Entre la cadena perpetua y las montañas azules

Las Montañas azules (Katoomba, Australia) Foto: JA Rodríguez

Son las montañas azules. Están en Australia. Me han llegado en un correo de mi querido amigo José Antonio Rodríguez. Lleva ya más de dos años dando su vuelta al mundo. Ahora está en las antípodas. Prometedora sugerencia para el tiempo que nos ha tocado vivir. Cadena perpetua -¿para cuando pena de muerte?-, vapuleo al inmigrante, machismo vigoroso y orgulloso de sí mismo, el involucionismo vuelve a abrirse paso en nuestra sociedad, pese a las amargas huellas que ha dejado en la historia.

 Os voy a contar una historia que la que conozco algunos detalles por encima del común de la audiencia. Año 2003. Acababa de conseguir regresar a mi adorado Informe Semanal. Me encargan hacer un reportaje sobre el asesinato de Sandra Palo, concretamente al hilo de la vista del juicio.

 Sandra tenía 22 años, y un accidente en el coche familiar le habia ocasionado pérdida de masa encefálica y una disminución de su capacidad intelectual del 53%. La mayor de 3 hermanos en una familia que habita en el barrio de Getafe (Madrid), en un quinto piso sin ascensor. Rubia, 178 de estatura. Sale a una discoteca “light” con su novio y un amigo del centro ocupacional donde trabajan. Al regresar, a las 11 de la noche, pierde el metro en la Plaza Elíptica. Preocupada de llegar tarde a casa, emprende la marcha por la carretera.

Un coche con 4 chicos, 3 de ellos menores, se cruzan en su camino. Se va a cometer uno de los crímenes más terribles de los que tengo conocimiento. Varios: violación múltiple, atropello reiterado con el coche (hasta 10 veces pasaron por encima de ella), y quemarla viva con gasolina. No cabe mayor sadismo. Ningún animal actuaría así.  El amigo discapacitado, al que han echado los agresores, llama a la madre de Sandra y le dice que “si acaso ven que no llega, hagan algo”.

 En esa casa de Getafe la vida quedará truncada para siempre. Todos podemos entender la lucha de los padres, esa amargura e impotencia que va a acompañarles el resto de sus días. De todo mi desgarro por lo inevitable, me lamento sobre todo por el único que allí aún puede salvarse: el hermano pequeño obligado a vivir en el más dramático ambiente. Se corta con tijeras la amargura que flota en el aire. Con toda razón. Más no cabe.

Detenidos los ya autorers convictos, vemos que uno tiene 18 años, pero los otros no alcanzan la mayoría de edad: 17, 16 y 14 (El Rafita),en el momento de los hechos. La condena para estos últimos es la que pide el fiscal; 8 años de internamiento y otros 5 de vigilancia en los primeros. Para el más joven 4 años de internamiento y 3 de libertad vigilada. Es el máximo que permite la ley de responsabilidad jurídica del menor.

Es imprescindible saber quiénes son estos chicos. Nos dirigimos a uno de los barrios de origen y en el que operaba la llamada “banda del chupete”, a la que pertenecían los encausados. Jamás hubiera creído que existiera semejante lugar en el centro de Madrid, se encuentra cerca del estadio Vicente Calderón. Son viviendas de realojo y de protección oficial. Nos alertan de que no entremos por sus calles. Taxistas para urgencias y repartidores de tele-pizza sólo llegan hasta la entrada. Lo hacemos, a pesar de no estar en guerra alguna que nos pueda dar réditos. Más aún, mandando el PP en España, en Madrid y en TVE, no encuentro demasiadas facilidades del director del programa más que para dar más una pincelada del barrio. Estas son algunas respuestas de los vecinos. “Hay de todo lo que pasa es que no voy a hablar claro”… “Uno está metido en la tienda y no ve lo que hay”, ”yo tengo bastante con mi vida, tengo dos hijos presos en Navalcarnero por la droga, y bueno, pues gracias a dios están bien allí, los veo muy bien esperamos que quiera dios que salgan curados”, “¿los menores?, la mitad de ellos no van al colegio… No van… andan sueltos por la calle…”

La “banda del chupete” acumula 700 denuncias en el momento de asesinar a Sandra Palo. Entre los encausados por este hecho uno tiene 26 asuntos pendientes de tramitación, otro 17 y el menor de 14 años (El Rafita) ya lleva 8. Por este juicio dos han sido defendidos por abogados de oficio y a uno de ellos no le han ido a ver los padres en todo el proceso. El progenitor del tercero, apoya a su hijo, quiere que pague por lo hecho y ha contratado para él una abogada. Confesó y facilitó la detención de sus compinches. Ha sufrido amenazas.

 Emilia Zaballos, su abogada, nos dice: “el apoyo del padre lo ha tenido, pero el desarraigo es muy grande, la familia se ha desestructurado varias veces, el padre ha contraído varios matrimonios con los que ha tenido diferentes hijos… En cuanto a la educación, es un niño que carece de ella en todos los aspectos. Es deficitaria tanto en su formación a nivel educacional, a nivel de principios éticos, morales. Es un niño que bueno…su nivel de autoestima es bajísimo, es prácticamente analfabeto, es un niño que le cuesta muchísimo poder leer y escribir, es un niño que incluso los hábitos de higiene los tiene poco arraigados”.

Analizando con los expertos la Ley del Menor vemos que es similar a la que rige en Europa. El problema es que se hacen leyes pero no se les dota  del suficiente apoyo presupuestario. Lo mismo que a los centros de reinserción. El famoso Rafita estaba encausado por 8 delitos a los 14 años y, como a todos los demás, no le había ocurrido nada. No se habían tramitado. A los 14 años había experimentado que sus acciones quedaban impunes. No hay tiempo. No hay –o había- dinero. En lo tocante a la justicia poco parece haberse avanzado. El defensor del menor de la Comunidad de Madrid decía estos días que los centros funcionan mejor y logran buenos resultados en general. No lo he comprobado.

Tampoco hay medios, evidentemente, para hacer efectiva la disposición de libertad condicional vigilada. Cuesta dinero poner a alguien detrás de él, con sus turnos, para ver qué hace (no hablemos ya de recuperarle, aunque tiene ya 21 años). Es mucho más barato y efectivo, hablar y pedir la cadena perpetua. Ese vaquero del oeste que llevamos dentro se siente mucho más satisfecho descerrajando tiros en la calle solitaria.

¿Necesito preguntar todo lo que estos datos suscitan? ¿A qué nos aboca la sociedad que hemos creado o hemos dejado que nos creen?

Australia. Las antípodas. Las maravillosas montañas azules.

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