Los sumideros por los que se pierde la Justicia en España

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Corren días de escuchar hasta el hartazgo la impresionante recuperación económica que no ven, ni verán, los bolsillos de los españoles o el tedioso “y Vds., señoría, más”. De improductivos debates y del más atronador aburrimiento. De unos muchos más gramos más de desesperanza. Aliviada, quizás, por el impresionante hallazgo de un Mediterráneo mediático que, al parecer, nadie había visto hasta ahora y que desata pasiones dispersadoras. Es el lamentable estado de los problemas de la nación que, con toda probabilidad, no se abordan. Sobre todos hay uno que afecta a la base sobre la que se construye el resto, al Estado de Derecho: la justicia. ¿Qué está pasando con la Justicia española?

Ya apenas tiene repercusión que el Partido Popular, apoyado en su mayoría absoluta en el Parlamento, reforme las leyes para adaptarlas a sus deseos de gobierno. ¿Que es ilegal y contrario a los Derechos Humanos acotar a pelotazos de goma a inmigrantes que nadan en el agua y devolver en el acto a los que sobreviven apenas alcanzada tierra? Se cambia la ley. Se “modifica”. Y se convierte en ajustada a derecho la extradición sumaria que el tópico dulcificador –nada inocente- ha convertido en “devolución en caliente”.

El Código Penal de Gallardón –el paradójico ministro de Justicia- se está llenando de actuaciones que, con las que impulsa el Ministro del Interior, forman un mismo pack represor. ¿Que tiene Vd la ciudadanía menos conflictiva de la que quepa gozar y más sumisa a los tijeretazos que se le aplican pero teme que un día la paciencia colme el vaso y se desborde? Reforme leyes y estipule como delito hasta toser al lado de las fuerzas de seguridad de su gobierno. Fríalos a multas incluso por pasear frente a edificios emblemáticos de su poder. Recordemos, por ejemplo, que se pena hasta con 600.000 euros convocar una protesta ante el Congreso desde Twitter. Cómo serán que hasta el Consejo General del Poder Judicial considera inconstitucional la Ley de Seguridad Ciudadana.

¿Y los ahora “delincuentes solares? 60 millones de euros de multa por no declarar una placa para autoabastecerse de energía. El doble que por provocar una fuga radiactiva grave. Los intereses de las eléctricas, puede que de algunos de sus altos ejecutivos y consejeros de presente o futuro, aconsejaban diferentes “reformas” de apoyo.

Si legislar ad hoc ya es suficientemente llamativo, los trazos inusuales con los que escribe el derecho en España en la actualidad gritan sus alarmas. Hemos visto a fiscales que desimputan o sacan de la cárcel contraviniendo la decisión del juez. La persecución de jueces. Estamos llegando a tal inquietante punto el Consejo de Europa (no el Consejo Europeo de la UE que en estas menudencias democráticas no se mete) se ha visto obligado a intervenir y a cuestionar la independencia de la Fiscalía española y del órgano de los jueces CGPJ.

Y es que estamos asistiendo a secuencias que se saldan apenas con alguna crítica ciudadana e incluso chistes, cuando clama que debería ser la Fiscalía General del Estado quien actuara. Veamos lo sucedido desde que se descubre un enésimo caso de presunta corrupción de un miembro del PP: Francisco Granados, antiguo número 3 de Esperanza Aguirre en Madrid. Tiene, dice el diario El Mundo, una cuenta de millón y medio de euros en Suiza:

1)  Aguirre exige explicaciones a Granados, algunos medios hablan de amenaza de expediente. 2) Granados responde, en 13TV,  que si el PP le busca “le va a encontrar”, que se ha tragado el marrón del Tamayazo, Gürtel, Caja Madrid, espías, etc… 3)    El PP descarta abrir expediente a Granados.

¿Cómo es posible que la Fiscalía mire para otro lado en un Estado de Derecho? Quizás porque ya lo ha hecho demasiadas veces sin que tuviera consecuencias.

Desde siempre he mantenido que el día en el que la sociedad española permitió la expulsión de la carrera judicial de Baltasar Garzón se abrió la puerta a consagrar la impunidad. El tiempo ha demostrado cuánta mugre había tras la trama Gürtel cuya investigación inició. Y las grandes casualidades que acompañaron su caso. Hasta la pérdida de su indulto por los despachos. No podía ser inocuo.

A ojos profanos pero ciudadanos – no olvidemos que la justicia emana del pueblo– tampoco cuadra colocar al frente de los tribunales que dirimen si las leyes reformas se ajustan a Derecho y a la Constitución a personas con fuertes vinculaciones a un partido. Concretamente al que promueve los cambios. No parece la mejor forma de salvaguardar el espíritu de las leyes.

El fin de la jurisdicción universal en España, llevado a cabo por el PP en procedimiento de urgencia, es otro definitorio síntoma de por dónde se pierde la justicia en nuestro país. Casos graves como el asesinato del cámara José Couso se mandan al archivo. Y todos nosotros quedamos desamparados ante delitos sufridos fuera de nuestras fronteras.

Estamos viendo cómo aplauden en medios oficiales españoles –sin escarbar mucho más- que se deponga a un presidente, elegido por mayoría absoluta pero a quien se acusa de reformar leyes mucho más de lo tolerable para amparar la corrupción y la mano autoritaria. No deja de ser una paradoja (por semejanza) y el dramático estado de nuestra nación.

*Publicado en eldiario.es

De qué nos quejamos

Le sorprenden a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, las protestas de estos días en España porque “no casan” con la recuperación. El conciliábulo neoliberal de alto rango se ha puesto de acuerdo para corroborarlo, desde el acomodaticio Obama a Lagarde. Se hace ineludible, por tanto, explicarles de qué nos quejamos.

Hemos entendido que, si hubieran existido más Gamonales, se habría evitado el pozo sin fondo de las inversiones públicas ruinosas que nos han hipotecado más allá de lo tolerable. No hace falta buscar mucho: la Comunidad Valenciana, por ejemplo, está llena. Desde la Ciudad de las Arts al circuito de Fórmula 1, pasando por el puerto deportivo, parques temáticos o donaciones deportivas. ¿Hablamos de la Ciudad de la Cultura gallega? ¿De las exposiciones universales? ¿De los aeropuertos inútiles que ni siquiera han visto pasar aviones? ¿De las radiales que ahora también hemos de rescatar? Si la sociedad hubiera protestado como en Burgos, nos habríamos ahorrado un buen pico.

Nos quejamos porque nos hemos encontrado con que nuestros derechos constitucionales están supeditados al pago de una deuda que, lejos de disminuir, ha crecido a niveles récords en la historia. Si hace un año ya hablábamos de que era la mayor que se había registrado jamás, comprobamos que sigue aumentando con el mismo vigor. Añade unos 10.000 millones de euros cada mes. Aún con los insufribles recortes estamos así, ¿cómo esperan, y con qué, paguemos semejante agujero?

El déficit lleva parejo camino. Porque mientras se merman sanidad y servicios esenciales, crecen los asesores como esporas. Porque el pozo bancario y una pésima gestión mantienen las arcas vacías. Añadamos la imprevisión continua de este Gobierno que le lleva lo mismo a vaciar la hucha de las pensiones como a gravar hasta los vales de comida con los que algunas empresas retribuyen a sus empleados. Recaudar, aunque se cause un perjuicio mayor.

Estamos hartos también –y mucho– de los cuentos sobre el empleo. El Gobierno de Rajoy ha elevado el paro desde el 22,85% que se encontró en 2011 al 26%. Ha destruido casi un millón de puestos de trabajo. Ésa es la verdad de los datos, y muchos lo sabemos. Que está lejos siquiera volver al número de parados con los que el PP inició su mandato. Eso sí, el objetivo se ha cumplido. Se trataba de abaratar todo el empleo en España para ser más «competitivos». Aunque fuera a costa de una gran precarización y del descomunal aumento de las desigualdades sociales. Mucha gente es consciente, sin embargo, de que hasta llegar a trabajar por un cuenco de arroz y un catre hay mucho camino donde mejorar la “productividad”. Y ése es su único “modelo” de país. ¿Tienen otro? ¿Cuál? No lo vemos.

Es sencillamente flagrante que se atrevan a hablar de recuperación con unos seis millones de parados reales, según la EPA. Sobre todo habiendo destruido a una generación de jóvenes. A finales de 2011 nos angustiábamos porque el 48,95% de ellos no tuvieran trabajo. Ahora el paro juvenil alcanza casi el 58% y tienen el cuajo de decir que esto es el país de las maravillas.

Los ERE y despidos ya de mayores de tan sólo 45 años. El contrato temporal y por horas como gran hallazgo, lo mejor para labrarse un porvenir estable. Por eso los ciudadanos se van como nunca. La emigración ha causado una caída de la población española sin precedentes. Otro récord. Ni en la gran oleada del franquismo se registró tan elevado número. Y encima, a quienes tienen el coraje de iniciar la aventura de buscar trabajo fuera de su país les van a quitar la tarjeta sanitaria a los 90 días. Aunque no lo encuentren. Empieza a ser más que evidente lo que han hecho con una sanidad universal que sí podía pagarse.

Nos quejamos de la corrupción. Muchos ciudadanos han entendido ¡por fin! esa obviedad: es imposible edificar nada sano en semejante sustrato de podredumbre. A todos los niveles. Perplejos de ver pasar sobres, comisiones, sueldos y sobresueldos, estamos asistiendo a espectáculos que “casan mal” –en este caso sí–, pero con la democracia. No percibimos la separación de poderes, sino todo lo contrario. Y organismos solventes internacionales nos dan la razón, impelidos a intervenir por lo que están viendo.

El Grupo Anticorrupción del Consejo de Europa, el prestigioso GRECO, urge a las autoridades españolas a restablecer la confianza en las instituciones políticas y judiciales, como si hablara con una república bananera. Dedica un especial apartado a la Fiscalía General del Estado, a los fiscales. Si nosotros estamos estupefactos de los manejos que estamos viendo con la infanta Cristina, o con Miguel Blesa, este organismo internacional, también. Por eso, por primera vez en la historia, llama a “reforzar la imparcialidad” de la Fiscalía. Y a nadie se le ha caído la cara ni de vergüenza.

Nos quejamos de ver cómo dan millones de dinero público a los bancos, en una factura que no deja de crecer mientras osan hablar de recuperación. Luego los venden de saldo. El Banco de Valencia, por un euro, perdiendo 5.449 millones; Novagalicia tirando a la basura otros 8.000 millones; el Banco Gallego, por otro euro. Éste nos salió más barato: sólo habíamos metido en él 245 millones. Ahora preparan dar negocio privado con el apenas apañado –gracias a nuestro dinero, nuestra sanidad o nuestra investigación– gran pufo de Bankia. Para seguir rebuscando por las esquinas algo con lo que paliar el fiasco que nos han montado.

Nos quejamos –todavía no suficiente– de la venta de España por parcelas a fondos buitre, cuya misión no es precisamente la inversión productiva. ¿Cómo no va a ser atractivo acudir a las suculentas rebajas con las que se están desprendiendo de todo cuanto era nuestro? ¿Y quién compondrá después el destrozo que no dejan de causar? En algunos casos es ya irreparable.

Nos quejamos del enorme retroceso que en sólo dos años de gobierno han perpetrado contra los derechos y libertades civiles. De su ley del aborto alabada tan sólo por la ultraderecha francesa. De cuanto pergeña Wert en educación. De las leyes represoras de Fernández Díaz y Gallardón. De la destrucción de nuestra sanidad pública, que era una de las mejores del mundo. De sus mentiras, de que nos tomen el pelo. De sus momios y prebendas, de su autoritarismo. De su política de comunicación sectaria y manipuladora, de sus mamporreros, que están privando de la información imprescindible a los ciudadanos.

¿Empiezan a ver que algo “sí casan” las protestas? Muchos intuyen que sólo los “Gamonales” podrán detener el podrido pastel de bodas que aún nos reservan.

*Publicado en eldiario.es

A Jaume Matas y el resto de los corruptos ¿les saldrá a devolver la condena?

El ex presidente del gobierno Balear y miembro del PP, Jaume Matas no ingresará en prisión en tanto el gobierno no se pronuncie sobre su petición de indulto.  La Audiencia de Palma ha aceptado la petición de la defensa y ha ordenado la suspensión de la pena de nueve meses de prisión impuesta por un delito de tráfico de influencias. La fiscalía Anticorrupción también se había mostrado favorable a esta medida.

Jaume Matas fue condenado en marzo de 2012 a más de 6 años de prisión en el primero de los juicios sobre el caso “Palma Arena”, que tiene 26 piezas separadas (entre ellas la que implica a Iñaki Urdangarín). Tres magistrados de la Audiencia de Palma le consideraron culpable de los delitos de malversación, fraude, prevaricación y falsedad documental. La acusación pedía ocho años y medio. El periodista Antonio Alemany –del diario El Mundo-, que le escribía los discursos para glorificar su imagen, fue condenado también a tres años y nueve meses por prevaricación, delito de falsedad en documento oficial, delito continuado de falsedad en documento mercantil en concurso medial con un delito continuado de malversación de caudales públicos.

Matas fue presidente de Baleares en dos etapas (1996-1999) y (2003-2007) y ministro de Medio Ambiente con José María Aznar (2000-2003). El caso “Palma arena” se refiere a un velódromo que costó más del doble de lo previsto -pasó de un presupuesto inicial de 41 millones a 110 millones de euros- y que ya había producido 4 sentencias de cárcel a miembros del entonces gobierno del PP en la isla.

En Julio de 2013 su pena fue reducida sin embargo. El Tribunal Supremo le absolvió de los delitos de fraude a la Administración, continuado de falsedad en documento oficial, continuado de falsedad en documento mercantil, y de prevaricación en concurso medial con un delito continuado de malversación, por los que fue condenado en la sentencia de primera instancia.

Solo mantuvo la condena por un delito de tráfico de influencias y la pena de nueve meses y un día de prisión y multa en cuantía de 6.000 euros.

El  magistrado Alberto Jorge Barreiro emitió sin embargo un voto particular. En un prolijo texto legal al uso, desgranaba a lo largo de 27 páginas los fundamentos de por qué sus compañeros del Tribunal Supremo habían emitido esta sentencia, pero también los que a él le llevaban a oponerse en algunas cuestiones. De hecho no objetaba la decisión de la mayoría de que no hubo MALVERSARCIÓN DE FONDOS PÚBLICOS, ni FRAUDE A LA ADMISTRACIÓN, pero sí prevaricación y una clara autoría que corresponde al entonces presidente de Baleares.

Llamaba poderosamente la atención cómo en lo que llamó el magistrado una estructura jerárquica piramidal se cargó el muerto a sus subalternos y él se libro.Éste fue el resumen que publiqué de ese voto particular. Es una joya muy ilustrativa del funcionamiento de la Justicia española en algunas cuestiones.

Ahora deciden que no ingrese en prisión porque ha solicitado indulto. Vamos, el mismo trato que tiene todo el mundo. El que ha recibido la Infanta Cristina, a la que ha costado tanto imputar que pensar que en España se la pueda condenar es ciencia ficción. Hoy mismo la corrupción española es noticia internacional, pero aquí quienes podían poner freno a esta locura ni se inmutan.

La corrupción se ha situado ya como segundo problema de los españoles. En el telediario de TVE he escuchado que “a mucha distancia” del paro. Qué bien, es un gran consuelo.

Y el inefable panfleto llamado La Razón iba hoy de esta guisa -lo de «el auto del castrismo» es de nota-:

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Lo sucedido en España en 2013 hubiera hecho caer a cualquier Gobierno democrático

Un año en el que hemos perdido a Stèphane Hessel, José Luis Sampedro y Nelson Mandela no puede haber sido bueno. No para la humanidad. Lo inhumano de hecho ha avanzado en progresión estratosférica. La aberración de posponer cuanto atañe a las personas, al altruismo, al pensamiento racional, a la empatía con los otros, a la ética, por los más oscuros intereses ha triunfado plenamente. Para muestra el botón más cercano, el que nos duele y –haciéndonos más egoístas, menos humanos- desplaza cualquier otro interés: España, la triste España del PP.

Solo en ese plano extraviado de la lógica más elemental se entiende la permanencia al frente del gobierno español de Mariano Rajoy o de los miembros de su partido que han secundado de hecho cuanto ha sucedido. El gobierno salido de las urnas tiene toda la legitimidad por muy defectuosa que sea nuestra ley electoral pero los gravísimos escándalos que rodean al de España lo hubieran tumbado en cualquiera país democrático. Algo muy preocupante ocurre con nuestra sociedad al completo y, sobre todo, con las fuerzas que la dirigen.

Iniciamos 2013 leyendo en toda su plenitud los llamados “Papeles de Bárcenas”. Publicados por varios medios, pudimos ver el rosario de sueldos, sobresueldos, virtuales prevaricaciones y comisión de favores, contabilidad B para nuevas prebendas a ocultar, que venía anotando el ex tesorero del Partido Popular en todos sus detalles durante dos décadas. Lo negaron todo… salvo alguna cosa. Los voceros en nómina –de dinero o poder- hicieron cuanto pudieron por sembrar la confusión. No eran reales, decían; lo son. Asistimos a los más patéticos espectáculos, desde losfiniquitos en diferido a las pavorosas huidas del presidente. Cualquier gobierno hubiera caído solo con esto, no sucedió y aún hubo mucho más.

En julio leímos también los SMS enviados por Mariano Rajoy a Luis Bárcenas: “Luis, sé fuerte”, “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos”. Hasta en el más corrupto de los países de cualquier época le hubiera costado la presidencia a su autor, pero nuestro Rajoy con todo su PP sigue ahí. Y continúan después de haber borrado los ordenadores de su ex tesorero –que la justiciano quiere investigar- o de haber sufrido un registro de 14 horas a su sede que ni se han dignado comentar. Continúa, lo que es si cabe peor, como si nada sucediese, sentando cátedra, con inusitada prepotencia. Inconcebible en democracia, impensable en una sociedad medianamente sana.

Hemos visto al presidente huir de los periodistas por los pasillos del Senado, comparecer en plasma, o hablar cuando le viene en gana para seguir engañando a los ciudadanos. Una persona sin una gota de credibilidad sigue soltando sus mentiras haciendo omisión hasta del pudor que es actitud humana bien primaria. Trivialidad o burla, Rajoy ha tenido la inmensa osadía de responder a asuntos muy graves con una letanía increíble en alguien que ocupa su cargo: Todo es falso, salvo alguna cosa (febrero). Les dejo, que hace un frío espantoso (marzo). La segunda ya tal  (junio). Fin de la cita (agosto). Está lloviendo mucho (octubre sobre la anulación de la Doctrina Parot). [Las acusaciones] no se pueden demostrar (octubre sobre Bárcenas a Bloomberg). Éste es el estadio en el que España ganó el Mundial (diciembre en el funeral de Mandela). “Ese asunto” (diciembre, el aborto que no se atrevió a pronunciar).

Después conocimos las andanzas de Miguel Blesa y su Caja de Ahorros pública hundida desde la que actuaba como un virrey de las Indias medievales. Y es que 2013 es el año en el que nos hemos sentido definitivamente huérfanos de justicia, a pesar de los loables y valientes intentos de algunos magistrados. Fiscales al servicio del Estado que crean la acción de desimputar o sacan de prisión a encarcelados (Miguel Blesa) o tribunales de justicia que entienden sus comprometedores emails como privados y no delictivos y, en cambio, estiman punible difundirlos. Con un nivel de estupefacción que nunca creímos conocer, hemos visto campar la impunidad sumiéndonos en la impotencia.

Es el año de la subida de las tasas judiciales para que no se pueda litigar. El año de la sectaria Ley Wert para la deseducación. El de imponer la Ley mordaza de Fernández Díaz para que el poder frene duramente las protestas de los ciudadanos, o la que privatiza la Seguridad del Estado dando poderes extraordinarios a los vigilantes jurados sin preparación. El de duplicar la venta de armas a países no democráticos. El de la amnistía fiscal o las destituciones de quienes meten las narices donde no conviene. El de las grandes contrareformas de Gallardón: Código Penal con -en la práctica- cadena perpetua, o la Ley del aborto más restrictiva de Europa que nos devuelve directamente al nacionalcatolicismo franquista. El del control gubernamental y político de los órganos judiciales. Todo por decreto ley y apisonadora parlamentaria, sin el menor consenso. El año en el que se rechaza de un plumazo la ILP avalada por millón y medio de firmas que pretendía paliar el drama de los desahucios.

2013 es el año en el que sube el déficit y la deuda pública a niveles inauditos mientras se sigue mintiendo a los débiles de mente con una soñada recuperación que solo beneficia a los que nunca sufrieron la crisis. En el que, por ejemplo, se regala por 1.000 millones de euros Novagalicia a un banco privado venezolano perdiendo 8.052 millones de dinero público allí enterrados. El que otros estamentos del poder en el partido conservador español venden a Goldman Sachs pisos de propiedad pública, en el mayor de los contrasentidos dado que la Constitución pide a los poderes públicos que velen por evitar la especulación en la vivienda. O el de la lucha encarnizada por entregar a manos privadas también la sanidad. El año en el que se está enajenando de saldo España entera. A potentados chinos, rusos y venezolanos a los que no se pide su historial.

2013 es el año en el que gracias al PP han aumentado las desigualdades, ha empeorado nuestra salud, ha caído por primera en años la esperanza de vida, ha mermado nuestro poder adquisitivo, cierran cada día más empresas, no se crea empleo o se registra un nivel de emigración superior a los duros años del franquismo.

Y es el año en el que el PP ha conseguido que sus propias tenebrosas sombras manchen a toda la Política, eje de la democracia. Y en el que el PSOE de Rubalcaba no está -como oposición mayoritaria-, a la altura del drama que vivimos, contribuyendo a crear indefensión en muchos ciudadanos. El año en el que los medios y los tertulianos habituales secundan con su silencio o directamente la manipulación la tragedia que nos asola.

2013 es el año en el que la sociedad parece haber sido definitivamente derrotada. Cuando hemos perdido no ya la esperanza sino el ánimo de volver a recuperarla. Cuando el rencor aflora sacando lo peor de nosotros para hacernos casi tan ruines como quienes nos gobiernan.

Si todo sigue así, 2014 será el año en el que volverán a prometernos la recuperación para el 2015 y tampoco pasará nada. Basta, al parecer, con tirar hacia delante con total desfachatez. Con tragar y callar, las víctimas. Que nadie lo endulce con subterfugios: lo sucedido en España sería impensable en un país realmente democrático, para empezar porque no lo toleraría la sociedad, ni sus jueces y políticos con mayor capacidad de actuación.

Feliz 2014… si podemos.  Podríamos.

*Publicado en eldiario.es

 

Tengo un sueño: deportarlos al lago Baikal

Sobrecogidos aún por la Ley que ha perpetrado el  PP y que llama de Seguridad Ciudadana, he tenido una revelación que pasaré a desarrollar tras ponernos en situación y antecedentes. La “ley Fernández” o “Ley Mordaza” o Ley franquista –como ya es conocida dentro y fuera de España-, es obra del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, pero ha pasado por varios ministerios, el de Justicia, sobre todo, regentado por otro gran demócrata y amante de las libertades: Alberto Ruíz Gallardón.  O sea, como todo, es obra del gobierno en pleno, con Mariano Rajoy  y Soraya Sáenz de Santamaría en cabeza. La versión “suave” prevé 30.000 euros de multa por ofender a España. Ya ha dado y dará mucho de sí todo lo que de verdad ofende a España, a los españoles, comenzando por el gobierno que padecemos a quien no asiste el derecho de someternos a esta regresión. Una pena sería que la indignación quede en una chanza. Porque grave no puede ser más.

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Esta gente no descansa ni en fin de semana. Uno de los nenes cantera del partido, miembro de sus Nuevas Generaciones (NNGG), Luis Miguel Santigosa de la Riva se llama, ha pedido a través de su perfil de Twitter que electrifiquen las vallas de Melilla y Ceuta o al menos se les dote «con todos los medios posibles para que NADIE la atraviese». “Con cuchillas o sin cuchillas pero lo cierto es que se cuelan cientos de inmigrantes ilegales día sí y día también y ya estamos hartos todos», ha añadido. Ya anda pidiendo perdón antes de que hagan el paripé de expulsarle. A un chico tan aplicado con las enseñanzas y prácticas de sus mayores le espera un futuro prometedor. Que le pregunten a Carromero.

El joven miembro del PP ha sido quien me ha dado la idea: si, según ellos, no caben los africanos lo mejor es que esta gente, los racistas, se vayan y dejen sitio. Yo prefiero mil veces a quienes se buscan decentemente la vida que a quienes viven del cuento… y de prejuicios.

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En este continuo dilema de si nos vamos de este desgraciado país o les echamos, echamos a quienes lo destrozan, he visualizado una imagen que es un idílico sueño: deportarlos a un islote en mitad de un lago bien grande. De entrada he recordado el  Tanganica, pero es el segundo mayor del mundo. Y eso me ha llevado al primero: el Lago Baikal que ofrece más ventajas. Baikal está en el sur de Siberia y pienso yo que purifica y regenera mucho más la temperatura fresca, muy fresca bien es verdad, que la calidez del clima africano. Pero no es su única ventaja.

Su tamaño. 31494 km² de superficie, 636 kms de largo, 80 kms de ancho y 1680 metros de profundidad. Confinarlos en un islote en medio, un barco varado, una plataforma, lo que sea para que en esa soledad recapaciten. Se arrepientan de sus muchos atropellos y traten de ser un partido conservador homologable en democracia.

El Lago Baikal tiene una riqueza inmensa en biodiversidad que dotaría probablemente a los miembros del PP trasladados -en los casos menos rebeldes al tratamiento, ya sabemos que muchos de ellos (Báñez, Cospedal, Montoro, Mato, Botella, etc) son irrecuperables- de algo de cultura y de pasión por el conocimiento y hasta por la belleza. Seguro que se dejaban allí el pelo de la Dehesa. Además habrían de trabajar para mantenerse, y cuidarse de sus cosas, sin servicio doméstico ni nada, una gran enseñanza en ese medio tan natural.

Otra ventaja añadida, quizás la principal: Baikal es el lago de menos turbidez del mundo. El más claro y limpio. Vivir allí una temporada, observando sus insólitas aguas claras e impolutas en lugar del lodazal en el que tenemos convertida España, debe ser definitivo para cambiar de actitud. Vamos, que vendría a ser como unos ejercicios espirituales, pero en decencia. Es por su bien.

Y con este ingenuo deseo de fin de semana –siempre preferible a cortarse una misma las venas o salir a montar barricadas que en solitario como que no funciona- os dejo queridos niños. Con toda esta gente que manda en el PP (no son tantos en realidad) ubicada hasta su regeneración en el lago Baikal seríamos mucho más felices y comeríamos perdices o lo que bien nos viniera. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Por el momento. Ya pensaremos si tenemos que llevar a alguien más.

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Cambio una salida de la crisis por una contabilidad B impune

Les condenan a cuatro años de cárcel por delitos fiscales a Carlos Fabra, su hasta ayer gran prohombre y ejemplo a imitar, y hoy un señor que pasaba por allí. De cohecho y tráfico de influencias se ha librado. El gran cacique de Castellón no hacía esas cosas. El juez Ruz descubre pruebas de que el Partido Popular ha estado dieciocho años utilizando una contabilidad B. Dieciocho años de trapichear con dinero negro, sin controles, ni impuestos. Pero a Rajoy sólo le toca hablar de sus imaginarios logros económicos. En terreno amigo: los suyos. Ni para hacer balance de sus dos años de Gobierno, ni para referirse a la corrupción que ya aflora en sede judicial, se digna aparecer en público. Arrinconado hasta el molesto plasma, ha hablado por ventriloquia, utilizando la siempre fiel voz de Cospedal.

La versión del partido es que todas las facturas a las que se refiere Ruz figuran pagadas en la contabilidad oficial –¡qué torpe, Ruz!, con el tiempo que se ha tomado y no se da cuenta–. Y que si algo turbio hay, “habrá sido otro”. Bárcenas, claro está. Pero hay un matiz importante que el PP quiere enviar en sus consignas y cuya propagación le fue encargada a Esteban González Pons para que fuera tomando cuerpo durante el fin de semana. Un mensaje corto, críptico… y soez: “Los dirigentes del PP son tan honrados como todos, pero el PP es el único que puede sacar a España de la crisis”.

Con la credibilidad a cero por sus mentiras continuadas, los mandos del PP no tienen el menor empacho en seguir negando cualquier evidencia. Por si acaso, largan culpas fuera, a ver si todavía alguien no percibe la contradicción. A un Bárcenas, que sería un auténtico superhombre por haber ideado y ejecutado semejante plan. Esas personas que hoy tienen la caja fuerte del Estado y que creen les pertenecen también nuestros derechos –dado cómo se empeñan en “moldearlos”– han estado 18 años, 20, 30, los que sean, sin enterarse de nada, a pesar de la fiera corrupia que anidaba en sus entrañas.

Queda una vía más que explorar, sin embargo; la fundamental, de hecho. La que practica Rajoy, la que describió González Pons: Todos somos corruptos, pero os merece la pena porque os sacaremos de la crisis (en traducción libre). El portavoz popular admitió implícitamente que de honradez no andan sobrados, pero que es un mal general. Políticos, ciudadanos, todos somos iguales. El saco de la inmundicia permite camuflarse con más facilidad que en otro donde todo fuera impoluto. Se carga uno la política porque “total, todos los hacen” y en el río revuelto saca tajada el más tramposo. Y ya dibujado el paisaje, irrumpe en escena el Jinete de la EficienciaAbsoluta, el PP, el único que puede sacar a España de la crisis.

Presuponen Rajoy, Cospedal, González Pons, y cualquiera de las voces que en ese partido callan, que todos los españoles somos más o menos corruptos y, en consecuencia, que todos nos vendemos. Vendemos nuestra ética y nuestra dignidad “para salir de la crisis” en este momento. Les da lo mismo prometer tres millones y medio de empleos que una salida de la crisis, aunque las cifras fundamentales de la economía española sigan en despeñe. Desde que gobierna Rajoy, han empeorado todas las esenciales –paro, deuda pública, salarios, servicios públicos–, excepto la prima de riesgo y un tímido repunte del PIB –tras enorme batacazo–, que nace de las drásticas mermas a la sociedad y que constituye el hambre para mañana. A nosotros, a la mayoría de la población, nos han metido en la crisis más de lo que estábamos.

Podrán repetir sus cifras manipuladas, las autorías ajenas de la corrupción, insistir con el mantra de la herencia recibida, pero la verdad no cambia.

También se ha empobrecido la calidad de la democracia, la democracia en sí. España tendría que ser un clamor ante la constatación de que el partido al que han entregado el poder, tanto poder, maniobra en negro –según el auto del juez Ruz– en su funcionamiento diario y durante toda una vida: 18 años de práctica continuada. Los datos que ha acreditado el magistrado confirman en varios puntos los llamados papeles de Bárcenas. Los que hablaban también de sobresueldos en B, o de donativos de empresas que luego obtienen obra pública.

Pero España no es un clamor contra la corrupción, aunque llevemos siglos pagándolo muy caro. Alguna razón asiste a los populares en sus presunciones. Nos han insultado –al conjunto de la sociedad– doblemente, al considerar que todos somos como ellos y, desde luego, que hacemos la vista gorda a la corrupción si nos dan una migajas o –lo que es aún más patético– la promesa de falsas migajas. Y no se aprecian grandes reacciones de esas anchas espaldas en las que aquí se carga todo con asombroso desparpajo.

Marquemos la diferencia:

Verán, ni la economía alemana le compraríamos algunos a cambio de tanta bajeza. Porque igual no sería posible en estas condiciones. Deberían reflexionar todos los votantes de laxa moral sobre si a lo mejor Alemania y otros países democráticos funcionan a distintos niveles porque no tienen delincuentes al mando (dado que, cuando detectan alguno, lo echan y le exigen responsabilidades). Porque no se roba ni se permite que se robe tanto a los ciudadanos.

En una palabra, ni un malhechor avezado ni una organización creada tan sólo para delinquir desplegarían tal cúmulo de estrategias –bien sucia la del trueque– para evadir acusaciones y perseverar en su empeño. Pero no, los dirigentes del PP son honrados “como todos”, y, si algún indicio parece lo contrario, es pura casualidad. Y culpa de otro que, desde luego, ya no es nadie en el partido. Pero lo mejor es que son los únicos que pueden sacarnos de la crisis. Cuando se vayan, un par de décadas después de ir reparando los destrozos.

*Publicado en eldiario.es

Una sociedad que avergüenza

La sociedad española parece tener un buche en el que cabe todo. Engulle lo que le echen en tales proporciones que pronto habrá de habilitar esófago, estómago e intestinos para seguir almacenando lo que ingiere. El saco de la suciedad soportable se ha ido llenando al punto que ya desparrama fuera sus excrementos como lo hizo la basura de Madrid. Hasta las más inmensas tragaderas tienen un límite de espacio, no parece en el caso español. Estamos dando como pueblo un espectáculo deplorable.

Los poderes nos suministran porquería prácticamente a diario. Y la mayoría la ingiere sin mirarle el diente. Es la sentencia del Prestige, que deja la catástrofe sin culpables tras 11 años de dilación para alimentar el olvido. El chapote que sí existió tizna a la justicia y a la propia sociedad complaciente. Son los 45 diputados del PP valenciano –de los 54 electos– firmando una petición de indulto para que no entre en prisión el colega que prevaricó en Torrevieja, según condena judicial –que alguna hay–. Siguen la estela, por cierto, del magnánimo Gobierno central, presto a eximir de la cárcel a toda suerte de corruptos y estafadores de altura, torturadores, y hasta a homicidas al volante que hayan tenido la previsión de contratar los servicios del bufete adecuado. La podredumbre de la vida política actual nos entronca con los periodos más negros de nuestra historia.

Hemos visto cosas que no creeríamos. No hasta ese punto y con tanta frecuencia. Cada uno de los escándalos desvelados hubiera costado el puesto, la caída del Gobierno incluso, de forma fulminante; la aglomeración parece diluirlos. El aire se enturbia cada día más, lo viene haciendo a golpes continuos de hollín hasta haber llegado al nivel de irrespirable. Mientras, los autores del desastre caminan, erguidos y suficientes, como si nada fuera con ellos.

Cuando supimos, publicado en prensa y confirmado por él, que todo un presidente del Gobierno intercambiaba SMS de ánimo con su extesorero imputado por corrupción vinculada a su partido, pensamos que todo habría de estallar necesariamente. Sueldos, sobresueldos –hasta en A, que son casi igual de flagrantes–, donaciones al partido de las mismas empresas que reciben el contrato público de cuanto se gestiona y construye en España. Y a las que la justicia no ve relación punible porque no han firmado un escrito en el que diga: vale por un cohecho. Borrado de ordenadores comprometedores que tampoco merecen sospecha judicial. Privatizaciones cuyo tufo atruena. Finiquitos diferidos. Recibís que se firman sin que medie la recepción del dinero, según se atreven a declarar. Ni el más surrealista de los autores de ficción osaría escribir un guión tan zafio e inverosímil. Interpretado, además, por un elenco de actores de tan ínfima categoría que parecen reclutados en un desguace. De Botella a Montoro, pasando por González, Báñez, Mato, Soria, Fabra, Camps, Barberá, Bauzá, Floriano, Cospedal o el propio Rajoy, encabezando la interminable lista.

¿Nos toman por idiotas? Puede ser, pero sin duda por mansos, o moldeables. Porque, siguiendo la triste tradición de nuestro país, a quien protesta se le acalla. Por el método que sea. Saben –y ése es su triunfo– que mientras no estalle eso que llaman en términos elogiosos su “mayoría silenciosa”, sumisa, hay margen. Y, si no, se construye el entramado legal y judicial ad hoc. El Código Penal de Gallardón o la nueva Ley de Seguridad Ciudadana de Fernández Díaz en Interior, altamente represora. Para cortar reclamaciones molestas o ante cualquier eventualidad, María Dolores de Cospedal avanza ante las NNGG que el PP piensa poco menos que sacar a España de la jurisdicción de los tribunales Internacionales. Y ni se inmuta al decirlo. Ni la sociedad al escucharlo.

Asistimos al patético episodio de ver en el mismo escenario, al presidente del PP y del Gobierno –que solo habla ante quien le aclama y le corea– aplaudirse a sí mismo por sus imaginarios éxitos, al cumplirse la mitad de su mandato. Tan encantado con su labor está, que promete persistir en ella: nos seguirá empobreciendo y aumentando la desigualdad social con sus “reformas”. Él y los suyos están mejor que hace dos años, no el resto. Sin duda.

La lista de irregularidades es tan larga que la mayoría la olvida entretenida en su labor de embuchar hasta sapos con púas. Cierto que tanto golpe seguido, tanta desfachatez andante, puede terminar por anestesiar. Si se está enfermo; una sociedad sana no lo toleraría. En ningún país serio seguiría en la presidencia del Gobierno una persona que ha mentido desde la primera a la última de sus palabras y que se halla circundado por SMS y cuentas turbias. No continuarían ni un minuto más en su puesto los 45 diputados valencianos. Ni los órganos de la justicia que alojan en sus estómagos sentencias como la del Prestige y todas las que se avecinan, dando una insufrible sensación de impunidad. No se aguanta esta batería de desafueros en otros países aunque no sean un dechado de virtudes. Se echa a los corruptos. Se van ellos, incluso. Antes incluso del proceso judicial; la sospecha fundada, tanta sospecha fundada mancha.

En el llamado «escándalo de los gastos parlamentarios» de 2009 en el Reino Unido, se penó el robo de cantidades que aquí son calderilla. La sensible diferencia es que todos ellos fueron obligados a dimitir. Que sus partidos se mostraron férreos con eso. Y que en las calles de Londres la ciudadanía evidenció su enorme rechazo, su irritación, su determinación irrevocable de castigar estas prácticas. Vengan de donde vengan. Aquí no ocurre. Ni por asomo.

Hace meses que la prensa internacional se pregunta hasta dónde va a aguantar la cuerda a Mariano Rajoy y su partido. En julio decía The Economist: “La corrupción es la piedra de molino del señor Rajoy. ¿Va a hundirlo? La combinación de una mayoría parlamentaria absoluta, una inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles, escándalos similares que golpean la oposición socialista y un sistema judicial lento significa que probablemente no lo hará”.

Esa “inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles” que los medios extranjeros resaltan duele y avergüenza profundamente a los españoles decentes. A los que aún arriesgan su dinero y su trabajo para defender, por ejemplo, la sanidad pública, ahuyentando a los buitres que vienen a comer lo que han convertido o quieren convertir en carroña de la que lucrarse. A los que han dejado unos días la basura en la calle –como metáfora– para no emporcar más los salarios y condiciones laborales de los españoles. A quienes no quieren ser identificados con la España corrupta.

¿Cómo ha podido convertirse en normalidad esta inmundicia? ¿Qué puede germinar en esta mugre? Sea cual sea su papel en la obra, protagonista o secundario, si usted es de los que tiene tan empachado el buche que ya se le confunde con el intestino, mírese al espejo y reflexione si ve en él a un ciudadano o qué ve. Sinceramente.

*Publicado en eldiario.es

Todo es según el radicalismo del cristal donde se mire

“España no está para radicalismos”, acaba de declarar María Dolores de Cospedal. Cualquiera podría deducir que se refería –por aquello de la inmediatez– al arzobispado de Granada y su libroCásate y sé sumisa, recién publicado, que enseña a las mujeres a ser dóciles siervas de sus maridos. Pero no, aludía al PSOE y a su Conferencia Política de este fin de semana. Los socialistas dijeron “laicismo”. Hubo protestas por el apoyo a la monarquía –que se aprobó–. Proclamaron: “Hemos vuelto”. Desde la derecha sin remilgos, se deduce. Y, sí, hablan de la reforma fiscal que nunca hicieron y ahora prometen o de que las políticas sociales serán irrenunciables. José Bono –figura de tanto peso en el partido que hasta le confiaron la presidencia del Congreso– comenta que para ciertas cosas nada como la gente de bien: «En momentos difíciles, prefiero que el PSOE se entienda con el PP y no con IU».

No es porque sea mayor y carca, Eduardo Madina, valor emergente, declara a La Marea que el PSOE sigue estando lejos de Izquierda Unida: “Seguimos siendo un partido con vocación de grandes mayorías, que no pierde de vista que, cuando se gobierna, se gobierna para quien te vota y también para quien no te vota, para quien te odia y no te va a votar nunca. Creo que es una diferencia sustancial respecto a las posiciones políticas de Izquierda Unida”.

Pero no hay que olvidar que los expertos en raíces y radicalismos son los miembros del PP. Los que saben de verdad qué es España. El secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, ha venido a aportar luz sobre el tema. En un auténtico tratado sobre las raíces patrias, comparte conLa Vanguardia “una experiencia transgeneracional” con la tauromaquia. Eso sí que es España. La acaban de declarar bien de algo, con su asignación presupuestaria y todo, naturalmente. Se promovió una ILP y se aprestaron a darle la mejor acogida. Lamentablemente, coincidió con otra –avalada por millón y medio de firmas– para acabar con la lacra de los desahucios. Pero eso es una ordinariez que tiene muy poco que ver con España.

El Gobierno aspira –ya lanzados– a que la tauromaquia sea incluida en el Patrimonio Mundial de la Unesco. Alguien que conoce bien el organismo me comentó que no le darán ese título ni muertos. Pero el Gobierno se entretiene y –lo que es mejor– entretiene al personal. El caso es que Lassalle sitúa la tauromaquia entre los aspectos de la cultura española que constituyen «tradiciones vivas» heredadas de nuestros antepasados. Y añade otras dos indispensables: la Semana Santa –ésa tan española del luto, la sangre y los latigazos– y el «cante jondo». Las tres aportan vivencias «que requieren de una protección que transciende el ámbito territorial de una comunidad autónoma».

Pocas patas son tres para sostener una mesa, ésta de la gran España. Así que es preciso añadir unas cuantas más para que se siga asentando de forma firme e imperecedera:

Tenemos a la Virgen del Rocío como suprema conseguidora de empleos. Tan eficiente que ha añadido casi un millón de parados desde que Fátima Báñez la colocó al frente del Ministerio de Trabajo. Pero es para que luego, con la recuperación tan estupenda que se avecina, se noté más su acción cuando se anime a desplegarla.

La familia es otro de los grandes pilares de España. Dado que el libro de la sumisión marital es una traducción del italiano, convendría para ser más precisos traducir también la palabra: famiglia; Lafamiglia. La que hunde sus fundamentos en la mafia y la camorra. La que usa y abusa de razzias y vendettas y, como mínimo, de silenciar bocas. La que emplea a redes clientelares por proximidad de sangre e intereses. La que sitúa en todos los órganos decisorios –desde la judicatura al poder económico y político o la prensa– a miembros del clan para que obren a su favor en cualquier prebenda o litigio.

Enlazando con ella, la corrupción es igualmente una seña identitaria de España, sobre todo de la derecha más casposa. De la que se cree merecedora de todos los privilegios y ajena a toda ley. Y a fe que parece estar en lo cierto cuando obtiene tan amorosos cuidados, en algunos casos, del ejercicio de la Justicia. De la derecha que ve lógico aplicar a sus inferiores desde el racionamiento de la comida al derecho de pernada –real o figurado–. La Unesco sí debería estudiar la inclusión de la corrupción española entre los Bienes Inmateriales de La Humanidad o en el Patrimonio Mundial, incluso en el Galáctico. Tener a 46 millones de ciudadanos callados y sumisos –pongamos como mucho un millón menos que protestan– ante tanto latrocinio y atropello tiene mucho mérito. Hay que dar con la tecla empleada porque igual sirve para otros menesteres.

Radical viene de raíz o base. Alude a lo fundamental. A la causa u origen de algo. En botánica, raíz es el órgano de las plantas que crece en dirección inversa a la del tallo e, introducido en tierra, absorbe lo que precisa para el crecimiento. El radicalismo propicia cambios. Según la RAE, son en sentido democrático, pero eso no se tiene en cuenta. Hay unos funestos, los que el PP ve en el “nuevo” PSOE, el que “ha vuelto”. Éste se cuida mucho de ser confundido con Izquierda Unida –igual es también porque atesora un radicalismo malicioso– en la aspiración de que le elijan los votantes de derechas decepcionados del PP. Qué poco les conocen a pesar de los pesares. Y quien realmente está volviendo del revés España es el PP con sus «reformas». Pero es que este radicalismo es del bueno, pata negra, español por los cuatro costados.

España está precisamente para radicalismos, los auténticos. Necesita –urgentemente– limpiar sus raíces de tanta porquería como se adhiere a ellas. Hundirse en la tierra de la decencia y la educación y no en un estercolero. Solo así podremos dar frutos. Ser radicales de verdad, ir a lo esencial, a lo que importa y beneficia a todos.

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De las destituciones de Rajoy al tropezón de Cospedal

A pesar de sus incesantes mentiras, de las que pueblan el archivo audiovisual, María Dolores de Cospedal podría pasar por ser la más diáfana entre los dirigentes del PP. Denunció a Bárcenas y hoy ha sido la vista oral. Bárcenas, en plasma, desde la cárcel de Soto del Real, ha dicho: «Es mi mano la que entrega el sobre a Cospedal». Acusándola, por tanto, de haber cobrado en B. Ella, por supuesto, lo ha negado.

bárcenas.plasma

Lo curioso es que al salir ha ocurrido un incidente. Cospedal ha abandonado el edificio, sonriendo como mandan los cánones del PP, pero evidentemente nerviosa. Tanto, que ni veía por dónde iba, se ha equivocado de camino y casi se lleva un árbol por delante. Hablando de árboles, la gente decente no hace leña del caído, salvo cuando el árbol está podrido.

Si cobró en B da igual, no le pasará factura. A Rajoy tampoco. Cobran en A y medio complementos del sueldo y Rajoy declara que es «lo justo». En uso de cómo entiende el poder que le fue conferido, el presidente se ha pulido al tercer comisario que investigaba la corrupción «vinculada» al PP. Nada más llegar a Moncloa mandó a tomar viento a toda la cúpula policial que había sacado el casó Gürtel, también a la de la Agencia Tributaria, y, casualmente, el Juez Baltasar Garzón resultó inhabilitado. Por una demanda de Correa, el presunto cabecilla de la trama. Un pleno.

Los policías sustitutos fueron también destituidos de su labor de indagar en delitos de corrupción. Se supone que el tercero fue elegido con mimo, pues no, también lo ha mandado Rajoy a casa.  José García Losada investigaba, como sus predecesores, la Gürtel y Bárcenas. El SUP vincula los cambios en la cúpula policial a las investigaciones que afectan al PP. «Debe ser que no encuentran a nadie que siga sus dictados», señala el portavoz del sindicato policial, en referencia a los tres cambios realizados en este puesto hasta ahora. Hombre, así no hay quien «pueda probar nada», en efecto.

Esta última entrevista salió íntegra en Bloomberg a pesar de que el PP intento censurarla. Así comprobarían la veracidad de sus palabras. Pero, en España, los dictados de Rajoy sí se siguen en muchos estamentos de poder. Máxime cuando hace nombramientos tan certeros como el presidente del Constitucional. Y acabo de oírle por la radio. Anda en Panamá, en la Cumbre Iberoamericana, y ha dicho en tono sobreactuado que los medios de comunicación tienen derechos muy sensibles en sus manos y deben ser responsables de ello. Anda preocupado sobre todo por «la aparición de «nuevos actores» en el sector de la comunicación «que no se rigen por las mismas obligaciones que los medios tradicionales». A esos los tenía ya bien asimilados. ¿Prepara también una ley de censura de prensa? Alguna noticia llegó de que Gallardón andaba en la tarea. Temas acotados, consulta previa. Atado y bien atado.

El PSOE ha registrado una batería de preguntas en el Congreso sobre el caso de los tres comisarios destituidos (esto es como una novela). Anda indignada la gente en la Red, pero ahí queda todo. En Italia, Berlusconi hizo lo que pudo, pero jueces, diputados, hasta el presidente de la República (allí tienen) reaccionaban. Hoy lo tenemos felizmente fuera de órbita. A Berlusconi. Forrado hasta las pestañas pero fuera de órbita.

Un amigo francés me ha dicho esta mañana: los españoles sois muy mansos. A mí me salvaba, claro. Pero va a tener razón. Y son cosas que se pagan.  Así que.. qué menos que echar unas risas por el patético tropezón de Cospedal.

El PP es una empresa

Borrar los ordenadores de Bárcenas  fue “una decisión empresarial”. Así lo ha explicado Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta ¿del Consejo de Administración del PP? Solo las empresas toman “decisiones… empresariales”. El objetivo de las empresas es siempre el beneficio económico para sus gestores y accionistas. No cabe la actividad “sin ánimo de lucro”, reservada a cierto tipo de asociaciones. El PP es una empresa y no precisamente una pyme.

De esta forma, Soraya Sáenz de Santamaría confirma lo que ya muchos sospechábamos. El subconsciente que traiciona cuando se trata de explicar lo inexplicable. El afán privatizador que se cuela hasta en la concepción del PP de lo que es un partido político, un país y una sociedad, todo susceptible de proporcionar réditos. Lo curioso es que esta organización, el PP, está subvencionada con dinero público en un 90%.

Los requisitos exigidos para ser empresa o partido político difieren. En la primera, deben escriturar ante notario el nombre de los socios, el objeto social, es decir, la actividad a desarrollar, el capital suscrito –que varía en función del tipo de empresa-, los estatutos, la forma de elección y renovación de cargos. En fin, un cúmulo de requerimientos que terminan por hacer más difícil crear una empresa en España que en Zambia, según el Banco Mundial.

Todo esto no nos lo ha dado a conocer el PP que ha camuflado su actividad empresarial en forma de partido político. De ahí que precise inversiones y reparto de beneficios, también camuflados y simulados, al contado y en diferido. Particularmente empresas que financian la organización, al margen de los votantes que participan con sus impuestos y sin cobrar dividendos. Labor que, al parecer, realizaba Luis Bárcenas a plena satisfacción, hasta que advirtió irregularidades la justicia.  No es lo mismo ser una empresa con ánimo de lucro que un partido político que debe gobernar por el bien común y eso llama la atención de algunos jueces.

Saber oficialmente que el PP es una empresa lo cambia todo. Los votantes no son accionistas que toman decisiones y participan de los beneficios, son peones engañados en los fines que persigue la entidad. Peones que pagan y no cobran, sin remunerar y a quien esquilmar. Resulta asombroso que lo soporten, porque malos son los resultados de la reforma laboral pero no ver un euro de las ganancias, sufrir recortes y repagos, y callarse ni en la China o la España medieval. O sí, igual ahí y entonces, sí. O esa decisión de vender la cuarta parte del patrimonio español. No puede obedecer sino a que saben que en el fondo el capital con el que operan no es suyo, a un afán de enriquecimiento desmesurado o tapar los agujeros de una nefasta gestión. Porque una arriesgada táctica empresarial, sin más, no será ¿verdad?

Tiene una explicación sin duda. En el entramado organizativo, destaca el departamento de marketing con estrategias realmente sutiles y una amplísima plantilla, también en sus versiones oficial y simulada. Profesionales de perfil muy preciso, dedicados a vender las bondades del producto camuflado y simulado: el bienestar social, salir de la crisis, que – de serlo- choca frontalmente con la realidad de la cuenta de resultados para los ciudadanos, cada día más empobrecidos y privatizados. Sabiendo ya que la finalidad de esta empresa, como de todas, es el lucro de sus dueños, la percepción cambia. Ahí, hasta en cuestión de “complementos” oficiales del salario, la cosa ha ido francamente bien para los socios. Y encaja perfectamente que los sobresueldos de todo tipo fueran en realidad bonus por alcanzar objetivos. Con enorme perspicacia, los directores de marketing eligen agentes comerciales capaces de una doble tarea: convencer a ese tipo de contribuyentes altruistas de la empresa que siempre se tienen por pura fidelidad y provocar arcadas o carcajadas en el resto. Distraídos, no actúan. Doble eficacia.

Tras la declaración de Sáenz de Santamaría, cabe esperar ahora que la justicia pida al PP los requisitos que se exige a toda empresa. O que la ciudadanía espabile de una santa vez y se entere: el fin del PP es el lucro de sus accionistas, dado que son una empresa que adopta “decisiones… empresariales”.

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*Actualización:

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