La sociedad percebe tiene a su líder en La Moncloa

No hay día que no escuche la idea en sus diferentes sinónimos: “Hay que aguantar”, “Para cómo está todo, mejor no me quejo”, “Es lo que toca”. El líder del movimiento percebe, Mariano Rajoy, añade al mismo comportamiento un matiz diferente debido a que él sí presenta su posición mejorada: “El que resiste, gana”. Fue el lema que le aupó a lo alto de la piña. Demasiados años cuajados de esfuerzos –mínimos, para no agotarse- y sobre todo sinsabores y hasta humillaciones. Cuando nadie daba un euro por él. No se irá por su voluntad. Una vez cementado, solo los poderes financieros y medios internacionales de prestigio podrían soltarle de la silla. Quienes realmente deciden en ese punto. Por ellos hace como que comparece ante los diputados, aunque sea un 1 de Agosto a las 9 de la mañana. Ni el remedo de representación popular, ni la sociedad que protesta cuentan en su  opinión.

Si a Rajoy le guía un objetivo, su bienestar, no es así en el caso de gran parte de la ciudadanía que se limita a sufrir mansamente, esperando que dejen de batir las olas con tanta intensidad. Aquellos que se indignaban porque Zapatero bajó un 5% el sueldo de los funcionarios, congeló las pensiones y suprimió el cheque-bebé (que él había implantado), llevan año y medio “aguantando” cuanto les echan. Han visto crecer el número de parados, a muchos les ha tocado ese número en el bombo. La reducción de salarios y subsidios. Las podas a la sanidad o la educación. La ayuda a la dependencia… para otros. Se han encontrado en la calle por un desahucio mientras han contribuido a regalar a los bancos más de 26.000 millones de euros a fondo perdido durante el mandato del PP. Los repagos, la elevación descomunal de precios de casi todo. La amenaza a cuanto constituían sus seguridades. Y lo soportan. Con resignación. Y es distinto, radicalmente opuesto, el “resistir” de Rajoy defendiendo sus logros, que el “aguantar” mermas, padecerlas.

Es lo que toca”. Como si les hubiera sobrevenido una enfermedad virulenta que invalida. Tiene nombre: se llama neoliberalismo. E inoculadores con filiación completa. En este momento en España: Mariano Rajoy y todos los miembros del PP. Con parcelas anidadas como la de CiU en Cataluña. Con híbridos como el PSOE. Y también existen causas que la precipitan. Hábitos perniciosos que bajan las defensas y atoran el cuerpo propio y el social. La principal no pensar, no prever, no unir conceptos. Fiarse de opiniones interesadas. Guiarse por reacciones viscerales que no permiten calibrar el resultado de los actos que se llevan a cabo. Como dar la llave del país, los derechos ciudadanos y la caja fuerte a quienes sobradamente avisaban de su malignidad.

Puede que no al punto de podredumbre corrupta que se está evidenciando. Es cierto también que las alternativas no eran estimulantes, al menos en el bipartidismo que se propicia, aunque no solo. Y aquí viene en ayuda para la propagación de la enfermedad imponderable –de serlo, que no lo es- esa educación  basada en el mínimo esfuerzo, en distraerse para no pensar, en la sumisión, en entregar a otros las decisiones que corresponden a uno mismo, en… aguantar. Inermes, permiten que el daño campe a sus anchas y gane terreno. Ha vencido la resistencia a combatirlo.

Hemos llegado a la fase final de la Doctrina del shock –que tan magistralmente describió Naomi Klein en 2007 como aviso de lo que llegaba-.  Cuando, tras ver sacudidas las estructuras económicas inicialmente y afectados nuestra forma de vida y nuestro futuro, tratan de vaciar la mente, para introducir un disquete nuevo con instrucciones precisas. “Os exprimiremos hasta la saciedad y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”, escribió previamente George Orwell en 1984.

La historia, sí, es vieja, pero ahora “nos toca” afrontarlo a nosotros. Pasiva o activamente. Prima la aceptación estoica. Con un inconveniente serio en contra: la comunicación masiva que antes no existía. Los medios de propaganda o los que igualmente la ejecutan atrapados en las trampas que ellos mismos fabricaron. ¿Para cuándo una sesión completa –con imagen y sonido- de la acreditada y prolífica sarta de mentiras del PP, en prime time, y ante sus autores enfrentados a sus propias palabras?

El miedo a algo peor es el argumento básico que inmoviliza. Y por él se engullen mermas y atropellos que no se hubieran aceptado en momentos de mayor fortaleza. Y por él, parte de los españoles están dispuestos a suprimir prácticamente de su dieta las proteínas, por ejemplo, y alimentarse de pasta o arroz “porque tampoco está tan mal” y después a “rezar” porque no les toque el despido o una excesiva rebaja en el sueldo o la pensión, o la expulsión de su casa, o lo que sea. A causar estupor por su nivel de tragaderas. Y sabiendo que es a causa de un mal que no provocaron. Es más fácil, al parecer.  Vuelven a no usar su cabeza. A hacer dejación de su dignidad. Menos mal que este país presume de valentía.

Tras las vacas gordas, vienen las flacas, y tras las flacas, las gordas, hay que tener paciencia”, dicen quien han hecho elipsis de siglos de desarrollo… agropecuario. Ya asoman, dicen, por la verde pradera. Muchos asistimos perplejos a esos datos estadísticos que valoran sesudamente los expertos, incluso los bien intencionados. Ya cae menos nuestra economía ¡qué bien! y si tenemos en cuenta que se han incrementado un poco las exportaciones de las empresas, etc… igual la deuda pública que crece descomunalmente no nos arrolla. O este gobierno tan eficaz consigue volver a llenar de nuevo con los vestidos de Zara, cosidos en talleres de explotación tercermundistas, la hucha de las pensiones que saquea cuando le apura. O llegamos a cobrar lo mismo que los obreros de Bangladesh y así nos dan matrícula de honor en competitividad. Por poner un ejemplo, entre muchos, de esta locura.

Estamos hablando de personas, no de anotaciones contables. Las que día a día vivimos el abrumador retroceso que nos han inferido y que no se revertirá en absoluto por este camino. Pero la consigna es “aguantar”, como el percebe. Como Rajoy o cualquiera de sus clones. Él, aferrado su poder  y a sus prebendas, resiste. Es un pulso. Con uno de los oponentes autoderrotado de antemano. ¿Quién “aguantará” más? ¿Y “aguantará” los mismos contratiempos? Por el momento, esta sociedad tiene lo que ha trabajado por merecer por acción u omisión: Rajoy. Hay grúas disponibles si uno no sabe cómo levantarse: se están oxidando por falta de manos suficientes.

*Publicado en eldiario.es

El trabajo

Empecé a trabajar a los 13 años. Sin sueldo porque se trataba de ayudar a mi esforzado padre que -buscando sin descanso una salida laboral- había montado una pequeña empresa. Aprendí mecanografía, taquigrafía y algo de contabilidad. Y pasaron varios años, algún empleo miserable en Londres –que sabía transitorio, de crecimiento-, un marido, un hijo, una casa que atender, una carrera simultánea al resto de las ocupaciones, hasta que pude dedicarme a lo que en realidad quería: el periodismo.

Emplearse en lo que a uno le gusta no tiene precio. Cambia el sentido de la vida. Se empieza la mañana con ilusión, se llena el día de matices y retos, y se llega a la noche pleno por muchos que hayan sido los sinsabores y el cansancio. El trabajo –el amado pero también el soportado, todos los trabajos- armoniza la satisfacción personal, el sentido de la utilidad hacia los otros y la necesidad de pagar las facturas y el ocio.

Y un día me echaron. Antes de tiempo. Anticipando la jubilación vital. La nueva teoría de la rentabilidad que precariza no solo la dignidad laboral sino la humana, lo exige –dicen-. Todavía me duele. Creo que, en su día –pronto ya-, me tocará una pensión modesta, permanentemente amenazada por la tijera. También entra en los cálculos restrictivos de “la sostenibilidad del sistema”.

He vivido por tanto las etapas que ahora se reproducen reiniciando y retorciendo el ciclo. Nunca creí ver -volver a ver- las injustas condiciones laborales que atenazan hoy a los jóvenes. El paro, la emigración forzada y sin retorno, la inseguridad en el empleo si se tiene, la imposibilidad de emanciparse por los escasos medios de los que se dispone. Una larga e intensa lucha –que venía de atrás- construyó otro mundo algo más justo.

Trabajar en lo que uno desea, en lo que cumple su vocación, es hoy casi una entelequia reservada a privilegiados. Hasta el ministro de educación, cultura y deportes, dice –ya lo hemos comentado- que hay que llenar los huecos de la maquinaria y no soñar con imposibles. Trabajar en lo que demanda… “el sistema”. Y demanda poco, vamos a ser sinceros. Mientras siga rigiendo la hegemonía del intercambio de apuntes financieros para enriquecer obscenamente a unos pocos, la producción o su comercio precisan escasa mano de obra. Y además la encuentran más rentable en países “en desarrollo”, aunque implique algunos “daños colaterales” de vez en cuando como ha ocurrido y ocurría en Bangladesh, y se denunciaba… y no servía para nada. Y, menos visible, en un sin fin de países donde los ciudadanos son piezas del engranaje de la fábrica general. La que ya apenas asienta sus sedes aquí. Pero aún hay empleo, cada vez menos. De las cifras estadísticas, llama menos la atención cómo está descendiendo la masa laboral.

6.202.700 parados no tienen ni eso. Ah, bueno que algunos trabajan en la “economía sumergida”, ésa que nos roba a los demás en torno a la cuarta par del PIB. Claro que como cuellos blancos nos saquean tanto o más, habrá que dejarla pasar. Y de algo hay que vivir. Del “colchón familiar” también. Que para eso somos un país que estima tanto el sosten de los entrañables lazos de sangre (como en las sociedades subdesarrolladas) y que no tiene quien defienda sus impuestos para mantener el Estado del Bienestar. Objeto de regalías privadas, no se va a ocupar en mantener, no solo los servicios, sino la dignidad de ciudadanos… que sí tienen en otros países. Lo ordena quien cobra sueldos, sobresueldos y complementos sufragados por nosotros.

Los abuelos. Las pensiones de los abuelos constituyen el gran somier del “colchón familiar”. Pero no son “sostenibles”, vaya por dios. Prácticamente las más bajas de la Europa de nuestro nivel macroeconómico, se han pagado “por encima de nuestras posibilidades”. Y, además, como no las hemos jugado para apañar la deuda, para que esté más baja y saneada, mejor no contar con eso.

Y la tierra de nadie. Los cincuentones. A quienes echan porque son más caros que los jóvenes. A los que se condena a no volver a trabajar jamás. A la sensación de saberlo y vivirlo. Cada día. Y, ya amortizados en su uso, se les quita paro y “costosos” subsidios. Y se les pone –caso de que sobrevivan- el cobro de la pensión en los 70 y absolutamente devaluada.

Este casi secular retroceso que hemos permitido no irá sino a más. Las zanahorias de Rajoy y su equipo colocadas siempre en un futuro algo más allá, carecen de tierra para crecer en el progresivo, constante y acelerado hundimiento de nuestra economía. Pero todavía se puede desandar casi por completo el progreso humano. Porque ya no nos faltaba más que la irrupción de Esperanza Aguirre, desbordada en impaciencia por llegar al cargo. Febril, como si hubiera inhalado las cenizas de Thatcher, se propone ir donde nadie llegó… en los dos o tres últimos siglos: acabar con el Estado del Bienestar de una forma radical. Un sálvese quien pueda social. Volver a la enseñanza exclusivamente para las élites o la beneficencia sanitaria, sin renunciar por supuesto a los impuestos que mantienen su estructura de poder y  “el orden” para que nadie rechiste. Aquel asfixiante sistema que hizo erupcionar las guillotinas de la Revolución francesa. Este gobierno, este partido, –probable, posible, presunto, profundamente podrido por añadidura- no puede seguir ni un día más, al menos por este camino. Este gobierno, y sus secuelas por comunidades y cargos idénticas a la matriz.

Como tantos otros, soñé y tuve un trabajo que dignifica, llena, construye y paga -incluso el futuro inactivo-. 6.202.700 carecen de él. Más de la mitad de los jóvenes españoles lo esperan. La opción es seguir siendo piezas, herramientas, accesorios y recambios  a la baja de un sistema degenerado y depredador, o pensar que no se puede demorar ni un instante más el ocuparse… de los intereses del conjunto de la sociedad.

*Publicado en eldiario.es

El legado de Thatcher

Nada le gusta más a la derecha intensamente casposa que una muerte. Fija mitos y encumbra a los altares. Ha muerto Margaret Thatcher y los grandes medios españoles se han volcado en alabarla. Demuestran lo que son: derecha pura. A estas alturas del deceso creo que estamos ya un poco hartos de oír, ver y leer sobre ella. La mujer que cambió el mundo, el orgullo de la derecha, titulan exultantes en portadas, sabiendo lo que estas cosas ayudan para revitalizar la idea. José María Izquierdo hace un excelente repaso en el que destaca que la única crítica que se le opone fue su antieurpeísmo. Aquí. Hasta obreros españoles se desbordan de admiración por “la mujer que acabó con la guerra fría”. Escriben Aznar, Aguirre, todos ellos… presentando como positivo acabar con el Estado y el resto de las tropelías que esta señora perpetró y que hoy aún pagamos. Y lo que te rondaré si no tomamos medidas.

Más moderados, más periodísticos, diarios británicos resaltan también la alegría de muchos ciudadanos por su desaparición. Su legado es de división pública,  egoísmo privado y culto a la avaricia, que, juntos, aprisionan como un grillete el espíritu humano más de lo que nunca llegaron a liberarlo, escribe The Guardian en su editorial.

Es innegable que tuvo una personalidad fuerte y definida. Creo que Atila también. Gustó de ella sobre todo lo mucho que se parecía a un hombre. “No le tembló la mano”, he leído también. Algún opinador mienta, claro está, los genitales masculinos con todo su nombre que le atribuye. Gustan ahora tanto en el periodismo “moderno” los tacos rotundos. Parece que a los lectores también.

Escuché a Anna Bosch, ex (reciente) corresponsal de RTVE en Londres decir que los británicos están encantados con Cameron, el lodo en herencia de aquellos barros thatcherianos. Les han llegado a convencer de que la gente que no trabaja es vaga y nadie tiene por qué pagar su educación, su sanidad o su vivienda, vino a decir.

Viví en varios reportajes el final de la era Thatcher. Londres hervía con el Poll Tax, el injusto impuesto que estableció y que, por ejemplo, hacía pagar el doble a los de una acera y otra de la misma calle. Pretendidamente “igualitario”, dependía del distrito. Y fui testigo de una asamblea local en la que los flemáticos británicos pusieron a parir a su representante político. Allí tienen, allí los ciudadanos le pueden pedir cuentas. Fue tal la protesta que Thatcher tuvo que retirarlo. Quedó tocada y en poco tiempo se precipitó su final.

Destrozó la sanidad, la minería, los ferrocarriles, los sindicatos que eran de lo más sólido y honesto de Europa. Y sobre todo instauró lo que cuenta The Guardian: el egoísmo privado y el culto a la avaricia. Lo que hoy tenemos en toda la Unión Europea. En España. Cada día nuevos atropellos. Pero la sociedad, una parte de la sociedad, también se está acostumbrando a que “las cosas son así” y es estupendo. La revolución neoliberal se volcó para su triunfo también en idiotizar a los ciudadanos. Con la inestimable ayuda de los medios que controla.

En 1982 Thatcher invadió Las Malvinas (elevando por cierto su popularidad resentida a la estratosfera). En algún lugar de esos que procuro siempre escribir, comparé a “La mujer de hierro” con “La mujer de cristal”. Casi al mismo tiempo se había suicidado la actriz austriaca Rommy Schneider, víctima de la muerte de un hijo y de amores equivocados. Hay mujeres que lloran, y las hay que provocan llanto. Thatcher ha vuelto a robar la portada en España a otra mujer: Sara Montiel, que también murió este lunes. La que en su libertad y belleza hizo soñar en futuros posibles a muchas mujeres coetáneas de su época, en el franquismo. Por más que las películas aseguraran que esas osadías se pagan caro. También era fuerte, aunque con sangre en las venas que siempre debilita.

Lo peor de Margaret Thatcher no es –con ser mucho- lo que hizo, sino el legado que deja. La impulsora de la doctrina neoliberal –con Reagan y el apoyo “espiritual” de Juan Pablo II- está aquí para quedarse. Hierro que mata y no muere.

O povo é quem mais ordena

  Cientos de miles de portugueses han salido a la calle a protestar por los recortes, tanto en Lisboa como en otras ciudades del país.  Supone la contestación más masiva de los últimos tiempos, desde que la Troika y el gobierno conservador de Passos Coelho los cogió en sus manos. Ciertamente, fue al que votó la mayoría desencantada con los socialdemócratas.

   Dice el presidente del gobierno que todo marcha bien y se encaminan a la recuperación. Que las medidas adoptadas son las que había poner en marcha. Que ya se ven datos positivos. Que Portugal ha logrado credibilidad en los mercados financieros con sus reformas y que la deuda a diez años se cotiza ahora  a un interés del 6,3%, cuando hace un año rozaba el 17 %. Algo que, por cierto, puede cambiar en cualquier momento dada la impunidad y el amparo de los gobiernos neoliberales con la que operan. De algo nos suena todo esto a los españoles.

Lo cierto es que, como ya os conté de primera mano, los portugueses viven ahora mucho peor y los datos económicos van en despeñe, exactamente igual que aquí. Allí el paro se ha disparado al 17,6 % (el doble que hace tres años) y el PIB ha caído al 3,8 %. Nuestra recesión económica no es aún tan grande, pero en la tasa de desempleo les ganamos por goleada.

Los portugueses han vuelto a cantar con lágrimas en los ojos el himno de la Revolucíón de los Claveles. Está ya en sus raíces. Y desde luego si o povos maltratados por el neoliberalismo en Europa se unieran volvería a caer el tinglado que se han montado a nuestra costa, como sucedió en Portugal en 1974, totalmente en paz. Y es que, sí, el pueblo es el que más ordena.

Destruir el Estado

El candidato republicano a la presidencia de EEUU, Mitt Romney, quería -y quiere- acabar con la Agencia de Atención de Emergencias porque “le cuesta mucho dinero al Estado”. Privatizarla para que los ciudadanos paguen por la ayuda. Si le toca, le tocó, oiga. Un huracán con víctimas mortales y numerosos daños materiales ha venido a demostrar la gravedad de tal medida, pero era igual de peligrosa sin que los vientos huracanados pasaran por USA y un abultado número de ciudadano se dispone a votar estas políticas que les perjudican directamente.

Portugal también se plantea reducir el Estado porque ya no sabe de qué más recortes a la población sacar el dinero que les falta. Les dieron 78.000 millones de euros en el rescate. A los bancos europeos 1,6 billones y sin contrapartidas. Pero esto funciona así, y el objetivo último es acabar con el Estado, con más de un siglo de un ordenamiento social algo más justo. Y volver al “sálvese quien puedas” y si eres pobre te aplicamos la doctrina que patentó en España Andrea Fabra.

El PP avanza en esa dirección con gran entusiasmo. Cada día un pasito más. Desde hoy se puede echar personal laboral de la función pública con escasos trámites y por una miseria (previamente apañada en la Reforma Laboral). Pronto será el personal fijo. AENA y RENFE prestos a ser dilapidados para que se beneficien de sus ganancias empresas privadas.

Lo explica, de nuevo, Ignacio Escolar. Con la brillantez que le caracteriza su artículo comienza así: “No quiero abolir el Gobierno”, decía hace diez años Grover Norquist, uno de los políticos más influyentes en la Administración de George W. Bush. “Me conformo con reducirlo hasta un tamaño que nos permita ahogarlo en la bañera”. Aquel sueño húmedo de los neoliberales se está haciendo realidad. Sarcasmos de la gran depresión: ha sido el flagrante fracaso de sus mitos sobre la desregulación financiera y el Estado sumergible, ese mismo error que nos llevó a la crisis, lo que les ha dado su gran oportunidad».

Mientras, las noticias más vistas en la prensa tradicional hablan de una bronca en una boda entre castellanos y vascos, y de que un subproducto de la prensa de vísceras y atontamiento -María Patiño- propuso entrevistar a un señor que lleva 6 años muerto. Eso es lo que interesa.

En las afamadas Redes Sociales, en twitter, he enlazado esta mañana varias graves noticias. Algunos se han mostrado tan preocupados como yo. La más comentada, sin embargo, hacía referencia a que se prevén 5 millones de desplazamientos este puente y he osado decir que «No todos sufren la crisis». No están de acuerdo, vaya por dios, algunos van a su pueblo a traerse patatas, qué majos. Apasionante tema ¿eh? Es que la gente necesita «distraerse», están pobrecillos tan agobiados. No lo están por las putadas que nos hacen a los demás con su actitud egoísta y sin criterio.

No sé si regresar al estado Zen de ayer o pensar en medidas más drásticas. Por hoy seguiré con el Zen. Animoso y todo.

Periodismo oficial: una labor implacable

El próximo objetivo del neoliberalismo (del patrio también por supuesto y en cabeza si se tercia) es atacar las pensiones. Los medios grandes (que no grandes medios), muy en su línea, contribuyen pues a preparar el terreno.

ABC se pregunta de nuevo hasta cuándo durará el sistema de pensiones. Y llama la atención, con gran tino, en que difícilmente podrán cobrarlas los jóvenes actuales en paro dado que no les llegarán los años cotizados. Estimulemos pues los planes privados. Porque al Estado no le llega para estas cosas.

En todos los casos, pero mucho más en el de quienes hemos pagado muchos años, es un claro fraude. Ya nos hicimos con ese plan de pensiones a lo largo de toda una vida laboral en la que nos descontaron mensualmente para ese fín y otros que también están podando.

Y tenemos también el panorama que nos presenta TVE en esta otra noticia en la que vemos a los ricos alemanes que se apuntan a trabajar hasta la muerte. Más de 750.000 jubilados del idílico país trabajan en minijobs por 400 euros, cuando el sueldo medio allí es de casi 2.000 euros. De estos trabajadores compulsivos alemanes, 120.000 sobrepasan los 75 años. Algunos, nos cuentan, lo hacen por necesidad, otros por mantenerse activos. El porcentaje ha aumentado un 60% desde el año 2000. La buena información del corresponsal Miguel Ángel García detalla de qué forma se han reducido las pensiones también en Alemania. El camino a la miseria del que hablábamos ayer.

Si lo hacen hasta en Alemania, cómo no lo vamos a practicar aquí. Pero que nadie dude que le quitan el trabajo a otro mejor remunerado, y que con las cifras de paro de España esto es una entelequia… o una tremenda trampa. Restar aún más empleo a quienes tienen edad de construirse una vida.

Los políticos. Son una pena. Tanto como cuenta este excepcional trabajo del periodista -en paro- Antonio Maestre. Entren y miren cómo es posible con esos patrimonios y esas prebendas ocuparse de asuntos nimios como el bienestar de la sociedad a la que representan.

Por eso, el neoliberalismo reinante ya ha dispuesto gobiernos tecnócratas sin pasar por las urnas. Ésta es una perversión todavía mayor. La política es esencial en un sistema democrático. Es imprescindible, inaplazable, regenerarla, pero no acabar con ella. De alguna forma aún podemos pedirles cuentas, cosa que no sucedería con los dueños de la empresa… en la que están convitiendo los países. La que se dirige a la obtención de beneficios económicos sin pensar en las necesidades de los «empleados».  ¿No pagamos impuestos? ¿Para qué los pagamos pues?

En esta línea, El Mundo nos obsequió hace unos días con este EL GOBIERNO PLATÓNICO DE «LOS MEJORES».  Y describen: «Dirigen empresas que aumentan beneficios y crean empleo, pero ¿podrían «rescatar» a esta España en crisis? Un grupo de expertos los selecciona. Los 14 tienen méritos, dicen, para llegar a La Moncloa».

Lo más granado del empresariado español (ése que en buena parte emplea fuera trabajo esclavo para ahorrar costes). Lo presidiría Pablo Isla, el actual gerente de Inditex y por ejemplo el inefable dueño de Mercadona, Juan Roig, sería el ministro de economía. El que envidia el trabajo de los chinos.  Con mujeres y todo, 5 frente a 9 hombres, como dios manda. Pasad también aquí y contemplad este gobierno estupendo.

Gobierno platónico de El Mundo


El superpiloto Draghi pide que nos bajen sueldos y derechos

El BCE, ese banco central de la UE que actúa como banco de los bancos privados y que no responde ante nadie, ha dado recetas a España para –ésa es la verdad- pagar el coste del rescate a los bancos. El que Rajoy dijo que no tendría contrapartidas para los ciudadanos.

Estima Mario Draghi, el presidente del BCE, que hay que bajar aún más los sueldos de los españoles. Los más bajos ya de la Europa de nuestro nivel, la UE15, anterior a la ampliación al Este. Y que hay que “desproteger” el empleo y el desempleo. Y, lo que llama él y todos los de su cuerda, «liberalizar» (traduce como vender a propietarios privados lo nuestro) todavía más el sector servicios, “retirando obstáculos a la libre competencia”.

A Draghi le parece bien la reforma laboral del PP pero quiere profundizar en ella (hacerla más salvaje aún) y añade –como el PP- que «si se hubiera hecho antes, hubiera frenado la destrucción de empleo”. No es cierto. Grecia, la primera víctima de la locura ultracapitalista en la UE, ha seguido los mandatos impuestos por la Troika (UE, BCE y FMI) y ahora tiene un 23,1% de paro, frente al 16,8% de hace un año. Igual nos pasará a nosotros, nos vamos a salir de la tabla. De hecho, desde que se aplica la austeridad neoliberal ha aumentado el desempleo.

La realidad de los hechos le tiene sin cuidado al BCE, a la UE, a Merkel, al PP, y sus santas madres. Ese empecinamiento en el error da jugosos beneficios a aquellos para quienes trabajan y, mientras las víctimas callen, nada cambiará. Todo lo contrario.

Tiene cierta (maldita) gracia que Draghi recomiende a España “invertir más en educación para reducir el paro”. Malamente se puede hacer con tanta “liberalización” del sector público, pero es que, además, es un tema que produce urticaria al PP. Todas sus medidas en ese terreno han sido para destruir la educación. Dramáticos recortes destinados a crear una población de epsilones que no se cuestione nada. Así que el hecho diferencial español será, es, que antes enseñan el arte de la tauromaquia que la educación integral.

Bajar aún más los sueldos. Subiendo los precios hasta límites insostenibles y más cuando se aplique el aumento del IVA en Septiembre. Estas cabezas dementes, borrachas de ambición, nos han sumido ya en la ruina. Nos quieren chinos. Con sueldos miserables y sin derechos. Algo que solo funciona con gobiernos autoritarios, y hacia eso vamos también. O estamos ya.

Mi querido amigo Paco Altemir me envía un chiste al correo que tiene mucho que ver con esto.

“Están todos los pasajeros en la sala de embarque esperando la salida del vuelo cuando de repente llega el copiloto impecablemente uniformado con anteojos oscuros y un bastón blanco tanteando el camino…

La empleada de la compañía aclara que, si bien es ciego, es el mejor copiloto que tiene la empresa.

Al poco rato llega el piloto, con el uniforme impecable, anteojos oscuros y un bastón blanco asistido por dos azafatas.

La encargada de la sala aclara que, también, el piloto es ciego, pero que es el mejor piloto que tiene la Compañía y que, junto con el copiloto, hacen la dupla más experimentada.

Con todos a bordo, el avión comienza a ANDAR, tomando cada vez más velocidad y con los pasajeros aterrorizados.

El avión sigue tomando velocidad pero no despega… continúa la carrera y sigue en tierra.

Cada vez el final de pista está más cerca y en una explosión de histeria general ¡los pasajeros comienzan a gritar como poseídos!

En ese momento el avión, milagrosamente, toma altura …entonces el piloto le dice al copiloto:

– El día que los pasajeros no griten ¡¡¡ Nos vamos todos a la MIERDA !!!

Dice Paco:

Así está hoy ESPAÑA, gobernada por ciegos que no ven, o no quieren ver, la realidad. A la espera de que el pueblo «GRITE» para levantar vuelo.

No, amigo, saben muy bien lo que ven y lo que quieren, dentro de un caos que receta medidas contradictorias y que solo los ciegos de mente entre las víctimas se niegan a reconocer. Lo peor es que aquí ni con el miedo a estrellarse se levanta la voz. Y al que lo hace lo acallan los pilotos, la compañía de aviación, y hasta la mayor parte de los pasajeros. Son muy correctos, muy positivos, muy de toda la vida y por eso prefieren decir: «traga otra cucharadita, niño».

Nos roban… y aplauden

Un 45% de los encuestados por un reciente estudio de Metroscopia estiman que con los recortes dentro de dos años la situación económica habrá mejorado.  Han hecho suyas las promesas de Cristóbal Montoro y otros miembros del gobierno. Lo que ya es tener fe, esa virtud teologal que se define como creer lo que no se ve. Estas personas –como otras muchas que aún se debaten en la duda- muestran un problema mecánico en el cerebro para relacionar conceptos.

 Ya no es únicamente que hasta un aprendiz de economía conoce que las mermas económicas y los re-pagos retraen la actividad y ocasionan más recesión y, por tanto, más paro y más podas, es que basta con abrir los ojos y mirar cómo han funcionado los recortes en Grecia, Portugal o Irlanda. Y cómo en Islandia que está creciendo al 3% al tomar la propia sociedad las riendas de su destino.

 El plan de los gobernantes neoliberales es otro. Si es que en el caso del PP hay alguno en su desconcierto, lo que sí saben es que ahora toca lo que siempre llaman “acometer un ambicioso plan de privatizaciones” que van a perpetrar en su mayoría escudados en la agosticidad del mes entrante.

 No harían falta siquiera nuevos subterfugios: un amplio sector de la sociedad no siente como suyo lo público, ni siquiera el bien común. Si un extraño les sustrae una maceta en la puerta de su casa pueden montar un cirio sin precedentes, pero si les despojan de la  sanidad, educación, servicios públicos, cultura, ciencia e investigación, el empleo y el desempleo, las pensiones, el futuro de los jóvenes o el nivel de vida entre otras cosas, les parece lógico. No asimilan que también les pertenecen.

 Mucho más incluso admiten que les vendan a empresarios privados todo lo público que aún queda de los festines organizados por los gobiernos anteriores cuyo monto se ha volatilizado porque no lo vemos por parte alguna ¿No están las arcas públicas vacías?

 Nadie entendería que un propietario privado a quien se derriba su casa para construir una autovía, por ejemplo, no recibiera dinero alguno por el daño. Pero es que, como dice el profesor Ugo Mattei de la Universidad de California: “la tradición constitucional liberal protege al propietario privado del Estado constructor, instituyendo la indemnización por expropiación, mientras que ninguna disposición jurídica –y menos aún constitucional-  ofrece ninguna protección cuando el Estado neoliberal traslada al sector privado los bienes de la colectividad”. 

Impulsadas en Europa por Margaret Thatcher en los 80´, en España  -y dentro del fervor neoliberal que desencadenaron los Consensos de Washington y Bruselas- inicia las privatizaciones Felipe González, conservando la mayoría pública. Luego encuentran su amparo legal en el llamado  «Programa de modernización del sector público empresarial del Estado» de Aznar para el que se empezarían a dictar leyes sectoriales desde 1997. Entonces se emprende la enajenación total de empresas públicas. Es decir, tienen un cierto respaldo legal –en absoluto por norma constitucional- pero claramente ilícito: venden lo que es nuestro y hemos pagado y sostenemos con nuestros impuestos. El “contrato” del voto no lo explicita.

 Ahora estamos hablando ya de asuntos vitales: hospitales, colegios, gestión de la salud o de la educación, el agua, los transportes. Ya se ha anunciado la privatización de RENFE y escuchamos a la ministra Ana Pastor lo modernos y europeos que vamos a ser con esa medida… que ha ocasionado un deterioro del servicio, y hasta graves accidentes en los países que se anticiparon con idéntico resultado: el dinero de la venta voló. Y es que esta “empresa” -a la que aún llaman país- que cierra las líneas y servicios “deficitarios” (para el negocio de unos pocos), encuentra una enorme dificultad en cuadrar las cuentas por más que utilice a los ciudadanos como variable económica.

 Los “ambiciosos planes de privatizaciones” pueden calificarse en buena medida de robo y estafa a la ciudadanía. En sí mismaa. Sin contar perversiones añadidas como aquellas de Aznar que «criticó» el Tribunal de Cuentas, sin consecuencia punible alguna.

 Sí hay dinero, insisto. Mucho. Pero ése no quiere ni tocarlo el poder neoliberal, mientras haya primos que se dejen desvalijar. Lo que pasa es que en esta bendita democracia en la que un 30,2% de los votantes ha otorgado al PP las llaves de la caja fuerte y de una apisonadora de involución ideológica, hemos de pagarlo todos. “Es la democracia, hija mía”, dicen.

 Una democracia desinformada, poco exigente en lo fundamental, con un decisorio grupo de personas  crédulas por naturaleza al parecer, algunas con deficiencias en los mecanismos neuronales de la reflexión, o simplemente egoístas cuando no corruptas. Personas, porque ser ciudadano es otra cosa: es pensar en el bien común. Y ése nos lo están robando -con grave quebranto de nuestras condiciones de vida-, mientras un coro aplaude, otro se desentiende… y otro no encuentra la fórmula para frenar tanto desatino.  Con el dinero que “sí hay”, bastaría apenas con “desprivatizar” las redes inducidas de la ignorancia, la fe, la abulia y el miedo de esa sociedad lastre con la que cargamos.

*Publicado en zona crítica de eldiario.es

Si mientes, destrozas y fracasas, dimite

Ha duplicado el diferencial de la prima de riesgo en solo 7 meses, llegando a la antaño impensable cifra de 612 puntos. Las bolsas registran niveles históricos de pérdidas. España está rescatada con fondos europeos en su sistema bancario y a punto del rescate total. Inspira nula confianza internacional. Cada vez que abre la boca su ministro Cristóbal Montoro se produce alguna catástrofe. La comunidad valenciana, cuya gestión ofrecía como modelo, también pide rescate del Estado. Ha abaratado el despido y la dignidad del trabajo con su reforma laboral. Disminuye las prestaciones e insulta a los parados españoles (récord en el mundo industrializado). Ha cercenado la sanidad que fue ejemplo en el mundo y obliga al copago. Da un tajo a la investigación presumiendo de ello. Nos devuelve –a través de José Ignacio Wert- a una educación de medio siglo atrás, sube las tasas universitarias y hasta el precio de los cuadernos y lápices. Quita los “peligrosos” y “caros” ordenadores de los colegios. Eleva el impuesto de los libros digitales. Reserva la cultura a los pudientes. Sube de precio productos básicos. Y el gas, la electricidad o la gasolina. Nos vende servicios básicos –que son nuestros- como el ferrocarril. O perpetran una reforma del código penal que castiga con 2 años de cárcel por ejemplo convocar manifestaciones por Internet. No se puede pedir más a la gestión de Mariano Rajoy.

 Pero ahora resulta que “no tiene más remedio” porque no quiere tocar ni de broma los privilegios de aquellos para quien gobierna. Que “no hay dinero”, cuando “sí lo hay”.  La prensa afín silencia las protestas multitudinarias de la sociedad contraria a los recortes para que la adormecida no se entere de la dignidad de los demás. Y ha encontrado un nuevo culpable: el BCE. La culpa ya no es de Zapatero ni del chachachá, es de Europa. De la Europa… tan neoliberal como el PP.

   Las mentiras y desdichos de su programa electoral –recogidos con sus rostros, voces y agrios tonos profusamente en youtube- harían avergonzarse a quien tuviera un mínimo de decencia. Ellos dicen que “las circunstancias han cambiado”.


 

Seamos serios. La campaña del PP, como vemos, estuvo basada en la mentira. Y su caótica gestión ha empeorado nuestros problemas. El desconcierto del gobierno no lo salvan ni las clases de arte dramático que debe recibir con gran aprovechamiento la vicepresidenta. El futuro no se nos puede presentar peor en estas circunstancias. Un triunfo basado en las mentiras debe ser revisado: el gobierno tiene que dimitir y convocar elecciones. Es lo coherente, lo digno, lo justo. No hay apenas donde elegir  y el principal partido con posibilidad de gobernar, el PSOE, anda tan perdido como el PP. Pero así no podemos seguir. Nos jugamos mucho. Por mucho que estemos ya agotados de explicar, de luchar, siquiera de pasarlo mal.

 Cada ser humano tiene una cabeza para relacionar conceptos y de ellos sacar conclusiones y actuar. No se puede delegar más la responsabilidad de pensar y reflexionar. Al menos nos quedamos con el gozo de la dignidad.  El Roto nos explica la nueva teoría de la cazuela. La que escribo en Actúa, libro que relanzamos el lunes en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander porque contiene las respuestas de ahora mismo. Con estas reflexiones os dejo, seguramente por unos días.

 

Ahora nos vamos a pagar unas autopistas

Tras haber vivido por encima de nuestras posibilidades, parece que aún nos sobra dinero ahora para rescatar –además de a los bancos- a las autopistas de peaje. Publica El País que 9 de ellas soportan un agujero de 3.800 millones de euros que se propone sufragar el gobierno. Las más afectadas, las de Madrid. Una ciudad récord en este tipo de infraestructuras.

Gráfico facilitado por @moncherti de tomas aéreas

Corría el año 2001 cuando al PP le entró la fiebre constructora con Francisco Álvarez Cascos recién llegado a Fomento desde la vicepresidencia del primer Gobierno de Aznar. Ya habíamos aprobado la liberalización absoluta del suelo, ya se inflaba con gozo la burbuja del ladrillazo y además teníamos algunos compromisos que solventar.

La R2 por ejemplo que une Madrid con Guadalajara, pasando por Yebes, con una estación de AVE también  –que igualmente promovió el PP- a 8 kms de la ciudad, sin conexión con cercanías, y cuyo taxi sale más caro que pagarlo desde Madrid a los aproximadamente 15 viajeros que usan esa parada al día. Es que Yebes iba a ser un pulmón para Madrid, con una urbanización estupenda –hoy fantasma- que os diría que levantaron familiares de Esperanza Aguirre, pero no se puede porque luego la presidenta se enfada e interpone querellas.

Tanta carretera, por dios, y sin hacer planes de viabilidad de usuarios. Y sin prever cómo se disparan las obras en España, aunque reiteradamente nos haya apercibido la UE, por ser el único país en el que ocurre. “La partida para expropiaciones estaba fijada en 40 millones pero finalmente ascendió a 430. Así figura en un libro de la patronal de concesionarias y túneles, Aseta”, explica El País. Porque ésa es otra, los terrenos se expropian y se pagan, los servicios públicos que hemos costeado no.

La autopista que une Madrid con el aeropuerto también es deficitaria. Se llega antes por la carretera nacional y ésta es carísima. Este problema se intentó paliar abocando a los conductores a meterse en ella y pagar quieran o no. Os invito a dar un paseo en coche por la zona. En un nudo de carreteras imposible, -que debe haber costado una fortuna-, todos los carteles indican la opción de Zaragoza pero no la de sentido inverso: Madrid. Como uno no aprenda que ha de seguir las indicaciones de San Fernando de Henares se mete en el peaje con suma facilidad. Pues ni aún así.

Añadid otras tres radiales en Madrid, y las autopistas de Ocaña-La Roda y Alicante-Cartagena-Vera y nos salen esos 3.800 millones de euros, que no son los primeros. El gobierno socialista con el consenso del PP ya viene suministrando dinero a los concesionarios desde hace tiempo.

“En estas autopistas entraron constructoras (ACS, OHL, Cintra, Sacyr, Sando, Isolux…) pero también cajas de ahorros, como Caja Madrid, Unicaja, Cajamurcia o Cajamar. Los dos sectores atraviesan enormes dificultades y tienen en las autopistas una carga extra”, explica El País. ¿Cómo vamos a dejarles que pierdan dinero? Para eso estamos ¿no?

Ahora que desmantelan la escuela rural y la urbana o hacen pagar más por los medicamentos y puede suponer la vida no poder costearse un tratamiento, pensad que estamos ayudando a ACS, OHL, Cintra, Sacyr, Sando, Isolux…a Caja Madrid, Unicaja, Cajamurcia o Cajamar. Ya sé que ellos nunca comparten los beneficios con nosotros, pero en España somos así de rumbosos. Y el neoliberalismo no quiere Estado más que para mantener a los suyos y emplear la mano dura con quienes protestan.

De cualquier modo, pagarlas las pagaremos. «¿Acaso no puede quebrar una autopista? Desde el Gobierno temen que, en caso de bancarrota, la Administración acabe en el juzgado y tenga que hacerse cargo en cualquier caso de la deuda. Hay argumentos legales para ello: las concesiones se hicieron sobre cálculos de tráficos que jamás se cumplieron, la ley del suelo de Aznar disparó los costes de expropiación de los terrenos y las cuentas, por tanto, jamás salieron», escribe Ignacio Escolar.

Otra ayuda. Cuenta Cinco días que Fomento piensa en sus autovías de Madrid para estrenar el pago por uso. Están ya amortizadas, pero un sobrepago para pagar las facturas del Estado nunca está de más.

Ocurren hoy, toda esta temporada, cosas mucho más graves. Pero he pensado que os gustaría saber cómo nos sobra el dinero para pagar a los dueños de las autopistas por ejemplo. Para el neoliberalismo, las posibilidades de ordeñar a la vaca que ni muge son infinitas.