El prestigio internacional de España

Anda muy preocupado el PP -y todos aquellos que les escuchan sin cuestionar sus opiniones- por la pérdida de prestigio internacional de España. La nueva tanda de lamentaciones ha llegado en la voz de las dos damas fuertes del partido: Cospedal y Aguirre. Ambas aseguran, con una u otra formulación verbal, que fuera nos toman por el pito del sereno. Las dos son personas instruidas, o deberían serlo a tenor de su cuna y posibilidades de acceso a la educación. No creo que hagan estas aseveraciones convencidas de su veracidad, sino para minar la credibilidad del Estado en un ejercicio más de patriotismo.

Me pregunto respecto a cuándo ha mermado España su prestigio internacional. El precedente más cercano es José María Aznar. El día en el que nuestro entonces presidente decidió apoyar la invasión de Irak en contra de las resoluciones de la ONU, el día de la famosa foto de las Azores, busqué preocupada cómo mostraban la escena más allá de nuestras fronteras. Tanto en la CNN norteamericana como en la BBC británica y ambas emitiendo para medio mundo, suprimieron la imagen de Aznar. Al priorizar la presencia de Bush y Blair, no contaron con lo accesorio: el presidente español, que apenas se vio en algún plano de refilón. No cuenta ya que una mayoría abrumadora de ciudadanos se opusiera aquí a la guerra, pero sí, quizás, lo que dicen los expertos en terrorismo: Afganistán fue la escuela del fanatismo islamista para cometer atentados, Irak se ha convertido desde la invasión, en la Universidad del terrorismo internacional.

Aznar sintonizó ideológica y mentalmente con Bush, el peor presidente en la historia de EEUU, fue a su rancho y habló en tejano, pero el poderoso mandatario no invitó a España a las reuniones del G8, por ejemplo. Aznar trabajaba para sí, para esas conferencias que imparte por los centros ultraconservadores de la galaxia –si le dejan, hasta ahí llegará-, cobradas a precio de oro, que defienden el liberalismo neocon generador de la crisis económica -que todos, salvo ellos padecemos-, y combaten el cambio climático con gran visión de futuro. Más cerca, Aznar se alineó con los EEUU de Bush para mermar a Europa. A la UE a la que pertenecemos. Como cuenta Javier Valenzuela en su libro “Viajando con ZP”, ni sus homólogos europeos tragaban a Aznar, sobre todo los franceses y en particular Chirac.

¿Nos remontamos al prestigio español durante los cuarenta años de franquismo? Llegamos a padecer –con razón- hasta un bloqueo internacional, que empezó a suavizarse cuando Eisenhower hizo acto de presencia a cambio de instalar bases extranjeras, de su país EEUU, en nuestro suelo. Pero reiteradamente nos negaron el acceso a Europa. Adolfo Suárez, tan boicoteado por todos los flancos, empezó a lavar la cara de España y Felipe González consiguió, por fin, que España entrase a formar parte de las Instituciones europeas en 1986. Época de los grandes pesos pesados en política, González sí fue “uno de ellos”. Aunque el país se subiera al tren en los últimos vagones. Europa nos dio dinero para desarrollarnos, nos cubrió de carreteras, pero no por eso nuestros sueldos y gasto social dejaron de estar a la cola de lo que disfrutaban –y aún disfrutan- los ciudadanos europeos. Pese al esfuerzo hecho, estábamos lastrados por siglos de atraso.

Ya, el Imperio. España fue el primer Imperio global, por así llamarlo. Es eso lo que añoramos. Durante siglos en nuestras posesiones “no se ponía el sol”. He leído algo de nuestra Historia con ojos nuevos. Por cierto, nos quejamos ahora pero aquello sí que era un sin vivir. Nuestro imperio y todos los demás se construyeron a base de guerras y ocupaciones, de robar a manos llenas a los vencidos, por alianzas de matrimonios entre monarquías, es decir pagando en la cama real las conquistas. Reyes autoritarios los españoles, casi absolutistas, los califica la Historia. Y entre ellos un Felipe III a quien se define como hombre de inteligencia limitada que cedió su poder a los validos. O Carlos II que tenía 4 años cuando accedió al trono, su madre y más validos rigieron a nuestros antepasados. Por religión en gran medida también se construyeron los Imperios, sobre todo en nuestro país. En los litigios, quien mediaba era el Papa católico, qué curioso.

Siempre me he preguntado por qué los museos británicos, franceses y demás, atesoran lo saqueado en sus guerras imperiales y aquí apenas tenemos nada de lo confiscado en aquel territorio de 20 millones de kilómetros cuadrados. Existen referencias de astronómicas cantidades de oro y piedras preciosas llegadas en los barcos de ultramar ¿adónde fueron a parar? Amén de lo que se llevaran las arcas privadas, respuesta que no parece nada descabellada, las crónicas hablan de una mala gestión, de que la guerra es muy cara, de la piratería que nos asolaba -qué casualidad-, de revueltas locales de ciudadanos hartos. Por cierto, descubro que Cataluña se rebeló en 1640 en el reinado de Felipe IV, vamos, que el estatut no nació ayer. Podemos presumir, eso sí, de dos grandes inventos: la picaresca –robar en plan simpático- y la guerrilla.Y por las eternas luchas de ideologías en nuestro suelo. Siempre, o casi siempre, ganaron… los castizos.

Poco nos cuentan de si calaron en la sociedad las venturas culturales del Siglo de Oro de este país que pervive en su prestigio por individualidades esforzadas que han de luchar contra el viento y la marea del involucionismo. Una frase de Lope de Vega me impactó en su día, y mi memoria la recuerda así: “Si al pueblo le das paja come paja, pero si le das grano come grano”. Sólo sé que arrumbamos analfabetos al siglo XX, y que hoy… apenas sólo servimos paja.

Dejémonos pues de glorias chauvinistas. Somos un país del primer mundo, bien situado en la escena internacional pero sin alharacas, con muchas cosas por mejorar. Sobre todo el decidido propósito común de emprender esa tarea. Con pasados tan poco edificantes como el nuestro –o casi, a nuestro extremo pocos llegan-, otros países lo consiguieron y sospecho que ha sido por eso, por quererlo y poner los medios, desde la sociedad y para la sociedad.

La conjunción planetaria

Los aficionados a repetir que el siglo XX fue un “siglo corto” –de guerra del 14 a caída de muro divisorio en el 89-, deberían estar alerta a amarrar su nuevo tópico, porque quizás el XXI finiquita apenas alumbrado o ha habido un período de transición en limbo para empezar realmente ahora. Es lo que tiene sujetar el pensamiento a las plantillas preconcebidas. Lo cierto es que el mundo se haya inmerso en un profundo cambio.

Atendamos a un ejemplo particular y que nos es muy querido o/y odiado: España. Conocido por su buena suerte, Zapatero se topa en su segundo mandato con una crisis económica mundial, pequeños cataclismos tan anunciados como éste, de mucha mayor envergadura como el agujero en la insostenible burbuja inmobiliaria y, por si faltara poco, el estallido de la sociedad en red. Y aparentemente le noquea. Tampoco se advierten muchas luces en los poderes oficiales a lo largo y ancho del planeta.

La crisis económica era inevitable en un sistema basado en la injusticia, en el lucro de unos pocos, y en decisiones que afectan a toda la Humanidad gestionadas desde Consejos de Administración privados a quienes la Humanidad les importa lo que una pavesa y sí engrosas sus “cuentas de resultados”, ése precioso eufemismo que, como muchos otros, enmascara la realidad. ¿Era imprevisible? Tanto como el derrumbe del Muro de Berlín. ¿”Remontamos” la crisis? Le hemos puesto un parche hasta la próxima.

Los gobiernos –que de alguna forma hicieron dejación de sus obligaciones para con la sociedad- no se enteran o lo hacen demasiado alentando la pervivencia del moribundo, en algún caso lucrándose y favoreciendo a los suyos. Tenemos ejemplos evidentes en administraciones locales o autonómicas. Que el hartazgo por lo que Zapatero no afronta deposite en esas manos nuestro futuro, resulta cuando menos paradójico. ¿No hay nadie más por ahí? Creo que sí: la sociedad.

En 2007, todos cuantos hoy deploran nuestra política económica hablaban de “el milagro económico español”. “ Todos quieren hacer como España”, decían en Bruselas, en el londinense The Economist y en medio mundo. Basado en la especulación inmobiliaria y en numeras corrupciones, estalló. Y también se le atribuyó al Presidente del gobierno. ¿Una bola de aire instantánea? ¿Nadie más sopló dentro? 

El planeta se nos cae a pedazos por el cambio climático. Nos avisan de que España va a ser una de las más perjudicadas. Cultivarán tomates en los fiordos noruegos y elaborarán vinos de crianza en el Ártico, mientras nuestro país se seca y llega a ver cómo no viene nadie de turismo a cocerse en nuestras playas. Cuando eso ocurra nos llevaremos –o se llevarán las autoridades- una sorpresa. Vivimos de sorpresa en sorpresa por no analizar los datos ni el conjunto

Aminetu Haidar, la activista saharaui, agoniza por valentía y coherencia. Sólo lleva ¡cerca de cuatro décadas! la antigua colonia española aguardando una solución. Terribles juegos de poderes se libran más allá de su caso. Ceguera de cualquier forma. Ya lo dije: la realidad –investida de monstruosidad o de esperanza- no desaparece por cerrar los ojos. Haidar -y los errores políticos ¿es de recibo que el Rey de Marruecos la admita “si pide perdón”?-  ha logrado que la olvidada causa saharaui tenga una gran repercusión internacional. A un precio muy caro. Algo más se podía haber hecho. Ay, pero es que nos pidieron que recortáramos las competencias en justicia universal, y ya carecemos de instrumentos drásticos -porque drástico es en estos tiempos la defensa de los derechos humanos-. No sé si miembros del PP aconsejarán invadir Marruecos –que no creo- el Sahara tras el muro –que lo hay- o, mejor, el aeropuerto de Lanzarote.

En el mundo globalizado, resulta que nos preocupa si un territorio –poblado de personas con opinión y sentimientos, no lo olvidemos- decide llamarse “Nación”. Y permanecer como una piña con el Estado, también debemos recordarlo. El PP presenta un recurso de inconstitucionalidad. Su tortuosa tramitación reaviva el soberanismo por reacción. El PP puede conseguir lo que tanto dice temer: romper España. Pero saca réditos: mayor intención de voto. Asombroso.

Enterarnos hoy –que es tan agobiante la información diaria que uno no llega a todo- que la poderosa Iglesia católica española, controla, entre otros bancos, Caja Sur y que además haya participado en “demasiados negocios inmobiliarios bajo sospecha”, ya me sobrepasa.

Y, finalmente –pero sólo por no abrumar con un texto aún más largo-, la Red se rebela, por una decisión arbitraria y errónea. Que el PP votante en Bruselas de restricciones a Internet trate de beneficiarse de este incidente, es desconcertante, por no calificarlo con palabras más gruesas. Mofas y vendas sobre los ojos, no cambian este otro hecho cierto: la sociedad está descontenta con el mundo en el que vive, la sociedad no se siente representada por emporios que parecen vivir en el Olimpo, a la sociedad sí le preocupa la crisis o el cambio climático porque los sufren, la sociedad comunicada más que nunca en la Historia por este sencillo objeto –el ordenador- en el que tecleamos y leemos, reacciona. En España y en todo el mundo a no tardar. Los comentarios en este blog a lo sucedido estos días con el manifiesto han reflejado alivio, una brecha abierta en la losa que nos angustiaba. Nadie podrá reprimirlo, no a la larga. Quien se niegue a verlo despertará en la noche y verá que el lobo sí estaba bajo la cama y que durante años lo alimentó sin darse cuenta, por acción u omisión. El problema es que no viven en el mundo real y, paradójicamente, a algunos de ellos (otros se han arrogado esta competencia porque sí) les hemos encomendado la toma de decisiones que nos afectan a todos. ¿Una conjunción planetaria? No. El desarrollo lógico de los acontecimientos.

Cataluña es… un pueblo libre

Los nacionalismos preocupan a un 0,4% de los españoles, y el Estatut de Cataluña, al 0,1%, según el último barómetro del CIS. Se refieren al nacionalismo de los distintos pueblos de España. A mí me preocupa mucho el nacionalismo español y me atrevo a asegurar que también les ocurre a muchos ciudadanos, pero sobre ése no nos suelen preguntar. De hecho, me resbala cualquier nacionalismo. Hay algo en la tierra en la que uno nace que atrapa pero se han hecho demasiadas tropelías en nombre de sentimiento tan primario.

Decía George Bernard Shaw: “Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él”. No parece razón muy objetiva, razonada y fundamentada. Casi todos los pueblos creen tener un dios dentro, en realidad. Algunos griegos estaban convencidos de que la luna de Atenas era más hermosa que la de Éfeso. El chauvinismo –creencia de que el país al que uno pertenece es el mejor en todos y cada uno de los aspectos- nació, no por casualidad, en Francia. Suele coincidir plenamente con el nacionalismo, al que descoloca que los límites de la Nación y el Estado no se superpongan sin que sobre o falte un milímetro. Erich Fromm, entre otros, asoció estos conceptos –chauvinismo y nacionalismo- a regímenes totalitarios, racistas y xenófobos.

Tomando fragmentos de mi último libro, citaré que España o las Españas existen a pesar de los Reyes Católicos –que forzaron una unidad ficticia, provisional y, además, por puros intereses personales y monárquicos-. Los defensores de la España unificada, una y sin par que, según ellos, formaron Isabel y Fernando, ésa que les llena la boca, la paz maravillosa de5 siglos que tuvimos –dicen- cuando toda la historia posterior nos indica que nos liamos –con perdón- a gorrazos a la mínima oportunidad, no recuerdan -o desconocen- que cada territorio conservó sus leyes, lenguas, instituciones políticas, banderas y costumbres. Incluso sus fronteras.

 El cantautor, político y –no lo olvidemos- profesor de historia, José Antonio Labordeta me contó en una entrevista lo que todos parecemos ignorar:

“Cuando muere Isabel la Católica, lo primero que hace Fernando de Aragón es casarse con una Navarra. En Castilla decían: “vale mas un mal francés que un buen aragonés”. Fue Felipe V, nieto de Luís XIV, un Borbón, el que estableció la unidad a semejanza del Estado francés. Y no podía ser. Hubo un periodo que vamos a llamar de Reconquista, para entendernos, en el cual todos los territorios habían ido cobrando una gran personalidad. Para avanzar en la Reconquista había que dar fueros, había que dar privilegios a los territorios, había que dar derechos. Y en 1714, hace trescientos años ¡viene un señor y se carga todo lo que había habido durante siglos! Naturalmente, cada vez que hay un periodo de libertad, un periodo democrático, vuelve otra vez el sentimiento federal de la verdadera historia de España”.

¿Qué Cataluña quiere llamarse nación y seguir aportándonos su clase, su dinero y su modernidad? ¿Qué problema hay? Un zapping nocturno me ha deparado escuchar que Cataluña es la Hungría que acogotó a no sé quién en el pasado, y a un presentador de TVE (24 horas) llamar a su gobierno la Generalidad, con “ghhhhe”, casi “yehhhh” en un ejercicio imposible que le torcía la lengua. Pero ¿a qué estamos jugando? ¿La derecha no preconiza la libertad sin límites?

La caverna induce a boicotear sus productos, hay un rechazo latente y de mayor amplitud social al diferente, envidia quizás, pero de verdad, como decía al principio, casi nadie pierde el sueño porque se llamen de una forma u otra. Pero los catalanes sí sienten el agravio. Les preocupa porque no dejan de nombrarlo. Casi nadie mienta lo que no le duele, y a ellos les duele, y se rebelan. Si se consuma la invalidación del Estatut, que por cierto obedece al recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP salvador de todas las Españas, va a haber una reacción seria. Verán que no juegan en la tabla de la demagogia sino en la realidad. Mira que si ahora sí se rompe España que no llevaba ninguna intención. Los políticos catalanes son antes catalanes que políticos y harán frente común. Y la sociedad catalana está hasta el moño de los españoles que les vilipendian. Y, en mi opinión, les asiste todo el derecho. ¿Cómo llamar a quien obliga a permanecer en el hogar con las reglas del patriarca y sin una sola concesión a la lógica? ¿Dónde, repito, está la libertad sin demagogia?

Es una pena, porque Cataluña en los tiempos de la Transición era Europa y el nacionalismo reactivo quizás les ha aprovincionado un poco; limitar, reducir, siempre tiende al catetismo. Claro que la España nacionalista corre camino de regresar a las catacumbas. El futuro está en las fronteras abatidas, pero si Cataluña se harta, creo que yo me mudo. Espero que dejen entonces de lamentarse de lo poco que les quieren el resto de los españoles. Y es que en el fondo, pués sí, hay conceptos atávicos. España es la mejor porque yo nací en ella. Ni catalanes, ni vascos,ni segovianos, ni sorianos, ni nacionalistas españoles, ni el presentador de TVE, ni nadie… ¡ yo! Yo sola soy España. Bueno, y tú para ti, y el otro. Hasta los catalanes. No, la verdad es que el territorio mínimo para crecer es Europa. Y, mejor, el ancho y desgraciado mundo.

Que tres años no es nada

vanguardia

Lo apuntó Celebes en un comentario. Hart@ de la actualidad que vivimos, iba a leer un periódico viejo para buscar análisis más sosegados. La inmediatez bombardea y resta proyección y percepción. Una buena idea que le agradezco. Elijo el 22 de Septiembre de 2006 y busco las facilidades que ofrece la excelente hemeroteca de La Vanguardia permitiendo leer en el diario hasta los anuncios.

Abre en portada con este titular destacado: “Europa censura la política de inmigración de España”. Alemania, Austria y Holanda habían recriminado a nuestro país por la regulación de los “sin papeles”. El Ministro de Justicia pedía a los socios europeos “dinero, medios y recursos”. Hoy España aprueba una ley de inmigración restrictiva, mientras sabemos que los muertos de hambre han llegado a 1.020 millones en el mundo y 3.000 más pasan serios apuros. Entre ellos, los hijos de la madre patria, los latinoamericanos, muchos de los cuales se acuestan por la noche con el estómago vacío.

Hungría vivía revueltas debido a la difícil transición desde el comunismo. El populismo se abría paso. Hoy tiene diputados de extrema derecha en el Parlamento Europeo y la crisis ha acrecentado sus problemas económicos previos.

El entonces ministro del interior francés, Nicolas Sarkozy había desatado una crisis institucional por su represión de la revuelta de los barrios periféricos. La mano dura le llevó al poder.

Italia había descubierto una vasta red de escuchas ilegales para espiar a políticos y empresarios. Hoy Berlusconi reina impune en su país, mientras otros bien cercanos siguen sus pasos. También el populismo acecha a pueblos que no sufrieron el comunismo.

Un comisario europeo por Italia, Frattini, afirmaba que “las amenazas contra el Papa afectan a toda la Humanidad”. Ratzinger acababa de hacer un polémico discurso contra el mundo musulmán que había suscitado críticas. Y ahí seguimos. Pura solidez inalterable.

En plena campaña electoral para el Parlamento catalán, Rajoy había declarado que “secundaba la labor de oposición de Zaplana sobre el 11M”, en apoyo de la teoría de la conspiración. La Vanguardia dedicaba una página-dentro de una serie-  a desmontar tal patraña apoyada en la investigación que luego revalidaría la sentencia del juicio. Hoy Rajoy y la cúpula de su partido acaban de salir de secundar la teoría de las escuchas a su partido, de la que acusaban al gobierno. Ni entonces ni ahora han pagado precio alguno.

Se ocupaba el gran periódico de un civilizado pueblo de las “alternativas cívicas para un mejor desarrollo ambiental”. De dejar el coche y viajar en autobús, aunque fuera en un anuncio. Y en su editorial principal de la Ley de Investigación en biomedicina que acaba de aprobar el Consejo de Ministros.

El socialista Juan Carlos Rodriguez Ibarra abandonaba la presidencia de la Junta de Extremadura diciendo que no quería sueldo de ex. Hoy se prodiga en la actualidad política pidiendo, por ejemplo, que la sanidad sea solo para españoles.

“La mala educación escolar” era el título de un artículo de opinión de Monserrat Domínguez. Junto a los males tradicionales no resueltos y aún acrecentados en la actualidad, un niño le preguntaba a su padre mientras le llevaba al colegio “si era legal” lo que estaban escuchando por la radio. La hoy periodista de la SER destacaba, de un informe llamado Cisneros, que “el acaso mediático al adversario político ha comenzado a adoptar tintes de “mobbing” y “bullying”, es decir, de matonismo”. Hoy,  los medios españoles  se dedican a la similar tarea, y el fuego amigo se entrecruza con bombas enemigas de bajo y superior calibre, en un panorama que induce al desconcierto a los menos avisados.

El defensor del pueblo Enrique Múgica –histórico miembro del PSOE- acababa de presentar recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut. Márius Carol lo comparaba a Carrie la protagonista de “Sexo en Nueva York” cuando dijo: “Supongo que hacemos una buena pareja. Yo soy adicta a la moda y él a la política. Y la verdad ¿cuál es la diferencia? Ambas adicciones vienen de ideas recicladas y las hacen parecer más frescas e inspiradoras”. el defensor de los españoles sin voz -a quienes el Estatut les preocupa en la cuantiosa cifra de un 1% según las encuestas del CIS- había coincidido en tiempo y espacio en Madrid con Milla Jojovich que venía a presentar su campaña para la firma Mango y compartían lugar en los periódicos. Carol les veía similar pasión por sus cosas, y pensaba si también él añoraba perderse en una isla desierta como la actriz. Hoy Múgica sigue en activo, tanto que preconiza para solucionar el problema de la insurrección de la infancia, el uso del Vd. en las escuelas, igual que el PP.

No sabíamos nada aún de las “subprimes” y no queríamos saberlo de Lehman Brothers y sus colegas. La bolsa española subía y sobrepasaba los 12.000 puntos.

Sufrían los catalanes las obras del AVE que hoy transporta al Rey de Suecia para aprender lo que es un tren en condiciones. Una terrible tormenta sacudía Galicia, Bill Clinton se afanaba en recoger dinero para luchar contra el cambio climático y para ayudar –mediante la caridad, por supuesto- a los desheredados de la fortuna liberal, que hoy engrosan y engrosan su número.

Y Yosu, un senegalés que entonces tenía 28 años, abordaba su séptimo intento de llegar a Europa, las penalidades no le habían disuadido, y seguía empeñado en lograr su objetivo. Llevaba 12 meses en Nuadibú, en Mauritania -donde por cierto existe un escondido y olvidado Guantánamo de los emigrantes-. De esa actualidad pasada, instructiva pero desalentadora para presente y futuro, sólo me gustaría saber que fue de Yosu. ¿Alguien tiene noticias de él? ¿O lo tenemos en el fondo del mar? De todo corazón espero que no, y que su tenacidad y la de tantos como él nos ayude y regenere.

Para todos los detalles, pasen y lean.

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