Economía de guerra

“¿Dónde hay que firmar? ¿Dónde hay que ir (físicamente hablando), coger pico y pala, arremangarse y empezar…?” (…) “He llegado a un punto de desánimo tal, que me agarro a lo primero (o al primero) que me dé esperanzas, me merezca credibilidad y sienta que, siguiendo sus ideas, llegaremos a algo sólido y bien hecho”. Lo dice Arturo Espada en los comentarios de la entrada anterior, y me estremezco en el cíclico desconcierto que a todos, con cierta conciencia, nos acomete alguna vez. Está todo previsto y diseñado desde despachos privados que desconocemos.

La escritora y catedrática de economía canadiense Naomi Klein se cansa de dar gritos en el aire –con notable éxito editorial sin embargo- difundiendo el resultado de sus investigaciones. “La doctrina del Shock (el auge del capitalismo del desastre)”, Ediciones Paidós, contiene un cumplido análisis del problema. “Para nosotros, el miedo y el desorden representaban una verdadera promesa”, dice un ex agente de la CIA, Mike Battles, en un artículo publicado en el Wall Street Journal (aludiendo a la invasión de Irak). Para Klein, “sus palabras podrían constituir el slogan del capitalismo contemporáneo: el miedo y el desorden como catalizador de un nuevo salto hacia delante”.

Aquí no ha pasado nada, no nos engañemos. Hasta Angela Merkel alertaba esta semana del regreso a la “vieja arrogancia” de los bancos (léase empresas, gestores del capitalismo, partidos conservadores y hasta socialdemócratas acomplejados). La crisis provocada por ellos nos ha ahogado un poco más en el bolsillo, pero, especialmente, en el ánimo. El miedo como instrumento para desactivarnos, para hacernos más dóciles.

Padecemos hoy una nueva economía de guerra. Vivir como si fuera el último día de nuestra vida en lugar del primero, que son dos actitudes encontradas con las que uno afronta el presente y el futuro. Aceptar trabajos, remuneraciones, condiciones laborales, precios, que jamás se hubieran contemplado en otras situaciones. Agarrarse al clavo ardiendo de los visionarios de todo tipo, políticos y magos. ¿Queréis creer que hasta en El Corte Inglés vi el otro día un cartel que remitía a un puesto de tarot y quiromancia en alguna planta?

El sistema capitalista que vivimos está tan enfermo como el comunista que se escondía tras el Muro de Berlín –lo comenté el otro día en la SER-. Y su nomenclatura se atrinchera en el poder tanto como lo hacían los diferentes “Politsburós”. La enorme dificultad es que a estos prácticamente no les conocemos, no les vemos la cara. Y el dinero parece ser motor más decisivo que el poder aparente. A los políticos les tienen amarrados con créditos. ¿Se puede operar ese enorme cáncer desde un país del sur de Europa, corrupto, analfabeto estructural y con un pasado dictatorial que hunde sus raíces en el presente?

La Wikipedia cita prometedores nombres en el llamado movimiento antiglobalización o antisistema. No os asuste la denominación, ni las imágenes de las teles en las que sólo muestran a exaltados tirando piedras, somos antisistema muchos más de los que creemos. De un saco altamente heterodoxo, entresaco algunos:

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, fundador de ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones Financieras Especulativas para Ayuda a los Ciudadanos) y promotor del Foro Social de Porto Alegre.

Naomi Klein, escritora del famoso libro No Logo.

Susan George, directora asociada del Instituto Transnacional de Ámsterdam y vicepresidenta de ATTAC en Francia y autora de “Informe Lugano”.

Noam Chomsky, gran lingüista y duro crítico de la política exterior de EE.UU. Web oficial.

José Bové, líder agrosindicalista francés muy crítico con el sistema  alimentario mundial, eurodiputado francés.

Michael Moore, documentalista.

Arundhati Roy, escritora y activista india.

Carlos Taibo, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y escritor de temas geopolíticos de actualidad.

Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el “Derecho a la Alimentación” y profesor de sociología.

Walden Bello, director ejecutivo del instituto “Focus on the Global South” por la democratización de la economía global con sede en Tailandia.

Hazel Henderson, experta en el desarrollo humano sostenible.

Diane Matte, miembro de la “Marcha Mundial de las Mujeres”, experta en el impacto que la globalización tiene en este sector de la población.

Trevor Wanek, de Soweto, Johannesburgo, Sudáfrica, es miembro del “Centro de desarrollo e información alternativos por la condonación de la deuda”.

Fred Azcárate, director ejecutivo de “Trabajo con Justicia” en EE. UU.

Njoki Njehu, director de la ONG norteamericana “50 years is enough” en EE. UU. Es un colectivo que trabaja por la transformación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Serge Latouche, es un economista francés, ideólogo del Decrecimiento.

Yo añadiría a José Luís Sampedro y a José Saramago.

Y luego está la gente, la sociedad, aquí y allá, cada vez más harta. El capitalismo caerá con toda seguridad, por la rebelión de los desesperados o por propia consunción como le pasó al mundo irreal que había tras el Telón de Acero. Reavivado hoy, tardará 5 años, 10, 50, o 100, pero caerá. La información libre puede hacer mucho por acelerar el proceso. La sociedad tiene que tomar de una vez por todas, su papel protagonista en la Historia. Vivimos en una economía de guerra, pero la guerra es contra nosotros.

3 comentarios

  1. Yo también firmo donde haya que firmar, ir a donde haya que ir, arremangarme y coger pico y pala….pero me temo que no somos los suficientes. Una parte de la sociedad es cómplice de muchos de los males que nos aquejan, dando los votos a quien les interesa que la situación está así.
    El tiempo de las revoluciones ya pasó porque en general, la mayoría de la sociedad está dormida y anestesiada, insísto una vez más, con el futbol y la telebasura.

    En cuanto al listado de nombres propios que están en la lucha, pregúntales a cualquier “cani” o “merdellón” quiénes son; que igual se piensa que alguno de ellos será el nuevo novio de la Belén Estéban. Pero no hay que irse a casos extremos: si en mi entorno yo me pongo a hablar de esas personalidades, lo más probable es que me tomen por un friki y me miren con cara de póquer. Para mantener cualquier conversación hay que hablar de banalidades, de la liga, del Madrid, del Sporting, de Fernando Alonso o del cotilleo.

    Tan sólo una anécdota de ayer mismo:
    Siempre que puedo y las circunstancias me lo permiten uso la bicicleta para ir a trabajar en vez de el coche, o hacer los recados o ir de excursión. Me ahorro dinero en combustible (en distancias cortas y en urbano me gasta el doble que en carretera o autovía), hago ejercicio y no contamino. Tan sólo por eso muchas personas me ven como un bicho raro, como un estraterrestre.

    Pues bien, ayer a la salida del trabajo comenté que iba a ir a un pueblo cercano que se celebraba un mercadillo medioval, situado tan sólo a 2kms por una carretera local. “¿Y vas a ir en bici?”, “Sí, claro” contesté. Intercambio de miradas entre dos personas que no daban credibilidad seguido del siguiente comentario de la persona que me hizo la pregunta: “Es que tu eres muy ‘singular'”

    Vaya por Dios. Se hacen el Camino de Santiago desde Francia en bici o caminando que es más duro. Muchos viajeros y cicloturistas recorren el mundo en bici. Hacen la Vuesta a España, El Tour de Francia o el Giro de Italia. En paises avanzados utilizan la bicicleta como transporte…y la uso yo y soy muy “singular”.

    Esa misma persona que me dijo eso (una mujer), hace dos semanas, cuando comenté que había pillado en una oferta de edición coleccionista un DVD de la película Los Santos Inocentes basada en la novela de Miguel Delibes no tenía ni puta idea de lo que estaba hablando. Vamos, como para hablarle de Arundhati Roy, de Hazel Henderson o de Diane Matte, entonces ya me toma como un loco de remate.

  2. Alvaro

     /  23 agosto 2009

    Es triste pero es así, la gran desgracia de situaciones de este tipo y más recién despertados del sueño en que todos éramos cada día más ricos, es que el miedo al cambio, la inercia social y el desconocimiento general de alternativas posibles hacen difícil que la gente vea las posibilidades de mejora y se cuestione el orden establecido. Si se habla del movimiento altermundista a gran parte de la gente, al menos en los ambientes en los que yo me muevo, no saben nada del tema y si les empiezas a comentar algo, rápidamente lo asocian con “movimientos antisistema de jóvenes desorientados”, pasando a no prestar atención a lo que se les pueda comentar, pues han catalogado mentalmente tus ideas de la forma más cómoda para no cuestionarse nada.

  3. NadieOsSalvará

     /  23 agosto 2009

    Es preciso, me temo, volver de nuevo a los olvidados términos del materialismo histórico…que tanto se esfuerzan por obviar los autores anti-globalización, debido a no sé qué extraño complejo…del público en general. En cierta manera, muchos de esos teóricos (o sus editores, quizá) temen que el número de ventas de ejemplares de sus libros disminuya a la mitad cada vez que aparezca la palabra “marxismo”: sé que esto es cínico, pero, aun así, es lo que hay.

    Para empezar: Un breve vistazo a la historia de la humanidad nos informa de que, tristemente, los sistemas económicos, sociales y políticos no caen por ser terriblemente injustos y que todo el mundo tenga constancia de ello: caen porque son INVIABLES. El capitalismo es un sistema -a diferencia de,por ejemplo, el esclavismo agrario del Egipto antiguo- dinámico: se basa en la expansión infinita, y dado que los recursos mundiales son, hoy por hoy, finitos, TIENE necesariamente que caer, tarde o temprano. La verdadera cuestión es “¿Qué lo reemplazará”? La necesidad histórica del advenimiento del socialismo (en el sentido antiguo, no confundir con la utilización del término actual en Europa) es uno de los puntos más frágiles del materialismo dialéctico. De hecho, casi todos los datos de que disponemos parecen negarlo.

    Por tanto, el antiguo dilema de Rosa de Luxemburgo vuelve a presentarse: “Socialismo o Barbarie”. Que la barbarie avanza, me parece que es evidente para un espíritu medianamente crítico, aunque pasarán décadas antes de que se certifique por los historiadores. ¿Qué hacemos, pues, para evitarla ¿Adquirirá Europa parámetros económicos, sociales y políticos propios de, por poner un ejemplo, Ecuador, antes de que se de cuenta de la sangrante realidad? ¿Volverá el fascismo, que en esencia no es sino la respuesta psicológica al pánico que esta posible depauperación general podría acarrear?

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