PP: no es odio irracional, es rechazo justificado

Es cierto que ideológicamente prefiero una sociedad basada en los equilibrios, la justicia y la igualdad de oportunidades que en el “sálvese quien pueda y el primero yo”.  Entiendo que se dan diferentes tendencias sobre los valores a apreciar. Y admito, por supuesto, que existe la derecha y la izquierda, incluso gente a quien sus gustos personales le inclinan al tradicionalismo o a su contrario. Pero una cosa es la derecha conservadora y otra la actual cúpula del Partido Popular. Íntimamente relacionado con estos conceptos, también nos encontramos con otra dicotomía de enorme trascendencia: el periodismo y la propaganda. Comencemos con esto.

Entre las perversiones que han desvirtuando el periodismo se encuentra la de pedir siempre “al otro”. Le llaman objetividad, una de las más manoseadas palabras de la historia reciente. Han acostumbrado al público a ofrecer dos versiones más o menos contrapuestas de una idea para que elijan cuál “les gusta” más, y de paso aparecer investidos de imparcialidad.  En cada uno de sus artículos, un periodista debería –siguiendo esa visión- nombrar, por ejemplo, todas las corrupciones de todos los partidos y mostrar un punto de vista que llaman “plural”. Si en lugar de dar noticias u opiniones razonadas se trata de eso, deberíamos pedir cada vez el espacio del que dispone la enciclopedia británica. Ofrecer en el caso de España, lo que piensan PP, PSOE, IU, CiU, PNV, UPyD, EQUO, CC, ERC, Compromís, CHA, BNG, etc. Y sin duda sindicatos, grupos empresariales, y asociaciones ciudadanas de todo tipo que eludo anotar por razones obvias -sin falta uno porque se trata de ser muy objetivos y plurales-.

Y si tengo que elegir para abreviar, ¿con qué criterio lo hago? ¿Por tamaño? ¿Por peso? ¿Por sabor?… ¿Por lo que aporta a la claridad? Toda selección y priorización es subjetiva. Imprescindible, además, según vemos usar un lenguaje políticamente correcto para que no se asusten quienes engullen auténticas obscenidades en su vida real diariamente.  Si viene edulcorado es mucho más cómodo de digerir.

Hablando en plata, para resaltar las profundas aberraciones que ha perpetrado el PP en sus aciagos casi dos años de mandato, no hace falta “otro”. Es un problema en sí mismo.  Sería adorable, ciertamente, contar con una derecha que venerara los manteles borbados a punto de cruz y el café de sobremesa con ponche y pastas de las monjas benedictinas, pero lo que tenemos es un partido vandálico.

No es inquina sino rechazo razonado –al menos en el punto de partida- reaccionar ante el sistemático ejercicio de la mentira compulsiva que arranca desde el programa preelectoral, sigue con vengonzantes ejemplos y culmina en el intento de tapar las mayores evidencias. Con desfachatez inaudita. El gusto por mentir de Rajoy y buena parte de su equipo sería tema de psiquiatra de no demostrar intenciones tan claras.

Pasando a la acción de gobierno, hay que ser muy malas personas para cobrar a seres humanos  las medicinas de enfermedades gravísimas como el cáncer (y otras) y  en cantidades que por su elevada cuantía quizás no se pueden permitir. O para negar la asistencia sanitaria a personas de cualquier procedencia incluso porque pagan sus impuestos –indirectos al menos a través del consumo- en España.  O para vender el cuidado de  la salud de todos a fondos buitre.

Hay que engrosar el sector de los desalmados para permitir que haya niños y adultos pasando hambre en este país. Ver que solo en el colegio realizan su única comida del día y, encima, ponerle trabas.

Cerrazón ultraconservadora implican todas las medidas que, en educación, han venido a consagrar que solo estudien los ricos como antes del diluvio democrático.  O que se acepte con el mismo desparpajo la obtención del lucro como valor sublime con la imposición del catolicismo más reaccionario. El que rechaza hasta el Papa actual.

Empieza como crítica razonada, sí, y acaba en dolor pasional pero no menos argumentado. Porque se nos abren las carnes también al ver cómo se está acogotando el futuro al frenar la ciencia, la investigación y la cultura. Al prever que, por este camino, en dos años más no quedan de la sociedad española ni las raspas.

Un cuajo sublime se precisa para bajar sueldos, facilitar despidos, mermar subsidios, subir impuestos, consentir la evasión de capitales, hacer pagar solo el 10% a los amnistiados fiscales y toda la retahíla de medidas económicas que han venido a empobrecernos.

El mismo que para reducir el poder adquisitivo de las pensiones a personas, ya indefensas, que contrataron con el Estado que pagarían con impuestos de su trabajo durante décadas un retiro digno. Muy similar al exhibido para mutilar el Estado del Bienestar que venía suscrito en el mismo acuerdo de ciudadanía. El ataque frontal a los más vulnerables para aumentar la riqueza de los que tienen ya más que de sobra es propio de gente radicalmente mezquina.

No hablemos ya de la desvergüenza que se necesita para apañar leyes, tribunales decisorios y competencias de justicia de acuerdo con la ideología. Y con abusos tan palmarios que quienes lo sienten y no protestan debes ser porque andan con la boca abierta del pasmo.  Lograr así que los atropellos cuelen y que la sociedad consciente entre en sentimientos de indefensión.

Del manual de la iniquidad es perpetrar durísimos recortes sociales mientras se roba y despilfarra el dinero de todos, el nuestro, el de los mismos ciudadanos devaluados, tan a ojos vista.

De carencia absoluta de ética es vender semejantes abusos y arbitrariedades como bondades o soluciones imprescindibles por parte de todos los implicados en esa política de partido. Engañar con un futuro que no será.

Imperdonable por siempre es haber cercenado la alegría de vivir, la confianza en el porvenir de tantos ciudadanos, o haber idiotizado conscientemente a los más débiles de pensamiento.

Sí, seguramente “el otro”, “los otros”, nosotros, tengamos culpa también. Pero eso no supone atenuante alguno.  Ni alivia la irritación que produce vivir en esta cochambre. Y si abducidos o rendidos, nadie se apresta eficazmente a remediarlo, al menos llamemos a las cosas por su nombre y hagamos que el que quiera, se entere. No es políticamente correcto, pero contiene datos y argumentos, definiciones precisas. Igual es hasta periodismo. De opinión o valoración, naturalmente. Y en cuanto a claridad no creo que haya queja.

*Publicado en eldiario.es

Arrasa Merkel, muere… el liberalismo

Merkel ha logrado un triunfo histórico en Alemania. Roza la mayoría absoluta en su tercer mandato. Es evidente que más del 40% de los electores (de unos 45 millones de personas) están encantados con ella. El resto no, al menos quienes han votado otras opciones. Acrecentadas profundamente las desigualdades sociales, los beneficiarios de este nuevo sistema lo defienden por encima de todo.

Tan sonoro es el éxito del partido de Merkel (democristiano) como sonoro el batacazo de sus hasta ahora socios: los liberales, los liberales de verdad, que se quedan fuera del Parlamento por primera vez desde 1945. Esto viene a demostrar que si muy resentida ha quedado la presunta socialdemocracia con este cambio de paradigma al que llaman crisis, quien realmente se ha ido al cuerno es el liberalismo. El auténtico.

Como tantas otras veces las ideologías extremas se disfrazan mostrando solo la patita de cordero, en este caso centrista. A estas alturas de la historia, sin embargo, ya no nos engañan. No a todos, no a quienes sabemos de sus resortes mediáticos de propaganda. La crisis financiera provocada por los poderes… financieros, no lo olvidemos, ha llevado al poder a ultraconservadores que nada tienen que ver con el liberalismo. De dejar hacer nada, son profundamente intervencionistas. Austeridad, subidas de impuestos, imposiciones de todo tipo, no es liberalismo. La aceptación de que una casta aristocrática impone sus leyes a una población diezmada en sus derechos, es directamente feudalismo. Y además viene cargado –quizás como su predecesor- de ultraconservadurismo ideológico. El ejemplo español no puede ser más evidente.

“Merkel ha impuesto un modelo, que tiene sus raíces en la Agenda 2010 del socialdemócrata Schröder, con el que la mayoría de sus compatriotas conviven con tranquilidad. La economía goza de un alto nivel de empleo que se obtiene gracias a la existencia de puestos de trabajo a tiempo parcial o de muy baja remuneración. Uno de cada cinco trabajadores tiene uno de los conocidos como ‘minijobs’. El número de autónomos aumentó en un 40% en la primera década del siglo. Uno de cada tres autónomos tiene muy bajos ingresos. Más de la mitad de ellos emplean sólo a una persona: ellos mismos. En muchos casos, no son gente que prospera. Sólo sobreviven”, explica Iñigo Sáenz de Ugarte.

“La crisis europea sigue siendo dura en el norte (Holanda acaba de aprobar duros recortes) y sobre todo en el castigado sur, pero Alemania está viviendo una crisis muy benigna. No está en recesión. Su paro está en mínimos de las dos últimas décadas. Apenas ha hecho reformas desde la época del socialdemócrata Schröder. Y a pesar de la crisis de deuda europea, o precisamente por ella, Berlín se ha ahorrado miles de millones en intereses. Mientras toda Europa aplica a rajatabla recortes y reformas, Merkel se ha presentado a la reelección con un programa de 30.000 millones para gasto social y apoyo a las familias, apropiándose propuestas de los Verdes (el cierre de centrales nucleares) y socialdemócratas (salario mínimo, freno a los alquileres en grandes ciudades), ha suprimido el copago y se ha resistido —hasta ahora— a cualquier fórmula que obligue al contribuyente alemán a rascarse el bolsillo para pagar la crisis del euro. El debate electoral se ha centrado en las revelaciones sobre el espionaje de EE UU, la subida de los precios energéticos y los servicios a la infancia. Apenas nada más. Ni rastro de políticas de recorte, ni rastro del camino de espinas que provocó que otros Gobiernos cayeran, uno tras otro, desde aquella moción de censura a Topolanek en primavera de 2009”, informa en este caso Claudi Pérez.

Lo peor es que le sirva para concluir: “Alemania llegó a la crisis con los deberes hechos. Hizo todo eso hace 10 años, aunque en condiciones muy diferentes: con todos los demás países subidos a una ola de crecimiento y deuda”. Sí, amigo, enormemente diferente era aquello. Basta leer lo que él mismo escribe para apreciarlo.

La austeridad que Merkel impone sobre todo a sus vecinos y clientes, funciona para lo que funciona. Está claro que tiene contenta a la soldada que le apoya, a los que sacan réditos de esta injusta situación. Por lo demás, Merkel ha prometido que no habrá  eurobonos que acabarían con la situación de privilegio de sus bancos y harían más Europa, más igual y menos súbdita de Alemania. Sus votantes saben, porque también lo ha dicho, que a los países del Sur nos perpetrarán muchas más reformas para pagar… sus facturas. Los correligionarios españoles de Merkel –políticos y medios- están encantados también. Los demás, debemos echarnos a temblar. Nadie parece alarmarse en cambio de los brotes de fascismo que ya se están produciendo -de nuevo- a consecuencia de estas dramáticamente injustas políticas. Vamos ,que el asesinato del liberalismo es -quién nos lo iba a decir- para llorarlo. Fueron ellos quienes en una situación bien similar, sacaron las guillotinas y cambiaron el rumbo de la historia.

elrich.merkel

Las reformas del Gobierno están dando ya fruto: el que se busca

El Gobierno prosigue su ambicioso plan de reformas que pronto darán fruto. Nos lo dice todos los viernes la vicepresidenta con voz de querer ser especialmente convincente, y, cuando les toca, el resto de los miembros del Ejecutivo. Entre las muchas virtudes que adornan a este equipo sin par debemos añadir su modestia: las reformas aplicadas sin pausa ya son más que evidentes.

Comenzaron buscando que el mercado laboral español ganara competitividad. Y sí, ahora ya rivalizamos en sueldos y derechos del trabajador con los chinos y bangladesíes o, entre los europeos, con rumanos y búlgaros. Había otras formas de ganar en la competencia. Se podían haber buscado proyectos innovadores de desarrollo como país que arrasaran por su originalidad y calidad, pero se optó por la devaluación de las personas como deferencia con los empresarios en cuyas cabezas y bolsillos no entra el concepto inversión productiva. Tanto ha gustado esta reforma del PP que el FMI ha pedido que se ahonde en ella.

Esto acarrea beneficios añadidos: se reforma también la sociedad. Quien tiene preparación, arrojo y ganas se va de España y salen de las listas del paro, y los que se quedan tragan y callan ante el temor de verse aún peor. Para los más rebeldes del interior, se aplican reformas del Código Penal y se ejecutan con severidad, logrando el mismo resultado: que no píe casi nadie y pasen por ser la dulce mayoría silenciosa que, dicen ellos, todo lo avala.

José Ignacio Wert ostenta un papel fundamental en el proyecto de reformar la propia sociedad. Ha emprendido acciones de amplio alcance. Devaluar la educación para que no se cuestione nada. Menos becas y más restrictivas para reservar la formación universitaria a los hijos de la gente destinada de forma natural a mandar, los de toda la vida. Se deja también a casi 600.000 escolares (más de la mitad de ellos) sin ayuda para libros de texto con idéntica finalidad. Se reduce drásticamente la promoción de la enseñanza de idiomas y de las becas Erasmus. Aunque se impulse la movilidad exterior y el espíritu aventurero conviene que emigren atados por el desconocimiento de la lengua y vuelvan con la cabeza baja a asumir la gloria de ser español. ¿Erasmus? Eso es lo que menos interesa, una convivencia universitaria sin barreras en donde prenden costumbres tan nefastas como la de pensar.

Las comunidades autónomas colaboran de forma entusiasta con la tarea del Gobierno. Sobre todo en la desvalorización de la sanidad pública y en su privatización. Ya se quejan las asociaciones médicas de la insalubridad de los centros gestionados por empresas con afán de lucro. Hasta ratas han mostrado como evidencia. Y ya se nota también el deterioro en la salud de los pacientes. Estas moderneces de asistencia de calidad para todos son equívocas.  La enfermedad propia o de seres queridos convierte en más vulnerables a las personas y es el momento de que asuman que mantener su salud cuesta dinero –los impuestos en realidad son los diezmos para los nuevos señores feudales- y que ese bocado es apetitoso como negocio. Que se lo pregunten a González y Lasquetty en Madrid que braman iracundos por la obstrucción judicial a su empeño.

A los ancianos ya apenas se les puede exprimir sino en adquisición de bienes y servicios y en voto. A un gran estadista, como quien tenemos al frente del Gobierno, no le tiembla el pulso para llevar a cabo las reformas precisas. Por eso se les baja las pensiones “ahorrando” 33.000 millones de euros que salen de su bienestar e instándoles a morirse rápido. Por su propia voluntad o por inanición, dado en cómo les quedará la pensión conforme más vayan viviendo. O hacerse un plan privado. Además vienen muy bien al Estado cuando las cuentas se desmandan. Está pasando en Polonia, cuyo Gobierno se propone confiscar la mitad de los activos de esos planes privados de jubilación.

Con todo esto y alguna cosa más, se ha logrado transformar también los hábitos de consumo. Han regresado a niveles de hace 20 años. O más allá en el equilibrio alimenticio. Ha aumentado la ingesta de pan y ha disminuido la de carne y otras proteínas como sucedía en la posguerra. ¿Qué nos creíamos? ¿Que todos podíamos comer como los ricos? O viajar  y gastar como los ricos al modo como se ha hecho en la promoción de una candidatura olímpica que se le había apetecido al PP y a sus amigos constructores, de ésos que tienen jet privado e invitan.

El que quiera casa que la pague. Quien pretenda calentarse o refrigerarse según las inclemencias del tiempo que apechugue con su costo. Los resultados de las reformas están siendo ya muy palpables.

La vuelta a una sociedad que sabe de su condición desigual trazada por el destino ha propiciado también que toda España esté en venta. Hasta los pisos de alquiler social se han entregado a una empresa como dios manda que meterá a los inquilinos en cintura. Lo más granado de la riqueza mundial –rusa, china, venezolana, estadounidense- está adquiriendo a precio de saldo nuestros edificios históricos o esos pisos que dejó la oportuna burbuja inmobiliaria –el antecedente de las reformas del PP-. Nos vamos a volver muy cosmopolitas. Con la gente que cuenta, con la que echa por delante el dinero y no hace ascos a nada.

El diseño es perfecto ¿es posible que no se haya advertido? No se trataba de crear empleo sino de abaratarlo. Ni de solucionar otra crisis que la que hace entrar los beneficios en aluvión a ciertas cuentas corrientes. De modular caracteres para crear súbditos dispuestos a acatar lo que ordena el poder y mostrarse convencidos de que “no hay otro remedio” que el propuesto, por muy a aberrante que parezca. De tomar el bastón del mando y aporrear con él si se hace preciso.

Eso sí, en tanto las reformas de Wert y Gallardón, dan sus frutos educacionales, se echa mano de otra reforma: la de los medios de comunicación. Se trata de pagar esbirros en dinero o en prebendas que manipulen la realidad. Es rentabilísmo. O de acogotar por sus deudas contraídas a quienes no se prestan con la misma diligencia a cumplir esa labor.

La intención era refundar la sociedad no el capitalismo. Si Europa se desangra en aumento de la pobreza, aquí nos la dan incluso toreada a puyazos. Y muchos aún ríen contemplando –incluso sufriendo- el espectáculo. ¿Quién ha dicho que el ambicioso plan de reformas no está funcionado? no cabe hacerlo mejor.

*Publicado en eldiario.es

Y otro 11 de Septiembre

Otro 11 de Septiembre. Lo publiqué hace 3 años en el blog y apenas cambio una coma, podréis comprobarlo en el archivo. Uno atraviesa los años deteniéndose apenas en el día en el que nació y en los que lo hicieron los seres queridos, o en los que aquellos murieron. Encuentros, despedidas, compromisos señalados. Y pasan los años sin saber cuál será la fecha en la que otros te recordarán porque te fuiste. Un día cualquiera para ti hasta entonces, por el que pasaste decenas de veces sin reparar en él. Uno atraviesa los días sin saber que algunos se fijarán de forma indeleble.

Probablemente el 11 de Septiembre sea para mí un signo imborrable en el calendario. El primero fue el de Chile en 1973. Amanecía un futuro a estrenar con grandes destellos de promesas. Los libros de la Universidad me detuvieron en el caos que padecía América Latina. Bolivia, Panamá, Uruguay, Argentina en ciernes, Cuba siempre, vivían en dictaduras, igual que España. En el resto, la democracia era muy precaria. Había preguntado un día en clase de COU sobre el diferente destino de los conquistados del norte y del sur del continente. “A los del norte los mataron a todos”, comprendí. A los del sur les robamos y les dejamos genes, cultura y escala de valores. Chile era la esperanza: el socialista Salvador Allende y sus reformas… imposibles. Duele amanecer con la esperanza rota por los tiros que cercenan los sueños. Un botarate –como suelen serlo todos los golpistas- acabó con ellos. Vivimos apasionadamente la peripecia, el final de toda confianza en una solución. Los muertos, los torturados, los despojados, los desaparecidos. Las manos cortadas del asesinado Víctor Jara solo porque cantaba con candente ingenuidad. Al amor explotado de Amanda, contra el vecino dictador de Guatemala, Rios Montt, por la paradoja mil y ciento repetida: “Mi padre fue peón de hacienda, y yo un revolucionario, mis hijos pusieron tienda, y mi nieto es funcionario”. El dolor mortal de Pablo Neruda que me había descubierto que cualquier noche se pueden escribir… los versos más tristes. Como querer fuera del amor.

Un 11 de Septiembre, Cataluña comenzó a volver a celebrar su diada nacional. Agravio comparativo de los aragoneses que, de alguna manera, veíamos mermado, como tantas otras cosas, nuestro 23 de Abril por su feria del libro. Pazguatos intereses provincianos y absurdos todos, en un mundo global, en una Europa sin fronteras, decía. Hoy, añado, en 2013, se dispone a celebrar una Diada decisiva con el independentismo por bandera. Lógica reacción, tras los continuos ataques del nacionalismo español, ultraconservador por naturaleza. Quién pudiera separarse de la cerrazón. Pero ojalá fueran todo esperanzas positivas lo que desencadene, porque no todas las manos que mecen la iniciativa están limpias. A Aragón lo veo -dado que lo citaba- casi muerto.

Otro 11 de Septiembre, en 2001, presenciamos en directo por televisión como las dos torres del país líder mundial se derrumbaban como si fueran de arena, como en un sueño. Había contemplado, desde su restaurante en la cumbre, el Empire State, como mandan los cánones, maravillada por el esplendoroso Nueva York que se abría a los pies,  osada y vibrante línea del cielo, paisaje urbano del siglo XX. Y de las enhiestas torres soberanas ya no quedaba nada. Ni los muertos que nunca vimos. Y algunos supimos que venían malos tiempos. Ceguera fanática usada como excusa para un cambio social. Merma de derechos civiles, militarismo, ascensión y desborde del capitalismo, la guerra, la tortura, las invasiones que no encuentran lo que dicen buscar porque no es lo que nos cuentan lo que buscan, la trampa financiera que nos ahoga. A mi padre le quedaban exactamente 5 días de vida y ni siquiera llegó a enterarse del acontecimiento que tanto hubiéramos comentado. Desapareció su imprescindible presencia, demostrando que la vida sigue de todos modos.

Un 11 de Septiembre, en 1984, la que murió fue mi madre. Y he conocido sus secretos anhelos, su dolor, sus esperanzas y sus sueños, apenas en signos, a través de unos recortes de periódicos guardados en primorosa carpeta, que hilvanaron mejor los recuerdos. Instalando la certeza de cuánto más debió hablarse. No fuimos tan distintas a pesar de desarrollarnos en etapas tan diversas.

Múltiples sinrazones tiñen este nuevo 11 de Septiembre. El mundo es aún peor que el de hace sólo un año… decía en 2010, demostrando que todo es susceptible de empeorar a límites insospechados. Temiendo que, de no variar el rumbo, lo que viene llegue a ser más que insoportable.  Un escenario de injusticias y desigualdades acrecentadas que en España se tiñe de corrupciones, mentiras y regreso a las etapas más cerriles de nuestra historia. Con la impunidad y la desfachatez  presidiendo los acontecimientos.

La inacción permite avanzar insanas mareas y dejarlas campar a sus anchas. Pero el calendario es un convencionalismo. El futuro se llena de doces, treces, catorces y mucho más días, más onces, incluso. Lo vivido sólo sirve para poner el pie, si es sólido, y utilizarlo de impulso. Para saber desbrozar del camino lo útil de lo fútil.  Sorber de la vida la felicidad mientras se abre a nuestros pasos. No queda más. Ni menos. La melodía continúa.

La prensa española y Madrid 2020; pecado mortal de omisión

El artículo es del periodista y profesor José Cervera y coincidó plenamente con él. Así que le cedo el espacio:

El fracaso de la candidatura olímpica de Madrid 2020 puede leerse como el fracaso del modelo de gobierno español; tal vez la puntilla para una clase dirigente social, política, económica y mediática con orígenes en la Transición. Pero si el que Madrid no haya conseguido ser sede olímpica en su cuarto intento puede poner en cuestión las motivaciones y mecanismos de la élite empresarial y política, en el caso de la prensa la duda es mucho más grave. Porque el desastre afecta a la esencia misma de lo que es el periodismo y el papel social de los medios.

En efecto, ¿para qué sirve la prensa? ¿Debe ser un reflejo fiel de la realidad, o debe recoger y amplificar las esperanzas y sueños de la sociedad a la que sirve? Si los medios se limitan a transmitir lo que ocurre sin voluntad de mejora, pueden caer en la frialdad y el desapego; si se dejan llevar por la pasión y abandonan la realidad por el activismo, dejan de ser testigos para convertirse en activistas, o peor aún; en forofos.

Si esta tercera candidatura democrática de Madrid a los Juegos ha desnudado un modelo de política y de desarrollo económico, a la prensa la ha dejado hecha astillas. Y no hablamos de opinión, ese campo donde cada columnista y cabecera debe aguantar su propia vela y justificar lo que opinó, sino de información: de lo que se supone es el meollo del periodismo, la razón de su existencia.

En general, los medios españoles han funcionado como partidarios y no como críticos, como parte y no como analistas. Se han sumado al discurso oficial y han arrimado el hombro intentando vender un proyecto en lugar de informar sobre el mismo. El resultado ha sido una mezcla tóxica de informaciones sesgadas hacia el discurso oficial con clara intención propagandística y, lo más grave, estratégicos silencios que dejaban de lado los defectos de la candidatura y las realidades de la competencia. Este cóctel torticero ha confundido a la ciudadanía haciendo que la realidad nos pillara por sorpresa. Con escasas pero honrosas excepciones, la prensa no ha contado lo que pasaba, sino lo que quería que pasara: la definición de la propaganda.

Y así hemos visto a los medios dedicarse a repetir las cifras que daba la candidatura oficial, sin cuestionarlas ni comprobarlas: 91% de aprobación por la ciudadanía, 96% fuera de Madrid; 350.000 puestos de trabajo a crear; menos de 1.700 millones de euros de inversión; 80% de las infraestructuras terminadas. Periódicos de uno y otro signo político, los unos por cercanía ideológica, los otros por mal entendido patriotismo, han actuado como propagandistas en el sentido estricto. Muchos medios digitales se han limitado a publicar de modo automático los comunicados de prensa de la candidatura repartidos vía Efe; una abdicación completa de su tarea como localizadores, validadores y jerarquizadores de la información.

Lo peor del caso es que algunas pistas permiten sospechar que los medios, o al menos los periodistas, conocían la verdad; que sabían de la falsedad de ciertos datos, que sospechaban de la veracidad de según qué declaraciones. No hablamos de los 50 votos amarrados según El Mundo que para otros pueden haber costado los Juegos a Madrid, sino de las cifras presuntamenteobjetivas. Así en algunos artículos de El País se citaban 50.000 puestos de trabajo a crear, en lugar de los 300.000 oficiales. Pero cuando estas cifras contrarias a la versión oficial aparecían era en el último párrafo de una larga información, y sin ser destacadas, ni respaldadas. Escondidas.

Los ejemplos de flagrante forofismo son demasiados y demasiado obvios, aunque alguno ha rozado el ridículo; las alabanzas de La Razón al discurso de la alcaldesa Ana Botella –»la sorpresa agradable provino de Ana Botella, natural, inglés fluido, y relajada»– están ya en el museo de la infamia informativa. No son estos flagrantes intentos de tergiversación lo más preocupante; tal vez el mayor fallo del sector medios español no haya sido un pecado de acción, sino de omisión. Lo peor no era lo que decían los periódicos, sino lo que no decían.

Como ya hemos comentado, las cifras no se cuestionaban, o cuando se ponían en duda era de modo casi subrepticio; los números se consideraban sagrados. Pero además hubo otras clamorosas ausencias. Así brillaron por su ausencia cuestiones clave como las consecuencias que podía tener la política antidopaje del Gobierno español, y la vinculación de personas relacionadas con casos de doping con candidaturas anteriores y con el partido en el poder; la proximidad personal de algunas de las candidaturas precedentes con implicados en casos de corrupción como el Caso Nóos (y con delegados presentes en Buenos Aires como Rita Barberá); el posible efecto del caso Madrid Arena tanto en las deliberaciones del COI (era una de las sedes olímpicas) como en los costes previstos; la falta de análisis críticos de la oferta propia y de las ventajas de las ofertas competidoras…

Como en otros casos de flagrante fracaso de la función periodística como la Guerra de Irak o la crisis financiera, lo peor no ha sido el fanatismo forofo de algunos, sino el silencio de todos a la hora de hacer preguntas importantes. La propaganda puede equilibrarse con la verdad, pero triunfa si enfrente no hay más que silencio. Algunos medios mantuvieron una posición crítica y cuestionaron las cifras y los mensajes de la candidatura, pero en conjunto la prensa fracasó. Y si malos fueron los mensajes torticeros de algunos, peor ha resultado el silencio de muchos. E insuficiente la crítica del puñado que ha osado ir contracorriente. Ojalá que esto sirva para que descubramos lo mucho que necesitamos a esos pepitos grillos; para que estas cosas no vuelvan a pillarnos por sorpresa.

*Publicado en eldiario.es 

 

Respiro de alivio en el adiós a Madrid 2020

Lo daban por hecho. Los medios –y no solo los más afines al PP- se volcaron en fomentar la presunta ilusión colectiva de Madrid 2020 que, decían, impregnaba al 91% de la sociedad. El diario El Mundo llegó a publicar que la mayoría del COI había comprometido su voto con España. Llegamos a dudar. Lo peor es que la propia delegación se creyó su propaganda. Alejandro Blanco, el jefe de la Delegación, declara que “Dios va con Madrid 2020”, volviéndonos a la realidad –si alguna vez habíamos salido- de con qué dirigentes nos dejamos representar por el mundo.

Y llega el acto de presentación. Transcurre correcta, con momentos brillantes incluso como algunos vídeos –aunque copiaran la estética del 15M que tanto persigue el PP- y… con grandes mentiras. Mariano Rajoy se lanza a ellas sin pudor, dictando un discurso, leído y en español, a voz en grito “para que le entiendan mejor los que no hablan su idioma” y el contenido de un mitin electoral. Muchas cifras de la supuesta recuperación y la insistencia en la palabra “fiable”. «Tranquilos, que estoy YO aquí», venía a decir el gran rey de las promesas incumplidas.

Ignacio González, el presidente heredado de Aguirre en la Comunidad de Madrid, se apunta con fruición a la misma estrategia. Oírle presumir de la sanidad madrileña hería la sensibilidad -algunos tenemos-. Al menos habló en inglés, con cierta soltura, y abandonando su habitual tono taciturno.

A Ana Botella ya la hemos visto por encima de nuestras posibilidades. Sobreactuada, un inglés nefasto del que se empeñe en hacer gala por muchas críticas que coseche, con tonillo de fiesta de fin de curso en colegio de monjas español por supuesto, con la ocurrencia «coqueta» del “relaxing café con leche”.

Y luego la transmisión que se va a negro y no vemos más. Apenas se restablece la conexión para escuchar al príncipe Felipe. Lo hace muy bien. Pero lo tiene crudo, la familia le ha estigmatizado. Blanco -el que había hablado con Dios para saber de su apoyo-, le había presentado diciendo que iba a inervenir ya «uno de los mejores atletas españoles«. Busqué con la mirada por la mesa. Y no. Se refería a… Felipe de Borbón.  Sí, el pobre anda haciendo equilibrios mientras salta con pértiga sobre los feos asuntos que tan de cerca le tocan.

Sigue la euforia, el triunfalismo toda la tarde, y luego el chasco. Parece que el COI haya querido hacer especialmente patente que no estaban con Madrid. Solo 26 delegados le votan en primera vuelta. En el empate para el segundo puesto con Estambul, eliminaron la candidatura española. Finalmente se impone Tokyo con rotundidad. No hubo la menor duda a la vista del resultado.

Los batacazos son habituales cuando se vuela sin alas, pero de eso ya hablaremos más extensamente. Y las reacciones. Acabo de oír a Izaskun Ruíz en TVE hablando de “traición” del COI. Fuerte palabra que lleva a la declaración de compromisos incumplidos. ¿Ah sí? ABC habla de “castigos” en el habitual sadomasoquismo de la derecha católica española y La Razón se lanza directamente a calificar el resultado de “tongo”. Todos a buscar  exculpaciones  con frenesí y ni la menor autocrítica. Lo tradicional.

Ciertamente hay en el COI firmas dudosas y podía haber chanchullo oculto.  Para que ganara España, claro está. Parece que no ha sido así salvo que como dice Ruíz se hayan lanzado directamente a la “traición”.

“Este es un juego político de alto nivel, con intereses internacionales, con dinero, con equilibrios. No siempre limpio. Y está claro que a eso nosotros no sabemos jugar bien”, cita El País las palabras “de uno de los políticos desplazados hasta Buenos Aires”. Ya veis, encima de (presuntos) corruptos, paletos.

Todo se resume en la pregunta del periodista Gumersindo Lafuente que hace extensiva a buena parte del equipo –no tiene desperdicio el artículo- ¿Vd. le daría a Ana Botella la gestión de su empresa? Yo no, pero muchos ciudadanos le han dado a ella y al PP la gestión de nuestros vidas, también de las nuestras no solo de las suyas. Es lo que dicen ellos es la democracia, ésa que se contenta con votar cada 4 años programas que no se cumplen sin pedir responsabilidades.

Con 100 millones de euros desperdiciados ya en la triple aventura de un Madrid Olímpico, es cierto que la suerte en esta experiencia va por barrios. Seguramente a Japón le servirá, como les fue muy útil a otros incluso a la España que alumbró el Barcelona 92. Para otros fue el hundimiento final en el pozo, como le ocurrió a Grecia con el Atenas 2004 enfangado en despilfarros y corrupción. Creo que la España de este momento se parece más a aquella Grecia que a ninguna otra cosa. Y que organizar los juegos hubiera traído réditos para el PP y no para los ciudadanos.

Es de lamentar el esfuerzo de los atletas sobre todo, que ahora ven peligrar su futuro, pero es que el PP no apuesta por el deporte realmente, apostaba por el negocio y el relumbre.  Me asombró la referencia continua de los oradores este sábado a la pasión por el deporte de los españoles, sí, por mirarlo y preferentemente por el de gran espectáculo. Aunque eso está cambiando, hay mucha gente que se ve por los parques haciendo deporte. Como no apuesta tampoco el PP por la cultura de la que también presumió. Hay que saber las realidades a las que uno se enfrente y cambiarlas si es el caso.

Que como escribe Sindo Lafuente un equipo de políticos incluso investigados por corrupción vean fantasmas fuera de sí mismos añade problemas. Pero se ha producido una especie de justicia poética: fuera no coló. Ni eso, ni las mentiras acerca de la situación económica, ni el triunfalismo, ni la fiabilidad. Y que los miembros del COI, tan sibaritas, debían andar con zancos sorteando la caspa. E igual, quiero pensar, es el principio de un cambio. Siempre que la derecha ultramontana no decida emprender también una cruzada contra el «traidor» Comité olímpico internacional.

Madrid 2020: Ana Botella nos deja en ridículo

Cuando lo vi este jueves por la noche en El Intermedio de Wyoming en La Sexta no daba crédito. Sobre todo porque habían pasado más de 24 horas de la patética rueda de prensa  de la alcaldesa de Madrid en Buenos Aires y ningún medio había dicho nada. Más aún, tratando de difundir la noticia -y en espera de que La Sexta colgara el vídeo cosa que no ha hecho hasta por la mañana- busqué crónicas de enviados especiales de grandes medios: nadie hacía alusión alguna.

Ana Botella trata la promoción de los juegos olímpicos como lo haría la directora de un colegio para señoritas que opera en familia, o en familias allegadas.  Pasó de ponerse auriculares de traducción simultánea mientras le hacían una pregunta -muy comprometida- en inglés y nada menos que de la agencia Associated Press. Como no se enteró del contenido, contestó otra cosa del disco preparado y además dando dos cifras distintas en apenas un minuto de cuáles son las infraestructuras hechas. Y para postre la delegación se dejó el micrófono abierto para que todos oyeron cómo el jefe de ésta intentaba echar un cable a Botella y subsanar el error.

Al margen de este espantoso ridículo patrio -porque está representando a España-, no es cierto que los Juegos creen multitud de puestos de trabajo y traigan un beneficio económico. Añadamos que la corrupción en el caso de Atenas 2004 fue definitiva para el hundimiento final del país y, desde luego, ese fantasma en España y en Madrid se encuentra agazapado en la taquilla.

En Madrid 2020 se llevan invertidos ya 6.000 millones de euros y 100 millones en el conjunto de las tres candidaturas presentadas. que podrían haberse dedicado a otros fines y que debemos. Se suman además a la enorme deuda del Ayuntamiento que generó Gallardón sobre todo con el soterramiento parcial de la M30. Conseguir Madrid 2020 solo serviría para apuntalar al PP y dotar de una ilusión efímera y falsa a una ciudadanía infantil que precisa de estímulos aunque su base sea ficticia.

Mariano Rajoy vuelve de sus vacaciones rejuvenecido

Spain's Prime Minister Mariano Rajoy arrives to take part in the G20 Summit in St. Petersburg

El presidente  del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, ha estrenado el curso político con nuevo look. Muy favorecido, el popular ha viajado a San Petesburgo donde participa en la reunión del G20. Para ser sinceros, no ha aparecido demasiado bronceado tras pasar unos días de descanso en Galicia y correr en compañía de personas de su confianza. El frescor de su tierra y su mucha concentración para las tareas de enorme responsabilidad que le toca abordar le han impedido lucir el moreno que si portan otros miembros de su gobierno y de su partido. Siempre discreto, ha preferido dejar todo el sol –ahora semiprivatizado- a compañeros como  Ana Mato o Arenas, causándoles por cierto algunos estragos.  Su esposa Viri y sus hijos que le acompañaban en el descanso no aparecen en las fotos corriendo, pero estar estaban.

Además de –tan prudente y comedido- no presumir de bronceado, el presidente ha mantenido sus trajes oscuros, prácticamente negros como le vemos al descender del avión y eso que todavía no había sesiones de trabajo. Ha optado por el negro porque estiliza su figura –después de haber degustado los buenos platos de la gastronomía gallega-. Un traje con camisa blanca a la que cruzaba una corbata oscura, jovialmente anudada sin apretar -muy casual–  y animada por tenues rayas claras formando cuadros a juego con camisa y terno. Como nuevo look trae que es precisamente su look que crea tendencia entre sus seguidores sobre todo.

Rajoy parece adornar sus manos con su alianza de casado y probablemente un reloj de correa metálica marrón con esfera y cierre dorados como el de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, dado que está muy en boga este verano. O cualquier otro digno de su alcurnia y que se oculta bajo la manga de su camisa. De sus uñas no sabemos nada pero se presume que su clase quedará demostrada en la manera de limárselas. Redondeadas y no demasiado largas. Junta el pulgar y el índice de su mano derecha como si quisiera deshacerse de un molesto e imperceptible obstáculo. Genio y figura.

El presidente no ha querido modificar su peinado, ni su máscara de tintado. La gente con clase no hace las cosas directamente, “quiere” hacerlas, por eso Soraya quiere modificar su peinado y su tinte, y Mariano no. Cabello oscuro, Rajoy, la misma barba semicana, e idéntica expresión entre susto, dolor, superioridad y densa mala uva. Eso sí, plena de energía y brillante lucidez. Un presidente, sino más joven, fiable cien por cien.

*He usado para escribir este artículo el que ABC ha dedicado a Soraya Sáenz de Santamaría y que podéis ver aquí, prácticamente textual con las modificaciones precisas. Solo era por ver cómo sonaba con el presidente.

La democracia en caída libre

Vivimos en un mundo en el que la guerra asesina ciudadanos con gases neurotóxicos, como ha ocurrido en Siria según certifican Médicos Sin Fronteras. No le quita hierro que ocurriera antes, allí probablemente y en otros lugares. Un conflicto que se inició como revuelta popular ante la tiranía de Al Assad y que derivó en enfrentamiento civil. Una conjura premeditada en opiniones que tildan de ingenua la explicación más evidente. Sea como sea en este complejo entramado de intereses y emociones, durante más de dos años la Comunidad Internacional mostró varias veces su preocupación por el conflicto, pero no hizo nada por resolverlo, ni por los miles de muertos, heridos y desplazados. Ahora –ante la gravedad de los intolerables hechos- varios gobiernos planean atacar Siria sin la ONU, dado que la ONU –para nuestro mal- es absolutamente inoperante. Como les parezca. Lo peor es que desde hace tiempo no hay diplomacia, ni juicios, ni presiones económicas disuasorias de quien puede ejercerlas, ni se cierra el grifo al gran negocio que surte armamento, solo se opta por las bombas. En ese mundo vivimos.

Perplejos nos quedamos –algunos- al ver cómo no se considera golpe de Estado a un levantamiento armado del ejército contra un gobierno salido de las urnas, el de Egipto. Ese ejército masacra a la parte de su pueblo que ideológicamente no le gusta, aunque comparta con ella postulados religiosos. Y no se puede intervenir –ni retirando subvenciones de gobiernos extranjeros por lo menos- dado el tinglado que mantienen, como parte fundamental de la economía egipcia,  esas fuerzas armadas con grandes empresas privadas norteamericanas. Y mientras la sangre inunda de nuevo las calles de la destrozada primavera árabe, sale de la cárcel el dictador Mubarak, para que no quepan dudas.

Un mundo en el que el gobierno de EEUU –el país más poderoso aún- espía a otros gobiernos y ciudadanos impunemente. Más aún, con ayudas. La persecución de Edward Snowden, a la que varios países prestaron apoyo fuera de las leyes, resulta muy ilustrativa. El gran delito del espía informático fue –recordemos- divulgar los programas “de vigilancia” de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense que transita por las vidas de cualquiera –en su país y fuera de él- con total soltura. Estamos todos a la intemperie. Menos mal, por cierto, que esto sucede teniendo en la Casa Blanca nada menos que un Premio Nóbel de la Paz. Todo un síntoma.

Todos parecen espiar a todos. Que los ciudadanos se enteren de los tejemanejes, la información, se considera un atentado a la Seguridad, y bien que lo viven en sus carnes Manning y Assange. Agentes de la Inteligencia británica entran en un periódico, The Guardian, a borrar discos duros. Retienen al novio de un periodista como coacción. Todo esto está pasando. Y en la antigua potencia rival -Rusia como cabeza- se puede llegar a pagar con la vida informar y a palos o en ocultamiento la orientación sexual no considerada ortodoxa.

En Europa andamos dilucidando si es lícito y positivo que Alemania nos lleve a todos al pairo. Mientras, su insostenible burocracia no hace otra cosa que emitir comunicados de preocupacióntambién –la eternamente “concerned” UE- ante graves hechos sobre los que debería tomar postura eficaz.

Lo de España es de nota. Siempre significando la diferencia de la caspa pegada a nuestras raíces. Estamos contemplando cómo el presidente se prepara para el curso político y segunda parte de su mandato. Es el mismo que ha elevado la deuda pública como nadie lo hizo en un siglo y aspira -en sus siempre incumplidas promesas-a dejar el paro en 2016 “solo” en un 25 % cuando lo cogió en un insostenible 22,80%. El que ha propiciado el destrozo de la sanidad pública cambiando por completo el modelo lo que puede tener consecuencias de muy difícil reversión. O de la educación. O el que ofrece a científicos y jóvenes la patada en el trasero para que se vayan de España como horizonte profesional y de vida. Y es, por encima aún de ese desastre, el que preside un partido enfangado, a cuyas escaramuzas asistimos como si fueran algo normal. Incluso en este mundo corrompido que vivimos, en muchos otros países Mariano Rajoy estaría fuera del gobierno y su partido obligado a enfrentarse de nuevo a las urnas. En cambio, lo vemos afrontar el futuro como si nada de lo sucedido fuera con él, o con ellos.

No hablemos ya del renacer de la moda franquista –brazos en alto, aguiluchos, loas municipales a los asesinatos de la dictadura- tildados de gracieta. En esa deriva dislocada hacia la ultraderecha un alto cargo del partido en el poder dice  las consecuencias de la  República condujeron a un millón de muertos” y a estas horas sigue en activo. También andan por Europa en similares aficiones a pesar del recuerdo de en qué desembocaron tales prácticas. Estamos tolerando más allá de lo tolerable, mucho más allá.

Suele recordarse como un hito que, en 1972, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon se vio obligado a dimitir por el escándalo Watergate. Por una trama de espionaje y también de corrupción económica. Claro que lo negó previamente. Y se resistió. Y cesó y persiguió a quienes pretendían esclarecer la verdad, por todos los métodos a su alcance. Legales y sucios. Por mucho más, hoy todo está aparentemente tranquilo. En EEUU, en Rusia, en Europa y varios de sus países, en la España del PP.  Un cisco descomunal sin consecuencias.

La diferencia básica entre aquella época y ésta es la sociedad que muestra tan pocos escrúpulos hacia la perversión de la democracia. Si ha aparcado su dignidad, la lógica impele al menos a obrar por egoísmo. En su suprema comodidad e ignorancia no calcula las secuelas que puede tener su actitud.  Cuando su infantilidad haya de enfrentarse a días muy duros. Las protestas en la calle de los setenta en cambio marcaron época. También hubo entonces objetivos comunes, “ingenuos” y algo más descontaminados de visceralidad ideológica.

La segunda, la comunicación masiva con masivos mensajes idénticos. Apenas independiente –particularmente en España- desinforma y surte las ideas que convienen al poder del que participa. Puede que esa ciudadanía amorfa y sumisa sea el resultado del trabajo ejercido por los medios pero cada individuo debería tenerse en más estima y buscar la realidad. Lo que le afecta a él y al bien común. Bernstein y Woodward, los periodistas del Washington Post se encontraron con enormes dificultades para llevar a cabo su trabajo pero finalmente contaron con el decisivo visto bueno de sus jefes. Hoy su periódico acaba de ser vendidos para darle un cambio bien moderno. Gran parte de los restantes en el mundo entero se enfrentan a crisis y créditos que anteponen al ejercicio del periodismo. Eso en el mejor de los casos, la manipulación deliberada es patente en algunos casos españoles.

Pero por encima de todo en el Watergate fue determinante el valor de personas con poder ejecutivo. Jueces, como John Sirica, que no se dejaron sobornar ni intimidar. Que tomaban el relevo de la dignidad cuando Nixon sacrificaba al colega molesto. Y, desde luego, políticos incluso del Partido Republicano que investigaron a fondo en el Senado qué había ocurrido y exigieron responsabilidades. ¿Dónde están hoy en parte alguna cargos con esa actitud? ¿Dónde están en España? ¿Puede ser cierto que todos avalen lo que está ocurriendo?

No hay excusas para lo que nos sucede. Ninguna. Sobre las ruinas de la democracia solo anidará la barbarie.

*Publicado en eldiario.es

Yo quiero ser sueca

Ya sé que me diréis que en Suecia también tienen lo suyo y más desde la ola de ultra neoliberalismo que nos sacude a todos, pero todavía no llegan a ciertos extremos. Y el espíritu cívico de esa sociedad, aún con sus defectos, es una garantía. Digo que quiero ser sueca, como podría decir nórdica en general o japonesa o australiana, qué se yo, de dónde sea, el caso es que quiero ser cualquier cosa menos ciudadana de esta España.

He perdido casi por completo la esperanza de que esto vaya a cambiar. Las evidencias caen sin pausa. Cada día más pobres, siendo testigos de mayores injusticias. Saturados absolutamente de desvergüenza ajena. La guinda de este jueves –aunque como es habitual ha habido varias- ha sido la destrucción de los discos duros en los ordenadores de Bárcenas. Si borrar las pruebas de corrupción, incluso de no corrupción como aseguran es el caso, no pasa factura alguna, yo ya me doy de baja. Por muy legal que sea, no tiene ni una brizna de ética.

Si me van a decir que “todos los partidos son iguales”, como ¿consuelo? aún lo empeoran más. Incluso que “en todos los países cuecen habas”, habas o arroz, da igual. Porque al menos, en otro país, no habré de soportar a los corruptos e hijoputas propios. Esto importa. En el fondo a la tierra se la quiere por no sé qué sentimiento atávico y duele más que si aguantas a los sinvergüenzas ajenos. Como que va menos contigo si son  extranjeros.

Me he dejado la piel intentando avisar lo que venía. Y ha venido… con creces. El futuro es aún peor. Y en los naufragios absolutos se pasa mal. Mejor mirarlos desde lejos aunque sea comiendo patatas. Vosotros, españoles, veréis. Me refiero a los que todavía tienen el cuajo de tragar tanta mentira, tanta osadía, tal regresión al Medioevo, tanta porquería putrefacta, hedionda. Y a los que han nacido para divertirse y entretenerse así se estén muriendo de hambre sus hijos, sus padres o sus vecinos. Y a los que viven a la sopa boba, diciendo que “mejor no enterarse de las noticias”.  A los que encima defienden esta situación solo les deseo que sean los primeros en hundirse en las delicias de esa mierda. A ver si dejan algo menos para el resto que no tenemos culpa alguna como ellos. Que entre tonto y mala gente hay una diferencia, aunque a veces esas “calidades” vengan unidas.

No sé por dónde empezar, y mira que suelo tener arrestos. No sé si terminaré por echar mano de Espriú –que en mi caso resulta ya hasta manido- para decir de nuevo que me voy a quedar aquí pese a soñar con espacios más limpios, respirables simplemente. Y que lo haré porque “yo también soy pobre, sucia y desgraciada”. No, no lo soy. Que se apañen de una vez todos. Que son años, décadas, siglos. Que cuando se empieza a ver un atisbo de luz vuelve a cubrirnos el manto de la inmundicia, y renace esa España a la que si de verdad amaran les daría vergüenza.

Harta de corruptos, de fascistas, de puños en alto y bestias en la mirada. De cobardes, de tibios, de los que por una coma no se ponen de acuerdo para buscar soluciones, ni aunque el boquete en el casco nos tenga ya con el agua al cuello.

No sé por dónde empezar, no. Aquí están mis amigos, la mayoría de mis afectos, los lugares y resortes que conozco y de alguna forma me amparan. No voy para joven precisamente. Bueno, eso nadie. Complicado es, pero puede que mejor que asistir a lo que nos está pasando.

He pensado en nacionalizarme sueca y pedir asilo. Lo haría en otro lugar, pero dada mi estatura y aspecto físico, allí seguramente pasaré más desapercibida. Pero cabe estudiar otras opciones. ¿Alguna idea?

suecia 823