Como decíamos ayer…

La asesora de energía y cambio climático de Obama, Carol Browner,deja su cargo “sin una razón especial”. En EEUU se interpreta como “una renuncia a avanzar esta legislatura en objetivos ecologistas”.

El Gobierno español nacionalizará las Cajas de Ahorros con problemas. La recapitalización necesaria no superará los 20.000 millones de euros, según la vicepresidenta Elena Salgado. El Ejecutivo quiere que el sector busque ese dinero por sus propios medios: si no lo consigue -y eso es poco probable en algunos casos-, inyectará dinero público a través del fondo de rescate (el FROB) de forma temporal, con un plazo máximo de cinco años, y siempre que las entidades con problemas sean o se hayan transformado en bancos.

Algunas reacciones: el candoroso líder de IU, Cayo Lara, cree que así, con una banca pública (como tantos pedimos), se reactivará el crédito (le escuché decirlo en la tele). Esperanza Aguirre tiene una visión más realista: “El que pasen a tener dueño me parecerá muy bien. ¿Que las nacionalice el Gobierno? Pues bueno, si lo hace como lo ha hecho el Gobierno inglés para luego privatizarlas… Ahora, si es para que ahora el Gobierno se convierta en banquero, pues no me parecerá bien”.

Por lo demás, el imperio norteamericano quería que se aprobara la Ley Sinde (para proteger su poderosa industria). Lo contó wikileaks. Y ayer despejó su camino en el Senado, por un empecinamiento en su aprobación como en pocos asuntos se ha dado. Y con el estupendo consenso entre PSOE y PP, tan caro de lograr (repasad para qué cosas se ponen de acuerdo). No sé por cuánto tiempo podremos poner enlaces en los blogs. Ni por cuánto hablaremos con libertad. Son los tiempos que corren.

PD.

Interesantísimas, sin embargo, la razones por las que dimite Alex de la Iglesia como director de la Academia de Cine, en protesta por la Ley Sinde. Él mismo lo cuenta aquí.

Caos en las aulas

En la clase estamos muy preocupados. Algunos, bien es verdad. A la mayoría de los chicos se les ve muy entretenidos con piruletas, la nintendo, móviles y ordenadores en los que husmean el tuenti. Nos los dieron a todos, pero unos pocos preferiríamos estudiar, ya que estamos aquí, para llegar a ser adultos de provecho. Cada cosa a su hora.

Hoy ha venido una profe adjunta y nos ha dicho que está muy feo descargarse cosas por Internet. Que eso es robar. Y que no lo vamos a poder hacer nunca jamás. Claro que la hemos visto por los cristales hablar muy compungida con unos catedráticos norteamericanos que mandan mucho en el colegio, no sabemos por qué, y que gritaban ni se sabe. La profe ha señalado a unos cuantos de la clase con el dedo y hemos podido deducir que pedía ayuda a sus superiores estadounidenses para que convencieran a los díscolos. Entre los líderes de grupo, naturalmente, los chicos normales que protestan no veas las palizas que se llevan. En eso el profesorado es muy ejemplarizante, hasta al ejército han llamado en algunos casos.

Iban todos de un lado para otro. Algunos más de la clase han prestado atención, no muchos. Nacho, que es un alumno muy responsable, nos ha explicado a todos los que pasaba. Pero, entonces, han llegado unos señores que parecían empresarios, con unos trajes estupendos y relojes de marca en sus muñecas, han agarrado por la solapa a la profe adjunta y le han espetado con autoridad: O se para lo de Internet o ponemos a todos los alumnos, sin faltar uno, de cara a la pared. No sabemos bien qué pasará aunque se ve que quien más grita, es quien gana.

Con ser desagradable el incidente, no es ni con mucho lo peor que nos está pasando. Porque día sí, día no, se presentan en la clase unos tipos con muchas ínfulas. Se llaman “mercados” nos ha contado el profe, todos los profes nos lo cuentan. A veces vienen ellos en persona, otras -las más- nos mandan a sus delegados que disponen de muchos.

En lo que va de curso, nos han quitado los libros y los cuadernos, las mochilas, la pizarra, una pata de cada silla –con lo que es un suplicio mantenerse en equilibrio-, el bocadillo de media mañana y el postre. Las nintendo y todo eso no, el profe asegura que las necesitamos para estar contentos. A algunos nos parece que el profe sufre, pero es que todos vociferan mucho y bastante tiene con ir como una peonza por todo el recinto a atender lo que pide quien presiona más.

Ahora han venido, en medio de semejante guirigay, unos gafapastas que dicen ser de la OCDE ¿qué será eso? Sector mercados, sin duda. Han dado un empujón al profe y se han sentado en su mesa. Nos dicen que vamos a tener que dejar la escuela porque el mundo nos necesita trabajando. Ya. Para cobrar una pensión a los 70 años, precisamos emplearnos desde muy jovencitos. Anuncian que lo de los subsidios ya veremos, de todos modos, que se gasta mucho en eso. En realidad, vamos a tener que pagar por trabajar y muchas otras cosas que nos andamos pasando unos alumnos a otros en notas, muertos miedo, porque muertos de miedo estamos todos:  los mercados lo exigen, para ganar ellos mucho dinero, y comprarse muchos coches, y pisos, y joyas, y manjares, y viajes paradisíacos.

El profe, que parecía tan majo, anda de lado a lado del aula. Nos están quitando los zapatos, los guantes, las bufandas, los anorakcs, mientras, él sonríe para que no se enfaden los mercados.

Muchos alumnos siguen jugando con el ordenador. Algunos aprovechan el desconcierto, para mangar las tizas, los punteros, la pantalla, las mesas, que eran de todos. Nos cobrarán entrada hasta para salir al recreo, y el que quiera jugar a la pelota, o subirse a un columpio, tendrá que cotizar lo que ellos estimen. Los veo muy espabilados, creo que van para mercados. Y se entrenan desvalijando cuanto pillan. A mí, sin ir más lejos, unos chicos me han vaciado el bolso. Ni el móvil me han dejado.

Algunos de mis amigos dicen que esto hay que pararlo. Unos proponen romper los ordenadores en protesta por eso de Internet, otros dicen que hay que centrarse en que no nos sustraigan las simientes del jardín, los más que habría que asomarse a la ventana a pedir ayuda a ver si alguien nos oye.

En la puerta aguarda un profe nuevo. Con venerable barba cana. Da un paso hacia delante, otro hacía atrás, y vuelta a empezar. Dice que nos enseñará el Catón, origen de todos los principios, y que preguntará a todos lo que queremos, para ver si le dejan hacerlo. Los mercados le sonríen y le dan palmaditas en el hombro. Se ve que el profe nuevo es un hombre feliz, nunca soñó que llegaría a ocupar ese puesto, en realidad él iba para registrador de la propiedad ¡qué edificante historia de superación personal! Por eso, está radiante. No como el todavía titular, esta pobre, hoy, marioneta, que sigue deambulando por el aula, tapando agujeros, y destapando todos los boquetes que le piden sus superiores.

Cada día estoy más preocupada. En realidad, de lo que más tengo ganas es de gritar. Y eso que por todas partes me aconsejan que no me inquiete. Apenas nos queda nada. Sólo una enorme pantalla de televisión. Con voces muy sonoras, tranquilizadoras y monocordes.  Y, en efecto, en ella nos aseguran que todo va bien.

Y un día el ordenador fenece

Cuando hace 15 meses me decidí a seguir los consejos que me animaban a escribir un blog, pensé que no sería capaz de afrontar la técnica necesaria para llevarlo a cabo. Luego resultó que era mucho más fácil de lo que parecía. Un paso lleva al otro y se puede incluso hacer incursiones en el vacío (lo desconocido) para mejorar el resultado.

Me confieso una enamorada apasionada de Internet. Un inmenso océano se abre, con toda su riqueza –a desbrozar desde luego- de conocimiento, estética, innovación, y –especialmente- una población marina de todos los colores. Parece posible hasta llegar a la última sima de los Montes submarinos de los Músicos, en el Pacífico –que según miré una vez- pasa por ser el lugar más profundo de la tierra. Por eso saqué El Periscopio, para mirar sobre las aguas y zambullirme una y otra vez. Por eso comparto la opinión de Eduardo Punset.

Ahora bien, el “medio” para navegar, el ordenador, sigue siendo un objeto que miro con ciertas reservas. No conozco todos sus resortes y, a veces, me sobrepasa. Grito entonces en extraña vena religiosa “Ay, dios mío”, que es la versión hispana del “Oh, my god” de una vieja pariente: la novia de Indiana Jones cuando andaba el susodicho por El Templo maldito.

Hace unos días, mi ordenador se vio afectado por un grave percance. Lo tenía yo tranquilo y relajado en la mesa, sin mirarlo siquiera, cuando sufrió una succión de más de la mitad de los iconos del escritorio. Intenté abrir Internet y me salió un aviso que decía poco más o menos: ¿Desea activar el programa de suplantación de personalidad? (Opción recomendada). Creo que esta vez dije incluso “My god” ¿Cómo me proponía semejante barbaridad? Suplantación de personalidad, y encima como opción recomendada. Una tiene sus principios. Lo apagué de inmediato y lo llevé al servicio técnico habitual. Uno de los chicos, Manuel, me ha adoptado y cada vez que me ve aparecer con mi bolsa de ruedas muda de color.

Cuando lo traje supuestamente reparado, observé todas las desgracias que le habían ocurrido en su enfermedad. Adiós a los favoritos en donde cada vez guardaba más cosas esenciales por aquello de no dañar a los árboles con la impresión en papel. No había hecho una lista con ellos, no creo que vuelva a recordar qué tenía allí. Había desaparecido casi todo en realidad. Ni siquiera aparecía spotify que surge por generación espontánea allí donde me conecto con el portátil.

Pero faltaba descubrir lo peor: mi preciado archivo, todo lo que he escrito –los originales de 6 libros incluso, el avance del séptimo-. Sé que debía haber hecho un backup, guardarlo en alguna parte, pero siempre me ha dado pereza. Abrí mis documentos y los primeros archivos figuraban con un prefijo: una culebrilla y el signo del dólar. Palabra. Sé que esto los expertos lo entenderán muy bien, pero yo no.

Le doy a la tecla para abrirlo y me pregunta en qué idioma lo quiero. Varias modalidades de finlandés y japonés, o en turco. No perdí la calma. Lo intenté con otro y esta vez la oferta era más amplia, amplísima incluso, se añadía hasta el cirílico y el nórdico -que es una lengua arcaíca-, pero allí no figuraba el español por parte alguna. Le di a “europeo”. Y mi texto se abrió en cuadraditos. Únicamente cuadraditos ilegibles.

Fin de semana de inicio de Semana Santa. Apagué el ordenador. Lo volví a encender al cabo de un rato y, en esta ocasión, se puso a regurgitar palabras y signos blancos, sobre fondo azul claro. Al terminar, transcurrida hora y media, se quedó muerto y ya no hubo forma de volver a abrirlo.

Esta mañana he vuelto a coger la bolsa de ruedas para llevarlo a la tienda de reparaciones. Manuel dice que el disco duro se salvará. Espera. Y le va a practicar una cirugía drástica que lo dejará de nuevo operativo. No sé como saldrá de la operación. Confío en unos buenos resultados.

Ahora bien, el ordenador juega muy malas pasadas, tiene vida propia y hace cuanto se le antoja, máxime si alguien ajeno le incordia desde los confines de la Red. Hay que ser previsor y diligente y copiar y guardar lo indispensable, fuera de sus tripas. Pero no es un instrumento perfecto. Sólo un incendio o una inundación se lleva el denostado papel –que por cierto a mí no me huele a nada, salvo en los libros antiguos, los recortes de periódico amarillean con el tiempo y apena se leen-. Y, sin embargo, el ordenador sólo es un medio, Internet sigue allí, para el portátil, para otros accesos. Luego sólo es el almacenamiento en un único cesto lo que entraña peligro. El Periscopio puede salir desde otros puertos. A encontrar todo, hasta peces de colores.

Actualización 1 de Abril:

  Ordenador reparado y con prácticamente todo dentro. Gracias a vuestros consejos, creo que no volverá a darme un susto.

Política: suspenso “cum laude”

Día nublado y templado en Madrid. Sin ruidos de coches porque es festivo. Una delicia. Tanto como la espléndida primavera vivida estos días atrás. Lo maravilloso del tiempo son sus cambios, lo distintos escenarios que ofrece. Vaya esta sensación como saludo.

El terrorífico régimen comunista totalitario de Corea del Norte ha ejecutado a su ministro de Economía, porque –dicen- la ha hundido deliberadamente. Allí ejecutan ministros como nada, bien es cierto, y no siempre –o casi nunca- por las razones que argumentan. Pero el sucedido a este pobre señor da que pensar.

Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Ayer vi “Capitalismo, una historia de amor” de Michel Moore. Con envoltorio jocoso –para que no deprima– aporta datos y documentos incontestados del fiasco que nos asola. Congresistas norteamericanos, expertos, hasta religiosos, concluyen que no vivimos en una democracia. El poder político está secuestrado por mandos económicos que no creen en ella. Y asombra ver lo encantados que se muestran esos mismos políticos con su borreguil papel.

De cualquier forma, a Madoff, uno de los pocos causantes de la crisis que va a pagar por sus actos, un compañero de cárcel le ha roto la nariz y las costillas de una paliza. Los demás siguen felices, organizando cenas para ver cómo hunden más la economía, dado que ello les reporta mayores beneficios. El euro para ser más exactos, ya lo he referenciado varias veces. Y los políticos callados. Tan callados, que nuestra flamante ministra Elena Salgado ha aplazado la regulación de los ‘hedge funds’, -precisamente los “fondos de alto riesgo” sí, los que se reúnen en cenas-, como presidenta de turno del ECOFIN. Trata de incorporar al acuerdo a Londres, pero Londres dice que no, y bueno es Londres para que le lleven la contraria. Disfruta de un negocio estupendo con estas inversiones especulativas.

En casa, hoy tenemos libre ya a Luís Roldán sin haber devuelto los 10 millones de euros que robó, ni tampoco sus pisos, uno de ellos en París. El grueso del botín está escondido en paraísos fiscales, y ésa es otra de las cosas que no se toca. El Mundo –tan piadoso con los delincuentes- nos cuenta que vive de la caridad de un colega sin embargo, y que se ha casado con una rusa que conoció por Internet. Pero para conocer los pormenores de la historia hay que pagar. 

La Asamblea de Madrid era ayer un solar. Por la alerta de un twit tuve ocasión de comprobarlo. No se encontraba apenas nadie del PP en sus puestos –y cuando digo nadie, es nadie-, ni siquiera en la mesa presidencial. Alguna desazón les mantenía alejados de sus obligaciones. Había dimitido –cesado o lo que fuese- Güemes, mientras su imputadísimo suegro dejaba la Diputación de Castellón por enfermedad -alega-, se presentaba Tamayo a ver a Esperanza Aguirre y ésta le daba con la puerta en las narices, y Tamayo enfurecía dando nombres, entre ellos se cree… ¡el de la entonces mujer de Correa! Si es que el mundo es un pañuelo.

En medio de tanta desvergüenza PSOE y PP se conchaban para no cambiar la ley electoral que Ignacio Escolar, en sus post de cabecera, y con ayuda de Vicenç Navarro demuestra cuán útil nos ha sido: “como ha escrito en Público Vicenç Navarro, ese sistema electoral injusto, que nació bajo la amenaza del golpismo, es una de las principales causas del subdesarrollo social de España, el país con menor gasto social por habitante de nuestro entorno”.

Esta nueva aristocracia aupada por nuestros votos, olvida que la soberanía reside en el pueblo y que son meros administradores de la voluntad popular. Que se les exige desde estar sentados en sus escaños –aunque no hagan nada- a obrar por el bien común. La sociedad también olvida exigirlo.

Para remediar cualquier posible conato –ése que acaba rompiendo narices-, el Gobierno aprueba hoy la Ley Sinde. Los derechos de cuatro pelagatos -y algún artista- que cantan priman sobre derechos fundamentales ciudadanos como la libertad de información y de creación. Internet es hoy el océano inmenso del conocimiento y su libre acceso enriquece a la población, no lograrán encerrarlo en cajitas, pero entorpecen el camino. Los internautas desunidos -y en puente, vaya por dios- no ayudan a solucionar el problema. Por eso, suscribo esta otra sensata opinión de mangas verdes. Pero el día llegará con el supremo hartazgo.

De nuevo, en memoria de Vidal-Beneyto reproduzco sus conclusiones.

Sólo una movilización popular e intelectual, insistida y de gran calado, podrá ayudarnos a acabar con tanta patraña y tantas desvergüenzas… ¿Cuándo dejaremos de tolerar tanta ignominia, cuando pondremos fin a tanta abominación?

Sin acritud. De buen rollito. En primaveral día nublado. La política suspende con todos los honores del suspenso. Pero aquí estamos nosotros ¿lo estamos?

La Red

Viven en mundos endogámicos regidos por sus leyes. Apenas atisban lo que sucede alrededor, salvo para rechazarlo y combatirlo con miedo o con soberbia. En alguno de ellos aún andan empecinados en limitar el hecho social a normas morales que marca un dios desvirtuado por sus supuestos herederos en la tierra. Todo su horizonte se reduce al aborto, el matrimonio homosexual o los símbolos religiosos. En otro, se les observa atrincherados en un teórico poder de decisión, creyendo que cuatro leyes progresistas (aunque bienvenidas sean) solventan el gran caos en el que estamos viviendo. Recelosos, solo escuchan las voces de los amigos que piensan pueden sostenerles. Estos y muchos otros cuerpos celestes, etiquetados como políticos, se caracterizan por una gran cortedad de miras. Ven únicamente, como digo, los extremos de su territorio, su propia ordenación social. Hay también pequeños planetas ocupados por intereses sectoriales. Atesoran viejos privilegios y no piensan en que cada día giran sobre sí mismos y, aún menos, que lo hacen en un conjunto sideral. Se dedican a muy diferentes menesteres, pero todos se comportan de similar manera. Sobre todos ellos circula un sistema de astros habitados, enlazados entre sí en este caso, con una exigua pero poderosa población que se mueve entre el lujo y el boato. Ellos sí saben el universo en el que viven. Y lo usan.

Nunca antes existieron estos submundos aislados, o no de esta forma, porque nunca antes, tampoco, estuvieron sin saberlo tan conectados. La sociedad entre tanto sobrevive como puede. Unos se mueren literalmente de hambre sin tener qué llevarse a la boca, otros caminan como autómatas de tienda en tienda porque todas las Rosas Márquez cósmicas les ordenan consumir. Ninguna novela o película de ciencia ficción llegó a imaginar este escenario. Pero la mente humana no se detuvo como deben creer, a tenor de sus actos, esos mundos paralelos. Gracias a la innovación y la creación, hemos llegado a conectarnos en Red. Y hoy es posible saber, por encima de todos los reglamentos oficiales, que en cada crisis de este injusto sistema universal, la élite se forra mientras se empobrece más la ciudadanía, mermando de crack en crack su poder adquisitivo.

Los mundos endogámicos siguen girando a su aire. Sordos, ciegos, inútiles. Pero algo sospechan y por eso, movidos por los viejos esquemas, quieren destruir la trama social. Censurar Internet, acabar con ese molesto incordio. Cerrar páginas como prevé la nueva ley de Zapatero/Sinde/autores. Considerar más delito enlazar una información –para que cada cuál se surta a su critero- que “refritar” noticias, sin elaboración propia, como hacen cada vez más los periódicos oficiales. Los editores de prensa piden al gobierno que prohíba google news y los agregadores. Un juez sentencia cárcel e inhabilitación a dos periodistas de la SER que cuentan la verdad, pero lo hacen en una web.

Este gobierno y todos los demás. Puertas al campo, como reflexiona hoy el en teoría socialista –tan en teoría como casi todos los demás- Rodríguez Ibarra. Una joya, no os lo perdáis.

Hoy hace un año que empecé este blog. Justo hoy. Fue una gran idea. Porque hoy hace dos años, exactos también, firmé mi último reportaje en Informe Semanal. Hay regalos en serie, y hay regalos perfectos. Aquella noche de Reyes de 2008, recibí una brújula. Clásica, para orientarse. Tenía que encontrar mi camino en la dura tormenta. Hoy, gracias al blog, siento que sigo ejerciendo el periodismo, aunque mi empresa, como tantas otras, decidiera prescindir de los servicios de los mayores de 50 años y condenarnos a jugar a la petanca o aprender inglés y mandarín. He descubierto a gente, a vosotros, que me habéis llenado intensamente. He afianzado relaciones con otros a quien intuía, que se mueven en el siglo XXI, mucho más sanos y menos resentidos que algunos viejos colegas. La brújula servía, entre otras muchas cosas, para… navegar en la Red, y en la vida.

Esos mundos que se mueven tan ajenos a nosotros, a todos nosotros, a la sociedad en general, son nuestros cánceres en realidad. Estamos enlazados y podrán intentar torpedearnos con sus bilis putrefactas, pero no acabarán con lo que nos une, porque es imparable. Somos la argamasa que mantiene en pie el tinglado, su tinglado. Ha llegado la hora de salir también de ese planeta donde los sombreros son en realidad serpientes boas que digieren elefantes y los corderos se comen -o no- las rosas. Mundos de ocupantes únicos, hay que seguir dándose la mano. Virtual y real. Somos el tejido, el que forma músculos, órganos, huesos y conduce la sangre, la respiración, la vida. Y, por tanto,  quienes dictan las normas.

Por cierto, ¡gracias! 🙂

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