Prejubilados con 15 años de anticipación

Hoy he conseguido no despertarme hasta pasadas las 8,30. Tiene maldita gracia que, ahora que podría dormir cuanto quisiera, suela amanecer con las gallinas, mucho más pronto que antes. He tomado un café mientras charlaba con mi hijo sobre si es más efectivo para cualquier audiencia dar pinceladas impresionistas sobre los temas o hacerles zambullirse en profundos estudios sistemáticos. Me inclino por lo primero, mientras él piensa que ambos parámetros son imprescindibles, el primero quizás como reclamo del segundo. Son las diez de la mañana y ya he ojeado –en Internet por supuesto- todos los periódicos y blogs que me interesan. El catarro –que ayer dio una tregua- se recrudece, no será día para grandes alharacas por tanto. Esfuerzos físicos, los mínimos. Pero me quedan unas 15 horas para volver a acostarme. Por fortuna, me atraen muchas actividades, sugerentes intereses, pero son muchas horas y muchos días: vivo en un fin de semana perpetuo.

Hace dos años que no trabajo, cuando lo había hecho (dejando el colegio y compaginando estudio y ejercicio laboral) desde los 13. Cada día, como todos mis excompañeros prejubilados de RTVE, encendemos velas de agradecimiento a quien nos parece porque nuestro Expediente de Regulación de Empleo nos asegura un pago digno hasta, por cierto, los 65 años. Ventaja que no posee buena parte de la población activa de España hoy en paro. 4.365.500 personas según precisamente la EPA. Nosotros somos unos privilegiados. Cierto que nuestro ERE se propuso a conciencia cortarnos las alas y cercenar nuestra libertad de expresión, pero eso solo nos preocupa a unos pocos que queremos seguir vivos y ejercer el periodismo.

Entre los emails matutinos una cadena de los afectados por el ERE aglutinados en Descartes. La RTVE que nos obligaron a dejar por ser mayores de 52 años vive jornadas de huelgas y protestas. Tampoco trabajan. Se quejan de que lo hacen las productoras. Zapatero logró la cuadratura del círculo al desmantelar la televisión pública estatal, en aras de una “pluralidad” que –por esos malditos juegos del negocio, vaya por dios- se va a resumir en que copen la televisión generalista española los dos grandes emporios privados del principio: Antena 3 y Telecinco. Las apuestas diversificadoras del Gobierno han quedado engullidas por estas dos marcas, con el beneplácito de las absorbidas… y sus consiguientes beneficios.

Mis antiguos compañeros se atribuyen o reparten culpas o halagos por lo que no hicieron o hicieron para evitar este desaguisado (el definitivo en una larga historia de despropósitos). “Envidiables luchadores de causas pérdidas” algunos, leo, siempre que nos atañan de lejos y nos juguemos poco en el envite. Gran parte de ellos me han decepcionado profundamente en su aquiscencia al robo a mano vista de la asociación europea que los propuse para llenar huecos, y por su infinita mediocridad. Quizás es que tenemos mucho tiempo libre. En el campo de batalla profesional -algunos- éramos menos mezquinos, y casi todos menos susceptibles.

El Gobierno va a prolongar la edad de jubilación hasta los 67 años. A nosotros nos han enviado a matar moscas en verano y contarlas en invierno a los 52. ¿Hay quien entienda esa incongruencia? Grandes medios informativos están siguiendo la misma política: la experiencia sobra. Cuando se trata de controlar la opinión pública para el objetivo adocenador, saber cómo se le capea por puro ejercicio prolongado del toreo mediático, resulta peligroso.

Una amiga, enfermera y de izquierdas, soñaba con dejar su duro trabajo a los 65, el horizonte se aleja dos años más. Los prejubilados habremos de batallar por esos dos años de pagos que hoy quedan en el limbo. Pero, sobre todo, se prolonga la búsqueda de un empleo (que nadie da ya a los “mayores”, por otro lado). Vergara hoy lo sintetiza a la perfección:

El 50% de la población no estará en edad de trabajar en 2049. Y por muchos coches y pisos, y camisetas, y bolsos e ipads e ipods que se inventen para vender, las grandes fortunas se logran especulando con el aire de productos financieros, sin fabricar nada. Llegará el momento en el que la mayor parte de la población esté parada y con medios económicos menguados o inexistentes. ¿Quién la mantendrá? ¿Los jóvenes mileuristas hipotecados? La medida de prolongar la edad de jubilación no parece tener otro objetivo que retrasar en dos años el pago de pensiones. Hace más de una década que se viene oyendo que “peligran”. Y observé un síntoma claro: las grandes fortunas invierten en empresas que facilitan fondos de pensiones… privados. ¿Quién comprará sin dinero? Felipe Gonzáles vaticina una nueva crisis económica mundial para dentro de 5 años.

  ¿Cómo se puede compaginar que falte empleo y se prolongue la edad de jubilación? ¿Cómo que haya que trabajar hasta los 67 mientras se manda a casa a gente con 52 e incluso menos? ¿Cómo que nos aboquen a comprar lo que no necesitamos si no van a dotarnos de medios para pagarlo?

Políticas de bombero apagafuegos. ¿Lo harán mejor esos grandes economistas como Rajoy o Montoro? ¿Quizás Aguirre, la máquina de privatizar? ¿Tal vez Rato que huyó por piernas del FMI en el umbral de la crisis que no se generó en un día y que hoy gestiona ya Cajamadrid con unos cuantos políticos de todo signo que se han repartido el cortijo?

Pues casi son las 11, una hora menos a tener que llenar. Y a lo largo del día vuestros comentarios, y el twitter. No sabéis cuánto os lo agradezco. Las palabras escritas no son nada sin lectores. A menudo me pregunto por la diferencia de estar en el paro con posibilidades laborales –aunque sean remotas- y vivir una prejubilación. Es la que media entre un futuro dudoso y uno cierto. Hay poco más allá de la vejez prematura impuesta. Dotarse de objetivos siempre, muy probablemente.

Anoté en mi último libro unas palabras que habían pasado inadvertidas (y que estos dias recordaba Isabel Blas en microsiervos): “más reformas, más cambios, no rendirse nunca”. ¿Quién las dijo? José Luís Rodríguez Zapatero, el hoy, abdicado. Siguen siendo válidas como utopía. A mí me sustentan las últimas que me dijo mi padre en su vida consciente, antes de enfilar el último viaje: “no hay que esperar, hay que insistir”. Pues ahí andamos.

Cómo escribir sobre África

 Cuando algo es bueno, es bueno. Nos lo cuenta en su blog Ander Izagirre (Donostia-San Sebastián, 1976), periodista y escritor de viajes. Y procede de un escritor keniano Binyavanga Wainaina. Así que le cedo el espacio encantada, porque me encuentro en completa sintonía con ellos.

«Nunca pongas la imagen de un africano de clase media en la portada de tu libro, ni dentro, a no ser que haya ganado un premio Nobel. Un AK-47, costillas prominentes, pechos desnudos: utiliza éstas. Si tienes que incluir a un africano, asegúrate de que consigues a uno vestido con ropas zulúes o masais.

En tu texto, trata a África como si fuera un solo país. Hace calor y es polvoriento, lleno de praderas onduladas y enormes manadas de animales junto a gentes altas, delgadas, famélicas. También puede ser caluroso y húmedo, con gente muy pequeña que come primates. No te enredes con detalles y descripciones precisas. África es grande: 54 países y 900 millones de personas que están demasiado ocupadas pasando hambre, muriendo, guerreando y emigrando para leer tu libro. (…)

Asegúrate de que muestras cómo los africanos tienen la música y el ritmo profundamente arraigados en sus almas y comen cosas que ningún otro humano come. No menciones el arroz, la ternera o el trigo; el cerebro de mono es el preferido en la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, los gusanos, las larvas y todo tipo de carne de caza. En tu texto, muestra cómo fuiste capaz de comer dicha carne sin estremecerte y, por supuesto, describe cómo aprendiste a apreciarlo, porque África te importa.

Temas tabú: escenas ordinarias de la vida cotidiana, amor entre africanos, referencia a escritores africanos o intelectuales, la mención de niños que van al colegio y no sufren virus ni ébola ni mutilación genital femenina. (…)

Entre los personajes no puede faltar la África Hambrienta, que vaga por el campo de refugiados prácticamente desnuda y espera la benevolencia de Occidente. Sus hijos tienen moscas alrededor de los ojos y tripas hinchadas. Sus pechos están planos y vacíos. Debe aparecer como una mujer completamente indefensa. No debe tener ni pasado ni historia; estas pequeñas diversiones arruinan el dramatismo del momento. Los gemidos y las quejas son buenos. Nunca debe contar nada acerca de ella misma, excepto para hablar de su (indescriptible) sufrimiento.(…)

Estos personajes deben revolotear alrededor de tu héroe principal, sirviendo para su lucimiento personal. Tu héroe puede enseñarles, bañarlos, alimentarlos; lleva a cuestas montones de niños y ha visto de cerca la Muerte. (…)

Describe en detalle los pechos desnudos (jóvenes, viejos, recientemente violados, grandes, pequeños) o genitales mutilados. O cualquier tipo de genitales. Y cadáveres. O, mejor, cadáveres desnudos. Especialmente, cadáveres desnudos pudriéndose».

Y aquí, el artículo completo, no le sobra una coma. El final es redondo.

El ombligo del mundo

Me vais a perdonar el autobombing. Microsiervos (con crítica de Isabel Blas) habla hoy de mi último libro “España, ombligo del mundo”. Será difícil encontrarlo en el vertiginoso e interesando mundo del mercado editorial, pero sí es cierto que quiero seguir manteniendo el mensaje: otro mundo es posible y nosotros podemos lograrlo.

Algunas cosas de las que dice Isabel y que agradezco:

«Al lado mismo de datos con cifras, porcentajes o precios que revelan un exhaustivo trabajo de investigación sobre la materia de que habla aparecen los comentarios, críticos e incisivos, según señala la propia sinopsis del libro, que indican una personalidad autónoma, una mente libre, una mujer que escribe lo que ve, en lo que cree y nos lo cuenta con ejemplos didácticos pero divertidos, irónicos pero rigurosos, y todo con una prosa rápida y sugerente, la que maneja una periodista que, desde hace años, siempre nos sorprendió —y muchas veces nos embelesó— con sus reportajes en Informe semanal o sus crónicas en El País durante una transición que todos vivimos con el corazón encogido por ver si era posible que apareciera en el horizonte esa «sangre» y ese «oxigeno» que Rosa María Artal dice que nos formó a través del ombligo.

Y sí que llegaron, pero no exentos de virus y bacterias, bichillos, por otra parte, que no asustan a nuestra autora. Ella misma nos da las claves del futuro al final de su libro con palabras como «reformas», «cambios», «no rendirse», «insistir». «España para empezar, el mundo para seguir andando»: una de las más bellas frases que se pueden leer».

Entre la cadena perpetua y las montañas azules

Las Montañas azules (Katoomba, Australia) Foto: JA Rodríguez

Son las montañas azules. Están en Australia. Me han llegado en un correo de mi querido amigo José Antonio Rodríguez. Lleva ya más de dos años dando su vuelta al mundo. Ahora está en las antípodas. Prometedora sugerencia para el tiempo que nos ha tocado vivir. Cadena perpetua -¿para cuando pena de muerte?-, vapuleo al inmigrante, machismo vigoroso y orgulloso de sí mismo, el involucionismo vuelve a abrirse paso en nuestra sociedad, pese a las amargas huellas que ha dejado en la historia.

 Os voy a contar una historia que la que conozco algunos detalles por encima del común de la audiencia. Año 2003. Acababa de conseguir regresar a mi adorado Informe Semanal. Me encargan hacer un reportaje sobre el asesinato de Sandra Palo, concretamente al hilo de la vista del juicio.

 Sandra tenía 22 años, y un accidente en el coche familiar le habia ocasionado pérdida de masa encefálica y una disminución de su capacidad intelectual del 53%. La mayor de 3 hermanos en una familia que habita en el barrio de Getafe (Madrid), en un quinto piso sin ascensor. Rubia, 178 de estatura. Sale a una discoteca «light» con su novio y un amigo del centro ocupacional donde trabajan. Al regresar, a las 11 de la noche, pierde el metro en la Plaza Elíptica. Preocupada de llegar tarde a casa, emprende la marcha por la carretera.

Un coche con 4 chicos, 3 de ellos menores, se cruzan en su camino. Se va a cometer uno de los crímenes más terribles de los que tengo conocimiento. Varios: violación múltiple, atropello reiterado con el coche (hasta 10 veces pasaron por encima de ella), y quemarla viva con gasolina. No cabe mayor sadismo. Ningún animal actuaría así.  El amigo discapacitado, al que han echado los agresores, llama a la madre de Sandra y le dice que «si acaso ven que no llega, hagan algo».

 En esa casa de Getafe la vida quedará truncada para siempre. Todos podemos entender la lucha de los padres, esa amargura e impotencia que va a acompañarles el resto de sus días. De todo mi desgarro por lo inevitable, me lamento sobre todo por el único que allí aún puede salvarse: el hermano pequeño obligado a vivir en el más dramático ambiente. Se corta con tijeras la amargura que flota en el aire. Con toda razón. Más no cabe.

Detenidos los ya autorers convictos, vemos que uno tiene 18 años, pero los otros no alcanzan la mayoría de edad: 17, 16 y 14 (El Rafita),en el momento de los hechos. La condena para estos últimos es la que pide el fiscal; 8 años de internamiento y otros 5 de vigilancia en los primeros. Para el más joven 4 años de internamiento y 3 de libertad vigilada. Es el máximo que permite la ley de responsabilidad jurídica del menor.

Es imprescindible saber quiénes son estos chicos. Nos dirigimos a uno de los barrios de origen y en el que operaba la llamada “banda del chupete”, a la que pertenecían los encausados. Jamás hubiera creído que existiera semejante lugar en el centro de Madrid, se encuentra cerca del estadio Vicente Calderón. Son viviendas de realojo y de protección oficial. Nos alertan de que no entremos por sus calles. Taxistas para urgencias y repartidores de tele-pizza sólo llegan hasta la entrada. Lo hacemos, a pesar de no estar en guerra alguna que nos pueda dar réditos. Más aún, mandando el PP en España, en Madrid y en TVE, no encuentro demasiadas facilidades del director del programa más que para dar más una pincelada del barrio. Estas son algunas respuestas de los vecinos. “Hay de todo lo que pasa es que no voy a hablar claro”… “Uno está metido en la tienda y no ve lo que hay”, ”yo tengo bastante con mi vida, tengo dos hijos presos en Navalcarnero por la droga, y bueno, pues gracias a dios están bien allí, los veo muy bien esperamos que quiera dios que salgan curados”, “¿los menores?, la mitad de ellos no van al colegio… No van… andan sueltos por la calle…”

La «banda del chupete» acumula 700 denuncias en el momento de asesinar a Sandra Palo. Entre los encausados por este hecho uno tiene 26 asuntos pendientes de tramitación, otro 17 y el menor de 14 años (El Rafita) ya lleva 8. Por este juicio dos han sido defendidos por abogados de oficio y a uno de ellos no le han ido a ver los padres en todo el proceso. El progenitor del tercero, apoya a su hijo, quiere que pague por lo hecho y ha contratado para él una abogada. Confesó y facilitó la detención de sus compinches. Ha sufrido amenazas.

 Emilia Zaballos, su abogada, nos dice: “el apoyo del padre lo ha tenido, pero el desarraigo es muy grande, la familia se ha desestructurado varias veces, el padre ha contraído varios matrimonios con los que ha tenido diferentes hijos… En cuanto a la educación, es un niño que carece de ella en todos los aspectos. Es deficitaria tanto en su formación a nivel educacional, a nivel de principios éticos, morales. Es un niño que bueno…su nivel de autoestima es bajísimo, es prácticamente analfabeto, es un niño que le cuesta muchísimo poder leer y escribir, es un niño que incluso los hábitos de higiene los tiene poco arraigados”.

Analizando con los expertos la Ley del Menor vemos que es similar a la que rige en Europa. El problema es que se hacen leyes pero no se les dota  del suficiente apoyo presupuestario. Lo mismo que a los centros de reinserción. El famoso Rafita estaba encausado por 8 delitos a los 14 años y, como a todos los demás, no le había ocurrido nada. No se habían tramitado. A los 14 años había experimentado que sus acciones quedaban impunes. No hay tiempo. No hay –o había- dinero. En lo tocante a la justicia poco parece haberse avanzado. El defensor del menor de la Comunidad de Madrid decía estos días que los centros funcionan mejor y logran buenos resultados en general. No lo he comprobado.

Tampoco hay medios, evidentemente, para hacer efectiva la disposición de libertad condicional vigilada. Cuesta dinero poner a alguien detrás de él, con sus turnos, para ver qué hace (no hablemos ya de recuperarle, aunque tiene ya 21 años). Es mucho más barato y efectivo, hablar y pedir la cadena perpetua. Ese vaquero del oeste que llevamos dentro se siente mucho más satisfecho descerrajando tiros en la calle solitaria.

¿Necesito preguntar todo lo que estos datos suscitan? ¿A qué nos aboca la sociedad que hemos creado o hemos dejado que nos creen?

Australia. Las antípodas. Las maravillosas montañas azules.

Respirar por las heridas del feminismo

Alertaba algún miembro de la Administración hace poco sobre un movimiento que niega la desigualdad de la mujer, citando varios ejemplos. Dentro de la involución generalizada que vive la sociedad mundial y la española en particular, parece probada la existencia de una corriente que intenta la contrarreforma machista utilizando múltiples vías. Destacar, por ejemplo, la violencia de género de mujeres contra hombres, cuando las cifras atestiguan la disparidad de porcentajes en la misma condenable actitud. Otra vía es ridiculizar jocosamente las pretensiones de igualdad. De ahí nace el neologismo “feminazis” que ha cosechado tanto éxito.

La frase con la que titulo este artículo –respirar por las heridas del feminismo- es otra de las muletillas usadas por ese sector. Malo eso de las heridas ¿no?, indica la existencia de una agresión. ¿Y quien la inflige? ¿Quién insulta y desautoriza a una mujer por opinar? En poco estiman la larga serie de atropellos sufridos por las mujeres de mucha mayor entidad y consistencia.

Lo realmente curioso es que me metan a mí en ese saco. Por ninguna razón en concreto –quizás sólo porque me gustan poco las etiquetas-, jamás me he englobado en el concepto feminismo. En nada lo desdeño. El machismo afirma la superioridad del hombre sobre la mujer, mientras el feminismo aspira a la igualdad. El machismo es agresivo y el feminismo no. Durante mucho tiempo ha sido defensivo y constructivo. Pero siempre he preferido denominarme “mujer”, que no es poco. Esta tribuna en El País, va a hacer ya 2 años, concluía con una frase de Gioconda Belli, llamando a aunar esfuerzos. Os recomiendo el poema completo: Nueva tesis feminista. Más aún, también he criticado –“Ellas según Ellos”, Espejo de Tinta, 2005- cómo muchas mujeres poderosas lo son copiando el roll masculino. Y citaba el caso de diputadas británicas que se inyectaban testosterona para ser más combativas en el Parlamento –eso afortunadamente parece que empieza a cambiar y se ven mujeres sin testículos en puestos destacados-. Mi sangre no me pide testosterona más que en el partner amoroso, me siento muy orgullosa de ser mujer.

Sobre el periodismo tengo las ideas muy claras -ojalá fuera así en todo-, le he dedicado gran parte de mi vida. No existe controversia alguna en ese punto con otro periodista con el que algunos se han empeñado en enfrentarme (de esa forma excluyente y maniqueísta tan primitiva). En una lista que fuera de los deleznables a los que valoro, no ocuparía en modo alguno un puesto destacado. Al fin y al cabo fue precursor de un tipo de periodismo que hoy hace furor y que, como todas las copias, ha degenerado en caricatura. Sí creo en cambio que la corriente neomachista lo ha tomado como uno de sus líderes. O inventó, o usa con profusión, el término “feminazi”. Y eso ya me parece suficiente para criticarle. Nazi = fascista, imperialista, totalitario, genocida.

El machismo visceral –del que participan muchas mujeres- sigue entendiendo la vida como una carrera de fuerzas físicas, de valor… de hombría. Los periodistas no somos toreros, no tenemos que acreditar -por divertir al personal- que nos jugamos la vida en cada acto profesional (aunque muchas veces lo hagamos y ni siquiera en los momentos que parecen más propicios par ello). Eso no es periodismo, sino espectáculo (ficción más que hechos). Como decía Piezas en el post anterior, «la culpa la tiene Hollywood«. Y no sólo el cine, sino la infantilización de la sociedad. Ha sido abocada a ello. Le machacan cada día para dirigirle como en “1984” de Orwell, y algunas otras obras anticipatorias. Parecería que ya no sabe protegerse del frío o del calor si en la tele no le dicen cómo. Así son manipulables, así compran más y sostienen el sistema. Pero hay que entretenerles para disipar atisbos de pensamiento crítico. Muchos insistimos, desde hace tiempo, en que el periodismo se ha vuelto espectáculo. Y precisa tiros, riesgo, niños destrozados bajo escombros, cuando, como bien decía «aparejaabierta» en el blog, miles mueren a diario de hambre sin que nadie les eche un ojo, ni una lágrima. Siempre trivialización: pensar no conviene al sistema.

    Hoy, un artículo titulado “Un mundo de mujeres” de la escritora Monika Zgustova, tras citar muchos logros en los que la mujer está superando al hombre, decía que ya no necesitamos muletas (eufemismo de apoyo, porque cojas estamos pocas). Feliz mundo en el que vive que parece ignorar los gravísimos problemas de nuestro género en el Tercer Mundo –ése que ocupa dos tercios de la Humanidad-, y aún en el desarrollado. Sobre la dignidad y derechos de las mujeres sólo escribimos, hablamos, hacemos –en porcentaje abrumador- las propias mujeres, es hora de que se apunten también los hombres. Sin efectos especiales, sin heridas de ningún tipo, en el día a día que comienza por el respeto y el conocimiento y reconocimiento de la realidad.

Reporteros de guerra, de diseño y de los otros

Jacobo G. García, enviado especial de El Mundo a Haití, plantea hoy un curioso debate de mayor trascendencia de la que parece. En un artículo titulado “Periodistas ¿o hijos de papá?” se plantea algunas de estas cuestiones: “¿Se puede llegar a un terremoto con maleta de ruedas? Sí. ¿Puede una revista que dedica su última portada a los maquillajes más sorprendentes y a las joyas que vienen para este año enviar a un periodista para la cobertura? Sí. ¿Puede llegar alguien a la zona más devastada del planeta sin agua, comida ni un teléfono en condiciones? Sí. ¿Puede la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo) llevar a más de veinte periodistas dentro de un avión de emergencias? Sí. ¿Puede un periodista ponerse a llorar cagado de miedo nada más poner un pie en Puerto Príncipe al verse rodeado de negros? Sí, y ¿puede el ministro de Exteriores buscarles casa a todos los periodistas para que trabajen con «plena seguridad» cuando sólo ayer hubo tres réplicas y ni la policía ha sido capaz hasta ahora de tomar el control de las calles? Sí, y no sólo eso si no que Juan Pablo De Laiglesia, secretario de Estado para Iberoamérica, tuvo que perder un día entero en cumplir la orden del ministro, en medio de un desastre de estas dimensiones. Y además de todo eso incluyan ustedes a una estrella de la televisión nacional convertida en la mayor mosca cojonera de cuantos han pasado por ahí”.

En efecto, no he dejado de preguntarme estos días qué diablos hacían tantos periodistas en Haití. Es algo que suele sorprenderme con frecuencia ¿de verdad hacen falta tantas versiones distintas del mismo hecho que, por cierto, terminan siendo tan sumamente parecidas? Por ejemplo, Haití no es sólo Puerto Príncipe. Me pareció encomiable por tanto ver a Antonio Parreño, de TVE, salir a informar al menos sobre un barrio del extrarradio. Esa multitud de periodistas, nos brinda sin embargo la posibilidad de hacer un ejercicio de percepción psicológica. Distinguimos entre la multitud a los carroñeros, a los serios y más discretos, e incluso a quien va allá a lucirse, haciendo una información, trivial, manipulada y errónea, pero, a ser posible, desde la retaguardia de la República Dominicana no vaya a ser que el polvo contamine el look neoyorquino. El universo de los periodistas es una fauna muy interesante de analizar.

El artículo de El Mundo que, comenzaba tan acertadamente, concluye en tópico, según mi criterio. Remite a un texto del inefable Arturo Pérez Reverte (rambito, como le llamábamos en TVE). En él se mitifica –por simular trivializarlo- el papel de un cierto periodismo que venía a ser englobado en el epígrafe “reporteros de guerra”. Osado, macho, matón, que (aparentemente), se arriesga sin motivo, desapegado de la vida por mor de la información ¿sí? Resulta curioso que Pérez Reverte vilipendiara en uno de sus libros a Ángela Rodicio –“la niña Rodicio”, la llamaba- que, sin dar un ruido mediático, se plantó en Bagdad en la primera guerra del Golfo (junto a sus compañeros tras la cámara que siempre permanecen ocultos al público). Ahí sí que se hacían necesarios… «un par de coj…»

Ni lo uno ni lo otro. Ni la maleta de Vuitton para ir a un terremoto, ni la granada en la boca… cuando está delante la cámara. Cada año mueren periodistas por informar, o son secuestrados, censurados, agredidos. Éstos son los datos de 2009, por ejemplo (Y no deberían ser gajes del oficio como afirma Pérez Reverte). Apenas habremos sabido de ellos, pero han sufrido en su integridad la mala costumbre de matar al mensajero. Y ésa es una realidad que coexiste con otras.

La de periodista -con la de profesional de la justicia- es la profesión menos valorada por los españoles. Pagamos el ser reconocidos por la baba y la mierda que flota en la superficie del saco en el que todos entramos. La audiencia considera “periodistas” a los cotillas que husmean en los fluidos vitales, y, también, a los carroñeros, a los frívolos y a los artistas circenses de la pretendida información seria. Y hay una labor mucho más fecunda de hormiga en el día a día.

Existen nuevas generaciones de periodistas en las que todavía late el espíritu de la información como servicio a la sociedad. Quizás soñaron también con ser reporteros “de guerra” (aunque ya para muchos  aspirantes el ideal sea el “periodismo” rosa, que da más dinero y notoriedad, o mejor, más notoriedad y por tanto más dinero). A muchos periodistas genuinos, la masificación y los intereses empresariales les abocan a no poder abrir la boca en las declaraciones de los políticos que no quieren contestar (mal llamadas “ruedas de prensa”), a tratar de horadar cada día un hueco en el cemento con un mensaje que cale en los destinatarios, tratando de que sean más libres.

Sí, las noticias sobre Haití han vuelto a demostrar que quizás hay demasiados periodistas, como hay demasiados comerciantes, fabricantes de coches y de ropa. En todo caso, habrá que usar periscopio para guiarse en las turbias aguas de la superabundancia indiscriminada, porque, en ese mar revuelto, sigue habiendo donde informarse.

Actualización:

 LOS ARTÍCULOS QUE NO GUSTAN AL EMBAJADOR DE ISRAEL EN ESPAÑA

    Descendiendo a la práctica. El periodismo profundo y responsable encuentra muchas trabas. Javier Valenzuela escribió, el sábado día 16, una Cuarta Página en El País -periódico en el que trabaja-, con un serio análisis que tituló «Al Qaeda domina los tiempos».  Su contenido mereció una respuesta de réplica del Embajador de Israel en España. El texto de Javier no podía ser más preciso y mesurado. Como es habitual en él, periodista comprometido, además de un ser humano generoso y solidario. El diplomático, sin embargo, le acusó de escribir cosas que no había escrito. Hizo extensiva la crítica a Sami Naïr por otro artículo que tampoco le gustó. El sí pudo responder. Javier Valenzuela no, lo prohíben las normas que rigen en su diario al respecto, salvo en su blog personal (habitualmente enlazado en el mío).

 Vaya mi apoyo a Javier y, sobre todo, la difusión de los textos a los que aludo. Con ellos sobran los comentarios.  El problema es que molestar a los poderosos, termina por crear conflictos. Así que no os extrañe que muchos periodistas opten por otros caminos, como hablábamos más arriba.

*Para noticias y comentarios cortos, visita el twitter 🙂

Hacia la «berlusconización» de España

Sigue la embestida –electoral e ideológica- contra los extranjeros pobres (es decir, lo que llaman emigrantes). Los ayuntamientos de Vic (Barcelona) o Torrejón de Ardoz (Madrid) poniendo trabas para incluir en el censo a quienes residen en sus municipios –sin papeles-, pagando un alquiler e incluso trabajando en la comunidad. Ello les impediría acceder a la sanidad y a la educación, y buscarían otros pueblos más tolerantes. El suyo quedaría “limpio”. Igual que en la desgraciada Italia de Berlusconi.

El PP quiere endurecer la ley de extranjería y que los inmigrantes firmen un “contrato de integración”, dice al calor de la polémica. CiU –otros demócratas de pro- saca a la palestra el “carné por puntos” para los emigrantes. A ver si merecen ser catalanes –incluiría el conocimiento de ese idioma- y quedarse. ¿Se lo exigen también a Ibrahimovic, Touré Yaya, Thierry Henry o Seydou Keita? Ah, no, que estos son ricos.

Bulos y bulos sobre este colectivo de unos cinco millones de personas. Son delincuentes, nos aseguran entre otras cosas. Yo no conozco ladrones más miserables que quienes nos roban nuestros impuestos para lucrarse –eso sí que nos afecta-. Y muchos de ellos ocupan portadas en los periódicos y algunos son recibidos por el Rey en los saraos. Y no creo que sean inmigrantes sin papeles los que sustraen cada año 60.000 toallas de los hoteles españoles.

O que “no caben en nuestro territorio”, como ha dicho la airada presidenta del PP catalán. Después de Francia, somos el país más extenso de la UE, pero tenemos una densidad demográfica de las más bajas, nuestra población representa el 9% de la comunidad. Parece que algo de espacio hay.

Primero vinieron a por los extranjeros pobres, y luego llegaron el fascismo, el nazismo y una guerra mundial. Pero el caso es mirar corto. Exacerbar los sentimientos egoístas y la poca formación de los ciudadanos.

A todos quienes comparten las ideas de Vic, Torrejón, el PP, CiU, algunos miembros del PSC y ERC, a todos los ciudadanos a quienes reconfortan sus iniciativas xenófobas, les quiero dedicar una canción.

Nace en la España en negro y blanco, donde los más emprendedores –por cierto, y como suele suceder- cogieron mugrientos trenes aunque sin riesgo de vida (no pateras), para emigrar en busca de un porvenir. Esta canción siempre me hizo mucha gracia. El señor de la casa quería desdentar a su señora para llevarse los dientes convertidos en rosario por no sé qué perversión sexual y, eso sí, rezar a alguna virgen. El caso es que los pobres se querían morir por abandonar España. A veces pienso qué sentirán las jóvenes extranjeras que pasean y limpian el culo a nuestros ancianos tambaleantes, o cuidan de los hijos de españoles, mientras los suyos se encuentran a miles de kilómetros. La mayoría lo primero que hacen es aprender español -de no tenerlo como lengua materna-, y muchos llegan con carrera universitaria terminada.

Porque, por cierto, pocos de aquellos españoles emigrantes aprendieron algo de su estancia en Europa. Ni sus idiomas, ni su cultura, ni su educación. Quizás no hubiera estado de más un “carné por puntos”, un “contrato de integración”, que algo hubiera ayudado a disolver la caspa patria. Pero es que el mundo acababa de padecer una atroz guerra. ¿Qué la desató? El fascismo y el nazismo.

Allá va: el emigrante, Juanito Valderrama. A escuchar en forma de cuentas de rosario, una vez tras otra.

Actualización 21/10/2010:

Ignacio Escolar saca «las cuentas del no cabemos todos«, argumento firmado por Alicia Sánchez Camacho, líder del PP en Cataluña. Y le da -pura aritmética- que los inmigrantes ilegales son «el 0,4% de toda la población. Por llevarlo a la maravillosa casa de Alicia: sería un edificio donde viven 4.000 vecinos y llega uno más».

Lo peor, la inquietante conclusión -que comparto-:

«Es cierto que en España hay un efecto llamada para los inmigrantes sin papeles. No sale de aquellas regulaciones que hizo el PSOE o el PP, sino de los empresarios que les contratan porque el trabajador que no existe en los papeles es aún más barato de explotar. Puestos a pisotearlos aún más, ¿por qué no restaurar la esclavitud? Al menos serían una propiedad privada, y hay quien trata mejor a su propiedad que a algunos seres humanos».

Alemania no baja los impuestos

Alemania rectifica: no bajará los impuestos como anunció para ganar las elecciones. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ha descartado la rebaja fiscal anunciada por el Gobierno de coalición de la canciller federal, Angela Merkel, ante los problemas para la financiación del déficit público del país a causa de la crisis económica. Un déficit del 6% por cierto, pese a su poderosa industria y lo poco que dependen del ladrillo.

Es decir, los alemanes sacaron de la coalición de gobierno a los socialdemócratas –empeñados en mantener los tributos fiscales para asegurar los derechos sociales de los que disfrutan (muchos, muchos)- para votar a los liberales que prometieron bajarlos. Ahora la CDU de Merkel dice que no están las finanzas del Estado para juegos.

¿Adónde mirará ahora el PP? Alemania no baja los impuestos. Mejor dicho, promete que lo hará para ganar las elecciones y luego no lo hace. Es un sistema. Sólo que los ciudadanos alemanes no suelen consentir que les engañen.

¿Quiere la SGAE matar la música?

Se presentó un miembro de la SGAE en una peluquería catalana y les dijo que tenían que pagar un canon por la música que sonaba en el establecimiento a través de ¡la radio! La medida es general. Se les exige pagar seis euros mensuales a los salones pequeños (de menos de 50 metros cuadrados) y doce euros a los grandes (hasta los de 100 metros cuadrados), para proteger los derechos de autor de los creadores de música españoles. Los escritores no vivimos de los libros, apenas los más grandes, muy pocos, los del «lalariro» sí.

La reacción de los peluqueros ha sido hábil y práctica. Han advertido a sus clientes :  si quiere música ¡tráigasela Vd! Así, para amenizar el peinado o llevan su mp3 o les acompaña el silencio. No nos han contado si alguien usa un tambor, castañuelas, una flauta, para avanzar improvisaciones que no suenen a nada conocido.

Mejor sería el silencio que alentar a ese privilegiado club para quien el gobierno va a poner en marcha un portal antidescargas, en el que va a invertir 1,5 millones de euros. ¿No hay mayores prioridades de gasto en nuestro país?

Hay una serie de “creadores” españoles a quienes no escucho jamás y me hacen cambiar el dial o salir del establecimiento donde suenan. Textual. Me ocurre concretamente con la reina del desafine, una que pertenecía a Presuntos Implicados y cuyo nombre no recuerdo. Pero, dadas las circunstancias, creo que puedo privarme de la media docena escasa de autores españoles a quien solía atender con gusto. Al menos, hasta que se imponga la cordura, si es que tal cosa sucede.

Me pregunto si la SGAE quiere matar la música. Si prefiere hacerse el harakiri antes que perder la oportunidad de sacar a la ciudadanía algún euro. Pero, como la música es un arte universal –que adoro por cierto-, ahí va una joya sueca que descubrí hace poco: Nils Landgren. Además de cantar -de ensueño- toca el trombón.

O el viejo Chet Baker

O esta versión de Las hojas muertas de Iggy Pop

Iggy Pop – Les Feuilles Mortes

O el tradicional Elvis

Elvis Presley – Are You Lonesome Tonight?

Y para cargar pilas Canned Heat

Canned Heat – On the Road Again

O Richard Cheese, versión irreverente de El Muro de Pink Floid

Richard Cheese – Another Brick In The Wall

Y para final, los largos caminos hasta llegar a la meta:

Joe Webster – It’s A Long Way To Tipperary , Pack Up Your Troubles , Roll Out The Barrel , The Happy Wanderer , Hey Look Me Over

Rajoy y la inteligencia por estirpe

Mariano Rajoy ha presentado su propuesta para la educación en España. Entre sus medidas –además de disolver en porciones descafeinadas la asignatura de Educación para la Ciudadanía-, está la de acortar el tiempo de la enseñanza obligatoria. A los 15 años, un niño deberá decidir si su futuro pasa por la Universidad o por los oficios que se aprenden en la Formación Profesional. La medida va dirigida sobre todo a los “rezagados” en los estudios. Éste es un país para listos. Tan listos como un registrador de la propiedad -cuyo imaginario cultural apenas sale de el Tato y de Maricastaña y que no habla ningún idioma extranjero- que puede llegar a regir los destinos de un país. Por supuesto, afectará sólo a los estudiantes mediocres sin recursos económicos, los ricos disponen de excelentes universidades norteamericanas, británicas, de cualquier lado, donde les expendan un título, cueste lo que cueste.

Verse con un pie en la Moncloa, está lanzando a Rajoy a mostrar su auténtico pensamiento. Ya nos contó hace poco su disposición a abaratar el despido. Lo que piensa el líder del PP respecto al asunto que hoy nos ocupa lo dictó por escrito hace un cuarto de siglo. Y pienso que conviene recordarlo.

Rajoy no cree que todas las personas sean iguales y tengan la misma capacidad. Para él la desigualdad es consustancial género humano. “Faro de Vigo”, 4 de Marzo de 1983”, Rajoy firma un texto titulado “Igualdad humana y modelos de sociedad”. Y dice: “Ya en épocas remotas se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre (…), era un hecho objetivo que los hijos de ‘buena estirpe’ superaban a los demás«.

Por ello, «todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de la riqueza» tienen como objetivo imponerla y son «radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre (…) y por ello, aunque se llamen modelos progresistas, constituyen un claro atentado al progreso porque contrarían y suprimen el natural instinto del hombre a desigualarse, que es lo que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos».

Un año más tarde, Rajoy comenta en el mismo periódico un libro «La envidia igualitaria», de un ilustre -e ilustrado- franquista, Gonzalo Fernández de la Mora. Y describe la desigualdad humana fundada en los genes de mayor o menos calidad: «El hombre es desigual biológicamente, nadie duda hoy que se heredan los caracteres físicos como la estatura, el color de la piel y también el cociente intelectual. La igualdad biológica no es pues posible. Pero tampoco lo es la igualdad social: no es posible la igualdad del poder político».

Rajoy traduce la desigualdad en la que cree, al descender al terreno práctico y echarse las manos a la cabeza porque la Declaración de la Renta impone baremos distintos: «¿Por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria». Es imposible, por cierto, que la cantidad percibida sea la misma. En ese caso se aplicaría el mismo porcentaje. Sospecho que los ingresos globales, los niveles de renta, sí deben ser algo distintos.

Durante siglos sólo las clases privilegiadas tuvieron acceso a la educación. Y no implicaba que fueran más listos. Poco a poco se fue consiguiendo democratizar la enseñanza para brindar oportunidades a todos. El problema es que tampoco este proyecto de Rajoy –que implica la recuperación del clasismo- afectará a sus votantes. Ellos, los españoles en general, ya se sienten superiores porque habitan una casa propiedad de un banco durante los próximos 30 años, y viajan y gastan. Los oficios son para los pobres. Aunque ganen más dinero que muchos de ellos y su labor sea esencial para la sociedad.

Un pacto por la educación es vital para la España analfabeta funcional en que la vivimos. La educación obligatoria hasta los 18. Luego continuas campañas de reciclaje de los adultos. Y como primera medida para labrar un futuro distinto: Educación para la ciudadanía obligatoria –como sucede en el resto de Europa sin problemas- extensiva a los padres que se oponen a que sus hijos la aprendan. La educación actual –y no sólo en España- asiste a una progresiva frivolización tendente a seguir infantilizando a la sociedad. Ése es el camino a abordar. No con menos años de estudio, con más.

Los artículos completos de Rajoy aquí.