La pérdida del sistema de valores

La editorial italiana Einaudi, propiedad de Silvio Berlusconi, no publicará ‘El cuaderno’ de José Saramago por las críticas que vierte sobre el primer ministro italiano y magnate de la comunicación. El casi nuestro Premio Nobel reflexiona en una entrevista para la Agencia EFE, sobre que “la corrupción no le importa a nadie”. “La corrupción no es sólo material, es también moral. La pérdida de valores es un fenómeno de masas. Quizá el fenómeno de masas que defina estos tiempos”.

Comparto su idea. Al punto que, en mi último libro, me pregunté mucho sobre el asunto:

“La palabra valor es polisémica, tiene diversos sentidos. Como primera definición, constituye el grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite. Equivale, por tanto, a provecho, beneficio, utilidad. De otro lado, nos habla de coraje y valentía. Y, dicho en plural, valores, remite a réditos, bonos, acciones, títulos. Muchos entienden hoy que la sociedad progresa con ese valor, y esos valores, unidos a la economía. Pero quizás el mundo avanzaría más, de una forma más justa, y los seres humanos serían más felices, si diéramos a los valores otros significados que cuesta encontrar en los diccionarios y que se dirigirían a la búsqueda de la equidad, la justicia, la libertad, la honestidad, la ética, la educación integral, el idealismo puesto en práctica, los derechos humanos, los derechos civiles, los que ayudan a disfrutar de la vida en salud, la generosidad, -y de nuevo- la justicia en lugar de la caridad, el compromiso, y todos los que cada uno quiera añadir. Elegir entre una y otra vertiente de los valores se aprende en casa… y en el colegio”.

Estoy convencida de que vivimos –mayoritariamente- en un “neohedonismo” que busca el placer inmediato individual y egoísta. Y que esa circunstancia no permite avanzar a la sociedad. Por el contrario, la está llevando a su degeneración.

Pero miremos al mundo real. Precisamente hoy y precisamente de Italia nos llega la noticia de que las medidas de Berlusconi considerando delito la inmigración ilegal, han reducido ésta en un 92%. En el portal http://www.meneame.net, lo que yo considero hordas fascistas, racistas y xenófobas -usuarios anónimos sin embargo- se han congratulado de los resultados de la medida. Con comentarios como éste: «Si un magrebí puesto hasta las cejas de pegamento imedio me está dando por el culo no podré hablarle de integración porque tendré la polla de un gitano rumano en la boca». Con la complicidad de los tibios y también –bien es cierto- una fuerte contestación de los demócratas. Lo curioso es que los primeros reivindican la democracia para hacerse oír.

Poco más allá, en el mismo portal, un blog habla de “La tomatina y el hambre”: «Hoy se ha celebrado la Tomatina en su 64 aniversario, y el Wall Street Journal ha aprovechado para recordar de manera simbólica, con estas dos fotos, las grandes diferencias económicas que siguen existiendo en el mundo, mencionando por ejemplo que en 19 países asiáticos, más del 10% de sus habitantes viven con menos de 1,25$ al día». 33 usuarios le han dado votos negativos por considerarla “amarillista” y han mentado en este caso “la demagogia”. Son los mismos. Muy organizados y militantes, alguno de ellos ha llegado también por este blog.

En un debate casero de los de encender neuronas, mi hijo me hace ver que, actualmente, no es que haya una pérdida del sistema de valores, sino una guerra de valores. Conviven muchas ideologías y muchas tendencias. Los que defienden el racismo, los que viven el catolicismo o las ideas medievales como sistema de obligado cumplimiento social, los liberales de todas las tendencias, los monetaristas, los pragmáticos, la nueva religión de los equidistantes, los neopunkies, los «neotodoloviejo».  A diario, en efecto, nos encontramos con personas poseedoras de opinión que defiende a ultranza, en el convencimiento de que sólo la suya es la acertada. La democracia es el sistema mayoritario del mundo actual. Para mí es una democracia enferma, en degeneración, pero uno de sus lemas fundamentales es el respeto por las ideas de todos. ¿También las que atacan el sistema? «No estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo», dijo Voltaire. ¿Lo haría yo? No, algunas ideas no. ¿Tendré que mirármelo?

Las mías se afianzan en los valores que citaba más arriba y trataron de institucionalizarse tras la segunda guerra mundial, por ejemplo. El respeto por los derechos humanos –que 60 años después de su declaración no se han cumplido-, la creación de una Europa “unida en la diversidad”, la reunión de todas las naciones en un foro –la hoy ineficaz ONU-, la democracia sólida. Hasta los ideales del Mayo francés que olimos desde lejos me sustentan. También creo estar en lo cierto. Pero ¿estarán trasnochados? La sociedad no va por ahí. Sí lo hace una parte, muchas otras no, y otra –inmensa- vegeta. Y no sé dónde desembocaremos.

Una entrevista modélica

La firma R.M. en El País, no hay más datos. Una persona incisiva, informada, que no se conforma con respuestas políticas, sino que rebate de acuerdo con sus datos y repregunta hasta el final. El objetivo de clarificar cuestiones a los ciudadanos, se cumple.

Es tan insólita en el periodismo español -no así en otros-, que merece la pena leerla. Habla JUAN CARLOS MARTÍN FRAGUEIRO, Secretario general del Mar. Entresaco algunos temas.

Construcciones ilegales en la costa:

P. Han retirado expropiaciones como la de los hoteles el Algarrobico o el Papagayo Arenas, en Lanzarote.

R. Hubo un Consejo de Ministros un 23-F de 2007 que aprobó la expropiación del Papagayo, las torres de Benidorm, el Algarrobico… Entonces había recursos planteados por la Administración del Estado y luego hubo sentencias. Y eso no lo podemos obviar.

P. Al expropiar ya sabían que habría sentencia.

R. La Administración debe aplicar el principio de eficacia en el gasto y tenemos que desistir de ese procedimiento, que se puede recuperar. Con el dinero de todos no podemos pagar una indemnización por un acto que no ha sido provocado por la Administración del Estado, sino por otra.

P. Si los jueces declaran ilegales esas obras pedirán ejecutar la sentencia para demolerlas gratis.

R. Cuando tengamos sentencia firme se decidirá. La sentencia que declara ilegal el Papagayo es por un tema urbanístico. La Administración del Estado ha dicho que esa instalación no tenía acceso a la playa y que había un incumplimiento de la Ley de Costas. Se empezó a expropiar por considerar que ese macrocemento impedía el acceso a la playa.

P. No han pedido ejecutar la sentencia y allí sigue.

R. Estamos a la espera de que las administraciones que recurrieron decidan cómo actúan. Son ellas las que deben decidir si ejecutan la sentencia.

P. ¿Fue un error aprobar esas expropiaciones?

R. No voy a valorar lo que hicieron mis antecesores. Supongo que tenían motivos y si se llevó al Consejo de Ministros fue una decisión colegiada. Pero los acontecimientos evolucionan.

Piscina de Pedro J. Ramírez y lentitud administrativa:

P. ¿Percibe que hay una sensación de doble rasero? ¿Que amargan la vida de gente humilde y que recurren para que Pedro J. Ramírez mantenga una piscina en dominio público?

R. La concesión de la famosa piscina es de 2001 y no sólo era la piscina sino también el embarcadero y Costas aprobó un proyecto de uso público de esa piscina. Los motivos de seguridad esgrimidos por el usuario fueron reconocidos por la Delegación del Gobierno y la Abogacía del Estado apreció fundamento jurídico para no declarar la caducidad de la concesión. La Audiencia Nacional ha anulado ahora los acuerdos. Contra esta sentencia ha recurrido todo el mundo y nosotros también. No hay doble rasero. Ese señor tiene la gestión de una concesión.

P. La Audiencia dice que no. Que ya no la tiene.

R. Tenía. Vamos a esperar a lo que diga el Tribunal Supremo. El plan de gestión de la piscina se aprobó en 2006.

P. También se aprobó entonces un plan para hacer un camino peatonal por esa zona de Mallorca, donde un grupo de millonarios ha privatizado el litoral.

R. Hay un anteproyecto y no ha pasado a proyecto. Queremos que en toda la Costa de los Pinos haya un paseo y que todos los ciudadanos puedan usarlo.

P. Llevan un año y no avanza.

R. Los proyectos en Costas tardan mucho, porque hay que expropiar y eso se demora.

Chiringuitos:

P. Dijo que los chiringuitos tendrían que cumplir la ley y se armó el escándalo.

R. Hemos dicho que en función de la orografía un chiringuito podrá estar en la arena o fuera. La ley dice que preferentemente se ubicarán fuera. Preferentemente. Si es imposible seguirán en la arena. Quiero hacer compatible que el paisano que quiera tomarse una cervecita en la playa la tome en el chiringo y que la gente tenga espacio para la toalla, que eso es de todos.

P. Ante el masivo incumplimiento de la ley, ¿no es mejor pasar por el cargo sin incendios?

R. No. Mi ilusión es terminar el deslinde y que se pueda recorrer de punta a punta.

P. Narbona encargó un estudio sobre qué habría que hacer para conseguir eso y el resultado era una orgía de demoliciones.

R. Por supuesto necesitará inversiones significativas. Una vez que delimitemos el dominio público iremos tramo a tramo, empezando por lo más conflictivo.

Trato de favor a José Blanco:

P. El PP les acusa de haber dado trato de favor al permitir en la Isla de Arousa un edificio en el que tiene un ático el número dos del PSOE, José Blanco.

R. Ese deslinde fue aprobado en enero de 2004 [con el PP] y definió la servidumbre de protección. En unas zonas era de 20 metros, en otras 100 y en esa unos 40. El Ayuntamiento recurrió y la Audiencia Nacional redujo en ese tramo la servidumbre a 20 metros. La vivienda de marras se encuentra a 40 metros. De todas formas, el tramo afectado por la sentencia no es el del edificio, sino el contiguo, por lo que la sentencia no le afecta.

P. Costas llegó a presentar recurso ante el Supremo para ampliar la servidumbre en ese tramo y lo retiró. ¿Por qué?

R. ¿Quién ha dicho eso?

P. Lo recurrió y lo retiró.

R. El Supremo el 10 de diciembre de 2007 devino firme la sentencia. Y si es así [la directora general de Costas lo confirma en una llamada telefónica] tendrá que preguntarle a quien retiró el recurso, no a mí. Yo tomo las riendas de este negociado en abril 2008. Lo desconozco.

Si un elevado tanto por ciento de los periodistas españoles trabajaran así,  atajarían muchos de nuestros problemas formando una opinión pública informada y responsable.

Más «mileuristas» que nunca

Casi seis millones de personas han engrosado el colectivo “mileurista” español en menos de 3 años. Los activos Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda (Gestha) acaban de presentar un informe en el que elevan a 16,7 millones de personas las que cobran menos de 1.100 euros brutos al mes, es decir que aún perciben menos con los descuentos. Suponen ahora el 63% de la población laboral española. Los técnicos incluyen a 1,6 millones de empresarios y profesionales que tampoco alcanzan un ingreso de 1.100 euros brutos mensuales, y que suponen las tres cuartas partes del colectivo. A quien, por cierto, los propios técnicos del Gestha recomendaban, en un informe anterior, perseguir menos de lo que la política recaudatoria actual impone, para dedicar los esfuerzos en controlar a los grandes defraudadores.

Ambos informes –el de 2006 y el actual- están elaborados con datos de Hacienda, por tanto no parece lógico pensar que ahora se defrauda más que antes y que esas cantidades no son reales. Un portavoz de Gestha declaró ayer que sí sospechan que pueda haber trabajadores que cobran en negro. Recuerdo el dato: la economía sumergida supone en España el 23% del Producto Interior Bruto (PIB), frente al 13% de la media de la UE.

De cualquier forma, la diferencia con nuestros vecinos europeos es flagrante. Seis países, Bélgica, Luxemburgo, Irlanda, Francia, Holanda y Reino Unido, han erradicado el “mileurismo” de sus vidas, nadie cobra menos de 1.000 euros, según el último boletín de Eurostat, la agencia estadística de la UE. Un joven inexperto gana un mínimo de 1.462 euros en Irlanda; 1.642, en Luxemburgo y 1.321, en Francia (en catorce pagas y en términos brutos). Un aprendiz.

Por otro lado, en el mismo tiempo en el que nosotros éramos cada vez más “mileuristas”, los sueldos europeos se han incrementado. Alemania y Reino Unido ya registran sueldos medios de 3.300 euros, el triple que los trabajadores españoles.

Más aún, según las principales organizaciones sindicales, uno de cada siete eurotrabajadores «recibe un salario bajo», es decir, «menor que las dos terceras partes del salario medio», una definición que engloba a aquellos que ganan menos de 24.082 euros anuales (1.720 euros al mes). Es decir, que ser mileurista en la eurozona está más próximo al “dosmileurismo”.

Ni los impuestos, ni los precios triplican o duplican en esos países los nuestros, es una pura entelequia interesada dar consuelo con esa falacia. Cada vez que he tratado en este blog el tema –y lo he hecho con frecuencia- se aportan datos reveladores. Que una casa independiente de tres plantas en Suecia, con jardín, en un barrio exquisito, cuesta 400.000 euros, o que se puede vivir de alquiler en Berlín por 400 euros mensuales en un piso estupendo, pagando –también- un euro por un café.

Los defensores de nuestros precarios sueldos, aluden inmediatamente a la productividad española. Las cifras oficiales la cuantificaban hace 3 años en un 15% inferior a la media europea. Tampoco cobramos tan sólo un 15% menos de sueldo. Ahora bien, la productividad española ha aumentado en los últimos años un 5,8%.

La productividad, además, tiene mucho que ver con la –mala- organización empresarial, con los bien pagados ejecutivos españoles, cuyos sueldos rondan los 4 millones de euros anuales de media. Con esas empresas que cotizan tan sólo un 1% de impuestos vía SICAV (Sociedad de Inversión de Capital Variable) y que, para más escarnio, han salido del control de la Agencia tributaria para pasar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, gracias al voto del Parlamento. Con un empresariado que no invierte en I+D+I, frente al considerable esfuerzo hecho en ese apartado por el Gobierno.

Y, aún así, repetidas voces piden una reforma del mercado laboral español que nos haga aún más pobres y más vulnerables. España alcanza el 98% del PIB per cápita de la Unión Europea, no somos ni Rumanía, ni Bulgaria. Con  7 puntos menos de inversión en gasto social de la media europea, dos de cada tres españoles cobran menos de 1.100 euros, y hay más de cuatro millones en el paro. El radical sistema de capitalismo económico español, la falta de información real de los ciudadanos, su docilidad –en buena parte consecuencia de su desinformación-, propician esta desvergüenza. Un técnico en calderas me acaba de decir «mientras tengamos trabajo…», porque, sí, más de cuatro millones de parados -consecuencia de viejas y reiteradas imprevisiones y abusos-  aterran, callan bocas y protestas. Además, lo básico en España es «mirar por uno», los demás que se apañen.

Verdulería de Berlín este verano. Está situada al lado de los carísimos almacenes KaDeWe, donde el lujo sí se paga

Verdulería de Berlín este verano. Está situada al lado de los carísimos almacenes KaDeWe, donde el lujo sí se paga

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¿No tiene nada que decir el Rey?

Han pasado casi dos semanas desde que el vicesecretario general de Política autonómica y local del PP, Javier Arenas, comparara a España con una dictadura. «Solamente en los países no democráticos, en las dictaduras, se persigue a la oposición con fiscales y policías«, dijo. Y no ha ocurrido nada. Esto no es el -adorado por los periodistas- «rifirrafe» entre partidos. Le atañe. Siguiendo la argumentación, el partido mayoritario de la oposición piensa que Juan Carlos I regenta una dictadura. Le afecta a él. Nos afecta a todos.

  Dado que el propósito es airear la acusación por Europa -lo que puede dañar los intereses del Reino-, aguardo cada día a que el monarca se pronuncie. Acudir a tribunales europeos implica que no hay nadie en España que pueda atender con imparcialidad sus demandas.

Artículo 56 de la Constitución española:

«El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado Español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las Leyes. que garantiza el Estado de Derecho». Arenas acusó a España de ser una dictadura. Fue el 11 de Agosto. Hasta hoy, 25, el Rey no ha dicho nada.

   Nunca lo hace, lo sé, pero esto no es un debate partidista, sino una negación del sistema que nos sustenta en su conjunto. Y me gustaría estar segura de que vivo en un país democrático. 

  Llevo al hipotético extremo de solicitar el pronunciamiento del Rey, para que se aprecie la desmesura de lo que está ocurriendo. Y porque nadie puede estar tranquilo cuando –amén de otras actitudes– se denosta, se invalida, a las más altas insistuciones del Estado, al prestigio del país, porque policías, jueces y fiscales persigan delitos comunes. Demasiado «comunes» por cierto.

Economía de guerra

“¿Dónde hay que firmar? ¿Dónde hay que ir (físicamente hablando), coger pico y pala, arremangarse y empezar…?” (…) “He llegado a un punto de desánimo tal, que me agarro a lo primero (o al primero) que me dé esperanzas, me merezca credibilidad y sienta que, siguiendo sus ideas, llegaremos a algo sólido y bien hecho”. Lo dice Arturo Espada en los comentarios de la entrada anterior, y me estremezco en el cíclico desconcierto que a todos, con cierta conciencia, nos acomete alguna vez. Está todo previsto y diseñado desde despachos privados que desconocemos.

La escritora y catedrática de economía canadiense Naomi Klein se cansa de dar gritos en el aire –con notable éxito editorial sin embargo- difundiendo el resultado de sus investigaciones. “La doctrina del Shock (el auge del capitalismo del desastre)”, Ediciones Paidós, contiene un cumplido análisis del problema. “Para nosotros, el miedo y el desorden representaban una verdadera promesa”, dice un ex agente de la CIA, Mike Battles, en un artículo publicado en el Wall Street Journal (aludiendo a la invasión de Irak). Para Klein, “sus palabras podrían constituir el slogan del capitalismo contemporáneo: el miedo y el desorden como catalizador de un nuevo salto hacia delante”.

Aquí no ha pasado nada, no nos engañemos. Hasta Angela Merkel alertaba esta semana del regreso a la “vieja arrogancia” de los bancos (léase empresas, gestores del capitalismo, partidos conservadores y hasta socialdemócratas acomplejados). La crisis provocada por ellos nos ha ahogado un poco más en el bolsillo, pero, especialmente, en el ánimo. El miedo como instrumento para desactivarnos, para hacernos más dóciles.

Padecemos hoy una nueva economía de guerra. Vivir como si fuera el último día de nuestra vida en lugar del primero, que son dos actitudes encontradas con las que uno afronta el presente y el futuro. Aceptar trabajos, remuneraciones, condiciones laborales, precios, que jamás se hubieran contemplado en otras situaciones. Agarrarse al clavo ardiendo de los visionarios de todo tipo, políticos y magos. ¿Queréis creer que hasta en El Corte Inglés vi el otro día un cartel que remitía a un puesto de tarot y quiromancia en alguna planta?

El sistema capitalista que vivimos está tan enfermo como el comunista que se escondía tras el Muro de Berlín –lo comenté el otro día en la SER-. Y su nomenclatura se atrinchera en el poder tanto como lo hacían los diferentes “Politsburós”. La enorme dificultad es que a estos prácticamente no les conocemos, no les vemos la cara. Y el dinero parece ser motor más decisivo que el poder aparente. A los políticos les tienen amarrados con créditos. ¿Se puede operar ese enorme cáncer desde un país del sur de Europa, corrupto, analfabeto estructural y con un pasado dictatorial que hunde sus raíces en el presente?

La Wikipedia cita prometedores nombres en el llamado movimiento antiglobalización o antisistema. No os asuste la denominación, ni las imágenes de las teles en las que sólo muestran a exaltados tirando piedras, somos antisistema muchos más de los que creemos. De un saco altamente heterodoxo, entresaco algunos:

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, fundador de ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones Financieras Especulativas para Ayuda a los Ciudadanos) y promotor del Foro Social de Porto Alegre.

Naomi Klein, escritora del famoso libro No Logo.

Susan George, directora asociada del Instituto Transnacional de Ámsterdam y vicepresidenta de ATTAC en Francia y autora de «Informe Lugano».

Noam Chomsky, gran lingüista y duro crítico de la política exterior de EE.UU. Web oficial.

José Bové, líder agrosindicalista francés muy crítico con el sistema  alimentario mundial, eurodiputado francés.

Michael Moore, documentalista.

Arundhati Roy, escritora y activista india.

Carlos Taibo, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y escritor de temas geopolíticos de actualidad.

Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el «Derecho a la Alimentación» y profesor de sociología.

Walden Bello, director ejecutivo del instituto «Focus on the Global South» por la democratización de la economía global con sede en Tailandia.

Hazel Henderson, experta en el desarrollo humano sostenible.

Diane Matte, miembro de la «Marcha Mundial de las Mujeres», experta en el impacto que la globalización tiene en este sector de la población.

Trevor Wanek, de Soweto, Johannesburgo, Sudáfrica, es miembro del «Centro de desarrollo e información alternativos por la condonación de la deuda».

Fred Azcárate, director ejecutivo de «Trabajo con Justicia» en EE. UU.

Njoki Njehu, director de la ONG norteamericana «50 years is enough» en EE. UU. Es un colectivo que trabaja por la transformación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Serge Latouche, es un economista francés, ideólogo del Decrecimiento.

Yo añadiría a José Luís Sampedro y a José Saramago.

Y luego está la gente, la sociedad, aquí y allá, cada vez más harta. El capitalismo caerá con toda seguridad, por la rebelión de los desesperados o por propia consunción como le pasó al mundo irreal que había tras el Telón de Acero. Reavivado hoy, tardará 5 años, 10, 50, o 100, pero caerá. La información libre puede hacer mucho por acelerar el proceso. La sociedad tiene que tomar de una vez por todas, su papel protagonista en la Historia. Vivimos en una economía de guerra, pero la guerra es contra nosotros.

Precisiones sobre impuestos y clases «medias»

 La pretensión del Gobierno de subir los impuestos a las rentas más altas, ha provocado una gran convulsión social, a pesar de que la falta de apoyos parlamentarios, pone altamente en cuestión que pueda ser aprobada. PP y adláteres aseguran que afectará a las clases medias ¿60.000 euros anuales es un sueldo de clase «media»? Pues de los innumerables e indignados comentarios de particulares, cabe deducir que en España hay muchas personas que sí ingresan cada año 60.000 euros –que sería el baremo sobre el que se aplicaría la reforma-. Médicos, titulados universitarios de toda condición, no ganan 60.000 euros al año, al menos en nómina. La segunda gran objeción es que los ricos no pagan y, de ello, algunos deducen que es mejor dejar las cosas como están.

Primera cuestión: se estima que la economía sumergida en España supone un 23% del PIB (Producto Interior Bruto), unos 208.000 millones de euros. Esta cifra duplica prácticamente la media de la UE, engrosada con nosotros. Nuestra fama de corruptos se extiende por el mundo entero.

Hay más. Recuerdo uno de tantos taxistas que despotrican del Gobierno socialista pero no reparan en contar su vida y sus trapicheos sin ningún pudor. Éste nos dijo a mi hijo y a mí, que tenía dos taxis y que el otro lo llevaba su hijo que “afortunadamente también cobraba el paro”. Conozco muchos más casos. Añadió el taxista que tenía piso propio, desde luego, y que la pécora de su mujer se había empeñado en pedir una hipoteca para una segunda vivienda.

El país de los invisibles billetes de 500 euros. Aquí circulan más de la cuarta parte de los billetes de 500 euros de toda la zona europea que los utiliza, casi el 70% del dinero en papel en España (actualmente) es en ese formato. Hay para pagar a negros, con dinero negro, negras ruinas inmobiliarias que han endeudado hasta el cuello a los españoles. El país donde se contrata minusválidos psíquicos y no se les paga –mi sobrino con síndrome de Down, por ejemplo, y varios de sus amigos-.

“¿Lo quiere Vd. con factura?… No habrá un español que no haya escuchado esa pregunta. La reparación del coche, el electrodoméstico, la pintura del piso, el cambio de las cañerías, hasta el abogado. Sin factura no te cobran el IVA y te ahorras un dinerillo que luego puede salir muy caro: no puedes demostrar el trabajo que te han hecho si no es satisfactorio. Y él no lo declara.

¿Qué pensar de un colegio concertado que infla el número y horas lectivas de los profesores y el de los alumnos para cobrar más subvenciones? Lo hizo el San Isidoro de Granada, y se le multó por ello. Pero, en un país serio, los padres hubieran retirado a sus hijos de un centro sin ética ¿Qué les van a enseñar a sus criaturas? Cómo prosperar en España, sin duda.

Ésta es nuestra realidad. Y a ella se aferran quienes se consideran clase media, por encima de los «mileuristas» (11 millones de personas según Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda (Gestha), el 58% de la población) y siempre que éstos no defrauden también y trabajen bajo mano.

Porque parece que el español se siente rico, o clase «media», por atesorar un piso hipotecado, un coche pagado a plazos, o disfrutando de vacaciones gracias también a créditos. El sistema les ha amarrado y defienden a su verdugo. Su rapiña (o/y su ignorancia) les engaña: apenas tienen nada en las manos sino deudas.

Pero la clave está en los ricos de verdad. Insisto en lo de ayer: el 86% de las rentas superiores a diez millones de euros (bastante más de 60.000)  no cumplen sus obligaciones fiscales, ni declaraban tampoco el Patrimonio. Datos también de GESTHA.

El periodista Ignacio Escolar lo resumía a la perfección:

“En España los impuestos son progresivos. Un empleado paga hasta el 43% de sus ingresos. Un empresario paga el 30% de sus beneficios (que no ingresos). Y los ricos muy ricos pagan el 1% a través de una SICAV (Sociedad de Inversión de Capital Variable). En 2005, después de que algunos inspectores de Hacienda fisgasen en las SICAV, donde guardan sus dineros las grandes fortunas, el Congreso votó de emergencia y casi por unanimidad que fuese la CNMV, y no la molesta Hacienda, quien las vigilase (es un decir). En España los impuestos son progresivos: cuanto más tienes, menos pagas. Y así progresivamente”. Hoy insiste al preguntarse:» ¿Acaso lo del 1% de las Sicav bajó del monte Sinaí escrito en las tablas de la ley y por eso no se puede tocar

Admito que causa profundo desasosiego el gubernamental ahora doy 400 arbitrarios euros, ahora los quito, ahora los doy a unos sí y a otros no. Y lo mismo con los 2.500 de los cheques bebé. España precisa una profunda reforma fiscal que un gobierno socialista debería afrontar al modo europeo, escandinavo sobre todo –gestionado ahora sin complejos por la derecha liberal-. Y las primeras medidas son que paguen más quienes más tienen, pero de verdad. Empezando por la reforma de la tributación de las SICAV. Este punto es esencial, y el único que puede dar credibilidad al Gobierno en esta materia. El PP -a la vista de sus declaraciones- jamás lo hará.

Y, si todas las clases “medias” que roban y defraudan, quieren trasladar sus vidas, sueldos y negocios a otros países, estaremos encantados. No creo que les acojan más que en repúblicas bananeras, pero nosotros podremos comenzar a construir una España ética. La tarea aguarda desde hace siglos.

El síndrome del vasallo

Acabo de ver “N, Napoleón y yo”, una película recién estrenada de Paolo Virzi, a la que me acerqué sin grandes expectativas. El actor francés Daniel Auteuil suponía para mí un poderoso gancho, completado con el descubrimiento del joven Elio Germano, la envidiablemente bella Monica Bellucci y, como vería, el resto del reparto. Más hallazgos: no es una sesuda recreación histórica sino una comedia cuajada de matices y de ironía que me desató múltiples reflexiones.

Un Napoleón caduco y fracasado llega desterrado a la isla italiana de Elba que se ha convertido en efímero Principado para acogerle. Año 1814. La población babea al recibirle. Todos, salvo un joven profesor radical jacobino, cuya obsesión es matar al emperador pero termina de secretario que le sigue y apunta sus gracias.

Un supremo hartazgo había desembocado en la Revolución francesa que, cortando expeditivamente cabezas, acabó con una época, la de los privilegios de una casta superior y la tiranía. Resulta de partida incomprensible que, tras tamaña convulsión, la sociedad reprodujera los viejos esquemas, corregidos y aumentados con un emperador del calibre de Napoleón Bonaparte. Pero así fue, parece haber una tendencia al vasallaje en los seres humanos.

El encuentro entre el Emperador y su joven secretario que le detesta va a aportar múltiples matices. Napoleón baja un tanto de su pedestal para dar una faz humana, aunque, encantado de haberse conocido, se haga seguir de un ilustrado que anote sus supuestas frases brillantes que, a veces, incluso repite. La camarilla ríe y se asombra de su brillantez, el pueblo le venera desde lejos. Napoleón ha ocasionado miles de muertos, algunos salieron de la sangre de Elba, pero es poderoso y se baja la cerviz con placer, sin cuestionarse nada. Hasta el odio del joven italiano parece ablandarse con el conocimiento. “No más muertos”, le ha dicho el poderoso y él parece creerle. Pero acabará en traición, según la trayectoria conocida.

Napoleón no ha muerto, no han desaparecido los emperadores de todo pelaje. El poder ejerce una influencia sobre la sociedad que debería ser calificada de síndrome, el síndrome del vasallo. Desplazad el foco de vuestra atención cuando miréis una foto o un vídeo de alguien con algún tipo de influencias, desde un político a un artista famoso. Advertiréis forzadas sonrisas de encantamiento en cuantos le acompañan. Y cómo la población se acerca, y se detiene, y de alguna forma admira. Al lado y detrás de la cámara lo he vivido hasta la náusea. Coche oficial que aparta el tráfico y que para a pie de acto, innumerables flashes, perennes sonrisas como digo, silencio y veneración. Preguntas periodísticas. Interesa cuanto diga o no diga, aunque sean estupideces –que muchas veces lo son-. La audiencia seguirá después sus palabras. Querrá escucharles en debates, creyéndoles seres superiores a ellos. El poderoso se ve transportado a un limbo del que imagino hace falta mucha cordura para distanciarse y enjuiciar la situación en su justa medida.

¿Qué sabes de la vida de los famosos? Preguntan periódicos serios. ¿Qué hay que saber? Si es un político quiero verle actuar velando por mis intereses y los de mis conciudadanos, si es un artista aspiro a disfrutar de su obra. No más. Pero es la sociedad quien les encumbra y alimenta su ego, haciéndoles sentir en una cúspide de difícil acceso, a la que –en el caso de los políticos- han llegado con los votos, con el mío también, con el tuyo. No es así en todo el mundo. Al presidente sueco Olof Palme, le mataron en la calle porque seguía viviendo en su domicilio y hacía la vida de cualquiera. A la ministra sueca Anna Lindh, lo mismo. Los ciudadanos alemanes pueden al menos apoyarse en las paredes del Bundestag, con Angela Merkel dentro, porque ninguna medida de seguridad, ni ningún guardia, prevalece sobre su consideración de que el Parlamento y el Gobierno son de los ciudadanos.

“El poder no me cambiará”, dijo José Luís Rodríguez Zapatero al ser elegido en 2004. ¿Le ha cambiado? Sí. Ya anda con camarillas de las que sí se fía para esquivar los cuchillos envenenados. Cambia a todos los engolados portavoces, cambia hasta al más humilde concejal de pueblo.

La raíz podría estar en el síndrome del vasallo de la población que les alimenta. Todos los cometidos para que una sociedad funcione son importantes. Pedid autógrafos a la cajera del supermercado, sin ella puede que no tuviéramos qué comer. Pero el ser humano parece necesitar ser dirigido, admirar fuera de los cauces de la lógica y la moderación. Quizás precise mayor autoestima, mayor conciencia de su papel protagonista de la historia. Seguramente es lo que tienen quienes expresamente tocan el edificio del Bundestag alemán porque sienten que es suyo. También trabajan por él, por su país. Esa actitud –que precisa conocimiento responsable, implicación y madurez- es más patriota que el rendezvous o la crítica desde el sótano que sólo ve los pies del ídolo. ¿Dejaríais abierta la llave de vuestro dinero y vuestra despensa y os pondríais a mirar la televisión? Pues España -sin ir más lejos y a partir de ahí lo que queráis- es tan nuestra como nuestro hogar. El vasallo nunca es un auténtico adulto, por eso pide tutelaje.

La derecha alemana

La canciller alemana, Angela Merkel, -la mujer más influyente del mundo según la revista Forbes- ha dado muestras una vez más de su sensatez y de su escaso servilismo con los poderes fácticos. Ha hablado en Berlín para decir que observa con preocupación cómo la “vieja arrogancia” de los bancos ha vuelto a resurgir en medio de la crisis. Para ella, el objetivo es lograr que se creen nuevas normas internacionales que aseguren la liberación de la presión que ejercen los actores de los mercados financieros. ¿Hemos oído algo similar en España?

La líder conservadora de un país que ha crecido un 0,3% en el último trimestre, advirtió que los nuevos síntomas de mejoría económica son sólo pequeños «brotes de esperanza», y que hay que moderar la euforia.

Una de las primeras acciones de Angela Merkel al llegar al poder fue pedir a George Bush que cerrara Guantánamo, mientras Aznar bajaba la cerviz ante el mandatario estadounidense, apoyando su escalada belicista. Merkel gobierna en coalición con los socialdemócratas, algo impensable en España. Y ni una sola voz se opone a los grandes asuntos de Estado, los políticos alemanes trabajan por Alemania.

Aquí en cambio el PP amenaza con enturbiar la presidencia española de la UE que se inicia el 1 de Enero. Seguiría así la trayectoria de sus principales líderes que salen de nuestras fronteras para despellejar al Gobierno español y por tanto a España. Colocados en el escaparate de la presidencia, conocerán en Europa nuestra realidad: corral bananero que produce náuseas. Nada inocuo porque va en detrimento de nuestros intereses como país. Pero parece que a algunos partidos no les preocupa ni el bienestar de la sociedad, ni nuestro papel internacional, sino mostrar el culo sucio -de su propia mierda secular- para ahuyentar a testigos molestos. Mostrar miserias, cerrar fronteras, sólo para ostentar el poder y mangonear a su gusto.

La confrontación política es saludable para crecer y todas las ideas democráticas tienen cabida en el espacio político, pero cuando sigo la trayectoria de Angela Mekel lloro por carecer en España de una derecha como la suya. España sólo tendrá remedio cuando la bochornosa derecha española se regenere. Y no lleva camino alguno de hacerlo. Como en tantos problemas enquistados, es díficil erradicar errores cuando se tiene el apoyo sociológico de una parte de la población, trabajada para ello a conciencia. Ser conservador no es ser del PP, no en Europa, excepto en Italia. «Escuela y despensa» decía el regeneracionista aragonés Joaquín Costa. En el siglo XIX. Con la despensa mejor provista, pero ahí seguimos.

El Rey quiso frenar la carrera política de Suárez por temor a Alianza Popular

Interesantísimo artículo de La Vanguardia, fruto de una investigación propia: El día en que el Rey se disgustó.

Adolfo Suárez conducía el cambio en España de acuerdo con el Rey y con un plan que había trazado y puesto por escrito en cuatro cuartillas. Sin embargo, Suárez no había anunciado al Monarca que acariciaba la idea de acudir como candidato a las primeras elecciones democráticas que se tendrían que celebrar el 15 de junio de 1977. Cuando se lo dijo, al Rey no le gustó nada el anuncio de Suárez e incluso se disgustó, pues temió un enrarecimiento del frágil equilibrio político español. El Monarca temió que la candidatura de Suárez provocara una reacción contraria y virulenta de Alianza Popular, la nueva derecha liderada por Fraga, de la que se desconocía su auténtica fuerza e implantación social.

La derecha logró un exiguo 8% con el que no logró imponer sus criterios. Por ejemplo, se opuso incluso a la aministía de los presos políticos.

Siempre he creído que nuestros males actuales derivan de los lodos de la Transición, pero pudo ser mucho peor, según vemos ahora. La única oportunidad que tuvimos en España de un centro-derecha civilizado y europeo vino de la mano de Adolfo Suárez, pero muchos de los actuales gestores del  PP -el PP surge de una refundación de AP o Coalición Popular- lo dinamitaron desde dentro. El PSOE por su parte ejerció una oposición durísima, presentando incluso una moción de censura y forzando otra de confianza. En ninguna de las dos dieron su apoyo a Suárez  los conservadores de Fraga que ahora hacen suyo al artífice de la Transición. 

El artículo completo de La Vanguardia aquí.

Fin de la crisis, una mala noticia

Contemplo con preocupación las noticias que hablan del fin de la crisis y de cómo empiezan a recuperarse algunas economías: Francia y Alemania han crecido un 0,3% en el segundo trimestre y Japón inicia un espectacular despegue con un 3,7%. Mientras tanto, China avanza en tromba hacia la reactivación -que nunca abandonó del todo- y a convertirse en motor de ella. Tal como reiteradamente se ha venido pronosticando, llega la nueva era china con sus dudosos métodos.

Lo leo con disgusto digo, frente al alborozo de los demás. La transfusión de fondos públicos sin control ha reanimado al agonizante, promete que no hará excesos una temporada llevando una dieta adecuada, y el esparadrapo que cubre las cicatrices aún aguanta. En este panorama, que España siga en declive es una mala noticia sin embargo porque sola no podrá acometer la cirugía que precisa el sistema, ni gran intención de ello hay por otra parte.

   De cualquier forma hasta en el supuesto mal informado EEUU, la población – según una encuesta Gallup-, cree en un 57% que la multimillonaria  ayuda para salvar al capital no mejoró en nada o poco la economía real, un 60% que el plan de ayuda no hará nada por el crecimiento en los próximos años y el 51% que se tendría que haber gastado menos-

Hemos puesto el parche a esta crisis… hasta la próxima. La anterior de similar envergadura, la del 29 del siglo pasado, se saldó con el ascenso del fascismo y el nazismo y una guerra mundial. La involución ideológica ya está aquí. Se añaden elementos nuevos, sin embargo: la fiereza del lucro con sello chino a costa de sus trabajadores. Ha marcado el modelo que siguen de alguna manera el resto de las economías, también la española -si nos atenenos a cuantos piden reestructurar el mercado laboral-. El problema reside, dicen, en esa gravosa mano de obra que además exige derechos y pide seguridades. Ya os conté que en China el gasto de personal representa el 1% del total, según nos declaró para un reportaje de Informe Semanal un jefe de personal. Y nos despreciemos la gula del agonizante una vez repuesto ¿cuánto tardará en volver a desmandarse?

El capitalismo caerá o nos hundirá. Y no parece haber más alternativas. Confío parcialmente en la linea Obama, al menos intenta cambiar algo y no entrega por completo nuestros destinos a los consejos de administración privados como se ha venido haciendo en todo occidente los últimos años. Pero no dejan de ser medidas paliativas, cada recaída será, previsiblemente, peor. Hubiera sido preferible tocar fondo y cambiar el sistema. Así sólo prolongamos la vida del enfermo.

El monstruo necesita alimentarse del consumo, del gasto individual de unos ciudadanos cada vez más apretados. No soy ni de lejos economista, pero contemplo como causa fundamental del problema lo que los regentes de la economía neoliberal ven como solución. Hay una sobreabundancia de oferta. Si nos atenemos a España, cada ciudad, incluso pueblos, llena sus alrededores de multitud de centros comerciales. Doscientos Caprabos, trescientos Carrefour y quinientos Mecadonas, por citar algunos. Grandes cadenas de ropa han engullido al comercio tradicional, de forma que hoy la fisonomía urbana en ese aspecto es igual en todas partes. Allí tenemos a Zara, HM y las demás, en Pernambuco y en Cádiz, y no una dependencia, sino varias. Ya hablamos de las oficinas bancarias: somos el país del mundo con más sucursales por habitante del mundo. En Berlín costaba encontrar un cajero automático, están los justos, o menos, aquí los tenemos cada cuatro pasos. Y el problema es extensible prácticamente a todos los sectores, hoy habla El País del turismo, ya habíamos tratado el asunto. Y la gran pescadilla enroscada: nos han hecho sentir la necesidad de comprar sin medida, trabajar más para comprar más.

Parecería más racional que dispusiéramos de una oferta proporcionada –que tampoco ha redundado en una bajada de precios por la competencia-. Hace falta una reestructuración mundial. Grandes hilos ocultos trabajan en nuestra contra frente políticos serviles, esos que dependen de los bancos para subsistir, y a quienes les entregan nuestro dinero como pago de su propio secuestro. El sistema en el que vivimos no tiene remedio, debería haber petado con esta crisis, así sólo prolongamos su agonía o nuestro sometimiento. Pero, igual estoy equivocada, no soy economista. Los regentes del mundo lo hacen mucho mejor y saben lo que nos interesa.

Una foto «histórica»: comercios tradicionales. Están en Girona.

    verano 2009 168