Rajoy y la inteligencia por estirpe

Mariano Rajoy ha presentado su propuesta para la educación en España. Entre sus medidas –además de disolver en porciones descafeinadas la asignatura de Educación para la Ciudadanía-, está la de acortar el tiempo de la enseñanza obligatoria. A los 15 años, un niño deberá decidir si su futuro pasa por la Universidad o por los oficios que se aprenden en la Formación Profesional. La medida va dirigida sobre todo a los “rezagados” en los estudios. Éste es un país para listos. Tan listos como un registrador de la propiedad -cuyo imaginario cultural apenas sale de el Tato y de Maricastaña y que no habla ningún idioma extranjero- que puede llegar a regir los destinos de un país. Por supuesto, afectará sólo a los estudiantes mediocres sin recursos económicos, los ricos disponen de excelentes universidades norteamericanas, británicas, de cualquier lado, donde les expendan un título, cueste lo que cueste.

Verse con un pie en la Moncloa, está lanzando a Rajoy a mostrar su auténtico pensamiento. Ya nos contó hace poco su disposición a abaratar el despido. Lo que piensa el líder del PP respecto al asunto que hoy nos ocupa lo dictó por escrito hace un cuarto de siglo. Y pienso que conviene recordarlo.

Rajoy no cree que todas las personas sean iguales y tengan la misma capacidad. Para él la desigualdad es consustancial género humano. “Faro de Vigo”, 4 de Marzo de 1983”, Rajoy firma un texto titulado “Igualdad humana y modelos de sociedad”. Y dice: “Ya en épocas remotas se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre (…), era un hecho objetivo que los hijos de ‘buena estirpe’ superaban a los demás“.

Por ello, “todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de la riqueza” tienen como objetivo imponerla y son “radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre (…) y por ello, aunque se llamen modelos progresistas, constituyen un claro atentado al progreso porque contrarían y suprimen el natural instinto del hombre a desigualarse, que es lo que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos”.

Un año más tarde, Rajoy comenta en el mismo periódico un libro “La envidia igualitaria”, de un ilustre -e ilustrado- franquista, Gonzalo Fernández de la Mora. Y describe la desigualdad humana fundada en los genes de mayor o menos calidad: “El hombre es desigual biológicamente, nadie duda hoy que se heredan los caracteres físicos como la estatura, el color de la piel y también el cociente intelectual. La igualdad biológica no es pues posible. Pero tampoco lo es la igualdad social: no es posible la igualdad del poder político”.

Rajoy traduce la desigualdad en la que cree, al descender al terreno práctico y echarse las manos a la cabeza porque la Declaración de la Renta impone baremos distintos: “¿Por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria”. Es imposible, por cierto, que la cantidad percibida sea la misma. En ese caso se aplicaría el mismo porcentaje. Sospecho que los ingresos globales, los niveles de renta, sí deben ser algo distintos.

Durante siglos sólo las clases privilegiadas tuvieron acceso a la educación. Y no implicaba que fueran más listos. Poco a poco se fue consiguiendo democratizar la enseñanza para brindar oportunidades a todos. El problema es que tampoco este proyecto de Rajoy –que implica la recuperación del clasismo- afectará a sus votantes. Ellos, los españoles en general, ya se sienten superiores porque habitan una casa propiedad de un banco durante los próximos 30 años, y viajan y gastan. Los oficios son para los pobres. Aunque ganen más dinero que muchos de ellos y su labor sea esencial para la sociedad.

Un pacto por la educación es vital para la España analfabeta funcional en que la vivimos. La educación obligatoria hasta los 18. Luego continuas campañas de reciclaje de los adultos. Y como primera medida para labrar un futuro distinto: Educación para la ciudadanía obligatoria –como sucede en el resto de Europa sin problemas- extensiva a los padres que se oponen a que sus hijos la aprendan. La educación actual –y no sólo en España- asiste a una progresiva frivolización tendente a seguir infantilizando a la sociedad. Ése es el camino a abordar. No con menos años de estudio, con más.

Los artículos completos de Rajoy aquí.

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