del frío, y en verano del calor. Menos mal que se han lanzado a tan loable iniciativa, porque, hasta ese venturoso día, veíamos a la gente muerta de congelación en la calle, y fritos y deshidratados en verano. Se diezmó de tal manera la población que había que tomar medidas. Dedicar estudios y seminarios a analizar el comportamiento de perros y gatos, hasta de los lagartos, para ver cómo lograban sobrevivir a las inclemencias del tiempo.

Laura hace un par de meses nos recomendó en un comentario “La escuela de la ignorancia” de Jean Claude Michéa, un profesor de Montpellier. Aunque creo que el autor no remata y demuestra por completo, esboza a la perfección lo que hemos intuido: que todo responde a un plan diseñado. Podría ser otra teoría indemostrada, pero, desde luego, parece estar en lo cierto. Algunas ideas: De esa estrategia forma parte la búsqueda del adocenamiento paulatino y metódico de la población. Un entretenimiento zafio, basado en la satisfacción instantánea y el espectáculo, que busca acabar con la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía. Y para redondear el trabajo, se reforman los sistemas educativos en el sentido de que refuercen este cóctel letal. Y se consigue una enseñanza espectáculo que, rompiendo con los valores cívicos, enaltece los valores creados por el capitalismo (el triunfo, el dinero, el egoísmo). De tal modo que la mayoría de una sociedad condenada por el sistema al paro, a una educación precaria, a una sanidad cada vez al alcance de menos, amenazada con una vejez de indigencia sin pensiones, viva feliz y despreocupada.

Por favor, que no nos incomoden, que venga el lobo y nos coma pero sin asustarnos. De hecho es que no hay lobos, yo “creo” que no hay lobos. En el mundo de la equidistancia todos podemos encontrar argumentos que refuercen lo que deseamos creer. A gusto del consumidor. Y hasta magos que combinan el zodiaco con los presagios económicos. La información de «las cosas de comer» -y nunca mejor dicho- convertida también en espectáculo.

Y ahora tres reflexiones de enorme altura que he guardado últimamente:

“Los hombres son tan simples y unidos a la necesidad, que siempre el que quiera engañar encontrará a quien le permita ser engañado”. Maquiavelo

“Mucha gente preferiría morir antes que pensar, de hecho lo hacen”. Bertrand Russel.

“Quienes pueden hacer que creas en absurdos pueden hacer que cometas atrocidades”. Voltaire.

Llueve ¿tendré que coger paraguas? Voy a ver si en alguna radio, tele o periódico me cuentan qué se hace en estos casos. Porque además de mojarme, puedo quedarme esta noche castigada sin ver «Lost» y mañana «Mujeres desesperadas» que lo lamentaría más.

Testigo de la idílica Transición.

 Pocas cosas resisten menos el analísis maniqueísta del blanco o negro que la Transición española. Fue, desde luego, una época de cambios drásticos. Hubo que reedificar el Estado de Derecho desde los cimientos. Restablecer todos los derechos civiles: libertad de expresión, de reunión, de asociación. Legalizados los partidos políticos y sindicatos, se precisaba hacer andar –sin experiencia- a un parlamento elegido por los ciudadanos, dotarse de las leyes que rigen en los países democráticos, y elaborar una Constitución, lo que se hizo en tiempo record y con consenso. Todos colaboraron en mayor o medida, pero Adolfo Suárez fue el artífice de la Transición (a instancias del Rey, ciertamente). Suárez, a quién acribillaron desde el interior de su partido quienes terminarían por engrosar el hoy Partido Popular, sufrió por parte del PSOE de Felipe González una moción de censura y tuvo que presentar otra de confianza. Hoy es un hombre perdido en la nebulosa y en la metáfora de su memoria rota. Pero aquellos primeros Parlamentos legislaron a favor de las libertades que hoy disfrutamos, como el divorcio y todas las demás normativas progresistas o habituales en los países de nuestro entorno; e incluso aprobaron una Ley de Amnistía (que hoy está en controversia por razones opuestas a las de entonces). Iniciativas todas que AP (refundado en PP) no logró tirar abajo con su exiguo 8% de votos. Menos mal que también se sentaban en los escaños otros partidos.

CRISIS ECONÓMICA :

España apenas se parece en nada a aquella en lo que caracteriza el desarrollo. Y han pasado poco más de tres décadas. Los expertos nos definían como «un país semidesarrollado y capitalista«. Un estudio de la revista de consumo “Ciudadano”, nos habla de un salario anual (en 1976) de 122.400 pesetas (menos de mil euros al año), de las cuales una familia de matrimonio y dos hijos, dedicaba 107.000 a la alimentación y 26.000 a la vivienda en sus gastos fundamentales. La mitad de los edificios no disponían de ascensor pero sí, el 40% -y cuando encontré este dato me pareció enormemente definitorio-, de portero uniformado. Empezaban a instalarse los primeros hipermercados. Dos. En Barcelona y en Zaragoza. No había tarjetas de crédito ni cajeros automáticos. El coche más popular, el SEAT 127, costaba 360.000 ptas. Seis millones de coches circulaban por las carreteras imposibles -y atravesando los cascos urbanos-, dado que la mayor parte de la red actual se construyó con fondos comunitarios (tras ingresar en la hoy UE en 1986). En el inicio del boom de la vivienda, por una buena casa se pagaban en torno a tres o cuatro millones. De pesetas. Podría decirse que las viviendas eran baratas, pero tampoco resultaban accesibles a los bajos salarios (más que ahora desde luego). Había menos de diez millones de teléfonos para 36 millones de españoles. Pero un millón de personas (de una población activa de 13 millones -hombres en su gran mayoría-) estaba en el paro y pocos cobraban subsidio. Los créditos –muy difíciles de obtener- se establecían al 25% de interés y la inflación, el alza de los precios, se situaba en el 27% que hubiera llegado al 40% si no la cortan los famosos pactos de la Moncloa. Se produce entonces una fuerte devaluación de la peseta que nos hace perder el 20% del valor de nuestro dinero. Así de idílicamente vivíamos. Y así de trágica es nuestra actual crisis económica comparada con nuestro enorme bienestar pasado.

En uno de los reportajes, José María Serrano, un didáctico catedrático de la Universidad de Zaragoza, nos contaba cosas bastante interesantes:

«En el año 77 España se encuentra atrapada entre dos grandes problemas uno es la crisis económica y energética, y el otro es la crisis política. Hasta que no se resuelve la crisis política no se puede empezar a resolver la crisis económica. Alguno recordó lo que había ocurrido en la Segunda República: que la experiencia de la democracia fue breve en parte porque coincidió con una crisis económica muy fuerte. Para remediarlo, partidos, políticos, sindicatos patronal se pusieron de acuerdo y alcanzaron un acuerdo de salvación de la democracia que fueron los pactos de la Moncloa”.

CONVULSIÓN POLÍTICA Y SOCIAL:

Suárez, gobernando siempre en minoría, se enfrentaba de continuo, a huelgas y manifestaciones (con reivindicaciones totalmente legítimas pero que poco ayudaban a un clima pacífico). En el terreno político, a fortísimas reivindicaciones nacionalistas y, sobre todo, a una cadena de atentados de todo signo –desde ETA a la ultraderecha-. Se habló de un muerto cada tres días, durante períodos concretos. Todo ello creó un gran malestar en un sector del ejército que cristalizaría en el 23F, tras alguna otra conspiración.

En 1976, las mujeres aún éramos las incapaces mentales que nos consideró el franquismo con toda aquella serie de restricciones de las que tanto se ha hablado. La mujer ha protagonizado el cambio más radical producido en España desde la llegada de la democracia. Sin gran ayuda externa. Con un Parlamento masculino, con hombres poblando todos -absolutamente todos- los centros de decisión. Sólo representábamos el 2,1% de los estudiantes de  la Universidad. En mi caso, lo simultaneaba ya con el trabajo. Ejercer el periodismo entonces fue la más apasionante aventura que pueda vivirse. Todo era nuevo, todo por construir… y derribar. Y no era fácil. Nada, en una sociedad educada en el inmovilismo visceral.

HOY:

Leo con enorme hastío que no habrá pacto político porque, por ejemplo, Cospedal dice que sería “traicionar al Estado”. También que Rajoy “perdona a Camps y le permite volver a ser candidato en 2011” en Valencia. Y, por vergüenza ajena, apenas escucho el insolvente discurso de Leire Pajín. Veo al gremio del cine repartirse premios, filias y fobias, -encandilando al público-, en esa mediocridad que nos caracteriza, de la que, sin embargo, emergen -también como peculiaridad española- individualidades tan brillantes que casi justifican la existencia del resto.

Tenemos los políticos que nos merecemos, decía el otro día, y, sí, los periodistas, la justicia –no en ese punto deberíamos ser absolutamente radicales en nuestra exigencia-, los cineastas, la sociedad, que nos hemos labrado.

Hubo otra forma de hacerlo. La Transición, pintada en claroscuros, no debió dejar sedimentos franquistas y remansos de caspa.  Precisamente porque impiden el progreso real, son la rémora. Solo sé que los jóvenes que vivimos aquella época, teníamos otro espíritu, nos sentíamos actores y adultos, no pasivos espectadores infantilizados. Y sigo pensando que nada hay que se resista a ese empuje. Nosotros seguimos aquí. El rock nos hizo inmortales.

Los políticos que nos merecemos

Dos tercios de los ciudadanos desconfían tanto de Zapatero como de Mariano Rajoy. Es la primera vez en la historia de nuestra joven democracia que el retroceso de la popularidad de un presidente de Gobierno, no catapulta a su opositor. Nunca ha habido mayor desencanto de la ciudadanía por la política. Estas ideas fueron algunas de las expresadas por expertos, anoche,  en Hoy, el programa de Iñaki Gabilondo en CNN+, un espacio tan poco masivo y promocionado que hoy ya no es posible encontrar, por ejemplo, los nombres de los sociólogos que participaron. Y es el mejor Gabilondo, el del análisis sosegado, el de la búsqueda de las causas que desencadenan noticias. Necesitamos, imperiosamente además, foros públicos con esa filosofía. Jornadas en las que –en lugar de contar “Los retos del parlamento europeo”, pongamos por caso- se hable sin prisas de todos nuestros porqués.

A Fernando Vallespín, catedrático de ciencia política, sí le conozco –no personalmente-. También estaba allí. Él, los sociólogos, y las preguntas perfectas de Iñaki, ofrecieron un diagnóstico certero. Veamos. A Zapatero la ciudadanía le reprocha sobre todo su ingenuidad, ése que llaman optimismo antropológico, que le hace quitar importancia al más terrible temporal, dejando a la sociedad a la intemperie, porque le ha disuadido de coger chubasquero y paragüas. A la gente le enfada su irrealidad. Y también creen que no tiene un plan trazado, que improvisa. En ese punto, lo mismo que Rajoy, los ciudadanos piensan que carece de ideas claras, y le reprochan sobre todo su negatividad. Que se opone sistemáticamente a todo lo que hace y propone el gobierno, y sin dar soluciones alternativas que despierten esperanzas. La crispación política es lo que ha hundido definitivamente la confianza de los ciudadanos en sus políticos.

Comentaban los expertos que en otras democracias más consolidadas, los debates parlamentarios tienen mucha más altura y elegancia. “En el británico, pueden hasta soltar carcajadas ante la intervención del contrario, pero no hay mala fe, saña, deseo de aniquilar, y eso la sociedad lo percibe”, vino a decir Vallespín, según recuerdo más o menos textualmente. Pero todos convinieron que más arriba de los Pirineos, los ciudadanos también son mucho más civilizados, más participativos en la obtención del bien común. En definitiva, que en el país de la saga «belenestebanjaneiroanarosaquintanaydemás», tenemos los políticos que nos merecemos. Es un círculo que se retroalimenta, pero por alguna parte habrá que enderezarlo. La desafección a la política, el divorcio entre dirigentes y sociedad, resta.

Uno de los intelectuales que más admiro –de los pocos, realmente- es Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, ex UCD. Precisamente este jueves publicó una tribuna en El País, con ese espíritu constructivo a envidiar. Todos, pero mucho más los españoles, tenemos pendientes pasar “De súbditos a ciudadanos, la gran transición”. Entresaco algunas de sus espléndias ideas y propuestas:

“La solución a los gravísimos desafíos que enfrentamos es más democracia, mejor democracia. Y ello exige participación activa y conocimiento profundo de la realidad, que se dan especialmente en los «educados», es decir, los que actúan en virtud de sus propias reflexiones y nunca al dictado de nadie”.

(…)

“El artículo primero de la Constitución de la UNESCO establece que el resultado del proceso educativo deben ser personas «libres y responsables». Educación para todos a lo largo de toda la vida. Para todos, no para unos cuantos. Y todos es muy peligroso, porque los educados no permanecerán impasibles, resignados, sometidos. No serán espectadores, sino actores. No receptores adormecidos, distraídos, atemorizados, sino emisores. No permanecerán silenciosos ni silenciados. Expresarán, con firmeza y perseverancia pero pacíficamente, sus puntos de vista.

Con ciudadanos educados ya no habrá dogmatismo, extremismo, fanatismo, ya nada será «indiscutible» ni se obedecerá de forma inexorable. La educación vence la apatía, induce a la acción.

Sí, la educación es la solución. No hay democracia genuina si no se participa, si los gobernantes y parlamentarios no son, de verdad, la «voz del pueblo». Educación, pues, para la ciudadanía mundial, teniendo siempre presente el artículo 21/3 de la Declaración Universal: «La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público».

(…)

“La historia de la humanidad va unida al temor: temor al poder, temor a los dioses, en lugar de amor. Es preciso vencer al miedo con la palabra.

Es esencial «escuchar» el mundo. Observarlo, que es mucho más que verlo y que mirarlo. Tener esta visión planetaria, esta consciencia del conjunto de la humanidad, que es lo que nos permitirá reaccionar sin esperar a tsunamis que nos emocionen, que nos pongan en marcha”.

(…)

“¿Y la gente? ¿Cuándo se «rescatará» a la gente? Es indispensable un multilateralismo eficiente, con instituciones internacionales dotadas de los medios de toda índole que requieren para el ejercicio de su misión”.

(…)

“Y la transición de una economía especulativa, virtual y de guerra (3.000 millones al día en gastos militares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas) a una economía de desarrollo sostenible global, que amplíe progresivamente el número de personas que pueden acceder a los servicios y bienes”.

Federico Mayor Zaragoza, que tiene 76 años, es otro de los lúcidos ancianos con visión de futuro, y partidario de no cercenar libertades. Las circunstancias han cambiado: los ciudadanos tenemos Internet.

“Los poderosos, que han ahuyentado desde siempre a los ciudadanos que, con mayor atrevimiento, ocupaban el estrado, no contaban con la «revolución virtual». La capacidad de participación no presencial (por telefonía móvil. SMS, Internet…) modificará los actuales procedimientos de consulta y elecciones. En síntesis, la democracia”.

Pues eso, cambiemos nosotros para que cambien ellos. Ayudémosles impidiendo que prolonguen el tiempo de la espera hacia una sociedad mundial educada -por todos los medios a su alcance-. Hoy el consejo de ministros debate cortar las alas a Internet. Los autores y firmantes del #manifiesto estamos inquietos por ello y así lo expresan algunos en sus webs y blogs. Acabo de darme cuenta de que – con la ayuda de las valiosas reflexiones que enlazo en el texto- ésta podría ser mi contribución a señalarles a los políticos que están -en numerosos aspectos esenciales para la sociedad- en el camino equivocado.

«Escribo sobre un naufragio / … sobre lo que hemos destruido /ante todo en nosotros… Pero escribo también desde la vida… / de un tiempo venidero».

José Ángel Valente en

Sobre el tiempo presente.

¿Puede un periódico dictar la política económica de un país extranjero?

A tenor de la visita de la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, al Financial Times, sí. Y era realista. Este prestigioso diario crea opinión en “los mercados”, es decir, en quienes dirigen el mundo y pueden hundir o salvar un país.

El editorial de hoy del Financial Times, tras la visita de Salgado, parece que nos da un margen de confianza. Lo titula: “Déficit de molinos de viento”. En él, aseguran que “España es muy diferente de Grecia” y la situación española se parecería más a la del Reino Unido. “Ambos países entraron en la crisis con una deuda pública que ronda el 40 por ciento del PIB. De hecho España estaba mejor preparada: su gobierno había acumulado sabiamente un superávit durante el auge de los bancos y mantenía una base mucho más sólida”, escribe.

Diagnostica lo que ya sabemos: “El fuerte crecimiento de España, impulsado por un enorme auge inmobiliario, no era sostenible y se ha ido para siempre” o “la pérdida de puestos de trabajo es terrible: el desempleo es ahora 19,5 por ciento. El gasto deficitario rara vez se justifica más que ahora”.

Entienden que el plan del gobierno es serio. Pero se hace dos preguntas:

“¿Son realistas los durísimos recortes? El Gobierno puede tener la autoridad legal para imponer la mayoría de ellos (incluso en las regiones recalcitrantes), pero lo que importa es si tiene el estómago para una lucha política inevitable”.

La segunda pregunta –o aseveración- vendría a ser que si rebaja el gasto, pone en peligro las previsiones de crecimiento.

Y aquí vienen los consejos:

“Sra. Salgado, los planes a mediano plazo requieren medidas drásticas de inmediato”. “Lo que España debe lograr es crecimiento – sostenible. Para ello, el subempleo crónico en la rigidez de los mercados de trabajo es un problema mayor que los déficits altos”.

Recetas liberales, como se ve. Aunque, al mismo tiempo, se refiere a las “regiones recalcitrantes” como problema. en donde, las más endeudas, no están nada lejos de política liberal, si es que alguna se escapa de ella.

A quien quiera ir más allá de la traducción (en la que he hecho lo que he podido), le aconsejo buscar, en Financial Times, «Deficit windmills». Tiene copyright y prefiero no enlazarlo.

¡Aquí estamos!

Entre sueño y vigilia he escuchado esta mañana al despertarme al ministro de educación Ángel Gabilondo decir que pedirá dinero para el pacto sobre la educación y que, si la política falla, acudirá a la sociedad para exija a todos los implicados en el acuerdo que cumplan con su trabajo. Una actitud positiva, con el realismo de la utopía –que lo tiene si uno se empeña-, que se abría paso entre tanta hecatombe. He buscado sus declaraciones exactas pero no las encuentro en ningún periódico. Nadie considera reseñable, al parecer, ese propósito.

Nuestro debate de estos días sobre “el sistema” (la entrada anterior y, sobre todo, sus comentarios) ofrece una altura intelectual y de actitud que merecería mayores audiencias. Uno de los errores de esta sociedad apresurada, que engulle mensajes en diminutas píldoras, es que apenas se dan foros para ahondar en el pensamiento crítico mediante el intercambio de ideas. Ocurre, sin embargo, en algunos rincones de Internet. Y con libre acceso para quien quiera verlo.

Lo cierto es que la política parece ir por un lado y la sociedad por otro. Y resulta alentador saber que un ministro lo sabe. Y que buscará espitas a su impotencia apoyándose en los ciudadanos, si las vías que serían lógicas fallan.

El Ibex sigue en caída a esta hora. Los “mercados” –otro oscuro ente que, con “el sistema” nos domina- se asustan ante la ola de descrédito. Porque hay razones objetivas para preocuparse por nuestra economía –no de hoy, desde hace mucho tiempo, desde su gestación errónea al salir de la nada del subdesarrollo, y en todos los pasos dados-, pero ahora está de moda hundirnos. Muchos españoles se apuntan a la tarea, incluso desde atalayas de gran decisión. Caso del Aznar influyente en medios ultraconservadores. O del comisario socialista Almunia, afecto al síndrome de Bruselas.

En Internet precisamente podemos encontrar este análisis centrando el problema de Ignacio Escolar (que comparto) “Han olido sangre”. Un par de ideas:

“A diferencia de otras timbas, casinos y bingos, los mercados financieros tienen una peculiaridad: que los jugadores de chica ganan tanto o más que los que juegan a grande; que uno se puede forrar apostando a que un valor, un bono, una moneda… un país entero se despeñará”.

(…)”España es hoy ese ratón con el que juguetean los grandes gatos especuladores. Por medio de complejas herramientas financieras, como los credit default swaps, los señores del dinero están apostando a que la deuda pública española –y por ende, toda nuestra economía– irán a peor. Como toda puja respalda por ingentes cantidades de dinero, su profecía se está convirtiendo en realidad. La fiebre ha llegado también a la bolsa, a pesar de que la comparación con Grecia es injusta. La deuda española (55% del PIB) es menos de la mitad de la griega (115%). A medio plazo, es probable que el problema español desaparezca en cuanto los grandes gatos encuentren otra presa mejor a la que lanzar sus zarpazos, pero sus arañazos nos van a salir carísimos. ¿Refundar el capitalismo? Pues toma dos tazas”.

Este es un país en el que “El juez Varela recaba el respaldo del Supremo para liquidar a Garzón” y el Supremo se lo da (para perplejidad del mundo entero). Y todo por tratar de enjuiciar al franquismo. Y el instructor anticipa que «le llevará a juicio para inhabilitarle hasta 20 años». Un país en el que un economista al volante de un taxi asegura que el nexo de unión de entre España, Portugal y Grecia es que tienen gobiernos socialistas (en el caso de Grecia desde hace muy poco) pero no ve relación entre otra coincidencia: los tres países soportaron prolongadas dictaduras fascistas. Ni distingue tampoco entre el potencial y realizaciones de los tres países del Sur con tal de reforzar su ideología. También es la España donde una chica lista (sabe venderse) asegura sin rubor: «A Lisbeth Salander la creé yo antes que Larsson». O la que refleja que todos los audios de la SER más escuchados son de deportes. O en la que la política más valorada por los ciudadanos es hoy Rosa Díez.

País de “hijoputas” impunes (y discernamos quienes realmente lo son). Pero con un creciente número de ciudadanos que apuesta por pensar, que aporta soluciones positivas o que, con gran criterio, señala nuestros errores.

¡Aquí estamos! Tomo unas ideas del último –hasta ahora- comentario a la entrada anterior. De Trancos. Por ser el último, podría haber elegido cualquiera, todos son igual de útiles: «¿Hacia dónde vamos? No lo sé. A algún autor (Umberto Eco, creo) he leído que afirma que hacia un neofeudalismo: habrá que irse buscando un señor (un carter, una mafia, una pandilla, una secta, una religión…) a quien jurar fidelidad a cambio de la seguridad y el amparo que dejen de prestarnos los Estados” (…) Tétrico panorama que cambia en la conclusión: “Las cosas sólo cambiaran cuando sólo tengamos miedo al miedo”

E

¿Nadie se cuestiona «El sistema»?

Eneko en "20 minutos"

A la vista de las portadas, editoriales y debates de hoy, ha llegado el Apocalipsis. No es para menos: más de cuatro millones de parados, se miren en el cómputo que se miren. Especialmente significativa es “La España insostenible” con la que titula a toda página El Mundo. Ahí se dice bien claro –entre todas las alarmantes cifras económicas-: “Ya sólo hay 17,5 millones de cotizantes, los mismos que hace 5 años”. Es decir, que Zapatero ha visto comerse todo el empleo que se creó en su mandato, para volver exactamente  adonde empezó, adonde dejó la ocupación el PP -caso de ser los gobiernos y no los empresarios quienes en el libre mercado facilitan trabajo-.

La dramatización de la realidad con la que El Mundo trata este dato no puede ocultar sin embargo los palos de ciego dados últimamente por nuestro gobierno. Herido y acosado, se dispone a plegarse a las exigencias del “mercado”, de “el sistema”: no sólo disminuir las pensiones, sino afrontar la eufemísticamente llamada “reforma laboral”, para adaptarse a lo que le pide el capitalismo.

El FMI –ése sólido pilar democrático que ha hundido con sus consejos ultraliberales las economías más pobres- afirma que España habrá de bajar sus salarios. Ayer, en “La ventana” de la SER –no sé en Intereconomía porque ni la veo ni la escucho- dos expertos economistas, se preguntaban, muy sueltos, y sin atisbos de duda o réplica, que ¿hasta cuánto? “Los trabajadores marroquíes siempre serán más baratos que los españoles”. Pues ni les cuento en China, Taiwan o Corea, que puedes tenerlos en el tajo 12 horas por 50 euros y 6 días semanales. Argumentan como explicación la baja productividad española que –además de no ser tan flagrante como dicen- parece ser no compete en absoluto a quienes organizan y dirigen las empresas, sino a que los españoles de  a pie somos muy vagos.  Esos empresarios honestos y preparados que tienen a Díaz Ferrán como presidente, son modélicos.

  Otro organismo internacional, de profundo contenido social, la OCDE, aplaude la idea de prolongar la edad de jubilación, y va más allá: debemos hacernos seguros PRIVADOS de pensiones.

¿Estamos hablando del mismo país, España, donde las grandes fortunas españolas han ganado en 2009 un 27% más que el año anterior (6.800 millones de euros en 12 meses y parece que no son más de 300)? ¿El mismo donde el conjunto de empresas que cotizan en el IBEX lideraron las ganancias de Europa con un 30% de subida? ¿Aquél en el que las SICAV cotizan un 1% de impuestos? ¿El que también lidera la economía sumergida europea? ¿El de la corrupción endémica? Todo ello es intocable, e incuestionable, e innombrable, el problema son los trabajadores peor pagados de la antigua Europa y Zapatero.

¿Nadie se cuestiona el sistema? El que rige en el mundo, el de los 4.000 millones de personas –la mayoría de la población- que se mueren de hambre, y para los que no parece existir la libertad que esgrime el capitalismo para existir. El que inyecta dinero a los bancos para que todo siga igual. El que pide a un presidente noqueado que haga pagar el coste de la crisis a los trabajadores, a la población en general, como hacen todos los demás países. Para que todo siga igual. ¿Hasta cuándo? El sistema no puede ser más egoísta, injusto y desequilibrado, pero giramos en una rueda de molino en la que ya solo vemos las hojas del rábano. Tranquilos, que hay más, a partir de ya vamos a tener fútbol todos los días, sí, de lunes a domingo. ¿Qué mal, que paro, se resiste a un gol de Cristiano Ronaldo, el bien pagado?

Manel Fontdevila, en Público

  Por cierto, hace 2 meses me hice la misma pregunta y, lejos de mejorar la perspectiva, ha empeorado.

Actualización 4/3/2010

El Banco de Santander ha obtenido en 2009 «los mejores resultados de su historia«. Casi 9.000 millones de euros e importantes cifras de conjunto.