La herencia

Hijos de nuestros padres y de todos nuestros ancestros, es cierto que España arrastra unos condicionantes que configuran su ser: una herencia, aunque no sea precisamente la que ocupa el reiterado discurso del Partido Popular como excusa a su política de recortes.

De espaldas al mundo. Tras el aislamiento que llevó acarreado el franquismo, muchas industrias españolas llegaron tarde al desarrollo. Cuando ya la “globalización” neoliberal imponía la gestión por medio de multinacionales y comenzaban las deslocalizaciones buscando sueldos aún más bajos que los españoles. “A muchas empresas españolas les resultó difícil el tránsito de operar en el mercado interno a internacionalizarse”, dice el catedrático de economía Albert Recio en su capítulo de Actúa. Con sustanciosas ayudas públicas, grandes grupos fueron abandonando la actividad industrial para centrarse en obras y servicios y más tarde en la especulación financiera. Buenos resultados para ellos pero no para el conjunto del país. Entretanto el sector público era –y es- uno de los más escuálidos de Europa: apenas servía para la creación de empleo. En este conjunto se inscribe el pecado original tanto de los irrisorios salarios españoles como del elevado paro. Nada que ver con el mercado laboral y su presunta y eterna necesidad de “reforma”.

La casita heredada. Desde el desarrollismo de la década de los “sesenta”, España apostó por la vivienda como motor económico en lugar de para satisfacer una necesidad social. Se primó de un lado la compra sobre el alquiler y del otro la construcción privada sobre la vivienda social. Los países nórdicos y Holanda optaron en cambio por esta última; Alemania o Suiza palian su déficit con alquileres sometidos a regulación pública para evitar excesos. En España un 83 % son propietarios de su vivienda (según un estudio de Eurostat), una de las cifras más altas de la UE cuya media es del 65%,

“Alquilar es tirar el dinero”, sin protección sí, algunos prefirieron tirar su vida, engrosando por añadidura la deuda privada española, ésa que nos quita “confianza” ante los mercados. Para el sistema bancario español ha supuesto un colapso en sus intestinos, como vemos ahora. “Podíamos ser muy ricos”. Todos. El primero aquel empresariado español tan endogámico y peculiar. Si los gobiernos socialistas de Felipe González impulsaron la compra de viviendas y la entrada de capital extranjero, el golpe de muerte a una política coherente se lo dio la Ley del PP de 1998 de liberalización del suelo. Fue cuando definitivamente se infló la burbuja inmobiliaria y juntos caminaron más que nunca el “pelotazo” y el “ladrillazo”. Abandonados absolutamente por los poderes varios y también por las mínimas bases de cordura, nos encontramos con el mayor parque inmobiliario de la UE; en su día el ritmo de construcción más alto y… a la vez el acceso a la vivienda más difícil. Los precios son más caros en España que en varios países europeos. Además, una vez pinchada, la burbuja arrojó un abultado número de personas al paro.

Las ovejas negras de la familia. Hasta llegar a cuadrar un ganado endrino que asombra al mundo. El robo de dinero público por parte de políticos y de los agraciados con sus favores es una pesada herencia con la que cargamos. Ninguno ha devuelto lo sustraído, y pocos han pagado con cárcel –o no con cárcel suficiente- su delito. Una corrupción amparada por la tolerancia social e incluso la envidia de su “listeza” que arrastramos como un estigma desde que la “picaresca española” se consideró como un valor. Y que nos lleva a liderar prácticamente la economía sumergida de toda la Unión Europea.

Yo soy español, español, español. España tiene una larga tradición en disuadir el pensamiento crítico. Con graves carencias educativas, el español es de los pocos ciudadanos que presume de su ignorancia. No lee, no habla idiomas, no viaja (el 48% no ha salido nunca del país y el 10% ni siquiera de su provincia, según dictaminó un estudio de FUNCAS). Los recortes en educación agravarán el problema cuando nuevas generaciones comenzaban a paliarlo. El franquismo tampoco fue inocuo como herencia psicológica. El poso de sus directrices que propiciaban la infantilización y la sumisión todavía pesa en la actitud ante cualquier atropello. De eso se valen políticos sin escrúpulos.

Luego sí hay herencia con la que lidiar, al punto de plantearse incluso si aceptarla “a beneficio de inventario” o repudiarla. Solo que otros la arrostraron y aún lo hacen. El mundo -abierto hoy por numerosos medios- ya cala, muchos rehúsan herencias que se instalaron en los genes pero no mueven el presente y sabemos que existen diferentes formas de vivir, sin ladrillos, pelotazos, caspa o exacerbado consumismo. La herencia existe pero es otra. Y pesada. Lo último que podemos permitir es ensanchar sus activos tóxicos.

*Publicado también en Zona Crítica de eldiario.es
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Españistán, de la Burbuja Inmobiliaria a la Crisis (por Aleix Saló)

Es el vídeo de moda. Magnífico. Aleix Saló ha resumido lo que tantos venimos diciendo hace tiempo, pero de forma tan accesible y brillante que hay que darle una ovación. Todavía, además, hay quien lo niega.

La conjunción planetaria

Los aficionados a repetir que el siglo XX fue un “siglo corto” –de guerra del 14 a caída de muro divisorio en el 89-, deberían estar alerta a amarrar su nuevo tópico, porque quizás el XXI finiquita apenas alumbrado o ha habido un período de transición en limbo para empezar realmente ahora. Es lo que tiene sujetar el pensamiento a las plantillas preconcebidas. Lo cierto es que el mundo se haya inmerso en un profundo cambio.

Atendamos a un ejemplo particular y que nos es muy querido o/y odiado: España. Conocido por su buena suerte, Zapatero se topa en su segundo mandato con una crisis económica mundial, pequeños cataclismos tan anunciados como éste, de mucha mayor envergadura como el agujero en la insostenible burbuja inmobiliaria y, por si faltara poco, el estallido de la sociedad en red. Y aparentemente le noquea. Tampoco se advierten muchas luces en los poderes oficiales a lo largo y ancho del planeta.

La crisis económica era inevitable en un sistema basado en la injusticia, en el lucro de unos pocos, y en decisiones que afectan a toda la Humanidad gestionadas desde Consejos de Administración privados a quienes la Humanidad les importa lo que una pavesa y sí engrosas sus “cuentas de resultados”, ése precioso eufemismo que, como muchos otros, enmascara la realidad. ¿Era imprevisible? Tanto como el derrumbe del Muro de Berlín. ¿”Remontamos” la crisis? Le hemos puesto un parche hasta la próxima.

Los gobiernos –que de alguna forma hicieron dejación de sus obligaciones para con la sociedad- no se enteran o lo hacen demasiado alentando la pervivencia del moribundo, en algún caso lucrándose y favoreciendo a los suyos. Tenemos ejemplos evidentes en administraciones locales o autonómicas. Que el hartazgo por lo que Zapatero no afronta deposite en esas manos nuestro futuro, resulta cuando menos paradójico. ¿No hay nadie más por ahí? Creo que sí: la sociedad.

En 2007, todos cuantos hoy deploran nuestra política económica hablaban de “el milagro económico español”. “ Todos quieren hacer como España”, decían en Bruselas, en el londinense The Economist y en medio mundo. Basado en la especulación inmobiliaria y en numeras corrupciones, estalló. Y también se le atribuyó al Presidente del gobierno. ¿Una bola de aire instantánea? ¿Nadie más sopló dentro? 

El planeta se nos cae a pedazos por el cambio climático. Nos avisan de que España va a ser una de las más perjudicadas. Cultivarán tomates en los fiordos noruegos y elaborarán vinos de crianza en el Ártico, mientras nuestro país se seca y llega a ver cómo no viene nadie de turismo a cocerse en nuestras playas. Cuando eso ocurra nos llevaremos –o se llevarán las autoridades- una sorpresa. Vivimos de sorpresa en sorpresa por no analizar los datos ni el conjunto

Aminetu Haidar, la activista saharaui, agoniza por valentía y coherencia. Sólo lleva ¡cerca de cuatro décadas! la antigua colonia española aguardando una solución. Terribles juegos de poderes se libran más allá de su caso. Ceguera de cualquier forma. Ya lo dije: la realidad –investida de monstruosidad o de esperanza- no desaparece por cerrar los ojos. Haidar -y los errores políticos ¿es de recibo que el Rey de Marruecos la admita “si pide perdón”?-  ha logrado que la olvidada causa saharaui tenga una gran repercusión internacional. A un precio muy caro. Algo más se podía haber hecho. Ay, pero es que nos pidieron que recortáramos las competencias en justicia universal, y ya carecemos de instrumentos drásticos -porque drástico es en estos tiempos la defensa de los derechos humanos-. No sé si miembros del PP aconsejarán invadir Marruecos –que no creo- el Sahara tras el muro –que lo hay- o, mejor, el aeropuerto de Lanzarote.

En el mundo globalizado, resulta que nos preocupa si un territorio –poblado de personas con opinión y sentimientos, no lo olvidemos- decide llamarse “Nación”. Y permanecer como una piña con el Estado, también debemos recordarlo. El PP presenta un recurso de inconstitucionalidad. Su tortuosa tramitación reaviva el soberanismo por reacción. El PP puede conseguir lo que tanto dice temer: romper España. Pero saca réditos: mayor intención de voto. Asombroso.

Enterarnos hoy –que es tan agobiante la información diaria que uno no llega a todo- que la poderosa Iglesia católica española, controla, entre otros bancos, Caja Sur y que además haya participado en “demasiados negocios inmobiliarios bajo sospecha”, ya me sobrepasa.

Y, finalmente –pero sólo por no abrumar con un texto aún más largo-, la Red se rebela, por una decisión arbitraria y errónea. Que el PP votante en Bruselas de restricciones a Internet trate de beneficiarse de este incidente, es desconcertante, por no calificarlo con palabras más gruesas. Mofas y vendas sobre los ojos, no cambian este otro hecho cierto: la sociedad está descontenta con el mundo en el que vive, la sociedad no se siente representada por emporios que parecen vivir en el Olimpo, a la sociedad sí le preocupa la crisis o el cambio climático porque los sufren, la sociedad comunicada más que nunca en la Historia por este sencillo objeto –el ordenador- en el que tecleamos y leemos, reacciona. En España y en todo el mundo a no tardar. Los comentarios en este blog a lo sucedido estos días con el manifiesto han reflejado alivio, una brecha abierta en la losa que nos angustiaba. Nadie podrá reprimirlo, no a la larga. Quien se niegue a verlo despertará en la noche y verá que el lobo sí estaba bajo la cama y que durante años lo alimentó sin darse cuenta, por acción u omisión. El problema es que no viven en el mundo real y, paradójicamente, a algunos de ellos (otros se han arrogado esta competencia porque sí) les hemos encomendado la toma de decisiones que nos afectan a todos. ¿Una conjunción planetaria? No. El desarrollo lógico de los acontecimientos.

¿Nadie se cuestiona el sistema?

Nos habíamos acostumbrado a vivir en un sistema que, aún en su injusticia, parecía estable. Las noticias traían imágenes de hambrientos y muertos de pobreza pero con menor frecuencia que diatribas entre políticos locales o hazañas deportivas. Que más de mil millones de personas estén en riesgo de fallecer porque no tienen con qué alimentarse, y tres mil millones mal coman y mal vivan, pasaban por ser daños colaterales de una organización social en la que el resto (muchas menos personas) no sufría mayores problemas. “Siempre ha sido así”, nos decíamos. “No podemos hacer nada además”. El egoísmo innato, la ceguera de ignorar los datos que cada día aporta para prever el futuro, la sensación de impotencia.

Cuando el libre mercado quebró hace un año, tras dar serios síntomas en 2007, asistimos impertérritos a cómo los gobiernos inyectaban miles de millones a las empresas para que mantuvieran el status quo. Con nuestros impuestos.

Si nos centramos en España, al mismo tiempo que esa gran crisis mundial nos aquejaba, se hundía también el edificio sin cimientos de nuestra economía. Habíamos construido casas sin tino, para enriquecer a unos pocos, para endeudar a la mayoría y sujetarla al sistema. El turismo se resentía porque a casi nadie con gusto estético le atrae pasar sus vacaciones entre cemento anárquico, precios elevados, mal servicio y mala educación. Y no había mucho más. Carecemos de un tejido industrial potente. Aquí y en todo el mundo desarrollado, el dinero invierte en aire para enriquecerse aún más, no en sectores productivos para la sociedad.

Aquí estamos. Con un periodismo que se ha banalizado en manos de emporios que persiguen también mantener el sistema. Bombardeados con ofertas de compra, hasta de lo inútil, para seguir consumiendo más y que el libre mercado siga su camino. Para enriquecer a unos pocos, insisto, cada vez es mayor la brecha entre ricos y pobres. Cada vez se empobrece más la llamada clase media.

El sistema sigue inexorable su camino voraz. Dos noticias recientes muestran sendos picos de alarma. El paro sigue subiendo en España más que en Europa, pero aún es más intranquilizador saber que más del 40% de los jóvenes menores de 25 años no tiene trabajo, lo que representa más del doble de la media comunitaria. Unámoslo a esta otra cuestión que hoy plantea El País, tras venir avisando largamente incluso en las voces de los políticos: ¿Una generación sin pensiones? Se pregunta el diario. ¿La misma que ahora está en paro? Añado yo. El sistema público se agota y los privados están en cuestión por la crisis. España avanza hacia el envejecimiento sin una solución en el horizonte para los jubilados. Son habas contadas… mientras las cuenten los mismos.

La caída del Muro de Berlín hace 20 años, supuso llevar a la hegemonía mundial en solitario al capitalismo -hasta entonces, curiosamente, habían sido dique de contención el uno del otro, entre dos formas de organizar el Estado-. La izquierda democrática europea –que nada tenía que ver con las dictaduras comunistas- perdió votantes en cascada. Incluso la UE roja, se tornó azul. Quizás fue porque, acomplejada, la izquierda se dejó imantar por la derecha y sus métodos.

Como bebes eternos, inmaduros mentales, a quienes distraen con dulces piruletas, asistimos a esa degradación de nuestras condiciones de vida orquestada por unos pocos con poder: empresarios, políticos que hacen dejación de sus obligaciones de, únicamente, representar a la sociedad y gestionar unos servicios, medios de comunicación, publicidad. Nos va mucho más que ver quién gana en luchas de partido y de partidos, políticos y de fútbol. Mucho más que seguir la intriga de cómo nos han robado, con alevosía y desfachatez infinitas. Estamos atrapados por unos carceleros de guantes de seda pero inconmovibles, despiadados en la decisión de conseguir sus fines: dinero privado, más dinero, para ellos solos. Y somos más. No me cansaré de repetirlo. Tiene que haber una tercera vía. Pero nadie con capacidad de decisión parece cuestionarse el sistema. Ni la mayoría de nosotros. Que cayera el Muro de Berlín parecía imposible, pero fue barrido por las ansias de libertad -y yo lo vi con mis propios ojos-. Vientos de justicia habrán de derribar también su vertiente occidental, ésa en la que vivimos.

“El turismo y la construcción sacarán a España de la crisis”

Lo ha dicho una mente preclara en cuyas manos está buena parte de nuestro proyecto económico: José Manuel Campa, actual secretario de Estado de Economía en entrevista a la cadena de televisión Bloomberg.

Quiere hacerlo a base de traer más jubilados de otros países a residir en Europa. No tiene en cuenta que, en general, a los ciudadanos – de todas las edades- del resto de Europa no les gusta el cemento y suelen estar muy concienciados acerca del medio ambiente. De hecho, escuché en un reportaje a un alemán, antiguo asiduo visitante de nuestras playas, que ya no quería venir porque había demasiadas construcciones y muy poco atractivas.

Para empezar podría intentar venderles el medio millón de casas vacías que nos dejó en herencia la burbuja inmobiliaria. Y a precios competitivos: un chalet aislado, no adosado, de tres plantas con jardín cuesta en Suecia 400.000 euros y se pueden encontrar apartamentos por 60.000.

Insisto en mi entrada anterior, de todos modos; en mis propuestas para salvar el turismo español.

¿Es España un país de profesionales capacitados?

El ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, va a participar como ponente en un curso de verano de la Fundación Universidad Rey Juan Carlos. Se celebrará este verano en Aranjuez. ¿De qué hablará Muñoz? De corrupción. “Periodismo y corrupción política” es el tema del seminario que contará con otros expertos en la materia. Julián Muñoz lo es. La poco dinamizada Universidad española ha tenido esta vez una idea revolucionaria que, por otro lado –o por el principal-, asegura a este curso un éxito mediático: llamar a un perito en corrupción, alguien que lo ha vivido como autor protagonista, conoce sus entresijos, la optimización de los recursos de los que dispone para delinquir. Un auténtico profesional.

 No vivimos en un país de especializaciones, de profesionalidad. Al menos en algunos terrenos fundamentales. Analizemos el atrapado lapsus del Presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, este miércoles. El micrófono abierto ante un millar de empresarios permitió escuchar lo que piensa: el problema de la economía no es “la grave crisis, sino los años de Zapatero” y quien realmente sabe es la ultraliberal Esperanza Aguirre que es “cojonuda”. Díaz Ferrán fue elegido para representar a sus colegas, alma de una economía de mercado. Le son exigibles criterios técnicos y no son permisibles opiniones emocionales. Ésas deben quedar para el café con los amigos. Su frase revela que el presidente de los empresarios ignora muchos puntos fundamentales:

La crisis financiera mundial provocada por sus homólogos del llamado mundo civilizado, incuestionablemente. La génesis de la debacle económica española –con la burbuja inmobiliaria inflada por muchos de los suyos, alentada por la Ley de 1998 del PP, tolerada ampliamente por los gobiernos del PSOE-. Si no ha interiorizado que las economías sólidas se basan en industrias productivas, y no en la fabricación de aire, y eso ataña a las políticas empresariales. Si no sabe que las empresas españolas se sitúan a la cola de Europa en inversiones en innovación y que eso representa el futuro.  Si no ha advertido que ningún país del mundo osa ahondar en recetas neoliberales para paliar la crisis. Si desconoce también que no se puede seguir pidiendo sacrificios a los trabajadores peor pagados de la Europa de los 15, de los que llevan casi un cuarto de siglo en Bruselas, superando en salarios sólo a los de Grecia y Portugal. Si todo eso queda nublado por su pasión política dedicada a aquellos que pueden perpetuar al límite la situación. Pero, a la vez, si no se ha enterado de que las cosas se han llevado a tal extremo que hasta los organismos internacionales alertan de un estallido social sin precedentes… es que no está preparado para el cargo que ocupa. No es un auténtico profesional de la presidencia de un colectivo tan decisivo.

En España tenemos también a periodistas y dirigentes de medios informativos que confunden el periodismo con la propaganda y los intereses económicos. A sacerdotes y obispos que dan mítines políticos en lugar de predicar la doctrina de su fundador, Jesucristo. A jueces y demás profesionales del Derecho que también se guían por criterios emocionales. Políticos como Vidal-Cuadras que optan a repetir en Europa alabando al Berlusconi de las modelos descerebradas porque “dan espectáculo” y Europa, piensa, lo necesita. Si somos el reino de la chapuza en muchos oficios… ¿nos podemos llamar un país de expertos y profesionales? ¿Ofrecemos garantías? ¿Se puede confiar en nosotros? ¿Y en nuestro futuro?

Afortunadamente hay médicos que se dedican a curar, vendedores capacitados, agricultores que se dejan la piel en el campo, jóvenes innovadores, buenos profesionales en muchas materias que, a veces, tienen que luchar en exceso por superar la tendencia general. Ellos son el tejido que argamasa este país. Pero obstaculizando el camino se encuentran quienes ocupan puestos decisorios sin capacitación real para el puesto. La Universidad Rey Juan Carlos ha encontrado para hablar a un auténtico experto: Julián Muñoz. De la corrupción. Ahí si podemos presumir de avezados especialistas. Incluso con fama internacional.

Actualización 8 de Mayo.

   Julián Muñoz no actuará como ponente en los cursos, seguramente ante el revuelo armado. El director del curso Juan Luís López Galiacho, dice ahora la socorrida frase de que se “malinterpretó” y que el ex alcalde marbéllí nunca fue contemplando como ponente. Sin embargo…

 ” El dossier de prensa que se entregó a los periodistas que asistieron ese día a la presentación de los cursos, en Madrid, incluía también al ex alcalde de Marbella en el apartado de “otros ponentes” del curso “Periodismo y corrupción política”, que se celebrará en Aranjuez entre el 6 y el 10 de julio”.

En el reino de la IMPUNIDAD

Los ciudadanos están hartos de la política y los políticos no dejan de dar motivos para que así sea e incluso se acreciente el desprecio social a su gestión. Suelo mantener que es una opinión desinformada, ignorante o interesada afirmar que “todos son iguales”, no lo son. Pero en el río revuelto suelen salir beneficiados los populismos. Así llegan los Gil a Marbella, los Chávez a Venezuela, o se asiste al crecimiento en España de una resentida y oportunista, que cambia de opinión según le conviene, como Rosa Díez.
La crisis ha dejado en cueros a la política, porque ni pareció prever, ni sabe como atajar los desmanes del capitalismo. Pero ya hemos hablado suficiente de ello, hoy quiero resaltar un pequeño muestrario de la impunidad que transita feliz por España. Seguramente incompleto, esto es lo que a mí más me irrita:

  • TRAMA DEL ESPIONAJE EN MADRID. Lo penúltimo. Un apestoso contubernio de favores familiares y de amistad, con beneficio económico, se cuece -entre otras cosas- en la capital. Como muestra esta entrada de Nacho Escolar y otras anteriores. La presidenta Aguirre se enfrenta a la oposición en la Asamblea. Y con voz cuartelera esparce mierda al asegurar que el PSOE también espió. ¿Alguien espera que comisión alguna de mayoría popular esclarezca el asunto? ¿Piensa Aguirre que así se exculpa? ¿Y que eso le beneficia y beneficia a la política?
  • EL TAMAYAZO. 2003 el PSOE gana las elecciones en Madrid. Dos diputados, Tamayo y Sáez, se ausentan de la votación y dan el triunfo al PP. Salen  -en informaciones periodísticas- relaciones sospechosas de los evadidos con responsables del partido conservador. Esperanza Aguirre gana en una nueva votación, y revalida cuatro años más tarde su victoria. Todos sabemos que apesta, pero del “tamayazo” nunca más supimos.
  • ESPECULACIÓN EN LA BURBUJA INMOBILIARIA. Es la causa principal de que la crisis haya afectado más a España. Los delitos más frecuentes fueron prevaricación, tráfico de influencias, cobro de comisiones y adjudicaciones irregulares. Muchos casos son investigados, apenas conocemos resultados. El 70% de los alcaldes acusados de corrupción sigue en sus puestos, gracias a los votos de los ciudadanos. En algunos casos, incluso aumentaron sus apoyos.
  •  TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN. Durante 4 años, el PP y sus medios afines acusan, sin pruebas, de irregularidades a la investigación del 11M. ETA participó y eso implica un triunfo ilegítimo del PSOE. “¿Qué banda terrorista llevó a Zapatero a la Moncloa?” pregunta Miguel Ángel Rodríguez, antiguo portavoz de Aznar. La cadena de despropósitos llena páginas en mi libro y todos los recordamos, a pesar de nuestra memoria tan frágil. La sentencia judicial pone las cosas en su sitio. Se han producido gravísimas acusaciones a personas, hasta de asesinato múltiple. Pero los conspiranóicos no pagan precio alguno. Ningún país serio lo hubiera dejado impune.
  • VUELOS DE LA CIA. Pruebas, incluso gráficas, atestiguan que EEUU utilizó España -y otros países europeos- como escala para trasladar presos a la base ilegal -e inmoral- de Guantánamo. Un documento certifica el conocimiento de Aznar, hace cuatro días. Miembros del PP amenazan veladamente al PSOE. Si tiras de la manta, nosotros también, vienen a decir. Y el asunto se tapa.
  • EL SEÑOR X EN LOS GAL. España ha sido el único país que ha procesado a los practicantes del tan frecuente -e inacabable- terrorismo de Estado. Bien en este caso, aunque terminaron siendo prematuramente indultados. Pedro J. Ramírez en El Mundo, se hartó de hablar de un “Señor X” que nunca apareció.
  • CARLOS FABRA. Hace frente a pagos por un valor superior a lo que declara ingresar. Encausado por varios delitos, elude año tras año sus procesos judiciales porque los profesionales asignados a sus casos piden uno tras otro el traslado, sin que actúe el Poder Judicial.
  • OPERACIÓN GUATEQUE. Supuesta corrupción en la concesión de licencias en locales de Madrid. Sólo se agilizaban mediante pago fraudulento. ¿Alguien sabe como anda esto?
  • GESCARTERA Y OTROS ASUNTOS DE CORRUPCIÓN ECONÓMICA. ¿Se esclarecerán algún día?
  • YAK 42. Mayo de 2003. 62 militares españoles mueren en un accidente de aviación, al regresar de su misión en Afganistán. Todas las pruebas apuntaban ya a lo que después se confirmó: el viaje ofrecía riesgos conocidos y sólo obedecía a la intención del ministro Trillo de ahorrar dinero en esa partida -se habían producido más de 500 muertos durante la década precedente en los numerosos accidentes que habían sufrido aparatos como el Yak 42-. Luego vendría la inconmensurable chapuza de meter los muertos a bulto y ponerles la primera etiqueta, y el primer ataúd, que encontraron. No hay responsabilidades.
  • 40 AÑOS DE DICTADURA. Nadie ha pagado por ella. Se cubrió con el sutil manto de la Transición. ¿Todo parte de aquí? Porque, sin duda, hay causas que han propiciado este triunfo de la impunidad que, en modo alguno, es inocuo.

         ¿Es posible, así, creer en los políticos? Yo aún les doy un margen de confianza, una última e ingenua fe en que pueden cambiar, al menos algunos.  Pero nos deben limpieza, eficacia, entender que son -nada más y nada menos- que nuestros representantes.

         Pero no son los únicos. ¿Qué responsabilidad tiene la Justicia en esto? ¿Y la prensa, el periodismo? En unos casos porque se mueve por intereses, en el otro porque no sigue las noticias. ¿Y la sociedad que calla y vota o no vota? Lo que falla es el sistema.

Del milagro económico a la gran crisis

3.200.000 parados, 620.000 empleos destruidos, en el mayor ritmo de pérdida de puestos de trabajo de nuestra Historia. Se baja del nivel de los 20 millones de personas trabajando de los que tanto ha alardeado el Gobierno. 820.000 familias tienen a todos sus miembros parados. El PP dice tener la receta para salir de la crisis.
Durante meses, años incluso, he estado atesorando datos y leyendo opiniones ilustradas de todo signo para publicar “España, ombligo del mundo” y creo que he sido testigo de excepción de cómo se gestaba el problema.
Durante la primera legislatura socialista se crearon, en efecto, esos 3 millones de empleos, y en el primer trimestre de 2007 se asistió a un espectacular 4,1 de crecimiento. Los nuevos países europeos y la prensa internacional hablaban de “el milagro económico español”.
Se desata entonces la gran crisis financiera, económica, internacional. Prácticamente sin precedentes. Desde mi modestia de lega en la materia, aprecio que ni siquiera en el 29 llegó a quebrar el sistema -al menos no se cambió-. Porque las medidas adoptadas son cuidados paliativos. Siguiendo el simil conviene recordar lo que dijo hace meses Josep Stiglitz, Premio Nobel de Economía -y asesor de Zapatero, por cierto- sobre las medidas que se estaban -y están- adoptando “es como poner transfusiones a alguien con hemorragia interna”. Y ahí estamos.
España partía de una situación más desfavorable por sus graves defectos estructurales. Los principales, haber sustentado la economía en la construcción y el turismo, y mucho menos en la industria.

 Burbuja inmobiliaria.

Fuente de enriquecimiento fraudulento en muchos casos, sajó a España de norte a sur e islas, con casos de corrupción. Las alertas eran dramáticas. Hasta la Comisión Europea elaboró un informe -publicado- con los más gruesos apelativos hacia lo que se estaba haciendo en España.

Trataré de sintetizar:

• Cada día se transformaba en España una superficie de suelo equivalente a 45 hectáreas -los famosos (45) campos de fútbol-.
• La superficie edificada aumentó un 40% en los últimos diez años.
• En 2005 se levantaron más de 800.000 viviendas que equivale a las edificadas durante el mismo período en Reino Unido, Francia y Alemania juntas, aunque estos países suman cinco veces la población de nuestro país.
• En 2006 se aprobaron planes para construir millón y medio de viviendas y más de 300 campos de Golf. Suponían un récord absoluto en la historia de España.
• La tercera parte del primer kilómetro de litoral mediterráneo está construida.
• Desde la Ley 6/98 del Partido Popular, el suelo urbanizado de vivienda libre se encareció un 200% hasta 2.004.
• España cuenta con el mayor parque inmobiliario de la UE, hasta hace poco con el ritmo de construcción más alto, y -punto importante- el acceso a la vivienda más difícil.
Los españoles, además, se embarcaron con demasiada alegría a hipotecarse casi de por vida, con intereses variables y por un porcentaje de su sueldo que desafiaba las leyes de prudencia económica.

Turismo.

Baja el número de visitantes. Y la razón es diáfana. A través de grandes zonas urbanizadas en los últimos años, se ha formado un paisaje anárquico, abigarrado. Ha brotado una maleza de cemento, donde hubo quizás un jardín, o una playa limpia. Si a eso añadimos, que ya no somos amables con los visitantes como cuando llegaron a traernos el maná, porque “somos mejores que ellos” y “nos sobra el dinero” y, sobre todo, que España resulta tan cara como sus propios países, no hace falta tener una bola de cristal para adivinar el futuro. Atraerán, por mucho tiempo, nuestros magníficos monumentos, las ciudades y pueblos con sabor, pero para vacaciones de playa, las tienen más baratas y acogedoras en Punta Cana (República Dominicana), en las pequeñas islas griegas, en Túnez, y en muchos otros lugares.

Debilidad de la industria.

Sólo el 5% de los empleos creados en la bonanza económica han sido en este sector que aporta un tejido más sólido.

Competitividad exterior.

Algunas empresas españolas triunfan fuera -Zara, Telefónica, los Bancos y los Clubes deportivos- pero apenas hay un centenar reconocidas internacionalmente, nuestras estrellas económicas representan un 2% de las marcas mundiales. Sólo hay tres entre las 100 grandes compañías mundiales. La primera en aparecer en la lista Forbes, es el Banco de Santander, que figura en el puesto número 58. Telefónica está en el 76 y Repsol YPF, en el 92. El déficit exterior, por otro lado, -la diferencia entre importaciones y exportaciones- alcanza los 100.000 millones de euros que equivalen al 10% del PIB.
Cuestión aparte son los grandes beneficios obtenidos por todas ellas -escalofriantes- que parecen estar guardándose bajo llave.

¿Las recetas del PP nos servirán? Son abaratar el despido, rebajar -aún más los sueldos, ver datos en Europa en Suma más abajo-, o recortar el gasto social. ¿Liberalizar el suelo, quizás? Viene en el programa electoral de Rajoy, y fue esa primera ley de 1998 la que disparó el problema. Hoy -hoy mismo- Aznar, el deseado, sigue apostando por el Mercado y el liberalismo para acabar con la crisis.

¿Soluciones? Se hace precisa una actuación más enérgica del Gobierno, más imaginativa. Prácticamente, dar la vuelta al guante de todo cuanto nos lastra. Pero el enfermo neocon -esqueleto de todo el sistema- sigue arrojando sangre debido a su hemorragia interna, en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Islandia.. España, sin duda, en todas partes. Vosotros veréis, políticos incluidos.

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