Cuando ganan los zombis

  Paul Krugman, premio Nóbel de Economía 2008, publica en el New York Times un largo artículo con ése sugestivo título que, por cierto, toma prestado de un escritor. Krugman no tiene nada de “peligroso izquierdista“. Como alguien dijo en #contrATTACando, “¡cómo estará el mundo para que Krugman sea considerado de izquierdas!”. U Obama, añado. Entresaco ideas para estimular neuronas aunque estemos abducidos por la Navidad.

“Cuando los historiadores miren atrás, a los años 2008 al 2010, lo que más les intrigará, yo creo, es el extraño triunfo de las ideas fallidas. Los fundamentalistas del libre mercado se han equivocado en todo, y, no obstante, ahora dominan a fondo la escena política como nunca antes.

¿Cómo pasó eso? ¿Cómo, después de que bancos fuera de control pusieron de rodillas a la economía, terminamos con Ron Paul, quien dice: “No creo que necesitemos reguladores”, a punto de encargarse de un panel clave de la Cámara de Representante que vigila a la Reserva Federal? ¿Cómo, después de las experiencias de los gobiernos de Clinton y Bush –el primero aumentó los impuestos y presidió un espectacular crecimiento en el empleo; y el segundo redujo los impuestos y presidió un crecimiento anémico incluso antes de la crisis–, terminamos con un acuerdo bipartidista para aún más recortes fiscales?”

(…)

Los fundamentalistas del libre mercado han estado tan equivocados sobre los acontecimientos en ultramar como en los de Estados Unidos –y padecido, por igual, pocas consecuencias–. En 2006, George Osborne declaró que “Irlanda es un ejemplo reluciente del arte de lo posible en el diseño de políticas económicas a largo plazo”. Uups. Sin embargo, Osborne es hoy el principal funcionario de economía de Gran Bretaña.

Y en su nuevo cargo, se dispone a emular las políticas de austeridad que implementó Irlanda después que reventó su burbuja. Después de todo, los conservadores en ambos lados del Atlántico pasaron gran parte del año anterior elogiando la austeridad irlandesa como un éxito rotundo. “El enfoque irlandés funcionó en 1987 a 1989, y está funcionando ahora”, declaró Alan Reynolds del Instituto Cato en junio pasado. Uups, de nuevo.

(…)

Sí, la política es el arte de lo posible. Todos entendemos la necesidad de lidiar con nuestros enemigos políticos. Sin embargo, una cosa es hacer pactos para hacer avanzar los objetivos, y otra, abrirle la puerta a las ideas zombis. Cuando se hace eso, las zombis terminan comiéndose el cerebro, y, muy posiblemente, también a la economía.”

Y para quien disponga de arrestos para acometer el artículo entero, aquí lo tenéis.

Y la sociedad adocenada, manipulada, siempre confundiendo el detector de zombis.

¿Es la única solución plegarse a la UE y los mercados?

Ni en la peor de nuestras pesadillas pudimos muchos soñar lo que nos está ocurriendo. La implacable merma de derechos sociales decretada por los mercados en ausencia o connivencia de los políticos. La desfachatez de esas declaraciones que imponen desde sus Olimpos. Crecen las desigualdades sociales, ahondando en miserias y en obscenos enriquecimientos. Danza el mundo feliz en las pantallas de los televisores, entretanto, y una ciudadanía desinformada y asustada se constituye en pesada losa para el conjunto. Ningún autor de ciencia ficción del pasado previó tanto.

El histórico ex presidente socialista portugués, Mario Soares, lanza un grito, llamando a los dirigentes de su país y de España a plantar cara a la UE. Una Europa que ha traicionado el espíritu que la constituyó y hasta ahora la caracterizó, que pierde poder en hemorragia imparable, según sus propios eximios dirigentes reconocen, y que ni bailando en la cuerda con un pie, “tranquilizan” a sus amos los mercados.

La UE y todos sus componentes trabajan en el camino equivocado. Para nosotros, no para sus bien pagados políticos, ni para sus poderosos amigos. Lo aseguran incluso premios Nóbel como Paul Krugman, llamando a aumentar el gasto público como forma de salir de la crisis. En la desinformación que nos rodea, donde todo es opinable, los hechos demuestran que esa política funciona y no los ajustes que el neoliberalismo manda. El neoliberalismo que ha hundido, por ejemplo, a Irlanda en la miseria (y lo que le queda por sufrir), por más que cínicos conservadores, con Esperanza Aguirre a la cabeza, manipulen los datos, desdiciéndose con desparpajo de sus antiguas declaraciones públicas, en las que el tigre neoliberal irlandés era el modelo.

En este esclarecedor artículo –que recomiendo vivamente- el catedrático de economía y miembro de ATTAC, Juan Torres, nos explica la verdad de nuestras cuentas y a quién interesa nuestro rescate. La deuda pública española es de “600.000 millones de euros pero en relación con el PIB es casi veinte puntos menor que la media europea”. Y a ella contribuyen con entusiasmo comunidades y ayuntamientos neoliberales del PP y socioliberales del PSOE.

“La deuda privada española es mucho mayor que la pública. Las familias españolas deben aproximadamente un billón de euros a los bancos y las empresas algo más de 1,3 billones. Y, por otro lado, los bancos españoles tienen deudas, por su parte, tanto con el Banco Central Europeo (aunque fluctúa mucho, algo más de 60.000 millones de euros en estos momentos) como con otros bancos del resto del mundo, en una cantidad global muy difícil de cuantificar pero de cuya magnitud da idea el que tengan que amortizar unos 200.000 millones de euros en 2011 y 2012”, dice Torres.

Los bancos “del resto del mundo” son fundamentalmente alemanes, qué gran casualidad eh…

No entiendo qué pretende Zapatero en su huida hacia delante política, pisoteando su ideología, su programa, y a la sociedad que se comprometió a defender. Es un cadáver público, junto con el resto de su partido que traga todas las medidas antisociales, sin mover una pestaña. El registrador de la propiedad ya anuncia que también adoptará medidas impopulares, eso sí “con criterio” ¿con el de quién? El PP es una cateta marioneta de los mercados. Sin contar su manga ancha para la corrupción que hurta una considerable parcela de nuestro dinero público.

¿No tenemos pues más soluciones? Sí, decir ¡basta ya! Nada puede haber peor que el destino al que nos abocan “Bruselas” y los “mercados”. Vuelvo a Mario Soares, a su llamada vibrante y preocupada. De su excelente llamamiento a Zapatero y a Sócrates, destaco estas ideas:

“Lo que ocurre es que la política del Banco Central Europeo y de la Comisión se muestra decididamente economicista, en el sentido de que sigue los intereses especulativos de los mercados, sin rótulo identificador, y nos impone ajustes brutales en el ámbito social, ambiental, cultural y hasta educativo. ¿Para qué? Con el único objetivo de reducir el déficit y el endeudamiento exterior (de los que los especuladores han sido, en parte, responsables), nos arrastran hacia una peligrosísima recesión económica. Además de sumirnos en la parálisis política.

España y Portugal se cuentan entre las víctimas de esta estrategia obsoleta delineada por la señora Merkel y por el BCE, con el concurso de la Comisión Europea. Han sido ellos quienes nos han impuesto medidas durísimas para nuestros respectivos pueblos. No hemos podido evitarlas, de momento, para no vernos asfixiados financieramente.

Pero no debemos ni podemos quedarnos callados. Es hora de que suene nuestra voz, de decir basta y de exigir un debate europeo serio y transparente, para que el pueblo europeo comprenda hacia dónde lo están llevando los actuales líderes europeos.

La península Ibérica tiene autoridad y peso para hacerlo. Zapatero y Sócrates, en mi modesta opinión, deben entenderse en tal sentido, de modo que sean los primeros en denunciar la peligrosísima senda por la que está transitando la Unión Europea, antes de que acabe el año y sea tarde”.

   De perdidos al río, presidente. Zapatero debe reaccionar y no arrastrar a España en su propia caída. Muchos agradeceríamos un digno gesto en este sentido. Coherente, sobre todo.

Ah… y…

Krugman y la solución a la crisis económica de España.

Doctores tienen las ciencias. Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, ha estado en España, en Sevilla, para intervenir en un foro sobre la crisis junto a Felipe González y José María Aznar. Y ha hecho un diagnóstico revolucionario: España necesita una deflación del 15%. Es decir, que bajen los precios de forma generalizada. La mayoría de los expertos, los agentes económicos (empresarios y asimilados) y hasta los políticos, tiemblan cuando se menta la palabra “deflación”. El término se asocia a crisis y entienden que reducir los precios es una auténtica debacle para el sistema. La temen más que a la inflación, la subida de precios.

 Aseguran que la deflación puede desencadenar un círculo vicioso: los comerciantes se ven obligados a vender sus productos más baratos porque se retrae la demanda. Apenas llegan a cubrir sus costes fijos. Con precios bajando de forma generalizada, la demanda disminuye aún más, porque los consumidores entienden que no merece la pena comprar si mañana todo será todavía más barato. En la inflación, sin embargo, ocurre todo lo contrario: los consumidores prefieren comprar cuanto antes los bienes de larga duración, para anticiparse a subidas de precios. Las consecuencias son, nos dicen, terribles: la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que la industria no encuentra salida a sus productos y sólo consigue pérdidas.

Pues bien, Krugman dice que eso es lo que necesita España. La primera parte: que bajen los precios, para adecuarse a nuestros miserables salarios, digo yo, porque para las soluciones de siempre -bajar los salarios también-, no necesitamos a un Premio Nobel. Aún así nos augura una durísima travesía de 5 ó 7 años -así lo ha dicho-. . “Será un camino doloroso o extremadamente doloroso para España”, aseguró en ese foro el economista norteamericano, ya que, en España,  los precios y los salarios “son insostenibles y no están alineados con su situación económica”.

Lo que no entiendo es que si hasta desde posiciones “de letras”, todos lo hemos visto, los grandes poderes sociales nos cuenten otra historia, los empresarios ofrezcan un 1% de revisión salarial, pidan abaratar el despido, flexibilizar el empleo  y todo lo que ya conocemos, y los políticos no tomen las medidas pertinentes. Los precios en España estaban inflados, sobredimensionados. De todo. Desde los pisos a los tomates. España fue el país de la UE donde más subieron los precios con la entrada del euro -el milagro económico de Aznar, que nadie enmendó después- y donde al mismo tiempo se perdió poder adquisitivo en los salarios. Era un caso excepcional, anómalo. Durante muchos años, un gran número de personas se han enriquecido a costa de los ciudadanos. Las consecuencias las pagamos todos. Se la jugaron, nos la jugaron y ahora aún osan pedirnos que sigamos sosteniendo su sistema.  ¿No buscan un recambio para Solbes? Paul Krugman es la solución. Al menos, que le escuchen. Aunque tendrá que ser de una forma selectiva: son precios y salarios entre sí los que chirrían en España. Y son los beneficios empresariales lo que hay que reduc ir, no los sueldos.

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