Charlie Hebdo, vivo pese a la barbarie

Han pasado muchas horas y siguen faltando las palabras para verbalizar la brutalidad del impacto. Dos encapuchados mataron este miércoles a 12 personas en el atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo en París. Entre ellas Charb, el director y dibujante de la publicación y  Cabu, Tignous y Wolinski, otros viñetistas. Al salir hirieron y remataron a sangre fría a un policía. Ahmed, se llamaba, musulmán casualmente.Tal fue el frío que muchos, yo, aún estamos helados. Hay numerosos heridos, algunos en estado crítico. Desde los años 70 la revista se había distinguido por su crítica a integrismos religiosos, no solo musulmanes. Habían sido reiteradamente amenazados, incluso habían sufrido ya algún atentado. Su director había dicho: “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”, en una información de TVE, por cierto, olvidaron decir “de pie”, que es matiz importante. En general, la televisión pública española había informado muy bien.

Desde París se anuncian detenciones y uno de los sospechos, de 18 años, se ha entregado. Los principales son dos hermanos, relacionados con el terrorismo islamista (que no islámico).

“Cuando asesinas a dibujantes o periodistas o pones una bomba en unos trenes, estás diciendo que tu ‘guerra’ no es contra un Ejército, sino contra una sociedad. Es imposible disociarla de una visión extremista de la religión, pero tiene que ver sobre todo con un deseo de derrotar a esa sociedad para que se resigne a ser dominada”, escribe Íñigo Sáenz de Ugarte. 

“El miedo ofrece seductoras tentaciones que la razón no debe atender. La comodidad es una de ellas. Más que la comodidad, el conformismo. Los colegas de Charlie-Hébdo lo sabían bien. Estar cómodos, estar conformes, no era lo suyo. Lo suyo era incomodar, y también inconformar. Somos muchos, de mi generación y posteriores, que vibramos de indignación y solidaridad tras el criminal atentado de ayer contra sus vidas y nuestra libertad de expresión. Y ello se debe a que Charlie Hebdo, durante décadas –con otros medios franceses que combinan sátira, crítica y denuncia: Hara-Kiri, Le Canard Enchainé– nos ayudó a inconformarnos. Que es lo mismo que afirmar que contribuyeron a formarnos como ciudadanía”, sigue Maruja Torres.

Hay múltiples opiniones, editoriales conjuntos, reivindicación de la libertad de expresión, de la democracia, del valor contra el miedo. Y también del fascismo –también en la prensa española– que pide mano dura indiscriminada y se apresta a condenar a 1.000 millones de personas (en ese cifra se calcula el número de musulmanes) por el salvajismo de sus fanáticos. Ay, el fanatismo venga de donde venga. Ésa es la raíz. Que no quita la sombra de un temor: siempre que la sociedad se encuentra en disyuntivas cruciales surgen atentados que disparan el miedo. Pero ceder al miedo es dejarle que gane la batalla. Y si eso es algo muy negativo como personas individuales, es terrible como sociedad.

A los dibujantes se les heló la pluma, pero la recompusieron para reivindicar la libertad y la cordura. De punta a punta del mundo. Ellos son el mejor resumen de nuestros sentimientos.  En ellos, en todos nosotros, en nuestra fuerza,  Charlie Hebdo sigue vivo y reforzado como símbolo.

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Despidiendo a Rouco

“Hay individuos y grupos sin escrúpulo alguno, que desprecian el valor de la vida humana y su carácter inviolable, subordinándolo a la obtención de sus intereses económicos, sociales y políticos”, dijo Antonio María Rouco Varela en su despedida –obligada- como presidente de la Conferencia Episcopal. Lo sabe bien. Toda su gestión ha sido un desprecio de la vida humana, en unión de individuos y grupos que –como él- todo lo subordinan a la obtención de sus intereses económicos, sociales y políticos.

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Jamás se le ha visto u oído al lado de los más débiles. De los hambrientos, desahuciados de sus casas, empobrecidos por las políticas de esos individuos o grupos a los que él defiende. Solo se ha movido –y mucho- por perpetuar la ideología política más ultraconservadora  y el catolicismo más integrista. Se ha metido en las camas, cuerpos y cerebros de quién le ha parecido, salvo en los abusos de la pederastia de sus sacerdotes. Ni una palabra sobre la corrupción de individuos y grupos sin escrúpulos a quienes tan bien conoce. Y así hasta el final. “Volvió a mostrar su aprecio por las virtudes teologales que se llevaban en el siglo XIX, por citar una fecha reciente”, dice José María Izquierdo.

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Rouco Varela amparó que desde la COPE, la emisora de los obispos, se difundiera y alentara la teoría de la conspiración del 11M, inventada por El Mundo de Pedro J. Ramírez. Destrozó la vida de muchas personas. En algunos casos literalmente. Y aún tiene el valor de dar lecciones y aún tiene el valor el gobierno de encomendarle ese funeral.  Bien pensado no es extraño: son iguales. Del mismo grupo.

“Le escuchaba atentamente la crème del Gobierno: Santamaría, Gallardón y una Cospedal que acababa de hacer las siguientes declaraciones: “Ha habido una sentencia, pero con todo y con eso… toda la luz que se pueda arrojar sobre este acontecimiento será bienvenida”. ¿Impresentable? Pues espere a escuchar lo que había dicho unas horas antes Ignacio González, el del ático, sin inmutarse: “Lo importante es saber quién hizo aquel atentado tan salvaje”, escribe Javier Pérez de Albéniz. La crème de la créme, sí.

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Una España de sotana e incienso, de púrpura y velatorio. De reyes. Hasta mal avenidos que aguantan el tipo por interés. De autoridades enlutadas capaces de jugar con la vida y los sentimientos de las personas como hicieron el 11M de 2004 y darse golpes en el pecho 10 años después. O seguir sembrando basura como acabamos de ver. Un funeral de Estado. Una misa poblada de polillas que es lo único que dan a las víctimas en busca de consuelo. Ésa es la España de Rouco. La que elige a un presidente de obispos ambicioso y maniobrero hasta el último de sus días en el puesto. Cómo serán sus electores.

O la que de entre todo el empresariado español, opta por los Díaz Ferrán o Arturo Fernández que manipulan empresas o estafan a sus trabajadores. Cómo serán quienes les votan.

Juan Tortosa le dedica diez admoniciones a Rouco en “este deseado y gozoso día de su jubilación”. Las que siempre debió recordar… Así empieza, y luego sigue

1. La iglesia no debe patrocinar ninguna forma ni ideología política, y si alguien utiliza su nombre para cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente.

2. No pertenece a la misión de la iglesia presentar opciones o soluciones concretas de gobierno en los campos temporales de las ciencias sociales, económicas o políticas.

3. La fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas.

4. La iglesia nunca debe determinar qué autoridades han de gobernarnos.

5. Hay que exigir a todos los gobernantes que trabajen al servicio de la comunidad entera, que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria participación común en los problemas comunes y en las decisiones de gobierno.

“Adiós, monseñor y, como dicen en mi pueblo, tanta paz lleve como descanso deja”, concluye Tortosa.

“Tenemos el gusto de decirle, alto y claro, vaya con Dios, don Antonio María Rouco. Vaya, vaya…”, apostilla Izquierdo.

Yo no paro de recordar a Machado estos días: “Aquel trueno, vestido de nazareno”.  ¿Esta España del incienso tapa olores es la que nos representa? Es que esto ya lo contamos por siglos y ya vale ¿no?

 

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