La salud de las ratas

ratas

Definitivamente, las ratas tienen muy mala salud. Pero el saber humano no cesa de buscarles remedios. Científicos suizos han logrado que puedan volver a caminar e incluso correr unas cuantas que se encontraban parapléjicas. No sé si por un involuntario accidente de moto, o a palos, punto por el que me inclino.

Leo también que las ratas que beben alcohol de adolescentes son más temerarias cuando llegan a adultas, que ni sé cómo llegan.

Las hay también anoréxicas, lo que ha servido a los estudiosos para presumir que “probablemente la anorexia tiene una raíz biológica”.

También padecen serios problemas de corazón, hasta infartos. Pero allí están los investigadores, israelíes en este caso. Implantaron células madre de ratas recién nacidas en los abdómenes de ratas enfermas, luego trasplantaron con éxito esos tejidos reconstituidos en las partes averiadas del corazón. Imagino que a estos roedores les reportaría un gran alivio.

Siguiendo el recorrido las encontramos con cáncer de ovarios. Pero un tratamiento de nanopartículas con ADN de la difteria lo frena.

También –y no es extraño- son víctimas del miedo. Neurocientíficos de la Universidad de Washington corrieron en su ayuda y han localizado las neuronas responsables del miedo en el cerebro de mamíferos. Para ello, han utilizado una técnica de imagen que permite seguir el proceso de la activación neuronal en ratas, determinando que se encuentra en una región del cerebro llamada amígdala, concretamente en los núcleos basolaterales.

Sigo desde hace años las penurias de los roedores. Los he visto como depósitos irrigantes de orejas humanas. Obesos hasta arrastrar sus cuerpos. Con apetito voraz que se frenaba tras descubrir en ellos el mecanismo de la hormona concentradora de la melanina. Calvos de los pies a la cabeza. Con diabetes. Con tumores en cada esquina de su ser. Drogodependientes. Deprimidos. Ansiosos. Débiles mentales. Irreversiblemente descerebrados.

Ratas y ratones coquetos que eran maquillados y que, a veces, sufrían terribles erupciones si el producto no contenía los ingredientes y la proporción adecuados.

Todo era por el bien de los humanos, lo habéis adivinado. Pero tras décadas de ser cobayas para el progreso, la gente sigue padeciendo cáncer, diabetes, cardiopatías, obesidad, calvicie, desmemoria, daños cerebrales irreparables, trastornos del comportamiento –reales e inducidos-, indefensión, y miedo, mucho miedo.

Sé que no se pierde mucho, que es una especie prolífica y –dicen- que dañina. Y que algún precio hay que pagar por el desarrollo, especialmente cuando no se sufre en carnes propias. Lo que no entiendo es que miserables ratas de la especie humana pululen en nuestro mundo con total impunidad. Y sin que ningún investigador profundice en las causas de su mezquindad y rotunda maldad. Pero es que eso no puede inocularse a los roedores para después trepanarlos y buscar sus raíces. Su organismo elemental no lo permite, imagino. Más aún, a diferencia de sus congéneres roedores, las ratas humanas gozan de una extraordinaria salud social.

  Pero, quizás, un día un ingente numero de flautistas honestos se lancen a limpiar los Hamelines de los cinco continentes y arrastren la escoria hasta un guetto donde, ratas contra ratas, se coman entre ellas. Tiene que ser así, porque constituyen una plaga y terminarán por devorarnos a todos, sin dejar ni los huesos de recuerdo.

9 comentarios

  1. Me suena que estás hablando de un miserable andaluz de gracejo y tronío con columna.

  2. rosa maría artal

     /  29 septiembre 2009

    Los hay de todas las procedencias, acentos, troníos y baja estofa, es que hay demasiados.

  3. Con toda ignorancia, creo que en la última frase, se te ha pasado meter un “los” antes de “roedores” (y yo hasta ponía una coma tras “congéneres”, la cosa sería “Más aún, a diferencia de sus congéneres, los roedores gozan de una extraordinaria salud social.”

    Espero que esa fuera tu intención.

    En cuanto al contenido, y para aportar algo y no sólo dedicarme a la puntualización, decirte que conocí una persona que se dedicaba a tratar con ratas para investigación, y bueno, estoy de acuerdo contigo, tanta investigación y tanta mierda y la gente muriendo de hambre…

  4. Soto

     /  29 septiembre 2009

    Hola Rosa Maria y amigos Bloqueros:
    La verdad ,es que lo de las ratas es un auntentico escarnio.de acuerdo que para que se avance en la curación de las enfermedades hace falta investigar,pero “las repugnantes ratas”son unas autentica cobayas pero son animales vivos…¿o no?;con respecto a la “existencia de ratas humanas” las hay pero muchas……muchas…muchas…
    apertas agarimosas

  5. Don David, por mis partes soy partidario de la opción de dejar en paz a esos simpáticos inocentes, habiendo como hay a nuestra disposición una legión de Antonioses Búrgoses para los ensayos clínicos.

  6. Doña Rosa, cuando leí ayer esta entrada, me hizo gracia… hasta que me topé con ese final tan demoledor…

    Como no sabía muy bien a qué atenerme, lo dejé correr. No participo porque sí. Pero me dio pena que alguien despertara semejante respuesta en Vd., tan mesurada en sus descalificaciones directas. Sentí curiosidad acerca de quién o quiénes podían ser.

    ¿Y se refiere por casualidad al Antonio Burgos que menciona el sr. Piezas? No sabía quién era ni tenía idea de su existencia, hasta que lo busqué en Google. Me salieron varios. Por las pistas que dan el resto de los comentaristas, creo que se refiere en concreto al exhibicionista de Gran Hermano…

    ¿Y por este indeseable pierde Vd., doña Rosa, los papeles…? No sólo por él, sino por el circo mediático que tiene detrás… No me lo puedo creer.

    Prefiero pensar en otros personajes de la vida pública mucho más relevantes e igual de detestables antes que en semejante piltrafilla (el corrupto Francisco Camps y el juez que le absolvió, la alcaldesa de Valencia, la de La Muela -Zaragoza-, los politicastros mallorquines y tantos y tantos corruptos, da igual de qué partido político sea)…

  7. rosa maría artal

     /  30 septiembre 2009

    Como le dije a Piezas, querido Arturo, son tal plaga que uno se los encuentra en cualquier esquina. No hace falta que sean personajes públicos -que también-. Ése es el mal del España, que son una plaga que se mete hasta en la sangre. Hierve la mía, sí. Pero yo creo que sí he sido mesurada, he hablado del caso en general. Tanto que viene a cuento aquel viejo chiste que me encantaba: una secretaria escribe una cara “fuerte” a un cliente que no pagaba porque se lo ha encargado el jefe. Éste la rechaza hasta 5 veces por su tono desmesurado “Carmen, por favor, he dicho fuerte, pero Vd. se ha pasado, modérela”. Hasta que la séptima la acepta:
    -Sí, ahora está bien, Carmen, pero “hijo de puta” se escribe con hache.

  8. Patxi

     /  30 septiembre 2009

    Vale,otro día cabrón. Y sin poder hacer nada.

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