La inversión más rentable

Campanas repicando por la Ley Sinde derrotada desde la silla de casa. Empecinamiento épico en aprobarla, digno de mejores empeños. Y seguirá en un próximo asalto. Previo pago en especias, seguramente.

Alguna lección…

El temor a la desconocido. Hay quien no consigue hincarle el diente de la comprensión a las maduras tecnologías con más de 40 años a sus espaldas, aunque sea lo único cierto que se multiplican por esporas.

Y sobre todo ¿Que no sirve de nada luchar?

¿Y lo que de verdad importa? ¿Dónde está la obstinación política para salvarnos, para mantener la dignidad de todos? ¿Dónde la respuesta masiva y anónima para lograr cambios profundos? ¿Dónde la elección inteligente y justa de la búsqueda beneficios?

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

Cancionero y romancero de ausencias
Miguel Hernández

Caos en las aulas

En la clase estamos muy preocupados. Algunos, bien es verdad. A la mayoría de los chicos se les ve muy entretenidos con piruletas, la nintendo, móviles y ordenadores en los que husmean el tuenti. Nos los dieron a todos, pero unos pocos preferiríamos estudiar, ya que estamos aquí, para llegar a ser adultos de provecho. Cada cosa a su hora.

Hoy ha venido una profe adjunta y nos ha dicho que está muy feo descargarse cosas por Internet. Que eso es robar. Y que no lo vamos a poder hacer nunca jamás. Claro que la hemos visto por los cristales hablar muy compungida con unos catedráticos norteamericanos que mandan mucho en el colegio, no sabemos por qué, y que gritaban ni se sabe. La profe ha señalado a unos cuantos de la clase con el dedo y hemos podido deducir que pedía ayuda a sus superiores estadounidenses para que convencieran a los díscolos. Entre los líderes de grupo, naturalmente, los chicos normales que protestan no veas las palizas que se llevan. En eso el profesorado es muy ejemplarizante, hasta al ejército han llamado en algunos casos.

Iban todos de un lado para otro. Algunos más de la clase han prestado atención, no muchos. Nacho, que es un alumno muy responsable, nos ha explicado a todos los que pasaba. Pero, entonces, han llegado unos señores que parecían empresarios, con unos trajes estupendos y relojes de marca en sus muñecas, han agarrado por la solapa a la profe adjunta y le han espetado con autoridad: O se para lo de Internet o ponemos a todos los alumnos, sin faltar uno, de cara a la pared. No sabemos bien qué pasará aunque se ve que quien más grita, es quien gana.

Con ser desagradable el incidente, no es ni con mucho lo peor que nos está pasando. Porque día sí, día no, se presentan en la clase unos tipos con muchas ínfulas. Se llaman “mercados” nos ha contado el profe, todos los profes nos lo cuentan. A veces vienen ellos en persona, otras -las más- nos mandan a sus delegados que disponen de muchos.

En lo que va de curso, nos han quitado los libros y los cuadernos, las mochilas, la pizarra, una pata de cada silla –con lo que es un suplicio mantenerse en equilibrio-, el bocadillo de media mañana y el postre. Las nintendo y todo eso no, el profe asegura que las necesitamos para estar contentos. A algunos nos parece que el profe sufre, pero es que todos vociferan mucho y bastante tiene con ir como una peonza por todo el recinto a atender lo que pide quien presiona más.

Ahora han venido, en medio de semejante guirigay, unos gafapastas que dicen ser de la OCDE ¿qué será eso? Sector mercados, sin duda. Han dado un empujón al profe y se han sentado en su mesa. Nos dicen que vamos a tener que dejar la escuela porque el mundo nos necesita trabajando. Ya. Para cobrar una pensión a los 70 años, precisamos emplearnos desde muy jovencitos. Anuncian que lo de los subsidios ya veremos, de todos modos, que se gasta mucho en eso. En realidad, vamos a tener que pagar por trabajar y muchas otras cosas que nos andamos pasando unos alumnos a otros en notas, muertos miedo, porque muertos de miedo estamos todos:  los mercados lo exigen, para ganar ellos mucho dinero, y comprarse muchos coches, y pisos, y joyas, y manjares, y viajes paradisíacos.

El profe, que parecía tan majo, anda de lado a lado del aula. Nos están quitando los zapatos, los guantes, las bufandas, los anorakcs, mientras, él sonríe para que no se enfaden los mercados.

Muchos alumnos siguen jugando con el ordenador. Algunos aprovechan el desconcierto, para mangar las tizas, los punteros, la pantalla, las mesas, que eran de todos. Nos cobrarán entrada hasta para salir al recreo, y el que quiera jugar a la pelota, o subirse a un columpio, tendrá que cotizar lo que ellos estimen. Los veo muy espabilados, creo que van para mercados. Y se entrenan desvalijando cuanto pillan. A mí, sin ir más lejos, unos chicos me han vaciado el bolso. Ni el móvil me han dejado.

Algunos de mis amigos dicen que esto hay que pararlo. Unos proponen romper los ordenadores en protesta por eso de Internet, otros dicen que hay que centrarse en que no nos sustraigan las simientes del jardín, los más que habría que asomarse a la ventana a pedir ayuda a ver si alguien nos oye.

En la puerta aguarda un profe nuevo. Con venerable barba cana. Da un paso hacia delante, otro hacía atrás, y vuelta a empezar. Dice que nos enseñará el Catón, origen de todos los principios, y que preguntará a todos lo que queremos, para ver si le dejan hacerlo. Los mercados le sonríen y le dan palmaditas en el hombro. Se ve que el profe nuevo es un hombre feliz, nunca soñó que llegaría a ocupar ese puesto, en realidad él iba para registrador de la propiedad ¡qué edificante historia de superación personal! Por eso, está radiante. No como el todavía titular, esta pobre, hoy, marioneta, que sigue deambulando por el aula, tapando agujeros, y destapando todos los boquetes que le piden sus superiores.

Cada día estoy más preocupada. En realidad, de lo que más tengo ganas es de gritar. Y eso que por todas partes me aconsejan que no me inquiete. Apenas nos queda nada. Sólo una enorme pantalla de televisión. Con voces muy sonoras, tranquilizadoras y monocordes.  Y, en efecto, en ella nos aseguran que todo va bien.

De insultos y navidades

Cuando era pequeña inventé una forma de insultar a mi abuela materna absolutamente impune. La adoraba porque lo merecía en grado sumo y porque ya entonces intuía lo injusta que fue con ella la vida. Y el cariño era mutuo. Pero en los momentos de incordio algo hay que hacer para liberarse. Yo le decía: “¡Oliva!” en el tono adecuado para que entendiera perfectamente mi intención. Acudía entonces ella a mi madre:

-La niña me ha insultado.

-¿Qué te ha dicho?

-Oliva.

-Eso no es un insulto- respondía mi madre zanjando la cuestión.

Todavía no sabía yo que en el resto de España, llamaban aceitunas a las olivas, que, en absoluto hubiera sido lo mismo. ¿Cómo iba yo a llamar “aceituna” a mi abuela? Pero oliva sí, a mí me gustaba especialmente la palabra. Constituía por tanto un insulto cariñoso. Y a la vez reivindicativo. Y muy femenino en la línea que siempre nos han enseñado a las mujeres: el camino sinuoso, nunca directo, para lograr objetivos. 

Solo que… hubo un día que lo olvidé. Todo. Hasta llegar a desaprender las más hipócritas “armas de mujer”, perder el tiempo en disimulos, acosar dando vueltas, e insultar adecuadamente (cada digo más tacos y soy más políticamente incorrecta).

Toda la retahíla de improperios viene a mi mente ante tantos atropellos que contemplo. Sólo que la mayoría desmerecen también a colectivos completos. No tiene por qué considerarse despreciable ser hijo de puta, ni cabrón, ni marica por supuesto, ni hay que cargar a las familias con las culpas de uno de sus miembros defecando sobre ellos. Ni siquiera es un demérito ser tonto o insustancial, viene en el pack de nacimiento. Sinvergüenza, canalla, vendido, corrupto, putrefacto, inmundo, miserable, nauseabundo, sucio, repugnante, traidor… todos esos resultan más precisos. Aunque, a veces, se quedan cortos y, tal vez, sería preferible adquirir nuevos, con nombres propios. Seguro que se os ocurren unos cuantos. A ver quién resistiría imperturbable que le llamaran Berlusconi, pongo por caso. O Mayor Oreja, me califican a mí de «una Mayor Oreja» y me hunden en la miseria. Por cierto, los franceses ya pueden seguir increpando con el apellido Le Pen. Al ultraderechista de pata negra, le ha nacido un esqueje: una hija que barre en audiencias.

Comprendo que debería empezar a inundarme ya de paz y amor. Pero es que, al estado general de la cuestión, se nos da por añadidura la navidad. Un convencionalismo destinado a consumir desde hace ya décadas. Y a que familias y amigos que se quieren estén en juntos, si pueden, para olvidar por unas jornadas lo que ellos u otros tienen encima. O a que se junten por obligación quienes se llevan a matar. O a compartir la felicidad, que también puede ser.

Y por más que uno no quiera, no escapa. Sucede que esto de las navidades siempre ocurre los 24 y 25 de diciembre y los 31 de ídem y el 1 de enero. Y, claro, uno recuerda más por las fechas exactas lo que tuvo y no tiene o lo que podría tener o vaya Vd a saber. Aunque le suceda lo mismo el 11 de enero o el 7 de Noviembre, pongo por caso.

Y que ya está encima. Con los grupos de vociferantes ganadores de la lotería, dando saltos y bebiendo cava, rodeados de micrófonos y cámaras para que nos cuenten la gran novedad que supone ganar un dinero extra, y el delicado proceso de la compra del billete.  El mundo feliz. Vd. también puede. Compre lotería. Privatizada. Parcialmente, ya sé.

Los príncipes de Holanda se van a la Patagonia ¿Dónde disfrutarán de las fiestas los inauguradores del AVE? ¿Y los "mercados"?

Con posibles, es fácil huir de la navidad convencional. Pero ni eso, aunque, al lado de la miseria de tanta gente, uno no debe quejarse. Trataré de ser buena, dar y recibir felicitaciones, y, como me gusta cocinar, me esmeraré aún más en los menús sin gastar mucho dinero.

De momento, lo que la navidad me provoca, por infinidad de razones -de todos los colores y calideces-, es decirle: ¡Oliva!

Fues eso. Feliz Navidad. A mi familia felina, le encanta este vídeo:

¿Es la única solución plegarse a la UE y los mercados?

Ni en la peor de nuestras pesadillas pudimos muchos soñar lo que nos está ocurriendo. La implacable merma de derechos sociales decretada por los mercados en ausencia o connivencia de los políticos. La desfachatez de esas declaraciones que imponen desde sus Olimpos. Crecen las desigualdades sociales, ahondando en miserias y en obscenos enriquecimientos. Danza el mundo feliz en las pantallas de los televisores, entretanto, y una ciudadanía desinformada y asustada se constituye en pesada losa para el conjunto. Ningún autor de ciencia ficción del pasado previó tanto.

El histórico ex presidente socialista portugués, Mario Soares, lanza un grito, llamando a los dirigentes de su país y de España a plantar cara a la UE. Una Europa que ha traicionado el espíritu que la constituyó y hasta ahora la caracterizó, que pierde poder en hemorragia imparable, según sus propios eximios dirigentes reconocen, y que ni bailando en la cuerda con un pie, “tranquilizan” a sus amos los mercados.

La UE y todos sus componentes trabajan en el camino equivocado. Para nosotros, no para sus bien pagados políticos, ni para sus poderosos amigos. Lo aseguran incluso premios Nóbel como Paul Krugman, llamando a aumentar el gasto público como forma de salir de la crisis. En la desinformación que nos rodea, donde todo es opinable, los hechos demuestran que esa política funciona y no los ajustes que el neoliberalismo manda. El neoliberalismo que ha hundido, por ejemplo, a Irlanda en la miseria (y lo que le queda por sufrir), por más que cínicos conservadores, con Esperanza Aguirre a la cabeza, manipulen los datos, desdiciéndose con desparpajo de sus antiguas declaraciones públicas, en las que el tigre neoliberal irlandés era el modelo.

En este esclarecedor artículo –que recomiendo vivamente- el catedrático de economía y miembro de ATTAC, Juan Torres, nos explica la verdad de nuestras cuentas y a quién interesa nuestro rescate. La deuda pública española es de “600.000 millones de euros pero en relación con el PIB es casi veinte puntos menor que la media europea”. Y a ella contribuyen con entusiasmo comunidades y ayuntamientos neoliberales del PP y socioliberales del PSOE.

“La deuda privada española es mucho mayor que la pública. Las familias españolas deben aproximadamente un billón de euros a los bancos y las empresas algo más de 1,3 billones. Y, por otro lado, los bancos españoles tienen deudas, por su parte, tanto con el Banco Central Europeo (aunque fluctúa mucho, algo más de 60.000 millones de euros en estos momentos) como con otros bancos del resto del mundo, en una cantidad global muy difícil de cuantificar pero de cuya magnitud da idea el que tengan que amortizar unos 200.000 millones de euros en 2011 y 2012”, dice Torres.

Los bancos “del resto del mundo” son fundamentalmente alemanes, qué gran casualidad eh…

No entiendo qué pretende Zapatero en su huida hacia delante política, pisoteando su ideología, su programa, y a la sociedad que se comprometió a defender. Es un cadáver público, junto con el resto de su partido que traga todas las medidas antisociales, sin mover una pestaña. El registrador de la propiedad ya anuncia que también adoptará medidas impopulares, eso sí “con criterio” ¿con el de quién? El PP es una cateta marioneta de los mercados. Sin contar su manga ancha para la corrupción que hurta una considerable parcela de nuestro dinero público.

¿No tenemos pues más soluciones? Sí, decir ¡basta ya! Nada puede haber peor que el destino al que nos abocan “Bruselas” y los “mercados”. Vuelvo a Mario Soares, a su llamada vibrante y preocupada. De su excelente llamamiento a Zapatero y a Sócrates, destaco estas ideas:

«Lo que ocurre es que la política del Banco Central Europeo y de la Comisión se muestra decididamente economicista, en el sentido de que sigue los intereses especulativos de los mercados, sin rótulo identificador, y nos impone ajustes brutales en el ámbito social, ambiental, cultural y hasta educativo. ¿Para qué? Con el único objetivo de reducir el déficit y el endeudamiento exterior (de los que los especuladores han sido, en parte, responsables), nos arrastran hacia una peligrosísima recesión económica. Además de sumirnos en la parálisis política.

España y Portugal se cuentan entre las víctimas de esta estrategia obsoleta delineada por la señora Merkel y por el BCE, con el concurso de la Comisión Europea. Han sido ellos quienes nos han impuesto medidas durísimas para nuestros respectivos pueblos. No hemos podido evitarlas, de momento, para no vernos asfixiados financieramente.

Pero no debemos ni podemos quedarnos callados. Es hora de que suene nuestra voz, de decir basta y de exigir un debate europeo serio y transparente, para que el pueblo europeo comprenda hacia dónde lo están llevando los actuales líderes europeos.

La península Ibérica tiene autoridad y peso para hacerlo. Zapatero y Sócrates, en mi modesta opinión, deben entenderse en tal sentido, de modo que sean los primeros en denunciar la peligrosísima senda por la que está transitando la Unión Europea, antes de que acabe el año y sea tarde».

   De perdidos al río, presidente. Zapatero debe reaccionar y no arrastrar a España en su propia caída. Muchos agradeceríamos un digno gesto en este sentido. Coherente, sobre todo.

Ah… y…

Por qué son los jóvenes tan pasivos

Rita, una estudiante de sociología y ciencias políticas, aceptó sentarse en la mesa del CSIC en el debate “Críticos y ciudadanos” –del que ni un solo medio se hace hoy eco- y que se celebró con menos de «media entrada«. Le habían precedido hablando 5 profesores universitarios y un joven investigador que, por cierto, trazó un sombrío y angustioso panorama de su especialidad en España. Hipoteca, dijo, su carrera y sus vidas. “No nos vamos, nos echan”. Rita, venía baqueteada por la lucha antibolonia en la que se implicó, y planteó un discurso bien elaborado y enormemente pragmático, tanto, que me heló la sangre. A su juicio, las razones de la pasividad de los estudiantes universitarios se basa en estos puntos:

1) El fracaso de su batalla contra el plan Bolonia. La protesta era fundada: se consolida la dependencia del conocimiento a “la empresa” y sus sacrosantos beneficios. Aquí apuntó que sabía era un planteamiento corporativo, como el siguiente punto.

2) No hay reforma universitaria.

3) La relación de los jóvenes con la crisis es distinta a la de los más adultos. No se identifican con la figura del trabajador que se reivindica. Parece que tampoco en modo alguno con la del empresario o quien quiera que decida. Saben que “no tendrán trabajo fijo, ni subsidios, ni ayudas sociales, ni pensiones” y que «tendrán que residir con los padres mientras puedan». Vivirán peor que sus padres. Y lo han asumido.

Rita alberga cierta esperanza en las movilizaciones de los universitarios europeos, especialmente de los italianos que, según nos dijo, piden una renta básica, acceso a la vivienda y alguna cosa más.

Contó también que los jóvenes con inquietudes en la Universidad española proceden de muy diferentes ideologías que dificultan ponerse de acuerdo.

-Todos estamos muy deprimidos y nos sentimos muy solos ¿no vamos a poder contar con vosotros? ¿Puedes explicarme entonces, sencillamente, qué esperas que sea tu vida?- le pregunté desde el público.

-Tendré una vida, claro, pero distinta. Tratando de sacar partido a lo que nos brinde el sistema, esa renta básica, la vivienda… -, vino a decir.

Hace tiempo que lo vengo viendo: están derrotados de antemano, aspirando a vivir con las migajas que les deje… un sistema que no aspiran a cambiar. Adaptados a lo que les echen. Y Rita se implica y explica, otros ni eso. Con todas las excepciones que se quiera, pero ésta parece ser la tendencia. Ni siquiera una inmensa mayoría de los periodistas jóvenes se apartan del carril y el sometimiento. Salvar la parcelita y punto. Aún con la inyección de fuerza de wikileaks.

 

La concentración contra la detención de Assange me resultó, el otro día, igualmente demoledora. O más. Caretas –bebidas en la cultura audiovisual, me explican- para jugar a protestar. En el debate de El País del martes, otro joven –menos que todos estos- me abordó, sin presentarse, para decirme que no espere gente en la calle (que no la espero, lo he dicho muchas veces, hay que buscar otras formas), “la batalla se da en Internet”, dijo, «¿a golpe de clic?»y, él respondió ofendido:  esto termina por llevar, con la amplificación del mensaje, a acciones como las de los hackers. En ese debate sí había jóvenes, eran mayoría de hecho. Desorientados y rabiosos algunos de los que hablaron.

El 40% están sin trabajo, y es cierto que, si algo no cambia, no lo tendrán. Y que no les dará de sí el tiempo para cobrar pensión alguna, dado que nuestros políticos están poniendo ya el límite en 35 años trabajados para recibir el subsidio completo. ¿Y no piensan hacer nada más?

Educados en casa, con la tele y el ordenador, en el consumo y las marcas, a tiro de teléfono móvil para consultar a los papás qué han preferido la «seguridad» de sus hijos a verles tomar decisiones que puedan suponer riesgo, apagando sus iniciativas,  sus caídas y sus incorporaciones,  multiregalados, solos en ausencia de padres ocupados en ganar dinero para hipotecarse. ¿Tampoco les han hablado sus profesores?

Todos sabemos de la mala educación, inenarrable cómo fue la nuestra y puede que la que hayamos dado. Pero llega un momento en la vida el que se crece, se tiene criterio, y uno se convierte en responsable de su propia trayectoria y de sus errores. A cierta edad, muy pronto, ya nada es culpa de otros.

Muy cerca me dicen que es imposible que el sistema que están imponiendo los mercados llegue a triunfar plenamente. Y el revulsivo puede ser terrible. Y se está empezando a ver.

Decía el otro día el filósofo Manuel Cruz en La Ventana de la SER: “En Argentina, en Roma, en GB hay vandalismo. De los Gobiernos. Esta gente,estos chavales están luchando por la civilización”.

De lo que no parecen ser conscientes los jóvenes es de que en España todo es mucho peor. Que los derechos que roban a los europeos de más arriba les dejan en una situación idílica respecto a los que en España hemos tenido nunca. Estamos en multitud de cosas… “a la cola de Europa”. En el pesebre que nos preparan -que ya empiezan a conocer irlandeses y griegos, por ejemplo-, los mejores bocados del pienso que nos suministren se los llevarán ellos, alemanes, británicos, nórdicos, centroeuropeos, franceses. Hasta en eso nos quedarán solo las sobras. Porque nuestros políticos no luchan por nosotros, ninguno lo ha hecho hasta equipararnos, cómplices o vencidos por nuestra pesada carga, a la que ahora se añade la losa aplastante de la UE azul.

Realmente, bajo los adoquines no había arena de playa, pero aquella lucha de mi propia juventud por ejemplo, sirvió para que Rita y todas las Ritas pudieran ir a la Universidad. Eso al menos, nadie puede negarlo. Pero, por encima de todo, es que perseguir un objetivo de altura, hasta con ingenuas flores, llena la vida y la dota de satisfacciones. Aguardar las migajas no puede ser lo mismo.

Con 93 años, José Luis Sampedro, sigue llamando a la acción,  contrATTACacando. Tenemos muchas cosas por hacer. Concretas. No nos dejéis solos. Empezamos a ser unos cuantos muy mayores. Y a todo esto, no sé por qué los jóvenes son tan pasivos. Rita no me lo explicó.

http://vimeo.com/17807239

La mutación del ave del paraíso

Circula por la Red un vídeo de enorme éxito que muestra un prodigio de la naturaleza. Lo rodó la BBC que aún sigue siendo una televisión –pública- generadora de contenidos, a pesar de los mercados. Por el momento, al menos. Y llevo un rato meditando sobre lo que he visto.

El ave del paraíso es un pájaro de Nueva Guinea Papúa. Y tiene un empeño: conquistar a una pajarita. Para ello estima que ha de sorprenderla, alucinarla, y así caerá rendida a sus patas. Y muta.

No sé si la Naturaleza se imita a sí misma, pero vivimos tiempos de grandes transformaciones. Los socialistas se transfiguran en neoliberales y demagogos, y nos decretan estado de alarma, mientras permiten que las eléctricas nos suban el recibo de la luz un 10%, tras el 7% que ya se incrementó el precio este año, y ven cómo pagar menos en pensiones arguyendo no sé qué de la esperanza de vida, mientras no cortan las prejubilaciones y el 40% de los jóvenes están paro. ¡Alehop! prestidigitación. Claro que ellos conservan unos retiros estupendos en nombre de su excelsa labor en beneficio de la sociedad. Y dicen, también,  que «quien reta al Estado paga», que «no toleran chantajes«… mientras pierden las plumas por tranquilizar a eso que llaman los mercados. No sabemos cuál es su meta. Conquistar a la sociedad parece que no. Será a los grandes emporios. ¿Para qué? ¿Para lograr su amor o qué?

Los conservadores no mutan, nada, nada, lo suyo no es mutar, sino mantener las esencias, cuanto más rancias mejor. O quizás sí transforman algo: su pasado con el fin de aparecer como tiernas palomas. Pero también agitan el plumaje al sol para cegar el raciocinio, y en este caso sí, lograr su deseo: la cópula perfecta, la que desahogue su instinto urgente. La pajarita puede darse por preñada.

Los mercados, los grandes poderes, no se disfrazan ya: evolucionan. En gavilanes, en cuervos. Ni se molestan en el baile del cortejo, aprietan con sus garras los gaznates, hincan su pico donde les place,  y ya tienen a los políticos, a la UE macrosoberana, al FMI y demás retahíla,  y a muchos medios de comunicación para danzar en ángulos perfectos y crear ilusiones ópticas.

El ave del paraíso de Nueva Guinea Papúa se embarca en tan poderoso esfuerzo por amor, o por deseo, o por lograr un instante de placentero goce sexual. Aunque no, parece que estos machos van con intenciones serias: a sus malabarismos los califican los expertos de “nupciales”. La hembra Paradisaeidae (su nombre científico) debe ser bastante exigente y selectiva. No es un efecto. Científicos han estudiado y explicado cómo puede darse semejante fenómeno.

Sigo meditando sin embargo: quizás la hembra es bastante más condescendiente de lo que parece, por qué hace falta tener muy atrofiado su único ovario operativo para ceder a las pretensiones de este macho, en lugar de salir corriendo. Está pajarita está muy tonta. Tanto como nosotros. No me lo negaréis.

El periodismo en la era de Wikileaks

 

Quien quiera puede saber -por múltiples fuentes-, las palabras textuales, las filtradas por quien destaca con un criterio subjetivo, las ya digeridas, todas las que se dijeron en el debate “El periodismo en la era de Wikileaks”. Ese hito por el que hemos tenido acceso a una masiva información confidencial que deja en cueros a muchos gobiernos, y que publican 5 grandes diarios del mundo. Qué os voy a contar que todavía no sepáis al respecto. Así que yo me voy por vericuetos personales para comenzar. Tal vez, sólo tal vez, os será útil. Apenas seré crítica, prefiero hoy sumar que restar.

Llevo el periodismo en las venas desde que, muy pequeña, comencé a leer el diario “Pueblo” que traía mi padre por las tardes. Frente al encorsetado entonces Heraldo de Aragón, aquel vespertino –atenazado como todos los medios por el franquismo- rezumaba una savia nueva que me cautivó. Había un tal Copérnico (nunca supe quién fue) cuyas sentencias recorté, guardé y me hicieron perder, por cierto. Y estaba Josefina Carabias, una pionera. Por ella entendí que las mujeres también podíamos hacer ese fascinante trabajo, cuando parecía que nos estaban negando todos, salvo coser, lavar y planchar. Hace muy poco, José Luis Sampedro, testigo del siglo, me contó que Josefina se empleó de camarera en el Hotel Palace para escuchar los secretos de los políticos que allí se reunían, y contarlos. En eso estriba todo, hoy y siempre. Luego llegaron… los malos tiempos, y ella se marchó a París de corresponsal.

Josefina Carabias

Así que entenderéis que, con wikileaks, haya vuelto a ser gozoso leer los periódicos y que ayer me encontrara en el debate plenamente en mi salsa. Porque allí se habló de periodismo todo el tiempo y con voces seleccionadas con especial criterio y sensibilidad, hasta sin complejos. Allí estaba mi querida Alicia Gomez Montano que me permitió despedirme del trabajo en TVE pudiendo dar rienda suelta a mi creatividad, y, que, a pesar de sus cargos directivos, es como una hormiga-obrera del periodismo. Y Nacho Escolar, a quién adopté (como heredero, sin que él lo supiera) muy poco tiempo después de conocer su trabajo. Y Giles Tremblet que, desde hace años, es como mi sueño de una Europa española y de un periodismo de altura. O Javier Bauluz, un premio Pulitzer español que en otros países estaría en los altares y que hoy lucha con empeño y coherencia por su periodismo humano. No conocía a Borja Bergareche de ABC, reivindicando su juventud -33 años y para subdirigir un periódico conservador- interlocutora. Ni a Javier Moreno, a quien uno ve en la distancia en el Olimpo de su alto cargo, pero que a mí me ha demostrado que, por encima de todo, ama el periodismo, vibra y lucha por él. Y abajo, en las butacas, había más periodistas –algunos en mi nómina oculta de herederos- y una ciudadanía anónima ávida de saber. Por tanto, yo estaba ganada y encantada.

Hasta cierto punto, claro está. Cuentan hoy que asistieron al debate 750 personas, hasta en salas contiguas, sentadas en el suelo. Casualmente igual –algunos menos- de los que congregamos en el acto #contrattacando, con muchos menos medios. No eran los mismos, éstos, mucho más jóvenes. Por tanto, debe haber unas 1.600 personas que se molestan en moverse para buscar respuestas. El acto en twitter y el propio eskup de El País fue seguido –eso sí- con una amplitud fuera de lo común. En casa, a punta de clic en el ordenador. Cuando Borja Bergareche, sobre todo, quería indagar quién era Assange, quién le financiaba, si El País había pagado por la información, Javier Moreno casi saltó al evidenciar que ningún político había pagado por los hechos hoy revelados. “Ni un fiscal general del Estado”, me apuntó después Nacho Escolar.

No es tiempo de Watergates, me había lamentado yo en el coloquio también… buscando ayuda. Allí el periodismo derribó a un presidente. Y de los EEUU, nada menos. Los que reivindican el poder de Internet, como Javier Bauluz por ejemplo, señalan poco después que periodismohumano es seguido por 30.000, 40.000 personas, pero… apenas nadie pone el euro semanal que piden para mantener la página. Un euro, por favor, sostengámosles. Empecemos a hacer algo.

Se debatió, brevemente, si wikileaks ha hecho el periodismo que no hacen los periodistas, y si prima el negocio sobre el servicio público. Lo que sí comprobamos a diario es que los grandes medios (especialmente los informativos de televisión) se han venido basando en un periodismo de declaraciones, sin profundizar en datos, contexto o análisis, por el cual, los hechos documentados y las opiniones de la contra-información parecen tener el mismo valor. Y, para captar atención y vender, han explotado el espectáculo, el impacto sin fondo, el pasar a otra cosa porque todo nos aburre. ¿Hay tiempo todavía para estimular el pensamiento crítico y que la sociedad reaccione?

Lo que estamos viendo de nuestros políticos (aposentados muy tranquilos en sus mentiras a los ciudadanos) debería desatar una revolución, pero igual se convierte en un consumible más, que olvida y pide otros. Los hechos de estos políticos que cada día acaban con uno más de nuestros derechos, en total impunidad, porque creen que pueden jugar con la ciudadanía en el tablero del poder. Hasta ahora, sí han podido.

Hay irritación y rebeldía en una parte de la sociedad, conformismo y/o miedo en la mayoría. Algunos si se están moviendo, hay -pese a todo- un interesante caldo de cultivo. No sabemos cómo canalizar todo ello. Echarse a la calle no sirve para nada, pero pulsar una tecla del ordenador o el dispositivo móvil –solo- tampoco.

Sí veo el periodismo que siempre estuvo haciéndose huecos, y otro que a lo mejor despierta. Y que una parte de la ciudadanía se ha divorciado de él porque lo considera parte del problema. Mucha tarea por hacer. Pero ayer mi desánimo de los últimos días se enchufó al periodismo de quien aún puede hacerlo con amplia difusión… y me subió el nivel de las pilas. Quizás todos deberíamos buscar como recargarnos. Nos necesitamos.

 

Dudas ante las noticias del día

Ante las noticias del día (que podéis seguir en mi twitter por ejemplo) dudo entre dos actitudes:

    

   Argumentos en post anteriores y en las propias noticias.

   ¿Alguna sugerencia?

Prometeo (Manuel Vicent)

Publicado este domingo en El País:

Cada día hay más distancia entre los que saben mucho y los que saben poco, entre los que lo pueden todo y los que no pueden nada. Cada día son más los que obedecen ciegamente a unos pocos y es más profundo el vacío entre esos seres innombrables que ostentan el poder sin límite sobre nuestras vidas y la sociedad invertebrada que se mueve abajo como un ganado lanar. No obstante, existen unas reglas precisas para que la gente obedezca sin rebelarse, creyéndose libre. Ante todo hay que tener al público contento y culpabilizado, sin darle tiempo a pensar. En cualquier caso, será necesario agitarlo con un látigo para que baile y se divierta ante una hipotética catástrofe que se avecina. Se le azotará alegremente con espectáculos de masas, con la basura de la televisión, con un sexo imposible al alcance de la mano, con ídolos del deporte, que sobre los vertederos industriales de las ciudades erigirán unos cuerpos desnudos en las vallas publicitarias como productos deseados, pero en medio del sonido que desprende una fiesta semejante se deberá oír una voz potente que anuncie medidas dolorosas, necesarias e inevitables para salir de la crisis sin que se nos permita dejar de bailar. La voz repetirá una y otra vez que todo ha sucedido por nuestra culpa. Queríamos tener dos casas, un coche de gran cilindrada, ir de vacaciones de verano a Cancún o a esquiar a los Alpes, y no cesamos de consumir sin freno, de exigir trabajar menos y cobrar más. Protegidos por el vocabulario críptico de la alta tecnología, por el jeroglífico indescifrable de las leyes religiosas del mercado, el sistema hará que te sientas un menor de edad, ignorante y cómodo en medio de la mediocridad general, te hará correr agónicamente hacia el pesebre repleto de alfalfa y cuando te tenga del todo en sus manos te enseñará a balar. Pero recientemente ha surgido un nuevo Prometeo que ha vuelto a robar el fuego del Olimpo. El héroe mitológico se ha encarnado en Julian Assange, el creador de Wikileaks, al que han encadenado para dejarlo a merced de las alimañas. Ha sido el primero, pero pronto tendrá una legión de seguidores dispuestos a apropiarse de la alta tecnología informática, como del fuego sagrado, y entonces serán los corderos los que desafíen y suplanten a los dioses.

 Hasta hace pocos días lo hubiera suscrito punto por punto pero ahora me pregunto cómo saldrán los corderos  de su ostracismo ¿a la plancha o al horno? Empiezo a dudar que haya nadie capaz de levantar la enorme losa con la que la mayoría de la sociedad carga a quien intenta cualquier movimiento crítico con una situación que se hace por días más insoportable.

Paseando por el centro de Madrid

Los intensos atascos por doquier, me disuaden de dejar el coche en un aparcamiento del centro adonde pretendo ir. Caminaré, es muy saludable. Encuentro sitio frente al hotel Ritz que goza de zona completamente azul, 2,80 euros por dos horas, en lugar de 2,10 una hora como ocurre en la verde.

Enfilo la carrera de San Jerónimo. Algunas de sus señorías abandonan el Congreso y toman un taxi, salen también un par de enormes coches oficiales. Turistas intentan la foto imposible de la enorme puerta y los leones, y su chica, o su chico, en el centro que terminará con la imagen microscópica de su allegado en una vista parcial de la fachada del lugar donde, nominalmente, reside la soberanía popular.

Largas colas en Casa Mira para comprar turrón, del que se hace con buenos materiales, a 43 euros el kilo de jijona o alicante, según veo de refilón. Un cartel advierte que tengan cuidado con bolsos y monederos.

Hasta tres mendigos sin piernas pidiendo en la fachada del Palacio de la Puerta del Sol donde, también nominalmente, reside la soberanía popular de la región. Nuevas revelaciones de Gürtel, esa cosa tan fea que no impregna a los dirigentes de Madrid, me vienen a la cabeza recién leídas antes de salir de casa. Millones de euros en diluvio se nos han hurtado, de la forma que sea. ¿Pagará alguien por ello? ¿Prescribirá o se anulará por algún defecto formal?

Las colas en las administraciones de lotería de Sol superan a las del turrón de calidad. Un enano poco más allá, no vende ni un décimo con recargo en su chiringuito. Multitudes de hombres anuncio pregonan que compran oro. En el Ritz venden lingotes en máquina expendedora.

Afluencia en las tiendas, tanto de productos caros como de baratos. En la del fumador, donde acudo a comprar filtros, un matrimonio mayor adquiere una máquina eléctrica de hacer cigarrillos. 38 euros. Es para el hijo. El televisor al fondo, perennemente sintonizado en Telemadrid, muestra a Isabel San Sebastián, no veo al tertuliano de los coñitos. Pero está. Sigue colaborando. No puedo evitar informar –en voz baja lo hago- que el tabaco de liar ha subido esta mañana.

-¿Mucho? Pregunta el dueño, algo alarmado.

Contesto afirmativamente pero no digo la cuantía: más del 45%. Pronto venderán tabaco, de cultivo propio, en las esquinas de la noche.

 Pero las auténticas multitudes se agrupan en la puerta de unos grandes almacenes. Disfrazados algunos -que «se lleva» mucho esta temporada-, la mayoría con cara de felicidad aparente. Bajo el enorme monumento a la chabacanería en el frontal, exhiben un espectáculo igual de horroroso que el personal aplaude. Mi paseo me ha arrojado al mundo real, valiente estupidez la mía intentando informar de entelequias. Y queda hacer el camino de regreso.