Ruz confirma la existencia de una contabilidad B en el PP

El juez del caso Bárcenas, Pablo Ruz,  ha encontrado indicios que confirmarían la existencia de una caja B en el Partido Popular, como señalaban los llamados Papeles de Bárcenas, el ex tesorero del partido. Ruz ha llegado a esta conclusión tras estudiar un informe de la UDEF (la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía) en el que se analizan los documentos intervenidos durante el registro de Unifica, empresa a la que el PP encargó las obras de su sede nacional -realizadas entre 2005 y 2011- y cuyo responsable es Gonzalo Urquijo. Esa caja B, dice el auto del Juez, «habría sido utilizada en el presente caso para atender a determinados pagos al arquitecto y responsable de la empresa Unifica».

Pablo Ruz determina que hay «una cierta corriente financiera de cobros y pagos continua en el tiempo, al margen de la contabilidad remitida por el Partido Popular al Tribunal de Cuentas».

No es la primera vez que Ruz y también la Fiscalía Anticorrupción “ven acreditada” la existencia de esa contabilidad B, ya lo advirtieron en Agosto. Ahora se da un paso más al fijar casos concretos y ratificar que presuntamente el PP manejaba o maneja  dinero negro –el auto de hoy , recalco, habla de 2011-. Un edificante ejemplo en los altos destinos que está ejerciendo. Los Papeles de Bárcenas también incluían sobresueldos en B –además de los sobresueldos que el propio Rajoy reconoció cobraban del dinero del PP en un 90% público “porque es lo justo”-.

Ruz ha caminado despacio, ha dado tiempo material a que borraran pruebas, pero avanza con acciones arriesgadas en estos atribulados tiempos. Otros dos jueces rechazaron investigar siquiera la destrucción de los ordenadores de Bárcenas donde podría haber datos comprometedores. También la Fiscalía de Madrid.

Otros  han sufrido problemas de entidad en el ejercicio de sus investigaciones. Casualmente. Baltasar Garzón -el que inició el proceso Gürtel y siguió los pasos a un entonces desconocido para nosotros Luis Bárcenas-, fue expulsado de la carrera judicial. Elpidio Silva, que llevaría a la cárcel unos días a Blesa –hasta que le libró la Fiscalía-, también anda con sanciones y procesos. Denunciado por la Fiscalía sigue implicando a Blesa y Aznar en la comisión de “graves delitos”.

Cada día atropellos que merman dramáticamente la calidad de vida de los ciudadanos y también sus derechos. Y cada día indicios atronadores de las turbias finanzas del PP y sus objetivos como organización. La enorme desgracia nuestra es que un sector poco escrupuloso de la sociedad seguirá mirando para otro lado. Que los voceros del PP, investidos de periodistas y tertulianos, marearán la perdiz tratando de hacer dudar al menos a los tibios. Y que políticos dirigentes del partido volverán a inundarnos de declaraciones diciendo que todo es mentira. Lo normal es que la gente que trapichea y defrauda, incluso la que roba y mata, diga la verdad cuando rechaza las acusaciones y asegure que son limpios y transparentes. Han negado hasta la saciedad, como Cospedal, la existencia de Contabilidad B. Son capaces de cantar La Traviata y sin mover una pestaña. La gran masa ameba les hará el coro.

¿Quedará algún derecho democrático a los españoles tras el paso de Rajoy?

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Rajoy “no sabe qué efecto causan en las personas las cuchillas de la valla de Melilla”. Es muy simple conocer ese dato: que salte él y lo experimente. Ya que a veces se anima con estos brincos de felicidad, que se ponga en el lugar de quien tiene que arrostrar impedimentos del calibre de la valla de Melilla por lograr una vida mejor y sin atajos fraudulentos. Deberíamos exigirle que lo compruebe. No es bueno adoptar medidas a ciegas.

Mariano Rajoy hacía estas declaraciones en los fastos de celebración de su segundo cumpleaños al frente del gobierno español. Concretamente en una entrevista en casa amiga: RNE. Los principales indicadores económicos -18- revelan que todos han empeorado con su gestión salvo la prima de riesgo, pero él sigue levitando, o -para ser más precisos- dando saltos de alegría como cuando atisbaba el poder. Le va tan maravillosamente bien a él y a sus amigos…

Las perlas de hoy son a juego con el personaje. Va a encargar a Fátima Bánez que ponga en marcha una“ley de servicios mínimos”, es decir, va a reventar el derecho de huelga que está no solo en la Constitución Española, sino también en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Borregos al uso han dicho que muy bien, que así se respeta la “libertad” del resto de los ciudadanos.

Todos los ministros tienen su apoyo. Wert, en particular, que “ha cumplido el programa electoral”. El oculto, el de la involución, a pleno rendimiento. Con este conjunto de medidas está dejando el país niquelado, lleno de epsilones o ciudadanos de pleno ejercicio coartados en sus libertades. Parecería que fuese su anhelo. El del salto. Atrás. Sin valla y sin cuchillas. Como su dios manda.

La ley que prepara de “Seguridad” ciudadana –calificada incluso como más propia de una dictadura por asociaciones de juristas- es para Rajoy, por el contrario, algo que nos hará más libres. Qué obsesión en mentar la «libertad» cuanto más la restringe.

La cascada de atropellos es diaria. Empiezo a dudar que este sujeto vuelva a convocar elecciones o que lo haga sin trampas.

Los colegas en radicalismo ultraconservador del PP en Madrid -es decir, Ana Botella, esa «gran alcaldesa» según Rajoy- nos han dejado hoy una imagen para la historia como símbolo: han quitado el nombre de Fernán Gómez a su teatro. Ojalá la historia ponga en su sitio y su responsabilidad a esta gente y a todos cuantos les apoyaron. A veces pasa.

Revista Mongolia

Revista Mongolia

Franco felicita a Rajoy en su segundo aniversario. Un respiro provocador de Carne Cruda.

Una sociedad que avergüenza

La sociedad española parece tener un buche en el que cabe todo. Engulle lo que le echen en tales proporciones que pronto habrá de habilitar esófago, estómago e intestinos para seguir almacenando lo que ingiere. El saco de la suciedad soportable se ha ido llenando al punto que ya desparrama fuera sus excrementos como lo hizo la basura de Madrid. Hasta las más inmensas tragaderas tienen un límite de espacio, no parece en el caso español. Estamos dando como pueblo un espectáculo deplorable.

Los poderes nos suministran porquería prácticamente a diario. Y la mayoría la ingiere sin mirarle el diente. Es la sentencia del Prestige, que deja la catástrofe sin culpables tras 11 años de dilación para alimentar el olvido. El chapote que sí existió tizna a la justicia y a la propia sociedad complaciente. Son los 45 diputados del PP valenciano –de los 54 electos– firmando una petición de indulto para que no entre en prisión el colega que prevaricó en Torrevieja, según condena judicial –que alguna hay–. Siguen la estela, por cierto, del magnánimo Gobierno central, presto a eximir de la cárcel a toda suerte de corruptos y estafadores de altura, torturadores, y hasta a homicidas al volante que hayan tenido la previsión de contratar los servicios del bufete adecuado. La podredumbre de la vida política actual nos entronca con los periodos más negros de nuestra historia.

Hemos visto cosas que no creeríamos. No hasta ese punto y con tanta frecuencia. Cada uno de los escándalos desvelados hubiera costado el puesto, la caída del Gobierno incluso, de forma fulminante; la aglomeración parece diluirlos. El aire se enturbia cada día más, lo viene haciendo a golpes continuos de hollín hasta haber llegado al nivel de irrespirable. Mientras, los autores del desastre caminan, erguidos y suficientes, como si nada fuera con ellos.

Cuando supimos, publicado en prensa y confirmado por él, que todo un presidente del Gobierno intercambiaba SMS de ánimo con su extesorero imputado por corrupción vinculada a su partido, pensamos que todo habría de estallar necesariamente. Sueldos, sobresueldos –hasta en A, que son casi igual de flagrantes–, donaciones al partido de las mismas empresas que reciben el contrato público de cuanto se gestiona y construye en España. Y a las que la justicia no ve relación punible porque no han firmado un escrito en el que diga: vale por un cohecho. Borrado de ordenadores comprometedores que tampoco merecen sospecha judicial. Privatizaciones cuyo tufo atruena. Finiquitos diferidos. Recibís que se firman sin que medie la recepción del dinero, según se atreven a declarar. Ni el más surrealista de los autores de ficción osaría escribir un guión tan zafio e inverosímil. Interpretado, además, por un elenco de actores de tan ínfima categoría que parecen reclutados en un desguace. De Botella a Montoro, pasando por González, Báñez, Mato, Soria, Fabra, Camps, Barberá, Bauzá, Floriano, Cospedal o el propio Rajoy, encabezando la interminable lista.

¿Nos toman por idiotas? Puede ser, pero sin duda por mansos, o moldeables. Porque, siguiendo la triste tradición de nuestro país, a quien protesta se le acalla. Por el método que sea. Saben –y ése es su triunfo– que mientras no estalle eso que llaman en términos elogiosos su “mayoría silenciosa”, sumisa, hay margen. Y, si no, se construye el entramado legal y judicial ad hoc. El Código Penal de Gallardón o la nueva Ley de Seguridad Ciudadana de Fernández Díaz en Interior, altamente represora. Para cortar reclamaciones molestas o ante cualquier eventualidad, María Dolores de Cospedal avanza ante las NNGG que el PP piensa poco menos que sacar a España de la jurisdicción de los tribunales Internacionales. Y ni se inmuta al decirlo. Ni la sociedad al escucharlo.

Asistimos al patético episodio de ver en el mismo escenario, al presidente del PP y del Gobierno –que solo habla ante quien le aclama y le corea– aplaudirse a sí mismo por sus imaginarios éxitos, al cumplirse la mitad de su mandato. Tan encantado con su labor está, que promete persistir en ella: nos seguirá empobreciendo y aumentando la desigualdad social con sus “reformas”. Él y los suyos están mejor que hace dos años, no el resto. Sin duda.

La lista de irregularidades es tan larga que la mayoría la olvida entretenida en su labor de embuchar hasta sapos con púas. Cierto que tanto golpe seguido, tanta desfachatez andante, puede terminar por anestesiar. Si se está enfermo; una sociedad sana no lo toleraría. En ningún país serio seguiría en la presidencia del Gobierno una persona que ha mentido desde la primera a la última de sus palabras y que se halla circundado por SMS y cuentas turbias. No continuarían ni un minuto más en su puesto los 45 diputados valencianos. Ni los órganos de la justicia que alojan en sus estómagos sentencias como la del Prestige y todas las que se avecinan, dando una insufrible sensación de impunidad. No se aguanta esta batería de desafueros en otros países aunque no sean un dechado de virtudes. Se echa a los corruptos. Se van ellos, incluso. Antes incluso del proceso judicial; la sospecha fundada, tanta sospecha fundada mancha.

En el llamado «escándalo de los gastos parlamentarios» de 2009 en el Reino Unido, se penó el robo de cantidades que aquí son calderilla. La sensible diferencia es que todos ellos fueron obligados a dimitir. Que sus partidos se mostraron férreos con eso. Y que en las calles de Londres la ciudadanía evidenció su enorme rechazo, su irritación, su determinación irrevocable de castigar estas prácticas. Vengan de donde vengan. Aquí no ocurre. Ni por asomo.

Hace meses que la prensa internacional se pregunta hasta dónde va a aguantar la cuerda a Mariano Rajoy y su partido. En julio decía The Economist: “La corrupción es la piedra de molino del señor Rajoy. ¿Va a hundirlo? La combinación de una mayoría parlamentaria absoluta, una inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles, escándalos similares que golpean la oposición socialista y un sistema judicial lento significa que probablemente no lo hará”.

Esa “inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles” que los medios extranjeros resaltan duele y avergüenza profundamente a los españoles decentes. A los que aún arriesgan su dinero y su trabajo para defender, por ejemplo, la sanidad pública, ahuyentando a los buitres que vienen a comer lo que han convertido o quieren convertir en carroña de la que lucrarse. A los que han dejado unos días la basura en la calle –como metáfora– para no emporcar más los salarios y condiciones laborales de los españoles. A quienes no quieren ser identificados con la España corrupta.

¿Cómo ha podido convertirse en normalidad esta inmundicia? ¿Qué puede germinar en esta mugre? Sea cual sea su papel en la obra, protagonista o secundario, si usted es de los que tiene tan empachado el buche que ya se le confunde con el intestino, mírese al espejo y reflexione si ve en él a un ciudadano o qué ve. Sinceramente.

*Publicado en eldiario.es

«La Ley de la Patada en la boca a la Democracia»

Como todas las frases repetidas, el “ Cuando vinieron a por mí… ya no quedaba nadie que pudiera hablar en mi nombre” se ha convertido en un tópico… desactivado. Pero lo cierto es que responde a un hecho trágicamente real: la pasividad social alemana que permitió el triunfo del nazismo. Y de sus métodos. Curiosa la historia de su auténtico autor, Martin Niemöller. Tras el apoyo y el silencio, reaccionó tarde y… también fueron a por él. Pasa.

Si la ley -pese al represivo Código Penal de Gallardón- ya no encuentra resquicio democrático para castigar, se inventa uno nuevas «faltas» y una Ley llamada de Seguridad Ciudadana que penaliza durísimamente cualquier protesta ante… la Autoridad competente.  La mañana ha venido potente con el anuncio de esa nueva ley que perpetra el gobierno y su ministro del interior y que con sus decretos leyes y apisonadoras absolutas sacará adelante en breve.

Multas de hasta 600.000 euros por participar, convocar o apoyar manifestaciones (incluso en las redes sociales) ante el Congreso o Instituciones del Estado. Insultar a las fuerzas del orden, grabarlas cuando están sacudiendo a ciudadanos. No dejan resquicio: se acabó la libertad de manifestación y casi la de expresión. Protestas ecologistas, todo. Detalles completos en eldiario.es

Como esto del autoritarismo (admite otras deficiones) envicia, el Sr, Botella se ha animado al cabo de un rato a pedir cárcel, 5 años, para quien convoque un referéndum. En Cataluña, dice. De momento. La Sra. Aznar, y Aguirre y demás con lo que quieren acabar es con la Ley de Huelga. «Articularla», dicen.

Yo no sé si es suficiente decir que los alemanes no acudieron a ayudar a quienes se llevaban los nazis, lo cierto es que quien no protestó ante esos atropellos ayudó, fue cómplice, a que aquella canallada sucediera. La Ley de la patada en la boca a la democracia, según la ha calificado en el Congreso la Izquierda Plural. Pues eso, votantes del PP: esta represión increíble en democracia nos habéis traído. ¿Algo que decirles a vuestros representantes?

*Actualización:

Ante el revuelo causado, el gobierno dice ahora que es solo un borrador y que tiene que seguir el trámite parlamentario. Con explicaciones bien curiosas.  Por otro lado, como son ellos tan sensibles a las enmiendas de otros partidos, a la voz de la sociedad y de colectivos progresistas a los que tanto aprecian, es de esperar que -como sucede con el resto de sus Decretazos y leyes- acepten enmiendas y dejen esto en nada ¿A que sí?

Ana Botella, la alcaldesa de una ciudad que no existe

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Se plantó a supervisar la limpieza de Madrid por esquiroles con chaquetón de pieles. Tuvo la ciudad ahíta de basuras y pestilencia durante más de una semana y ahora saca pecho para pedir una nueva ley de huelga que… restrinja ese derecho. Acusa al colectivo de trabajadores de la limpieza de “chantajistas”. Ya conculcado el derecho de huelga con la contratación de esquiroles -esos del pan para hoy y el hambre para mañana, de la indignidad hoy y cualquier día- quiere acabar también con la huelga, como sucedía en el país que añora, ese que se acabó por consunción del dictador hace casi 40 años. Mucho esperar.

Lo que hiede en realidad son los contratos que el inefable PP de Madrid firma con empresas privadas, amigas del clan. Las basuras han dado de siempre mucho juego a las distintas famiglias desde Nápoles al Levante español. De “La sucia historia de la limpieza de Madrid” da cuenta eldiario:

“Desde 1996, la privatización de la limpieza en Madrid (proyectada por Esperanza Aguirre) ha llevado aparejada episodios de despilfarro, favoritismo y presuntos delitos

Una de las figuras políticas centrales de la trama Gürtel, Alberto López Viejo, estuvo al frente del departamento entre 1999 y 2003

El ultimo eslabón ha sido el recorte que Ana Botella impuso a los contratos y que las empresas adjudicatarias tradujeron en una reducción drástica de plantilla”.

Con todos estos precedentes, con su chaquetón de pieles y sus huidas a spas de lujo, con su inmerecido sueldo –a menos que se lo pagaran las grandes fortunas madrileñas-, Ana Botella tiene el cuajo de acusar de chantajistas a unos trabajadores que se manchan las manos y a los que querían rebajar en un 43% el sueldo. Esos que han ganado que no se supriman puestos de trabajo en un ERE pero también han sufrido mermas en el acuerdo.

Ahora se propone acabar con el derecho de huelga en línea con otros miembros de su partido (Montoro también lo dijo) de tan escaso talante democrático, dicho lo de “escaso” con alta generosidad.

La Sra. de Aznar ha descubierto recientemente el gusto por la notoriedad. Ha interpretado como positiva la popularidad que le dio su ridículo mundial del Relaxing café con leche. Y ahora pretende emular a Esperanza Aguirre en su permanente presencia en los medios. Tan mala persona como ella, es mucho menos lista; mucho más “marquesa” aún, con menos motivos.

La labor de Botella como alcaldesa de Madrid ha ido orientada a la ciudad que desearía: con varias Millas de Oro para que compren los ricos, ocio de lujo, terrazas de pago y la escoria del populacho apartada de la vista por decreto. Un jardín japonés que no huela a la vida de quienes pagan su sueldo. Y por métodos expeditivos si es preciso: no ha querido adelantar la Campaña del Frío pese a las bajas temperaturas que han llegado de repente a Madrid este fin de semana.

Ana Botella es la alcaldesa que nos dejó en herencia en Madrid otro conspicuo personaje, Gallardón, de una capital que pierde peso -turismo, riqueza, glamour… limpieza- en despeñe absoluto. En un ciudad que no existe, de un país que tampoco. Aún. Camino lleva. El progreso que quieren cercenar ella, su marido y su partido, permitió a esta mujer de escasas luces salirse del círculo de las “doñas” que toman café y pastas en bandeja de plata con puntillitas despotricando del servicio, y ponerle en las manos una sociedad con más de tres millones de personas que no merecemos este desatino. Ya hace bastante daño maquinando oculta, el colmo es ya que, si no queremos una taza nos dé -con su adquirido gusto por inundarnos de patéticas declaraciones- tres, del más irritante cóctel: estupidez, soberbia e ineptitud.

¿Cuándo podremos abandonar el monotema y volver a una cierta normalidad?

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Este hombre, Mariano Rajoy, levitando feliz, exultante, en un mitin electoral una semana antes de ganar las elecciones, marca un antes y un después en el curso de nuestra vida. En dos años ha acabado prácticamente con el Estado Social que teníamos, siempre menor que los países de nuestro nivel pero un lujo al lado de lo que el gobierno del PP ha dejado. Este domingo ha vuelto henchirse de orgullo ante un público «difícil»: las NNGG del PP, jaleándose a sí mismo y diciendo que todo lo ha hecho bien y que España está mucho mejor que dos años atrás. Pero que nos seguirá oprimiendo, que aún no han ganado bastante los privilegiados del sistema.

Me descubro hasta sin ganas de escribir, aburrida de lo mismo. Incluso noto también menos interés por leer y es que no salimos del bucle. Son tales atrocidades las que nos están infiriendo que publicar en los blogs y hasta en las redes sociales se ha convertido en un monotema. He mirado el archivo del blog para constatar que hasta el advenimiento de Rajoy tocábamos asuntos mucho más variados. Yo misma escribía mucho más sobre información internacional, por ejemplo. Sobre cultura o ciencia. Hasta experimentos literarios o curiosidades.

Pero llegó él. En el Noviembre de hace dos años, comentaba lo que se iba anticipando:

«Rajoy espera tener lista la nueva “reforma” laboral para su primer consejo de ministros, antes del 23 de Diciembre. Lo primero que hizo fue reunirse con los banqueros. Esta semana lo hará con empresarios y sindicatos. “Rajoy apremia a sindicatos y empresarios a gestar un nuevo marco laboral”, “portavocea” Cospedal, pero añade: “si no lo hacen, el nuevo Ejecutivo tomará decisiones por sí solos, el Gobierno gobernará”. Es decir que tras años de no ponerse de acuerdo, los empresarios no tienen sino persistir en su actitud. Porque ¿qué modelo elegirá el conservador Partido Popular… el de la patronal o el de los sindicatos?»

De este modo, las previsiones de la OCDE para España se quedaron muy cortas y aún así hoy aún ¡quién las pillara!, Creían que en 2012 se superarían con creces los cinco millones de desempleados. Y el paro llegaría al 23% de la población activa y que apenas mejoraría unas décimas en 2013, año que por tanto seguiría registrando niveles récord de desempleo. Pues estamos en torno a los 6 millones, según la EPA, y con el 26,6% de paro registrado. Es llamativo que el paro juvenil ha alcanzado el 56,5%. En Reacciona (Abril 2011) hablábamos de la escandalosa cifra del.. 40,6%.

Si avanzamos un año, y nos quedamos en Noviembre de 2012, hablo ya de «Emergencia: ya no es tiempo de juegos florales«. «Imaginemos un país donde se “vende” un Banco, el de Valencia, -hundido por el putrefacto PP de esa comunidad durante su larga hegemonía- por un euro. El agraciado es CaixaBank. Y se han ido por el sumidero 5.500 millones de euros de nuestros impuestos que ya hemos pagado y seguiremos pagando en calidad de vida». Se ha instalado el monotema.

Asistimos, sin embargo, a la basura mediática que aseguraba, por ejemplo, que el gobierno había acabado con los desahucios.

LaRazon.desahucios

Lo poco que se prometía, ni siquiera se ha cumplido.

Una huelga general. El 14N. ¿Quién se acuerda? Me fijé particularmente en quienes NO hacían huelga:

«Realmente notable es, sin embargo, la confusión de ideas de quienes secundan los recortes en materias esenciales y de derechos, porque no otra cosa hacen quienes se han opuesto a la huelga con los más variados motivos. En mi barrio y adyacentes volvieron a abrir las tiendas en un 90%. Cerraron los de siempre. Y también, dos que levantaron siempre en toldo en ocasiones anteriores. Ahora ha sido por quiebra. No abrirán más. Los comerciantes comentan que ellos “viven de su negocio”. El día de la Virgen de la Almudena –o de cualquier otra- también, pero en cerrar por una festividad religiosa no hay problema».

Hoy todavía son más los comercios cerrados.

Detesto seguir con el monotema, como digo. Tengo ganas de respirar otros aires, disfrutar de otra normalidad y compartirla. Así andamos muchos.

El Gran Wyoming nos dio una receta en noviembre de 2011, hace 2 años. Acertó de pleno. Más que la OCDE. Y engañó mucho menos que la caverna mediática.  Lo que indica que, por mucho que «resistamos», seguirán los recortes y repagos, los destrozos sin fin de todo cuanto nos sustenta. La desfachatez añadida de tanta corrupción que ni siquiera contabilizamos entonces. Cada día de inacción es tiempo perdido. Por cierto Wyoming hizo casi un pleno, pero no completo: creyó que a estas alturas ya no podrían «seguir culpando a ZP». Oh, no, monotema de nuevo 🙂 Mejor echamos un baile.

Chapapote y basura como síntoma

Gallego&Rey

Gallego&Rey

No hay culpables para el Prestige. Aquella marea negra que tiznó hasta 2.000 kilómetros de costa hace 11 años, la que fue retirada a pozales por centenares de personas, fue una ilusión óptica. La catástrofe del Prestige “fue culpa del barco” llegó a decir entonces la Ana Botella de nuestros dolores que ya prometía. Un cacharro con bandera de conveniencia que se abrió en hilillos de plastilina –eso sí- y que fue paseado por el gobierno del PP hasta pringar uno de los mares más hermosos y fructiferos que tenemos. Ni siquiera hubo, a tenor de la sentencia judicial, delito ecológico. Pescado y marisco destruido, 200.000 aves muertas. También ocasionó víctimas humanas como recuerda Suso del Toro, quien concluye: “La sentencia del Prestige es un clavo más en el ataúd en el que están enterrando a la democracia en España”.

Manuel Rivas se desgarra en este «El Prestige se hundió porque quiso«: La sentencia sobre el Prestige lleva por fecha el 13 de noviembre de 2013, justo en el undécimo aniversario del desastre, pero en realidad es un documento de la era prePrestige. Una sentencia propia de la Edad de los Combustibles Fósiles. Un fósil, en sí misma. El relato es inverosímil. Todo parece fruto del azar y no existe la causalidad. Se formula, de forma indirecta o inconsciente, una especie de doctrina de la irresponsabilidad ambiental. Se blanquea la actitud de un Gobierno que nunca reconoció la realidad .

El chapapote ha entrado hasta la cocina de nuestras vidas. La carcundia mediática encantada, como nos cuenta José María Izquierdo. Hoy pueden apoyarse en algo sólido: una decisión de la Justicia, o lo que queda de ella. Se perfecciona la técnica.

La basura, consecuentemente, también se extiende por doquier. En Madrid, por cualquier parte que vayas. La alcaldesa Ana Botella sobrevoló por la tragedia del Madrid Arena –en un spa calentito-, por el fiasco olímpico con sus millones de euros tirados por el desague, y ahora se pasea por la porquería que inunda la ciudad que nunca debió gestionar. De Madrid quedan los despojos como os comento a menudo. Contaminación, firmes y calzadas destrozados, el turismo huye. No faltaba más que aromatizarlo con basura y excrementos. Mi ciudad en ruinas, escribe Javier Pérez de Albéniz. Botella ahora echa mano de una empresa pública, tras privatizar por sus santos ovarios este servicio público. Sus trabajadores van a plantarle cara. También estos.   Alguna dignidad para tanta inmundicia.

Y hoy se acaba oficialmente el rescate bancario a España. Hemos enterrado en él 41.000 millones de euros, la mitad para Bankia, entidad en fiasco absoluto, a cuyos responsables hay que tratar con mimo aunque no lo merezcan, como cuenta magistralmente Àngels Martínez Castells. Se llenaran hoy la boca los prebostes del gobierno y sus voceros. Adiós rescate, evitamos el del país entero. No el de su sociedad, de nosotros, que metimos en el ataúd de esos 41 millones nuestros servicios sociales, trabajo, sueldos, subsidios, pensiones y, sí, en muchos casos, demasiados, también el coraje.

El gobierno ya opera para que no haya tentaciones. Rajoy y Soraya al frente, con Gallardón como ejecutor, ya han dejado niquelado un Código Penal con tintes franquistas como sentenció el CGPJ.  Ahora acude a redondear la faena el Ministro del Interior. Ultima una nueva ley de Seguridad Ciudadana que tipifica como infracciones sujetas a fuertes multas los escarches y las manifestaciones ante el Congreso. Lo que los jueces, incluso estos jueces de los que disfrutamos, se niegan a castigar. Pero ahí está el PP al quite. Atado y bien atado.

La ultraderecha se une en Europa. Quieren cargarse la UE desde adentro e imponer sus leyes. La exitosa en votos extrema derecha del holandés Wilders y la francesa Marine Le Pen presentan el germen del nuevo grupo que desean formar tras las elecciones al Europarlamento de 2014. El PP encuadraría divinamente en esta alianza. Europa parece que les gusta –mientras sea neoliberal- pero ideológicamente están a la par.

Quedarían las cosas más claras. Estuve en la presentación del libro de Felipe González. Acudió la plana mayor del PSOE, con Rubalcaba y todo. Yo creo que este PSOE constituye la derecha culta, civilizada y elegante que necesita España. Derecha ha de haber, mejor ésta. Ahora solo falta buscar la izquierda. O/Y la valentía de una sociedad que sepa emerger del chapapote y la basura, de la mierda que nos impregna. Son como arenas movedizas, terminará por sepultarnos.

Hay que reivindicar la luz, el sol…

elrich.sol

Todo es según el radicalismo del cristal donde se mire

“España no está para radicalismos”, acaba de declarar María Dolores de Cospedal. Cualquiera podría deducir que se refería –por aquello de la inmediatez– al arzobispado de Granada y su libroCásate y sé sumisa, recién publicado, que enseña a las mujeres a ser dóciles siervas de sus maridos. Pero no, aludía al PSOE y a su Conferencia Política de este fin de semana. Los socialistas dijeron “laicismo”. Hubo protestas por el apoyo a la monarquía –que se aprobó–. Proclamaron: “Hemos vuelto”. Desde la derecha sin remilgos, se deduce. Y, sí, hablan de la reforma fiscal que nunca hicieron y ahora prometen o de que las políticas sociales serán irrenunciables. José Bono –figura de tanto peso en el partido que hasta le confiaron la presidencia del Congreso– comenta que para ciertas cosas nada como la gente de bien: «En momentos difíciles, prefiero que el PSOE se entienda con el PP y no con IU».

No es porque sea mayor y carca, Eduardo Madina, valor emergente, declara a La Marea que el PSOE sigue estando lejos de Izquierda Unida: “Seguimos siendo un partido con vocación de grandes mayorías, que no pierde de vista que, cuando se gobierna, se gobierna para quien te vota y también para quien no te vota, para quien te odia y no te va a votar nunca. Creo que es una diferencia sustancial respecto a las posiciones políticas de Izquierda Unida”.

Pero no hay que olvidar que los expertos en raíces y radicalismos son los miembros del PP. Los que saben de verdad qué es España. El secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, ha venido a aportar luz sobre el tema. En un auténtico tratado sobre las raíces patrias, comparte conLa Vanguardia “una experiencia transgeneracional” con la tauromaquia. Eso sí que es España. La acaban de declarar bien de algo, con su asignación presupuestaria y todo, naturalmente. Se promovió una ILP y se aprestaron a darle la mejor acogida. Lamentablemente, coincidió con otra –avalada por millón y medio de firmas– para acabar con la lacra de los desahucios. Pero eso es una ordinariez que tiene muy poco que ver con España.

El Gobierno aspira –ya lanzados– a que la tauromaquia sea incluida en el Patrimonio Mundial de la Unesco. Alguien que conoce bien el organismo me comentó que no le darán ese título ni muertos. Pero el Gobierno se entretiene y –lo que es mejor– entretiene al personal. El caso es que Lassalle sitúa la tauromaquia entre los aspectos de la cultura española que constituyen «tradiciones vivas» heredadas de nuestros antepasados. Y añade otras dos indispensables: la Semana Santa –ésa tan española del luto, la sangre y los latigazos– y el «cante jondo». Las tres aportan vivencias «que requieren de una protección que transciende el ámbito territorial de una comunidad autónoma».

Pocas patas son tres para sostener una mesa, ésta de la gran España. Así que es preciso añadir unas cuantas más para que se siga asentando de forma firme e imperecedera:

Tenemos a la Virgen del Rocío como suprema conseguidora de empleos. Tan eficiente que ha añadido casi un millón de parados desde que Fátima Báñez la colocó al frente del Ministerio de Trabajo. Pero es para que luego, con la recuperación tan estupenda que se avecina, se noté más su acción cuando se anime a desplegarla.

La familia es otro de los grandes pilares de España. Dado que el libro de la sumisión marital es una traducción del italiano, convendría para ser más precisos traducir también la palabra: famiglia; Lafamiglia. La que hunde sus fundamentos en la mafia y la camorra. La que usa y abusa de razzias y vendettas y, como mínimo, de silenciar bocas. La que emplea a redes clientelares por proximidad de sangre e intereses. La que sitúa en todos los órganos decisorios –desde la judicatura al poder económico y político o la prensa– a miembros del clan para que obren a su favor en cualquier prebenda o litigio.

Enlazando con ella, la corrupción es igualmente una seña identitaria de España, sobre todo de la derecha más casposa. De la que se cree merecedora de todos los privilegios y ajena a toda ley. Y a fe que parece estar en lo cierto cuando obtiene tan amorosos cuidados, en algunos casos, del ejercicio de la Justicia. De la derecha que ve lógico aplicar a sus inferiores desde el racionamiento de la comida al derecho de pernada –real o figurado–. La Unesco sí debería estudiar la inclusión de la corrupción española entre los Bienes Inmateriales de La Humanidad o en el Patrimonio Mundial, incluso en el Galáctico. Tener a 46 millones de ciudadanos callados y sumisos –pongamos como mucho un millón menos que protestan– ante tanto latrocinio y atropello tiene mucho mérito. Hay que dar con la tecla empleada porque igual sirve para otros menesteres.

Radical viene de raíz o base. Alude a lo fundamental. A la causa u origen de algo. En botánica, raíz es el órgano de las plantas que crece en dirección inversa a la del tallo e, introducido en tierra, absorbe lo que precisa para el crecimiento. El radicalismo propicia cambios. Según la RAE, son en sentido democrático, pero eso no se tiene en cuenta. Hay unos funestos, los que el PP ve en el “nuevo” PSOE, el que “ha vuelto”. Éste se cuida mucho de ser confundido con Izquierda Unida –igual es también porque atesora un radicalismo malicioso– en la aspiración de que le elijan los votantes de derechas decepcionados del PP. Qué poco les conocen a pesar de los pesares. Y quien realmente está volviendo del revés España es el PP con sus «reformas». Pero es que este radicalismo es del bueno, pata negra, español por los cuatro costados.

España está precisamente para radicalismos, los auténticos. Necesita –urgentemente– limpiar sus raíces de tanta porquería como se adhiere a ellas. Hundirse en la tierra de la decencia y la educación y no en un estercolero. Solo así podremos dar frutos. Ser radicales de verdad, ir a lo esencial, a lo que importa y beneficia a todos.

*Publicado en eldiario.es

Manual para mirarse al espejo

No tendríamos consciencia de nosotros, al menos de nuestro aspecto físico, a no ser por los espejos. Desde el comienzo de los tiempos el ser humano buscó mirarse para poder verse, como lograba hacer con los otros.

El espejo se ha desarrollado mucho, claro. Al infinito. Existe tal variedad que se diría pasamos por la vida observando la realidad a través de reflejos. Y que posiblemente los marcos condicionan en gran medida lo que creemos ver.

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Ex presidentes del gobierno andan estos días –como ya hablamos- mostrando su visión de sí mismos. La suya, la subjetiva. En algún caso –quizás en todos- con tales omisiones y deformaciones que tienen poco que ver con lo que pasó y los demás vivimos.

La idea que Rajoy  y su gobierno tienen –o dicen tener- de España, su gestión y la crisis roza el surrealismo. En el caso del ministro Cristóbal Montoro, la enajenación mental o la evidencia del consumo de alguna sustancia que altera por completo las percepciones por las grandes dosis de euforia que despliega. Eso o nos está tomando el pelo. Más.

En la conferencia del PSOE contemplamos similar dosis de irrealidad. Al menos en sus principales responsables hoy. Se ven guapos, dispuestos, responsables, racionales, mientras la sociedad les contempla decrépitos y en tremendo declive. Ellos solo miran los espejos del circuito cerrado en el que se mueven y los cristales ya han interiorizado el moho. Como no entre aire fresco -así como un huracán- criarán telarañas. Más.

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La izquierda anda revuelta. Hay gente que lanza piedras al lago y enturbia el agua para poder mirarse. Se ponen nerviosos. A estas alturas, lo mejor es adquirir un espejo de calidad, y con varios aumentos para detectar imperfecciones y corregirlas.

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Todos los partidos, al parecer, prohíben airear defectos a sus militantes. Leed hasta el final la denuncia periodística. Lo peor es que algunos abducidos ven bien la censura. Lo defendían ayer en twitter. Su espejo ha ennegrecido.

Es humano –en sus aspectos menos racionales-  buscar la aprobación en los espejos. Imaginarse más atractivo, pero mirarse en esos cristales azogados que reflejan y no atraviesan exige criterio. Si son defectuosos marcarán el camino equivocado.

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Hay gente mucho más sensata y lógica. La madrastra de Blancanieves sabía de sobra al contemplarse que era más vieja que la princesita, lo que no debería implicar necesariamente que fuera más fea, pero no le hacía ninguna gracia desmerecer ante la lozanía de la joven. Lo malo de ella es cómo quería alterar la realidad con trampas. Coaccionando al espejito, vamos. Pero la madrastra bien que se veía sus arrugas, no se engañaba. Eso es lo último.

Conviene, como digo, un espejo de buena factura. Fiable. Limpiarlo con frecuencia. Alejarlo de humedades y agentes contaminantes. Y situarse ante él con las emociones templadas. Indagando en la sentencia real, sin paños calientes. Buscar la verdad sea cual sea.

Nada más patético que contemplar a un cuasimodo presumiendo de belleza y gallardía, cuando tras el espejo muestra sus miserias al aire, tan desnudas como un culo sin cubrir.

 

Robo de la clave de una tarjeta de crédito: el sistema aboca a la indefensión

¿Ha leído Vd. a Kafka?” Hacer esa pregunta a una teleoperadora da idea del grado de desesperación al que había llegado tras haber repetido 4 veces la misma historia. Hubo varias más, vayamos con la enésima. Resulta que ayer al revisar los cargos de mi tarjeta de crédito –simplemente porque me llamó la atención la cifra a día 5-, me encuentro uno de 60 euros justos con origen en Bélgica. La empresa parecía ser una mediadora de pago por Internet. Y yo… no había comprado nada en esa fecha. Ni por ese medio. Casi nunca lo hago. 60 euros no van a arruinarme, pero el método empleado abre la puerta a que se lleven lo que puedan. Y además por principio no se puede consentir.

Con una prisa enorme por un compromiso que implicaba a varias personas, lo primero que hago es llamar a mi banco. Cualquiera lo haría ¿no? No conozco a ningún empleado, los cambian con tanta asiduidad para que no se encariñen con las víctimas –se diría- que en este momento no hay nadie de referencia para mí en ese oficina. Bueno, sí. Un empleado me resolvió –no sin varias gestiones- un asunto de un cobro indebido, aunque de web conocida y con el reconocimiento del error por parte de la empresa.

Ayer, llamo al banco pues y me responde una voz de mujer. Le explico el caso y me dice que si no paso por la oficina no se puede hacer nada. Pregunto por el hombre que me atendió a ver si tengo más suerte, me dice que está ocupado. Pero como advierto que si no me dan una respuesta satisfactoria cancelaré la cuenta, me pasa no sin protestar: “Y encima me amenaza con cerrar la cuenta, qué carácter”.

En esta ocasión su compañero tampoco me resolvió el problema. Se me ocurre entonces buscar y llamar a la central de tarjetas del banco. Voy bien orientada. Una mujer, con voz inexperta –eso sí-, me dice que si he cancelado la cuenta porque no puede acceder a ella, “algo raro pasa”. Miré, facilíteme su teléfono y la llamarán mis compañeros, igual hoy o mañana.

¿Cómo?, bramo. ¿Me voy a quedar a esperar que me llamen sus compañeros cuando me habla de cosas raras y cancelaciones de cuenta con la tarjeta abierta a que me saqueen? Insisto de forma que parece dar resultado: me pasa con otra señora

Ésta, muy suelta, me pide todo tipo de datos, creo que hasta qué número de zapato calzo. Ha de asegurarse de que soy quien digo ser: la titular de la tarjeta. En los interludios yo insisto con mi historia, ya le he dicho varias veces los números finales de mi tarjeta y ella sigue a lo suyo preguntándome datos. Finalmente dice: ah, pero Vd. ya no tiene tarjeta con nosotros.

¿Cómo? Repito en un alarido. Veo que es una que cobraba un interés abusivo y la retiré. “¿Entonces porque figura en mi extracto este número al que he llamado?” deduzco y pregunto como una náufraga que ve en la lógica una tabla de salvación. Como sigue hablando sin concretar nada es cuando echo mano hasta de Kafka, pero a eso ni me responde.

Dado que es la misma empresa, que es la Central de tarjetas de mi propio banco, esta teleoperadora no tenía más que enviar la llamada al departamento que sí se ocupaba de la mía, de la que le había estado facilitando los números finales de continuo. Transferirme a la persona adecuada. Marcar un número, de eso solo se trataba. Lo hizo por fin. La quinta interlocutora, sí me atendió. Indagó –en otro departamento más, eso sí- datos sobre la empresa que me había cobrado lo que yo no reconocía. No sonaba bien y  apuntó los pasos a seguir: bloquear la tarjeta, ir al banco, presentar una denuncia. Ella lo haría también, y asimismo –a su iniciativa- una queja a la dirección por el trato que había recibido.

A las 9,30 he salido esta mañana a culminar las gestiones. He ido al banco en primer lugar. Pero… no se puede tramitar nada si no presento denuncia en comisaría. Me hace la reclamación a expensas de que yo luego le envíe la denuncia. La empleada que ayer me largó a las primeras de cambio, se acerca y se ofende mucho de que haya dudado de su trabajo del que siente “muy orgullosa”: su trabajo no es solo captar dinero de los clientes, es atenderlos también si tienen un problema, le digo. Y aviso que presentaré una reclamación. Ahí sí se esmera en darme los datos de dónde enviarla: sabe que no servirá para nada, ni tendrá consecuencias.

Salgo hacia comisaría. Allí en la propia puerta me paran para preguntarme cuál es mi denuncia. Muestro los papeles como me piden. Y el policía me dice: Aquí le falta la firma. Ha de tener el sello y encima la firma. Así lo pide el Juez. En ese momento, una se dice:vale, abandono, es lo que quieren.  Pero no, seguiré. Al final “todos desisten” y así nos vemos como nos vemos. Ya está bien. 

Eran las once y pico cuando he llegado de nuevo al banco. La reclamación estaba firmada, pero como parecía que debía ser coincidente sello y firma, ha puesto los requisitos a pares.

Y de nuevo a comisaría. Esta vez me cuesta más encontrar aparcamiento –iba en coche gran parte del trayecto, y aún así estoy bastante cansada del trajín-. Y decido dejarlo “un poco mal”. Es en la puerta de un aparcamiento privado que se llama algo así como “Casa de la Virgen”. Palabra. Dos vigilantes uniformados observan la maniobra. No tapo en absoluto la entrada del garaje. Pero me salgo un palmo del espacio delimitado en la calle. Esperan a que concluya completamente la maniobra. Y, una vez que he terminado, uno de ellos, el de mayor vocación de general con mando en plaza, se acerca y me dice que no lo puedo dejar ahí y empieza medir con su mano lo que me salgo de la marca que señala el aparcamiento que no es en absoluto de su incumbencia. He pensado desistir del empeño. Todo me abocaba a ello. Todo aboca a la indefensión y la impunidad en España. Pero he decidido que seguía aunque no podía permitirme discutir también con ese garrulo, así que me he ido a buscar otro sitio. Por cierto al terminar todo, he visto quehabía autorizado a aparcar a un mini -de esos que son como medio coche- que sí cabía.

En comisaría ya puedo avanzar hasta la mesa de recepción, unos dos metros más que la primera vez. Y allí un empleado muy amable me explica que tengo como una hora de demora. Espero, salgo, entro, paseo, tuiteo, y finalmente me toca entrar pasadas la 1 de la tarde. Se tramita la denuncia, por cuadriplicado, y con todos sus sellos y firmas, y ya se podrá tramitar también la reclamación del banco. Esta condición me parece demencial para esta cuantía. Tiene la policía cosas mucho más serias que investigar. Pero es que te obligan a firmar otra cláusula disuasoria: si la denuncia es falsa incurres en responsabilidad penal. Yo estoy preguntando a mi banco a qué corresponde ese cargo que no reconozco y la única vía para que mueva un dedo es ir a la policía. Lo lógico es que el banco indague y si se confirma el carácter fraudulento presentar la denuncia. La alternativa que queda es o tragar y comerse el posible robo o afrontar «responsabilidades». Un desastre. Por cierto, comentamos por allí que se están produciendo muchas denuncias similares de robos de claves y en cantidades pequeñas que se notan menos. Estad atentos.

Si miré la cuenta ayer fue por el palo observado en el saldo. Mire a ve cuál de los compromisos del aciago –para pagos- Noviembre había caído ya. Era el impuesto revolucionario de Montoro, llamado en su terminología legal Impuesto de la renta de las Personas Físicas. Nunca he pagado tanto como ahora. Ni tan a gusto al ver cómo ayuda al bienestar de mis conciudadanos y el mío propio para el mantenimiento de nuestros servicios básicos. O cómo, por ejemplo, -y en este punto pagar impuestos me hace especialmente feliz- la Fiscalía no considera cohecho el que donantes del PP reciban contratos de las administraciones que gestiona el PP porque no hay datos explícitos que relacionen ambas acciones. Es decir, no pone en la entrega de dinero al PP: “Vale por una adjudicación”. O mejor aún, “Vale por un cohecho”.

Estamos viendo robar a manos llenas ante nuestros propios ojos y nuestra propia indefensión  y no se puede hacer nada, al parecer. Denunciar los robos menores que acometen a cualquier mortal que no goza de esos privilegios, es como, acabo de relatar, una odisea. En realidad le pasa a mucha gente, todos los días, por mucha mayor cuantía en gran parte de las ocasiones, y todas las víctimas han de seguir el calvario marcado por el sistema para abandonar la reclamación en algún momento. No se puede tolerar, ya digo. Nadie debería callarse. Hay que dejar desnudo el sistema.

A las 2 menos cuarto llego a casa. 4 horas y cuarto después de haber salido. Era cuestión de dignidad. En alguno de los trasiegos -creo que ha sido la segunda vez que he llegado a comisaría- me han dicho: esto si hubiera venido antes de las 10 se lo hubiéramos hecho en un momento. O sea, cuando he salido de casa.