El síndrome del vasallo

Acabo de ver “N, Napoleón y yo”, una película recién estrenada de Paolo Virzi, a la que me acerqué sin grandes expectativas. El actor francés Daniel Auteuil suponía para mí un poderoso gancho, completado con el descubrimiento del joven Elio Germano, la envidiablemente bella Monica Bellucci y, como vería, el resto del reparto. Más hallazgos: no es una sesuda recreación histórica sino una comedia cuajada de matices y de ironía que me desató múltiples reflexiones.

Un Napoleón caduco y fracasado llega desterrado a la isla italiana de Elba que se ha convertido en efímero Principado para acogerle. Año 1814. La población babea al recibirle. Todos, salvo un joven profesor radical jacobino, cuya obsesión es matar al emperador pero termina de secretario que le sigue y apunta sus gracias.

Un supremo hartazgo había desembocado en la Revolución francesa que, cortando expeditivamente cabezas, acabó con una época, la de los privilegios de una casta superior y la tiranía. Resulta de partida incomprensible que, tras tamaña convulsión, la sociedad reprodujera los viejos esquemas, corregidos y aumentados con un emperador del calibre de Napoleón Bonaparte. Pero así fue, parece haber una tendencia al vasallaje en los seres humanos.

El encuentro entre el Emperador y su joven secretario que le detesta va a aportar múltiples matices. Napoleón baja un tanto de su pedestal para dar una faz humana, aunque, encantado de haberse conocido, se haga seguir de un ilustrado que anote sus supuestas frases brillantes que, a veces, incluso repite. La camarilla ríe y se asombra de su brillantez, el pueblo le venera desde lejos. Napoleón ha ocasionado miles de muertos, algunos salieron de la sangre de Elba, pero es poderoso y se baja la cerviz con placer, sin cuestionarse nada. Hasta el odio del joven italiano parece ablandarse con el conocimiento. “No más muertos”, le ha dicho el poderoso y él parece creerle. Pero acabará en traición, según la trayectoria conocida.

Napoleón no ha muerto, no han desaparecido los emperadores de todo pelaje. El poder ejerce una influencia sobre la sociedad que debería ser calificada de síndrome, el síndrome del vasallo. Desplazad el foco de vuestra atención cuando miréis una foto o un vídeo de alguien con algún tipo de influencias, desde un político a un artista famoso. Advertiréis forzadas sonrisas de encantamiento en cuantos le acompañan. Y cómo la población se acerca, y se detiene, y de alguna forma admira. Al lado y detrás de la cámara lo he vivido hasta la náusea. Coche oficial que aparta el tráfico y que para a pie de acto, innumerables flashes, perennes sonrisas como digo, silencio y veneración. Preguntas periodísticas. Interesa cuanto diga o no diga, aunque sean estupideces –que muchas veces lo son-. La audiencia seguirá después sus palabras. Querrá escucharles en debates, creyéndoles seres superiores a ellos. El poderoso se ve transportado a un limbo del que imagino hace falta mucha cordura para distanciarse y enjuiciar la situación en su justa medida.

¿Qué sabes de la vida de los famosos? Preguntan periódicos serios. ¿Qué hay que saber? Si es un político quiero verle actuar velando por mis intereses y los de mis conciudadanos, si es un artista aspiro a disfrutar de su obra. No más. Pero es la sociedad quien les encumbra y alimenta su ego, haciéndoles sentir en una cúspide de difícil acceso, a la que –en el caso de los políticos- han llegado con los votos, con el mío también, con el tuyo. No es así en todo el mundo. Al presidente sueco Olof Palme, le mataron en la calle porque seguía viviendo en su domicilio y hacía la vida de cualquiera. A la ministra sueca Anna Lindh, lo mismo. Los ciudadanos alemanes pueden al menos apoyarse en las paredes del Bundestag, con Angela Merkel dentro, porque ninguna medida de seguridad, ni ningún guardia, prevalece sobre su consideración de que el Parlamento y el Gobierno son de los ciudadanos.

“El poder no me cambiará”, dijo José Luís Rodríguez Zapatero al ser elegido en 2004. ¿Le ha cambiado? Sí. Ya anda con camarillas de las que sí se fía para esquivar los cuchillos envenenados. Cambia a todos los engolados portavoces, cambia hasta al más humilde concejal de pueblo.

La raíz podría estar en el síndrome del vasallo de la población que les alimenta. Todos los cometidos para que una sociedad funcione son importantes. Pedid autógrafos a la cajera del supermercado, sin ella puede que no tuviéramos qué comer. Pero el ser humano parece necesitar ser dirigido, admirar fuera de los cauces de la lógica y la moderación. Quizás precise mayor autoestima, mayor conciencia de su papel protagonista de la historia. Seguramente es lo que tienen quienes expresamente tocan el edificio del Bundestag alemán porque sienten que es suyo. También trabajan por él, por su país. Esa actitud –que precisa conocimiento responsable, implicación y madurez- es más patriota que el rendezvous o la crítica desde el sótano que sólo ve los pies del ídolo. ¿Dejaríais abierta la llave de vuestro dinero y vuestra despensa y os pondríais a mirar la televisión? Pues España -sin ir más lejos y a partir de ahí lo que queráis- es tan nuestra como nuestro hogar. El vasallo nunca es un auténtico adulto, por eso pide tutelaje.

1 comentario

  1. Soto

     /  20 agosto 2009

    Hola Rosa y amigos “contertulios”:
    Rosa ,creo que el quid de la cuestión está en el parrafo descrito por ti misma:
    ( (” Quizás precise mayor autoestima, mayor conciencia de su papel protagonista de la historia. Seguramente es lo que tienen quienes expresamente tocan el edificio del Bundestag alemán porque sienten que es suyo. También trabajan por él, por su país. Esa actitud –que precisa conocimiento responsable, implicación y madurez- es más patriota que el rendezvous o la crítica desde el sótano que sólo ve los pies del ídolo.”)).Dices en la mitad de tu parrafo que se precisa conocimiento,responsable,implicación y madurez….!casi nada al aparato!;ciñendonos a nuestro pais y que puede ser exportable a paises.. similares al nuestro …creo que solo una minoria posee esas cualidades…¿porqué?…pues habrá que analizar nuestro contexto historico y quizás preguntarnos de donde venimos….e iremos viendo que nos faltan los condimentos de verdadera cultura,cultivo individual intelectual,cultura y pensamiento humanistico ,conocimiento cientifico,nos falta todo lo imprescintible para tener una autonomia individual de criterio propio;teniendo esto ,el papatanismo y vasallaje creo que no ha lugar…….asi que viniendo de una sociedad sociologicamente franquista esto conlleva a una sociedad sin los condimentos cognitivos elementales de la persona humana,una educación antieducativa(para una gran mayoria).Si la Republica del 36 prosperase ,en teoria el españolito de a pie seria,quizás seria una persona de las personas que se pudiesen apoyar en las paredes de la Moncloa y en el Congreso de los Diputados sin complejos ,de la forma mas lógica y natural:
    Ahora también creo yo ,que el modelo de sociedad de libre mercado,capitalismo puro ,nos lleva lejos del campo de formación de la persona culta , autonoma e intelectual,ya que el Capitalismo creo que nos deforma y nos lleva a un mundo ficticio y egoista ,nos encarcela…..
    ¿No lo ven ustedes,vosotros,asi?..¿no?..pues adelante ,nutramonos del intercambio de nuestras cabezas pensantes….
    Apertas agarimosas

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