Un recibo pagado es «prueba inexistente» para el Ayuntamiento de Madrid

Quiero plantear hoy dos cuestiones que prueban las disfunciones del sistema y la indefensión ciudadana. Prestad atención en primer lugar a este recibo:

Fue el 10 de Junio. Acudía a una aciaga reunión. Aparco el coche en el Paseo de la Castellana de Madrid. Me dirijo a la máquina para recoger el distintivo de aparcamiento. Como es bien evidente, son las 18,49. Me cruzo en el trámite con la funcionaria  a cargo del asunto (o empleada de una subcontrata, según nos advierte un comentario, que las privatizaciones encubiertas salen por todas partes). Morena, pelo corto, 1,60, y unos 80 kilos de peso. Intercambiamos miradas. Me ve colocar el papel en mi coche.

Cuando salgo casi a las 9 de la noche, tengo una multa en el parabrisas. La ha puesto a las 19,15 y, dado que el 11 es festivo, me cubre hasta las 9,02 de la mañana del día 12. No entiendo nada. A la mañana siguiente, llamo a un teléfono que me facilitan en el 010. Una muy competente empleada, me explica, aún siendo día no laborable, que habré de presentar un recurso cuando llegue la multa a mi casa.

Y, en efecto, me la envían. Redacto un recurso y adjunto el distintivo pagado. Me veo obligada a dirigirme a la oficina de la calle Albarracín instalada al efecto. Es un impresionante edificio donde incluso hay departamentos diferenciados para particulares y taxistas. Un auténtico gentío aguarda que salga su número. Al corresponderme el turno observo que un letrero advierte que no se hacen fotocopias. El ayuntamiento más endeudado de España, el de las megaobras, no facilita a los ciudadanos a los que multa una sencilla fotocopiadora, aunque obligara a pagar la copia. En las vueltas que he dado para aparcar, he visto que no es zona comercial y no hay ningún establecimiento que me facilite esa labor. Tendría que ir caminando hasta encontrar alguna tienda, coger el coche de nuevo, volver a intentar aparcar, volver a sacar número, esperar… Opto por fotografiar el recibo.

Cuál no es mi sorpresa cuando me llega la resolución del recurso. Lo desestima:

Lo básico es esta frase: «la inexistencia de pruebas suficientes en contrario no desvirtúa los hechos de la denuncia formulada». Es decir, que no había distintivo, cuando sí lo había y lo adjunté. ¿El distintivo no es «prueba suficiente»? Y resulta que, repasando viejas multas, veo que siempre es el mismo argumentarlo. ¿Quién revisa los recursos? ¿Con qué criterios?

Y ahora la segunda cuestión. Aunque la edad parece ser me apartó del periodismo activo en TVE, no se evaporaron las esencias de la profesión. Llamo a la oficina de prensa del Ayuntamiento de Madrid, esbozo mi curriculum, y digo que quiero una entrevista con la Jefa de Multas de circulación. Me piden un email que contesta la que parece ser directora de comunicación, Verónica San José:

“Para las atenciones a los medios de comunicación siempre suele hablar otra persona de multas que no es la Jefa del departamento. Necesitaría conocer, si puede ser, algún detalle más del objetivo de tu entrevista: para qué medio es, si vas a hablar con más personas…En fin, ya sabes..Un saludo y espero tus noticias”.

Mis noticias le llegaron el 28 de Noviembre y no ha habido contestación. Le dije que no me importaba quién hablara, le expliqué con detalle lo que quería, cómo lo iba a abordar, pero le expliqué que de entrada lo publicaría en mi blog nada más. “De cualquier modo, confío en que un ayuntamiento moderno como el de Madrid sepa de la importancia del periodismo virtual”. Unos días más tarde, demostramos con el manifiesto la vitalidad de la Red. Pero ni por ésas –o por ésas, precisamente- me ha contestado. Actitud asombrosa dada la pasión que últimamente demuestra el PP -que gobierna el Ayuntamiento de Madrid- por la libertad de la Red.

Sin cesar, nos quejamos de los males actuales del periodismo, entre ellos, y no el menor, no elaborar información propia, sino copiar y pegar. Pero resulta que las autoridades y administradores que pagamos con nuestros impuestos –que sin nuestros votos habrían dedicarse a otras labores- no disponen de tiempo para atender a un periodista independiente que no cuente con una masiva audiencia. Ni siquiera de unos minutos para responder un email en cualquier sentido. Nos están privando, y privan a la ciudadanía, de una información esencial.

Le había pedido en el mío corroborar la cifra publicada que calcula en 12.000 las multas que tramita diariamente el ayuntamiento de Madrid. Quería saber cuántos recursos, en número y porcentaje, se admiten y son saldados a favor del supuesto infractor. Qué baremos se aplican. Y añadía: Me interesa conocer, tanto en este caso como en los demás que plantee, quién ha revisado el recurso y quién ha llegado a semejante conclusión. O si viene de plantilla la respuesta. Y algo más, si la agente que obró de esa manera y se ratificó en su denuncia, lo hizo por incompetencia o mala fe, y si va a ser sancionada y apartada del servicio. O si le ampara una suerte de impunidad en la que puede poner multas sin ninguna justificación.

90 euros me van a costar los errores o la arbitrariedad de toda una cadena que rige los destinos de los ciudadanos que residimos en Madrid. Impune en su cometido, queda abierta la puerta para que lo repitan siempre que les venga en gana.

La ciénaga de la corrupción

Valiente y documentada tribuna en El País de Emilio Sánchez Ulled, presidente de la Unión Progresista de Fiscales y fiscal Anticorrupción en Barcelona.

Apenas falta un aspecto por analizar. Entresaco algunos párrafos:

«Hemos asistido al afloramiento de repugnantes ejemplos de corrupción pública, germinados en esa zona en la que confluyen el desarrollo de las políticas públicas y la actividad económica privada, zona que corre el riesgo de convertirse en una auténtica ciénaga. Con ejemplares endémicos de sapos, claro.

El desconcierto se acrecienta ante la reacción de las fuerzas políticas cuando alguno de sus responsables es investigado: deslegitimación de la investigación atribuyéndola a oscuros fines conspirativos, ataque personal a los investigadores y, por si fuera poco, indiscriminado cuestionamiento de las instituciones de persecución penal así como de los instrumentos de investigación, sin importar el perjuicio que ello puede generar en la lucha contra el crimen en general y el organizado en particular. No es una conducta novedosa. Encontramos ejemplos extremos en la Italia de Il Cavaliere: reformas legales destinadas a restringir hasta la inoperancia práctica las intervenciones telefónicas, en cuanto éstas han puesto en apuros al gobernante; persecución infamante de fiscales y jueces activos en las investigaciones de la corrupción gubernamental; recorte de los plazos legales de prescripción de los delitos de cuello blanco».

(…)

«El perjuicio directo que los comportamientos corruptos causan al interés social es enorme: rapiña de los fondos públicos; alteración del mercado; descontrol de la economía especulativa; urbanización salvaje (agravada en este caso por una excesiva concentración en el nivel municipal del poder decisorio sobre el suelo sin un correlativo incremento de los controles externos); daño medioambiental; lesión de los derechos de los más débiles en las relaciones socio-económicas (trabajadores, inmigrantes, pequeños ahorradores). Y, siempre, el torcimiento del buen gobierno.

En este caldo de cultivo pueden producirse también consecuencias indirectas, sociológicas si se quiere, pero igualmente nocivas: apatía ciudadana ante la democracia, facilidad para la infiltración mafiosa, e incluso el surgimiento de liderazgos populistas que con recetas falaces y demagógicas se presentan como la solución a los miedos sociales».

Artículo completo.

Advertido y diagnosticado, el problema, los problemas, sigue su curso inexorable.

Las Cortes Valencianas se gastan 325.000 euros en telefonía móvil

Son los agujeros del sistema –y los hay numerosos- por los que se escapa el presupuesto. Según un informe al que ha tenido acceso informacion.es de Alicante, las Cortes Valencianas se gastaron 325.000 euros en telefonía móvil en un período anual que concluía en Marzo de 2009. Son 99 diputados y algunos funcionarios, 120 personas en total.

Habían suscrito un convenio con Telefónica por una cantidad prevista que se ha sobrepasado en 42.350 euros. Y la habían arbitrado mayor dado que en el ejercicio anterior 2007-2008 esa factura se había… triplicado, respecto a la anterior.

Uno de los capítulos más interesantes es el apartado “varios”: mensajes multimedia -envío de vídeos o imágenes-, mensajes a concursos, descargas de canciones, melodías o politonos. Se han llevado 81.405 euros. Entre 120 personas. La presidenta de las Cortes, nos cuenta J.L.García, se puso seria y dijo que a partir de ahora se iba a comportar como «una ama de casa» que vigila las facturas de sus niños, dice el periodista.

De momento, no existe constancia de que se hayan elaborado informes del resto de las instituciones que nos administran y gobiernan y legislan, pero podéis multiplicar por ayuntamientos, diputaciones, parlamentos y gobiernos autonómicos y todas las dependencias de la Administración central, más el Congreso y el Senado. Ah, y el Parlamento de Estrasburgo con sus llamadas internacionales.

Cuando uno gasta el dinero de otros –el de los ciudadanos- ha de tener algo más de contención. Pero, claro, a lo mejor sus señorías precisan escuchar canciones para calmar sus nervios o inspirar su discurso, o su trascendental misión de apretar un botón para votar. O ganar un premio en un concurso para equilibrar el presupuesto de la entidad. Ahora que, tanto quejarnos, y nuestros próceres están entrando con pasión en las “nuevas” tecnologías. Quien no busque lo positivo es porque no quiere.

325.000 euros ¿Habrán intentado los parlamentarios valencianos cocinar un huevo con sus móviles sin reparar en gastos/resultados?

El fin del milagro económico español

Brillante, acertada, lúcida, la tribuna póstuma en El País  del periodista Pedro Altares, fallecido ayer. Imprescindible lectura del texto completo.

«Lo diré de entrada para que no haya engaños: me acuso y arrepiento de formar parte, por razones obvias de edad, de la «generación de la Transición». En realidad, nací un poco antes, en un tiempo que un poeta español en el exilio, ya desaparecido, definió «como la generación a la que las bombas rompieron sus juguetes». Otro poeta, más reciente, hablaba de que España se había convertido en uno de los pocos países del mundo «donde los mayores no tienen paisajes de infancia para memorizar su pasado». Costas, lagos, montañas, pueblos, vestigios históricos, arquitectura rural… Apenas quedan referencias, engullidas por las tuneladoras, grúas, urbanizaciones, zanjas, adosados. Es el famoso agujero inmobiliario, que, ahora, expertos y políticos, como si fuera una sorpresa, se afanan en desentrañar».

Artículo completo.

La conjunción planetaria

Los aficionados a repetir que el siglo XX fue un “siglo corto” –de guerra del 14 a caída de muro divisorio en el 89-, deberían estar alerta a amarrar su nuevo tópico, porque quizás el XXI finiquita apenas alumbrado o ha habido un período de transición en limbo para empezar realmente ahora. Es lo que tiene sujetar el pensamiento a las plantillas preconcebidas. Lo cierto es que el mundo se haya inmerso en un profundo cambio.

Atendamos a un ejemplo particular y que nos es muy querido o/y odiado: España. Conocido por su buena suerte, Zapatero se topa en su segundo mandato con una crisis económica mundial, pequeños cataclismos tan anunciados como éste, de mucha mayor envergadura como el agujero en la insostenible burbuja inmobiliaria y, por si faltara poco, el estallido de la sociedad en red. Y aparentemente le noquea. Tampoco se advierten muchas luces en los poderes oficiales a lo largo y ancho del planeta.

La crisis económica era inevitable en un sistema basado en la injusticia, en el lucro de unos pocos, y en decisiones que afectan a toda la Humanidad gestionadas desde Consejos de Administración privados a quienes la Humanidad les importa lo que una pavesa y sí engrosas sus “cuentas de resultados”, ése precioso eufemismo que, como muchos otros, enmascara la realidad. ¿Era imprevisible? Tanto como el derrumbe del Muro de Berlín. ¿”Remontamos” la crisis? Le hemos puesto un parche hasta la próxima.

Los gobiernos –que de alguna forma hicieron dejación de sus obligaciones para con la sociedad- no se enteran o lo hacen demasiado alentando la pervivencia del moribundo, en algún caso lucrándose y favoreciendo a los suyos. Tenemos ejemplos evidentes en administraciones locales o autonómicas. Que el hartazgo por lo que Zapatero no afronta deposite en esas manos nuestro futuro, resulta cuando menos paradójico. ¿No hay nadie más por ahí? Creo que sí: la sociedad.

En 2007, todos cuantos hoy deploran nuestra política económica hablaban de “el milagro económico español”. “ Todos quieren hacer como España», decían en Bruselas, en el londinense The Economist y en medio mundo. Basado en la especulación inmobiliaria y en numeras corrupciones, estalló. Y también se le atribuyó al Presidente del gobierno. ¿Una bola de aire instantánea? ¿Nadie más sopló dentro? 

El planeta se nos cae a pedazos por el cambio climático. Nos avisan de que España va a ser una de las más perjudicadas. Cultivarán tomates en los fiordos noruegos y elaborarán vinos de crianza en el Ártico, mientras nuestro país se seca y llega a ver cómo no viene nadie de turismo a cocerse en nuestras playas. Cuando eso ocurra nos llevaremos –o se llevarán las autoridades- una sorpresa. Vivimos de sorpresa en sorpresa por no analizar los datos ni el conjunto

Aminetu Haidar, la activista saharaui, agoniza por valentía y coherencia. Sólo lleva ¡cerca de cuatro décadas! la antigua colonia española aguardando una solución. Terribles juegos de poderes se libran más allá de su caso. Ceguera de cualquier forma. Ya lo dije: la realidad –investida de monstruosidad o de esperanza- no desaparece por cerrar los ojos. Haidar -y los errores políticos ¿es de recibo que el Rey de Marruecos la admita «si pide perdón»?-  ha logrado que la olvidada causa saharaui tenga una gran repercusión internacional. A un precio muy caro. Algo más se podía haber hecho. Ay, pero es que nos pidieron que recortáramos las competencias en justicia universal, y ya carecemos de instrumentos drásticos -porque drástico es en estos tiempos la defensa de los derechos humanos-. No sé si miembros del PP aconsejarán invadir Marruecos –que no creo- el Sahara tras el muro –que lo hay- o, mejor, el aeropuerto de Lanzarote.

En el mundo globalizado, resulta que nos preocupa si un territorio –poblado de personas con opinión y sentimientos, no lo olvidemos- decide llamarse “Nación”. Y permanecer como una piña con el Estado, también debemos recordarlo. El PP presenta un recurso de inconstitucionalidad. Su tortuosa tramitación reaviva el soberanismo por reacción. El PP puede conseguir lo que tanto dice temer: romper España. Pero saca réditos: mayor intención de voto. Asombroso.

Enterarnos hoy –que es tan agobiante la información diaria que uno no llega a todo- que la poderosa Iglesia católica española, controla, entre otros bancos, Caja Sur y que además haya participado en “demasiados negocios inmobiliarios bajo sospecha”, ya me sobrepasa.

Y, finalmente –pero sólo por no abrumar con un texto aún más largo-, la Red se rebela, por una decisión arbitraria y errónea. Que el PP votante en Bruselas de restricciones a Internet trate de beneficiarse de este incidente, es desconcertante, por no calificarlo con palabras más gruesas. Mofas y vendas sobre los ojos, no cambian este otro hecho cierto: la sociedad está descontenta con el mundo en el que vive, la sociedad no se siente representada por emporios que parecen vivir en el Olimpo, a la sociedad sí le preocupa la crisis o el cambio climático porque los sufren, la sociedad comunicada más que nunca en la Historia por este sencillo objeto –el ordenador- en el que tecleamos y leemos, reacciona. En España y en todo el mundo a no tardar. Los comentarios en este blog a lo sucedido estos días con el manifiesto han reflejado alivio, una brecha abierta en la losa que nos angustiaba. Nadie podrá reprimirlo, no a la larga. Quien se niegue a verlo despertará en la noche y verá que el lobo sí estaba bajo la cama y que durante años lo alimentó sin darse cuenta, por acción u omisión. El problema es que no viven en el mundo real y, paradójicamente, a algunos de ellos (otros se han arrogado esta competencia porque sí) les hemos encomendado la toma de decisiones que nos afectan a todos. ¿Una conjunción planetaria? No. El desarrollo lógico de los acontecimientos.

Por la libertad, la información y la coherecia

Entremeses de fin de semana:

 Buenas noches y buena suerte.

Manifiesto «En defensa de los derechos fundamentales en Internet»

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

(Suscribo este manifiesto elaborado y suscrito por un gran número de periodistas y creadores de Internet. Probablemente poetas y juglares acudieron a las «autoridades competentes» cuando surgió la imprenta, porque el gran medio iba a anularles o modificar su modo de hacer largamente establecido. Nadie discute hoy el avance que supuso la estampación de los textos y cómo agilizó su difusión entre los ciudadanos. La ceguera de no querer ver la innovación, lo que se impone por su propio peso al incluir mejoras y mayor implantación social, se extiende sobrepasado el siglo XX de los grandes hallazgos. Pero así es la vida. Y la condición humana. Y los privilegios adquiridos).

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

¿Quo vadis periodismo?

Estamos sobrecogidos por el linchamiento mediático al que fue sometido este chico, Diego, a quien el periodismo –en la cúpula de la escala- consideró autor de la violación y asesinato de su hijastra de 3 años. Llegué a escuchar por la radio los detalles más sórdidos sobre desgarros en el cuerpo de la pobre niña. Suelo burlarme del uso indiscriminado y erróneo del “presunto”, pero en este caso hasta se saltaron el trámite. La verdad estropeó la noticia: la niña murió víctima de una caída y de más que “presuntas” negligencias médicas, y un Juez se apresuró a exculpar al chico, rogándole –imagino- que perdonara el error. El mal ya estaba hecho, Diego, de 25 años, cargará con el lastre, aunque solo sea porque las rectificaciones no ocuparon portadas a toda foto. Lo cual es indignante.

Han secuestrado a 3 cooperantes españoles en Mauritania. Se supone que Al Qaeda. Habían acudido, desinteresadamente, a distribuir ayuda humanitaria, no a lucrarse por un sueldo y para los bolsillos privados del patrón del pesquero expurgando las aguas somalíes. ¿Asistiremos al espectáculo dado a todos los niveles por el secuestro del Alakrana? ¿Pediremos bombardear Mauritania de punta a punta dado que no sabemos dónde se esconden con sus rehenes los secuestradores por la idiosincrasia del terrorismo? ¿Exigirán sus familias agriamente que se pague un rescate? ¿Se acusará de negligencia al Gobierno? ¿Llenaremos portadas y debates? Hay poca carne morbosa por el momento para que merezca la misma atención de los medios.

Ordeno estos días papeles en casa. Ayer encontré varias jugosas carpetas olvidadas.

“La prensa no es el cuarto poder, pero puede llegar a ser una dictadura”, decía el profesor Luka Brajnovic, en Zaragoza el 15 de Febrero de 1978, en Heraldo de Aragón. Lo recogí en mis ilusionantes comienzos en esta profesión, al parecer. De un año más tarde, 11 de Marzo de 1979, guardo una tribuna, tambien del Heraldo, en la que Miguel Delibes hablaba de la servil prensa durante el franquismo, publicando materialmente las consignas del régimen. Una joven Consuelo Álvarez de Toledo, se preocupaba, en Diario 16, por las dificultades que encontraban los periodistas, vistos por la ciudadanía como “unos seres un tanto enloquecidos, frívolos, ensoberbecidos, cachondos, bohemios, puñeteros, mentirosos y osados. Algunas veces, pocas, héroes de película americana, las más, como currantes de la pluma que pasan por la actualidad como el caballo de Atila”.

En 1984, El País –leo en el propio diario- “se consolida como el periódico español más leído”. Había alcanzado una difusión media de 340.998 ejemplares. La Vanguardia –el segundo- tenía 193.402, y ABC –el tercero- 145.597. Ese mismo año, en un curso de verano, Antonio Alemany, Antonio Asensio y Miguel Torres coincidían en que “el futuro del periodismo está en la concentración de empresas, en los grupos multiinformativos”. También mostraron coincidencia en la necesidad de la televisión privada. Y eso a pesar de que por aquellos días, la OIT (Organización internacional del trabajo) aseguraba con rotundidad: “La concentración empresarial y las nuevas tecnologías, graves amenazas para la Prensa escrita”. «Los periódicos tendrán que asumir las exigencias de una sociedad familiarizada con la información instantánea», añadía.

Llamo la atención sobre las cifras de ventas de periódicos -a las que casi han regresado sin llegar a caer tanto-, y a que ya entonces la UNESCO nos consideraba a los españoles bajo el umbral del desarrollo en materia tan sensible como la información en prensa escrita. Es decir, que sin la táctica acaparadora del monopoly que se ha venido practicando, los problemas quizás serían menores.

Porque la historia siguió su curso inexorable. Los periódicos se convirtieron en grandes grupos multimedia, en efecto. Radios, editoriales de libros y la ansiada televisión, con todas sus posibilidades de negocio: digitales de pago, todo lo que Vd quiera.

Y las que eran nuevas tecnologías en los años 80 y a las que siguen denominando exactamente igual -“nuevas” tecnologías- vinieron a complicar el panorama. No hacía falta ya “privarse del café para comprar un periódico en un quiosco”, como seguía diciendo Álvarez de Toledo en el artículo citado, llamando a la responsabilidad de lo que ello implicaba por parte del periodista.

El descenso de ventas y de publicidad, ha “sorprendido” a los grandes emporios –pese a todos los avisos y a toda la antelación con que se formularon- con todos los huevos en el mismo cesto. Y si se rompe el digital, o la editorial, la huevera se tambalea. Y, señores, hay que vender, regresar a las cifras millonarias, aumentarlas. A cualquier precio. Abaratar los costes. Reducir la plantilla despidiendo, prejubilando o “ERErizando” a los periodistas. Y ya no hay tiempo ni medios para comprobar y diversificar las fuentes. Ni la sociedad lo exige, por cierto. Educados en el espectáculo adocenador, lo que piden es entretenimiento.

Víctimas autoderrotadas, a buena parte de los periodistas actuales sólo parece preocuparles, en consecuencia, si van a mantener o no su puesto de trabajo. Si el futuro está en el papel o Internet. Si la culpa es del papel o de Internet. No creo que la bohemia o la osadía les encajen como calificativos. Hay grandes excepciones, sin embargo, pero, casualmente, algunos de los que yo más valoro se encuentran en este momento sin trabajo fijo.

En este panorama ¿a alguien le extraña que regresemos al sensacionalismo y falta de rigor de “El Caso” y a suprimir cualquier autocrítica? Pero ¿Cuál es el paso siguiente?

Ya está aquí la Navidad ¡la gran fiesta del consumo!

Uno no podría vivir sin fiestas y paréntesis lúdicos. Y la Navidad, tránsito de un año del calendario a otro –aunque en medio de una estación y un curso que no parece aportar cambios decisivos-, se celebra con fruición en todo el mundo. Fue el tema del primer texto que publiqué en mi vida, en un periódico llamado Aragón Exprés, con 16 años. Ya entonces era… la gran fiesta del consumo.

Los carteles de “Hay lotería de Navidad” nos asaltan desde el verano, apenas ha habido un semestre de pausa. A partir de Octubre podemos encontrar lazos rojos y bolas de colores, grandes cestas destinadas a regalo en los centros comerciales. Y, ahora, a finales de Noviembre, prende la iluminación: mes y medio de luces engalanando la ciudad. Cueste lo que cueste que «un día es un día», aunque se convierta en 45 seguidos, o algo más. Ya sabéis que la gente madura suele –o solemos- decir que “antes” las Navidades comenzaban con el sorteo del 22 de Diciembre, y que en menos de tres semanas nos habíamos liquidado el evento. Los años han ampliado los plazos, han intensificado las ofertas.

Ya está aquí la Navidad. Luces blancas, de colores, serpentinas, adornos rojo y oro, rojo y plata, verde musgo, transformando absolutamente el paisaje urbano. Los arbolitos con guirnaldas, las ventas de pobres arbolitos desgajados del suelo, apretados en su agonía inapelable por cuerdas que hacen más fácil su transporte a los hogares. Los juguetes, las cajas de brillantes envoltorios, todas con lazos rojos. Los atascos históricos, el no ver avanzar el coche durante horas, el peregrinaje a un punto en el centro de la ciudad donde parecían confluir todos los caminos. Existen establecimientos de venta a lo largo y ancho, diría que a lo alto y bajo de cualquier ciudad, pero estas fiestas inducen a acudir al centro, donde hay más gente, para fundirse en el calor de las masas humanas.

Llegará enseguida, la ceremonia de bajar de los altillos o comprar el arcaico belén, tributo a la nostalgia de la niñez; la búsqueda desenfrenada de regalos, objetos inservibles muchas veces, a doble costo del habitual. El griterío de los niños en las grandes superficies, con la voz más atiplada que de costumbre. Los nervios de los papás, los nervios de las parejas, los nervios de las personas solas, el llanto de los abuelos añorando irreparables pérdidas. El bombardeo de SMS en toda la escala posible del ingenio, a mayor gloria de las compañías de telefonía móvil. Y todo ello aderezado con canturreos machacones, imparables, de cuatro notas, cuatro tópicos, sonando por todos los altavoces. La bestia continúa inapelable su estrategia: adormecer, narcotizar, debilitar a las víctimas.

Todo sigue su curso. La inevitable comida o cena de compañeros de trabajo, de amigos, de familiares lejanos, de antiguos alumnos, de socios del gimnasio, del yoga, del taller literario, de la fila en la caja del supermercado, de vecinos teóricamente bien avenidos. Unos y otros, todos, sepultando en el alcohol las rencillas que pueden haber aflorado durante el ágape. O disfrutando –que también, enhorabuena- de la compañía de seres queridos o apreciados.

Y ¡por fin! el arranque oficial aún: la lotería. Comprar afanosamente billetes, salvoconducto a la riqueza, todos cuantos nos ofrecen por si acaso les toca a otros y no a nosotros. Los voceros de la bestia nos mandarán a dormir entre esperanzas de logros. Por lo general -y es una regla de tres-, la cansina serenata de números pasará de largo una vez más. No para algunos, que cantarán en las puertas de los bares sin temor al ridículo por la limosna de una suerte repartida. Los demás se consolarán con que gozan de salud, aunque les duela la espalda, los sabañones, el estómago y el alma.

Pero es que la Navidad ¡les gusta tanto a los niños!, ¡les hace tan felices! No será a los hijos de padres separados que sufren un desgajo inolvidable al vivir las tensiones de “este año te toca a ti la nochebuena, no que me toca la nochevieja”. Y los abuelos varios que también reclaman su cuota y que suelen terminar frustrados. Pero vamos a compensarles a estos crios, y a engatusar a los vástagos de familias felices, a educar a todos, con muchos regalos. Entre costumbres propias y foráneas, estarán las criaturas –y muchos mayores- tres semanas abriendo paquetes. Saturados, estragados. También, aunque menos, sentirán cierta ausencia -paliada con la presunción de su dicha- los padres de hijos con pareja que se reparten entre familias.

Habrá que pensar en los menús de cenas y comidas. Compitiendo como en una guerra, aguardando interminables colas, nos afanaremos en comprar langostinos con boro, ostras caducas, sucedáneo de angulas, pavos, corderos y cabritos, turrones plagados de colesterol, pagando el doble o el triple de su precio. Las vísperas del evento, los supermercados parecerán –como siempre- el escenario posterior a una guerra mundial: cajas vacías tiradas por el suelo, estanterías desabastecidas, restos incompletos de lechugas, cardos y coles desmayados supervivientes del naufragio sobre cualquier mostrador, con un terrible olor a viejo en el ambiente, con los villancicos sonando sin cesar.

Inapelable, vendrá la primera noche, el primer bombardeo de sensiblería anunciada. Conjuros de felicidad y bondad flotarán en un mundo de tensiones, guerras, desmanes, crisis, e injusticias. Por un mientras dura la cena, sin preguntas al más allá o al más acá de uno mismo. El Rey nos hablará para, como siempre, no decir nada, pero sus palabras serán cuidadosamente analizadas por si esconden mensajes secretos -con lo fácil que es contar las cosas como son-. Los niños correrán vestidos de Papá Noel. Vino y cava para forzar la alegría. Refugio artificial de la soledad en muchos casos.

La chiquillería continuará disfrazada los días posteriores: de piratas, hadas, guerreros, princesas, muchas princesas; y con caretas, pitos, espumillones trenzados, confeti, gritando desaforados. Que es bueno despertar la imaginación o la añoranza de ser alguien distinto de quien se es.

Y, más allá, nos aguardan las uvas y el dejar de fumar… un par de días, los Reyes Magos, y más atascos, y más compras y más histeria colectiva. Y la “cuesta de Enero” imprevisora. Ha merecido la pena el gasto ¡lo hemos pasado tan bien! O nos hemos desgarrado tanto por nuestras carencias que no se disipan, que incomprensiblemente se acrecientan en estas entrañables fiestas.

Pues nada chicos, ¡Felices Navidades!

Cataluña es… un pueblo libre

Los nacionalismos preocupan a un 0,4% de los españoles, y el Estatut de Cataluña, al 0,1%, según el último barómetro del CIS. Se refieren al nacionalismo de los distintos pueblos de España. A mí me preocupa mucho el nacionalismo español y me atrevo a asegurar que también les ocurre a muchos ciudadanos, pero sobre ése no nos suelen preguntar. De hecho, me resbala cualquier nacionalismo. Hay algo en la tierra en la que uno nace que atrapa pero se han hecho demasiadas tropelías en nombre de sentimiento tan primario.

Decía George Bernard Shaw: “Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él”. No parece razón muy objetiva, razonada y fundamentada. Casi todos los pueblos creen tener un dios dentro, en realidad. Algunos griegos estaban convencidos de que la luna de Atenas era más hermosa que la de Éfeso. El chauvinismo –creencia de que el país al que uno pertenece es el mejor en todos y cada uno de los aspectos- nació, no por casualidad, en Francia. Suele coincidir plenamente con el nacionalismo, al que descoloca que los límites de la Nación y el Estado no se superpongan sin que sobre o falte un milímetro. Erich Fromm, entre otros, asoció estos conceptos –chauvinismo y nacionalismo- a regímenes totalitarios, racistas y xenófobos.

Tomando fragmentos de mi último libro, citaré que España o las Españas existen a pesar de los Reyes Católicos –que forzaron una unidad ficticia, provisional y, además, por puros intereses personales y monárquicos-. Los defensores de la España unificada, una y sin par que, según ellos, formaron Isabel y Fernando, ésa que les llena la boca, la paz maravillosa de5 siglos que tuvimos –dicen- cuando toda la historia posterior nos indica que nos liamos –con perdón- a gorrazos a la mínima oportunidad, no recuerdan -o desconocen- que cada territorio conservó sus leyes, lenguas, instituciones políticas, banderas y costumbres. Incluso sus fronteras.

 El cantautor, político y –no lo olvidemos- profesor de historia, José Antonio Labordeta me contó en una entrevista lo que todos parecemos ignorar:

“Cuando muere Isabel la Católica, lo primero que hace Fernando de Aragón es casarse con una Navarra. En Castilla decían: “vale mas un mal francés que un buen aragonés”. Fue Felipe V, nieto de Luís XIV, un Borbón, el que estableció la unidad a semejanza del Estado francés. Y no podía ser. Hubo un periodo que vamos a llamar de Reconquista, para entendernos, en el cual todos los territorios habían ido cobrando una gran personalidad. Para avanzar en la Reconquista había que dar fueros, había que dar privilegios a los territorios, había que dar derechos. Y en 1714, hace trescientos años ¡viene un señor y se carga todo lo que había habido durante siglos! Naturalmente, cada vez que hay un periodo de libertad, un periodo democrático, vuelve otra vez el sentimiento federal de la verdadera historia de España”.

¿Qué Cataluña quiere llamarse nación y seguir aportándonos su clase, su dinero y su modernidad? ¿Qué problema hay? Un zapping nocturno me ha deparado escuchar que Cataluña es la Hungría que acogotó a no sé quién en el pasado, y a un presentador de TVE (24 horas) llamar a su gobierno la Generalidad, con “ghhhhe”, casi «yehhhh» en un ejercicio imposible que le torcía la lengua. Pero ¿a qué estamos jugando? ¿La derecha no preconiza la libertad sin límites?

La caverna induce a boicotear sus productos, hay un rechazo latente y de mayor amplitud social al diferente, envidia quizás, pero de verdad, como decía al principio, casi nadie pierde el sueño porque se llamen de una forma u otra. Pero los catalanes sí sienten el agravio. Les preocupa porque no dejan de nombrarlo. Casi nadie mienta lo que no le duele, y a ellos les duele, y se rebelan. Si se consuma la invalidación del Estatut, que por cierto obedece al recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP salvador de todas las Españas, va a haber una reacción seria. Verán que no juegan en la tabla de la demagogia sino en la realidad. Mira que si ahora sí se rompe España que no llevaba ninguna intención. Los políticos catalanes son antes catalanes que políticos y harán frente común. Y la sociedad catalana está hasta el moño de los españoles que les vilipendian. Y, en mi opinión, les asiste todo el derecho. ¿Cómo llamar a quien obliga a permanecer en el hogar con las reglas del patriarca y sin una sola concesión a la lógica? ¿Dónde, repito, está la libertad sin demagogia?

Es una pena, porque Cataluña en los tiempos de la Transición era Europa y el nacionalismo reactivo quizás les ha aprovincionado un poco; limitar, reducir, siempre tiende al catetismo. Claro que la España nacionalista corre camino de regresar a las catacumbas. El futuro está en las fronteras abatidas, pero si Cataluña se harta, creo que yo me mudo. Espero que dejen entonces de lamentarse de lo poco que les quieren el resto de los españoles. Y es que en el fondo, pués sí, hay conceptos atávicos. España es la mejor porque yo nací en ella. Ni catalanes, ni vascos,ni segovianos, ni sorianos, ni nacionalistas españoles, ni el presentador de TVE, ni nadie… ¡ yo! Yo sola soy España. Bueno, y tú para ti, y el otro. Hasta los catalanes. No, la verdad es que el territorio mínimo para crecer es Europa. Y, mejor, el ancho y desgraciado mundo.