Permuto Valencia por Dinamarca y Madrid por Suecia

Fiel a mi idea de que la mejor forma de aprendizaje es el contacto directo y ponerse en el lugar del otro, hace tiempo que vengo pensando en una solución revolucionaria para arreglar algunos de nuestros problemas y, colateralmente, solucionar otros ajenos. Se trata de un experimento por el que se permutaría Valencia por Dinamarca y Madrid por Suecia. Atiendo a las cuestiones más urgentes. De resultar positiva la prueba podríamos estudiar nuevos intercambios.

La Comunidad Valenciana cuentan casi con el mismo número de habitantes que Dinamarca: unos 5 millones de personas. El primer aspecto positivo sería que en Dinamarca los valencianos se encontrarían mucho más holgados, dispondrían de casi el doble de territorio, 43.000 Kms. cuadrados, frente a 23.000. Un pasado histórico de solera les es común, y a ambos les baña el mar. Claro que allí son el Mar del Norte y el Báltico de temperaturas gélidas, pero dicen –no sé si está probado- que el frío curte. Más de 400 islas, la mayor parte despobladas, inmensos terrenos para construir y especular, ahora que el litoral valenciano está saturado de ladrillo. Tendrían que acostumbrarse, eso sí, a residir en un paisaje armónico, con un urbanismo elegante y bien diseñado.

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Los valencianos cobrarían allí 3.250 euros (ése es su salario medio, el más alto de la UE y con pocas diferencias sociales). Pagarían también precios algo más elevados, aunque no más de un 10% de los que tenemos en España. E impuestos superiores al 50%, el 60% para los millonarios, (En España la media es 34% y 42% para los más ricos). A cambio dispondrían de grandes medidas sociales, porque allí el Estado gasta en los ciudadanos el 30% del PIB, mientras nuestro país sigue estando a la cola de Europa con un 21%. Yo creo que en el aspecto económico rentaría el trueque a los valencianos.

Deberían aprender todos inglés, en Europa no puede uno moverse sin este idioma.  «Educación para la ciudadanía», sin objeciones y en el idioma propio. Y otros horarios. Entrar a trabajar a las 9 y terminar a las 4 por ejemplo, con un bocadillito en medio, sin dos platos, postre, café y pacharán.

Pero también compensa todo esto:

Dinamarca es el segundo país más pacífico del mundo según Global Peace Index en 2008. Su capital, Copenhague, está considerada por la revista Monocle como la mejor ciudad para vivir en su Top 20 Most Livable Cities Chart. Asimismo, está clasificada como una GaWC Ciudad cultural mundial, siendo tercera en Europa occidental, sólo sobrepasada por Londres y París.

En cuanto al clima, en verano se quitarían de agobios, y en invierno, desde luego, se pelarían de frío. Y el sol, nada de la maravillosa luz Mediterránea, en invierno apenas lo ven y en verano no se esconde, el muy ladino, casi en todo el día. Pero eso con unas buenas persianas, puede paliarse.

Son algo menos tacaños que los suecos, aunque tampoco dilapidan el dinero. Ambas partes -españoles y nórdicos- pueden aprender para obtener una media aceptable. Porque podíamos dejar algún danés allí para hacer más fácil el tránsito.

Con todo, lo más positivo, lo que me inclina a proponer esta permuta es que Dinamarca fue el país menos corrupto del mundo en el año 2008 según Corruption Perceptions Index. Y, además, que la sociedad tiene arraigados una serie de valores democráticos que defienden a ultranza: la igualdad, la libertad de expresión y los derechos humanos, el respeto al ser humano, la solidaridad y la responsabilidad hacia la comunidad, tanto en la vida social como en la familiar. Ya sé que en Valencia, en España, también, pero allí es norma de vida profundamente interiorizada por la sociedad. Insisto que estoy hablando de un primer estadio de las permutas.

Prácticamente los mismos valores y circunstancias –algo más de gasto social incluso- comparte la vecina Suecia. Con 9 millones de habitantes –que no sé cómo meteríamos en Madrid-, nos brindarían un inmenso territorio de 449.964 Km², en el que tanto Esperanza Aguirre como Alberto Ruiz Gallardón serían realmente felices por las posibilidades de inversión que ofrece. Ahora bien, ambos, Camps y Rita Barberá también, se verían obligados a vivir con mucha mayor austeridad y, especialmente, con mayor control incluso ciudadano. Cualquiera tendría acceso a su declaración de impuestos.

    Los nuevos madrileños nórdicos dispondríamos de los mismos gélidos mares que nuestros nuevos vecinos valencianos, pero playa al fin y al cabo, lo único que le falta a Madrid para ser maravillosa. Habría que hacer, desde luego, un esfuerzo por manter las calles limpias, asfaltadas y con las señales de tráfico bien pintadas. Cuando vinieran las visitas no podríamos tener las ciudades como está nuestra capital.

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Altísima inversión en innovación y tecnología, tanto en el sector privado como público, y auténtica pasión por el cuidado del medio ambiente. A acoger con cariño y respeto a los emigrantes –salvo excepciones- ya estamos acostumbrados en Madrid, pero la experiencia sueca nos serviría porque ellos llevan haciéndolo desde los años 70. Allí fueron buena parte de los arrojados por las dictaduras latinoamericanas. De hecho, es uno de los países que más interés tiene por el idioma español que se estudia incluso en las Universidades. Un problema que veo es que en Suecia prima la educación pública, pero ese aspecto es subsanable. En seis meses, pienso que algo cambiaría la mentalidad. Porque digo yo que será el aire o el agua lo que forma los criterios. No puede ser otra cosa.

Y lo mejor: un puente entre Dinamarca y Suecia, que en 15 minutos te sitúa en el otro país. Valencianos y madrileños podríamos compartir las nuevas experiencias. Por ejemplo, la de respetar el tráfico y desplazarse en bicicleta que es tan sano. Y tan barato. O que, en lugar de «ayudar»  a su mujer en casa el día que les viene bien, tienen que afrontar a partes casi iguales el cuidado de los hijos y las tareas del hogar.

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Esto es un primer esbozo del proyecto de permuta. Y ya es demasiado extenso, podemos profundizar en la idea. Al mismo tiempo, prestaríamos a los nórdicos en España espontaneidad, el gran arte de la improvisación y un saber vivir –aunque sea endeudándose en nuestro caso-. Aprenden rápido. Un año a prueba. Eso es todo. Me quedo pensando y mirando el mar Báltico.

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El bebé de Dalila ha muerto por una negligencia médica

El hijo de Dalila, la primera víctima mortal por gripe A en España, ha fallecido por una negligencia médica. Lo ha reconocido el gerente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en cuya Unidad de Cuidados Intensivos estaba ingresado el pequeño, al haber nacido prematuramente por cesárea. Anoche, se le suministró por error al pequeño alimento por vía venosa, en lugar de por la sonda nasogástrica.

La sobrecogedora noticia, no tiene excusa ni justificación posible. Ninguna. No pueden existir “terribles errores humanos” de ese calibre. O hay mala organización, o escasez de personal, o mala preparación de unos y otros, o todo unido. O el mal está mucho más arriba, en el diseño que se ha hecho de la sanidad de Madrid. Porque, además, si a este pobre niño, Rayan, que suscitaba una gran atención social y mediática, le han atendido con tal negligencia ¿cómo actúa con los demás la sanidad madrileña? Ya lo vimos. Así le fue a Dalila. Lo escribí hace unos días y hubo discrepancias. Algo falló con Dalila. Y con su hijo. Y esto es lo que vemos. Es imprescindible la dimisión, como mínimo, del consejero Juan José Güemes. Pero sobre todo que la sociedad madrileña reaccione al contemplar lo que están haciendo con algo tan esencial como su salud.

El mito de que España posee el séptimo mejor sanitario del mundo se debe únicamente, insisto, a que es gratuíto y abarca a toda la población. La realidad es que estamos a la cola del gasto sanitario de la UE15 (no contando a los nuevos, a los países del Este). España se sitúa, con 1. 329 euros, en el puesto número 13, sólo por delante de Grecia y Portugal. Luxemburgo invierte con 2.989 por ciudadano (más del doble); Países Bajos, 2.284, y Francia, 2.188.

  Sólo encuentro datos comparativos de la atención primaria por comunidades, dentro de España. La Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid denunció que el gasto sanitario per cápita de la Comunidad de Madrid, cifrado en 102 euros, es 36,23 euros menor que la media de las comunidades autónomas, que alcanza los 138,23 euros.

Actualización.

El País amplia datos

“La enfermera que cometió el error procedía de otro departamento y era el primer día que trabajaba en la UCI, según han revelado fuentes hospitalarias a EL PAÍS. La destinaron a la unidad para que fuera aprendiendo. Un auxiliar la supervisaba, pero se ausentó y en esos momentos fue cuando la enfermera habría confundido la vía de administración de la alimentación. “Es una gravísima negligencia que no tiene excusa”, porque en el envase viene “perfectamente especificado”, pero “por un error que desconocemos, el profesional se equivocó” al administrarle el producto.

(…) El secretario general de la sección sindical de Comisiones Obreras (CC OO) en el centro ha denunciado «el caos sanitario que vive Madrid». En su opinión, «el problema es que hay una grave carencia de personal en el Gregorio Marañón. En la UCI, de las 16 personas que hay, ocho son eventuales. No pasan más cosas no sé muy bien por qué. Los trabajadores estamos al 150% de nuestra capacidad. La situación es caótica. Han desmantelado este hospital para llevarse el personal a los nuevos, pero si hay algún problema tienen que volver aquí porque no están dotados». Fuentes del hospital han criticado que personal sin experiencia haga prácticas en un área tan crucial como la UCI.»

Espías

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Hay un supramundo que parece existir al margen de la ley y que se infiltra, con más intensidad de la que creemos, entre los cimientos básicos que nos sustentan. Un ejército -muchos ejércitos-, paralelo y en la sombra que, sin embargo, está dando muestras de desintegración. Por lo peor que –para sí mismo- puede mostrar el espionaje: la notoriedad. (Y nada edificante).

Me despedí anoche con harto dolor de Stieg Larsson que no escribirá más. Tres libros para -con lenguaje de imán- denunciar disfunciones y corrupciones de esta “hermosa” sociedad que hemos formado. El último va directo a la yugular de los servicios secretos, la llamada –nunca he sabido por qué- Inteligencia. Hasta desliza la sospecha de que fuera este servicio –una cápsula, por supuesto- el autor del nunca aclarado asesinato del primer ministro socialdemócrata Olof Palme en 1986.

Los espías se enseñorean de las noticias estos días. Los datos privados del Jefe de los espías británicos, publicados en Facebook por su esposa. Expedientes olvidados, chapuza sin fin. España no se queda atrás. La máxima autoridad, Alberto Saínz, pillada en ostentosos gastos privados a cargo del departamento, pero denunciado –a un medio informativo- por su personal. Saínz que pretende hacer purga y expulsar a 60 de sus subordinados. Estimable cifra que no habla precisamente bien del funcionamiento de los servicios secretos españoles.

En un ámbito más privado o semiprivado –sin emplear la excusa de la seguridad nacional-, Berlusconi espía al G8, el magnate de la prensa Murdoch a políticos y famosos. La dictadura cubana utilizando la acusación de espionaje como argumento de purga. Corren los espías por la Comunidad de Madrid en litigios de partido, denunciados también desde dentro de sus filas. El tesorero acusado del PP, arrampla con papeles comprometedores hurtados.

Y la película hecha realidad: el infecto Cheney, de la infecta etapa Bush, oculta un plan antiterrorista al Congreso para capturar y matar a supuestos miembros de Al Qaeda, sin juicio ni nada que se le parezca.

La airada tesis de Larsson es que el espionaje –de altos vuelos y de andar por casa- puede terminar por vivir al margen de la ley y sin control, algo que no puede permitir un sistema democrático. Es una de las tantas excepciones que socavan la enferma estructura de nuestra sociedad.

Mirar, escuchar, trampear, para hacer presión, chantaje y daño. En el que algunos de mis lectores –por lo que he visto- llaman mi mundo utópico -que sí busca, al menos, la claridad-, sería uno de los principales males a erradicar. Termitas imperceptibles, cada vez más chapuceras, más impunes, que comen el caballo de Troya al que nos han trasladado a vivir, pero a es a nosotros, a la sociedad, a quienes piensan asaltarnos.

«Fiestas» de San Fermín: parte médico del domingo

Europa Press y diversas agencias:

El sexto encierro de los Sanfermines, protagonizado por toros de Miura, ha dejado al menos cinco heridos por asta de toro. La carrera ha sido muy peligrosa, después de que un toro quedase descolgado del resto de sus hermanos.

Uno de los corredores heridos ha recibido una primera cornada en el tórax. Y otra segunda le ha provocado una  herida de 15 centímetros en la parte posterior del muslo bajo el glúteo y le ha llegado hasta el hueso de la pelvis. El corredor se encuentra ya en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), después de ser operado. Su pronóstico es grave, aunque estable a salvo de complicaciones. Preocupa especialmente su herida en el pecho. Tiene fracturada la segunda costilla y puede afectarle a un pulmón.

 Otro corredor presenta un pronóstico grave tras ser empitonado en el cuello. También se encuentra en la UCI y los dos doctores confían asimismo en que salve la vida. 

También han sido empitonados otros tres corredores, uno en el muslo que ha sido atendido en el puesto de Espoz y Mina, otro en el brazo en la zona del Ayuntamiento y el último en la espalda en Mercaderes.

Además de los cinco heridos por asta, han sido trasladados a centros hospitalarios de Pamplona otros seis corredores con diversos traumatismos.

En concreto, en el Hospital de Navarra han ingresado tres corredores, uno con traumatismo craneoencefálico en Santo Domingo, otro con traumatismo abdominal también en Santo Domingo y el tercero con un baretazo lumbar en Mercaderes.

En el Hospital Virgen del Camino se encuentra un mozo con traumatismo en la rodilla en Mercaderes, otro con traumatismo craneoencefálico y contusiones en extremidades también en Mercaderes, y el último con una posible fractura de tobillo en Telefónica.

Leo que “Hermitaño” –quien seguro estaba en la ganadería cuando hace dos años la visité para un reportaje de Informe Semanal-, se “ha cebado” con el primer corredor.

El Mundo añade:

“La traición de los ‘miuras’

Los de Miura han traicionado a los organizadores de los encierros. Son elegidos para correr en fin de semana porque su nobleza hace que sus estadísticas de heridos en la calle sean bajas incluso en días con el recorrido atestado de corredores, como ha ocurrido de nuevo este domingo. ‘Ermitaño’, burraco, herrado con el número 10, ha sido el principal responsable, pero no el único, porque la carrera ha tenido peligro de principio a fin”.

Han conseguido, por tanto, que vea el vídeo del encierro. El pobre animal, rodeado de cientos de personas, se ha caído y se han ido sus compañeros. Los mozos le acosaban, incluso después de empitonar a algunos hombres.  Siempre es bueno ponerse en el lugar del otro para entender cualquier cosa. Es un animal, sí, pues con mayor motivo, porque parece que no son tan racionales como los humanos. Se ha visto solo y rodeado de gente. ¿Es ilógico lo que ha pasado?

Ver: Sanfermínes, fiesta con partes médicos.

Crisis, malvada crisis

Teclear en google “la crisis provoca” resulta un interesante ejercicio sociológico. Veamos. Una caída del 6% en las ventas del sector del libro. El 60% de las matriculaciones en autoescuelas. Una escalada de cierres de negocios de autónomos. Un exceso de oferta de pisos y un descenso de la demanda. Despidos y regulaciones de empleo diversos. Entre ellos, como consecuencia, de los vigilantes de seguridad, que son menos contratados. Un 6% de bajada en el consumo de gasolina. La desconexión rural de Internet y un descenso general del número de internautas (¿). No todos opinan lo mismo: Google al recibir el Premio Príncipe de Asturias, dijo que la crisis provoca un aumento de usuarios. Incremento de los robos en supermercados -lo que en una treintena de periódicos califican por igual como «robos famélicos»-.  Un aumento de la economía sumergida. Que se disparen los timos en reparaciones a domicilio. Devoluciones masivas de libros en Asturias. Sí, en Asturias, eso pone. ¡Cómo son los asturianos! Claro que los lectores optan por ediciones de bolsillo, que no parece mala cosa.“Overbooking” de aspirantes a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Un “boom” de ventas de lotería. Un 30% de mayor agresividad y nervios en los conductores -¿más?-.  Que desciendan las adopciones. Vaya. Que el 76% de los españoles cambien o cancelen sus reservas de vacaciones. Que las empresas descarten construir parkings subterráneos –fue un negocio altamente lucrativo-. Un aumento de solicitudes para ingresar en “Gran Hermano”. Asuntos serios, buena parte de ellos, no todos.

Pero también atribuyen a la crisis, mencionada siempre con harto dolor y preocupación, todos estos asuntos: Hizo que las familias y hogares españoles ahorraran en el primer trimestre del 2009 más del doble de lo que lo hicieron un año antes, hasta una tasa del 7,9%.   Que la gente venda sus objetos de lujo Que los trabajadores –los que sí tienen empleo- estén más satisfechos con su labor. Un refuerzo del control del gasto en las PYMES. Un descenso del 10% en el absentismo laboral. Un aumento del interés por el arte y la cultura, visitas a museos –gratuitos o baratos-… en Gran Bretaña. Un descenso del 30% en el uso del taxi. Atentos: descenso en las ventas de jamón ibérico. Una caída del 74% en los beneficios del diseñador Adolfo Domínguez, que “sólo” ganó el año pasado 4 millones de euros. Menos visitas a centros de belleza y bricolage casero, en lugar de llamar a reparadores profesionales para todo. Una vuelta a las aulas en busca de títulos y mejor cualificación. El regreso de los abuelos desde sus exilios en residencias para cuidar a los nietos. Un 5% de descenso de salidas a los campos de golf –esos que se comen el agua y proliferan como setas en otoño-. Cambios en el mundo publicitario ¿A mejor o a peor? Se ha frenado la deforestación del Amazonas.

Y consecuencias, atribuidas a la crisis, aún más cuestionables que algunas de las que preceden:

Un descenso de los muertos en accidentes laborales. Nos lo cuentan “con un par…”. Vamos, que al reducirse el empleo, mueren menos.

Crisis en las churrerías. Que resulta venía gestándose desde 20 años atrás.

Un aumento del número de suicidios y asesinatos. ¿Por la crisis?  Sí causa más inseguridad y más miedo.

La caída del deseo sexual, ¡anda ya!

El aumento de la obesidad entre las mascotas de los estadounidenses, porque sus dueños los alimentan ahora con productos más baratos y menos saludables. De cualquier forma, se sigue gastando más en Viagra y en comida para animales, que en mejorar la calidad de vida de los africanos

Lo positivo: Vivíamos con una sobredimensionada oferta que acarreaba gastar sin tino. Ojala se mantenga el buen juicio si un día cede la crisis.

Y lo más negativo: Muchos –pero muchos, muchos- han sacado tajada: han aprovechado la excusa de la crisis para hacer reestructuraciones insolidarias, mejor toleradas en un mundo revuelto.

Crisis, malvada crisis, cajón de sastre revuelto. Tópico cíclico que no ha cambiado la mayor parte de nuestras actividades pero nos ha hecho añadir el vocablo. «Vivo… a pesar de la crisis«.

Esta recopilación de viñetas de El Roto nos explica mejor que nadie lo que ha pasado.

Sanfermines, fiesta con partes médicos

Asisto cada día, cada año, desde el 7 al 14 de Julio, estupefacta, a esa orgía de salvajismo que –en mi opinión- son los “Sanfermines” y que acompaña mi vida desde que tengo uso de razón. Un país civilizado no puede permitirse esas tradiciones bárbaras por mucho turismo y glamour que atraigan. Es mi pensamiento, “incorrecto” respecto a ciertas tradiciones, lo sé.

“¡Por fin! hemos conseguido una víctima mortal, y varios heridos de consideración!”, se dirán en el telediario, imagino que en voz baja. Porque ayer, ante tres encierros “limpios”, la informadora se mostraba inquieta y «prometía» sangre para hoy. “Los toros de Jandilla ostentan el récord de corneados”, vino a decir. No había que desesperar, era “la crónica de una muerte anunciada” (uno de los mejores títulos literarios de la historia, por cierto). Porque sí, TVE y Cuatro retransmiten los encierros, desplazan grandes operativos, la audiencia les responde. Pero si no hay sangre en condiciones, el morbo decrece. La emoción reside en ver cuantos palman.

Una víctima mortal hoy, empezamos bien. El toro le ha sajado una arteria del cuello desde el pulmón. Otro de los heridos, con las tripas fuera. Otro, con neumotórax.  Muertos, parapléjicos de por vida, graves secuelas, ha dejado la tradición pamplonica. Ellos se lo han buscado. El mundo entero en Pamplona a correr entre los toros, a retar a la muerte. Valentía. Coraje. ¿Estupidez?

Cada año, casi cada día, nos mentan a Hemingway para avalar con la devoción de un escritor de fama mundial por San Fermín, esta tradición española. Uno de los más grandes, sin duda, pero no olvidemos que se descerrajó una escopeta encima para abandonar este mundo.

España la tiene tomada con el toro. Uno de los animales menos inteligentes que existen. Fiereza, brío, potencia y poder le son atribuidos. Sus descomunales testículos, los cuernos que embisten y enfrentan al riesgo, su belleza, lo han situado en el punto de mira de los humanos desde los ancestros. Símbolo mítico desde la Antigüedad, de toda la cultura mediterránea -que le atribuía poderes de fecundidad y lo unía a la muerte y a la resurrección-, sólo en España permanece arraigado en la vida cotidiana. La fiesta se vive en muchos lugares con el toro, hasta llegar en los más atávicos a apoderarse de sus testículos, en la errónea creencia de que también se traspasará su energía. Fueron dioses mediterráneos pero también victimas de sacrificios rituales. En la lidia española y de su área de influencia, el toro muere.

Me enteré en la ganadería de Miura de algunas peculiaridades del animal bastante desmitificadoras. Se encuentran tranquilos en terreno conocido –yo los vi- y sólo pelean, como todos los animales, por el poder en la manada. Otra cosa y muy distinta será cuando lleguen al espacio extraño de la plaza, o de las calles de Pamplona. Entre los 4 y los 6 años harán su viaje final. Entretanto, se alimentan con productos naturales y no copulan jamás con una vaca. Mueren vírgenes. La tarea de reproducción se encomienda a los sementales seleccionados y a las vacas también elegidas por sus características.

Unos pobres animales criados en el campo son arrojados a las calles de una ciudad atestada de gente, muchos de ellos borrachos. ¿Imagina alguien su pavor? Nadie guardará hoy un hipócrita minuto de silencio por la víctima mortal, ni por la crueldad a la que someten a unos animales. Tan preocupados las autoridades por cuidar a golpe de decreto nuestra salud –tabaco, cinturones de seguridad-, no osan entrar en una ¿fiesta? que acaba con partes médicos. ¿Y la eutanasia? ¿No está prohíbida? ¿Tendrán que ir los enfermos incurables a las calles de Pamplona en Julio?

Todos tranquilos. “Capuchino”, el toro asesino, morirá también esta tarde de una estocada. “Mucho mejor que en el matadero”, “La “magia” del toreo” –sí, conozco los argumentos-. Sólo que una concurrida plaza disfrutará viéndole expirar.

La victima es Daniel Jimeno Romero, de 27 años, natural de Alcalá de Henares. Le ha visto -quien haya querido- ensangrentado y con la muerte pintada en el rostro. Una vida truncada. Habrá más, no desesperen. “Los Jandilla nos visten de luto”, titula ETB… ¿los Jandilla? ¿Nadie más pone los medios para que se produzca la tragedia? De algo hay que morir, por otro lado. Y cada uno elige por qué objetivos se enfrenta al riesgo.

La culpabilidad de los indiferentes

Lloraba, vulnerable por sus largos años de secuestro, Ingrid Betancourt -con el premio Príncipe de Asturias en las manos-, al reflexionar, sobre cómo los alemanes fueron capaces de dejar ir a los asesinos encañonando a sus víctimas. Todos ellos formaban parte de una mayoría amorfa, que nunca se mueve y consiente todos los atropellos, porque nunca quiso significarse. La componen seres humanos, pacíficos –se denominan a sí mismos-, incluso “apolíticos”, tendencia que se define como “me importa un bledo lo que le pase al conjunto de la sociedad”. Gentes que no quieren enterarse de que fue cierto que “un día vinieron a por mí y ya no había nadie”, como avisó Bertolt Brecht ante el genocidio nazi.

Alguna vez, alguien reacciona colectivamente. Desde el Fuenteovejuna español a la sublevación contra la tiranía de los franceses, pasando por todas las revoluciones y resistencias. publicitadas o ignoradas, que han poblado y pueblan nuestro injusto mundo.  Denunciar, una tarea peligrosa, dice hoy El País. El riesgo de denunciar, titula otra noticia, casualmente al lado. Ése parece ser el problema: tomar partido implica peligros, incluso el de quedarse sin opción de saborear toda la tarta, y no la parte escogida. Pero esa actitud entraña, en mi opinión, una mayor amenaza: perder la dignidad.

 Y daños a otros. Un día, no hace tanto, algunos trataron de impedir que una niña de 14 años fuese lapidada en Somalia, y tras ser violada para mayor oprobio. Si se hubiera levantado toda la concurrencia, la cría estaría viva. No lo está. El arrojo es un bien escaso.

La pasividad se enseñorea del mundo consumista, nos han aleccionado, a conciencia, para hacernos sumisos y poco o nada comprometidos. Guerras, hambre, desplazados, niños y adultos que mueren en las pantallas de los televisores, mientras miramos para otro lado… ricos objetos de consumo que nos consuelan, cuentas sin pagar en el primer mundo, trampas, demagogia interesada, inyecciones de dinero a los causantes del cataclismo financiero, todo nos toca. Pero… “deprime leer los periódicos, o ver y escuchar cualquier informativo, es más cómodo no hacer nada”, dicen.

Todo se gesta desde un ámbito mucho más cercano. Conflictos en los que una discreta postura -no mojarse, no opinar, ocultarse, no preguntar, ni querer saber, negarse a analizar, a valorar los datos-, garantiza una buena colocación, cuando, al solventarse los problemas, haya un ganador. O cerrar los ojos, porque, sí, es más cómodo. Inicialmente, porque ahí se empieza a perder la primera batalla contra los enemigos de la justicia y la ética.

Acabo de leer que Telemadrid ha empezado a cobrar la información. La televisión regional ha creado «Ciudades por Madrid”, una fórmula en la que los Ayuntamientos se ven obligados a pagar para poder tener presencia en su programación. 30.000 euros le ha costado a Alcobendas, ahora en manos del PP, que los programas estrella de Telemadrid como «Alto y Claro» -sencillamente abominable-, «Madrid Opina» o «Madrid Directo» se emitieran desde esta localidad. 40.000 ha pagado al ayuntamiento de Móstoles para que su alcalde, también del PP, participara como colaborador en el programa de Curry Valenzuela. La denuncia la ha hecho el PSOE y Telemadrid no lo desmiente. Lo argumenta así: “no se obliga a pagar a ningún Ayuntamiento, sino que se les permite la opción de publicitarse por si quieren aprovechar la ocasión”. ¿Y cómo se habla de una ciudad que ha pagado? ¿Objetivamente o pensando que el cliente siempre tiene razón? Es el fin de la información. Y el último episodio… por el momento.

   Llueven trajes y coches de lujo regalados a cambio de prebendas, asquerosas manipulaciones, corrupciones, conchabeos, privatizaciones de la sanidad, la educación, y hasta del agua que bebemos… una interminable lista de impunidades que hemos engullido. Hace años escribí un “manual para tragar sapos”. Les hacemos ascos al principio, pero con sal, pimienta y limón terminan entrando. Hasta los digerimos y preparamos el estómago para que no sufra tanto la próxima vez.

Cada día me convenzo más de que los indiferentes, los cautos, ¿los cobardes?, son los culpables de la situación en la que vivimos, desde la planta del edificio en el que residimos al mundo que hemos creado, pasando por todos los estadios intermedios. Unas risas, una ironía, un autojustificarse, una crítica «equidistante», siempre hay consuelo para el tibio que evita los jardines, la realidad y el compromiso.

Pensar, práctica en desuso

Las calculadoras como muletas en la resolución de problemas, el pensamiento mascado para ser mejor digerido. Pocos parecen enfrentarse a la realidad con ojos nuevos cada día para hacerse preguntas y encontrar respuestas, para equivocarse y volver a replantearlas, para tratar de ver, asociar y sacar conclusiones. Lanzarse a la aventura de descender una montaña hasta el mar del conocimiento como río nuevo, en lugar de seguir – en barca sin piloto identificado- todos los canales establecidos. Más aún, como razona Ignacio Escolar, entrar en el jardín secreto está penado por la sociedad.

Varios amigos coetáneos míos coinciden en resaltar que ahora ya no parecen existir grandes pensadores, cuyas palabras aguardar con interés. Los Aranguren, Madariaga, Marías, de nuestra juventud, publicaban artículos, eran entrevistados en grandes medios. Ahora, en efecto, no pueden proliferar más los “opinadores” de oficio, tediosos repetidores de tópicos, pero faltan los elaboradores de ideas. Se ha perdido -se diría- la práctica de pensar.

Es un mal general, los filósofos han sido sustituidos por los sociólogos –de meritoria labor sin duda- en una corriente que trata como máximo de analizar los hechos, pegarse a la realidad. Pareciera que la última corriente de pensamiento filosófico notable fuera la del Círculo de Viena y data de la primera mitad del Siglo XX. De otro lado, se recupera la “matematización”, las matemáticas como eje e instrumento: Todo lo que no puede reducirse a variables cuantitativas se rechaza.

Descubrí en un reportaje el valor capital de las matemáticas sin embargo. Origen de todas las ciencias, ofrece un punto clave: “Es una cuestión de entrenamiento”, me decía la matemática Marta San-Solé, “un deportista de élite no llega a serlo si no hay un entrenamiento muy duro detrás. Y, si uno no se rompe la cabeza resolviendo problemas desde niño, problemas sencillos, pero que sirvan de entrenamiento al racionamiento, pues evidentemente no va a tener una cultura matemática”.

Ni de vida. Hay que trabajar para abrir cauces, pero si no se ejercita, el cerebro se extingue. En un mundo global, con sobre-información, las ideas nuevas se diluyen en el conjunto. Con la crisis, no hay tiempo para pensar –precisamente, cuando sería más necesario-. La Universidad hoy busca el pragmatismo urgente, piezas que encajen en empresas, en lugar de primar ser lo que siempre fue: un foro para el desarrollo de ideas. Pero la causa principal puede estar en los medios de comunicación. Los espacios culturales de los telediarios ya no informan sobre cultura, sino que promocionan industrias o productos propios. Productos, no cultura. Los medios más serios no se arriesgan con experimentos. Los debates políticos han quedado reducidos a lo que el sociólogo Fermín Bouza denomina «píldoras»: «la televisión ha contribuido a un proceso de debilitamiento de las ideologías porque ha impedido el discurso ideológico. Es un discurso de píldoras, sintético, rápido, y ha formateado al resto de la sociedad a su manera”. 59 segundos para sintetizar una idea, la audiencia ya no aguanta más tiempo atendiendo.

 Vivimos en una sociedad trivializada y, por tanto, más vulnerable. Ella da de comer a los medios también, en un bucle que se retroalimenta. El fin último es fomentar el consumo, como dice una intelectual innovadora, ésta sí, Naomi Klein.

Aún tenemos en España, mejor en la península ibérica, a Saramago, Sampedro, José Vidal-Beneyto o Federico Mayor Zaragoza. Mezclados, y tapados, con las hordas “cristianoronaldas”. Un cerebro para toda la vida. Anquilosado y lánguido por falta de uso. Cuestionarlo todo, volver a mirar, asociar y concluir para hallar nuevas soluciones. Fortalecer el cerebro, entrenarlo. Para abordar también problemas prácticos, sí, esos que nos acucian. Empequeñecios y más accesibles a un pensamiento maduro.

Consumada la fechoría: ya está aquí Cristiano Ronaldo

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Me he cruzado por expulsión de otras vías –Madrid rebosaba de gente en la calle- con las hordas que se dirigían a ver a Cristiano Ronaldo en el estadio Bernabeu, y a avalar con su presencia que se hayan dilapidado con él 94 millones de euros, en un mundo cuajado de pobreza e injusticias. Grupos numerosos, convertidos en chusma, arrasan a los vehículos, la calle es suya, el mundo es suyo. Sólo porque van a ver a un niñato vestido con la camiseta de su equipo. No importa que luego vuelvan a incorporarse a su mediocre vida.

Setenta y cinco mil personas. Los había de todas las edades, predominantemente jóvenes. Un padre con traje llevaba de la mano a su hijo. Ha cruzado, educadamente, entre los coches y he estado tentada de preguntarle: ¿Va a enseñar a su hijo cómo se triunfa en la vida? ¿Solidaridad? ¿Valores?

Macarrilla, musculado –puede que operado-, Cristiano Ronaldo es un paso más allá en el modelo que creó Florentino Pérez para el Real Madrid. Sólo que ya caricatura, degeneración, un Beckam rural –que ya es poner el listón bajo-. Mujeriego, vacío, todo un modelo a imitar. La capital, España, se va a enterar de quién es éste muchacho. En los lugares por donde ha pasado suelen celebrar con fiestas su despedida. Yo no soy una seguidora habitual del fútbol. Sólo sé que se enfrentó al Barcelona en una final, perdió y a él ni se le vio. Pero da dividendos selectivos –particulares- en la tierra de la desmemoria, que se extiende a la política, a la economía, a la sociedad.

Setenta y cinco mil personas, cadenas retransmitiendo en directo, alguna de ellas financiadas con dinero público. España se para, e Inglaterra respira. Los aficionados del Real Madrid borran de su recuerdo, los tres años sin títulos, al Presidente saliendo por piernas del club con un agujero económico insostenible, tras haber levantado para sus arcas, cuatro torres altísimas. Hoy siento una pena inmensa por esta sociedad, por el ser humano que no recuerda, ni piensa, ni se conmueve por el injusto mal de los otros. Carne de cañón para los desaprensivos.

Actualización, martes, 7 de Julio:

  No os perdáis esto:

«Eso te lo has gastado tú comiendo una mariscada con cuatro golfas que no conoces de nada»… ¿la afición al fútbol seca las neuronas? ¡Dios qué país!

      http://www.as.com/futbol/video/nueva-campana-abonados-valladolid-i/dasftb/20090706dasdasftb_7/Ves

El gozo de escribir (o de hacer algo)

Venía yo elucubrando un asunto, mientras hacía “recados”, sobre un muro suspendido en el aire que sabía iba a empujarme hacia una de sus dos vertientes: lo positivo y lo negativo. En el supermercado de mi barrio hay un abuelo que pide en la puerta como cumpliendo un horario. Hoy, que he bajado al abrir, ya estaba. No es un desarrapado. Lo imagino en su casa, madrugando, desayunando, pensando en la labor diaria que un día tuvo y que, ahora, de alguna forma recupera. Su tarea –de remuneración imprevisible- es extender la mano. Tengo localizado otro, algo más joven,  que se juega la vida entre los coches de María de Molina, el acceso a Madrid desde la Nacional II o el aeropuerto. A éste le apasiona su actual labor:  rezuma optimismo. Y nunca falla. Me preocupa, sin embargo, un tercero que ha desaparecido de su puesto. Hace ya tiempo. Argumentaba con ímpetu su reivindicación. Se enfadaba si no alcanzaba el éxito.

Pensaba en mí misma, privada de un trabajo diario en el periodismo, que se consuela plantándose en la puerta de la blogosfera, pendiente de la mañana a la noche más de una vez, para dotarme de una cierta sensación de que sigo ejerciendo. Ya sé que yo dispongo de medios de subsistencia y, posiblemente, estos hombres que piden no. Pero hay algo en su actitud que me hace pensar que hay algo más: la necesidad de la rutina, la obligación, sentirse útil, sentirse en el mundo.

Y llego a casa, y, vía Toño Fraguas lafragua.blogspot.com, he encontrado la solución. Y he saltado de mi muro hacia un colchón de esperanza. Este post va a ser inmensamente largo. Porque así debe ser. Toño ha descubierto un artículo maravilloso. A mí me sirve. Cada cuál busque su mejor acomodo.

ESCRIBIR A DIETA

Juan Villoro

Diario REFORMA . Ciudad de México

(19-Jun-2009).-

Hace años, en todos los periódicos trabajaba un gordo dedicado al arte de corregir la puntuación. Mientras otros sudaban en el lugar de los hechos, él leía con ojos de cazador. De tanto en tanto, chupaba un lápiz como quien prueba una golosina y tachaba un gerundio. No necesitaba consultar diccionarios porque había engordado a fuerza de adquirir palabras.

El corrector obeso era la versión extrema del periodismo sedentario. Su cuerpo expresaba autoridad. Aunque odiáramos sus enmiendas, lo veíamos como a un Buda cuyo paradójico don consistía en suprimir el adjetivo que tanto nos gustaba.

En un diario español conocí a uno de esos gordos, que además tenía el tino de apellidarse Grasa. Nadie se burlaba de él. Su nombre parecía heráldico, digno de su especialidad.

Los correctores perdieron importancia desde que la computadora prometió hacer esa tarea. El gran gordo desapareció mientras las redacciones se llenaban de gorditos.

Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas. Un oficio de flacos (recordemos al periodista famélico dibujado por Abel Quezada) se ha convertido en una tarea donde la barriga ya no es exclusividad del corrector en jefe.

Internet ha traído numerosos cambios culturales. No vamos a demonizar aquí algo bueno e inevitable, como la lluvia o el teléfono, pero es un hecho que los inventos ponen nerviosa a la gente. La fotografía anunció el fin de la pintura, el cine el fin de la fotografía, la televisión el fin del cine y la computadora el fin de la televisión. El resultado suele ser el opuesto. Cada nueva tecnología prestigia a la anterior: el plástico ennoblece al vidrio, el vidrio al bronce y el bronce a la piedra.

Las fotos polaroid, que parecieron el non plus ultra de lo moderno, acaban de desaparecer para siempre, convirtiendo a sus cultores -de Andy Warhol a David Hockney- en artistas de una edad pretérita.

Dentro de 50 años será imposible encontrar un sistema operativo para leer un CD con la información que hoy podemos grabar. En cambio, se leerán libros caligrafiados hace 2 mil años.

Internet refrendó la fuerza de la cultura de la letra. No podemos vivir sin escritura. La constelación que una vez se trazó con tinta de calamar, ahora brilla en nuestras pantallas.

Sin embargo, ante la galaxia Google, el periodismo impreso ha tenido un ataque de ansiedad. En vez de realzar sus recursos, imita los ajenos. Como la información en línea es muy solicitada, los periódicos tratan de parecer páginas web (menos letras, más imágenes, tips que simulan ser links…).

La reacción debería ser la contraria. Si en la pintura el abstraccionismo mostró lo que no puede hacer la fotografía, el periodismo impreso debería ofrecer lo que no funciona en la red: textos larguísimos para gente que conoce la calma. El periódico italiano La Reppublica es un buen ejemplo al respecto. Se lee al ritmo que impone el papel. Hace poco, uno de sus temas de portada fue la descripción de un beso. Es cierto que el autor era Orhan Pamuk, pero pocos diarios lo hubieran considerado digno de primera plana.

Lo curioso es que mientras se reduce el periodismo de investigación y se eliminan suplementos, las revistas ganan adeptos, demostrando que hay gente dispuesta a leer textos más extensos que los de las cajas de cereales.

La red se ha convertido en su propio tema: es el horizonte de los acontecimientos. En vez de acudir al lugar de los sucesos, el reportero vigila la realidad virtual. Como todos pueden llegar ahí, la competencia se basa en la homologación. El triunfo de conseguir algo único es menos decisivo que la derrota de perder lo que los demás consiguieron. La novedad tiene un criterio estándar.

Otro efecto secundario de internet es la disminución de corresponsales extranjeros. La red es una plaza sin patrias donde se intercambian datos de todas partes. Los enviados especiales se han vuelto caros y en cierta forma desconfiables: ven de manera peculiar un mundo que aspira a la norma.

Para colmo, en muchas ocasiones el reportero debe escribir un texto aplicable a varios formatos (el periódico impreso, la información en línea, el boletín de radio o televisión). Por lo tanto, ofrece una materia neutra donde los giros personales se evitan como grumos en el arroz con leche.

El periodismo sin señas de identidad permite que alguien comente: «ese texto es demasiado literario». La frase debería ser tan rara como la de un chef que dijera: «ese guiso es demasiado gastronómico». Casi siempre, la objeción se refiere a que el texto es complicado. La claridad es un requisito de la prensa (el desembarco en Normandía no se puede comunicar como un poema dadaísta), pero el miedo a la diferencia ha llevado a renunciar a los adverbios y los adjetivos.

Al alejarse de su esencia, la prensa escrita pierde lectores en todas partes. Mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordan.

No será por mucho tiempo. No hay vida sin historias. Nada más urgente que la crónica de un beso