Yo también quiero mi SICAV

CAMISETAsicav 

  Son un selecto club de poco más de tres mil personas. Y reúnen un capital de casi 25.000 millones euros. Con diversos accionistas que amplían los beneficiarios hasta unos 400.000, atesoran ellos solos un capital mobiliario similar al que disponen los 17 millones de hogares que existen en España, según la última EPA. El trimestre pasado, en plena crisis, con esos cuatro millones y pico de parados que nos agobian, han logrado un 8% más de beneficios. Pero en lugar de tributar al 30% -como buena parte de los españoles- o al 18% ahora, y al 21%  cuando se aplique la subida a las rentas del capital, lo hacen al 1%. En los últimos cinco años han ganado  8.000 millones de euros y han pagado 56 de impuestos.  Son los dueños de las SICAV,  sociedades de inversión de capital variable -variable siempre hacia arriba-.

   El País nos desvela hoy que, además, han inventado unos pequeños trucos que todavía les permiten tributar menos: reducen el capital.  

   “La reducción de capital obliga a tributar sólo por el impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, modalidad operaciones societarias, a un tipo que oscila entre el 0,5% y el 1%, dependiendo de la comunidad autónoma en la que están inscritas. Si el accionista de una Sicav, en lugar de rescatar su dinero a través de una reducción de capital con devolución de aportaciones lo hiciera mediante la liquidación de la sociedad, el cobro de dividendos o la venta en el mercado de sus acciones tendría que afrontar una tributación por las plusvalías que esta operación acarrease del 18% actualmente y de hasta el 21% cuando entren en vigor los cambios fiscales sobre el ahorro anunciados”, explica el periodista David Fernández. Y pone el ejemplo de Amancio Ortega, el hombre más rico de España, privilegiado socio de la lista Forbes de multimillonarios, que quita de aquí, pone allá, para pagar menos. Como todos, sólo que hablamos de cantidades astronómicas y de estrategias muy elaboradas.

  A los accionistas de SICAV los gobiernos los tratan muy bien, porque temen que –aunque son muy patriotas y muy españoles la mayoría de ellos- se vayan con el dinero a otro país. Ya manufacturan sus productos algunos de ellos en paraísos del incivismo laboral, pero es que podrían llevarse las cuentas corrientes de los bancos y la titularidad de sus empresas. Y por ahí no podemos pasar.

   Así que «yo también quiero mi SICAV». Los atropellos sufridos me están haciendo sentar la cabeza, y voy a ver de aminorar estos molestos prejuicios éticos que me aquejan. Quiero llevar una melena jugosa alimentada con ricos productos -dado mi sexo, porque calva y bajita es más difícil-, comer a diario en Horcher o similares, salir en los periódicos –poco, siempre venerada y elegante-, viajar, ir a fiestas, y figurar en las listas de Forbes que me aportaría un círculo internacional, cosmoplita, y muy selecto. Quiero, sobre todo, que no me atraque Hacienda. Y que me respete, que una tiene su corazoncito.

  Varios amigos habéis pedido también vuestra SICAV, con todo el derecho, en los post en los que he aludido al tema. De hecho, la frase con la que hoy titulo, la sintetizó Viator, con el que, honestamente, repartiré beneficios. Así que Davalon ha elaborado la camiseta que os presento. Muy «casual», con estilo. Busquemos una fábrica en Taiwan o China que nos la fabrique en serie y cantidades industriales. Salgamos a la calle con ella. Vayamos a las agencias tributarias con ella, a todos los organismos oficiales. Usémosla los miembros de los 17 millones de hogares que apenas llegamos a reunir el capital de los dueños de las actuales SICAV españolas. Todos sin pagar. Que se construyan solas las carreteras, la sanidad, la educación, la cultura, que funcione aún menos esa molesta justicia.  Y que nadie nos copie la idea que le meto un pleito de campanillas, contratando los mejores despachos de abogados que pronto ya podré pagar. Derechos reservados.  Liberalismo.  Anarquía multimillonaria. SICAVs. Y es que como me enfade –aún más- me voy de este país. Aviso.

Los españoles profundamente preocupados por quienes carecen de recursos

Los españoles empiezan a mostrar rasgos de solidaridad desconocidos hasta ahora. Sólo eso cabe deducir de que el 81% considere que la situación económica de nuestro país es mala o muy mala, cuando prácticamente los mismos, el 80%, estima que la suya personal es buena o muy buena. El dato lo ha dado a conocer Iñaki Gabilondo en su informativo de Cuatro, ya que la encuesta para El País no lo facilita específicamente. Cuando hace un año repasaba el cierre de mi último libro reparé en este hecho. Para el 55,1% de los españoles, según el Publiscopio de Público (Junio 2008), era mala o muy mala, cifra similar a la que daba el barómetro del CIS. Pero el diario añadía la pregunta de cómo veían su propia situación económica personal, y ahí la encontraban “mala” o “muy mala” sólo el 18.5%. A mediados de Julio, El País repite la cuestión. Ya son el 75% por ciento los que definen con los peores calificativos a nuestra economía, pero los que afirman ser afectados por una mala situación son el 24%.

Sólo cabe pensar, por tanto, que quienes no viven agobiados por el dinero, están seriamente preocupados por quienes padecen penurias. Y esto es nuevo, en un país que declara aceptar mejor la corrupción que la subida de impuestos. Que si no les suben los impuestos -o les dicen que no se los suben aunque hagan lo contrario- pasan por alto la corrupción. Otro dato significativo es que ese empeoramiento de la percepción habría aumentado relativamente poco. 

Ahora bien, como os comentaba ayer, Fermín Bouza, Catedrático de Sociología/Opinión Pública en la Facultad de Ciencias de la Información de la Facultad Complutense de Madrid, lo ha estudiado en su blog, y con él contesta a mis preguntas. La encuesta de El País, cuya muestra técnica no figura ya en el archivo, está basada en una muestra de 501 entrevistas telefónicas, con un margen de error del +/- 4,5. Bouza dice:

“Las muestras pequeñas están muy bien para el marketing: son baratas y uno se queda con la horquilla más baja del error estadístico. Es lo habitual: nunca nos equivocamos. Para esto bastan muestras telefónicas de cien sujetos y un error +/- 10”.

Profundamente aficionada –incluso con algunos cursos de sociología- a conocer el estado de opinión de la sociedad, me llamó la atención en su día cómo las preocupaciones de los españoles coincidían con las primeras páginas de los periódicos. Estaban siendo, entonces, el terrorismo –con pocas víctimas-, la inmigración –cuando llegaban pateras- y el paro y la situación económica –con el inicio de la crisis-. Y un sociólogo del CIS corroboró esa influencia de los medios en crear opinión de alarma. Ellos dirán que es al revés, que reflejan lo que siente la sociedad, pero los hechos demuestran que no siempre es así.

Más de cuatro millones de parados y la perspectiva de alcanzar los cinco millones justifican cualquier preocupación. Poca hay realmente para lo que esto supone, en especial en quienes detentan la capacidad de crear y mantener empleo. También el aumento del mal endémico español: la economía sumergida que supone ya el 23% del PIB,  ése no es el camino. Pero, una vez más, hay que alertar a la sociedad de que busque datos reales para inquietarse o dejar de hacerlo, que deslinde el grano de la paja.

 ¿Por qué el 80% de los españoles (sin problemas económicos personales) piensa que la situación es mala o muy mala? ¿Solidaridad? ¿Qué “todo el mundo” lo dice?  Sacad vuetras propias conclusiones. Pero creo que los problemas que vivimos son lo bastante serios como para requerir responsabilidad.

Cuando no se necesita pensar en Europa

Toca hablar de Europa. Sucede de vez en cuando para después sumirla en el olvido por largo tiempo. Los irlandeses han votado mayoritariamente el Tratado de Lisboa, después de haberlo rechazado en 2008. Cierto que Bruselas les ha hecho algunas concesiones para limar asperezas, pero en el ánimo de los ciudadanos ha pesado por encima de todo que, fuera de la UE y del euro, hace mucho frío. Aquellos que apuntalaron su desbordante milagro económico, pueden seguir ayudándoles a salir de la crisis. Implora Islandia su acceso por idénticas razones: su debacle financiera desde el Olimpo no se hubiera producido -o hubiera sido menor- de pertenecer a la Unión.

  Pero, en contra de todo camino de progreso, el Presidente checo –que presidió el primer semestre europeo para más escarnio,- el euroretrógrado Václav Klaus, retrasa la firma del acuerdo para irritación de su propio gobierno, y el polaco, uno de los pintorescos hermanos Kaczynski, también.  Aunque parece que éste será convencido antes.

  La vieja, sólida y democrática Europa decidió organizarse hace más de medio siglo para ahondar y mantener sus principios. Han pasado casi otras bodas de plata desde que, con nuestra entrada y la de Portugal, se formó la fructífera Europa de los Quince. Pues bien, las Instituciones comunes todavía no han logrado superar su “problema de comunicación con los ciudadanos”. Asociaciones de todo tipo, en ingente número, detallan ante reducidos y entregados auditorios lo mucho que Europa influye –que lo hace- en nuestras vidas y cuánto la necesitamos. Y sigue la incomunicación. ¿Por otro medio siglo más? ¿Uno completo?

   El Tratado de Lisboa fue la alternativa a la Constitución que no prosperó por el vetó francés y holandés. La consideraron demasiado conservadora. Un texto farragoso -como todo lo que menta, la UE-, nos hace sin embargo ver en él algunos avances operativos.

Se va a asemejar más al funcionamiento de un organismo compacto. Habrá un presidente fijo –durante dos años y medio prorrogables-, el Alto Representante para la Política Exterior –puesto que hoy ocupa el español Javier Solana- se ve reforzado, también el Parlamento al que se equipara en su poder decisorio al auténtico órgano fuerte de Europa: el Consejo, formado por los jefes de Estado y de gobierno nacionales. Más papel también para los Parlamentos nacionales, u otro sistema de voto.

   Promoví una asociación, Europa en Suma, de la que he sido también presidenta hasta hace unos días. Pretendía imbuir otra forma de abordar lo que casi es un problema: la unión  de los ciudadanos de este continente. Pero el “paquidermismo” contagia a lo europeo oficial. Y también le llegan sus vicios, sus juegos de intereses, incrementados algunas veces en nuestro país por nuestra rica idiosincrasia de envidias, protagonismos, manipulaciones, incluso atisbos de utilización personal consentida.

  A pesar de la burocracia,  Europa es horizontes, pluralidad, diversidad, lenguas, criterios, avances, paz… y España se convierte en ejemplo paradigmático de por qué precisamos un vínculo fuerte y solidario. Ante todo, para ahuyentar inmovilismos, fanatismos, lo local que se pudre devorando sus propias entrañas. Los progresistas españoles siempre miraron a Europa como escapada. Proscritos “afrancesados” reclamaban más cultura e incluso más glamour, pero triunfaron los castizos. En España siempre triunfan los castizos. Saturno goyesco que se alimenta de sí mismo y no deja crecer ideas nuevas.

    “Si no existiera Europa, habría que inventarla para afrontar la crisis”  razonó el ex presidente español Felipe González, trabajador incansable por una UE mejor, en la presentación de Europa en Suma que organicé, y cuyas amplísimas referencias han desaparecido de la página web –imagino que por error, no podría ser de otra manera-.

   La única vía abierta a Europa pasa por vivirla, saber cómo respiran nuestros vecinos, qué les duele, por qué gozan y se afanan, adónde les ha llevado su historia y su desarrollo. Sepa un camarero malagueño que su colega danés gana 2.300 euros al mes por 37 horas de trabajo semanales. Sólo Grecia y Portugal (en la UE15), cobran menos que los españoles, y muchos países duplican nuestros ingresos. Coméntele a cualquier sueco que la mitad de los españoles reciben, como salario mensual, mil euros -o menos-  y contemplará una definitiva expresión de incredulidad. Charle un sindicalista español con un francés o un alemán, y aprenda a batallar por sus derechos y a poner coto a excesos empresariales y gubernamentales. Con horarios que lastran la productividad y la vida personal, hablen tenderos y consumidores sobre cómo España fue el país europeo en donde más creció la inflación con el euro. Atienda Vd. a los llantos de nórdicos y asimilados por sus elevados impuestos, pero descubra que, en algunos países, el Estado costea el dentista en todas sus prestaciones o las gafas. Añada un año de maternidad y paternidad subvencionado total o parcialmente al amparo de las leyes. Con un gasto social seis puntos inferior a la media europea (por debajo, de nuestro 20,9% del PIB, apenas encontramos, hoy, a Malta, Chipre y los países del Este), la cifra no avergüenza más gracias a que José Luís Rodríguez Zapatero presupuestó 60.001,27 millones de euros más, un 52,53% de incremento respecto al PP.

  Indague, pregunte, cuente, comparta. Entérese -desde nuestro secular fracaso escolar-, de por qué Finlandia encabeza la educación mundial. Comuníquense en inglés, o en cualquier otra lengua que conozca, como la han aprendido ellos. España, privilegiado destino turístico, no habla idiomas.  

Una sociedad educada e informada utiliza racionalmente sus recursos. No dedica más de un tercio de sus ingresos a financiar una vivienda, ni paga por ella más de su valor. Ni se hipoteca para viajar de vacaciones u operarse de estética. No tolera y anima las trampas. Incluso en la Europa azul, con brotes de gangrena ultraderechista, ¿Se hubieran producido, impunemente, las insidias sobre unos atentados tan atroces como los del 11M? ¿Y la utilización política del terrorismo? ¿Y la comprensión de la dictadura franquista? Numerosos ejemplos -desde el conflicto del IRA a la persecución del nazismo- demuestran que no.

    Consultemos a los europeos si se oponen a que sus hijos estudien “Educación para la ciudadanía”, tanto en colegios laicos como católicos. Si, salvo una minoría, cuestiona normativas europeas –como la píldora postcoital o el aborto-. Atendamos a qué lugar  ocupa en sus prioridades la búsqueda del bien común –esencia de la (buena) educación-. 

   Europa nos homologó en democracia cuando entramos en su seno en 1986.  Y los fondos estructurales y de cohesión construyeron carreteras y autovías, líneas ferroviarias, modelándonos como país desarrollado. Pero nos faltó inhalar a fondo los valores prometidos: tolerancia, respeto, pluralidad, educación, y convergencia equilibrada fuera de los datos macroeconómicos que exigía Bruselas. La integración real, la que hermana a los socios del mismo club en utopía que aspira a realizarse.  

       La caverna se prepara para aguar la presidencia de turno española. El Mundo cruza hoy los dedos para que el presidente checo firme antes del 31 de diciembre y “Zapatero pierda protagonismo” en la presidencia de turno.

    La UE se abrió a los países del este soviético, con un nivel de desarrollo y de educación que nos hacía profundamente extraños. Como si de otro continente se tratase. Sin hacer reforma alguna. Sin propiciar que quien no quiere estar en la Unión y obstaculiza su funcionamiento, sea expulsado. Los euroescépticos aún esperan que el Tratado de Lisboa llegue sin firmar a las elecciones británicas que, dando el triunfo a los conservadores, engrosarían también las filas de quienes no desean Europa. ¿No sería mejor que abandonaran el club?

  Existe una privilegiada élite, los Erasmus, que viven Europa sin necesitar pensar en cómo la dinamizan o la dan a conocer. Porque sus amigos y su círculo son europeos, piensan y sienten en europeo. Y Europa llegará cuando sus ciudadanos se relacionen al mismo nivel, siquiera leyéndose. ¿Un siglo? ¿Con torpedos constantes?  Necesitamos Europa; cuando Europa se desdibuja, emerge la involución.

La culpa la tiene siempre Zapatero

 Genial viñeta de Manel Fontdevila en Público para empezar el día más que sonriendo: con una sonora carcajada. 

manelcrisis

  Actualización:

Fermín Bouza, Catedrático de Sociológica (Opinión Pública) en la Facultad de Ciencias de la Información de la Facultad Complutense de Madrid, ha estudiado el caso de las encuestas de estos días, según figura en su blog. Entresaco algunas ideas interesantes:

 «Desde luego entra dentro de lo posible que dentro de casi tres años gane el PP, pero las encuestas de ahora no lo dicen a ciencia cierta ni mucho menos. Sin duda no lo dicen los barómetros del CIS con intención de voto, a los que doy vueltas continuamente para intentar conocer la situación de la opinión pública con muestras aceptables (2.500 sujetos). Las muestras pequeñas están muy bien para el marketing: son baratas y uno se queda con la horquilla más baja del error estadístico. Es lo habitual: nunca nos equivocamos. Para esto bastan muestras telefónicas de cien sujetos y un error  +/- 10. Dicho esto, es obvio que no creo que en una evaluación dinámica (compleja y multivariable) del voto el PP vaya por delante. Que no vaya por delante tampoco quiere decir que no vaya a ir en algún momento, pero para eso tendrían que ocurrir en una encuesta de voto una serie de cosas encadenadas que acompañen a la pregunta de intención directa de voto (en los barómetros del CIS esa intención directa no se ha invertido todavía, veremos en el barómetro de Octubre). Si no ocurren esas cosas, dar la victoria al partido que peores números tiene en cuestiones clave (lo hizo el CIS en Julio, sin embargo, y yo también he disentido de eso en este blog por los mismos motivos citados) es, cuando menos, una aventura estadística considerable».

Sede olímpica: sentimientos encontrados

  Debo admitir que no soy una entusiasta del deporte, no me conmueven demasiado las gestas épicas basadas en el esfuerzo físico. Apuesto sin embargo por el ejercicio personal como fuente de vida, algo muy distinto. Asistí al espectáculo de Copenhague, un tanto atónita, aunque lo sepa repetido una y mil veces. No entiendo qué tiene que ver con el espíritu olímpico esa venta de una ciudad, de cuatro, con tácticas comerciales, intercambio de favores, chantajes emocionales, y un cierto servilismo. Tampoco que acudan los más altos dignatarios de países y ciudades a apoyarlo, cuando no lo hacen para resolver problemas más importantes. Al punto de considerar que perder la nominación es una derrota política, «la primera de Obama en su carrera», se dice. Pero el fin está claro: ser sede olímpica reporta grandes beneficios económicos, también gastos. Tampoco sabemos si beneficios y costos están equilibradamente repartidos.

   Madrid es el municipio más endeudado de España, más de 8.000 millones de euros. El agujero ha aumentado desde la llegada de Alberto Ruíz Gallardón a la alcadía, porque en 2002 era inferior a las grandes capitales. Aquí tenéis el gráfico, visto en wonkapistas:

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  El gasto se ha dirigido a inversiones que no benefician a la mayoría.  Una faraónica carretera de circunvalación, M30, para el transporte privado que, en absoluto, ha solucionado el agobiante tráfico de la capital, dado que se ha construido sobre el trazado anterior. O muchas instalaciones deportivas, gestionadas por empresas privadas, que no han imbuido a los ciudadanos la práctica diaria del deporte. Nula promoción de la cultura, especulación generalizada hasta en los nuevos impuestos, y descuido de lo más elemental. Los vídeos que presentaron llamando “ciudad verde” a Madrid me llenaron de sonrojo. O hablando de ella como una ciudad cosmopolita. Viajados todos ellos, sabrán la falacia de sus aseveraciones, porque conocen otras capitales que sí responden a esa descripción. Reiteradamente he señalado las carencias de Madrid que padezco a diario. Desde lo básico, como digo. Estos suelos desconchados y sin pintar.

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  Y aún así lamento el traspié del derrochador alcalde de Madrid porque es de lo más presentable del PP, de un partido que no se renueva y que terminará por llegar, en ese estado, a la Moncloa. Alberto Ruíz Gallardón ha empeñado en el Madrid olímpico su carrera. Con una tenacidad quijotesca que no se apoyaba en la realidad. Era extraordinariamente difícil que Madrid organizara unos juegos tras Londres, en el mismo continente. Pese a ello, ha invertido aún más presupuesto. Cuando anoche vi a la delegación española contemplando las sesiones y comprobé que llenaban una inmensa sala de un hotel, me volvió la imagen del despilfarro español, a costa de los ciudadanos. El resto de las altas instancias del Estado le secundó. Había una unidad ficticia que se volverá en contra de Gallardón de inmediato, y que se hubiera destapado también en la organización de los juegos. En contra de lo que repetían los oradores, no somos un país de fiar.

   Atendamos a este punto básico que ha pesado, también, en la desestimación de Madrid: “los problemas entre las diversas administraciones lastraron el proyecto. Así lo advirtió el informe del 2 de septiembre y los tres estratos del dinero público (local, regional y nacional) suscitaron demasiadas dudas en comparación con Río”, dice El Mundo, basado en un informe del comité. Dios mío, si había cuatro presidentes distintos -jefe de Estado, de Gobierno, de Comunidad, de Ayuntamiento-, y aún se plantó allí el líder de la oposición, para que las cadenas de televisión lo sacaran en planos «equidistantes».

   En el maldito juego de supervivencia del sistema, el gobierno –y por tanto todas las administraciones de inferior rango: ayuntamientos, comunidades- va a dejar sin ejecutar el 32% del presupuesto de ciencia e innovación, clave para el desarrollo, del mismo modo que merman los fondos para las Universidades gestionadas por las autonomías. Hay que mantener lo visible, lo que aporta votos, y la ciencia puede esperar. Se están produciendo dimisiones y cartas de protesta de investigadores que ven sus problemas concretos, que no podrán reponer un microscopio, que no habrá fondos para seguir un proyecto. Habrán de aprender a especular con sus hallazgos para ser tenidos en cuenta.

   Y, mientras, entidades privadas dilapidan sin sonrojo “cristianoronaldos” –la nueva medida del despilfarro-, o apuestan por el “deporte”. Madrid olímpico hubiera repartido una suerte desigual entre especuladores, constructores, hoteleros, comercios y ciudadanos. El desarrollo que conlleva lo necesita más Río de Janeiro. Felicidades Río, Felicidades Lula.

Las víctimas y sus culpables

Un inspector de la Consejería de Sanidad de Sanidad ha ratificado una declaración previa ante el Juzgado de Instrucción número 43 de Madrid y ha afirmado que “en 2003 ya se descartó que hubiera ‘mala praxis’ en las sedaciones practicadas a los enfermos terminales en el servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid)”. Se había hecho, entonces, un informe que concluyó que “el procedimiento era correcto y que las Urgencias reunían las condiciones adecuadas para guardar la intimidad de los enfermos».

Si ahora se trata este caso es porque el doctor Luís Montes, el entonces coordinador de este servicio, presentó una querella por denuncia falsa en el «caso Leganés» contra el ex consejero de Sanidad Manuel Lamela y seis médicos que participaron en un informe en el que se acusó a Montes y a sus compañeros de sedaciones fuera de la «lex artis«. Pese a este informe, Lamela decidió en 2005 seguir adelante con las denuncias anónimas contra Montes para llevar el caso a los tribunales. Los responsables de sanidad de Madrid se basaron, por tanto y supuestamente sólo por eso, en unas denuncias anónimas para apartar a Montes de su puesto, desprestigiarle, amargarle la vida, y obligarle a invertir tiempo y dinero en tratar de reivindicar su nombre y su buen hacer médico. El Dr. Montes y el resto de sus compañeros acusados ya fueron exonerados por la Justicia sin que sus acusadores en falso pagaran coste alguno. Pero él sigue insistiendo en que los culpables sean castigados. El caso tuvo consecuencias dramáticas: los enfermos terminales en Madrid volvieron a morir con dolor como manda la santa madre iglesia. Así lo corroboraron muchos médicos que preferían no arriesgarse a la caza de brujas.

De vez en cuando y con más frecuencia de la soportable, a alguien le cae el estigma de una falsa acusación de la que tiene que defenderse. O  una práctica arbitraria de quienes detentan cuotas de poder. Pongamos un modesto inspector de Hacienda que se ensaña con alguien haciendo la vista gorda a los fraudes millonarios, o llegando apenas a punto de prescribir como en el caso de Luís Bárcenas, el ex tesorero del PP imputado en el caso “gürtel”.

En todos los casos en el que alguien es acusado, difamado, vejado, anulado, la víctima es quien ha de defenderse y siempre con un coste. La justicia dice, sí, que la acusación ha de ser probada y otorga al inculpado la presunción de inocencia. Pero ésta no viene mientras uno duerme, tiene que moverse para demostrar su razón. Y en ocasiones ni lo consigue. Y siempre sufre pérdidas en el proceso.

Traigo a colación de nuevo aquel caso de la transición que tanto me impresionó. Carmen Salanueva, directora del Boletín Oficial del Estado a finales de los 80 –en plena época del circo de la corrupción socialista y su tratamiento en los medios-, fue acusada de fraude en la adquisición de papel para el organismo. Acribillada, linchada, entonces por ciertos sectores de la prensa –las preguntas y acusaciones que captaron las imágenes ofendían la dignidad humana-, enfermó de cáncer y murió antes de que se conociera la sentencia absolutoria en 2001 a la que no se dio especial relevancia informativa.

El mundo está lleno de víctimas. De la codicia, del engaño, de la manipulación. Desde los muertos de hambre que propicia el capitalismo, a casos como el del Dr. Montes, o los que urden complots y usurpan puestos que no les corresponden en las más ínfimas escalas de poder. En estos procesos se puede perder desde la vida a dinero, autoestima, tranquilidad. Las menos lo que se pierde es un pozo de basura en el que se estaba inmerso resistiendo por responsabilidad. Sus autores gozan de total impunidad en una sociedad enferma.

Un día me dijeron que para que exista el síndrome de Peter Pan, ha de existir también, forzosamente, el síndrome de Wendy. Para que se den atropellos son imprescindibles quienes los consienten. Los que votan, los que no votan, los que secundan, los que callan, los que se inhiben. «Siempre tenemos que tomar partido. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al verdugo, nunca al atormentado», escribió el Nobel de la Paz rumano Eliezer Wiesel, superviviente de Auschwitz y Buchenwald.

Actualización 4 de Octubre de 2009

Los casos se dan a diario. Una juez -para más inri- va a devolver un perfume a una tienda porque no le gusta. Tras presiones por su parte, y ciertas tensiones, le es reintegrado el dinero. Aún así, se venga del establecimiento y lo cierra por orden judicial, y además otro de la misma propietaria. Ésta pasa el calvario habitual que le caído sin comerlo ni beberlo. Afortunadamente esta vez ha habido justicia: la juez ha sido inhabilitada por un año.

El Papa y Ben Laden fichajes estrella del nuevo programa de Rosa María Artal

así volveré a ser con las cremas y el botox

así volveré a ser con las cremas y el botox

Disculpad el autobombo en el titular. Sé que mi nombre no arrasa en popularidad –todavía- pero la autoalabanza y la seguridad en uno mismo son esenciales para lograr ciertos objetivos. La gente confía en quienes las practican.

  Mis días de penuria se acabaron: he conseguido un programa matinal en una cadena de televisión. Española por supuesto, podía haber sido italiana, pero es española, dado que el idioma lo domino mejor. Me he preparado a conciencia inyectando botox allí donde lo precisaba, me cuesta sonreír porque los músculos tiesos no obedecen a mis órdenes cerebrales, pero bien mirado me da un aire interesante, elegante diría con más precisión. No es por presumir pero hablo bien, tengo buena dicción y me expreso con convencimiento. No sé si excesivo, habrá que moderarlo.

Comienzo el próximo lunes. Mis fichajes estrella: el Papa Benedicto XVI y Ben Laden. Anotad, quiero titulares, difusión. Dos concepciones opuestas de la vida –y nunca mejor dicho- y de la sociedad. Debate, rifirrafe, mucho rifirrafe. Queda bien entendido que uno de los dos no es preciso que venga y el otro con que aparezca un día para promocionarse personalmente es suficiente.

He contratado ya anuncios de una amplia variedad de cremas y ungüentos para que compréis, vistos los efectos que obran en mí. De hecho tengo acciones en varias de las empresas que los producen. Pronto espero adueñarme de una SICAV con impuestos testimoniales. Voy a por todas. Asesinatos, violaciones, pedofílias, efebofílias también que tiene su diferencia. Crímenes de toda índole. Ando en negociaciones con el más allá para entrevistar al espectro de Marta del Castillo. Aún no lo puedo anunciar, porque no está cerrado el asunto, las difíciles exclusivas es lo que tienen. De fallar, traeríamos a cualquiera de las más de doscientas mujeres asesinadas por la violencia machista en los últimos tres años, cuyas historias permanecen inéditas. Tendremos la suplicante polla de Dinio, putas y proxenetas, y alguna cosa más que me aconsejen mis colaboradores, dado que no sigo puntualmente a la competencia y escasea mi inspiración. En mis horas libres, anunciaré un tarrito de líquido que nutre las defensas o las anula, eso da igual, y me veréis a toda hora en televisión, radio, periódicos y carteles respondiendo a la pregunta: ¿Por qué Rosa María Artal toma el tarrito de las defensas? Espero que me quede algo de dignidad y responder en confianza: “Porque me pagan, digo que lo tomo porque me pagan por decir que lo tomo”. Y haré caja otra vez, igual me compró otra SICAV. Y, nada, dos segundos después, seguiré informando de la vibrante actualidad.

Vendrán al programa ministros y periodistas, con los que podré seguir manteniendo el gusanillo de mi profesión. Criticaremos, horrorizados, la pensión que se lleva el consejero delegado del BBVA, aunque algún contertulio la justificará porque los bancos sostienen el sistema. En mi programa, como en el resto, se podrá hablar de cualquier cosa, porque siempre habrá alguien que la compense. Pluralidad ante todo, y en ella no pueden faltar los representantes de sectores como la manipulación y la delincuencia, junto a nombres acreditados que me den caché. Pluralidad, mucha pluralidad. Un fidedigno reflejo de España. El objetivo es facilitar información a los telespectadores: que puedan elegir cuál de las versiones opinativas les gusta más. Si alguna ofrece datos pero tienen el pálpito de que no son ciertos, dado que otro contertulio también lo siente así, está en su derecho. Será un programa “muy democrático”.

Como eliminando búsqueda de fuentes, comprobación de datos y otras menudencias, no acabaré cansada del trabajo, en el resto del día, me ocuparé de otros asuntos cruciales. Divertirme y hacer relaciones. Todos los días podré elegir entre varias invitaciones a comer, a cenar y a merendar. Haré también algún “bolo” de vez en cuando, presentar un acto o acudir a un coctel remunerado.

 Me buscarán las editoriales ofreciéndome ventajosos contratos, se pelearán por publicar mis libros, me promocionarán en todos los medios, y me darán muchos premios literarios. Arrasaré en ventas. Quizás busque un par de colaboradores africanos para ser aún más prolífica. Dado que lo soy, y mucho, quizás sea éste el auténtico cuerno de oro, y pueda adquirir una SICAV más.

Pero no me basta, soy persona inquieta y activa. Necesito una ocupación complementaria: social, altruista, solidaria, muy intelectual. Voy a ver si alguien ha tenido por ahí alguna idea más o menos brillante y arramplo con ella que no pasa nada en tiempos del “corto y pego”. Me han hablado de una asociación de «Viticultores saharauis», que la veo muy original y progresista, y de otra de «Profundización en la comunicación interplanetaria». Quizás tiene  más futuro ésta, y además se presta a conseguir subvenciones. Vamos, cualquiera de las dos suena bien para eso. Con la idea en mi poder –tras haberla conseguido sola o en compañía de otros– yo le daré mi impronta. Mi futuro es prometedor. Y ya era hora.

¿Os parece una entelequia? Pues a la vista de la realidad cotidiana, resultan mucho más factibles y gratificantes estos proyectos que intentar en España una empresa seria, honesta e imaginativa, o un periodismo comprometido. Más factible y gratificante, no imposible. ¿O sí?

ABC, entre el pasado y el futuro

Una adicción. Un “Milenium” de la realidad que retrasa comidas y gestiones. ABC ha digitalizado sus 118 años de vida y los ofrece en su nueva hemeroteca. Toda la vida guardando recortes, los míos sirvieron para formar el primer centro de documentación de TVE en Aragón y ahora me encuentro un siglo con todas sus páginas. Los antecedentes son esenciales en el periodismo, y, por tanto, en la vida real. Aportan causas, despejan incógnitas, a menudo nos permiten entender los porqués.

Buceo en las páginas de ABC, de sus publicaciones. Primero busco las míticas portadas de Blanco y Negro, obras de arte para la Historia, como ésta, al azar, de los revolucionarios y creadores comienzos del siglo XX, de 1917.

blancoynegro1917

La primera fotografía aérea, la primera en color. Las crónicas de una gallega intrépida nacida en el siglo XIX, Sonia Casanovas, enviada especial a la guerra de Marruecos, o a la revolución rusa. La vida cotidiana que transcurre durante más de un siglo, ojeando el horizonte internacional, y ahondando en nuestro país. La democracia que, según editorializa otro precursor, Manuel Blanco Tobío –entre las decenas de firmas que han poblado el periódico- ha de ser siempre escéptica y no conformista. La evolución de los anuncios, televisores en alquiler, los pisos a pagar en 12 años con una entrada de 150.000 pesetas, lavadoras y lavavajillas a 19.500.

abcprecios1976

El mismo día de Julio de 1976, que, una segunda edición tardía, saluda a Adolfo Suárez y sus medidas.

suarezabc

ABC se parece a España. Al poso conservador que se arranca en innovaciones, y vuelve a caer, y resurgir y dudar y renacer, en espiral eterna.  El mismo ABC que hoy aloja las columnas de Antonio Burgos es capaz de hacer esta apuesta tecnológica y vibrante de su hemeroteca virtual. El golpe de Estado de 1936 repartió los bandos entre sus dos clásicas ediciones, Sevilla salió dos días después con el «Viva España» de los sublevados…

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Madrid apostaba por la República. Las dos Españas en un solo diario.

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Inagotable fuente de conocimiento, de referencias, pueden encontrarse citas del “maltrato” desde 1903, pero será a partir de 1993 cuando arrecien hasta llegar a casi 3.000 en los últimos 6 años. El ritmo al que se han incrementado las denuncias de lo que siempre existió.

La palabra “blog” aparece en 1905 como vocablo inglés, para estallar a partir del 2003. Hoy hay 133 millones de blogs en el mundo. ABC tuvo la deferencia de invitarme a la presentación de su hemeroteca. “La mejor forma de predecir el futuro es construyéndolo” dijeron los miembros del equipo. Y es un sabio consejo.

Invito a indagar sobre mil aspectos de vuestra vida que nos han forjado. a unirse a los que buscan su nombre, su ciudad, o el día en el que nacieron, junto a la crítica a Felipe González en los presupuestos de 1995, idéntica a la actual a Zapatero, que es su página más vista hoy.

Dibujo

La Historia se repite. Hoy sé que en mi primer día de vida me saludó Berlín a toda portada, el mismo que se uniría a mis momentos cumbres en la caída del Muro y, muy esclarecedor, al último verano de cerrar y abrir puertas para emprender nuevos rumbos. El futuro, sí, es un página en blanco que hay que escribir con tu puño y letra para construirlo. O con el ordenador, claro está.

La salud de las ratas

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Definitivamente, las ratas tienen muy mala salud. Pero el saber humano no cesa de buscarles remedios. Científicos suizos han logrado que puedan volver a caminar e incluso correr unas cuantas que se encontraban parapléjicas. No sé si por un involuntario accidente de moto, o a palos, punto por el que me inclino.

Leo también que las ratas que beben alcohol de adolescentes son más temerarias cuando llegan a adultas, que ni sé cómo llegan.

Las hay también anoréxicas, lo que ha servido a los estudiosos para presumir que “probablemente la anorexia tiene una raíz biológica”.

También padecen serios problemas de corazón, hasta infartos. Pero allí están los investigadores, israelíes en este caso. Implantaron células madre de ratas recién nacidas en los abdómenes de ratas enfermas, luego trasplantaron con éxito esos tejidos reconstituidos en las partes averiadas del corazón. Imagino que a estos roedores les reportaría un gran alivio.

Siguiendo el recorrido las encontramos con cáncer de ovarios. Pero un tratamiento de nanopartículas con ADN de la difteria lo frena.

También –y no es extraño- son víctimas del miedo. Neurocientíficos de la Universidad de Washington corrieron en su ayuda y han localizado las neuronas responsables del miedo en el cerebro de mamíferos. Para ello, han utilizado una técnica de imagen que permite seguir el proceso de la activación neuronal en ratas, determinando que se encuentra en una región del cerebro llamada amígdala, concretamente en los núcleos basolaterales.

Sigo desde hace años las penurias de los roedores. Los he visto como depósitos irrigantes de orejas humanas. Obesos hasta arrastrar sus cuerpos. Con apetito voraz que se frenaba tras descubrir en ellos el mecanismo de la hormona concentradora de la melanina. Calvos de los pies a la cabeza. Con diabetes. Con tumores en cada esquina de su ser. Drogodependientes. Deprimidos. Ansiosos. Débiles mentales. Irreversiblemente descerebrados.

Ratas y ratones coquetos que eran maquillados y que, a veces, sufrían terribles erupciones si el producto no contenía los ingredientes y la proporción adecuados.

Todo era por el bien de los humanos, lo habéis adivinado. Pero tras décadas de ser cobayas para el progreso, la gente sigue padeciendo cáncer, diabetes, cardiopatías, obesidad, calvicie, desmemoria, daños cerebrales irreparables, trastornos del comportamiento –reales e inducidos-, indefensión, y miedo, mucho miedo.

Sé que no se pierde mucho, que es una especie prolífica y –dicen- que dañina. Y que algún precio hay que pagar por el desarrollo, especialmente cuando no se sufre en carnes propias. Lo que no entiendo es que miserables ratas de la especie humana pululen en nuestro mundo con total impunidad. Y sin que ningún investigador profundice en las causas de su mezquindad y rotunda maldad. Pero es que eso no puede inocularse a los roedores para después trepanarlos y buscar sus raíces. Su organismo elemental no lo permite, imagino. Más aún, a diferencia de sus congéneres roedores, las ratas humanas gozan de una extraordinaria salud social.

  Pero, quizás, un día un ingente numero de flautistas honestos se lancen a limpiar los Hamelines de los cinco continentes y arrastren la escoria hasta un guetto donde, ratas contra ratas, se coman entre ellas. Tiene que ser así, porque constituyen una plaga y terminarán por devorarnos a todos, sin dejar ni los huesos de recuerdo.

El cierre de cines como síntoma

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Fue el primer cine al que acudí en Madrid. Un inolvidable primer viaje con mi padre a la capital. Junto a la puerta de la pensión de la Gran Vía donde nos alojamos también había que eludir a los carteristas a la caza de incautos provincianos, hoy de cualquier turista. Pero Madrid compensaba en su derroche de luz y de vida, en aquella sala de proyecciones que, en efecto, parecía un suntuoso palacio. Una película “para mayores” en la que fui aceptada por mi prematuro desarrollo adolescente. El cine siempre fue para mí y muchos otros el premio, el espectáculo superior, la sugerencia infinita, una ventana abierta al mundo, a las ideas, a las emociones.

Pero los cines fueron desapareciendo. Más de 600 han cerrado en España en los últimos seis años. Ahora hay, en todo el territorio nacional, 563. Uno en Vilanova i la Geltrú, el Bosc, ha sido indultado. El ayuntamiento se ha hecho cargo de él en bien de la población y el antiguo dueño se ocupa del bar. Un cinema paradiso redivivo.

La Gran Vía madrileña, antaño paisaje de esplendor de enormes carteleras, ha echado el cierre. En la zona de Ventas han desaparecido prácticamente todos, incluso el avanzado Canciller pionero del sistema Dolby de sonido. Y así en toda España.

¿Qué les ha sustituido? Tiendas, centros comerciales. Fue en los años 80 cuando llegaron a nuestro país los hipermercados. El primero en Cataluña, el segundo en Zaragoza. Situados en el extrarradio, había que usar coche para acercarse. La cosecha desde entonces ha sido fecunda, desbordante. Cada carretera de salida dispone de su conglomerado de centros. Siempre los mismos. Carrefour, Alcampo, Mercadona, Caprabo, Eroski, Media Mark, todos juntos o en cuotas. Una vez dentro, uno no distingue si se encuentra en Vallecas o en San Sebastián de los Reyes, en Valencia, o en Cádiz. En los cascos urbanos sucede lo mismo. Cada cuatro pasos un Zara, un H&M, un C&A.

Y en las ciudades europeas. Prácticamente todas se han uniformizado. Y no sólo las capitales de país. En Malmo (Suecia) en Colonia (Alemania), Zara, H&M, C&A. Preguntas en cualquier parte adonde viajes, en España y fuera de ella, por el centro histórico. Y la nube de cadenas comerciales, ropa, bisutería, zapatos, bolsos, te envuelve. Todas son iguales. El comercio local, que aportaba alguna diferencia, ha desaparecido prácticamente. Apenas he visto algo en Santander, Salamanca o Girona. Por el momento, pronto llegarán los carteles de “liquidación total por cierre del negocio”.

¿Tan difícil sería caminar, o tomar un medio de transporte, para ir a la tienda buscada?

Sí, la oferta ha de entrar por los ojos, nos han educado para comprar sin tino, aunque no lo precisemos de forma imperativa. La necesidad creada del consumo, del hiperconsumo, es el eje en el que se asienta el sistema. No es nada nuevo, lo sabemos. Muchos tenemos la experiencia –las mujeres más no sé por qué- de ver en el armario prendas que ni has estrenado o has usado una sola vez. Y aún así vuelves a salir a la calle, te inundan las sugerencias y vuelves a caer.

¿La desaparición de los cines ha causado el giro a la derecha del electorado alemán? Se podría rizar el rizo y ver que sí. El capitalismo que fomenta el consumo para mantener y ampliar su negocio no es castigado por sus desmanes. La justicia social se deja al margen, cuando, por la crisis, peligra nuestro propio bienestar. Tenemos que seguir comprando, hasta morir. Más de lo preciso. Como zombis bien educados. Los que se mueren de hambre no son mi problema. Ningún gobierno me quitará el nuevo bolso, la camisa está vez con canesú, el coche, la casa, las vacaciones. Edificantes ambiciones.

Las escasas salas de proyecciones también se alojan ahora en los centros comerciales. Para borrar la magia cruzado el umbral, y volver a comprar lo inútil. Algunos centros, como el Arturo Soria Plaza de Madrid, presenta una oferta en la que todo, absolutamente todo, es accesorio, casi hasta el supermercado de Sánchez Romero –el más caro de España- con exotismos fútiles. Pero Rosa Márquez, acaba de decir tras las noticias, que “Los accesorios que ofrece el Corte Inglés son imprescindibles”. Una paradoja.

De ver Espartaco salías con ganas de luchar contra la injusticia, de ¡Qué bello es vivir! con la ilusa idea de que el bien hacer obtiene recompensa, de El jardinero fiel decididos a cambiar el mundo actual, de Bambi interiorizando que la realidad puede ser muy cruel. Casablanca, El gran dictador, Cadena Perpetua, La milla verde, Amelie, rotundas en fondo y forma. Obras de arte. El humor inteligente de Willy Wilder, el suspense magistral de Hitchcock, la ya amenazada Luna nueva del periodismo, la España a combatir de El verdugo. De Cantando bajo la lluvia soñando con volar de felicidad posible, aunque diluvie. Era un peligro. Fomentaban la belleza y el espíritu crítico. Hay que verlas ahora en casa, en soledad. El televisor nos inundará después de ofertas, la calle mañana será una adocenadora sugerencia irresistible. Y ahí estamos.