Grecia vota… a Syriza

Syriza ha ganado las elecciones en Grecia.

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Un 23,1% de los griegos vive en riesgo de pobreza

El PIB ha caído un 25% desde 2008.

La deuda está en el 174% del PIB

El paro juvenil es del 52,8%.

El salario mínimo ha bajado un 20% desde 2010

Los empleos públicos se han reducido casi un 40% desde 2009.

Las pensiones quedaron reducidas a apenas 400 euros y se han suprimido las dos extraordinarias, tras seis «reformas».

Han cerrado prácticamente todos los ambulatorios como pidió la Troika.

Tres millones de personas, más de la cuarta parte de la población,  se han quedado sin cobertura sanitaria..

El cáncer solo se atiende ya en estado terminal.

Todo esto ha sido a cambio de rescates financieros por valor de 200.000 millones de euros. A los bancos se les entregó 1,6 billones de entrada, al inicio de la crisis, sin contrapartidas. Y luego barra libre.

El Consejo de Europa expresó su alarma.  Este organismo no tiene nada que ver con el Consejo europeo que es UE puro. La UE de hecho se felicita por las «reformas» griegas. Merkel las aplaude y dice que hay que incrementarlas. Mariano Rajoy también. Se encamina a dejarnos como a los griegos si vuelve a ser elegido.  Ya nos queda poco. Todos los índices internacionales muestran a Grecia a la cabeza del descalabro social, seguida de España.

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Forges publicaba  una viñeta que era todo un editorial. Me alegra la vista. Finalmente ha sido así. Queda mucho por hacer, ahora es cuando empieza el reto, pero algo está cambiando y es el primer paso para que cambie Europa. Al Mariánico, se añadan el Especuladórico y el Complicidiábulus (éste es básico porque la gente lo engulle sin darse cuenta del contenido).

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Los españoles que no creen en la democracia

Cada vez que la corrupción salta en noticia para acorralar al PP, sacan de la chistera la presunta recuperación. Y ahora que se añade la proximidad electoral, todos los medios y comentaristas a su servicio redoblan el esfuerzo: la crisis es historia, consumimos como locos, se está creando empleo.

Cualquiera puede comprobarlo, los ciudadanos con un trabajo de algunas horas durante una semana se lanzan a las tiendas a dilapidar el dinero que les sobra. Lo mismo hacen los parados sin subsidio alguno. Levantan las persianas de nuevo los negocios fracasados. Nos crece el dinero en los bancos, disipando nuestra angustia por el futuro. Los ancianos que mantienen a sus familiares más jóvenes les han podido dar un extraordinario con los dos euros mensuales de media que el Gobierno ha subido su pensión. Los niños que no cubrían sus necesidades alimenticias (en cifras récord desde la llegada de Rajoy al Gobierno) ya comen lo que necesitan. Ya encienden la calefacción quienes se morían de frío. Las lacerantes cifras de la desigualdad sobrevenida en pocos años, se han atenuado. Los jóvenes y no tan jóvenes obligados a buscarse la vida en la emigración regresan al paraíso que el PP nos ha preparado a todos en España.

La bonita historia cuela. Especialmente en quienes no han padecido la crisis y nunca tuvieron problemas para consumir. Ha crecido… la confianza, ese sentimiento subjetivo que, como la fe, no precisa asentarse en bases sólidas. La orquesta del Partido Popular interpreta a diario la partitura y dóciles ciudadanos siguen la batuta, la música y la letra, como haría cualquier rebaño de corderos.

Y funciona al punto de que se tiende a priorizar los mensajes económicos del Gobierno sobre otras cuestiones altamente decisivas. Al PP le ha estallado la Gürtel con múltiples imputaciones en su entorno y con un nuevo dictamen (de la Fiscalía en este caso) que corrobora los anteriores: el PP usa caja B y se lucra de la trama, recibe comisiones de empresas a quien entrega obra pública, paga bajo mano y se reparte sobresueldos. El cemento con el que cubren su expresión logra que tales aseveraciones, que mandarían a cualquier Gobierno a casa, ni les salpiquen. Carlos Floriano ya lo ha dicho bien claro: el PP no tiene nada que ver con los delitos cometidos por “algunos”, hablarán los jueces, resplandecerá la verdad y algunos tendrán que pedir perdón.

Hombre, hablar ya habló Baltasar Garzón, el juez que inició la causa. Y Elpidio José Silva, a cargo de otro caso de un pariente muy querido de la familia. Ambos han sido debidamente expulsados de la carrera judicial. A Ruz no le puede dar el PP más facilidades, desde borrar los ordenadores de Bárcenas a largarlo de la instrucción. Siempre apoyado en la legalidad, en su legalidad. Hasta el Fiscal General del Estado dimitió, con lo bien que se había portado al principio. Aquella   viñeta, aquí, de Manel Fontdevila escenificando el intento de control de los jueces –muchas veces consumado– helaba la sangre en su denuncia. Y son tantos ya los que bailan al son de las batutas que maneja la cúpula del Gobierno, que corren a llevar el palito en la boca, que cabe esperar toda clase de atropellos más.

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Los que se están produciendo. Como una máquina que engrasaran y dirigieran a diario las personas más tecnocráticas del Gobierno, nos han dado la vuelta a las leyes del Estado. La ola de terrorismo y de expansión del miedo desde el poder ha caído –en desgraciada carambola– como agua de mayo, pero la ley mordaza o la reforma del Código Penal ya venían de atrás.

Así tenemos en el Gobierno a un partido  implicado, según las investigaciones judiciales, policiales y de la agencia tributaria, en una corrupción de envergadura que dicta leyes severísimas: ¿para proteger a quién de quién? Se diría que a su proyecto –de país, personal y de empresa– de las protestas sociales. Esa pretendida lucha por la transparencia y contra la corrupción casan mal con el rechazo a rebajar la cifra del delito fiscal o las que marcarían la prisión por donaciones ilegales. Asombra que personas normales apoyen semejante paquete. La labor de filigrana que está llevando a cabo el PP se demuestra hasta al introducir en la Ley de Seguridad, por ejemplo, modificaciones que afectan a otras leyes (como la de extranjería), evitando tener que pedir dictámenes a organismos competentes o sufrir ningún control.

Esto se ha convertido en un festín en el que ‘demócratas’ de toda la vida se animan unos a otros. Podemos llegar a imaginar las reuniones del Consejo de Ministros con peticiones de este tenor: ‘Pues yo me pido delito de terrorismo para los escraches, que son muy molestos’. Esa reforma del Código Penal que preparan para que apruebe su aplastante mayoría, y que tan magistralmentecontó Gonzalo Cortizo, llega a proponer que sea considerado terrorismo “alterar la paz social y el funcionamiento de las estructuras políticas”. En ambiguo, para que entre todo. Pero ¿qué es alterar el funcionamiento de las estructuras políticas? ¿Votar algo diferente al bipartidismo? Los cajones de sastre son muy peligrosos en ciertas manos.

En plena Represión-Party se actúa ya sin el menor freno. El Ministerio de Fernández Díaz se propone  imponer límites de  velocidad a los peatones y obligarlos a pasar un control de alcoholemia y drogas cuando ‘la autoridad’ estime que han cometido alguna infracción. Entre otras cosas. Cómo será de demencial la ley de la DGT que hasta el Consejo de Estado le ha pedido que se moderen un poco. Es de no creer lo que nos ocurre en España.

Si lo que está ejecutando el PP aterra, todavía causa más miedo el consentimiento, la indiferencia social. Hay un sector de la población que se siente muy cómodo atado y recortando las libertades de los demás con su propia actitud. Tienen que distraerse, además, los angelitos. Las noticias más vistas en los diarios tradicionales, los trending topics de Twitter, nos muestran –no siempre pero ya a menudo– una sociedad cada vez más entregada a la basura mediática, al fútbol y otros deportes, a los famosos (con especial querencia por sus esperpentos), a la huida, a la anestesia.

Tras distintos aperitivos a lo largo de la semana, la cita principal es el sábado por la noche. Ávidos de saber más sobre la difícil situación que vivimos, ocupan sitio en la grada virtual para terminar simplemente por apuntarse o rechazar a los Inda o los Marhuenda. Hasta hay espacio para las cuñas de propaganda al calor del éxito. Muy gráficas, sin embargo: Pablo y Pablo, el duelo de los sábados. Vaya. Era la noticia más vista en ABC el domingo. En La Vanguardia, un buen periódico, lo que más interesaba era esto: “No se olvide de apagar el wi-fi por la noche” y “Una becaria deja su trabajo en Wall Street para dedicarse al porno”.

Y, mientras, el PP, a su tarea. Sin provocar grandes revuelos. Se llega a la terrible conclusión de que a muchos españoles no les importa la democracia. No creen en ella, les da igual que se la quiten o restrinjan. En aras de una pretendida seguridad que en absoluto se garantiza controlando y reprimiendo a todos, castigando hasta el pensamiento. Ni siquiera se cuestionan las razones que esconden estas medidas. En realidad, no les incomodan, les dan igual.

Es una vieja tradición. Son los del “Viva las caenas” que recibieron encantados al Borbón Fernando VII. Los que hartaron a Amadeo de Saboya hasta que se fuera diciendo a España: ahí te quedas. Los que mataron a Prim. Los que detuvieron las ideas de progreso pioneras incluso en la Edad Media. Distintos historiadores han reseñado el peso del analfabetismo (hoy funcional, cívico y político) en España. En el siglo XIX, el real alcanzaba al 70%, lo que ya no ocurría a ese nivel en países de nuestro entorno. Lo hemos pagado y pagamos muy caro. Solo la educación, en conocimientos y en decencia, puede cambiar esta condena que amenaza ser de cadena perpetua.

La democracia debería contar con mecanismos de defensa contra quienes dentro del sistema defienden, apoyan y votan postulados antidemocráticos. Una ola de involucionismo recorre el mundo y en ella el Gobierno del PP está en la avanzadilla. Pero hay otra España, otra gente, otra sociedad. Cada vez más pujante, cada vez más consciente de que nos lo jugamos todo si aceptamos perder esta nueva batalla.

* Publicado en eldiario.es 

Bárcenas, Aguirre, PP, un día grande para la sensación de impunidad

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Acuciado por nuevos dictámenes que avalan la existencia de una Caja B en el PP con sus contrapartidas y sobresueldos, el partido que nos gobierna ha sacado toda la artillería a la calle. Al punto  que debemos preguntarnos qué más nos espera. Pero ¿calibran bien la fuerza de sus impactos? ¿Creen que todo el mundo tragará y tragará siempre semejantes atropellos? ¿Hasta dónde se puede tensar la cuerda que nos ahoga en indignación?

Bárcenas queda en libertad bajo fianza de 200.000 euros (lo que debe gastar en aperitivos del fin de semana) a pesar de que se le piden 42 años de cárcel,  y otro juez archiva el caso de tráfico de Aguirre, eso que llaman «incidente» algunos medios.  Vamos por partes.

El propio ministerio de Justicia escribe en twitter excusas. A ese nivel estamos.

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Y va y nos lo creemos. Quién podría pensar otra cosa ¿verdad?

Observemos además el nivel. Su caja B «no está acreditada» a pesar de todos los informes coincidentes de la policia, la agencia tributaria, el juez y la Fiscalía anti-corrupción. En cambio, Bárcenas les ha robado y lo afirman sin juicio y al alto nivel de un ministerio y de Justicia.

Al lado de esto, lo de Esperanza Aguirre es tema menor pero el archivo judicial resulta muy sintomático. La aún presidenta del PP de Madrid (corroído por los escándalos de corrupción, de Gürtel a la Púnica y tiran porque les toca), y auto postulante a alcadesa, ha salido limpia de la travesurilla que hizo con el coche dando ejemplo. Qué rica la niña.

A saber, estacionar su coche en la Gran Vía de Madrid que es lugar sin un solo aparcamiento habilitado junto a las aceras. Sacar dinero de un cajero tan ancha y salir huyendo de la policía municipal arrollando la moto. de un agente. El hecho ocurrió, la nena dio incontables entrevistas contando su versión. Pues bien, el juez ha dicho que no está acreditado que ocurriera eso.

Estamos pues todos autorizados a estacionar nuestros coches en la Gran Vía o donde nos plazca, huir de la policía e insultar a los agentes tanto en privado como por los distintos medios. ¿O a nosotros no nos lo permitirían?

La desvergüenza de este partido y sus acólitos no tiene límite. Por eso, Esperanza Aguirre -con sus graves problemas de megalomanía y afán de protagonismo, entre otros- puede llegar a encabezar candidatura y hasta salir elegida.

O no. Porque de tanto meter el dedo en el ojo a la ciudadanía puede darse el caso cierto de que no vean la papeleta del PP en la vida.

En Eldiario.es he publicado lo que entiendo como causas profundas, hoy prefiero dejarlo aquí así. Solo poniendo como colofón, un antiguo y magistral artículo de Ángels Martínez Castells sobre la sexagenaria Aguirre que va de tierna criaturita. Entresaco párrafos, aunque hay que leerlo entero.

«Aprendí hace tiempo que lo que puede ser tolerable ingenuidad en la veintena es, pocos años después, inaceptable manipulación entreverada de soberbia. Por más que quiera jugar al despiste con una sonrisa pro-forma en sus labios secos (la mentira y el temor drenan la boca), no hay un átomo de ignorancia en su labor política. Usted no da puntada sin hilo, y ayer todos los comentaristas coincidían en esa habilidad tan suya, innata (quizás también) pero cultivada como pocas. Sin embargo, nadie vio ni mucho menos habló de que las labores de zurcido no duran nada en telas tan apolilladas como las del PP. No podrá hacerse su traje de alcaldesa con los andrajos que quedan de su partido en Madrid. Confío en la dignidad de los madrileños y madrileñas… Y porque además ya no queda nadie que le pueda convertir las calabazas en carrozas, cuando el personaje de cuento que más le cuadra -y desde hace tiempo- es el de Cruella de Vil (y toda la ciudadanía de bien huye de convertirse en sus dálmatas).

No le tolero, Sra. Aguirre, de sexagenaria a sexagenaria, que diluya su arrogancia de ex-condesa y ex-grande de nada en una petición de perdón que no se concreta en dimisiones, que queda en eso mismo, en un brindis al sol, en un adorno más a manera de  floripondio, como esos que se pone en el vestido para desviar la vista de quien la observa de su mirada poco clara. Y me asquea, Sra. Aguirre, que compartiendo un calendario que no nos ha ahorrado el horror de la violencia (y la hemos sentido tan cerca) ayer pretendiera usted subirse a lomos de todas las víctimas, y llamara en nombre de los muertos a los que se les arrebató la indignación y la palabra, en nombre de todos los intolerablemente asesinados, a votar por un partido cuya deriva avergüenza, día a día, a los demócratas.

Sra. Esperanza Aguirre, crezca usted. Deje de fingir ese modo pizpireto sobre un chapapote de corrupción que se ha nutrido en sus despachos. Reconoza que lo del Tamayazo no fue una travesura más (nunca olvidaré su sonrisa mientras el PSOE de la Comunidad de Madrid llamaba desesperadamente a Tamayo y Sáez por los pasillos) ni cómo Concepción Dancausa se sacó del bolsillo (oh, milagro!) impecablemente redactado, un “inesperado” discursito de aceptación para presidir la Asamblea, ganada después del Tamayazo, por 55 votos a 54. No puedo olvidarla rodeada constantemente de corruptos, implicados nada presuntos, maestros en la estafa y el engaño, empresarios que escamotean derechos y salarios y mentirosos compulsivos que combaten el sector público cuando siempre han vivido a cuerpo de rey con nuestros impuestos. Como usted. Practicando absolutismo y despotismo a partes iguales, tan fan de la equidad como es.

Cuenta hoy El Mundo que ordenó que trajesen a su presencia un ex amigo y entonces consejero que había metido la pata, “y nada más verlo montó en cólera lanzando insultos mientras el político, abrumado, pedía perdón. Los testigos no se escandalizaron: era el modo con el que Aguirre se dirigía a sus subordinados cuando perdía los nervios.” Hasta que de repente gritó al consejero, una y otra vez, que lo que tenía que hacer era arrodillarse…. y el hombre terminó por ponerse de rodillas para obtener su perdón. ¿No se sonroja cuando se lo recuerdan?

No puedo olvidar -y espero que conmigo mucha gente- que la he visto abroncar a enfermeras en público, ridiculizar a trabajadores públicos, y demostrar cómo su ideología retuerce la verdad al quejarse de lo poco que se trabaja en la enseñanza… La veo todavía flanqueada por Güemes (el yernísimo de Carlos Fabra)  y más tarde por Lasquetty, privatizando nuestra salud e intentando dejarnos sin sanidad pública en Madrid. Para que sus amigos hiciesen sus negocios con el gran saqueo de lo público. Y siento náuseas».

(…)

«Quería usted ser la Margaret Thatcher madrileña, pero se está quedando en un triste remedo de La Chata.»

Aplaudan y jaleen sus joyas que ya pueden estar agradecidos a sus votantes. Aunque corren el riesgo de pasarse varios pueblos y perder a la mayoría.

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Ésa es la cuestión

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Basura

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Un día encuentras la pista definitiva. Camino de pagar el impuesto municipal de recogida de basuras, has de sortear, precisamente, desperdicios que se acumulan sin recoger, tirados por el suelo. No ocurre solo en el Madrid regentado por la piadosa y eficaz Ana Botella, las referencias de cubos desbordados con los residuos extendidos por doquier alcanzan a muchos otros municipios presididos por miembros de distintas orientaciones políticas. Y se hace la luz, respiramos basura en muchas ciudades, vemos basura, tragan (algunos) basura. El indicio, así, se ha vuelto revelación: este paisaje sucio, pestilente e insalubre podría ser el que nos define como país. No en la ciudadanía que se esfuerza, sino en esa capa dirigente que pone el sello de #MarcaEspaña, y ya, sin complejos, el de #MarcaEuropa. No hay más que mirar a los líderes mundiales manifestarse en París encapsulados al margen de la gente. O las trazas que dejan actuaciones políticas, escrupulosamente medidas para edificar un monumental vertedero susceptible de engullir toda intención limpia.

 Las personas normales, pulcras y aseadas, no reparan en la forma en que la basura está entrando en nuestra vida. Quien más quien menos lo que quiere es deshacerse de esos residuos que deja el día a día: la olorosa piel del plátano, las tripas del pescado, restos orgánicos varios, latas, polvo, papeles aceitosos, los pañales del niño… o del abuelo, las compresas con alas y sin alas, porquería en una palabra. Por hablar de las más literales.

 Y no deja de ser curioso el afán de gentes muy finas por ocuparse de las basuras. Por su recogida y gestión en particular.  Alguien tiene que hacerlo, alguien debe ocuparse de tan molesta tarea. Las ciudades, sus habitantes, producen toneladas. Y se precisa recogerlo, almacenarlo, reciclarlo.

 Ahí tenemos sin ir más lejos a Florentino Pérez. Un hombre que se codea con lo más granado de la jet set española e internacional. Invita a su palco merengue a jueces y fiscales, influyentes directores de periódico, políticos, empresarios, sus conquistas amorosas incluidas, hasta a la realeza en momentos sonados, y no se le caen los anillos por incluir en sus variados negocios -de notable prestancia por lo general-  algo con tan poco glamour como la basura.

 Son muchos los grandes del país que se dedican a esta abnegada tarea. Esos hombres –son prácticamente todos hombres- se fotografían con los presidentes de gobierno en la Moncloa a donde acuden para guiarles en el camino, y, algunos, aún le hacen también un hueco a las basuras. A veces, tiene sus compensaciones. Basta ver el caso de la contrata de Toledo, a cargo de una filial de Sacyr –la gente que sabe no pone todos los huevos en la misma cesta, por si los impuestos o algo-. Vas y le haces un donativo al PP de Cospedal  de 200.000 euros, cuyos recibís firma el tesorero, y, casualmente, te mejora el contrato en 11 millones de euros. El alcalde, eso sí, está ya imputado y el pobre juez Ruz –en tiempo de descuento- anda a ver si sortea trabas para buscar todas las responsabilidades, aunque sean a más alto nivel.

El caso Brugal de Alicante nació en un vertedero. Exótico donde los haya. El periodista Pablo Ordaz nos descubrió –en reportaje para enmarcar- hace casi una década, la historia de aquel hombre, Ángel Fenoll que recogía basura en el carromato de su padre. Y qué terminó siendo dueño de un vertedero –a nivel imperio, eso sí-  por el que saltaban “16 tigres y tres leones, hipopótamos, osos, vacas escocesas, burros de Afganistán y un gorila llamado Paco cuya principal habilidad es lanzar con mucho tino sus propios excrementos”. A Fenoll, empresario afín al PP, se le ocurrió grabar durante años conversaciones comprometidas de tejemanejes con sus colegas políticos y pasó lo que pasó. De ese sustrato emergió -cual Venus de Botticelli – la ex alcaldesa de Alicante, con su imputación bajo el brazo, la dimisión sobrevenida, y la llamada a hacer una nueva carrera en el sector.

Grandes fortunas se han edificado sobre la basura. La mayor parte de la sociedad ignora de qué forma alimentan nuestras sobras inservibles el lucro privado y las secuelas de desgracias que puede conllevar el afán de forrarse a cualquier precio. Nadie debe equivocarse, no son negocios ilegales; no todos al menos. Las comisiones bajo mano no representan a la mayoría. Que la Camorra napolitana utilice la recogida y tratamiento de basuras –actividad que posee en régimen de monopolio- a modo de presión en Nápoles e inunde cuando le parece la ciudad de la mugre más apestosa que se desparrama sin recoger, no tiene nada que ver. Aquí no pasa. Cierto que todas las fases del negocio –recogida, almacenamiento, reciclado- aportan beneficios, pero el servicio público prima. Cómo si no nuestros representantes políticos se lo habrían entregado a empresas privadas.

 La verdad es que todos esos prohombres citados no recogen directamente nuestros desperdicios malolientes, no. El servicio que antes era municipal se ha ido “externalizando” –privatizando- por la voluntad de los gestores políticos. Dicen que es más barato, lo cuál no es cierto, y sí que funciona peor. Las contratas se están haciendo a costa de los trabajadores. Hemos visto cómo son despedidos y obligados –quienes se quedan- a aceptar una reducción drástica de su salario. Y nunca es suficiente. Porque así el alcalde o alcaldesa puede decir que “ha ahorrado”. Se están dando casos en los que, además, el cobro se demora meses. Por todo eso hacen huelga. Por todo eso no recogen nuestras basuras. En esos casos heroicos que nos depara la justicia española, llegamos a ver cómo un juez frenó una privatización por considerar inconstitucionales las condiciones para la plantilla. Tampoco sabemos siempre cuántas vueltas dan estos pleitos y cómo acaban.

Igual tirando del hilo de la suciedad que desechamos y otros aprovechan, siguiendo el rastro de su fétido olor característico, llegamos a entender por qué cuando pensamos en la palabra “Basura” nos vienen a la mente los rostros de decenas de personas que pasan por ser la más lustrosa representación del país o del continente. Tenemos la sensación de ser dirigidos desde un descomunal vertedero, lleno de gorilas Paco o monas Conchita. Sujetos podridos o susceptibles de pudrirse son una bomba en potencia.  Y, atrofiadas sus pituitarias, no todos advierten el peligro de que elementos que se perciben tan podridos –como los restos de un besugo descompuesto- sigan ahí a la intemperie, lanzando sus efluvios infectos.

  Mucho cubo de la basura y mucha ventilación necesitamos.

Y después del atentado contra Charlie Hebdo ¿oportunidad para la libertad o para la involución?

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Este domingo una multitudinaria marcha (republicana, dicen los organizadores), ha mostrado su repulsa a los asesinatos de varias personas en la revista satírica Charlie Hebdo que sigue teniendo conmocionado a medio mundo. Eso era lo importante, pero hay más matices. Por ejemplo, Las fotos de los políticos, aislados de la sociedad que llenaba las calles de París, en actitud que está siendo muy criticada.

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Numerosos líderes han acudido para situarse en cabecera, o en grupo aparte. Entre ellos, algunos que reprimen la libertad de expresión en sus países. Netanyahu, políticos rusos, turcos, el presidente húngaro Viktor Orban. El propio Rajoy que está a punto de aprobar contra viento y marea su Ley Mordaza y la modificación del Código Penal. Y no parece que para cazar terroristas sino la protesta ciudadana a sus políticas.

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La UE reforzará el control de Internet y de las fronteras. El gobierno de Rajoy quiere, directamente, volver a levantarlas. Y su ministro del interior ya lleva días anunciando restricciones de todo tipo, qué mayor placer para un demócrata. Y él tiene claro lo que quiere conseguir y asegura ocurrirá: “Habrá controles en las fronteras aunque haya que modificar Schengen”. Como si solucionasen algo en el sentido que dicen desear.

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Marine Le Pen quiere capitalizar el descontento. La extrema derecha saliva con el terrible atentado, mientras miles y miles de ciudadanos se manifiestan sinceramente contra el terrorismo y por la libertad.

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No había enlazado mi artículo de esta semana en eldiario.es precisamente porque primó la noticia del atentado. Pero es buen momento para recuperarlo. Hablaba precisamente de  los alarmantes signos que anuncian un auge desmedido de la ultraderecha y la involución. Y en esas llegó, Kalasnikov en mano, el fanatismo religioso que asesina. Y lo más probable es que no sea la última vez.  ¿Las soluciones apuntan a la involución de toda una sociedad para remediarlo? ¿Consiguen así erradicar el terrorismo? Sería la primera vez.

2015, AÑO CRUCIAL

Los ciudadanos holandeses han despertado al año 2015 con una nueva ley que, bajo algún eufemístico título, supone un tajo mortal al Estado de bienestar. El cuidado de ancianos y dependientes, incluso niños discapacitados, pasa a ser una obligación en exclusiva de “familiares, amigos y vecinos”. El nuevo monarca ya había sido encargado por el Gobierno –en su toma de posesión en 2013– de anunciar que los Países Bajos pasaban a ser “una sociedad participativa”. Es decir, un “compóntelas como puedas”. Es un hecho trascendental. Si esto ocurre en Holanda, todas las barbas del continente han de ponerse a remojar.

Cuesta entender cómo un país que durante décadas representaba el paraíso, el paradigma de un Estado que se estructuraba en función de las necesidades de la ciudadanía –donde la sanidad pública costeaba hasta gafas y dentista–, acepte tan radicales mermas. La condena o absolución en virtud del dios del dinero. Mark Rutte, el primer “liberal”, conservador y democristiano, que llegaba al Gobierno en 1918, algo tiene que ver en el cambio. Con la complicidad –de nuevo– de un partido socialdemócrata y haciendo guiños xenófobos a la ultraderecha en sus ideas “antiinmigración”.

En la vecina Suecia, recortes similares y privatizaciones le costaron el gobierno a los conservadores. Los socialdemócratas aún buscan asentar su estabilidad precaria, atacada precisamente por la ultraderecha. Y, mientras, tres mezquitas han sido incendiadas en los últimos días. Así empezaron las SS. Francia se apresta con fruición a recortar y reprimir, abriendo de par en par la puerta al neofascismo que representa en la práctica el partido de los Le Pen. Y, sin tapujo alguno, Merkel, su UE –algo más prudente– y su troika, a dirigir la coacción, incluso las amenazas, a los griegos para que sigan tragando la austeridad que les ha llevado a la miseria. Es casi jocoso cuando arguyen que a Portugal les ha ido bien con esas políticas. O a España. Con esos PIB que “repuntan” en dardo ahogando a las personas.

Vivimos en un cóctel explosivo. Y se libra una durísima batalla, con demasiadas reminiscencias amargas. La ultraderecha xenófoba sube ya también en la reincidente Alemania. Hasta voces reputadas como la de Paul Krugman empiezan a ver el fantasma que asoló Europa y el mundo en los años 30 del siglo XX porque se dan casi idénticas circunstancias. No es tremendismo. Hace ya tiempo que el macabro manual se está cumpliendo. Frente a un sector de la sociedad empecinado en cerrar los ojos. En seguir alentando, con su silencio y sus votos, la crónica de una muerte anunciada.

 Tras rescatar a los bancos con millones de euros arrancados de nuestro bienestar, tienen el cuajo de colar que la causa de la crisis es que “vivimos por encima de nuestras posibilidades”. Durante décadas se costeó sin problemas el Estado de bienestar –precisamente desde el final de la atroz última guerra–, lo único que ahora ha cambiado es la codicia de los beneficiarios del capitalismo y los destrozos que se causaron a sí mismos con sus malas prácticas. El origen de la crisis fue ese, no otro. Lo pasmoso es que nos lo han hecho pagar a los ciudadanos. Y que, al gozar de tan disciplinada aceptación, han perdido el miedo y se han lanzado a aumentar aún más sus beneficios sin reparar en daños.

Pero nos señalan otro culpable, alguien a quien agredir: la inmigración. Los poderosos que nos roban hasta los derechos están fuera del foco. Es lo que está funcionando ya en Europa jaleado por la extrema derecha. En España cuenta con entusiastas compinches. La portada de La Razón del sábado, llevando a asociar a un loco (sin explosivos) que hablaba solo en un tren con el yihadismo, es claro ejemplo. O la insistencia de RTVE, a través del individuo que dirige y presenta los telediarios del fin de semana, de fijar como responsable de la lamentable muerte de un policía en acto de servicio a “un emigrante”. ¿Qué emigrante? ¿Cristiano Ronaldo? ¿Leo Messi? Quizás sean los miles de españoles que el partido para el que trabaja ha expulsado de España. Esos que, en la precariedad general, empiezan a ser maltratados y pronto expulsados. Es la guerra.

La que van ganando ‘los malos’. Los mismos que durante siglos saquearon a sus semejantes para vivir como reyes y  llevaron a la hoguera el progreso. Los que mataron a Alan Turing y su cerebro hace cuatro días, en el siglo XX. Es altamente recomendable ver su odisea, en Imitation game, con ojos lúcidos. No se fueron, nunca se han ido.

A estas alturas de la historia, el que no quiere enterarse de que con la excusa de la crisis nos han estafado como a pardillos es que ya tiene poco remedio como ser racional. La técnica es tan burda, tan visible, que ni el timo de la estampita. Los presuntos atenuantes, dudas y justificaciones quedan para el espectáculo comercial de los debates que entretiene los días y las noches de muchos. Las coartadas que numerosos ciudadanos se presentan a sí mismos para esconderse se suman a la vieja bolsa de la infamia española (hoy abrazada por otras sociedades) con aquel espeluznante rótulo: “Vivan las caenas”. Con mayor o menor responsabilidad, son los auténticos culpables de cuanto nos sucede. Y deben ser conscientes de ello.

¿A alguien le extraña que las víctimas de la primera línea de fuego busquen salidas distintas en Grecia o en España? Va a ser apasionante ver el pulso en tan desigual batalla.

“Feliz 2014… si podemos.  Podríamos”, concluía mi artículo de hace justo un año. No sabíamos entonces aún que la clave era creer que podemos, que tenemos en nuestras manos instrumentos de cambio. La cadena de desgracias que nos asolaban ha aumentado. La desfachatez de quienes las perpetran, de forma exponencial. La estulticia de los cómplices se multiplica para servir los intereses del mando. Y en el principio, se hizo la luz en la oscuridad y «allí donde había crisis, hay recuperación” y revolotean las mariposas de colores. Pero algo más está pasando: ha despertado un poder ciudadano que permanece bastante sólido aun en el fragor de la batalla. Pese a sus descalificaciones, los políticos tradicionales modifican sus discursos. Se han tambaleado sus estrategias.

2015 puede ser el año en el que nuestra tragedia empiece a aliviarse. Hay varias convocatorias electorales. Llega un momento en el que la sociedad, maltrecha por golpes continuos, madura y es capaz de saltar del Titanic. Ese momento es ahora, cuando no lo había sido antes ni quizás después: puede no haber otra oportunidad.

Algo ha cambiado ya. Se nota. De nosotros depende que no lo sepulten. Que logremos alimentarlo para que crezca sano y fértil. 2015 puede ser un buen año, si nos dejan. O, con más precisión, si queremos.

Charlie Hebdo, vivo pese a la barbarie

Han pasado muchas horas y siguen faltando las palabras para verbalizar la brutalidad del impacto. Dos encapuchados mataron este miércoles a 12 personas en el atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo en París. Entre ellas Charb, el director y dibujante de la publicación y  Cabu, Tignous y Wolinski, otros viñetistas. Al salir hirieron y remataron a sangre fría a un policía. Ahmed, se llamaba, musulmán casualmente.Tal fue el frío que muchos, yo, aún estamos helados. Hay numerosos heridos, algunos en estado crítico. Desde los años 70 la revista se había distinguido por su crítica a integrismos religiosos, no solo musulmanes. Habían sido reiteradamente amenazados, incluso habían sufrido ya algún atentado. Su director había dicho: «Prefiero morir de pie que vivir de rodillas», en una información de TVE, por cierto, olvidaron decir «de pie», que es matiz importante. En general, la televisión pública española había informado muy bien.

Desde París se anuncian detenciones y uno de los sospechos, de 18 años, se ha entregado. Los principales son dos hermanos, relacionados con el terrorismo islamista (que no islámico).

«Cuando asesinas a dibujantes o periodistas o pones una bomba en unos trenes, estás diciendo que tu ‘guerra’ no es contra un Ejército, sino contra una sociedad. Es imposible disociarla de una visión extremista de la religión, pero tiene que ver sobre todo con un deseo de derrotar a esa sociedad para que se resigne a ser dominada», escribe Íñigo Sáenz de Ugarte. 

«El miedo ofrece seductoras tentaciones que la razón no debe atender. La comodidad es una de ellas. Más que la comodidad, el conformismo. Los colegas de Charlie-Hébdo lo sabían bien. Estar cómodos, estar conformes, no era lo suyo. Lo suyo era incomodar, y también inconformar. Somos muchos, de mi generación y posteriores, que vibramos de indignación y solidaridad tras el criminal atentado de ayer contra sus vidas y nuestra libertad de expresión. Y ello se debe a que Charlie Hebdo, durante décadas –con otros medios franceses que combinan sátira, crítica y denuncia: Hara-Kiri, Le Canard Enchainé– nos ayudó a inconformarnos. Que es lo mismo que afirmar que contribuyeron a formarnos como ciudadanía», sigue Maruja Torres.

Hay múltiples opiniones, editoriales conjuntos, reivindicación de la libertad de expresión, de la democracia, del valor contra el miedo. Y también del fascismo –también en la prensa española– que pide mano dura indiscriminada y se apresta a condenar a 1.000 millones de personas (en ese cifra se calcula el número de musulmanes) por el salvajismo de sus fanáticos. Ay, el fanatismo venga de donde venga. Ésa es la raíz. Que no quita la sombra de un temor: siempre que la sociedad se encuentra en disyuntivas cruciales surgen atentados que disparan el miedo. Pero ceder al miedo es dejarle que gane la batalla. Y si eso es algo muy negativo como personas individuales, es terrible como sociedad.

A los dibujantes se les heló la pluma, pero la recompusieron para reivindicar la libertad y la cordura. De punta a punta del mundo. Ellos son el mejor resumen de nuestros sentimientos.  En ellos, en todos nosotros, en nuestra fuerza,  Charlie Hebdo sigue vivo y reforzado como símbolo.

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Los que mataron a Alan Turing

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Imitation Game (Descifrando el enigma) es una película que narra la historia de Alan Turing, un genio de las matemáticas, criptógrafo excepcional, uno de los máximos creadores de la ciencia de la computación y, gracias a eso, el que logró acortar la Segunda Guerra mundial (1939-1945), evitando varios millones de víctimas más. Lejos de ser ensalzado por su esfuerzo, recibió un trato infame de su país. Este texto contiene spoilers de la película, si se puede calificar así a los datos sobre una persona real de la que existe amplia documentación.

Turing nació en Londres en 1912 y murió en el condado de Cheshire en 1954, a los 41 años. Una mente prodigiosa que en su corta vida nos dejó grandes hallazgos: desde la noción de inteligencia artificial a ese gran hito que fuera la que se llamó Máquina de Turing. Un computador en toda regla que, con el trabajo de muchos… e impedimentos de otros, logró descifrar el Código Enigma, utilizado por los nazis alemanes en la contienda.

La película del noruego Morten Tyldum, interpretada magistralmente por el actor británico Benedict Cumberbatch, narra la vida de Turing en al menos tres momentos cruciales, desde la adolescencia a su muerte prematura. Y muestra su complejo carácter, lógico, racional y brillante, aplastantemente seguro de sus criterios científicos e inseguro de su personalidad, atormentado, solitario.

Alan Turing era homosexual. Esas mentes mostrencas, con poder, que siempre quieren detener el progreso encontraron en esa circunstancia su talón de Aquiles. Primero, habían intentando acusarle de espionaje. Un robo en su casa desencadena que llegue a conocerse su opción sexual y era, ay, la que Inglaterra penaba aún en 1952. Fue sometido, como condena, a castración química y murió al comer una manzana con cianuro en lo que ha sido considerado un suicidio. Aunque algunos lo cuestionan, lo cierto es que esos duros avatares le habían supuesto ya, a la hora de su muerte, una seria mutilación como ser humano.

La historia, conocida, muestra la evolución de esta tragedia. Cierto que, como se dice, con algunas licencias. No fue el único inventor de los computadores, intervinieron muchas más personas en la proeza, pero sí sirve, en mi opinión, para divulgar el personaje, con esas claves eternas que lo trascienden. Es reseñable destacar también –aunque eso como es lógico no sea imputable al director de la película-  que la figura de Turing recibió finalmente un trato de favor que miles de homosexuales maltratados en el Reino Unido no obtuvieron.  Gordon Brown formuló una disculpa pública y la reina Isabel le concedió un indulto póstumo, pese a la oposición de David Cameron, el actual mandatario que se negó. Turing llevaba décadas muerto.

Pero sí vemos las pasiones de Turing, la mecánica de su raciocinio, sus logros científicos que venían a corroborar las ideas que los alentaban como un triunfo. El que durante 50 años fuera materia reservada la gran hazaña que logró interceptar los códigos alemanes en la Guerra y decidir el signo de la contienda. Sus dudas personales. Su perplejidad. Una vida excepcional, la de un ser que pasó dejando trascendentales aportaciones. Y que truncó la misma irracionalidad de toda la vida.

Siempre están al acecho para cortar y reprimir… y lucrarse. Para cortar las alas de cualquiera que vuele mientras ellos se hunden en las pocilgas. Para llevar a la hoguera al diferente, con mucho mayor placer si la víctima les supera con creces. Nunca se fueron. Ahí siguen. Escribiendo el manual de la intolerancia que obligó a perder grandes hallazgos desde la Antigüedad. ¿Qué más hubiera hecho Turing de haber vivido 30 o 40 años más?

THE IMITATION GAME

Benedict Cumberbatch es un actor excepcional. Uno de los más requeridos en la actualidad desde el enorme éxito de la serie sobre Sherlock Holmes que protagonizó. A su lado, entre otros, Keira Knightley, en un personaje que brinda la oportunidad de evidenciar otra vieja injusticia: el trato recibido por las mujeres a las que en esa época (reciente) no se creía capaces ni de resolver en un crucigrama.

¿Cuánto ha cambiado la discriminación por la intolerancia de tanto obtuso mediocre?  Ésa es pregunta clave sobre la que habría de actuarse. Entretanto se perpetúan los viejos esquemas. Más aún, diría que se están acrecentando.

Sin embargo, llena y esponja – a mí me pasa- que hayan existido y existan personas como Turing. Es algo que las cucarachas de todos los tiempos no han logrado impedir.

Mis mejores deseos para 2015

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Urnas para los griegos, ansiolíticos para los Mercados

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Los griegos vuelven a las urnas y regresa también la feroz campaña del miedo para que no voten a Syriza, la coalición de izquierda que se quedó en puertas del triunfo en Junio de 2012. Fue un gran éxito del conciliábulo neoliberal: la Troika (BCE,UE, FMI), Merkel, todos los gobiernos afines, sus bancos, todos sus medios y asesores. La coacción fue abrumadora.

 A los griegos, además, les habían destituido a su jefe de gobierno Georgios Papandreus porque pretendió consultar en referéndum a la ciudadanía sobre los durísimos nuevos recortes que les decretaban.  Les colocaron, a dedo, a Lukás Papademos, vicepresidente del Banco Central Europeo, y decidieron quién tenía que ganar en los siguientes comicios: los que estaban, es decir, Nueva Democracia y el PASOK. Aquellos a quienes Goldman Sachs había ayudado a maquillar las cuentas del Estado para entrar en la UE. En estos momentos siguen apostando por los mismos: La Familia.

Desde 2010 estamos viendo sucumbir a los griegos.  Un país de instituciones corruptas y en el que muchos ciudadanos se apuntaban, siquiera con su comprensión, a las migajas de la fiesta. Como en España. Su máximo error fue, sin embargo, votar a quienes les llevaron a la bancarrota. Y se lo están haciendo pagar con sangre. Aquellos primeros 110.000 millones de euros de rescate (cuando a los bancos se le habían dado ya 1,6 billones declarados) les costaron la soberanía, prácticamente la democracia, y la vida en muchos casos. Los insostenibles recortes a la población para pagar la deuda han sumido a Grecia en la pobreza extrema. Sus ciudadanos fueron los primeros en salir a la calle para protestar, el gobierno (el democrático) llegó a gasearlos a niveles casi letales. Por eso se organizaron en política para concurrir a elecciones.

Vemos escenas griegas que parten el alma. Les han quitado todo. Educación, subsidios, pensiones, sus casas, sanidad. Tres millones de personas, más de la cuarta parte de la población,  se han quedado sin cobertura. Lloran, lamentándose de que después de cotizar durante  años, se van a morir en la calle. El cáncer solo se atiende ya en estado terminal. El tratamiento para la hepatitis C que racanea el gobierno español –con su secuela de muertes rotundas, sin eufemismos- es una anécdota frente al dolor de los griegos. Han tenido que organizarse entre ellos. Cooperativas de voluntarios que cuidan unos de otros, mientras su gobierno vela… por los intereses de los mercados. Con la Troika que, por ejemplo, pidió cerrar los ambulatorios de atención primaria. Con todos los asesores y voceros del mundo  que pontifican desde los medios, en España también, amenazando con el grave peligro que, en su opinión declarada, representaría la llegada al gobierno de Syriza.

 “Es que los mercados entran en pánico” escuchamos de continuo. Por eso precisamente se ha despeñado la bolsa griega y tiembla el resto. Son muy sensibles los  mercados, bipolares. Pasan de la euforia al miedo, por lo que interpretan como amenaza a su poder. Cuesta más entender cómo se nos pide mimo hacia «los mercados» sin exigir en absoluto la misma reciprocidad. A los poderes financieros no les importa en lo más mínimo lo que nos ocurre a los ciudadanos. Ni siquiera el daño que ellos mismos producen. Asombra que se admita esa posición dominante como lo más natural y que desde la UE, gobiernos varios u organismos internacionales como el FMI se defienda esa arbitrariedad.

 Llegados a este punto, hay que recomendar a los mercados que se traten con ansiolíticos. Bien es cierto que acuciados por la preocupación, se les despierta el pragmatismo y rebajan cuantías y extienden plazos como sucedió en Islandia, e igual pueden moderar la dosis terapéutica.  Si el nerviosismo es muy agudo y alguno de ellos entra en quiebra, pueden irse a vivir debajo de un puente como han mandado a tantos ciudadanos. Cuando, además, habían costeado sus errores por la generosidad de los gobiernos.  La jugada del 2008 les salió perfecta, aún deben estar riéndose de Sarkozy cuando dijo aquello tan jocoso de que había que refundar el capitalismo. Les refundamos sus balances con colmo y todo.

 Lo sucedido en Grecia nos da lecciones de enorme trascendencia. Son y serán aplicables en España que sigue los pasos calcados del vecino mediterráneo. La estabilidad de los mercados, su sosiego y felicidad, no pueden edificarse a costa del bienestar y de la vida de millones de personas. No puede ser ése el parámetro que rija para condicionar la democracia.  No se nos puede quitar todo para engrosar sus ingentes beneficios. Así funcionan quizás las empresas, no los países, no las sociedades compuestas de personas. Las que, para mayor escarnio, pagan este obsceno tinglado con sus impuestos y, según pretenden, a cambio de nada. No es nada personal, son negocios.

 De otro lado, vemos el derrumbe absoluto de la socialdemocracia. Ya no hace falta darles cancha. Y ahí, siguiendo los pasos de Blair y el Felipe González de hoy, del último Zapatero, de la actual cúpula del PSOE, tenemos al Mesías delsocioliberalismo –dicen que le llaman-, Manuel Valls, pregonando en turné  que la socialdemocracia está obsoleta, y abriendo la puerta de par en par a la ultraderecha. Ellos y toda su corte de economistas, asesores y periodistas. El PASOK paga coaliciones y tibiezas desapareciendo casi del mapa en los sondeos. Seguro que alguien protesta oponiendo que tienen buenas intenciones y precisan una oportunidad.

 Nos están obligando a tragar un único camino: el capitalismo… salvaje. El que arrasa con todo. Y se muestran fuertes en su posición. Haber colocado al Juncker de LuxLeaks al frente de la Comisión Europea es toda una declaración de intenciones. Es el primero, ya saben, que se permite recriminar a los que votan “mal”. O sea, a Syriza en Grecia, a Podemos, llegado el caso, en España.

 ¿Y así existe alguna posibilidad de salirse del carril decretado? ¿Qué conserva todo esto de Democracia? Por si les queda un resquicio de vergüenza, habrá que intentarlo. Hoy Grecia, la sociedad griega, está peor que estaba en todos sus parámetros. La tragedia de la mayoría de la población ha sido inútil, porque a «los mercados» nunca les basta. Como aquí. Aún han tenido, la UE, el FMI,  la desfachatez de admitir que quizás se equivocaron en las condiciones y previsiones del rescate. Pero no por eso rectifican. Total, solo pagaban los errores unos ciudadanos que no eran Mercados de alcurnia. Fueron sus cobayas e insisten en que lo sigan siendo. Así será si se dejan. Por si acaso, lo primero que ha hecho el contrito FMI es quitarles la ayuda hasta que haya nuevo gobierno. Nada inocente jugada.

 La economía financiera -que es básicamente a lo que se dedican- no da de comer más que a ellos. Opíparamente, por cierto. No es fácil, pero el único camino digno es intentar otra salida, un cambio. Por esta vía, ya tenemos la seguridad de que no funciona. Alguna vez ocurrirá que, en la vida real, millones de Davides ganen a Goliat.