La infantilización de la sociedad

 

Esta mañana, me ha despertado con sobresalto, el susto, casi la indignación, con la que han acogido en la radio, este artículo publicado en El País. Dice en él, Santiago Niño, a la sazón catedrático de estructura económica, que “lo ocurrido desde 2008, en España y a escala mundial, es sólo la antesala de la crisis sistémica que estallará a partir del próximo verano. El crédito se restringirá, el consumo disminuirá y el paro subirá”. “¡Dios mío, qué catastrofismo!”, apuntaba una periodista. “Lo habrá leído en los pozos del café”, decía otro economista, como el autor del artículo. No le faltaba razón a este último, dado que  -según me avisa un comentarios del blog- Niño Becerra se dedica también a la patraña de la astrología, y concretamente impartió hace poco una conferencia sobre el erudito tema de “LAS GRANDES CRISIS SOCIOECONÓMICAS EN LA ERA DE PISCIS”. Con ello enriquece, sin duda, el carácter adivinatorio de la economía. No sé si los políticos tienen autoridad moral para hacernos pagar el coste de la crisis, pero los economistas –como gremio- se han cubierto de gloria en todo este período. Es difícil discernir quién de todos ellos acierta en su diagnóstico y pronósticos, si es que hay alguno. Y eso que tengo la sensación de que cuentan con bastantes datos para trabajar con rigor. Los ciudadanos informados los tenemos. Claro, que no somos expertos, que es un grave impedimento. Ellos sí.

No me propongo hablar de economía. Me alarma cada vez más la infantilización de la sociedad, incluso de algunos que crean opinión informando. Parece mentira que conociendo a diario una serie de signos, los olviden de una vez para otra, no los recuerden y relacionen. Y en eso igual que los políticos. Y hasta los economistas. No digamos ya el ciudadano medio. Ya hemos hablado otras veces de la estupefacción que produce que nos aconsejen en invierno cómo protegernos del frío, y en verano del calor. Menos mal que se han lanzado a tan loable iniciativa, porque, hasta ese venturoso día, veíamos a la gente muerta de congelación en la calle, y fritos y deshidratados en verano. Se diezmó de tal manera la población que había que tomar medidas. Dedicar estudios y seminarios a analizar el comportamiento de perros y gatos, hasta de los lagartos, para ver cómo lograban sobrevivir a las inclemencias del tiempo.

Laura hace un par de meses nos recomendó en un comentario “La escuela de la ignorancia” de Jean Claude Michéa, un profesor de Montpellier. Aunque creo que el autor no remata y demuestra por completo, esboza a la perfección lo que hemos intuido: que todo responde a un plan diseñado. Podría ser otra teoría indemostrada, pero, desde luego, parece estar en lo cierto. Algunas ideas: De esa estrategia forma parte la búsqueda del adocenamiento paulatino y metódico de la población. Un entretenimiento zafio, basado en la satisfacción instantánea y el espectáculo, que busca acabar con la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía. Y para redondear el trabajo, se reforman los sistemas educativos en el sentido de que refuercen este cóctel letal. Y se consigue una enseñanza espectáculo que, rompiendo con los valores cívicos, enaltece los valores creados por el capitalismo (el triunfo, el dinero, el egoísmo). De tal modo que la mayoría de una sociedad condenada por el sistema al paro, a una educación precaria, a una sanidad cada vez al alcance de menos, amenazada con una vejez de indigencia sin pensiones, viva feliz y despreocupada.

Por favor, que no nos incomoden, que venga el lobo y nos coma pero sin asustarnos. De hecho es que no hay lobos, yo “creo” que no hay lobos. En el mundo de la equidistancia todos podemos encontrar argumentos que refuercen lo que deseamos creer. A gusto del consumidor. Y hasta magos que combinan el zodiaco con los presagios económicos. La información de “las cosas de comer” -y nunca mejor dicho- convertida también en espectáculo.

Y ahora tres reflexiones de enorme altura que he guardado últimamente:

“Los hombres son tan simples y unidos a la necesidad, que siempre el que quiera engañar encontrará a quien le permita ser engañado”. Maquiavelo

“Mucha gente preferiría morir antes que pensar, de hecho lo hacen”. Bertrand Russel.

“Quienes pueden hacer que creas en absurdos pueden hacer que cometas atrocidades”. Voltaire.

Llueve ¿tendré que coger paraguas? Voy a ver si en alguna radio, tele o periódico me cuentan qué se hace en estos casos. Porque además de mojarme, puedo quedarme esta noche castigada sin ver “Lost” y mañana “Mujeres desesperadas” que lo lamentaría más.

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