Crónica sentimental por Leonard Cohen

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Leonard Cohen en imagen reciente.

Seguramente su obra se imbricó en mi vida, como en la de tantos otros, que debe ser una de las grandes aspiraciones de todo artista. En las condolencias por la muerte de Leonard Cohen – fallecido este jueves 10 del 11 de 2016– es fácil advertir que nos ocurrió a muchos. Las canciones y poemas de Cohen irrumpieron en una época “confusa, densa, apática pero ¡con tantas flores en la entrada! Con tantas ilusiones marchitadas en el camino”… decía a poco de comenzar en los 60′. Para, así, ir surcando la misma montaña rusa de nuestras vidas sustentada en triunfos, esperanzas, caídas, decepciones y empuje, sin renunciar del todo nunca a volver a empezar.  Hasta que llega la hora.

Fue Leonard Cohen quien me llevó de la mano a su casa junto al río en una calurosa tarde de verano, inicio de rumbos vitales. Escala en Madrid, desde Zaragoza y hacia el Londres del primer crecimiento, Suzanne regó la tierra y las raíces de una trayectoria, aunque yo creía estar poniendo agua simplemente a unas macetas. Las canciones de Cohen evocan rostros, paisajes, sensaciones, deseos, empeños, ideales, sentimientos. Es un privilegio ser ese resorte para millones de personas.

Con Dylan en la cabeza y con Leonard Cohen, también en el corazón. Song of the room, Song of love and hate. Discos de vinilo que te compras por necesidad, con canciones que aprendes de memoria. En una habitación para amar y odiar, para amar siempre. El Cohen pícaro que sabe cuándo estará bien… por un momento, for a while ( Tonight will be fine). Y el que se rinde de amor para ofrecer ser el hombre que siempre soñamos, también por un tiempo. “Si quieres un amante, haré lo que me pidas. Y si quieres otro tipo de amor, usaré una máscara. Si quieres un compañero, toma mi mano, o pégame si te enojas. Aquí estoy, soy tu hombre” (I’m your man).

Bird on the wire se erigía como lema de vida. Intentar ser libre como un pájaro en el alambre, sin jaulas. Leonard siguió afirmado la libertad siendo  El partisano a quien, cuando ellos (los nazis) cruzaron la frontera, “pidieron que se rindiera y era cosa que no podía hacer”. Las fronteras eran su prisión; no los barrotes, las fronteras. Y de nuevo aquellos vientos que no cambiaban pero soplaban entre las tumbas trayendo sueños de libertad.Saldremos de las sombras”, lanzaba a lo alto en el pico bajo del ánimo.

Ese eterno peregrinar entre la lucha y el cansancio. “Nos sentenciaron a veinte años de aburrimiento. Por intentar cambiar el sistema desde dentro”, vamos a hacer algo. Manhattan ya lo tomamos, ahora vamos a por Berlín.

Y Leonard se va, justo cuando la involución se hace dueña de nuevo del corazón de Nueva York y los Estados Unidos, el mundo en realidad.

Y tras las Suzanne, llegaron las Marianne a quien amar y decir adiós con toda ternura. Con Marianne, su amor de los 60, se citó de alguna manera en el año de sus muertes, 2016, con una nota. “Es tiempo de que empecemos a reír, llorar y llorar y reírse de todo de nuevo”, le había dicho en su inmortal canción. Mientras se está vivo, siempre lo es.

Con Cohen viajamos también hasta el Chelsea Hotel. A hacer excepciones cuando la inmensa belleza del alma, el ingenio, la creatividad y el corazón, son el más poderoso reclamo erótico. Lo recordamos a él, a Janis Joplin que se montó tan prematuramente en el caballo de la huida, a todos nosotros buscando horizontes y topándonos con las realidades. El Chelsea hotel, obligada visita en el tour sentimental de Nueva York en el 222 de la Calle 23, que aún oferta sus servicios.

Lo dijo todo. En un susurro, sí, que calmaba y penetraba empapando hasta los huesos. “Creo que un pesimista es alguien que está esperando que llueva”, explicó. Si estás calado ya, evidentemente, constatarlo es ser realista.

Hace dos días, volví a ver –no sé por qué– el mítico concierto que Leonard Cohen dio en San Sebastián en 1988. Lo retransmitió TVE que era una caja mucho menos tonta de lo que se decía, infinitamente más sabia que ahora. Vivo y esplendoroso a los 54 años cantaba Tower of Song, con aquellas dos etéreas voces que le hacían coros. Era constatar el largo camino andado. Las desesperanzas cíclicas, la realidad. Tom Jones anda haciendo ahora una excelente versión de este canto a la aceptación del paso del tiempo. “Mis amigos se han ido y mi pelo es de color gris. Me duele en los lugares donde acostumbraba a jugar. Y estoy loco de amor, pero no funciona. Sólo estoy pagando mi alquiler de todos los días en la Torre de la Canción”. El desgaste y la muerte forman parte de la vida y ayuda entenderlo.

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Ya saben todos los discos y todos los premios que, justamente, mereció y recibió. Aquí nos consolamos hablando de otra cosa. El homenaje personal que miles de personas en el mundo le rendimos a Leonard Cohen es el camino que recorrimos juntos y que seguimos andando. Por las fronteras que aprisionan y las jaulas rotas. Por el conocimiento de las fuerzas y posibilidades que apenas alcanzan y la conciencia que impele a obrar con justicia y dignidad. Por la belleza sobre todo. Qué más se puede pedir que ir danzando hasta el final del amor. Hasta la belleza, con un violín ardiendo. A través del pánico hasta estar a salvo. Alzados como una rama de olivo que asienta la paloma de regreso. Porque el amor, todo el amor, “no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”. En tiempos oscuros es la principal palanca para volver a empezar. A  reír, llorar y llorar y reírse de todo de nuevo.

*Publicado en eldiario.es

*

Poco a poco

Poco a poco …

ven a salir de aquí

no aferrarse más a estos lugares

ni siquiera a estas flores de color azul

poco a poco …

ni siquiera a este tiempo gris

llénate de música

y de los hombres que te gusten

Es maravilloso

buena suerte

es maravilloso

sueño contigo …

Poco a poco …

Ven conmigo

entra en este brujo amor

no te perdería por nada del mundo

poco a poco …

no perdería por nada del mundo

el espectáculo de enamorarse de ti

Es maravilloso

Poco a poco …

entrar y toma un baño caliente

hay una bata azul

Afuera llueve, es un mundo frío

Es maravilloso

sueño contigo …

Ven conmigo: Paolo Conte

Por un rato, salgamos de la basura que nos inunda y circunda. Para tomar fuerzas, por supuesto.

Gracias a Iñaskis K por esta inyección de optimismo y a todos los que comentáis en el blog por el extrarodinario nivel de debate de ideas que le dáis y que -casi- ahuyenta al pensamiento corto.

Exorcismo musical

Sonia me ha recordado que existe Barbra Streisand. Y a estas horas –a cualquier hora- la música da un cierto calambre en el corazón. Para exorcizarlo, en aquel programa de RNE con José Antonio Rodríguez y Concha Villalba del que os he hablado varias veces -en una sección-, analizábamos el contenido real de las canciones que nos afectan hasta doler. Hay muchísimas, cada uno tiene las suyas, además.

“Y sin embargo te quiero” es el cénit del desgarro, probablemente. Racial y española, la han cantado todos (hasta Sabina). Se lo avisaron mil veces y no quiso poner atención. Tragó lo indecible la mujer, sin un reproche, preguntando como una dulce geisha ¿me quieres? Cuando él llegaba a su capricho, tras esperarle hasta muy tarde… y “de estar con unas y otras”. “No debía de quererte… y sin embargo te quiero”. Y la lógica suele funcionar, si avisaba algún indicio habría del desarrollo predecible, pero todos sabemos que el amor es ciego, aunque imagino que hasta cierto punto. La cosa termina con un niño sin apellidos. Y con la enamorada cantándole a la criatura hasta las claras del día (dado que olvida las nanas): “que se me salten los pulsos si te dejo de querer, que las campanas me doblen si te falto alguna vez”. ¡A un bebé en la cuna! Así hemos salido como hemos salido.

El caso es que ayer, en el coche, zapeé por las emisoras de forma aleatoria y encontré a un caballero latinoamericano que me hizo quedarme. Contaba muy compungido una historia con este comienzo: “Hoy me voy a acostar con otra”. Él quería a una señora pero se disponía a copular con una diferente, tratando de culpabilizar a la primera de tamaña desgracia. Iba a pensar en la amada en cada segundo del refocile pero ni en sueños se planteaba prescindir del evento. Lo peor es que se le veía destrozado. Es que parecía que le hubieran obligado y que su destino le condujera a un funeral en lugar de a un buen sarao entre las sábanas. Me dio que pensar. ¿Este hombre estaba a lo que estaba? Porque muchas veces la raíz de los fracasos se encuentra en la falta de concentración. no gustar del trabajo bien hecho. Porque digo yo que no sería una excusa.

Volviendo a Barbra. You don´t bring me flowers any more. Tú ya no me traes flores, ya no me cantas canciones de amor cuando entras por la puerta al final del día. (Entraba cantando canciones de amor por la puerta, atentos). Y no podía esperar para amarla –eso dice-. Odiaba separarse de ella. Odiar, no lamentar. Pues bien, toda la vida entendí que Neil Diamond –que era su pareja- decía: “It´s good for you”. Es bueno para ti. Y me decía: otro con un eufemismo que suele revestirse de diversas formas verbales: no te merezco (esto es verdad), tienes derecho a ser feliz (pero no conmigo). Esa parte se la calla, aunque la señora no vea otra posibilidad de felicidad en ese momento que ese hombre en concreto. Pero acabo de percibir –gracias a la recomendación de Sonia sobre Barbra  que me ha conducido inexorablemente a repasar lo más florido de la cantante- que ¡faltaba un When! Y el asunto cambia diamentralmente. “Cuando es bueno para ti, vale, si soy yo la cosa cambia”. Y ella insiste una y otra vez con que no le trae flores, no le trae flores –la importancia de los pequeños detalles-. El episodio acaba en ruptura. “Mira lo que voy a aprender es a decir adiós, y tú deberías hacer lo mismo”, concluye la mujer, marcando una sensible diferencia con la que aún debe estar diciendo “Y sin embargo te quiero” a sus nietos, si es que el hijo hizo carrera de su vida con semejante infancia. La letra por cierto es de Truman Capote. Y el despido lo dicta Barbra, con mucha educación, con gran elegancia. Ahora lo escucharéis. Por cierto, el tipo parecía legal, salvo que no le llevaba flores ya, eso sí. Nada que ver con el tarambana patrio.

Antes os explico este post. Llevo no ya un día sino varios viendo a ver si soy tocada por la fe liberal y pienso yo que será más fácil si no me meto donde no me llaman. La fe viene cuando ella quiere, es consustancial a su ser, pero hay que echarle una manita. Creo que ser liberal ofrece enormes ventajas en el mundo actual. Ahí tenéis a Rick Costa rehabilitado en funciones y sueldo. O esta ventajosa oferta de trabajo: La CEOE propone un nuevo contrato precario para jóvenes, sin que a sus impulsores se les caigan los palos del sombrajo. Sobre todo, aquí están, se ven, se sienten,  los votantes ávidos de amar a los neoliberales. ¿A quién no le gusta que le quieran?

You don´t bring me flowers…

Actualización 3/3/2010

La banda sonora de mi vida

 Quizás se mezclan múltiples sonidos que entraban por las ventanas de una calle cuyas casas tocaban con los dedos las de enfrente. Los gritos de los vecinos pugnaban con la música de las radios. Y, ésta, hablaba de España (y de España y de España), de amores, de guitarras andaluzas (en Zaragoza)… y yo no sabía qué me molestaba más. Mi madre cantaba haciendo las camas. Adoraba el cine y había aprendido todas las canciones que le gustaban de sus películas favoritas. Una me atrajo en especial. Llegada al colegio de monjas (inolvidable experiencia que algún día tengo que contar), las hermanas preguntan por nuestras habilidades (va a haber un festejo) y muestro la mía. Aquél día acabó mi incipiente carrera de cantante y estrella del espectáculo ante el espantado “hija mía ¿dónde ha aprendido Vd. eso?” que me abochornó.

   La radio como imán, el periodismo que empieza a esbozarse como pasión al leer los periódicos que mañana y tarde llegan a casa. Voces, ideas, innovaciones, progresismo, cambio, en una Radio Popular (de la COPE) en Zaragoza, que en nada se parece a la actual.  Sus oyentes/participantes, aprendimos a pensar, a luchar, a saber que allá afuera estaba Europa y el mundo.  Amigos para siempre, afinidad, descubrimientos de sensaciones, corazones que laten al ritmo de la música… anglosajona.

Suzanne y Leonard Cohen se cruzaron en mi camino regando macetas a la hora equivocada. Aunque no tanto, en absoluto,  por los frutos que nacieron.   

  Hubo elecciones, una Constitución, una liberación. Y una boda familiar (de cuñados) se fija en mi memoria en júbilo y esperanza que emergían en canto coral sobre las mieles. Apenas habíamos tirado de ella en realidad, pero la estaca había caído.

 Repasando la memoria musical, compruebo que la banda sonora de cada vida -al menos de la mía- no encontraría acomodo en un CD con tapas de plástico.  Le encaja más un servidor de canciones como spotify donde añadir y suprimir selecciones, incluso cada hora del día. Porque está viva, cambia.  El “hola” indeleble pierde peso, al pensar que quizás, el cantor, no pasó de la puerta en varios años.

  La música rememora a veces momentos concretos, paisajes, asoman canciones insospechadas. Playas sin arena y lazos sólidos que se desataron. Conciliar, elegir, comprometerse, simplemente vivir. En esta selección faltan canciones que parecieron esenciales. Anoche pensé que casi todas se resumían en ésta:

  El sol de la mañana repara un olvido imperdonable en la noche, anemia de voluntades. Lema de vida desde que la descubrí, que, además, me une a personas a las que aún quiero mucho. Pere me la mostró muchos años atrás. Con Concha Villalba y José Antonio Rodríguez, la difundimos ampliamente en aquel programa que hicimos casi clandestino en RNE. La incluí en mi primer libro.

Esto dice “Tocando enfrente”:

Ando despacio porque ya tuve prisa, y llevo esta sonrisa, porque ya lloré demasiado.

Hoy me siento más fuerte, más feliz ¡quién sabe! sólo llevo la certeza de que muy poco sé, nada sé.

Conocer las mañas y las mañanas, el sabor de las masas y de las manzanas, es preciso amor para poder pulsar, es preciso paz para poder sonreír, es preciso la lluvia para florecer .

Pienso que cumplir la vida sea simplemente comprender la marcha, e ir tocando en frente. Como un viejo vaquero llevando el ganado, yo voy tocando los días por la larga carretera. Yo voy, carretera soy.

Todo el mundo ama un día todo el mundo llora, un día llegamos, en el otro nos vamos. Cada uno compone su historia, y cada ser, acarrea en sí el don de ser capaz y de ser feliz”.

¿Quiere la SGAE matar la música?

Se presentó un miembro de la SGAE en una peluquería catalana y les dijo que tenían que pagar un canon por la música que sonaba en el establecimiento a través de ¡la radio! La medida es general. Se les exige pagar seis euros mensuales a los salones pequeños (de menos de 50 metros cuadrados) y doce euros a los grandes (hasta los de 100 metros cuadrados), para proteger los derechos de autor de los creadores de música españoles. Los escritores no vivimos de los libros, apenas los más grandes, muy pocos, los del “lalariro” sí.

La reacción de los peluqueros ha sido hábil y práctica. Han advertido a sus clientes :  si quiere música ¡tráigasela Vd! Así, para amenizar el peinado o llevan su mp3 o les acompaña el silencio. No nos han contado si alguien usa un tambor, castañuelas, una flauta, para avanzar improvisaciones que no suenen a nada conocido.

Mejor sería el silencio que alentar a ese privilegiado club para quien el gobierno va a poner en marcha un portal antidescargas, en el que va a invertir 1,5 millones de euros. ¿No hay mayores prioridades de gasto en nuestro país?

Hay una serie de “creadores” españoles a quienes no escucho jamás y me hacen cambiar el dial o salir del establecimiento donde suenan. Textual. Me ocurre concretamente con la reina del desafine, una que pertenecía a Presuntos Implicados y cuyo nombre no recuerdo. Pero, dadas las circunstancias, creo que puedo privarme de la media docena escasa de autores españoles a quien solía atender con gusto. Al menos, hasta que se imponga la cordura, si es que tal cosa sucede.

Me pregunto si la SGAE quiere matar la música. Si prefiere hacerse el harakiri antes que perder la oportunidad de sacar a la ciudadanía algún euro. Pero, como la música es un arte universal –que adoro por cierto-, ahí va una joya sueca que descubrí hace poco: Nils Landgren. Además de cantar -de ensueño- toca el trombón.

O el viejo Chet Baker

O esta versión de Las hojas muertas de Iggy Pop

Iggy Pop – Les Feuilles Mortes

O el tradicional Elvis

Elvis Presley – Are You Lonesome Tonight?

Y para cargar pilas Canned Heat

Canned Heat – On the Road Again

O Richard Cheese, versión irreverente de El Muro de Pink Floid

Richard Cheese – Another Brick In The Wall

Y para final, los largos caminos hasta llegar a la meta:

Joe Webster – It’s A Long Way To Tipperary , Pack Up Your Troubles , Roll Out The Barrel , The Happy Wanderer , Hey Look Me Over

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