La sociedad española deprimida e irritada

El último barómetro que el CIS acaba de hacer público refleja, en mi opinión, un profundo desencanto en la ciudadanía, y, al tiempo, una seria irritación. Y me temo que es mayor el primero, el desencanto, que la rabia que al menos sería motor de cambios. Como sabéis me gusta bucear en los datos de este trabajo sociológico que, por todas las variables que maneja, ofrece mayor credibilidad que la mayoría. Acudo también a dos expertos enlazados en el blogroll. Las prisas de los titulares suelen desenfocar algo la realidad.

Fermín Bouza, catedrático de sociología-opinión pública es una de las mayores figuras en su campo. Y no ve nada claro esa diferencia de 3 puntos entre la intención de voto entres socialistas y populares. De su erudita argumentación, extraigo la fascinante figura de los movimientos brownianos. Vendría a ser que una mota de polen cae en una gota de agua. Y se organiza una auténtica revolución en la que nada es estable: “el movimiento aleatorio de estas partículas se debe a que su superficie es bombardeada incesantemente por las moléculas del fluido sometidas a una agitación térmica”, dice Wikipedia. Imaginad a la sociedad española sometida en una misma mañana –hoy- a escuchar que Rajoy es “un auténtico corredor de fondo” y que ha remansado las agitadas aguas del PP, y poco después que Esperanza Aguirre le ha plantado como a un geranio, antes de que le echara la bronca, y para hacer constar su independencia. Y que el valiente y coherente Manuel Cobo no se retracta y pone sus cargos a disposición del partido. Y que Aguirre dice que ella es una víctima y Cobo su agresor. No sé si la benevolencia extrema que se muestra con el líder popular lo situará a estas horas aún en carrera o no. Pero en breve así volverá a ser.

El otro experto es un hallazgo para mí. Wonkapistas. Haciendo un recorrido histórico nos cuenta que la preocupación de los españoles por la corrupción, el fraude, los políticos y todo lo que les rodea, está volviendo al nivel de 1994-1995, aunque sin alcanzarla. Y que esta inquietud palidece al lado del paro y los problemas económicos que está alcanzando cotas máximas, este último. Aquí está el gráfico.

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Gráfico elaborado por wonkapistas

Y lo que yo veo es que la situación económica la ven mala o muy mala más del 57% y regular el 30% y que la cuarta parte de los españoles creen que el próximo año será peor. Que todo lo desplaza la preocupación por la estabilidad de sus cuentas corrientes. Sanidad, educación, el funcionamiento de los servicios públicos, la violencia contra la mujer, los problemas de la juventud siguen con cifras muy bajas. Hasta un 0,2% el racismo, por ejemplo. O las pensiones amenazadas, de lo que parecen no enterarse ni el 2%. Podéis bucear en todo en el enlace al CIS.

Ahora bien, la diferencia entre cómo creen que están capacitados para resolver los problemas PSOE y PP, se decanta con sólo un punto de diferencia en el caso del empleo, a favor del PP. Y 10% en la economía. Un 34% cree que el PP solucionaría la economía. En todo lo demás (14 aspectos esenciales frente a 2) al PSOE se le considera más apto, hasta llegar a un abrumador 42% y 17% en la igualdad entre mujeres y hombres. O muy similar, en las políticas sociales. Pero un sector muy numeroso -oscila en torno a la cuarta parte y hasta más del 30% en cuanto a empleo y vivienda-, piensa que ningún partido solucionará los problemas.

Ni un solo político español aprueba, aunque en estas encuestas los españoles suelen ser parcos en notas. La calificación más alta es para el ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba con un 4,77 %. José Luis Rodríguez Zapatero inspira poca o ninguna confianza a más del 72% de los españoles, y Rajoy al 80,2%. Un 25% de los españoles no votaría nunca al PP y un 11,7% al PSOE. Y un 10% a IU.

Los datos resultan demoledores a mi juicio. Desánimo, casi desolación, de una ciudadanía muy crítica con sus políticos. Si eso no les sirve de reflexión, cegados –algunos- por el poder, no sé a qué más esperan.

De cualquier forma, insisto: ¿Nadie se cuestiona el sistema?

Berlín: así se desmoronó el muro

 El diario El País me publica hoy una tribuna en la que cuento mi experiencia al ser testigo de la caída del Muro de Berlín. De aquella primera puerta que se abrió en lado Este. Los miembros de un equipo de Informe Semanal fuimos los únicos periodistas presentes en aquel momento enormemente emotivo, poco espectacular en su inicio (los centenares de germanorientales a los que siempre se ha aludido y el resto de los informadores llegaron después), real hasta sentirlo en los huesos, que cambiaría el curso de la Historia.

   En el fragmento central escribo:

 «El periodismo permite en momentos excepcionales ser testigo directo de la Historia. Así ocurrió cuando, en el otoño de hace 20 años, los miembros de un equipo de Informe Semanal de TVE llegamos a Berlín la víspera de un acontecimiento no previsto. El Checkpoint Charlie nos recibió como escenario perfecto de la guerra fría: noche, niebla, rígidos policías grises, silencio despoblado. Al día siguiente, los berlineses del Este, hasta entonces sufridos y disciplinados, bullían en corrillos. Su principal queja era la falta de libertad para viajar, para leer y hablar sin cortapisas. En murmullos condenaban la rigidez del sistema y las ideas anquilosadas de los dirigentes de la RDA. La oposición -pacífica- se había ido multiplicando de forma exponencial desde el verano. De apenas unas decenas de manifestantes se había pasado a medio millón. Y el éxodo registraba ya 200 huidos por hora.

Los dirigentes de la Alemania del Este habían pedido ayuda a los rusos. Gorbachov fue diáfano: «El Ejército soviético no actuará contra la población». ¿Qué solución cabía? ¿Una masacre? Egon Krentz, el entonces presidente de la RDA, lo consideró como opción, según declararía después.

Detrás del Telón de Acero había un mundo desconocido -y aún mitificado por algunos- por descubrir. Alemania Oriental era su supuesta joya económica, pero en las fruterías sólo se vendían coles; los cosméticos se envasaban en botes de detergente, o así lo parecía; los maniquíes de los grandes almacenes remitían a 20 años atrás. El popular Trabant, coche de cartón plastificado, se orillaba en las calles sin repuestos para sus averías. Únicamente una fábrica nos franqueó la entrada al equipo de televisión. Elaboraba material para endoscopias: su maquinaria parecía datar de los años cincuenta. El Muro se caía solo… por consunción.

El día 9 de noviembre, tras unas horas de confusión, un informador envió esta noticia a su agencia: «El muro de Berlín se ha abierto». No era así. Todavía no. A las 18.57 había comenzado lo que el embajador español Álvarez de Toledo denominó «cadena de malentendidos».

La televisión germano-occidental dio la noticia en su informativo de noche, visible en el Este. El paso del puente de Bornholmer se ubicaba a pocos pasos de la Embajada española, donde nos encontrábamos el equipo de TVE. Fuimos hacia allí: unas 50 personas curioseaban y no ejercían presión alguna. Un policía abrió la puerta y dijo: «Pueden pasar». Eran las 21.12. Al otro lado, los germano-occidentales aguardaban con champán. Estalló el júbilo, los abrazos, las lágrimas, aunque persistía el temor. Poco después, mareas humanas rodearon el Muro, muchos llevaban picos para derribarlo, otros trepaban para cruzarlo, ya sin el miedo a ser ametrallados».

Aquí el artículo completo.

 Ciertamente, el muro tenía dos caras y la occidental también se desmorona -en este caso por sus insostenibles desequilibrios sociales-. También su nomenclatura se atrinchera en el poder.  Es la sociedad quien puede soplar sobre los muros podridos hasta derribarlos. Los germanorientales lo hicieron «sin dar un grito ni perder una hora de trabajo», como decía el embajador español en la RDA Alonso Alvárez de Toledo, pero con firmeza encomiable. La libertad, sí, es un caudal incontenible, pero libertad sin equidad tampoco sirve.

La economía familiar mejora

Leo que “una de cada tres familias no puede irse de vacaciones más de una semana”. Y que el 19,6% de la población residente en España vive por debajo del umbral de pobreza relativa, medido éste sin considerar la posesión de vivienda, al ingresar menos de 5.815 euros al año, según recoge la Encuesta de Condiciones de Vida del año 2008 hecha pública hoy por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Si los periodistas tuvieran memoria, o utilizarán el archivo –que nada nace sin antecedentes-, verían que, a tenor de los datos, la situación económica de las familias españolas ha mejorado. En 2005, en navidades para ablandar conciencias, hice un reportaje en Informe Semanal a raíz de un estudio que parecía alarmante. Quienes no podían costearse ni una semana de vacaciones eran el 44%.  No es lo mismo «ni una semana» que «más de una semana». Y los pobres ascendían al 19,9%, exactamente la misma cifra de diez años atrás. Había empeorado en cambio la situación económica de la mujer, que se separaba de los hombres un punto. Ahora es mayor la brecha entre los hombres (18,5) y las mujeres (21,2). Es la misma encuesta (Condiciones de Vida).

Extremeños y andaluces siguen siendo los más pobres. Y también los ancianos con respecto al resto de la población, el 30,6 ahora frente al 29,6. Cotejad el primer enlace con el estudio completo del INE que acaba de dar a conocer.

La ironía del título de este post, no oculta que, con crisis o sin ella, con demagogia o sin ella, a través de intoxicaciones o en ausencia de ellas, siempre pagan los mismos. Y resulta intolerable que el sistema por el que nos regimos mantenga año tras año, década tras década, a casi el 20% de la población en el umbral de la pobreza. Y no es cuestión de caridad navideña (o de cualquier tiempo), sino de justicia una vez más. Y de eso deberíamos ocuparnos todos en lugar de distraernos con las moscas que pasan, aunque ciertamente, algunas sean moscardones.

La crisis y los puentes

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Agotados de llevar poco más de un mes trabajando, como bien plasmaba el chiste de Forges con quien comparto tantas inquietudes, los españoles han vuelto a lanzarse a la carretera, a la playa, a la montaña, a paralizar el país. Tres días en los que apenas nada se mueve en España porque ¡estamos de puente!

Vivimos una profunda crisis, nos dicen hasta la saturación, la mayor del mundo desarrollado, pero un gran número de españoles se aprestan al jolgorio y/o al descanso. “Hay gente que lo está pasando mal”, me decía anoche una amiga mientras preparaba también sus maletas, pensando en regresar de su viaje un poco más pronto el lunes para tratar de evitar un inconmensurable atasco. Y le contesté mal: se lo tienen bien merecido por no reaccionar. Y todos los demás igual, mi coche, mi playa, mi montaña, mi restaurante y del resto me olvido. Acabamos con la vieja historia del “y cuando vinieron a por mí, ya no había nadie”. Pero el lobo solo asusta cuando se planta encima de la cama.

A los españoles nos engatusan con los “puentes”, un espejismo porque computando las horas con una fría calculadora resulta que, sin ellos, los asalariados del resto de los países desarrollados trabajan menos horas que nosotros, hasta 200 menos al año daneses, franceses o alemanes. Y, nosotros, con unos horarios que lastran la vida familiar y consiguen menor productividad. “Cómo en España no se vive en ningún parte” aseguran muchos, ignorando los datos. Y es que se precisa información y criterio para evaluar la realidad.

La crisis no puede ser tan grave si media España anda de solaz tres días gastando dinero. O es que somos unos irresponsables que dilapidamos lo que no tenemos. De cualquier forma, si hay más de cuatro millones de parados no sé cómo no se levantan contra los causantes de su situación, afinando bien quienes son. ¿O es que la mayoría vive de ñapas de economía sumergida y tramposa? Señores ¡que hace un mes que volvimos de la playa! No estaremos tan necesitados de asuetos de lujo. Sí, padecemos un gran estrés, es que hay crisis, es que España se va a pique y vale más que nos pille con un cordero asado entre los dientes y un buen vaso de vino. O en Roma comprando. O en Londres, comprando también. Algo no cuadra ¿no?

Yo también quiero mi SICAV

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  Son un selecto club de poco más de tres mil personas. Y reúnen un capital de casi 25.000 millones euros. Con diversos accionistas que amplían los beneficiarios hasta unos 400.000, atesoran ellos solos un capital mobiliario similar al que disponen los 17 millones de hogares que existen en España, según la última EPA. El trimestre pasado, en plena crisis, con esos cuatro millones y pico de parados que nos agobian, han logrado un 8% más de beneficios. Pero en lugar de tributar al 30% -como buena parte de los españoles- o al 18% ahora, y al 21%  cuando se aplique la subida a las rentas del capital, lo hacen al 1%. En los últimos cinco años han ganado  8.000 millones de euros y han pagado 56 de impuestos.  Son los dueños de las SICAV,  sociedades de inversión de capital variable -variable siempre hacia arriba-.

   El País nos desvela hoy que, además, han inventado unos pequeños trucos que todavía les permiten tributar menos: reducen el capital.  

   “La reducción de capital obliga a tributar sólo por el impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, modalidad operaciones societarias, a un tipo que oscila entre el 0,5% y el 1%, dependiendo de la comunidad autónoma en la que están inscritas. Si el accionista de una Sicav, en lugar de rescatar su dinero a través de una reducción de capital con devolución de aportaciones lo hiciera mediante la liquidación de la sociedad, el cobro de dividendos o la venta en el mercado de sus acciones tendría que afrontar una tributación por las plusvalías que esta operación acarrease del 18% actualmente y de hasta el 21% cuando entren en vigor los cambios fiscales sobre el ahorro anunciados”, explica el periodista David Fernández. Y pone el ejemplo de Amancio Ortega, el hombre más rico de España, privilegiado socio de la lista Forbes de multimillonarios, que quita de aquí, pone allá, para pagar menos. Como todos, sólo que hablamos de cantidades astronómicas y de estrategias muy elaboradas.

  A los accionistas de SICAV los gobiernos los tratan muy bien, porque temen que –aunque son muy patriotas y muy españoles la mayoría de ellos- se vayan con el dinero a otro país. Ya manufacturan sus productos algunos de ellos en paraísos del incivismo laboral, pero es que podrían llevarse las cuentas corrientes de los bancos y la titularidad de sus empresas. Y por ahí no podemos pasar.

   Así que «yo también quiero mi SICAV». Los atropellos sufridos me están haciendo sentar la cabeza, y voy a ver de aminorar estos molestos prejuicios éticos que me aquejan. Quiero llevar una melena jugosa alimentada con ricos productos -dado mi sexo, porque calva y bajita es más difícil-, comer a diario en Horcher o similares, salir en los periódicos –poco, siempre venerada y elegante-, viajar, ir a fiestas, y figurar en las listas de Forbes que me aportaría un círculo internacional, cosmoplita, y muy selecto. Quiero, sobre todo, que no me atraque Hacienda. Y que me respete, que una tiene su corazoncito.

  Varios amigos habéis pedido también vuestra SICAV, con todo el derecho, en los post en los que he aludido al tema. De hecho, la frase con la que hoy titulo, la sintetizó Viator, con el que, honestamente, repartiré beneficios. Así que Davalon ha elaborado la camiseta que os presento. Muy «casual», con estilo. Busquemos una fábrica en Taiwan o China que nos la fabrique en serie y cantidades industriales. Salgamos a la calle con ella. Vayamos a las agencias tributarias con ella, a todos los organismos oficiales. Usémosla los miembros de los 17 millones de hogares que apenas llegamos a reunir el capital de los dueños de las actuales SICAV españolas. Todos sin pagar. Que se construyan solas las carreteras, la sanidad, la educación, la cultura, que funcione aún menos esa molesta justicia.  Y que nadie nos copie la idea que le meto un pleito de campanillas, contratando los mejores despachos de abogados que pronto ya podré pagar. Derechos reservados.  Liberalismo.  Anarquía multimillonaria. SICAVs. Y es que como me enfade –aún más- me voy de este país. Aviso.

Los españoles profundamente preocupados por quienes carecen de recursos

Los españoles empiezan a mostrar rasgos de solidaridad desconocidos hasta ahora. Sólo eso cabe deducir de que el 81% considere que la situación económica de nuestro país es mala o muy mala, cuando prácticamente los mismos, el 80%, estima que la suya personal es buena o muy buena. El dato lo ha dado a conocer Iñaki Gabilondo en su informativo de Cuatro, ya que la encuesta para El País no lo facilita específicamente. Cuando hace un año repasaba el cierre de mi último libro reparé en este hecho. Para el 55,1% de los españoles, según el Publiscopio de Público (Junio 2008), era mala o muy mala, cifra similar a la que daba el barómetro del CIS. Pero el diario añadía la pregunta de cómo veían su propia situación económica personal, y ahí la encontraban “mala” o “muy mala” sólo el 18.5%. A mediados de Julio, El País repite la cuestión. Ya son el 75% por ciento los que definen con los peores calificativos a nuestra economía, pero los que afirman ser afectados por una mala situación son el 24%.

Sólo cabe pensar, por tanto, que quienes no viven agobiados por el dinero, están seriamente preocupados por quienes padecen penurias. Y esto es nuevo, en un país que declara aceptar mejor la corrupción que la subida de impuestos. Que si no les suben los impuestos -o les dicen que no se los suben aunque hagan lo contrario- pasan por alto la corrupción. Otro dato significativo es que ese empeoramiento de la percepción habría aumentado relativamente poco. 

Ahora bien, como os comentaba ayer, Fermín Bouza, Catedrático de Sociología/Opinión Pública en la Facultad de Ciencias de la Información de la Facultad Complutense de Madrid, lo ha estudiado en su blog, y con él contesta a mis preguntas. La encuesta de El País, cuya muestra técnica no figura ya en el archivo, está basada en una muestra de 501 entrevistas telefónicas, con un margen de error del +/- 4,5. Bouza dice:

“Las muestras pequeñas están muy bien para el marketing: son baratas y uno se queda con la horquilla más baja del error estadístico. Es lo habitual: nunca nos equivocamos. Para esto bastan muestras telefónicas de cien sujetos y un error +/- 10”.

Profundamente aficionada –incluso con algunos cursos de sociología- a conocer el estado de opinión de la sociedad, me llamó la atención en su día cómo las preocupaciones de los españoles coincidían con las primeras páginas de los periódicos. Estaban siendo, entonces, el terrorismo –con pocas víctimas-, la inmigración –cuando llegaban pateras- y el paro y la situación económica –con el inicio de la crisis-. Y un sociólogo del CIS corroboró esa influencia de los medios en crear opinión de alarma. Ellos dirán que es al revés, que reflejan lo que siente la sociedad, pero los hechos demuestran que no siempre es así.

Más de cuatro millones de parados y la perspectiva de alcanzar los cinco millones justifican cualquier preocupación. Poca hay realmente para lo que esto supone, en especial en quienes detentan la capacidad de crear y mantener empleo. También el aumento del mal endémico español: la economía sumergida que supone ya el 23% del PIB,  ése no es el camino. Pero, una vez más, hay que alertar a la sociedad de que busque datos reales para inquietarse o dejar de hacerlo, que deslinde el grano de la paja.

 ¿Por qué el 80% de los españoles (sin problemas económicos personales) piensa que la situación es mala o muy mala? ¿Solidaridad? ¿Qué “todo el mundo” lo dice?  Sacad vuetras propias conclusiones. Pero creo que los problemas que vivimos son lo bastante serios como para requerir responsabilidad.

La culpa la tiene siempre Zapatero

 Genial viñeta de Manel Fontdevila en Público para empezar el día más que sonriendo: con una sonora carcajada. 

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  Actualización:

Fermín Bouza, Catedrático de Sociológica (Opinión Pública) en la Facultad de Ciencias de la Información de la Facultad Complutense de Madrid, ha estudiado el caso de las encuestas de estos días, según figura en su blog. Entresaco algunas ideas interesantes:

 «Desde luego entra dentro de lo posible que dentro de casi tres años gane el PP, pero las encuestas de ahora no lo dicen a ciencia cierta ni mucho menos. Sin duda no lo dicen los barómetros del CIS con intención de voto, a los que doy vueltas continuamente para intentar conocer la situación de la opinión pública con muestras aceptables (2.500 sujetos). Las muestras pequeñas están muy bien para el marketing: son baratas y uno se queda con la horquilla más baja del error estadístico. Es lo habitual: nunca nos equivocamos. Para esto bastan muestras telefónicas de cien sujetos y un error  +/- 10. Dicho esto, es obvio que no creo que en una evaluación dinámica (compleja y multivariable) del voto el PP vaya por delante. Que no vaya por delante tampoco quiere decir que no vaya a ir en algún momento, pero para eso tendrían que ocurrir en una encuesta de voto una serie de cosas encadenadas que acompañen a la pregunta de intención directa de voto (en los barómetros del CIS esa intención directa no se ha invertido todavía, veremos en el barómetro de Octubre). Si no ocurren esas cosas, dar la victoria al partido que peores números tiene en cuestiones clave (lo hizo el CIS en Julio, sin embargo, y yo también he disentido de eso en este blog por los mismos motivos citados) es, cuando menos, una aventura estadística considerable».

«Zapatero a casa y adelanto electoral»

El último en sumarse ha sido Juan Ramón Quintás, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros. Es decir, unos organismos controlados por el poder político de las autonomías que han recibido suculentas ayudas del gobierno central para mantenerse y, que ni aún así, facilitan créditos a los pequeños empresarios y ciudadanos asfixiados. Quintás recomienda adelantar las elecciones.

Luís María Ansón -un siniestro personaje amante de las faldas, viejo verde desde su juventud-, suele contar a quien le quiere oír, incluso públicamente, que él y otros próceres de similar calaña como Pedro J. Ramírez y Federico Losantos derribaron al Gobierno de Felipe González. Es cierto. Y también que Felipe les ayudó en el empeño, con las turbias aguas que permitió le enmarañaran el final de su brillante mandato.

La prensa derriba gobiernos en España. Pero no levantando “watergates” de inmundicia, porque aquí el robo y la manipulación tienen el apoyo de las urnas, sino buscando intereses más o menos personales. Ahora le ha tocado a Zapatero, quién también echa una manita con sus sorprendentes medidas y vaivenes. El presidente no tiene un problema de comunicación, como cree, es el mensaje que a veces comunica lo que falla.

  La crítica, sin embargo,  ha de preservar la  justicia. En mi opinión, los fallos del presidente no enmascaran sus aciertos. Y, sobre todo, creo que José Luís Rodríguez Zapatero está siendo víctima de una campaña muy poco limpia. Se está desinformando a la sociedad además y los mensajes calan. Gran parte del «malestar social» es prefrabricado interesadamente. Zapatero a casa, adelanto electoral” es hoy el lema que baja por la ladera en bola de nieve arrasadora.  Trabajar codo con codo por solucionar los graves problemas de España sí arreglaría el malestar social. Pero eso no interesa.

Una prensa de mayoría conservadora o una TDT que divide y que el ciudadano no acierta a entender. Me detengo un segundo en ella. ¿Cómo va a ser “de interés público” pagar por los contenidos de calidad en televisión? ¿No hay asuntos mucho más graves de los que ocuparse? Si hago zapping por los telediarios parece que no. Anoche, me informaron en ellos de lo que opinaba la audiencia a través de mensajes de los telespectadores, de cómo se hace un bocadillo de jamón de Teruel, de que a una señora se la había llevado el agua de una riada, e intentaron contarme resultados y chascarrillos deportivos, pero desconecté. Pues esto es lo que se da gratis y ya no entro en el resto de la vomitiva programación.

Zapatero no ocasionó la crisis mundial, ni tampoco la española, con una economía asentada en terrenos fangosos que alertaban a gritos de su peligro. Tampoco la ha corregido, bien es cierto. Pero algo se ha ocupado de querer remediar la flagrante injusticia de la ciudadanía española, en cuyo gasto social se invierte tan poco que ocupa los últimos lugares de Europa. Por otro lado, la situación real está siendo altamente manipulada. Ignacio Escolar hizo hace unos días un magnífico trabajo sobre el tema, que podéis leer después con calma.

¿Cuál es el recambio? ¿Tienen en mente un candidato socialista quienes, desde un supuesto progresismo, quieren derribar a Zapatero? ¿Y qué tenemos en la derecha? Por enésima vez proclamo que si el PP fuese la CDU alemana y, Rajoy, Angela Merkel, las cosas serían distintas. Pero no es así. Y ni siquiera voy a entrar en su ideología carpetovetónica y anclada en el pleistoceno, sino en una serie de hechos.

El PP habla de bajar impuestos y frenar el gasto público como solución a la crisis, pero Valencia y Madrid –comunidades y ayuntamientos- han subido las tasas y, sobre todo, presentan las cuentas más endeudadas de España. Sus ciudadanos disponemos de unos túneles estupendos en la M30 en Madrid, y de múltiples instalaciones deportivas, la Caja mágica, La Peineta remodelada y varias más, hasta campos de golf privados en parques públicos. ¿Y algo que «se coma» en cuerpo y espíritu? ¿qué se ha hecho por la ciudadanía? Muchas obras en las calles, pero siguen los pavimentos rotos y sin pintar. En Valencia, además del puerto para los amantes de la vela –deporte altamente popular-, se han construido con dinero público un circuito de Fórmula 1 a utilizar una sola vez al año.

Tampoco me voy a detener otra vez en las privatizaciones, en los contratos basura laborales –iniciados con Felipe González y llevados al límite por Aznar-, que dieron el golpe de muerte a los maltrechos sueldos españoles.

Y finalmente: la corrupción. Argumenta el PP que a ellos se les investiga más. Ese triple de encausamientos de los que ya hablaba en mi libro publicado hace un año, y que venían de atrás. Con lo que, primero admite y aprueba, la existencia de esa corrupción. No es un dato negativo a valorar por el PP. No parece molestarle que se infrinja la ley sino que se persiga y se difunda. Suele pensar que les redimen los votos de un país que confraterniza, sin empacho, con la trampa y el robo, la delincuencia de guante blanco. Porque además, el 94% de los detenidos del PP sigue imputado y algún indicio habrá.

Todas las declaraciones de su oculto programa económico señalan a la “flexibilidad” del mercado laboral –Rajoy en el Congreso de los Diputado alabó ese aspecto de China, que lo que ha «flexibilizado» han sido los derechos humanos-, “moderación” de salarios, retirada de subsidios, replantear las gravosas pensiones, o reducir el gasto público, es decir, el gasto social. Lo que ya hizo Aznar. Es decir, la política neoliberal fracasada.

 Hasta la derecha añora hoy a Felipe González, a quien trataron con escarnio no hace mucho, al punto de armarle similar complot que acabó con su gobierno. Y si pudieran rescatar de las entrañas de su significativo olvido a Adolfo Suárez, a quien literalmente machacaron desde todos los ángulos, también lo harían.

  Lo que ocurre es que en la información -hoy tan «modernizada» con la TDT de pago-, además de todo lo dicho, el futuro viene con nubarrones. Muchos periodistas jóvenes sólo parecen vibrar con su sueldo y la permanencia en su puesto de trabajo funcionarial. Y esta mañana las noticias más vistas de los periódicos son éstas:

 El País:

1.Briatore: «Lo dejo para intentar salvar al equipo»

2.Recital de Pau y su orquesta

El Mundo: 

1.España huele a oro

2.Juzgada por ir borracha y exhibirse medio desnuda en un avión

Público:

1.Risto Mejide ‘cuelga’ en Youtube un vídeo de Ana Rosa Quintana censurado por Telecinco

ABC:

1. «Si no llego a encerrarme, me mata»

2. Ortega Cano, sustos y alegrías

La Vanguardia: la segunda tras el asunto del Palau, ésta:

«Satanás concede deseos, pero a la vez pasa factura»: El exorcista de la Archidiócesis de Barcelona ha atendido a más de un centenar de personas con síntomas de posesión maligna.

 Casi me temo que la cuestión más interesante para la reflexión -de todas estas publicadas en los medios- sea ésa de la posesión maligna, maligna de mal pernicioso, claro está, no de ningún príncipe de los avernos.

Récord: más de mil millones de pobres

La ONU anuncia que este año, por primera vez en la Historia, se ha sobrepasado la cifra de 1.000 millones (son 1.020 millones) de personas que se encuentran en pobreza extrema, ésa que acarrea vivir con hambre y, literalmente, morir por no comer. 2008 se saldó con 963 millones, 40 millones más que el año anterior encuadradas en este segmento. Algo así como la población autóctona de España. Despertémonos un día sin disponer ni de «una taza de alimento» -así lo concreta una de las responsables del programa de Naciones Unidas-  que meter en el estómago ¿Pediríamos la solidaridad de los vecinos o nos tomaríamos la justicia por nuestra mano? Existen, además, 3.000 millones de desnutridos.

La –llamada- ayuda alimentaria se ha reducido a la tercera parte este año “por la crisis”, llegando a «mínimos históricos». Sólo se han obtenido 2.600 millones de dólares de los 6.700 millones presupuestados para 2009. (Recordemos que a bancos y grandes empresas en apuros se les han regalado 2 billones, en los cálculos más recatados). La directora del Programa Mundial Alimentario, Josette Sheeran, ha remarcado que, con «menos del uno por ciento» de las inyecciones económicas de los gobiernos para salvar al sistema financiero global, se podría resolver la calamidad de millones de personas que son víctimas de la hambruna. Otro de los problemas nuevos, es que, al mismo tiempo, se les han encarecido los alimentos porque también se han convertido en fuente de especulación. Cuando, a diferencia de otras épocas, hay suficiente comida para todos, pero terriblemente mal distribuida. Naciones Unidas lo califica como “una receta para el desastre”.

Lo escribí en los primeros días de este blog: África –una de las zonas más afectadas- es un continente muy rico: petróleo, oro, diamantes, madera, coltan -para los indispensables móviles-, pescado, que está quedando como almacén de materias primas para las grandes multinacionales, que los esquilman. Los africanos, además, tienen que competir para su comercio con las subvenciones agrícolas que EEUU y la UE destinan a sus terratenientes, mil millones de euros diarios. Es decir, dan a sus ricos ciudadanos mil millones de euros para cultivar maíz y otros productos, y se los niegan a los seres humanos. Son las reglas del comercio internacional.

Cuando escuchamos que, generosamente, a veces se les condona la deuda contraída ignoramos tal vez que es a costa de entregar sus servicios públicos al monopolio de multinacionales extranjeras. Rafael Díaz- Salazar, profesor de Sociología de las Desigualdades Internacionales, de la Universidad Complutense de Madrid, concretaba un caso entre muchos, en un reportaje en el que le pregunté:

“El FMI obligó a Uganda a privatizar todas sus empresas públicas. Los expertos británicos calcularon el valor esas empresas en 500 millones de dólares. La venta se materializó en 2 millones. Y exigieron a los ciudadanos de un país, tan pobre, que pagaran tasas por los servicios, incluidos los de salud”.

Sus gobiernos corruptos –que se esgrimen como excusa- están sustentados por Occidente, por empresas privadas. De vez en cuando, se produce un conato de rebeldía. Un pueblo que asalta una fábrica, noticia que no aparece en los periódicos del primer mundo. Va el Papa y les desaconseja el condón para que las mujeres, sin rechistar -porque están consideradas poco más que animales, de carga y para uso y disfrute del hombre-, sigan pariendo un número desproporcionado de hijos. Ponemos freno a sus pateras, limitamos los derechos que asisten a todo ser humano por el hecho de serlo. ¿Hasta cuándo aguantarán?

Vidal-Beneyto lo concretaba el otro día en un artículo que cito por tercera vez: El patrimonio de las 10 personas más ricas del mundo es superior a la suma de las rentas nacionales de los 55 países más pobres. Y hacía un llamamiento a la sociedad para que no lo consienta.

¿Cómo el sistema en el que vivimos puede mantenerse con mil veinte millones de personas –y en cifras en ascenso- que se mueren de hambre y tres mil millones más que apenas tienen qué llevarse a la boca? ¿Qué libertad invocan nuestros próceres? ¿La de unos pocos que se enriquecen a costa de los demás? ¿Con qué derecho?

¿Qué desastre nos anuncia la ONU? ¿Los aluviones de muertos de hambre o la toma por la fuerza de las “Bastillas” de hoy, las bolsas de valores y los centros de poder? No es caridad, es justicia. No es limosna, es derecho. No es ni tiranía del Estado ni liberalismo, debe ser equilibrio.

Recordando a ENRON: el capitalismo sí aprendió la lección

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El mundo conmemora el primer aniversario de la quiebra de Lehman Brothers, considerada como el inicio de la gran crisis económica que padecemos. “No puede volver a suceder, hay que arbitrar mecanismos para evitarlo”. Palabras textuales que se esgrimieron en 2001, cuando el gran escándalo de ENRON. El instructivo y olvidado reportaje “ENRON, los tipos que estafaron a América” (realizado en 2005) debería ser de obligada visión en las televisiones, parlamentos y foros económicos. Porque fue la primera burbuja que estalló -tras la evanescente punto.com-, saliendo de un mar de inmundicia. Hace sólo 4 años, por tanto, se decía que ENRON era “el mayor fraude económico del siglo XXI”. Pasarían sólo dos años para que las hipotecas subprime empezaran a remover las aguas cenagosas que conducirían a la gran debacle de hace un año, saludada como nueva por la desmemoria colectiva.

ENRON era una empresa de energía con sede en Huston, Texas. Ampliaría su negocio con el tiempo a la construcción de plantas hidroeléctricas y gasísticas y oleoductos en todo el mundo. Abordaría pronto también el especulativo mercado de riesgos, seguros y comunicaciones. Tardó 16 años en pasar de 10.000 millones de activos a 65.000 millones de activos, y quebró en cuestión de semanas. Nunca presentó cuentas claras. El despeñe final se produjo por la concesión del “casualmente” recién liberalizado mercado de la electricidad en California. Llegaron a vender a Estados colindantes luz californiana, mientras dejaban sin servicio a los locales. Cortes deliberados para que pagaran más, sabedores de cómo se aprecia un bien imprescindible. Ése, esos, que acaba de liberalizar en España un gobierno socialista… sin mayoría. Las concomitancias con George W. Bush –el eternamente impune- con todo el entramado ENRON son de una evidencia diáfana, sonrojante. De hecho el glorioso paso de Bush hijo por la historia de EEUU y del mundo, se inicia con ENRON y termina con la quiebra de todo el sistema financiero.  El reportaje muestra también lo conveniente que fue para los intereses de la compañía contar con su amigo Arnold Schwarzenegger como gobernador de California. Investigaciones posteriores han revelado que ENRON efectuó considerables pagos a políticos en casi todos los países donde la empresa operaba (cerca de 40 en todo el mundo).

Los directivos de ENRON fueron llevados a juicio, uno se suicidó. 20.000 trabajadores perdieron sus empleos y sus seguros médicos. Por completo sus planes de pensiones, que no pudieron retirar por la pérdida absoluta de su valor, mientras los jefes habían sacado “previsoramente” los suyos, volviendo a ganar. Hasta mil millones de dólares.

“ENRON cuestiona toda la cultura corporativa de este país”, avisan en 2001. “Implicamos a Arthur Andersen –una de las 5 grandes auditoras del mundo-, a los bancos, todos sabían lo que estábamos haciendo. Todo el mundo se había subido al tren. Y eso puede volver a suceder”, reflexiona una ejecutiva de ENRON. Y sucedió, claro que sí.

Arthur Andersen fue condenada por obstrucción a la justicia con su reputación de honradez –que a fe la tenía- completamente destruida. Ahora bien, se fragmentó, cambió de nombre, en España sus herederos fueron Deloitte y el despacho de abogados Garrigues.

Y atención, por el escándalo de ENRON pasaron varios nombres que hoy nos son muy familiares. Por ejemplo, Merry Lynch: 4 de sus ejecutivos fueron hallados culpables de fraude en este caso. ¿Aprendieron? Algo sí. Por supuesto, se arbitraron medidas, se crearon oficinas de control. Ninguna vio nada, nadie olió nada –ni los olvidadizos economistas, con premios nobel al frente- hasta que hace un año todo el sistema se fue a pique: las irregularidades, la ambición, eran generalizadas en todo el mundo occidental, extendiendo sus tentáculos a explotar también el tercer mundo, por cierto. Los gobiernos corrieron a socorrer a los grandes motores económicos del neoliberalismo. Los que atesoran sus beneficios y sólo reparten pérdidas con los ciudadanos.

¿Qué aprendió el capitalismo de ENRON? A diversificar responsabilidades para eludirlas, a no pagar por sus culpas. Al contrario que en ENRON, nadie ha ido a la cárcel ni se ha pegado un tiro. Un ejecutivo de una inmobiliaria estadounidense, alguno más, pero ni uno de los grandes gestores del problema. También han comprobado que el miedo genera docilidad, que controlan la situación. Y ya saben cómo hacerlo, persistir, e ir más allá.

Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal estadounidense, en lugar de pedir que le envíen bocadillos a la cárcel -en la que no ha ingresado, ni lo hará-, profetiza una futura crisis financiera por la naturaleza ‘insaciable’ del ser humano. Felipe González alerta también: “Estamos incubando la misma basura que nos ha llevado a esta crisis financiera. El origen de la actual crisis empieza ya a olvidarse. Parece que la culpa ahora la tienen los gobiernos. Pero la causa está en una implosión del sistema financiero, que ha venido funcionando como un casino financiero mundial sin reglas”.

Y Vidal-Beneyto nos recuerda las reglas del neoliberalismo, vendidas con éxito en un libro que no se oculta: “Tu única guía será el egoísmo“, “Violarás las leyes sin que consigan cogerte”, “Los otros serán sólo instrumentos para el logro de tus objetivos”.

Pagan los gobierno a un saco sin fondo para que nos sigan oprimiendo y controlando. Y liberales de mal, sacan tajada de la desinformación general. Lo vivimos dolorosamente hasta en nuestro país. La privatizadora Aguirre dice que aún hay que ir más lejos. Exactamente igual, con palabras textuales, decían los responsables de ENRON. ¿Qué han controlado los gobiernos? ¿La salida de ingentes cantidades de dinero a bancos y empresas extraídas de los impuestos de los ciudadanos y de la pérdida de sus puestos de trabajo? ¿Alguna cabeza medianamente sensata puede pensar que van a velar por sus derechos particulares en las oficinas de un consejo de administración privado de una empresa, de muchas, cuyo único fin es el lucro para sus accionistas? ¿Cómo puede alguien defender que es el modelo correcto cuando han creado un mundo de profundas desigualdades e injusticias, con millones de personas que se mueren de hambre?

Enlazo la historia de ENRON. 104 minutos. Lo siguieron haciendo, a gran escala, cada vez mayor. Su intención es seguir en el empeño. ¿Una sociedad madura lo puede tolerar?