Un 9,8% ha subido la luz, 3,9% el gas natural, 3,13% la bombona de butano, 3,9% las tasas aéreas, 13% el litro de gasolina, 2,94% los sellos de Correos, 1,44 % el peaje de las autopistas,3,1% los trenes de cercanías, 2,3 AVE y larga distancia, 1,1% las tasas que han de pagar los ciudadanos por la prestación de servicios públicos. En algunas casos más, la expedición del pasaporte electrónico pasa a costar 25 euros, de los 20,20 que cobraban ahora., 25 céntimos de media la cajetilla de tabaco.
Entre tanto, sueldos y pensiones no contributivas (el resto están congeladas) han experimentado un alza del 1,3%.
La tarifa de luz española supera la media europea. Fuente Eurostat.
Es uno de los países (con Grecia y Portugal) donde se cobra el menor salario mínimo de la UE anterior a la ampliación a los países del Este. Y con menor gasto social. Por tanto, para nuestro poder adquisitivo, esos elevadísimos precios multiplican estas magnitudes. Si la mayor parte de nuestros vecinos cobran el doble y el triple que nosotros, esos pagos les salen por la mitad o un tercio de sus ingresos por sueldo.
Seguimos teniendo una progresión de impuestos que favorece a las grandes fortunas.
La retahíla de los agravios comparativos daría -dió- para un libro. Lo dejo aquí como muestra.
Pero los babianos (gentilicio de Babia) -que, por añadidura, debe ser tierra de mansos de solemnidad- están hoy contentos porque disponen una de las leyes antitabaco más restrictivas del mundo. Y porque ya ¡comienzan las rebajas!
Y hacen perder un tiempo precioso en discusiones bizantinas de opiniones, sin datos, tomando con fruición las hojas del rábano, mientras otros se comen el fruto.
El mismo libro -el primero de la trilogía Milenium- cuesta en España 22,50 euros, y en el Reino Unido 5,19 Libras, lo que al cambio son unos 6,08 euros. Viene ahora con descuento, pero nunca costó más del equivalente a 9,36 euros. Y os recuerdo que en Gran Bretaña cobran el doble de sueldo que nosotros.
Un año que ha pasado excesivamente deprisa, constato al mirar las entradas del blog de los primeros meses que parecen de ayer mismo. Al menos, el repaso sirve para ver la trayectoria: todo lo peor que se gestaba, cuajó como en las peores pesadillas. Llamábamos a 2009 “el año de la crisis”, y era apenas el signo que indicaba un cambio de paradigma. Sus autores perdieron incluso la vergüenza para hablar claro de sus objetivos. En Febrero se reunieron las Hedges Funds en una cena para, por primera vez que recordemos, decir sin tapujos que “hundir el euro era una gran oportunidad de negocio”. A lo largo de 2010, vimos las primeras protestas de los griegos que aún no habían sido rescatados pero que tenían sobre sí la Espada de Damocles que terminó por caer sobre ellos. Luego sería Irlanda. Estamos comprobando que suele suceder, nadie la para.
Asistimos a la xenofobia del PP, enarbolada con pasión por esa guerrillera de labios hinchados de botox (lo que indica una escala de valores) que tienen en Cataluña, y que incluso ha cosechado algunos votos más que sus predecesores. Además de confortar el corazoncito fascista, daba réditos electorales. La sociedad también volcó más su odio y desconocimiento sobre los emigrantes. Así lo veía Manel Fontdevila en Público.
Mientras en EEUU, con Obama en caída libre, empezaba a gestarse y reunirse el Tea Party, en España, los salvadores de la Patria, de su patria, también salían del armario. Un sujeto en La Razón llamaba a un “cirujano de hierro” para solventar la cuestión. Y así siguieron. Y ahí están esperando. Son los mismos que crucificaron a Baltasar Garzón con el apoyo entusiasta de presuntos progresistas.
Cada vez que se mentaron en el blog el fascismo o el machismo se desató la polémica con comentarios masivos a favor y en contra. Nada ha registrado mayor atención militantes que esos temas. Luego también tenemos en el «haber» a un buen número de practicantes de ambas aberraciones.
Y sí, hemos contemplado la metamorfosis de Zapatero en neoliberal entusiasta, tras haberse resistido a mermar derechos sociales. Pero es que la UE no le quería, ni le querían los mercados. Ni, lo que es mucho peor, el Financial Times. Y los más impensables recortes nos dieron en toda la boca. Como las insostenibles alzas de precios en uno de los países con menor salario de la UE. Y con menor gasto social. Y con mayor número de parados.
Eneko.20 minutos
Y hay que vender a manos privadas lo poco que nos queda, porque ellos quieren hacer negocio, y ellos son los que mandan. Y el gran camelo demagógico de la solución al conflicto de los controladores que reveló, además y de nuevo, lo peor de la sociedad española. Y esa sociedad que salió en masa a la calle para aclamar a la selección de fútbol, ganadora del Mundial -que está muy bien- pero que parece incapaz de mover un dedo para solucionar sus problemas. ¿Para qué seguir?
Pero los años completos, como balance, no serían nada sin la propia vida. Encontré en Arco un árbol rojo que dormía en su cama sin colchón ni sábanas.
Sleeping tree. Xavi Muñoz
Pero 2010 ha sido para mí un año especial en los afectos. Amanecía turbio. No sólo me habían robado Europa, sino también Europa en Suma, idea y gestación mía. Y me dolió. También por el desencanto con personas que defraudan. Pero encontré a ATTAC, y por esa idea sí merece la pena luchar y esforzarse. Y resulta que ATTAC estaba lleno de personas. Estupendas. Una, por fortuna, me echó el anzuelo y me devolvió al río donde nadar: Paco Altemir. Una joya.
Y existían también el blog y las redes sociales. Alguien me dijo una vez: “no necesito más amigos”, y me dio mucha pena. Por él. El Congreso de Internet de Huesca, los 1001 medios de Granada, me ayudaron a poner cara, también, a otras personas. Y muchas me gustaron. Voy a citar incluso a algunas: Rosajc, Virginia, Bárbara, Javier Barrera, Pedro de Alzaga, a Javier Pérez de Albéniz, cómo no… oh, y muchos más, no debo seguir enumerando porque haría un post kilómetrico. Más.
He hablado este año con pasión y reiteradamente del periodismo que se hundía. Altamente preocupada. Y vaya que sí, el cierre de CNN+ ha sido una completa metáfora. Pero… con nuevas sintonías entrañables.
La muerte se llevó José Vidal Beneyto que era un norte para mí, sin que él lo supiera. Aunque me trajo, en carne y hueso, a Federico Mayor Zaragoza en su misma línea. Y me dio dos sonoros zarpazos con el fallecimiento de José Antonio Labordeta y Luis Mariñas, tan cruciales de alguna forma en mi vida.
Como tantos otros, me hundo y me levanto. Y lo comparto con vosotros. Porque muchos os habéis unido a ese grupo de apoyo que son mis amigos de siempre. Una maravilla recuperar en contacto intensificado, entre estos últimos, a Juan Tortosa que acaba de quedarse sin trabajo al cerrar CNN+. O a mi antigua vecina, Virginia Mataix que reaparece tan esplendorosa como siempre. Por el blog. Y, del blog, os citaría a todos los más asiduos, pero entenderéis que, para resumir, me quede con Soto, seguro que vosotros haríais lo mismo. A todos, asiduos y esporádicos, perdonadme por no “nombrar” a la que sería, de nuevo, una lista interminable.
Y había más por ahí, para charlar a cualquier hora… y en la misma longitud de onda. Quiero abrazar a Paula porque aún llora por lo que no debe. A la ingeniosa Carmen. A la grandísima Ángels. A Antonio (Piezas) imprescindible ayuda para todo. A Enrique Meneses, enorme luchador entrañable. Y a Víctor, en equipo de lucha y calor.
Y siempre tengo a mi hijo David, eterno resorte para las ideas y el estímulo.
La casa llena. Es más lo que hay que lo que se ve.
Red House de Xavi Muñoz
Algunas ilusiones alumbraron en ráfaga para saber que es preferible sentir y “sentirse” vivo, porque, vivo, existe la esperanza. Las uvas, por primera vez en mucho tiempo, vienen “mediollenas” de ánimo. Hoy es igual que mañana, simplemente hay que seguir el camino, procurando no desfallecer. No siempre es fácil. Hoy, casi menos que nunca. Pero a pesar de todo, ¡Feliz 2011! Igual podemos conseguirlo.
Empieza a ser francamente molesto que se nos acuse a los liberales de todos los males de la sociedad. Nosotros lo que adoramos es la libertad. Muchos políticos socialdemócratas ya nos han entendido. La economía solo funciona en libertad y esos ajustes que están resultando “impopulares”, subidas de precios, mercado laboral como debe ser -mayor rendimiento para nosotros que somos los que invertimos y menos costo- van en el buen camino. Es la única forma de que funcione la economía. La búsqueda egoísta del bien individual que decía el bueno de Adam Smith repercute al final en una mejora de toda la sociedad. No somos “malos”, y resulta ya más que irritante esta incomprensión, todo lo hacemos por el bien nuestro naturalmente, pero igualmente por el bien de ellos.
Una persona que recibe ayudas y subvenciones, bien pagada, con buenos servicios, carece de estímulos y no progresa. Se duerme a la bartola. No, no puede ser, la sociedad mejora en la precariedad. Uno tiene que buscarse las castañas. Nada te lo dan hecho, bueno, salvo la herencia de papá quizás, que sí, viene bien. Pero siempre ha habido clases ¡no te fastidia! Algunos de éstos que hoy se quejan, si espabilan, gozarán del mismo éxito que nosotros.
Vergara.Público
El negocio es lícito ¡faltaba más!, es la esencia del ordenamiento económico. Hay grandes posibilidades de beneficio en multitud de sectores que la izquierda fracasada se empeñó en gestionar para todos, y tan mal en muchos casos. El espacio aéreo, las loterías, las agencias de colocación, máxime ahora que hay tanto paro. Menos mal, ya digo, que Zapatero y su gobierno, al menos, lo han entendido. Se juegan mucho en realidad. Nos debe dinero. No importa por qué, los problemas se acometen tal cual están, no en su génesis. No es rentable la pérdida de tiempo. Y, vale, sí, rescataron el sistema financiero con fondos públicos ¿Pero qué hubieran hecho sin nosotros? Todo se hubiera ido a pique. Y ahora hay que pagar, con el dinero no valen los sentimentalismos.
El Roto. El País
¿Que nos aprovechamos de contactos y amistades para obtener contratos? Naturalmente, el liberal se encontró a sí mismo el día que descubrió la familia, los amigos y las tradiciones. Y, sí, ¿Para qué vamos a pagar más impuestos si podemos pagar menos? Cualquiera en su sano juicio lo haría.
Fontdevila. Público
Hay críticos incorregibles que nos atribuyen el que haya gente que se muere de hambre, o que tenga que apretarse el cinturón ¡Que espabilen! Y si no sobreviven tampoco es un problema fundamental, y tiene la ventaja añadida de que ya no forman parte de la ecuación perfecta.
Porque la economía es el sistema, dejémonos de historias. Es un modelo matemático perfecto. Todos esos países que se han ido a la mierda por aplicar nuestras teorías lo han hecho por desviarse de la excelencia. Todos, todos, los países siguen estando demasiado regulados. El Estado tiene que estar para pagarnos cuando hay fallos, pero poco más, es una traba para el desarrollo, para el negocio.
Y, sí, debo admitir que el modelo matemático perfecto a veces comete errores porque no contamos con un factor muy irracional: el humano, que tiene un comportamiento variable, no exacto como debe ser.
Elrich. El País
Vamos, que algunos asalariados si no disponen de un empleo, dinero para comprar, a veces, en lugar de espabilar por sí mismos, entran en protestas y violencia. No rodos claro está, la mayoría no, pero hay algunos muy intransigentes. Y llegan a meter miedo a los políticos que en algunos casos terminan hasta por achantarse y rectificar. Ay, el miedo es una herramienta esencial para aplicar las reformas. Hay que amedrentar más a esos eslabones entre nosotros y el pueblo. Hacerles ver que rescatamos el país en un pis pás y entonces sí va a saber toda esa chusma lo que vale un peine. Lo han entendido bien. Saben además que si la cosa se pone fea realmente, tienen que prescindir del coche oficial, las comidas, los viajes, los teléfonos, las reverencias. Ahora ya, casi todos con poder, son de los nuestros. Es muy fácil aplacar las iras del populacho: se reprimen. Hasta donde haga falta.
Fontdevila. Público
La mala fama, de todos modos, también nos viene de los abusos de nuestra gente. Oye, que les abres la bolsa y algunos entran a saco. Se llevan el dinero a manos llenas. Ha pasado tantas veces, en Chile que tan bien nos estaba saliendo, en Rusia… La gente no es problema sustancial, se les enchufa la tele, los periódicos, los anuncios, se les brinda todo lo que podrían tener y ni se enteran. Unos pocos solo, y ya digo, se les reprime y santas pascuas. En el fondo, hemos sido nosotros mismos con la avaricia y la corrupción quienes más de una vez hemos fastidiado el sistema. Es el factor humano, ya digo. Un problema, por el momento, irresoluble ¿Cómo se podría erradicar?
Da disgustos esta gente que se queja. Bueno, molestias, como decía, tampoco vamos a exagerar. Menos mal que ya viene la parienta del super con las botellas de Moet Chandon, los jamones de pata negra, los corderos enteros. ¿Quién no quiere cenar así en Nochevieja? Que espabilen. Desde luego, rechazo taxativamente que sea nuestra la culpa que nos atribuyen.
La más precisa metáfora del terrible momento en el que estamos viviendo: termina un canal de noticias riguroso y progresista, con el dolor pero también la valentía de quienes se ven obligados a despedirse, y, sin dejar ni el respiro de un segundo, inunda la pantalla el ojo del Gran Hermano de vía ínfima, el de la basura, precisamente del que previno el premonitorio libro de Orwell. Y ni siquiera tanto. Más próximo al Mundo Feliz de Adoulx Huxley plagado de epsilones, a la memoria borrada de Farenheit 451 de Ray Bradbury, a todo lo que advierten pensadores actuales, minoritarios, al ser arrollados por la maquinaria de la cochambre que busca dinero a cualquier precio. Ha sido una de las imágenes más espeluznantes a las que puede asistir un periodista, o cualquier persona con sensibilidad y pensamiento crítico. Una bofetada.
Tenía recopilados numerosos hechos que han convertido este año en el de los inocentes. En sus peores acepciones, inocente equivale a tonto, necio, incauto, bobo, inexperto. Las redes sociales se llenan de las mismas bromas, que se resumen en una: se ha decretado la barra libre para los poderosos que, lejos de pagar los daños que causaron, oprimen a la población en un festín de incremento de los precios de todo lo esencial, de merma de derechos, de injusticias y agravios, mientras siguen sacando tajada -como nos cuentan de pasada, sin llamar mucho la atención, tantos medios informativos cómplices- para volver a cometer y aumentar si cabe las mismas tropelías que nos han traído hasta aquí. De momento, que el camino es largo y la usura voraz como pocas cosas. Y los políticos no solo lo consienten sino que nos venden el piano de cola para apartamentos de 30 m2, con una soltura de un jilguero en primavera. Y lo consentimos. ¿No somos inocentes, tontos, necios, incautos, jautos, bobos, inexpertos, mentecatos, sandios, memos, lilas, mamelucos, panolis, pánfilos, incapaces, inútiles, borricos, mendrugos, mostrencos, ineptos, memos, memos, memos? Cum laude.
No sé si es el tiempo de la risa. Ayuda, relaja, distiende. Sí, totalmente, de la tranquilidad y de la vida (es demasiado corta). Y de la lucha responsable. Inocentes somos también los ingenuos, candorosos, llanos, sinceros, honrados, confiados… idealistas. Y a mucha honra. El lenguaje se pervierte día tras día para vaciar los conceptos. Para señalar lo más peyorativo… ¿o es que no consideran los establecidos que ser ingenuo, candoroso, natural, honrado e idealista es ser cretino absoluto?
Una lucha de convicciones, el egoísmo y la generosidad, el yo y el bien común, el aquí me las den todas y el voy a ver qué puedo hacer. También por los imbéciles que nos lastran. No me hablen de buenos y malos, de Hobbes y de Russeau, conceptos morales maniqueos. Háblenme, quizás, de inocentes y culpables. Para lo segundos debe existir la justicia. Hordas masivas de idealistas, ingenuos y honrados para descarar las desvergüenzas. Cualquier día, casi todos los días, no hoy, hoy es nuestra fiesta.
Había luchado desde el centro regional de TVE de su Galicia natal porque España no fuera solo un Madrid con apéndices. Desde otras esquinas del país, otros jóvenes periodistas hacíamos lo mismo. Y, no únicamente eso, también defender el periodismo, casi inventarlo entonces, para lograr una sociedad responsable. Luis Mariñas fue un pionero maravilloso. Ha muerto hoy a los 63 años.
Dicen que las necrológicas se escriben para hablar de uno mismo, de cómo uno “le” conoció, pero puede que sea la única forma de que sepáis lo que sí sabemos quienes le tratamos. Un periodista excelente, y clave en la Transición. Hasta ese punto. Desde un singular “regional” para “19 provincias”, primero, donde se informaba en serio, desde el que se colaban las noticias de toda España en los telediarios nacionales, cuajando una aventura apasionante, también de camaradería. Aprendí mucho en aquella etapa.
Jefe de Nacional cuando Iñaki Gabilondo ocupó la Dirección de Informativos en un tiempo irrepetible. Director del TD2 con Manuel Campo Vidal presentando, tras el triunfo del PSOE. Le recuerdo, les recuerdo a todos, a gatas, ayudando en mi primer TD3, cuando Eduardo Sotillos, como portavoz, nos contó en directo en el estudio, entrando con el programa comenzado, que el Gobierno había expropiado Rumasa, lo que supuso una gran conmoción. Fue él quien me recomendó para ese puesto, y nunca me lo dijo.
Más telediarios, uno de los periodistas que más tiempo ha estado en pantalla. Luego llegarían las otras cadenas, poner en marcha los informativos de Telecinco, Telemadrid, la vuelta a TVE para iniciar “Los desayunos”, de los que lo echaron malamente.
Noté que algo había cambiado en esta sociedad cuando la gente empezó a confundirlo con “el otro Mariñas”, cuando la zafiedad anuló su recuerdo. No era un periodista más, incluso entrevistó a Sadam Hussein o Gorbachov y moderó uno de los primeros debates electorales entre Felipe González y José María Aznar. González le concedió la primera entrevista televisada tras perder las elecciones y abandonar la Moncloa.
Era enormemente atractivo desde sus ojos azules (que apenas se veían así en cámara), cálido, sensible, progresista, inteligente y culto, irónico, divertido, cautivador, y alguna vez sus fantasmas le vencieron. Ahora estaba bien, llevando una vida sana y esperanzado. Lo cierto es que empieza a doler demasiado ver como amigos y brillantes profesionales desaparecen. Estas edades son muy malas. Y uno se queda un poco tronchado. Aunque con el convencimiento de que hay que aprovechar de la vida cada segundo. Al menos, que alguien recuerde el auténtico valor de Luis Mariñas. Luis, que nadie se confunda.
La Audiencia Provincial de Castellón ha sobreseído la mayor parte de la causa abierta contra Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón. En concreto, considera prescritos delitos fiscales cometidos entre 2000 y 2003, años en los que no justificó ingresos por valor de 3.7 millones de euros, defraudando -según la acusación- una cuota de un millón de euros. La fiscalía anticorrupción le pedía 15 años de cárcel.
Los peritos de Hacienda analizaron 17.000 operaciones económicas de Fabra. Las cuatro veces que dijo le había tocado la lotería en 5 años, estarían justificadas como ingresos, no así esos casi 4 millones de euros. Los magistrados no discuten que los supuestos delitos se hayan cometido.
Ningún particular, aunque sea objeto de una injusticia, puede embarcarse en años de litigios pagando caros abogados… sin contar con condicionamientos añadidos. Si la administración de justicia precisa reformas y acciones que mejoren su funcionamiento, acometánlas.
A mí ya no me vale tanta impudicia y desvergüenza, cuando además se están recortando de tal forma nuestros derechos y, sin ir más lejos, nos van a subir la luz un 10%. Ni mucho menos los chistes con la «suerte»de Fabra. Este sujeto y todos los que lo secundan, si son afortunados realmente es porque la sociedad no reaccione y les trate como merecen. Máxime al ver que, como en tantas otras cosas, no actúan los poderes del Estado.
“Cierto es que casi todos los organismos internacionales han constatado la correlación entre corrupción y deterioro de la democracia, y han llamado a atajar lo que, dicen, no puede contemplarse en ningún caso como comportamientos individuales desviados, sino como putrefacción del ordenamiento social. A gran o pequeña escala, afirman esos organismos, se roba el dinero de todos. Incluso aquí hay enemigos de tradición tan acrisolada. «La corrupción es incompatible con la democracia, hiere gravemente a los propios fundamentos del sistema», afirma Carlos Jiménez Villarejo, nuestro primer fiscal anticorrupción. Pero ¿a quién le importan todas estas jeremiadas?”
Una sociedad que no reacciona está realmente enferma, derrotada, es carne de basura. La culpa de que todo esto suceda es nuestra, del pesado lastre que suponen para todos quienes ni ven, ni oyen, ni se implican en nada. De todos por no impedir este estado de cosas. Y en modo alguno es motivo de risa.
Actualización:
La Fiscalía anticorrupción recurrirá la sentencia de Fabra.
Los consumidores que promovieron la investigación afirman que la prescripción se suspende en el momento en el que se inicia la investigación.
González Pons encantado con la sentencia de Fabra, y acusando a los «fans de los banquillos mediáticos».
Paul Krugman, premio Nóbel de Economía 2008, publica en el New York Times un largo artículo con ése sugestivo título que, por cierto, toma prestado de un escritor. Krugman no tiene nada de «peligroso izquierdista«. Como alguien dijo en #contrATTACando, «¡cómo estará el mundo para que Krugman sea considerado de izquierdas!». U Obama, añado. Entresaco ideas para estimular neuronas aunque estemos abducidos por la Navidad.
«Cuando los historiadores miren atrás, a los años 2008 al 2010, lo que más les intrigará, yo creo, es el extraño triunfo de las ideas fallidas. Los fundamentalistas del libre mercado se han equivocado en todo, y, no obstante, ahora dominan a fondo la escena política como nunca antes.
¿Cómo pasó eso? ¿Cómo, después de que bancos fuera de control pusieron de rodillas a la economía, terminamos con Ron Paul, quien dice: “No creo que necesitemos reguladores”, a punto de encargarse de un panel clave de la Cámara de Representante que vigila a la Reserva Federal? ¿Cómo, después de las experiencias de los gobiernos de Clinton y Bush –el primero aumentó los impuestos y presidió un espectacular crecimiento en el empleo; y el segundo redujo los impuestos y presidió un crecimiento anémico incluso antes de la crisis–, terminamos con un acuerdo bipartidista para aún más recortes fiscales?»
(…)
Los fundamentalistas del libre mercado han estado tan equivocados sobre los acontecimientos en ultramar como en los de Estados Unidos –y padecido, por igual, pocas consecuencias–. En 2006, George Osborne declaró que “Irlanda es un ejemplo reluciente del arte de lo posible en el diseño de políticas económicas a largo plazo”. Uups. Sin embargo, Osborne es hoy el principal funcionario de economía de Gran Bretaña.
Y en su nuevo cargo, se dispone a emular las políticas de austeridad que implementó Irlanda después que reventó su burbuja. Después de todo, los conservadores en ambos lados del Atlántico pasaron gran parte del año anterior elogiando la austeridad irlandesa como un éxito rotundo. “El enfoque irlandés funcionó en 1987 a 1989, y está funcionando ahora”, declaró Alan Reynolds del Instituto Cato en junio pasado. Uups, de nuevo.
(…)
Sí, la política es el arte de lo posible. Todos entendemos la necesidad de lidiar con nuestros enemigos políticos. Sin embargo, una cosa es hacer pactos para hacer avanzar los objetivos, y otra, abrirle la puerta a las ideas zombis. Cuando se hace eso, las zombis terminan comiéndose el cerebro, y, muy posiblemente, también a la economía.»
Y para quien disponga de arrestos para acometer el artículo entero, aquí lo tenéis.
Y la sociedad adocenada, manipulada, siempre confundiendo el detector de zombis.
Lo tenemos crudo. Saqueados los centros comerciales por los consumidores como si les fuera la vida en ello (una vez más), una peligrosa incertidumbre más se cierne sobre nosotros. Se ha detectado en el espacio aéreo español un OVEI, objeto volante que empieza a ser identificado. El primer informe dice:
“Un anciano grueso, vestido de rojo, a lomos de un trineo, invade espacio aéreo”. Los controladores han dado aviso a sus superiores: los militares que dirigen el asunto en el estado de alarma en el que –aunque no lo creáis- vivimos. En algún momento se ha valorado dispararle sin más, pero como, ya somos muy civilizados, simplemente lo van a neutralizar. Y, como hay que comer langostinos, no se espera una resolución inmediata del problema. La nochebuena está perdida.
¡Dios mío! Los árboles de navidad se van a quedar sin regalos. Los niños españoles habrán de prescindir de su primera tanda (de tres) de obsequios. Igual se frustran y se paralizan ¿qué haremos? Los telediarios preparan conexiones en directo para, hoy, mostrarnos la calle Preciados desolada en paisaje de bolsas caídas. Los periodistas, atónitos, desnortados, sin poder incitar a la compra desaforada.
Papa Noel está enfadado. En realidad, no nos quiere. Es demasiado reciente el cariño español por él para un personaje milenario. Se prevén heladas, y él ya está encapsulado en una bolsa de malla, entre aviones que cruzan de un lado para otro. Grita, grazna, ora en nórdico, ora en inglés. Ni siquiera le ven, ni lo oyen, desde la vecina nube en la que viven las huestes del langostino. Lo peor será el despertar, siempre lo es, de la irrealidad.
Feliz Navidad, pese a todo, o lo que quiera que celebréis o no celebréis. La vida es una de las cosas mejores para brindar. Vaya por vosotros¡
Hace ahora 3 años justos que terminó mi trabajo en RTVE, y, lo que era mucho peor, en Informe Semanal. La vida siguió y siguió bien, explorando nuevos horizontes que resultaron -algunos- luminosos.
Quiero dedicar a los compañeros de CNN+ (que hoy concluyen también una etapa) fragmentos de un largo relato mío de esos que se escriben como terapia: ÚLTIMO TRABAJO EN LA FÁBRICA DE SUEÑOS. Y no es casual recurrir al tópico de los sueños.
Va para todos. Y en particular para mi amigo del alma Juan Tortosa que ha pedido directamente el finiquito porque no quiere trabajar para Telecinco. Para Iñaki Gabilondo figura cumbre del periodismo español, hombre tan comprometido como entrañable. O para Antonio San José. Para la coherencia de todos ellos. Que es duro a estas edades pensar en los cambios.
Pero también lo dedico a quienes tienen todo el futuro por delante con un presente (de esos que nadie puede quitar) esplendoroso como Silvia Intxaurrondo. O Carmela Ríos. Con esas ganas de trabajar base del genuino periodismo. En fin, a todos. Porque entiendo muy bien cómo se sienten.
La fábrica cierra sus puertas. O hace tiempo que lo hizo. O ya no las abrirá más para mí. Pero, si lo pienso bien, tampoco para los otros, los que cada día irán y ficharán la entrada y la salida como si todavía se elaborase el producto. Debo pensar en lo positivo: he sido una privilegiada, pocos consiguen vivir de lo que le gusta. Yo sí: me pagaban por trabajar en una fábrica de sueños. Los inventábamos de todos los colores y tamaños y, aún hoy, en este mundo que mira pero no ve, la empresa sigue acreditando una trayectoria consolidada en el mercado. Cada vez menos, eso es cierto. Nosotros fuimos los pioneros pero luego -al calor del negocio- surgieron muchos competidores. Sus departamentos de finanzas hablaban de una tarta a repartir y, aunque pareciera un contrasentido, no lo era probablemente asemejar ese dulce jugoso, colorido y siempre tan apetecible, a la fría contabilidad de los números. Porque no manufacturábamos tuercas en serie, ni siquiera embutidos, y me gusta creer que toda la entidad estaba impregnada del mismo espíritu.
(…)
Puede que nunca los sueños que fabricábamos hayan volado completamente libres o quizás sólo salieron algunos, a determinadas horas de la madrugada o, sí, justo en el momento de cerrar los ojos, con alas de águila que penetraban en las mentes dormidas de los clientes llenándoles de luz. La tomaban del reflejo de una montaña en una cumbre nevada, fresca y virgen y la depositaban al lado de su almohada. Recuerdo que una vez le pusimos a la luz color de magia, olor de tierra mojada y sabor –dulce y amargo- a cilantro, era una mezcla muy original. La luz es básica en un sueño. Abre horizontes, relaja. Los sueños oscuros en cambio suelen desembocar en un despertar constreñido y con mal sabor de boca. Como mínimo hay que poner una luna llena o dejar suficiente paz, tiempo y distancia como para que el cliente se sienta iluminado por las estrellas y aprecie los contornos. En esos casos el sueño oscuro puede dar un resultado excelente, pero es muy difícil dar con el tono justo, depende de numerosas variables. Se logra quizás por un sexto sentido o por experiencia. Ambas cosas, una u otra.
(…)
Lo importante sin embargo -y a veces se olvida al trabajar con material tan etéreo- es el contenido, dulcificar una realidad o un temor que angustia o convertirles en sultanes o sultanas de un harén de belleza. Sí, eso es precisamente lo más preocupante. El trabajo se dirige a seres humanos vulnerables al estar dominados por el subconsciente y haber desaparecido sus defensas racionales. Creo que aquí radica su trascendencia y la gran responsabilidad de los creadores, de los directivos, de todos. Hay que tener mucho cuidado, por ejemplo, con no llegar a crear adicciones y obsesiones. Los clientes que las padecen merecen un trato exquisito. Algunos piden casi cada noche alas y que les lleves sobre mares y montañas sin detenerse jamás. No se puede volar dormido eternamente para despertar en la misma cama y en las mismas cuatro paredes, para ir a la misma problemática fábrica seguramente. No se puede correr toda la noche, y noche tras noche, en busca de un sueño en el sueño o huyendo de un miedo. No es saludable nadar sin destino ni siquiera en aguas transparentes o vagar en barcos que nunca llegan a puerto. Y he comprobado que tras un período de sueños raquíticos con alfombras rojas donde ser aclamado o viajes narcotizantes a fiestas y saraos, quien más quien menos termina por aferrarse a sueños de vuelos interminables o travesías de conejo persiguiendo una zanahoria inexistente. Hay que ser muy preciso. A estos clientes se les debe dar, con mucho tacto, variaciones, opciones diferentes. Ni el sueño más hermoso sirve si se convierte en obsesión. Procuro, hasta para mí, aprender a distinguir la frontera entre el sueño y la realidad. Hacer que el uno sea soporte de la otra y ambos se alimenten para crecer.
(…)
A estas alturas de la Historia ya no sirven nuestros sueños, son otros los que venden y puede que nosotros no supiéramos elaborarlos.
Pero ya no sé con qué soñaré ahora. Habré de buscar alguna pequeña industria artesanal donde empezar de nuevo de alguna manera. Una producción selectiva para algunos amigos, mi familia y para mí misma. Porque todo lo que van a ofrecerme en las grandes factorías consolidadas para mi disfrute son sueños delgados, famélicos, con urticaria y alzheimer, desteñidos, con olor a salfumán y estiércol, con sabor a lejía, bellota verde y pez de río crudo. Y pesadillas, muchas pesadillas que, luego, maquillan y entran como pueden en las mentes indefensas que duermen para destilarles la idea imprecisa de un mundo mejor, que ya no es un sueño, ni una verdad. Mi último trabajo en la fábrica teje pues imágenes de naturaleza, tiempo, trascendencia, una brizna de esperanza. Mezclaré todos los resortes que conozco y, para imbuir mayor nivel de exigencia a los clientes, concluiré con un colofón («tariro» le llamabamos, ya ves qué confianzas) esperanzador, para hoy y para siempre:
Sueño es la caracola de mar que te lleva al paraíso para retomar la mañana y el «cafeconleche» con energía. Sueño es Segismundo sin salir de su encierro y sin ojos de la razón para saber. Quisiera seguir soñando en que los sueños que he de seguir fabricando como pueda, construyen pinceladas de ilusión que adornan la vida. Mi sueño es soñar con sueños que vuelan y que caen como semillas en quienes saben que los sueños no son ciertos, pero ayudan a vivir. Ven conmigo -quienquiera que seas- a bañarnos en la luna y las estrellas, a alimentarnos del agua de mar desalado con sabor a proteína de fuerza, a perfumarnos con el magma de la tierra, a teñir de rojo sediento y lluvia de paz los días. Nos levantaremos descansados e iremos a trabajar -o a cobrar el subsidio- para poder comprar pollo, lechuga, aceite y sal y, ahorrando, esa pequeña oficina que construya sueños de mentira -reales mientras duren- para soportar la realidad.