Ana Botella, la alcaldesa de una ciudad que no existe

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Se plantó a supervisar la limpieza de Madrid por esquiroles con chaquetón de pieles. Tuvo la ciudad ahíta de basuras y pestilencia durante más de una semana y ahora saca pecho para pedir una nueva ley de huelga que… restrinja ese derecho. Acusa al colectivo de trabajadores de la limpieza de “chantajistas”. Ya conculcado el derecho de huelga con la contratación de esquiroles -esos del pan para hoy y el hambre para mañana, de la indignidad hoy y cualquier día- quiere acabar también con la huelga, como sucedía en el país que añora, ese que se acabó por consunción del dictador hace casi 40 años. Mucho esperar.

Lo que hiede en realidad son los contratos que el inefable PP de Madrid firma con empresas privadas, amigas del clan. Las basuras han dado de siempre mucho juego a las distintas famiglias desde Nápoles al Levante español. De “La sucia historia de la limpieza de Madrid” da cuenta eldiario:

“Desde 1996, la privatización de la limpieza en Madrid (proyectada por Esperanza Aguirre) ha llevado aparejada episodios de despilfarro, favoritismo y presuntos delitos

Una de las figuras políticas centrales de la trama Gürtel, Alberto López Viejo, estuvo al frente del departamento entre 1999 y 2003

El ultimo eslabón ha sido el recorte que Ana Botella impuso a los contratos y que las empresas adjudicatarias tradujeron en una reducción drástica de plantilla”.

Con todos estos precedentes, con su chaquetón de pieles y sus huidas a spas de lujo, con su inmerecido sueldo –a menos que se lo pagaran las grandes fortunas madrileñas-, Ana Botella tiene el cuajo de acusar de chantajistas a unos trabajadores que se manchan las manos y a los que querían rebajar en un 43% el sueldo. Esos que han ganado que no se supriman puestos de trabajo en un ERE pero también han sufrido mermas en el acuerdo.

Ahora se propone acabar con el derecho de huelga en línea con otros miembros de su partido (Montoro también lo dijo) de tan escaso talante democrático, dicho lo de “escaso” con alta generosidad.

La Sra. de Aznar ha descubierto recientemente el gusto por la notoriedad. Ha interpretado como positiva la popularidad que le dio su ridículo mundial del Relaxing café con leche. Y ahora pretende emular a Esperanza Aguirre en su permanente presencia en los medios. Tan mala persona como ella, es mucho menos lista; mucho más “marquesa” aún, con menos motivos.

La labor de Botella como alcaldesa de Madrid ha ido orientada a la ciudad que desearía: con varias Millas de Oro para que compren los ricos, ocio de lujo, terrazas de pago y la escoria del populacho apartada de la vista por decreto. Un jardín japonés que no huela a la vida de quienes pagan su sueldo. Y por métodos expeditivos si es preciso: no ha querido adelantar la Campaña del Frío pese a las bajas temperaturas que han llegado de repente a Madrid este fin de semana.

Ana Botella es la alcaldesa que nos dejó en herencia en Madrid otro conspicuo personaje, Gallardón, de una capital que pierde peso -turismo, riqueza, glamour… limpieza- en despeñe absoluto. En un ciudad que no existe, de un país que tampoco. Aún. Camino lleva. El progreso que quieren cercenar ella, su marido y su partido, permitió a esta mujer de escasas luces salirse del círculo de las “doñas” que toman café y pastas en bandeja de plata con puntillitas despotricando del servicio, y ponerle en las manos una sociedad con más de tres millones de personas que no merecemos este desatino. Ya hace bastante daño maquinando oculta, el colmo es ya que, si no queremos una taza nos dé -con su adquirido gusto por inundarnos de patéticas declaraciones- tres, del más irritante cóctel: estupidez, soberbia e ineptitud.

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