Tiempos de héroes

Se llama Bernie Sanders y es un senador independiente por Vermont en pacto electoral con el Partido Demócrata de EEUU. Tiene 69 años y es el único político que se declara allí abiertamente socialdemócrata. Pese a las enormes dificultades para sortear el bipartidismo norteamericano, Sanders mantiene en su Estado el 65% de apoyo popular.

Sanders ha estado hablando en el senado durante 8,30 horas seguidas en contra de la prolongación de las bajadas de impuestos de Bush, entre ellas las que benefician a los ricos. Las ha impulsado Obama, junto a Clinton y junto a los republicanos, unidos todos como una piña. Este viejo luchador fue el disidente. Su largo parlamento trataba de impedir la aprobación de la prórroga.

Dicen que no es un “filibusterismo” en el más estricto sentido -una técnica de obstrucción parlamentaria constitucional en ese país-, pero mucho se le parece. La web del Senado estadounidense se colapsó para oírle clamar contra el poderío de su país que sin embargo desarma a las clases medias.

Paul Krugman analiza hoy en El País lo que implica la medida impulsada por Obama: “El presidente está sentando las bases fiscales para que se dé otra situación de rehenes de aquí a un año”. Obama había tachado de “puristas” a quienes le apoyan pero se oponen a esta decisión fiscal. Con matizaciones, el premio Nobel de Economía concluye:

La cuestión es que, al mostrarse más enfadado con sus preocupados seguidores de lo que lo está con los secuestradores, Obama ya está dando muestras de debilidad y dándoles a los republicanos buenos motivos para creer que pueden conseguir otro rescate. Y se puede dar por hecho que actuarán en consecuencia”.

Tendremos que preguntarnos muy seriamente qué diablos está ocurriendo en el mundo que no nos han contado ni, aún, los papeles de wikileaks. Está rendición incondicional con la sociedad servida en bandeja a no sabemos quién, ni por qué, el hambre para hoy y la penuria para mañana. Entretanto sabemos que no todos se conforman. El 60% de la población estadounidense –ésa a la que se califica de tonta en Europa- está que trina por la claudicación de Obama a los privilegios de los ricos. Qué vamos a contar que no sepamos y suframos. Contemplamos con admiración y envidia una Constitución (todavía) en vigor que permite cosas tan hermosas como el “filibusterismo”, unas Cortes parlamentarias que permiten la disidencia, unos políticos que la ejercen.

¿Nos informan, por cierto, de todo esto los telediarios? Igual merecería le pena. Sobre todo en los que, presuntamente, son públicos (bien común) y no persiguen intereses privados. Pero, hombre, si hasta disponen de anécdota de ésas que entretienen y una película histórica para apañar una lucida pieza audiovisual.

En “Caballero sin espada”, un pardillo, léase idealista, ejerce el filibusterismo magistralmente dirigido por Frank Capra e interpretado por James Stewart. Claro que fue en 1939 que la economía estaba bien fea, dónde va a parar. Claro que también ahora hay políticos como Bernie Sanders. En EEUU. Y lo que emociona ver a esos héroes aislados que se llevan todas las tortas, con perdón, y que solo parecen triunfar en las películas.

Manifestación de apoyo a wikileaks

 

   Se tomó el camino del globo. Por #wikileaks, contra #wikileaks, conspiranóicos del «queremos saber la verdad del 11S,11M…«, mayoría de caras «¿y qué pinto yo aquí?». Medios de «ponte detrás que hago la entradilla«. Cuando me he ido no habría ni 100 personas. Me han contado que luego han llegado algunos más, entre ellos, influyentes blogueros. Parece que ha sido la manifestación más numerosa de España. Lo que me pregunto es ¿dónde estaba el resto?

Dueños de nuestra propia vida

Susan George, presidenta de honor de ATTAC Francia, representa el mundo en el que vivimos en cuatro círculos concéntricos. El más grande, exterior, corteza que condiciona al resto, es la economía financiera (la búsqueda del dinero puro y duro). Le sigue, algo más pequeño, el círculo de la economía real, la que produce bienes y servicios. Más adentro y reducido queda el de la sociedad, y, finalmente, minúsculo en importancia, el planeta. Y yo empiezo a visualizar a las personas en esa tercera división constreñida, vagando ciegas en un sálvese quien pueda. Y es que probablemente uno puede construirse una burbuja en un trapecio, sin ser consciente de su inseguridad, porque no se ve nada más allá. Al menos hasta que la frágil bola de aire explota.

El equilibrio del mundo exigiría que los círculos concéntricos tuvieran exactamente la ubicación contraria. Primero la casa donde habitar, el planeta; después la gente, luego la economía que aporta realidades, y, por último, la entelequia financiera. Sucede justo al revés.

 En Cancún certifican un nuevo paso para seguir destruyendo el medio ambiente, en aras del negocio. Cumbre con tímidos avances, prórroga de negociaciones, «ambiciones», el mismo lenguaje retórico. La especulación financiera adopta un papel mucho más resoluto: dicta las normas a la sociedad, en ausencia o connivencia política. De forma implacable. 

Un banco suizo UBS –quién manda, manda- comenta que los bancos españoles necesitan 70.000 millones de euros y solo “para disipar dudas sobre su solidez”. En Islandia, tras una auténtico calvario, la población decidió en referéndum dejar caer a sus pobrecitos bancos, y ahora su economía está creciendo al 1,2%. Aquí, esos 70.000 millones saldrán de nuestras costillas.

Y hay quien no sabe hasta qué punto. Nuestra eufemísticamente denominada “reforma” laboral -llámale mejor hachazo- aún no es suficiente. Los presidentes del Banco Central Europeo y el Banco de España –dos neoliberales de pro- acaban de reunirse. Trichet pidió “medidas más profundas”. ¿Cuáles? Mencionaron una: “la negociación colectiva”, de la que se había hablado en España pero sin llegar a “reformarla”. Es decir, un siglo de derechos laborales al garete. Empresario y trabajador pactan las condiciones en ausencia de testigos molestos. De echarse a temblar.

Resaltar esta realidad parece que no es suficiente. Abruma. Menos mal que muchos (sí, más de los que pensáis) tienen la televisión para aliviar las penas y sobresaltarse solo con lo que mandan sobresaltarse. El cierre de CNN+ nos deja solo -salvo excepciones aisladas- con trivialidad, basura y ultraderecha. Y es grave. Compruebo, cada día más estupefacta, que una inmensa mayoría de la población española se sienta ante el televisor para engullir lo que le echen. Sin el menor sentido crítico. Cuantos más globitos en la supuesta información, más calidad tiene la cadena. ¿Cuenta la televisión los datos de la actualidad que he reflejado, convenientemente contextualizados como para que la audiencia se entere de lo que sucede? No, vivimos en la era de la desinformación aunque parezca lo contrario. Y es que, a lo peor, la gente se asusta, o se aburre, y en todo caso, dejan de comprar y de ser carne de cañón.

Varias personas me han comentado que tienen “la esperanza de que todo se arreglará”, la crisis, todo. Al preguntarles en qué hechos se basan para ese convencimiento apuntan que  es “su impresión” -¿no será su deseo?- y ese sibilino “así ha sido siempre, el mundo tiene siglos de Historia y siempre se han resuelto los problemas”. Sí, en la Edad Media costó solucionarlos 1.000 años. Creo que, si no se actúa,  no viviremos para verlo.

Esta población acrítica –que tan a fondo se han trabajado los poderes (económico, político y mediático)- es una pesada rémora para intentar algún cambio. Cada uno de los cuatro pilares del caos (poder económico, político, mediático y sociedad acrítica) acarrean una seria responsabilidad en lo que a todos nos sucede. En serio, que papá es un lobo para el niño y hemos de ser dueños de nuestra vida.

Las revelaciones de wikileaks, la desmesurada reacción en su contra porque está dejando en evidencia a los poderes, comienza a abrir una esperanzadora brecha. Ya intentan cerrarla a través de la socorrida contra-información, displicentes habituales, indiferentes y «agobiados de tanto lío«. Esta tarde, numerosas capitales del mundo van a registrar manifestaciones a favor de la libertad de expresión, de que se conozca la verdad como quieren evitar. Algo hay que mover para que la pesada corteza de la economía financiera no termine por ahogarnos. Del todo. Pero sí es cierto que la ingente tarea puede terminar por abrumar y paralizar. Porque para una gran mayoría, hoy también ha comenzado un nuevo día de la marmota. Pero hay entre otros, dos finales opcionales: elige.


Comienza un nuevo día de la marmota

Mientras los viajeros en tierra lloraban en los aeropuertos y la ciudadanía se irritaba con los privilegiados controladores –más que nadie muchos privilegiados periodistas-, mientras nos lo contaban exhaustivamente y el gobierno decretaba el estado de alarma, la gasolina registraba un subidón épico: un 3,36% en las dos últimas semanas. Ya está, en España, a 1,23 euros el litro de la más común, a un paso de su récord en 2008. En la UE también se ha incrementado el precio de los carburantes. Algo más. Lo pagan, a 1,40, solo que ellos ganan el doble y el triple que nosotros de sueldo. Y no parece muy proporcional.

La debacle financiera de 2008 venía precedida de un alza histórica tanto de los carburantes como de los alimentos, convertidos ambos en materia de especulación. Ahora hay barra libre para todo.

Varios factores influyen: la depreciación del euro frente al dólar. El mayor consumo de los países emergentes. La reducción de la producción. La especulación. Me ha encantado este titular tan descriptivo: “Apetito por las materias primas”. Los mercados, entiéndase. Nada, chicos, no os privéis. Todo ello para que el barril de Brent ande ya por los 91 dólares en tendencia alcista. En el fatídico verano de 2008 se puso en más de 140.

Como vemos, el alza actual de la gasolina no se corresponde absolutamente con el precio del barril. Lo que ocurre es que los países, en especial España, lo han cargado de impuestos. En tanto, los emergentes subvencionan el combustible.

Los males que los expertos nos auguran por la elevación de la gasolina son muy poco halagüeños: subirán los precios de todo y se frenará el crecimiento. De todo lo leído, destacado ahora este párrafo:

“La subida del petróleo supone, de forma automática, incrementos en la inflación. Y eso puede llevar también al BCE a endurecer su política monetaria (subidas de tipos, abandono de las compras de deuda pública, menos facilidades financieras a la banca), como algunos consejeros del banco central piden ya. El efecto en el crecimiento también sería inmediato. En un reciente análisis, el organismo supervisor calculaba que un incremento del 10% en el precio medio del crudo restaba tres décimas al crecimiento del PIB en la eurozona en tres años. Y situaba a España entre los cinco países más vulnerables”.

Todo esto se cuenta en esas aburridas páginas económicas de los periódicos más serios. Los desinformativos de televisión siguen dando la barrila con los controladores. O dedicando un apartadito discreto –en el mejor de los casos- a las ya terribles revelaciones de wikileaks. Incluso con errores de bulto que es aún mayor delito. Puñaladas traperas y gracietas varias también tendrán preferencia. Y volveremos a llorar e indignarnos, que tanto desahoga, por la caída de una estrella del cada vez más sucio deporte de competición.

Hoy, también, es el día ése en el que se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos ¡Qué bonito cuentan que fue aquello! Y se entrega el nobel de la paz. No se entrega, vamos. Que China no deja salir a su chico, Liu Xiabo, condenado a 11 años de cárcel por redactar un manifiesto democrático. Una venteina de paises no acuden al acto, en solidaridad con China. Unos por ser tan dictatoriales como ella, otros por mantener negocios que no quieren perder. Merece la pena destacarlos, el conchabeo político tiene grados: Afganistán, Argelia, Arabia Saudí, Argentina, China, Colombia, Cuba, Egipto, Irak, Irán, Kazajistán, Marruecos, Pakistán, Rusia, Serbia, Sri Lanka, Sudán, Túnez, Venezuela y Vietnam.

Y nada, entretanto, a Assange lo tienen incomunicado. Digo yo que será para que nadie le agreda o le diga cosas feas, o le abracen con demasiada efusión. Este sábado, la ciudadanía no mediatizada pedirá su liberación y libertad de información.

Una chica de twitter, me ha recordado lo que yo digo siempre, que vivimos en el permanente día de la marmota. Con lo útil que es para todos la memoria y la cooperación.  

Assange: ellos sabían hacerlo

De repente, un hombre que difunde información que los gobiernos no quieren que sepamos, se convierte en el enemigo público número 1. Menos mal que wikileaks “solo cuenta trivialidades y cotilleos” como dicen los displicentes habituales. La persecución a Julian Assange no tiene precedentes conocidos. Ni a Ben Laden se le ha acosado con tanta saña. Así que sabían cómo hacerlo.

¿Por qué entonces no actúan de la misma forma con los auténticos forajidos de nuestra estabilidad?

¿A cuántos traficantes de droga, de sexo, de armas, de dinero e influencias, corruptos, ladrones, dictadores, sátrapas, pedófilos, violadores, contrabandistas, defraudadores, desfalcadores, malversadores, evasores fiscales, usureros, mafiosos, han cerrado las cuentas los bancos suizos? A los nazis les costó lo suyo.

Visa y Mastercard que admiten transacciones de todos los enumerados y además del Ku Klus Klan ¿estiman que es más peligroso un hombre con información?

¿Por qué no se cierran las vías de difusión de toda la inmundicia y sí las de wikileaks?

¿Dónde están los Lieberman y similares para atajar el crimen organizado a todas las escalas?

¿A qué seguridad atenta, según los políticos, la información que ellos nos ocultan? ¿A la de los Estados o a la de sus gobiernos?

¿Por qué?

Assange y Wikileaks, los periódicos que difunden los contenidos, se han revelado como un auténtico catalizador de la más dañina hipocresía. Sabían cómo cortar el paso a “su” enemigo ¿por qué no lo hacen con los nuestros?

A partir de ahora, debemos exigir nombres, direcciones, vida sexual pormenorizada, cuentas corrientes, de quienes –por ejemplo- dijeron un día que España no tenía solvencia para desestabilizarnos premeditamente. De quienes juegan en bolsa con nuestro dinero, nuestros derechos y nuestro futuro. ¿Dónde están sus cuentas, sus servidores, sus tarjetas de crédito clausurados?

¿En qué momento de sus vidas nuestros políticos se creyeron con derecho a instalarse en el Olimpo y confundieron Estado de los ciudadanos con “su” gobierno?

Ni la KGB, ni la STASI, ni la CIA, ni el MOSAD lograron un despliegue mayor para invalidar y detener a un hombre y a una idea, como el que los supuestamente democráticos gobiernos –unidos como una piña, ahora sí- y sus colegas empresariales han emprendido contra Assange. ¿Por qué?

Pero ha llegado un tiempo nuevo. A las buenas o a las malas. Hackers anonymous y una creciente rebeldía ciudadana parecen estar en la tarea de no permitir que pongan puertas al campo. Su soberbia y desvergüenza les llevó a pensar que podrían hacerlo. Si estamos equivocados que nos expliquen por qué no han actuado igual contra quienes atentan a diario contra nosotros. Y cuándo los políticos dejaron de ser… nosotros. Y con qué derecho.

 Estos coreanos, se lo toman con humor:

Todas las protestas son inútiles o ilegales

 Destaco: Islandia sale de la recesión y crece un 1,2%,tras votar en referéndum  dejar caer a sus bancos en quiebra, causantes de su calvario… y no entrar en la UE ni de broma.

 Se diría que todas las reacciones ante el estado de inmundicia que nos rodea se nos presentan como inútiles o ilegales, del mismo modo que -nos aseguran- los grandes placeres hedonistas son pecado o engordan. No hay un solo sistema legítimo para protestar, se le cubre de inconvenientes. Para putearte desde los poderes vale todo, como en el cerdo. Muchos medios contribuyen de forma entusiasta a que rija esta apreciación. La protesta ha de ser masiva, o alguien debe robar un jamón en su transcurso, para que se le preste una mínima atención. Pero ellos mismos aplican el ya llamado «linchamiento mediático» para sofocar cualquier rebeldía.

Las reacciones humanas son variopintas y muchas veces impredecibles. Los griegos de todas las edades, los estudiantes británicos y hasta los italianos abducidos por las teles «berlusconianas«, andan seriamente irritados y a palo limpio con y desde la policía –como vemos en el vídeo-. Uy, qué miedo. ¿Cómo harán esas cosas?

Los nenes y no tan nenes españoles entretanto se enganchan al botellón –ha crecido el consumo de alcohol-, viendo a ver si entienden que quiere decir algo tan profundo, oscuro, críptico y elaborado como las Rimas de Bécquer, tal como vi ayer a unos adolescentes talluditos contar en una tele. Nada que no saben que quiso decir el poeta por ejemplo con esto:

“Cuando me lo contaron sentí el frío

de una hoja de acero en las entrañas,

me apoyé contra el muro, y un instante

la conciencia perdí de donde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,

en ira y en piedad se anegó el alma,

¡Y entonces comprendí por qué se llora!,

¡Y entonces comprendí  por qué se mata!”

Y muchos, la mayoría de la población española, se distraen persiguiendo zanahorias voladoras mientras les roban todo el huerto.

Los irlandeses también protestan. Tienen por qué. Las alegrías del tigre neoliberal las van a pagar durísimamente los ciudadanos. Despidos de funcionarios, subida de impuestos, reducción de los subsidios por desempleo e incapacidad y las ayudas familiares. Los 6.000 millones de euros que deben ahorrar para pagar su “rescate” han de salir de las costillas de los no privilegiados y favorecidos por la crisis.

Pete héteme aquí que Islandia ha reaccionado de otra forma. Otra joya de las políticas neoliberales para enmarcar, fue el primer país en caer. Dijeron entonces que se debía a no formar parte de la UE. Eso les ha salvado finalmente -estar atrapado en la tela de araña de la Bruselas inoperante y azul dificulta mucho la tarea-. Cierto que son apenas 300.000 personas, y nórdicas –que ayuda-, pero ya salen del agujero, están creciendo… tras decidir en referéndum dejar caer a los bancos. Ahora se ocupan en buscar a sus directivos y demás responsables de su quiebra para juzgarlos y encarcelarlos. Ya hay algunos en prisión. Está pasando. Lo estamos viendo… pero la noticia no abre ningún telediario.  Nosotros nos disponemos a votar neoliberal puro –que tan buenos resultados da como se ve- o neoliberal converso con tintes autoritarios. Y a pagar religiosamente lo que manden Bruselas y los mercados. Las zanahorias nos gustan más que a los conejos.

¿Qué hacer entonces? Resulta que sacar dinero de los bancos era peligrosísimo para el sistema y los sistematizados. Y que Cantona lo dijo en broma. Los islandeses marcan un camino. Y una creciente e iracunda opinión pública no mediatizada y supremamente harta que abre cuentas para sostener a wikileaks allá donde los poderes establecidos se las cierran. Boicots a quienes boicotean la libertad de información, que nos está permitiendo ver lo que piensa EEUU de sus más preclaros socios, que ya sabemos es “opinión de parte”, perfecta maniobra disuasoria. Ponerles la soberanía popular en bandeja o apoyar golpes de Estado (Mauritania) no parece una minucia.

No está todo atado y bien atado. La paciencia tiene un límite como han demostrado los islandeses. Un día, en todos los órdenes de la vida, se ve claro cuál es el camino que conduce directo al precipicio. Veremos despeñarse a los idiotas, cantando las melodías impuestas. En Irlanda, en todos los países derrotados a manos del liberrímo mercado en realidad, arrastraron a toda la población, salvo a los elegidos para la gloria mercantil, bien es cierto.

Igual hay que robar jamones. De atrezzo para que no nos entrullen pero nos presten atención los medios. Y, sobre todo, nunca os creáis que vivir engorda o es pecado. Huid de rémoras y amebas. Al menos, es el único consuelo, gratificante y pleno, cuando el mundo se hunde a nuestro alrededor. Hay un espacio inmenso desde la tierra hasta la luna. El pragmatismo nos está matando.

Tal como somos

 

Me fui a dormir tras ver por enésima vez “Tal como éramos”, una película con varios de mis adorados dentro: Sydney Pollack,  Robert Redford o Barbra Streisand. Tangencialmente, toca el tema del «macarthismo«. Durante la noche he soñado que recibía una especie de telex, en papel blanco de rodillo y sello oficial. La firmaba algún cargo a quien conocía pero ahora en un tono muy serio: “a partir de ahora, será conveniente que lea tus post antes de ser publicados”. Los sueños es lo que tienen, que mezclan realidad con temores y recuerdos, incluso recónditos, y ¿por qué no? con una rodaja de butifarra del Ampurdá en la cena. Así es el cóctel humano.

   Suelo hacer un ejercicio mental al despertarme: ¿Cómo está todo? Mi vida, el mundo. A Julian Assange acaban de detenerlo esta mañana con acusaciones que apestan a complot. A wikileaks, le taponan los caminos. El tecnológico, con el alojamiento de su web, y el financiero. Comenzaré por esto último. Aunque la sarta de perrerías sufridas por el osado australiano es amplia. La tenéis aquí. Un banco suizo, por ejemplo le cierra la cuenta a Assange. Argumentan que él no es suizo. Me pregunto cómo la neutral Suiza acoge los dineros de tanto corrupto de cualquier nacionalidad. Me responden que éstos tienen testaferro suizo. Va a ser que el fundador de wikileaks no es un chico de testaferros. Intenta otras vías, las que deberían ser norma: sin trampas. En las finanzas, además de en el periodismo, como ha demostrado.

  El alojamiento de su web se está solucionando. Cuantos más servidores le echan cediendo a las presiones de censura, más le abren vías nuevas. El senador norteamericano Lieberman ha hecho cruzada de su empeño en tapar la boca a wikileaks. Con éxito. Solo que no consigue por completo ponerle puertas al viento.

   “La censura no debe de ninguna manera aceptado por ninguna empresa de cualquier lugar. Y en EEUU, las empresas de EEUU deben hacer de ello una posición de principios. Debe ser parte de nuestra marca nacional. Estoy segura de que los consumidores en todo el mundo valorarán a las empresas que siguen por este principio«, había dicho Hillary Clinton no hace mucho.

  Corren por Internet otras frases históricas de archivo. Las tomo del Agente Smith:

   «Cuando se trata de flujos de información, creo que cuanto más libremente circule la información, más fuerte será la sociedad, porque entonces los ciudadanos de los países del mundo pueden pedir responsabilidades a su propio gobierno»

Barack Obama, noviembre de 2009, en China

«Incluso en países autoritarios, las redes de información están ayudando a la gente a descubrir nuevos datos y a hacer a sus gobiernos más responsables».

Hillary Clinton, principios de 2010.

  Zapatero también habló ayer del caso. Celebrábamos la Constitución en alarma. Dijo que “wikileaks atenta contra la seguridad de los Estados”, manía de confundir Estados con Gobiernos ¿Cuándo olvidó que los Estados son los ciudadanos y sus derechos? A la información, por ejemplo.

  Todos, en la fiestecilla con canapés del Congreso, hablaron mucho de los controladores. Es tema de moda y en loor de multitudes. Y Bono aseguró varias cosas: “quienes recurren al chantaje para defender privilegios siempre son los culpables” ¿todos? ¿los mercados y el imperio también? El gobierno no ¿verdad? Y esta otra: “este sector ni ha «vencido» en esta ocasión ni «vencerá» quien ose intentar de nuevo «echar un pulso al Estado» mediante el «chantaje”. Aviso a navegantes, el mango de la sartén es nuestro.  Nos lo distes.Y con calor popular que adora la mano dura paternal. Lo dejo así en «paternal«, que es como mucha gente la ve.

   Al despertarme, y tras ese rápido vistazo al estado de la situación, pongo la radio. La SER contaba que esas altas jurisdicciones que se ocupan del caso de los controladores “darán un trato de favor a quienes demuestren que recibieron coacciones y denuncien a los instigadores”. En la emisión han dado más datos de los que contiene la noticia en la web. Al menos la cuentan.

  Y me veo yo el dilema de quienes han de reconocer (y confesar) que fueron unos débiles mandados, coaccionados ¡pobrecitos!, añadiendo a su ignominia (personas sin voluntad alguna) la delación. Real o para escurrir el bulto, que las penas van a ser graves. Y como son unos privilegiados la sociedad se alegra mucho. De vómito.

 En la retina, aún también, Espartaco. De una víctima del machartismo que soñó, erróneamente, que a él le pasaría esto:

Constitución en alarma, Estado de Consumo

Era joven, tenía un precioso niño pequeño, estabilidad, el –para mí- mejor trabajo del mundo y el sol parecía salir todos los días. Una Constitución de consenso –es decir, que completamente no satisfacía a nadie- abría la puerta a un tiempo nuevo sin embargo, en el que enterraríamos el durísimo tránsito hasta llegar a ella. En apenas 3 años se habían restituido los derechos civiles que el franquismo cercenó… durante 4 décadas que aún pagamos.

Nunca imaginé que en el redondo 2010 el Día de la Constitución se iba a celebrar bajo “estado de alarma”, con el aplauso mayoritario de la población. Para poner “en su sitio” a un colectivo de trabajadores privilegiados –hoy bajo jurisdicción militar y privados de sus derechos laborales- que habían echado un pulso al Estado de… consumo.

De todos los artículos de nuestra carta magna el que realmente se ampara (a la española, hasta con las habituales trampas a los usuarios) es el 51: “Los poderes públicos garantizarán la defensa de los consumidores y usuarios, protegiendo, mediante procedimientos eficaces, la seguridad, la salud y los legítimos intereses económicos de los mismos”.

Los medios informativos, incluida la televisión pública en sus telediarios, contribuyen con ahínco a mantener la situación. Andrés Villena en Público, señala los principales hitos que han llevado a esto: “ el “rebaño” debía seguir una dirección firme marcada por una élite, por lo que los medios se dedicarían a “fabricar el consenso” entre el grueso de la población y sus líderes”.

El derecho al trabajo también está consagrado en la Constitución española. Artículo 35. 1. «Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo».

Pues bien, más de cuatro millones de personas no “disfrutan” de ese derecho en España, duplicando la media de paro de la UE. Y 350.000 (en las cifras más optimistas) se vieron privadas este viernes por decreto a una prestación de 426 euros mensuales. El Estado se ahorra así 840 millones de euros, aunque, por ejemplo, como apuntaba un comentario, entregue 1.400 millones de euros a los concesionarios de autopistas privadas para salvarles del fiasco que al parecer las administraciones no previeron.

A muchos nos hubiera gustado que los periodistas en activo preguntaran a estas personas que no van a ver entrar ni un euro en casa, de qué habían tomado el bocadillo o si sufren mucho estrés. Casi 30 minutos del telediario de anoche se invirtieron en contarnos las jeremiadas de quienes no pudieron volar durante 24 horas. Mal está, hubo casos contados dramáticos, pero ¿no quedaron ni 60 segundos para ver cómo se vive sin ingreso alguno en un drama continuado de días y días? Más aún, 5.600.000 trabajadores cobran menos del salario mínimo, lo que es ilegal. ¿No militarizamos a sus empleadores?

Artículo 47. «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación».

¡Qué divertido! ¿verdad? Esto es una utopía -el derecho de los consumidores ley sagrada-. El goteo de quienes se quedan sin casa pero con deudas al banco es constante, pero citaré un caso extremo. El de José Luis Burgos, un discapacitado que, en silla de ruedas, mantiene una huelga de hambre frente a una sucursal del Banco de Santander en Barcelona. Ningún gran medio le ha prestado atención. Ni se ha militarizado a Botín, por el contrario se le llama a consulta en la Moncloa. Y luego dice el gobierno que «quien le eche un pulso lo perderá».

Pero sigue el drama aeroportuario con esas pobres criaturas que lloran porque sus papás están nerviosos al no poder coger un avión. Y nos lo cuentan exhaustivamente, hasta hacerme quitar la radio o la televisión. Dos millones de niños viven en riesgo de desnutrición en España (no en Sierra Leona) porque su familia no dispone de suficientes medios para darles de comer. Ni medio minuto les dedican. Para ellos ni siquiera rige el Estado de consumo.

Pero el pulso perdido de los controladores nos “ha escupido en la cara”, dice otro comentario. Bien impermeable la tienen algunos, muchos, cuando el resto les resbala. Y jamás hablaré de caridad, jamás, sino de justicia.

Llueve intensamente en este Día de la Constitución lastrado. Yo adoro los días como estos, grises, húmedos, de gotas apaciguadoras. Pero me preocupa la idiocia de una sociedad que se deja manipular de tal forma en sus más bajos instintos, hasta pensar en la violencia contra otros asalariados que ni de lejos se embolsan lo que las protegidas «grandes fortunas«. Dice quien fuera presidente del gobierno de España durante 8 años, el inefable Aznar, que “el estado del bienestar no se puede mantener, no nos lo podemos costear”. No para pagarle a él por combatirlo cuantiosos emolumentos.

Escupen sobre nuestros derechos laborales y ciudadanos y solo nos irrita el ataque al Estado de Consumo.  Un nuevo periodismo se vislumbra, sin embargo,  con las terribles revelaciones de wikileaks y sus arriesgados actores, no sé si la España impenetrable le hará sitio en sus conciencias. Llueve y llueve realidad obscena para, seguramente, convertir las constituciones democráticas en papel mojado.

La carambola perfecta, rien ne va plus

La carambola les ha salido perfecta. Los controladores aéreos pusieron torpemente la bola en la mesa facilitando la jugada. La ciudadanía, infantil, egoísta y desinformada, encontró un chivo expiatorio. Se indignó y se asustó. Y allí estaba el gobierno para darle seguridad con una reacción contundente. Apoyémonos en las terribles pérdidas del sector, en el daño a la imagen exterior de España. Vamos, que el rescate anunciado desde la izquierda a la ultracaverna va a ser culpa de los controladores. Y el «y tú más» político y mediático para distraer. Curritos y medios neoliberales –prácticamente todos- gritan en distintos registros: “Privatización, ya”. Y cárcel. Y hoguera si se tercia. Las ejecuciones públicas para calmar el hambre hace siglos ya que se inventaron.

  Y temo por los controladores, por Cesar Cabo que ha dado la cara continuamente -intentando la cordura además en el paro que ocasionó el colapso aéreo-, porque el populacho fanático es muy peligroso.  Mucho más con España en «estado de alarma» y militarizada. ¡Quién nos lo iba a decir en democracia y por esta razón!

   Se da la paradoja de que un político que ha vivido largamente del Estado en diversos cargos, Ignasi Guardans, llama a la violencia contra los controladores en twitter: Si conoces a un controlador aéreo, sácalo de su cómodo anonimato entre sus vecinos. Hacen daño a ciudadanos inocentes escondidos en la masa”.  Macarthismo en estado puro. Visto en este imprescindible artículo.

Los niños y las mentes infantiles de cualquier edad precisan tener miedo para que venga papá protector y se lo quite. Entregan su vida y hacienda a cambio de una supuesta seguridad que siempre pide más. El miedo es yonki. El poder también. Fatídica casualidad la servida en bandeja por los controladores.

Son tantos desatinos los vistos y oídos en esas intensas 24 horas de paro aéreo que, en efecto, sí creo que ha quedado muy dañada la imagen de España. De sus gentes. El país del “yo”, de la víscera sin seso, que no piensa en el bien común como hace la gente educada. El que mira las hojas, las enmaraña y nunca ve el bosque, porque para ello se precisan perspicacia y criterio. 24 horas. Un día. Un ejercicio completo. Toda una vida. El desmadre. La carambola.

Y las privatizaciones, sí señor. Saquemos la pancarta para pedirlas, para suplicarlas. Los que las buscan para llenarse los bolsillos, y los curritos imbéciles, los bebés, los conejitos que persiguen la zanahoria que jamás comerán.

Veamos. Telefónica funciona, privatizada, fantásticamente para los intereses de sus dueños. Gana millones. A costa de, por ejemplo, cobrarnos a los incautos españoles las tarifas más caras de la UE. Repsol obtiene cuantiosos beneficios. Sus dueños y accionistas. Argentaria forma ahora parte del poderoso BBVA que compra bancos y se sienta en la Moncloa a consulta, o a dictar “consejos”. Todos lo hacen. No sigo con lo privatizado, la lista es larga ya. Todo eso era nuestro, del Estado. Ahora engrosa bolsillos privados y nosotros no vemos un céntimo. Por el contrario, presionan para que nos quiten los que nos quedan en aras del libre mercado y su voraz intranquilidad.

Y vayamos a los servicios de uso ciudadano. La empresa privada se basa en el principio de la rentabilidad. Invierte menos para ganar más. París tuvo que “renacionalizar” el agua por los problemas que causó la falta de inversiones del concesionario privado. Las loterías proporcionan enormes ganancias, ahora serán para cuentas privadas. El espacio aéreo estará mejor privatizado, sin estos malcriados controladores que han puesto en juego mucho en su torpe jugada. Pues igual se lleva el negocio Diaz Ferrán. ¿Mejor así?

Venga pues, abramos la puerta de nuestras casas, que entren a saco y se lleven hasta la ropa sucia para venderla. ¿Cómo se puede ser tan cretino si uno no va a rellenar su cuenta corriente con ello?

Así que la carambola… perfecta. Pasen señores pasen. Rien ne va plus.

Profundamente indignados ¿controladores?

Había, había, la indignación de los humanos tiene curiosos mecanismos. Veréis… durante un reportaje rodamos en una cárcel de Girona –cuando no había tantos medios de información teníamos acceso a todas las fuentes-. Como era habitual, un recluso se erigió en nuestro protector. Era un hombre adorable que nos facilitó mucho la tarea entre sus compañeros. Terminado el trabajo, tomamos un café enfrente con el director de la prisión y me contó su historia:

La mujer de este hombre se lió con otro señor. Terminó llevándolo al domicilio conyugal. Cuando los amantes decidían, echaban al marido a la calle y todos los vecinos lo veían aguardar a que la pareja concluyera su refocile sexual. El suplicaba desde abajo y no le dejaban entrar en su casa. Alguna vez, se asomaron a la ventana para mofarse de él. Pero, ay, un día le abrieron una carta dirigida a él… y los mató a los dos.

Nunca he olvidado el caso. En España se resume en que una gota colmó el vaso, los judíos -creo- dicen: nunca sabrás que paja rompe la espalda del camello. Me gusta más esta versión, es menos mecánica. Los seres vivos aguantan y aguantan hasta que dejan de hacerlo. Y la paja que derrota, que satura, es profundamente subjetiva.

De repente, la ciudadanía española salta en intensa irritación. ¿Se han hartado del goteo de parados? ¿De cobrar, quien trabaja, con Grecia y Portugal, los sueldos más bajos de la UE anterior a la ampliación al Este? ¿De nuestro miserable gasto social? ¿De tener las tarifas de telefonía y las comisiones bancarias más caras de Europa? ¿De la dictadura de los mercados? ¿De la sumisión del gobierno a los mercados y al todopoderoso imperio para lo que guste mandar? ¿De los dos millones de niños rematadamente pobres que viven en nuestro suelo y cuyas carencias familiares les llevan a la desnutrición?

¡No! es que los controladores aéreos han hecho una huelga sin avisar –que eso si está muy feo- y unas 350.000 personas se han quedado sin poder coger un avión. Con seguridad habrá entre ellos quienes precisen hacerlo con urgencia por motivos serios, pero ¡ay! es que estamos en puente y tenemos vacaciones, igual no podemos esquiar. La paja que ha roto la espalda española de la paciencia me produce náuseas. Egoísta, mezquina, inmensamente desorientada.  ¿Reaccionarán igual cuando «Bruselas» nos «rescate» y nos deje a pan y agua?

A los controladores, dicen, también se les rompió el espinazo con un decretillo de esos que salieron ayer para fastidiarnos un poco más la vida a todos. Y resulta que además son unos privilegiados, que cobran muchísimo. Igual son los que más pasta se llevan de todo el Estado ¿verdad?

No, no, que esto no se puede aguantar. ¿Qué dirán los mercados? ¿Se intranquilizarán y nos mandarán directos al rescate? Como dicen por ahí, igual así entienden que hay muchos españoles con posibles para coger un avión y no todos viajamos en burro.

La reacción ha sido ejemplar y ejemplarizante, no faltaba más. Periodistas indignados echan broncas a los perturbadores del sistema –los controladores, sí- como no lo han hecho jamás -¡dios mío! ¿y su amada objetividad?-. Y el gobierno se calza un par de esos para militarizar el espacio aéreo -¡jesús, qué susto!- y para decretar un “estado de alerta” que deja en suspenso derechos ciudadanos y por primera vez en democracia. Vaya, vaya.

 Tengo muchas más preguntas:

Recién privatizada parte de AENA, cuándo controladores, pilotos, o cargadores de maletas hagan huelga ¿se sentarán en el consejo de ministros los presidentes de las empresas dueñas de nuestro espacio aéreo para adoptar medidas?

¿Por qué no decretaron el estado de alarma para Díaz Ferrán cuando dejó en tierra a miles de pasajeros en las entrañables navidades?

¿Detendrán a los volcanes cuando escupan lava y paralicen el sector aéreo?

Había algo que sí iba a movilizar a la ciudadanía española, al gobierno y a muchos periodistas, lo había. Sorpresas que da la vida. Existen mecanismos democráticos para las huelgas que los controladores no han cumplido, sin duda, pero a mí no me conmueve apenas la indignación social por este hecho. Me da pena en realidad. Por comparación. Así que, para que no se quiebre mi espalda, me voy a dejar llevar.