Macron y la orquesta del Titanic

Macron quiere "pasar página de los últimos 20 años" en Francia
Emmanuel Macron, en una imagen de archivo. EFE

No han entendido nada. El triunfo de Macron en Francia es, sin duda, un alivio. Ningún demócrata cabal facilitaría el acceso al poder del fascismo. Pero los problemas estructurales de nuestra sociedad permanecen y puede agravarse. Tomar a Macron como la última esperanza es peligroso, si fracasa. Marine Le Pen ha logrado para la extrema derecha un récord histórico de votos. Y la abstención no gobierna. El mayor problema puede centrarse en las inamovibles posiciones de los causantes de la crisis.

Como la orquesta del Titanic, continúan tocando aunque el barco se hunde. No por altruismo como aquellos, sino porque se niegan a ver la realidad. “Si era un barco imposible de hundir, si surcaba el mar sin problemas y las fiestas se celebraban cada noche”, se dicen. Aguardando, sin hacer nada, que se achique el agua y todo vuelva a ser como antes. Allí siguen empecinados en permanecer en un mundo que ya no existe. Y no existe por su nefasta labor, por fomentar la injusticia y la desigualdad, a menudo la trampa. Por su soberbia ingobernable.

Habrá que insistir en una obviedad concluyente. En la segunda vuelta de las elecciones se vota entre dos candidatos, los que han quedado, lo que no implica necesariamente el apoyo a todas sus políticas. Una encuesta de IPSOS cifra en un 43% los electores que votaron a Macron por rechazo a Le Pen.  A la candidata ultraderechista le dieron su confianza obreros, personas con ingresos bajos y problemas para llegar a fin de mes, de medio rural y baja instrucción, como detallaba Iñigo Sáenz de Ugarte. Igual que en todos los países en los que la ultraderecha ya está en el poder.

Son los que no cuentan para el sistema. Y en la cuarta cubierta del Titanic siguen sin verlos. O, a lo sumo, pensando que se volatilizarán o que declaraciones incendiarias, editoriales, portadas y  tuits los harán volver al redil. Es muy preocupante el uso del lenguaje político y mediático en España. Insisten en llamar populismo o radicalismo a lo que es fascismo, con una clara intención política local. Termina siendo trabajar por lo que formalmente rechazan.

Como el “populismo” –la demagogia para ser precisos–, no dudan ni en mentir ni en sacar conclusiones basadas en errores. A Macron le han votado más simpatizantes de Mélenchon que de Fillon pero nada cambiará el discurso que creen sirve a sus propósitos. Con enorme torpeza: desconocen ese hartazgo feroz del que ya ni les cree, ni espera nada de ellos. Mientras, el agua inunda la sala de máquinas del Titanic.

Macron sube enteros populares y dudas al aflorar informaciones. De su currículo lo más cierto es su admiración por Maquiavelo, su portentosa habilidad para las relaciones públicas y el saber estar con las personas adecuadas en el momento preciso. Le apoya lo más granado del poder económico y afamados mentores del partido socialista en el pasado. Tuvo la inmensa suerte de que la corrupción desbancara al conservador Fillon como favorito. “Macron ha demostrado poseer todas las cualidades y todos los recursos, desde los más brillantes a los más turbios”, relata Enric González, periodista de absoluta solvencia, en El Mundo.

Candidato de diseño, preparado e inteligente, puede que sepa también moverse en las altas cumbres de su nuevo cometido y termine redundando en algún beneficio para los ciudadanos, aunque no es lo más probable. Por delante, varios escollos de entidad. Las legislativas son entre el 11 y el 18 de este junio. Macron, sin partido, busca aún candidatos, que no le faltarán de cuantos se apresuran a correr en socorro del triunfador. El movimiento que fundó, ahora llamado La République en Marche, cuenta ya con grandes expectativas de voto pero no con mayoría, lo que le complicaría la gestión.

Macron dispone de muy poco tiempo inicial para demostrar su eficacia. Lo hará por decretosde ley urgentes. Varios para moralizar la vida pública y una nueva Ley del Trabajo, más agresiva que aquella que levantó a los franceses en huelgas y manifestaciones. Prácticamente silenciadas en los medios españoles, por cierto. Ya se perdieron empleos con la anterior y con las liberalizaciones varias de su etapa de ministro. A Hollande y Valls les costó caro. Otra de las prioridades del nuevo presidente de Francia es recortar el presupuesto social. Lo que llaman “gasto”. Francia le dedica el 57% de las cuentas del Estado, la cifra más alta de Europa junto con Finlandia. La media es 47%. España, por cierto, se ha quedado en un 42%.

De imparable triunfo del centro liberal, nada. Pero hoy todos quieren ser Macron. Hasta en Latinoamerica se reparten parecidos entre los líderes. En España, Ciudadanos se siente el hermano natural del nuevo presidente de la República francesa pese a las diferencias que les separan. Y olvida la inocencia perdida que le conferían algunos, con su apoyo incondicional a Rajoy y al PP de todas las corrupciones.

Manuel Valls, expresidente socialista francés, se ha ofrecido a entrar en la formación de Macron, al  grito de “El Partido Socialista ha muerto”. Con su inestimable ayuda. Hace una semana se publicó que Macron ofertaba un puesto a su antiguo jefe de gabinete. No es el único que pasará a las filas del ganador. Macron lanza un torpedo preciso a un partido muy dañado. Como el conservador. La corrupción de Fillon y Sarkozy le ha pasado factura. Una gran diferencia con España. En el barco que zozobra insisten en ignorar la pérdida de apoyos electorales. Y el agua ya corre por los pasillos y camarotes. Allí y aquí. Algunos, como Valls, eso sí, han salido nadando a toda prisa.

El candidato de Europa, la UE reforzada, dicen. Si la austeridad y los recortes han puesto entredicho la dirección de Bruselas, más austeridad y más recortes ¿la salvarán? Altamente improbable, más aún, sería paradójico. Pero Macron sí tiene ideas para reformar la UE. Retoma la vieja aspiración progresista de recortar los privilegios de los que disfruta Alemania desde los inicios. Insiste en los “eurobonos” para evitar los abusos con la deuda que lastran a los países del sur. Merkel ya dijo en su día que tal cosa no sucedería mientras ella viviera. Alemania pues rechaza las pretensiones de Macron. Está por ver el desarrollo.

Intenciones espurias al margen, asusta la frivolidad y falta de criterio con las que se están abordando los problemas de la sociedad global. Los partidos tradicionales se encuentran en un momento crítico, tras su fracaso. Por sus errores en buena medida. Persistir en ellos, los agrava. La facilidad con la que se engañan a sí mismos alcanza al punto de creer en efectos que se desvanecen en contacto con los hechos. Como el que iba a catapultar a la socialdemocracia alemana de la mano de Schulz.  No ha sido así. 

Todo el tiempo ningunean a las víctimas de sus políticas. Siguen ahí. Engrosando su número. Con sus trabajos precarios. Con su abandono. Proclamas y editoriales no les darán de comer, ni estimularán su optimismo.

La orquesta sigue tocando con el agua al cuello, con los músicos aguardando a ver si se evapora. De momento los ciudadanos miran, algunos toman fotos y selfies. Los hay que aplauden al final de las piezas si lo manda el regidor del estudio en la sociedad del espectáculo. Los mayores agredidos por las políticas de la desigualdad ya convierten sus señales en gritos. Un escenario trágico que se impone cambiar, por supervivencia. Urge tocar un himno a alegría, con efectividad y en suelo firme.

En el inicio de la Era Trump

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Donald Trump jura su cargo como presidente de los Estados Unidos

Donald Trump, el ya presidente de los Estados Unidos, ha respondido a lo esperado en sus primeros pasos. Aún se asombran los que no advirtieron su presencia hasta que se plantó en la puerta de la Casa Blanca que ahora ya ha franqueado.  Comenzó diciendo que va a “reconstruir” el país con un gran esfuerzo nacional. “Estamos transfiriendo el poder de Washington al pueblo. El establishment se protegía a sí mismo, no a las ciudadanos”, dijo el magnate que hasta ahora vivía en la Torre que lleva su nombre en Manhattan y que ha llenado su gobierno de multimillonarios. Blancos y ultraconservadores. Éste era su dormitorio hasta este viernes.

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En su discurso anti inmigración, o supremacista blanco, como se quiera,
Trump prometió recuperar las fronteras de EEUU. Como ha hecho, en la misma línea, Theresa May en el Reino Unido y se propone Marine Le Pen si llega a la presidencia francesa cuyas encuestas lidera.

En su gloriosa exaltación, Trump llegó a prometer que Estados Unidos “erradicaría la enfermedad” lo que, como otras afirmaciones, llenó de júbilo a sus fieles presentes en el acto. Cercenará las investigaciones no acordes con su ideología y su primer decreto ha sido reducir el Obamacare y dejar sin asistencia a millones de personas, pero hablar es gratis. Cuando se hace para determinado tipo de gente, en particular. Los que le han llevado al poder.

Desbrozando las muchas reacciones y textos que la presidencia de Trump ha desencadenado ya, me quedo en primer lugar con el artículo de Íñigo Sáenz de Ugarte, subdirector de eldiarioes, que ubica a Trump en su contexto. Recomiendo el artículo completo, con varios datos esenciales. Veamos por ejemplo de dónde parte el America First. 

Dos veces ha dicho Trump “America First”, el grito de guerra con el que los norteamericanos más reaccionarios se movilizaron en 1940 y 1941 para impedir que el Gobierno de Roosevelt declarara la guerra a la Alemania nazi. Es un eslogan de resonancias fascistas.

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Donald Trump ha retrasado el reloj de la historia, ayudado por el contraataque contra la globalización de la forma en que la siente una buena parte de sus votantes. Muchos de ellos son republicanos de toda la vida que votan sin más al candidato que gana las primarias del partido. Otros –los más conservadores o los más convencidos contra toda evidencia de que los demás países estafan a EEUU– querían el Trump que ha pronunciado el discurso: ultranacionalista, nativista (es decir, no creen que las minorías sean auténticos estadounidenses) y aislacionista.

Y sobre todo la conclusión (en la que también coincido):

No hay que dejarse engañar por los tuits delirantes, el maquillaje color naranja, el pelo imposible o la sintaxis confusa. El personaje tiene muchos elementos ridículos, una mina para cómicos y las viñetas de humor. Por debajo de esa fachada, late una idea siniestra.

The New York Times recoge las reacciones de alarma “en el extranjero”. En ellas destaca la del vicecanciller alemán quien ha advertido de una “radicalización drástica” en la política estadounidense,  añadiendo que Berlín estaba listo para llenar el vacío dejado por un Washington aislacionista.

Medios convencionales españoles, como El País o El Mundo, muestran la misma preocupación por la llegada de Trump, aunque con algunos matices sutiles en artículos.

El multimillonario Trump es un “antisistema” en El País

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Y sale con “puño alto” y todo en El Mundo de la mano de una Cayetana Álvarez de Toledo que se agobió tanto en Washington como en la cabalgata de reyes de Carmena. No creo que se lo perdone jamás a Trump.

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Medios de mucha menor repercusión llegaron a encontrar similitudes entre el discurso de Trump y… ¡El de Pablo Iglesias!, lo que me ha llevado a prescindir de mirar la Caverna oficial al completo.

Los gurus mediáticos del neoliberalismo español también se manifestaron.

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Los votantes de Trump, de hecho, no leen periódicos, se “informan”por medios equivalentes a 13TV, Intereconomía u OKDiario. Concretamente, Bannon, el editor de una web sensacionalista, de difamación si se tercia y propaganda similar a la que regenta Eduardo Inda, se ha convertido en asesor presidencial de Trump.

Vayamos con hechos que sobrepasan la anécdota. Ante una menor asistencia a la inauguración de Trump, puso en su perfil de Twitter una foto de la toma de posesión de Obama en 2009. Lo descubrió Time. Igual fue por casualidad. A las pocas horas la quitó.

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Las gorras del acto inaugural del presidente que clama porque se fabrique y se contrate “en América” estaban hechas en China.

 

 

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No era la primera vez…

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Es curioso ver la cantidad de gente que intenta minimizar lo que Trump representa, equiparándolo con Hillary o el propio Obama. Así debió suceder en el propio EEUU para haber llegado a esta situación. Quien no lo entiende, tiene un serio problema. Que nos traspasa al resto, evidentemente.

De la web de la Casa Blanca han desaparecido ya las referencias a Derechos Civiles, Cambio Climático o Colectivo LGTB. Y anuncia que suspenderá los Tratados de Libre Comercio si no se ajustan a su criterio tras negociarlo.

La web contiene un perfil de Melania, la que será Primera Dama “a tiempo parcial” ya que algunas labores serán compartidas con Ivanka, la hija mayor del presidente. Una joya es según se deduce de su curriculum, que por cierto incluye su dedicación al diseño de joyas, fruto de su ” inclinación y pasión por el arte, la arquitectura, el diseño, la moda y la belleza”. Lo cierto es que desde la toma de posesión, Trump ha marcado diferencias con Obama en el trato a su esposa, Primera Dama. Melania queda relegada. 46 años tiene, frente a los 70 de su marido.

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Los capullos ya tienen su presidente. Un tipo infantil,. inculto y ególatra superlativo. Impredecible por tanto, hasta en sus rabietas. Y con todo el poder en su mano.

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Solo queda aguardar que  los dramáticos presagios que se ciernen sobre el mundo en la Era Trump que se acaba de inaugurar no se cumplan por completo. Y que Europa reflexione sobre si va a seguir esta misma espiral diabólica.

Un gobierno con desgana

 
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en la tribuna de oradores del Congreso. /EFE
 

Es como si Rajoy pretendiera dar a su Gobierno un carácter transitorio, como si lo hubiera abordado con la misma indolencia que imprime a todo lo que no sea el fútbol y algunos otros intereses. No ha presentado grandes novedades, ni propone un ápice de renovación. Equilibrios de poderes en el PP. Salen Jorge Fernández Díaz y García-Margallo, como aconsejaban a Rajoy algunos de sus diarios de apoyo a los que tanto debe. Deja en Hacienda a Montoro, sin atender a las mismas recomendaciones, y no hay cambios notables.

Entre las caras nuevas, el ministro de Exteriores, Alfonso María Dastis. 61 años. Diplomático de carrera, funcionario con gran experiencia, era hasta ahora el Embajador de España ante la UE. Uno de los más jovenes es Íñigo de la Serna, 45 años, actual alcalde de Santander. Tras diez años en el cargo, gobernaba ahora en minoría gracias a la postura de los concejales de Ciudadanos. El Supremo acaba de tumbar su plan urbanístico, considerado irreal en sus proporciones y con fuerte recalificación de suelo no urbanizable. Lo más apropiado para hacerse cargo de Fomento con todas sus obras.

Soraya Sáenz de Santamaría sigue siendo la mano derecha de Rajoy. Y en justo pago, mantiene la Vicepresidencia y añade Administraciones Territoriales. Puesto clave para controlar lo que llaman “la deriva catalanista” y la financiación autónomica. Hasta el último momento ha estado en pugna con María Dolores de Cospedal, nueva ministra de Defensa, estirando de la cuerda cada una de las dos rivales de poder, por el control del CNI. El Centro Nacional de Inteligencia parece haberse convertido en una codiciado instrumento. Lo mantiene la vicepresidenta; del mal, el menor.

Cospedal viene avalada por ser la más activa con la tijera en su etapa como presidenta de Castilla-La Mancha y ahora le toca gestionar el legado de Morenés con sus grandes compras de armamento. Por fin cumple su gran sueño de ser ministra y seguro que, dado su carácter de dureza inapelable, se sentirá cómoda en la función.

Interior le ha correspondido a su amigo Juan Ignacio Zoido, juez de profesión y sin ninguna experiencia en las labores que ahora se le encomiendan. Exalcalde de Sevilla, fue delegado del Gobierno en la comunidad manchega. Los indicios apuntan a que será un Fernández Díaz con acento andaluz; comparte con su predecesor el fervor religioso y una ideología fuertemente conservadora. Amigo también de la jueza Alaya entró por ello en algunas controversias, precisamente con el PSOE andaluz, el gran artífice de que Rajoy siga en el gobierno. Activo en Twitter y hasta discutidor, en este punto representa una cierta novedad respecto a sus colegas. Rafael Catalá se queda con Justicia donde ha prestado grandes servicios a la causa del PP.

La voz amable  de Íñigo Méndez de Vigo será la encargada de la Portavocía del Gobierno. Cargo que va a compatibilzar con Educación, Cultura y Deporte. Asuntos baladíes para el PP, se conoce, que no merecen ministerio individualizado. Méndez de Vigo fue, casualmente, el anterior Embajador ante la UE. Barón de Claret, de los de verdad, de la nobleza.

Mujeres pocas, las fieles escuderas de Rajoy como García Tejerina que repite en otro multiministerio: Agricultura, Pesca y Alimentación y Medio Ambiente. En cambio Fátima Báñez se queda solo con su Empleo y… Seguridad Social en lugar de Servicios Sociales. Su trágica Reforma Laboral es la prueba de cómo Rajoy siempre puede contar con ella.

Servicios Sociales e Igualdad han recaído en Dolors Montserrat, una abogada y diputada catalana perteneciente a una sólida saga del PP en la Comunidad. Y que, por cierto, debe un par de millones largos de euros a Hacienda. En esta lotería de intereses, le ha correspondido también Sanidad, nada menos. El modelo catalán de salud es a menudo más duro que el del resto del Estado, no es la mejor inspiración. Sanidad tampoco merece un Ministerio propio pese a su vital importancia. Transferida la gestión a las Comunidades Autónomas, precisa de directrices generales.

Luis de Guindos, que soñó con ser presidente del Eurogrupo, se queda en el gobierno. Bien servido, eso sí. Mantiene el Ministerio de Economía, sin Vicepresidencia. Y añade Industria que es un buen bocado. Álvaro Nadal, del clan de los “sorayos”, gran apoyo de Rajoy y hasta ahora jefe de la Oficina Económica del Gobierno, se ocupará de Energía, Turismo y Agenda Digital. Como se puede apreciar, tres sectores íntimamente relacionados de igual modo.

La desgana puede ser contagiosa, fundamentada. La ardua noticia fue ya que Rajoy volviera a formar gobierno en sí y  ésa ya la tragamos, aunque permanezca sin digerir. Parecía inconcebible que un partido encausado por corrupción y con sus tesoreros y múltiples miembros sentados también en el banquillo, continuara gobernando. Pero ocurren cosas en esta España nuestra como que el partido nominalmente socialista, PSOE, haya llegado a niveles de ruptura y escarnio por darle de nuevo el gobierno. De los regeneradores de Ciudadanos –que hasta han impedido una comisión para investigar al PP de Aznar en la Guerra de Irak– poco más se puede decir. El bloque ha levantado un muro de apoyo, defensa y exclusión de los enemigos. La apariencia de transitoriedad no implica que no vaya a durar 4 años más. O 5.

Insistir quizás en que no es cierta la consigna que repiten en los medios: Rajoy no tenía mayoría. No le votaron 16 millones de personas, algunos de esos millones (los de PSOE y Ciudadanos) votaron precisamente para que no gobernara.

No hay novedades. Las que siguen la línea del PP. Más recortes y subidas de impuestos. De algún lado han de salir los 5.500 millones que, nos dicen, “Bruselas exige”, como consecuencia de la gestión de Rajoy incumpliendo el déficit. La Deuda Pública sigue impagada y casi impagable tras el extraordinario aumento registrado en estos años. Las pensiones en el punto de mira. Los trabajos precarios no dan confianza alguna en su mantenimiento por esta vía. Y veremos qué pasa con la Ley Mordaza con un PSOE que multa y cesa con saña a sus miembros coherentes por negarse a hacer presidente a Rajoy.  Siquiera de forma testimonial.

Nada cambiará a mejor para los ciudadanos, para los jóvenes emigrantes que seguirán sin poder volver, o hacer planes de futuro en España. Para los trabajadores entrados en la pobreza, “pese” a la recuperación, como suelen decir. El 28% están en riesgo de exclusión social por la bajada de salarios, según Intermon Oxfam. Para el conjunto  de la sociedad en sí. Esto va de otro palo.

*Publicado en eldiarioes

Se van. Nosotros votamos

  • Se van. Por ajustada mayoría pero mayoría al fin y al cabo el Reino Unido ha optado por salir de la UE. Cameron obtuvo mayoría absoluta en las últimas elecciones llevando el referéndum en su programa, luego hizo campaña por el no. La ultraderecha europea está exultante por el resultado, desde el británico Nick Farage a la francesa Marine Le Pen. Ellos propician la Europa del palo al inmigrante, también español, como punto esencial de sus programas.

    Noqueados por la decision, ciertamente, ya hay quienes  quieren confundir en los análisis causas con consecuencias. No vendrá lo que ya está. Las políticas erráticas  de la Unión Europea han originado una crisis sin precedentes. Engendros ideológicos de amargo recuerdo son su resultado en un conjunto.
    El de una Europa irreconocible en sus principios. El Brexit con cuanto implica es su consecuencia más palpable pero hay mucho más: La oscura negociación  de tratados comerciales lesivos para los ciudadanos como el TTIP. Una crisis social sin precedentes desde la II Guerra Mundial por las políticas aplicadas, tanto en Europa como en los países miembros. Muy seria, nunca hubo tantos jovenes desempleados. Nunca mermaron tantos las rentas de las personas menos favorecidas y las de la clase media. Nunca estuvimos más desprotegidos. El abominable  trato dado a los refugiados certifica su fracaso. También hoy hay seres humanos ahogandose en el Mediterráneo a pesar de los esfuerzos de los voluntarios.
    El causante es el capitalismo, el austericidio qué comandö Merkel y su lugarteniente Sarkozy en su día  y que el resto secundó. El que calló ante el bochornoso castigo a Grecia quebrada por sus correligionarios a ver si servía de castigo ejemplar a quienes quisieran salirse del redil.La extrema derecha ya se sienta en gobiernos como Hungria o Polonia. Ha estado a punto de presidir Austria. Sube en los países nórdicos. Farage y Le pen la llevan al corazón de Europa, del Reino Unido y de Francia.
    Cuando Europa se desdibuja emerge la involución.

    Los españoles progresistas siempre soñaron con Europa. Nos sentó bien nuestra entrada en 1986, con Portugal. Ahora son ellos, quienes miran al sur. Y es que la Europa de los Ciudadanos sigue pendiente. Los europeos, los demócratas internacionales, esperan mucho de nosotros. De las elecciones del domingo.
    ¿Ante esos enormes retos podemos seguir hablando de coletas, tuits, venezuelas que ya no engañan sino a los más crédulos o cualquier polémica banal del día? Lo dramático es tener al control de las votaciones a un ministro que ha utilizado la policía como nunca debió hacerse en un país democrático.  A los manejos ahora revelados, están los que (según los indicios) práctico contra Podemos rechazados reiteradamente por la justicia. Lo dramático es tener a un Mariano Rajoy que le mantiene y avala. Los países serios arbitran mecanismos para que estas conductas sean punibles. Y tengan reflejo en su concurrencia a las urnas. La corrupción nunca debería ser candidata.
    Y así encaramos está última jornada electoral. Volviendo a contar a los ciudadanos que quieran oirnos los extremos, los datos, de una debacle económica, social y ética, que enmascara la banalidad.
    El miedo es que siga este PP, solo o con ayuda de otros. Es el momento de atreverse a cambiar, de hacerlo posible. Cómo decía el maravilloso anuncioscde Unidos Podemos interpretado por María Botto, tengo la sensación de haber abandonado el palco cómodo para sukbir a las tablas, para escribir una historia conjunta con la buena gente. Ya lo he dicho: Considero la política un medio para hacer lo que creo debe hacerse, no un fin.  El poder no es sino la capacidad expedita de hacer algo. Busco trabajar por el bien común, como siempre en realidad. Que eso, la esencia del civismo y la ciudadanía, sea una prioridad. Supe que no me lo quería perder. Y solo quedan horas para que los últimos indecisos se apunten al proyecto. Poder si se puede pero hay que quererlo con toda el alma.

    * PUBLICADO EN CTXT.ES

Cuando Francia lideró la oposición a la Guerra de Irak… que terminó por alimentar a ISIS

Era el 14 de Febrero de 2003 y Dominique de Villepin, Ministro de Exteriores del entonces gobierno conservador francés, pronunció un discurso memorable en la ONU. Tras desgranar argumentos y consideraciones, concluyó con este vibrante final al que han colocado música para acentuar su carácter épico.

Señor Presidente, a los que se preguntan con angustia cuándo y cómo vamos a ceder a la guerra, yo diría que nada, en ningún momento, en el seno de este Consejo de Seguridad, será hecho con precipitación, incomprensión, desconfianza o miedo. En este templo de las Naciones Unidas, somos los guardianes de un ideal, somos los guardianes de una conciencia. La pesada responsabilidad y el inmenso honor que son los nuestros deben conducirnos a dar prioridad al desarme en la paz. Y es un país viejo, Francia, un viejo continente como el mío, Europa, que les dice hoy,  que ha experimentado guerras, la ocupación y la barbarie. Un país que no olvida y sabe todo lo que debe a los luchadores por la libertad venidos de América y de otros lugares. Y, sin embargo, no ha dejado de estar de pie frente a la historia y el hombre. Fiel a sus valores, quiere actuar con decisión con todos los miembros de la comunidad internacional. Cree en nuestra capacidad para construir juntos un mundo mejor”.

Villepin llegaría a ser presidente del gobierno de la República francesa. Escritor, poeta, historiador, hablando varios idiomas entre ellos el español, fue un político controvertido que suscitaba rechazo en algunos compañeros de partido, en particular en Nicolas Sarkozy que mantenía con él una fuerte rivalidad. El hoy nuevamente candidato de la derecha le llevaría varias veces a juicios bajo acusaciones de las que Villepin salió absuelto.

De liderar el rechazo a la guerra de Irak, Francia ha pasado a liderar… la guerra contra el terrorismo de ISIS. Aunque no es un Estado como tal. Aquella guerra -que sí se llevó a cabo con la excusa de unas armas de destrucción masiva que nunca existieron- fue precisamente el inicio de este terrorismo descarnado que desgrana ISIS (recordemos los artículos de Olga Rodriguez e Ínigo Sáenz de Ugarte). El armamento que se  vende a los terroristas y a quien inspira y subvenciona esta degeneración violenta del Islam, el petróleo que se les  compra de contrabando, son añadidos posteriores que entran en la ecuación. Con otros muchos a valorar.

Impresiona hoy escuchar al conservador Villepin, mientras el socialista francés Hollande lidera una acción belicista totalmente contraria a aquel espíritu  y Europa derriba sus señas de identidad, inmersa -si es así- en la “precipitación, incomprensión, desconfianza o miedo”. Al menos es lo que está experimentado con todo el conjunto buena parte de la sociedad.

Esta terrible paradoja  lleva a grandes reflexiones. Radical contraste en el discurso, en las reacciones y en las acciones.

Periodismo: cómplice del poder o al servicio de la sociedad

Es una constante: las grandes tribulaciones que está padeciendo la sociedad remiten una y otra vez al papel de los medios que en muchas ocasiones se convierten en instrumentos de manipulación masiva, y no de información. Creo que en todos mis últimos libros o capítulos de libros he llamado la atención sobre ello.

Cuando se estudie el tenebroso periodo que estamos viviendo, se verá el papel decisivo que los medios de comunicación tuvieron en la consolidación de un sistema que cada día añade mayores injusticias y mayor corrupción de sus ejecutores, en endulzar la estafa para hacerla tragar. (ReaccionaDos 2015) Porque es cierto que la gran diferencia con otras épocas de la historia es que ahora la comunicación es global y puede lanzar mensajes idénticos como bombas expansivas.

Maruja Torres en su artículo de este jueves para eldiario.es se fija también en este hecho. Se diría que el asalto neoliberal disparó la táctica. Se lanzaron al abordaje, sin dar ni tiempo a respirar tras la caída del Muro de Berlín dado que el Consenso de Washington se promulgó el mismo mes de Noviembre de 1989.

Esto dice Maruja Torres:

He tardado en leer al joven y emblemático periodista de izquierdas británico Owen Jones, y al principio de su segundo libro, El Establishment, la casta al desnudo, cuenta por qué se produjo el éxito del thatcherismo, de qué modo trabajaron las fuerzas conservadoras para recuperar un poder que creían haber perdido a partir de una posguerra en la que se abrió mano a los derechos de las clases consideradas como inferiores. La idea de que la revolución conservadora era inevitable, y de que también lo era poner en su sitio a sindicatos y trabajadores para asegurar el bienestar del país, fue penetrando la malla social gracias al trabajo de numerosos think tank de derechas y a un montón de dinero que fue invertido en colocar en puestos clave de los organismos de manipulación de masas a jóvenes despiadados y ambiciosos. Fue una operación lenta pero brutalmente eficaz que condujo a la desregulación de los mercados y la corrupción que finalmente ha sido descubierta en todos los países que se entregaron al neoliberalismo inaugurado oficialmente por Thatcher y su compinche Reagan: incluido el nuestro. Leed el libro, si no lo habéis hecho ya, vale la pena.

Recalquemos: “un montón de dinero que fue invertido en colocar en puestos clave de los organismos de manipulación de masas a jóvenes despiadados y ambiciosos”. Y coló, cómo no iba a hacerlo.

La ejecución de Grecia como castigo ejemplar a navegantes que pretendan intentar otra cosa, una política para la ciudadanía, nos ha vuelto a mostrar a qué extremos puede llegar el poder para defender su… negocio. Se obliga a comprar armamento a Alemania, se cortan pensiones, sí o sí, y encima se les humilla con recochineo. Como no haría un animal, sino un ser de los que caminan a dos patas.

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Lo de Grecia es un escándalo. Tanto políticamente como en su tratamiento informativo. Acudo ahora a Íñigo Sáenz de Ugarte  que comienza así su, de nuevo, excelente artículo.

Primero, fueron los líderes de la eurozona en la noche del martes y a partir de ahora serán los demás los que señalen con el dedo a Grecia y a su Gobierno. No se toma una decisión de consecuencias tan dramáticas e imprevisibles como la expulsión de un país de la eurozona sin preocuparse antes de que no aparezcan tus huellas dactilares en la escena del crimen y de armar un relato en el que las culpas vayan dirigidas a la víctima.

Finalmente os remito al economista Juan Torres López que, mira por dónde no es llamado prácticamente nunca a las pizarras del espectáculo informativo. De su documentada reflexión ( La Europa totalitaria en evidencia) destaco estas ideas:

 Al pueblo heleno no le van a perdonar que haya tirado de la manta para poner en evidencia a la Europa totalitaria que con palabrería vacía gobierna en contra de lo que quiere la mayoría de los europeos.

Las autoridades europeas y los economistas que defienden las políticas que se vienen imponiendo en Europa en los últimos años se empeñan en presentar las cosas como resultado de una disyuntiva: o se hace lo que dicen ellos, o vendrá el caos. Basta oírlos día a día en los medios de comunicación, donde aparecen sin descanso.

Por un lado, se presentan ellos y sus propuestas sensatas y cargadas siempre de una lógica que a primera vista suena como indiscutible: hay que moderar los salarios y eliminar derechos laborales —aunque a esto lo llaman flexibilizar— para que se creen puestos de trabajo, hay que reducir los gastos del Estado en servicios públicos o en pensiones porque suponen una carga que no nos podemos permitir, los impuestos son innecesarios y es mejor bajarlos, hay que privatizar las empresas y servicios públicos porque los privados funcionan mejor y todo eso es todavía más imprescindible ahora porque hemos de reducir la deuda por encima de todo… En ese bando están Merkel o Rajoy y los economistas que los acompañan con su fundamentalismo ideológico para justificar estas medidas que a la postre solo están beneficiando a las grandes empresas y patrimonios. En el otro lado estamos todos los demás, los que no sabemos nada —según dicen—, los que solo vamos a traer el caos y la pobreza, los que con nuestras propuestas haremos que salgan capitales a montones, los que arruinaremos a los pensionistas y haremos que el paro se multiplique. Ahí están ahora, Syriza o Varoufakis.

Da igual que junto a estos últimos se encuentren premios Nobel de Economía como Krugman o Stiglitz y muchos más como ellos, de primera fila y de valía reconocida desde hace años en las instituciones académicas más rigurosas del mundo. Da igual que los datos demuestren sin ningún tipo de dudas lo que es evidente: que quienes dicen que no saben nada han sido los que supieron predecir lo que ocurrió, mientras que quienes han producido una crisis gigantesca, millones de desempleados, quiebras bancarias, huida de capitales, destrucción de cientos de miles de empresas, la ruina de pensionistas y de millones de familias son los que ahora se presentan como los únicos sabios capaces de solucionar los problemas que tenemos. Y da igual que las hemerotecas demuestren sin lugar a dudas que todos ellos se equivocaron, que negaron la crisis o dijeron que sería pasajera o sin importancia, y que no supieron prever lo que iba a suceder. Ahora, los que más erraron en sus predicciones se empeñan en decirnos que saben lo que hay que hacer para afrontar con éxito el futuro”.

Sí, da igual. Porque siempre habrá una “noticia” o tertuliano que siembra la duda, o que entretenga lo suficiente para distraer la atención. Un político, como el nuevo portavoz del PP, que utilice una información de atracos en Grecia durante el gobierno de Samarás para decir que Syriza es un caos y que donde esté su partido no hay color. Y no se puede competir. Ni ya desde las redes sociales apenas.

Ando hablando con algunos compañeros de RTVE. Estamos preocupados por la salud de un gran realizador y la charla se va a otras inquietudes. Convenimos que nunca la televisión pública estatal ha vivido una etapa peor. Nunca. Porque durante toda su trayectoria hubo profesionales que no se conformaron. Informe Semanal nació en 1974. Vivo aún Franco. Yendo siempre un poco más allá de lo admitido por la censura. El esperpento que hoy se sigue emitiendo con el mismo nombre da idea de lo que estamos hablando.

Es cierto que ahora las empresas periodísticas, quebradas o en el borde del precipicio por sus muchos errores (empresariales y de los otros), parecen un téntaculo más del poder, de ese poder que está aprisionando a los ciudadanos ya hasta sin disimulos. También resulta evidente que en ese maravilloso mundo que nos vendieron desde Thatcher, el paro se ha agudizado. Y que comer es una necesidad perentoria, incluso para los pensionistas griegos hoy sacrificados. Este gobierno que aspira a repetir y que contará con medios de “información” que le ayuden a conseguirlo nos ha atizado hasta leyes y códigos mordaza. Pero sí se puede. Que nadie crea que no entrañaba riesgos informar en tiempos pasados. Siempre ocurre en mayor o menor medida. Es que el periodismo es, entre otras cosas, informar de lo que el poder no quiere que se sepa. Y por algo no quiere.

Se ven portadas, editoriales, titulares que sonrojan. Se escuchan y se ven auténticas barbaridades sembradas para hacer un daño devastador. Y luego hasta les quitan a algunos el plato de lentejas por el que se han vendido. Les he visto bajar la cerviz y besarles los pies  y… salir luego despedidos en un ERE. De los de una mano delante y otra detrás, los duros.

Siempre se puede ir más allá. Hay que elegir, ésa es la clave. Entre ser cómplices de un poder cuyas acciones avergüenzan a poco que se tenga un atisbo de ética, o informar verazmente como servicio a la sociedad. Todos nos jugamos mucho en ello. Otro periodismo, el periodismo en realidad, asiste a un momento brillante en Internet, eso es cierto. Los caminos existen. Y quien quiera puede saber lo que ocurre.

Pero la auténtica disyuntiva es por qué camino opta el periodista o el lector: manipular o informar. A quién sirve, a la codicia y sus trampas o a la verdad.

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Mis mejores deseos para 2015

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Urnas para los griegos, ansiolíticos para los Mercados

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Los griegos vuelven a las urnas y regresa también la feroz campaña del miedo para que no voten a Syriza, la coalición de izquierda que se quedó en puertas del triunfo en Junio de 2012. Fue un gran éxito del conciliábulo neoliberal: la Troika (BCE,UE, FMI), Merkel, todos los gobiernos afines, sus bancos, todos sus medios y asesores. La coacción fue abrumadora.

 A los griegos, además, les habían destituido a su jefe de gobierno Georgios Papandreus porque pretendió consultar en referéndum a la ciudadanía sobre los durísimos nuevos recortes que les decretaban.  Les colocaron, a dedo, a Lukás Papademos, vicepresidente del Banco Central Europeo, y decidieron quién tenía que ganar en los siguientes comicios: los que estaban, es decir, Nueva Democracia y el PASOK. Aquellos a quienes Goldman Sachs había ayudado a maquillar las cuentas del Estado para entrar en la UE. En estos momentos siguen apostando por los mismos: La Familia.

Desde 2010 estamos viendo sucumbir a los griegos.  Un país de instituciones corruptas y en el que muchos ciudadanos se apuntaban, siquiera con su comprensión, a las migajas de la fiesta. Como en España. Su máximo error fue, sin embargo, votar a quienes les llevaron a la bancarrota. Y se lo están haciendo pagar con sangre. Aquellos primeros 110.000 millones de euros de rescate (cuando a los bancos se le habían dado ya 1,6 billones declarados) les costaron la soberanía, prácticamente la democracia, y la vida en muchos casos. Los insostenibles recortes a la población para pagar la deuda han sumido a Grecia en la pobreza extrema. Sus ciudadanos fueron los primeros en salir a la calle para protestar, el gobierno (el democrático) llegó a gasearlos a niveles casi letales. Por eso se organizaron en política para concurrir a elecciones.

Vemos escenas griegas que parten el alma. Les han quitado todo. Educación, subsidios, pensiones, sus casas, sanidad. Tres millones de personas, más de la cuarta parte de la población,  se han quedado sin cobertura. Lloran, lamentándose de que después de cotizar durante  años, se van a morir en la calle. El cáncer solo se atiende ya en estado terminal. El tratamiento para la hepatitis C que racanea el gobierno español –con su secuela de muertes rotundas, sin eufemismos- es una anécdota frente al dolor de los griegos. Han tenido que organizarse entre ellos. Cooperativas de voluntarios que cuidan unos de otros, mientras su gobierno vela… por los intereses de los mercados. Con la Troika que, por ejemplo, pidió cerrar los ambulatorios de atención primaria. Con todos los asesores y voceros del mundo  que pontifican desde los medios, en España también, amenazando con el grave peligro que, en su opinión declarada, representaría la llegada al gobierno de Syriza.

 “Es que los mercados entran en pánico” escuchamos de continuo. Por eso precisamente se ha despeñado la bolsa griega y tiembla el resto. Son muy sensibles los  mercados, bipolares. Pasan de la euforia al miedo, por lo que interpretan como amenaza a su poder. Cuesta más entender cómo se nos pide mimo hacia “los mercados” sin exigir en absoluto la misma reciprocidad. A los poderes financieros no les importa en lo más mínimo lo que nos ocurre a los ciudadanos. Ni siquiera el daño que ellos mismos producen. Asombra que se admita esa posición dominante como lo más natural y que desde la UE, gobiernos varios u organismos internacionales como el FMI se defienda esa arbitrariedad.

 Llegados a este punto, hay que recomendar a los mercados que se traten con ansiolíticos. Bien es cierto que acuciados por la preocupación, se les despierta el pragmatismo y rebajan cuantías y extienden plazos como sucedió en Islandia, e igual pueden moderar la dosis terapéutica.  Si el nerviosismo es muy agudo y alguno de ellos entra en quiebra, pueden irse a vivir debajo de un puente como han mandado a tantos ciudadanos. Cuando, además, habían costeado sus errores por la generosidad de los gobiernos.  La jugada del 2008 les salió perfecta, aún deben estar riéndose de Sarkozy cuando dijo aquello tan jocoso de que había que refundar el capitalismo. Les refundamos sus balances con colmo y todo.

 Lo sucedido en Grecia nos da lecciones de enorme trascendencia. Son y serán aplicables en España que sigue los pasos calcados del vecino mediterráneo. La estabilidad de los mercados, su sosiego y felicidad, no pueden edificarse a costa del bienestar y de la vida de millones de personas. No puede ser ése el parámetro que rija para condicionar la democracia.  No se nos puede quitar todo para engrosar sus ingentes beneficios. Así funcionan quizás las empresas, no los países, no las sociedades compuestas de personas. Las que, para mayor escarnio, pagan este obsceno tinglado con sus impuestos y, según pretenden, a cambio de nada. No es nada personal, son negocios.

 De otro lado, vemos el derrumbe absoluto de la socialdemocracia. Ya no hace falta darles cancha. Y ahí, siguiendo los pasos de Blair y el Felipe González de hoy, del último Zapatero, de la actual cúpula del PSOE, tenemos al Mesías delsocioliberalismo –dicen que le llaman-, Manuel Valls, pregonando en turné  que la socialdemocracia está obsoleta, y abriendo la puerta de par en par a la ultraderecha. Ellos y toda su corte de economistas, asesores y periodistas. El PASOK paga coaliciones y tibiezas desapareciendo casi del mapa en los sondeos. Seguro que alguien protesta oponiendo que tienen buenas intenciones y precisan una oportunidad.

 Nos están obligando a tragar un único camino: el capitalismo… salvaje. El que arrasa con todo. Y se muestran fuertes en su posición. Haber colocado al Juncker de LuxLeaks al frente de la Comisión Europea es toda una declaración de intenciones. Es el primero, ya saben, que se permite recriminar a los que votan “mal”. O sea, a Syriza en Grecia, a Podemos, llegado el caso, en España.

 ¿Y así existe alguna posibilidad de salirse del carril decretado? ¿Qué conserva todo esto de Democracia? Por si les queda un resquicio de vergüenza, habrá que intentarlo. Hoy Grecia, la sociedad griega, está peor que estaba en todos sus parámetros. La tragedia de la mayoría de la población ha sido inútil, porque a “los mercados” nunca les basta. Como aquí. Aún han tenido, la UE, el FMI,  la desfachatez de admitir que quizás se equivocaron en las condiciones y previsiones del rescate. Pero no por eso rectifican. Total, solo pagaban los errores unos ciudadanos que no eran Mercados de alcurnia. Fueron sus cobayas e insisten en que lo sigan siendo. Así será si se dejan. Por si acaso, lo primero que ha hecho el contrito FMI es quitarles la ayuda hasta que haya nuevo gobierno. Nada inocente jugada.

 La economía financiera -que es básicamente a lo que se dedican- no da de comer más que a ellos. Opíparamente, por cierto. No es fácil, pero el único camino digno es intentar otra salida, un cambio. Por esta vía, ya tenemos la seguridad de que no funciona. Alguna vez ocurrirá que, en la vida real, millones de Davides ganen a Goliat.

Jornada de reflexión

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Historia surrealista de Europa

Un orgulloso continente. No sólo inventó la democracia sino que la consolidó y mantuvo en la mayoría de sus países. Creó el románico y el gótico. El renacimiento, la ilustración y el romanticismo. Escribió páginas memorables. Pensó, dedujo, filosofó. Pintó, esculpió y siguió construyendo. Urbanizó. Tolerancia, paz, justicia, valores le eran intrínsecos. También puso la banda sonora de la alegría.

 

Ciertamente también batalló y robó. Construyó imperios por la fuerza de las armas. Mantuvo durante siglos los desequilibrios sociales y el abuso de unas clases sobre otras. Hasta que los franceses hartos de atropellos y guiados por la razón de las ideas, cortaron la cabeza de la tiranía. Si bien no duró mucho entonces, algo cambió para siempre.

En el siglo XX del progreso, la avaricia truncó el camino de la humanidad. Afloraron en Europa los totalitarismos. Megalómanos empeños de supremacía racial desembocaron en muerte y destrucción. Ganó entonces la democracia.

Europa se une tras la guerra… en el dinero. Hablan de algo más, la Europa de los valores. Podrá ser. No es. 2012, reuniones elitistas diseñan el mundo, tras dejar la limusina en la puerta del lujoso apartamento y sacudiéndose el caviar de las chaquetas. Babean pensando en el lucro y en la ruleta que siempre gana. Voltean las puertas giratorias: de gobierno a banco y empresa, de banco y empresa a gobierno. El euro es el botín. Y ahora nos inventamos la crisis de la deuda, dando como excusa a la diminuta Grecia. Yo recibo dinero del BCE (que dan los ciudadanos) a precio de ganga, presto a precio de oro, y compro la bonita “deuda” para enriquecerme más. Especulan, invierten, ganan y los políticos callan. No, asienten, colaboran. Te doy y te quito nota, por mis bemoles, salivo en el morbo de la crueldad que da el poder. ¿De dónde sacamos más beneficios? De los pobres idiotas que callan y votan a quienes no deben. La hija del presbiteriano alemán grita y susurra: austeridad. A los amigos sajones los dejan aparte. Al pequeño Napoleón le dan un sopapo en la cerviz.

Ay, la secular democracia de Europa se paró 40 años (más de tres de guerra) en la piel de toro. Del toro manso, bruto, cerril, el más torpe de los animales que sin embargo se mueve con gracia y exhibe unos poderosos genitales que no le sirven ni para aparearse con una vaca, porque al toro de lidia no se lo permiten los que en ellos mandan: los ganaderos.

Inflo burbujas de ladrillo, robo, troceo, escondo y amaño facturas. Miento, y me descojono manipulando con herencias recibidas. Y suplico puesto al lado de los dioses de la Europa de barro. Pero igual nos bajan la nota. Sobre todo a los ciudadanos que somos los únicos paganos.

Europa alumbró a Orwell, Huxley y nos trajimos de América los libros de Bradbury visionarios -los tres- del mundo que venía. Las pantallas de “Fahrenheit” arrojan adormidera, la “neolengua” de “1984”, la del ojo vigilante, la del miedo a las palabras llenas, triunfa por doquier y los epsilones de “Un mundo Feliz” se contenta con el “soma”. A costa de sus ingresos y sus derechos, como ningún autor de ciencia ficción imaginó. En todas sus obras, a las víctimas al menos les daban casa y comida.

El imperio norteamericano ya no cuenta con Europa, China se nos come, los países emergentes nos miran con superioridad. El reino de taifas exhibe aún sus tiernos puñitos para su corifeo de subalternos. Las piedras siguen ahí: privatizadas. El Museo del mundo ya no podrá ni cobrar entrada social para visitar sus monumentos. Orgullosos, muy orgullosos de nosotros mismos, siempre orgullosos.

 

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