Sanfermines, fiesta con partes médicos

Asisto cada día, cada año, desde el 7 al 14 de Julio, estupefacta, a esa orgía de salvajismo que –en mi opinión- son los “Sanfermines” y que acompaña mi vida desde que tengo uso de razón. Un país civilizado no puede permitirse esas tradiciones bárbaras por mucho turismo y glamour que atraigan. Es mi pensamiento, “incorrecto” respecto a ciertas tradiciones, lo sé.

“¡Por fin! hemos conseguido una víctima mortal, y varios heridos de consideración!”, se dirán en el telediario, imagino que en voz baja. Porque ayer, ante tres encierros “limpios”, la informadora se mostraba inquieta y “prometía” sangre para hoy. “Los toros de Jandilla ostentan el récord de corneados”, vino a decir. No había que desesperar, era “la crónica de una muerte anunciada” (uno de los mejores títulos literarios de la historia, por cierto). Porque sí, TVE y Cuatro retransmiten los encierros, desplazan grandes operativos, la audiencia les responde. Pero si no hay sangre en condiciones, el morbo decrece. La emoción reside en ver cuantos palman.

Una víctima mortal hoy, empezamos bien. El toro le ha sajado una arteria del cuello desde el pulmón. Otro de los heridos, con las tripas fuera. Otro, con neumotórax.  Muertos, parapléjicos de por vida, graves secuelas, ha dejado la tradición pamplonica. Ellos se lo han buscado. El mundo entero en Pamplona a correr entre los toros, a retar a la muerte. Valentía. Coraje. ¿Estupidez?

Cada año, casi cada día, nos mentan a Hemingway para avalar con la devoción de un escritor de fama mundial por San Fermín, esta tradición española. Uno de los más grandes, sin duda, pero no olvidemos que se descerrajó una escopeta encima para abandonar este mundo.

España la tiene tomada con el toro. Uno de los animales menos inteligentes que existen. Fiereza, brío, potencia y poder le son atribuidos. Sus descomunales testículos, los cuernos que embisten y enfrentan al riesgo, su belleza, lo han situado en el punto de mira de los humanos desde los ancestros. Símbolo mítico desde la Antigüedad, de toda la cultura mediterránea -que le atribuía poderes de fecundidad y lo unía a la muerte y a la resurrección-, sólo en España permanece arraigado en la vida cotidiana. La fiesta se vive en muchos lugares con el toro, hasta llegar en los más atávicos a apoderarse de sus testículos, en la errónea creencia de que también se traspasará su energía. Fueron dioses mediterráneos pero también victimas de sacrificios rituales. En la lidia española y de su área de influencia, el toro muere.

Me enteré en la ganadería de Miura de algunas peculiaridades del animal bastante desmitificadoras. Se encuentran tranquilos en terreno conocido –yo los vi- y sólo pelean, como todos los animales, por el poder en la manada. Otra cosa y muy distinta será cuando lleguen al espacio extraño de la plaza, o de las calles de Pamplona. Entre los 4 y los 6 años harán su viaje final. Entretanto, se alimentan con productos naturales y no copulan jamás con una vaca. Mueren vírgenes. La tarea de reproducción se encomienda a los sementales seleccionados y a las vacas también elegidas por sus características.

Unos pobres animales criados en el campo son arrojados a las calles de una ciudad atestada de gente, muchos de ellos borrachos. ¿Imagina alguien su pavor? Nadie guardará hoy un hipócrita minuto de silencio por la víctima mortal, ni por la crueldad a la que someten a unos animales. Tan preocupados las autoridades por cuidar a golpe de decreto nuestra salud –tabaco, cinturones de seguridad-, no osan entrar en una ¿fiesta? que acaba con partes médicos. ¿Y la eutanasia? ¿No está prohíbida? ¿Tendrán que ir los enfermos incurables a las calles de Pamplona en Julio?

Todos tranquilos. “Capuchino”, el toro asesino, morirá también esta tarde de una estocada. “Mucho mejor que en el matadero”, “La “magia” del toreo” –sí, conozco los argumentos-. Sólo que una concurrida plaza disfrutará viéndole expirar.

La victima es Daniel Jimeno Romero, de 27 años, natural de Alcalá de Henares. Le ha visto -quien haya querido- ensangrentado y con la muerte pintada en el rostro. Una vida truncada. Habrá más, no desesperen. “Los Jandilla nos visten de luto”, titula ETB… ¿los Jandilla? ¿Nadie más pone los medios para que se produzca la tragedia? De algo hay que morir, por otro lado. Y cada uno elige por qué objetivos se enfrenta al riesgo.

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10 comentarios

  1. pepe

     /  10 julio 2009

    Pues eso, de algo hay que morirse.

  2. Waldeska

     /  10 julio 2009

    Coincido cien por cien con todos los argumentos. Esta mañana cuando oía dar la noticia me preguntaba quién sería el corredor y si la familia no debería interponer una demanda al Ayuntamiento de Pamplona por permitir y hacer proselitismo de una actividad perjudicial tan para la salud por sus calles públicas. Ya sé que el corredor entra en las calles libre y voluntariamente pero también hay otras actividades que ponen en peligro nuestras vidas, que efectuamos libre y voluntariamente pero que la ley prohibe y la justicia sanciona. Además, hace pocos meses, en un pueblo de Aragón fue un niño de 9 ó 10 años quien falleció a consecuencia de que le embistió una vaca. No he oído nada más en torno a ese caso. ¿También el niño entró en el circuito (su calle) libre y voluntariamente? ¿La ley tampoco dice nada cuando se trata de proteger la seguridad de los niños? España. Europa. siglo XXI y nosotros seguimos con costumbres salvajes, arcaicas e injustificables.

  3. fernando

     /  10 julio 2009

    como dice la canción,si te ha pillao la vaca…

  4. Si yo me meto en el mar con bandera roja o quiero alejarme más de 25 metros de la costa vienen unos municipales y me multan.

    Si yo quiero ir en mi coche sin cinturón de seguridad sin poner en peligro otra vida que la mia vienen unos municipales y me multan. Lo mismo con una moto y un casco.

    Pero si yo quiero correr delante de un bicho de un cuarto de tonelada que puede destriparme de una cornada el ayuntamiento lo organiza y corre con todos los gastos. Recordemos que empieza la temporada de encierros veraniegos y que hay por ahí un toro con caché elevado precisamente porque ya lleva dos muertos.

    Que viva España.

  5. apajerabierta

     /  10 julio 2009

    Viendo las dos partes que intervienen en este tipo de festejos – los animales asustados y fuera de contexto y los humanos- me pregunto muchas veces si el ser humano es más civilizado que el animal

  6. cuanto cinismo

     /  10 julio 2009

    ¿cuantos pobres animales son sacrificados en estos festejos? Si, sè que
    muchos, pero…. pensemos en còmo se crian, transportan y son sacrificados todos los animales que nos sirven de alimento, pero claro
    son los menos famosos…Pollos, ovejas, terneras, conejos. pero claro eso no vende tanto. Aunque toda esa adrenalina que se les impone nos la comamos… bajar todos al mundo real xd.

  7. Sin contar además con lo sucio que se va a quedar todo y los ruidos que habrá durante las fiestas.

    ¡Ah, no! ¡Qué tonta! Eso sólo pasa en Chueca durante el Orgullo….

  8. Te invito a leer mi entrada de este viernes sobre el mismo tema que expones. Un cordial saludo.

    http://arrozamargo.blogspot.com/2009/07/sanfermines-hasta-donde-llega-la.html

    José Carlos Fernández Moscoso

  9. Sólo decir que totalmente de acuerdo y que yo apoyaría una reacción por cerrar esta fiesta espeluznante. Es un ejemplo purificado de la irracionalidad y bestialidad de la que sólo nosotros sabemos hacer gala tan bien.

  10. Bravos

     /  13 julio 2009

    De acuerdo con su comentario.Los sanfermines siempre me han parecido una fiesta para los excesos y el negocio basado en eso, solo les encuentro una ventaja, no necesitas ir “vestido” con el traje de peña salvas los compromisos sociales.

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