Llamar populismo al fascismo y otras confusiones

Volvemos a ver niños desolados entre uniformes que les arrancan de las manos de sus padres. En la América grande de Donald Trump no caben y son separados de sus progenitores y conducidos a jaulas. Son los rehenes que utiliza el magnate llegado a presidente estadounidense para disuadir la inmigración ilegal. “Que venga a recogerme mi papá” gime una niña en el vídeo rodado por la agencia Propublica en un paso fronterizo, mientras el resto no deja de llorar,  llamar y urgir “lo más pronto posible”. Una orquesta de llantos para los agentes.  Trump no siente el menor arrepentimiento, ha dicho. Millones de norteamericanos le encargaron sus destinos y los de su país para que hiciera esto y cuanto le viniera en gana. A otros no, pero a  la dinastía Trump  y sus negocios les está yendo francamente bien. 

Matteo Salvini, vicepresidente de Italia, tras cerrar los puertos a los refugiados del Aquarius que recogió España, anda listando gitanos para echar a los que no hayan nacido en el país. Tampoco caben en los límites de los nacionalismos de ultraderecha. La lista de dirigentes de este sesgo es larga y crece. Suelen ser botarates sin escrúpulos, seguidos y aupados por personas similares a ellos bastante inconscientes, en su caso, de las consecuencias de sus apoyos.

La palabra de moda para definir esta barbarie es “populismo”. Cientos debienpensantes oficiales la tienen en la boca todo el tiempo. Dicen populismo cuando habrían de decir fascismo porque -consciente o inconscientemente-  de este modo asimilan sus actos con todo tipo de políticas que se alejan de las establecidas: desde la derecha dura a la socialdemocracia. De hecho el Sistema tiene una especial permisividad con los neofacismos porque estos no alteran el status quo. La propia UE anda pidiendo a Polonia o Hungría que se moderen en sus derivas. Llevan “perdiendo la paciencia” ya varios años. Y siempre encuentran una tila que les sosiegue.

Definiciones adaptadas para dulcificar los viejos fascismos. Estamos ante el momento que vivieron generaciones pasadas en los años 30 del siglo XX por una crisis de civilización parecida, la provocada por los abusos del capitalismo. Es bien notorio que el fascismo saca lo peor del género humano incluso en personas que se creen muy juiciosas. Especialmente cuando se han dejado vaciar la mente con ignorancia e irracionalidad.

Oficialmente, el populismo es una tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo. ¿A quién defienden pues las otras tendencias políticas?

No llames populismo a lo que es demagogia. No llames populismo a lo que es fascismo. No llames cordura al egoísmo ni a la estupidez. No digas que no cabemos todos o que se nos llena el país de negros sin hacerte mirar tu inhumanidad. No permitas que te lo cuelen.

Jamás he entendido –dentro de la estricta lógica- por qué hay personas que consideran suya una tierra por haber nacido en ella por pura circunstancia. Lo grave es cuando algunas de esas personas encima se consideran superiores a los migrantes, siempre que no vengan con un balón de fútbol bajo el brazo. Creerse superior, por estas razones, por haber nacido en determinado trozo de tierra, es nazi de libro y sobre todo de primero de estupidez.

La perversión del lenguaje, a menudo interesada, está vaciando de contenido las mayores amenazas que nos acechan, que ya están aquí. El fascismo y sus asimilados. Hay que volver a poner nombres precisos a los conceptos.

Lo que hace Trump con los niños centroamericanos es un crimen de lesa humanidad.  Su ideología es de extrema derecha. A negociar y establecer acuerdos con Trump se le llama relaciones internacionales. O pragmatismo. Encaja mejor, hipocresía. En realidad, aislarle sería lo más justo, de no participar en sus emboscadas a la justicia.

Y así, bordeando esta Europa con graves brotes de ultraderecha, nos llegamos hasta España, donde tenemos más nombres que definir.

Mantener la tumba de Franco en un mausoleo descomunal y con todos los honores es impropio de un país democrático. Resistirse a cambiarlo también. Decir, como ha dicho Albert Rivera,  que sacar de allí el cuerpo exige consenso para respetar emociones –las de los admiradores del dictador se entiende- es apología del franquismo. Y una ofensa a las víctimas de la dictadura que llevan toda una vida viendo pisoteadas sus emociones. Y un signo más de ideología ultraderechista.  Como ya venía avisando.

Que se cuele la bandera del aguilucho en la presentación de la candidatura de Cospedal a la presidencia del PP, está en la misma línea. Como también venía avisando.

Desinformar o informar falsamente de forma voluntaria es manipular. Hacer trampas para seguir manipulando –como en RTVE- es corrupción. Conviene etiquetar los conceptos más usados en estos tiempos no vaya a ser que se nos olviden y caminemos en el error. Todos los fundamentales que más lavados llegan: fascismo, franquismo, oportunismo, hipocresía, odio, abuso, negocio. No desdeñen la palabra pifostio (lío enorme), ausente todavía del diccionario, encaja con el futuro inmediato de los partidos de la derecha.

Y aquí estamos muchos otros. Llaménnos ilusos por pedir la luna y la tierra y positivos por embarcarnos en la esperanza con cualquier punto de apoyo…

 

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¿Qué ha hecho con el dinero el PP?

Rajoy renuncia a su acta de diputado. Es el último episodio del momento que vive el PP. Un partido que, sin cabeza aún, ya ha pedido la dimisión de Pedro Sánchez, presidente desde hace 2 semanas, y estudia una moción de censura. Ha presentado 9 preguntas para la próxima sesión del Congreso y prepara más acciones. El gobierno apenas ha echado a andar. Se encuentra en fase de nombramientos, atender asuntos urgentes presupuestarios como la paga extra de los pensionistas y poner en marcha medidas llamativas –y positivas-. Como la devolución de la Sanidad universal a los residentes en España que tardará unas semanas en ser efectiva.

Con todo el lío de los emigrantes que les van a comer el pan a los mucho españoles, la Catalunya que quiere romper España y la búsqueda enfebrecida de ministros a los que pillar en falta y echar, pasan desapercibidas noticias a tener en cuenta. Por ejemplo, que  el BCE cierra el grifo. Ha anunciado que dejará de comprar deuda pública europea en Diciembre. Y de ahí viene una cascada de cuestiones.

Confirmamos la inyección que el Banco Central de la UE ha venido suministrando a las economías de la Eurozona. Los datos facilitados nos dicen que  ha invertido a ese fin 2,5 billones de euros desde 2015. De ellos, casi 250.000 millones le han tocado a España. En realidad, falta un buen lote de dinero por contabilizar. Fue en 2012 cuando Dragui anunció que  “haría todo lo posible por salvar el euro” y se lanzó a comprar deuda. Casualmente, la ayuda del BCE empezó con la llegada de Rajoy a la presidencia de España. Recordarán  que con él se alcanzó el top de la prima de riesgo:  650 puntos en julio de 2012. Y, ahora, cesa ese soporte extra cuando se va o lo echa una moción de censura. Le llamaron “Programa de Expansión Cuantitava”. Fue cualitativa también, en la práctica. A nuestro afortunado dirigente le vinieron de cara los vientos de millones europeos. Pero ¿qué se hizo con ellos o con la Deuda que sufragaban?

Miremos a ese foco de atención: 250.000 millones de euros confesos en 3 años y  poco. Y a la vez aumento récord de la Deuda Pública. Rajoy la cogió en 743.530 millones de euros y el 69,5% del PIB.  La ha dejado en más de 1.000.000 millones de euros y casi el 100% del PIB. Tan abultado endeudamiento consume una media de 31.000 millones de euros en intereses cada año. Son créditos y hay que pagarlos. Es hora de preguntarnos ¿dónde  metió el dinero el gobierno de Rajoy?

Numerosos miembros del PP aludieron como causa a facturas que se encontraron sin pagar en los cajones. Con ese dineral, habremos adquirido ¡quien sabe! si países enteros de esos que arruinan sus colegas ¿saben ustedes de alguno o de otra inversión que justifique semejante desembolso?

Se añaden varios agujeros más como el consumado a la Hucha de las pensiones. El PP la ha dejado temblando al punto de acudir a créditos para cumplir.  El gobierno del PSOE, recién llegado, ha tenido que pedir otro para pagar la extra de verano. No ha debido encontrar las arcas llenas de la recuperación. El PP no bajó impuestos, subió algunos inicialmente. Y  los recortes al Estado del Bienestar rozan lo escandaloso. ¿Dónde ha metido el dinero el PP?, insisto.

Muchos ciudadanos prefieren ocuparse de banderas, les hiere profundamente en su corazón mucho español que se ayude a los refugiados, el gasto que, según ellos, cuesta tener más ministras, pero no les hables de dinero en serio porque se aburren. O no se lo creen. Los pensionistas sí se han enterado ya. Las mareas se comprenden mejor cuando el agua moja los pies.

Los hogares con pobreza energética (que es una forma de denominar a la pobreza completa) han aumentado con Rajoy un 62%. Han pasado a hundirse en esa limitación más de 700.000 personas. Este dato forma parte de un trabajo muy completo de Emilio de la Peña en Ctxt.es. En él destaca cómo el salario real en euros ha bajado un 5%, han aumentado los trabajadores pobres, ha disminuido la inversión en sanidad o educación.  Hemos perdido en consecuencia puestos en el ranking de los sistemas sanitarios públicos más eficientes. Los ricos son cada vez más ricos. También con datos.

Por cierto, cabe preguntarse dónde habrá metido el PP el presunto ahorro de restringir la sanidad pública. O del copago y el medicamentazo que dejó fuera del sistema de salud más de 400 fármacos.

Más de medio millón de niños pasaron a engrosar  la pobreza infantil desde que entró Rajoy en el gobierno.  En tiempo récord además. En noviembre de 2011 había en España 2.226.000  viviendo bajo el umbral de la pobreza. La misma organización que lo evaluó, Save the Children, ya daba la cifra disparada en  2014: 2.826.549. Periodistas a sueldo, muy buen sueldo, para lavar la cara al PP, de los que vemos chillando en las tertulias, cuestionan estas cifras. A saber qué entenderán por riesgo de exclusión social, repiten, desde sus orondas vidas.

El alza de tasas universitarias, los créditos que entrampan e hipotecan la vida, las becas en rebaja. El éxodo de jóvenes y mayores por falta de trabajo. La vivienda cara, los alquileres en ascenso prohibitivo, los desahucios.   De los de tirarse por la ventana cuando llega la policía a echarlos de casa por orden judicial de un banco y de un Fondo Buitre.

¿Qué ha hecho con el dinero el gobierno de Mariano Rajoy? La justicia está certificando los ladrones que albergan en su seno. Esos que “hace mucho tiempo ya que no están”. Sabemos de los rescates. De despilfarros a la brava. En infraestructuras, especialmente.  La propaganda hizo de su gestión económica la mejor baza del PP, pero no salen las cuentas.

Y aún así hemos de aguantar a Rafael Hernando, a quien en Twitter me permito calificar de portacoz del PP, dada su virulencia verbal. O a su colega Martínez Maíllo tergiversando el papel del Congreso que es quien otorga las mayorías. A sus voceros.

Queda mucho por hacer en España. Empezando por la educación de esos millones de personas que no saben ni dónde les aprietan los zapatos.

Rajoy… Y al final fue despegado

  Rajoy se va. Ha dejado el acta de diputado. Ha estado con nosotros toda una vida. Cierto día, en el preludio de Eldiario.es, cuando solo funcionaba Zona Crítica, escribí sobre su estrategia: la del percebe. Tópico usado después con cierto éxito. Rajoy ha basado su vida en la constancia, en aferrarse a lo que consigue contra viento y marea. Su máxima, inspirada en otro gallego Camilo José Cela: “En este país, el que resiste, gana”, se convirtió en un mito. Que se niega a sí mismo, porque como diría también cualquier gallego, gana a veces y a veces no. A Rajoy le ha funcionado, hasta el día que ha entendido ganada la partida.

Hijo del que fuera presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra, el joven Mariano estudió Derecho como él y, ya desde el último año de carrera, preparó oposiciones a registrador de la propiedad. Las aprobó para convertirse a los 24 años en el titular de ese cargo más joven de España. Siempre se citó este hito en la derecha mediática como muestra de sus virtudes. Múltiples sospechas llegaron de otra banda. La derecha a veces tiene atajos en esto de los estudios y los títulos, como hemos podido ver.

 Un viejo  amigo, ingeniero, resaltaba que la de registrador no es una profesión para pensar y deducir sino para dejar constancia escrita de títulos. Exige perseverancia, no brillantez. De antiguo goza de privilegios impensables en el resto de Europa. España es el único país en el que cobran directamente al ciudadano que quiere inscribir algo. Fuera es un servicio público, gratuito, que llevan a cabo funcionarios.

 Mariano Rajoy se ha dedicado a la política durante más de 35 años. Pero mientras pudo mantuvo su plaza de registrador en Santa Pola (Alicante). Otro profesional de Elche colaboraba con él, hacía el trabajo. Una larga vida política llegó después. En la que ha logrado cargos muy relevantes en los que no destacó. Casi por descartes, se ve aupado a candidato a la presidencia por el PP, tras ser designado por Aznar. Sufre dos derrotas electorales. Nadie apuesta por él. Salvo una Comunidad Valenciana que hoy sabemos, ya por sentencia judicial, que dopó el apoyo a su elección.

La revuelta marea de la crisis le da aire y lo catapulta a la Moncloa cuando las calles están llenas de protestas por lo que su partido representa. Y logra, además, la mayoría absoluta, a pesar de contar solo con los votos del 30,37% del electorado, por los azares de nuestra también peculiar ley electoral. Zapatero no la consiguió con un 32,18% en 2008, ni con el 31,89% del 2004 y más papeletas a su favor que el PP en 2011 en ambas ocasiones.

  Durante años gozó de una sorprendente benevolencia de la prensa, en general, no solo consevadora. El señor de los hilillos, el de los lugares comunes, el gris gestor, despertaba una cierta compasión. Ya presidente, se subió en muchas ocasiones a una prepotencia inaudita que tampoco se le afeó.

  Sin piedad alguna, fue mermando los pilares del Estado del Bienestar. Cree -y ejerce- en la superioridad de unas clases sobre otras, como cuando, joven, escribió sobre la bondad por la estirpe que da la cuna. Ha mentido como ningún otro dirigente, si descontamos a miembros destacados de su partido. Las hemerotecas están desbordadas de sus frases y promesas falsas, de sus guiños que anticipaban inexactitudes. Avivó el conflicto con Catalunya por su intransigencia y búsqueda de votos. Destrozó RTVE como nadie hizo antes, ni siquiera José María Aznar. El Rajoy resiste en su esplendor.  Los medios han salido tocados. Los periodistas que se plegaron a tomar notas ante un plasma. Las instituciones se han visto seriamente resentidas. La involución y el recorte de libertades nos ha devuelto a negras noches del pasado.

Dice su gente del PP que ha sido el mejor presidente de la historia de España. Así la escriben.

   La corrupción ha tumbado a Rajoy.  Se ha podido comprobar la poderosa organización de la que forma parte el PP, el Sistema, el Régimen del 78. Precisa todo el entramado tal regeneración, que sería deseable una renovación más amplia, que Rajoy fuera ese punto de partida.

Es de valorar su acierto al reconocer que la batalla estaba perdida. Ojalá hubiera sido antes. Resistió. Ojalá se pueda recomponer el daño. En aquel artículo de 2012 concluí que, en muchos casos, los mariscadores terminan por hallar un resorte que desprenda al percebe de la roca a la que con tanto ahínco se sujeta contra todo pronóstico y toda lógica. El mar y la tierra son de todos, no solo del percebe.  Pero Rajoy se va con la frente alta y entre continuos aplausos, de forma que casi no parece que la mayoría del  Congreso le ha despedido. Fue despegado de la roca, y parece que se soltó para seguir nadando a su aire.

Al rescate de los refugiados y de la democracia

Cada vez que se produce un episodio con refugiados atrapados en el mar se desencadenan las mismas diatribas. Y con los mismos falaces argumentos por parte de la derecha xenófoba que engloba a muchos más de los que se cree.  Lo que está en cuestión es la confrontación entre ser humanos o inhumanos.  Y, una vez tras otra, se demuestra la proporción que nutre cada lado.  Es una batalla crucial. Con posturas irreconciliables y excluyentes. La diferencia es que una de ellas ataca los cimientos de la convivencia democrática.

En las leyes internacionales, por muy contradictorias que sean sus competencias, prevalece, como máxima prioridad, la atención a las personas cuyas vidas están en peligro. Más aún, la omisión de socorro a náufragos es un delito. Cierto que se viola impunemente mientras, desde la Unión Europea a sus ciudadanos, miran para otro lado. Están dejando pasar atropellos intolerables, impensables en la condición humana al menos en períodos menos siniestros que los actuales.

Hemos visto pasar en este último tiempo no solo numerosas víctimas mortales sino rostros atravesados de espanto de niños y adultos. De dolor, de impotencia. Los hemos visto caminando en el barro, durmiendo en el suelo, con lluvia y nieve, tras barrotes con los que premiaron su llegada a la Europa prometida, bajo las miradas de botas militares. Y  nuestra vida ha seguido su curso, ignorándolo. La UE pagó nada menos que al presidente turco Erdogan para desembarazarse de ellos. Países miembros  de la Unión cerraron sus fronteras.

Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas
Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas

¿Quieren abordar a fondo el problema?  Pues lo primero es revisar la  venta de armas a países en conflicto –como mínimo-. Y ya les aseguro que eso no va a ocurrir. Hay demasiada gente ganando cantidades obscenas de dinero con ese negocio. Otro punto esencial a examinar nos sitúa ante los intereses estratégicos y económicos de Occidente en países de procedencia de los refugiados. Su papel incluso en provocar conflictos. Ardua tarea. Con ese lastre de partida habrá que ir a buscar soluciones a las derivas de esta sociedad.  Quizás en el fondo es el quid de la cuestión.

Xenófobos y neofascistas consiguen mayorías ya en algunos países europeos. Personas aparentemente normales han colocado con sus votos a dirigentes de extrema derecha en los gobiernos. Por alguna incomprensible causa, esos seres obtusos y despiadados se creen superiores a los migrantes.  Es al contrario, el auténtico peligro para la convivencia son ellos.

Hemos de analizar qué ha podido llevar a una parte de la sociedad  a permanecer impasible ante tanta inhumanidad, a callar, a menospreciar el dolor exacerbando su egoísmo. Entre los rescatados por Médicos Sin Fronteras y acogidos en el Aquarius, hay siete mujeres embarazadas y 123 menores que viajan solos. Los hombres han dormido a la intemperie, las mujeres y los niños a cubierto, cuentan los periodistas que viajan con ellos. Escasea la comida.  Ayuda a entender ponerse en el lugar del otro, imaginarlo por un momento.  Verse en una situación crítica, con peligro vital, y que salvo unos pocos nadie mueva un dedo. Y el mundo entero siga con sus charlas incluso sobre ti. Experimentar la sensación de sentirse tan abandonado. Temer el después. Niños y adultos vagando, usados, prostituidos. ¿No lo han pensado?

Lo asombroso es que no se vea la sociedad que se está creando y la ceguera con la que comienza a abrazar el fascismo creyéndolo solución. No lo es. Por el contrario, hoy es nuestra principal amenaza.

A tener un ministro del Interior como Matteo Salvini no se llega ni en un día ni por casualidad. Y de hecho en esa senda hay numerosos países en este momento, por distintas vías. La de Italia pasa por la corrupción mafiosa incrustada en las instituciones y en una parte de la sociedad. Por la falta de respuestas políticas a la precariedad. Por las reacciones de una ciudadanía educada en la frivolidad y la idiotización televisa. Problemas que reconocemos bien como propios. El caos italiano ha llevado al poder a una coalición entre el movimiento -antisistema pero menos-  5 Estrellas y la ultraderechista Liga, llamada ahora así, sin apellidos. Tan singular que su  propio líder, Matteo Salvini, fue elegido por Calabria, situado abajo, justo en la punta de la bota de Italia, tras haber combatido en sus discursos al Sur perezoso. La Calabria, trufada de mafia, que paga 25 euros por 12 horas de trabajo a los emigrantes y en la que, no por casualidad, acaba de morir asesinado un jornalero de Malí de 29 años.

La ultraderecha, los Salvini de turno, los Albiol, hace crecer el odio sin aportar soluciones. Sus falaces discurso calan sin embargo en mentes proclives. Les podemos garantizar que no han sido los emigrantes los que han precarizado su vida, han sido las políticas del abuso y fomento de la desigualdad que precisamente ellos practican. Ese capitalismo salvaje cuyos excesos han vuelto a embarcarnos en el ascenso del fascismo. Puede afirmarse  también, con rotundidad, que el fascismo no soluciona problemas. Los acrecienta.

Es cierto que Italia se ha comido la mayor parte de la crisis migratoria. El problema no es solo suyo, es de todos. Hay que tomar medidas, estudiar soluciones conjuntas dentro de la Unión Europea.  Eficaces y urgentes. La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de traer a España a los refugiados a los que el gobierno italiano cerró los puertos es un paso importante que les conmina a ello.  No se acaba el gran cisma sin embargo entre los demócratas y la chusma inhumana con la que convivimos y se destapa a la menor oportunidad.

No me digan, como andan por los medios los “expertos” de turno, que aprueban por humanidad y por mandato de la legalidad internacional la decisión del gobierno español pero que si las mafias, que si el efecto llamada y la maldad de las soluciones particulares.  ¿Qué es pues lo que aprueban? ¿Qué mueran las personas rescatadas en el Aquarius, como han muerto ya miles, mientras volvemos a aplazar las salidas?

Van “creciendo” en las referencias  los miles de refugiados que han llegado a Italia o Europa en su conjunto. Al final, se diría que toda África y toda Asia residen entre nosotros. Cualquier demócrata preferiría, si lo piensa bien, tener a su lado a esos miles de seres humanos tan valientes como para arriesgar su vida por vivir realmente que a los millones que votan ultraderecha xenófoba, aunque se autojustifiquen llamándola incluso centro-derecha. Y no digamos ya, en España, a ladrones que nos han expoliado. Con lo que nos han robado podíamos vivir decentemente, nosotros y los miles de miles de migrantes.

Los españoles, algunos,  empezamos a ver un punto de luz entre tanta tiniebla que nos apagaba. Gestos si se quiere, pero algo en otra dirección. Mucho por hacer.  Y a fondo. Quizás, de ese sector de la sociedad que no cree en la democracia, que la combate y le pone zancadillas, habrá una parte rescatable entre los tibios, al menos.

El fascismo se combate leyendo y reflexionando. Abriendo la mirada. Porque ya está aquí.  Uno de los pensadores que más se está empeñando en denunciarlo y combatirlo es el filósofo holandés Rob Riemen.  Aconseja llamar al fascismo por su nombre. No es “populismo” como se desliza por los medios, en busca a veces de réditos electorales. Ese populismo es la demagogia de toda la vida, Y el fascismo es el fascismo. Y llega, advierte Riemen,  cuando se pierden los valores. Pasó en los años treinta. No puedo estar más de acuerdo.  Propone como solución centrarse, regresar, a un Humanismo europeo. Salvar vidas humanas es el primero capítulo.

Cultura para abrir los ojos, decencia como motor, empatía con los otros seres humanos. Y proa directa a los que no lo son.  A la ultraderecha xenófoba, al fascismo, a quienes les apoyan y escuchan. Ahí tenemos a los verdaderos enemigos de la democracia. Y son tantos ya los que la secuestran que se precisa también rescatarla.

Feria de autores (de libros o no)

Acaba la Feria del libro de Madrid y llegan los datos. El primero, las ventas. Es una Feria. 8,2 millones de euros, lo que implica un descenso  del 7% respecto a 2017.  Los organizadores lo atribuyen a la lluvia y el viento que ha azotado la capital como a otros muchos lugares de España. 2,2 millones de visitantes. Y un récord de autores firmando: más de 2.000.

Si se mira bien, es una Feria de autores en la que se venden libros. La megafonía no deja de recitar los nombres y las casetas en las que se encuentran. Es como unFarenheit 451 paradójico. Una voz señala en tono monótono dónde encontrar al ídolo. En un universo tan variado como la propia vida.

Los visitantes, tantos en fin de semana que entorpecen el paso, buscan quién tiene la fila más larga. Este domingo de cierre, el título andaba entre María Dueñas, Miguel Ángel Revilla, Sandra Barneda, Leticia Dolera, Carme Chaparro y una tertuliana de ultraderecha. Todos aparecen en la tele, en programas estelares u ocasionalmente. Enorme expectación también Roberto Santiago, cineasta y autor de éxito de libros para niños y jóvenes.

El escritor Manuel Rivas dialoga con lectores
El escritor Manuel Rivas dialoga con lectores

Veo a Benjamín Prado. Un poco más allá a Manuel Rivas charlando relajadamente con los lectores que se han acercado. Muchos escritores señalan que ese contacto directo les enriquece y estimula. No queda tanto tiempo cuando la fila da vueltas a la caseta, como le ocurrió el primer día a Jiménez Losantos. O a los youtubers que un año más acaparan la máxima atención.  La autoayuda sigue arrasando. Y está el autor al que no le llega casi nadie, mientras pasan los visitantes y miran.

 La Feria del libro nos sitúa ante la propia estructura de la sociedad actual. Sigue habiendo ciudadanos interesados en la ficción de calidad o el ensayo que aporta análisis de interés. Pero tiene esa otra cara: la búsqueda del famoso, escriba lo que escriba, haga lo que haga. Para verle de cerca, mirar la dedicatoria, seguramente colgar su libro en la estantería sin leer. En algunos casos, por fortuna. Y es de temer, de haber un pulso, quién ganará.  Los  famosos de la peor televisión de la historia andan formateando a la  sociedad.

La Federación del gremio de libreros hizo público un barómetro en enero. Se lee más pero peor, señalaron. Con menos tiempo y reflexión. Casi el 65 % de las mujeres leen algún libro al año. Los hombres, diez puntos menos, el 54%. Los niños leen o les leen de forma habitual. Los jóvenes también, pero a partir de los 25 años van abandonando paulatinamente la lectura. Las mujeres recuperan el hábito a partir de los 35 años. Estos porcentajes se han dado en la Feria de Madrid, en su presencia. Gran número de mujeres buscando libros de mujeres sobre todo. En muchos casos por su fama. Los contenidos son esenciales. Siempre.

Se habló de no dar el top de ventas. Irá parejo a las librerías. La autoayuda -pseudo ayuda, pseudo literatura- convive con ensayos de entidad. El secuestro de la justicia: Virtudes y problemas del sistema Judicial, de Ignacio Escolar y Joaquín Bosch Grau, es uno de los libros más vendidos. María Dueñas vende siempre. Leticia Dolera  ha entrado arrasando con su libro feminista Morder la manzana.Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es otro de los grandes éxitos de la temporada. Breves historias de mujeres buenas y malas que pueblan la historia.

La vida real se abre paso también en la literatura. Si las ferias son de autores, el escaparate diario lo protagonizan los libros. Para quedarse a solas, incluso en medio de la gente, con sus historias. La selección, una vez más, en esencial. Si es de mujeres para las niñas rebeldes de todas las edades, hay un buen surtido. Desde la emperatriz japonesa Jingū (Circa 169-269) que quería apoderarse de la tierra de los tesoros, a Maya Angelou, la escritora  norteamericana, fallecida en 2014, que permaneció muda hasta que encontró su voz. Previamente se hizo con la base: memorizando palabras.

Como los libros en  Farenheit 451. Palabras, ideas, sueños, nombres –por favor- que merezcan la pena.

 

*Publicado en eldiarioes 10/06/2018 – 

Gobierno Sánchez: Del júbilo a la cautela

Ha sido una jugada maestra. Pedro Sánchez ha aprovechado los cauces que abre la sociedad actual, sensible a los golpes de efecto, a ilusionarse y desanimarse sin pensarlo dos veces. Lo ha hecho en el momento perfecto, cuando La Moncloa, el Parlamento, las instituciones supuraban corrupción insostenible. Incluso algo más tarde, con la podredumbre ahogando a las personas decentes hasta la impotencia. Tan larga impotencia.  Para los partidos con un mínimo de sensibilidad por el bien común resultaba imperioso apoyar la salida del PP. Expulsar al PP del gobierno era una exigencia ética. Ha quedado demostrado que sí se podía… bajo determinadas condiciones.

Una sociedad -y más la española- no puede pasar de llenar sus calles de procesiones con ministros que cantan El Novio de la muerte a un gobierno de izquierdas. Pero sí podía saltar, de la involución en todas sus manifestaciones, a romper ciertos moldes. Este gobierno con mayoría de mujeres ha dejado boquiabierto al mundo. Con un astronauta, dicen, en realidad un apasionado de la ciencia y la lógica frente a la promoción de la homeopatía.

Cambiar del PP a un gobierno presentable era fácil. Si se sabía hacer, como en todo. Pasar de mediados del siglo XX -adonde nos había devuelto el PP-  a esta modernidad no podía más que ser un éxito. Apenas esbozado, no lo olvidemos. Solo ha pasado una semana desde que Pedro Sánchez quedó proclamado presidente del Gobierno español. Y hemos recuperado el interés por la política, por la información. En muchos casos, la esperanza. En particular, hemos sentido alivio. Sin la tenaza al cuello es más fácil respirar.

Soñemos primero pero sin separar los pies del suelo. Está todo tan medido, tan pensado, que, por pura racionalidad, se impone mantenerse atento. Los abundantes relatos sobre Pedro Sánchez y el desarrollo de la operación, van desde la épica a la tragedia. Estos últimos, los menos, dado que gran parte de la derecha está encantada con este gobierno. Avancemos que una sociedad ilusionada como está, no tolera ahora agoreros ni plañideras. Agoreras y plañideros, si prefieren. Quiere disfrutar. Que ya toca. Quiere “darle una oportunidad a Sánchez”. Sobrevolando los condicionantes de quiénes en la práctica otorgan las oportunidades.

Pocos políticos, salvo los de izquierdas, han sido vapuleados por la prensa como Pedro Sánchez. Y no solo por la prensa. En el PSOE hicieron con él una carnicería. Hasta con aquel innoble fusilamiento un 1 de Octubre, fecha de grandes hitos en este país. Su saco de los agravios debe estar a rebosar. Y, sin embargo, habla de diálogo y humildad. Parece haber modelado su carácter de forma extraordinaria. El hombre que eligiera a César Luena y Antonio Hernando en su primera andadura, nos ha llenado el gobierno de profesionales de gran solidez. Salvo alguna cosa.

De los relatos de la peripecia, llama la atención la coincidencia en que Sánchez llamó a Grande-Marlaska, su fichaje más polémico precisamente, hace meses. No ha sido ninguna improvisación. Preocupa su trayectoria y más para el ministerio del Interior. Como Borrell frente al independentismo catalán. Ha previsto, señalan, equilibrios con otros miembros del gabinete. Y está claro que Máxim Huerta está ahí para hacer de sparring y señuelo que se lleve los golpes de atención.

La maniobra se pensó al detalle. Durante meses. Nombres claves entraron en escena. Sobre todo Iván Redondo, nombrado hoy director del Gabinete de la Presidencia. Experto asesor que trabajó para Garcia-Albiol en su campaña de “limpiando Badalona”, para Monago, PP, Extremadura, o Basagoiti, PP vasco.  Una labor profesional, eficaz. No son tiempos para la lírica.

Se trataba de escuchar el sonido de la sociedad. No de hacer encuestas telefónicas como el partido de Albert Rivera. De escuchar a las mujeres, las demandas sociales, la incomodidad con la corrupción. Y al mismo tiempo a Cataluña y a sus detractores, parciales y totales. A quienes demandan “Orden” y a quienes se quejan de las mordazas.

El gobierno de Pedro Sánchez es sobre todo un cartel electoral. Aprovechando la coyuntura que obligaba a tumbar al PP. Para decir: estos somos, esto hemos hecho, si quieres más, vótanos. Para señalar a quien interfiera. Al nuevo gobierno le llueven las peticiones.  Se ha abierto la puerta de un mausoleo cerrado a cal y canto. Y es un gobierno que suena bien, sin apartarse de la línea que previamente mantenía Pedro Sánchez. Aprobará medidas de efecto, difíciles  de rebatir salvo quedar tocado. Habrá gestos en temas conflictivos. Como el levantamiento del control previo de las finanzas de Catalunya de este primer consejo de gobierno. Pero es más complejo. No debe abusar, como el PP, del Decreto Ley. Algunos apoyos le van a costar. Las zancadillas son seguras.

Pedro Sánchez  tumbó al Partido Popular  y, a la vez, a Ciudadanos, como ya señalé. Aún ha sido más rotundo en esta semana trepidante. Cada medida deja más noqueado al partido de Rivera. El tuit de Garicano, que parece una de las cabezas de más entidad, fue demoledor:  “Esto es parte del cambio que hemos querido traer”. Ellos, Ciudadanos. El gobierno de Sánchez ofrece además mujeres y hombres con unas carreras espectaculares que empequeñecen a los modelos de diseño de Ciudadanos.

No se debe olvidar quiénes mandan en España desde hace décadas, por no decir siglos. La alternancia del bipartidismo. La hábil maniobra tiende a reforzarlo.

Unidos Podemos debe reflexionar, a fondo y con sagacidad, sobre su estrategia. Lamentarse porque Sánchez les ha desplazado –como se preveía- no es táctica que funcione ahora. Esa parte de la ciudadanía que vive un cuento de hadas está en lo alto del suflé.  No quieren aguafiestas. También existen quienes aspiran a medidas profundas de cambio. Incluso a la lírica de la política.

La sociedad se ha transformado. Le gusta oír que las deferencias son “guiños”. Que la igualdad de oportunidades puede llevar al espacio a un chico de San Blas con enorme coraje. Y también que se triunfa por ser parte de la cultura… del espectáculo. Todos debemos saberlo. Ser conscientes de los votos que hay tras las pantallas, tras la frivolidad, tras las estrategias, para usarlo o cambiarlo. De las herramientas que existen. De las prioridades, siempre.

Confirmarnos que sí, se podía. Y es la base para seguir pudiendo.

Suerte y acierto para las buenas intenciones. Soñar y mantenerse alerta. Tener la cabeza en las nubes, sin separar  los pies del suelo.  Hace años descubrí que era la forma de ser alta. Esa altura que permite mirar con la amplitud de los ojos de águila.

Pedro Duque, mente lógica y abierta

Es el nuevo ministro de Ciencia de Ciencia, Innovación y Universidades del gobierno de Pedro Sánchez. El astronauta e ingeniero aeronáutico español Pedro Duque, tendrá a su cargo lo que probablemente son tres de sus grandes pasiones. Lleva en las venas la lógica, el premio al esfuerzo y la igualdad de oportunidades. Por tanto combate la pseudociencia.  “Defender la homeopatía es más sangrante que negar que pisamos la Luna”, ha declarado. Y cree que no todo es opinable. Algo que tanto cuesta entender.

Nació el 14 de Marzo de 1963 en Madrid, en el Barrio obrero de San Blas. Hijo de un controlador aéreo, pronto reveló su vocación y sus extraordinarias aptitudes para el estudio. Se licenció con matrícula de honor –y nota media de 10- en Ingeniería aeronáutica en la Politécnica de Madrid. Mientras estudiaba, trabajó como becario en diversos proyectos del Laboratorio de Mecánica del Vuelo. Contratado por una empresa privada, empezó a colaborar con la Agencia Espacial Europea en 1986, en Alemania. Se especializó en programas de órbitas de naves espaciales y participó en el control de vuelo de los satélites ERS-1 y EURECA.

Fue seleccionado como astronauta entre 6.600 aspirantes y se preparó en EEUU, en la NASA. Voló al espacio por primera vez en 1998 durante 9 días, en el Trasbordador espacial ‘Discovery’. Se trataba de investigar el Sol y la falta de gravedad. Cinco años después regresó al espacio a bordo de la nave rusa ‘Soyuz’, que le llevó a la Estación Espacial Internacional. El astronauta español desarrolló un extenso programa experimental -25 trabajos- en las áreas de biología, fisiología, física, observación de la tierra, educación y nuevas tecnologías.

Era el año 2004 y Pedro Duque apenas acababa de regresar a establecerse de nuevo en España. Mi pasión romántica por la ciencia me llevó a llamarle para un libro en el que pregunté a hombres muy diversos sobre la mujer. Fue una entrevista en la que nos costó entrar por la temática infrecuente para un científico, pero muy ilustrativa. Duque es una persona que responde con absoluta racionalidad y puede resultar demoledor por ello, y a la vez tiene un punto de ironía en la mirada y hasta una cierta piedad por las preguntas que no le encajan.

Como todo, su feminismo es resultado de la lógica, del equilibrio también como solía repetir. “Yo no entiendo cómo se puede decir que el 50% de la población es raro, desde el punto de vista estadístico es una contradicción muy grande. Es imposible”, me dijo sobre los grandes tópicos de los hombres sobre las mujeres.

Le había visto rodeado de centenares de niños, celebrando el Día de la Ciencia en el Recinto Ferial Juan Carlos I de Madrid, atendiendo sus preguntas y primándolas sobre las de los periodistas. Feliz de ese contacto. Duque cree que todo empieza en el colegio, en la familia, de niños. Desde luego, la prevención del machismo.

– “Los únicos esfuerzos que van a valer de algo son los que se hagan en los colegios de primaria. Todos los demás, son solo parches y paliativos. Lo que hay que hacer es enseñar a los niños y a las niñas a convivir de otra manera y a no tener relaciones jerárquicas entre ellos. Hay que empezar desde pequeño. La labor del maestro es fundamental y de tías y abuelas, de tíos y  abuelos…”

A sus alumnos les contaba cosas tan interesantes y prácticas como que, si la tecnología espacial se extendiera a la aeronáutica, se podría volar de Londres a Nueva York en 35 minutos, saliendo de la atmósfera y volviendo a entrar. A mí me pareció fascinante.

No le asustan las mujeres inteligentes como a otros muchos hombres, lo que sin duda le va a venir muy bien en el Consejo de Ministros.  Al pedirle que me citara un nombre de mujer a la que admirase, Pedro Duque no recurrió, como se hacía hasta hace poco única e invariablemente, a Marie Curie. Recordó a una de las más injustamente olvidadas: Ada Augusta Byron, hija del escritor con el que apenas convivió, condesa de Lovelace, la precursora de la programación informática por intuición y deducción. A mediados del XIX.

– “Lo que sí es admirable es que personas, sean hombres o mujeres, a quienes no les han dado formación, se hayan impuesto a sí mismos disciplina, tirar para adelante y demostrar que podían llegar a grandes cosas”

En sus tuits recientes sigue en la misma tónica: “La educación pública y realmente gratuita es la base para el desarrollo. No perdamos a los genios, una de esas niñas podría ser muy grande”.

La mujer, su mujer, el apoyo de alguien, el contrapunto. “Es completamente innatural estar todo el tiempo tratando de tomar las decisiones solo. Siempre tiene que haber alguien que tenga otro punto de vista. Es interesante contrastar todas las decisiones. Contar con quien tengas confianza absoluta”.

Pedro Duque ha saludado su nombramiento como ministro con un tuit que le resume y que emociona.

Pedro Duque@astro_duque

Ojalá estuviera mi madre. Siempre @forges

Sed de cambios y trampas para frenarlos

Un 5 de junio espectacular. Era cuestión de mover una ficha para provocar cambios. Un gobierno del PSOE, con mayoría de mujeres, la suma de partidos que lo han hecho posible, puntos de partida impensables hace solo unos días. La retirada de Rajoy de la política activa es otro hito notable y podría constituir el fin de una época. Mejor o peor según aprendan las lecciones. A otro nivel, hasta el periodismo entra en giros decisivos si se confirma el relevo en la dirección de El País, diario de referencia español.  Soledad Gallego-Díaz, periodista de enorme solvencia, podría acabar con la deriva de este medio. La marcha se ha emprendido ya, aunque hay que  consolidar los nuevos rumbos enfocando con acierto los riesgos.

No es porque Pedro Sánchez no le haya echado valor y avance buenas intenciones, pero sería suicida no tener presentes las inercias de este país y las mochilas con las que cargan los políticos. La composición del gobierno atrapa por el protagonismo de las mujeres pero da también algunas señales de alarma. El futuro vendrá determinado por lo que los protagonistas de este momento histórico consideren prioritario: si el gobierno de Sánchez debe funcionar y cuáles son las alternativas.

La primera cuestión a no olvidar es que el líder del PSOE no sería presidente sin el apoyo de los 180 diputados que dijeron sí a su moción de censura. Este gobierno no es como el de Portugal, convertido en modelo ejemplar. Aquí la suma de fuerzas fue para echar a Rajoy, no lo es –de entrada- para sustentar el gobierno.  Fue una labor ineludible, tras la sentencia de la Gürtel como punta de un iceberg monumental.

Acreditados periodistas de la prensa internacional explican a sus lectores que lo auténticamente raro es que Rajoy aguantara tanto tiempo en el poder. Lo hace desde  Giles Tremlett en The Guardian  a  Olle Svenning en  Aftonbladet, el diario que lee la cuarta parte de la población en Suecia. La corrupción en España es una lacra que nos sepulta, está muy arraigada y vinculada al franquismo sociológico que encarna el Partido Popular.  Con cómplices necesarios que se mencionan menos.

Cultivado a fondo el sustrato con medios afines, con Ciudadanos y algún famoso con tirón popular y nulo conocimiento de la Constitución, aparece Rajoy para despedirse y deslegitimar al Gobierno con las mismas consignas de sus colaboradores oficiosos. Mienten. Una vez más. Hay mucho en juego y lo han perdido. El gobierno de Pedro Sánchez es absolutamente legítimo por los apoyos de los que dispuso. España es una monarquía parlamentaria, no un sistema presidencialista.

A Sánchez, dicen, no le ha votado nadie, no representa a nadie  y la falacia cuaja en algunos sectores. Algo que nos muestra hasta qué extremos alarmantes de ignorancia y oscurantismo se enseñorean de sectores de la sociedad. Hasta qué punto prácticas de corrupción,  políticas y mediáticas, hacen mella en una parte de la población que ni conoce, ni valora, ni ama la democracia. Dado que la democracia es fundamento del sistema, no debemos consentir que también se pervierta. Más de lo que está. El paso siguiente ya lo están dando algunos países y está muy cerca del fascismo.

Es comprensible que Pedro Sánchez apueste por un gobierno monocolor de su partido. El primer campo de batalla en el que lidiar lo tiene en el propio PSOE. Ese segmento del PSOE que no parece ser consciente de su derechización y que le puso zancadillas de muerte hasta echarlo. Cualquiera se hubiera desanimado y, bien es cierto, Sánchez siguió en la brecha lo que es un aval a tener en cuenta.

Un gobierno del PSOE, sí, pero sin coces a quienes le han ayudado a sentarse en la Moncloa. Preocupa oír a periodistas que pasan por ser progresistas menospreciando gratuitamente a soportes imprescindibles de este gobierno. Las ilusiones independentistas han apoyado a Pedro Sánchez, lo quieran ver o no. Lo mismo que el partido de Pablito o Pablo Manuel es imprescindibles para la continuidad del gobierno del PSOE. Nunca oímos hablar, por cierto, de Pedritos, Albertitos o Marianitos; de Sorayitas, sí, pero esto es por ser mujer. Algo que tampoco alcanza a las Inesitas. Siempre hay clases.

El gobierno de Sánchez avanza objetivos altamente positivos para cualquier progresista, para cualquier persona sensata. La apuesta por las mujeres y en carteras de peso. La igualdad, la lucha contra la pobreza infantil y los grandes desequilibrios que el PP propició. El fin – debería ser total- de las leyes Mordaza. La apuesta por el derecho a la información, liberando a RTVE de las garras letales del PP, al menos. Recuperar la sanidad pública y atemperar la salvaje reforma laboral que dejó a la intemperie a los trabajadores españoles. Aunque el PSOE carga con su mochila de responsabilidades, se podrían revertir. Educación, ciencia, cultura, progreso. Suena mejor. A poco que dure y a pocos que sean sus aciertos, el gobierno de Pedro Sánchez  lo cambiaría  todo, aunque también puede patinar mañana.

Sin el apoyo catalán ni hubiera sido posible, ni funcionará. Claro que es posible encontrar el de PP y Ciudadanos para acciones puntuales. Lo justificarían en aras de los intereses de su concepción de España. Han votado juntos muchas veces, pero ahora el PSOE les ha desbancado del gobierno. Su ayuda vendría envenenada. Su  alma escorpión nunca defrauda.

Más aún, fuera de intereses partidistas, lo sucedido en Catalunya exige diálogos y reparaciones inaplazables. Entre los juegos semánticos no cabe ser progresista y demócrata y mantener encarcelados en larga prisión preventiva a políticos por hacer política. Aquí sí que no se puede nadar y guardar la ropa.

El nombramiento de Josep Borrell como ministro de Exteriores es un agravio a los partidos nacionalistas catalanes. Inteligente, preparado, Borrell tranquiliza en Europa y a los más apasionados de la unidad de España, incluso a los a por ellos. Con lo que quita todavía más fuerza -de la ya perdida- a Ciudadanos. Pero sus insultos a los soberanistas y su presencia en aquel infausto festejo de Social Civil Catalana, no son nada fáciles de tragar.

Pedro Sánchez se encuentra con múltiples dificultades que acomete con valor. La prensa convencional al degüello. Los poderes alerta con la zancadilla preparada. PP y Ciudadanos compitiendo en bajeza como reacción insana al revés sufrido.  Incluso el gélido acto de la toma de posesión, marcó las diferencias con ocasiones anteriores. ABC se encargó de resaltarlas. Se ha iniciado una especie de cohabitación, entre el gobierno y la Jefatura y poderes del Estado que en rigor no debería de existir. Esa confrontación solo ocurre, nos dicen, en los países donde el más alto cargo lo es por elección. Y en Portugal ni siquiera: el jefe del Estado actual, conservador, colabora con el proceso progresista.

España es un país enfermo, con una sociedad enferma, por convivir y tragar tanta corrupción. Las mochilas del pasado pueden regenerar sus errores  con limpieza y buena voluntad. Hay mucha gente sana, con ganas de luchar, de salir adelante, de echar una mano con generosidad en esta tarea. Políticos también. Nadie debe olvidar la influencia de las movilizaciones de pensionistas y de las mujeres. Desde distintas ideologías se dio la unión ante situaciones inadmisibles. La corrupción también lo es.

Lo mejor es que este país enfermo ha empezado su terapia. Lo peor es que puede recaer.

Un presidente que gobierne en minoría no es una goma de la que se pueda tirar en todas las direcciones. Salvo el de Rajoy que hasta la sentencia de la Gürtel vino a gobernar como si dispusiera de mayoría absoluta redoblada por sus apoyos políticos y mediáticos. Lo normal es que tirando desde direcciones opuestas, la goma se rompa. Es lo que algunos intentan. Otros priman otros intereses y exigencias legítimas. Igual no es el momento del qué hay de lo mío, ni de los reproches, tampoco de las provocaciones, ni de los cheques en blanco. Complejo, no imposible.

Quienes quieren que este gobierno marche deben ser racionales y pragmáticos para lograr los objetivos. Lo secundario ha de esperar  para abordar primero lo importante: que el gobierno de Pedro Sánchez funcione. Con esta oleada que trae consigo, fruto de muchas ganas contenidas. En caso contrario, lo que la moción de censura ha derrotado puede renacer y desandar lo andado. El efecto rebote sería el peor de los zarpazos.

 
 

 

La España real vence a la trama Frankenstein

Hemos contenido la respiración hasta que a las 11.30 del viernes 1 de junio, 180 votos a favor de Pedro Sánchez le convertían en presidente del gobierno de España. Cómo habrá penetrado la corrupción en las entrañas del Estado que millones de personas temían ver surgir un “tamayazo” que desbaratase la elección del secretario general del PSOE.  El propio Mariano Rajoy se encargó  de dejar en evidencia a quienes de alguna forma le amparan. Acribillado su partido por la corrupción, le faltaba dar la nota final: el desprecio al Congreso de los Diputados, depositario de la soberanía popular con una espantada intolerable.

No cabe despedida más infame que agarrar la cartera, salir del hemiciclo sin que la presidenta hubiera  suspendido hasta la tarde la sesión, y “recluirse” – como titulaba RTVE-  en un restaurante cercano 8 horas, mientras caían hasta cuatro botellas de whisky. Con ministros entrando y saliendo, a un kilómetro de un Congreso que  debatía su moción de censura. Y salir apimplado, ya de noche.

Cualquiera hubiera pensado que la prensa generalista se volcaría en la necesidad ineludible de apartar a semejante presidente de las tareas de gobierno. Pero no. Su preocupación máxima era que Pedro Sánchez iba a sustituir a Rajoy en La Moncloa. Los medios internacionales titulan con los hechos: el presidente del gobierno español ha sido depuesto por corrupción. Los españoles siguen con su campaña de presiones para mantener su modelo.

Ya no pueden defender a Rajoy, pero sí a lo que representa. Las críticas al presidente censurado se alternan con durísimos ataques a Sánchez. Como objetivo: elecciones inmediatas que, en la confusión del momento, elijan la continuidad. No cabe peor solución ahora. Los tenebrosos augurios que plantean no tienen otro fin que dejar todo igual, esta vez con Albert Rivera al frente. U otro candidato del PP que sume fuerzas con Ciudadanos.

El Pedro Sánchez que dimitió incluso de diputado es acusado de “ambiciones monclovitas”. Le culpan de “recitar todos los desgastados comodines del lenguaje político: consenso, estabilidad, diálogo”. De demoler al PP. Aún apelaban en los diarios del viernes al “sentido de Estado” de un Mariano Rajoy que se pasó la tarde del jueves de larga sobremesa, recibiendo visitas de ministros y altos cargos interesados por su futuro. Estremecidos, temen su gobierno “inviable” y “temerario”. El que llaman “Gobierno Frankenstein”. El gobierno de Sánchez se vería, dicen, “tiranizado por los requisitos del PNV -Partido Oportunista Vasco-“. Esto último es de El País que un día fue un periódico serio.

Este viernes el escenario es distinto a hace dos días siquiera. La moción de censura ha tumbado al PP y ha señalado a la trama corrupta que ha invadido las entrañas de este país. La que ha  sembrado  de focos infecciosos las instituciones y los pilares fundamentales. Pase lo que pase, es ya así.

El otro notable resultado de la moción ha sido la bajada del suflé Albert Rivera, lastrado por su no a la moción, de alivio al PP. El líder de Ciudadanos  llegó a decir a los nacionalistas catalanes: Aprovechen estos meses de gobierno Frankenstein para violar derechos y libertades, para acosar, señalar  y que no se pueda defender la libertad y la unión. ¿Qué vendrá después? ¿Los tanques? Rivera y sus soflamas extremas dan cada vez más miedo.

España es un país al que los defensores del sistema corrompido no conocen. Porque ni siquiera la miran. No conocen a su sociedad y cómo vive y siente hoy. Todo lo que no sea su modelo es ETA, separatistas, podemitas y populistas. Mientras ellos se ven a sí mismos ejemplares y dignos de imitar.

Su modelo, a tenor de sus ataques, es un Estado centralista, uniforme, manejable, obediente, disciplinado. Blanco si pudieran, de superioridad masculina, si pudieran que ya no. De personas que hablen español, cumplan las normas protocolarias en el atuendo, y sueñen -si es el caso- sin estridencias. Uno, grande y atado.

Para esa sociedad que no existe hacen planes desde los despachos, los palcos o las cenas exquisitas para estómagos estragados. No escuchan sus acentos. No los admiten. Les repugnan. Desprecian cuanto se aleje de su prototipo altamente estereotipado. Y los señalan como si todos los ciudadanos compartieran el asco que ellos sienten por los que ven diferentes.

Los Frankestein son ellos. El PP, sus medios, sus tertulianos casposos, sus jueces, sus policías. Los que desde la llegada de Rajoy al poder aumentaron la desigualdad, el autoritarismo, las mentiras como norma de funcionamiento, la inseguridad en el futuro. Los que con su intransigencia incrementaron el independentismo catalán del que tanto se aprovechan con fines electorales.

El Dr. Victor Frankenstein fue el malvado que construyó un ser bueno aun hecho de retazos inservibles. que ni siquiera tenía nombre. No al revés. El pueblo inculto acudió en masa al castillo a destruirlo. Por ser deforme y distinto. Una metáfora completa. Lean el libro que escribió Mary Shelley en 1818.  Y dejen de poner rótulos fuera de sus propias cabezas.

No sabemos cómo nos irá con Pedro Sánchez  pero de entrada puede afirmarse que infinitamente mejor que con Rajoy o cuantos se le parecen. Sánchez ha sorprendido por su audacia y tenacidad. Y su iniciativa ha cuajado en un momento de hartazgo insuperable que los causantes no llegaban a ver, o pensaban iba a ser sofocado una vez más. Gente muy diversa se ha unido, es cierto, la real, la que puebla las calles de España con el mismo derecho que esas élites endiosadas. Las que han quedado desnudas y caducas, súbitamente, de nuevo. Aunque hay que estar atentos a sus coletazos y descalificaciones.

Lo difícil y “complejo” es gobernar con sus zancadillas.  Con sus medios ferozmente en contra. El aplauso tras ganar la moción, con personas que jamás pensaron votar al PSOE felices en la tarea común, con diputados de Unidos Podemos coreando ¡Sí, se puede!  Es inédito en España. E ilusionante. En Portugal lo han logrado. Se precisa “mano izquierda”, en todos los sentidos. Habrá que aprender las nuevas dinámicas hasta para enjuiciar este gobierno, ejercido por el PSOE y sustentado por una suma de minorías que precisan unas de otras y han de saber su lugar.

De Pedro Sánchez y esta etapa se espera que no defraude las esperanzas que han nacido con este cambio. Han de ser contenidas, pragmáticas. Aprendiendo de los errores pasados, propios y ajenos.  Basta ese primer paso. Con cautela y fuerza. Orillando reproches  como hará de continúo la oposición. El PP y Ciudadanos son ya la oposición ¿pueden creerlo?

Expulsar al PP del gobierno es una exigencia ética

Lo terrible de este país es que se dude de la ineludible necesidad de deponer al gobierno del PP.  O se obstaculice. Ya es inaudito en una sociedad democrática que Rajoy no haya dimitido y convocado elecciones. Pero, dado el comportamiento continuado del Partido Popular, es la actitud esperable. No ha habido ningún error. Lo alarmante, por tanto, es que no sea  un clamor, político, mediático, ciudadano y de todas las instancias, que el PP no puede seguir en Moncloa.

Nos encontramos ante una organización que ha parasitado el país. Con una red, apenas invisible, de apoyos mediáticos y empresariales. Incluso ha infectado a la sociedad que la aguanta como normal. Todos saben lo que han hecho.  Saben de la Caja B del PP, acreditada en la sentencia de la Gürtel, y cómo han usado ese entramado con los principales condenados. Corrupción desde hace casi 30 años. Y, lo juzgado, es solo una primera parte de Gürtel, queda ese abecedario de casos que desde Púnica a Lezo ha saqueado el erario público. Cómo será que ha sido condenado a tres años y medio de cárcel un ex vicepresidente autonómico, de Castilla León, y ha pasado hasta desapercibido.

Sonroja ver salir a toda la cuadrilla de notables con esa cadena de mentiras, blanqueo de la corrupción y ataques a Pedro Sánchez que les ha presentado una moción de censura.  Cospedal, con su potente ministerio de Defensa tras ella, acusa al líder del PSOE,  de ser “Enemigo del Estado de Derecho”.  Un Estado de Derecho en el que la número 2 del PP ha llegado hasta a rechazar la sentencia de la Gürtel y descalificar a los jueces.  La vieja y chirriante táctica que no hace sino confirmar la urgencia de echar al PP del gobierno.

En todos los tonos, han ido destacando que con la moción peligra la estabilidad de España. Es decir, que la estabilidad de España es la corrupción. Insultante y doloroso si se tiene un mínimo de decencia. Dastis, ministro de Exteriores, dice que “quién esté libre de pecado –pecado- que tire la primera piedra”. Desde el PSOE, el expresidente extremeño Rodríguez Ibarra declara que “le importa más el independentismo que lo que haya robado el PP”.  Esa laxitud moral es causa de no pocas deficiencias en España.

Nada hay  que desestabilice más que la corrupción y, con ella, la falta de escrúpulos con la que se acepta. Han salido ministros, portavoces. Individuos que son considerados personalidades y reciben tratamiento de excelentísimo en muchos casos. Esta España de la que nos obligan a enorgullecernos, bajo patriotismos de banderas  y no por valores esenciales,  arrastra una indecencia secular en sus élites.

Es tremendo el silencio  sobre la corrupción del PP de intelectuales, organizaciones varias, la privilegiada jerarquía católica de quien se espera salvaguarde como mínimo la moralidad. Del jefe del Estado que tan presto y decisivo fue en octubre para la dura reacción contra el referéndum del 1-O en Catalunya. Dado que entonces se pronunció, no se entiende que no lo haga ahora.

La moción de censura es de resultado incierto. Podría salir, digan lo que digan. Con el voto de los nacionalistas, sin duda. Como ha hecho, cuando le ha convenido, el PP. Conservando los acuerdos que les dio Rajoy  al PNV (los iban a tener igual si siguiera el PP). Unidos Podemos y Compromís suman 71 diputados y dan apoyo sin condiciones.

En principio el apoyo del PSOE lo tiene también, aunque con las reticencias habituales de barones, baronesa y vieja guardia.  A los independentistas, ni agua, vienen a decir, cuando necesitarían sus votos. Las conversaciones iban marchando, a salvo de torpedos que pueden ser lanzados en cualquier momento, como éste de Borrell.

El obstáculo fundamental para la moción del PSOE está en Ciudadanos -que marca la agenda política con 32 diputados y… las encuestas-. No quiere que Sánchez sea presidente, quiere elecciones que supone le harían ganar o conseguir más escaños.

El Ibex ha irrumpido sin tapujos a su favor y al del partido de la Caja B. Plantea un pacto de estabilidad Rivera-PP de 12 meses antes de ir a elecciones. Un directivo dijo: “Esto no puede seguir así”.  ¿La corrupción? En absoluto. En “la economía” que va tan bien. Para ellos. La presunta recuperación económica es tan sesgada, que un informe del Banco de España certifica  el constante aumento de la desigualdad y el  enriquecimiento desproporcionado de las grandes fortunas con “la crisis”. A costa del resto de la población, por supuesto.

Sí, echar a Rajoy es una exigencia ética y nada justifica demorarlo.  El resultado de una moción de censura, de toda decisión democrática, está en las mayorías. Si gana Sánchez y forma gobierno será un resultado impecablemente democrático. Y no lo es descalificar a diputados elegidos por millones de personas como hacenAlbert Rivera y varios miembros de Ciudadanos y del PP.

Un gobierno sin Rajoy de inmediato

Tenemos los políticos que tenemos, insisto una vez más. No son esperables milagros, no existen. Pero hay grados. Imaginen, por un momento, que el sábado, ya no es presidente del gobierno Mariano Rajoy, con cuanto implica. Ya no toca sufrir las filípicas de Soraya de Santamaría y sus maniobras orquestales en la oscuridad. Ya no se ocupa de la Defensa María Dolores de Cospedal.  Ni adoctrina niños en valores castrenses,  junto al portavoz y ministro de Educación, Méndez de Vigo y ambos pueden cantar con el ya ex ministro de Interior, Zoido, y el ex de Justicia, Rafael Catalá, El novio de la muerte en la intimidad.

El sábado puede no ser Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro. Ni Fátima Báñez tener a su cargo el empleo, el paro y las reformas laborales. No representarnos fuera de España, Dastis. Que el portavoz Rafael Hernado se guarde sus coces para repartir desde su escaño. Que no se ocupe de agricultura, pesca, alimentación y medio ambiente, García Tejerina, si alguna vez lo hizo. Ni de la sanidad, Dolors Monserrat.  El sábado o poco después todo ello, cuando establece el reglamento el relevo.

La semana próxima RTVE puede tener un presidente que devuelva la libertad de expresión y el derecho a la información. Piensen en cuántos organismos podrían ser renovados para cumplir el servicio a los ciudadanos. Cuánta labor se puede hacer por recuperar los derechos y aventar las mordazas.

No hacen falta prodigios. La política, la sociedad, están muy tocadas por  la degradación.  Cualquier persona preparada, honesta, consciente de su papel como servidor público, es mejor que quienes han secundado esta larga etapa de ignominia.

¿Ocurrirá así? No es fácil, aunque no imposible. Es posible, aunque hay muchos dispuestos a impedirlo. Pero ¿a qué es hermoso el sueño posible de que llega el fin de la pesadilla? Porque implicaría el comienzo de otra etapa, con dificultades sin duda, para construir sobre terreno más limpio, al menos.

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