Testigo de la idílica Transición.

 Pocas cosas resisten menos el analísis maniqueísta del blanco o negro que la Transición española. Fue, desde luego, una época de cambios drásticos. Hubo que reedificar el Estado de Derecho desde los cimientos. Restablecer todos los derechos civiles: libertad de expresión, de reunión, de asociación. Legalizados los partidos políticos y sindicatos, se precisaba hacer andar –sin experiencia- a un parlamento elegido por los ciudadanos, dotarse de las leyes que rigen en los países democráticos, y elaborar una Constitución, lo que se hizo en tiempo record y con consenso. Todos colaboraron en mayor o medida, pero Adolfo Suárez fue el artífice de la Transición (a instancias del Rey, ciertamente). Suárez, a quién acribillaron desde el interior de su partido quienes terminarían por engrosar el hoy Partido Popular, sufrió por parte del PSOE de Felipe González una moción de censura y tuvo que presentar otra de confianza. Hoy es un hombre perdido en la nebulosa y en la metáfora de su memoria rota. Pero aquellos primeros Parlamentos legislaron a favor de las libertades que hoy disfrutamos, como el divorcio y todas las demás normativas progresistas o habituales en los países de nuestro entorno; e incluso aprobaron una Ley de Amnistía (que hoy está en controversia por razones opuestas a las de entonces). Iniciativas todas que AP (refundado en PP) no logró tirar abajo con su exiguo 8% de votos. Menos mal que también se sentaban en los escaños otros partidos.

CRISIS ECONÓMICA :

España apenas se parece en nada a aquella en lo que caracteriza el desarrollo. Y han pasado poco más de tres décadas. Los expertos nos definían como “un país semidesarrollado y capitalista“. Un estudio de la revista de consumo “Ciudadano”, nos habla de un salario anual (en 1976) de 122.400 pesetas (menos de mil euros al año), de las cuales una familia de matrimonio y dos hijos, dedicaba 107.000 a la alimentación y 26.000 a la vivienda en sus gastos fundamentales. La mitad de los edificios no disponían de ascensor pero sí, el 40% -y cuando encontré este dato me pareció enormemente definitorio-, de portero uniformado. Empezaban a instalarse los primeros hipermercados. Dos. En Barcelona y en Zaragoza. No había tarjetas de crédito ni cajeros automáticos. El coche más popular, el SEAT 127, costaba 360.000 ptas. Seis millones de coches circulaban por las carreteras imposibles -y atravesando los cascos urbanos-, dado que la mayor parte de la red actual se construyó con fondos comunitarios (tras ingresar en la hoy UE en 1986). En el inicio del boom de la vivienda, por una buena casa se pagaban en torno a tres o cuatro millones. De pesetas. Podría decirse que las viviendas eran baratas, pero tampoco resultaban accesibles a los bajos salarios (más que ahora desde luego). Había menos de diez millones de teléfonos para 36 millones de españoles. Pero un millón de personas (de una población activa de 13 millones -hombres en su gran mayoría-) estaba en el paro y pocos cobraban subsidio. Los créditos –muy difíciles de obtener- se establecían al 25% de interés y la inflación, el alza de los precios, se situaba en el 27% que hubiera llegado al 40% si no la cortan los famosos pactos de la Moncloa. Se produce entonces una fuerte devaluación de la peseta que nos hace perder el 20% del valor de nuestro dinero. Así de idílicamente vivíamos. Y así de trágica es nuestra actual crisis económica comparada con nuestro enorme bienestar pasado.

En uno de los reportajes, José María Serrano, un didáctico catedrático de la Universidad de Zaragoza, nos contaba cosas bastante interesantes:

“En el año 77 España se encuentra atrapada entre dos grandes problemas uno es la crisis económica y energética, y el otro es la crisis política. Hasta que no se resuelve la crisis política no se puede empezar a resolver la crisis económica. Alguno recordó lo que había ocurrido en la Segunda República: que la experiencia de la democracia fue breve en parte porque coincidió con una crisis económica muy fuerte. Para remediarlo, partidos, políticos, sindicatos patronal se pusieron de acuerdo y alcanzaron un acuerdo de salvación de la democracia que fueron los pactos de la Moncloa”.

CONVULSIÓN POLÍTICA Y SOCIAL:

Suárez, gobernando siempre en minoría, se enfrentaba de continuo, a huelgas y manifestaciones (con reivindicaciones totalmente legítimas pero que poco ayudaban a un clima pacífico). En el terreno político, a fortísimas reivindicaciones nacionalistas y, sobre todo, a una cadena de atentados de todo signo –desde ETA a la ultraderecha-. Se habló de un muerto cada tres días, durante períodos concretos. Todo ello creó un gran malestar en un sector del ejército que cristalizaría en el 23F, tras alguna otra conspiración.

En 1976, las mujeres aún éramos las incapaces mentales que nos consideró el franquismo con toda aquella serie de restricciones de las que tanto se ha hablado. La mujer ha protagonizado el cambio más radical producido en España desde la llegada de la democracia. Sin gran ayuda externa. Con un Parlamento masculino, con hombres poblando todos -absolutamente todos- los centros de decisión. Sólo representábamos el 2,1% de los estudiantes de  la Universidad. En mi caso, lo simultaneaba ya con el trabajo. Ejercer el periodismo entonces fue la más apasionante aventura que pueda vivirse. Todo era nuevo, todo por construir… y derribar. Y no era fácil. Nada, en una sociedad educada en el inmovilismo visceral.

HOY:

Leo con enorme hastío que no habrá pacto político porque, por ejemplo, Cospedal dice que sería “traicionar al Estado”. También que Rajoy “perdona a Camps y le permite volver a ser candidato en 2011” en Valencia. Y, por vergüenza ajena, apenas escucho el insolvente discurso de Leire Pajín. Veo al gremio del cine repartirse premios, filias y fobias, -encandilando al público-, en esa mediocridad que nos caracteriza, de la que, sin embargo, emergen -también como peculiaridad española- individualidades tan brillantes que casi justifican la existencia del resto.

Tenemos los políticos que nos merecemos, decía el otro día, y, sí, los periodistas, la justicia –no en ese punto deberíamos ser absolutamente radicales en nuestra exigencia-, los cineastas, la sociedad, que nos hemos labrado.

Hubo otra forma de hacerlo. La Transición, pintada en claroscuros, no debió dejar sedimentos franquistas y remansos de caspa.  Precisamente porque impiden el progreso real, son la rémora. Solo sé que los jóvenes que vivimos aquella época, teníamos otro espíritu, nos sentíamos actores y adultos, no pasivos espectadores infantilizados. Y sigo pensando que nada hay que se resista a ese empuje. Nosotros seguimos aquí. El rock nos hizo inmortales.

11 comentarios

  1. No he vivido la transición, pero creo que fue un flaco favor para la democracia; especialmente la ley de Amnistía me resulta de un cinismo vomitivo. Supongo que la historia pondrá las cosas en su sitio, pero mientras tanto, cuánta sangre derramada inútilmente.

  2. Gran texto. Yo era un crío cuando la transición pero siento esa misma frustración que exhala el post de Rosa viendo la ineptitud e insolvencia de quien nos debería liderar y de quien aspira al relevo. Mucha desazón y desencanto se respira hoy por hoy en España, al menos entre quienes no nos dejamos anestesiar por el futbol 7 días a la semana o la telebasura a todas horas.

    Hay una errata: Camps (mira que da asco este tío) se presentaría en 2011, no en 2001.

  3. rosa maría artal

     /  15 febrero 2010

    Gracias, Flashman, ya está corregido. Las prisas.

  4. Víctor

     /  15 febrero 2010

    Yo creo que existe una mitificación de la transición. Creo que fue muy positiva en muchos aspectos, seguro. En el fondo, en la calle existían ganas y necesidad de cambiar el horrible régimen. Pero no hay que olvidar que se hizo con los militares amenazando detrás y dirigida desde las embajadas de EEUU y Alemania. Todo esto llevó a la necesidad de pactar con las fuerzas económicas herederas del franquismo. No hubo más remedio. Pero han pasado más de 30 años. Debería poder revisarse cuanto hubo de traición y de abandono de ideales en esa época. Como, en cierta medida, fuimos utilizados en las movilizaciones en la calle para llegar a una socialdemocracia, que en lo económico abrazo el neoliberalismo. Basta recordar que hasta la firma del tratado de Maastricht la participación de los salarios en la renta nacional fue aumentando. Desde entonces no ha hecho sino disminuir mientras crecía el beneficio empresarial.

  5. Galgo de Casalarreina

     /  15 febrero 2010

    Yo tenía 14 años cuando murió Franco, y a mis 20 años no recordaba ya nada del franquismo.
    Fueron años duros, muy intensos, donde demostramos los españoles ser una gran nación, liderados por unos políticos de primera.
    Espero que a don Adolfo Suárez se le rinda el justo homenaje como padre de la democracia española.
    Estoy muy orgulloso de haber vivido aquel momento histórico, uno de los más importantes de toda nuestra larga historia.
    Me gustaría menos tierra quemada, menos optimismo absurdo y un gobierno de concentración nacional, que gobernase hasta que la economía crease empleo con suficiente vigor, que el PP y el PSOE se olvidasen de encuestas y de elecciones, que diesen una lección de patriotismo de verdad, otros ya lo hicieron, nosotros de jovenes también.

  6. Soto

     /  15 febrero 2010

    Hola Rosa Maria y amigos ciber-contertulios:
    En el inicio de la transició,andaba yo en los comienzos de los treinta años .
    Creo sinceramente dado e el contexto en que se vivió la Transición ,más no se pudo hacer,lo vimos muy claro con el fallido golpe de Estado del 23 de Febrero.He leido el libro “Anatomia de un Instante de Javier Cercas ,me gustó mucho,y aquello era un guigueray que no habia forma.el franquismo estaba presente y aún está en muchos “campos”…yo me pregunto …¿se podria en aquel momento presntar la Memoria Historica? ¿Lo permiteria el Ejercito?¿tenian los Gobierno de turno, el de Suarez ,Leopoldo Calvo Sotelo y Felipe Gonzalez la autonomia suficiente para aplacar al Ejercito ?,sinceramente creo que no.no cabe duda que Narcis Serra fué ” modulando” mucho la mentalidad del Ejercito,y, hoy este es otra cosa ,pero no un ejercito francés ,aleman ,ectc..creo yo. Este es el argumento que contrapongo ( en buen debate ) a Rosa Maria con respecto a lo que escribe al final del Post..(” La Transición, pintada en claroscuros, no debió dejar sedimentos franquistas y remansos de caspa. Precisamente porque impiden el progreso real, son la rémora”).claro que impide el progreso “la presencia franquista sobrevolando” el espacio social,la sociologia franquista enquistada en mucha gente ,mas de lo que nos pueda parecer.La Guerra Civil y los cuarenta años de franquismo y una sociedad bajo el manto de un pensamiento neoconsevador son una losa que exige ,en el sentido metaforico ,mucha dinamita para olvidarlo.
    Por lo que observo Camps se vuelve a presentar…¿Quiere esto decir que el Caso Gurtel no va pasar factura?…..Rosa ,estoy de acuerdo contigo ,La elitista Cospedal cabrea ,pero…pero..Leire Pajin ( con los maximos respetas personales)…produce un enrojecimiento de rostro escuharla… !que lejos está la politica de lo que debia representar!.
    Apertas agarimosas

  7. Unas observaciones complementarias: 1. Franco murió en 1975, pocos meses antes había fusilado a 4 personas. 2. La transición hubo de hacerse de acuerdo con la Ley de Reforma Política porque la gente la apoyó mayoritariamente, desoyendo la propuesta de abstención de la izquierda. 3. A la muerte de Franco, los cuarteles, comisarías, casas cuarteles y juzgados se llenaron con una copia de su testamento político. 4. El ejército, la policía, la guardia civil, los jueces eran franquistas, al servicio del franquismo. 5. Por ejemplo, los soldados de Melilla han llevado una escarapela en su brazo izquierdo hasta mucho después de aprobada la constitución que decía “La Adelantada”, haciendo referencia a su levantamiento el 17 de julio, un día antes del 18. 6. La crisis económica fué profundísima, llegándose a triplicar el precio del petróleo. 7. Entre finales del 76 y principios del 77 se produjo una gran concentración de secuestros y asesinatos, de ETA, GRAPO, extrema derecha, policía,…, incluyendo la famosa semana de enero, con el asesinato de los abogados de Atocha. 8. Ejército se mantuvo amenazador en todo momento, lo que condujo a la legalización del PCE en el sábado santo y luego a operaciones como la Galaxia o el 23F. 9. Para felicidad de la época, se contó con políticos de gran altura, como Felipe González, Santiago Carrillo, Adolfo Suárez o, de otro modo, Gutiérrez Mellado. No son todas, pero son algunas claves que explican por qué fue la transición como fué y por qué estamos donde estamos.

  8. Dependiendo de los autores, hay quienes ubican el periodo de esta Transición entre 1975 y 1978 (Constitución) y, también, quienes la enmarcan entre 1975 y 1982 (fin del último gobierno de UCD). Este detalle de las fechas es relevante por el hecho de que el segundo periodo engloba el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Golpe de estado.

    Leí el libro de Cercas “Anatomía de un Instante” y, la verdad, es que aquellos tiempos fueron (para algunos) momentos para dar muestras de valentía porque si bien el golpe estalló en esa fecha, hubo un runrún previo y muy duradero en el tiempo de fusiles y amenazas (a veces sin soterrar) de toda índole y, con frecuencia, desde la derecha gustosa de lucir el lustre del pelo de la dehesa.

    ¿Transición modélica?

    No sé; no me lo parece. La Ley de Amnistía se ha demostrado un error (del que proceden muchos de los lodos de hoy) y en cuanto a otras cuestiones está claro que el mundo gris, rancio, atávico, feo y pequeño de la segunda mitad de los 70 no se ha extinguido. Aquí sigue.

  9. Eliecer

     /  16 febrero 2010

    Me asombra la cultura democrática que tenemos los españoles, no nuestros políticos sino nosotros los ciudadanos, los responsables finales por acción u omisión del estado de las cosas. Camps, una persona inhabilitada moralmente para ejercer cualquier cargo público, es confirmado como candidato para presidencia de la comunidad valenciana, y encima ganará. Viendo como somos los españoles hoy en día, de cerriles y facciosos, uno se pregunta cómo narices se logró pilotar la transición hasta un final feliz.

  10. apajerabierta

     /  16 febrero 2010

    Cuando murio Franco yo tenía 22 años, así que fui bastante consciente de los últimos años del franquismo y de toda la transición.
    Vemos ese momento histórico (y todos en general) desde la perspectiva que dan los años, como cuando hacemos la quiniela el lunes. Si fallamos una casilla es porque nos hemos distraído.
    Personalmente estoy convencido, que dadas las circustancias del momento con lo que se sabía en ese momento y con una estructura del estado básicamente franquista, la transición se hizo de lujo. De acuerdo que ahora podemos criticar lo que se dejó de juzgar y de hacer, pero es que dicen que lo mejor, es enemigo de lo bueno y cuantos más años cumplo más creo en esta frase.
    Por otra parte, la obra cumbre de Franco, lo que perduraría después de él, la Monarquía encarnada en D. Juan Carlos, ahí esta y nadie dice nada.

  1. Testigo de la idílica Transición
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