Cómo escribir sobre África

 Cuando algo es bueno, es bueno. Nos lo cuenta en su blog Ander Izagirre (Donostia-San Sebastián, 1976), periodista y escritor de viajes. Y procede de un escritor keniano Binyavanga Wainaina. Así que le cedo el espacio encantada, porque me encuentro en completa sintonía con ellos.

“Nunca pongas la imagen de un africano de clase media en la portada de tu libro, ni dentro, a no ser que haya ganado un premio Nobel. Un AK-47, costillas prominentes, pechos desnudos: utiliza éstas. Si tienes que incluir a un africano, asegúrate de que consigues a uno vestido con ropas zulúes o masais.

En tu texto, trata a África como si fuera un solo país. Hace calor y es polvoriento, lleno de praderas onduladas y enormes manadas de animales junto a gentes altas, delgadas, famélicas. También puede ser caluroso y húmedo, con gente muy pequeña que come primates. No te enredes con detalles y descripciones precisas. África es grande: 54 países y 900 millones de personas que están demasiado ocupadas pasando hambre, muriendo, guerreando y emigrando para leer tu libro. (…)

Asegúrate de que muestras cómo los africanos tienen la música y el ritmo profundamente arraigados en sus almas y comen cosas que ningún otro humano come. No menciones el arroz, la ternera o el trigo; el cerebro de mono es el preferido en la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, los gusanos, las larvas y todo tipo de carne de caza. En tu texto, muestra cómo fuiste capaz de comer dicha carne sin estremecerte y, por supuesto, describe cómo aprendiste a apreciarlo, porque África te importa.

Temas tabú: escenas ordinarias de la vida cotidiana, amor entre africanos, referencia a escritores africanos o intelectuales, la mención de niños que van al colegio y no sufren virus ni ébola ni mutilación genital femenina. (…)

Entre los personajes no puede faltar la África Hambrienta, que vaga por el campo de refugiados prácticamente desnuda y espera la benevolencia de Occidente. Sus hijos tienen moscas alrededor de los ojos y tripas hinchadas. Sus pechos están planos y vacíos. Debe aparecer como una mujer completamente indefensa. No debe tener ni pasado ni historia; estas pequeñas diversiones arruinan el dramatismo del momento. Los gemidos y las quejas son buenos. Nunca debe contar nada acerca de ella misma, excepto para hablar de su (indescriptible) sufrimiento.(…)

Estos personajes deben revolotear alrededor de tu héroe principal, sirviendo para su lucimiento personal. Tu héroe puede enseñarles, bañarlos, alimentarlos; lleva a cuestas montones de niños y ha visto de cerca la Muerte. (…)

Describe en detalle los pechos desnudos (jóvenes, viejos, recientemente violados, grandes, pequeños) o genitales mutilados. O cualquier tipo de genitales. Y cadáveres. O, mejor, cadáveres desnudos. Especialmente, cadáveres desnudos pudriéndose”.

Y aquí, el artículo completo, no le sobra una coma. El final es redondo.

Presuntos presuntos

Presuntamente hace una maravillosa mañana, pero lo cierto es que se nota en la calle un presunto frío que cala. He estado en la presunta oficina de empleo a ver si por fin han arreglado mi problema, nada presunto. A las 9,30 me ha correspondido el número 99 y habían atendido 10 desde las 9. Voy a hacer tiempo leyendo los presuntos periódicos escritos por presuntos periodistas con presuntas noticias.

 El Presunto líder del PP, Mariano Rajoy, asegura categórico en El Mundo: ´”El Juez Garzón es socialista”. ¿No será presunto socialista? Público cuenta que el presunto Juez De Rosa, nada presunto número dos del Consejo General del Poder Judicial, se entrevistó con el quizás pronto presunto Presidente de la Generalitat valenciana Francisco Camps, el mismo día en el que el alto cargo del presunto máximo órgano de los jueces de presunta imparcialidad, insinuó -presuntamente- que el Juez Garzón estaba cometiendo -¿presunta?- prevaricación. El mismo día en el que, sin presuntas pruebas, De Rosa afirmó que Camps era un tipo honorable -¿no presuntamente?- donde los hubiera. Presumo, presuntamente, que esto es una presunta pifia que, presuntamente, quedará impune.

¡Atentos! El País: “Correa logró cinco millones en contratos del Gobierno de Aznar”. Así, con un par. ¿No debiera ser: “El presunto cabecilla de la trama de corrupción vinculada, presuntamente, al PP, Francisco Correa, logró, presuntamente, cinco millones presuntos en presuntos contratos del presunto Gobierno de Aznar?” Luego, les pasa lo que les pasa, que involucran a señores que, presuntamente aún, no tienen nada ver con la historia. Claro que, en el desarrollo de la noticia, transcriben cintas con las presuntas voces de los presuntos implicados que dicen cosas tan jugosas como éstas: “Le llevé 1.000 millones de pesetas por adjudicaciones de la época de Cascos” -Correa dixit del tesorero del PP-.

Hace unos años los asesinos eran asesinos en los telediarios, los etarras, etarras; los violadores, violadores, y los ladrones, ladrones. Quizás fue, al llegar las televisiones privadas, con su inmensa carga de calidad, y, al surgir los programas, mal llamados del corazón, cuando empezaron a desencadenarse los litigios. “¿Que yo me he acostado con Pepito el folklórico?”, demanda al canto. ¡Qué ingenuidad!, habrían de llegar después los sepias de la corrupción al rosa del corazón. Y las acusaciones infundadas, y los juicios paralelos.

¿Solución? Añadirle “presunto” a todo. Así uno se cura en salud. No has afirmado la culpabilidad, es presunta nada más. “La presunta periodista Ana Rosa Quintana ha copiado presuntamente un presunto libro que presuntamente ha firmado”. Ya está. Arreglado. En este caso unos presuntos se demostraron erróneos -copiar, libro- y otros no. El de presunta periodista, entre los segundos.

La presunción de inocencia figura en la mayoría de las Cartas Constitucionales, partiendo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De varios de sus artículos. En donde mejor lo define es en el 11: “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa“.

La doctora Vigara, de la Complutense, explica en un quizás en exceso denso artículo, cuándo se debe usar la palabra y cuándo no. No se busca “al presunto asesino”. Se busca a los asesinos -porque hay un muerto y alguien lo ha matado- que, una vez detenidos, serán presuntos culpables. No ha sido una presunta infracción muy grave, si no una infracción -que se ha cometido- presuntamente muy grave.

El presunto -como tantos tópicos en este poco instruido país- se usa a bulto. He llegado a escuchar “presuntos cadáveres”, cuando los cuerpos están ahí sin hálito de vida como el cemento. Y, a veces, se usan, indistintamente, otras expresiones como supuesto o pretendido. Según caen para entendernos. Y cada palabra tiene su propio significado. Presunto en concreto lo define así la RAE (Real Academia de la Lengua: “Se dice de aquel a quien se considera posible autor de un delito antes de ser juzgado“.

Vivimos, presuntamente, en un país democrático donde suceden, a diario, cosas terribles. Sin que, presuntamente, le importen un pito más que a unos pocos. Opino que, si el PP se convirtiera de una presunta vez en una derecha homologable en Europa -no ¡por favor! como la italiana-, todos seríamos más felices.

¿He vuelto a utilizar mal la palabra “presunto”? Sí. Tengo que volver a la cola del paro. Me gustaría aguardar tomando un café con un presunto novio. Todos los que he conocido lo fueron.

La lotería de El Niño

El fenómeno se desata en cuanto el reportero acciona la cámara y se enciende el piloto. Ayuda que el periodista –generalmente mujer- comience a hablar. Un grupo de seres humanos comienza a saltar y a vociferar, con una botella de cava o champán entera -a veces con una copa- en la mano. El mecanismo es inmediato. Como un bucle de demora, la conexión se inicia en un relativo silencio, para dar paso a los brincos acompasados del personal.

El sujeto que porta el micrófono también sufre una metamorfosis. Tiene que contarnos un acontecimiento tan novedoso como que  uno o varios bombos han sacado un número al que le corresponde premio y esos señores, señoras y niños que están detrás poseen algún ejemplar del décimo agraciado. Pero no lo cuentan así. De su boca emana todo el repertorio de tópicos de la lengua castellana: se ha desatado la locura, lo van celebrar por todo lo alto o a lo grande, no es para menos,  quien mas quien menos no va a olvidar este día, la fiesta está asegurada, hay barra libre, el premio está muy repartido, todos han recibido un pezquillito, con él, taparán agujeros,  y han cumplido un sueño. Quienes no han conseguido ninguno de esos billetes disponen de salud –mucho suponer- y de nuevas oportunidades en posteriores sorteos.

¡52 años así! En Navidad y en Reyes. Un tal Sr. Fabra, de Castellón, a quien suele tocarle la lotería con frecuencia, jamás aparece saltando en la tele ¡ni mucho menos! Pero el reportero de premios siempre encuentra concurrencia.

Este 6 de enero de 2009, se ha producido una novedad: había un beneficiado un extranjero, aparentemente francés. No sabía, el pobre, que debía saltar. Así que, con serenidad, ha contado que empleará el dinero en comprarle una prótesis a su hijo que sufrió un accidente.

El gordo lo han cantado Vanesa y Brandon. Vanesa, como la mayor parte de las nuevas reporteras de la televisión.  Ayer hizo un año justo que, quien esto escribe, emitió su último plano por TVE, en Informe Semanal, y su último mensaje inadvertido: luz para los años vividos, calor para el futuro que llega a partir del próximo segundo.

Pasa el tiempo sin embargo y aquí no cambia nada. Al menos, a mejor.

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