¿Dónde se vota al FMI?

Neoliberalismo infantil. Elrich. (Via @Ravena87)

A los “mercados” no les gusta Rajoy. En “Europa” –entiéndase como la misma entelequia semántica que “mercados”- ha sentado mal que no apoyara el plan de ajuste que nos decretaron ambos –“mercados”, “Europa”- más EEUU por la boca de Obama. El periódico alemán Süddeutsche Zeitung publica un texto de su corresponsal en España Javier Cáceres titulado: “Baile español en la cuerda floja”:

“Esto es malo también porque el mayor partido de la oposición, el Partido Popular, no hace ningún tipo de amago para recomendarse como alternativa. Debido a numerosos casos de corrupción está ocupado consigo mismo. Además, a pesar de que la situación requiere un consenso por encima de los partidos, ha optado por una postura de negación. Europa debería tomar nota de que la derecha española casi ha conseguido tumbar el paquete de ahorro – con consecuencias imprevisibles para el resto del continente”.

Lo cuenta Fernando Berlín, que añade también otro dato:

“Tal y como destaca el International Herald Tribune, “los inversores puede que no deseen ver más incertidumbre vinculada a unas posibles elecciones y un cambio resultante en el gobierno en un momento en que España ya está luchando por cumplir sus compromisos con el euro”.

Los españoles, en cambio, parece que están dispuestos a darle a Rajoy – a este Rajoy y a este PP- prácticamente la mayoría absoluta. Es por lo que trabaja el PP, por ocupar la Moncloa. En exclusiva.

Durán i Lleida, el deseado, el conservador que pide “ir más allá” -en el ajuste-, goza hoy de un prestigio inigualable. El otro día en el Parlamento le dijo a Zapatero –traduzco- te apoyo ahora, para que te quemes, y, de aquí, a 5 meses, cuando la labor sucia esté avanzada, convocamos elecciones y ponemos al PP con nuestro apoyo. Dilató la decisión hasta el debate de los presupuestos. Con lapsus y todo: “no me voten”.

CiU repite la misma estrategia que en 1995 con González. Exacta. Su mala memoria no les permite recordar que, a larga -su apoyo al PP-, les costó el gobierno de la Generalitat y, que vaya por dios, se destaparan algunos asuntos turbios de su gestión. Los ciudadanos catalanes suelen ser en general bastante civilizados.

Estamos hablando de un país tan ajustado ya por políticas conservadoras anteriores que, como describe y argumenta Vicenç Navarro, está “a la cola de Europaen inversiones sociales. Incluso ya nos sobrepasan, sí, Grecia y Portugal. Pero es lo que tiene no invertir en educación –como pide, por cierto, la política del FMI que considera este apartado, con la salud, gastos a reducir-.

Otra desprestigiada e incontrolada agencia de calificación, Finch, nos ha bajado la nota. Estamos en el punto de mira de los “mercados” y no van a cejar hasta conseguirlo. Cuentan con muchos aliados en España.

Pero no les gusta mucho Rajoy –se comprende-. Pienso que preferirían a la Tatcher que se cargó Inglaterra, pero a la española. Esperanza. Que hasta habla inglés.

No sé en realidad que planes tendrá para nosotros en ese punto el FMI y sus representados: los “mercados”, pero, como estamos ya diciendo muchos, ¿dónde se vota al FMI? Vaya, que esto no funciona así.

¿Por qué diablos no sale Zapatero a explicar a los ciudadanos lo que ocurre y pedirnos ayuda? Yo de él dimitiría ahora mismo. Y dejaría que el reinado de jauja llegara con el PP. Empleo, subida de salarios, pensiones, amor descontrolado por los trabajadores. Cospedal creo que ha dicho que son “el partido de los trabajadores”. Les avala, entre otras cosas, la inigualable gestión ahorradora de Madrid (Ayuntamiento y Comunidad) o la Comunidad valenciana.

  Al menos que se explique Zapatero -y deje de dar palos de ciego-. Habría que poner en las televisiones los mismos minutos de Rajoy, o de Cospedal, para ser “objetivos”, y no dar ni un dato no vaya a ser que nos empachemos. Pero, venga, que ya llega el Mundial y seremos felices.

Zapatero admite que los gobiernos no pueden con el poder financiero

Medina. Público.

 Tenía razón Zapatero al decir que la sociedad probablemente no entendería las duras (e injustas) medidas de ajuste que la UE e incluso Obama (saliendo de su desinterés por Europa) le han exigido y él ha acatado. Pero ha habido un momento en el que sí ha explicado por qué era “imprescindible” adoptarlas. En parte alguna figura aún la trascripción literal de la sesión del congreso. Ni por supuesto hay espacio en los medios informativos para incluir todo lo que se ha hablado. Esto va por cupos políticos, no por información.

Ha sido en respuesta a la réplica de los portavoces de las dos formaciones catalanas de izquierda (ERC e ICV). En un indignado grito le han enumerado gran parte de las medidas que faltaban en ese ajuste (control financiero, impuestos a las rentas más altas, etecé) y el presidente ha respondido más o menos textualmente:

Podría suscribir lo que me han dicho sus señorías, pero cuando uno llega a la responsabilidad de gobierno, maneja otras variables. Estamos viendo cómo grandes potencias, incluso la más grande, EEUU, tienen problemas de relación con las entidades financieras y no pueden hacer nada. Las entidades financieras buscan el beneficio económico que, por definición, tiene poco de solidario. Las cosas SON así, ha recalcado.

Bajar el sueldo de los funcionarios un 5%, congelar las pensiones, eliminar el ‘cheque bebé’, la retroactividad de la Ley de Dependencia o reducir la ayuda al desarrollo y la inversión pública en 6.000 millones. Forman parte del grupo de medidas a adoptar, en donde faltan las que realmente aportarían contundentes ingresos pero afectarían a poderes intocables.  Suponen echar por tierra las apuestas de la primera legislatura. Las que nadie había llevado a cabo antes. Las que intentaron paliar el gran déficit de confort social que teníamos en España frente a nuestros socios europeos. Alemania y Francia – con gobiernos conservadores- aún dedican casi el 30% del presupuesto a esas partidas, no hablamos de cómo se vuelcan los nórdicos, mientras nosotros seguimos en el 21% y el eterno “a la cola de Europa (la anterior a la ampliación al Este)… salvo Grecia y Portugal”.

A su lado, Rajoy -que en modo alguno corregirá esas medidas de ajuste si llega a la Moncloa e incluso por declaraciones previas las endurecerá- pide se reduzcan las subvenciones a partidos, sindicatos y organizaciones empresariales. Pilares de un Estado democrático en teoría, sí, como vemos, sirven sólo a los intereses de grandes emporios privados, en efecto, deben pagarse ellos mismos su funcionamiento. El PP ya no es que se vea obligado a acatar lo que manda el mercado, señor y amo, es que forma parte de él y lo fomenta.

Lo que Zapatero no entiende es que no ha cumplido el mandato de los ciudadanos. Es muy frecuente entre quienes secundan tramas sucias autoconvencerse de que con otros hubiera sido peor. No sirve. La sociedad no ha elegido a los mercados para que dirijan sus vidas. Si los políticos se ven con la bota en el cuello por ese poder que se quiere presentar como abstracto –cuando no lo es-, que pidan ayuda a los ciudadanos o que dejen lugar a otros que sí se atrevan a afrontar la realidad. Dudo que haya alguno, al menos con capacidad de maniobra. La sociedad les elige pero ¿auténticamente informada y con criterio?

Nos oponen muchas opiniones desactivadoras del país “equidistaní“, pero la realidad es terca. Si el sistema que nos han organizado o consentido funcionase, los ciudadanos anónimos no se verían cada vez más empobrecidos e inseguros. No estarían dos tercios de la población mundial muriendo de hambre. No sería tan precario nuestro futuro. El sistema sólo funciona para quienes lo han creado y los asimilados que se ven sustentados por él.

Tenemos mucho poder que reglamentar, mucho dispendio que recortar o anular, mucha demagogia que filtrar. Las élites representan un porcentaje mínimo de personas, al resto solo le falta organizarse. Lo vienen pidiendo personas con enorme criterio. Lo decía sin cesar José Vidal-Beneyto, se lo he leído y oído a Federico Mayor Zaragoza, a un gran número de intelectuales que se reúnen aquí por ejemplo, sigue siendo el discurso que ayer mismo escuché en Cuenca a José Luis Sampedro, lo decís en el blog, conmigo, muchos de vosotros.

Ayer Sampedro aseguró también: Europa no existe, está muerta. No, son los tentáculos del monstruo. Sólo que todavía sus ciudadanos viven mucho mejor que nosotros, y no tienen tan gravísimas deficiencias como las que están sacudiendo estos días la Justicia en España. En esa Europa que cada día empeora, todavía respiran ciertos aires justos y democráticos. Aquí, lo dudo ya. Pero nos han vendido el mundo. Los ajustes de hoy son el aperitivo de la dieta que nos espera. No hay solución por este camino.

Fuera del mapa

Una de mis principales lagunas educacionales ha sido históricamente la geografía. Un día tendré que contar mi traumático paso por el colegio. El caso es que una señora de la alta sociedad de Zaragoza, nos daba esta asignatura al cupo de gratuitas del Sagrado Corazón, leyendo el libro con tono monocorde, sin levantar la vista, sin contestar una sola pregunta. No me enteré de nada. He tratado de solucionar el problema pisando la tierra, aviones y barcos que cruzan aire y océanos, pero sé que me fallan los cimientos. En otro día caótico de la realidad local y mundial, donde todo anda tan manga por hombro que hasta la sacrosanta policía francesa confunde bomberos con etarras, me ha fascinado un reportaje de El País que habla de mapas. Ampliemos miras hasta para entender pequeñas miserias.

“No solamente es fácil mentir con mapas; es esencial”, señala el experto estadounidense Mark Monmonier en su libro Cómo mentir con mapas (How to lie with maps, 1996), donde revisa cómo los mapas han servido históricamente para hacer propaganda”, dice el artículo. En él se nos dan los antecedentes cartográficos de quienes han tratado de dibujar el mundo en el que nos movemos, con mejor o peor intención, y a menudo cometiendo graves errores, especialmente en el tamaño -no real- de los países que se quería destacar.

De lo que no cabe duda es que durante siglos y, concretamente en 1988 que se hizo un estudio serio, el centro del mundo era Europa, y así lo dibujaban niños de cualquier origen. La apasionante historia de la tierra se remonta a aquella Pangea primitiva, el supercontinente formado por la unión de todos los continentes actuales que se cree que existió durante las eras Paleozoica y Mesozoica, antes de que los separaran en su configuración actual los movimientos de las placas tectónicas. Si uno lo mira bien, los continentes encajan como un puzle.

El mapa se extienden en una esfera desde luego, pero nuestra mente –al menos la mía- lo ve plano. Así, Europa está en el centro, América nos queda a la izquierda -con la inmensa separación del Atlántico-, África se encuentra en el Sur, a Oceanía ni la contamos, y a la derecha tenemos Asia. Tan a la derecha, que produce un shock contemplar los mapas estadounidenses, que, por supuesto, sitúan a su país en el centro del orbe, y pegado al continente asiático que parece haber dado un monstruoso salto en su ubicación. No si lo pensamos. Sabemos de las expediciones soviéticas a Alaska –que les quedaba al lado-, si, pero yo al menos no lo había interiorizado. Ver el mundo desde ojos norteamericanos todavía no me encaja.

El problema que nos cuenta el brillante artículo de Álvaro de Cózar, es que Europa se borra del mapa. Y lo hace por la importancia estratégica de países emergentes, sobre todo de China que a punto está también de desplazar a EEUU. Y por su propia desidia. “Un mapa no es más que una mirada, trazada históricamente con una carga ideológica, a veces inocente, que suele generar controversia. Mientras el mapa del poder real en el mundo está cambiando radicalmente, desplazando a Europa cada vez más al oeste y colocando en el centro a Estados Unidos y China, las viejas polémicas sobre el eurocentrismo siguen vivas”. Sí, Europa se muere víctima de su vanidad y anquilosamiento. Y estar en el mapa cuenta, porque de su lugar dependen muchas otras variables.

Temo el mundo que sitúe en su centro a China, con su desprecio de los derechos humanos todos, desde laborales a cívicos, incluso biológicos. A ese sistema chino que miran relamiéndose los autores del golpe de Estado económico que dominan nuestra sociedad. En un reportaje para el que pedí entrevistas a la corresponsalía, un director de empresa afirmaba que el coste laboral, la nómina, era inapreciable en la cuenta de resultados, que sólo representaba el 1% del gasto. Carlos Berzosa, rector de la Complutense y miembro del Consejo Científico de ATTAC España, se pregunta si se producirá un giro social en China, si será una vez más la sociedad desactivada en todo el mundo quién cambie la situación. Es interesante. Pero todo está en el aire.

Decía Pessoa que “la gramática es la gente“, la geografía también. Somos motor y receptor en el mundo que nos mueven otros. Los bomberos, los etarras, el inefable paleto Rajoy, el periodismo ¿cuentan en la mirada global? El periodismo sí. El que cubre desde la caja del supermercado y la hipoteca bancaria a la Red que nos une o la elevación del juicio sobre el mapamundi con tierras y mares pobladas de seres humanos que laten y viven todos los días. O eso creo. A veces. Pisamos una tierra que parece sólida pero se está desplazando en realidad al albur de intereses que nos sobrepasan. No está de más, al menos saberlo. ¿O no?

Actualización:

Mientras escribía esto llega un comentario de Joan al post anterior con un poema de Pedro Casaldáliga:

“Esta es la tierra nuestra:

¡la libertad,

humanos!

Esta es la tierra nuestra:

¡la de todos,

hermanos!

La Tierra de los Hombres

que caminan por ella

a pie desnudo y pobre”.

Confluyen las deducciones. Aunque, junto a la libertad, añadiría: justicia y equidad.

Los políticos que nos merecemos

Dos tercios de los ciudadanos desconfían tanto de Zapatero como de Mariano Rajoy. Es la primera vez en la historia de nuestra joven democracia que el retroceso de la popularidad de un presidente de Gobierno, no catapulta a su opositor. Nunca ha habido mayor desencanto de la ciudadanía por la política. Estas ideas fueron algunas de las expresadas por expertos, anoche,  en Hoy, el programa de Iñaki Gabilondo en CNN+, un espacio tan poco masivo y promocionado que hoy ya no es posible encontrar, por ejemplo, los nombres de los sociólogos que participaron. Y es el mejor Gabilondo, el del análisis sosegado, el de la búsqueda de las causas que desencadenan noticias. Necesitamos, imperiosamente además, foros públicos con esa filosofía. Jornadas en las que –en lugar de contar “Los retos del parlamento europeo”, pongamos por caso- se hable sin prisas de todos nuestros porqués.

A Fernando Vallespín, catedrático de ciencia política, sí le conozco –no personalmente-. También estaba allí. Él, los sociólogos, y las preguntas perfectas de Iñaki, ofrecieron un diagnóstico certero. Veamos. A Zapatero la ciudadanía le reprocha sobre todo su ingenuidad, ése que llaman optimismo antropológico, que le hace quitar importancia al más terrible temporal, dejando a la sociedad a la intemperie, porque le ha disuadido de coger chubasquero y paragüas. A la gente le enfada su irrealidad. Y también creen que no tiene un plan trazado, que improvisa. En ese punto, lo mismo que Rajoy, los ciudadanos piensan que carece de ideas claras, y le reprochan sobre todo su negatividad. Que se opone sistemáticamente a todo lo que hace y propone el gobierno, y sin dar soluciones alternativas que despierten esperanzas. La crispación política es lo que ha hundido definitivamente la confianza de los ciudadanos en sus políticos.

Comentaban los expertos que en otras democracias más consolidadas, los debates parlamentarios tienen mucha más altura y elegancia. “En el británico, pueden hasta soltar carcajadas ante la intervención del contrario, pero no hay mala fe, saña, deseo de aniquilar, y eso la sociedad lo percibe”, vino a decir Vallespín, según recuerdo más o menos textualmente. Pero todos convinieron que más arriba de los Pirineos, los ciudadanos también son mucho más civilizados, más participativos en la obtención del bien común. En definitiva, que en el país de la saga “belenestebanjaneiroanarosaquintanaydemás”, tenemos los políticos que nos merecemos. Es un círculo que se retroalimenta, pero por alguna parte habrá que enderezarlo. La desafección a la política, el divorcio entre dirigentes y sociedad, resta.

Uno de los intelectuales que más admiro –de los pocos, realmente- es Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, ex UCD. Precisamente este jueves publicó una tribuna en El País, con ese espíritu constructivo a envidiar. Todos, pero mucho más los españoles, tenemos pendientes pasar “De súbditos a ciudadanos, la gran transición”. Entresaco algunas de sus espléndias ideas y propuestas:

“La solución a los gravísimos desafíos que enfrentamos es más democracia, mejor democracia. Y ello exige participación activa y conocimiento profundo de la realidad, que se dan especialmente en los “educados”, es decir, los que actúan en virtud de sus propias reflexiones y nunca al dictado de nadie”.

(…)

“El artículo primero de la Constitución de la UNESCO establece que el resultado del proceso educativo deben ser personas “libres y responsables”. Educación para todos a lo largo de toda la vida. Para todos, no para unos cuantos. Y todos es muy peligroso, porque los educados no permanecerán impasibles, resignados, sometidos. No serán espectadores, sino actores. No receptores adormecidos, distraídos, atemorizados, sino emisores. No permanecerán silenciosos ni silenciados. Expresarán, con firmeza y perseverancia pero pacíficamente, sus puntos de vista.

Con ciudadanos educados ya no habrá dogmatismo, extremismo, fanatismo, ya nada será “indiscutible” ni se obedecerá de forma inexorable. La educación vence la apatía, induce a la acción.

Sí, la educación es la solución. No hay democracia genuina si no se participa, si los gobernantes y parlamentarios no son, de verdad, la “voz del pueblo”. Educación, pues, para la ciudadanía mundial, teniendo siempre presente el artículo 21/3 de la Declaración Universal: “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público”.

(…)

“La historia de la humanidad va unida al temor: temor al poder, temor a los dioses, en lugar de amor. Es preciso vencer al miedo con la palabra.

Es esencial “escuchar” el mundo. Observarlo, que es mucho más que verlo y que mirarlo. Tener esta visión planetaria, esta consciencia del conjunto de la humanidad, que es lo que nos permitirá reaccionar sin esperar a tsunamis que nos emocionen, que nos pongan en marcha”.

(…)

“¿Y la gente? ¿Cuándo se “rescatará” a la gente? Es indispensable un multilateralismo eficiente, con instituciones internacionales dotadas de los medios de toda índole que requieren para el ejercicio de su misión”.

(…)

“Y la transición de una economía especulativa, virtual y de guerra (3.000 millones al día en gastos militares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas) a una economía de desarrollo sostenible global, que amplíe progresivamente el número de personas que pueden acceder a los servicios y bienes”.

Federico Mayor Zaragoza, que tiene 76 años, es otro de los lúcidos ancianos con visión de futuro, y partidario de no cercenar libertades. Las circunstancias han cambiado: los ciudadanos tenemos Internet.

“Los poderosos, que han ahuyentado desde siempre a los ciudadanos que, con mayor atrevimiento, ocupaban el estrado, no contaban con la “revolución virtual”. La capacidad de participación no presencial (por telefonía móvil. SMS, Internet…) modificará los actuales procedimientos de consulta y elecciones. En síntesis, la democracia”.

Pues eso, cambiemos nosotros para que cambien ellos. Ayudémosles impidiendo que prolonguen el tiempo de la espera hacia una sociedad mundial educada -por todos los medios a su alcance-. Hoy el consejo de ministros debate cortar las alas a Internet. Los autores y firmantes del #manifiesto estamos inquietos por ello y así lo expresan algunos en sus webs y blogs. Acabo de darme cuenta de que – con la ayuda de las valiosas reflexiones que enlazo en el texto- ésta podría ser mi contribución a señalarles a los políticos que están -en numerosos aspectos esenciales para la sociedad- en el camino equivocado.

“Escribo sobre un naufragio / … sobre lo que hemos destruido /ante todo en nosotros… Pero escribo también desde la vida… / de un tiempo venidero”.

José Ángel Valente en

Sobre el tiempo presente.

Vive como quieras

No deja de sorprenderme el alborozo con el que es recibido cada nuevo año. Si buscara ahora mismo imágenes de la nochevieja de 2008, veríamos que el 2009 -despedido como un apestado-, suscitó las mismas esperanzas que el que ahora amanece. Y es que nuestra capacidad de olvido es infinita, lo mismo que un optimismo innato que nos lleva a hacer borrón y cuenta nueva cada día, o al menos cada 31 de Diciembre.

Conviene quizás recordar, por fijar los hechos simplemente, que nos regimos por una convención cronológica –acordada en despachos- del cómputo cristiano. Y que además existen –más o menos minoritarios- el primitivo calendario romano, el babilónico, el calendario solar egipcio –que ya anda por el año seis mil y pico-, el judío –con más de cinco mil años-, el chino, o los islámico, persa, copto o budista, como mínimo.

En casa, tras uvas, brindis e interiores rojos –que no hay que dejar resquicios para conjurar a la suerte por si acaso- decidimos empezar el año con una película cuidadosamente seleccionada: “Vive como quieras” de Frank Capra. Todo un acierto. Corría el año 1938, cuando se rodó, en blanco y negro. Una curiosa familia, aglutinada por el abuelo que un día decidió bajar en el ascensor de su gran empresa y no volver a subir, desarrolla su existencia como desea, sin prestar atención a ningún convencionalismo. La hija pergeña novelas porque un día tuvo acceso a una máquina de escribir, un repartidor de hielo llegó 9 años atrás y se quedó, o el propio abuelo rescata y acoge a un frustrado oficinista que en realidad quiere “hacer cosas”, como un huevo del que sale un polluelo que pía. Y ya hablan -1938- del excesivo consumo que ata.

Por supuesto, esta familia entra en conflicto, o es objeto de intento de avasallaje, por otra instalada en el sistema. Con historia amorosa de por medio, con cenicienta –resoluta e independiente- de un príncipe más inclinado a seguir sus sueños que aquellos que le son impuestos.

Un tanto ingenua, “Vive como quieras” plantea dilemas rabiosamente actuales: el consumismo, la ecología, la soledad, la compra del tiempo para disfrutar… o de los objetos que paga el dinero. E invita a romper moldes y ataduras. Con optimismo, con ganas de vivir, precisamente.

Nada ha cambiado en la actualidad, en lo que sucede en el mundo, porque nos haya cambiado el dígito en el calendario. Quizás que un nuevo y paupérrimo país, Yemen, se ha puesto en el punto de mira de las bombas, porque sigue sin entenderse que el terrorismo no se combate masacrando indiscriminadamente poblaciones de origen o cobijo. O dando muestras de la pertinaz superchería que combate la aún más obstinada realidad: el ayuntamiento de Río de Janeiro contrató a una maga espiritista para que ahuyentara la lluvia de las celebraciones de fin de año… y hubo 80 muertos por las fuertes tormentas.

Me siento muy cómoda sin embargo en este 2010 redondo y de matrícula de honor. Porque desde su primer día somos un poco más europeos. Presidimos esa UE anquilosada a la que, a pesar de todo, amo, quizás porque sus más antiguos ciudadanos viven mucho mejor que nosotros y respiran otros aires de cultura y progreso. En el deseo de que Europa persevere en su viejo camino, contra el viento y marea del inmovilismo que le traza la política, y todos quienes se arriman a su calor para sacar provecho de ella.

Gran parte de la Europa arraigada y de la recién incorporada, la que evidencia el freno al desarrollo que le impuso una equivocada historia, transcurren por el Danubio Azul. Este deleite que, un año más, nos ha brindado Viena.

El prestigio internacional de España

Anda muy preocupado el PP -y todos aquellos que les escuchan sin cuestionar sus opiniones- por la pérdida de prestigio internacional de España. La nueva tanda de lamentaciones ha llegado en la voz de las dos damas fuertes del partido: Cospedal y Aguirre. Ambas aseguran, con una u otra formulación verbal, que fuera nos toman por el pito del sereno. Las dos son personas instruidas, o deberían serlo a tenor de su cuna y posibilidades de acceso a la educación. No creo que hagan estas aseveraciones convencidas de su veracidad, sino para minar la credibilidad del Estado en un ejercicio más de patriotismo.

Me pregunto respecto a cuándo ha mermado España su prestigio internacional. El precedente más cercano es José María Aznar. El día en el que nuestro entonces presidente decidió apoyar la invasión de Irak en contra de las resoluciones de la ONU, el día de la famosa foto de las Azores, busqué preocupada cómo mostraban la escena más allá de nuestras fronteras. Tanto en la CNN norteamericana como en la BBC británica y ambas emitiendo para medio mundo, suprimieron la imagen de Aznar. Al priorizar la presencia de Bush y Blair, no contaron con lo accesorio: el presidente español, que apenas se vio en algún plano de refilón. No cuenta ya que una mayoría abrumadora de ciudadanos se opusiera aquí a la guerra, pero sí, quizás, lo que dicen los expertos en terrorismo: Afganistán fue la escuela del fanatismo islamista para cometer atentados, Irak se ha convertido desde la invasión, en la Universidad del terrorismo internacional.

Aznar sintonizó ideológica y mentalmente con Bush, el peor presidente en la historia de EEUU, fue a su rancho y habló en tejano, pero el poderoso mandatario no invitó a España a las reuniones del G8, por ejemplo. Aznar trabajaba para sí, para esas conferencias que imparte por los centros ultraconservadores de la galaxia –si le dejan, hasta ahí llegará-, cobradas a precio de oro, que defienden el liberalismo neocon generador de la crisis económica -que todos, salvo ellos padecemos-, y combaten el cambio climático con gran visión de futuro. Más cerca, Aznar se alineó con los EEUU de Bush para mermar a Europa. A la UE a la que pertenecemos. Como cuenta Javier Valenzuela en su libro “Viajando con ZP”, ni sus homólogos europeos tragaban a Aznar, sobre todo los franceses y en particular Chirac.

¿Nos remontamos al prestigio español durante los cuarenta años de franquismo? Llegamos a padecer –con razón- hasta un bloqueo internacional, que empezó a suavizarse cuando Eisenhower hizo acto de presencia a cambio de instalar bases extranjeras, de su país EEUU, en nuestro suelo. Pero reiteradamente nos negaron el acceso a Europa. Adolfo Suárez, tan boicoteado por todos los flancos, empezó a lavar la cara de España y Felipe González consiguió, por fin, que España entrase a formar parte de las Instituciones europeas en 1986. Época de los grandes pesos pesados en política, González sí fue “uno de ellos”. Aunque el país se subiera al tren en los últimos vagones. Europa nos dio dinero para desarrollarnos, nos cubrió de carreteras, pero no por eso nuestros sueldos y gasto social dejaron de estar a la cola de lo que disfrutaban –y aún disfrutan- los ciudadanos europeos. Pese al esfuerzo hecho, estábamos lastrados por siglos de atraso.

Ya, el Imperio. España fue el primer Imperio global, por así llamarlo. Es eso lo que añoramos. Durante siglos en nuestras posesiones “no se ponía el sol”. He leído algo de nuestra Historia con ojos nuevos. Por cierto, nos quejamos ahora pero aquello sí que era un sin vivir. Nuestro imperio y todos los demás se construyeron a base de guerras y ocupaciones, de robar a manos llenas a los vencidos, por alianzas de matrimonios entre monarquías, es decir pagando en la cama real las conquistas. Reyes autoritarios los españoles, casi absolutistas, los califica la Historia. Y entre ellos un Felipe III a quien se define como hombre de inteligencia limitada que cedió su poder a los validos. O Carlos II que tenía 4 años cuando accedió al trono, su madre y más validos rigieron a nuestros antepasados. Por religión en gran medida también se construyeron los Imperios, sobre todo en nuestro país. En los litigios, quien mediaba era el Papa católico, qué curioso.

Siempre me he preguntado por qué los museos británicos, franceses y demás, atesoran lo saqueado en sus guerras imperiales y aquí apenas tenemos nada de lo confiscado en aquel territorio de 20 millones de kilómetros cuadrados. Existen referencias de astronómicas cantidades de oro y piedras preciosas llegadas en los barcos de ultramar ¿adónde fueron a parar? Amén de lo que se llevaran las arcas privadas, respuesta que no parece nada descabellada, las crónicas hablan de una mala gestión, de que la guerra es muy cara, de la piratería que nos asolaba -qué casualidad-, de revueltas locales de ciudadanos hartos. Por cierto, descubro que Cataluña se rebeló en 1640 en el reinado de Felipe IV, vamos, que el estatut no nació ayer. Podemos presumir, eso sí, de dos grandes inventos: la picaresca –robar en plan simpático- y la guerrilla.Y por las eternas luchas de ideologías en nuestro suelo. Siempre, o casi siempre, ganaron… los castizos.

Poco nos cuentan de si calaron en la sociedad las venturas culturales del Siglo de Oro de este país que pervive en su prestigio por individualidades esforzadas que han de luchar contra el viento y la marea del involucionismo. Una frase de Lope de Vega me impactó en su día, y mi memoria la recuerda así: “Si al pueblo le das paja come paja, pero si le das grano come grano”. Sólo sé que arrumbamos analfabetos al siglo XX, y que hoy… apenas sólo servimos paja.

Dejémonos pues de glorias chauvinistas. Somos un país del primer mundo, bien situado en la escena internacional pero sin alharacas, con muchas cosas por mejorar. Sobre todo el decidido propósito común de emprender esa tarea. Con pasados tan poco edificantes como el nuestro –o casi, a nuestro extremo pocos llegan-, otros países lo consiguieron y sospecho que ha sido por eso, por quererlo y poner los medios, desde la sociedad y para la sociedad.

Cataluña es… un pueblo libre

Los nacionalismos preocupan a un 0,4% de los españoles, y el Estatut de Cataluña, al 0,1%, según el último barómetro del CIS. Se refieren al nacionalismo de los distintos pueblos de España. A mí me preocupa mucho el nacionalismo español y me atrevo a asegurar que también les ocurre a muchos ciudadanos, pero sobre ése no nos suelen preguntar. De hecho, me resbala cualquier nacionalismo. Hay algo en la tierra en la que uno nace que atrapa pero se han hecho demasiadas tropelías en nombre de sentimiento tan primario.

Decía George Bernard Shaw: “Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él”. No parece razón muy objetiva, razonada y fundamentada. Casi todos los pueblos creen tener un dios dentro, en realidad. Algunos griegos estaban convencidos de que la luna de Atenas era más hermosa que la de Éfeso. El chauvinismo –creencia de que el país al que uno pertenece es el mejor en todos y cada uno de los aspectos- nació, no por casualidad, en Francia. Suele coincidir plenamente con el nacionalismo, al que descoloca que los límites de la Nación y el Estado no se superpongan sin que sobre o falte un milímetro. Erich Fromm, entre otros, asoció estos conceptos –chauvinismo y nacionalismo- a regímenes totalitarios, racistas y xenófobos.

Tomando fragmentos de mi último libro, citaré que España o las Españas existen a pesar de los Reyes Católicos –que forzaron una unidad ficticia, provisional y, además, por puros intereses personales y monárquicos-. Los defensores de la España unificada, una y sin par que, según ellos, formaron Isabel y Fernando, ésa que les llena la boca, la paz maravillosa de5 siglos que tuvimos –dicen- cuando toda la historia posterior nos indica que nos liamos –con perdón- a gorrazos a la mínima oportunidad, no recuerdan -o desconocen- que cada territorio conservó sus leyes, lenguas, instituciones políticas, banderas y costumbres. Incluso sus fronteras.

 El cantautor, político y –no lo olvidemos- profesor de historia, José Antonio Labordeta me contó en una entrevista lo que todos parecemos ignorar:

“Cuando muere Isabel la Católica, lo primero que hace Fernando de Aragón es casarse con una Navarra. En Castilla decían: “vale mas un mal francés que un buen aragonés”. Fue Felipe V, nieto de Luís XIV, un Borbón, el que estableció la unidad a semejanza del Estado francés. Y no podía ser. Hubo un periodo que vamos a llamar de Reconquista, para entendernos, en el cual todos los territorios habían ido cobrando una gran personalidad. Para avanzar en la Reconquista había que dar fueros, había que dar privilegios a los territorios, había que dar derechos. Y en 1714, hace trescientos años ¡viene un señor y se carga todo lo que había habido durante siglos! Naturalmente, cada vez que hay un periodo de libertad, un periodo democrático, vuelve otra vez el sentimiento federal de la verdadera historia de España”.

¿Qué Cataluña quiere llamarse nación y seguir aportándonos su clase, su dinero y su modernidad? ¿Qué problema hay? Un zapping nocturno me ha deparado escuchar que Cataluña es la Hungría que acogotó a no sé quién en el pasado, y a un presentador de TVE (24 horas) llamar a su gobierno la Generalidad, con “ghhhhe”, casi “yehhhh” en un ejercicio imposible que le torcía la lengua. Pero ¿a qué estamos jugando? ¿La derecha no preconiza la libertad sin límites?

La caverna induce a boicotear sus productos, hay un rechazo latente y de mayor amplitud social al diferente, envidia quizás, pero de verdad, como decía al principio, casi nadie pierde el sueño porque se llamen de una forma u otra. Pero los catalanes sí sienten el agravio. Les preocupa porque no dejan de nombrarlo. Casi nadie mienta lo que no le duele, y a ellos les duele, y se rebelan. Si se consuma la invalidación del Estatut, que por cierto obedece al recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP salvador de todas las Españas, va a haber una reacción seria. Verán que no juegan en la tabla de la demagogia sino en la realidad. Mira que si ahora sí se rompe España que no llevaba ninguna intención. Los políticos catalanes son antes catalanes que políticos y harán frente común. Y la sociedad catalana está hasta el moño de los españoles que les vilipendian. Y, en mi opinión, les asiste todo el derecho. ¿Cómo llamar a quien obliga a permanecer en el hogar con las reglas del patriarca y sin una sola concesión a la lógica? ¿Dónde, repito, está la libertad sin demagogia?

Es una pena, porque Cataluña en los tiempos de la Transición era Europa y el nacionalismo reactivo quizás les ha aprovincionado un poco; limitar, reducir, siempre tiende al catetismo. Claro que la España nacionalista corre camino de regresar a las catacumbas. El futuro está en las fronteras abatidas, pero si Cataluña se harta, creo que yo me mudo. Espero que dejen entonces de lamentarse de lo poco que les quieren el resto de los españoles. Y es que en el fondo, pués sí, hay conceptos atávicos. España es la mejor porque yo nací en ella. Ni catalanes, ni vascos,ni segovianos, ni sorianos, ni nacionalistas españoles, ni el presentador de TVE, ni nadie… ¡ yo! Yo sola soy España. Bueno, y tú para ti, y el otro. Hasta los catalanes. No, la verdad es que el territorio mínimo para crecer es Europa. Y, mejor, el ancho y desgraciado mundo.

Cuando no se necesita pensar en Europa

Toca hablar de Europa. Sucede de vez en cuando para después sumirla en el olvido por largo tiempo. Los irlandeses han votado mayoritariamente el Tratado de Lisboa, después de haberlo rechazado en 2008. Cierto que Bruselas les ha hecho algunas concesiones para limar asperezas, pero en el ánimo de los ciudadanos ha pesado por encima de todo que, fuera de la UE y del euro, hace mucho frío. Aquellos que apuntalaron su desbordante milagro económico, pueden seguir ayudándoles a salir de la crisis. Implora Islandia su acceso por idénticas razones: su debacle financiera desde el Olimpo no se hubiera producido -o hubiera sido menor- de pertenecer a la Unión.

  Pero, en contra de todo camino de progreso, el Presidente checo –que presidió el primer semestre europeo para más escarnio,- el euroretrógrado Václav Klaus, retrasa la firma del acuerdo para irritación de su propio gobierno, y el polaco, uno de los pintorescos hermanos Kaczynski, también.  Aunque parece que éste será convencido antes.

  La vieja, sólida y democrática Europa decidió organizarse hace más de medio siglo para ahondar y mantener sus principios. Han pasado casi otras bodas de plata desde que, con nuestra entrada y la de Portugal, se formó la fructífera Europa de los Quince. Pues bien, las Instituciones comunes todavía no han logrado superar su “problema de comunicación con los ciudadanos”. Asociaciones de todo tipo, en ingente número, detallan ante reducidos y entregados auditorios lo mucho que Europa influye –que lo hace- en nuestras vidas y cuánto la necesitamos. Y sigue la incomunicación. ¿Por otro medio siglo más? ¿Uno completo?

   El Tratado de Lisboa fue la alternativa a la Constitución que no prosperó por el vetó francés y holandés. La consideraron demasiado conservadora. Un texto farragoso -como todo lo que menta, la UE-, nos hace sin embargo ver en él algunos avances operativos.

Se va a asemejar más al funcionamiento de un organismo compacto. Habrá un presidente fijo –durante dos años y medio prorrogables-, el Alto Representante para la Política Exterior –puesto que hoy ocupa el español Javier Solana- se ve reforzado, también el Parlamento al que se equipara en su poder decisorio al auténtico órgano fuerte de Europa: el Consejo, formado por los jefes de Estado y de gobierno nacionales. Más papel también para los Parlamentos nacionales, u otro sistema de voto.

   Promoví una asociación, Europa en Suma, de la que he sido también presidenta hasta hace unos días. Pretendía imbuir otra forma de abordar lo que casi es un problema: la unión  de los ciudadanos de este continente. Pero el “paquidermismo” contagia a lo europeo oficial. Y también le llegan sus vicios, sus juegos de intereses, incrementados algunas veces en nuestro país por nuestra rica idiosincrasia de envidias, protagonismos, manipulaciones, incluso atisbos de utilización personal consentida.

  A pesar de la burocracia,  Europa es horizontes, pluralidad, diversidad, lenguas, criterios, avances, paz… y España se convierte en ejemplo paradigmático de por qué precisamos un vínculo fuerte y solidario. Ante todo, para ahuyentar inmovilismos, fanatismos, lo local que se pudre devorando sus propias entrañas. Los progresistas españoles siempre miraron a Europa como escapada. Proscritos “afrancesados” reclamaban más cultura e incluso más glamour, pero triunfaron los castizos. En España siempre triunfan los castizos. Saturno goyesco que se alimenta de sí mismo y no deja crecer ideas nuevas.

    “Si no existiera Europa, habría que inventarla para afrontar la crisis”  razonó el ex presidente español Felipe González, trabajador incansable por una UE mejor, en la presentación de Europa en Suma que organicé, y cuyas amplísimas referencias han desaparecido de la página web –imagino que por error, no podría ser de otra manera-.

   La única vía abierta a Europa pasa por vivirla, saber cómo respiran nuestros vecinos, qué les duele, por qué gozan y se afanan, adónde les ha llevado su historia y su desarrollo. Sepa un camarero malagueño que su colega danés gana 2.300 euros al mes por 37 horas de trabajo semanales. Sólo Grecia y Portugal (en la UE15), cobran menos que los españoles, y muchos países duplican nuestros ingresos. Coméntele a cualquier sueco que la mitad de los españoles reciben, como salario mensual, mil euros -o menos-  y contemplará una definitiva expresión de incredulidad. Charle un sindicalista español con un francés o un alemán, y aprenda a batallar por sus derechos y a poner coto a excesos empresariales y gubernamentales. Con horarios que lastran la productividad y la vida personal, hablen tenderos y consumidores sobre cómo España fue el país europeo en donde más creció la inflación con el euro. Atienda Vd. a los llantos de nórdicos y asimilados por sus elevados impuestos, pero descubra que, en algunos países, el Estado costea el dentista en todas sus prestaciones o las gafas. Añada un año de maternidad y paternidad subvencionado total o parcialmente al amparo de las leyes. Con un gasto social seis puntos inferior a la media europea (por debajo, de nuestro 20,9% del PIB, apenas encontramos, hoy, a Malta, Chipre y los países del Este), la cifra no avergüenza más gracias a que José Luís Rodríguez Zapatero presupuestó 60.001,27 millones de euros más, un 52,53% de incremento respecto al PP.

  Indague, pregunte, cuente, comparta. Entérese -desde nuestro secular fracaso escolar-, de por qué Finlandia encabeza la educación mundial. Comuníquense en inglés, o en cualquier otra lengua que conozca, como la han aprendido ellos. España, privilegiado destino turístico, no habla idiomas.  

Una sociedad educada e informada utiliza racionalmente sus recursos. No dedica más de un tercio de sus ingresos a financiar una vivienda, ni paga por ella más de su valor. Ni se hipoteca para viajar de vacaciones u operarse de estética. No tolera y anima las trampas. Incluso en la Europa azul, con brotes de gangrena ultraderechista, ¿Se hubieran producido, impunemente, las insidias sobre unos atentados tan atroces como los del 11M? ¿Y la utilización política del terrorismo? ¿Y la comprensión de la dictadura franquista? Numerosos ejemplos -desde el conflicto del IRA a la persecución del nazismo- demuestran que no.

    Consultemos a los europeos si se oponen a que sus hijos estudien “Educación para la ciudadanía”, tanto en colegios laicos como católicos. Si, salvo una minoría, cuestiona normativas europeas –como la píldora postcoital o el aborto-. Atendamos a qué lugar  ocupa en sus prioridades la búsqueda del bien común –esencia de la (buena) educación-. 

   Europa nos homologó en democracia cuando entramos en su seno en 1986.  Y los fondos estructurales y de cohesión construyeron carreteras y autovías, líneas ferroviarias, modelándonos como país desarrollado. Pero nos faltó inhalar a fondo los valores prometidos: tolerancia, respeto, pluralidad, educación, y convergencia equilibrada fuera de los datos macroeconómicos que exigía Bruselas. La integración real, la que hermana a los socios del mismo club en utopía que aspira a realizarse.  

       La caverna se prepara para aguar la presidencia de turno española. El Mundo cruza hoy los dedos para que el presidente checo firme antes del 31 de diciembre y “Zapatero pierda protagonismo” en la presidencia de turno.

    La UE se abrió a los países del este soviético, con un nivel de desarrollo y de educación que nos hacía profundamente extraños. Como si de otro continente se tratase. Sin hacer reforma alguna. Sin propiciar que quien no quiere estar en la Unión y obstaculiza su funcionamiento, sea expulsado. Los euroescépticos aún esperan que el Tratado de Lisboa llegue sin firmar a las elecciones británicas que, dando el triunfo a los conservadores, engrosarían también las filas de quienes no desean Europa. ¿No sería mejor que abandonaran el club?

  Existe una privilegiada élite, los Erasmus, que viven Europa sin necesitar pensar en cómo la dinamizan o la dan a conocer. Porque sus amigos y su círculo son europeos, piensan y sienten en europeo. Y Europa llegará cuando sus ciudadanos se relacionen al mismo nivel, siquiera leyéndose. ¿Un siglo? ¿Con torpedos constantes?  Necesitamos Europa; cuando Europa se desdibuja, emerge la involución.

Sí, más impuestos para los ricos

El Gobierno avanza de nuevo su intención de elevar los impuestos a las rentas más altas. En Junio retiró el proyecto por desacuerdos de otra índole con IU. Representaría, previsiblemente, subir los impuestos 8 puntos, hasta el 50%,  a las rentas superiores a 60.000 euros anuales.

El PP y su prensa afín, incluso la supuesta prensa progresista (no olvidemos que todos los medios de comunicación tradicionales están en manos de ricos), braman contra esa subida que para Arenas Bocanegra, generará más paro. Acusan reiteradamente al Gobierno de despilfarro en el gasto público.

Este es un tema muy querido por mí, un auténtico caballo de batalla en el que está la clave de nuestro progreso y nuestra equiparación real con Europa. Por tanto voy a recordar algunos datos, recopilados en mi libro.

  • España está siete puntos por debajo de la media europea en gasto social. Dedicamos el 20,9% del PIB a ese fin, frente a más del 30% de Suecia o nuestra vecina –y conservadora en su gobierno- Francia. Por debajo de nosotros sólo encontramos a Malta, Eslovaquia, Irlanda, Lituania, Estonia, Letonia y Chipre. Nuestros tradicionales compañeros, Portugal y Grecia, ya nos han sobrepasado.
  • La inversión en gasto social implica que algunos países paguen a sus ciudadanos algo tan poco superfluo como las gafas, o el dentista en todas sus prestaciones –los caros implantes incluidos-. En España, la mayor partida del gasto social se la llevan las prestaciones por desempleo, en efecto, aún queda menos para las necesidades de la población.
  • En Dinamarca, Holanda o Suecia las rentas altas llegan a pagar el 60% de sus ingresos. En España, las rentas altas el 42%. Los ingresos de ambos pueden ser muy similares, no así los de los asalariados, en franca desventaja en España.
  • El 34% de tipo impositivo medio es similar al de Francia o Reino Unido.
  • En Grecia, el tramo más alto está a la par que el nuestro, pero los menos favorecidos no llegan a pagar el 10% de sus ingresos.
  • Nuestros sueldos son los más bajos de la Europa anterior a la ampliación al Este, excepto Grecia y Portugal. Los ejecutivos españoles, en cambio, son los quintos mejor remunerados de Europa.
  • Los empresarios y profesionales inscriben una renta anual de 9.400 euros como media, la mitad de la renta media declarada por los asalariados. Es decir, ganan menos que los empleados. Datos de la memoria de la Agencia Tributaria.
  • El 86% de las fortunas que superan los diez millones de euros elude sus obligaciones fiscales, según los propios técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda. Disponen de empresas interpuestas, y de excelentes y bien pagados abogados.

        Entonces qué ¿seguimos como estamos?

Actualización requerida por los comentarios:

Con datos de 2007, tengo que Europa ha ido suprimiendo el impuesto sobre el patrimonio y sólo lo mantendrían:

Luxemburgo 0,5%

Finlandia 0,9%

Suecia 1,5%

Francia 1,8%

La derecha alemana

La canciller alemana, Angela Merkel, -la mujer más influyente del mundo según la revista Forbes- ha dado muestras una vez más de su sensatez y de su escaso servilismo con los poderes fácticos. Ha hablado en Berlín para decir que observa con preocupación cómo la “vieja arrogancia” de los bancos ha vuelto a resurgir en medio de la crisis. Para ella, el objetivo es lograr que se creen nuevas normas internacionales que aseguren la liberación de la presión que ejercen los actores de los mercados financieros. ¿Hemos oído algo similar en España?

La líder conservadora de un país que ha crecido un 0,3% en el último trimestre, advirtió que los nuevos síntomas de mejoría económica son sólo pequeños “brotes de esperanza”, y que hay que moderar la euforia.

Una de las primeras acciones de Angela Merkel al llegar al poder fue pedir a George Bush que cerrara Guantánamo, mientras Aznar bajaba la cerviz ante el mandatario estadounidense, apoyando su escalada belicista. Merkel gobierna en coalición con los socialdemócratas, algo impensable en España. Y ni una sola voz se opone a los grandes asuntos de Estado, los políticos alemanes trabajan por Alemania.

Aquí en cambio el PP amenaza con enturbiar la presidencia española de la UE que se inicia el 1 de Enero. Seguiría así la trayectoria de sus principales líderes que salen de nuestras fronteras para despellejar al Gobierno español y por tanto a España. Colocados en el escaparate de la presidencia, conocerán en Europa nuestra realidad: corral bananero que produce náuseas. Nada inocuo porque va en detrimento de nuestros intereses como país. Pero parece que a algunos partidos no les preocupa ni el bienestar de la sociedad, ni nuestro papel internacional, sino mostrar el culo sucio -de su propia mierda secular- para ahuyentar a testigos molestos. Mostrar miserias, cerrar fronteras, sólo para ostentar el poder y mangonear a su gusto.

La confrontación política es saludable para crecer y todas las ideas democráticas tienen cabida en el espacio político, pero cuando sigo la trayectoria de Angela Mekel lloro por carecer en España de una derecha como la suya. España sólo tendrá remedio cuando la bochornosa derecha española se regenere. Y no lleva camino alguno de hacerlo. Como en tantos problemas enquistados, es díficil erradicar errores cuando se tiene el apoyo sociológico de una parte de la población, trabajada para ello a conciencia. Ser conservador no es ser del PP, no en Europa, excepto en Italia. “Escuela y despensa” decía el regeneracionista aragonés Joaquín Costa. En el siglo XIX. Con la despensa mejor provista, pero ahí seguimos.

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