Aguirre no acaba el problema, el problema es el PP

Cospedal llama a recuperar para el PP la unidad del centro-derecha español
María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy, en una de las votaciones del congreso del PP. EFE

Lo que parecía, era. Se repite como una mala serie negra. Ahora es el ministro de Justicia el que manda SMS de apoyo a Ignacio González como hizo con Bárcenas todo un presidente de gobierno, Mariano Rajoy. Y el de Interior confiesa que también habló con el detenido. Por teléfono. El escándalo de la corrupción va mucho más allá de los nombres propios, hoy en el pico del tablero. El problema es el PP. Ya producen vergüenza ajena sus portavoces hablando de casos aislados, salvo para adeptos impenitentes. A diario se nos desparraman encima los detalles de una insostenible depravación de la gestión pública. Una forma de ser y actuar que, ni mucho menos, acaba con la nueva dimisión de Esperanza Aguirre.

¿En qué Sodoma y Gomorra de la corrupción convirtieron Madrid y España numerosos altos cargos del PP? ¿Quiénes filtraron información secreta a los imputados? ¿A qué se dedican los pilares de la Justicia como la Fiscalía o el propio ministro? ¿Qué trasiego es éste de presuntos periodistas al servicio de la trama que hasta cambian de destino, como esa “una periodista” que desde La Razón colocaron en RTVE? ¿Qué credibilidad tienen los medios y dirigentes que lo propician?

Tenemos desde los grandes desfalcos a los detalles que marcan el carácter de una gente que denigra los cargos que ocupa. ¿Se puede llegar a mayor mezquindad que a triplicar el costo de las coronas a los muertos del 11M como cuenta un testigo que hizo el gobierno de Aguirre? Los detenidos, juzgados y sentenciados ya en algunos casos, han traficado con colegios, ayuda al desarrollo, niños discapacitados, desde la Púnica de Granados a la Gürtel valenciana o mallorquina.

¿Qué más resta por oír? ¿Qué el presidente de Madrid le diga al empresario Enrique Cerezo “ Aquí qué queda, ¿pegarle dos tiros al Juez?” y Cerezo llame al afamado comisario Villarejo. Pues así figura en las transcripciones por el caso del ático de Marbella. Recordemos que, con anterioridad, Fernández Díaz había cesado a la cúpula policial “por investigar el caso del ático”, según reconoció. ¿Qué país soporta este lastre y por tantos años?

Nueva en el ruedo, Concepción Dancausa, delegada del Gobierno del PP en Madrid. La que resultó agraciada con la presidencia de la Asamblea en aquel Tamayazo del 2003 que entronizó a Aguirre. Aún buscaba el PSOE a sus desaparecidos en el hemiciclo y ya soltaba Dancausa su discurso, preparado, sacándolo de su bolsillo. Mano derecha de Ana Botella en el ayuntamiento, la fiscalía la denuncia por un delito societario en una controvertida operación de Mercadrid. A instancias de la nueva corporación de Carmena que aportó los datos. Se ha constatado que la corporación del PP pagó por ceder unos terrenos a una empresa, en lugar de cobrarles. Y que se comprometió a seguir ingresándoles la cuota hasta 2032.

Es un dato relevante. Signo de una forma de actuar. Ana Botella practicó con fruición esas largas ataduras que han causado muchos estragos. Por ejemplo en la limpieza de Madrid. En la Operación Canalejas –adjudicado a la constructora OHL de Villar Mir– también se cruzó un contrato hasta 2027 con la concesionaria anterior del parking que nos iba a costar 21 millones de euros. Y la pretensión de establecer otro por 40 años. El consistorio actual operó cambios drásticos en el proyecto.

Y así por múltiples lugares donde escarbes, sin siquiera hablar de delitos sino de gestión. Los acuerdos firmados con constructoras concesionarias de autopistas se inscriben en la misma filosofía. La que llevó a indemnizar a Florentino Pérez por la fallida Operación Castor.

Ese aroma turbio que se intuye desde lejos. Reitero el extraño caso de un edificio en lugar privilegiado de Madrid que se fue dejando caer y terminó declarado en ruina en 2014, pero que había sido ofertado como nuevo hotel un año antes. En 2013. Por el grupo Ayre Hoteles (El Corte Inglés y a Abel Matutes) aunque ha borrado ya el texto, no así la signatura. Ya funciona. Solo el concejal de UPyD pidió investigar el caso.

Las subvenciones camufladas a los medios afines que han practicado números dirigentes del PP –véase aquí Aguirre o Botella aunque es práctica extensa compartida por muchos otros–, también lo pagamos en especie. En esos remedos de información que varios de ellos sirven. Tienen consecuencias.

Bastaría preguntarse, a la vista de lo que está saliendo a flote, por qué se armó el PP con leyes y códigos Mordaza en un país que no mostraba especial conflictividad social. Asombrosamente, para lo mucho que se ha maltratado a la sociedad. Lo hicimos desde la prensa: no hubo respuesta.

Y quedaría por indagar el apoyo, incondicional hasta ahora, del PSOE de la gestora al Gobierno del Partido Popular. O de Ciudadanos. A salvo del paripé para la galería que el cónclave práctica.  La medida efectiva es pedir una depuración real de responsabilidades, incluso retirar la confianza. No se entiende otra actitud.

En cabeza de la palabrería el propio PP, empeñado en declarar que son un partido ejemplar, honesto donde los haya, digno de enorgullecerse de él. Eso sí, con una ingenuidad infantil, incapaz de advertir cuándo se les llena la casa de corruptos, malversadores, ladrones sin escrúpulos, capaces de lucrarse –para tener dos, tres, cuatro casas– hasta con el dolor de los más débiles. Con el abuso de la ciudadanía en general a la que representan.

Urge saber y derivar responsabilidades de las filtraciones a los detenidos e imputados. Expurgar las malas hierbas que confunden  la separación de poderes. Aclarar el trapicheo en la prensa. Dejar de mirar para otro lado. De hacerse el idiota y de tomarnos por ídem.

Democracia para zombis

francia_elecciones

Francia vota este domingo, 23 de Abril, primera vuelta de presidenciales, en medio de una gran incertidumbre

 

Una de las últimas ha sido Turquía, siguiendo la estela. Se ha permitido dar un puntapié a la democracia, por muchos que sean los atenuantes. Lo que lleva a los guardianes de las esencias a cuestionarse la propia naturaleza del sistema en el que el pueblo decide. A las urnas las carga el diablo, dicen. Vive el mundo momentos precarios en las libertades. Y todo avisó con antelación.

Llamar democracia a lo que regentaba Erdogan en Turquía es un eufemismo pero algunos preferían pensar que cumplía las formas. Al punto de convocar un referéndum para convertirse oficialmente en una autocracia. Ganado de antemano, por supuesto. Lo curioso es que un nutrido sector de turcos ha avalado y potenciado a un dirigente que ya carga a su espalda el encarcelamiento de cien mil personas con la excusa del presunto y oportuno golpe de Estado que sufrió. Intelectuales, periodistas independientes, jueces, profesores, militares demócratas, son los principales objetivos de su cruzada. Muchos han sufrido torturas.

Ahora, el Erdogan que ostenta todos los poderes, podrá legalizar la pena de muerte y ejecutar disidentes como hizo otro colega admitido sin problemas por Occidente, el dictador golpista de Egipto, Al Sisi. Sujeto al que Trump recibió ya con todos los parabienes. 

Sean mayoría o no, millones de turcos han llegado a la conclusión de que necesitan un tirano para tiempos difíciles. O, los norteamericanos, un esperpento millonario sin escrúpulos, a quien ahora adorna el juego de la guerra –con daños reales– para acrecentar el mito. El presidente de Estados Unidos se ha apresurado a felicitar a su “homólogo” turco –titulan con precisión–. Y ha mostrado sus preferencias por la ultraderechista Marine Le Pen en Francia. Son los líderes idóneos para estos tiempos de confusión en los que unos pocos tienen mucho que ganar y millones de personas tanto que perder.

La democracia no está en cuestión, sino quienes la pervierten. A veces imagino a esa pléyade de votantes de “lo inconveniente” plantados en un bancal como el que plasmó José Luis Cuerda en Amanece que no es poco. Cada mañana, los encargados del jardín, les riegan con mimo y siembran nuevos esquejes. Ahora han colocado a sus líderes en el poder, con indiferencia vegetal. Dispuestos a lanzarse al abismo, llevándonos a todos de la mano.

Los cultivadores son los mismos que a lo largo del día criticarán las deficiencias del desorden que apuntalan. Esos que, cubiertos por el agua y a punto de ahogarse, seguirían tecleando con las dos manos libres contra los enemigos de sus trampas y privilegios. Esa gota malaya, ese ejército dispuesto a segar cualquier idea de progreso.

amanece.bancal.plantado

Millones de personas son incapaces de relacionar que las políticas de la desigualdad tienen consecuencias. Que matan tanto o más que las bombas y camiones de los fanáticos. Muchos turcos declaran las buenaventuras que esperan del nuevo régimen: trabajo, riqueza, una vida mejor. La mayoría de los votantes de Trump lo creen también. Pero así se sembró y alimentó. Con las mentiras, la banalidad y la infantilización de la sociedad, sobre un sustrato de profunda injusticia social. Y de abandono de los más vulnerables.

Francia, el país que cambió el signo de la historia con la Revolución del  XVIII, podría llevar a la presidencia a una mujer ultraderechista acérrima. Los establecidos temen más a Jean-Luc Mélenchon que a Marine Le Pen. El antiguo primer ministro Lionel Jospin ha venido a demostrar que al partido socialista francés se le fueron antes las figuras de la izquierda que los votantes. Ahora aterra su “extrema izquierda”. 65 años, curado de muchos espantos, harto de muchos desvaríos, se ha lanzado a la arena con su imagen más provocadora. ¿Seguro que no se lo explican? El tinglado que se montaron los partidos que nos llevaron a la crisis de todos los valores ya no funciona, por mucho que se empeñen. Cómo será que los medios franceses no paran de hablar de Venezuela. Aunque cueste creerlo: Venezuela también en Francia.

Como en España. “Así empieza lo malo”, leo, con… el autobús de Podemos. Ah, ¿no había empezado ya? Por la insistencia se diría que con las primeras papillas. Pero, en definitiva, otro spot de la sociedad del espectáculo. No mayor que la perfomance continua de la derecha. Será que los ciudadanos ya no entienden otra cosa. “Lo malo”, lo peor, es la prioridad de las iras del sistema que no demuestra sino su propia degradación.

Tras el trance de la Semana Santa, exaltado este año a conciencia, nos caímos de bruces sobre la realidad. Tenemos a 120 empresas disfrutando del trabajo casi esclavo de presos.  A la sanidad pública descuartizada y utilizada. En Madrid no se cobran servicios a la privada, con la jefa entretenida en hacerse la rubia. La peste creada por Aguirre, la rubia por antonomasia, con sus contratos y dispendios, da cada día nuevos signos de putrefacción.

¿Y las autopistas quebradas? Nos van a costar no menos de 5.500 millones de euros y ahora el ministro del ramo avanza su venta porque igual, sin deudas, ya son rentables. Para sus nuevos dueños. O no. Porque las previsiones con las que se construyeron fueron erróneas y siempre está nuestro dinero para sufragarlo. Y esto se vota una y otra vez.

¿Y Rato? ¿Cabe más escandalosa trayectoria? “Rato se comportó en el poder como un cleptócrata profesional, como el vicepresidente de una república bananera, con el descaro y la impunidad de quien se sabe por encima del bien y del mal”, escribe Ignacio Escolar. Sello de la casa PP, con bañador rubio.

Rajoy va testificar ante la Audiencia Nacional por la Gürtel. Con todo el aparato que apoyó a la infanta Cristina en su juicio a su favor. Y nos damos por contentos con una declaración, como testigo, del presidente del PP de la Gürtel. Y reconociendo que es un hito en el sistema, además. La reacción visceral del PP, acusando  al PSOE a través de un comunicado de estar detrás de la llamada judicial, da idea del comatoso estado de la Justicia en España o de la concepción del PP sobre su funcionamiento.

No faltó más que la detención e ingreso en prisión incondicional del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, como presunto jefe de otra red criminal que involucra a varias empresas y destacados miembros de este remedo de democracia que vivimos. El Canal de Isabel II como epicentro y muchas otras ramificaciones. La Operación Lezo le ha estallado también al PP y siguen mirando para otro lado. Cinismo flagrante. Y hay gente, con un cerebro presumiblemente, que les cree. O quiere hacer como que les cree. Democracia para zombis.

En la operación también está involucrado un viejo conocido, ahora en libertad bajo fianza.  López Madrid, yerno del empresario Villar Mir, amigo de los reyes, compi yogui de la reina por más señas, con Granados, relacionado también con la Púnica y la dulcemente llamada policía “patriótica”. Sonroja enumerarlo y aquí no pasa nada. Realmente, en España, también se votó a un partido que había implementado la Ley Mordaza. Y otros partidos sensatos y moderados, constitucionalistas, se dicen, le dieron la mayoría que les faltaba para seguir gobernando. Y ahí están.

Francamente, el autobús de Podemos, la madre de todas las andalucías y las apuestas mediáticas por el candidato que vaya a llevar al desastre al PSOE como a sus colegas en Francia es casi ya lo de menos. La propia impotencia de la denuncia, de escribir como la página que se lanza a un agujero negro a abrirse paso con desigual fortuna. Cuanto se anunció, se cumple y en sus peores escenarios. Y ahí siguen sus autores empecinados en lo mismo.

“Si supiera que el mundo termina mañana, yo, todavía hoy, plantaría un árbol”, escribió el líder negro Martin Luther King, asesinado en 1968. A pesar de todo. Por dignidad, siquiera. Ideas que sobrevivan, no bancales de excluidos útiles.

*Publicado en eldiario.es esta misma semana y actualizado al ritmo de los acontecimientos que no dejan de producirse.

Siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar

La Semana Santa de Zamora vive su momento culmen con el Miserere del Yacente
Semana Santa española 2017, de norte a sur. Zamora y el Miserere del Yacente EFE

De todo, esa es la constante: “siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar”. Lo escribió Antonio Machado. Ese señor, poeta grande, cuyos restos aún reposan -desde 1939- en Colliure, de la vecina Francia. Machado había sido evacuado de España tras el golpe de estado. La alianza de intelectuales y artistas lo sacó del país para que, visto lo visto, no acabara en esas cunetas de las que se ríen portavoces jóvenes y maduros del PP, hoy en el gobierno. Siempre por desenclavar.

Amanece en Viernes Santo y aniversario de la proclamación de la República. En involución aguda y sueños ingenuos de utopía. Y en gris nube en el centro del país, “aquí” en Madrid. Y en soledad agosteña fuera de temporada. No corren por las calles las plantas enredadas del desierto porque todavía no hace tanto calor. No tanto. Casi. Si te quedas un rato en la ventana, ves pasar el autobús. Hay vida. La del conductor y los posibles viajeros. Y muchos otros que no pueden o no quieren salir de vacaciones por más que sean ignorados. En Twitter cuentan que ha vencido no sé quién en no sé qué número de Gran Hermano. El de los González y Vázquez, no el de Orwell. El mundo, pues, sigue en pie. Este.

Lo cierto es que la soledad va por barrios. Unos vacíos, otros llenos. Más de cuatro millones de personas en España se encuentran en riesgo extremo por el paro o la precariedad laboral. Según un estudio de FEDEA y Accenture, que no son precisamente lo más rojo del lugar. No como UNICEF, organización de la ONU, empeñada en decir que la España de Rajoy es la tercera en pobreza infantil de Europa. Y que se ha agudizado precisamente desde que manda su PP. Y, claro, si no te llega ni para tener dos pares de horas el cocido en la lumbre  cómo te vas a ir de vacaciones igual que “todo el mundo”.

Porque, eso sí, las televisiones plantan ante el espejo una imagen a la que no todos pueden acceder, ni muchos asumen sin complejos. Ahí está todo el paquete. La playa, las toallas y sombrillas pegadas las unas a las otras, la grasa en la piel, el “pues se está muy bien”,  la alta ocupación hotelera, el buen tiempo, el sol. Y del otro lado, la pobreza como estigma inducido, precisamente por quienes la causan o la amparan. Cuesta resistirse a la presión. Hasta el sol está perezoso contra todo pronóstico.

Trump ha mandado lanzar a “sus militares” –así los llama- ‘la madre de todas las bombas’, que EEUU ensayó en ‘la madre de todas las batallas’ allá por 2003 en otra invasión ilegal al ser decidida unilateralmente. La de Irak, con nuestro Aznar en una esquina de la foto. A la flota la tiene camino de Corea del Norte, en donde otro fanático egocéntrico, Kim Jong-Un, anda de amenazas nucleares. Y a la Primera Hija de EEUU, Ivanka, a hacer las maletas para irse a una reunión de mujeres en Berlín. ABC, el diario patrio, está feliz. “Trump lanza el tercer aviso a los enemigos de Occidente”, titula a toda portada. Siempre con sangre en las manos.

La televisión pública española, TVE, lava y cocina afirmando en el telediario que son “bombardeos de la coalición internacional sobre Siria”. Es mentira, son de Trump por su cuenta. Aunque muchos lo aplauden. Para algún periódico global, nada, ni ‘la madre de todas las bombas’, desplaza a su querida Venezuela de lugar prominente en portada.

España, con la bandera a media asta en los cuarteles en señal de luto por la muerte de Cristo hace, según dicen, 21 siglos. La ministra Cospedal ha dado la orden, mientras vive su propia Semana Santa con gran religiosidad y multiplicando su pía actividad allá donde es requerida. Ha recibido, por ejemplo, el nombramiento de Hermana de Honor de la Defensión, una hermandad castrense.

En los tumultos, este año gamberrismo, estampidas e histeria. Con heridos, detenidos y un hombre en la UCI en Sevilla. Desde allí, un informador decía en el telediario de TVE: “La Madrugá es mucha Madrugá para que la empañen unos gamberros”.

Es la Semana Santa española. Púrpuras, morados (de los buenos), capirotes, cilicios, coronas de espinas, calvarios, latigazos, piedad, fervor, pies descalzos, penitencia… Las televisiones alternan los cuerpos desnudos sobre la arena con las imágenes de Cristos ensangrentados. Sangre y arena, tan españolas. De personas vivas que se flagelan a conciencia, a toda espalda y pantalla. Miren las expresiones en trance. Dios me libre de llamar a eso sadomasoquismo o necrofilia que, en el puritanismo y cautela reinante, son palabras de mal gusto. Palabras. Siempre por desenclavar.

Ya nos tienen donde querían, de donde nunca salieron en la impermeabilidad de sus cerebros. El PP aprieta en involución, más aún que cuando tenía mayoría absoluta. Hasta Manel Fontdevila se preguntaba por este milagro. ¿Cómo se puede llamar políticamente hablando? Está claro: apoyos, contraprestaciones, ideología compartida. Susana Díaz ya no sale de procesión con el torero de verborrea desatada Fran Rivera Ordoñez,  pero estas pasiones no se olvida ni por conveniencia.

La Semana Santa del Franquismo se rompía del todo en la Hora Nona del viernes, a su término, a las tres de la tarde, en silencio sobrecogedor. Pero en la medianoche del sábado, despertaba la Gloria. Los tres días de rigor precisos para la Resurrección sufrían un drástico acortamiento a menos de la mitad, incluso en aquellos piadosos tiempos de recogimiento religioso y condenas a muerte a la disidencia. Pregunté e insistí mucho en saber por qué y nunca hallé respuesta convincente. Necesidades del guion. Mucho no ver para creer. Demasiadas lagunas para saber.

‘Cantar del pueblo andaluz’, y de casi todos convertidos en piel de incienso, D. Antonio Machado, esto va cada vez peor.  Siempre por desenclavar. Siempre con sangre en las manos.

Carme Chacón y la hipocresía española

chacón.articulo

A Carme Chacón le hubiera gustado saber cuánto la querían. Sobre todo mucha gente anónima que supo apreciarla. Su valentía y su empeño merecían conocer que su entrega obtuvo resultados. Fueron tantas las zancadillas que sufrió que, al menos, debió quedarle ese reconocimiento. Porque han vuelto a hacerlo. Hay una querencia en España por la parafernalia de la muerte que unida a la hipocresía, o viceversa, resulta escandalosa. Constatemos un hecho: Chacón no estaba en las primeras filas de la política ahora, la habían apartado.

Comparto la valoración que sitúa a Carme Chacón como una política capaz, honesta, luchadora, feminista, de convicciones socialistas reales, y con un deseo sincero de renovar y reconstruir el PSOE. Desde la moderación. “ Chacón fue una política coherente y comprometida con sus ideales, pero no una revolucionaria“, escribe Ignacio Escolar en un artículo que aporta muchas claves. De los cambios que impulsó, de su pensamiento y de su enorme discreción. Laica ejerciente, contraria a dar el indulto al banquero Alfredo Sáenz, partidaria de investigar el fiasco de Bankia. Tropezó con el “desahucio exprés” que le salió por la culata al terminar siendo aplicado a los impagos de hipotecas que no formaba parte del diseño. Esto demuestra, por cierto, que no hay ley inocente en manos culpables.

Pues bien, no la dejaron seguir. 25 de Mayo de 2011. Las plazas de España llenas de 15M, dejando claro el “No nos representan” del hartazgo máximo. Chacón prepara incluso su equipo renovador. Y la echan atrás. Aparece, llorosa, para retirar su candidatura a las primarias por el bien del partido y de Zapatero. La intrahistoria la cuenta también el director de eldiario.es: “Una serie de barones, con Patxi López a la cabeza, amenazaron con tumbar a Zapatero si no apoyaba la designación de Alfredro Pérez Rubalcaba como candidato sin primarias”. Chacón era consciente de lo que ocurría en España, el aparato no.

Y la historia se repite en el Congreso de Sevilla de 2012 cuando Carme Chacón lo vuelve a intentar. Hasta Madrid llegaban los ecos de las presiones y zancadillas. Perdió por 22 votos en jornada maratoniana de intercambio de apoyos y favores. “La vencieron los dueños del partido, una alianza de la vieja guardia: Felipe, Guerra, Bono, Chaves… Tras perder, guardó silencio y dejó liderar a Rubalcaba”, sigue escribiendo Ignacio Escolar. Alguno más hubo, los de siempre en realidad. Tenían el PSOE, perdían apoyo electoral. “ Venció el cambio tranquilo y la experiencia“, explicaron en prensa. Poco después renunció a su acta de diputada y pasó a la actividad privada. Su carrera política declinó.

Una amiga que me sirve de barómetro popular sentencia que los compañeros que lloran a Chacón lamentan su muerte aunque la hubieran apartado de su vocación. Faltaría más. Pero lo que cuentan son los hechos. Y producen bastante impacto algunos rostros compungidos. Otros han demostrado que realmente la valoraban y querían, mucho más de lo que probablemente ella pensaba.

Sin duda el PSOE hubiera sido distinto dirigido por Carme Chacón, que pudo ser también la primera presidenta de España. Pero es lo más rancio del aparato quien lleva las riendas en defensa de “valores tradicionales”. Del PSOE, dicen. Jesús Cintora cuenta en su nuevo libro cómo Rubalcaba intentó impedir que Pedro Sánchez formara gobierno: “Si Rajoy no da el paso, no des el paso tú”. Basado en lo que, a su entender suponía, “la peligrosa compañía de Podemos y de los nacionalistas”. No hay problema en darle el gobierno a Rajoy, no constituye ningún peligro. Para ellos.

La senda emprendida por el PSOE es un puro dislate, con el golpe interno para echar al secretario general elegido en primarias, y cuanto ha sucedido después actuando como si nada hubiera ocurrido. Susana Díaz encarna esta tosca etapa de aparato y conservadurismo, por más que Chacón la apoyara frente a sus dos competidores.

No trataron bien a Carme Chacón. La prensa tampoco, en particular la conservadora, como es habitual siendo mujer y de izquierdas. Pero España reedita con ella esa pasión por llorar y ensalzar a los muertos, en particular cuando peor se ha portado con ellos.

El domingo de Ramos –como lo llamaba la portavocía mediática del PP en RTVE en estos tiempos de santerío redivivo–,  El País publicaba otra de sus encuestas de Metrocospia. Esta vez para concluir que los españoles optan por Adolfo Suárez como el presidente que querrían tener. Paradójico. Desde dentro, la derecha hoy recogida en el PP le dinamitó el partido. El PSOE de Felipe González le presentó una moción de censura y una cuestión de confianza. Le hicieron la vida imposible y sufrió por ello. Mucho.

Hemos sabido recientemente, por casualidad, que Suárez no quiso convocar un referéndum sobre la monarquía porque iba a perderlo. Se lo dijo a la periodista Victoria Prego que calló durante décadas. No se puede decir que, justa o injustamente, nadie le agradeciera el favor a Suárez. Ahora lo tenemos en los altares. Si existe alguna parte de lógica en el hecho será que les parece peor lo que vino después.

Esa exacerbación española de la muerte huele a procesión, incienso y rito, a humo. A hipocresía suma. Es ese sentimentalismo con dolor placentero, de escenario, butaca y kleenex. Y de igual modo enmascara la verdad. En la política que posterga a los ciudadanos y ejerce, con cara de póker, el todo vale para el fin último. En los medios y sectores que juegan la misma partida. Carme Chacón era del sector limpio de la política que también existe y su camino no fue de rosas.

Un consejo: la próxima vez que quieran a alguien como la querían a ella, demuéstrenselo en vida. Y déjenle volar libre.

¿Quiénes son los responsables?

Un hombre lleva a una niña herida en el ataque con armas químicas en un hospital de Jan Shijún, Siria.
Imagen sobrecogedora consecuencia del ataque con armas químicas en Siria AP

La imagen es de las que perturban el sueño. Y abundan similares. Quizás por eso las ha aprovechado Donald Trump para lanzar más de medio centenar de misiles contra una base militar del gobierno sirio, a quien culpa de haber desatado un ataque con gases químicos contra la población. Ni se ha molestado en esperar autorización de la ONU. Apenas dos meses y medio después de su llegada a la presidencia de los Estados Unidos, Trump emprende la tarea prevista de “hacer grande América otra vez”, unilateralmente, por las bravas, autoproclamándose gendarme del mundo.

Putin, desde Rusia, denuncia “agresión contra un miembro de la ONU”. Bashar Al Assad al mando, no es precisamente un gobernante modélico. Rige en Siria, en presidencia hereditaria, habiendo llevado a una cruenta guerra y miles de desplazados las protestas de aquella primavera árabe de 2011 que, literalmente, machacó. Luego llegó la degeneración. La comunidad internacional, en conjunto y por partes, le apoya y le ataca, según intereses. Añadamos los coros de las primeras filas, las retransmisiones. Hemos entrado ya, por supuesto, en la guerra de opiniones que disuaden la reflexión. Lo que se puede afirmar es que hoy no estamos más seguros, ni se ha parado conflicto alguno, sino todo lo contrario. Que esas atrocidades han de acabar, pero no lo harán a bombazos.

La imagen es abrumadora. El cuerpecillo inerte y desmayado de la niña. El hombre –muy probablemente su padre- que expresa dolor, rabia y desolación a partes iguales. Los sanitarios, derrota. Intensa y larga. Hemos visto ya esas miradas y esos rostros. En los campos de refugiados, de quienes huyen de Siria sin ir más lejos. Niños vivos que consuelan a sus progenitores. Niños que lloran o que ya no lloran siquiera. Bebés, sin vida, arrojados en las playas. A Aylan –cuya intolerable muerte iba a cambiarlo todo-  le ha salido tanta competencia por el favor de los medios y de la audiencia que ya nada conmueve más allá de unos días o unas horas.

Ya no se trata de si la mano ejecutora ha sido la del autócrata sirio o las de los rebeldes. Ambas, probablemente. Y quien colabora en la distancia, de una forma u otra. Trump no es inocente y menos con su ataque interesado. Ni Putin por supuesto. Ni la inoperante UE que, para una vez que se moja, lo hace entendiendoel bombardeo y el papel asumido por Trump. Ni cada uno de sus países. El gobierno español, por ejemplo con sus parabienes. Luego nos hemos enterado de que los barcos que han participado en el ataque tienen su base en España, en Rota, Cádiz, como parte del  escudo antimisiles de la OTAN. Otra vez,  colaborando en una acción ofensiva sin el paraguas de la ONU. 

 Comprensión tibia con la democracia y que no atisba el peligro potencial para la ciudadanía de Trump despidiendo su alocución con un “ Dios bendiga a América y al mundo entero“, siendo el primer presidente que extiende al mundo esa invocación.

Del tinglado forman parte importante los que comercian con la vida de las personas. O con el miedo y la presunta seguridad. ¿Quién te libra de un ataque químico? ¿Los misiles de Trump? ¿No sería más efectivo, racional, prudente, seguro, humano, acabar con el mal en origen? Las armas químicas son consideradas de destrucción masiva –estas sí- y están prohibidas por el derecho internacional y todas las convenciones. Ah, calla, que es la maldad humana, apuntan quienes se lavan las manos ayudando a que todo siga igual. Por más que la seguridad total no existe, no es posible bombardear camiones para que no atenten en nuestras ciudades como acaba de suceder en Estocolmo.

Es hora de señalar que son muchos más quienes llevan muerte, hambre, injusticia, dolor, a todos los conflictos, los cruentos y los incruentos. Aquel experimento que demostró en los 90 cuántos ciudadanos apretarían el botón destructor -para lograr un beneficio personal- si las víctimas estuvieran lejos, no las vieran y no les acarreara responsabilidades es de plena vigencia. Se hace a diario. Textualmente.

Hay múltiples acciones que conducen a esta degradación en la que tenemos situado al mundo. No es independiente apoyar políticas que priman la codicia sobre la justicia, con el aumento de la desigualdad. Es como abrir un grifo cuando el depósito está lleno. No se puede tolerar la corrupción, las trampas y la mentira y pensar que no tiene consecuencias. Directas son.

Cada paso torcido en el camino de la justicia, de la política, del bien común, de la verdad, nos acerca a las insufribles debacles. Y se aceptan los rostros de desolación como efectos tolerables.

Cada sapo que se traga en aras del bienestar propio, o de la complacencia con el poder indigno, o del total esto no se notará, de la autoexculpación en definitiva, lleva a ese universo de injusticia que produce tantos desmanes.

Cada titular que se afina, cada manipulación que se asume en obediencia conveniente, contribuye a la desinformación, y ésta a rumbos equivocados. Cada intoxicador que se alienta para disuadir la verdad en aras del espectáculo, va en el mismo sentido. Hay entretenimientos menos dañinos para la colectividad.

Considerar normal que el 1% de la humanidad acumule un patrimonio equivalente al que posee el 99% restante, no es inocente. Pero ha habido una senda, un contexto, que lo ha hecho posible. La ignorancia no exime de responsabilidad, y menos la buscada.

Y están quienes se inventan palabras, como “buenismo”, para justificar la barbarie e intentar convencer de que la barbarie no tiene solución. Quienes, desde posiciones interesadas, enfangan la crítica para sembrar confusión.

Los que aplauden al sheriff de América y a todos aquellos que ya ponen y pondrán sus botas sobre las sociedades de distintos puntos del mundo, aprietan botones que propulsan daños.

Se puede hacer algo, mucho, para borrar el dolor y la impotencia de los rostros y el corazón en Siria, en el Mediterráneo, en la América grande y la pequeña. En España, en Madrid, en Jaén, en Santiago, en La Palma, dondequiera que mires los encontrarás.

Lo realmente difícil de entender es que cuele un mundo basado en el salvajismo. Y que la estafa masiva a la que llamaron crisis haya alumbrado tal cosecha de fanáticos sin escrúpulos, barra la libre para todas las vilezas. Pueden que sea porque cuentan con un ejército disciplinado de colaboradores, que se apuntan sin siquiera saberlo, y no saben ver más allá de un palmo.

*Publicado en el diarioes 

José Luis Sampedro, antídoto contra el ruido

DSC01966

Cuatro años hace ya, este 8 de Abril, que nos dejó José Luis Sampedro.  Tras cerrar un largo y fecundo ciclo vital. Este 2017 hubiera cumplido 100 años, se quedó en 96 sin perder facultades esenciales. Con esfuerzo y mucho amor, se le recuerda ahora en los actos de su centenario. En uno de ellos, en la Biblioteca Nacional, en el mismo lugar que se celebró el primero tras su muerte, retomé la sensación de que José Luis Sampedro era, es, un antídoto contra el ruido. Y siempre estará ahí para servirlo y demostrarlo.

De nuevo, José Luis congregaba a familiares, amigos, admiradores espontáneos, trozos de su vida y compromiso como los trabajadores de SINTEL a quienes acompañó, con Olga Lucas, su mujer, en su acampada reivindicativa. Siempre es así, amor del bueno, suma de matices diversos.

Guardé dos textos de los que fueron recordados.

El primero lo leyó una de sus grandes colaboradoras, Gloria Palacios. Antecesora de Amaya Delgado que hoy preside la Asociación Amigos de José Luis Sampedro. Es un fragmento de “Monte Sinaí”, publicado en 1998, cuando el autor tenía 81 años. Narraba en él, su estancia en el afamado hospital neoyorquino, donde hubo de ingresar de urgencia por una grave dolencia cardíaca. El médico que le atendió era otro español: Valentín Fuster que dirigía el servicio.  José Luis hizo en este libro una profunda reflexión sobre el sentido de la vida.

“¿Para qué vivir? es una buena pregunta y mi respuesta es vivir para hacerse, pues hacerse es vivirse y no solo estar vivo ni, menos aún, vegetar. Pero aún importa más otra pregunta: ¿Para quién vivir? pues ni se hace uno solo ni se vive a solas. Quienes contribuyeron a hacernos, dándonos vida con ello, lo hicieron y hacen para ellos, pero también para mí. Siempre a solas nadie llegaría a ser humano y todos, ellos y yo, somos juntos lo que somos.

El abrazo del náufrago me reveló que la maga me necesita tanto como yo a ella (…) tan pronto me sentí despierto y consciente de mi estado enmendé mi pasividad (…) y me uní a mis salvadores. Pensé en quienes me han querido y me quieren y me querrán aunque me vean abatido, herido por el rayo, quizás ciego y necesitado de ojos y manos ajenas para todo. Me necesitan para quererme…

El otro texto que pedí para guardar, con las anotaciones personales, fue el que leyó el periodista Fernando Olmeda y pertenece al libro “La senda del drago”. Publicado en 2006. Sampedro nos remite a un buque imaginario en un mar nutrido de tendencias en el que el protagonista va constatando… el ocaso de la civilización. Pero de nuevo es la palabra que ahuyenta el ruido, la de ese momento en el que apenas amanece y se ve mejor la realidad más honda.

“Se desmorona la noche. Empieza la tiniebla a diluirse. Asoman promesas de luz. (…)  Renazco cada día, subiendo al alba, para vivir este intervalo augural, entre dos tiempos, el ayer y el hoy. En esa división, vislumbro mejor lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente.  Recibo a la luz naciente, que llega lenta, imponiéndose al fin en las alturas, pisando las movedizas nubes. Ya no me extraña ver, sobre mi cabeza, cordajes colgantes de un truncado mastín cruzado por una verga rota: ya me han dado la explicación de este viejo residuo de impensable coexistencia con la rítmica trepidación de la poderosa máquina en marcha bajo las planchas metálicas que piso. Lo que abajo me corroe, y a ratos me atosiga, se hace aquí insignificante, entre la infinidad celeste y el abismo marino. Entre esos dos polos y en la cesura del tiempo soy serenidad expectante”.

Antídoto contra el ruido, ya digo. Para ver lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente. Cuánto le echamos de menos. Aunque siempre estará en sus libros. Y en nuestros recuerdos.

 

 

 

 

Tiempos de derecha, tiempos de gasto militar

cospedal.tropas

Dolores de Cospedal pasa revista a las tropas como ministra de Defensa.

Imaginen a un padre de familia, abogado de formación, toledano, 51 años, sentado en el salón de su casa ante esta reflexión: “¿Y si alguien quisiera ponerle a mi hija un burka, qué haría? Enviarle a las Fuerzas Armadas”. ¿Como escudo humano y blindado para que no se le acercaran los hombres que colocan burkas por la calle a las mujeres con las que se cruzan? ¿Quiénes son esos hombres? Musulmanes, una comunidad de unos 1.200 millones de personas distribuidas por numerosos países del mundo. Pues así piensa Agustín Conde, el actual secretario de Estado de Defensa nombrado por la ministra Cospedal. Con esa mentalidad dispone de capacidad para, en efecto, hacer uso de aquello a lo que le impelen sus creencias. Y el Gobierno del que forma parte acaba de dotar a su Ministerio con un 32% más de presupuesto.

Conde es uno de los numerosos prototipos de la derecha más extrema que gobierna España por medio del PP. Sus exponentes son múltiples. Mariano Rajoy los ha situado en ministerios clave: Interior, defensa, justicia, empleo, educación y sanidad en algunos momentos, y bastantes perlas sueltas en otros puestos. Nos detendremos hoy solo en Defensa, premiada con un plus en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado.

A Agustín Conde lo encontramos ya en 2005, durante una intervención en el Senado, cuando se mostró partidario de que las parejas homosexuales no adoptaran hijos. Sin el menor rubor, ni base que es mucho peor, expuso los graves problemas que, en su opinión, aquejaban a esas criaturas que conviven con gays. Aseguró que sufren un enorme riesgo de ser violados por sus progenitores, cuantificado en el 29%, mientras en el caso de los heterosexuales el porcentaje se reduce al 0,6 %. Siempre en su línea, acusó –en un tuit, vaya por dios– a Yolanda Álvarez, entonces corresponsal de TVE en Oriente Medio, de ser “activista de Hamás”. Sin cortarse. Álvarez fue devuelta a Madrid. Añádanle unas puertas giratorias, una empresa energética no declarada o la defensa jurídica del Banco de Santander en casos de hipotecas impagadas.

Alférez de Fragata del Cuerpo General de la Armada en la Reserva Voluntaria, Conde declaró que ser secretario de Estado era “el cénit de su carrera profesional”. Y que María Dolores de Cospedal es quizás la persona por la que siente mayor admiración y respeto intelectual. “Como político”, concepto que incluso incluye a mujeres.

Cospedal, la ministra que tan sobradas muestras ha dado, en diferido, de su capacidad intelectual, es la gran gestora de ese desorbitado aumento del presupuesto de Defensa, un 32% sobre 2016. Es cierto que se ha visto obligada a aflorar, por mandato del Tribunal Constitucional, una herencia de su predecesor, Pedro Morenés, que utilizaba créditos extraordinarios aprobados por Real Decreto para comprar armamento. El programa que él aprobó asciende, por cierto, a 30.000 millones de euros de los que restan por pagar 20.000 millones. Aun así el presupuesto real aumenta y en algunas partidas de forma desorbitada, hasta un 442%.

Cospedal es la ministra idónea para los nuevos tiempos. Ha nombrado además un nuevo jefe del Estado Mayor del Aire que, según declara, “procura tener a Dios presente en todas sus decisiones”. Ha destinado precisamente a Morenés, exministro y vinculado a empresas de armamento, como embajador en Washington aunque no pertenece a la carrera diplomática. La misma ciudad donde reside Donald Trump. La también secretaria general del PP es la persona que definió perfectamente su ideología al declarar: “Lo primero que necesita un país es seguridad. Si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad, da igual tener garantizado el subsidio de desempleo, la sanidad pública o la mejor educación“.

Lo mismo practica la actual administración estadounidense. El ya mayor presupuesto militar del mundo va a experimentar  un aumento del 10%, 54.000 millones de dólares que el magnate llegado a presidente detraerá de partidas sociales. Trump quiere “volver a ganar guerras”, dice. Trump quiere potenciar la muy lucrativa industria de la guerra. De hecho Trump pidió al PP aumentar también el gasto en defensa, y el PP lo hace. Por cumplir con el ultraconservador mandatario y, como él, por vocación.

Algo cambió cuando los Ministerios de la Guerra pasaron a llamarse Ministerios de Defensa: los eufemismos de la neolengua. Y de la propaganda y siembra de miedo que prende en los ciudadanos más indefensos mental o emocionalmente. Hasta hacerles temer más un hipotético atentado que la precariedad que mata todos los días. Los daños que ocasiona la pobreza y la injusticia son infinitamente superiores a los que causa la acción terrorista de los fanáticos. E incalculables los efectos nocivos de la demagogia. Pero la jugada actual es ésta. Algo huele inmensamente a podrido cuando se confirma la reunión para propiciar un canal secreto de contacto entre Trump y Putin y es el fundador de Blackwater quien la dirige. La empresa de mercenarios, contratada profusamente por George W. Bush, y que fue condenada por asesinato deliberado de civiles en Irak en 2007. ¿De qué seguridad y para quiénes hablan?

Conviene, pues, contrarrestar con información la propaganda de las portavocías mediáticas del PP cuando destacan un aumento del gasto social en estos presupuestos. Al margen de que sería una inversión, no un gasto. La mayor partida se la llevan las pensiones. Por el compromiso ineludible que se contrae al  pagar impuestos durante la vida laboral para disponer de un retiro. Al margen de las trampas –muy propias del personal que nos ocupa– para enmascarar que los presupuestos bajan, haciendo parecer que suben, la distribución de los fondos responde a la filosofía genuina de esta derecha.

Echen un vistazo al dinero que se dedica en verdad a educación, sanidad, cultura, ciencia, a la dependencia o la pobreza infantil y vean cuánto de sociales son los presupuestos del PP. Pagar los intereses de la Deuda Pública, incrementada a nivel de récord por Rajoy, se lleva más del 9% de los presupuestos: 32.447,7 millones. Es uno de las principales apartados y verán que no se destaca en los medios. Para la Hucha de las Pensiones (que el PP ha dejado en telarañas) van a emitir Deuda Pública. A devolver con intereses, ya saben. La pirámide fatal del endeudamiento. Y eso que Rajoy “nos ha sacado de la indigencia”.

Unos presupuestos absolutamente ideologizados, de derecha aguda y extrema. Para completar el dibujo van cero euros para la aplicación de la Ley de Memoria histórica, y un aumento de 43.000 en el presupuesto directo de la Casa del Rey, que la pobre llevaba algunos años congelada.

Y los presupuestos saldrán adelante con la colaboración de políticos tan conservadores y mercantilistas como el PP. Y  Rajoy seguirá mandado con ese equipo dotado de singular mesura, razón y capacidad intelectual. Y la corte mediática les hará la ola.

Cada vez son más los excluidos de su mundo, sin embargo. En ese limbo que no se quiere ver hay amplios sectores en los que abunda el suicidio, la droga y la muerte temprana, como contaba la economista Ann Pettifor sucede en Estados Unidos. Ocurre en lugares mucho más cercanos y va a más. Esta vez muchos votaron a Trump y similares. ¿A quién buscarán después? ¿Qué harán después

*Publicado en eldiarioes

Susana Díaz y el regreso a la España del 92

susana.candidaa

Como si de un Fernando VII redivivo se tratase, hemos sido testigos de la peripecia que ha convertido a Susana Díaz, presidenta de Andalucía, en candidata al gobierno de España por el PSOE, si así se decidiera en primarias. De sus dudas o tiempos medidos, de las voces que corrían pregonando su advenimiento, de la entronización el domingo en Madrid haciendo gala de antiguas glorias del partido y de la unidad del aparato. Por fin, la deseada, se decidió, y la sala y la prensa oficial estalló en júbilo.

Y, sin embargo, cuesta entender dónde se encuentra el carisma de la política andaluza. Ni por su gestión, ni por los votos menguantes, ni por la enjundia de su discurso. Algunos elogios a su persona, como los de su colega aragonés Javier Lambán, le hacen un flaco favor, pero apenas logran explicar la causa de esa apuesta indubitativa por Díaz, como la salvadora del PSOE.

Susana Díaz es, sin duda, la imagen que la derecha y todo el establishment tienen de lo que debe ser el socialismo del siglo XXI. Conservadora, católica y sentimental, y colaboradora con el sistema por muchas que sean sus injusticias. El mal menor, el eterno mal menor que ha hundido a la socialdemocracia en toda Europa. No hay más que ver los resultados de Holanda, en donde –tras apoyar al gobierno de derechas– han pasado de 38 escaños a 9. El que llamaron “efecto Schulz” en Alemania, también ha enfriado las expectativas por el momento.

Lo que sí se observa es una empecinada confusión entre deseo y realidad. En todos los casos. Ignorando o queriendo ignorar los dramáticos resultados de esa ofuscación –para la sociedad, naturalmente– y sobre todo su papel en la gestación del desastre mundial que tiene a la ultraderecha en franca escalada. Un papel estelar compartido con los conservadores.

El PSOE llevaba varios años huyendo hacia adelante y ahora ha decidido huir hacia atrás. El Susanato se ha presentado como si creyera que es posible recuperar los esplendores –hoy cuestionados– de la España de 1992, simbolizada en esa Fila 0 de la proclamación. Hubo avances, desde luego, pero sin faltar esa eterna característica patria de emporcar cualquier logro.

En la España del 92 siempre parecía verano. Sevilla inauguraba la Exposición Universal como evento de proyección que traería un progreso, riqueza y empleo que no llegaron. Una espléndida fiesta lúdica en la que se invirtió cuantioso dinero público, se saldó con pérdidas, y dejó languidecer sus restos por desatención. Cuando creímos que Felipe González era socialista y los Borbones una familia moderna y feliz. Susana Díaz era, entonces, una joven adolescente que ingresaba en las filas de las Juventudes Socialistas para desarrollar toda su carrera profesional en el PSOE.

Siempre parecía verano. Como en las Olimpiadas de Barcelona, el estallido de luces en el que el clan Pujol vio la oportunidad de asentar su ingente fortuna, amasada entre comisiones y maletines viajeros. Cuánto se nos ha robado en España desde entonces. Cuánto se ha engañado a la sociedad.

Fue un año, bisiesto, en el que se conmemoraba el quinto centenario del descubrimiento de América. Entró en vigor el Tratado de Maastricht, de esta Unión Europea a la que se le escapan los países y la democracia. Desaparecida la URSS, Rusia vivía un golpe de Estado del efímero Boris Yeltsin. E Italia veía caer abatidos por las balas al juez Falcone y al fiscal anticorrupción Paolo Borsellino, en atentados perpetrados por la Mafia, la italiana.

Nosotros nos distraíamos con la consola Super Nintendo y prometíamos ser Amigos para siempre. Mientras se preparaba la  Macarena de Los del Río que fue éxito mundial al año siguiente. La España de la fiesta y el deporte estaba de moda.

En febrero, las protestas por la reconversión industrial llegaron en Murcia a la Asamblea Regional a la que, literalmente, prendieron fuego los manifestantes, pero de eso apenas nos enteramos. Al tiempo, se inauguraba el AVE –en el trayecto Madrid-Córdoba–, que ha convertido a nuestro país en el segundo del mundo en implantación, tras China.

El Papa Juan Pablo II beatificaba al español José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, e inspirador de la ley Wert de educación que este mismo martes de 2017 defendía su autor en el Congreso desplazado desde París, ciudad en la que le tenemos becado por la gracia del PP.

Los huracanes Andrew e Iniki causaban enormes daños, hoy sopla el Debbie y el presidente estadounidense Donald Trump desmantela los programas medioambientales contra el cambio climático. Son muchos los dirigentes, los países que van hacia atrás.

La España del 92 no es la de ahora, el mundo tampoco. Por mucho que así lo sueñe el bipartidismo y sus soportes. La codicia desencadenó una crisis que pagan los más débiles. A un alto precio en muchos casos. La corrupción enmaraña nuestro presente como pesadilla interminable. Susana Díaz y sus seguidores creen que todavía se puede decir, sin rubor, que es “ respetar la democracia” hacer posible el gobierno del partido más corrupto de la democracia. Demasiadas concomitancias en los oscuros sótanos. O hacer creer que no sucedió la expulsión y linchamiento del secretario general elegido en primarias, Pedro Sánchez, porque se oponía a sus planes. O que se puede seguir confundiendo el bien de la sociedad con el beneficio propio.

Desde las altas torres no llegan a saber el malestar de una gran parte de la sociedad, su desencanto, la agresividad palpable ya fruto de la impotencia, las expectativas que van cayendo. Esa España insalubre y desvergonzada que se ha ido gestando parece una condena a cadena perpetua que aplasta cuanto crece. Seguir engrasando las cerraduras parece la peor opción.

*Publicado en eldiarioes

La gesta de Benavente por la sanidad pública

benavente.piezas.hospital

La masiva manifestación de Benavente. Foto: Antonio Luis Martín

Fue memorable. Todo Benavente en la calle en defensa de su hospital y de la sanidad pública. Salieron 15.000 personas –según cifras oficiales–, de una población de 18.315 habitantes censados en 2016. La historia es común a esa España olvidada fuera de las grandes capitales y a cómo se ve afectada por los recortes en el Servicio Público de Salud. Esa donde el médico que atendía tres pueblos, ahora atiende cuatro, no le cubren las suplencias y el enfermo siempre ha de desplazarse cuando sufre una dolencia de cierta entidad. El hospital representa una solución cuando está bien dotado. Pero son muchos los núcleos urbanos que temen su mutilación por los recortes.

Benavente es el segundo municipio en población de la provincia de Zamora, tras la capital. Y el eje de la comarca de los Valles con una cincuentena de pueblos de escasa población en su mayoría. El Hospital comarcal de Benavente se quedó pequeño. Años de quejas que culminan con una remodelación para ampliar el existente. Una vez arreglado, tras invertir 12 millones de euros en obras y equipamiento, la Junta decide paradójicamente cerrar la primera planta. Hay que ahorrar. Y pensar, por tanto, en la carretera.

El detonante se produce cuando los familiares se plantan dado que ya comienzan a trasladar a los pacientes hospitalizados a Zamora, distante 65 kilómetros. Medios digitales locales, muy activos, van dando cuenta de la peripecia y comienzan concentraciones diarias, cada vez más numerosas, que culminan el domingo con una manifestación de las que rompen moldes. Está el alcalde, del PSOE, una treintena más de distintos partidos, incluido el PP… y casi todos los vecinos: 15.000. Ya no es solo la planta a cerrar lo que reivindican sino una atención sanitaria integral y con más especialistas para cubrir las necesidades reales. Los sufridos castellanos el día que salen, salen. El día que exigen, lo hacen a fondo.

Ahí tienen ustedes en cambio a los votantes de Trump –que prometió en campaña acabar con el Obamacare, su Ley de Atención Sanitaria– lamentándose de la suerte que les toca (y se buscaron). De los 24 millones de estadounidenses que van a quedarse sin seguro médico, habrá un gran número de votantes del multimillonario republicano. Algunos están muy preocupados y no les falta razón, otros no. La sección internacional de eldiario.es daba cuenta de varios casos, como el de una mujer de Indiana que precisa no menos de 4.000 dólares mensuales en tratamientos y sigue pensando que a ella no le tocará la supresión, aunque quiere que sí quiten a otros la prestación.

Mucho más cerca, en el Parlament de Catalunya, un compareciente se mostraba la semana pasada en comisión a favor de la universalización de la sanidad siempre que no tocara a sus necesidades de trasplantes. La universalización hacía esa salvedad. Con él. La batalla contra la sanidad pública ha sido pareja a la que se practica también contra la educación. Y a favor del egoísmo liberal, dicen, como forma de vida.

Se recogen los frutos de lo que se sembró y se desoyó. El Sistema Nacional de Salud británico, NHS, está ya desahuciado, tras los recortes vitales que se le han practicado. A diario nos hablan de sus deficiencias y de la desesperación de los profesionales, sin medios para atender enfermedades. Graves también, cáncer incluido. Aquel sobrecogedor relato de Owen Jones hace dos años y medio no ha hecho sino empeorar. Con elecciones de por medio, que volvieron a elegir a los Tories, implacables con la tijera.

Y siempre detrás: la privatización. Pagar –repagar en nuestro caso– por recibir atención médica. Las noticias sobre seguros privados crecen. “ Por temor a las listas de espera”… Porque, nos dicen, “Despegan por la crisis”. Y se hacen grandes fortunas. Millones se mueven. Aquel servicio público creado en 1986, bajo el mandato del PSOE de Felipe González, tardó apenas cinco años en comenzar a privatizarse, también con él. El Informe abril de 1991 recomendaba cuanto ha sucedido después.   Y todavía antes en la Catalunya de CiU. Hoy es un festín.

Lo de España es un dolor. Hundidas bajo las noticias que impactan –como la Misa en TVE, la última bocanada de las cloacas del Estado del tertuliano polémico, Cataluña, o los avatares políticos de los buenos y los malos, según las biblias mediáticas– surgen de continuo noticias de puro escándalo, referidas a los destrozos en la Sanidad Pública.

Madrid viene sufriendo falta de vacunas para enfermedades que las requieren, como el tétanos. Y sobre todo de las infantiles que marca el protocolo, como la que previene la tosferina. El consejero de Sanidad de Cifuentes llegó a cesar a una responsable de enfermería por denunciar en Twitter el desabastecimiento.

La apuesta de la presidenta de la comunidad es clara a favor de los centros privados, a los que nutre con nuestros impuestos. Les aumenta el presupuesto mientras lo rebaja o congela a los públicos. La sanidad privada sigue encontrando en Madrid un filón, mientras en los centros públicos ha habido hasta derrumbes de techos. Lo de construir hospitales de diseño y luego no dotarlos, ya lo inventó Esperanza Aguirre. Y con grandes flecos por investigar.

Lo que se ha hecho con la sanidad pública en España exigiría una seria asunción de responsabilidades. Los recortes han repercutido en numerosos servicios, urgencias, camas, ambulancias, listas de espera. Paradigmática fue la gestión deCospedal en Castilla La Mancha, pero hay muchas en una línea muy similar. La batalla es frontal y continuada. Por todos los flancos. El sistema se mantiene por la calidad y entrega de sus profesionales, pero todo esfuerzo tiene un límite.

En un reportaje que realicé para Informe Semanal de TVE –en 2005, previo a la crisis– descubrí que la sanidad pública era la primera empresa de España, con 300.000 empleos directos (entonces, se han perdido muchos), y más de dos millones indirectos. El 6% de la población trabaja en sanidad. Exige un gran presupuesto, pero genera ingentes beneficios, sociales  y económicos. El sector representa el 5% del PIB. Un bocado demasiado suculento si la prioridad no es el ciudadano.

Comerciar con la salud de las personas es el cenit supremo de la codicia. La garrapata en su estado más puro. El objetivo de este capitalismo feroz que nos invade y que planificó desde los Consensos de Washington (1989) y Bruselas (1990).  Con la víctima en situación de desventaja: nadie es más vulnerable que quien se siente enfermo y quien teme perder su vida o la de los suyos. O verlos sufrir. Al margen de los alegres votantes de Trump y de cuantos no quieren enterarse.

En Benavente, los ciudadanos han sido conscientes de lo que importa contar con una sanidad pública adecuada. De su derecho a elegir y tener cubiertas sus necesidades. Su gesta ha dado resultados. En la tarde de este martes el consejero ha anunciado que la planta no se cierra, y que se la dotará de mejoras. No es todo lo que piden los ciudadanos pero sí un gran logro. Desde Trump al PP la cuestión se entiende en términos de beneficio privado. Como se ha dicho certeramente: la salud como mercancía, la sanidad como botín. Si se les permite.

La hoja del olmo no es perfecta

 

facal.hoja.olmo

La hoja del olmo no es perfecta. Por fortuna. La búsqueda de la perfección a cualquier coste ha sido fuente de no pocas tragedias según se deduce de la lectura del libro de Javier López Facal. Coautor del mítico Reacciona, si se me permite calificarlo así, López Facal es un prodigio de saberes que  hilvana con brillantez e ironía. Un regalo estimulante y más necesario de lo que la mayoría de la gente piensa. Una explosión de cultura, de inquietudes y preguntas,  que entra por los sentidos con enorme facilidad y que resulta un antídoto para, por ejemplo, esas inmundicias que saltan por las pantallas en horas de máxima audiencia.

La búsqueda de la perfección ha tenido dos escenarios en los que se ha cebado inmisericorde: la religión y la política. Así partimos del antiguo Egipto para ver el día en el que la milenaria religión politeísta pasa a ser regida por un solo dios. Los distintos dioses gozaban de épocas de especial fama –lo que resultaba muy rentable a sus sacerdotes- aunque desde hacía siglos Amón era el favorito, el principal. Sin embargo, había ido prosperando otro: Atón. El faraón Amenofis IV decide encumbrarlo –y de paso restar poder al sector mundano de Amón-. Hasta se cambia el nombre para pasar a llamarse Ajenatón. Ya puestos, termina asumiendo toda la representación divina en la tierra. Y haciéndose un descomunal obelisco.

Ajenatón fue un tipo peculiar. El marido de la adorada Nefertitis que tuvo la mala fortuna de perecer antes que su esposo. El faraón entonces elevó al rango de “Gran esposa real” a una de sus hijas. Supongo le daría silla en el equivalente al despacho oval de la época como hacen ahora sus similares.

El experimento del dios único fracasó. Ajenatón no le dotó de imagen. Algo muy etéreo, como un rayo de luz nada más. Lo que quitó trabajo a los escultores y pintores y, sobre todo, le restó popularidad en el pueblo. Alguien sin rostro resulta muy poco cercano. Y no era el único problema. Cuenta Javier López Facal que los egipcios estaban acostumbrados a pedir la intercesión de los dioses según sus necesidades cotidianas. Se sentían así protegidos. Pero “¿Cómo iba uno a molestar nada menos que a Atón para que le ayudase a encontrar algún objeto perdido o a conseguir el amor de una persona deseada? nadie entre nosotros recurriría en casos semejantes por ejemplo al Espíritu Santo pero si a figuras más cercanas como a san Antonio de Padua o a san Cucufato”.

Muerto Ajenatón, la religión egipcia volvió a su cauce, pero la semilla del monoteísmo estaba sembrada. Y germinó en particular en el pueblo judío que había sido también politeísta. El dios único dio paso a la ortodoxia, la ortodoxia a la herejía, y está a unas rafias importantes a los infractores. Por los métodos más expeditivos. El ortodoxo entiende que la ejecución, con sadismo o sin él, resulta muy efectiva para el mantenimiento de sus postulados.

López Facal sitúa el precedente del concepto “ortodoxia” en el “concilio” de Jerusalén del año 49. Debatían si el Cristianismo debía predicarse solo a los circuncidados o podían ser invitados también los gentiles, tema que enfrentaba a las distintas tendencias. San Pablo zanjó el debate en la Epístola a los Gálatas repartiendo simplemente la clientela entre todos. Fue san Ireneo, obispo de Lyon, el que definió, en el año 189, la “ortodoxia”, como las ideas que él mismo y los suyos compartían. Sus rivales teológicos pasaron a ser herejes.

Seguramente es “herejía” simplificar, como lo hago, el delicioso relato de Javier López Facal, su portentosa y documentada erudición. Entiendo que pretende por encima de todo mostrar la génesis de las ideas y costumbres que nos trajeron hasta aquí. Y lo lleva a cabo sin sacralizaciones reverenciales, esa pura racionalización que conduce a observar con ironía ciertos pilares de la historia. Por eso, quizás me he atrevido a usar este tono.

Los miles de asesinados por motivos religiosos son casi una anécdota al lado de  los que cayeron abatidos por fanatismos políticos. Y aquí sí entramos en el drama que las ortodoxias y sus castigos causan a los que no piensan como quienes tienen el poder y las armas. Nacionalismos excluyentes, imperialismos, la elevadísima capacidad de “imponer una ortodoxia incuestionable y de perseguir a los discrepantes”. El recorrido que Javier hace por la historia de los conflictos del Siglo XX arroja millones de muertos. Guerras civiles, religiosas, de intereses siempre.

López Facal analiza en profundidad el fascismo y el racismo como su germen, concepto que no aparece hasta el siglo XX, aunque se practicara. Esos afanes por afirmar la superioridad de unos sobre otros en razón de su nacimiento. Desconocía yo -y lo cito como anécdota, instructiva sin embargo-  la existencia de la teoría de la “Raza de Bronce”. La aventuró el filósofo mexicano José Vasconcelos (1882/1959). Pensó englobaría a los hablantes de español y portugués de América y  estaría llamada a facilitar la aparición final de la “raza cósmica”. El español y el portugués, lo primero. Hagamos al portugués y al español grandes otra vez. Y así siempre.

Lo peor es cuando estas cabezas se aposentan en grandes centro de poder como está ocurriendo ahora.

Ya ven, todo por buscar la perfección, o la simetría –como prefiere llamarla López Facal-, algo que no tiene la hoja del olmo. No, no es perfecta. Es hermosa.

Publicado por Clave Intelectual, en el libro tienen cabida otras imperfecciones. El número pi y otros desconciertos. La regulación de las emociones estéticas. La analogía y anomalía en el lenguaje. En capítulos que tengo pendientes de leer y que sin duda despertarán sensaciones e ideas como ha ocurrido con el grueso del texto.

 

PD. Algo más quiero reseñar. Javier López Facal se ha jubilado y noto escribe más a gusto aún que de habitual. Es profesor emérito del Centro Superior de Investigaciones Científicas, de los que puede dar alguna clase, si quiere. Acudí a la presentación del libro en una de las grandes aulas del CSIC y allí encontré a numerosos científicos como él, algunos coetáneos. Compartiendo los pormenores del libro y cuanto sugería como en una charla abierta. Llenos de vida e ilusiones, de conocimiento, de libertad. Añadiré en la completa irreverencia de este artículo que, al día siguiente, fui a un concierto de The CredenBeat en la Sala Galileo, Madrid, en la que tantas veces rodé cierres del telediario. Un grupo de personas que, a edad tardía, cumple sus sueños de siempre, un Tributo a su grupo favorito, y el de muchos otros: Creedence Clearwater Revival. Y que nos hizo bailar hasta la emoción.

Hay una edad tercera, o cuarta, o quinta, que no se retira. Que no se deja. A la que le resbalan los convencionalismos, los clichés, las etiquetas, los controles. En definitiva, la perfección, la ortodoxia… Y oxigena sentirlo así.

 

A %d blogueros les gusta esto: