Entrevista en la caspa.tv

 Antonio Delgado ha colgado en su web la entrevista que hicimos antes del verano, y que le agradezco.  Hablamos de los blogs, del periodismo, de España, de Europa, de los políticos, de la sociedad, de la televisión… Y si me permitís un apunte coqueto:  fue antes de erradicar los estragos de peso ocasionados por mi fallido intento de dejar de fumar. Además, la tele engorda.

Si os apetece echarle un vistazo aquí está:

 

¿Adónde nos vamos?

Estoy planteándome mudarme. En lugar de seguir la utopía de cambiar lo que me rodea, cambiarme yo. De residencia. Elegid al azar -los no habituales- entradas de este blog y comprenderéis las razones –corrupción, tolerancia a la corrupción, incultura, elogio de la ignorancia, malas artes, demagogia, chapuza, señalados fracasos como país-. Los fijos lo sabéis y hasta pedís auxilio conmigo. Añadamos decepciones: la labor de intentar nuevas maneras que impriman un giro en la tendencia –aunque se demuestre una y otra vez errónea- choca con la realidad, apenas nadie quiere mover nada, ni toleran a quien lo osa. Y listos, aprovechados, cínicos, trepas, envidiosos, vanidosos, corruptos, indiferentes, dominan la situación. Parece que todo proyecto conjunto –desde la tópica asociación de vecinos a la organización política, económica o mediática del Estado- termina en lo que un amigo me definió muy gráficamente: “¿Sabes que es un camello? Un dromedario fabricado en equipo”.

Cambiar de ciudad o de país es una tarea compleja. Máxime cuando la cuenta bancaria no permite dispendios. Quemar las naves sin avistar tierra, una temeridad. Barajo opciones y veo lo que perdería y lo que ganaría, lo que ganaría pero también lo que perdería, lo que perdería, pero las ventajas que obtendría en el cambio, ahí giro y giro sin encontrar solución. Por eso hay que planificarlo bien. Con ayuda. La vuestra. Aún creo que hay gente diferente –lo veo aquí y en muchos otros lugares sin gran audiencia pública-, que quiere intentar nuevos métodos, atrapar ambiciones éticas, utilizar la imaginación, huir del tedio y el abotargamiento, ser feliz sin tener que avergonzarse de cómo contribuye a la injusticia. ¿Utopía? A lo mejor no tanto. Aún es posible fabricar camellos cuando el objetivo es fabricar camellos. Mi amigo José Antonio Rodríguez, está a punto de embarcar para Australia en su vuelta al mundo. Y es muy feliz.

¿Quién se viene? Estudiemos adónde. La prudencia no aconseja grandes choques, mejor un país de similar o superior desarrollo y en un aproximado entorno cultural. Europa, se me ocurre Europa. Porque para el EEUU de Obama es muy cara la mudanza incluso de lo más imprescindible. Imaginad. Poner la tele y que no aparezca Rajoy, ni Esperanza Aguirre, ni De Cospedal, ni Ana Rosa Quintana, ni «Lozanitos», ni Boris Izaguirre, ni un tal Risto o algo así, ni Belén Esteban, ni prácticamente ninguno de los políticos, periodistas y famosos españoles. Y que no griten los anuncios, que no ofendan el buen gusto. Saber que a los corruptos los llevan a la cárcel, que sus dictaduras –si las tuvieron- no quedan impunes, que los medios informativos son algo más responsables y veraces, que nadie, ni la Iglesia católica, se opone a que los niños estudien Educación para la Ciudadanía , clave para salir del hoyo bimilenario de la caspa, y que la sociedad clama porque así sea, que se compromete en la marcha del país con los codos, no con la boca. Países terminados, que funcionen, que no amparen la desidia. Sus políticos y sus errores serían suyos además, no nos dolerían tanto.

Fuera de los prejuicios que nos imbuyen, mi amiga Camino pasa temporadas en Berlín para ahorrar, dice. Pero, aún así, nuestros miserables sueldos y subsidios, nos plantean un problema. Entonces opto por Portugal, el elegante y sufrido vecino cuyo sueldo mínimo es –eso sí- la mitad que el nuestro, por eso los portugueses cruzan la frontera sólo para trabajar aquí, pero residen en su país. Están irrumpiendo los depredadores de la burbuja inmobiliaria española, pero a lo mejor aún llegamos a tiempo. Islandia podría ser un buen destino también. En la debacle financiera, daría las oportunidades de un nuevo Dorado, y en verano huimos del horno en el que llevamos viviendo –yo sí- hace más de 3 meses. La chimenea y la tertulia en invierno. Valoremos opciones, pros y contras. Dejemos a la una, grande y libre donde siempre estuvo hasta que se hunda.

Hay otra opción para no perder el supermercado de enfrente, los encantadores farmacéuticos, el emprendedor chico del videoclub, la listísima peluquera, el avispado quiosquero de periódicos, los buenos periodistas, incluso algún político bien intencionado, la gente que sin saberlo nos hace la vida cálida. ¿Cuál? Que se vayan ellos. Todos los racistas, populistas, desvergonzados, ultraderechistas, inmovilistas, clasistas, demagogos, botarates, engañabobos, bobos sumisos y adocenadados, ignorantes a propósito, horteras, tienen un sitio en Italia. Los problemas de racismo que sufran por ser extranjeros pueden serles muy instructivos. ¿No dicen que esto es una dictadura y les aprisionan rodillos, maquinarias y comandos? ¡que se vayan!, o pongámonos seriamente de acuerdo para echarlos. A la democracia perfecta de Berlusconi. Que vengan los italianos desesperados a emprender con nosotros la nueva tarea de reconstruir un país y convertirlo, al menos, en decente. Los gays ya lo han pedido.

Algo hay que hacer. Ninguno de nosotros puede irse solo, ni quedarse solo. Necesitamos calor, proyectos, imaginación, pasión, ideas, luchar por el periodismo, la ciencia, la educación, la justicia, todo el trabajo que contribuye a la mejora de la sociedad, dromedarios y camellos posibles. ¿Hay algo, muchas cosas, que no te guste? Empecemos de nuevo. Lo que no resisto más es la caspa y las dos Españas. Ni que una eminencia de la medicina, honrado y ético, me diga, con el gesto más triste que le he visto nunca: “Rosa, no vamos a cambiar el mundo”, porque, me cuentan otros, le ha humillado el diseño de sanidad especulativa de Esperanza Aguirre. Ahí he comprendido que la búsqueda de soluciones es urgente: ¿Adónde nos vamos? o ¿adónde les echamos?

¿Podemos seguir confiando en los economistas y en las versiones oficiales?

Varias preocupantes noticias económicas confluyen hoy. La producción industrial española ha bajado alrededor de un 17% en un año –según cabe deducir de las confusas redacciones que he leído de las cuales la más comprensible parece ser ésta-. Lleva 15 meses descendiendo y en Julio, último mes computado, ha acentuado esa caída. Los sectores más afectados: productos informáticos, electrónicos y ópticos, con una caída del 41,3%, y la confección de prendas de vestir (-35,8%). Es decir, lo que se produce fuera a precios altamente competitivos, debido a la explotación del mercado laboral chino y otros países emergentes.

Al mismo tiempo conocemos que España ha caído cuatro puestos entre los países más competitivos del mundo, situándose en el puesto número 33, de 133, según el informe del Foro Económico Mundial. Atención a quienes encabezan la lista: Suiza, EEUU, Singapur, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Alemania, Japón, Canadá y Holanda. Países estables, bien organizados, predominan los equilibrados y justos en el aspecto social, no está Francia. A España le adelanta la República Checa, y sobrepasa a Portugal, Polonia e Italia. Avanzan en tiempo record algunos países del Este de Europa e Italia corrobora su declive.

El mayor problema que observa en España el Fondo Económico Mundial es el «altamente inflexible mercado laboral», que sitúa en el puesto 122 del mundo y al que acusan de «desanimar la creación de empleo, un asunto de particular preocupación dado el reciente incremento del desempleo hasta el 19 por ciento, el mayor de la zona euro».

El informe también incluye una encuesta entre inversores y agentes económicos acerca de los mayores inconvenientes de hacer negocios en España: el acceso a la financiación (más del 25 por ciento de las respuestas), las restricciones de la legislación laboral (19 por ciento), la burocracia oficial ineficaz (14 por ciento) y la carga impositiva (8 por ciento) -¿la carga impositiva tributando un 1% a través de las SICAV?-.

Basada nuestra economía durante las últimas décadas en el turismo y la construcción, en la espectacular creación de empleo de la legislatura pasada, sólo el 5% fueron puestos de trabajo en la industria. Algunas empresas españolas triunfan fuera –Zara, Telefónica, los Bancos y los Clubes deportivos-, grandes productores de riqueza para el país, como se ve. Pero, además, apenas hay un centenar reconocidas internacionalmente, nuestras estrellas económicas representan un 2% de las marcas mundiales. Sólo hay tres entre las 100 grandes compañías mundiales. La primera en aparecer en la lista Forbes, es el Banco de Santander, que figura en el puesto número 58. Telefónica está en el 76 y Repsol YPF, en el 92 (estas dos últimas, empresas públicas hasta su privatización).

 “Una liturgia y un credo que nos llevan a la ruina”, titula hoy el editorial de El Mundo, resumiendo la posición conservadora. “En un corto espacio de tiempo el mundo ha descubierto dos cosas. Primero, que es más frágil y vulnerable de lo que creía. En segundo lugar, que también es más pobre de lo que pensaba”, escribía ayer en El País Oscar Fanjul. La defensa del fracasado modelo reinante no cesa. Los medios informativos, en manos de fervorosos del libre mercado, no nos van a contar otra cosa. El mundo siempre ha sido pobre -y lo es más aún ahora- para millones de personas que asume sin empacho el podrido sistema. Y a la ruina, compañeros de El Mundo, nos llevó el capitalismo. Y también avanzará en su desatino. Consideran problema sustancial el “inflexible mercado laboral”. Según datos del mes de Agosto, el número de mileuristas españoles ha aumentado vertiginosamente, ya son el 63% de la población trabajadora. A quienes, desde luego, se puede despedir sin cortapisas. Ahora bien, hay que pagarlo. Ése es el único problema, el enorme escollo.

La riqueza del capitalismo voraz nunca revirtió en la mayoría de los españoles. ¿Estarían dispuestos los empleadores a doblarnos el sueldo –para situarse en la media europea- a cambio de despedir sin apenas costo? No, aquí estamos sólo a las maduras. Los españoles -junto a portugueses, griegos y ex soviéticos-, somos los chinos de Europa.

Economía sumergida, evasión fiscal, lastran el problema. Una burbuja inmobiliaria ya explotada y en la cara de la sociedad, y otra –la del turismo- muy en precario porque, como todo inculto nuevo rico, no se pensó en el futuro y también está dejando de ser competitivo: cemento en las playas, altos precios y poca profesionalidad y amabilidad, según citan los que ya no vienen.

Nada se consigue mirando atrás y lamentándose, lo que hay que afrontar es el presente tal como está y sus problemas. El Banco Central Europeo aconseja a España reducir gastos en lugar de subir impuestos. Los sesudos economistas nos han llevado a la ruina. Lo sensato, piensa un mortal cualquiera, es actuar en ambos sentidos. Que el número de funcionarios de la ineficaz administración española –estatatal, autonómica, provincial y local- ha aumentado en más de cien mil personas y representan ya casi el 20% de la población activa, es un auténtico desatino. Pero el desequilibrado sistema impositivo español, una injusticia.

No es tarea fácil arreglar este desastre. En mi opinión, es una cuestión de Estado, pero el Estado, la sociedad, no es la principal preocupación de los conservadores. Tendremos que ser nosotros mismos quienes velemos por nuestros intereses. Una sociedad madura afronta sus problemas y asume sus responsabilidades.

Privatiza y no mires atrás

Telefónica ha firmado un acuerdo para ampliar su participación en el inmenso mercado chino y ha abierto la puerta a China Unicom para que entre en la multinacional española y su negocio. Ambas operaciones supondrán un desembolso de alrededor de 1.000 millones de dólares (700 millones de euros) para cada operadora.

Telefónica fue una de las llamadas “cinco joyas de la corona” que José María Aznar, como presidente del Gobierno español, privatizó o terminó de privatizar hasta perder el control del Estado sobre ellas que hasta entonces se mantenía, para pasar íntegramente a manos particulares. Las otras cuatro fueron ENDESA –hoy de propiedad italiana, pero controlada por el gobierno, en este caso de Berlusconi-, Tabacalera, REPSOL, y Argentaria (que se uniría al BBV para formar uno de los bancos más fuertes de España con gran proyección internacional).

El valor de estas cinco ventas se calculó en más de seis billones de pesetas (6,39), más de 38 mil millones de euros, una buena inyección para las arcas públicas. Nunca supimos en qué se invirtieron, pero sí que Aznar bajó el gasto social español, hasta dejarnos en uno de los últimos lugares de Europa. Aún con el esfuerzo hecho en las dos legislaturas socialistas, todavía estamos 7 puntos por debajo de la media europea. Y cito otro ejemplo de cómo no se inviertieron las ganancias en los ciudadanos: si Zapatero ha subido las pensiones un 30% y siguen siendo miserables ¿dónde estaban con el PP?

Estas cinco empresas dejaron de prestar el servicio público que constituía su objetivo y, también, de generar beneficios para el Estado y, por tanto, para la sociedad. Productoras de electricidad, petróleo y telecomunicaciones, un banco ¿no nos hubiera gustado a nosotros, a los ciudadanos representados por el Gobierno,  suscribir ese acuerdo con los chinos?

  Es cierto que la medida de Aznar se inscribía en la tendencia mundial de la privatización, del neoliberalismo obstinado en adelgazar al Estado. A ese ente al que han recurrido para mantenerse en la crisis generada por ellos, sin que -asombrosamente- se haya puesto en cuestión el modelo, todo lo contrario. La izquierda anunció recursos contra las privatizaciones del PP de Aznar que IU llegaría a presentar pero fueron desestimados. Los patriotas empresarios españoles, entretanto, compraron, vendieron, se fusionaron o ampliaron con quien mejor les pareció para incrementar su negocio (véase el caso de ENDESA).  Y en esa época comenzó la fiebre liberalizadora madre de todas las burbujas que hoy asolan nuestra economía.

La noticia de la expansión y éxito de Telefónica, la antigua empresa pública española, coincide con otra: el PP presenta –lo ha hecho este domingo- una campaña contra la “presunta” subida de impuestos a los más ricos –aún sin definir- con este eslogan: «Tú no tienes que pagar los errores de Zapatero«. Y me pregunto si tamaña demagogia y desfachatez va dirigida a la ignorancia o a la desmemoria colectiva. De lo que me cabe poca duda es de que triunfará. Y en un momento crítico para España.

La ministra de sanidad ha creado una epidemia de miedo dice Rita Barberá

«No tiene ningún derecho a crear una epidemia de miedo con la salud de los españoles y eso es de dimisión», ha dicho Rita Barberá alcadesa de Valencia.

¿Pedirá el PP trajes gratis para los menores?

El Partido Popular quiere llevar a la cárcel a esos niños a los que llama menores a partir de los 12 años, rebajando la edad de responsabilidad penal. Va a plantear también que hasta los 18 años se vean obligados a entrar en las redes sociales con autorización paterna. Ya no cuando puedan votar.  Estas propuestas figuran en un documento de la página web del PP de 3/9/2009. Aunque ahora dicen, en un comentario de un blog, no oficialmente, que, en cuanto a la restriccion de acceso a las redes sociales,  «han metido la pata».

Los niños españoles se ven lastrados por la escala de valores de sus mayores, por que apenas les ven y creen compensar el abandono malcriándolos y, según se mire, sobornándolos. Destacó algunos datos significativos de esta noticia que guardé:

 El 27% de los niños se sienten solos al llegar a casa, y se enganchan para olvidarlo a videojuegos, televisión o teléfono móvil. De este útil aparatito disponen el 43% por ciento de los críos entre 6 y 11 años -¿No es un poquito excesivo?-. Un 17% no ven a sus padres en todo el día, porque no están cuando vuelven del colegio. Los horarios laborales españoles, la precariedad de nuestro trabajo pueden explicarlo que no justificarlo. Las prioridades paternas entran también en la escala de valores.

Ahondemos en ella desde el punto de vista político. Por ejemplo, la escala de valores que enseña en la práctica el Partido Popular promotor de las medidas:

Un político, varios políticos, reciben regalos de una trama corrupta, según una sentencia (formulada por amigos de los implicados) que estima que tal situación existe pero no es punible. Y archiva la causa.

Es decir, que recibir regalos no implica necesariamente contraprestaciones a la trama corrupta. No olvidemos que los regalos no los ha hecho personas de trayectoria impoluta que, éstos, han sido imputados en el caso Gürtel.

La reacción del Partido Popular, antes de conocer el resultado de los recursos a la decisión de archivar la causa, es el apoyo incondicional, incluso con una gran fiesta.

Los niños españoles –y los adultos- ven que siendo político se reciben regalos, que se puede mentir sobre ello sin que ocurra absolutamente nada desde un punto de vista ético, que –por ende- les hacen una fiesta multitudinaria y todo el mundo les da besos y abrazos. Y que tener amigos es un tesoro.

Si –previsiblemente en el gobierno- el PP encarcela a los niños a partir de los 12 años y exige permiso paterno -o no- para entrar en las redes sociales hasta los 18 años –vía móvil imagino, dado que apenas les ven- ¿completará el ideario?

Trajes gratis para todos los menores –a lo mejor así sus padres tienen que trabajar menos y pueden ocuparse más de ellos-. Bolsos de Louis Vuitton para las nenas para que aprendan el valor de lo importante y no lo accesorio. Y muchos, muchos amigos útiles, Con permiso paterno -o no-,  cuando intenten buscarlos por Internet.

El tema es algo más serio que el garrote y tentetieso como solución.

 Y a quien me acuse de demagogia, le recuerdo cómo define la Real Academia de la Lengua la palabra:

1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.

2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

De Cospedal, para el amor no hay edades

Pocos dirían al ver a María Dolores De Cospedal, número 2 del PP, defendiendo ante los medios sus conocidos postulados, que en apenas 24 horas se casa. Lo hace –y esto no son “ecos de sociedad”- con Ignacio López del Hierro, un señor de 62 años -18 más que ella- que, según estimaciones de El Mundo -que de capitales sabe-, se embolsa cada año un millón de euros. Es consejero o asesor de importantes empresas, un trabajo de gran responsabilidad que, pese a todo, deja bastante tiempo libre.

Siempre me ha llamado la atención la fascinación que ejercen los sesentones –preferentemente adinerados- sobre mujeres de toda edad, aunque, como en el caso de De Cospedal, tengan su propia carrera. «La dote de la novia tampoco es escasa, pero dista mucho de esos ingresos», aclara El Mundo en relacióna ese millón de euros que obtiene el novio. No sé si tendrá algo que ver.

Son muchos los hombres conocidos que se sienten rejuvenecer en los brazos de una pareja que acudía al parvulario cuando ellos ya descubrían el sublime sentimiento del amor, o los ardores del sexo. Mi amigo, y compañero de RTVE, Luis de Benito, en otro de mis libros, destacaba el fenómeno que se produjo en la famosa transición. “Con la llegada del divorcio progres y no progres, cambiaron a sus mujeres por chicas jóvenes y dejaron a una generación de mujeres que tenían 40 ó 50 años muy perdidas”. El precio de la libertad fue para las mujeres la soledad, no para los hombres.

Les quedaban -y parece que siempre les quedarán- los sesentones. Dos de mis mejores amigos lo son, además de solteros. A los 40 ya me manifestaban su preocupación por cómo se les pasaba el arroz y dispondrían de menos oportunidades, uno de ellos sobre todo que idolatra la juventud femenina. Ahora casi no recuerdan aquel temor. Ni mucho menos en la indigencia, no atesoran tan abultadas carteras como quienes vemos reflejados en los medios, pero igual cosechan éxito entre numerosas mujeres, incluso ubicadas en la veintena. Sus coetáneas, las de mis amigos,  habrán de esperar a la repesca del asilo para volver a experimentar dulces pasiones. Allí sí, los abuelos tienen muy claro que ya no pueden andar con melindres y desperdiciar ni una sola de las oportunidades que se les brinden. Entre apósitos, dolores de espalda, y pastillas para el colesterol, apuran la vida al límite.

Un caballero a quien conocí, de mi edad, tuvo a bien explicarme el gran misterio que no lograba entender. Con gesto de superioridad, como si hablara con alguien que desconoce lo más elemental, me dijo: “es que ellas saben apreciar lo que ofrecemos: inteligencia, experiencia, madurez, seguridad”… “¿Lo mismo que las mujeres en la cincuentena?”, osé replicar. Convino él -fulminándome con su desprecio- que “no es lo mismo”. Y veo que no. El físico deteriorado es en las mujeres un impedimento que no se aprecia en los hombres. Especialmente, si ganan un millón de euros o incluso algo menos. ¿En que lugar nos deja? En el de siempre, eso es inamovible. La mujer ha engordado y adelgazado toda la vida al ritmo que le han impuesto desde afuera, y, siempre, ha tenido que ser joven y bella. El hombre sólo parece precisar -para optar a lo que quiera-  la aportación de… «seguridad».

Cada vez más mujeres están rompiendo las barreras de la edad y de los convencionalismos sociales, pero la mayoría –ésa que sirve para sustentar teorías-, a partir de los 40, corre a embutirse de botox, a tumbarse en un quirófano para que el bisturí levante todo lo que la ley de la gravedad empuja hacia abajo, tratando de mantener una falsa apariencia de juventud –ese sobrevalorado estadio de la vida-. Sólo hasta entonces es competitiva en el mercado de las relaciones. Su inteligencia, experiencia, madurez y seguridad, no son bienes tan valorados como en el hombre. Quizás sí la “seguridad”: apestando a dinero la arruga femenina se disipa un tanto, la masculina se enaltece.

Se trata de compartir la vida, las ideas, las costumbres, los recuerdos, los proyectos, la cama, los fluidos corporales… y ahí los hombres sesentones adinerados no tienen rival. Tanto menos, cuanto más abultado son su paquete de acciones y sus cuentas bancarias. ¿O no?

¿Hay algo reprobable en ello? ¿Por qué parte? ¿Por la del hombre que elige una mujer más joven y la encuentra? ¿Por la de la mujer que se compromete con la vida y la cama de un hombre mucho mayor que ella a cambio de la inteligencia, experiencia, madurez y seguridad que se le suponen? ¿Una transacción e intercambio de intereses? ¿Contribuye por un casual a pertetuar el papel de objeto de la mujer? Nada de eso, es el amor y sus insondables mecanismos que no conocen barreras.

¿Quién ha ganado en Japón? ¿Y en España?

Según los sondeos, el Partido Democrático de Japón ha ganado –y por mayoría absoluta- los comicios en aquel país, acabando con 54 años de hegemonía conservadora. Este partido fue fundado en 1998 como unión de 4 formaciones de centro izquierda. Aunque, Yukio Hatoyama, el futuro presidente, pertenece a una rica dinastía -política y financiera- comparada con los Kennedy.

El País: La oposición obtiene una victoria histórica en Japón

El Mundo: Los conservadores pierden el poder en Japón tras 54 años

La Vanguardia: El triunfo de la oposición pone fin a la hegemonía conservadora

ABC: Histórica victoria socialdemócrata en Japón

Público: Se confirma el cambio histórico en Japón

La Razón: Cambio histórico en Japón: el opositor Partido Democrático gana los comicios con mayoría absoluta

20 Minutos: Japón vive un cambio histórico. Titular de portada que luego amplia en la noticia.

Soitu: El centro-izquierda nipón logra una aplastante victoria en las legislativas

¿Qué es lo que me temo a la vista de estos titulares? Que este lunes -salvo alguna excepción-, titulares, editoriales, políticos, comentaristas y opinadores, arrimarán el ascua a su sardina en clave interna. Para unos, habrá triunfado «la oposición», porque «la oposición» triunfa en tiempos de crisis. Para otros, habrán barrido en las urnas  los socialdemócratas, porque es la tendencia. El «cambio histórico» es Obama.

    ¡Qué pereza! ¡Qué inmensa pereza me da Septiembre! Y Octubre, noviembre, diciembre…

¡Que vienen, que vienen!

Se inicia con los Sanfermines y termina con la Tomatina, dos edificantes muestras de la elegancia popular española. Entre la sangre de los toros y la de los tomates transcurre el verano. Los políticos se broncean, algunos emulando a los sufridos ciudadanos de Botswana, y, en el caso de los del PP, la estética –y los modos- de Zaplana. Casi todos los ciudadanos se broncean y regresan a atestar de tráfico las ciudades, las tiendas, el aire. Ya están aquí, han vuelto. Nadie nos librará por 9 meses, con ligeros paréntesis.

La primera fruta del nuevo curso en caer ha sido Esperanza Aguirre hablando de las escuchas, enterradas en su ausencia por su partido.

Han vuelto… ¿O no?

El índice de sentimiento económico

He descubierto un nuevo modismo, o eufemismo (los paren con fruición). Leo que –noticia de ahora mismo- “el índice de sentimiento económico de la zona euro se incrementó en agosto por quinto mes consecutivo”. Busco y averiguo que se trata de un indicador que parece haberse inventado la UE en su eterno empeño de «acercar Europa a los ciudadanos», tarea en la que lleva –por este camino- no menos de 30 años, sin éxito alguno.

Bien, esto encuentro: “El Indicador de Sentimiento Económico (ESI) es un indicador sintético compuesto por cinco indicadores de confianza sectoriales con distinta ponderación: indicador de confianza industrial (40%), indicador de confianza del sector servicios (30%), indicador de confianza de la construcción (5%), indicador de confianza de los consumidores (20%) e indicador de confianza del comercio minorista (5%). Los indicadores de confianza son medidas aritméticas ajustadas a la estacionalidad de los datos obtenidos de una encuesta con preguntas específicas de cada sector. El ESI se calcula como un índice con valor medio cien y una desviación de 10 durante un determinado periodo de muestreo (1990-2008)”.

“La economía tiene sentimientos”, me he dicho alborozada. Pero no estoy nada segura. Hace poco han inventado mascotas robóticas para los ancianos, en este caso nos encontramos con sentimientos “sintéticos”, artificiales, fabricados. ¿Pueden existir los sentimientos sintéticos? Sí, para ocultar la realidad.

En la inmensa tomadura de pelo a la que está sometida la ciudadanía, despuntan indicios de que la crisis empieza remontarse. Y sólo con eso suben los precios de los alimentos y los carburantes, situación exactamente igual en la que nos encontrábamos justo antes de su inicio, antes de la caída de Lehman Brothers y demás compañías.

Por cierto, el sentimiento económico mejora, nos dicen. Incluso en la España acosada por malas noticias. Copio:

«La mayor parte de los países miembros de la UE registraron mejoras en el sentimiento económico, liderados por Reino Unido (9,7 puntos), Países Bajos (7,6) y Alemania (5,1). También se registraron incrementos «notables» en Polonia (4,5), Italia (3,8) y España (2,9)».

¿Habrán llevado a la economía al psiquiatra? Buena falta haría. O al juzgado.