Nadie ha dicho que sea fácil

Nadie hubiera imaginado que una sociedad fuera capaz de soportar tantos atropellos –y de tal calibre– sin estallar masivamente de rabia. Nada más injusto que juzgar a una ciudadanía en bloque, sin tener en cuenta las distintas actitudes que en ella conviven, pero sí es cierta la existencia de una mayoría decisiva que no se mueve. Prácticamente la misma que solo ve dos únicas alternativas convencionales y piensa que ya no hay salidas y ahora toca “aguantar”, en lo que he venido en denominar actitud percebe.

El problema –nos dicen– es que “no es fácil” encontrar otras soluciones. Esta sociedad se ha apuntado a la ley del mínimo esfuerzo como a un dogma inapelable. No solo la nuestra, está ocurriendo en buena parte del mundo sojuzgado por el neoliberalismo. Una ideología que, en sus inicios, propugnaba precisamente el arrojo y la asunción de riesgos como filosofía de vida y ahora expande el miedo a la libertad. Islandia es ejemplo paradigmático. Cuando ya tocaban con la mano el final de su amarga travesía, olvidan el origen de sus sinsabores y vuelven a votar a los causantes de su derrumbe. Es que lo están pasando mal, han de aceptar sacrificios para salir del atolladero y se aferran a un pasado que se idealiza. Los años en los que se mantuvieron haciendo cabriolas en el aire sin pisar tierra y gestando lo que inevitablemente iba a producirse: darse de bruces contra el suelo.

Sea o no sea una maniobra calculada, lo cierto es que gran parte de los ciudadanos tienden a comportarse como si estuvieran condicionados a eludir cualquier sufrimiento inmediato aunque sea mayor el que habrá de venir si no se toman medidas, o con mucha más precisión: cualquier responsabilidad. Una educación en el infantilismo que en España se agrava por su historia y los cuarenta años de dictadura dedicada concretamente a ese objetivo. El de crear seres dependientes, incapaces de salirse del cauce marcado y precisados de tutela. A la altura de quienes lo diseñaron. Dirigentes de tan escasas luces como profundamente mezquinos. Eso es lo más patético: la infinita  mediocridad de los caudillos que nos sojuzgan, hoy como ayer.

Imbuida la mayoría en la búsqueda de soluciones “fáciles”, asistimos a preguntas en las que se pide dar en un minuto o dos la salida a la crisis. Rápido, claro, y que no cueste mucho trabajo entender. Si hablamos de ponerlas en práctica, entonces invade un agotador cansancio preventivo.  Esfuerzos ni uno, yo quiero que me traigan a casa el remedio y empaquetado con un lazo para que me haga más ilusión. El percebe en su roca abriendo la boca para comer el plancton que pasa.

Claro que no es fácil. Se trata de revertir por completo las políticas que se están siguiendo. Solo para empezar a hablar hay que arbitrar que todos paguen impuestos proporcionales a su renta. Prohibir los paraísos fiscales y perseguir a los defraudadores. Si estamos hablando de entre 16 y 24 billones de euros el monto de lo evadido, ¿cómo puede nadie practicar el mínimo recorte a los ciudadanos permitiendo ese escandaloso agujero negro? Un tercio de la riqueza mundial. ¿Cómo pueden consentirlo personas hechas y derechas para ellos y para sus hijos?  Ni un euro público más a los bancos por otro lado. Si tienen problemas, se toma el control para ponerlos realmente al servicio de los ciudadanos y que faciliten préstamos. Fin de los créditos del BCE al 1% mientras ellos los cobran en torno al 10%. Si es libre mercado que lo sea de verdad. Devolución y pena a los robos de la corrupción, con responsabilidad subsidiaria del partido que “nos los presentó” incluso. Cobro a la Iglesia católica de los impuestos que le corresponden como cualquier institución o ciudadano. Control y un buen expurgue de “asesores de libre designación”. Inversión en el sector público que no solo proporciona empleo, sino bienestar a las personas. Recuperación también de todo el patrimonio y servicios públicos privatizados. Inversión del dinero recobrado en medidas de estímulo a la economía. Solo con alguna de esas medidas –ni siquiera con todas– no sería preciso recorte alguno y el conjunto de la sociedad viviría mucho mejor. Se propiciaría el crecimiento cuyos beneficios han sido taxativamente probados. Tanto como la perversión del austericidio o la imaginaria autorregulación del mercado.

¿Una caricatura? ¿Una ingenuidad? ¿Mayor que la de tragar sin obtener sino palos y tijera? No es fácil, no. Una vez trincado el botín, no quieren soltarlo, sean cuales sean las víctimas de estas políticas. Pero todavía parece más difícil soportar que resten la sanidad –es decir, el cuidado de la salud– con resultado de enfermedad, malestar, infelicidad o muerte. Y todo para crear una nueva burbuja especulativa, nido de nuevas corrupciones, como alertaba The New York Times, a costa de algo tan preciado e insustituible como la vida. O la educación. O la Seguridad Social y las pensiones. ¿Hasta dónde se puede poner el listón de “aguantar” las mermas? ¿Hasta la muerte? ¿Hasta el futuro de las nuevas generaciones? Y en derechos civiles ¿hasta la rendición absoluta de la condición de ciudadanos libres?

Esa minoría depredadora que está destrozando la sociedad en su provecho, está organizada. Y sabe lo que quiere. Las víctimas no. Tampoco les hubiera sido fácil a ellos lograr su objetivo a no ser por la inacción de los ciudadanos. Deben reír asombrados de que se engulla todo, hagan lo que hagan.  Hay algo rigurosamente cierto: cuantos más sean quienes se pongan a trabajar por el cambio preciso… más fácil será lograrlo. Ya hay algunos, muchos, que nadan para remontar los acontecimientos… cargando a sus lomos con el peso de los inertes. Dejen, encima, de ofenderlos. Y sepan que cuanto más se tarde en reaccionar, menos fácil, más difícil, será restituir siquiera lo perdido.

 *Publicado en eldiario.es

La codicia del PP llega hasta a nuestra salud

Hace unos días, The New York Times dedicó un reportaje en portada a la corrupción española. De su contenido llamaba la atención su previsión de  que –tras agotar el ladrillo como fuente de lucro corrupto- ahora se va a por nuestra salud, a por nuestra vida. Palabras mayores. «Pronto, otros sectores comenzarán a ocupar el lugar de la construcción», decía uno de sus entrevistados, “el sistema sanitario, que está siendo sometido a la privatización, fácilmente podría tomar este lugar en el futuro, a menos que se realicen cambios».

Cada día asistimos estupefactos a un reguero de las graves consecuencias que está acarreando la política del PP -o la de CIU- respecto a la sanidad pública. Estamos hablando ya incluso de muertes. Varias personas con aneurisma diagnosticado que se consumen –literalmente- en largas listas de espera por los recortes  y que terminan entregando su vida al “austericidio”. Seres humanos que fallecen sin tratamiento porque carecen de tarjeta sanitaria. El último derecho que debería quitarse.

Se han mermado, precarizado,  culpabilizado e insultado a  las plantillas. Nos hacen repagar en farmacia lo que ya costean nuestros impuestos. Ya hay también quien espacia o suspende tratamientos por su elevado coste. Han cortado la ayuda a la Dependencia. Y la sombra de que a quién le caiga una enfermedad “cara” o paga o muere, es más que una sospecha de futuro.

Nos dan menos servicios por más impuestos, Mientras asistimos a los lujos y prebendas de esa “mayoría absoluta” votada… por la cuarta de los españoles, están acabando con el Estado del Bienestar. Es una de las máximas del pensamiento neoliberal.

La alerta de The New York Times va más allá y ha pasado desapercibida. No se trata solo de restar servicios a los ciudadanos en esa idea del “sálvese quien pueda” que representa esta ideología, es que se practica deliberadamente. Y con un objetivo. El empecinamiento de Ignacio González en Madrid –heredero en cuerpo, mente y alma de Esperanza Aguirre- en privatizar hospitales y centros de atención primaria, debería ser llamada de alerta hasta de los más adictos al PP. Un 70% de los españoles se opone a esa privatización, la mayoría real, pero un 30% no. Casi un tercio está dispuesto a poner su salud en la mesa del casino y para lucro de otros. Aunque vean el trasiego de puertas giratorias por las que varios consejeros de la Comunidad de Madrid, aunque no solo, han pasado a cobrar jugosos sueldos de las empresas a las que beneficiaron. La consulta imprescindible a mantener es la de la agudeza visual, la del cerebro.

Les veía estos días por la muerte de una colega. Todos (y todas). Cospedal, Soraya… Ana Mato. La autora de tanto sufrimiento no muestra empatía alguna, en cambio, hacia sus víctimas.  El Estado del Bienestar lo creó Europa tras la segunda Guerra Mundial, para reconstruirla y lograr mayor equidad entre las personas. Contribuyentes además, de una forma u otra. Ninguno de sus pilares puede ser objeto de especulación, pero, probablemente, el que menos la salud. Es lo que nos mantiene vivos. Así de simple.

Los profesionales de la sanidad pública y los usuarios racionales  están en pie. En Madrid se están recogiendo firmas para intentar parar esta loca usura. Se la pasarán por el forro de sus ricos trajes, probablemente. Lo seguirán intentando. Hasta que la marea blanca, la de todos los colores, llegue a barrer sus inmundicias.

Entrevista en Onda Regional de Murcia sobre Salmones contra Percebes

Ésta es la entrevista que me hizo Antonio Escolar

Cospedal se acerca a la sociedad

Cada poco –en particular durante los fines de semana- el PP suelta a alguno de sus miembros para mantener ocupado al personal en los días de ocio, no les vaya a dar por pensar. Una de las más asiduas en la labor es María Dolores de Cospedal, por uno de sus cargos: el de secretaria general del partido.

Los medios gubernamentales nos han informado que Cospedal (y Gallardón, y Basagoiti) celebraban un acto para “acercarse a la sociedad”. Muy preocupados ellos porque la última encuesta del CIS consolida el profundo hartazgo de los ciudadanos con los políticos.

Cospedal se “ha acercado” pues a la sociedad para llamarnos  “demagogos y populistas” a quienes protestamos y dice que  ser «demagogo y populista» es “peligroso”. Sabe bien de lo que habla. Significativamente titulado el encuentro de “acercamiento” ¿Nos representan? Es decir, “ellos” ¿nos representan?«, ha cargado en particular contra Ada Colau y la PAH (o sea los «nazis» actuales, según ella). “Si quieren representar una forma de ver la sociedad deberían participar en el juego de la representación porque si no, se estarán aprovechando del sistema, pero no estarán aceptando los compromiso y la responsabilidad».

A Cospedal quienes le gustan son los que ha llamado “la gente (que) “sufre una gran resignación» como consecuencia del «drama» del desempleo”. A esos son a los que se quiere “acercar” a ver si siguen manteniéndola a ella y a su partido en el poder, a pesar de todos los fraudes de su programa electoral incumplido y de las nefastas políticas que han ahondado la crisis.

 La soberanía reside en el pueblo, dice nuestra Constitución, ésa que todos deberíamos leer e interiorizar como hacen en otros países. Pero “el pueblo” no puede hacer otra cosa que votar y callar –como ya hemos hablado otras veces-. Millón y medio de firmas recogidos por la PAH para cambiar la ley hipotecaria y poner fin al drama de los desahucios, no son “representativos”.  Lo son mucho más los bancos que desalojan a las familias pese a haber recibido dinero público para salir a flote.

Pero ella sabe que en este país con grandes bolsas de ignorancia, basta convencer a unos cuantos millones de que su deber es guardar silencio y… depositar en la urna el voto al PP. Desde el púlpito de su infinita soberbia, de las prebendas que acumula por los cargos públicos que ocupa, Cospedal se ha “acercado” a sus votantes, dando un sonoro sopapo al resto de la sociedad.  Una forma excelente de “aproximación” a esa ciudadanía inmensamente harta. No le ha faltado decir más que la frase que se atribuye a María Antonieta días antes de subir al cadalso: “No hay pan, entonces que coman pasteles”. Gran propósito de enmienda.

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El trabajo

Empecé a trabajar a los 13 años. Sin sueldo porque se trataba de ayudar a mi esforzado padre que -buscando sin descanso una salida laboral- había montado una pequeña empresa. Aprendí mecanografía, taquigrafía y algo de contabilidad. Y pasaron varios años, algún empleo miserable en Londres –que sabía transitorio, de crecimiento-, un marido, un hijo, una casa que atender, una carrera simultánea al resto de las ocupaciones, hasta que pude dedicarme a lo que en realidad quería: el periodismo.

Emplearse en lo que a uno le gusta no tiene precio. Cambia el sentido de la vida. Se empieza la mañana con ilusión, se llena el día de matices y retos, y se llega a la noche pleno por muchos que hayan sido los sinsabores y el cansancio. El trabajo –el amado pero también el soportado, todos los trabajos- armoniza la satisfacción personal, el sentido de la utilidad hacia los otros y la necesidad de pagar las facturas y el ocio.

Y un día me echaron. Antes de tiempo. Anticipando la jubilación vital. La nueva teoría de la rentabilidad que precariza no solo la dignidad laboral sino la humana, lo exige –dicen-. Todavía me duele. Creo que, en su día –pronto ya-, me tocará una pensión modesta, permanentemente amenazada por la tijera. También entra en los cálculos restrictivos de “la sostenibilidad del sistema”.

He vivido por tanto las etapas que ahora se reproducen reiniciando y retorciendo el ciclo. Nunca creí ver -volver a ver- las injustas condiciones laborales que atenazan hoy a los jóvenes. El paro, la emigración forzada y sin retorno, la inseguridad en el empleo si se tiene, la imposibilidad de emanciparse por los escasos medios de los que se dispone. Una larga e intensa lucha –que venía de atrás- construyó otro mundo algo más justo.

Trabajar en lo que uno desea, en lo que cumple su vocación, es hoy casi una entelequia reservada a privilegiados. Hasta el ministro de educación, cultura y deportes, dice –ya lo hemos comentado- que hay que llenar los huecos de la maquinaria y no soñar con imposibles. Trabajar en lo que demanda… “el sistema”. Y demanda poco, vamos a ser sinceros. Mientras siga rigiendo la hegemonía del intercambio de apuntes financieros para enriquecer obscenamente a unos pocos, la producción o su comercio precisan escasa mano de obra. Y además la encuentran más rentable en países “en desarrollo”, aunque implique algunos “daños colaterales” de vez en cuando como ha ocurrido y ocurría en Bangladesh, y se denunciaba… y no servía para nada. Y, menos visible, en un sin fin de países donde los ciudadanos son piezas del engranaje de la fábrica general. La que ya apenas asienta sus sedes aquí. Pero aún hay empleo, cada vez menos. De las cifras estadísticas, llama menos la atención cómo está descendiendo la masa laboral.

6.202.700 parados no tienen ni eso. Ah, bueno que algunos trabajan en la “economía sumergida”, ésa que nos roba a los demás en torno a la cuarta par del PIB. Claro que como cuellos blancos nos saquean tanto o más, habrá que dejarla pasar. Y de algo hay que vivir. Del “colchón familiar” también. Que para eso somos un país que estima tanto el sosten de los entrañables lazos de sangre (como en las sociedades subdesarrolladas) y que no tiene quien defienda sus impuestos para mantener el Estado del Bienestar. Objeto de regalías privadas, no se va a ocupar en mantener, no solo los servicios, sino la dignidad de ciudadanos… que sí tienen en otros países. Lo ordena quien cobra sueldos, sobresueldos y complementos sufragados por nosotros.

Los abuelos. Las pensiones de los abuelos constituyen el gran somier del “colchón familiar”. Pero no son “sostenibles”, vaya por dios. Prácticamente las más bajas de la Europa de nuestro nivel macroeconómico, se han pagado “por encima de nuestras posibilidades”. Y, además, como no las hemos jugado para apañar la deuda, para que esté más baja y saneada, mejor no contar con eso.

Y la tierra de nadie. Los cincuentones. A quienes echan porque son más caros que los jóvenes. A los que se condena a no volver a trabajar jamás. A la sensación de saberlo y vivirlo. Cada día. Y, ya amortizados en su uso, se les quita paro y “costosos” subsidios. Y se les pone –caso de que sobrevivan- el cobro de la pensión en los 70 y absolutamente devaluada.

Este casi secular retroceso que hemos permitido no irá sino a más. Las zanahorias de Rajoy y su equipo colocadas siempre en un futuro algo más allá, carecen de tierra para crecer en el progresivo, constante y acelerado hundimiento de nuestra economía. Pero todavía se puede desandar casi por completo el progreso humano. Porque ya no nos faltaba más que la irrupción de Esperanza Aguirre, desbordada en impaciencia por llegar al cargo. Febril, como si hubiera inhalado las cenizas de Thatcher, se propone ir donde nadie llegó… en los dos o tres últimos siglos: acabar con el Estado del Bienestar de una forma radical. Un sálvese quien pueda social. Volver a la enseñanza exclusivamente para las élites o la beneficencia sanitaria, sin renunciar por supuesto a los impuestos que mantienen su estructura de poder y  “el orden” para que nadie rechiste. Aquel asfixiante sistema que hizo erupcionar las guillotinas de la Revolución francesa. Este gobierno, este partido, –probable, posible, presunto, profundamente podrido por añadidura- no puede seguir ni un día más, al menos por este camino. Este gobierno, y sus secuelas por comunidades y cargos idénticas a la matriz.

Como tantos otros, soñé y tuve un trabajo que dignifica, llena, construye y paga -incluso el futuro inactivo-. 6.202.700 carecen de él. Más de la mitad de los jóvenes españoles lo esperan. La opción es seguir siendo piezas, herramientas, accesorios y recambios  a la baja de un sistema degenerado y depredador, o pensar que no se puede demorar ni un instante más el ocuparse… de los intereses del conjunto de la sociedad.

*Publicado en eldiario.es

Salmones contra percebes

El diario.es publica hoy una entrevista y la prepublicación de mi nuevo  libro. Iremos hablando de él. Inserto la entrevista y no olvidéis pinchar para leer el texto avanzado del primer capítulo.

El mundo tiene muchos matices, pero hay dos actitudes básicas ante la realidad: la de los percebes, amarrados a la roca, conservadores, temerosos y dóciles. O la contraria, la de los salmones, valientes, inquietos, inconformistas. A partir de aquí, Rosa María Artal en Salmones contra percebes (Temas de hoy) analiza la crisis actual, sus efectos en todos los ámbitos de la vida. «A través de la metáfora, la realidad aún es más descarnada», afirma. Pero, a través de esa descarnada realidad, Artal persigue despertar las conciencias y transmitir la necesidad de pensar, cuestionar el estado de las cosas y, después, actuar.

¿Cómo se le ocurrió la metáfora?

Lo dijo un día mi hijo. Que Rajoy  tenía la estrategia del percebe, aferrarse y no moverse. Escribí un artículo en eldiario.es este verano, Rajoy y la estrategia del percebe, y a raíz de ahí se me ocurrió que en el mundo no había solo percebes, sino también salmones, un animal que va siempre contracorriente, que remonta hasta la cumbre desde la desembocadura del río. El percebe es la ley del mínimo esfuerzo, y el salmón el esfuerzo constante. El percebe espera que los problemas se resuelvan solos, y el salmón siempre busca cómo solucionarlos. Estamos viviendo una situación con una deriva tan peligrosa que parece un inhóspito océano, en el que sólo impera la fuerza y no la democracia. Es una metáfora que me sirve como excusa para que transmitir el mensaje de lo terrible que estamos viviendo y de cómo hay actitudes distintas que favorecen o perjudican la solución.

Pero también hay esperanza en el libro

Los salmones, a pesar de ser atacados y saber que pueden perder, siguen. Claro, que se puede solucionar el problema: no se puede seguir así. La estrategia de aguantar del percebe cuesta más esfuerzo y los resultados son peores. Acabamos de ver al Gobierno, que no va a arreglar el problema del paro ni ningún otro. La gente que cree que se arreglará la crisis aguantando sacrificios, pero habría que preguntar  a qué precio; sueñan si creen que les van a devolver lo robado.

En el libro se explica que las raíces de estas políticas económicas son profundas.

Todo nace en el consenso de Washington, tras la caída del muro de Berlín. Es una historia que por la que muchos prefieren no interesarse y que he procurado contarla con sencillez. No hay país que haya salido de la crisis por esos métodos. Si acaso Letonia, que ha mejorado alguna cifra económica a costa de que sus ciudadanos sean muchísimos más pobres y sus ciudadanos hayan emigrado. Mira lo que está pasando con los alevines españoles: la mitad de los jóvenes no tiene trabajo. Pero es que el 27% de los españoles está en paro. Lo asombroso es que aquí no se reacciona. Por este camino no hay solución. Pero todo viene del consenso de Washington y de políticas que ya habían ejecutado Thatcher y Reagan: reducir el gasto público, social, sanidad, educación… Esta gente son auténticos depredadores, aunque haya tanto percebe con pocas luces llevando las riendas. Saben lo que es que pocos vivan bien a costa del grueso de la población.

Y usted lamenta que a veces no haya más solución que emigrar.

Es que somos más pobres que otros países. Hay que llevar dinero, hacer amigos… Hay que ir a una zona totalmente extraña. Emigrar es muy difícil. España va a quedar como un balneario para los europeos y aderezado con esas apuestas del PP: casinos y ocio. Las nuevas generaciones han sido mimadas en exceso por lo mal que lo pasaron los antepasados. No están preparados por la precariedad, y ahora, con la crisis, siguen sin enterarse.

Sin embargo, en el libro se cuenta que el 15M evidenció que había descontento y ganas de cambiar muchas cosas

Aparecieron todos los salmones de España. Sí, está el germen, pero la gente no sabe cómo solucionarlo, y las consecuencias de aguantar son peores. El 15M fue mucho más que un hartazgo de la gente. Yo espero que se reaccione, y con este libro intento que la gente reconozca su situación y sus enemigos, sus posibilidades y su potencial. Para ello, la sociedad tiene que marcar unas pautas, cambiar la ley electoral porque con esta no vamos a ningún lado: potencia el bipartidismo y que todo siga igual. Hay mucha gente que le da mucho vértigo pensar que la política tiene que cambiar. Pero es así, tiene que regenerarse. Los políticos no nos necesitan, con que tengan un porcentaje mayor que el segundo, ya les vale. Y solo hablan para su público. Hay gente cuyo voto va a la basura, no puedes tirar tu voto a la basura.

Uno de los asuntos que más preocupan ahora son los casos de corrupción.

Le dedico un espacio muy amplio. Mientras no se erradique, no saldremos de esta. Es una de las características del pueblo español, junto con los toros y la familia. Hemos sido pioneros de muchos avances políticos que otros países siguieron después, incluso desde los reinos medievales y pasando por el motín de Esquilache, señalado como uno de los precursores de la Revolución Francesa. Pero aquí las éltites y la masa social eran muy incultas. El gran problema de España es la falta de educación y la corrupción. Van unidas. Y el proyecto del ministro José Ignacio Wert es educación en el percebismo: se arrincona la filosofía, cuando es el mecanismo básico para el pensamiento lógico.

Además, en el libro se documentan con detalle los efectos de la crisis.

Lo básico es conocer la realidad, para posteriormente llegar al último capítulo donde reivindico el gozo de pensar. A menudo cogemos las ideas como si estuvieran precocinadas, las metemos en el microondas y las engullimos. Los medios de comunicación tienen mucha culpa en lo que nos pasa.

Una situación crítica que tampoco es igual para el hombre y la mujer

Nos educan de una forma distinta y la sociedad nos condiciona a unos y a otros. La mujer está educada para ser percebe, para guardar la piña. Y eso del colchón familiar sólo pasa en los países subdesarrollados. ¿Después de la Segunda Guerra Mundial se podía crear el Estado del Bienestar y ahora no se puede mantener? Esto es un timo. Hay gente que es percebe y su objetivo solo es aguantar hasta que pase la tormenta. Falta mucho coraje. El percebe solo piensa en su bien. Lo peor que puede pasar a un país es tener a un percebe al mando del Gobierno. No hará nada. Es desolador. No sufre como sufre la gente.

Pero hay mucho temor en la sociedad.

Me preocupan las reacciones ante el miedo. Cuando uno cree que el problema lo ocasionan fuera y que fuera lo tienen que resolver, está perdido. Es una reacción que provoca el miedo. Hay mucho miedo, pero, ¿qué más se puede perder? El percebe no se da cuenta de que puede llegar un depredador de su misma especie, de otra especie, o incluso un percebeiro. La sociedad tiene que reaccionar, tomar su papel y conseguir que el percebe reflexione que por ese camino no se va.

*Raúl del Pozo también habla del libro y de la metáfora en su columna: Percebes y salmones.  Y resaltando ideas que me gustan especialmente del contenido. Así concluye su artículo:

«La primera vez que fui a un comedor social sentí tanta vergüenza que tuve que desaparecer, le cuentan a Rosa María Artal. «Muchos preferían morir de hambre antes de pasar vergüenza». Ya dijo Valle-Inclán que sólo creía en las ideas que se podían dibujar. Artal ha publicado Salmones contra percebes, un análisis lúcido de los días peligrosos que vivimos, donde las metáforas son dibujos vivos.

La reportera de TV explica que hay dos formas de afrontar la catástrofe: luchando contra corriente como un salón o quedarse amarrado a la roca. El salmón levanta la cabeza y aguanta la mirada; los percebes, la masa, la audiencia, adoran a los ídolos de la mayoría, aplauden en el plató cuando el animador lo sugiere ante un político de su agrado aunque diga una cosa y la contraria. El salmón huye de la rutina, le espantan los tópicos, es más creativo, más osado.

«La mayoría de los políticos utiliza la estrategia del percebe». En esta irónica metáfora, la nueva fábula de la cigarra y la hormiga con cierto moralismo de izquierdas, dice la autora que entre los periodistas prolifera el espíritu salmón porque siempre andan hurgando en la grava y buscando en las cloacas».

 

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La enfermedad griega… que se extiende

«Svetla espera su turno para tomar declaración en un juzgado griego. La policía la encontró ejerciendo la prostitución en la calle, aunque la razón por la que se encuentra ante un tribunal es por un delito contra la higiene pública. Svetla presenta un cuadro médico con diversas enfermedades venéreas y dermatológicas. Aún no ha cumplido los 40 años y es ingeniera nuclear. Trabajaba en una central de energía atómica en Bulgaria pero cuando cerró, pensó que quizás tendría más posibilidades, acordes con su preparación, en el país vecino.

Al cruzar la frontera, pronto tuvo que comenzar a trabajar realizando servicios domésticos para salir adelante, pero en el camino se encontró con el que sería su proxeneta, un hombre que bajo presiones y amenazas supo tocar el botón personal que la empujó hacia la prostitución».

Así comienza Sofía de Roa -una de las coautoras de Actúa- un reportaje realizado sobre el terreno en la depauperada Grecia. El fascismo crece en la pobreza y… en la incultura. El error inducido -cuando se siembra en mentes obtusas y antidemócraticas- de que el igual es el culpable y no quiénes se lucran a costa de todos. Se paga caro.

La enfermedad griega, publicada en eldiario.es, aquí.

#ejecución

Cortometraje en apoyo a la lucha ciudadana contra los desahucios, de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y en favor de la ILP (paremos los desahucios, dación en pago, alquiler social).

Protagonizado por Laura Dominguez y Carlos Serrano. Producido colectivamente por Audiovisual Working Class ( técnicos de cine y TV, militantes del sindicato TACEE).

El ECOFIN con la tijera

Se reúne uno de los órganos con más poder en la UE: el ECOFIN, el consejo de ministros de finanzas. Tan expertos como son y no les salen las cuentas, la economía europea va de pena. Y así lleva desde que se siguen las políticas de “austeridad”. Pero ellos insisten. A Chipre, después de saquear las cuentas corrientes de los ahorradores, le van a apretar el duro gordiano y le van a pedir lo que a los demás: que eche funcionarios y recorte servicios sociales por todas partes. Ahora resulta que se “equivocaron”, y en realidad el país necesita 23.000 millones. La diferencia de más de 6.000 va también a las costillas de los contribuyentes. Parece que unos cuantos potentados se llevaron el dinero aunque “no se podía”, no podían los ciudadanos de a pie, y ha engordado la factura. Piden también privatizaciones para que se sigan lucrando los mismos y venta de reservas de oro. Que Chipre se vaya al cuerno no importa, lo importante es que los acreedores cobren.

Con Portugal también están muy enfadados. El Constitucional anuló por ilegales parte de los recortes y hay que hacer más. Lo habitual: sanidad, educación, gasto social. Esto de la justicia y la democracia es un asco para los negocios, y merece un castigo ejemplar.

Para España, ese país que va tan bien según cuentan Rajoy y sus secuaces, solicitan más impuestos, tajo a las pensiones y una reforma laboral aún más agresiva.

¿Creceremos así y se solucionará la crisis? No, iremos a peor. Como vamos cada uno de estos países y el conjunto de la UE, pero… no tenemos a nadie quien nos defienda.

Mientras tanto son intocables las grandes corporaciones y millonarios particulares que tienen entre 16 y 24 billones de euros en paraísos fiscales, según ya hemos contado. Un tercio de la riqueza mundial. Traduzco: a nosotros por ejemplo nos suben el IVA o el IRPF cuanto estimen oportuno y no se puede ni rechistar. Estos no pagan apenas impuestos. Para ellos gobiernan los elegidos por una cuadrilla –amplia- de obstinados papanatas. Aunque sufren también los recortes, les consuela mucho decir: «Pues… el otro más».

¿El futuro? Como las cuentas irán a peor…habrá que seguir recortando. No es un error, es auténtica mala voluntad. Una pura estafa. Pero mientras se consienta, así continuará.

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El pensamiento lógico de un votante del PP

Los votantes del PP, como gran parte de los españoles, también andan tristes y preocupados por la situación que vivimos. La corrupción -aunque su hedor atufe- no es algo que les preocupe especialmente dado que, argumentan, “todos los hacen”, “siempre ha sido así ” y suelen corear con grandes sonrisas el orgullo español del robo y la trampa, mal llamados “picaresca”. Pero sí les duele algo el bolsillo y, por encima de todo, el futuro de sus hijos y los jóvenes en general.

Están desencantados. El 21 de Noviembre de 2011, exultantes, ya hacían planes, de empleo, casa y vacaciones. Y ahora el plazo de la presunta recuperación se alarga a 2014, cuando ya había sido anunciada para Junio de 2013.  Es que la “herencia” socialista está siendo difícil de roer.  Aqueldespilfarro de los “cheques bebé” (4.000 millones en 3 años) o el “Plan E” (13.000) o subir mínimamente la inversión social para dar cobertura por ejemplo a la Dependencia. Sin llegar jamás, ni de lejos, a la media europea. Y, además, el déficit que se les disparó a las comunidades autónomas, la mayoría en manos… del PP. Ahora hay más paro, más recesión, se han recortado servicios esenciales y la deuda se ha catapultado del 68,5% al 85.3%. El votante del PP, ni aún frustrado, logra relacionar estas variables. No consigue aceptar que se han restado muchos más millones a la sociedad de los que hubiera necesitado compensar el “despilfarro” de Zapatero. Que estamos infinitamente peor que hace año y medio y que nos dan mucho menos, por muchos más impuestos y repagos. “Hay que dar tiempo a las reformas ”. ¿Cuánto? No saben. ¿Qué reformas? ¿Las destinadas a precarizar el empleo? ¿Las de dejarnos sin sanidad o educación públicas?

“No hay otra solución”, “es que les debemos dinero a los bancos”. ¿Y los miles de millones que han recibido de fondos públicos?  ¿Y los beneficios que sacan a nuestra costa con la inventada “crisis de la deuda” los bancos alemanes sin ir más lejos? ¿Y la ingente evasión a paraísos fiscales que se detrae del erario? “Siempre ha sido así ”. Pero ahora es peor. “Ya cambiará, hay que dar tiempo ”. Además, “la crisis ya se acaba”. Y ¿volverán las oscuras golondrinas portando en las alas todo lo que nos han quitado?

Vieron un halo de esperanza en los cinco mil empleos creados en la Semana Santa de Marzo, la primera en ese mes desde el inicio de la crisis en 2008. Aunque se les argumente que han sido en el sector servicios, han bajado todos los demás, y son efímeros. Que una cosa es el paro registrado y otro el real. “Cuando falta el aire, sirve respirar ”. Uno respira un rato, luego vuelve ahogarse, pero hay que ser “positivos”… cuando algo es obra del PP. Por eso también están dispuestos a aceptar todos los recortes: “algo es mejor que nada ”. Las viejas cadenas que viven y viven. “Si todos nos sacrificamos un poco, saldremos adelante”. Olvidando a quien, lejos de “sacrificarse”, se lucra obscenamente.

¿Y las mentiras? ¿Por qué alguien que ha engañado hasta nuestra extenuación va a decir finalmente una verdad? Ni se inmutan. El incumplimiento del programa electoral, la presunción de falsos logros, las esperanzas en futuros inmediatos de recuperación persistiendo en los errores, son, para un votante del PP ilustrado, “la dialéctica política tradicional”. Para el conjunto, el «todos los hacen». No reparan ni en la impúdica entrega del Registro Civil nada menos que a los Registradores de la Propiedad (cuerpo al que pertenece Rajoy) o en la gestión de alto riesgo con la hucha de las pensiones.

Lo que no entiendo –avanza alguno – es por qué “antes” no había tanto paro. Por añorar, añoran hasta a Felipe González al cuál ponían tibio. De la crisis internacional no les hables, es un tema demasiado amplio.  De hecho abrevian las explicaciones y piden una respuesta corta. Un culpable. Uno. ¿La burbuja inmobiliaria ? Por lo menos la gente tenía trabajo. Pero se estaba gestando un enorme problema, no podía durar. El votante del PP no logra tampoco establecer esa relación. Si así se creaban empleos, no hay porqué dejar de construir.

De ahí -entre otros muchos descalabros- han venido los desahucios, les dices. En este punto se ilumina su rostro: pueden explayarse en la respuesta. Todos, sin excepción, conocen a alguien que “se embarcó en un crédito sin tener ingresos suficientes ”, que se convierte en regla de oro. Ya, pero otros, la mayoría, contaban con un trabajo que se esfumó y no por su culpa, o les rebajaron el poder adquisitivo, y no advirtieron las trampas de los bancos en cláusulas muy bien camufladas. “Siempre ha sido así”, «no hay otra solución», «nos apretamos todos un poco», cortan rápido para poder avanzar su postura: “es que la dación en pago tampoco es solución, quebraría el sistema”. Otros países la tienen. “Bueno, pero estas protestas van a acabar en violencia”.

Un votante del PP, lo mismo que los “apolíticos” y muchos establecidos de toda condición, mantienen una idea de la violencia de doble dirección. No entienden como tal la que se ejerce contra los ciudadanos, en sanidad, educación, vivienda o el trato con los bancos (no les salpica directamente sangre en la cara). Solo reventarle un ojo a una ciudadana en una manifestación les parece que es “pasarse un poco”. Pero les resulta intolerable la protesta o la presión pacífica a los suyos. “Hay que respetar la intimidad de las personas, la de los políticos también ”, aunque ellos no respeten ni nuestros derechos. Por ejemplo, el de manifestación al acotar los escraches.

La lección surtida por los medios, por algún intolerable presunto debate-encerrona a Ada Colau camuflado de progresista, ha trocado la admiración por la PAH en recelo. Un votante del PP es muy aficionado a los debates sesgados en los que le dicen lo que tiene que pensar, lo que quiere pensar. Y no puede ni llegar a concebir que, quien tiene sus mismas ideas y –sobre todo- habla en televisión, pueda obedecer a intereses espurios.

Por eso, los papeles de Bárcenas “no son verdad hasta que se pruebe”, aunque se amontonen evidencias. Todas las corrupciones que emergen necesitan el trámite judicial, siquiera para informar de ellas, por más que sepamos de dilaciones, amnistías e impunidad. “Siempre ha sido así”. Y… “todos lo hacen”, ese peligroso meme que pretende hundir la democracia más de lo que está.  Hasta risas histéricas provoca el ascenso en intención de voto de Izquierda Unida. Para un votante del PP, para todos ellos casi sin excepción, IU es un remedo de la Rusia de Stalin, y quiere salir de Europa, lo cual –como socios “privilegiados” que somos- es un horror. A Rosa Díez y su UPyD la ven, en cambio, con muy buenos ojos. Es lista y no tiene pelos en la lengua, aunque los haya mudado cien veces . Y decantarse por EQUO es… una ingenuidad. “No, no, yo voto a quien tiene posibilidades de gobernar”, afirman con alta suficiencia. Y ésos son PP y PSOE, el único que –de mal grado- admite su imaginario.

Porque esa sociedad que salió a la calle el 15M con un enorme grado de aceptación popular -aplaudida también por votantes del PP y de otros partidos que… terminarían por otorgar a los conservadores la mayoría absoluta- no es una alternativa para ellos. “Sería el caos”. ¿Mayor del que ahora vivimos?

Están tristes pese a todo. Cuando tienen en su mano exigir responsabilidades si consideran que –a pesar de las evidencias que se anticipaban y obviaron ver- fueron “engañados”. Pero, según muchos de ellos –todavía, aunque parezca inconcebible-, “hay que darles tiempo”. A que la putrefacción nos embadurne hasta la mirada, el oído, el olfato y el gusto, si no lo ha hecho ya. A que todas las mentiras – 2013 el último año de la crisis y demás- caduquen dejando el esqueleto de la más aguda precariedad. Se acabó la tregua. Y la paciencia. Los votantes del PP son responsables de los males que hoy sufrimos el resto. Tienen que saberlo y afrontarlo.

(“Que no me lloren, que luchen”, dijo José Luis Sampedro antes de irse. Pues eso).

*Publicado en eldiario.es